VENENO: PROTECTOR LETAL. LA PRIMERA DOSIS

Un millón de copias. Eso fue lo que vendió, o al menos se imprimió, de Venom: Lethal Protector #1 USA (1993). Eran los felices noventa. La década del exceso en el cómic, elevado a todas las categorías que quepa imaginar. No fue ninguna sorpresa que la puesta de largo de la figura más carismática de la caterva de villanos arácnidos alcanzase semejantes cifras. Veneno era incluso más popular que el propio Spiderman, de manera que bastaba que ese reflejo oscuro del Hombre Araña apareciera en la colección de éste para que legiones de chavales que habitualmente no se la llevaban a casa corrieran a hacerse con el número en cuestión. El editor Danny Fingeroth sabía que estaban allí, que querían a Eddie Brock y su aceitoso amigo en una serie para ellos solos, y cuando les dio aquello que tanto ansiaban, la multitud enloqueció.

 

La decisión de que Veneno protagonizara su colección personal fue el resultado de un progresivo agotamiento de las fórmulas que habían llevado al éxito al personaje, lo que dificultaba que sus encuentros con el trepamuros continuaran siendo tan emocionantes como en los comienzos sin caer una y otra vez en la repetición, sumado a un fandom abundante que no entendía de cansancios ni de moderaciones. Las circunstancias en las que el simbionte alienígena de Spiderman había adquirido independencia y una nueva dimensión ya eran de por sí llamativas. La criatura surgió de las primeras Secret Wars, cuando Spidey se trajo a la Tierra un nuevo traje que, en realidad, estaba vivo; su diseño singular causó una buena impresión entre los lectores, lo que permitió mantenerlo en activo más tiempo del inicialmente previsto, hasta que finalmente fue necesaria cerrar la trama y contar la última tentación del simbionte, la de salvar a su huésped antes de sacrificarse a sí mismo.

 

Pero David Michelinie tenía una idea para seguir adelante, la de una mujer con buenas razones para odiar a Spiderman, después de que hubiera perdido a su hijo nonato y a su marido en el curso de un incidente villanesco en el que el trepamuros tenía un papel menor. Unida al simbionte, podría cancelar el sentido arácnido del héroe, lo que la convertiría en toda una amenaza. Apareció entre sombras en unos pocos episodios, sin que pudiera determinarse su naturaleza; se perdió de vista durante un tiempo, en el que el escritor saltó de la menos relevante Web Of Spider-Man a la fundamental The Amazing Spider-Man, y cuando por fin estuvo lista para reaparecer, el editor Jim Salicrup convenció al guionista de que optara por un antagonista masculino. Así nació Eddie Brock, un periodista del Daily Globe desacreditado, después de publicar las confesiones del supuesto asesino de Jean DeWolff que luego resultaron ser falsas. Culpaba a Spiderman de su desgracia, y era suficiente motivo para odiarlo desde lo más profundo de sus entrañas. Michelinie se había inspirado en la figura de Jimmy Breslin, el reportero que creía estar en contacto con alguien que decía ser el famoso asesino múltiple apodado el Hijo de Sam, y que luego resultó un fraude.

 

Con todo, quizás Veneno nunca hubiera tenido un éxito tan contundente de no ser por la revolucionaria interpretación gráfica que Todd McFarlane hizo del villano. Apenas dos números después de desembarcar en la franquicia, tuvo la oportunidad de presentarlo para The Amazing Spider-Man #300 USA (1988), un episodio con una fuerza tan gigantesca que se alzó como el comienzo de una nueva era, mientras Veneno era señalado como el heraldo de los nuevos tiempos. Era gigantesco, contundente, terrible, implacable, aterrador y dotado de un sentido del espectáculo que lo asemejaba con el Joker… muchos pensaron que el trepamuros había encontrado a su mayor enemigo moderno, y lo cierto es que ningún villano de Spidey producía tal aclamación popular desde mucho, mucho tiempo atrás.

 

Spiderman regresó a lo más alto de la cadena alimenticia de Marvel, catapultado por el arte de McFarlane, las historias sencillas pero efectivas de Michelinie, los suéteres ajustados de Mary Jane… y los periódicos enfrentamientos contra Veneno, que enseguida comenzó a definirse como un protector de inocentes. Tal apelativo, en el momento de esgrimirse, no hacía sino añadir un mayor grado de psicopatía al personaje. Y sin embargo, guionista y editorial ya estaban allanando el terreno para que Veneno alcanzara la posición de protagonista. Siguió siendo la salsa que, al menos una vez al año, mejor aliñaba el Amazing de los dibujantes estrella cuando a McFarlane le sustituyó Erik Larsen y cuando a éste le sucedió Mark Bagley. En tiempo ya de este último, en The Amazing Spider-Man #361 USA (1992), se presentó a Matanza, serial killer surgido de la fusión de un auténtico psicópata de libro al que Eddie Brock había conocido en la cárcel con un nuevo simbionte, nacido del original. Para detenerlo, Spidey debía reclamar la ayuda de Veneno, lo que dejaba abierta la puerta a una evolución de éste.

 

En realidad, Michelinie, pretendía que, llegados al Amazing #400 USA, Eddie muriera y fuera sustituido por otro anfitrión, el primero de muchos… pero cuando un guionista hace planes en Marvel, el destino se ríe en su cara: aquellos no serían las ideas que se llevaran a cabo, sino otras muy distintas, impulsadas por Danny Fingeroth, el editor que había sustituido a Salicrup para continuar con todas las fórmulas empleadas por éste. Con Matanza como nuevo villano favorito, Veneno pudo seguir el nuevo camino que se le abría por delante. El guionista ideó una suerte de prólogo de lo que habría de venir, que culminó en el Amazing#375 USA. El consabido enfrentamiento entre Spidey y su peor enemigo se saldaba con algo tan imaginable que no podía estar más alejado de la personalidad del héroe: Peter aceptaba un pacto con Veneno por el cual ambos se comprometían a no meterse con el otro. Algunos lectores protestaron, pero el terreno quedó expedito para que el villano tuviera serie propia… ¿o quizás ya no era tan malvado?

 

El planteamiento que latía detrás de “Protector Letal”, el subtítulo de la miniserie, era precisamente el de instaurar a Eddie Brock y su querido simbionte como una especie de antihéroe extremo. Michelinie y Bagley se implicaron de tal manera que ellos mismos se encargaron del producto, aunque el dibujante fue sustituido a partir del cuarto número por Ron Lim, famoso por su trabajo en la Marvel cósmica de Jim Starlin. Así fue como Veneno tuvo una retorcida actitud justiciera, más en la línea de El Castigador que de Spiderman; su propia ciudad, San Francisco; sus propios enemigos, El Jurado; a Spidey como invitado especial, e incluso un infausto peinado para Eddie Brock que delataba, más que ninguna otra circunstancia, la fecha de publicación del cómic. Como decíamos al principio, el lanzamiento constituyó un pelotazo propio de la época: siguiendo los trucos comerciales del momento, hubo dos ediciones, una masiva, la del millón de ejemplares distribuidos, con cubierta de aluminio impresa en rojo, y una segunda edición, limitada a 11.000 ejemplares, con cubierta impresa en dorado. Curiosamente, la versión más buscada de todas ha terminado por ser una variante involuntaria de la primera, con fondo oscuro en portada, resultado de un error de imprenta que apenas afectó a unos pocos ejemplares. El signo de los tiempos.

 

Venom: Lethal Protector no fue más que el comienzo de una larga sucesión de miniseries que se sucederían durante los cinco años siguientes como si de una auténtica serie abierta se tratara, aunque ya con autores distintos a los que habían iniciado el fenómeno. La Venenomanía, como se llegó a llamar, había estallado.

 

 

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