ULTIMATE X-MEN: MUTANTES EN LA SOMBRA

Hubo un tiempo en que Estados Unidos era un lugar seguro para el Homo superior. Esos días han pasado. Como refleja Jonathan Hickman en The Ultimates, el país se encuentra en descomposición, la autoridad del gobierno está en entredicho y eso, en lo que a los mutantes se refiere, se traduce en malas noticias. Tras «Ultimatum», eran ilegales; ahora, son perseguidos y asesinados. Y ninguno sospecha que el culpable es un mutante llamado William Stryker.

Este tomo de Ultimate X-Mencontiene el segundo y último arco argumental orquestado por Nick Spencer. El guionista de Morning Gloriesjuega con los elementos que utilizó Chris Claremont en los años ochenta alrededor de «Días del futuro pasado», no ya con el concepto en sí mismo de aventura que desvela un mañana terrible, sino con todas las tramas a las que dio pie y que tenían como común denominador el odio racista hacia los mutantes. Aquellos dos episodios de contundencia inabarcable encerraban muchas razones para que fueran considerados una obra maestra, pero la más importante de todas quizás fue la sutileza con la que planteaban su final: Kitty Pryde había vuelto atrás en el tiempo para impedir que tuviera lugar el Apocalipsis, como consecuencia del asesinato del senador Robert Kelly. Con su ayuda, La Patrulla-X consiguió abortar los planes de La Hermandad de Mutantes Diabólicos de Mística. Sin embargo, tras sobrevivir al atentado, era el propio senador quien reactivaba el Programa Centinela, lo que en último término podría conducir a la aniquilación total. ¿Había cambiado realmente el curso de los acontecimientos? ¿El futuro negro de La Patrulla-X tendría lugar, hicieran lo que hicieran por impedirlo?

 

En el Universo Marvel clásico, durante los años posteriores a la publicación de aquella historia tan definitoria, Chris Claremont fue dosificando hábilmente indicios que apuntaban a que los mutantes jamás conseguirían escapar a su destino. En la novela gráfica «God Loves Man Kills» (1984. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X: Dios ama, el hombre mata) la historia giraba alrededor del odio de humanos contra mutantes, que adquiría tintes de fanatismo religioso en la figura del reverendo William Stryker. El cómic se convirtió en uno de los más populares entre los lectores, en tanto que muchos lo consideraron como la historia definitiva de La Patrulla-X. Su impacto llegaría a ser tal que inspiraría la segunda producción cinematográfica de nuestros héroes.

 

La impresión de que, llegado el momento, los mutantes se verían arrastrados a una guerra contra los humanos de la que ningún bando saldría victorioso había calado con fuerza, hasta el punto de que fue sobre lo que giró el primer gran crossover de la franquicia, «La masacre mutante», publicada a lo largo de diversas series durante el verano de 1986. Unos misteriosos individuos con motivos pocos claros atacaban los túneles donde vivían Los Morlocks y asesinaban sistemáticamente a los integrantes de esta sociedad mutante que había decidido aislarse de los humanos.

 

En paralelo, Claremont también introdujo el concepto de los Nimrods. Se trataba de la siguiente generación de Centinelas, la que había sido pieza fundamental del desastre narrado en DOFP. Consciente de que James Cameron leyó su historia con mucha atención antes de escribir el guión de The Terminator (1984), el Patriarca Mutante le devolvió la moneda, mediante la presentación de un cíborg asesino que retrocedía en el tiempo para continuar con su trabajo genocida en el presente.

 

Curiosamente, en 2006, ya hubo dos autores, Craig Kyle y Chris Yost que, desde las páginas de New X-Men, jugaron a unir los destinos de Stryker y uno de los Nimrod, en una saga con grandes dosis de nostalgia. Quizás si no hubiera sido por ellos Spencer jamás hubiera planteado el ejercicio que nos ofrece en estas páginas y por el cual, una vez alcanzada la situación que se describía en «Días del futuro pasado», juega también a que sea Stryker el culpable de que los Nimrods comiencen la carnicería.

 

Tanto en la Tierra-616 como en los primeros tiempos del Universo Ultimate, la llegada de un peligro tan terrible como el de los Nimrods probablemente hubiera sido amortiguada por la intervención de La Patrulla-X, pero el gran hecho diferenciador del escenario con que nos hemos encontrado tras los acontecimientos de «Ultimatum» es que ya no hay un equipo organizado de mutantes, sino grupúsculos ocultos en la clandestinidad e individuos asustados, sin que haya ninguna figura que les represente y junto a la que se puedan sentir seguros, como fueran Magneto y Xavier en el pasado. En el anterior tomo, vimos que Kitty Pryde podría llegar a asumir ese papel, y aquí llega a apuntarse que la elegida podría ser Tormenta. Para ello, hay que volver sobre un escenario que ya se nos enseñó muy por encima anteriormente: uno de los campamentos donde se encuentran algunos de los mutantes que conocíamos. Aquellos que colaboran, reciben un trato correcto, mientras que los que no lo hacen, como es el caso de Coloso, son sometidos a torturas de forma clandestina. La alegoría con respecto a la prisión de Guantánamo no podría ser más evidente. Hay todavía un tercer lugar que cobra importancia en el nuevo orden del poder mutante: las ciudades flotantes de Tian, en el sudeste asiático, donde la historia corrió en sentido diferente: allí los mutantes triunfaron sobre sus opresores, para fundar una utopía que otras naciones miran con suspicacia.

 

A todo esto, Spencer añade un misterio: la repentina reaparición de personajes que hasta ahora creíamos muertos. En el final del anterior tomo, Charles Xavier se presentaba ante Pícara, sin dar ningún indicio de cómo podía haber sobrevivido a que Magneto rompiera su cuello. Lejos de ofrecer soluciones fáciles al regreso, el guionista apuesta incluso por añadir nuevos interrogantes a modo de subtrama. La clave final no llega hasta la última página, con una monumental sorpresa que quizás hubiera llegado mucho más lejos de haber seguido el escritor al frente de la cabecera. Su sustituto Brian Wood, optará por centrarse en las otras muchas semillas que Spencer ha dejado plantadas.

 

Artículo aparecido originalmente en Ultimate X-Men nº 17

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *