ULTIMATE X-MEN: LOS HOMBRES QUE VINIERON DEL FUTURO

¡Ay, los años noventa! Son la década odiada del cómic de superhéroes, por mil y una razones. En aquel tiempo, un puñado de dibujantes revolucionaron la manera de hacer las cosas, encabezados por Jim Lee, Rob Liefeld y Todd McFarlane. Todos ellos tenían estilos que rompían con lo establecido y dejaban obsoletas a las viejas generaciones de artistas. Auparon las ventas de sus respectivas series, lo que les llevó a hacerse con el control de las mismas y vaciarlas de contenido. Bajo su batuta, los héroes perdieron su esencia, se volvieron rudos, malhumorados y asesinos. Los mayores excesos de aquella época vinieron de la mano de Liefeld, el hombre de las desproporciones, los dientes apretados y las armas gigantescas, y de su personaje más significativo: Cable.

 

Rob Liefeld apenas había dibujado unos pocos tebeos, primero para DC Comics y luego para Marvel, cuando La Casa de las Ideas dejó en sus manos The New Mutants. Ése había sido el segundo título de la Franquicia Mutante, creado por Chris Claremont y Bob McLeod en 1982 y protagonizado por un grupo de jóvenes que aprendían a manejar sus poderes mientras se ahogaban en la típica angustia adolescente al más puro estilo Marvel. La cabecera había discurrido por los cánones que podían esperarse del Patriarca Mutante, alzándose como una de las más vendidas de Marvel. En un momento dado, Claremont la había dejado en unas manos de confianza, las de Louise Simonson, que mantuvo intacto el estilo del título y la personalidad de sus protagonistas. Todo eso cambió con la irrupción de Liefeld, en The New Mutants#86 USA (199’0). Desde el comienzo, el dibujante se empeñó en introducir a un misterioso personaje, un veterano de guerra, con un brazo y un ojo biónico cargado de pesadas armas, que arrastraba un conflicto con un individuo igualmente misterioso, llamado Dyscordia, que lideraba un grupo terrorista, el Frente de Liberación Mutante. Cable, que era lo más opuesto que se puede ser a Charles Xavier, estaba destinado a convertirse en el mentor de Los Nuevos Mutantes, lo que motivó la marcha airada de Simonson, que Liefeld se quedara como argumentista de la serie y que ésta pasara a llamarse X-Forcetras The New Mutants#100 USA. El cambio de título estaba más que justificado, ya que de los alegres chavales de antaño no quedaba ni rastro: ahora era un ejército de niños soldados a las órdenes de un tipo siniestro y poco amigable, que sin embargo concitaba multitud de aficionados a su alrededor.

 

X-Forcese alzó como el primer éxito multimillonario de los años noventa. Liefeld contaría con la ayuda de un escritor en alza, Fabian Nicieza, que sería el que diera origen y sentido a Cable, al convertirlo en un viajero temporal llegado de un futuro remoto. Más adelante, una vez que Liefeld decidió dejar Marvel para fundar en compañía de sus coetáneos una nueva editorial llamada Image, Nicieza llegaría a completar la cronología del viejo soldado, al revelar que se trataba, en realidad, de Nathan Christopher Summers, el hijo perdido de Cíclope, que había sido enviado al futuro para sobrevivir a la infección tecno-orgánica que padecía. En paralelo, en la colección hermana Uncanny X-Men, triunfaba otro mutante salido de la máquina del tiempo, aunque de una época mucho más cercana que aquélla de la que venía Cable. En este caso, era un policía que respondía por el nombre de Bishop, concebido por Whilce Portacio y Jim Lee, que tenía un conocimiento parcial de la historia de La Patrulla-X. Sabía que había un traidor en sus filas, aunque desconocía de quién se trataba. Al igual que a Cable, le encantaban las armas de imposible tamaño y aunque no le brillaba ningún ojo, tenía una M tatuada en la cara que también imponía mucha admiración entre los lectores más jóvenes.

 

Los periplos particulares de Cable y Bishop darían forma a la Franquicia Mutante durante los años posteriores, en los que también cobraron importancia Apocalipsis y Onslaught, villanos estrechamente ligados a estos dos personajes. Al cabo de los años, los gustos del público cambiaron, y ambos pasarían a una discreta segunda posición. A mediados de los 2000, aquellos dos hombres que llegaron del futuro parecían cosa del pasado. Quizás por eso Robert Kirkman pensó que era el momento de ofrecer su versión Ultimate. En ella, introduciría algunos de los aspectos utilizados en los modelos de partida, como el hecho de que fueran viajeros temporales, pero sobre todo tomaría la sorpresa y la incertidumbre inicial acerca de cuáles eran sus objetivos. Por ejemplo, su Cable no quiere acabar con ningún Dyscordia: su objetivo es el mismísimo Charles Xavier. Pero lo más importante es que su identidad es completamente distinta de la que cabría imaginar, ya que no se trata del hijo de Scott Summers. ¿Qué llevó al escritor a realizar todos estos cambios? Así lo explicaba: “Quería hacer algo totalmente diferente que cogiera desprevenidos a los lectores y que sirviera de catalizador a todas las historias que tengo planeadas para el próximo año. Estoy intentando volver al espíritu de los primeros números de Mark Millar, cambiando y removiendo las cosas, introduciendo personajes de maneras diferentes a como lo hicieron en la continuidad tradicional y dotando de más originalidad a algunos elementos”.

 

La aventura de Cable brilla en el corazón de este tomo, pero como aperitivo de excepción tenemos un Annual, protagonizado por Dazzler y Rondador Nocturno, y que cuenta con dibujo de Salvador Larroca. La participación de este artista debe significarse, puesto que Larroca fue quien hizo el diseño de personajes y quien estaba designado para hacerse cargo de Ultimate X-Men desde el primer número, aunque las circunstancias impidieron que tal cosa fuera posible. Un lustro más tarde, Larroca volvía a entrar en contacto con los mutantes definitivos, en un cómic en el que dejaba ver su pasión por el cine. Las primeras páginas vienen a ser una réplica, aún más salvaje y electrizante, de la escena de apertura de X-Men 2, en la que asistíamos al asalto de Rondador Nocturno a la Casa Blanca y al despacho oval. En aquella ocasión, aunque un cuchillo estuvo muy cerca de la garganta del presidente, Rondador sería finalmente vencido. ¡Pero el Universo Ultimate se caracteriza por no sujetarse a las reglas!

 

El tomo contieneun pequeño pero significativo relato, que también formaba parte del Annual, con el que Kirkman quiso dar respuesta a una cuestión que coleaba desde los primeros tiempos de la serie. En las entrevistas que concedió Mark Millar poco después de comenzar a guionizar Ultimate X-Men, el escritor insinuó que Mística, la gata de Charles Xavier, era de hecho la mutante multiforme. Sin embargo, una vez que Millar dejó la cabecera, Brian K. Vaughan tuvo oportunidad de mostrar a la auténtica Mística… ¡Y ésta no estaba precisamente infiltrada en la mansión mediante su aspecto felino! La mutante azulada se intercambió por Magneto para que éste pudiera escapar de su confinamiento en el Triskelion, y allí ha seguido todo este tiempo. Quedaba claro, por tanto, que Mística y la gata son dos entidades diferentes. ¿Por qué entonces Xavier llamó así a la felina? Kirkman lo resuelve en apenas tres páginas, donde nos desvela una antigua relación sentimental entre la metamorfa y Xavier. Curiosamente, es la única fuente literaria que plantee tal cosa entre ambos personajes. Quién sabe si este puñado de viñetas inspiraría a los guionistas de la película X-Men: Primera Generación.

 

Artículo procedente de Coleccionable Ultimate. Ultimate Spider-Man nº 12

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