ULTIMATE X-MEN: DESDE LA RESERVA

En un país roto que apenas ha conseguido comenzar la reconstrucción, los mutantes todavía buscan su lugar en la sociedad. El presidente Steve Rogers les ha ofrecido dos opciones: una “cura”, que borraría el gen mutante de sus cuerpos o una nueva tierra en la que podrán mantener los poderes en activo. Cientos eligieron la cura. Ahora, sólo quedan veinte mutantes. Liderados por Kitty Pryde, tratan de construir un nuevo hogar. Así empieza este nuevo tomo de Ultimate X-Men, en el que Brian Wood nos cuenta algo tan complejo como la construcción desde cero de una nación: la nación de los mutantes.

 

En 1985, el mismo año del Live Aid impulsado por Bob Geldofy del USA For Africaque lideraran Michael Jackson y Lionel Richie, Marvel decidió seguir el impulso de los grandes artistas del pop y crear un cómic sin ánimo de lucro cuya recaudación sería destinada en su integridad a paliar el hambre en África. La idea surgió de Jim Starlin y Bernie Wrightson, quienes convencieron al entonces director editorial Jim Shooter de la viabilidad del proyecto. Desde el principio, estuvo claro que La Patrulla-X, los personajes más comerciales de la compañía, serían los protagonistas del especial, que tendría la estructura de una “jam session” en la que participaran múltiples artistas y escritores. El resultado fue Heroes For Hope Starring The X-Men, un especial de 48 páginas que reunió a algunos de los nombres más importantes de la industria del cómic, como Chris Claremont, Stan Lee, Alan Moore (en una de sus escasísimas colaboraciones en Marvel), John Byrne, Richard Corben, Frank Miller o John Buscema, además de los novelistas de renombre Stephen King, Harlan Ellison y George R. R. Martin (sí, el deJuego de tronos). El cómic fue un enorme éxito, al que contribuyeron también los libreros y las distribuidoras, con donaciones que se añadieron a los ingresos conseguidos, y llegó a convertirse en poco menos que un mito en España, donde nunca pudo ser publicado, debido a su carácter benéfico. En la historia, La Patrulla-X combatía a la encarnación física del hambre, dejando un final abierto a la esperanza pero en absoluto conformista: los mutantes podían vencer a terribles villanos y salvar a la Tierra una y otra vez, pero no eran capaces de acabar con uno de los mayores males del mundo… Aunque al menos podían luchar contra él.

 

Casi treinta años después de la publicación de Heroes For Hope, Brian Wood retoma el tema en Ultimate X-Men, abordándolo desde una perspectiva para el debate. ¿Y si los mutantes encontraran una manera de alimentar al planeta entero? ¿Cuáles serían las reacciones de los diferentes países y de los poderes fácticos establecidos? ¿Y qué ocurriría dentro de las filas del homo superior? Todas esas cuestiones se abordan en la saga, mientras Wood sigue desligándose más y más de aquello a lo que estamos acostumbrados en una serie protagonizada por La Patrulla-X. En la rica tradición de los mutantes de La Casa de las Ideas, se han visto situaciones en las que un enclave geográfico servía de punto de partida para la construcción de un hogar para un pueblo que carece del mismo, el Homo Superior. El principal exponente podría ser Genosha, orgullosa nación en la que, durante un tiempo, Magneto gobernó sobre diecisiete millones de almas mutantes. La apuesta del guionista no corre en ese sentido, y de hecho podría decirse que Tian, ahora bajo el mando de Jean Grey, ya cumple con un cometido similar dentro del Universo Ultimate al que tuviera Genosha a finales de los años noventa. Más recientemente, también en la continuidad clásica, Cíclope proclamaba la isla-estado de Utopía, un refugio para los suyos en la Bahía de San Francisco, que funcionaba al margen de las leyes de los humanos.

 

Wood ha tomado prestado el nombre de Utopía para bautizar a la Reserva X. De igual manera, también toma nota del Astonishing X-Mende Joss Whedon y John Cassaday,  así como del film X-Men 3, de cara a establecer una “cura” para los mutantes, y por último recupera el estilo punkde Tormenta en los gloriosos años ochenta, como una manera de mostrarnos la catarsis del personaje que se produce durante estas páginas. Es obvio que el autor adora el peinado, porque mientras recurría aquí a él, también lo hacía enX-Men, dentro de la continuidad convencional, y sin que en ese caso hubiera mayor motivo que la moda. En lo transversal, Wood renueva los lazos con The Ultimates, y si antes Nick Furia o Capitán América tenían presencia destacada en estas páginas, ahora la tiene Tony Stark, por razones completamente distintas a las de sus compañeros.

 

Pero conforme profundizamos en la lectura se evidencia que todo esto no son más que guiños a los lectores eruditos, sin mayor importancia más allá de captar su complicidad. La imagen más próxima a la Reserva X que nos muestra este volumen hay que buscarla en los libros de historia, como ya ocurría en anteriores relatos de este guionista para la Oficina Ultimate. Si antes identificaba la lucha de los mutantes con la emancipación de los afroamericanos, aquí busca paralelismos con el destino de los indios aborígenes, que tras una larga lucha por sus derechos consiguieron que el gobierno federal les asignara reservas que pudieran administrar por ellos mismos. Sin la influencia de las autoridades blancas, demostraron que eran tan capaces de edificar un entorno de justicia social como una cleptocracia cruel. La capacidad para la corrupción está en todos los individuos, y el carecer de un chivo expiatorio no implica que vayan a comportarse mejor, o peor, que sus antaño opresores, pero sí que contarán con el potencial para construir algo diferente.

 

También se percibe en estas páginas una reivindicación de los personajes femeninos, que si ya existía en anteriores sagas, se vuelve ahora más evidente que nunca, una vez que los chicos se han retirado a un segundo plano cada vez más discreto. Si los mutantes son el siguiente paso en la evolución de la humanidad, y aunque tal adagio haya quedado desmentido en el Universo Ultimate, Wood se esfuerza en enviarnos el mensaje de que el futuro descansa en las manos de las mujeres, que son ellas las que liderarán el siguiente Gran Cambio y que probablemente harán del mundo un lugar más justo, aunque también en este aspecto no existen las verdades absolutas. El personaje de Jean Grey lo demuestra aquí como ningún otro.

 

El tomo comienza con uno de los llamados “Puntos de arranque”, un mecanismo de marketing que utiliza La Casa de las Ideas para designar aquellos números con los que aconseja a los nuevos lectores que se sumen a una determinada serie. Para dibujarlo, tenemos artista invitado, Filipe Andrade, un portugués que tiene la suerte de vivir al lado de la playa y que fuera fichado hace unos años por C. B. Cebulski en una de sus búsquedas de nuevos talentos. Desde entonces, ha dibujado a personajes tan diversos como Capitán América, Viuda Negra, Lobezno, Caballero Luna, Nómada y Mapache Cohete. A renglón seguido, regresa Paco Medina, aunque sea sólo para despedirse, ya que fue fichado por la Oficina Arácnida para encargarse de las aventuras del trepamuros. Y todavía hay tiempo para que Carlo Barberi, un artista con un estilo tan similar al de Medina que llega a confundirse con él, recoja el testigo y mantenga en una elevada posición el apartado artístico de la cabecera.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men nº 19

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