ULTIMATE X-MEN 8: UNA ESPERA INTERMINABLE

Durante los tres primeros años de Ultimate X-Men, Mark Millar puso en pie la serie y construyó todos los mecanismos por los que se moverían los mutantes dentro del Universo Definitivo. A continuación, Brian Michael Bendis expandió ese entorno, pero apenas se mantuvo durante un año más al pie del cañón. ¿Qué tenía reservado Marvel para después? A comienzos de 2004, la editorial se descolgó, a través de Variety, el buque insignia de la información de Hollywood, con todo un bombazo: Bryan Singer, nada menos que el director de las dos películas de X-Men, sería quien escribiera Ultimate X-Men.

¿Cuándo ocurriría tal cosa? Pronto, muy pronto. Singer no estaría solo en el proyecto, sino que le acompañarían Dan Harris y Michael Dougherty, que también le habían apoyado en la escritura del librero de X-Men 2. Pero éstos estaban ocupados en ese preciso momento, nada menos que preparando el salto a la pantalla de El juego de Ender, la obra maestra de ciencia ficción de Orson Scott Card, por lo que sería necesario esperar unos cuantos meses para tenerlos disponibles, en los que además Singer seguiría avanzando en la preparación de X-Men 3. Marvel seguía así adelante con su objetivo de que sus personajes se acercaran a las representaciones cinematográficas. ¿Qué mejor opción que ponerlos en manos de quien los había sabido entender en el medio audiovisual? “Hay un montón de cosas que no puedo explorar en las películas debido a la restricción por edades. Los cómics me ofrecen la oportunidad de expandir las ideas que me interesan acerca del Universo Mutante y tomar más riesgos”, decía Singer.

 

Sólo faltaba encontrar a alguien que se ocupara de Ultimate X-Menhasta la llegada del director y los suyos. La Casa de las Ideas designó a dos autores. El segundo de ellos era David Mack, un viejo conocido de Joe Quesada, con el que había participado en diversos proyectos, pero nunca llegaría a escribir ni una sola línea de la colección. El primero, que sólo estaba previsto que se quedara cinco números, acabó por encargarse también de los episodios que Mack tenía asignados, y no sólo de ellos.

 

Ese guionisa se llamaba Brian K. Vaughan y ni siquiera había cumplido los treinta cuando le llegó la oportunidad de Ultimate X-Men. Aficionado a los cómics desde niño, Vaughan fue uno de los talentos que surgió del Stan-Hattan Project, una curiosa experiencia realizada por Marvel Comics y el Departamento de Escritura Dramática de la Universidad de Nueva York entre 1995 y 1996. Tras unos primeros años con pequeños encargos aquí y allá, había brillado con la serie mensual protagonizada por Mística y destacaba en especial por su acercamiento a los superhéroes adolescentes en Runaways. Fuera de Marvel, tenía la colección post-apocalíptica Y el último hombre, para Vertigo, que había cometido el imperdonable pecado de ponerse en marcha antes de que el afán por saber lo que ocurre después del fin del mundo estuviera de moda. Estos dos últimos proyectos, junto con Ex Machina, las aventuras de un alcalde superhéroe que muy pronto iniciaría para Wildstorm, le consolidarían definitivamente como un autor fundamental del cómic estadounidense, así como uno de los pocos que conseguiría saltar al medio televisivo: entre 2006 y 2009 formaría parte del equipo de guionistas y productores de Perdidos, y en 2013 pondría en marcha La cúpula, adaptación de la novela-río del mismo título escrita por Stephen King.

 

Menudo currículum, ¿verdad? Pero, en aquel entonces, en 2004, Vaughan no había alcanzado todavía la categoría de estrella que luego atesoraría. Durante la primera parte de su paso por la serie, la que se recopila precisamente en este volumen, ni siquiera imaginaba que se quedaría durante mucho más tiempo, lo que le serviría como condicionante a la hora de escribir. “La tempestad”, la aventura de ecos shakespirianos con la que se estrenó en la cabecera, se centraba en gran medida en las consecuencias que para los hombres-X había tenido la pérdida de uno de los suyos, La Bestia, acontecimiento que ocurriera en el arco argumental anterior. Al mismo tiempo, Vaughan ponía el acento en personajes secundarios que no formaban parte propiamente dicha del equipo Es así como profundizaba en los nuevos fichajes que llevara a cabo Bendis, toda vez que recuperaba tanto a Rondador Nocturno como a Gambito, quien tendría una participación esencial acto seguido, en una segunda historia con la que el personaje por fin podría entrar en contacto con el equipo y se exploraría su relación con Pícara. Allí estaba uno de los elementos característicos de La Patrulla-X en los años noventa que Vaughan podría explorar desde la perspectiva Ultimate. Fue también en esta década en la que fijaría la vista de cara a la utilización de villanos, de manera que brindaba la llegada de Mister Siniestro, el que quizás sea el enemigo de los mutantes que más cambios ha presentado con respecto a su versión original. A lo largo del guión, Vaughan se reservaba un montón de guiños hacia los lectores clásicos, desde alusiones a “La masacre mutante” a un cameo de nada menos que las criaturas de El Nido, disfrazadas de enemigo virtual de la Sala de Peligro. Sólo en la aventura con Gambito en primer término se permitiría recurrir a villanos clásicos, aunque no se tratara de los más famosos entre los aficionados: los hermanos Fenris, hijos del Baron Wolfgang Von Struckerque, en lo que respecta a la continuidad tradicional, debutaron en Uncanny X-Men #194 USA (1985) y a los que les otorgó un llamativo giro argumental.

 

El propio guionista confesaría que su labor en Ultimate X-Menfue uno de los trabajos más difíciles que acometió en aquel momento de su carrera: no eran personajes que hubiera creado él, como sí ocurría con Yorick, de Y el último hombre, Mitchell Hundred, el protagonista de Ex Machina, o los chicos de Runaways. En lo que coincidiría con éstos es en el objetivo de conseguir una buena historia, frase que firmaría cualquier guionista en el periodo de promoción de su obra, pero que en su caso se cumplió al pie de la letra. La etapa iría de menos a más, conforme Vaughan se fue haciendo con los personajes y fueron cambiando los dibujantes que le cayeron en suerte. En un principio, tuvo a Brandon Peterson, un artista más dado a la espectacularidad que a la introspección, al que le siguió nada menos que Andy Kubert, uno de los hermanos Kubert, que habían participado en el lanzamiento de Ultimate X-Meny con el que la serie alcanzaría su medio centenar de entregas.

 

En ese momento, el trabajo de Vaughan había recibido tales aplausos que incluso se le señalaba ya como el hombre que pondría en limpio las palabras de Singer cuando éste al fin apareciera, algo que jamás llegó a suceder. Muy pronto firmaría con Warner Brothers para dirigir Superman Returns, lo que enfadó a 20Th Century Fox, donde no se mostraron flexibles a la hora de esperar su regreso a tiempo para dirigir X-Men 3. Con su salida de la superproducción mutante, simplemente se olvidó la opción de que algún día escribiera Ultimate X-Men. Por suerte, cuando se hizo evidente que nunca lo haría, la serie estaba en las estupendas manos de Vaughan, el guionista provisional que se convirtió en permanente.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 8

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