CACERÍA MACABRA: LA HERENCIA DEL CAZADOR

De todos los villanos de Spiderman concebidos por Stan Lee y Steve Ditko, Kraven El Cazador nunca estuvo entre los más apreciados por el fandom. El Doctor Octopus, El Duende Verde, El Hombre de Arena, Mysterio, El Buitre, El Lagarto o incluso Electro eran preferidos por los lectores frente a aquel hombre de la selva, engreído y pagado de sí mismo, que en pocas ocasiones había conseguido poner en jaque al trepamuros. Sin embargo, y pasados muchos años desde su nacimiento, Kraven consiguió alzarse sobre todos ellos, para ocupar un lugar de honor en el imaginario Marvel.

 

 

Sergei Kravinoff estaba ahí, disponible, casi vacío, esperando a que llegaran los autores que le dieran grandeza y carisma. Y esos autores llegaron. En 1987, J. M. DeMatteis y Mike Zeck construyeron la más escalofriante aventura de Spiderman jamás narrada: “La última cacería de Kraven”. DeMatteis tomó al villano en sus brazos y lo llevó más allá de lo que nunca nadie se hubiera atrevido, partiendo de los pocos rasgos característicos que tenía: su condición de miembro de la decadente aristocracia rusa, su retorcido sentido del honor y su estupor ante el mundo moderno, contrapuesto a la nostalgia por un supuesto paraíso perdido, que él identificaba con la jungla: el lugar donde, a su juicio, cada uno ha de enfrentarse contra sus demonios interiores. En el caso de Kraven, ese demonio no era otro que Spiderman… O como le gustaba llamarlo a él: La Araña. Una terrible criatura, más que humana, pero que tras la máscara no era otro que Peter Parker… “Un tipo al que el destino dio una palmadita en el hombro”, como se definía éste durante el curso de la aventura, en la que Spidey era enterrado vivo mientras Kraven tomaba su lugar. Aquella experiencia resultó única para los lectores de Spiderman, y acabó de la única manera que podía acabar: con el suicidio del villano.

 

“La última cacería de Kraven” constituyó un pequeño milagro: la confluencia de factores que, en cualquier otro momento, no se habrían encontrado. DeMatteis en un momento deprimente de su vida en que se sentía tan enterrado como el propio Spidey en la saga; un argumento que había pasado por el escritorio de varios editores, y aplicado a personajes tan distantes entre sí como Batman y el Hombre Maravilla, pero que nunca llegó a contar con luz verde hasta entonces; Mike Zeck como gran artista, después de acometer la visionaria miniserie de El Castigador; un fichero de personajes Marvel que se abrió por el lugar correcto cuando el guionista buscaba el antagonista apropiado; unas lecturas de clásicos rusos que no dejaban de resonar en su cabeza… No es extraño que la aventura fuera abrazada por los lectores del momento y alzada a la categoría de mito, de obra maestra, de cómic generacional. Su eco continuó resonando durante los años siguientes, hasta alcanzar la actualidad. Porque, más de veinte años después, llegaba una nueva historia, heredera directa de la original, en la que el linaje de los Kravinoff emprendía el camino de la venganza contra La Araña.

 

“La cacería macabra” marcó el episodio final de “El Desafío”. Se trataba de un monumental tributo a la labor realizada por DeMatteis y Zeck, tanto que el primero de ellos no sólo tuvo oportunidad de dar su aprobación a la misma, sino de participar de ella, mediante un relato de background que apareció como complemento de cada uno de los episodios. Pero “La cacería macabra” era también algo nuevo, relevante y brutal. Al construir el guión, Joe Kelly se desmarcó de su encasillamiento como guionista con toques humorísticos, que llevaba a cuestas cada vez que se aproximaba a Spidey. En su lugar, sacó a pasear sus habilidades camaleónicas. Stephen Wacker, el editor de la franquicia arácnida, tuvo que leer los borradores con muchas luces encendidas a su alrededor, a causa de los escalofríos que le producían.

 

“Quería que los Kraven fueran una familia aterradora”, explicó Kelly al respecto. “Todos hemos sido bastante brutos en los últimos arcos de Spidey, pero mi objetivo era empujarlo mucho más allá de los límites. Además, parte de la historia tiene que ver con el ‘adelgazamiento de la manada’ arácnida, por así decirlo”. Se refería, el autor, a la presencia de personajes señalados dentro del entorno arácnido y extraídos de diferentes épocas: estaba los míticos ochenta, a los que se adscribían Madame Web o Julia Carpenter, la sucesora de Jessica Drew como Spiderwoman; estaba la seminal época de Joe Michael Straczynski, de donde se rescataba la figura de Ezequiel, y en la que había nacido Araña, la trepamuros latina; pero los lectores también se encontraron con personajes procedentes de la olvidada etapa de Howard Mackie y John Byrne, de la que provenía Mattie Franklin, la tercera y fracasada Spiderwoman, o el periodo maldito del regreso del clon, en la que se encuadraba Kaine, el clon imperfecto de Peter Parker. Kelly quería hacerlo todo suyo, escribir un relato consistente y coherente con la tradición del personaje, porque necesitaba de unas extraordinarias dosis de legitimidad, de cara al fin que perseguía la trama y que conviene descubrir en su lectura.

 

No menos importante fue la labor de Michael Lark, el artista apropiado a la hora de sumergir en la oscuridad el tradicionalmente luminoso mundo de Spidey. “He dibujado más lluvia, sangre y carne podrida de las que he tenido que dibujar en ninguna otra serie”, señaló. Su nombre estaba habitualmente asociado con entornos más realistas, como los que había dibujado en Gotham Central, The Pulse, Daredevil o Captain America y nunca antes se había acercado al trepamuros. Quizás por eso fue requerido para una historia que, desde su excepcionalidad definitoria, precisaba de un artista capaz de conjurar entornos oscuros, entre la decadencia y lo macabro, pero sin escapar de una escalofriante cotidianeidad.

 

“La cacería macabra” marcó la conclusión de “El desafío”, el monumental cúmulo de aventuras unidas por la figura en las sombras de los Kravinoff, que había llevado al límite las capacidades tanto de Wacker como de todo el equipo en que se apoyaba. De manera indirecta, señaló lo cercano que estaba el final de “Un nuevo día”. Todavía quedaban cabos sueltos por atar, deudas pendientes que pagar y espacios por ordenar, dentro de la siempre caótica existencia de Peter Parker, pero el ambiente ya estaba impregnado de despedida. Era el olor que dejaba la lluvia después de haber caído copiosamente sobre la tierra del cementerio, aquel cementerio donde quedaba una ya inútil lápida.

 

 

Texto procedente de Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 28

EL DESAFÍO (TERCERA PARTE): MONSTRUOS MÁS QUE HUMANOS

Penúltimo capítulo de “El desafío”, antes del choque definitivo contra la familia Kravinoff y sus planes para devolver al mundo de los vivos a Kraven El Cazador. Conforme se acerca ese siniestro momento, la oscuridad se va apoderando de las páginas de The Amazing Spider-Man, como un presagio del fundido a negro que llegará a continuación. Semejante pesadumbre se refleja en el antagonista al que se enfrenta el trepamuros antes del último asalto. Se trata de El Lagarto, uno de los enemigos más veteranos del personaje, a quien el destino ha colocado en el peor momento de su existencia. No es la única amenaza que afronta Spidey en este volumen, donde también se cruza en el camino de nada menos que dos Rinos, una versión femenina de El Escorpión y Juggernaut.

 

 

¡Quién iba a contar, a los lectores de los años sesenta, que aquel tipo tosco y envuelto en una piel de rinoceronte, tenía también su corazoncito! Rino fue una de las nuevas aportaciones de John Romita al mito del trepamuros, poco después de hacerse con las riendas de la serie. El personaje pronto se convirtió en un habitual de Hulk, con el que solía medir su fuerza bruta, y se alejó en consecuencia del entorno de Spidey, salvo por ocasiones muy singulares. Ya en el siglo XXI, una historia en concreto, tan trascendental para él como olvidada por los demás, lo redefinió y le dotó de un mayor contenido. Se trataba de “Flores para Rino”, desarrollada por Peter Milligan y Duncan Fegredo para Spider-Man’s Tangled Web #5 y 6 USA (2000), en la que el villano conseguía un aumento artificial de su inteligencia y encontraba al amor de su vida, sólo para perderlo todo poco después y volver a las costumbres de siempre, como si se tratara de algo inevitable. La historia mostró un lado de Rino que nunca se había visto hasta entonces, y otros autores terminaron por bucear en ese aspecto tan particular.

 

Saltando diez años en el tiempo, llegamos hasta The Amazing Spider-Man #617 USA (2010. Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 25), precisamente el primer volumen de esta serie dedicado a “El desafío”. Joe Kelly y Max Fiumara dedicaban una potente historia autoconclusiva a dar otra vuelta de tuerca a Rino, ahora casado con una amable esposa que lo adora, con un nuevo nombre, un trabajo honrado y, en definitiva, una vida distinta a lo que había tenido hasta ese momento, y mucho más satisfactoria. La tranquilidad era interrumpida por la llegada de un nuevo Rino, que trataba de mostrarle su respeto, pero que no hacía sino enturbiar la recién adquirida paz. Con un sustituto en las calles, parecía como si el destino quisiera haber dado una salida a Aleksei Sytsevich… pero la historia distaba mucho de haber terminado. Kelly y Fiumara la retoman aquí, de nuevo con un episodio único, tan sobresaliente como el anterior, pese a que su tono es por completo distinto.

 

El planteamiento de “El desafío” permitió al editor Stephen Wacker presentar historias muy diferentes a cada nuevo paso del landscape. A la segunda parte del relato sobre Rino siguió un episodio en que Fred Van Lente recurría a Escorpión, una puesta al día femenina del viejo enemigo de Spidey que había presentado cinco años antes, en Amazing Fantasy vol. 2, #7 USA (2010). Carmilla Black había seguido una trayectoria irregular, siempre de la mano de su guionista, quien encontró en esta aventura la manera de darla un pequeño impulso.

 

Acto seguido, llegaba un arco con intenciones muy diferentes, ya que se trataba de una secuela de la mítica historia de Roger Stern y John Romita Jr. “Nada puede detener a Juggernaut(The Amazing Spider-Man #229 y 230 USA, 1982), que todavía se recuerda como un pináculo dentro de la memorable etapa que realizaron estos autores. Wacker no pudo hacerse de nuevo con los servicios del dibujante original, pero eligió en su lugar a Lee Weeks, un artista con un estilo similar al de Romita Jr. La nueva aventura no sólo retomaba el argumento de la clásica, sino que además asumía posteriores encuentros de Spidey con Juggernaut, así como las circunstancias actuales del personaje. La profesionalidad en estado puro de la que hacía gala Stern servía también para recordar el maravilloso sabor de boca que dejara su paso por la serie treinta años atrás.

 

La calidad de estas historias, no obstante, quedaría eclipsada por la última de las sagas aquí incluidas, que brilló como uno de los mejores momentos de todo “El desafío”. El terror, lo malévolo y lo sangriento se abrían camino en un relato que establecía un antes y un después en la relación entre Spiderman y El Lagarto. Estaba escrito, por incompatible que pudiera parecer con su estilo, por Zeb Wells, el que hasta entonces había sido autor de las aventuras más optimistas y divertidas del Nuevo Día arácnido.

 

La opción de recurrir a El Lagarto surgió durante las primeras discusiones alrededor de la galería de villanos que aparecería en “El Desafío”. Era obvio que un enemigo del Hombre Araña cuyo debut databa de TheAmazing Spider-Man#6 USA (1963) y que había llegado a convertirse en una de las grandes referencias clásicas del trepamuros debía estar en esta macrosaga. Sólo faltaba encontrar una historia que lo hiciera de nuevo un personaje interesante, y no fuera el típico enfrentamiento entre Spidey y El Lagarto que se salda con el héroe devolviendo la humanidad al villano. A este respecto, el guionista acudió a la trayectoria que había seguido Curt Connors a lo largo de los años: de una vida en familia como respetado científico y profesor de Universidad había pasado a la marginalidad después de la muerte de su esposa. Las periódicas transformaciones en El Lagarto no hacían sino restar piezas a su delicado equilibrio emocional. Connors era una persona al borde del abismo, y sólo faltaba un último empujón. “Queríamos utilizar las esencias del personaje, pero al mismo tiempo enseñar a la gente algo que no hubieran visto antes”, recuerda Zeb Wells. “La intención era alejarnos de la estructura del típico enfrentamiento contra El Lagarto. Para eso, teníamos que dejar atrás a Curt Connors y fijar el punto de atención en esta criatura que es una reliquia del periodo jurásico, que ha sido liberada de esa parte del cerebro que compartimos con nuestros ancestros. Estaba interesado en el punto de vista que tendría ese monstruo de nuestro mundo”.

 

Texto aparecido en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 27

UN NUEVO DÍA: MODELO EN PERFECCIONAMIENTO

Los estertores de 2008 marcaron la conclusión del primer año de “Un nuevo día”, el landscape tanto editorial como argumental que había marcado el mayor cambio en la vida de Spiderman en décadas. Stephen Wacker afinaba al máximo los equipos creativos de los que disponía, introduciendo algunos pequeños cambios que iban en la buena dirección. La salida de Zeb Wells, uno de los cerebros que se sentaban cada mes en la mesa de redacción, fue inmejorablemente suplida con la incorporación de nada menos que Joe Kelly, guionista soñado por muchos aficionados arácnidos desde hacía años. Mientras, Marc Guggenheim demostraba que no había que perder de vista los trabajos que estaba realizando, como demostró con una conmovedora y dramática historia protagonizada por Flash, el viejo abusón de Peter Parker en el instituto.

 

 

LA SOLUCIÓN DEL MISTERIO

Jackpot fue una de las sorpresas que trajo “Un nuevo día” desde su comienzo, ya que fue introducida en el especial que dio paso a la iniciativa. ¿Una pelirroja escultural que se hacía llamar con el mismo término que había utilizado Mary Jane cuando conoció a Peter? De inmediato, una gran mayoría de los lectores, espoleados desde los mentideros online, dieron por hecho que la que acababa de dejar de ser la esposa del trepamuros seguía presente en la serie, de la manera más inesperada que cabía imaginar. Pero poco después, en el arco argumental de Muñeca de Papel, Dan Slott confirmaba lo contrario. Había sido él quien sugiriera la posibilidad de jugar con la identidad de la justiciera, pero el objetivo primordial de los guionistas no era otro que introducir una vigilante callejera en la línea de El Merodeador o de La Gata Negra. Fue Marc Guggenheim quien más partido sacó al personaje y, en buena lógica, tenía que ser Guggenheim el encargado de descubrir la verdad sobre Jackpot. El autor aprovechó además para recuperar a Walter Declun, el ejecutivo corrupto de Control de Daños que aparentemente muriera en los cruces de Lobezno con “Civil War”, pero también a la olvidadísima Commanda, una villana de la que no sabíamos nada desde los tiempos de Spiderman: Las historias jamás contadas. El relato de Jackpot, con el que se inicia este tomo, conformaba el Amazing Spider-Man Annual #1 USA, publicado en 2008. En realidad, aquel especial hacía la entrega treinta y cinco en los Annuals que había recibido la principal colección arácnida, un detalle que podía descubrirse mediante la doble numeración que Marvel incluyó en la cubierta.

 

LLAMADLE FLASH

Era el tipo sonriente, despreocupado y presuntuoso que estaba en primer plano y se burlaba del apocado Peter Parker en aquella viñeta del origen de Spiderman (Amazing Fantasy #15 USA. 1962. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman nº 1). Desde entonces, Flash Thompson se había quedado en la memoria colectiva de los fans como la bestia parda de Pete en el instituto, a la par que el mayor fan de Spidey. Pero el Midtown High School había quedado atrás, antes incluso de que Steve Ditko dejara de dibujar la serie, y luego serían diversos los papeles que asumiera Eugene Thompson. Ya en la época dorada de John Romita, cuando se vistió de uniforme y viajó para luchar en la guerra del Vietnam (referencia histórica que, forzosamente habrá que dejar de lado), creció de caricatura a personaje con cara y ojos. En sus intermitentes apariciones en la serie, se convertiría en uno de los mejores amigos de Peter, al tiempo que quedaba al descubierto una infancia difícil, llena de abusos. Años más tarde, algunos guionistas reincidirían en el Flash abusón y descerebrado. ¿Y después? El viento, y el inicio de “Un Nuevo Día”, se llevaron a Flash de regreso al olvido, hasta que llegó la hora de saber de él. Ocurrió en un número autoconclusivo de Amazing, también escrito por Guggenheim, que lo situaba como combatiente en Irak y para el que el guionista se documentó con la ayuda de soldados que habían estado sobre el terreno. Era algo a lo que el comité de guionistas llevaba dando vueltas desde el comienzo, devolver a Flash al ejército y allí hacer algo radical con él. La historia, que cambió de manera radical la vida de Flash, llegaría a ser objeto de polémica dentro del correo de lectores de la edición americana. Hubo soldados que se identificaron con la historia y dieron las gracias por ella mientras que otros aficionados se escandalizaron por el tomo militarista de la misma o que se abordara exclusivamente desde el punto de vista de los estadounidenses. Guggenheim se defendió afirmando que él se había opuesto a la invasión de Irak y criticado la guerra de Afganistán, pero igual que no estaba de acuerdo con cada afirmación que hacían sus personajes, tampoco tenía por qué estarlo con las declaraciones políticas de éstos. Y añadía: “Para ese número, hice una meticulosa investigación que me permitiera mostrar las acciones de americanos e iraquíes de la manera más realista posible. Sin embargo, no hubo la oportunidad de contar la historia desde la perspectiva iraquí. Tampoco para expresar mi opinión de que, aunque apoyo a las tropas americanas, no creo que sus vidas deban desperdiciarse en una guerra más o menos bien planificada. Como escritor, a veces sólo puedes contar la historia que te han contado”. Wacker por su parte dijo al guionista que era el mejor número que había escrito.

 

NACIDO PARA ESCRIBIR SPIDERMAN

En la segunda parte del volumen, damos la bienvenida a un escritor que recordarán con inmenso cariño muchos fans. Se trata de Joe Kelly, excelente guionista de diálogos chispeantes y tramas densas y complejas que empezara su carrera profesional en Marvel durante la segunda mitad de los años noventa, en series como La Patrulla-X y Masacre, y que luego saltaría a DC para realizar, entre otras cosas una más que estimable etapa de Action Comics, una de las colecciones de Superman. Kelly volvió a La Casa de las Ideas de la mano de su antiguo editor en DC Stephen Wacker, para unirse al equipo de guionistas del Hombre Araña, personaje que parece fabricado a su medida, como ya demostrara en aquel inolvidable episodio de Masacre en el que Wade retrocedía en el tiempo para introducirse en la trama de un Amazing de la época Romita. En aquel entonces también desarrolló un pequeño arco de Webspinners, una serie compuesta por aventuras cerradas del trepamuros, pero no tuvo ocasión de abordar el personaje desde sus colecciones principales.

 

LA DESPEDIDA DE ZEB WELLS

La incorporación de Joe Kelly coincidió en el tiempo con la marcha de Zeb Wells, uno de los fundadores del concepto que latía detrás de “Un nuevo día”. Wells se marchaba con la que quizás fuera su mejor intervención: una aventura larga que Spiderman compartía con El Castigador y que destacó especialmente por la labor del dibujante Paolo Rivera, un extraordinario artista que también sería el encargado de revisar el origen del trepamuros, dentro de una iniciativa titulada Mithos. Rivera volvería más adelante a figurar en Amazing, con nada menos que la segunda parte de “Un día más”, pero eso es historia para otra ocasión.

 

EL CANDIDATO MARVEL

Todas estas historias se publicaban originalmente en 2008, coincidiendo con el enfrentamiento por La Casa Blanca entre Barack Obama y John McCain. En Marvel, tuvieron la ocurrencia de introducir un tercer candidato en liza: Stephen Colbert. Se trata de un humorista que cuenta con su propio programa de televisión en el canal Comedy Central, por el que ha ganado multitud de premios. La candidatura a la Presidencia de los Estados Unidos fue impulsada desde la pequeña pantalla en octubre de 2007. Aunque nunca pasó de ser una pequeña broma, en Marvel decidieron reflejarla dentro de su propio mundo de ficción, a través de carteles, pegatinas y anuncios que pudieron encontrarse en las viñetas a lo largo de varios meses. Incluso siguieron adelante con ella una vez que, en nuestra realidad, quedó certificado que Colbert nunca optaría a la Casa Blanca. El mayor acto de esta campaña imaginaria tendría lugar en la pequeña historia con la que se cierra este tomo, aparecida como complemento del Amazing Spider-Man #573 USA, que incluso contaría con una portada alternativa dibujada por Joe Quesada con Colbert como protagonista. Por fin, el 5 de noviembre, el Daily Bugle proclamó que, al menos en el Universo Marvel, Colbert había ganado en votos populares, mientras Obama había alcanzado el mayor número de votos electorales. Meses después, La Casa de las Ideas pondría corolario a tan divertida ocurrencia, con la asistencia de Spiderman a la toma de posesión de Obama, la cual también podremos leer en esta misma colección.

 

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 18

LA RECONSTRUCCIÓN DE LA TELARAÑA: LOS PRIMEROS PASOS DE «UN NUEVO DÍA»

Dejando al margen todas la polémica generada alrededor de la manera en la que Marvel puso abrupto fin al matrimonio de Spiderman, las diferencias entre la etapa de Joe Michael Straczynski al frente del destino del trepamuros de Marvel y la era de “Un nuevo día” son tan grandes y profundas que la mayoría de los lectores, incluso aquellos desprovistos de suspicacias e ideas preconcebidas, tuvieron que aclimatarse de la noche al día a una manera de concebir al personaje que, siendo tan legítima como canónica, en nada se parecía a la que estaban acostumbrados desde hacía años.

La época de Joe M. Straczynski en The Amazing Spider-Man había estado caracterizada por la supeditación del resto de títulos a la que estaba considerada, indiscutiblemente, como la principal cabecera arácnida. Cuando JMS aterrizó en la serie, Spidey venía de una época en la que buena parte de las señas de identidad del héroe, entre ellas su rica tradición de villanos y personajes secundarios, se encontraba terriblemente devaluada. El autor de Babylon 5 optó por simplificar el terreno de juego. Durante sus años en la serie, y aunque hubiera tímidos amagos en el sentido contrario, el elenco de personajes fue reducido a la mínima expresión, de manera que se concentraba en las figuras de Peter, Mary Jane y Tía May. Las tramas, aunque mantuvieran un hilo conductor entre ellas, quedaban acotadas a arcos argumentales que permitieran la fácil recopilación posterior. En el apartado de villanos, JMS concibió nuevos enemigos a los que enfrentar a Spidey, mientras que los clásicos se atrincheraron, fundamentalmente, en las colecciones subsidiarias. Por último, el guionista dio preponderancia a temas complejos y adultos, como la naturaleza de los poderes arácnidos, el verdadero significado del heroísmo o los sacrificios que hay que hacer para mantenerse fiel a las creencias propias. Había mucho humor, y además muy inteligente, pero el componente culebronesco de los cómics clásicos de Spiderman, la ligereza que en muchas ocasiones solían tener sus aventuras, fue dejado de lado en beneficio de una intensidad y un dramatismo elevados.

 

A la hora de poner en marcha “Un día más”, el comité de guionistas dirigido por Stephen Wacker desechó muchas de las herramientas de la época Straczynski. Para sustituirlas, tiraron de manual clásico. El cambio más relevante consistía en que, por primera vez en décadas, se había roto la estructura de Amazing como serie core junto a otras dos de menor importancia: ahora todo era Amazing, con tres salidas cada mes y equipos creativos alternándose y coordinándose mediante un engrasado armazón editorial. En consecuencia, tampoco había ningún autor que pudiera calificarse como más destacado que el resto. Con el tiempo, como era natural, los lectores se decantarían hacia sus favoritos, pero todos empezaron la carrera en igualdad de condiciones.

 

Con respecto al elenco, el péndulo basculó hacia el extremo opuesto. Peter ya no estaba casado y, de repente, su vida se llenó de viejos y nuevos amigos, novias y compañeros de trabajo, cada uno con su propio ciclo argumental que se extendería a lo largo de muchas entregas y cada uno susceptible de trasladarse, en cualquier momento, desde el mundo de Peter Parker al de Spiderman. La facilidad para que uno se viera contaminado por el otro, y viceversa, que instituyera Stan Lee cuando hizo que tras la máscara de El Duende Verde estuviera el padre del mejor amigo de Peter, funcionaba de nuevo a plena potencia. Wacker decretó además que los villanos habituales merecían un descanso que permitiera la incorporación de otros de nuevo cuño, cada uno con su idiosincrasia particular, pero todos siguiendo los cánones tradicionales, de tal manera que recordasen a los veteranos sin necesidad de que fueran ellos. Y por supuesto habría misterios destinados a resolverse al cabo de un gran número de entregas. Por más que luego se reuniera en tomos, “Un nuevo día” respondía al andamiaje de una novela-río formada por capítulos de longitud desigual. En el lanzamiento, cada equipo produjo una aventura de tres entregas, pero a partir de ahí la extensión sería variable, e iría del episodio autoconclusivo a la saga de seis números. No es extraño que Wacker fuera el último en salir de las oficinas de Marvel a partir de entonces.

 

Puestos a buscar una época similar en la historia de Spiderman, la que más se parecía a aquello era la de comienzos de los ochenta, cuando Tom DeFalco era el editor de las series del trepamuros. Durante su mandato, las tres colecciones que componían la franquicia alcanzaron una consistencia equivalente y, aunque cada una presentaba historias independientes, estaban coordinadas con tal solidez que podían leerse como piezas de un único puzzle: los secundarios se movían de una cabecera a otra perfectamente sincronizados; lo que ocurría en una afectaba con sutil elegancia al resto y todo se desarrollaba sin necesidad de trucos de artificio, con absoluta naturalidad.

 

En este tomo de Marvel Saga. El Asombroso Spiderman se completa la presentación de los cuatro equipos con los que abrió fuego “Un nuevo día”. Bob Gale, leyenda de la narrativa cuyos guiones para la trilogía Regreso al futuro se estudian en las escuelas de cine, se unía al detallista Phil Jimenez en la presentación de Freak, para cuya creación seguía, quizás inconscientemente, un esquema muy similar al que hubiera aplicado Roger Stern en el nacimiento de El Duende. A continuación, Zeb Wells y Chris Bachalo sacan a Spidey de su elemento para enseñarnos cómo se las apaña en la peor nevada que haya sufrido Nueva York. Por último, regresa Gale, con Freak bajo el brazo, y avanza sobre el misterio de Amenaza, el remedo de El Duende Verde que fuera presentado por Marc Guggenheim y Salvador Larroca un par de meses antes. Y mientras tanto, la telaraña que forma Peter con Tía May, J. Jonah Jameson, Dexter Bennett, Carlie Cooper, Vin Gonzales y muchos más continúa enredándose y tejiéndose, igual que el propio héroe remienda su traje, una vieja escena anecdótica que llevaba mucho tiempo sin verse, pero que representaba toda una declaración de intenciones. Como muchos otros comienzos, el de “Un nuevo día” fue complejo, difícil y por ocasiones desconcertante, pero tenía potencial para la grandeza, y muy pronto la alcanzaría.

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 15