1984. LA PATRULLA-X Y ALPHA FLIGHT: LA REUNIÓN DEL DREAM TEAM QUE NUNCA OCURRIÓ

ES 1984. ¿En qué llevan razón quienes critican a Marvel por aprovechar el filón X-Men? Productos tan honrosos como Muerte vivaconviven con otros que lo son algo menos, como las miniseries Iceman  y Beauty and the beast (ambas de XII 84-VI 85), o Nightcrawler(XI 85-II 86). Mary Jo Duffy, una de las mejores amigas de Claremont, trabaja en The Misfits, título derivado de The New Mutantsque no acaba de encontrar fecha de publicación; y otros autores preparan proyectos más o menos oportunistas, protagonizados por mutantes de pega, como es Firestar(III 86-VI 86), mediocre inserción en el Universo Marvel de una heroína procedente de la serie de dibujos animados Spider-Man and his amazing friends. La única miniserie en la que trabaja Claremont este año es un proyecto que Jim Shooter lleva sugiriendo desde hace meses. El director editorial pretende reunir de nuevo al Padre Mutante con John Byrne. Se trataría de que ambos hicieran una miniserie protagonizada por la Patrulla-X y Alpha Flight, grupo cuya colección creara Byrne dos años atrás. Se anuncia la salida para ese mismo invierno y Claremont, siempre cuidadoso con la continuidad, inserta la historia entre medias del UXM 192.

En cuanto Ann Nocenti, editora mutante, y Dennis O’Neil, editor de Alpha Flight, empiezan a trabajar en el nuevo título, Byrne anuncia que cambia cromos con Bill Mantlo. Éste pasa a encargarse de los Alphas y él a ocupar Incredible Hulk. En principio, no tiene por qué haber problema para que siga adelante el crossover con la Patrulla-X, pero el canadiense se desentiende del proyecto. Alega que su llegada a la colección del coloso esmeralda y la preparación de una novela gráfica dedicada a Hulka se llevan veinticinco horas diarias de su tiempo. Los editores insisten en seguir adelante sin Byrne, aunque sea con un especial de treinta y dos páginas que aproveche lo que llevan avanzado, pero es necesario un dibujante. Nocenti llama por teléfono a Paul Smith.

 

-Hola chico. ¿Te apetece hacer un número especial de la Patrulla-X?

-Déjalo, Ann. Seréis muy majos y todo lo que tú quieras, pero no me interesa la Patrulla-X. Estoy harto de que sólo me pidan dibujos de la Patrulla-X. No quiero que me volváis a llamar para hacer un cómic de la Patrulla-X. ¿Vale? Venga, un beso.

 

Por la tarde, Smith se acerca a una tienda de motocicletas. Antes de entrar, se queda pegado al escaparate. Acaba de enamorarse. Ella es la última BMW. La primera desde los años cincuenta que lleva un flamante motor nuevo. Tiene que ser suya.

 

-Hola Ann, soy Paul Smith. Me acabo de enterar que antes has llamado a casa y has hablado con mi Malvado Hermano Gemelo. Eso que te ha dicho de que no quiero trabajar para vosotros es mentira. Estoy deseando volver. ¡Con lo que a mí me gusta la Patrulla-X! De hecho, ¿qué es eso de treinta y dos páginas? ¡quiero dibujar cien!

 

Cien páginas de Paul Smith es igual a lo que cuesta una BMW nueva de 1985. El especial se convierte así en una miniserie compuesta por dos números dobles. Para completar el equipo creativo, se recupera a Bob Wiacek, entintador de Smith durante su etapa en Uncannyy que ahora se ocupa de Power Pack. Puesto a elegir villano, Claremont decide olvidarse de los habituales de la Patrulla-X y ni acercarse a los que Byrne ha creado para Alpha Flight. A sugerencia de los editores, recurre a Loki, el malvado hermanastro de Thor, lo que entronca con la gran saga que viene desarrollando Walter Simonson en la colección del Dios del Trueno. Claremont nunca ha trabajado con las deidades asgardianas, por eso le resulta mucho más sencillo dejar de lado los típicos planes de conquista del Señor de la Mentira para entrar en su retorcida mente. ¿Cómo actuaría Loki si le obligaran a comportarse con bondad? De esa pregunta nace la historia. Loki hace un regalo a los humanos. Les concede una fuente de poder que transforma en poco menos que dioses a quienes pasen por ella. Los primeros agraciados son la tripulación de la avioneta que pilotan Madelyne Pryor y Cíclope. El guionista los denomina provisionalmente the Bersekers, el nombre que utilizan los guerreros mitológicos encargados de proteger a Odin, y encarga a Smith que los diseñe a partir de una vaga influencia asgardiana. Éste se basa en los Thorde Walter Simonson para crear personajes individualizados con poderes más místicos que superheroicos. A pesar de que recuperen su normalidad una vez terminada la aventura, Claremont no descarta recuperarlos en un futuro que nunca llega.

“Aprendí muy joven que las cosas no se obtienen gratis. Quiero saber el precio”, dice Estrella del Norte. El precio del regalo de Loki es la pérdida de la magia sobre la Tierra. Los seres mágicos, como Shaman o Ave Nevada, comienzan a agonizar, mientras que los demás olvidan su capacidad para concebir historias. En lugar de la típica lucha de un grupo de superhéroes contra otro, hombres-X y Alphas se agrupan en función de los que están decididos a sacrificar la vida de sus amigos (Coloso, Sasquatch, Madelyne o Rachel) y aquellos que sostienen que el fin nunca justifica los medios (Lobezno, Cíclope, Xavier, Estrella del Norte, Talismán o Kitty).

La pelea termina con la llegada de Loki, dispuesto a obligar a que acepten su regalo aquellos que no lo quieren. Loki no puede actuar bien, concluye Claremont. Eso significa que se comporte desinteresadamente. Pero su naturaleza embustera no concibe hacer nada por nadie sin esperar algo a cambio. La miniserie resultante sigue la línea del equipo creativo. Una sólida historia construida sobre excepcionales personajes magníficamente tratados que sienten y se comportan como si fueran reales. Satisfecho con el resultado, tan alejado de los escenarios y las situaciones propias de los hombres-X, Claremont decide continuar en los anuales mutantes de ese mismo año. Sucede que Paul Smith ya tiene suficiente dinero para comprar su moto.

Ann Nocenti sugiere entonces el nombre de Arthur Adams, con quien acaba de terminar la miniserie Longshot. (IX 85-II 86). Adams, un chaval californiano de apenas veintidós años, tiene un estilo lleno de barroquismo y belleza. Necesita una obra que le consolide y, a pesar de su lentitud, accede a dibujar los dos especiales. La acción traslada a los Nuevos Mutantes primero y a la Patrulla-X después a Asgard, lo que requiere la coordinación con Ralph Macchio y Walter Simonson, editor y autor, respectivamente, de Thor. Simonson les detalla cuál va a ser exactamente la situación en el país de los dioses nórdicos en el momento en que sea visitado por los chicos de Xavier, además de incluir un par de referencias mínimas en el Thor 362 (XII 85). Claremont le promete tener cuidado con el tratamiento de los personajes y escenarios. Todo tiene que encajar como un inmenso puzzle, para acentuar la coherencia del Universo Marvel. A continuación, Claremont entrega a Adams un centenar de folios con el argumento de cada Annual. Ambos autores están apasionados con la historia, que empieza a crecer y crecer, en paralelo a sus cuentas de teléfono. El número de los bebés-X salta enseguida de cuarenta y ocho a sesenta y cuatro páginas dibujadas. Existe un New Mutants Annual1 publicado en 1984, último estertor de Bob McLeod en la colección. El de Arthur Adams debería ser el Annual2, pero Nocenti quiere destacar de alguna forma la excepcionalidad del producto, por eso le encarga a Adams una portada doble y decide denominarloNew Mutants Special Edition 1. La segunda parte se queda como Uncanny X-Men Annual 9. La complejidad llega a un nivel tal que Nocenti escribe una columna en el Marvel Age en la que explica cuál es el orden en el que tiene que leerse cada una de las partes de la saga. “Dieciocho mutantes viven en la Mansión-X”, explica Nocenti. “Y eso sin contar con invitados y amigos. Este verano van a viajar de El Cairo a Asgard, de Asgard a París, y de París a Etiopía”

1985. DE CÓMO LA FURIA DE ALAN MOORE ALTERA DOS AÑOS DE ARGUMENTOS

Etiopía es, durante 1985, una referencia obligada para la industria del ocio. Al mismo tiempo que en la oficina-X preparan los especiales de Asgard, un grupo de cantantes entre los que se encuentran figurones tales como Bruce Springsteen, Michael Jackson o Tina Turner publican el disco coral USA for AFRICA We are the world, iniciativa de Bob Geldof destinada a recaudar fondos para paliar el hambre en el Continente Negro. A rebufo de la ola caritativa que recorre America, Berni Wrightson sugiere a su amigo Jim Starlin que preparen un cómic que sea el USA for AFRICA de Marvel, con los mejores guionistas y dibujantes de la industria trabajando por tan honorable causa. Starlin habla con Jim Shooter, al que le parece una gran idea. No es la primera vez que la editorial ha publicado tebeos con fines benéficos, como por ejemplo el Power Pack and Spider-Man (1985) destinado al Comité Nacional para la Prevención del Abuso Infantil. Al día siguiente, Shooter trata el tema con Mike Hobson y Jim Galton, publisher y presidente de Marvel, respectivamente. Ellos creen que, si los autores van a donar sus sueldos, la Casa de las Ideas debería hacer lo mismo. Puestas también al corriente, al carro de la solidaridad se suben tanto la distribuidora Curtis Circulation como algunas librerías especializadas. Se decide que el cómic esté protagonizado por la Patrulla-X, los protagonistas de la serie regular que mejor vende. También se anuncia a distribuidores, libreros y lectores que la tirada será única. Una vez terminada la impresión, se destruirán los fotolitos. La venta completa de la edición queda así asegurada.

 

El proyecto recala en Ann Nocenti y Chris Claremont, que se ocupan de reclutar a los guionistas, mientras Starlin y Wrightson se encargan de los dibujantes. El argumento básico se prepara entre los cuatro. La sesión creativa empieza a mediodía, en un restaurante, y se extiende hasta altas horas de la noche, ya en la oficina-X. A última hora, Shooter añade un par de ideas. El tema principal, comenta Claremont, es que la Patrulla puede salvar el mundo, puede salvar el universo, pero no puede salvar a aquellos que se mueren de hambre. Las escenas son cuidadosamente repartidas en función de quienes han de realizarlas. Stan Lee se ocupa de las páginas de presentación junto a John Romita Jr. y John Buscema.

 

Tras éstas, la acción se divide en arcos de entre dos y tres planchas protagonizados por los diferentes hombres-X. John Byrne accede a dibujar la segunda secuencia, que cuenta además con el entintado de Terry Austin. Tampoco ahora llega a reunirse el Dream Team. Quien escribe la escena no es Claremont, sino Weezie Simonson.

Berni Wrightson convence a su amigo y colaborador ocasional Stephen King para que escriba la terrorífica secuencia en la que el villano, nada menos que la encarnación del hambre, tortura a Kitty.

Alan Moore y Richard Corben se ocupan de que Magneto se enfrente a su horrible pasado (impagable la viñeta en la que Hitler reconoce al Amo del Magnetismo como su más avanzado pupilo).

Frank Miller comparte su reencuentro con Lobezno con el aclamado autor de ciencia-ficción Harlan Ellison, esta vez acompañado de las tintas de Bill Sienkiewicz.

Claremont se reserva las páginas dedicadas a Tormenta, en las que une sus fuerzas a las de Brian Bolland, uno de sus dibujantes predilectos.

Mike Baron y Steve Rude, responsables del independiente Nexus, ofrecen a continuación su visión del grupo al completo.

George R.R. Martin, otro gran escritor de terror, se ocupa de las páginas en las que la Patrulla-X llega a Etiopía en busca de su enemigo.

A los ya mencionados se añaden los nombres de Bill Mantlo, Mary Jo Duffy, Denny O´Neil, Joe Sinnot, Bob Layton, Brent Anderson, Klaus Janson, Clarles Vess, Mike Kaluta, John Bolton, Bruce Jones, Steve Englehart, Paul Gulacy o el mismísimo Jim Shooter. El cómic lo cierran Archie Goodwin, Howard Chaykin y Walt Simonson. En total, ochenta y dos guionistas, dibujantes y entintadores repartidos en veintiún equipos creativos.

Claremont entiende X-Men: Heroes for hope como un gran tributo a todos aquellos que han trabajado en la serie en los últimos diez años. Por una vez en la vida, otros escritores tienen la oportunidad de poner su rúbrica en un cómic protagonizado por sus chicos. El gran Patriarca Mutante no sabe muy bien como sentirse. Normalmente, no le resulta cómodo que los hombres-X aparezcan como invitados en otros títulos. Dichas apariciones, si se hacen correctamente, pueden dar una idea general de verosimilitud, pero casi siempre son un mero truco publicitario para vender más. Tanto Weezie primero como Ann después han seguido la política de complicar las cosas a quienes deseen utilizar a los hombres-X en otras colecciones. Heroes for hope es diferente, un caso puntual que no va a repetirse en el futuro. Claremont se estremece cuando lee las páginas dieciséis a dieciocho, escritas por Alan Moore. Este chico ha sido capaz de definir a Magneto mucho mejor de lo que yo he conseguido hacerlo nunca, y en tan sólo tres páginas, piensa. Da igual. Alan Moore nunca trabajaría para Marvel. Además, si hay alguien imprescindible para la Patrulla-X, ése es Chris Claremont.

 

Inmerso en la actividad frenética que suponen la miniserie con Alpha Flight, los especiales con Arthur Adams y la coordinación del Heroes for Hope, le queda todavía hacer frente al siguiente gran acontecimiento mutante de la temporada, el UXM 200, donde tiene lugar el juicio a Magneto por crímenes contra la humanidad.

Un número antes, en el UXM 199 (XI 85), la Hermandad de Mutantes Diabólicos, convertida ahora en Fuerza de la Libertad al servicio del Gobierno, intenta capturar a su antiguo líder. No llegan a conseguirlo, pero él mismo se entrega. “Siempre he estado huyendo de y escondiéndome. Por mi propio bien y el de los mutantes, ha llegado la hora de enfrentarme a mis acusadores a mi destino”, dice. Cincuenta números después de haber comenzado el duro camino hacia el perdón, Magneto comparece ante el Tribunal Internacional que se ocupara del juicio de Nuremberg (UXM 200, XII 85).

Al frente de la acusación está James Jaspers es un fanático perseguidor de superhéroes con capacidad para alterar la realidad y que proviene del serial inglés del Capitán Britania, publicado por la filial de la compañía en Gran Bretaña.

La aparición de Jaspers insinúa un largo argumento destinado a durar los dos años siguientes: Nimrod, el centinela llegado del futuro, va a fusionarse con La Furia, un androide creado por Jaspers que en las historias del Capitán Britania escritas por Alan Moore ha llegado a exterminar a los superhéroes de varios mundos alternativos. Esta nueva amenaza destruirá a Los Morlocks y al Club Fuego Infernal, además de enfrentarse a La Patrulla-X en varias batallas, durante las que Rondador Nocturno se verá gravemente herido. Kitty logrará derrotarlo, con sus poderes de fase, pero también sufrirá las consecuencias. Junto a Rondador, Coloso y Longshot, un nuevo miembro del grupo que ha introducido Ann Nocenti en una miniserie dibujada por Arthur Adams, se marcharán a vivir a Inglaterra. A largo plazo, de todo ese plan surgirá un nuevo equipo, llamado Excalibur. En paralelo, Jaspers se aliaría con la fusión entre Nimrod y La Furia, para reavivar el racismo contra los mutantes. Como respuesta, La Patrulla-X se verá obligada a aliarse con otros mutantes a escala mundial. La batalla final obligará a Forja a unirse con Roma, una deidad que fuera introducida por Claremont en la creación del Capitán Britania, y juntos desterrarán a Jaspers y la criatura a una dimensión paralela, pero en el proceso Jaspers utilizará sus poderes para alterar radicalmente a La Patrulla-X.

 

Cuando Alan Moore, el escritor de las aventuras de Britania en que aparecía Jaspers, descubre esos planes, se enfurece y plantea un problema legal a Marvel al respecto de la utilización de los personajes que él ha creado durante ese periodo. Se resolverá al cabo de un tiempo, pero mientras tanto los abogados de Marvel aconsejan que ningún elemento procedente de esas historias sea utilizado en los cómics. Claremont se ve, por lo tanto, obligado a eliminar tanto a Jaspers como a La Furia de su planificación. Recurrirá, en su lugar, a otros personajes, pero, más allá de esta circunstancia, los cómics que va a escribir en los dos años siguientes mantienen muchas de las situaciones planteadas desde el principio.

La defensa de Magneto que esgrimen sus abogados, Gabrielle Haller y Charles Xavier, es la misma que lleva haciendo Claremont en los últimos años a todos aquellos que quieran escucharle. “Magneto”, explica Gabrielle, “fue convertido en niño… Puede decirse que su vida volvió a empezar. El hombre que era dejó de existir. A todos los efectos, murió. Esa es la máxima pena para cualquier crimen”

“Estamos ante la evolución de un hombre”, dice Claremont. “En nuestro propio mundo, durante treinta y cinco años, Menachem Begin fue considerado un terrorista por el gobierno británico. Ahora, tras su retiro, se ha convertido en primer ministro israelí, respetado en gran parte del mundo. Hace diez años, los vietnamitas eran nuestros peores enemigos. Quién sabe lo que pasará dentro de otros diez. Todo es posible”. No hay veredicto para el Amo del Magnetismo, ya que el juicio no llega a concluir a causa de la intervención de los hijos del Barón Strucker, a quien combatieran Xavier y Magneto en su juventud. La pelea agrava las heridas de Xavier sufridas durante el apaleamiento del UXM 192. Sólo la llegada de Lilandra le permitirá sobrevivir, pero la emperatriz shi’ar necesita curarlo en el espacio, sin asegurar cuando va a devolverlo a la tierra. Llegado a esta situación extrema, el Profesor-X obliga a que Magneto dé un paso al frente:

-Ve a mi escuela. Vigila a mis hombres-X. Enseña a mis Nuevos Mutantes.

-Imposible. Nunca me admitirían.

-¿Tienes miedo?

-Tengo mis razones. No soy digno de tu confianza ni de esa responsabilidad, Charles. No me pidas algo que no puedo cumplir.

-Prueba que eres digno. Piensa en Israel, cuando eras joven. Los sueños. Los ideales que compartimos. Después tomamos caminos distintos. Has dicho que te equivocaste. Que rectificarías. Ésta es tu oportunidad. Haz lo que nadie cree que puedes hacer.

-¿Y si fallo? ¿Y si traiciono tu sueño?

-¡”Nuestro” sueño, maldita sea! Nunca lo sabrás si no lo intentas.

El juicio de Magneto culmina el proceso iniciado por Claremont en el UXM 150: el cambio de bando del que fuera el peor enemigo de la Patrulla-X, un revulsivo equiparable a la muerte de Fénix, una catarsis que da por completo la vuelta a la strip. Puede que Xavier no haya muerto pero, en la práctica, su salida es poco menos que definitiva. El Profesor-X no volverá a dirigir a sus alumnos, no mientras la decisión esté en las manos del Padre Mutante. La Patrulla-X vuela ahora en solitario y Magneto, tras su promesa a Xavier, se ha convertido en el profesor de los Nuevos Mutantes, cargo que ejerce a partir del TNM 35 (I 86). La sorpresa constante vuelve a ser una de las principales características de la serie. Lo que no espera Claremont es que el sorprendido sea él.

1985. DIFÍCIL DESPERTAR

Chris Claremont, Ann Nocenti y John Romita Jr., en una fotografía perteneciente al blog de Jim Shooter

Es verano de 1985. Como cualquier verano de los últimos cuatro años, Chris Claremont asiste a la San Diego ComicCon. De todos los invitados, es el único guionista cuya sesión de firmas congrega a multitudes numéricamente superiores a las que se acercan a conocer a Frank Miller o a conseguir un dibujo de John Byrne. Éstos le envidian que sea el que más chicas atraiga a la feria. Los dossiers de prensa dedicados a Claremont, escritos por su mujer, contabilizan orgullosos el inmenso número de palabras que el Patriarca Mutante puede introducir en un cómic. Mientras otros presumen de grandes dibujos, él lo hace de una prosa sin competencia en el medio. “Con todos ustedes, señoras y señores, el autor de la Patrulla-X”. Nada de “el guionista”: el autor. El único de la Marvel de Jim Shooter al que se le permite hacer gala de ese título. Sigue un minuto de aplausos. Después, Claremont, que viste como un explorador africano, demuestra ser un conversador inagotable. Habla de la colección, de los próximos proyectos, de Lobezno, de Tormenta, de los bebés-X. Saca el anecdotario. Alaba a sus chicos, Weezie, la mejor amiga, la más divertida, la más grande editora, ahora también excepcional guionista; Ann, maravillosa Ann; Glynis Wein, considerada la mejor colorista del medio ¿por qué si no iba a estar con nosotros? Sólo trabajo con los grandes; Tom Orzechowski, de igual manera, el mejor rotulista de la industria, capaz de colocar interminables parrafadas en el lugar apropiado. Claremont ha cedido a Tom parte de sus incentivos como escritor del cómic más vendido de América, un gesto que nadie antes ha hecho por un rotulista. No quiere que ningún otro escriba sus palabras. Salen las preguntas sobre los dibujantes. Uncanny X-Men es la Escuela de Jóvenes Talentos. En sus aulas se han graduado John Byrne, Paul Smith, Arthur Adams, John Romita Jr. Quien dibuje los guiones de Claremont sabe que su trabajo, lejos de quedar en segunda fila, saldrá reforzado y listo para otras colecciones en las que los argumentos apoyen lo visual sobre lo escrito. Algunos, como Alan Davis, sienten que la responsabilidad es demasiada. Davis es el británico que, durante años, ha dibujado el serial del Capitán Britania para la Marvel inglesa. En los últimos meses, Claremont le ha ofrecido varias veces la posibilidad de dibujar Uncanny. Davis se ha negado siempre, no porque no quiera, sino porque tiene miedo, miedo a no estar a la altura, a no saber dibujar un montón de cosas. “Si te ocupas de Uncanny X-Men van a estar comparando tu trabajo con el de John Byrne, y no quiero pasar por eso”, dice. Prefiere el más discreto escaparate que supone Batman and the Outsiders, en DC. Cada día, sin embargo, se repite a sí mismo: “Dios, ¿qué he hecho?, ahora podría estar dibujando a la Patrulla-X”

 

Sigue la charla. Claremont prefiere no hablar de Byrne, aunque gran parte de las cuestiones trate sobre su relación profesional. Como mucho, los que quieran buscar segundas intenciones a sus palabras encuentran una cierta amargura. El secreto para hacer guiones épicos, revela, es trabajar siempre con un fondo musical majestuoso. Wagner me ayudó mucho en la aventura de Asgard, bromea. Si le preguntan por su hombre-X favorito, contesta, invariablemente, que los quiere a todos por igual. Son como mis hijos, dice el orgulloso Patriarca Mutante. Han sido parte de mi vida durante un tercio de ella. Me duele no tener suficientes viñetas para todos. Me gustaría que vivieran felices, que crecieran, se casaran y tuvieran dos hijos, dos coches y dos casas. Pero no puedo hacerlo. Tengo que ponerlos en todas esas situaciones desagradables y espantosas. ¿Qué hay de los misterios que va olvidándose de resolver? ¿Qué ha sido de la isla de Magneto? ¿y del parentesco de Rondador y Mística? ¿y del Acta de Registro Mutante?, bombardea algún fan ansioso. Bueno, la verdad es que tengo apuntadas casi todas esas cosas, espero no haber perdido el cuaderno. ¡No!, es broma. Sí, es verdad que me gusta alargar algunas situaciones, pero prometo resolverlas. Quiero ir poco a poco. Si lo contara todo y lo resolviera todo, sonríe Claremont, ya no habría nada que os interesara de la serie. Y no pienso quedarme en el paro. Señor Claremont, ¿que cómics lee habitualmente?, interroga siempre alguien. Nexus, Jon Sable, Love and Rockets, Cerebus, Power Pack, Thor, American Flagg!, Swamp Thing, cosas así, responde. Mucho cómic independiente, la renovada Cosa del Pantano a cargo del inglés que hiciera aquel excepcional trabajo con el Capitán Britania y que ahora incorpora algunos de los hallazgos estilísticos de Claremont a su forma de escribir y dos colecciones de la Casa de las Ideas: un cómic escrito por su colaboradora más fiel y otro del marido de ésta. Ni un título Marvel más. Al fin y al cabo, ¿qué puede ser mejor que Uncanny X-Men o The New Mutants? Y la eterna pregunta: ¿Va a volver Fénix?. Una sonrisa, un Quién sabe, bastan. Él sabe que NO va a volver. Su muerte es lo mejor que le ha pasado nunca. Jean Grey vivirá por encima de su cadáver. En Marvel lo saben.

1985. EL IMPACTO DE LA RESURRECCIÓN DE JEAN GREY

Es otoño de 1985. Jean Grey vive de nuevo. La resurrección tiene lugar en un triple crossover, la palabra mágica que alegra los oídos de Shooter. Para acometerlo, Bob Layton se alía con dos de sus mejores amigos, Roger Stern y John Byrne. En la primera parte, escrita por Stern (The Avengers 263, I 86), los Vengadores encuentran una misteriosa crisálida en el fondo de la bahía de Jamaica; en la segunda parte, obra de Byrne (The Fantastic Four 286, I 86) Jean emerge de la crisálida, con la sorpresa de quien lo último que recuerda es estar pilotando un transbordador espacial. En X-Factor 1 (II 86) ocurre el reencuentro de la Patrulla-X original, con un Scott Summers que hace cosas tan opuestas a su personalidad como dejar abandonada a su familia, a Madelyne y al recién nacido Nathan para acudir a los brazos de su antigua amante ahora resucitada. También se asientan las bases del nuevo grupo. Los miembros de X-Factor se harán pasar por cazadores de mutantes, con anuncios en prensa y televisión incluidos. Así podrán localizar mutantes buenos a los que ayudar y mutantes malos a los que combatir. Nadie señala que para localizar mutantes no es necesario montar semejante numerito, sino que basta con recurrir a un localizador electrónico de mutantes, llámese o no Cerebro.

Desde el UXM 137, la muerte de Fénix, hasta el UXM 201, publicado en el mes en el que regresa Jean Grey, Claremont ha explotado al máximo el suspense. Esperad lo inesperado de la Patrulla-X, dice cada mes a sus fans, porque es lo que vais a encontrar. La sensación de imprevisibilidad crece aún más desde el UXM 202, en un intento de contrarrestar los efectos mortales que para la credibilidad de la strip supone la vuelta de la Chica Maravillosa. De igual manera, Claremont evita cualquier posible encuentro de la Patrulla-X con Jean. Cuanto más se ignore la nueva situación más fácil resulta mantener la antigua. Unidos ambos efectos, Uncanny X-Men alcanza unos niveles dramáticos jamás conocidos. Es una Patrulla-X que vive en el arroyo, que se arrastra por callejones sin salida. Que sufran, que el dolor y la angustia condicione sus vidas ahora con más razón que nunca. Como ejemplo radical queda la tercera colaboración de Claremont y Barry Smith, que cambia el protagonismo de Tormenta por el de Lobezno.

Como en Kitty Pryde and Wolverine, una niña, en este caso Katie Power, de Power Pack, acompaña a Logan en un viaje de ida y vuelta a los infiernos. Lobo herido (UXM 205, V 86) contiene veintidós páginas de vértigo vomitivo en las que el guionista introduce en su propio universo mutante hallazgos ajenos. De Longshot, la miniserie de Nocenti y Adams, se trae a Espiral, a quien, meses atrás, ha integrado dentro de la Fuerza de la Libertad de Mística. Espiral es una inquietante bailarina de seis brazos que transforma en una cibernética máquina de matar a Yuriko Osama, la hija del científico que inventó el proceso para recubrir de adamántium los huesos humanos. Aunque el debut de Yuriko, alias Dama Mortal, tiene lugar en Daredevil 197 (VIII 1983), su odio hacia el canadiense procede de los Alpha Flight 33-34 (III-IV 86). En esta aventura, Bill Mantlo explica el primer encuentro entre Logan y los Hudson, además de insinuar que Mac estuvo involucrado en el experimento que transformó los huesos de Logan. Claremont, disgustado con la idea de que alguien tome su personaje y explique parte de su origen en una vulgar aparición especial, se apresura enseguida a afirmar que esa información es irrelevante, que lo sustancial en la vida de Lobezno es lo que ocurrió antes de conocer a los Hudson, sucesos que han de permanecer en la penumbra si se quiere mantener el halo de misterio que rodea al personaje. Siguiendo tal norma de ocultación de datos, en el UXM 205 se sabe sólo la mitad de lo que ocurre. El cómic, narrado desde el punto de vista de Katie Power, empieza cuando la niña se encuentra a Logan medio moribundo, desnudo y siendo perseguido por Dama Mortal y sus secuaces. Igual que el pasado de Lobezno, cómo se ha llegado a esa circunstancia es un misterio encerrado en medias verdades, frases como “Me convertiste en un animal, Dama Mortal” que tienen tantas interpretaciones como quieran dar los que las lean. Para evitar problemas anteriores, en esta ocasión Claremont se sienta a la mesa con Smith y juntos preparan el argumento de la historia. La coautoría de poco sirve. De nuevo Smith hace de su capa un sayo y modifica lo acordado. Sin embargo, lo que llega a enfurecer a Claremont son las notas en los márgenes que deja escritas el dibujante. En ellas trata de explicarle cómo debe escribir la historia. Hasta aquí hemos llegado, es la conclusión inmediata. A partir de ese momento, Smith pasa a ilustrar un buen número de portadas (sobre todo de The New Mutants) mientras queda exiliado de los lápices interiores, a los que no vuelve, más que como medida de emergencia, en el UXM 214 (II 86).

En línea con esa actitud fatalista de respuesta al regreso de Jean, Claremont se deshace bruscamente de la nueva Fénix. Una Rachel que se parece cada vez más a su madre decide matar a Selene. La ejecución no se consuma, ya que Lobezno lo impide al clavar sus garras en el estómago de ella. “Esto Rachel”, dice Logan, “es asesinato. Justifícalo, racionalízalo, pero lo sigue siendo. No es digno de ti, ni de Rachel, ni de Fénix, y mucho menos de la Patrulla-X” (UXM 207, VII 86). A juicio de Claremont, Lobezno no tiene otra alternativa. De haberla dejado actuar, Rachel estaría a un paso de convertirse en Fénix Oscura. “Lo que hace Lobezno”, dice Claremont, “es lo mismo que hubiera hecho Jean Grey de estar en esa situación”. Rachel sobrevive, pero, dos números más tarde, Espiral la introduce en un portal a otra dimensión. Su destino queda reservado para una miniserie.

1991. EL LANZAMIENTO DE X-MEN Y LA MARCHA DE CHRIS CLAREMONT

Es 1991. Weezie Simonson ya no está. La única preocupación de Bob Harras consiste en retener al dibujante que le ha dado a Uncanny unas ventas mensuales de seiscientos mil ejemplares, un veinticinco por ciento más que en los años precedentes. Por primera vez en más de diez años, Chris Claremont descubre un día que el control ya no está en sus manos. Desde la marcha de John Byrne, el Patriarca Mutante ha regido los destinos de la Patrulla-X. Nadie ha discutido nunca eso. Weezie y Ann comprendían, mejor que nadie, que la fuerza creativa la poseía Claremont. Ahora Weezie ha claudicado, y Ann prefiere hacer otros cómics, como Daredevil o Inhumanos, alejados del huracán mutante. Bob Harras es un tipo diferente, buen conversador, agradable y ambicioso, demasiado ambicioso. Un hombre de empresa que toma decisiones pensando en la cuenta de resultados, a diferencia de aquellas chicas que creían que editar un cómic era supervisar el proceso y echar una mano a los autores. En cuanto a los dibujantes, Claremont se ha preocupado siempre de adecuar sus historias al tipo de artista, una forma inteligente de hacer que todos se sientan cómodos tocando la melodía que les pide ese hombre sabio que conoce mejor que nadie a sus mutantes. Unos (Paul Smith, John Romita Jr.), en su papel de artesanos obedientes; otros (Frank Miller, Bill Sienkiewicz) en perfecta sintonía con el guionista, en una simbiosis de la que salen productos inmejorables. Pero Jim Lee piensa distinto. Tras Proyecto Exterminio surgen las primeras diferencias artísticas entre ambos autores. Jim Lee tiene su propia visión de la Patrulla-X, una visión clara y definida que choca de bruces con la de Claremont. Donde éste le pide escenas de hombres-X hablando, sufriendo, llorando, él dibuja acción, acción y más acción. Patadas, rayos, truenos… y chicas. Muchas chicas. El Sport Illustrated Summer Special con superpoderes, las Playmates de Playboy disfrazadas de Pícara, de Tormenta, de Mariposa Mental. ¿Donde han quedado aquellas mujeres que parecían reales? No se las adivina en esa Pícara de caderas imposibles. Sí, por primera vez en más de diez años, Claremont se ve obligado a plantarle cara a su dibujante. Por primera vez en más de diez años, pierde la batalla.

Bob Harras ha conocido el antes y el después. Como editor de X-Factor, conoció el poder de Claremont sobre Marvel, ese poder que se llevaba por delante guionistas (como Bob Layton) y lo que hiciera falta. Siendo editor de Uncanny, Harras ha visto como los mutantes caían en una peligrosa inercia. Seguían siendo los más vendidos, pero no estaba claro por qué. Cuando en 1991 se disparan nuevamente la ventas, basta un análisis frío y calculado para descubrir la causa. Y la causa se llama Jim Lee. Si la Patrulla-X vive una nueva edad de oro es gracias al Chico Midas. Chris Claremont es ahora, en el mejor de los casos, una parte más del engranaje y, en el peor, el obstáculo que impide a ese engranaje funcionar como debiera. Cualquiera que mire más allá de las quejas del guionista sabría verlo. Bob Harras lo ha visto. Lo ha visto más claro que nunca cuando en la oficina-X trabajaban en las dos nuevas colecciones que han de unirse al Spider-Man de Todd McFarlane. Sí, dos, mejor que una. Sesenta días después del lanzamiento de X-Force, llega X-Men.

X-Men es el spin-off definitivo, porque es el primero que va a superar a la serie madre para colocarse a su altura. “X-Men sin adjetivos. Simplemente X-Men”, repite Harras. Igual que el “Spider-Man sin adjetivos. Simplemente Spider-Man”, de Todd McFarlane. No hay ninguna razón especial para lanzar el nuevo título, salvo tener una plataforma que, al igual que a McFarlane, lance a Jim Lee al estrellato definitivo y a Marvel a las mayores cotas de rentabilidad de su historia. Harras lo tiene claro. La Patrulla-X no es un cómic. Es una franquicia, la Franquicia Mutante. Como Star Wars, como el Pato Donald, como Indiana Jones. Y tiene que dar tanto dinero como todas ellas.

De mala gana, Claremont prepara la nueva serie. De nuevo reuniones, reuniones y más reuniones. De nuevo, discusiones, discusiones y más discusiones. Tom DeFalco se une a un grupo de trabajo formado por Claremont, Harras, Lee y Portacio. DeFalco exige una única Patrulla-X formada por cinco miembros. Sus aventuras se continuarían de un título a otro. Claremont será el guionista de las dos, mientras que Lee dibujará la primera y Portacio la segunda. Tanto Claremont como Harras están en desacuerdo con el director editorial. Por su experiencia haciendo crossovers, saben lo difícil que es coordinar a dos dibujantes diferentes para que se repartan una misma historia. Aunque trabajen codo a codo, como es el caso de Lee y Portacio, los errores de racord y las necesarias correcciones acaban multiplicándose exponencialmente. “Eso es hacer mensual la pesadilla de los crossovers anuales. No estoy dispuesto a pasarme el resto de mi vida pendiente de cumplir las fechas de entrega”, dice el Patriarca Mutante. Cree que cada colección debe tener sus protagonistas diferenciados y una personalidad propia. Por eso propone crear dos Patrullas. Con un montón de personajes a su disposición, quedarse sólo con cinco sería un desperdicio de recursos. Después de tantos años, es incapaz de decidir entre media docena.

Por otra parte, Bob Harras quiere recuperar a los hombres-X originales, al actual X-Factor, e integrarlos de nuevo en la Patrulla-X. A Claremont también le seduce la idea de volver a trabajar con Cíclope o la Bestia. “Vale, tenéis razón”, dice DeFalco. “Haced dos Patrullas”. A cambio, X-Factor pierde todos sus protagonistas, pero Harras ofrece un plan de salvación para la serie que pasa por rescatar a varios mutantes olvidados (Kaos, Polaris, Madrox, Loba Venenosa, Fortachón y Mercurio) y ponerlos a las órdenes del Gobierno. Peter David, el popular guionista de Hulk, se hace con los guiones (XF 71, X-91). “A partir de ahora, X-Factor va a ser la hermanita pobre de los mutantes”, le advierte Harras. “Mejor así”, contesta David.

 

En los meses siguientes, Claremont abandona los guiones de Excalibur, ya que no quiere escribir X-Men en el estado de agotamiento absoluto que ahora padece. En Cruce de caminos (UXM 273-277, II-VI 91) deja todo listo para el lanzamiento de la nueva serie. Por un lado, Magneto y Pícara viven una pequeña historia de amor destinada al fracaso. “Ya estoy comprometido. Tanto como puede estarlo un corazón lleno de fantasmas”, se lamenta Magnus, quien rompe definitivamente las promesas que hiciera. “No soy Charles Xavier. Nunca seré Charles Xavier. Fui un idiota por intentarlo. Como él lo fue, por creer que podría conseguirlo”. Paralelamente, la Patrulla viaja al espacio, donde se encuentra con el Profesor-X, los Saqueadores Espaciales y la Guardia Imperial. Lee altera buena parte de la historia, con el consiguiente enfado de Claremont. En el guión que le entrega al coreano no aparecen los skrulls, convertidos por Lee en los villanos de la aventura. Por otra parte, el dibujante reintroduce los uniformes de la Patrulla-X original sin que vengan a cuento. Molesto con los cambios, el Padre Mutante acude en busca del respaldo de Harras, pero no lo encuentra. “¿Qué quieres que haga? ¿Qué me ponga en contra de nuestro dibujante más rentable?”, pregunta el editor. Las discrepancias no acaban ahí. Los planes de Claremont pasan por matar a Xavier. A partir de esa tragedia y en el plazo de un año, Magneto se vería obligado por lo ocurrido a dar un paso hacia delante y ponerse el manto de héroe tanto si le gusta como si no. Tras escuchar esas intenciones, Harras se niega. Lejos de aceptar la muerte del Profesor-X, el editor pretende (y consigue) que Xavier recupere tanto su viejo papel de maestro de mutantes como su oxidada silla de ruedas. En el colmo del sadismo, el calvo vuelve a perder el uso de sus piernas en el UXM 280 (IX 91), tebeo que antecede cronológicamente al X-Men (XM) 1. Por otra parte, Magneto retorna a su papel de villano, ya que así es como debe aparecer en la nueva colección. Se cumplen de esta forma las directrices de Tom DeFalco acerca de la machacona “vuelta a los orígenes”.

Con Xavier en su sitio, el siguiente paso hacia la nueva colección es decidir qué hombre-X se queda en cada grupo. De nuevo reunido con Lee y Portacio, Claremont propone un pequeño juego.

-Vamos a repartir cromos

Ambas Patrullas vivirán en la Mansión, donde se podrá encontrar a cualquiera de sus respectivos miembros. La separación en dos equipos funciona a la hora de entrar en acción. A partir de la terminología empleada en los submarinos nucleares, Claremont denomina Equipo Azul al que interviene en X-Men, y Equipo Oro al de Uncanny. Ninguna de las dos series va a ser la principal, aunque es obligatorio que Lobezno y Cíclope estén en el Equipo Azul. El resto de los personajes se reparten en función de las preferencias de los dos artistas. Portacio sabe sacar gran partido visual al Ángel y al Hombre de Hielo, ya que los ha dibujado en X-Factor. Pasan, por lo tanto, al Equipo Oro; Gambito, Mariposa Mental y Pícara son personajes redefinidos bajo los lápices de Lee, que se los queda para su colección; Coloso y Tormenta completan el Equipo Oro en tanto que la Bestia y Júbilo cumplen idéntica función en el Equipo Azul.

Ya está todo listo para empezar la nueva serie. La única condición que pone Jim Lee es poder escribirla. Junto a Chris, por supuesto. ¿Cómo dejar de lado al Stan Lee de mi generación, al hombre que, hasta hace unos pocos meses, lo era todo para la Patrulla-X? En menos de un año, Claremont se encuentra a sí mismo argumentando la serie junto a ese Chico Midas salido de la nada. ¿Cómo va a conocer los pensamientos, las reacciones de personajes que le doblan la edad? En un mundo justo, Jim Lee debería, como mucho, escribir los diálogos de Júbilo. Pero no hay justicia en este mundo. Lee quiere historias cortas y sencillas, de tres números a lo sumo. Como un niño con zapatos nuevos, el dibujante disfruta diseñando personajes y uniformes. De su bloc de dibujo surgen los Acólitos, un grupo de fanáticos adoradores de Magneto; Rojo Omega, un Dientes de Sable a la rusa, y Belladonna, la nunca antes mencionada esposa de Remy Lebeau. Ha elaborado también nuevos trajes para Cíclope, Jean Grey y Pícara que siguen el modelo iniciado con la gabardina de Gambito. Sobre las típicas telas de colores chillones aparecen cazadoras, bolsillos, bandoleras… Lee ha creado incluso una silla de ruedas cibernética para Xavier.

Y Claremont se engaña a sí mismo. Cree que todo puede volver a ser como era antes. Antes de que se marcharan Weezie, y Walt, y Ann. Antes de sentirse solo, en medio de una cumbre silenciosa. Antes de que el proceso creativo fuera una lucha diaria contra fuerzas demasiado poderosas. Pero hay una prueba definitiva que le demuestra que el “antes” no volverá. Ha tenido una idea genial, la mejor que se le ha ocurrido en mucho tiempo. Ha pensado un argumento que le devolverá el favor de los lectores, que les mantendrá en suspense durante al menos los dos próximos años. Vale, es exactamente lo contrario a las aventuras breves de Lee. Pero es la bomba.

 

-Perdona, Chris. No entiendo, ¿puedes repetírmelo?-, pregunta Harras, escéptico.

-Voy a matar a Lobezno.

-Otra vez, más despacio.

            -Que voy a matar a Lobezno.

 

Claremont ha meditado la estructura hasta el mínimo detalle. Notas iniciales para los argumentos previstos por el Patriarca Mutante para los veinticuatro próximos meses: El primer número de X-Men representa un nuevo comienzo, algo así como “Bueno, vale, si no nos has leído antes, la cosa funciona de esta manera. Aquí tienes la mansión, los personajes, sus motivaciones y su entorno”. Multiplicamos por tres la gran pregunta final del Giant-Size X-Men 1: ¿Qué hacemos con cincuenta y tres hombres-X? El cómic empieza con una gran secuencia de cinco páginas. Decenas de mutantes peleando con otros tantos villanos. Perfecto para Jim Lee. Aparecen Cíclope y Tormenta. No pelean. De hecho, para ellos, parece como si no hubiera lucha. Están sentados, se pasean, toman notas. La imagen se congela. El lector descubre que lo que ha visto es una simulación creada en la Sala del Peligro. Los líderes de la Patrulla la utilizan para combinar las posibilidades de cada miembro. En las siguientes páginas, prueban varias opciones. “¿Lobezno debe estar en el mismo grupo que Júbilo? ¿debemos dejar de lado a una mutante tan joven? ¿dónde metemos a Jean y dónde a Scott?” Tormenta y Cíclope van desechando unas ideas y quedándose con otras hasta que deciden la formación de los dos equipos (Azul y Oro). En medio de todo esto aparece Magneto. Tenemos la pelea de rigor. Magneto y Xavier han llegado a una separación irreconciliable. Magneto está convencido de que la humanidad le traicionará. Xavier de que no. El hombre de Estado frente al terrorista… ¿quién tiene razón? El lector concluye que éste es un mundo desagradable y que la Patrulla-X tendrá que estar a la altura de las circunstancias. Ahora pasamos al segundo número, donde Dama Mortal arranca el corazón a Lobezno. Ambos mueren. En meses posteriores, tenemos funerales, lloros y lamentos, etc. Entonces aparece La Mano, que secuestra el cuerpo de Logan y lo resucita, como hizo con Elektra. Vemos el largo proceso de recuperación. El factor curativo funciona ahora de una manera muy interesante. Se ocupa sobre todo de reconstruir el corazón, mientras deja de lado las extremidades. Sus brazos y sus piernas comienzan a pudrirse mientras el corazón se regenera. Va a ser algo muy, muy desagradable. En el Uncanny X-Men 294, prevé Claremont, Lobezno ya recuperado se convierte en el líder de La Mano. A partir de aquí, la historia continúa de una serie a la otra hasta que alcance un punto en el que Logan luchará por la bondad de su alma. Y vencerá. Paralelamente, el Padre Mutante calcula cada una de las reacciones de los otros personajes. Van desde la de Cíclope (“Lobezno se ha vuelto malo y hay que acabar con él”), a la de  Xavier, que se muestra inflexible acerca de la necesidad de que Logan vuelva a la luz. Jean Grey y Coloso alcanzarán las posturas más radicales. Mientras la primera decide acudir al rescate de su compañero e incluso fingirá ser su amante, Peter llegará a arrancarle las garras en el curso de una pelea.

 

            -Es el mayor conflicto al que se ha enfrentado la Patrulla-X desde que se fundó. Uno de los suyos, el alma del grupo, será su peor enemigo –concluye Claremont, orgulloso.

-Éso no funciona –responde Harras.

 

No funciona porque Lobezno tiene colección propia, no funciona porque Lobezno tiene que aparecer como invitado especial en la mitad de los títulos que Marvel publica, no funciona porque Lobezno es el héroe favorito de todos los chicos que compran Uncanny y que comprarán X-Men. ¿Cómo les explicas a esos chicos que ahora es uno de los malos? No funciona.

Llegados a ese extremo, la discusión se traslada al despacho de Terry Stewart, el presidente de la compañía. Éste da la razón a Harras. Que quede claro: esta empresa funciona como una máquina. Cada mañana vienes aquí, pulsas las teclas adecuadas, el engranaje se pone en marcha y todos somos felices. Pero mucho cuidado con mover ese engranaje, aunque sea para mejorarlo, porque lo estropearás. Cada pieza en su sitio, cada trabajador en su sitio. Es la prueba definitiva. Claremont está invitado a escribir las historias de los hombres-X siempre que se pliegue a los dictados de Bob Harras; siempre que no tenga inconveniente en compartir créditos con Jim Lee; siempre que sea el dialoguista que exigen que sea.

 

-No pienso quedarme para ayudaros a destruir lo que he tardado diecisiete años en crear.

-Yo no lo veo así –sostiene Harras.

-Ya sé que tú no lo ves así, pero yo no tengo otra alternativa. Que te jodan. Me voy.

 

Pueden hablar durante horas, pero no lo hacen en el mismo idioma. Claremont se pregunta si alguna vez lo han hecho. Durante las semanas siguientes, sólo se comunican mediante fax porque ambos quieren una copia escrita de cada cosa que dicen. En prensa, Marvel anuncia que “Chris Claremont va a tomarse un pequeño descanso de un año durante el que no escribirá ningún cómic”. El aludido, al que todavía intentan convencer de que dé marcha atrás, salta a la palestra para exponer los trapos sucios y dejar claro que su cese tiene carácter irrevocable. En un principio, no quiere siquiera comenzar X-Men, pero su mujer le convence para que el primer número de la nueva serie, del que se esperan ventas millonarias, sea el de su finiquito, un dinero que necesitan para la hipoteca. Haré X-Men 1 porque creo que me lo he ganado, afirma. En Marvel responden: “De acuerdo, podremos vivir con eso”.

Nunca antes en toda su vida Claremont se ha sentido más triste. No es así como deben escribirse los tebeos, no es así. Deberías disfrutar haciéndolos, leyéndolos. Debería ser la clase de cosas donde tú te sientas y hablas de los personajes, las aventuras y el sentido que hace que todo encaje. Pero eso se acabó. Cuando empieza a desarrollar su última historia, ésta se alarga a tres espectaculares episodios (XM 1-3, X-XII 91) en los que Magneto y Charles Xavier llevan su viejo enfrentamiento hasta un punto de no retorno. El Amo del Magnetismo muere entre fuego y gloria, traicionado por uno de sus Acólitos y salvando la vida a la Patrulla-X con su último aliento. “Te devuelvo tu sueño, Charles. Pero me temo que, con el tiempo, cuando comprendas que nunca fue más que la esperanza de un loco, te romperá el corazón. Adiós, viejo amigo”, son sus últimas palabras.

Marvel pone a la venta cinco versiones diferentes del X-Men 1. Vende siete millones y medio de ejemplares, el doble de los conseguidos por el X-Force (XFO) 1 (VIII 91). Gran parte de la tirada va a manos de especuladores; otra queda en poder de los libreros especializados y una mínima porción, no más del diez por ciento, acaba en las estanterías de los aficionados. Con esos beneficios en la mano, la marcha de Claremont se considera una pérdida aceptable. El Padre Mutante conoce en carne propia el precio que le ha costado su sueño de autonomía creativa. Aprende que también se puede morir de éxito. Sus casi dos décadas al frente de la strip son reducidas a la nada, al polvo absoluto. En Marvel demuestran una dramática falta de perspectiva histórica. Tom DeFalco no mueve un dedo por evitar lo inevitable. ¿Por qué? Tiene siete millones de razones. Importa más el día a día. Importa más una gloria pasajera de cartón-piedra que sueñan convencidos será permanente. Jim Lee se queda, ¿no? Eso es suficiente. También ahí se equivocan. Tampoco eso les importa.

Boceto inicial y final de la portada de X-Men 1

Es verano de 1991. Jim Lee asiste a la San Diego Comic Con. Los guardias de seguridad hacen ímprobos esfuerzos para que el millar largo de fans deseoso de conseguir la firma de su ídolo mantenga el orden y la compostura. Las colas se forman por riguroso orden de llegada. Cada aficionado recibe un número que ha de presentar en su debido momento. No hay dibujos, el alto número de congregados lo impide. Jim Lee tan sólo puede firmar tres ejemplares por cabeza. “Eres el mejor, Jim. Quiero ser como tú”, o algo así, vienen a decir ocho de cada diez chavales. Los dos que quedan apenas son capaces de dar las gracias por la rúbrica, impresionados ante la presencia del que juzgan Dios del Cómic. El Chico Midas no se cree lo que está viviendo. Todos quieren ser su mejor amigo. En apenas un año se ha hecho millonario. Marvel acaba de anunciar que, tras el X-Men 3 y el Uncanny X-Men 281, él y su amigo Whilce Portacio asumirán los destinos del Universo Mutante. “Quiero dejar huella”, afirma Lee. “Me gustaría hacer unos cincuenta números”. Muchos son los que respiran aliviados ante la salida de un guionista que, dicen, escribe por mera costumbre desde largo tiempo atrás. Confían en que el Chico Midas y su gente sepan dar a la strip un soplo de aire fresco. ¿En qué consiste? Lee sabe que lo suyo no son los argumentos complicados o los personajes dolientes. Nada de llorones ni de historias que se alargan durante años. En su lugar, habrá más acción, más viñetas grandes, menos diálogo que tape sus dibujos y aventuras que, como mucho, duren cuatro números, que luego los lectores no se aclaran.

Es verano de 1991. Claremont hace su primera aparición pública desde que ha abandonado X-Men. Yo salvé la industria del cómic en los años setenta y volveré a salvarla en los noventa, proclama. Tiene proyectos, muchos proyectos. El pasado es prólogo, el futuro que preveo es la guerra. Va a dar a DC unos héroes, Sovereign Seven, de los que mantendrá la propiedad intelectual para evitar las injerencias editoriales. Unos héroes que van a significar el siguiente paso de excelencia no en su carrera, sino en la historia del medio. Pero Claremont no sólo escribirá cómics. Va a escribir más novelas. En solitario y en compañía de George Lucas. Primero el cómic, luego la narrativa pura y, por último, el cine. Todos rendidos a sus pies. “Señor Claremont”, pregunta uno de los asistentes, “¿qué cree que va a ser de X-Men sin usted?” X-Men, dice Claremont, caerá por su propio peso. Dentro de unos meses, nadie comprará X-Men.

Pocos son los que escuchan sus palabras. Menos aún los que las creen.

 

1992. ¿VIDA MUTANTE DESPUÉS DE CHRIS CLAREMONT?

Es febrero de 1992 y nace Image. Terry Stewart tranquiliza a los mercados desde la tribuna que le ofrece The New York Times. “Los autores vienen y van, pero los personajes y sus universos permanecen”. Marvel está por encima de quien trabaje eventualmente en sus oficinas. Stewart está convencido de que la aventura californiana de esos cerdos traidores será un fracaso. Quien me hecha un pulso lo pierde, asegura. Stewart no sabe nada sobre cómics, pero eso no le importa. Nombrado presidente por Ron Perelman, propietario de Marvel, a principios de 1990, su modelo de empresa lo representa Disney. En su esquema del negocio, los cómics son una pequeña parte de un imperio mayor compuesto por películas, parques temáticos, juguetes, videojuegos… Cualquier cosa que pueda vender a un público entre los cinco y los veintipoquísmos años. En manos de Stewart, Marvel funciona más que nunca como una multinacional. Contrata gente a espuertas, hagan o no falta; cuida el mercado televisivo, y mete dinero a mansalva en los estudios de animación de Marvel, que empiezan a trabajar en una serie de dibujos animados protagonizada por la Patrulla-X. Los diseños de personajes y primeros argumentos están basados en los X-Men… de Jim Lee.

Con la oficina-X inmersa en la mayor crisis de toda su historia, Bob Harras se convierte en la única persona con capacidad operativa para tomar decisiones. Las únicas consignas que recibe desde arriba se resumen en mantener el nivel de ventas de la Franquicia Mutante y no promocionar en exceso a sus asalariados. Ni un dibujante con ínfulas de estrella en la casa. Harras pone ahora sus esperanzas en la inteligencia de Fabian Nicieza, su más inmediato colaborador, que asciende de argumentista a escritor de X-Force y X-Men. Scott Lobdell, del que hay buena opinión en la casa, también pasa a ser el guionista de Uncanny. Lobdell llega después de que John Byrne se niegue a escribir en una sola noche los diálogos del UXM 286 (III 92). Hasta ese momento su único mérito conocido es haber cubierto bajas aquí y allá, pero sabe cómo subir en una empresa. Redactor de revistas de tercera regional y fracasado humorista de bodeguilla, Lobdell se curra su futuro en los pasillos, en los despachos, en la cafetería de Marvel. Una tarde recibe una llamada de Lisa Patrick, la mano derecha de Bob Harras.

 

-Hola Scott. ¿Serías capaz de hacer los diálogos de un tebeo de la Patrulla-X?

-Claro. ¿Para cuándo lo quieres?

-Para mañana a primera hora

-Vale.

-¿Te va a dar tiempo?

-Sí. ¿Por qué no me iba a dar tiempo?

 

A la mañana siguiente, Harras tiene su guión completo encima de la mesa.

 

-Espera, Scott. No te vayas. Déjame que te haga unas preguntas.

-Adelante.

-¿Estás disponible?

-Sí, claro.

-¿Sigues las colecciones de la Patrulla-X?

-Las leo todas.

-¿Sabes cómo funciona la Oficina-X?

-No, no lo sé.

-¡Has contestado correctamente a todas las preguntas! Una cosa más, ¿te gustaría ser el guionista regular de Uncanny X-Men?

-Diablos, por supuesto que me gustaría. ¿Es una especie de broma?

-No. No es ninguna broma. ¿Quieres o no?

-Sí, sí. Desde luego.

-Pues bienvenido a bordo.

 

Acompañando a los nuevos guionistas están chicos salidos de quién sabe dónde, jovenzuelos que llegan a Marvel con un estilo que mimetiza el de Jim Lee o Rob Liefeld. Si otro puede hacerlo, ¿para qué contratar a los originales? Son los Tom Raney, los Brandon Peterson, los Art Thibert, los Mark Pacella, los Greg Capullo, los Joe Quesada. En el aspecto narrativo, Wolverine mantiene a Larry Hama, quien ha demostrado ser el perfecto escritor de las aventuras del mutante de las garras de adamántium. Bajo su tutela, la colección alcanza el tono a Conan del siglo XX perseguido, que no logrado, por Claremont en los primeros números. Lobezno encuentra en Hama al otro gran autor que le entiende y sabe a dónde llevarle: hacia el derrumbe emocional. Con un hábil giro dramático, el guionista se deshace de Mariko Yashida, la muñeca de porcelana china que ha simbolizado durante todos estos años el control de Lobezno sobre sus demonios internos. Muerta Mariko (WOL 57, VII 92), Logan regresa a sus orígenes salvajes, con historias más descarnadas y violentas que las que preceden la llegada de Hama. En sustitución de Silvestri, entra en escena Mark Texeira, un dibujante de trazo sucio y salvaje que compensa sus carencias con la fuerza estilística que Lobezno necesita.

 

X-Factor es la colección que menos vende de las publicadas por Harras. Peter David tiene manga ancha para hacer lo que quiera con ella dentro de un cierto orden. Siguiendo el estilo que le ha hecho famoso en Incredible Hulk, David introduce la interacción de personajes y el humor como los grandes valores de la colección, y los diálogos inteligentes como su más poderosa arma para conquistar nuevos lectores. Enseguida construye un cómic inteligente y lleno de frescura que crece mes a mes ayudado de los buenos oficios primero de Larry Stroman y luego de Joe Quesada, uno de los pocos imitadores de Jim Lee con un lápiz capaz de evolucionar hacia un estilo propio.

Marvel Comics Presents y Excalibur funcionan por otro lado, ya que ambas series las edita Terry Kavanagh, en lugar de Harras. La primera publica seriales protagonizados por Lobezno de forma sistemática. Kavanagh concentra sus esfuerzos alrededor de una historia en trece partes escrita, dibujada, entintada y coloreada por Barry Smith (MCP 72-84, V-XI 91). En los dos años que ha durado su proceso creativo, Arma-X ha pasado de ser un relato corto de ocho páginas a convertirse en una espectacular novela gráfica de ciento veinte. El título se refiere al primer nombre clave utilizado por Logan, así como al proyecto gubernamental que dio origen a sus huesos y garras de adamántium. Smith acomete su realización sin más influencia externa que una pequeña charla con Chris Claremont en la que éste sugiere que detrás del Proyecto Arma-X puede estar la oscura mano de Apocalipsis.

Un accidente de tráfico sufrido por Smith retrasa tanto la aparición de Arma-X como de la tercera parte de Muerte viva, en la que también trabaja. Terminado el serial de MCP, el artista vuelve sobre esta nueva obra en torno a Tormenta, aunque sin que Marvel le indique fecha de entrega. De momento, no necesitan la historia. Tiempo después, cuando por fin la concluye, Bob Harras se niega a publicarla. Alega que en ella se hace apología del suicidio. Muerte viva III aparece en 1999 bajo el nombre de Adastra in Africa, un álbum de lujo que publica Fantagraphics Books. Smith cambia el nombre de la protagonista para evitar problemas de derechos con Marvel. De igual forma, las contradicciones que Arma-X introduce en la cronología de Lobezno llevan a que Larry Hama, por indicaciones de Harras, la convierta en poco menos que una ensoñación apócrifa fruto de implantes cerebrales, como se explica a lo largo de una compleja aventura que vuelve a sumir el origen de Logan en la incertidumbre absoluta (WOL 48-50, XI 91-I 92).

En Excalibur, tras una soporífera etapa de interinidad, Kavanagh rescata a Alan Davis, quien meses atrás se ha estrenado como guionista en un especial dedicado a Lobezno (Wolverine: blood lust, 1990). “Vuelve a la serie. Quiero que hagas los dibujos y los guiones. Puedes hacer lo que te apetezca con los personajes. Disfruta”, sugiere Kavanagh, quien, al contrario que Harras, mantiene un sistema de edición en el que prima la capacidad de los autores para desarrollar sus ideas. Davis demuestra enseguida que puede ser tan buen escritor como dibujante. Su trabajo, divertido, muy bien escrito y estructurado, resulta una absoluta delicia desde el primer momento (EX 42, X 91). En pocos meses resuelve gran parte de las inconsistencias y cabos sueltos dejados por Claremont en su anterior etapa conjunta. Vuelven viejos conocidos de la serie, como Saturnina o la Banda Loca, cuya presencia sirve para desvelar misterios olvidados que hacen referencia incluso a la primera aparición del grupo. Los lectores conocen así el verdadero origen de Cacharro (EX 66, VI 93), la conspiración de Merlyn fruto de la cual nació Excalibur (EX 50, V 92) o las razones por las que el Capitán Britania se comportaba como un imbécil descerebrado en los primeros números. Davis acomete también una de las empresas más duras de la historia mutante, reordenar y clarificar la cronología de Fénix (EX 52, VII 92). Mientras aclara estos misterios, avanza hacia nuevos puntos de interés, con la introducción de personajes como Cereza (EX 46, I 92) o Feron (EX 48, III 92). “Sigo un esquema muy parecido al de las historias del Mono Chino, en las que hay cuatro personajes que representan los distintos aspectos de la totalidad”, explica. “Creo conversaciones entre ellos, y esas charlas son el equivalente al psicoanálisis y a las dudas sobre uno mismo”. La serie, junto con X-Factor, alcanza un nivel de oasis dentro de la Franquicia-X.

1992. LOS EJES DE LA PATRULLA-X POST-CLAREMONT

Es verano de 1992. Bob Harras tiene otros quebraderos de cabeza. En el corto plazo, su ocupación número uno es coordinar el primer gran crossover de la nueva era. El problema principal al que se enfrenta es que el crossover está cerrado con el departamento de contabilidad. Harras sabe que ha de publicarse durante los meses de verano pero no sabe, no tiene ni la más remota idea, cuál va a ser el tema que trate. Agobiado por las prisas, le ruega a Nicieza que prepare la historia cuanto antes. Nicieza, conocedor sobre todo de X-Force y su líder Cable, centra el argumento en éste último.

El Cable con el que se encuentra Nicieza una vez se marcha Liefeld es un personaje lleno de contradicciones, más por la ineptitud del mismo Liefeld que por otra cosa. Puesto a hacer de él algo con un mínimo sentido, Nicieza especifica en XFO 8 (III 92) que el nombre de pila de Cable es Nathan; que a su vez tiene unos robots a los que llama Jean y Scott, una nave a la que se dirige como “Profesor” y que proviene de un futuro terrible que intenta alterar con sucesivos viajes a nuestro tiempo. De esta forma, se ofrece una explicación lógica a las múltiples conexiones del líder de X-Force con los más variopintos individuos, desde Nick Furia a Moira McTaggert y se apuntan unas cuantas pistas acerca de su verdadera identidad. Tanto en los siguientes números de la colección como en su propia miniserie (Cable 1 y 2, X y XI 92) Nicieza añade nuevos detalles a la biografía del personaje que sirven de prólogo al crossover.

La canción del verdugo (UXM 294-295, XM 14-16, XF 84-86, XFO 16-18, XI 92-I 93) , cuyo nombre homenajea la novela de Norman Mailer (1979), se interpreta sobre un equívoco, el intento de asesinato de Xavier por parte de quien se hace pasar por Cable. En realidad, el homicida es Dyscordia, el doble de Cable creado por Rob Liefeld en los últimos números de TNM y cuya misma existencia representa uno de los misterios por resolver que penden de un hilo tras la marcha del dibujante. Nicieza establece una conexión entre Cable, Dyscordia y la Patrulla-X que da un nuevo sentido a El manifiesto Apocalipsis. Cable y Dyscordia son clones. La gran revelación tiene lugar cuando se descubre que uno de ellos, probablemente Dyscordia, es Nathan Summers, el hijo de Cíclope enviado para proteger el futuro. La canción del verdugo termina, como El manifiesto Apocalipsis y la Saga de Fénix Oscura, en la luna, con una espectacular batalla entre Cable y Dyscordia en la que ambos parecen morir. Se trata tan sólo de un oportuno mutis cargado de confusión y dobles interpretaciones que deja abierta la puerta a una futura colección regular.

Surgida de la necesidad de buscar un enlace entre Cable, Dyscordia, Scott y Jean que sirva para cruzar sin problemas las colecciones mutantes, La canción del verdugo marca las líneas básicas de futuros crossovers. En esencia, se trata de desarrollar un concepto sencillo en torno al cual desplegar a las docenas de mutantes que pululan en cada colección. La aventura podría contarse en cuatro episodios, pero hacen falta doce para implicar a todos los hombres-X desperdigados en sus respectivos equipos, que básicamente se dedican a marear la perdiz y a viajar de un lado para otro, de la Tierra a la Luna, de Nuevo México a Canadá, mientras el argumento principal se centra en cuatro o cinco de ellos. Lo que cuenta es rellenar páginas y aumentar las ventas. Por otra parte, La canción del verdugo también sirve para abrir nuevas subtramas que, en el más obvio estilo claremontiano, se estiran hasta el infinito.. o, mejor aun, hasta el siguiente crossover. En este caso, la novedad viene de la mano del Virus del Legado, regalo final que deja Dyscordia a sus enemigos. Puede definirse como un SIDA al estilo Marvel cuyas funciones básicas son añadir un poco más de tragedia a la ya de por sí sufrida vida de los mutantes y eliminar a todo personaje molesto que los chicos de Harras encuentren a su paso.

En apenas unos meses, el editor mutante da la vuelta al calcetín. Hasta el momento, aventuras como La caída de los mutantes o Inferno servían para cerrar tramas enquistadas en la complicada cronología mutante. Ahora, esas mismas tramas aparecen con el único fin de alimentar un próximo crossover o, en su defecto, caer en el olvido con absoluta desvergüenza. La consecuencia inmediata de tal perversión es que, entre un crossover y el siguiente, no pasa casi nada de auténtico interés. Los personajes dejan de evolucionar con la naturalidad que lo hicieran en tiempos pasados. Resulta más sencillo encerrarlos en clichés que se repiten cada mes. Los tebeos se rellenan con mil subargumentos reiterativos que jamás conducen a nada, aunque adornados con los textos de apoyo engolados y diálogos teatrales característicos de la casa mutante ofrecen una sensación general de trascendencia.

Scott Lobdell, en una sesión de fotos para la revista Wizard

A tal efecto, Scott Lobdell y Fabian Nicieza son los mejores cómplices que pueda desear Harras. El primero, si bien demuestra enseguida su incapacidad para desarrollar aventuras con una pulcritud mínima, copia todos los tics de Claremont y los aplica en cada uno de sus textos. Por ejemplo, su manera de aproximarse a los personajes es siempre la misma: plano general de la mansión acompañado por cuatro textos de apoyo cortantes: “Salem Center. Escuela del Profesor Xavier para Jóvenes Talentos. Hogar de la Patrulla-X. Temidos y odiados por la humanidad que han jurado proteger”. A continuación, Lobdell suele presentar a unos cuantos mutantes que se quejan sistemáticamente de lo mucho que sufren. “Háblame, Cerebro. Señálame dónde está ese nuevo mutante. Dime si él o ella será quien sirva de puente entre humanos y mutantes. Y aunque no sea cierto, dime que hay motivos para tener esperanza” (UXM 300, V 93). Esta perorata se la suelta Rondador Nocturno a una máquina como si fuera Hamlet hablando al fantasma de su padre. ¿Por qué? “Queda bonito”, afirma Lobdell. Fabian Nicieza al menos reconoce que tarda un año en sacar de su cabeza la voz de Chris Claremont. “Tengo la sensación de que me dicta cómo tengo que escribir”, afirma. Mientras tanto, desarrolla dos o tres argumentos con principio y final. Resuelve, por ejemplo, los problemas de identidad de Mariposa Mental causados por lo ocurrido en Actos de Venganza (XM 20-23, V-VIII 93). A pesar de sus contadas diferencias de estilo, los nuevos guionistas-X coinciden, en el terreno argumental, al retratar una Patrulla-X obsesionada por la causa del Profesor hasta grados cercanos al fanatismo, y, en el laboral, al doblarse cual contorsionistas a las exigencias de Harras. Se hace lo que él dice, que por algo es el editor.

Siguiendo este esquema básico, en los meses siguientes a La canción del verdugo, las colecciones mutantes se escriben a partir de cuatro ejes más o menos claros. Unos conducirán al siguiente crossover, otros seguirán ahí hasta que les toque su turno.

Primer eje. El traidor. Antes de marcharse a Image, Whilce Portacio crea un nuevo hombre-X que supone todo un golpe de originalidad. Como con Cable y su futuro apocalíptico no es suficiente, de un futuro algo menos lejano aunque igual de siniestro llega Bishop. A imagen de Cable, Bishop abulta como un rinoceronte y va cargado hasta las orejas con pistolones que dispara a la menor provocación. A diferencia de Cable, Bishop es negro, tiene un tatuaje en la cara (en lugar de un ojo brillante) y habla de la Patrulla-X con un respeto religioso. Para el, los hombres-X son mitos. Lo son hasta tal punto que, cuando los conoce, piensa que se encuentra ante unos impostores, ya que no alcanzan la perfección que se les supone a las leyendas. “Hasta los alumnos de preescolar saben que Coloso se movía tan rápido como el viento”, asegura. En el futuro de Bishop, como en todo futuro mutante que se precie, la Patrulla-X acabó mal, muy mal. El grupo al completo fue asesinado por uno de sus miembros, un misterioso traidor cuya identidad ha venido Bishop a descubrir. A pesar de las reticencias de todos sus alumnos, Xavier acepta al viajero del tiempo como nuevo hombre-X (UXM 287, IV 92). Enseguida, las sospechas de Bishop apuntan a Gambito como el posible traidor (XM 8, V 92). Como toda prueba, Bishop aporta una grabación en la que la Jean Grey del futuro hace una desesperada llamada de socorro. Frases como “nunca debimos confiar en….” o “sabíamos tan poco de…” componen algunos pasajes de la cinta. Resultan tan ininteligibles que el traidor podría ser Gambito… o incluso el mismo Bishop, ya que de ambos apenas se sabe nada. Sea cual sea, la identidad del asesino importa poco. Ni Portacio la conoce a la hora de crear a Bishop, ni Harras, Nicieza y Lobdell se molestan en decidirse por alguien en concreto. De momento, se limitan a hacer insinuaciones carentes de base cierta.

Segundo eje. Los líos amorosos. De un día para otro, los hombres-X padecen unos excesos hormonales hasta ahora inéditos en la strip. La causa puede residir en que todos los artistas sin excepción dibujan a las chicas como modelos de Playboy y a los chicos como dioses griegos, pero el caso es que, con lo mucho que sufren, pasan el día entero metiéndose mano o intentándolo. Cíclope, ese calzonazos siempre enamorado de la misma pelirroja en sus múltiples encarnaciones, se obsesiona de repente por Mariposa Mental. La cosa no pasa de calentón, pero depara una de las escenas más divertidas jamás vista en un cómic de mutantes, con Mariposa aplicando un impresionante lametazo a un Cíclope anonadado (XM 20, V 93). Semejante tonteo es atajado a tiempo por la misma Jean y pasa al anecdotario una vez la parejita se compromete a casarse (UXM 308, I 94). Por otro lado, Gambito y Pícara pierden el culo el uno por el otro, pero ocurre lo que siempre ocurre en el Universo Marvel. Por enmedio se interponen el pasado de él y los poderes de ella. Un desastre, vamos. Por último, el romance vuelve a surgir entre Tormenta y Forja, e incluso él llega a pedirle matrimonio (UXM 289, VI 92). Al final, nada de nada. Por si acaso, Bishop le echa un ojo a Ororo…

Tercer eje. Coloso debe sufrir. La idea se le mete en la cabeza a Fabian Nicieza, y, después del visto bueno de Harras, la aplica al pie de la letra. En el horizonte inmediato se divisa la resurrección de Magneto. Nicieza quiere llevar al bueno de Peter a una desesperación tal que decida unirse al Amo del Magnetismo. Para empezar, “suicida” a su recién reencontrado hermano Mijail (UXM 293, X 92); para continuar, elimina con descarnada crueldad a sus padres (XM 18, III 93); para terminar, su hermana Illyana contrae el Virus del Legado, que acaba matándola (UXM 303, VIII 93). Por cierto, Illyana es la víctima más destacable de este temible mal cuya característica única reside en no afectar a ninguno de los protagonistas de la serie. Peter llora mucho, quema sus cuadros, se enfada con el Profesor-X, cuestiona sus métodos, y en el funeral de Illyana decide cambiarse de bando para irse con Magneto (UXM 304, IX 93). “Al igual que el Profesor, Magneto nunca ha titubeado en su entrega a una meta. Quizás de tener la fuerza de convicción para unirme antes a él no estaría aquí, ante la tumba de mi hermana”, se justifica Coloso.

Cuarto eje. La conspiración. Por un lado está Mister Siniestro. Aparece de vez en cuanto, suelta un par de frases ambiguas, vuelve a desaparecer y todos se quedan pensando en lo que ha dicho. En XM 23 (VIII 93) insinúa la existencia de un tercer hermano de Cíclope del que, por supuesto, nunca se volverá a saber. Los guionistas son los primeros que no tienen demasiada idea de qué está hablando Siniestro, ya que improvisan continuamente. Por otro lado tenemos a los Arribistas y al Amo del Juego. Son los villanos más patéticos salidos de la Franquicia Mutante. Una panda de ricachones que actúa de la misma manera que Siniestro: hacen acto de presencia cuando Nicieza o Lobdell se acuerdan, tienen unos cuantos diálogos enigmáticos y hasta la próxima. Los Arribistas conspiran, manipulan y se pelean entre ellos con el fin de ganar un extraño concurso cuyas reglas u objetivos nunca son explicados. Creados por Portacio como otra de sus geniales ocurrencias (UXM 283, XII 91), Nicieza los retoma sin demasiado entusiasmo, aunque luego los utilice en un cruce entre X-Force y The New Warriors (XFO 33 y 34, The New Warriors 45 y 46, III y IV 94). Con un par de honrosas excepciones, a los Arribistas no se le conocen grandes maldades. Son enemigos de la Patrulla-X… porque sí. Vaya.

1992. MANTENERSE EN LA CIMA ANTE LA AMENAZA DE IMAGE

Bien, señores. Este es nuestro objetivo. Mantenernos aquí. Los primeros.

Bob Harras señala el gráfico de ventas de Uncanny X-Men. La serie pasa de algo menos de medio millón de ejemplares mensuales en 1991 a casi 750.000 en 1992. Eso representa un aumento del cincuenta por ciento, cifra que ha permanecido inamovible tras la marcha de Claremont. Ahora hay que conseguir que todo siga igual sin Jim Lee ni Rob Liefeld.

Es ocho de febrero de 1992. Una rueda de prensa convocada por siete de sus más rentables estrellas coge a Marvel con el paso cambiado. Todd McFarlane, Jim Lee, Rob Liefeld, Marc Silvestri, Jim Valentino, Erik Larsen y Whilce Portacio anuncian que dejan la Casa de las Ideas para fundar su propia editorial.

A sus veintidós años recién cumplidos, Rob Liefeld es un millonario feliz. Ha hecho realidad sus sueños de niñez. Los chicos que compran X-Force quieren dibujar como él, vestir como él, sonreír como él, ser como él. Pero una mañana Rob Liefeld descubre que, si él ha ganado dinero, mucho dinero, Marvel ha ganado todavía más, más dinero, a su costa. No sólo eso, Marvel utiliza su arte con absoluta impudicia en merchandising diverso sin pagarle un centavo por ello. Sin él, X-Force seguiría siendo una pandilla de críos tonteando en Asgard. Gracias a él, ahora son la pieza maestra del ejército de Cable. Con Hollywood llamando a la puerta, Marvel se ha convertido en un problema. ¿Qué vas a vender a los chicos del cine cuando tus dibujos, tu sangre, tu arte, pertenece a otro? Marvel es más pequeña y menos importante que Rob Liefeld, pero no lo sabe todavía. Marvel cree que puede tratar a Rob Liefeld como a un dibujante más, pero Rob Liefeld ha salido en la MTV. Por eso Rob ha empezado a coquetear con pequeñas compañías. Pretende que le publiquen una cosa titulada Youngblood. La idea es que ellos se lleven un pequeño porcentaje de ventas y Rob el noventa por ciento de los beneficios. Malibu Comics, hasta ahora una compañía insignificante, acepta el reto. Saben que el diez por ciento de ventas de dos millones de ejemplares sigue siendo mucho dinero. Guay.

Es tan guay que Rob se lo cuenta a su amigo Todd McFarlane. Es tan guay que McFarlane ve la oportunidad de su vida. Es tan guay que pronto se unen los demás. Silvestri, Valentino, Larsen. Chicos criados bajo el sol de California, locos por el surf que han visto el sueño americano hecho realidad después de que Marvel colmara sus cuentas bancarias. Pero les falta alguien. Les falta el nuevo Rey. Les falta Jim Lee.

Lee está en la cumbre. Ahora ya no tiene la molesta obligación de saltarse los guiones de Claremont. Por fin ha quedado claro que su visión de lo que tiene que ser la Patrulla-X es la que ha conquistado millones de corazones en todo el mundo. Por fin el guionista cumple su función primordial, escribir los diálogos. Scott Lobdell, ese chico que le ha puesto Harras, lo entiende. Lo entiende mejor que John Byrne. El que sea éste quien sustituya a Claremont supone todo un golpe maestro de cara a la galería, pero no funciona. Byrne aparece como por arte de magia al día siguiente de la marcha de Chris. Viene con un par de ideas que pone sobre la mesa. “Estoy presionando para que se haga una línea argumental que elimine el noventa por ciento de los mutantes. Con un poco de suerte, podremos volver a lo que era el cómic cuando comenzó en el primer número: los buenos mutantes intentado localizar a otros mutantes antes de que lo hagan los chicos malos. Y así no tendremos a los miles de personajes que hay ahora”, dice. Byrne dialoga los UXM 281 a 285 (IX 91-II 92) y los XM 4 y 5 (I-II 92). Acto seguido decide marcharse, furioso por que Whilce Portacio, el socio de Lee en su estudio y dibujante de Uncanny, no entrega sus páginas con tiempo suficiente para que pueda escribir los diálogos. Byrne afirma que sólo un par de esos números los ha escrito realmente. ¿Cuántos días necesita para llenar los bocadillos?, se pregunta el Chico Midas. Mierda, si sólo son letras. Cualquiera que haya ido a la escuela primaria puede hacerlo.

Jim Lee es un millonario feliz. Ha trabajado duro por la corporación y la corporación le ha recompensado como se merece. Por eso, cuando llegan Rob y los demás con las cuentas de la lechera, les dice que se lo pensará, pero que está muy bien en Marvel, que él es un hombre de empresa y que no planea cambiar. Una mañana, sin embargo, se entera de que Terry Stewart, el presidente de la compañía, está regateándole las pagas de beneficios, los billetes de avión para su esposa, las facturas del coche que alquila cuando acude a una convención. El quiere a Marvel, pero Marvel le trata como a uno más. Eres el más grande, Jim. Nos has hecho de oro, Jim. Te hemos hecho millonario, Jim. Pero, Jim, no eres lo suficientemente importante para nosotros como para que tu esposa viaje gratis. “¿Ah, sí? Pues que os jodan”. El Chico Midas vuelve a hablar con Todd McFarlane. “¿Lo comprendes ahora, Jim?” Ahora sí, Todd, ahora sí. “Dios bendiga a Terry Stewart”, piensa McFarlane. “Dejamos Marvel porque no nos trata como queremos. No nos vamos porque odiemos sus personajes o su manera de hacer cómics”, declara públicamente Lee.

1992. ATURDIDOS POR EL GOLPE DE IMAGE

Es otoño de 1992. En Marvel descubren sorprendidos que los chicos de Image no se han hundido en la miseria, como auguraban los grandes expertos financieros contratados por Terry Stewart. Muy al contrario. Image arrasa con todo lo que se le ponga por delante. El Youngblood 1 (IV 92) de Rob Liefeld, el Spawn 1 (V 92) de Todd McFarlane y el WildC.A.T.S. 1 (VII 92) de Jim Lee alcanzan unas ventas brutales, tanto que sus responsables no tardan en independizarse de los socios de Malibu Comics. Editoriales pequeñas como Valiant, Dark Horse, Topps o la misma Malibu aprovechan el momento para lanzar nuevos títulos, a la vez que DC amplía su ya abultada oferta. Marvel responde con una ofensiva sin igual consistente en inundar el mercado con nuevas colecciones. El sistema de crecimiento de la Franquicia Mutante se aplica a Punisher, Motorista Fantasma, Vengadores y Spider-Man, a cuyo alrededor nacen series de calidad ínfima realizadas por autores desconocidos. También se potencian los títulos de Epic y los de Marvel UK, la sucursal de la editorial en Inglaterra, y se lanza una nueva línea de colecciones bajo el epígrafe Marvel 2099, con versiones futuristas de Spider-Man o Punisher. En total, Marvel pone cada mes ciento cincuenta títulos en el mercado, una cantidad nunca vista. A los ejecutivos de la Casa de las Ideas ni siquiera les interesa que vendan. Prefieren perder dinero si ello sirve para ahogar al competidor. Las librerías especializadas caen en la trampa al principio, pero a largo plazo se encuentran con un stock que nadie quiere comprar, material inamovible cuyo destino final es el saldo.

 

Los fundadores de Image. Foto perteneciente al libro Image Comics. The Road To Independence (Twomorrows Publishing)

En detrimento de las compañías independientes, los establecimientos aumentan también sus pedidos a Image. Saben que van a vender medio millón de ejemplares de cada colección y que el margen de beneficio sobre el precio de portada es más alto que con Marvel. Sin embargo, Image abusa de una táctica comercial que acaba por pasarle factura. La editorial de Jim Lee anuncia títulos que luego retrasa o que nunca aparecen. Los cinco primeros números de WildC.A.T.S, por ejemplo, tardan un año y medio largo en publicarse. La consecuencia inmediata es que las tiendas tienen su dinero paralizado. Los aficionados, por cierto, son casi los mismos de siempre. Existe un nuevo fan, sí, pero compra cómics porque están de moda, y compra básicamente Image. “Nuestros tebeos son los de Image; los de nuestros padres eran los de Marvel y los de nuestros abuelos los de DC”, explica. La explosión de ventas propiciada primero por el lanzamiento de Spider-Man, X-Force y X-Men y luego por los títulos de Image no se traduce en un aumento significativo del público consumidor, sino del mercado especulador. ¿De qué sirven varios millones de copias del X-Men 1 esperando a que su precio se cotice por las nubes si no hay siete millones de posibles compradores? La situación pone contra las cuerdas a las pequeñas editoriales. DC se mantiene en un puesto de privilegiado observador, respaldada por el poder de Warner, su empresa propietaria, aunque eso no le impida dar un campanazo en los medios de comunicación con la muerte de Superman (Superman 75, I 93). Entretanto, Image y Marvel siguen adelante con su escalada bélica.

 

Desde California, Jim Lee y los suyos preparan la contraofensiva. Tiran de agenda telefónica y llaman a todo dibujante Marvel mínimamente comercial. Son la legión de jovencitos imitadores que ha sacado Bob Harras de debajo de las piedras. Hola, soy Jim Lee. ¿Te gustaría dibujar para nosotros? No me importa lo que te paguen. Nosotros te pagamos el doble. Casi todos aceptan. ¿Cómo van a decir que no a Jim Lee, si de mayor quieren ser como él? Las condiciones monetarias también ayudan. Artistas que cobran ciento cincuenta dólares por página en Marvel pasan a ganar entre trescientos y cuatrocientos en Image. “Marvel es nuestra plantación de algodón”, declara entonces Todd McFarlane. “Nos pasamos por allí cada vez que necesitamos negros, vemos lo que nos gusta y nos lo llevamos”. Marvel busca dibujantes, los educa, los cuida, los lanza a la fama. Image los contrata y los convierte en estrellas. ¿Por qué dibujantes, y no guionistas? “Los dibujantes no necesitamos guionistas”, sostiene McFarlane.

Las chicas de La Patrulla-X según Art Thibert, uno de los clones de Jim Lee

Cada uno de los dibujantes aprovechables que consigue la Franquicia Mutante le son arrebatados poco después. Harras se ve obligado a rellenar los huecos como buenamente le dejan. No puede promocionar jóvenes promesas porque acaban fichadas por Image, pero tampoco puede utilizar artistas mediocres porque las ventas bajan. Su estrategia se traduce en probar nuevos talentos en números de relleno y annuales al tiempo que en las series regulares emplea autores de perfil corporativo, esa buena gente cuya fidelidad a la empresa está por encima de cualquier oferta tentadora. Eso sí: ahora sabe, gracias a su experiencia con Jim Lee, que la fidelidad merece recompensa. En concreto, los hijos de Joe Kubert firman contrato con Marvel por medio millón de dólares anuales, sin contar los incentivos provenientes de las ventas. Andy Kubert pasa a X-Men (XM 14, XI 92), y Adam Kubert a Wolverine (WOL 75, XI 93). Bob Harras llama también a John Romita Jr. para rellenar el hueco dejado por Brandon Peterson en Uncanny (UXM 300, V 93). En X-Factor sustituye a Jae Lee por Joe Quesada (XF 87, II 93), y en X-Force a Mark Pacella por Greg Capullo (XFO 15, X 92). Cuando Capullo cae en las redes de McFarlane lo cambia por un desconocido y prometedor chaval llamado Tony Daniel (XFO 28, XI 93). El futuro de éste último también pasa por cierta oficina en California.

X-Force, según Tony Daniel

Marvel utiliza como arma incluso los trucos del enemigo. Se sirve de portadas dobles, de portadas con hologramas, de portadas troqueladas, de portadas en relieve, de portadas con tintas metálicas; aumenta las colecciones hasta el infinito y más allá; mejora el papel; sube los precios; multiplica los crossovers y dobla las apariciones en otras series de sus personajes más populares. Lobezno manifiesta un nuevo poder mutante antes desconocido, la ubicuidad. Puede estar al mismo tiempo en su propia colección, en Uncanny y en X-Men, en Marvel Comics Presents, en el especial que toque ese mes (casi siempre explorando situaciones de su pasado que se contradicen las unas con las otras) y como invitado en multitud de títulos. Puede estar allá donde se requiera su presencia. Más que nunca, Lobezno es el mejor en su trabajo. Más que nunca, su trabajo no resulta agradable.

 

Conforme pasan los meses, los autores acaban sometidos a una férrea disciplina cuasi militar. Alguien analiza con lupa las ventas de Excalibur. Son buenas, por encima de la mayoría de títulos Marvel. Pero hay un problema: por debajo del resto de los títulos mutantes. Debe resolverse. ¿Cómo es posible que Excalibur venda doscientos mil ejemplares si X-Men vende seiscientos mil? Sólo hay una respuesta posible. La X de Excalibur no es todo lo grande que debiera; En Excalibur no sale Lobezno. En Excalibur no aparece la Patrulla-X. En Excalibur no hay crossovers. Por otra parte, Harras y sus chicos tienen un pequeño problema con su autor. Alan Davis cuenta historias. Alan Davis explica la cronología completa de Fénix en un único número. Alan Davis tiene ideas, las desarrolla y las concluye. No hay nada malo en eso, pero son argumentos que se podrían aprovechar mucho mejor en las series principales. ¿Cómo es posible que Excalibur salve al universo y la aventura no se desarrolle en un crossover? ¿Quién se cree Alan Davis que es? Las presiones aumentan. Nos gusta mucho Excalibur, pero la Patrulla-X debería aparecer más, dicen. Nos gusta mucho Excalibur, pero nos gustaría todavía más si la colección no estuviera tan aislada de las otras series mutantes, insisten. Nos gusta mucho Excalibur, pero la aparición de Mariposa Mental (EX 55, X 92) no la has coordinado con nosotros, protestan. Finalmente, ante la incapacidad de narrar sus aventuras con un mínimo de libertad, Davis dimite junto con el editor Terry Kavanagh (EX 67, VII 93). La edición de la serie recae entonces en manos de Harras, quien cede los guiones a Scott Lobdell. En el ámbito artístico, Excalibur se convierte en un campo de pruebas para nuevos dibujantes, mientras que en el argumental Lobdell prepara, como no, el siguiente crossover.

Todo vale en la Casa de las Ideas, reconvertida en la Casa de los Líos. Entre los títulos con los que Marvel invade las librerías se sitúan varias miniseries mutantes, en concreto las dedicadas a Masacre (Deadpool 1-4, VIII-XI 93), Dientes de Sable (Sabretooth 1-4, VIII-XI 93) o Gambito (Gambit 1-4, XII 93-III 94), y dos colecciones regulares, X-Men Unlimited (VI 93) y Cable (V 93). La primera, con sesenta y cuatro páginas y periodicidad trimestral, pretende “contar esas historias que no tienen cabida en otro sitio”. En realidad, X-Men Unlimited sirve sobre todo para desfogar a nuevos dibujantes, como Chris Bachalo (XMU 1, VI 93) o Jan Duursema (XMU 2, IX 93). El lanzamiento de Cable supone un problema para su guionista, Fabian Nicieza, obligado a cambiar argumentos ya preparados para X-Force. Nicieza aprovecha la nueva colección para dar a conocer el dramático mundo del que procede el protagonista. Por primera vez, se atisba una cierta evolución hacia una mayor serenidad y trascendencia. Aparecen un hijo y una esposa fallecida mientras se señala a Apocalipsis como principal responsable de que el siglo XXXVIII sea un auténtico infierno. También se aclara que Cable es Nathan Summers, el hijo de Cíclope, mientras que Dyscordia es un clon, y no al revés, como se insinúa en La canción del Verdugo.

1993. DE CUANDO LOBEZNO SE QUEDÓ SIN ADAMÁNTIUM

Es invierno de 1993. Bob Harras reúne a la legión de autores-X. Cada cierto tiempo es necesario juntar a todos alrededor de una mesa para discutir el desarrollo general de la franquicia, escuchar sus quejas, ideas y propuestas, y planear aquello que van a hacer durante los siguientes doce meses.

Lo más importante, claro, es el crossover anual. Lo que ocurre en cada una de las series mutantes está supeditado al dichoso crossover anual. Durante el resto del tiempo, cada guionista tendrá que confluir la trama de su serie hacia tal acontecimiento. Luego, si le queda algo de espacio, deberá incluir referencias a las otras colecciones. Ya, en última instancia, incluso pueden permitirse alguna historia propia.

El gran crossover de este año, Atracciones fatales, trae el retorno de Magneto en el treinta aniversario de la publicación del The X-Men 1 de Stan Lee y Jack Kirby. Bueno, según Claremont, Magneto murió en XM 3, pero, qué narices, sigue siendo el mejor villano susceptible de resurrección. Lo que quiere Harras es que no sea otra historia de Magneto vuelve.

 

-¿Se os ocurre algo?

 

Empieza a hablar Fabian Nicieza, guionista de X-Men y X-Force, quien tiene más o menos claro qué hacer con los Acólitos, y con el Coloso traidor. Poco a poco, los demás se van animando. También están Ben Raab, Suzanne Gaffney y Lisa Patrick, de la Oficina-X, Scott Lobdell por Uncanny, Larry Hama por Wolverine, y Peter David por X-Factor. David está callado y cómodo en su silla mientras todos los demás se interrumpen los unos a los otros. Entonces, se incorpora y, con voz tranquila, dice:

 

-Oye, No entiendo por qué Magneto va a pelearse con Lobezno. ¿Por qué no hacemos que le saque el adamántium de una puñetera vez?

 

Silencio.

Más Silencio.

 

-Ey, era un chiste. Podéis reíros. De verdad, a mí me parece una idea horrible.

 

Bob Harras pone su mano derecha sobre el mentón.

 

-Uhm-, dice.

 

XM 25 (X 93). La Patrulla-X con Xavier a la cabeza lucha contra Magneto y sus acólitos en Avalón, el nuevo cuartel general del Amo del Magnetismo. El desarrollo del cómic parece calcado del XM 3, hasta que surge un repentino giro argumental. Página treinta y una. Lobezno se arroja sobre el Amo del Magnetismo con la intención de destriparlo. Está fuera de control y puede incluso asesinarle. Página treinta y dos. Magneto responde utilizando su poder. “Nunca más, Logan. Ha terminado para nosotros. Nuestra larga asociación, mi más visceral enemigo, mi más respetado adversario ha terminado” dice. Página treinta y tres, viñeta cinco. Magneto extrae el adamántium del cuerpo de Lobezno. Página cuarenta y dos. Logan se retuerce de dolor y queda tendido en el suelo. “Somos actores de una tragedia más grande que todos nosotros. Una tragedia llamada vida, Logan. Pero hoy, para ti, y quizás también para mí, la cortina cae y el juego termina”. Páginas treinta y cinco y treinta seis. El Profesor-X desconecta de manera literal el cerebro de su enemigo. Página treinta y ocho. La Patrulla-X regresa a casa mientras el cuerpo del Amo del Magnetismo queda al cuidado de Coloso.

Atracciones fatales funciona como una historia cuyas partes pueden ser leídas de forma independiente. Cada episodio del crossover es doble y abarca, en orden cronológico, los XF 92 (VII 93), XFO 25 (VIII 93), UXM 304 (IX 93), XM 25 (X 93), WOL 75 (XI 93) y EX 71 (XI 93). A la base inicial de la saga, centrada en un primer momento en el regreso de Magneto, la traición de Coloso y el debut de Amelia Voght, una antigua amante de Xavier ahora afiliada a los Acólitos, se suma la tragedia particular de Lobezno. El XM 25 resulta impresionante por la escena antes mencionada, pero el WOL 75 adquiere mayor importancia. En un relato cargado de emoción que demuestra tanto su amor al personaje como una inmensa capacidad narrativa, Larry Hama explica las consecuencias inmediatas de que Logan pierda el adamántium. Si el preciado metal es prescindible, cosa distinta sucede con las garras. Sorpresa: siguen ahí, siempre han estado ahí, ya que forman parte de su cuerpo. “Son de hueso porque debo haber nacido con ellas”, concluye Lobezno, quien abandona la mansión en la última página del relato. “¡Voy a iniciar una nueva fase de mi vida! ¡Una nueva aventura!”, anuncia mientras se pierde en el horizonte a bordo de su Harley Davison. Esperan, efectivamente, nuevas aventuras con un tono apropiado de road movie en las que Logan se enfrenta a su nueva situación a la vez que crece su salvajismo.

 

Resulta paradójico que el hombre que sugiere la idea central de Atracciones fatales dimita un par de meses antes del comienzo del crossover. Peter David abandona la Franquicia Mutante por razones similares a las esgrimidas por Alan Davis. El guionista de X-Factor, como hiciera el autor de Excalibur, denuncia presiones por parte del equipo de Bob Harras encaminadas a torpedear su labor en la colección. David se queja del exceso de dibujantes de segunda fila con los que tiene que trabajar por el mero hecho de que Harras necesite probarlos de cara a posibles sustituciones en las otras series. Por otra parte, el guionista arrastra viejos reproches surgidos durante la realización de La canción del Verdugo y aparcados ante la promesa por parte de Harras de no obligarle de nuevo a dejar de lado las tramas argumentales de X-Factor en beneficio de futuros crossovers. La gota que colma el vaso es una saga que David ha de terminar un mes antes de lo previsto para evitar que se solape con el episodio de X-Factor dedicado a Atracciones fatales. “Quieren que corte mi historia y escriba la suya”, se queja. “Estoy muy apenado, pero sencillamente no puedo seguir bajo estas condiciones. Valoro demasiado el apoyo de los lectores como para hacer historias cuyo resultado va a ser inferior al habitual”. El guionista siente que si participa de la situación estará diciendo a sus seguidores: “Vale, de acuerdo. Pasemos de un dibujante regular. Pasemos de historias coherentes. Pasemos de los lectores. Da igual. X-Factor es un cómic de mutantes. Lo comprarán de todas maneras”

Scott Lobdell, siempre al rescate de su jefe, termina la saga comenzada por David (XF 91, VI 93) y escribe la parte de Atracciones fatales correspondiente a X-Factor. A partir del XF 93 (VIII 93), J. M. DeMatteis se hace cargo de los guiones, aunque tampoco dura demasiado (XF 106, IV 94). El momento exige hombres como Lobdell, un fiel a la causa que no tiene inconveniente en denunciar a cada uno de los insurrectos que se desvíen un milímetro de la doctrina oficial impartida por el amado líder. Como recompensa, Harras le premia con una miniserie sobre la infancia de Cable en el siglo XXXVIII (The adventures of Cyclops and Phoenix, V-VIII 94). La historia de esa miniserie difiere de los esquemas de Nicieza, que no entiende qué diablos hace Lobdell escribiendo sobre un personaje del que no tiene ni idea y por el que ni siquiera se molesta en preguntarle. Por otra parte, a la hora de asignar dibujante, la miniserie se lleva al estupendo Gene Ha, mientras que la colección regular de Cable malvive de artistas de segunda fila cuya calidad oscila entre lo mediocre y lo lamentable. Nicieza se siente ignorado primero y ninguneado luego. Cuando tiene oportunidad de comentarlo con Harras, éste le responde: “Trabajas demasiado, Fabian, y el resultado se resiente”. Al día siguiente, Nicieza entrega el guión del CB 9 (III 94). “Tienes toda la razón del mundo, Bob. Trabajo demasiado. Por eso este es mi último guión para Cable. Dejo la serie ahora mismo”. Pensando en su hija recién nacida, Nicieza se queda, no obstante, tanto en X-Men como en X-Force, colecciones que le aseguran dinero de sobra para pagar las facturas. Al final ha comprendido que en la Oficina-X no te contratan para escribir, sino para juntar piezas de un puzzle. Una pequeña parte de esas piezas están en tus manos, el resto en las de otros. Por encima de cualquier baile de autores, una cosa queda clara. Scott Lobdell es el chico favorito de Bob Harras, a quien escucha y pregunta, a quien asigna el trabajo sucio porque sabe que va a resolverlo sin problemas. Por eso se gana el derecho a preparar su propia colección mutante con personajes propios por los que cobrar royalties. Harras sólo pone una condición, que se titule The New Mutants, para que así Marvel pueda mantener el copyright sobre el anterior nombre de X-Force. Sin embargo, a Lobdell no le interesa recuperar el concepto de los bebés-X.

 

-Ok, Bob. Escribiré el nuevo título, pero quiero que se llame Generation-X. Es mucho mejor que The New Mutants. Suena como X-Men: the next generation. Acuérdate de cuando salió el libro de Douglas Coupland. A todas horas había debates en televisión sobre “la generación x”.

-De acuerdo. Me has convencido. Que se llame como te apetezca.

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