LA PATRULLA-X DE BRIAN M. BENDIS 3: LA BATALLA DEL ÁTOMO

Este nuevo volumen de La Patrulla-X de Brian Michael Bendis acoge “La batalla del átomo”, el primer crossover que tuvo lugar desde que comenzara la etapa de este guionista al frente de la Franquicia Mutante. Se trata de una prueba de fuego no sólo para el de Cleveland, sino también para sus compañeros de Oficina-X, Jason Aaron y Brian Wood, que contaron con la coordinación del veterano editor Nick Lowe, acostumbrado a poner en marcha esta clase de monumentales historias, puesto que por sus manos habían pasado anteriormente “Complejo de mesías” o “Advenimiento”. La trama ahonda en las consecuencias de la llegada de los Cinco Originales al presente. ¿Qué significa para su línea temporal? ¿De qué manera afecta su desplazamiento al pasado, al presente y, sobre todo, al futuro?

 

2013, el año en que se publicó originalmente “La batalla del átomo”, fue muy especial para los mutantes de Marvel, puesto que se cumplía el quincuagésimo aniversario de la publicación del cómic en que todo empezó: The X-Men #1 USA (1963. Marvel Gold. La Patrulla-X Original nº 1). Por si esto no fuera motivo suficiente de celebración, 2013 resultaba de enorme relevancia para la cronología mutante, puesto que ése fue el año en el que transcurría el futuro apocalíptico retratado en “Días del futuro pasado”. Desde esa fecha, Katherine Pryde viajó para avisar a La Patrulla-X de que estaba a punto de desatarse una guerra mundial contra los mutantes, y juntos ayudar a impedirla. La mítica historia que firmaran Chris Claremont y John Byrne en The X-Men#141 y 142 USA (1981. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-Xnº 2) ha mediatizado en gran medida estas últimas décadas, de manera que darle la vuelta, y que fuera La Patrulla-X original la que viajara del pasado hasta nuestro presente, fue el punto de inicio establecido por Brian Michael Bendis para la colección que ahora se sitúa en el centro de la franquicia. “La batalla del átomo” es la saga que muestra las consecuencias de esa acción, al presentarnos a una nueva Patrulla-X venida de un futuro horrible producido por el hecho de que los jóvenes mutantes nunca regresaran a donde pertenecían.

 

Bendis juega a imaginar cómo será el equipo a largo plazo, pero ese ejercicio sólo es posible mediante un importante cambio en la manera de hacer las cosas dentro de La Casa de las Ideas con respecto al viaje en el tiempo y sus consecuencias. Las leyes del Universo Marvel que enunciara Mark Gruenwald en los años ochenta dictaban que, cada vez que alguien viaja hacia el pasado, se genera un nuevo mundo paralelo. De esta manera, el tristemente desaparecido editor de Marvel evitó que esos viajes pudieran cambiar el statu quo actual de los cómics. Esas eran las normas de las que partíamos a la hora de pensar que la presencia de La Patrulla-X original en nuestro presente no podía alterar nada que hubiera pasado ya, puesto que La Bestia, al llevarse a los chavales con él, se había limitado a crear otra línea temporal. Pero ¿y si ya no fuera así? ¿Y si ahora, tal vez debido a lo ocurrido en otra saga de Bendis, “La Era de Ultrón”, sólo existiera una única línea temporal flexible y maleable… hasta que deja de serlo y todo salta por los aires? En consecuencia, cualquier cambio en el pasado altera el presente, y también el futuro. Es así como la mera llegada de los Cinco Originales podría desencadenar un efecto dominó catastrófico que lo destruyera todo.

 

Esas son las bases con las que se construye el crossover, pero el relato se alimenta de otro tópico recurrente en la Franquicia Mutante, y que nació en el momento en que el éxito de La Patrulla-X motivó el nacimiento de multitud de grupos satélite a su alrededor. La lógica por la que se estructura el Universo Marvel establece que, en el momento en que hay varios superhéroes con intereses contrapuestos en un mismo lugar, el choque resulta inevitable. Basta echar un vistazo al historial de la franquicia para comprobarlo. En 1982, y tomando como excusa un viaje al espacio de La Patrulla-X en que sus miembros fueron dados por muertos, Charles Xavier reunió a Los Nuevos Mutantes: adolescentes que debían aprender a usar sus poderes, en lugar de lanzarse a peligrosas misiones. Por supuesto, en cuanto tuvo lugar el encuentro de ambos equipos se desató una monumental batalla. ¡Mejor golpear primero y preguntar después! Tres años más tarde, en 1985, los miembros originales de La Patrulla-X se reunieron, bajo el nombre de Factor-X. El cruce con el grupo madre fue postergado durante cuatro largos años, hasta que tuvo lugar en el curso de un evento llamado “Inferno”. Como había pasado antes con Los Nuevos Mutantes, las confusiones y los inequívocos provocaron la pertinente batalla, antes de que los héroes pudieran unirse ante un enemigo común. Establecida la rutina, bastaba con seguirla, y es lo que ha venido ocurriendo desde entonces.

 

La historia se repite en “La batalla del átomo”, un crossover dedicado a reunir a las diferentes formaciones de mutantes en una trama única, en el momento en que sus filas se encuentran de por sí más separadas que nunca. Hay dos bandos claramente diferenciados: a un lado, La Patrulla-X revolucionaria de Cíclope; al otro, La Patrulla-X de Lobezno, cara visible del Instituto Jean Grey de Enseñanza Superior, y a medio camino entre ambos, el grupo liderado por Tormenta y formado en exclusiva por mujeres-X. Pese a que se sitúan en el entorno de la nueva escuela, la posición de Ororo y compañía busca tender puentes con sus viejos compañeros, toda vez que inicialmente la Diosa de los Elementos se mostrara partidaria de los planteamientos ideológicos de Scott Summers.

 

Ese delicado equilibrio entre las diversas fuerzas del Homo superior fue establecido durante “Cisma”, puesto a prueba por la guerra con Los Vengadores y más o menos alterado por los diversos factores que se han conjurado a lo largo de todo este tiempo. El elemento que viene ahora a desequilibrarlos es el de la llegada de los Cinco Originales. La irrupción en el presente de los jóvenes que conformaran la primera generación de alumnos del Profesor X afecta a todos los demás y cambia las reglas del juego. En sus primeros pasos en el presente, los Scott, Jean, Hank, Warren y Bobby del pasado tuvieron que tomar algunas decisiones con rapidez, todavía sobrecogidos por el shock de llegar hasta un mundo cuyas circunstancias identifican con algunos de los peores escenarios que pudieran haber habitados sus pesadillas. De momento, permanecen aquí y ahora, pero su situación no puede ser más precaria. ¿Podrán seguir entre nosotros mucho tiempo sin que se vea alterada la corriente temporal? ¿Y si alguno de ellos prefiriera hacer algo diferente al resto? ¿Y si fueran obligados a marcharse? La discusión podría continuar hasta el infinito, pero hay un desencadenante que lo cambia todo: la aparición de una nueva Patrulla-X, llegada desde un tiempo futuro en que ya han sentido lo que ocurrirá si los Cinco Originales no vuelven a su época.

 

“La batalla del átomo” fue el primer crossover de la Era Bendis, un guionista que hasta ahora estaba acostumbrado a acometer eventos de título troncal con series en paralelo alrededor, como “Invasión Secreta” o “Asedio”. Pero el editor Nick Lowe prefirió mantener las tradiciones de la Oficina X y seguir la estructura clásica que antes hubieran abrazado “Complejo de mesías” o “Advenimiento”. Por eso tenemos sendos especiales, de apertura y cierre, y la trama se lee saltando de una cabecera a otra. Como en todos esos casos, el resultado procuró el caudal de emociones y giros habitualmente reservados para este tipo de aventuras. Y también una conclusión con cambio total en las reglas del juego: de una forma u otra, “La batalla del átomo” determinó cuanto ocurriría en lo sucesivo con los Cinco Originales.

 

 

Texto perteneciente a Marvel Now! Deluxe. La Patrulla-X de Brian Michael Bendis nº 3

LA BÚSQUEDA DE LOBEZNO. ALFA: EL CÓMIC QUE BENDIS NO ESCRIBIÓ

Hace tres años y medio, en enero de 2015, veían la luz en España los cuatro números de la miniserie La muerte de Lobezno, con la que Charles Soule y Steve McNiven eliminaron al mutante más popular de Marvel. ¿Cómo llenar el enorme vacío que dejó Logan? En la editorial se apañaron bastante bien. Primero, nos ofrecieron un largo arco argumental en veinte partes, “Lobeznos”, en que seguimos la pista a diversas variantes del personaje, mientras nos preguntábamos quién se quedaría con su nombre. La elegida fue su clonLaura Kinney, hasta entonces conocida como X-23, que pasó a ser Lobezna. En paralelo, “Secret Wars” nos trajo de vuelta a El Viejo Logan, y más tarde, en Patrulla-X Azul, todavía veríamos la llegada deJimmy Hudson, el hijo de Lobezno en el Universo Ultimate. No cabe duda de que la naturaleza del UniversoMarvel abomina el vacío, y cuando alguien especialmente destacado desaparece, todas las fuerzas tratan de llenar su hueco con unas cuantas copias del mismo, pero… no hay nada como el original, ¿verdad?

 

LOS PLANES QUE FUERON

El regreso de Lobezno tuvo lugar en Marvel Legacy Alfa, donde reaparecía, en circunstancias pendientes de ser aclaradas, pero en posesión de una de las Gemas del Infinito, la Gema del Espacio. Este objeto de poder le ha permitido, en los últimos meses, moverse a lo largo de todo el planeta de manera instantánea, lo que se ha traducido en múltiples apariciones breves en un buen número de títulos. Además de en cada serie respectiva, hemos reproducido esas páginas en El Viejo Logan nos88-91. El personaje también se encuentra entre los protagonistas destacados de Cuenta atrás a Infinito, también a cuenta de la posesión de la Gema del Espacio. Pese a todo, faltaba reconectar a Lobezno con el Universo Marvely, evidentemente, con La Patrulla-X, y a eso está consagrado este proyecto. Inicialmente, en el Bullpenlo concibieron como una suerte de homenaje a la estructura de lo ocurrido tras la muerte de Superman, cuando surgieron cuatro versiones diferentes del Hombre de Acero, reclamando ser el auténtico. Eso se traduciría en cuatro miniseries que iba a escribir Brian Michael Bendis… pero, entonces, en lugar de homenajear una historia de Superman, el de Cleveland se despertó un día con la idea de escribir al propio Superman. En Marvelnos quedamos sin Bendis, y los editores pasaron a su siguiente opción, que era la más obvia de todas: la persona que nos había llevado hasta un mundo sin Lobezno debía ser quien nos lo devolviera.

 

ESTRUCTURA DE UN REGRESO

En 2014, sorprendió que Charles Soule fuera el elegido para narrar la muerte de Lobezno, puesto que este guionista había permanecido hasta entonces alejado del cosmos mutante y, de hecho, había sido PaulCornell quien se ocupó de conducir al personaje hasta la situación en que lo tomó Soule en aquella miniserie. Imposibilitada la Operación Bendis, no es en absoluto extraño que Marvel haya confiado en él para desandar el camino. “Mentiría si dijera que no empecé a pensar en maneras de sacar a Lobezno fuera de esa tumba de adamántium tan pronto como lo coloqué ahí”, explicaba a Tucker Chet Markus, nuestro compañero de Marvel.com. De esta manera, Soule se encarga de escribir este especial de apertura, y también una de las cuatro miniseries de las que se compone el proyecto: Búsqueda de Lobezno: Arma perdida. En España, lanzaremos esas miniseries de manera individualizada, mediante entregas dobles bimensuales. Por lo tanto, cada mes, a partir de septiembre, tendrás disponibles dos lanzamientos bajo el epígrafe de “Búsqueda de Lobezno”. Esto nos permite también ofrecer las cuatro miniseries en otros tantos meses, sin necesidad de mezclar episodios, lo que facilita que cada lector decida cuáles de ellas está interesado en seguir. Por último, en enero, llega el especial Omega en el que desemboca toda la trama, del que a día de hoy todavía desconocemos su título. Para más detalles, no dejes de consultar mes a mes nuestro checklistde novedades.

MARVEL EN JULIO DE 2018: TODOS LOS ACONTECIMIENTOS DESTACADOS

31 de julio

Trailer oficial 2 de Venom, la peli de Veneno

 

27 de julio

Los accionistas de Fox aprueban la compra por parte de Disney

 

24 de julio

Pedidos de Marvel para octubre

 

20 de julio

Donny Cates, showrunner de MK20

Venom Annual #1

Los tie-ins de Spider-Geddon

Marvel 80 Years

Marvel Studios. The First Ten Years

Capa y Puñal renueva para una segunda temporada

La ultraderecha estadounidense consigue que Disney despida a James Gunn

 

19 de julio

Puño de Hierro 2 se estrenará el 7 de septiembre

 

18 de julio

Jessica Jones Blindspot #1, por Kelly Thompson y Mattia de Iulis

 

17 de julio

Blindspot Teaser

Shuri #1, por Nnedi Okorafor y Leonardo Romero

IDW publicará la nueva línea infantil de Marvel

Marvel Rising Initiation Trailer

 

16 de julio

Seis nuevos What If para octubre

Typhoid Fever: Spider-Man #1, por Clay McLeod Chapman y Stefano Landini

Marvel anuncia X-Men Black Magneto y desvelará detalles en la SDCC

John Byrne está haciendo una continuación no oficial de su etapa en X-Men

 

13 de julio

Amazing Spider-Man #1, el trailer

 

12 de julio

Marvel anuncia Superior Octopus #1 y desvelará detalles en la SDCC

Marvel anuncia Spider-Gwen AKA Ghost Spider #1 y desvelará detalles en la SDCC

 

10 de julio

Fecha, extras y otros detalles del formato doméstico de Los Vengadores: La Guerra del Infinito

 

7 de julio

Ha muerto Steve Ditko

Actualizado el calendario de estrenos de Marvel Studios

 

6 de julio

Shatterstar #1, por Tim Seeley y Carlos Villa

Tributo conjunto a la portada de Infinity Gauntley #1

 

3 de julio

Planning de Marvel para SDCC 2018

 

2 de julio

Marvel anuncia nuevos títulos de Infinity Warps

 

ULTIMATE X-MEN 5: EL MUNDO COMO PREMIO

2003 fue un año en el que grandes proyectos que habían comenzado algún tiempo atrás llegaron a su final. En cines, concluyeron trilogías tan importantes como las de Terminator, Matrixy El señor de los anillos. En lo que a Marvel respecta, se puede dar por terminada la época de experimentación con la que había arrancado el siglo. Asentadas sus grandes franquicias fílmicas (Spider-Man y X-Men), los acuerdos que estaban cristalizando con algunas productoras dieron lugar al salto de personajes menos populares, como Hulk o Daredevil. Todavía faltaba un tiempo para que Bill Jemas, el presidente de la editorial, que había erigido el riesgo por bandera, abandonara Marvel, pero lo cierto es que su influencia ya estaba en caída libre, mientras que Avi Arad, en lo más alto de la cadena alimenticia de La Casa de las Ideas, buscaba una fórmula para llevar a cabo el recambio de la forma más discreta posible.

 

Los movimientos alrededor del Universo Ultimate ejemplifican este cambio de época. Había sido el proyecto más ambicioso de Jemas y aquél que había ofrecido mejores resultados a Marvel, pero lo cierto es que, una vez asentada la línea, en la editorial se proponían llevar sus presupuestos de relevancia y espectacularidad a las publicaciones más clásicas, un movimiento que enseguida se consumaría con el fichaje de Joss Whedon para escribir Astonishing X-Meny el salto de Brian Michael Bendis a Los Vengadores. Hasta entonces, el Universo Ultimate había estado orquestado alrededor de Bendis y de su compañero Mark Millar. A partir de ese momento, ambos consagrarían sus esfuerzos al Universo Marvel convencional, el primero a través de la renovación de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra, el segundo con impresionantes etapas en Lobezno y Spiderman.

 

Bendis amaba Ultimate Spider-Man por encima de todas las cosas y mientras estuviera dispuesto a seguir escribiéndola, en Marvel no tenían inconveniente en que así fuera. El caso de Millar era bien distinto. La filosofía de la que siempre había presumido es que no permanecería en ninguna serie más allá de lo estrictamente necesario. Para el escocés, la medida perfecta era un año de tebeos. En ese margen, daba tiempo a narrar aventuras tan intensas como espectaculares. Es lo que haría, de hecho, con el mutante de las garras de adamántium y con el trepamuros. Pese a que algunas habían señalado las semejanzas entre Millar y Bendis, eran más destacables sus diferencias. Mientras el primero volaba por libre, el segundo, quien lo iba a decir del que fuera uno de los mayores abanderados de la independencia en el cómic, se introduciría hasta la cocina en el engranaje de La Casa de las Ideas.

 

Lo sorprendente, por tanto, no fue que Mark Millar abandonara las labores literarias de Ultimate X-Men una vez concluido el tercer año de vida de la serie, sino que un culo inquieto como él tardara tanto en hacerlo. En aquel momento, el título seguía instalado en unas excelentes cifras de ventas, que todavía mejoraban más con el lanzamiento de tomos recopilatorios en los más diversos formatos. Millar recuerda que los ingresos que le llegaban por los mutantes eran extraordinariamente elevados, pero decidió que era el momento de dejarlo, por más que todos los que le rodeaban dijeran que estaba loco y por más que se hubiera encariñado con los personajes. Se sentía un tanto como Peter Jackson, el director de la trilogía de El señor de los anillos, satisfecho por llegar al final pero melancólico por despedirse de sus compañeros de camino. No es extraño que la última saga recibiera el título de “El retorno del rey”, en claros paralelismos con el último largometraje de la trilogía de los anillos: la lectura metalingüística era evidente. Pero “El retorno del rey” hacía alusión también a la vuelta del primer y esencial villano de La Patrulla-X: Magneto se disponía a lanzar su órdago definitivo contra la humanidad, algo que venía cocinándose desde muchos números atrás y que permitiría a Millar enlazar su historia con todos los grandes temas que había utilizado hasta ese momento, sin renunciar tampoco a su idea de que cada arco de Ultimate X-Men respondía a la manera en la que él veía las películas de Bryan Singer y cómo éstas podían dar un paso más allá en el papel impreso

 

Todo había empezado como en el cómic original de Stan Lee y Jack Kirby, con el enfrentamiento dialéctico entre Charles Xavier y Magneto acerca de la posición de los mutantes con respecto a la humanidad. Estaba el pacifista Xavier y el terrorista Magneto, y con eso Millar había compuesto una melodía que, partiendo de un modelo escrito en los años sesenta, conseguía ofrecer una parábola sobre la época moderna. Como si de un blockbusterveraniego se tratara, “La gente del mañana” finalizaba con una gigantesca explosión de la que cabía inferir la muerte de Magneto. Sin embargo, al final de “Regreso a Arma-X”, el siguiente volumen de la serie, Xavier reveló que Magneto seguía con vida y que formaba parte de la siguiente fase de su plan de integración de los mutantes en la sociedad. El mentor de La Patrulla-X demostraba, como ocurría en las películas de Singer, una fe inquebrantable en sus semejantes, incluso en aquellos que se habían demostrado más allá de toda redención. Y sí, el Magneto desprovisto de sus recuerdos parecía haber dejado atrás el odio… Pero el espejismo duró tanto como la amnesia. Recuperada la memoria, el villano volvía a golpear, lo que llevaría al choque de La Patrulla-X contra los Ultimates en “Ultimate War”, y de ahí a la aventura que nos ocupa, en la que Magneto se lanza a la dominación global.

 

El espectáculo pirotécnico está ahí, trazado con maestría por Millar a través del gigantesco arte de los dibujantes: Adam Kubert, el artista con el que arrancara el proyecto, y David Finch, aquél que se quedaría aquí tras la marcha del escritor. Por encima de los fuegos de artificio, “El retorno del rey” es la historia de dos amigos que se han distanciado lo indecible. Al contrario que el Magneto cinematográfico que luego mostraría X-Men: Primera generación, que recorre el camino hacia el lado oscuro como consecuencia de su tragedia vital y que, aún siendo responsable de la discapacidad de Xavier nunca pretendió causarla, el Magneto de Millar ha borrado cualquier rasgo de humanidad, y el momento que marca tal renuncia se produce cuando no sólo vuelve la espalda a Xavier sino que se decide a eliminarlo. Primero de muchos intentos: mientras Erik siempre tratará de acabar con su vida, Xavier siempre tratará de recuperar al amigo que una vez tuvo, y quizás sea su mayor error porque, como bien intuye el lector, Magneto está más allá de la redención. Es el villano definitivo de esta Patrulla-X definitiva, algo que demuestra con cada uno de sus actos, refinadas maneras de acabar con sus enemigos revestidas de una falsa nobleza.

 

“El retorno del rey” señala un brillante final a una época irrepetible. A Ultimate X-Mentodavía le quedarían grandes momentos por ofrecer a los lectores, algunos de la mano de un Bendis que aceptó caballerosamente sustituir al que había sido su compañero durante esos trascendentales años. No obstante, estos mutantes nunca llegarían a brillar tanto, ni La Patrulla-X nunca sería tan icónica y esencial como cuando Millar guiaba su destino.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 5

ULTIMATE X-MEN 4: EL EXORCISMO DE JEAN GREY

¿Cómo adaptar, actualizar, homenajear e incluso superar una de las mejores aventuras de la historia del cómic, reconocida mundialmente como la cúspide de las sagas del Universo Marvel en general y de La Patrulla-X en particular? Con mucho cuidado, pero sin miedo al fracaso. Con mucho talento, consciente de que se está emulando a dos genios del Noveno Arte, como fueran Chris Claremont y John Byrne en su mejor momento creativo, y con unas gotitas de ego, algo que no puede decirse que le falte a Mark Millar.

Corría 2003, y Ultimate X-Men ya se había consolidado como uno de los cómics más rompedores que podía encontrarse en el mercado. La cabecera conseguía caminar por el delicado filo en el que confluía el atrevimiento y la personalidad de Millar a la hora de narrar epopeyas superheroicas, el homenaje al concepto original de los mutantes de Marvel y la referencia a las adaptaciones que estaba llevando a cabo el Séptimo Arte. El 2 de mayo se estrenaría la segunda parte de la franquicia, aunque en Marvel ya tenían una idea bastante aproximada de que no sólo abordaría el tema de Arma-X, motivo que había llevado a Millar a ofrecer su propia versión de la historia en el segundo arco argumental de Ultimate X-Men, sino que habría sorpresa final: algo relacionado con Jean Grey. La admiración que Bryan Singer había confesado hacia El imperio contraatacapermitía aventurar la posibilidad de un final en continuará, y que ese continuará no fuera otro que el nacimiento de Fénix. El tema estaría ahí, por lo que convenía acometerlo cuanto antes también en la versión definitiva de los cómics, y que la ocasión coincidiera con la llegada al #25 USA se antojaba como una excelente manera de celebrarlo.

 

Millar era consciente de que Singer y los suyos, de cara a tomar la saga original como referencia, aplicarían el mismo método utilizado con anterioridad: quedarse únicamente con aquello que les pudiera servir a su idea realista y relevante de los mutantes. Era, de hecho, lo que él mismo venía haciendo en Ultimate X-Men, así que no había nada que objetar, puesto que su proceso creativo era muy similar, cuando no idéntico. En la continuidad tradicional, Jean Grey se había transformado en Fénix en Uncanny X-Men#101 USA(1976. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-Xnº 1), como consecuencia de un trauma que le llevaba a forzar sus habilidades al máximo. De haber sido el eslabón débil del equipo, había pasado a alzarse como la equivalente a Thor en Los Vengadores: el miembro más poderoso, el que podía resolver las situaciones complicadas. Pero en realidad Chris Claremont y John Byrne trataban de narrar una metáfora sobre la perversión del poder. En una larga trama argumental, llevaron a Jean a la locura, hasta el punto de que aniquiló toda una civilización alienígena. El imperio galáctico de los Shi’ar se propondría entonces eliminarla, pero Jean acabaría el trabajo por sí misma, al suicidarse en el mítico Uncanny X-Men#137 USA (1980. MG: IPX nº 2). Revisiones posteriores de la historia servirían para señalar a Fénix como una fuerza de la naturaleza, que se encarnaba a través de un huésped, e incluso se llegaría a resucitar a Jean Grey, en un abracadabrante episodio del que la propia Casa de las Ideas se arrepintió al cabo del tiempo.

 

Con todas esas complejidades alrededor de la historia, Millar empezó a escoger todo aquello que le resultaba relevante y desechar todo lo demás. En su historia no tendrían cabida ni alienígenas ni giros argumentales absurdos, algo que ya había apuntado Singer que también eludiría en las películas. En cambio, el concepto de ente incorpóreo que se encarna en una persona elegida sí que lo consideraba capital. Donde Claremont había visto una entidad cósmica, Millar pensaba mejor en una posesión demoniaca, en línea con El exorcista, el filme de 1973 basado en la novela del mismo título escrita dos años antes por William Peter Blatty. Jean Grey bien podía ser alguien que hubiera pasado por un trauma similar al de la protagonista de la película. Charles Xavier habría hecho las veces de exorcista en el pasado… Pero ahora los demonios volvían con más fuerza que nunca, lo que conduciría al guionista al siguiente paso dentro de la trama. ¿Por qué? Ahí estaba el Club Fuego Infernal, la organización que en el cómic original había propiciado la locura de Jean, encajaba en sus propósitos. Veinte años atrás, “A Touch Of Brimstone”, un episodio perteneciente a la cuarta temporada de la mítica serie inglesa de Los Vengadores emitido en 1966, había servido de inspiración a Claremont y Byrne. En él se presentaba a una sociedad compuesta por ricos y acaudalados que vestían de época y planeaban el asalto al poder. En su traslación al cómic, se añadió el detalle de que fueran mutantes, pero se mantuvo el aspecto decadente de sus miembros, incluida una Jean Grey a la que vestían con un espectacular y lascivo corsé negro, que en 1980, momento de publicarse “La saga de Fénix Oscura”, impresionó mucho a los lectores. La versión Ultimate del Club no se alejaría demasiado de eso. Más aún, profundizaría en las raíces arcaicas de la idea. Otro elemento que Millar quiso respetar fue la llegada de Kitty Pryde, la integrante más joven de La Patrulla-X, cuya presentación en Ultimate X-Menes casi literal con respecto a la que se llevó a cabo en Uncanny X-Men #129 USA.

 

Y por si fuera poco, el drama particular de Jean Grey no serviría sino para conectar, sin un minuto de respiro, con otro evento de proporciones descomunales: el primer gran crossoverentre personajes del Universo Ultimate. Anteriormente, Spiderman ya se había encontrado en el camino de muchos de sus colegas superheroicos, en las páginas de Ultimate Marvel Team-Up, pero Millar quería ir un paso más allá: recuperar el espíritu de los primeros choques entre los grupos de La Casa de las Ideas, cuando todavía no se conocían entre ellos y cualquier excusa era buena para que se produjera una monumental batalla. Como todo tiene que ser grande en la imaginación del escocés, la excusa era un atentado terrorista perpetrado por cierto villano mutante, que guardaba grandes ecos con los ataques del 11-S, muy frescos en la memoria mundial apenas dos años después de haberse producido. Fue la manera en que los Ultimates se enfrentaran contra La Patrulla-X, en una historia en cuatro episodios que, dada su importancia capital, se decidió extraer de la cabecera de este último grupo, aunque estuviera plenamente integrada en los acontecimientos que se estuvieran desarrollando en ella, como prueba el hecho de que siempre se haya recopilado conjuntamente con la misma, como ocurre en este volumen.

 

Pero Ultimate Wartampoco marcaría un punto y final, todo lo contrario: asentaría las bases para el último arco argumental de Ultimate X-Menescrito por Mark Millar, una despedida apoteósica de una etapa que, como aquélla de Claremont y Byrne con la que compartía tantas semejanzas, no hacía sino aumentar el riesgo de sus apuestas con cada paso que daba.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 4

1984. LA PATRULLA-X Y ALPHA FLIGHT: LA REUNIÓN DEL DREAM TEAM QUE NUNCA OCURRIÓ

ES 1984. ¿En qué llevan razón quienes critican a Marvel por aprovechar el filón X-Men? Productos tan honrosos como Muerte vivaconviven con otros que lo son algo menos, como las miniseries Iceman  y Beauty and the beast (ambas de XII 84-VI 85), o Nightcrawler(XI 85-II 86). Mary Jo Duffy, una de las mejores amigas de Claremont, trabaja en The Misfits, título derivado de The New Mutantsque no acaba de encontrar fecha de publicación; y otros autores preparan proyectos más o menos oportunistas, protagonizados por mutantes de pega, como es Firestar(III 86-VI 86), mediocre inserción en el Universo Marvel de una heroína procedente de la serie de dibujos animados Spider-Man and his amazing friends. La única miniserie en la que trabaja Claremont este año es un proyecto que Jim Shooter lleva sugiriendo desde hace meses. El director editorial pretende reunir de nuevo al Padre Mutante con John Byrne. Se trataría de que ambos hicieran una miniserie protagonizada por la Patrulla-X y Alpha Flight, grupo cuya colección creara Byrne dos años atrás. Se anuncia la salida para ese mismo invierno y Claremont, siempre cuidadoso con la continuidad, inserta la historia entre medias del UXM 192.

En cuanto Ann Nocenti, editora mutante, y Dennis O’Neil, editor de Alpha Flight, empiezan a trabajar en el nuevo título, Byrne anuncia que cambia cromos con Bill Mantlo. Éste pasa a encargarse de los Alphas y él a ocupar Incredible Hulk. En principio, no tiene por qué haber problema para que siga adelante el crossover con la Patrulla-X, pero el canadiense se desentiende del proyecto. Alega que su llegada a la colección del coloso esmeralda y la preparación de una novela gráfica dedicada a Hulka se llevan veinticinco horas diarias de su tiempo. Los editores insisten en seguir adelante sin Byrne, aunque sea con un especial de treinta y dos páginas que aproveche lo que llevan avanzado, pero es necesario un dibujante. Nocenti llama por teléfono a Paul Smith.

 

-Hola chico. ¿Te apetece hacer un número especial de la Patrulla-X?

-Déjalo, Ann. Seréis muy majos y todo lo que tú quieras, pero no me interesa la Patrulla-X. Estoy harto de que sólo me pidan dibujos de la Patrulla-X. No quiero que me volváis a llamar para hacer un cómic de la Patrulla-X. ¿Vale? Venga, un beso.

 

Por la tarde, Smith se acerca a una tienda de motocicletas. Antes de entrar, se queda pegado al escaparate. Acaba de enamorarse. Ella es la última BMW. La primera desde los años cincuenta que lleva un flamante motor nuevo. Tiene que ser suya.

 

-Hola Ann, soy Paul Smith. Me acabo de enterar que antes has llamado a casa y has hablado con mi Malvado Hermano Gemelo. Eso que te ha dicho de que no quiero trabajar para vosotros es mentira. Estoy deseando volver. ¡Con lo que a mí me gusta la Patrulla-X! De hecho, ¿qué es eso de treinta y dos páginas? ¡quiero dibujar cien!

 

Cien páginas de Paul Smith es igual a lo que cuesta una BMW nueva de 1985. El especial se convierte así en una miniserie compuesta por dos números dobles. Para completar el equipo creativo, se recupera a Bob Wiacek, entintador de Smith durante su etapa en Uncannyy que ahora se ocupa de Power Pack. Puesto a elegir villano, Claremont decide olvidarse de los habituales de la Patrulla-X y ni acercarse a los que Byrne ha creado para Alpha Flight. A sugerencia de los editores, recurre a Loki, el malvado hermanastro de Thor, lo que entronca con la gran saga que viene desarrollando Walter Simonson en la colección del Dios del Trueno. Claremont nunca ha trabajado con las deidades asgardianas, por eso le resulta mucho más sencillo dejar de lado los típicos planes de conquista del Señor de la Mentira para entrar en su retorcida mente. ¿Cómo actuaría Loki si le obligaran a comportarse con bondad? De esa pregunta nace la historia. Loki hace un regalo a los humanos. Les concede una fuente de poder que transforma en poco menos que dioses a quienes pasen por ella. Los primeros agraciados son la tripulación de la avioneta que pilotan Madelyne Pryor y Cíclope. El guionista los denomina provisionalmente the Bersekers, el nombre que utilizan los guerreros mitológicos encargados de proteger a Odin, y encarga a Smith que los diseñe a partir de una vaga influencia asgardiana. Éste se basa en los Thorde Walter Simonson para crear personajes individualizados con poderes más místicos que superheroicos. A pesar de que recuperen su normalidad una vez terminada la aventura, Claremont no descarta recuperarlos en un futuro que nunca llega.

“Aprendí muy joven que las cosas no se obtienen gratis. Quiero saber el precio”, dice Estrella del Norte. El precio del regalo de Loki es la pérdida de la magia sobre la Tierra. Los seres mágicos, como Shaman o Ave Nevada, comienzan a agonizar, mientras que los demás olvidan su capacidad para concebir historias. En lugar de la típica lucha de un grupo de superhéroes contra otro, hombres-X y Alphas se agrupan en función de los que están decididos a sacrificar la vida de sus amigos (Coloso, Sasquatch, Madelyne o Rachel) y aquellos que sostienen que el fin nunca justifica los medios (Lobezno, Cíclope, Xavier, Estrella del Norte, Talismán o Kitty).

La pelea termina con la llegada de Loki, dispuesto a obligar a que acepten su regalo aquellos que no lo quieren. Loki no puede actuar bien, concluye Claremont. Eso significa que se comporte desinteresadamente. Pero su naturaleza embustera no concibe hacer nada por nadie sin esperar algo a cambio. La miniserie resultante sigue la línea del equipo creativo. Una sólida historia construida sobre excepcionales personajes magníficamente tratados que sienten y se comportan como si fueran reales. Satisfecho con el resultado, tan alejado de los escenarios y las situaciones propias de los hombres-X, Claremont decide continuar en los anuales mutantes de ese mismo año. Sucede que Paul Smith ya tiene suficiente dinero para comprar su moto.

Ann Nocenti sugiere entonces el nombre de Arthur Adams, con quien acaba de terminar la miniserie Longshot. (IX 85-II 86). Adams, un chaval californiano de apenas veintidós años, tiene un estilo lleno de barroquismo y belleza. Necesita una obra que le consolide y, a pesar de su lentitud, accede a dibujar los dos especiales. La acción traslada a los Nuevos Mutantes primero y a la Patrulla-X después a Asgard, lo que requiere la coordinación con Ralph Macchio y Walter Simonson, editor y autor, respectivamente, de Thor. Simonson les detalla cuál va a ser exactamente la situación en el país de los dioses nórdicos en el momento en que sea visitado por los chicos de Xavier, además de incluir un par de referencias mínimas en el Thor 362 (XII 85). Claremont le promete tener cuidado con el tratamiento de los personajes y escenarios. Todo tiene que encajar como un inmenso puzzle, para acentuar la coherencia del Universo Marvel. A continuación, Claremont entrega a Adams un centenar de folios con el argumento de cada Annual. Ambos autores están apasionados con la historia, que empieza a crecer y crecer, en paralelo a sus cuentas de teléfono. El número de los bebés-X salta enseguida de cuarenta y ocho a sesenta y cuatro páginas dibujadas. Existe un New Mutants Annual1 publicado en 1984, último estertor de Bob McLeod en la colección. El de Arthur Adams debería ser el Annual2, pero Nocenti quiere destacar de alguna forma la excepcionalidad del producto, por eso le encarga a Adams una portada doble y decide denominarloNew Mutants Special Edition 1. La segunda parte se queda como Uncanny X-Men Annual 9. La complejidad llega a un nivel tal que Nocenti escribe una columna en el Marvel Age en la que explica cuál es el orden en el que tiene que leerse cada una de las partes de la saga. “Dieciocho mutantes viven en la Mansión-X”, explica Nocenti. “Y eso sin contar con invitados y amigos. Este verano van a viajar de El Cairo a Asgard, de Asgard a París, y de París a Etiopía”

1985. DE CÓMO LA FURIA DE ALAN MOORE ALTERA DOS AÑOS DE ARGUMENTOS

Etiopía es, durante 1985, una referencia obligada para la industria del ocio. Al mismo tiempo que en la oficina-X preparan los especiales de Asgard, un grupo de cantantes entre los que se encuentran figurones tales como Bruce Springsteen, Michael Jackson o Tina Turner publican el disco coral USA for AFRICA We are the world, iniciativa de Bob Geldof destinada a recaudar fondos para paliar el hambre en el Continente Negro. A rebufo de la ola caritativa que recorre America, Berni Wrightson sugiere a su amigo Jim Starlin que preparen un cómic que sea el USA for AFRICA de Marvel, con los mejores guionistas y dibujantes de la industria trabajando por tan honorable causa. Starlin habla con Jim Shooter, al que le parece una gran idea. No es la primera vez que la editorial ha publicado tebeos con fines benéficos, como por ejemplo el Power Pack and Spider-Man (1985) destinado al Comité Nacional para la Prevención del Abuso Infantil. Al día siguiente, Shooter trata el tema con Mike Hobson y Jim Galton, publisher y presidente de Marvel, respectivamente. Ellos creen que, si los autores van a donar sus sueldos, la Casa de las Ideas debería hacer lo mismo. Puestas también al corriente, al carro de la solidaridad se suben tanto la distribuidora Curtis Circulation como algunas librerías especializadas. Se decide que el cómic esté protagonizado por la Patrulla-X, los protagonistas de la serie regular que mejor vende. También se anuncia a distribuidores, libreros y lectores que la tirada será única. Una vez terminada la impresión, se destruirán los fotolitos. La venta completa de la edición queda así asegurada.

 

El proyecto recala en Ann Nocenti y Chris Claremont, que se ocupan de reclutar a los guionistas, mientras Starlin y Wrightson se encargan de los dibujantes. El argumento básico se prepara entre los cuatro. La sesión creativa empieza a mediodía, en un restaurante, y se extiende hasta altas horas de la noche, ya en la oficina-X. A última hora, Shooter añade un par de ideas. El tema principal, comenta Claremont, es que la Patrulla puede salvar el mundo, puede salvar el universo, pero no puede salvar a aquellos que se mueren de hambre. Las escenas son cuidadosamente repartidas en función de quienes han de realizarlas. Stan Lee se ocupa de las páginas de presentación junto a John Romita Jr. y John Buscema.

 

Tras éstas, la acción se divide en arcos de entre dos y tres planchas protagonizados por los diferentes hombres-X. John Byrne accede a dibujar la segunda secuencia, que cuenta además con el entintado de Terry Austin. Tampoco ahora llega a reunirse el Dream Team. Quien escribe la escena no es Claremont, sino Weezie Simonson.

Berni Wrightson convence a su amigo y colaborador ocasional Stephen King para que escriba la terrorífica secuencia en la que el villano, nada menos que la encarnación del hambre, tortura a Kitty.

Alan Moore y Richard Corben se ocupan de que Magneto se enfrente a su horrible pasado (impagable la viñeta en la que Hitler reconoce al Amo del Magnetismo como su más avanzado pupilo).

Frank Miller comparte su reencuentro con Lobezno con el aclamado autor de ciencia-ficción Harlan Ellison, esta vez acompañado de las tintas de Bill Sienkiewicz.

Claremont se reserva las páginas dedicadas a Tormenta, en las que une sus fuerzas a las de Brian Bolland, uno de sus dibujantes predilectos.

Mike Baron y Steve Rude, responsables del independiente Nexus, ofrecen a continuación su visión del grupo al completo.

George R.R. Martin, otro gran escritor de terror, se ocupa de las páginas en las que la Patrulla-X llega a Etiopía en busca de su enemigo.

A los ya mencionados se añaden los nombres de Bill Mantlo, Mary Jo Duffy, Denny O´Neil, Joe Sinnot, Bob Layton, Brent Anderson, Klaus Janson, Clarles Vess, Mike Kaluta, John Bolton, Bruce Jones, Steve Englehart, Paul Gulacy o el mismísimo Jim Shooter. El cómic lo cierran Archie Goodwin, Howard Chaykin y Walt Simonson. En total, ochenta y dos guionistas, dibujantes y entintadores repartidos en veintiún equipos creativos.

Claremont entiende X-Men: Heroes for hope como un gran tributo a todos aquellos que han trabajado en la serie en los últimos diez años. Por una vez en la vida, otros escritores tienen la oportunidad de poner su rúbrica en un cómic protagonizado por sus chicos. El gran Patriarca Mutante no sabe muy bien como sentirse. Normalmente, no le resulta cómodo que los hombres-X aparezcan como invitados en otros títulos. Dichas apariciones, si se hacen correctamente, pueden dar una idea general de verosimilitud, pero casi siempre son un mero truco publicitario para vender más. Tanto Weezie primero como Ann después han seguido la política de complicar las cosas a quienes deseen utilizar a los hombres-X en otras colecciones. Heroes for hope es diferente, un caso puntual que no va a repetirse en el futuro. Claremont se estremece cuando lee las páginas dieciséis a dieciocho, escritas por Alan Moore. Este chico ha sido capaz de definir a Magneto mucho mejor de lo que yo he conseguido hacerlo nunca, y en tan sólo tres páginas, piensa. Da igual. Alan Moore nunca trabajaría para Marvel. Además, si hay alguien imprescindible para la Patrulla-X, ése es Chris Claremont.

 

Inmerso en la actividad frenética que suponen la miniserie con Alpha Flight, los especiales con Arthur Adams y la coordinación del Heroes for Hope, le queda todavía hacer frente al siguiente gran acontecimiento mutante de la temporada, el UXM 200, donde tiene lugar el juicio a Magneto por crímenes contra la humanidad.

Un número antes, en el UXM 199 (XI 85), la Hermandad de Mutantes Diabólicos, convertida ahora en Fuerza de la Libertad al servicio del Gobierno, intenta capturar a su antiguo líder. No llegan a conseguirlo, pero él mismo se entrega. “Siempre he estado huyendo de y escondiéndome. Por mi propio bien y el de los mutantes, ha llegado la hora de enfrentarme a mis acusadores a mi destino”, dice. Cincuenta números después de haber comenzado el duro camino hacia el perdón, Magneto comparece ante el Tribunal Internacional que se ocupara del juicio de Nuremberg (UXM 200, XII 85).

Al frente de la acusación está James Jaspers es un fanático perseguidor de superhéroes con capacidad para alterar la realidad y que proviene del serial inglés del Capitán Britania, publicado por la filial de la compañía en Gran Bretaña.

La aparición de Jaspers insinúa un largo argumento destinado a durar los dos años siguientes: Nimrod, el centinela llegado del futuro, va a fusionarse con La Furia, un androide creado por Jaspers que en las historias del Capitán Britania escritas por Alan Moore ha llegado a exterminar a los superhéroes de varios mundos alternativos. Esta nueva amenaza destruirá a Los Morlocks y al Club Fuego Infernal, además de enfrentarse a La Patrulla-X en varias batallas, durante las que Rondador Nocturno se verá gravemente herido. Kitty logrará derrotarlo, con sus poderes de fase, pero también sufrirá las consecuencias. Junto a Rondador, Coloso y Longshot, un nuevo miembro del grupo que ha introducido Ann Nocenti en una miniserie dibujada por Arthur Adams, se marcharán a vivir a Inglaterra. A largo plazo, de todo ese plan surgirá un nuevo equipo, llamado Excalibur. En paralelo, Jaspers se aliaría con la fusión entre Nimrod y La Furia, para reavivar el racismo contra los mutantes. Como respuesta, La Patrulla-X se verá obligada a aliarse con otros mutantes a escala mundial. La batalla final obligará a Forja a unirse con Roma, una deidad que fuera introducida por Claremont en la creación del Capitán Britania, y juntos desterrarán a Jaspers y la criatura a una dimensión paralela, pero en el proceso Jaspers utilizará sus poderes para alterar radicalmente a La Patrulla-X.

 

Cuando Alan Moore, el escritor de las aventuras de Britania en que aparecía Jaspers, descubre esos planes, se enfurece y plantea un problema legal a Marvel al respecto de la utilización de los personajes que él ha creado durante ese periodo. Se resolverá al cabo de un tiempo, pero mientras tanto los abogados de Marvel aconsejan que ningún elemento procedente de esas historias sea utilizado en los cómics. Claremont se ve, por lo tanto, obligado a eliminar tanto a Jaspers como a La Furia de su planificación. Recurrirá, en su lugar, a otros personajes, pero, más allá de esta circunstancia, los cómics que va a escribir en los dos años siguientes mantienen muchas de las situaciones planteadas desde el principio.

La defensa de Magneto que esgrimen sus abogados, Gabrielle Haller y Charles Xavier, es la misma que lleva haciendo Claremont en los últimos años a todos aquellos que quieran escucharle. “Magneto”, explica Gabrielle, “fue convertido en niño… Puede decirse que su vida volvió a empezar. El hombre que era dejó de existir. A todos los efectos, murió. Esa es la máxima pena para cualquier crimen”

“Estamos ante la evolución de un hombre”, dice Claremont. “En nuestro propio mundo, durante treinta y cinco años, Menachem Begin fue considerado un terrorista por el gobierno británico. Ahora, tras su retiro, se ha convertido en primer ministro israelí, respetado en gran parte del mundo. Hace diez años, los vietnamitas eran nuestros peores enemigos. Quién sabe lo que pasará dentro de otros diez. Todo es posible”. No hay veredicto para el Amo del Magnetismo, ya que el juicio no llega a concluir a causa de la intervención de los hijos del Barón Strucker, a quien combatieran Xavier y Magneto en su juventud. La pelea agrava las heridas de Xavier sufridas durante el apaleamiento del UXM 192. Sólo la llegada de Lilandra le permitirá sobrevivir, pero la emperatriz shi’ar necesita curarlo en el espacio, sin asegurar cuando va a devolverlo a la tierra. Llegado a esta situación extrema, el Profesor-X obliga a que Magneto dé un paso al frente:

-Ve a mi escuela. Vigila a mis hombres-X. Enseña a mis Nuevos Mutantes.

-Imposible. Nunca me admitirían.

-¿Tienes miedo?

-Tengo mis razones. No soy digno de tu confianza ni de esa responsabilidad, Charles. No me pidas algo que no puedo cumplir.

-Prueba que eres digno. Piensa en Israel, cuando eras joven. Los sueños. Los ideales que compartimos. Después tomamos caminos distintos. Has dicho que te equivocaste. Que rectificarías. Ésta es tu oportunidad. Haz lo que nadie cree que puedes hacer.

-¿Y si fallo? ¿Y si traiciono tu sueño?

-¡”Nuestro” sueño, maldita sea! Nunca lo sabrás si no lo intentas.

El juicio de Magneto culmina el proceso iniciado por Claremont en el UXM 150: el cambio de bando del que fuera el peor enemigo de la Patrulla-X, un revulsivo equiparable a la muerte de Fénix, una catarsis que da por completo la vuelta a la strip. Puede que Xavier no haya muerto pero, en la práctica, su salida es poco menos que definitiva. El Profesor-X no volverá a dirigir a sus alumnos, no mientras la decisión esté en las manos del Padre Mutante. La Patrulla-X vuela ahora en solitario y Magneto, tras su promesa a Xavier, se ha convertido en el profesor de los Nuevos Mutantes, cargo que ejerce a partir del TNM 35 (I 86). La sorpresa constante vuelve a ser una de las principales características de la serie. Lo que no espera Claremont es que el sorprendido sea él.

1985. DIFÍCIL DESPERTAR

Chris Claremont, Ann Nocenti y John Romita Jr., en una fotografía perteneciente al blog de Jim Shooter

Es verano de 1985. Como cualquier verano de los últimos cuatro años, Chris Claremont asiste a la San Diego ComicCon. De todos los invitados, es el único guionista cuya sesión de firmas congrega a multitudes numéricamente superiores a las que se acercan a conocer a Frank Miller o a conseguir un dibujo de John Byrne. Éstos le envidian que sea el que más chicas atraiga a la feria. Los dossiers de prensa dedicados a Claremont, escritos por su mujer, contabilizan orgullosos el inmenso número de palabras que el Patriarca Mutante puede introducir en un cómic. Mientras otros presumen de grandes dibujos, él lo hace de una prosa sin competencia en el medio. “Con todos ustedes, señoras y señores, el autor de la Patrulla-X”. Nada de “el guionista”: el autor. El único de la Marvel de Jim Shooter al que se le permite hacer gala de ese título. Sigue un minuto de aplausos. Después, Claremont, que viste como un explorador africano, demuestra ser un conversador inagotable. Habla de la colección, de los próximos proyectos, de Lobezno, de Tormenta, de los bebés-X. Saca el anecdotario. Alaba a sus chicos, Weezie, la mejor amiga, la más divertida, la más grande editora, ahora también excepcional guionista; Ann, maravillosa Ann; Glynis Wein, considerada la mejor colorista del medio ¿por qué si no iba a estar con nosotros? Sólo trabajo con los grandes; Tom Orzechowski, de igual manera, el mejor rotulista de la industria, capaz de colocar interminables parrafadas en el lugar apropiado. Claremont ha cedido a Tom parte de sus incentivos como escritor del cómic más vendido de América, un gesto que nadie antes ha hecho por un rotulista. No quiere que ningún otro escriba sus palabras. Salen las preguntas sobre los dibujantes. Uncanny X-Men es la Escuela de Jóvenes Talentos. En sus aulas se han graduado John Byrne, Paul Smith, Arthur Adams, John Romita Jr. Quien dibuje los guiones de Claremont sabe que su trabajo, lejos de quedar en segunda fila, saldrá reforzado y listo para otras colecciones en las que los argumentos apoyen lo visual sobre lo escrito. Algunos, como Alan Davis, sienten que la responsabilidad es demasiada. Davis es el británico que, durante años, ha dibujado el serial del Capitán Britania para la Marvel inglesa. En los últimos meses, Claremont le ha ofrecido varias veces la posibilidad de dibujar Uncanny. Davis se ha negado siempre, no porque no quiera, sino porque tiene miedo, miedo a no estar a la altura, a no saber dibujar un montón de cosas. “Si te ocupas de Uncanny X-Men van a estar comparando tu trabajo con el de John Byrne, y no quiero pasar por eso”, dice. Prefiere el más discreto escaparate que supone Batman and the Outsiders, en DC. Cada día, sin embargo, se repite a sí mismo: “Dios, ¿qué he hecho?, ahora podría estar dibujando a la Patrulla-X”

 

Sigue la charla. Claremont prefiere no hablar de Byrne, aunque gran parte de las cuestiones trate sobre su relación profesional. Como mucho, los que quieran buscar segundas intenciones a sus palabras encuentran una cierta amargura. El secreto para hacer guiones épicos, revela, es trabajar siempre con un fondo musical majestuoso. Wagner me ayudó mucho en la aventura de Asgard, bromea. Si le preguntan por su hombre-X favorito, contesta, invariablemente, que los quiere a todos por igual. Son como mis hijos, dice el orgulloso Patriarca Mutante. Han sido parte de mi vida durante un tercio de ella. Me duele no tener suficientes viñetas para todos. Me gustaría que vivieran felices, que crecieran, se casaran y tuvieran dos hijos, dos coches y dos casas. Pero no puedo hacerlo. Tengo que ponerlos en todas esas situaciones desagradables y espantosas. ¿Qué hay de los misterios que va olvidándose de resolver? ¿Qué ha sido de la isla de Magneto? ¿y del parentesco de Rondador y Mística? ¿y del Acta de Registro Mutante?, bombardea algún fan ansioso. Bueno, la verdad es que tengo apuntadas casi todas esas cosas, espero no haber perdido el cuaderno. ¡No!, es broma. Sí, es verdad que me gusta alargar algunas situaciones, pero prometo resolverlas. Quiero ir poco a poco. Si lo contara todo y lo resolviera todo, sonríe Claremont, ya no habría nada que os interesara de la serie. Y no pienso quedarme en el paro. Señor Claremont, ¿que cómics lee habitualmente?, interroga siempre alguien. Nexus, Jon Sable, Love and Rockets, Cerebus, Power Pack, Thor, American Flagg!, Swamp Thing, cosas así, responde. Mucho cómic independiente, la renovada Cosa del Pantano a cargo del inglés que hiciera aquel excepcional trabajo con el Capitán Britania y que ahora incorpora algunos de los hallazgos estilísticos de Claremont a su forma de escribir y dos colecciones de la Casa de las Ideas: un cómic escrito por su colaboradora más fiel y otro del marido de ésta. Ni un título Marvel más. Al fin y al cabo, ¿qué puede ser mejor que Uncanny X-Men o The New Mutants? Y la eterna pregunta: ¿Va a volver Fénix?. Una sonrisa, un Quién sabe, bastan. Él sabe que NO va a volver. Su muerte es lo mejor que le ha pasado nunca. Jean Grey vivirá por encima de su cadáver. En Marvel lo saben.

1985. EL IMPACTO DE LA RESURRECCIÓN DE JEAN GREY

Es otoño de 1985. Jean Grey vive de nuevo. La resurrección tiene lugar en un triple crossover, la palabra mágica que alegra los oídos de Shooter. Para acometerlo, Bob Layton se alía con dos de sus mejores amigos, Roger Stern y John Byrne. En la primera parte, escrita por Stern (The Avengers 263, I 86), los Vengadores encuentran una misteriosa crisálida en el fondo de la bahía de Jamaica; en la segunda parte, obra de Byrne (The Fantastic Four 286, I 86) Jean emerge de la crisálida, con la sorpresa de quien lo último que recuerda es estar pilotando un transbordador espacial. En X-Factor 1 (II 86) ocurre el reencuentro de la Patrulla-X original, con un Scott Summers que hace cosas tan opuestas a su personalidad como dejar abandonada a su familia, a Madelyne y al recién nacido Nathan para acudir a los brazos de su antigua amante ahora resucitada. También se asientan las bases del nuevo grupo. Los miembros de X-Factor se harán pasar por cazadores de mutantes, con anuncios en prensa y televisión incluidos. Así podrán localizar mutantes buenos a los que ayudar y mutantes malos a los que combatir. Nadie señala que para localizar mutantes no es necesario montar semejante numerito, sino que basta con recurrir a un localizador electrónico de mutantes, llámese o no Cerebro.

Desde el UXM 137, la muerte de Fénix, hasta el UXM 201, publicado en el mes en el que regresa Jean Grey, Claremont ha explotado al máximo el suspense. Esperad lo inesperado de la Patrulla-X, dice cada mes a sus fans, porque es lo que vais a encontrar. La sensación de imprevisibilidad crece aún más desde el UXM 202, en un intento de contrarrestar los efectos mortales que para la credibilidad de la strip supone la vuelta de la Chica Maravillosa. De igual manera, Claremont evita cualquier posible encuentro de la Patrulla-X con Jean. Cuanto más se ignore la nueva situación más fácil resulta mantener la antigua. Unidos ambos efectos, Uncanny X-Men alcanza unos niveles dramáticos jamás conocidos. Es una Patrulla-X que vive en el arroyo, que se arrastra por callejones sin salida. Que sufran, que el dolor y la angustia condicione sus vidas ahora con más razón que nunca. Como ejemplo radical queda la tercera colaboración de Claremont y Barry Smith, que cambia el protagonismo de Tormenta por el de Lobezno.

Como en Kitty Pryde and Wolverine, una niña, en este caso Katie Power, de Power Pack, acompaña a Logan en un viaje de ida y vuelta a los infiernos. Lobo herido (UXM 205, V 86) contiene veintidós páginas de vértigo vomitivo en las que el guionista introduce en su propio universo mutante hallazgos ajenos. De Longshot, la miniserie de Nocenti y Adams, se trae a Espiral, a quien, meses atrás, ha integrado dentro de la Fuerza de la Libertad de Mística. Espiral es una inquietante bailarina de seis brazos que transforma en una cibernética máquina de matar a Yuriko Osama, la hija del científico que inventó el proceso para recubrir de adamántium los huesos humanos. Aunque el debut de Yuriko, alias Dama Mortal, tiene lugar en Daredevil 197 (VIII 1983), su odio hacia el canadiense procede de los Alpha Flight 33-34 (III-IV 86). En esta aventura, Bill Mantlo explica el primer encuentro entre Logan y los Hudson, además de insinuar que Mac estuvo involucrado en el experimento que transformó los huesos de Logan. Claremont, disgustado con la idea de que alguien tome su personaje y explique parte de su origen en una vulgar aparición especial, se apresura enseguida a afirmar que esa información es irrelevante, que lo sustancial en la vida de Lobezno es lo que ocurrió antes de conocer a los Hudson, sucesos que han de permanecer en la penumbra si se quiere mantener el halo de misterio que rodea al personaje. Siguiendo tal norma de ocultación de datos, en el UXM 205 se sabe sólo la mitad de lo que ocurre. El cómic, narrado desde el punto de vista de Katie Power, empieza cuando la niña se encuentra a Logan medio moribundo, desnudo y siendo perseguido por Dama Mortal y sus secuaces. Igual que el pasado de Lobezno, cómo se ha llegado a esa circunstancia es un misterio encerrado en medias verdades, frases como “Me convertiste en un animal, Dama Mortal” que tienen tantas interpretaciones como quieran dar los que las lean. Para evitar problemas anteriores, en esta ocasión Claremont se sienta a la mesa con Smith y juntos preparan el argumento de la historia. La coautoría de poco sirve. De nuevo Smith hace de su capa un sayo y modifica lo acordado. Sin embargo, lo que llega a enfurecer a Claremont son las notas en los márgenes que deja escritas el dibujante. En ellas trata de explicarle cómo debe escribir la historia. Hasta aquí hemos llegado, es la conclusión inmediata. A partir de ese momento, Smith pasa a ilustrar un buen número de portadas (sobre todo de The New Mutants) mientras queda exiliado de los lápices interiores, a los que no vuelve, más que como medida de emergencia, en el UXM 214 (II 86).

En línea con esa actitud fatalista de respuesta al regreso de Jean, Claremont se deshace bruscamente de la nueva Fénix. Una Rachel que se parece cada vez más a su madre decide matar a Selene. La ejecución no se consuma, ya que Lobezno lo impide al clavar sus garras en el estómago de ella. “Esto Rachel”, dice Logan, “es asesinato. Justifícalo, racionalízalo, pero lo sigue siendo. No es digno de ti, ni de Rachel, ni de Fénix, y mucho menos de la Patrulla-X” (UXM 207, VII 86). A juicio de Claremont, Lobezno no tiene otra alternativa. De haberla dejado actuar, Rachel estaría a un paso de convertirse en Fénix Oscura. “Lo que hace Lobezno”, dice Claremont, “es lo mismo que hubiera hecho Jean Grey de estar en esa situación”. Rachel sobrevive, pero, dos números más tarde, Espiral la introduce en un portal a otra dimensión. Su destino queda reservado para una miniserie.

1991. EL LANZAMIENTO DE X-MEN Y LA MARCHA DE CHRIS CLAREMONT

Es 1991. Weezie Simonson ya no está. La única preocupación de Bob Harras consiste en retener al dibujante que le ha dado a Uncanny unas ventas mensuales de seiscientos mil ejemplares, un veinticinco por ciento más que en los años precedentes. Por primera vez en más de diez años, Chris Claremont descubre un día que el control ya no está en sus manos. Desde la marcha de John Byrne, el Patriarca Mutante ha regido los destinos de la Patrulla-X. Nadie ha discutido nunca eso. Weezie y Ann comprendían, mejor que nadie, que la fuerza creativa la poseía Claremont. Ahora Weezie ha claudicado, y Ann prefiere hacer otros cómics, como Daredevil o Inhumanos, alejados del huracán mutante. Bob Harras es un tipo diferente, buen conversador, agradable y ambicioso, demasiado ambicioso. Un hombre de empresa que toma decisiones pensando en la cuenta de resultados, a diferencia de aquellas chicas que creían que editar un cómic era supervisar el proceso y echar una mano a los autores. En cuanto a los dibujantes, Claremont se ha preocupado siempre de adecuar sus historias al tipo de artista, una forma inteligente de hacer que todos se sientan cómodos tocando la melodía que les pide ese hombre sabio que conoce mejor que nadie a sus mutantes. Unos (Paul Smith, John Romita Jr.), en su papel de artesanos obedientes; otros (Frank Miller, Bill Sienkiewicz) en perfecta sintonía con el guionista, en una simbiosis de la que salen productos inmejorables. Pero Jim Lee piensa distinto. Tras Proyecto Exterminio surgen las primeras diferencias artísticas entre ambos autores. Jim Lee tiene su propia visión de la Patrulla-X, una visión clara y definida que choca de bruces con la de Claremont. Donde éste le pide escenas de hombres-X hablando, sufriendo, llorando, él dibuja acción, acción y más acción. Patadas, rayos, truenos… y chicas. Muchas chicas. El Sport Illustrated Summer Special con superpoderes, las Playmates de Playboy disfrazadas de Pícara, de Tormenta, de Mariposa Mental. ¿Donde han quedado aquellas mujeres que parecían reales? No se las adivina en esa Pícara de caderas imposibles. Sí, por primera vez en más de diez años, Claremont se ve obligado a plantarle cara a su dibujante. Por primera vez en más de diez años, pierde la batalla.

Bob Harras ha conocido el antes y el después. Como editor de X-Factor, conoció el poder de Claremont sobre Marvel, ese poder que se llevaba por delante guionistas (como Bob Layton) y lo que hiciera falta. Siendo editor de Uncanny, Harras ha visto como los mutantes caían en una peligrosa inercia. Seguían siendo los más vendidos, pero no estaba claro por qué. Cuando en 1991 se disparan nuevamente la ventas, basta un análisis frío y calculado para descubrir la causa. Y la causa se llama Jim Lee. Si la Patrulla-X vive una nueva edad de oro es gracias al Chico Midas. Chris Claremont es ahora, en el mejor de los casos, una parte más del engranaje y, en el peor, el obstáculo que impide a ese engranaje funcionar como debiera. Cualquiera que mire más allá de las quejas del guionista sabría verlo. Bob Harras lo ha visto. Lo ha visto más claro que nunca cuando en la oficina-X trabajaban en las dos nuevas colecciones que han de unirse al Spider-Man de Todd McFarlane. Sí, dos, mejor que una. Sesenta días después del lanzamiento de X-Force, llega X-Men.

X-Men es el spin-off definitivo, porque es el primero que va a superar a la serie madre para colocarse a su altura. “X-Men sin adjetivos. Simplemente X-Men”, repite Harras. Igual que el “Spider-Man sin adjetivos. Simplemente Spider-Man”, de Todd McFarlane. No hay ninguna razón especial para lanzar el nuevo título, salvo tener una plataforma que, al igual que a McFarlane, lance a Jim Lee al estrellato definitivo y a Marvel a las mayores cotas de rentabilidad de su historia. Harras lo tiene claro. La Patrulla-X no es un cómic. Es una franquicia, la Franquicia Mutante. Como Star Wars, como el Pato Donald, como Indiana Jones. Y tiene que dar tanto dinero como todas ellas.

De mala gana, Claremont prepara la nueva serie. De nuevo reuniones, reuniones y más reuniones. De nuevo, discusiones, discusiones y más discusiones. Tom DeFalco se une a un grupo de trabajo formado por Claremont, Harras, Lee y Portacio. DeFalco exige una única Patrulla-X formada por cinco miembros. Sus aventuras se continuarían de un título a otro. Claremont será el guionista de las dos, mientras que Lee dibujará la primera y Portacio la segunda. Tanto Claremont como Harras están en desacuerdo con el director editorial. Por su experiencia haciendo crossovers, saben lo difícil que es coordinar a dos dibujantes diferentes para que se repartan una misma historia. Aunque trabajen codo a codo, como es el caso de Lee y Portacio, los errores de racord y las necesarias correcciones acaban multiplicándose exponencialmente. “Eso es hacer mensual la pesadilla de los crossovers anuales. No estoy dispuesto a pasarme el resto de mi vida pendiente de cumplir las fechas de entrega”, dice el Patriarca Mutante. Cree que cada colección debe tener sus protagonistas diferenciados y una personalidad propia. Por eso propone crear dos Patrullas. Con un montón de personajes a su disposición, quedarse sólo con cinco sería un desperdicio de recursos. Después de tantos años, es incapaz de decidir entre media docena.

Por otra parte, Bob Harras quiere recuperar a los hombres-X originales, al actual X-Factor, e integrarlos de nuevo en la Patrulla-X. A Claremont también le seduce la idea de volver a trabajar con Cíclope o la Bestia. “Vale, tenéis razón”, dice DeFalco. “Haced dos Patrullas”. A cambio, X-Factor pierde todos sus protagonistas, pero Harras ofrece un plan de salvación para la serie que pasa por rescatar a varios mutantes olvidados (Kaos, Polaris, Madrox, Loba Venenosa, Fortachón y Mercurio) y ponerlos a las órdenes del Gobierno. Peter David, el popular guionista de Hulk, se hace con los guiones (XF 71, X-91). “A partir de ahora, X-Factor va a ser la hermanita pobre de los mutantes”, le advierte Harras. “Mejor así”, contesta David.

 

En los meses siguientes, Claremont abandona los guiones de Excalibur, ya que no quiere escribir X-Men en el estado de agotamiento absoluto que ahora padece. En Cruce de caminos (UXM 273-277, II-VI 91) deja todo listo para el lanzamiento de la nueva serie. Por un lado, Magneto y Pícara viven una pequeña historia de amor destinada al fracaso. “Ya estoy comprometido. Tanto como puede estarlo un corazón lleno de fantasmas”, se lamenta Magnus, quien rompe definitivamente las promesas que hiciera. “No soy Charles Xavier. Nunca seré Charles Xavier. Fui un idiota por intentarlo. Como él lo fue, por creer que podría conseguirlo”. Paralelamente, la Patrulla viaja al espacio, donde se encuentra con el Profesor-X, los Saqueadores Espaciales y la Guardia Imperial. Lee altera buena parte de la historia, con el consiguiente enfado de Claremont. En el guión que le entrega al coreano no aparecen los skrulls, convertidos por Lee en los villanos de la aventura. Por otra parte, el dibujante reintroduce los uniformes de la Patrulla-X original sin que vengan a cuento. Molesto con los cambios, el Padre Mutante acude en busca del respaldo de Harras, pero no lo encuentra. “¿Qué quieres que haga? ¿Qué me ponga en contra de nuestro dibujante más rentable?”, pregunta el editor. Las discrepancias no acaban ahí. Los planes de Claremont pasan por matar a Xavier. A partir de esa tragedia y en el plazo de un año, Magneto se vería obligado por lo ocurrido a dar un paso hacia delante y ponerse el manto de héroe tanto si le gusta como si no. Tras escuchar esas intenciones, Harras se niega. Lejos de aceptar la muerte del Profesor-X, el editor pretende (y consigue) que Xavier recupere tanto su viejo papel de maestro de mutantes como su oxidada silla de ruedas. En el colmo del sadismo, el calvo vuelve a perder el uso de sus piernas en el UXM 280 (IX 91), tebeo que antecede cronológicamente al X-Men (XM) 1. Por otra parte, Magneto retorna a su papel de villano, ya que así es como debe aparecer en la nueva colección. Se cumplen de esta forma las directrices de Tom DeFalco acerca de la machacona “vuelta a los orígenes”.

Con Xavier en su sitio, el siguiente paso hacia la nueva colección es decidir qué hombre-X se queda en cada grupo. De nuevo reunido con Lee y Portacio, Claremont propone un pequeño juego.

-Vamos a repartir cromos

Ambas Patrullas vivirán en la Mansión, donde se podrá encontrar a cualquiera de sus respectivos miembros. La separación en dos equipos funciona a la hora de entrar en acción. A partir de la terminología empleada en los submarinos nucleares, Claremont denomina Equipo Azul al que interviene en X-Men, y Equipo Oro al de Uncanny. Ninguna de las dos series va a ser la principal, aunque es obligatorio que Lobezno y Cíclope estén en el Equipo Azul. El resto de los personajes se reparten en función de las preferencias de los dos artistas. Portacio sabe sacar gran partido visual al Ángel y al Hombre de Hielo, ya que los ha dibujado en X-Factor. Pasan, por lo tanto, al Equipo Oro; Gambito, Mariposa Mental y Pícara son personajes redefinidos bajo los lápices de Lee, que se los queda para su colección; Coloso y Tormenta completan el Equipo Oro en tanto que la Bestia y Júbilo cumplen idéntica función en el Equipo Azul.

Ya está todo listo para empezar la nueva serie. La única condición que pone Jim Lee es poder escribirla. Junto a Chris, por supuesto. ¿Cómo dejar de lado al Stan Lee de mi generación, al hombre que, hasta hace unos pocos meses, lo era todo para la Patrulla-X? En menos de un año, Claremont se encuentra a sí mismo argumentando la serie junto a ese Chico Midas salido de la nada. ¿Cómo va a conocer los pensamientos, las reacciones de personajes que le doblan la edad? En un mundo justo, Jim Lee debería, como mucho, escribir los diálogos de Júbilo. Pero no hay justicia en este mundo. Lee quiere historias cortas y sencillas, de tres números a lo sumo. Como un niño con zapatos nuevos, el dibujante disfruta diseñando personajes y uniformes. De su bloc de dibujo surgen los Acólitos, un grupo de fanáticos adoradores de Magneto; Rojo Omega, un Dientes de Sable a la rusa, y Belladonna, la nunca antes mencionada esposa de Remy Lebeau. Ha elaborado también nuevos trajes para Cíclope, Jean Grey y Pícara que siguen el modelo iniciado con la gabardina de Gambito. Sobre las típicas telas de colores chillones aparecen cazadoras, bolsillos, bandoleras… Lee ha creado incluso una silla de ruedas cibernética para Xavier.

Y Claremont se engaña a sí mismo. Cree que todo puede volver a ser como era antes. Antes de que se marcharan Weezie, y Walt, y Ann. Antes de sentirse solo, en medio de una cumbre silenciosa. Antes de que el proceso creativo fuera una lucha diaria contra fuerzas demasiado poderosas. Pero hay una prueba definitiva que le demuestra que el “antes” no volverá. Ha tenido una idea genial, la mejor que se le ha ocurrido en mucho tiempo. Ha pensado un argumento que le devolverá el favor de los lectores, que les mantendrá en suspense durante al menos los dos próximos años. Vale, es exactamente lo contrario a las aventuras breves de Lee. Pero es la bomba.

 

-Perdona, Chris. No entiendo, ¿puedes repetírmelo?-, pregunta Harras, escéptico.

-Voy a matar a Lobezno.

-Otra vez, más despacio.

            -Que voy a matar a Lobezno.

 

Claremont ha meditado la estructura hasta el mínimo detalle. Notas iniciales para los argumentos previstos por el Patriarca Mutante para los veinticuatro próximos meses: El primer número de X-Men representa un nuevo comienzo, algo así como “Bueno, vale, si no nos has leído antes, la cosa funciona de esta manera. Aquí tienes la mansión, los personajes, sus motivaciones y su entorno”. Multiplicamos por tres la gran pregunta final del Giant-Size X-Men 1: ¿Qué hacemos con cincuenta y tres hombres-X? El cómic empieza con una gran secuencia de cinco páginas. Decenas de mutantes peleando con otros tantos villanos. Perfecto para Jim Lee. Aparecen Cíclope y Tormenta. No pelean. De hecho, para ellos, parece como si no hubiera lucha. Están sentados, se pasean, toman notas. La imagen se congela. El lector descubre que lo que ha visto es una simulación creada en la Sala del Peligro. Los líderes de la Patrulla la utilizan para combinar las posibilidades de cada miembro. En las siguientes páginas, prueban varias opciones. “¿Lobezno debe estar en el mismo grupo que Júbilo? ¿debemos dejar de lado a una mutante tan joven? ¿dónde metemos a Jean y dónde a Scott?” Tormenta y Cíclope van desechando unas ideas y quedándose con otras hasta que deciden la formación de los dos equipos (Azul y Oro). En medio de todo esto aparece Magneto. Tenemos la pelea de rigor. Magneto y Xavier han llegado a una separación irreconciliable. Magneto está convencido de que la humanidad le traicionará. Xavier de que no. El hombre de Estado frente al terrorista… ¿quién tiene razón? El lector concluye que éste es un mundo desagradable y que la Patrulla-X tendrá que estar a la altura de las circunstancias. Ahora pasamos al segundo número, donde Dama Mortal arranca el corazón a Lobezno. Ambos mueren. En meses posteriores, tenemos funerales, lloros y lamentos, etc. Entonces aparece La Mano, que secuestra el cuerpo de Logan y lo resucita, como hizo con Elektra. Vemos el largo proceso de recuperación. El factor curativo funciona ahora de una manera muy interesante. Se ocupa sobre todo de reconstruir el corazón, mientras deja de lado las extremidades. Sus brazos y sus piernas comienzan a pudrirse mientras el corazón se regenera. Va a ser algo muy, muy desagradable. En el Uncanny X-Men 294, prevé Claremont, Lobezno ya recuperado se convierte en el líder de La Mano. A partir de aquí, la historia continúa de una serie a la otra hasta que alcance un punto en el que Logan luchará por la bondad de su alma. Y vencerá. Paralelamente, el Padre Mutante calcula cada una de las reacciones de los otros personajes. Van desde la de Cíclope (“Lobezno se ha vuelto malo y hay que acabar con él”), a la de  Xavier, que se muestra inflexible acerca de la necesidad de que Logan vuelva a la luz. Jean Grey y Coloso alcanzarán las posturas más radicales. Mientras la primera decide acudir al rescate de su compañero e incluso fingirá ser su amante, Peter llegará a arrancarle las garras en el curso de una pelea.

 

            -Es el mayor conflicto al que se ha enfrentado la Patrulla-X desde que se fundó. Uno de los suyos, el alma del grupo, será su peor enemigo –concluye Claremont, orgulloso.

-Éso no funciona –responde Harras.

 

No funciona porque Lobezno tiene colección propia, no funciona porque Lobezno tiene que aparecer como invitado especial en la mitad de los títulos que Marvel publica, no funciona porque Lobezno es el héroe favorito de todos los chicos que compran Uncanny y que comprarán X-Men. ¿Cómo les explicas a esos chicos que ahora es uno de los malos? No funciona.

Llegados a ese extremo, la discusión se traslada al despacho de Terry Stewart, el presidente de la compañía. Éste da la razón a Harras. Que quede claro: esta empresa funciona como una máquina. Cada mañana vienes aquí, pulsas las teclas adecuadas, el engranaje se pone en marcha y todos somos felices. Pero mucho cuidado con mover ese engranaje, aunque sea para mejorarlo, porque lo estropearás. Cada pieza en su sitio, cada trabajador en su sitio. Es la prueba definitiva. Claremont está invitado a escribir las historias de los hombres-X siempre que se pliegue a los dictados de Bob Harras; siempre que no tenga inconveniente en compartir créditos con Jim Lee; siempre que sea el dialoguista que exigen que sea.

 

-No pienso quedarme para ayudaros a destruir lo que he tardado diecisiete años en crear.

-Yo no lo veo así –sostiene Harras.

-Ya sé que tú no lo ves así, pero yo no tengo otra alternativa. Que te jodan. Me voy.

 

Pueden hablar durante horas, pero no lo hacen en el mismo idioma. Claremont se pregunta si alguna vez lo han hecho. Durante las semanas siguientes, sólo se comunican mediante fax porque ambos quieren una copia escrita de cada cosa que dicen. En prensa, Marvel anuncia que “Chris Claremont va a tomarse un pequeño descanso de un año durante el que no escribirá ningún cómic”. El aludido, al que todavía intentan convencer de que dé marcha atrás, salta a la palestra para exponer los trapos sucios y dejar claro que su cese tiene carácter irrevocable. En un principio, no quiere siquiera comenzar X-Men, pero su mujer le convence para que el primer número de la nueva serie, del que se esperan ventas millonarias, sea el de su finiquito, un dinero que necesitan para la hipoteca. Haré X-Men 1 porque creo que me lo he ganado, afirma. En Marvel responden: “De acuerdo, podremos vivir con eso”.

Nunca antes en toda su vida Claremont se ha sentido más triste. No es así como deben escribirse los tebeos, no es así. Deberías disfrutar haciéndolos, leyéndolos. Debería ser la clase de cosas donde tú te sientas y hablas de los personajes, las aventuras y el sentido que hace que todo encaje. Pero eso se acabó. Cuando empieza a desarrollar su última historia, ésta se alarga a tres espectaculares episodios (XM 1-3, X-XII 91) en los que Magneto y Charles Xavier llevan su viejo enfrentamiento hasta un punto de no retorno. El Amo del Magnetismo muere entre fuego y gloria, traicionado por uno de sus Acólitos y salvando la vida a la Patrulla-X con su último aliento. “Te devuelvo tu sueño, Charles. Pero me temo que, con el tiempo, cuando comprendas que nunca fue más que la esperanza de un loco, te romperá el corazón. Adiós, viejo amigo”, son sus últimas palabras.

Marvel pone a la venta cinco versiones diferentes del X-Men 1. Vende siete millones y medio de ejemplares, el doble de los conseguidos por el X-Force (XFO) 1 (VIII 91). Gran parte de la tirada va a manos de especuladores; otra queda en poder de los libreros especializados y una mínima porción, no más del diez por ciento, acaba en las estanterías de los aficionados. Con esos beneficios en la mano, la marcha de Claremont se considera una pérdida aceptable. El Padre Mutante conoce en carne propia el precio que le ha costado su sueño de autonomía creativa. Aprende que también se puede morir de éxito. Sus casi dos décadas al frente de la strip son reducidas a la nada, al polvo absoluto. En Marvel demuestran una dramática falta de perspectiva histórica. Tom DeFalco no mueve un dedo por evitar lo inevitable. ¿Por qué? Tiene siete millones de razones. Importa más el día a día. Importa más una gloria pasajera de cartón-piedra que sueñan convencidos será permanente. Jim Lee se queda, ¿no? Eso es suficiente. También ahí se equivocan. Tampoco eso les importa.

Boceto inicial y final de la portada de X-Men 1

Es verano de 1991. Jim Lee asiste a la San Diego Comic Con. Los guardias de seguridad hacen ímprobos esfuerzos para que el millar largo de fans deseoso de conseguir la firma de su ídolo mantenga el orden y la compostura. Las colas se forman por riguroso orden de llegada. Cada aficionado recibe un número que ha de presentar en su debido momento. No hay dibujos, el alto número de congregados lo impide. Jim Lee tan sólo puede firmar tres ejemplares por cabeza. “Eres el mejor, Jim. Quiero ser como tú”, o algo así, vienen a decir ocho de cada diez chavales. Los dos que quedan apenas son capaces de dar las gracias por la rúbrica, impresionados ante la presencia del que juzgan Dios del Cómic. El Chico Midas no se cree lo que está viviendo. Todos quieren ser su mejor amigo. En apenas un año se ha hecho millonario. Marvel acaba de anunciar que, tras el X-Men 3 y el Uncanny X-Men 281, él y su amigo Whilce Portacio asumirán los destinos del Universo Mutante. “Quiero dejar huella”, afirma Lee. “Me gustaría hacer unos cincuenta números”. Muchos son los que respiran aliviados ante la salida de un guionista que, dicen, escribe por mera costumbre desde largo tiempo atrás. Confían en que el Chico Midas y su gente sepan dar a la strip un soplo de aire fresco. ¿En qué consiste? Lee sabe que lo suyo no son los argumentos complicados o los personajes dolientes. Nada de llorones ni de historias que se alargan durante años. En su lugar, habrá más acción, más viñetas grandes, menos diálogo que tape sus dibujos y aventuras que, como mucho, duren cuatro números, que luego los lectores no se aclaran.

Es verano de 1991. Claremont hace su primera aparición pública desde que ha abandonado X-Men. Yo salvé la industria del cómic en los años setenta y volveré a salvarla en los noventa, proclama. Tiene proyectos, muchos proyectos. El pasado es prólogo, el futuro que preveo es la guerra. Va a dar a DC unos héroes, Sovereign Seven, de los que mantendrá la propiedad intelectual para evitar las injerencias editoriales. Unos héroes que van a significar el siguiente paso de excelencia no en su carrera, sino en la historia del medio. Pero Claremont no sólo escribirá cómics. Va a escribir más novelas. En solitario y en compañía de George Lucas. Primero el cómic, luego la narrativa pura y, por último, el cine. Todos rendidos a sus pies. “Señor Claremont”, pregunta uno de los asistentes, “¿qué cree que va a ser de X-Men sin usted?” X-Men, dice Claremont, caerá por su propio peso. Dentro de unos meses, nadie comprará X-Men.

Pocos son los que escuchan sus palabras. Menos aún los que las creen.

 

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