MARVEL EN SEPTIEMBRE DE 2018: TODOS LOS ACONTECIMIENTOS DESTACADOS

28 de septiembre

La Patrulla-X: Fénix Oscura retrasada a junio; Gambito a marzo de 2020 y una peli de Masacre el 21 de diciembre, que podría ser un reestreno

 

27 de septiembre

Secrets of Uncanny X-Men acompañará al relanzamiento de Uncanny X-Men

eXtermination #5 retrasado tres semanas

 

26 de septiembre

La Patrulla-X: Fénix Oscura trailer

 

24 de septiembre

Las circunstancias de la cancelación de The Visión de Chelsea Cain

 

23 de septiembre

Liefeld afirma estar preparando algo gordo con La Patrulla-X

 

21 de septiembre

Detalles de “Death Of Daredevil”

 

19 de septiembre

Los autores de Marvel Action: Avengers de IDW

 

18 de septiembre

Pedidos de Marvel para diciembre

La plataforma de streaming de Disney producirá series de Loki y La Bruja Escarlata

 

15 de septiembre

Fantastic Four #650 USA, La boda de Ben Grimm y Alicia Masters

Daredevil The End? Teaser

 

14 de septiembre

Miles Morales: Spider-Man #1, por Saladin Ahmed y Javier Garrón

X-Force #1, por Ed Brisson y Dylan Burnett

Danny Khazem, de Valiant, ficha como editor para X-Men y Cosmic bajo el mando de Jordan D. White

 

13 de septiembre

Winter Soldier #1, por Kyle Higgins y Rod Reis

Los cómics que inspiraron Marvel’s Spider-Man

The Vision de Chelsea Cain, cancelada

 

12 de septiembre

X-Men: The Exterminated, el epílogo de eXtermination, por Zac Thompson y Lonnie Nadler

 

7 de septiembre

Lanzamiento de Marvel’s Spider-Man

Infinity Wars: Fallen Guardian One-shot, por Gerry Duggan y Andy McDonald

 

6 de septiembre

Superior Spider-Man #1, por Chris Gage y Mike Hawthorne

 

3 de septiembre

Guardians of the Galaxy #1, por Donny Cates y Geoff Shaw

1990-91. DEL DESESTIMIENTO DE LOUISE SIMONSON A LA IRRUPCIÓN DE X-FORCE

Es primavera de 1990. En los meses previos a la llegada de Jim Lee, Claremont recupera a los hombres-X perdidos en el Lugar Peligroso al tiempo que desarrolla una irregular aventura protagonizada por secundarios como Forja, la Bestia o Jean Grey. Tal vez sean las horas más bajas de toda su carrera como guionista, un problema que se ve agravado por unos infames dibujos de impresentables como Kieron Dwyer, Bill Jaaska o Mike Collins. Mientras tanto, trabaja junto a Lee en el diseño de un nuevo hombre-X. Remy Lebeau, alias Gambito, repite el esquema del tipo duro de oscuro pasado en la línea de Lobezno. “Es un renegado perteneciente a un clan de ladrones de Nueva Orleans. Tiene acento francés y va por la vida rompiendo corazones. Muy carismático, con un estilo parecido al de John Malkovih”, describe Claremont. Lee lo viste con una gabardina, le coloca un cigarro en la comisura de los labios y una baraja de cartas en la mano. “Este es su poder. Carga las cartas con energía y las arroja”, explica el dibujante. “La gabardina es para que parezca más real, aunque cuando se mueve hace las veces de capa”. Gambito aparece por primera vez en el UXM 266 (VIII 90). Un mes más tarde une su destino al de Tormenta en el mismo número en el que Jim Lee se incorpora como dibujante regular, con el considerable alivio de los lectores. Las palabras finales de Ororo presagian la ansiada reunión del grupo: “Dime, Gambito… ¿Has oído hablar de un equipo de héroes mutantes llamado la Patrulla-X?”

Ha decidido dejarse el pellejo en la serie. Jim Lee comprende que es la oportunidad de su vida. Mes a mes ensaya innovadoras fórmulas narrativas, que van desde la superposición de viñetas a la abundancia de dibujos a sangre, de los flashbacks rodeados con orlas negras a los encuadres arriesgados o al predominio de las escenas en scope. El detallismo de su trazo alcanza niveles hiperrealistas. Es el sueño dorado de todo lector de tebeos hecho realidad. Jim Lee te sujeta en la portada y no te suelta hasta la última página. Entonces, respiras. Antes, contienes el aliento. Es un dibujante en la plenitud de sus dotes artísticas que sin embargo crece página a página, número a número. ¿Cuantas horas diarias pasa delante del tablero de dibujo? ¿Diez, doce? Las que sean necesarias. De repente, el público vuelve a mirar de otra forma a la Patrulla-X. Lobezno vive exóticas aventuras junto al Capitán América y la Viuda Negra (UXM 268, IX 90) y Pícara aparece ante los fans como un modelo de lencería (UXM 269, X 90). La colección cobra vida. Las ventas suben como la espuma. Jim Lee es el Chico Midas. Todo lo que dibuja se convierte en oro. Claremont sin embargo empieza a sentirse desplazado. Le vienen a la cabeza palabras de John Byrne pronunciadas diez años atrás.

 

-¿Sabes cual es el problema, Chris? No sé si la gente mira a la Patrulla-X o nos mira a nosotros. Pero pienso averiguarlo. Si tú te quedas, nunca lo sabrás.

Byrne se equivocaba. Durante todos estos años, han mirado a la Patrulla-X. Y Chris Claremont ES la Patrulla-X. No hay Patrulla-X sin Chris Claremont. Todos lo saben. ¿Todos?

Es verano de 1990. Chris Claremont y Weezie Simonson planean el crossover mutante anual. Mucho más modesta que Inferno, esta nueva saga va a constar de nueve capítulos repartidos entre las tres series principales (UXM 270-272, TNM 95-97 y XF 60-62, XI 90-I 91).

 

-Es la última que vamos a hacer, Chris.

-Ya me gustaría.

-No entiendes lo que te estoy diciendo. Me voy.

-¿Qué?

-Que estoy cansada. Me voy.

 

El problema no es Liefeld, sino que Harras se haya puesto de su parte. Weezie ha decidido que no está dispuesta a ser la dialoguista de un niñato que no sabe hacer un dibujo a derechas pero al que el editor se niega a cuestionar nada. En los últimos meses, Liefeld ha ido afianzando posiciones en The New Mutants. La chavalería le adora, la colección escala posiciones mes a mes, pero es imposible trabajar con él. Ella escribe sus guiones para que Liefeld los modifique a su antojo. Ha convertido a sus bebés-X en una horda de psicópatas sedientos de sangre, y todavía dice que quiere hacer más cambios. No le gustan personajes como Rhane o Warlock. Dice que son unos mariquitas. Rob quiere soldados, pero Weezie está harta de pelear en primera línea de fuego. Después de una década en Marvel, ha decidido aceptar una oferta de la competencia. DC le ha pedido que escriba una de las series de Superman. En ella podrá colaborar junto a Jon Bogdanove, uno de sus mejores amigos. Solo lamenta dejar de trabajar con Claremont, pero hace tiempo que las colecciones mutantes han dejado de ser cosa de dos. “Ya no me necesitas”, le dice. Y se equivoca. La necesita más que nunca. Weezie Simonson es la última amiga que le queda a Chris Claremont en Marvel. Se siente solo, rodeado por los indios y sin la esperanza de que venga la caballería a rescatarle. Ha terminado una época. Lo saben los dos. Empieza un nuevo tiempo en el que no tienen cabida personajes como Warlock. El extraterrestre divertido y adorable que fuera uno de los bebés-X favorito de ambos muere heroicamente durante el nuevo crossover (TNM 95, XI 90). Proyecto Exterminio, se titula, y supone la consagración definitiva de Jim Lee y Rob Liefeld. Las constantes del cambio se reiteran en cada uno de sus episodios. Los tres grupos mutantes actúan como un ejército que arrasa Genosha mientras combate a Cameron Hodge, viejo conocido de X-Factor ahora transformado en un ciborg de aspecto repugnante. Ya no hay tiempo para el tratamiento de personajes, para la tortura existencialista que fuera la marca de la casa.

Weezie Simonson abandona Marvel sin que nadie mueva un dedo para evitarlo. Muy al contrario, a la vez que Rob Liefeld queda como autor único de The New Mutants, Harras ficha a Whilce Portacio, el mejor amigo de Jim Lee, para que dibuje X-Factor, y al mismo Lee para que la escriba. “Seguro que puedes, Jim”, afirma Harras. Seguro que no. Lee llama inmediatamente a Claremont. “Socorro”, dice. “¿Puedes escribir tú los diálogos?”. Y Claremont, que echa de menos trabajar con Cíclope, que siente como sus niños se le escapan de las manos por momentos, accede. Lee y Portacio tienen en mente el combate definitivo entre X-Factor y Apocalipsis, una aventura de proporciones épicas cuyo final recupere el sabor de la saga de Fénix Oscura. El acontecimiento que se convierta en un nuevo clásico del noveno arte no va a ser esta vez la muerte de un personaje importante. ¡Va a ser una boda! La boda de Jean Grey y Scott Summers.

Los profetas están equivocados. La historia nunca se repite, pero lo disimula muy bien. Claremont, Lee y Portacio preparan El manifiesto Apocalipsis, un arco argumental de cuatro números (XF 65-68, IV-VII 91). Tienen previsto que durante la saga Jean y Scott se casen, Apocalipsis interrumpa la boda y aparezcan los Askani, un clan religioso procedente del futuro cuya misión es proteger a Nathan Summers, el hijo de Scott. Harras cree que un acontecimiento de esa magnitud merece que Marvel se vuelque en promocionarlo. Cuando Tom DeFalco conoce sus planes, le frena en seco. “Estás confundido, Bob”, asevera. “Un acontecimiento de esa magnitud lo que merece es que ocurra en Uncanny X-Men, no en X-Factor”. Pero en Uncanny no puede celebrarse la boda. Al menos no de momento. Ni Scott ni Jean pertenecen a la Patrulla-X. Claremont, Lee y Portacio se quedan compuestos y sin novia. En su lugar, improvisan algo diferente. No hay boda, pero Apocalipsis ataca al grupo y secuestra a Nathan. Si el niño es valioso para Mister Siniestro, también lo puede ser para Apocalipsis. La batalla se traslada a la Luna, como en el último capítulo de la Saga de Fénix Oscura. X-Factor rescata a Nathan, pero ya es demasiado tarde. Apocalipsis lo ha infectado con un virus tecnológico que lo está matando. Entonces aparece una sacerdotisa Askani con la solución: llevarse al bebé al futuro, “donde será amado, porque se le necesita desesperadamente”. Al parecer, Nathan crecerá para convertirse en una especie de Mesías. La viajera del tiempo se refiere a él como “el elegido”. Cíclope sabe que nunca volverá a ver a su hijo, pero acepta el sacrificio. El XF 68 termina con un discurso del Vigilante similar al que hiciera en la última página del UXM 137: “Pase lo que pase estaré presente para maravillarme con esta extraña, salvaje y fascinante raza de seres cuyo nombre es la suma de sus mejores atributos y más nobles aspiraciones. Raza humana”

 

Es verano de 1990. Rob Liefeld telefonea a su viejo amigo Fabian Nicieza, guionista de The New Warriors, la gran serie de la temporada. Rob tiene un problema y una idea. Primero explica cuál es su problema. Tras la marcha de Weezie Simonson, él mismo va a encargarse de escribir las aventuras de Cable y los bebés-X. Va a ocuparse tanto de los argumentos como de los dibujos. “Sé que puedo tener más ideas en un solo número que un guionista en doce”, presume. Sin embargo, necesita que alguien escriba los diálogos. Él no se siente capaz. Cree que Nicieza es la persona indicada. Nicieza está saturado de trabajo, pero acepta. Puede ser divertido. Los bebés-X forman un grupo muy diferente a los Nuevos Guerreros. A continuación, Rob le explica cuál es su idea. Pretende que la colección cierre en el TNM 100 para a continuación ser relanzada con nueva numeración, nuevo nombre, nuevo planteamiento y nuevos personajes. Nicieza no está de acuerdo. “Es un error cerrar uno de los títulos Marvel mejor vendidos”, dice. Pero Rob insiste hasta convencerle. Ya son dos. Juntos convencen a Sven Larsen, director de Marketing. Ya son tres. Juntos convencen a Bob Harras, editor de las series mutantes. Ya son cuatro. Juntos convencen a Tom DeFalco, director editorial de Marvel.

 

-De acuerdo, pero vamos a hacerlo a lo grande.

“A lo grande” quiere decir que el número uno de la nueva colección se venda precintado junto con un cromo. Que haya cinco cromos diferentes, para que el lector que quiera conseguir todos deba comprarse otros tantos ejemplares. Que haya además una versión sin cromo, pero con tintas metálicas en la portada. El objetivo es repetir la Operación Todd McFarlane. El Spider-Man 1 (VIII 90), con guión y dibujos de Todd McFarlane, ha vendido tres millones de ejemplares. La industria del cómic jamás ha conocido cifras similares. Especuladores y Marvel zombies han hecho de este tebeo su más preciado tesoro. La fuente de tanta felicidad tiene cinco portadas diferentes, enormes viñetas redundantes, escaso diálogo, nulo argumento, un Lagarto aterrador y una espectacular Mary Jane Parker. Reconocida la fórmula magistral, en Marvel llevan meses buscando el siguiente crack. El entusiasmo crece en la Oficina-X ante el proyecto que lidera Rob Liefeld. X-Force, así se llamará. Suena potente, tiene garra y una X muy grande al principio. Pronto, el lanzamiento de la nueva serie ocupa casi todas las horas laborales de Bob Harras.

Liefeld utiliza los últimos números de The New Mutants para reordenar el grupo a su antojo. En el TNM 98 (II 91) debuta Dominó, una vieja novia de Cable. “Si Cable fuera Clyde, Dominó sería Bonnie”, explica Nicieza. En el siguiente número llegan Feroz, una Loba Venenosa sin la dulzura de Rhane, y Estrella Rota, una copia de Longshot con el añadido de dos espadas y muy mala leche. Ese mismo mes, Mancha Solar abandona el equipo ante sus diferencias con Cable. El nuevo grupo se completa con Sendero de Guerra, el hermano de Ave de Trueno, quien hasta ese momento formaba parte de los Infernales de Emma Frost. También surgen nuevos villanos, como Masacre, un mercenario bocazas fruto de colocar dos pistolones a una copia de Spider-Man. Cuando perpetra la última página del TNM 100 (IV 91), Liefeld ha eliminado a casi todos los personajes que escribiera Weezie Simonson. Sólo quedan dos, Bala de Cañón y Bum-Bum. Nadie recuerda ya a aquellos críos que aprendían a vivir mientras peleaban contra el simpático villano del día. El ejército bien engrasado por Cable les ha sustituido. Por si alguien no se ha enterado del nuevo estilo del grupo, Cable asesina a un villano desarmado en la página dieciocho del TNM 100. “Vinisteis aquí traídos por un hombre que tenía un sueño. El sueño ha muerto. Es hora de enfrentarse a la realidad. Ha llegado la hora de convertirse en una fuerza que cambie el mundo. Una fuerza… legal o no, que luche por lo que es correcto”, sermonea Cable.

“He leído en Time unos cuantos artículos sobre los Niños de la Guerra”, explica Nicieza. “Son críos de catorce y quince años obligados a participar en un conflicto bélico. Se vuelven muy duros y cínicos. En eso se han convertido los X-Force, en Niños de la Guerra. Los Nuevos Guerreros se divierten cuando hablan entre ellos. Los de X-Force no. No me los imagino sentados en un sofá mientras ven Magnum, como solían hacer. Eso se ha terminado”. Marvel anuncia la salida de la serie, momento en el que los malos pronósticos de Nicieza se caen por su propio peso. Al departamento de ventas llegan unos pedidos iniciales que superan los tres millones de ejemplares. “Creo que voy a ganar dinero suficiente para pagar mi hipoteca… y todavía me quedará un poco para irme a cenar”, bromea Nicieza.

Es 1989. Un periodista pregunta a Bob Harras:

 

-¿Qué harías si Chris dejara la serie?

-Ésa es una pregunta irreal. No puedo imaginarme a Chris haciendo eso. Creo que me daría un ataque al corazón.

-A ti y al departamento de ventas.

-Sí, seguro. Honestamente, creo que le pediría a Weezie Simonson que le sustituyera.

1991. EL LANZAMIENTO DE X-MEN Y LA MARCHA DE CHRIS CLAREMONT

Es 1991. Weezie Simonson ya no está. La única preocupación de Bob Harras consiste en retener al dibujante que le ha dado a Uncanny unas ventas mensuales de seiscientos mil ejemplares, un veinticinco por ciento más que en los años precedentes. Por primera vez en más de diez años, Chris Claremont descubre un día que el control ya no está en sus manos. Desde la marcha de John Byrne, el Patriarca Mutante ha regido los destinos de la Patrulla-X. Nadie ha discutido nunca eso. Weezie y Ann comprendían, mejor que nadie, que la fuerza creativa la poseía Claremont. Ahora Weezie ha claudicado, y Ann prefiere hacer otros cómics, como Daredevil o Inhumanos, alejados del huracán mutante. Bob Harras es un tipo diferente, buen conversador, agradable y ambicioso, demasiado ambicioso. Un hombre de empresa que toma decisiones pensando en la cuenta de resultados, a diferencia de aquellas chicas que creían que editar un cómic era supervisar el proceso y echar una mano a los autores. En cuanto a los dibujantes, Claremont se ha preocupado siempre de adecuar sus historias al tipo de artista, una forma inteligente de hacer que todos se sientan cómodos tocando la melodía que les pide ese hombre sabio que conoce mejor que nadie a sus mutantes. Unos (Paul Smith, John Romita Jr.), en su papel de artesanos obedientes; otros (Frank Miller, Bill Sienkiewicz) en perfecta sintonía con el guionista, en una simbiosis de la que salen productos inmejorables. Pero Jim Lee piensa distinto. Tras Proyecto Exterminio surgen las primeras diferencias artísticas entre ambos autores. Jim Lee tiene su propia visión de la Patrulla-X, una visión clara y definida que choca de bruces con la de Claremont. Donde éste le pide escenas de hombres-X hablando, sufriendo, llorando, él dibuja acción, acción y más acción. Patadas, rayos, truenos… y chicas. Muchas chicas. El Sport Illustrated Summer Special con superpoderes, las Playmates de Playboy disfrazadas de Pícara, de Tormenta, de Mariposa Mental. ¿Donde han quedado aquellas mujeres que parecían reales? No se las adivina en esa Pícara de caderas imposibles. Sí, por primera vez en más de diez años, Claremont se ve obligado a plantarle cara a su dibujante. Por primera vez en más de diez años, pierde la batalla.

Bob Harras ha conocido el antes y el después. Como editor de X-Factor, conoció el poder de Claremont sobre Marvel, ese poder que se llevaba por delante guionistas (como Bob Layton) y lo que hiciera falta. Siendo editor de Uncanny, Harras ha visto como los mutantes caían en una peligrosa inercia. Seguían siendo los más vendidos, pero no estaba claro por qué. Cuando en 1991 se disparan nuevamente la ventas, basta un análisis frío y calculado para descubrir la causa. Y la causa se llama Jim Lee. Si la Patrulla-X vive una nueva edad de oro es gracias al Chico Midas. Chris Claremont es ahora, en el mejor de los casos, una parte más del engranaje y, en el peor, el obstáculo que impide a ese engranaje funcionar como debiera. Cualquiera que mire más allá de las quejas del guionista sabría verlo. Bob Harras lo ha visto. Lo ha visto más claro que nunca cuando en la oficina-X trabajaban en las dos nuevas colecciones que han de unirse al Spider-Man de Todd McFarlane. Sí, dos, mejor que una. Sesenta días después del lanzamiento de X-Force, llega X-Men.

X-Men es el spin-off definitivo, porque es el primero que va a superar a la serie madre para colocarse a su altura. “X-Men sin adjetivos. Simplemente X-Men”, repite Harras. Igual que el “Spider-Man sin adjetivos. Simplemente Spider-Man”, de Todd McFarlane. No hay ninguna razón especial para lanzar el nuevo título, salvo tener una plataforma que, al igual que a McFarlane, lance a Jim Lee al estrellato definitivo y a Marvel a las mayores cotas de rentabilidad de su historia. Harras lo tiene claro. La Patrulla-X no es un cómic. Es una franquicia, la Franquicia Mutante. Como Star Wars, como el Pato Donald, como Indiana Jones. Y tiene que dar tanto dinero como todas ellas.

De mala gana, Claremont prepara la nueva serie. De nuevo reuniones, reuniones y más reuniones. De nuevo, discusiones, discusiones y más discusiones. Tom DeFalco se une a un grupo de trabajo formado por Claremont, Harras, Lee y Portacio. DeFalco exige una única Patrulla-X formada por cinco miembros. Sus aventuras se continuarían de un título a otro. Claremont será el guionista de las dos, mientras que Lee dibujará la primera y Portacio la segunda. Tanto Claremont como Harras están en desacuerdo con el director editorial. Por su experiencia haciendo crossovers, saben lo difícil que es coordinar a dos dibujantes diferentes para que se repartan una misma historia. Aunque trabajen codo a codo, como es el caso de Lee y Portacio, los errores de racord y las necesarias correcciones acaban multiplicándose exponencialmente. “Eso es hacer mensual la pesadilla de los crossovers anuales. No estoy dispuesto a pasarme el resto de mi vida pendiente de cumplir las fechas de entrega”, dice el Patriarca Mutante. Cree que cada colección debe tener sus protagonistas diferenciados y una personalidad propia. Por eso propone crear dos Patrullas. Con un montón de personajes a su disposición, quedarse sólo con cinco sería un desperdicio de recursos. Después de tantos años, es incapaz de decidir entre media docena.

Por otra parte, Bob Harras quiere recuperar a los hombres-X originales, al actual X-Factor, e integrarlos de nuevo en la Patrulla-X. A Claremont también le seduce la idea de volver a trabajar con Cíclope o la Bestia. “Vale, tenéis razón”, dice DeFalco. “Haced dos Patrullas”. A cambio, X-Factor pierde todos sus protagonistas, pero Harras ofrece un plan de salvación para la serie que pasa por rescatar a varios mutantes olvidados (Kaos, Polaris, Madrox, Loba Venenosa, Fortachón y Mercurio) y ponerlos a las órdenes del Gobierno. Peter David, el popular guionista de Hulk, se hace con los guiones (XF 71, X-91). “A partir de ahora, X-Factor va a ser la hermanita pobre de los mutantes”, le advierte Harras. “Mejor así”, contesta David.

 

En los meses siguientes, Claremont abandona los guiones de Excalibur, ya que no quiere escribir X-Men en el estado de agotamiento absoluto que ahora padece. En Cruce de caminos (UXM 273-277, II-VI 91) deja todo listo para el lanzamiento de la nueva serie. Por un lado, Magneto y Pícara viven una pequeña historia de amor destinada al fracaso. “Ya estoy comprometido. Tanto como puede estarlo un corazón lleno de fantasmas”, se lamenta Magnus, quien rompe definitivamente las promesas que hiciera. “No soy Charles Xavier. Nunca seré Charles Xavier. Fui un idiota por intentarlo. Como él lo fue, por creer que podría conseguirlo”. Paralelamente, la Patrulla viaja al espacio, donde se encuentra con el Profesor-X, los Saqueadores Espaciales y la Guardia Imperial. Lee altera buena parte de la historia, con el consiguiente enfado de Claremont. En el guión que le entrega al coreano no aparecen los skrulls, convertidos por Lee en los villanos de la aventura. Por otra parte, el dibujante reintroduce los uniformes de la Patrulla-X original sin que vengan a cuento. Molesto con los cambios, el Padre Mutante acude en busca del respaldo de Harras, pero no lo encuentra. “¿Qué quieres que haga? ¿Qué me ponga en contra de nuestro dibujante más rentable?”, pregunta el editor. Las discrepancias no acaban ahí. Los planes de Claremont pasan por matar a Xavier. A partir de esa tragedia y en el plazo de un año, Magneto se vería obligado por lo ocurrido a dar un paso hacia delante y ponerse el manto de héroe tanto si le gusta como si no. Tras escuchar esas intenciones, Harras se niega. Lejos de aceptar la muerte del Profesor-X, el editor pretende (y consigue) que Xavier recupere tanto su viejo papel de maestro de mutantes como su oxidada silla de ruedas. En el colmo del sadismo, el calvo vuelve a perder el uso de sus piernas en el UXM 280 (IX 91), tebeo que antecede cronológicamente al X-Men (XM) 1. Por otra parte, Magneto retorna a su papel de villano, ya que así es como debe aparecer en la nueva colección. Se cumplen de esta forma las directrices de Tom DeFalco acerca de la machacona “vuelta a los orígenes”.

Con Xavier en su sitio, el siguiente paso hacia la nueva colección es decidir qué hombre-X se queda en cada grupo. De nuevo reunido con Lee y Portacio, Claremont propone un pequeño juego.

-Vamos a repartir cromos

Ambas Patrullas vivirán en la Mansión, donde se podrá encontrar a cualquiera de sus respectivos miembros. La separación en dos equipos funciona a la hora de entrar en acción. A partir de la terminología empleada en los submarinos nucleares, Claremont denomina Equipo Azul al que interviene en X-Men, y Equipo Oro al de Uncanny. Ninguna de las dos series va a ser la principal, aunque es obligatorio que Lobezno y Cíclope estén en el Equipo Azul. El resto de los personajes se reparten en función de las preferencias de los dos artistas. Portacio sabe sacar gran partido visual al Ángel y al Hombre de Hielo, ya que los ha dibujado en X-Factor. Pasan, por lo tanto, al Equipo Oro; Gambito, Mariposa Mental y Pícara son personajes redefinidos bajo los lápices de Lee, que se los queda para su colección; Coloso y Tormenta completan el Equipo Oro en tanto que la Bestia y Júbilo cumplen idéntica función en el Equipo Azul.

Ya está todo listo para empezar la nueva serie. La única condición que pone Jim Lee es poder escribirla. Junto a Chris, por supuesto. ¿Cómo dejar de lado al Stan Lee de mi generación, al hombre que, hasta hace unos pocos meses, lo era todo para la Patrulla-X? En menos de un año, Claremont se encuentra a sí mismo argumentando la serie junto a ese Chico Midas salido de la nada. ¿Cómo va a conocer los pensamientos, las reacciones de personajes que le doblan la edad? En un mundo justo, Jim Lee debería, como mucho, escribir los diálogos de Júbilo. Pero no hay justicia en este mundo. Lee quiere historias cortas y sencillas, de tres números a lo sumo. Como un niño con zapatos nuevos, el dibujante disfruta diseñando personajes y uniformes. De su bloc de dibujo surgen los Acólitos, un grupo de fanáticos adoradores de Magneto; Rojo Omega, un Dientes de Sable a la rusa, y Belladonna, la nunca antes mencionada esposa de Remy Lebeau. Ha elaborado también nuevos trajes para Cíclope, Jean Grey y Pícara que siguen el modelo iniciado con la gabardina de Gambito. Sobre las típicas telas de colores chillones aparecen cazadoras, bolsillos, bandoleras… Lee ha creado incluso una silla de ruedas cibernética para Xavier.

Y Claremont se engaña a sí mismo. Cree que todo puede volver a ser como era antes. Antes de que se marcharan Weezie, y Walt, y Ann. Antes de sentirse solo, en medio de una cumbre silenciosa. Antes de que el proceso creativo fuera una lucha diaria contra fuerzas demasiado poderosas. Pero hay una prueba definitiva que le demuestra que el “antes” no volverá. Ha tenido una idea genial, la mejor que se le ha ocurrido en mucho tiempo. Ha pensado un argumento que le devolverá el favor de los lectores, que les mantendrá en suspense durante al menos los dos próximos años. Vale, es exactamente lo contrario a las aventuras breves de Lee. Pero es la bomba.

 

-Perdona, Chris. No entiendo, ¿puedes repetírmelo?-, pregunta Harras, escéptico.

-Voy a matar a Lobezno.

-Otra vez, más despacio.

            -Que voy a matar a Lobezno.

 

Claremont ha meditado la estructura hasta el mínimo detalle. Notas iniciales para los argumentos previstos por el Patriarca Mutante para los veinticuatro próximos meses: El primer número de X-Men representa un nuevo comienzo, algo así como “Bueno, vale, si no nos has leído antes, la cosa funciona de esta manera. Aquí tienes la mansión, los personajes, sus motivaciones y su entorno”. Multiplicamos por tres la gran pregunta final del Giant-Size X-Men 1: ¿Qué hacemos con cincuenta y tres hombres-X? El cómic empieza con una gran secuencia de cinco páginas. Decenas de mutantes peleando con otros tantos villanos. Perfecto para Jim Lee. Aparecen Cíclope y Tormenta. No pelean. De hecho, para ellos, parece como si no hubiera lucha. Están sentados, se pasean, toman notas. La imagen se congela. El lector descubre que lo que ha visto es una simulación creada en la Sala del Peligro. Los líderes de la Patrulla la utilizan para combinar las posibilidades de cada miembro. En las siguientes páginas, prueban varias opciones. “¿Lobezno debe estar en el mismo grupo que Júbilo? ¿debemos dejar de lado a una mutante tan joven? ¿dónde metemos a Jean y dónde a Scott?” Tormenta y Cíclope van desechando unas ideas y quedándose con otras hasta que deciden la formación de los dos equipos (Azul y Oro). En medio de todo esto aparece Magneto. Tenemos la pelea de rigor. Magneto y Xavier han llegado a una separación irreconciliable. Magneto está convencido de que la humanidad le traicionará. Xavier de que no. El hombre de Estado frente al terrorista… ¿quién tiene razón? El lector concluye que éste es un mundo desagradable y que la Patrulla-X tendrá que estar a la altura de las circunstancias. Ahora pasamos al segundo número, donde Dama Mortal arranca el corazón a Lobezno. Ambos mueren. En meses posteriores, tenemos funerales, lloros y lamentos, etc. Entonces aparece La Mano, que secuestra el cuerpo de Logan y lo resucita, como hizo con Elektra. Vemos el largo proceso de recuperación. El factor curativo funciona ahora de una manera muy interesante. Se ocupa sobre todo de reconstruir el corazón, mientras deja de lado las extremidades. Sus brazos y sus piernas comienzan a pudrirse mientras el corazón se regenera. Va a ser algo muy, muy desagradable. En el Uncanny X-Men 294, prevé Claremont, Lobezno ya recuperado se convierte en el líder de La Mano. A partir de aquí, la historia continúa de una serie a la otra hasta que alcance un punto en el que Logan luchará por la bondad de su alma. Y vencerá. Paralelamente, el Padre Mutante calcula cada una de las reacciones de los otros personajes. Van desde la de Cíclope (“Lobezno se ha vuelto malo y hay que acabar con él”), a la de  Xavier, que se muestra inflexible acerca de la necesidad de que Logan vuelva a la luz. Jean Grey y Coloso alcanzarán las posturas más radicales. Mientras la primera decide acudir al rescate de su compañero e incluso fingirá ser su amante, Peter llegará a arrancarle las garras en el curso de una pelea.

 

            -Es el mayor conflicto al que se ha enfrentado la Patrulla-X desde que se fundó. Uno de los suyos, el alma del grupo, será su peor enemigo –concluye Claremont, orgulloso.

-Éso no funciona –responde Harras.

 

No funciona porque Lobezno tiene colección propia, no funciona porque Lobezno tiene que aparecer como invitado especial en la mitad de los títulos que Marvel publica, no funciona porque Lobezno es el héroe favorito de todos los chicos que compran Uncanny y que comprarán X-Men. ¿Cómo les explicas a esos chicos que ahora es uno de los malos? No funciona.

Llegados a ese extremo, la discusión se traslada al despacho de Terry Stewart, el presidente de la compañía. Éste da la razón a Harras. Que quede claro: esta empresa funciona como una máquina. Cada mañana vienes aquí, pulsas las teclas adecuadas, el engranaje se pone en marcha y todos somos felices. Pero mucho cuidado con mover ese engranaje, aunque sea para mejorarlo, porque lo estropearás. Cada pieza en su sitio, cada trabajador en su sitio. Es la prueba definitiva. Claremont está invitado a escribir las historias de los hombres-X siempre que se pliegue a los dictados de Bob Harras; siempre que no tenga inconveniente en compartir créditos con Jim Lee; siempre que sea el dialoguista que exigen que sea.

 

-No pienso quedarme para ayudaros a destruir lo que he tardado diecisiete años en crear.

-Yo no lo veo así –sostiene Harras.

-Ya sé que tú no lo ves así, pero yo no tengo otra alternativa. Que te jodan. Me voy.

 

Pueden hablar durante horas, pero no lo hacen en el mismo idioma. Claremont se pregunta si alguna vez lo han hecho. Durante las semanas siguientes, sólo se comunican mediante fax porque ambos quieren una copia escrita de cada cosa que dicen. En prensa, Marvel anuncia que “Chris Claremont va a tomarse un pequeño descanso de un año durante el que no escribirá ningún cómic”. El aludido, al que todavía intentan convencer de que dé marcha atrás, salta a la palestra para exponer los trapos sucios y dejar claro que su cese tiene carácter irrevocable. En un principio, no quiere siquiera comenzar X-Men, pero su mujer le convence para que el primer número de la nueva serie, del que se esperan ventas millonarias, sea el de su finiquito, un dinero que necesitan para la hipoteca. Haré X-Men 1 porque creo que me lo he ganado, afirma. En Marvel responden: «De acuerdo, podremos vivir con eso”.

Nunca antes en toda su vida Claremont se ha sentido más triste. No es así como deben escribirse los tebeos, no es así. Deberías disfrutar haciéndolos, leyéndolos. Debería ser la clase de cosas donde tú te sientas y hablas de los personajes, las aventuras y el sentido que hace que todo encaje. Pero eso se acabó. Cuando empieza a desarrollar su última historia, ésta se alarga a tres espectaculares episodios (XM 1-3, X-XII 91) en los que Magneto y Charles Xavier llevan su viejo enfrentamiento hasta un punto de no retorno. El Amo del Magnetismo muere entre fuego y gloria, traicionado por uno de sus Acólitos y salvando la vida a la Patrulla-X con su último aliento. “Te devuelvo tu sueño, Charles. Pero me temo que, con el tiempo, cuando comprendas que nunca fue más que la esperanza de un loco, te romperá el corazón. Adiós, viejo amigo”, son sus últimas palabras.

Marvel pone a la venta cinco versiones diferentes del X-Men 1. Vende siete millones y medio de ejemplares, el doble de los conseguidos por el X-Force (XFO) 1 (VIII 91). Gran parte de la tirada va a manos de especuladores; otra queda en poder de los libreros especializados y una mínima porción, no más del diez por ciento, acaba en las estanterías de los aficionados. Con esos beneficios en la mano, la marcha de Claremont se considera una pérdida aceptable. El Padre Mutante conoce en carne propia el precio que le ha costado su sueño de autonomía creativa. Aprende que también se puede morir de éxito. Sus casi dos décadas al frente de la strip son reducidas a la nada, al polvo absoluto. En Marvel demuestran una dramática falta de perspectiva histórica. Tom DeFalco no mueve un dedo por evitar lo inevitable. ¿Por qué? Tiene siete millones de razones. Importa más el día a día. Importa más una gloria pasajera de cartón-piedra que sueñan convencidos será permanente. Jim Lee se queda, ¿no? Eso es suficiente. También ahí se equivocan. Tampoco eso les importa.

Boceto inicial y final de la portada de X-Men 1

Es verano de 1991. Jim Lee asiste a la San Diego Comic Con. Los guardias de seguridad hacen ímprobos esfuerzos para que el millar largo de fans deseoso de conseguir la firma de su ídolo mantenga el orden y la compostura. Las colas se forman por riguroso orden de llegada. Cada aficionado recibe un número que ha de presentar en su debido momento. No hay dibujos, el alto número de congregados lo impide. Jim Lee tan sólo puede firmar tres ejemplares por cabeza. “Eres el mejor, Jim. Quiero ser como tú”, o algo así, vienen a decir ocho de cada diez chavales. Los dos que quedan apenas son capaces de dar las gracias por la rúbrica, impresionados ante la presencia del que juzgan Dios del Cómic. El Chico Midas no se cree lo que está viviendo. Todos quieren ser su mejor amigo. En apenas un año se ha hecho millonario. Marvel acaba de anunciar que, tras el X-Men 3 y el Uncanny X-Men 281, él y su amigo Whilce Portacio asumirán los destinos del Universo Mutante. “Quiero dejar huella”, afirma Lee. “Me gustaría hacer unos cincuenta números”. Muchos son los que respiran aliviados ante la salida de un guionista que, dicen, escribe por mera costumbre desde largo tiempo atrás. Confían en que el Chico Midas y su gente sepan dar a la strip un soplo de aire fresco. ¿En qué consiste? Lee sabe que lo suyo no son los argumentos complicados o los personajes dolientes. Nada de llorones ni de historias que se alargan durante años. En su lugar, habrá más acción, más viñetas grandes, menos diálogo que tape sus dibujos y aventuras que, como mucho, duren cuatro números, que luego los lectores no se aclaran.

Es verano de 1991. Claremont hace su primera aparición pública desde que ha abandonado X-Men. Yo salvé la industria del cómic en los años setenta y volveré a salvarla en los noventa, proclama. Tiene proyectos, muchos proyectos. El pasado es prólogo, el futuro que preveo es la guerra. Va a dar a DC unos héroes, Sovereign Seven, de los que mantendrá la propiedad intelectual para evitar las injerencias editoriales. Unos héroes que van a significar el siguiente paso de excelencia no en su carrera, sino en la historia del medio. Pero Claremont no sólo escribirá cómics. Va a escribir más novelas. En solitario y en compañía de George Lucas. Primero el cómic, luego la narrativa pura y, por último, el cine. Todos rendidos a sus pies. “Señor Claremont”, pregunta uno de los asistentes, “¿qué cree que va a ser de X-Men sin usted?” X-Men, dice Claremont, caerá por su propio peso. Dentro de unos meses, nadie comprará X-Men.

Pocos son los que escuchan sus palabras. Menos aún los que las creen.

 

1993. DE CUANDO LOBEZNO SE QUEDÓ SIN ADAMÁNTIUM

Es invierno de 1993. Bob Harras reúne a la legión de autores-X. Cada cierto tiempo es necesario juntar a todos alrededor de una mesa para discutir el desarrollo general de la franquicia, escuchar sus quejas, ideas y propuestas, y planear aquello que van a hacer durante los siguientes doce meses.

Lo más importante, claro, es el crossover anual. Lo que ocurre en cada una de las series mutantes está supeditado al dichoso crossover anual. Durante el resto del tiempo, cada guionista tendrá que confluir la trama de su serie hacia tal acontecimiento. Luego, si le queda algo de espacio, deberá incluir referencias a las otras colecciones. Ya, en última instancia, incluso pueden permitirse alguna historia propia.

El gran crossover de este año, Atracciones fatales, trae el retorno de Magneto en el treinta aniversario de la publicación del The X-Men 1 de Stan Lee y Jack Kirby. Bueno, según Claremont, Magneto murió en XM 3, pero, qué narices, sigue siendo el mejor villano susceptible de resurrección. Lo que quiere Harras es que no sea otra historia de Magneto vuelve.

 

-¿Se os ocurre algo?

 

Empieza a hablar Fabian Nicieza, guionista de X-Men y X-Force, quien tiene más o menos claro qué hacer con los Acólitos, y con el Coloso traidor. Poco a poco, los demás se van animando. También están Ben Raab, Suzanne Gaffney y Lisa Patrick, de la Oficina-X, Scott Lobdell por Uncanny, Larry Hama por Wolverine, y Peter David por X-Factor. David está callado y cómodo en su silla mientras todos los demás se interrumpen los unos a los otros. Entonces, se incorpora y, con voz tranquila, dice:

 

-Oye, No entiendo por qué Magneto va a pelearse con Lobezno. ¿Por qué no hacemos que le saque el adamántium de una puñetera vez?

 

Silencio.

Más Silencio.

 

-Ey, era un chiste. Podéis reíros. De verdad, a mí me parece una idea horrible.

 

Bob Harras pone su mano derecha sobre el mentón.

 

-Uhm-, dice.

 

XM 25 (X 93). La Patrulla-X con Xavier a la cabeza lucha contra Magneto y sus acólitos en Avalón, el nuevo cuartel general del Amo del Magnetismo. El desarrollo del cómic parece calcado del XM 3, hasta que surge un repentino giro argumental. Página treinta y una. Lobezno se arroja sobre el Amo del Magnetismo con la intención de destriparlo. Está fuera de control y puede incluso asesinarle. Página treinta y dos. Magneto responde utilizando su poder. “Nunca más, Logan. Ha terminado para nosotros. Nuestra larga asociación, mi más visceral enemigo, mi más respetado adversario ha terminado” dice. Página treinta y tres, viñeta cinco. Magneto extrae el adamántium del cuerpo de Lobezno. Página cuarenta y dos. Logan se retuerce de dolor y queda tendido en el suelo. “Somos actores de una tragedia más grande que todos nosotros. Una tragedia llamada vida, Logan. Pero hoy, para ti, y quizás también para mí, la cortina cae y el juego termina”. Páginas treinta y cinco y treinta seis. El Profesor-X desconecta de manera literal el cerebro de su enemigo. Página treinta y ocho. La Patrulla-X regresa a casa mientras el cuerpo del Amo del Magnetismo queda al cuidado de Coloso.

Atracciones fatales funciona como una historia cuyas partes pueden ser leídas de forma independiente. Cada episodio del crossover es doble y abarca, en orden cronológico, los XF 92 (VII 93), XFO 25 (VIII 93), UXM 304 (IX 93), XM 25 (X 93), WOL 75 (XI 93) y EX 71 (XI 93). A la base inicial de la saga, centrada en un primer momento en el regreso de Magneto, la traición de Coloso y el debut de Amelia Voght, una antigua amante de Xavier ahora afiliada a los Acólitos, se suma la tragedia particular de Lobezno. El XM 25 resulta impresionante por la escena antes mencionada, pero el WOL 75 adquiere mayor importancia. En un relato cargado de emoción que demuestra tanto su amor al personaje como una inmensa capacidad narrativa, Larry Hama explica las consecuencias inmediatas de que Logan pierda el adamántium. Si el preciado metal es prescindible, cosa distinta sucede con las garras. Sorpresa: siguen ahí, siempre han estado ahí, ya que forman parte de su cuerpo. “Son de hueso porque debo haber nacido con ellas”, concluye Lobezno, quien abandona la mansión en la última página del relato. “¡Voy a iniciar una nueva fase de mi vida! ¡Una nueva aventura!”, anuncia mientras se pierde en el horizonte a bordo de su Harley Davison. Esperan, efectivamente, nuevas aventuras con un tono apropiado de road movie en las que Logan se enfrenta a su nueva situación a la vez que crece su salvajismo.

 

Resulta paradójico que el hombre que sugiere la idea central de Atracciones fatales dimita un par de meses antes del comienzo del crossover. Peter David abandona la Franquicia Mutante por razones similares a las esgrimidas por Alan Davis. El guionista de X-Factor, como hiciera el autor de Excalibur, denuncia presiones por parte del equipo de Bob Harras encaminadas a torpedear su labor en la colección. David se queja del exceso de dibujantes de segunda fila con los que tiene que trabajar por el mero hecho de que Harras necesite probarlos de cara a posibles sustituciones en las otras series. Por otra parte, el guionista arrastra viejos reproches surgidos durante la realización de La canción del Verdugo y aparcados ante la promesa por parte de Harras de no obligarle de nuevo a dejar de lado las tramas argumentales de X-Factor en beneficio de futuros crossovers. La gota que colma el vaso es una saga que David ha de terminar un mes antes de lo previsto para evitar que se solape con el episodio de X-Factor dedicado a Atracciones fatales. “Quieren que corte mi historia y escriba la suya”, se queja. “Estoy muy apenado, pero sencillamente no puedo seguir bajo estas condiciones. Valoro demasiado el apoyo de los lectores como para hacer historias cuyo resultado va a ser inferior al habitual”. El guionista siente que si participa de la situación estará diciendo a sus seguidores: “Vale, de acuerdo. Pasemos de un dibujante regular. Pasemos de historias coherentes. Pasemos de los lectores. Da igual. X-Factor es un cómic de mutantes. Lo comprarán de todas maneras”

Scott Lobdell, siempre al rescate de su jefe, termina la saga comenzada por David (XF 91, VI 93) y escribe la parte de Atracciones fatales correspondiente a X-Factor. A partir del XF 93 (VIII 93), J. M. DeMatteis se hace cargo de los guiones, aunque tampoco dura demasiado (XF 106, IV 94). El momento exige hombres como Lobdell, un fiel a la causa que no tiene inconveniente en denunciar a cada uno de los insurrectos que se desvíen un milímetro de la doctrina oficial impartida por el amado líder. Como recompensa, Harras le premia con una miniserie sobre la infancia de Cable en el siglo XXXVIII (The adventures of Cyclops and Phoenix, V-VIII 94). La historia de esa miniserie difiere de los esquemas de Nicieza, que no entiende qué diablos hace Lobdell escribiendo sobre un personaje del que no tiene ni idea y por el que ni siquiera se molesta en preguntarle. Por otra parte, a la hora de asignar dibujante, la miniserie se lleva al estupendo Gene Ha, mientras que la colección regular de Cable malvive de artistas de segunda fila cuya calidad oscila entre lo mediocre y lo lamentable. Nicieza se siente ignorado primero y ninguneado luego. Cuando tiene oportunidad de comentarlo con Harras, éste le responde: “Trabajas demasiado, Fabian, y el resultado se resiente”. Al día siguiente, Nicieza entrega el guión del CB 9 (III 94). “Tienes toda la razón del mundo, Bob. Trabajo demasiado. Por eso este es mi último guión para Cable. Dejo la serie ahora mismo”. Pensando en su hija recién nacida, Nicieza se queda, no obstante, tanto en X-Men como en X-Force, colecciones que le aseguran dinero de sobra para pagar las facturas. Al final ha comprendido que en la Oficina-X no te contratan para escribir, sino para juntar piezas de un puzzle. Una pequeña parte de esas piezas están en tus manos, el resto en las de otros. Por encima de cualquier baile de autores, una cosa queda clara. Scott Lobdell es el chico favorito de Bob Harras, a quien escucha y pregunta, a quien asigna el trabajo sucio porque sabe que va a resolverlo sin problemas. Por eso se gana el derecho a preparar su propia colección mutante con personajes propios por los que cobrar royalties. Harras sólo pone una condición, que se titule The New Mutants, para que así Marvel pueda mantener el copyright sobre el anterior nombre de X-Force. Sin embargo, a Lobdell no le interesa recuperar el concepto de los bebés-X.

 

-Ok, Bob. Escribiré el nuevo título, pero quiero que se llame Generation-X. Es mucho mejor que The New Mutants. Suena como X-Men: the next generation. Acuérdate de cuando salió el libro de Douglas Coupland. A todas horas había debates en televisión sobre “la generación x”.

-De acuerdo. Me has convencido. Que se llame como te apetezca.