EL DÍA DESPUÉS DE LA MUERTE DE ULTIMATE SPIDER-MAN: RÉQUIEM POR UNA ARAÑA

Hay dos tipos de escritores. Los que orquestan sus relatos en función de los acontecimientos que en ellas se cuentan, como si se trataran de libros de historia, y los que dejan caer el peso de la narración sobre los protagonistas, el moldeado de su carácter y la respuesta que tienen ante una determinada situación. A la hora de abordar la muerte de un importante personaje, los primeros pondrán el acento sobre el hecho en sí, mientras que los segundos prestarán también su mirada a las consecuencias que lo ocurrido tiene para el entorno. Brian Michael Bendis, el hombre que creó al Spiderman definitivo, el hombre que también decidió acabar con él, pertenece al segundo grupo.

 

 

Hace algunos años, Bendis colocó la muerte de La Avispa como la más importante tragedia del fin de”Invasión Secreta”, una destacada saga del Universo Marvel convencional, en la que los Skrull lanzaban un brutal ataque contra la Tierra. El guionista dijo entonces que no entendía cómo era posible que hubiera autores que asesinaran a personajes importantes para luego salir corriendo de la colección en la que lo habían hecho, como si de verdad hubieran eliminado a una persona real y esperaran que la policía les fuera a interrogar. Para Bendis, lo interesante no es la muerte en sí misma, que puede resultar más o menos creíble, más o menos dramática, más o menos espectacular. Lo importante es lo que ocurre después, las consecuencias que esa muerte tiene para aquellos que rodeaban al fallecido. Cómo conduce a situaciones inesperadas, a territorios por cartografiar, a nuevas historias, en definitiva.

 

Cuando alguien falta, sólo es posible medir la dimensión del vacío que deja su ausencia fijándose en aquellos que lo rodean. Ése es uno de los propósitos a los que obedece este volumen: seguir de cerca a las personas que han sido relevantes en la vida de Peter Parker. Familia, amigos, amantes, otros héroes… Todos desfilan por las siguientes páginas, cada uno con diferentes reacciones, tan naturales que parece como si Bendis nos hubiera colado en un auténtico sepelio; tan escalofriantes que algunas pueden situarse entre los momentos clave de la serie; tan catárticas que marcarán el comportamiento futuro de todos esos personajes. La sombra de “Funeral por un amigo”, la aventura publicada por DC Comics tras la “muerte” de Superman a principios de los años noventa, se hace sentir en estas páginas, aunque se trate de dos historias diferentes. Mientras que aquél era un relato colegiado, del que participaban diferentes guionistas y editores, aquí tenemos una historia de autor: impulsada y materializada por un único responsable, aunque a partir de su ejecución entren otros escritores en el juego.

 

Bendis es un autor mediático. Uno de esos pocos que, como Mark Millar, Ed Brubaker o Grant Morrison, tienen garantizada la atención de los lectores y los periodistas especializados, a veces incluso de los generalistas. “La muerte de Spiderman” era un evento a difundir de manera viral y a fe que logró su propósito de posicionarse en grandes titulares de multitud de medios. Pero a veces supone mucha menos dificultad atraer los focos sobre algo que va a publicarse que mantenerlos una vez se ha publicado. La decepción puede ser proporcional a las expectativas, por lo que hay que estar a la altura: el trágico fin de Peter Parker no sólo cumplió aquello que prometía, sino que abrió las puertas a algo mucho más grande, a un salto al vacío como nadie había podido prever, pero en el que Bendis, y también Marvel, llevaban un tiempo trabajando.

 

La historia se convierte pues en una despedida al mundo que fue y que agoniza, a un Universo Ultimate que, con la desaparición de Peter Parker, se ve radicalmente alterado, y ahí está en la otra razón de ser del relato: la de plantar las semillas del futuro y situar las bases por las que se movería este landscapeen lo sucesivo. La revolución que tuvo lugar tras “Ultimatum” se lee ahora en clave de periodo de transición hacia otro escenario, uno en el que no sólo se hace irrelevante el espejo con el Universo Marvel clásico, sino en el que además se busca la divergencia y la sorpresa por encima de cualquier otra consideración. A ese respecto, no es extraño encontrarse, en el curso de la trama, destellos de lo que vendrá, en los que Bendis cede las tareas narrativas a sus futuros compañeros de franquicia. Jonathan Hickman avanza hacia el siguiente capítulo en la saga de los Ultimates al tiempo que revela el destino de Reed Richards tras los acontecimientos de “La trilogía del enemigo definitivo”; y Nick Spencer une a Kitty, Bobby y Johnny en lo que podría calificarse como la nueva encarnación de La Patrulla-X sin perder de vista a la fuerzas oscuras que mueven ficha contra los mutantes… Pero todo eso empequeñece ante la maniobra que nos procura el guionista principal: la llegada de Miles Morales, el nuevo Spiderman, aquél que está llamado a sustituir a Peter Parker. Esta es la culminación de la idea que el autor puso encima de la mesa con la muerte del trepamuros: el momento dramático, tan impactante que recorriera el mundo entero a golpe de telediario, no sería sino el resorte para sustituir a Peter por un nuevo trepamuros para el siglo XXI que soltara amarras con elementos del mito que se circunscribían a su época.

 

Todo empezó por pura casualidad, como tantas grandes ideas, cuando Bendis vio al actor afroamericano Danny Glover vistiendo un traje de Spiderman en un episodio de la teleserie Community. Al guionista se le encendió entonces la bombilla: era una idea revolucionaria y provocativa, a la par que moderna. Niños como sus propias hijas adoptivas, ambas de raza negra, se sentirían más identificados que nunca con Spiderman si éste era un chaval como ellos: inteligente, empático con el dolor ajeno… y negro. En Marvel, que ya habían barajado un cambio similar un par de años antes, coincidiendo con la llegada de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos, estuvieron de acuerdo en que era el momento de lanzarse a la piscina. Miles Morales se presentaría en el cuarto episodio de la historia, con una portada en la que se ocultaba premeditadamente su rostro, sólo para enseñarlo en unas páginas interiores dibujadas por Sara Pichelli, una artista de origen italiano que ya dibujara algunas de las historias de Peter en el periodo que acababa de terminar, pero que era una desconocida para la mayoría de los lectores. Sería la dibujante de la serie que, a renglón seguido, estrenaría el nuevo trepamuros, mientras que Bendis se mantendría como guionista: seguía dispuesto a quedarse allí todo el tiempo que le permitiera la editorial.

 

La reacción a la llegada de Miles Morales fue estruendosa, global y en todos los sentidos imaginables: desde los que se quedaron prendados de Miles nada más verlo hasta los que no entendían que aquel chavalín pudiera ser el Hombre Araña, y por supuesto hubo respuestas con un evidente marchamo racista, que no hacían sino confirmar lo apropiado por parte de Marvel de aquel movimiento tan valiente. El común de los lectores sabíamos que Peter era insustituible, que cualquier intento de recambio del personaje clásico se había estrellado contra el muro de la indiferencia, pero, de alguna forma, a tenor de cómo se habían desarrollado los acontecimientos, intuimos que aquello iba en serio, que podía funcionar y ofrecernos un Spiderman como no habíamos conocido nunca antes. Peter Parker estaba muerto, pero su legado viviría para siempre.

 

 Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 31

DETRÁS DE LA MUERTE DE ULTIMATE SPIDER-MAN: EL FINAL DE UN HÉROE

En el cómic de superhéroes se ha vuelto algo poco menos que habitual el que se anuncie la muerte de un personaje, incluso señalando el acontecimiento en el título de la aventura en cuestión, para luego descubrirse que el término “muerte” era excesivo. En esos casos, la “muerte” es una metáfora de “cambio”, de “pérdida”, de un engaño, en definitiva. Por eso, cuando Marvel puso encima de la mesa una aventura que se titularía “La muerte de Spiderman”, en referencia a su Hombre Araña Definitivo, todo el mundo dio por hecho que la cosa no iba en serio, que donde decían “muerte” en realidad querían decir cualquier otra cosa. Pero “todo el mundo” había olvidado que, en este caso, había un factor diferencial: el “factor Bendis”.

 

 

En 2011, año en que se publicó “La muerte de Spiderman”, Brian Michael Bendis ya no tenía nada que demostrar. Durante los más de diez años que llevaba escribiendo los más importantes cómics que publicaba Marvel, había reinventado a Los Vengadores, conducido a Daredevil más allá de la cordura, concebido al más carismático personaje femenino que hubiera visto la industria en años y, claro está, rehecho a Spiderman como él entendía que debía ser Spiderman. Su manera de escribir, apoyada en diálogos elaboradamente espontáneos, había roto los esquemas de toda una generación, pasando de recibir acusaciones de que no sabía hacerlo a ser imitado por buena parte de sus coetáneos. El Universo Marvel de entonces se había construido alrededor de cuanto Bendis contaba en Los Nuevos Vengadores, su serie más comercial, y durante mucho tiempo había estado encerrado en una historia-río plagada de sorpresas y de giros imposibles que dejaban a los lectores boquiabiertos. La mayor parte de la población mutante fue exterminada, la comunidad superheroica se partió en dos en una cruel guerra civil, el Capitán América fue asesinado al final de la misma, los Skrull estuvieron próximos a conquistar el planeta y fueron repelidos por el peor de los villanos posibles, que a continuación se puso al frente de la Seguridad Nacional… Eran revoluciones que los aficionados no creían posibles, y sin embargo se habían producido. El problema era que, en un momento dado, para meter de nuevo al genio dentro de la botella, se hizo necesario desandar el camino andado, y Steve Rogers volvió a la vida, las heridas en la confianza de los héroes curaron y aquel horrible villano mordió el pueblo, para dejar que las aguas volvieran a su cauce.

 

Porque las aguas siempre volvían a su cauce. Era una lección que, después de todo el ciclo de grandes eventos producidos por Marvel en la primera década del siglo XXI, hasta los lectores más jóvenes comprendían. Brian Bendis no sólo formaba parte de aquello, sino que estaba en el epicentro de todas las decisiones. En cierta manera, se sentía mal por haber sido partícipe de algunas de las muertes que él denominaba “muertes con rebote”, aunque aseguraba que en ninguno de los casos lo había hecho a propósito. Se sentía próximo a las hordas furiosas de fans que se quejaban enérgicamente cuando una de esas muertes terminaba por ser otra cosa. Para esos lectores, y también para Bendis, era otra forma de decir “estafa”.

 

En 2006, Joe Michael Straczynski, entonces guionista del Spiderman clásico, y cuya manera de abordar al trepamuros chocaba frontalmente con la de Bendis, produjo un evento que afectó a toda la franquicia arácnida, titulado “El Otro: evoluciona o muere”. Durante doce capítulos, que se extendían a lo largo de las tres series protagonizadas por el trepamuros de la Tierra-616, Peter Parker era sentenciado a muerte. No sólo eso: llegaba a morir… sólo para regresar, con un nuevo cuerpo sin enfermedades ni imperfecciones, y además con renovados poderes, incluidos unos espolones que apenas llegaría a usar. Marvel exhibió el anuncio de la muerte a placer, y cuando ésta no resultó ser tal, la sustituyó por esas “mejoras”, que quedarían enterradas al cabo de poco tiempo. “El Otro”, el evento que cambiaría para siempre la historia de Spiderman, fue el evento que cambió para siempre la historia de Spiderman hasta que, tres meses más tarde, llegó “Civil War”, y “El Otro” cayó en el más absoluto de los olvidos. No es extraño que el aficionado de a pie estuviera curtido y ya no se creyera ninguna frase promocional.

 

Apenas cinco años después de “El Otro”, y como si se tratara del estribillo de una machacona canción, Marvel volvió a anunciar la muerte de Spiderman, primero sin precisar de qué Spiderman se tratara, y luego haciendo ver que sería la versión Ultimate. Vistos los precedentes, lo último que creyó nadie cuando la editorial afirmó que el joven trepamuros iba a morir era, precisamente, que tal cosa ocurriera. Bendis, que por algo era el guionista de la historia, era el único que lo tenía claro. Quería huir de lo que él llamaba “todas esas mierdas”. No se podía permitir que el personaje “regresara a los tres meses con un brazo mecánico y haciéndose llamar El Arácnido, o algo así”. Y añadía: “Debía ser de verdad su muerte, una muerte que tuviera significado y abriera el camino a las historias que estamos preparando a continuación y que nos llevarían por terrenos inesperados”. Para él, se trataba de cerrar el círculo que se había abierto cuando Peter dejó escapar al que luego se convirtió en el asesino de tío Ben:“Peter no había sido capaz de salvarle, pero si él moría mientras conseguía salvar la vida de tía May, entonces estaríamos cerrando el círculo. Tendríamos un personaje cuyo fin había sido trágico, pero cuya vida no lo era. Era la pieza que me faltaba cuando estaba escribiendo la historia. Una vez me di cuenta de que la tenía ahí, todo fue mucho más fácil”.

 

Para la ocasión, se produjo un inesperado regreso, que subrayaba el hecho de que la historia sería verdaderamente trascendente. Mark Bagley, el dibujante con el que Bendis había hecho más de cien números de Ultimate Spider-Man y batido todos los récords; Mark Bagley, que después de tanto tiempo en Marvel creyó que era una estrella por sí mismo; Mark Bagley, que un día que le hubiera gustado olvidar, pero que jamás ha dejado de recordar, aceptó un suculento contrato para irse a la competencia; Mark Bagley, que fue ninguneado, desaprovechado y sepultado haciendo tebeos que a nadie le importaban y al que relegaron al más absoluto ostracismo, había aprendido la lección. Regresó a Marvel, con la cabeza gacha, y cuando le ofrecieron que volviera allí donde estaba antes de su espantada, para hacer la última historia del trepamuros definitivo, no pudo por menos que sonreírse de la suerte que podía llegar a tener. Su vuelta coincidiría con el cumpleaños de Peter, con el día en que hacía dieciséis años. Era otra manera de decir al lector que sólo habían pasado doce meses desde que le picara la araña. Aquel plan de que Peter celebrara cumpleaños cada cien números había quedado atrás. El joven trepamuros nunca volvería a soplar velas. Y Bagley, que había estado con Bendis en el comienzo de la historia de Spidey, estaría también con él en el final, un final para el que el guionista se dejó arrastrar por las emociones. Sabía que era la mejor herramienta para conseguir esa autenticidad que era su marca de fábrica. Cuando escribía una escena divertida, él mismo se reía con el chiste. Pero cuando escribía una escena dramática, cuando escribía la escena más dramática de su carrera… “No podía ni ver el teclado. Estaba hecho polvo. Fui arriba, con mi esposa y ella me preguntó qué me pasaba. Yo le dije que llevaba llorando los últimos cuarenta y cinco minutos y que estaba agotado. Ella me dijo que había personas en mi vida por las que nunca lloraría, pero que me estaba desesperando por aquello”.

 

Peter Parker había muerto. Y el Spiderman definitivo sería más grande que nunca.

 

 

 Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 30

LOS PREPARATIVOS DE LA MUERTE DE ULTIMATE SPIDER-MAN

La muerte y los superhéroes son amantes imposibles. Cuando se encuentran, su pasión suele manifestarse de manera ardiente, desaforada, carnal, pero nunca es para siempre. Parece como si no pudieran estar juntos más allá del arrebato inicial, de manera que terminan por romper ese compromiso que, en el mundo real, es inquebrantable. Los personajes mueren en las situaciones más dramáticas que puedan concebir sus guionistas, atraen los focos de los aficionados, de los medios especializados y a veces incluso de los generalistas, que ajenos a las reglas del género dan el obituario por definitivo y se sorprenden cándidamente cuando descubren que no es así. Ningún superhéroe importante que haya muerto ha permanecido de esa manera mucho tiempo. ¿Ninguno? Brian Michael Bendis tiene algo que decir al respecto.

 

 

 

La historia de Peter Parker siempre ha sido una narración a medio terminar. Antes de que fuera constatable que el personaje no era una moda pasajera, sino que estaba aquí para quedarse y, por lo tanto, debía permanecer más o menos inmutable y pasar de generación a generación, Stan Lee le condujo desde la adolescencia del instituto hasta la juventud de la universidad. Sus sucesores aceptaron ese cambio y ese ligero pasar de las fechas en el calendario como una norma a seguir, de manera que mostrarían cómo el personaje terminaba la facultad, comenzaba estudios de postgrado, los dejaba a medias, tenía diversos trabajos (casi siempre en el Daily Bugle), diversas novias, asentaba la cabeza (en brazos de Mary Jane) y llegaba incluso a tocar una madurez que, podía deducirse, equivalía a la llegada a los treinta. Sí, Marvel dejaba que la encarnación clásica del Hombre Araña viera los años pasar, pero hasta cierto punto, porque la ilusión de cambio que enunciara Stan Lee era eso: una ilusión. Los héroes sólo pueden avanzar hasta cierto punto, tan radical como pueda parecer al guionista o el editor de turno, pero del que sea fácil volver… Y en el cómic de superhéroes todo es posible. Cualquier retruécano argumental puede valer con tal de conseguir el resultado que la editorial desea.

 

Este tipo de movimientos, esa vuelta a los orígenes, suele romper en dos a la audiencia, ya que en muchas ocasiones responde a los deseos de una parte de los lectores o a aquello que la editorial estima necesario. Las resurrecciones son los casos que más resistencias encuentran entre los aficionados, que por otra parte son los que echan de menos a tal o cual personaje heroicamente fallecido y reclaman su regreso. Dentro de La Casa de las Ideas, muertes míticas, como la de Jean Grey de La Patrulla-X, o la del Duende Verde, el peor enemigo de Spiderman, no impidieron que, un buen día, pasados muchos años, alguien en la factoría estimara oportuno desdecir aquellas historias y poner en activo una vez más a tales personajes.

 

Después de tanto usar y abusar del recurso de la resurrección o de la falsa muerte, en las editoriales llegarían a institucionalizarlo. Sabedoras de que la posibilidad de regreso era proporcional a la importancia del afectado, comenzaron a planificar lo uno junto a lo otro. En 1992, DC Comics consiguió hacer de la muerte de Superman uno de los mayores acontecimientos de su historia, que abrió periódicos y telediarios en todo el mundo. El editor Mike Carlin y sus guionistas sabían que sería algo temporal y ya tenían diseñado el mecanismo por el que el Hombre de Acero saldría de la tumba, de manera que el camino de vuelta se convirtió también en otro acontecimiento singular y multitudinario. Un caso similar se repetiría, tiempo después, con el Capitán América en Marvel, aunque esta vez la iniciativa permaneció en manos del guionista que la llevaba a cabo, Ed Brubaker, y fue él también quien diseñó el rumbo a seguir, con la sustitución de Steve Rogers por el a su vez resucitado Bucky Barnes, hasta la reinstauración triunfal del héroe de las barras y estrellas que siempre ha sido y será… Salvo en los momentos puntuales en que el drama y la comercialidad requieran de lo contrario.

 

Y es así como llegamos al Universo Ultimate. Durante sus primeros años de existencia, los responsables de la línea se habían hartado de decir que esta versión reducida y por lo tanto más manejable del cosmos conectado Marvel, no se ataba a las leyes que pudieran seguir los cómics tradicionales. A partir de “Ultimatum”, empezaron a demostrarlo. Los muertos se quedaban en la tumba. Héroes que se pasaban al bando de los villanos permanecían allí sin redención posible. Y si un gran cambio afectaba a alguno de los protagonistas, nunca aparecía a los pocos meses una manera milagrosa de deshacerse.

 

Brian Michael Bendis, el más representativo guionista de la línea, sabía que había un límite que quizás no deberían atreverse a superar, precisamente porque en el Universo Ultimate no funcionaban las puertas giratorias. Ese límite era el de matar a Spiderman. Porque una de las características fundamentales del Hombre Araña es que debajo de la máscara está Peter Parker; porque el joven trepamuros es la base de todo, y sin él probablemente el Universo Ultimate se vendría abajo, porque… Cuanto más lo pensaba Bendis, más se daba cuenta de que todas esas razones eran en realidad las excusas que se habían dado a sí mismos para mantener los parámetros de la serie dentro de lo razonable. Pero, ¿y si la lógica interna de la historia empujara a romperlos? ¿Y si era el camino correcto a seguir, el fin que se merecía el personaje, el recurso para demostrar una vez más que ni él, ni nadie en Marvel, tenía miedo al vacío?

 

La colección, después de apenas quince entregas de su relanzamiento en el tono costumbrista y de comedia de situación que había aportado la llegada del dibujante David Lafuente, había recuperado su numeración original, de manera que en la oficina del editor Mark Paniccia contaban ya con más de 150 entregas publicadas. El número que había servido para conmemorarlas ofrecía un singular acontecimiento para la vida de Peter Parker, que pasaría a estar bajo el entrenamiento de los Ultimates. El héroe adolescente se disponía a abrazar las responsabilidades de la edad adulta.

 

Un año antes, en 2010, había tenido lugar el décimo aniversario de la colección, que la editorial celebró con alegría, al tiempo que los medios especializados respondían con artículos en los que se hacían balances extraordinariamente positivos. En ellos, Mark Bagley recordaba con añoranza sus años en la serie y llegaba a manifestar que lo echaba de menos. Un año después, el artista regresaría no sólo a Marvel, sino a Ultimate Spider-Man, y además lo haría para narrar los últimos días del joven Peter Parker. La incredulidad fue el primer sentimiento que asaltó a los lectores de todo el mundo cuando Marvel se atrevió a anunciar todo eso: que Bagley sería el responsable gráfico de la saga más decisiva de la historia del Universo Ultimate, y que esa saga se llamaría “La muerte de Spiderman”. Muchos, ante aquel anuncio, daban por hecho que Peter abandonaría momentáneamente las redes, o que tendría lugar una “muerte” simbólica, porque “muerte” podía significar también cambio. Ni Bendis ni la propia Marvel despejaron incógnitas sobre qué pasaría en la última página, porque, a su juicio, el título ya lo decía todo. No pasaron de ofrecer detalles sobre cómo se orquestaría la saga, ya que contaría con un prólogo en los episodios previos y un reflejo en paralelo mediante una miniserie que enfrentara a Los Vengadores de Nick Furia contra los Nuevos Ultimates.

 

Este tomo acoge el mencionado prólogo, que preparaba el escenario para la polémica aventura. En el apartado gráfico todavía se mantenía David Lafuente, pero Sara Pichelli, una hasta entonces desconocida artista italiana que había tenido oportunidad de realizar apenas un número previo, echaba una mano en muchas de las páginas, al tiempo que Chris Samnne, dibujante de influencias cartoon pero estilo netamente clásico, que representaba a Mary Jane y a Peter como si fueran los de Romita, por más que se tratara de las versiones Ultimate, se ocupaba del número inmediatamente anterior a la llegada de Bagley. En realidad, tanto Pichelli como Samnne servían de transición hacia la vuelta de la estética que había sido habitual en Ultimate Spider-Man desde sus inicios. Porque, cuando Bagley dibujara de nuevo al trepamuros, parecería como si no hubieran pasado los años.

 

¿De verdad que Spidey moriría? Nadie lo veía posible, pese al cacareado título. Nadie sabía entender lo obvio. Que la historia de Peter Parker era una narración a medio terminar y Brian Michael Bendis quería ser quien escribiera ese final.

 

 

 Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 29

LA IDENTIDAD DEL ENEMIGO DESCONOCIDO: FABRICANDO UN NUEVO DOCTOR MUERTE

Cuando el Universo Ultimate nació, a comienzos del siglo XXI, Marvel se proponía ofrecer a todo tipo de lectores un acercamiento comprensible a la par que emocionante a sus personajes más comerciales. La editorial estimaba que Spiderman, La Patrulla-X, Los Vengadores o Los Cuatro Fantásticos se habían vuelto demasiado herméticos para cualquier aficionado que quisiera incorporarse sin conocer al dedillo varias décadas de historias. Por eso La Casa de las Ideas propuso una Marvel que pudiera leerse desde cero, concentrada en muy pocos títulos y que fuera, en resumidas cuentas, muy fácil de seguir. Una Marvel definitiva. Durante la primera década de su existencia, los autores designados para llevarla a cabo acometieron una puesta al día de los conceptos fundamentales de La Casa de las Ideas, actualizando conceptos pero sin salirse en exceso de los cánones marcados por los clásicos. Fue en la segunda fase de la línea, la que comenzó tras “Ultimatum”, cuando esos autores dieron un paso más allá. Emprenderían un viaje incierto hacia territorio nunca antes cartografiado.

 

 

Pese a que el Universo Ultimate funcionara de manera autónoma, las reglas que habían dado lugar al Universo Marvel convencional, y a los superhéroes en particular, permanecían activas, a veces tan metidas en el código genético de las viñetas que los autores que las aplicaban no llegaban a darse cuenta de que estaban respondiendo a esos códigos. Tales reglas marcan que Spiderman siempre será Peter Parker y que mantendrá su identidad en secreto; que Los Vengadores cambiarán de miembros periódicamente, pero el Capitán América, Iron Man y Thor rondarán por ahí; que Los Cuatro Fantásticos se disolverán de vez en cuando, pero volverán a reunirse, porque Reed, Sue, Ben y Johnny son, a fin de cuentas, una familia; que Magneto destruirá la mansión de La Patrulla-X, los mutantes lo pasarán mal y una vez recuperados volverán a reconstruirla, etc.

 

¿Y si tiramos todo eso a la cuneta? ¿Y si dejamos que los personajes evolucionen libres de tales convencionalismos? ¿Y si convertimos el Universo Ultimate en un mundo verdaderamente imprevisible, donde todo pueda ocurrir y de hecho ocurra? ¿Donde si algo puede ir mal, quizás acabe por ir mal? El suelte de amarres con el referente clásico daría alas a guionistas y dibujantes, que podrían conducir sus series a donde estimaran oportuno, sin importar las consecuencias. Y lo que era aplicable a los héroes, lo era también a los villanos. En “Ultimatum”, habían desaparecido muchos de ellos, empezando por dos de los más peligrosos, Magneto y el Doctor Muerte. Las acciones del Amo del Magnetismo durante la crisis de Manhattan harían que el odio, puro y encarnado, se convirtiera en el nuevo enemigo máximo de los mutantes. Pero, ¿quién llenaría el hueco del Doctor Muerte? ¿Necesitaba este cosmos conectado de una figura equivalente a la del fallecido Victor Van Damme? Brian Michael Bendis estimaba que la respuesta a esa pregunta era “sí”; Daría al Universo Ultimate un nuevo Doctor Muerte como nadie hubiera imaginado.

 

El planteamiento original que Stan Lee y Jack Kirby adoptaron para el villano clásico fue el mismo que recogieran Mark Millar, Warren Ellis y el propio Bendis en su actualización, efectuada en los primeros arcos de Ultimate Fantastic Four. Como elementos modernizadores, los guionistas habían introducido la figura de Muerte en el propio origen de Los Cuatro Fantásticos, habían hecho que el accidente que diera poderes a estos alterara terriblemente también a Victor e incluso le habían dado un antepasado tan ilustre como Vlad Drácula. Algunos eran detalles incorporados por ellos mismos, otros buscaban aproximarse a la versión cinematográfica, pero ninguno de ellos interfería con las líneas maestras del villano que los aficionados tenían en la cabeza: su hambre de poder sin límites; su altivez infinita; su inteligencia suprema, capaz de rivalizar con la de Reed Richards; los celos venenosos hacia éste y el odio profundo hacia Los Cuatro Fantásticos en su conjunto; su dominio tanto de la ciencia como de la magia; su extraño sentido del honor, e incluso su tiranía sobre el reino imaginario de Latveria. Todo eso estaba ahí, como estaba en el Muerte de la Tierra-616. Si uno y otro llegaban a encontrarse, se identificarían de inmediato como almas gemelas.

 

Muerte había sido el instigador en la sombra de los atentados de Magneto en “Ultimatum”, y encontraría su destino en el puño rocoso de Ben Grimm en las últimas páginas de la saga, porque “Reed no tiene el estómago para hacer lo que hay que hacer”, pero Ben sí. Con su desaparición, el desmembramiento de La Primera Familia fue inmediato, como si unos no pudieran existir sin el otro. Y hasta en eso, todavía, el Universo Ultimate mimetizaba el modelo primigenio. De ahí, sólo restaba volver. Que Muerte hubiera resucitado de alguna manera ingeniosa. Que Los Cuatro Fantásticos se reunieran una vez más para hacerle frente. Que todo volviera a estar en su sitio.

 

Pero esta vez no sería así, y Bendis establecería los acontecimientos de “La trilogía del enemigo definitivo” como un manifiesto que negaba las fórmulas clásicas: asesinando a Reed Richards en las primeras fases del relato, que de esta manera se unía a los muchos muertos que ya había traído de por sí “Ultimatum”; acercando entonces a Sue Storm hacia Ben Grimm, quien además mutaría hasta recuperar su humanidad, y poniendo encima de la mesa una amenaza que parecía más terrible que la del propio Muerte y que por tanto estaba llamada a sustituirle. La única incógnita estaba en desvelar quién era esa amenaza y porqué estaba acosando a muchos de los supervivientes de “Ultimatum”.

 

El final de Ultimate Comics. Enemy, capítulo intermedio de la trilogía con el que se abre este segundo tomo recopilatorio, desvelaría la identidad del “enemigo definitivo”, mientras que el cierre de la historia, también en el presente volumen, quedaría reservado para el combate final contra el villano, al que se sumarían los héroes que todavía restaban por aparecer en la trama, en un último y gigantesco esfuerzo de Rafa Sandoval, el único dibujante con el que quiso contar Bendis para desplegar la epopeya de principio a fin, y cuya capacidad para el espectáculo es puesta a prueba en cada página, en cada nueva explosión, en cada giro inesperado, en cada una de las batallas atronadoras que le tocaron narrar y con las que disfrutó tanto como quienes contemplaran el resultado.

 

La sorpresa detrás de este relato pertenece al tipo de ideas que suele cocinar Bendis siguiendo la lógica en estado puro, pero resulta tan rupturista que rompería en dos a la comunidad lectora, tal y como lo habían hecho otras historias relevantes del guionista de Cleveland, como “Dinastía de M”, “Invasión Secreta” o el nacimiento de Los Nuevos Vengadores, sólo que esta vez tenía lugar en el Universo Ultimate. Bendis concibió el relato como una prueba de que las intenciones del renovado escenario iban en serio, además de un punto de partida desde el que contar muchas aventuras más… y así sería la cabo de un tiempo, aunque quizás el nuevo Doctor Muerte resultaba tan radicalmente atrevido que habrían de pasar bastantes meses hasta que los fans volvieran a verlo.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 28

ULTIMATE SPIDER-MAN: UNA TRILOGÍA PARA LA FASE DOS

Como consecuencia de los acontecimientos de “Ultimatum”, no sólo murieron decenas de héroes y cambió el statu quode los supervivientes, sino que también se vieron alteradas las relaciones que existían entre los personajes, los lazos que unían a todos ellos y conformaban, en definitiva, esa sensación de cosmos compartido que ya era propia del Universo Marvel convencional y que se había ido trasladando gradualmente hasta el Universo Ultimate. Una vez puestas las bases del nuevo escenario que había propiciado la saga en la que Magneto inundó Manhattan, Brian Michael Bendis, el guionista del Spiderman Definitivo, acometió la reconstrucción de esos lazos, mediante una trilogía de miniseries para la que contó con el talento gráfico del extraordinario artista español Rafa Sandoval.

La Patrulla-X, Los 4 Fantásticos y los Ultimates habían dejado de existir. Spiderman acogía en su propia casa a El Hombre de Hielo y La Antorcha Humana, antiguos miembros de los dos primeros grupos. Nick Furia, la figura que en cierta forma conectaba a todos esos aventureros, estaba ausente durante los sucesos de “Ultimatum”, exiliado en el mundo del Escuadrón Supremo, pero ahora había vuelto y se encontraba dirigiendo una unidad de acciones encubiertas llamada Los Vengadores, en cuyas filas militaban algunos de los antiguos Ultimates… Todo era sustancialmente diferente a como había sido antes. En ese punto, y una vez establecidas las líneas maestras del mundo post-Ultimatum mediante la colección de Spiderman y la de Los Vengadores, surgió la posibilidad de repetir el acontecimiento que había supuesto, unos años atrás, “La trilogía de Gah Lak Tus” (2004-06. Coleccionable Ultimatenºs 18 y 19. Ultimate Galactusnºs 1 y 2).

 

En aquel entonces, Warren Ellis había recurrido a tres miniseries consecutivas, realizadas por diversos artistas, en las que narró la llegada de la versión definitiva del Devorador de Mundos. La saga implicó, en mayor o menor medida, a casi todos los héroes de la línea. En aquel entonces se trataba de adaptar uno de los mayores clásicos de La Casa de las Ideas, realizado por Stan Lee y Jack Kirby cuatro décadas antes. Ahora, Bendis quería mantener el concepto de trilogía temática, pero en todo lo demás se alejaría del relato construido por Ellis. No habría varios dibujantes, como había pasado entonces, sino uno solo, que daría unidad y coherencia a la aventura. Si era necesario retrasar algún número o espaciar las miniseries, así se haría, pero no se iba a recurrir a ningún refuerzo de última hora, desvirtuando el resultado final, como sí llegó a pasar en la anterior ocasión.

 

El elegido esta vez fue Rafa Sandoval, un artista español que venía de realizar algunos portentosos episodios de Avengers: The Initiativey que la maquinaria de marketing de Joe Quesada designó entre los Young Gunsde 2009: dibujantes que había que seguir muy de cerca porque pronto se convertirían en estrellas. A ese respecto, tanto Bendis como el editor Mark Paniccia no pudieron estar más acertados. El estilo de Rafa revestía un cierto clasicismo, que recordaba tanto a Carlos Pacheco como a Stuart Immonen, al tiempo que generaba una inusual cantidad de escenas espectaculares por número. Bendis se dio cuenta enseguida de este detalle y decidió sacar el máximo partido de su colaborador, de tal manera que reduciría a lo estrictamente necesario sus habituales viñetas de caracterización de personajes en beneficio de la acción y las explosiones. Además, Bendis no buscaba hacer ningún remakeinspirado en historias clásicas, sino una aventura totalmente nueva que asentara sus bases en la mitología distintiva que había ido construyéndose a lo largo de los años entorno al Universo Ultimate. “Llevo dos años dándole vueltas a esto”, comentaría el escritor. “Cuando Jeph Loeb me dijo que inundaría el Universo Ultimate, me pareció estupendo, porque dejaría la clase de mundo que me permitiría contar esta historia”. Con esos mimbres, la nueva trilogía del Universo Ultimate, “La trilogía del Enemigo Definitivo”, como se daría en llamar, sería el equivalente a un estupendo blockbusterveraniego.

 

La mitología única y particular, que no se daba en el Universo Marvel clásico, era “la gran conspiración”, un elemento generado en los comienzos de la línea. Consistía en que, en este mundo, la creación de los superhumanos respondía a los movimientos ocultos de un puñado de grandes corporaciones que controlaban la política y la economía sin que los ciudadanos comunes se percataran de ello. “La gran conspiración” acabaría por servir para explicar la creación de los mutantes, que no respondía en absoluto a la casualidad; los múltiples intentos por recrear el suero del Supersoldado del Capitán América, que darían lugar a Hulk o a Spiderman, o las guerras entre empresas mastodónticas, como Oscorp y Roxxon.

 

Este último conglomerado industrial, en cuyas maquinaciones se había visto envuelto Spiderman en diversas ocasiones, estaría en el foco de atención de la saga y serviría como desencadenante de los acontecimientos, pero éstos guiarían a los héroes por senderos que nadie esperaba. En el caso del trepamuros, Bendis quería que estuviera presente, pero también recuperar a Spiderwoman, el clon femenino de Peter Parker, del que no se había vuelto a saber desde algunos años atrás (2006. Coleccionable Ultimatenº 42. Ultimate Spidermannº 19: La saga del clon). Además, se propuso reexaminar la relación que había unido a Peter con Nick Furia. En los viejos tiempos, el entonces director de SHIELD había sido una especie de figura paterna para el trepamuros. Eso cambió durante el choque con el Escuadrón Supremo, por lo que el guionista estaba convencido que sería muy interesante que se encontraran de nuevo y analizar lo que pudiera ocurrir.

 

Por otra parte, estaban Los 4 Fantásticos, o mejor dicho: aquellos que habían formado parte de Los 4 Fantásticos. Tras “Ultimatum”, el grupo se encontraba roto en pedazos: Reed había vuelto a casa de sus padres, Sue se había quedado como investigadora científica en el Edificio Baxter, Ben había ingresado en el ejército y Johnny estaba viviendo en casa de tía May. Lo que cualquier lector cabía esperar que sucediera era lo mismo que había tenido lugar en decenas de ocasiones en el Universo Marvel convencional. La separación y posterior reunión de La Primera Familia fue siempre un elemento distintivo de este grupo de aventureros, así que todo el mundo daría por hecho que, esta aventura, sería donde aquello tendría lugar. Es más: en Marvel habían barajado que una de las colecciones que surgirían del relanzamiento del Universo Ultimate se titularía, precisamente, Ultimate Comics. Four.

 

Los planes estaban ahí, encima de la mesa, y Bendis sólo tenía que ejecutarlos. Lo que nadie sospechaba es que esos planes se habían visto modificados y que “La trilogía del enemigo definitivo” iría por otros derroteros. En el título ya había una pequeña pista, pero la verdad sólo saldría a la luz una vez que se supiera quién era ese misterioso enemigo que había surgido de la noche a la mañana y que parecía más que capaz de ocupar el espacio dejado por Magneto o por el Doctor Muerte tras la desaparición de ambos. ¿Cuál era el verdadero rostro del villano? Sería necesario esperar hasta el final de la segunda miniserie para responder a esa pregunta. Y entonces, todo cambiaría para siempre.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 27

EL ULTIMATE SPIDERMAN DE BENDIS Y LAFUENTE: UNA CASA DE LOCOS

Cuando parecía que Brian Michael Bendis tenía completamente dominadas las características y el tipo de historias que podía contar con el Spiderman Definitivo, el que había sido creador y guionista de la serie durante sus diez años de existencia aprovechó el punto y aparte que había supuesto “Ultimatum” para dar un golpe de timón como nadie había esperado hasta entonces. Bendis prometió llevar a su Peter Parker a un lugar nuevo y emocionante, hacer algo distinto con él a lo que se había visto en cualquier medio, ya fuera cómic, cine o televisión. Sin ningún miedo al cambio y apoyado en la revolución gráfica de David Lafuente, eso fue lo que hizo.

 

 

Hasta ese momento, Ultimate Spider-Manhabía mantenido un perfecto equilibrio entre la acción de las aventuras del trepamuros y el costumbrismo de la vida privada de Peter Parker. El estilo artístico de Mark Bagley había propiciado tal circunstancia, aunque los guiones de Bendis poco a poco se habían ido decantando por el lado aventurero, que gradualmente se fue adueñando de la serie y se hizo fuerte una vez Bagley dejó los lápices en manos de Stuart Immonen. Con el relanzamiento de la serie desde un nuevo número uno y el salto en el tiempo de medio año transcurrido para los protagonistas a partir de los sucesos de “Ultimatum”, el tono de las historias se posicionó en el extremo opuesto. Bendis vio en la entrada de David Lafuente la oportunidad perfecta, puesto que el artista español tenía un especial talento para las escenas cotidianas, sobre todo si estaban protagonizadas por adolescentes. Su toque de cómic independiente americano lo aproximaba a series como Scott Pilgrim, muy volcada en las vidas de sus chavales protagonistas y en las antípodas de los superhéroes Marvel, pero de alguna manera conectada con el espíritu trasgresor y pop de la editorial. Si Peter Parker se había desdibujado un poco en los últimos tiempos, con todas las cosas que le habían ocurrido a su alter ego arácnido, ahora ocurriría lo contrario: Peter estaría en primer término y Spiderman apenas figuraría en las historias, por más que siguiera teniendo su importancia.

 

En los años noventa, la teleserie Lois & Clark: The New Adventures of Supermanhabía seguido un principio similar, pero se trataba más de una comedia romántica entre adultos con sus vidas encarriladas que de algo que tuviera que ver con lo que proponía Bendis. También se podía buscar similitudes con los dibujos animados de Spider-Man And His Amazing Friends, de comienzos de los ochenta. El guionista había confesado en múltiples ocasiones su devoción hacia tan bizarro producto, e incluso había llevado a cabo todo un arco argumental que lo homenajeaba (Coleccionable Ultimatenº 48. UltimateSpidermannº 22: Asombrososamigos), pero nadie hubiera imaginado que un buen día la casa familiar de los Parker acabaría acogiendo a la novia del héroe, a La Antorcha Humana y a El Hombre de Hielo, y que por allí también rondarían las dos ex de Peter. Sí, es cierto que en la pequeña pantalla podía verse que Spidey, El Hombre de Hielo y Estrella de Fuego (además de una simpática perrita) compartían techo y las tortitas de tía May, pero no dejaba de ser una de las convenciones propias del medio en aquel entonces. En general, Spider-Man And His Amazing Friendsnarraba aventuras bastante convencionales y a sus realizadores poco o nada les interesaba el día a día de lo que pasaba en aquella casa.

 

El salto de seis meses permitiría además introducir interesantes cambios en la estructura de las relaciones de los protagonistas. Durante la historia del trepamuros definitivo, Peter había salido fundamentalmente con Mary Jane, aunque ambos habían cortado durante una temporada en la que había entrado en juego Kitty Pryde. Faltaba por ver la interacción amorosa con Gwen Stacy, la que había sido el gran amor del Peter Parker clásico. La convulsa trayectoria de la versión definitiva de Gwen nos había dejado a ella huérfana, muerta, resucitada y acogida en casa de tía May, lo que en cierta forma era ya el germen de que allí acabarían instalándose también Johnny Storm y Bobby Drake. En el momento en que tuvo lugar “Ultimatum”, Peter volvía a salir con Mary Jane y él y Gwen se comportaban como hermanos. Pero, ¿y si todo eso hubiera cambiado en los seis meses transcurridos después de que la ola de Magneto arrasara Nueva York?

 

El ojo curioso de Bendis había visto en todo aquello una mina por explotar. ¿Cómo sería hacer la colada en esa casa? ¿Ir al baño? ¿Compartir cuarto? ¿llegar a tiempo al instituto? Si Gwen era la nueva novia de Peter, ¿en dónde dejaba eso a Mary Jane? ¿Qué había hecho ella con su vida? ¿Y Kitty? ¿Cómo afectaría a la antigua mujer-X que los mutantes hubieran sido ilegalizados tras el ataque de Magneto? ¿Qué opinaría tía May de todo? Sí, definitivamente había material para llenar decenas de páginas. De vez en cuando Spiderman golpearía a alguno de los malos, de vez en cuando surgiría la posibilidad de actualizar algún villano clásico que todavía quedara por “ultimatizar”, pero lo verdaderamente interesante estaría en esos momentos del día a día, en la formidable comedia de enredo que se podría montar alrededor.

 

Puestos a jugar con los equívocos: ¿Por qué no recurrir al enemigo clásico arácnido especialista en ellos, aquel que, por más que fuera el primero con el que se enfrentó el trepamuros todavía no había tenido versión definitiva? Años atrás, Bendis había escrito una aventura en la que un farsante se hacía pasar por el lanzarredes y le metía en un montón de líos, un argumento similar al que tuviera The Amazing Spider-Man #1 USA (1962), pero el culpable había resultado ser un delincuente convencional, no un maestro del disfraz. Esta vez sí habría un Camaleón como es debido. O tal vez dos.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 26

LA VIDA DESPUÉS DEL APOCALIPSIS: BENDIS Y LAFUENTE REINVENTAN SPIDERMAN

Este tomo de Ultimate Spider-Man es diferente a todos los demás. Aquí arranca la etapa del Hombre Araña Definitivo posterior a los sucesos de “Ultimatum”, lo que supone un cambio radical en el planteamiento que hasta este momento había seguido su guionista y máximo responsable, Brian Michael Bendis. Decidido a ofrecer algo a los lectores que nunca hubieran visto en ninguna de las versiones de Spiderman, Bendis dio un golpe encima de la mesa y cambió de arriba abajo la cabecera, una verdadera revolución que venía subrayada por el hecho de que David Lafuente, un artista en las antípodas de Mark Bagley o Stuart Immonen, pasara a hacerse cargo del apartado gráfico.

 

Cuando se cumplían diez años del lanzamiento apoteósico de Ultimate Spider-Man, su padre legítimo, Brian Michael Bendis, no tenía programados grandes cambios para el personaje. El resto de la línea Ultimate requería un buen fregado, a nadie le cabía duda de ello, pero el caso de Spiderman era radicalmente distinto. La serie, gracias a la permanencia de Bendis en la misma y a que había contado con apenas dos dibujantes fijos en todo ese tiempo, conservaba los bríos, la solidez y el apoyo de los lectores con los que siempre había contado. La vida del joven Peter Parker hubiera permanecido inalterable, dentro de su inestabilidad habitual, de esa montaña rusa en la que el protagonista parecía eternamente subido, si no fuera porque, después de acudir a las reuniones editoriales preparatorias de “Ultimatum”, el propio Bendis se diera cuenta que allí había una interesante oportunidad que él tampoco quería dejar pasar. Su trepamuros podría haber permanecido al margen del evento, o haber participado de rondón, como había ocurrido en otras ocasiones puntuales, como el viaje al mundo del Escuadrón Supremo que se narró en Supreme Power, pero el guionista entendió que Spiderman no podía sustraerse al maremoto que arrasaría Manhattan, ni tampoco a las consecuencias que dejaría atrás.

 

No sería una aventura como otra cualquiera de la que salir más o menos indemne. Cientos de miles de neoyorquinos morirían. La ciudad quedaría arrasada. Los mutantes, a causa de que el instigador del desastre había sido Magneto, pasarían de odiados y temidos a directamente perseguidos por las autoridades, y aquí hay que recordar que Kitty Pryde, una de las integrantes de La Patrulla-X, había sido pareja de Peter… Demasiados elementos como para dejarlos pasar así como así. Una vez que lo comprendió, en la cabeza de Bendis se empezaron a mover los engranajes. “Ultimatum” no era algo que hubiera planificado él, y desde luego hubiera podido vivir sin la ola gigante, pero, una vez sabido lo que iba a ocurrir, ¿por qué no subirse a lomos de ella?

 

Por un momento, el guionista llegó a imaginar el más radical de los escenarios: ¿Y si la historia terminase aquí? ¿Y si Peter Parker muriera durante la historia, el final heroico y sacrificado que requería el Hombre Araña y que la continuidad tradicional siempre le había negado? ¿Y si acto seguido llegara un nuevo Spiderman que nada tuviera que ver con el original? La idea sedujo por un momento a Bendis, para abandonarla acto seguido. El público todavía no estaba preparado para algo así. Él tampoco. Él quería seguir contando la vida de Peter Parker, pero inspirado por la posibilidad, se atrevió a jugar con ella en los dos episodios que sirvieron de epílogo a la que había sido hasta entonces la serie mensual del personaje. Con Ultimate Spiderman: Réquiem #2 USA (2009. Coleccionable Ultimate nº 52. Ultimate Spiderman nº 24: Ultimatum) mantuvo el suspense acerca de si Peter sobrevivía a la catástrofe. En la última página, el Capitán América encontraba al chaval bajo los escombros, y en su viñeta final, el espectador se colocaba en el lugar del Capi cuando el héroe arácnido abría los ojos. Se despejaba entonces la mayor pregunta alrededor del Ultimate Spiderman post Ultimatum: bajo la máscara estaría Peter Parker.

 

Y es que, por un momento, los lectores llegaron a pensar lo contrario. El avance y la portada del primer número de la nueva etapa se habían publicado antes de que el Ultimate Spiderman: Réquiem #2 USA se pusiera a la venta. Bendis, responsable del avance era consciente del calendario, así que fue premeditadamente ambiguo al hablar de un “nuevo Spiderman”. ¿A qué se refería exactamente? La portada de David Lafuente tampoco ayudaba a discernirlo: su interpretación del lanzarredes era distinta a la de los anteriores dibujantes de la serie. Los que no sabían apreciar el estilo fresco y desenfadado de Lafuente se centraron en lo anecdótico, en las proporciones de la cabeza de Spiderman y en sus grandes ojos, para criticar la cubierta. ¿Y si Peter no fuera el elegido? Pero sí lo era. Todo cambiaría, es cierto, pero dos cosas permanecerían inamovibles: Peter seguiría siendo Spiderman, al menos de momento, y su vida seguiría estando llena de problemas.

 

La revolución se sustanciaba en otros aspectos. Durante las horas del maremoto, J. Jonah Jameson, el director del Daily Bugle, había contemplado los actos heroicos de Spiderman y comprendido que todas las acusaciones que le había lanzado en el pasado estaban equivocadas. Escribió entonces una emocionada crónica, que servía de guía narrativa a los dos números de Ultimate Spider-Man: Requiem, en la que elogiaba su entrega y se retractaba de injurias pasadas: “Héroe no es una palabra que use a la ligera, pero Spiderman define esa palabra en todos los sentidos”, decía Jameson, a sabiendas de que estaba firmando un obituario… ¡Sólo que Spidey lograría sobrevivir! En consecuencia, y gracias al editorial de Jameson, su consideración entre la opinión pública cambiaría después de la tragedia. Pero no por ello el Hombre Araña tendría las cosas más fáciles. Y tampoco Peter.

 

La nueva colección de Ultimate Spiderman arrancaba seis meses después de los sucesos de “Ultimatum”, que habrían sido determinantes para el protagonista y todos sus secundarios. “Quiero un statu quo como nunca se haya visto con Spiderman”, decía Bendis al respecto. “Ni en los cómics, ni en la tele, ni en el cine… ¡Creo que a todos le va a gustar lo que se encuentren!”. La primera sorpresa que los lectores encontrarían sería de naturaleza estética. Por aquel entonces, David Lafuente ya era una figura en alza dentro de Marvel. Había dibujado una estupenda miniserie de La Gata Infernal y Bendis había confiado en él para hacerse cargo de Ultimate Spider-Man Annual #3 USA (Coleccionable Ultimate nº 48. Ultimate Spiderman nº 22: Asombrosos amigos), aquel episodio tan delicioso en que se resolvía la tensión sexual entre Peter y Mary Jane, pero ningún lector imaginaba que Marvel fuera a confiar una de sus colecciones más importantes a un artista con su estilo, tan radicalmente opuesto al realismo, la épica y la espectacularidad de las vacas sagradas de la compañía. El gijonés no parecía un “dibujante de superhéroes”. Sus principales inspiraciones estaban en el terreno independiente. Sus puntos fuertes estaban en la interacción de personajes y en los entornos cotidianos. Bendis sabía, gracias al Annual, que podía dibujar a Spiderman, pero sobre todo sabía que podía convertir la serie en una comedia juvenil como nunca se hubiera visto. Alguien dijo del Spiderman clásico, el de Stan Lee y John Romita, que el lector estaba más pendiente de lo que ocurría a Peter que lo que le pasaba al trepamuros. Ahora sería más verdad que nunca. El joven héroe tendría una nueva novia, un nuevo trabajo y una nueva actitud, al tiempo que el hogar de tía May se convertía en una casa de locos que pronto recibiría los visitantes más inesperados. La nueva cabecera bien podría haberse titulado “La vida privada de Peter Parker”, porque todo giraría en torno a él.

 

Se trataba, en definitiva, de alterar el ADN del Universo Ultimate. Hasta entonces, este escenario servía para ofrecer versiones modernizadas de conceptos que ya se habían utilizado en el Universo Marvel tradicional. El propósito a partir de ese momento sería el de desmarcarse, de manera que la línea Ultimate cobrara independencia, caminara por libre y ofreciera aquellas historias que, por los motivos que fuera, no se pudieran narrar en la Tierra-616. Como había ocurrido en el año 2000, Spiderman sería el pionero del nuevo camino a seguir.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 25

CERRADO POR INUNDACIÓN: DE CÓMO “ULTIMATUM” CAMBIÓ EL DESTINO DE ULTIMATE SPIDER-MAN

La leyenda habla de un malvado líder con el que el hogar de los prodigios había llegado a lo más alto. Pero como su ambición no conocía límites, decidió hacer una gran epopeya en la que todo cambiaría y que él mismo iba a narrar. Planes delicadamente trazados por otros durante años tuvieron que ser alterados, para así hacer posible el juguete que tanto deseaba. Hubo quienes aceptaron de buena manera esos cambios, como un método de atraer nuevas miradas hacia sus propias historias. Hubo quienes se enfadaron, por tener que tirar a la basura sus cálculos. Y hubo aquéllos que, aunque tuvieran que hacer borrón y cuenta nueva, se las arreglaron para que el nuevo escenario generara a su vez interesantes situaciones y excitantes aventuras.

 

Aquel malvado líder fue Jim Shooter, Director Editorial de Marvel que hizo y deshizo cuanto quiso durante su mandato, entre 1978 y 1987. Su juguete favorito fue un evento titulado “Secret Wars” y, en los tranquilos años ochenta, su realización puso patas arriba Marvel, si bien es cierto que inteligentes autores como Chris Claremont o John Byrne supieron aprovecharse de las injerencias que les obligaron a cambiar el rumbo de sus series. La historia tiende a repetirse cada cierto tiempo, con protagonistas y entornos diferentes, pero con el suficiente cúmulo de paralelismos como para preguntarnos si las siguientes generaciones no están sino obligadas a alcanzar los mismos éxitos y caer en los mismos errores que las precedentes.

 

Si saltamos hasta los estertores de la primera década del siglo XXI, nos encontramos un caso similar, dentro del Universo Ultimate. Jeph Loeb, el guionista que había recibido el encargo de dar un golpe encima de la mesa de la Línea Definitiva, planificó para ello un evento cataclísmico, titulado “Ultimatum”, que aunque se narrara en una serie principal (recopilada en su propio tomo de este coleccionable) tendría impacto en todas las demás cabeceras del sello… ¡Hasta el punto de que serían canceladas! Ultimate X-Men y Ultimate Fantastic Four habían perdido fuelle tiempo atrás, por lo que pocos las echarían de menos al llegar a su último número. Sin embargo, Ultimate Spider-Man mantenía toda su fuerza y todo su brillo. Los motivos eran muy sencillos: Brian Michael Bendis, el creador del concepto, nunca lo había abandonado a su suerte, de manera que seguía al frente del mismo casi una década después, conduciendo siempre al joven trepamuros por los lugares más sorprendentes e imprevistos. En el apartado gráfico, mientras los otros títulos habían padecido una inestabilidad constante a lo largo de los últimos años, con un descenso en picado de la categoría de los autores elegidos, Ultimate Spider-Man permanecía como uno de los más cuidados de toda La Casa de las Ideas. Mark Bagley había superado todas las marcas con sus 111 entregas consecutivas. Su sustituto, Stuart Immonen, no sólo le igualaba, sino que le superaba en todos los aspectos imaginables, y tampoco se había ausentado ni en una sola ocasión desde su llegada. La que en su día podría haberse considerado como la serie más emblemático de una línea en la que también había otras interesantes, se alzaba ahora como la única que todavía merecía la pena. Por eso, muchos lectores abrigaron la esperanza de que “Ultimatum” no afectara al Hombre Araña en lo más mínimo, sin embargo…

 

Sin embargo, para que “Ultimatum” fuera creíble, necesitaba forzosamente de la intervención de Spidey. Simultáneamente al anuncio de que su cabecera participaría en el evento, Marvel adelantó también que la serie concluiría poco después, en Ultimate Spider-Man #133 USA. Los aficionados enseguida se preocuparon, de forma que tuvo que ser Bendis quien les apaciguara, con esta solemne declaración pública: “No nos vamos a ir a ninguna parte. Sólo puedo decir que ‘Ultimatum’ alterará el curso de los acontecimientos y alterará el elenco de personajes secundarios de una manera dramática. Lo que ha ocurrido, fundamentalmente, es que Jeph Loeb ha desatado una inundación sobre nosotros. Gracias a eso, tenemos una gran oportunidad para saltar un poquito hacia delante. No demasiado, sólo un poquito. Cuando Ultimatum acabe, daremos un pequeño salto, y cuando aterricemos, tendremos un Ultimate Spider-Man totalmente nuevo”.

 

¿Qué es lo que realmente había pasado detrás de las cámaras? En el momento en que Bendis supo de “Ultimatum”, su primer impulso fue el de tirar la toalla. Después de tantos y tantos episodios, después de haber batido récords, quizás era el momento propicio para marcharse. Pero entonces se puso a repasar el cuaderno de notas en que apuntaba todas las ideas que tenía para futuros argumentos. ¡Todavía conservaba un montón de cosas importantes que contar y de aventuras que desarrollar! “Ultimatum” serviría como excusa para dar un vuelco y establecer un statu quo que no tuviera que ver con nada de los que se hubiera visto antes en ninguna colección de Spiderman, en el universo de ficción que fuera. Llegó incluso a plantearse una posibilidad: ¿Y si bajo la máscara no estuviera Peter Parker? ¿Y si Peter muriera al final de “Ultimatum”? En el curso de la saga, muchísimos personajes serían asesinados, y no sólo secundarios que nadie echaría de menos, sino auténticos iconos: Charles Xavier, Magneto, Cíclope, Daredevil, El Hombre Gigante, La Avispa, el Doctor Extraño… ¡Incluso Lobezno iba a morir! Con semejante perspectiva, nadie se sorprendería si el amistoso vecino arácnido también figuraba entre las víctimas. La incógnita no se despejaría hasta la última entrega, no ya de Ultimate Spiderman, sino de “Réquiem”, el epílogo en dos partes que se publicaría después del evento.

 

Allí se dilucidaría si Peter estaba vivo o no. Y en su interior, con el trepamuros ausente, todo el protagonismo recaería en los personajes secundarios, siempre tan bien cuidados y desarrollados por parte de Bendis. Pero además en la editorial juzgaron que era el momento perfecto para recuperar dos historias nada menos que dibujadas por Mark Bagley en los primeros años que nunca antes habían visto la luz y que podrían integrarse fácilmente en forma de flashbacks. El motivo de que estuvieran inéditas no está del todo claro, pero no cuesta imaginarlo. En el caso de la primera historia, donde el trepamuros se cruzaba con Iron Man, probablemente se dejó aparcada porque entraba en contradicción con ese proyecto que Mark Millar y Bryan Hitch se traían entre manos y que, a comienzos de 2002, cristalizaría con el título de The Ultimates. El segundo relato, en el que aparecía Hulk, venía a ser una versión de la segunda aventura publicada, allá por 2001, en Ultimate Marvel Team-Up. Probablemente Bagley dibujó las planchas, pero luego en Marvel cambiaron de idea y pasaron el guión completo a Phil Hester, que fue quien desarrolló la aventura completa. En todo caso, alguien se dio cuenta que tenían aquella pequeña joya cogiendo polvo. Su rescate era una cuestión de “ahora o nunca”.

 

Y hasta aquí llegó la primera fase del Universo Ultimate. Con la perspectiva del tiempo pasado, puede afirmarse con rotundidad que, tal y como prometía la publicidad, “Ultimatum” marcó un antes y un después. A partir de ese momento, la que había sido la línea más destacada de La Casa de las Ideas se desmarcaría del camino seguido hasta entonces, con apuestas cada vez más arriesgadas, que la llevarían a sucesivos relanzamientos periódicos. En lo que a Spiderman se refiere, los cambios también fueron tan radicales como se aseguraba, aunque Bendis seguiría siempre adelante. A principios de 2014, estaba preparando ya el equivalente al #200 USA y podía asegurar, con toda propiedad, que su Spiderman era, por encima de cualquier otro que se publicara entonces, el definitivo.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 24

GUERRA DE SIMBIONES: DE CÓMO UNA AVENTURA SE CONTÓ PRIMERO EN FORMA DE VIDEOJUEGO

La aventura de la que vamos a hablar incorpora toda una trama de Ultimate Spider-Man de la que hasta ese momento no habían tenido noticia los aficionados que únicamente seguían la serie mensual del personaje. Como si se tratara de una versión oscura de Forrest Gump, que cuenta sus historias a quien quiera sentarse a su lado a  escucharlas, Eddie Brock nos narra un acontecimiento del pasado que le implica a él, al Hombre Araña, al Rino, a Marta Plateada… ¿Cuándo había ocurrido tal cosa? Podrían preguntarse esos lectores. Y por más que repasaran números atrasados, no encontrarían la respuesta… Porque estaban buscando en el lugar equivocado.

 

“Guerra de simbiontes” ofrece un ejercicio tan excepcional como el de integrar un videojuego dentro del discurrir de un cómic. Y es un videojuego como pocos de los que llegan a hacerse, no por su calidad, que la tiene, sino porque sus desarrolladores buscaron la ayuda de los creadores del personaje original. Ultimate Spider-Man es un proyecto pensado no sólo para los jugones, sino también para los aficionados al cómic, que nació al amparo de un momento muy dulce dentro de la historia del trepamuros en otros medios. Corría 2005. Treyart, un estudio de desarrollo perteneciente a Activision, había estado ya detrás de los dos títulos lanzados con motivo del estreno en cines de Spider-Man y Spider-Man 2. Ambos conservaban el nombre de la película, ambos ampliaban el argumento de la misma y ambos habían supuesto un enorme éxito a todos los niveles.  Unánimemente, se consideraban los mejores videojuegos que había protagonizado jamás el personaje, que por otra parte nunca había tenido demasiada suerte en ese campo hasta entonces, y en especial destacaba el segundo, de escenario abierto, algo que había popularizado la franquicia superventas Grand Theft Auto.

 

Conscientes de que tenían en las manos una de sus más importantes licencias y había que explotarla al máximo, Activision encargó a Treyart nuevos títulos que no estuvieran directamente vinculados con las películas, sino que se acercaran más al Spider-Man de las viñetas. En un momento dado, llegó incluso a hablarse de un Spider-Man Classics, ambientado en los primeros tiempos del trepamuros, pero nunca llegaría a hacerse. Sí llegó a buen término el primero de esos títulos al margen del cine, que no fue otro que Ultimate Spider-Man. En buena lógica, se trataba de la versión comiquera del héroe más accesible por todo tipo de aficionados, y con la que existían más coincidencias con respecto al cine. En la desarrolladora no sólo miraron de cerca al cómic, sino que además recurrieron a la técnica del cel shading, que permitía dar a los gráficos un aspecto de cómic en movimiento. Anteriores experiencias, como el videojuego basado en el cómic europeo XIII, habían señalado el camino a seguir, pero quizás en ninguna ocasión el resultado tendría tan buen aspecto como el logrado en Ultimate Spider-Man, que por lo demás seguía siendo un sandbox como Spider-Man 2, quizás menos largo y profundo, aunque más divertido, plagado de guiños a las viñetas y elementos “robados” al medio. Los desarrolladores partieron directamente de los diseños de Mark Bagley, a la par que embarcaron a Brian Michael Bendis en la escritura del guión. Contaría con la ayuda de Brian Reed, diseñador del proyecto, quien le acompañaría más tarde en varios cómics dentro de Marvel, antes de saltar en solitario a Ms. Marvel.

 

El que Bendis y Bagley aparecieran en lugar destacado en la contraportada dejaba entrever el objetivo de hacer partícipes del producto a los fans del tebeo. La publicidad de Ultimate Spider-Man prometió además una historia que formaba parte del Universo Ultimate, de manera que el jugador que hubiera seguido la serie podría constatar que se trataba de una secuela del primer encuentro del trepamuros con Veneno. De hecho, una de las principales atracciones consistía en la opción de elegir entre jugar como Spiderman o jugar en el papel del villano. En el curso de la aventura participaban otros muchos personajes. Algunos, como El Conmocionador, Electro o el Duende Verde, ya habían aparecido en el cómic, pero hubo otros, en especial Marta Plateada o El Escarabajo, que todavía no lo habían hecho. Una vez colocado el videojuego en las tiendas, quedó más o menos establecido que la trama transcurría a continuación de Ultimate Spiderman nº 14: Superestrellas y antes de Ultimate Spiderman nº 15: El Duende. Más tarde, o a la hora de promocionar la saga en la que Spidey se enfrentaría a Marta Plateada, los textos afirmaban que aquella historia era directa continuación del videojuego. Sin embargo, en dicho cómic tanto el héroe como la mercenaria actuaban como si nunca antes se hubieran encontrado. Otros pequeños detalles que se vendrían sumando con el paso del tiempo también entraron en contradicción con el videojuego. No importaba realmente: al cabo de tres años de su publicación, casi nadie se acordaba de aquello… Excepto Brian Michael Bendis, que decidió volver sobre el asunto, aprovechando como excusa que Veneno, o algo que se estaba pasando por Veneno, se enfrentaba a los Ultimates en el comienzo de la miniserie de Jeph Loeb y Joe Madureira (2008. The Ultimates nº 5: Sexo, mentiras y DVDs).

 

Y es así como llegamos a ese Eddie Brock sentado en un banco y que recuerda un incidente en el que participaron Rino, Marta Plateada, El Escarabajo, Roxxon, los Ultimates y, por supuesto, Spidey. ¿Que el lector no había jugado a Ultimate Spider-Man? Perfecto, porque todo sería nuevo para él. ¿Que lo había hecho? También perfecto, porque además de echar un vistazo a la interpretación que de la aventura haría Stuart Immonen, con el Veneno más espectacular que se hubiera visto nunca, también descubriría cambios en la trama del videojuego que servirían para hacerlo coherente con los tebeos y eliminar todas esas molestas contradicciones que habían surgido a lo largo del tiempo. Pero además el nuevo arco argumental no sólo miraba hacia el pasado, sino que señalaría el futuro. En lo que a los Ultimates se refiere, al justificar la manera en la que Veneno acabaría enfrentándose con ellos, y en cuanto al trepamuros, con el regreso de un personaje que había sido muy importante en el pasado y que lo volvería a ser más adelante. “Guerra de simbiontes” se demostraría como algo más que un instrumento para integrar una atípica saga dentro de la continuidad. Era también el último escalón que faltaba por subir antes del salto al vacío.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 23

LOS MARVEL KNIGHTS DEL UNIVERSO ULTIMATE: PACTO ENTRE CABALLEROS

Cuando surgió la idea de hacer Ultimate Spider-Man, nadie creía en el proyecto. En un primer momento, iba a ser una miniserie de seis números, y cualquiera que hubiera conocido anteriores intentos de recontar el origen del héroe icónico de la factoría de Stan Lee podía apostar a que se quedaría como tal, en mera anécdota. Por eso, a Mark Bagley, un artista tradicional, un hombre de empresa poco dado a los fuegos artificiales, no le pareció mal hacerse cargo del dibujo, porque sabía que aunque no le convenciera el proyecto, al cabo de medio año volvería a lo de siempre. A veces, por suerte, los planes salen al revés de como se prevén.

 

Ultimate Spider-Man se convirtió en uno de los mayores éxitos de la Marvel del arranque del siglo XXI, de manera que de inmediato se transformó en serie regular. Lo más sorprendente es que Bagley se dio cuenta de lo mucho que estaba disfrutando del trabajo, así que decidió quedarse. Ya entonces atesoraba una fama de dibujante fiable, de los que en raras ocasiones faltan a su cita mensual con los lectores, pero con el Spiderman Definitivo llevó tales principios a sus últimas consecuencias. Conforme pasaron los años, Bagley siguió y siguió inamovible en su puesto, sin dar señales de agotamiento, sin importar que durante una buena temporada Marvel decidiera lanzar 18 entregas al año de la serie y sin que el hecho de que fuera requerido para colaboraciones puntuales en otros cómics hiciera mella en él. Brian Michael Bendis, el guionista, tampoco estaba dispuesto a abandonar al personaje, por más que, en un momento dado, Robert Kirkman, el único autor que hubiera podido sustituirle, se señalara a sí mismo como su sucesor natural.

 

En un momento dado, alguien se acordó que había un récord por superar, el de Stan Lee y Jack Kirby en The Fantastic Four. Los padres fundadores habían permanecido en el cómic que lo empezó todo durante la mágica cifra de 102 números. A ellos se les podían sumar los seis primeros Annuals, que también dibujó Kirby. En total, nada menos que 108 episodios. Era un prodigio, una maravilla a la que ningún equipo creativo había conseguido acercarse. En editoriales independientes, Dave Sim con Cerebus y Erik Larsen con Savage Dragon, sí habían alcanzado semejante proeza, pero era algo a lo que nadie estaba acostumbrado en las majors. Dentro de Marvel, se podía encontrar la larga permanencia de Chris Claremont en Uncanny X-Men o de Peter David en Incredible Hulk, pero ambos se apoyaron en diversos dibujantes durante los años que estuvieron en dichas cabeceras.

 

Ultimate Spider-Man #102 USA, en plena saga del clon, señaló el punto en que Bendis y Bagley cumplieron aquel ambicioso objetivo de igualarse con los pioneros de La Casa de las Ideas. El artista permanecería todavía nueve episodios más, hasta que en Marvel encontraran el sucesor apropiado, pero luego cambiaría de aires. Al respecto de su marcha, después de tantos años, diría lo siguiente: “Brian y Ralph [Macchio, el coodinador de la serie] lloraron, y me ofrecieron favores sexuales para que me quedara. Joe [Quesada] se lo tomo como un hombre, se quejó una vez y luego se fue a casa a patear al perro. En serio, todos entendieron mis razones y respetaron mi decisión. A Ralph le habría encantado que me quedara, ya que se trabaja muy bien conmigo. Brian todavía disfruta con lo que aporto y creo que trabajaría conmigo siempre, de lo cual estoy muy orgulloso. Para ser honesto, cuando hice mi última página, me puse a temblar. Ya he dejado títulos antes para trabajos de más nivel, y me han sacado educadamente de un proyecto cuando la editorial ha querido un cambio. Pero esta es la primera vez que me he marchado de un trabajo tan maravilloso por razones que son sólo mías”. Esas razones, por cierto, llevarían a Bagley hasta DC Comics, de donde regresaría a Marvel apenas tres años más tarde.

 

Mientras tanto, Stuart Immonen sería el llamado a sustituirle. Este dibujante de origen canadiense compartía algunas de las mejores cualidades de Bagley. Su fiabilidad, rapidez y dominio de la narrativa eran equiparables, pero Immonen se diferenciaba de su antecesor en soltura y espontaneidad, lo que le hacía estar menos pendiente de seguir un modelo preestablecido de cada personaje. Immonen era además un artista en constante evolución. Había pasado de una puesta en escena sencilla, basada en la iluminación de la escena, a un realismo idealizado heredero de Norman Rockwell, con el que destacaría por la que fue su obra maestra en DC Comics, Superman: Identidad Secreta (2004). De ahí, pasó a una simplificación máxima de la línea, con la que ganó en espectacularidad, y que luciría en sus proyectos para Marvel, la transgresora Nextwave (2006-07), junto a Warren Ellis, y las dos cabeceras del Universo Definitivo por las que ya había pasado, Ultimate Fantastic Four (2004) y Ultimate X-Men (2005-06). Podría haberse mantenido en tales parámetros para Ultimate Spider-Man, pero optó por dar un paso más hacia delante, por añadir mayor cantidad de detalles en cada viñeta. Así empezaría el camino que le llevaría a alzarse como una nueva estrella. En tal posición, ilustraría Ultimate Spider-Man durante los años posteriores y se mantendría próximo a Brian Michael Bendis, con quien estaba llamado a acometer otros ambiciosos proyectos.

 

Algunos apuntes que merece tener en cuenta al respecto de la saga con la que Bagley concluyó su larga etapa junto al joven trepamuros y que se recopila en este volumen: Bendis recuperaba la larga rivalidad entre Spiderman y Kingpin, en forma de secuela a los acontecimientos narrados en Coleccionable Ultimate nº 36. Ultimate Spiderman nº 16: Guerreros. El puñado de justicieros callejeros que allí se había presentado aumentaba sus filas, con las incorporaciones de Daredevil, el Doctor Extraño y Ronin, este último un personaje fetiche de Bendis en el Universo Marvel tradicional, que en su viaje al cosmos Ultimate contó con una orientación radicalmente distinta. El grupo, a su vez, actualizaba a los Marvel Knights, formación de superhéroes callejeros que habían contado con una corta serie en la Tierra-616, a caballo entre 2000 y 2001, con la que se quería aglutinar a los representantes de la línea editorial del mismo nombre, apadrinada en sus orígenes por Joe Quesada y, por lo tanto, predilecta del Director Editorial de Marvel. La saga se coronó con un extraordinario epílogo, una conversación entre tía May y Peter, necesitados de sincerarse después de que ella hubiera descubierto la identidad secreta del héroe en el anterior tomo. Bendis daba respuesta a una historia similar, narrada por Joe Michael Straczynski y John Romita Jr. en el Universo Marvel clásico, pero también fue la ocasión perfecta para que Bagley cediera el testigo a Immonen de manera orgánica y natural. 111 números y siete años después del comienzo, el mayor cambio de Ultimate Spider-Man se había consumado.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 20

1 2 3 4 8