EL ASOMBROSO SPIDERMAN 145: EL REAJUSTE

¿Cómo? ¿Ya estamos en 2019? Pues no: todavía no, pero nosotros también tenemos una especie de máquina del tiempo. En El Asombroso Spiderman nº 140, te contábamos que la larga saga que venía contando Chip Zdarsky en Spectacular la retomaríamos ya en el próximo año, pero el retraso que han venido acumulando las series arácnidas en los últimos meses, con crossovers y gran cantidad de salidas en Estados Unidos que nos han abocado a esta situación, imponía un plan de emergencia para solucionar la papeleta y paliar la distancia. Por lo pronto, ya habrás visto que, en los últimos meses, hemos metido el acelerón para completar cuanto antes la etapa de Dan Slott en Amazing, una misión cumplida en nuestro número anterior. Ahora toca hacer lo mismo con las otras dos colecciones de Spiderman. Además de eso, este mes la serie española ha contado excepcionalmente con dos salidas, y a comienzos de 2019 repetiremos la acción, lo que nos permitirá solucionar el comentado retraso. Y una vez solucionado, y dada lo extraordinariamente complejo que ha sido planificar el tomo en esta temporada que ahora se acerca a su fin, estamos pensando en poner en práctica cambios de cara al lanzamiento del Amazing de Nick Spencer y Ryan Ottley, que permitan contar todos los meses con la principal serie arácnida y mantenerla a los cuatro meses de distancia con respecto a la edición original que ya tienen el resto de series mensuales de Panini. Ya entraremos en materia cuando llegue el momento y nos lo permita el timing de publicación de Estados Unidos, ya que, por lo pronto, en el horizonte aguarda un evento arácnido: “Spidergedón”.

 

EL CÓDIGO DITKO

Después de que Miles Morales visitara al joven Peter Parker en el respectivo especial de “Generaciones”, es al adulto Peter a quien le toca reconectar con su yo más joven. Nuestros autores sitúan la historia a comienzos del siglo XXI, como cabe deducir de detalles circunstanciales, como el detalle de que Peter tenga en su habituación uno de los míticos iMac G3 o una GameCube de Nintendo. ¡Fue uno de los pocos que la compró! “En las series Marvel estamos teniendo que trabajar con una línea temporal cambiante”, explicaba el guionista a Tim Stevens, de Marvel.com. “Así que quería asegurarme de que Peter se viera como si estuviéramos por así decirlo, en 2004 o 2005, aunque no ponemos demasiado el acento en ese periodo, ¿sabes? Lo más importante fue que el Peter de entonces resultara lo suficientemente extraño y distinto con respecto al de ahora. Debía tener unos dieciséis años en aquel entonces. Estamos acostumbrados a ver a chicos mayores interpretando a un Spidey adolescente en las pelis, pero yo quería que este Peter resultara de verdad joven”. A pesar de todos esos gadgets que nos conectan con una época tan concreta, y tan relativamente reciente para los que empezamos a tener una edad, lo cierto es que la estética del cómic enlaza con el estilo de Steve Ditko, el primer dibujante que tuviera el trepamuros, y con los años sesenta, de manera que el traje del joven héroe calca significativos detalles del de entonces, como el trazado de telarañas, el negro en lugar del azul, la forma de los ojos y hasta las míticas redes sobaqueras. Todo esto nos lo trae Joe Quinones, el dibujante que ya acompañara a Zdarsky en su etapa de Howard El Pato, quien en la misma entrevista describía de esta manera la experiencia: “Estamos al mismo tiempo retrocediendo hasta los primeros 2000, pero espiritualmente vamos a los sesenta. Es divertido buscar un equilibrio entre las dos épocas. En esencia, lo que estamos haciendo es trasplantar el dibujo clásico de Steve Ditko al siglo XXI”. En capítulo de anécdotas, Quinones ha ido dejando caer una gran cantidad de homenajes por toda la historieta, como el mítico traje en la basura del Amazing #50 USA. En nuestras ilustraciones de esta sección te dejamos un par más. Apunta, además, que el uniforme del joven Spidey acaba pareciéndose al del recién aparecido videojuego de PS4… ¡aunque pronto veremos una versión mucho más literal del mismo!

 

Spot On aparecido originalmente en El Asombroso Spiderman 145

HOMBRES ARAÑA, MAGOS Y MONSTRUOS: STEVE DITKO EN MARVEL

Cada vez que glosamos la creación del Universo Marvel, solemos referirnos a tres autores como aquellos sobre los que se asientan los cimientos de este formidable cosmos de ficción. Stan Lee, guionista y fuerza impulsora, editor y creador de las conexiones que hicieron de La Casa de las Ideas algo único, un puzzle que conformaba una imagen infinita en que cada cómic no era sino una pequeña pieza; Jack Kirby, el titán del lápiz que dio vida a Los 4 Fantásticos, Los Vengadores, La Patrulla-X y desarrolló aventuras más grandes que la vida, de un colosalismo abrumador y una imaginación desbocada; y Steve Ditko, el reverso oculto, misterioso y extraño de Kirby, un artista de las sombras, de los personajes singulares y los lugares brumosos, de los mundos que están más allá de los límites de la conciencia y de los relatos que invitan a liberar la mente. Donde Kirby dibujaba dioses, Ditko mostraba almas atormentadas; donde Kirby enseñaba invasiones alienígenas y tecnología imposible, Ditko se escoraba por los monstruos informes y las dimensiones aberrantes. Sólo la perfecta combinación de esos talentos habría hecho posible un resultado tan magnífico como para pervivir en la cultura popular durante décadas y como para atraer generación tras generación de autores y aficionados, que no hacen sino perpetuar el reino de los prodigios.

 

 

Stephen J. Ditko nació el 2 de noviembre de 1927 en el seno de una familia trabajadora de inmigrantes eslavos, en Johnstown (Pensilvania). Apasionado de las viñetas desde niño, Ditko quiso escapar del destino de sus padres y señaló el dibujo como plataforma para hacerlo. Practicó de manera autodidacta y cogió así malos hábitos artísticos, hasta que, en 1950, entró en la Cartoonists & Illustrators School de Nueva York bajo la tutela de Jerry Robinson, el cocreador del Joker y de Robin. El artista dio el salto profesional en 1953, dentro de Stanmor Publications, donde ganaba diez dólares por página. Ese mismo verano, entró a trabajar en el estudio de Joe Simon y Jack Kirby, el equipo creador del Capitán América. Allí también estaba Mort Meskin, al que Ditko encontraba especialmente interesante y que fue de gran influencia en su estilo. Ya en 1955, saltó a Charlton, una editorial que le ofrecía enorme libertad creativa, y para la que firmó una gran cantidad de historias de contenido terrorífico, antes de que la implantación, ese mismo año, del llamado Comics Code hundiera ese tipo de publicaciones. La tuberculosis alejó a Ditko de los tableros de dibujo y de la Gran Manzana durante meses. Cuando regresó a Nueva York, Charlton atravesaba problemas económicos ocasionados por un huracán que había arrasado sus instalaciones e imprenta en Connecticut, lo que llevó al artista a llamar a las puertas de Atlas, la editorial que pronto pasaría a llamarse Marvel Comics. Allí trabajó, con Stan Lee como guionista, en los relatos cortos que nutrían el grueso de la línea editorial. Las querencias de Ditko eclosionaron con fuerza en esos relatos, casi siempre de misterio y próximos al terror. Las historias solían desenvolverse en la oscuridad, en escenarios opresivos y de atmósfera enfermiza, habitualmente protagonizadas por individuos incomprendidos por el sistema y que padecían el castigo por querer destacar.

 

Fue, en ese momento fundamental a comienzos de los sesenta, cuando llevó a cabo los trabajos en Marvel que le harían no sólo pasar a la historia del medio, sino cambiarla. Algunas de las más significativas obras de ese periodo son las que nutren este libro-homenaje.

 

 

LA REVISTA QUE RESPETA TU INTELIGENCIA

El particular estilo de Steve Ditko enseguida le granjeó una legión de seguidores que lo distinguían de Jack Kirby u otros artistas de Atlas. Seguían su trayectoria a lo largo de los títulos antológicos de la factoría, como Tales To Astonish o Journey Into Mystery, pero Stan Lee estimó el potencial de un título dibujado en su totalidad a su arte. Fue así como decidió tomar una cabecera preexistente, Amazing Adventures, que aglutinaba historias cortas de distintos dibujantes para, a partir de la séptima entrega, transformarla en Amazing Adult Fantasy. El título apelaba a la sofisticación del lector tanto como el contenido, formado a partir de ese momento por historias de Lee y Ditko que recordaban al show televisivo del momento, The Twilight Zone (Dimensión desconocida en España).

 

El puñado de historias recopiladas en este volumen supone una buena muestra del trabajo de Ditko en Amazing Adult Fantasy, aunque algunas de ellas destacan por su importancia histórica. Así, “Something Fantastic?” hace partícipe tanto a guionista como dibujante de la acción, un truco narrativo al que Stan Lee recurriría en numerosas ocasiones con posterioridad; “¡El hombre del cielo!” presenta en sociedad a los mutantes, concepto posteriormente desarrollado por Lee y Kirby en La Patrulla-X; finalmente, “Spider-Man!” supuso el debut del más popular personaje de Lee y Ditko, que apareció en el último número de la colección. Para esa entrega, perdió el “Adult” del título, y se preparó para acoger en cada episodio una nueva aventura del trepamuros, pero la escasa fe del editor Martin Goodman en la cabecera abocó a su prematura cancelación.

 

ENSAYOS DE GRANDEZA

Antes del debut de Spiderman, hemos incorporado otra muy particular historia de Lee y Ditko, publicada originalmente en Strange Tales, otro de los títulos antológicos de Atlas. Como en muchos de los relatos de la época, presentaba una situación fantástica con resolución sorpresa, con una sirena que habita entre humanos como protagonista. El detalle que ha hecho destacar esta historia por encima de otras es la presencia de los padres adoptivos de la protagonista, llamados Tía May y Tío Ben y caracterizados ya como los que luego serán los tíos de Peter Parker. Ella, en particular, obedece a uno de los modelos de mujer que habitualmente utilizaba Ditko, y que se basaba en su propia madre. Este tipo de historias, con prototipos que luego servirán de modelo a superhéroes, supervillanos y secundarios de La Era Marvel, solían ser habituales en los tiempos inmediatamente anteriores a la irrupción de Los 4 Fantásticos.

 

EL SUPERHÉROE NEURÓTICO, EL ESPEJO DEL DIBUJANTE

El éxito inesperado del Hombre Araña propició el lanzamiento de su propia revista, The Amazing Spider-Man, unos pocos meses después de su debut. Comenzaba así una de las más brillantes etapas que ha conocido jamás el género superheroico. Steve Ditko volcó su experiencia vital, sus aspiraciones personales, sus amarguras y sus triunfos en un personaje con el que trazó una evolución modélica a lo largo de más de tres años. Spiderman reflejaba la angustia adolescente que había sentido el propio autor como nunca se había hecho antes en un cómic y de inmediato fue asimilado por una audiencia que lo estimó como propio. A partir de un determinado momento, Stan Lee dio carta blanca al artista para que él mismo construyera las historias, si bien Lee siguió aportando unos chispeantes e imaginativos diálogos.

 

En esta recopilación, hemos incluido The Amazing Spider-Man Annual #1 USA, el primer especial protagonizado por Peter Parker: una auténtica fiesta en la que se enfrentaba contra los que se habían alzado como sus seis principales villanos hasta la fecha, con la salvedad de El Duende Verde, mientras la Tía May y Betty Brant atravesaban por una situación que, en lugar de caer en los tópicos más manidos, acudía a lo rocambolesco, para convertirse en pieza impagable de una trama genial. El cómic se coronaba con una pequeña historia paródica en la que Lee y Ditko daban cuenta del proceso de elaboración de las aventuras de Spiderman.

 

A continuación, se ofrece la que está considerada como la mejor historia de la Era Ditko, y probablemente una de las mejores jamás protagonizadas por Spiderman. En esta saga de tres capítulos salen a la luz de manera evidente las influencias que sobre Ditko estaban teniendo las ideas del Objetivismo, enunciadas por la escritora ruso-estadounidense Ayn Rand. El Objetivismo apelaba al individualismo extremo, a la glorificación de la excepcionalidad y a un sistema capitalista sin concesiones a la protección de los más débiles. Ditko quedó fascinado por su defensa de la persona sobre la masa, e identificó a Spiderman con el héroe randiano que sale triunfante a pesar de tener todas las circunstancias en contra. Así lo reflejó, en una larga escena de cadencia perfecta, emoción absoluta y final épico, con la que su trepamuros alcanzó la excelencia, y que todavía es recordada como uno de sus momentos más representativos.

 

MÁS ALLÁ DEL VELO DE LA REALIDAD

En paralelo a su etapa con Spiderman, se desarrolló la otra gran obra de Steve Ditko en Marvel, la del Doctor Extraño. El Señor de las Artes Místicas también surgió como parte de un título antológico de la editorial, pero, al contrario que lo que ocurrió con el trepamuros, permaneció en Strange Tales mientras que Ditko continuó en Marvel. Stan Lee adjudicó al artista la creación del mago, inicialmente limitado a lugares comunes que quedaron atrás en cuanto Stephen Extraño echó a andar y fue de menos a más, de “Maestro de la Magia Negra” a guardián de las puertas a dimensiones que no obedecían a las leyes de la física, de hechicero de teatrillo a protector de la Tierra frente a amenazas que desafiaban toda racionalidad.

 

El Doctor Extraño de Ditko provenía de un rincón de su mente que había sido abierto de par en par, pero al que no habían tenido acceso los meros humanos hasta entonces. En lo campus de las universidades, las comunas hippies y las fiestas privadas de los ejecutivos de Madison Avenue querían saber qué era aquello que tomaba ese dibujante de Marvel. No sospechaban que Steve Ditko se limitaba a explorar su imaginación. Doctor Extraño se alzó como vanguardia entre la generación de la psicodelia, y que Storm Thorgerson lo introdujera, casi oculto, en la carátula de A Sacerful Of Secrets (1968) de Pink Floyd no hacía sino refrendarlo.

 

Aquí se incluye el debut y el origen del personaje, con una digna modestia que apenas deja entrever la sublimidad que aguardaba a los pocos meses, para a continuación pasar a la primera gran saga de Extraño, aquélla en la que eclosionó el personaje en toda su originalidad, y concluir con el último de los relatos desarrollado por Ditko para el Hechicero Supremo.

 

EL CAMINO POSTERIOR, EL INICIO DE LA LEYENDA

Las profundas diferencias que se fueron abriendo camino entre Stan Lee y Steve Ditko abocaron, en 1966, a que éste abandonara Marvel desairado y se negara a volver a dibujar a los dos personajes que le habían hecho extremadamente popular. Fiel a su manera de entender los postulados del Objetivismo, ni Spiderman ni el Doctor Extraño volvieron a pasar por sus manos, y también se negó a exigir rendimientos por el éxito posterior de ambos iconos, incluidas sus gigantescas películas, que el artista nunca llegó a ver. Además de estos personajes, en aquel periodo inicial del Universo Marvel también habían pasado por sus manos, aunque en menor medida, otros héroes del momento, como Hulk o Iron Man.

 

Steve Ditko volvió a Charlton, donde incorporó a la librería de personajes de la independiente a Blue Beetle o The Question, reciclados décadas más tarde en la creación de Watchmen, el cómic que subrayó la madurez del género. Pasó por DC Comics, donde produjo Halcón y Paloma o Creeper, sin llegar nunca a alcanzar una repercusión remotamente cercana a la lograda con Spidey o el Doctor Extraño. En los ochenta, recaló en Marvel, en una errática segunda etapa donde todavía dio vida a nuevos personajes, como La Chica Ardilla o Speedball, que alcanzaron cierto predicamento ya en manos de otros. Pero el público de la época no supo entender los planteamientos del artista, cuyo estilo fue juzgado como pasado de moda. El aprecio y el reconocimiento no llegaría sino con el recuerdo de los lectores veteranos, y el descubrimiento por parte de las nuevas hornadas de seguidores, gracias a las sucesivas reediciones de las etapas fundacionales de Spiderman o Doctor Extraño.

 

En los últimos años, Steve Ditko seguía trabajando en su estudio del centro de Nueva York, negándose a hacer apariciones en público o conceder entrevistas, si bien respondía personalmente y de su puño y letra a las cartas que le llegaban de lectores de todo el mundo, y lanzaba sus cómics, en blanco y negro y de un contenido político, alegórico y doctrinal, aunque todavía con destellos de grandeza, a través de mecenazgo y autopublicación. Sus personajes clásicos daban millones, los originales de sus obras más apreciadas podrían haber alcanzado cantidades desorbitadas, pero él se negaba a venderlos, y prefería colocarlos entre su viejo tablero de dibujo y la página que estuviera haciendo en ese momento. Cuando su amigo Greg Theakston lo descubrió y se ofreció a comprarle el mejor tablero que pudiera encontrar, Ditko se negó en redondo. En 2007, la estrella de la televisión británica Jonathan Ross se propuso descifrar el misterio alrededor de Steve Ditko, en un documental para la BBC que seguía su trayectoria con la mayor admiración. Al final del mismo, Ross y el escritor Neil Gaiman se desplazaban a Nueva York y visitaban en su estudio al artista, que fuera de cámara los recibió y mantuvo una agradable conversación con ellos ante la sorpresa de ambos.

 

El 29 de junio de 2018, la policía encontró el cuerpo de Steve Ditko en su apartamento de Nueva York, la suite 715 del nº 1650 de la calle Broadway, tal y como podía localizarse con facilidad en el listín telefónico. Había muerto dos días, antes por causas naturales. Tenía noventa años, y se encontraba preparando su siguiente proyecto, Something Big, una antología de 48 páginas que financiaría mediante pequeñas aportaciones de los compradores. El misterio nunca dejaría ya de rodear a su figura. Sus grandes creaciones nunca dejarían de estar con nosotros. Su genio perviviría para siempre.

 

 

Texto aparecido originalmente en 100 % Marvel HC. Los mundos de Steve Ditko

MARVEL EN JULIO DE 2018: TODOS LOS ACONTECIMIENTOS DESTACADOS

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La ultraderecha estadounidense consigue que Disney despida a James Gunn

 

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13 de julio

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10 de julio

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7 de julio

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Tributo conjunto a la portada de Infinity Gauntley #1

 

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2 de julio

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EL ÚLTIMO ENCUENTRO DE STAN LEE Y STEVE DITKO

Con motivo de la muerte de Steve Ditko, recordamos la ocasión en la que volvió a reencontrarse con Stan Lee, un texto procedente de Spider-Man: La historia jamás contada.

 

Y entonces, en 1992, Stan y Steve volvieron a encontrarse.

Marvel estaba planeando una nueva línea editorial, en la que se iban a narrar las aventuras de diversos personajes, con el año 2099 como trasfondo. Una de las nuevas series, Ravage 2099, iba a estar guionizada por The Man, en su retorno a la máquina de escribir después de una larga ausencia. Cuando el entonces Director Editorial Tom DeFalco le preguntó acerca de con qué dibujante le gustaría contar, Lee mencionó a Ditko, quien accedió a encontrarse con su antiguo compañero.

“El fan que hay en mí estaba pensando que iba a ver historia desplegándose ante sus ojos. Stan Lee y Steve Ditko juntos en la misma habitación. Steve vino, muy halagado de que le hiciéramos la oferta”, explicó DeFalco. “Él y Lee se tendieron la mano, hasta que acabaron dándose un gran abrazo. Tuvieron una recepción muy cálida. Era obvio que eran dos tipos que realmente se caían bien y se respetaban mutuamente. Stan expuso algunas ideas sobre la serie. Tuvieron una conversación verdaderamente apasionante sobre lo que podían hacer. Las discusiones de Steve siempre eran feroces, pero esta vez fue muy cálido y amistoso. No se pondrían de acuerdo. Stan se lo agradecería mucho y ambos dejaron abierta la puerta a futuras colaboraciones. Cuando Steve se marchó, puedo decir que estaba realmente emocionado de haber visto a Stan”.

Aquella puerta quedó de nuevo cerrada, después de que los dos autores volvieran a enzarzarse en discusiones públicas acerca de la autoría de Spider-Man. El comienzo del siglo XXI pilló a Ditko trabajando en su estudio de siempre, escribiendo y dibujando cómics en blanco y negro tan sorprendentes como ilegibles, en los que exponía sus convicciones objetivistas y que publicaba con la ayuda de su amigo Robin Snyder, de una manera al borde de lo amateur. Cuando en 2002 se estrenó la primera película de Spider-Man, Stan Lee era, más que nunca, la cara de Marvel, con sus cameos en cada nuevo largometraje y sus apariciones en multitud de entrevistas y programas de televisión. Para el gran público, iba a ser siempre el creador del Hombre Araña, por mucho que él proclamara que compartía esa autoría con Ditko, y por más que éste apareciera como tal en los créditos del filme. En pleno siglo XXI, Spider-Man era mucho más que un personaje de cómic. Era un icono mundial, capaz de recaudar millones en taquilla y situarse entre las más comerciales franquicias del mundo. La gloria cinematográfica constituía el último paso de una carrera hacia el éxito total que había empezado el día en que Steve Ditko abandonó al personaje. Tras esa despedida, Spider-Man alcanzó el reconocimiento universal, pero también perdió cierta magia, imposible de definir o de recrear, pero tantas veces imitada. Cada año que pasa, cada vez que alguien se acerca a los años fundacionales del trepamuros o siempre que un nuevo guionista o dibujante encuentra en aquellos cómics elementos que incorporar a las nuevas aventuras arácnidas, el Spider-Man de Ditko crece en frescura y modernidad, para alzarse como el definitivo y definitorio.

 

 

EL PRODIGIO DETRÁS DE MARVELS: CONTEXTUALIZACIÓN PARA UNA OBRA MAESTRA

La editorial que en la actualidad conocemos como Marvel tardó mucho tiempo en adoptar tal nombre. Durante sus primeras décadas de actividad, existió bajo las denominaciones de Timely, Atlas o sin que siquiera contara con un sello reconocible. En el advenimiento de la segunda gran oleada de los superhéroes, lo que se dio en llamar La Edad de Plata, comenzó a aparecer Marvel en portada. Tenía gancho y permitía a los lectores una identificación que no llegaría a darse con ningún otro cosmos de entretenimiento. El nombre de Marvel no podía ser más perfecto, porque enunciaba aquello que ofrecía.

 

 

A comienzos de los años sesenta, surgió la magia. Stan Lee y Jack Kirby dieron vida a Los 4 Fantásticos, superhéroes diferentes a todos los que se habían visto hasta entonces, con personalidades diferenciadas, propensión al conflicto y aspectos que les asemejaban a cualquier persona que pudiera caminar por la calle. Detrás de ellos llegaron muchos más: Thor, El Hombre Hormiga, Iron Man… En un momento dado, viejos personajes de los años cuarenta, como Namor y el Capitán América, fueron reinstaurados. De la colaboración de Stan Lee con Steve Ditko surgieron Spiderman y El Doctor Extraño; en conjunción con Bill Everett, llegó Daredevil. La mayoría de ellos habitaba en diferentes zonas de Nueva York, y lo hacían en el tiempo presente, así se volvió habitual que cruzaran sus caminos, conforme sus vidas avanzaban. Había nacido el Universo Marvel.

 

 

Durante las décadas siguientes, algunos de los mejores autores de la industria contribuyeron al crecimiento y la expansión de aquel cosmos conectado. Los lectores se involucraban de tal manera en las historias que llegaban a sentirlo como propio. Al ambientarse en el mundo real y en escenarios reales, ellos también podían estar ahí, en la Quinta Avenida, donde se ubicaba la Mansión de Los Vengadores; en Queens, donde vivía Spiderman; o en Greenwich Village, donde estaba la casa del Doctor Extraño. Las generaciones pasaron, guionistas, dibujantes y editores llegaron y se marcharon, los tiempos corrieron, de manera que la inocencia de los sesenta dio paso al descreimiento de los setenta; la prosperidad de los ochenta a la desorientación de los noventa, y en algún momento del proceso, no sólo el impulso inicial, sino la maravilla que causaban aquellos cómics, fue difuminándose, hasta quedar sólo una sombra de lo que había sido.

 

 

La última década del siglo XX fue terrible para el cómic de superhéroes en general y para Marvel en particular. La editorial atravesaba una crisis en todos los órdenes imaginables. A comienzos de la década, una nueva ola de dibujantes había cambiado las reglas del juego, virando hacia una espectacularidad vacía de contenido. Los trucos de marketing abundaban de manera confusa, contribuyendo a que se perdiera de vista la importancia de la aventura. La línea divisoria entre héroes y villanos, que llevaba desdibujándose desde mucho tiempo atrás, finalmente pareció perderse de vista, mientras proliferaban personajes fundamentalmente oscuros, violentos y atormentados. Todas esas circunstancias acabaron por producir un colapso en el mercado que se llevó por delante cientos de librerías, editoriales al completo y una parte significativa del aficionado.

 

 

Desde la profesión, algunos de los autores que se habían destetado en los buenos tiempos tomaron conciencia de que era necesario emprender la búsqueda de las esencias perdidas. La reacción en contra al clima de oscuridad que se había adueñado de los cómics surgió de manera apenas perceptible, con gestos y obras cuya importancia sólo se ha podido juzgar posteriormente. En La Casa de las Ideas, puede decirse que todo arrancó con una modesta miniserie de cuatro números que nadie esperaba, pero que a todo el mundo recordó por qué les gustaban los superhéroes… y no era por las causas que muchos ejecutivos tenían por ciertas. Esa obra fue Marvels.

 

 

En el momento de publicarse Marvels, no podía decirse que sus autores fueran estrellas. El guionista Kurt Busiek (16 de septiembre de 1960, Boston) no había llegado a leer cómics siendo niño, a causa de la aversión que estos les producían a sus padres. Cuando comenzó a seguirlos de manera continuada, ya tenía catorce años y el Universo Marvel estaba maduro: las intrincadas conexiones que se establecían entre sus personajes fue un elemento crucial a la hora de engancharlo. Su firma se hizo habitual entre las cartas de aficionados que se publicaban en las secciones de correo. En el último año en la Universidad, envió propuestas de trabajo tanto a Marvel como a DC, y aunque ésta publicó su primera historia, fue aquélla donde acabó trabajando, como ayudante de edición, labor que compaginaba con la elaboración puntual de algunos de sus guiones, tanto dentro como fuera de la editorial, sin que ninguno llegara a impactar en el gran público.

 

 

El dibujante Alex Ross nació 22 de enero de 1970, en Portland, hijo de un pastor y de una dibujante de publicidad. Del primero, aprendió los valores morales que también encontró en los superhéroes. De la segunda, una inquietud artística que supo encauzar después de descubrir a Spiderman en el programa de televisión Electric Company. En su proceso formativo, llegó a admirar a George Pérez o a Bernie Wrightson, reconocidos profesionales del cómic, pero su verdadera inspiración llegó de ilustradores grandiosos, como Andrew Loomis y Norman Rockwell. Cuando estaba estudiando en la American Academy of Art, de Chicago, a la que también había acudido su madre, llegó a la conclusión de que quería llevar el fotorrealismo de Rockwell a los cómics, algo inédito en el medio. Las imágenes de Rockwell habían sido las que retrataran el Estados Unidos idílico de los años cincuenta y primeros sesenta, una época que también coincidía con la del auge del Universo Marvel clásico.

 

 

Ambos autores se unieron casi por casualidad, cuando un editor enseñó a otro el trabajo de Ross, y éste pensó que tal vez sería buena idea utilizar a un artista tan peculiar para un relato protagonizado por La Antorcha Humana. Busiek entró en el proyecto y éste comenzó a crecer hasta convertirse en la crónica de toda una época. El objetivo consistía en relatar la historia del Universo Marvel, desde el que podría calificarse como su nacimiento, con la aparición del primer superhéroe, hasta el que muchos denominan como el final de su etapa fundamental, con la muerte de Gwen Stacy a manos del Duende Verde. Pero la verdadera magia del proyecto estaba en el punto de vista elegido para llevar a cabo la narración: el del hombre de la calle, el del testigo maravillado por cuanto contempla, representado por el fotógrafo del Daily Bugle Phil Sheldon, a través del cual el lector se sentía parte de los acontecimientos, de cómo impacta lo que está ocurriendo en el sentir personal del ciudadano de a pie, de cómo recibe la presencia de esos prodigios y cuáles son las reflexiones que hace acerca de ellos. De cómo, en definitiva, la existencia de esos héroes cambia la vida de quienes los contemplan, igual que la lectura de sus aventuras puede llegar a cambiar la vida de los aficionados. A tal efecto, la labor de Alex Ross se reveló como esencial, puesto que su arte pictórico hizo que, en lugar de un cosmos de viñetas, se apreciara la percepción del Universo Marvel como un mundo real: Más que nunca, nuestro mundo real. Corría 1994, y las representaciones gráficas que ofrecía Marvels chocaban con casi cualquier cosa que se pudiera encontrar en las librerías. No había viñetas rotas, ni encuadres exagerados, ni una narrativa atropellada. No había poses de pin-ups, y si bien Ross utilizaba modelos para muchas de sus imágenes, estas reflejaban situaciones cotidianas que fluían con naturalidad, hasta encontrarse de bruces con la majestuosidad de los Prodigios.

 

 

Busiek ensambló unos elementos que estaban ahí, esperando que alguien hiciera semejante trabajo titánico: el de recoger aventuras dispersas a lo largo de muchos años de tebeos e integrarlos en un hilo narrativo coherente y fiel a su orden de publicación original. El guionista tuvo que revisar página a página ingentes cantidades de papel, hasta el punto detallista de elaborar microfichas de todos y cada uno de los cómics que vieron la luz durante el periodo que relata Marvels, desde aquellos aparecidos en 1939, con la llegada de La Antorcha Humana original, Namor o el Capitán América, hasta el asesinato de la novia de Spiderman, historia que fuera publicada en 1973. Marvels consiguió levantar la admiración de quienes conocían las fuentes de las que partía, pero también de aquellos que no habían tenido oportunidad de leer las aventuras originales, y que entonces se sintieron animados a descubrirlas.

 

 

Más allá de la enorme labor de documentación, de la prodigiosa habilidad para crear un ambiente y una época, de la sorprendente fusión del mundo real de los años cuarenta, sesenta y primeros setenta con el que se contaba en las viñetas, había un subtexto y un discurso. Dentro de aquel enorme edificio construido por Busiek y Ross, se encontraba una reflexión sobre el significado de ser un héroe, su propósito y su fin. La respuesta estaba muy alejada, cuando no en directa contradicción, con el concepto de estos iconos que se estilaba en aquellos años de desesperanza. Marvels marcó una línea divisoria a partir de la que empezar a hacer las cosas de otra forma y dejó un legado destinado a perdurar. Por eso, cada vez que la moda imperante, los trucos de mercado o el mero egoísmo de la industria dejen de lado el sentido de estos iconos, nosotros podremos perdernos en sus páginas, recrearnos con cada una de sus viñetas y recordar el lugar en que se sitúa el auténtico héroe, el que es, ante todo, un protector de los inocentes, un símbolo de la esperanza y un ejemplo de aquello a lo que debemos aspirar.

 

Artículo aparecido originalmente en Colección Marvels. Marvels

DEUDAS PENDIENTES: DAREDEVIL, SPIDER-MAN… Y FRANK MILLER

EL DIABLO Y LA ARAÑA

Ésta es la historia de dos amigos. No importa que, en realidad, esos dos amigos sean personajes de ficción. Su relación ha durado más de cuarenta años. Cuatro décadas en las que ambos han pasado por una inicial colaboración y una posterior desconfianza que acabaría por convertirse en amistad. Es un relato que implica a terceras personas, y aquí está la magia del cómic, porque esas personas sí son reales, son algunos de los autores que dieron forma a dos mitos, dos iconos del siglo XX. Y es que, por compartir, estos Spider-Man y Daredevil han compartido hasta diseñador de vestuario en sus sendas películas. Pero me estoy adelantando a los acontecimientos, porque nuestra historia comienza mucho, mucho antes.

En la portada del primer número de Daredevil (abril de 1963) Spider-Man, convertido ya por aquel entonces en el gran héroe de la factoría Marvel, daba la bienvenida al justiciero ciego. Con semejante cubierta, alguien podría pensar que el lanzarredes haría acto de aparición en las páginas interiores, pero nada más lejos de la realidad. Daredevil y Spider-Man tendrían que esperar unos pocos meses, hasta el Amazing Spider-Man 16 (con fecha de portada de septiembre de 1964) para verse las caras o, mejor dicho, las máscaras. En aquel episodio, en el que el Hombre sin Miedo todavía lucía su inicial traje amarillo y rojo, ambos luchaban contra el Amo de la Pista y su Circo del Crimen, villanos a su vez nacidos en las páginas de The Incredible Hulk. El Universo Marvel comenzaba a tomar forma, y no resultaba extraño que dos personajes que habían tenido orígenes tan similares como Spider-Man y Daredevil cruzaran sus destinos y tomaban prestados enemigos.

Pero esa primera toma de contacto tan sólo tendría valor anecdótico, porque el auténtico encuentro que habría de cambiar el desarrollo de ambos héroes habría de producirse un tiempo después, en Daredevil 16 y 17 (abril y mayo de 1966). Lo verdaderamente importante de aquellos episodios no es que Spidey luchara codo a codo con el cuernecitos y contra los Forzadores, villanos a la postre nacidos en la colección del trepamuros. La trascendencia real habría que buscarla en los títulos de crédito. Allí figuraba el nombre de John Romita, dibujante regular de Daredevil desde tres números antes. Stan Lee le había rescatado de las fauces de DC Comics, donde permanecía estancado en la producción de tebeos románticos. Por aquel entonces, la relación entre Lee y Steve Ditko, el dibujante de Amazing Spider-Man no eran precisamente buenas. Apenas se dirigían la palabra, y Lee era consciente de que, en cualquier momento, Ditko podía tirar la toalla. La aparición de Spider-Man en las páginas de Daredevil no tenía en realidad otra función que la de probar la capacidad de Romita para dibujar al lanzarredes. Y el artista pasaría el examen con matrícula de honor. El Daredevil 19 sería el último episodio que dibujaría, dándole la alternativa a Gene Colan, el autor que daría con los rasgos definitivos del personaje anteriores a la llegada de Frank Miller.

Por su parte, John Romita desembarcaría en la serie del lanzarredes allá por Amazing Spider-Man 39 (agosto de 1966), donde también llevaría a cabo una revolución visual que supondría un salto cualitativo en la popularidad del alter ego de Peter Parker. Teniendo en cuenta todo esto, el Cabeza de Red debía un inmenso favor al Hombre sin Miedo. Cuesta imaginar que hubiera sido de él si un artista menos capaz que John Romita se hubiera hecho cargo de la serie. Romita procuró los rasgos de comedia romántica y juvenil que convertirían The Amazing Spider-Man en el tebeo más importante en las universidades americanas durante los años sesenta y en el más leído en todo Estados Unidos en años posteriores, hasta la llegada de la Nueva Patrulla-X. Y ese es un favor tan grande que cuesta varias décadas pagar.

 

DEVOLVIENDO FAVORES

Hete aquí que estamos a finales de los años setenta, y Daredevil tiene un nuevo encuentro con Spider-Man en las páginas de una colección arácnida. (Se vieron en otras ocasiones a lo largo de todo ese tiempo, pero éste es verdaderamente el encuentro que a nosotros nos interesa). La aventura, escrita por Bill Mantlo (por entonces escritor habitual de un buen número de las historias del trepamuros) tenía lugar en Peter Parker, The Spectacular Spider-Man 26 a 28 (enero a marzo de 1979) y su evocador título era El ciego guiando al ciego. En sus páginas, Spider-Man, cegado en el episodio anterior por el Merodeador Enmascarado, tenía que recurrir a Daredevil para que le ayudara a luchar no ya contra el villano de turno, sino contra la ceguera que le había provocado éste. La aventura causó un impacto considerable a los aficionados de la época, y más si tenemos en cuenta que estaba encuadrada en una de las más aterradoras experiencias que haya padecido el trepamuros: su enfrentamiento con Carroña, el clon sin vida del profesor Warren (a su vez, creador de los clones del mismo Spider-Man y de Gwen Stacy… aunque eso es una historia demasiado complicada como para abordarla en este artículo).

Sin embargo, no sólo el argumento quedaba fijado en la retina del lector; también el responsable gráfico de aquellos Peter Parker, The Spectacular Spider-Man 27 y 28. Se trataba de un por aquel entonces totalmente desconocido Frank Miller nacido en Olmie (Maryland) en 1957. El estilo de aquel joven artista que contaba con tan sólo veintidós años estaba repleto de errores, pero poco importaba ante su inmenso carisma, talento y capacidad de composición de página, directamente heredera de la de grandes clásicos como Will Eisner o Gene Colan, con un Spider-Man que recordaba al personaje gomoso e imposible de los primeros tiempos de Steve Ditko. Quien sabe qué hubiera pasado si Miller hubiera continuado en la serie, pero es algo que jamás podremos averiguarlo.

Probablemente fueran las semejanzas del trabajo de Miller con el de Gene Colan el rasgo que decidiera al director editorial Jim Shooter a convertirle, meses después, en el artista regular de Daredevil. En realidad, todos sabemos que el cuernecitos no pasaba por sus mejores tiempos económicos, hasta tal punto que la colección era bimensual y estaba en trance de cerrar a la mínima. Apenas dos meses después, con fecha de mayo de 1979, Miller se convertía en el dibujante regular de Daredevil, y, en poco más de un año, también en el guionista. Curiosamente, una de sus primeras decisiones importantes y que revolucionarían por completo la colección consistiría en convertir a Kingpin, hasta entonces villano eminentemente arácnido, en la némesis definitiva de Matt Murdock. Quedaba así saldada la deuda contraída por el lanzarredes después de quedarse con Romita en detrimento de su colega. El resto de la historia de Miller con Daredevil es sobradamente conocida, hasta el punto de que habéis podido vivirla página a página en este coleccionable.

 

 

UNA AMISTAD COMPLICADA

La relación de Spider-Man con Daredevil habría de evolucionar profundamente en años posteriores. De esta forma, En Marvel Team-Up 140 y 141 (abril y mayo de 1984), Matt Murdock descubriría la identidad secreta del lanzarredes, al identificar los latidos de su colega con los de Peter Parker. Poco tiempo después, durante La muerte de la Capitana Jean DeWolff (Peter Parker, The Spectacular Spider-Man 107 a 110, octubre 1985 a enero de 1986) sería Daredevil quien confesara a Spidey que conocía su identidad secreta y le revelaría también la suya. Todo eso ocurría en una historia que enfrentaba los métodos del lanzarredes con los del Hombre sin Miedo, ante las posturas adoptadas por cada uno frente al Comepecados, el psicópata responsable del asesinato a sangre fría de Jean DeWolff, una de las mejores amigas de Spider-Man.

Este último episodio provocaría tensiones entre ambos justicieros, que llegarían incluso a las manos, algo que posteriormente se repetiría durante la guerra sostenida entre Daredevil y Kingpin (Amazing Spider-Man 284 a 289, enero a junio de 1987), en la que nuevamente ambos volverían a cruzar más que palabras. No obstante, ambos acabarían superando sus diferencias y renovando su amistad, hasta el punto de que sería Spider-Man quien consolara a Daredevil tras la muerte de su novia Karen Paige (Daredevil Vol. 2 8, junio de 1999), e incluso llegarían a compartir una miniserie (Spider-Man/Daredevil: inusual Suspects, enero a abril de 2001). Por último, Misterio, otro villano de Spider-Man, se suicidaría ante los ojos de Daredevil, después de haber intentado, sin lograrlo, volverle loco (Daredevil Vol 2, mayo de 1999).

En cuanto a la mencionada coincidencia en el diseñador de vestuario de ambos personajes, me refiero, como algunos ya habréis supuesto, a James Acheson, responsable de vestir tanto a Spider-Man como a Daredevil en sus respectivas adaptaciones cinematográficas. Mientras en el primer caso optó por mantenerse absolutamente fiel al diseño original de Steve Ditko, en su adaptación del traje de Daredevil fue un poco más allá, acercándose al modelo de no-traje impuesto por otras adaptaciones de superhéroes Marvel al cine, como X-Men.

 

RETALES DE TELARAÑA

Volviendo hacia atrás en el tiempo y hasta Frank Miller, mientras éste se ocupaba de la mejor etapa que jamás haya tenido el Hombre sin Miedo, todavía le quedaba tiempo para ocuparse de algunos encargos esporádicos que tenían mucho que ver con Spider-Man. Hay que recordar que, durante los primeros meses de la etapa Miller en Daredevil, en concreto hasta bien avanzado 1981, la colección continuó apareciendo cada dos meses, lo que permitía a Miller compaginarla con otros trabajos. La mayoría de esos episodios estarían editados por Dennis O’Neil, también editor de Miller en Daredevil, y que procuraba cuidar a su pupilo con encargos de tebeos que, al fin y al cabo, se venderían tremendamente bien, teniendo en cuenta que su protagonista era el superhéroe más popular de Marvel.

Precisamente, O’Neil sería también el guionista responsable de los Amazing Spider-Man Annual 14 y 15, aparecidos en 1980 y 1981, respectivamente. Se trata de dos pequeñas joyas en las que el Miller de entonces, contemporáneo a sus primeros tiempos en Daredevil, daría lo mejor de si mismo y demostraría su inmensa capacidad para el despliegue gráfico. En el primero de ellos, nos encontramos una aventura de grandes proporciones, La noche del vuelco siniestro, que reúne al lanzarredes con el Doctor Extraño (otro personaje que guarda una importante relación con Spider-Man a través de un dibujante, en este caso Steve Ditko) en un combate espeluznante contra la alianza del Doctor Muerte y Dormammu, este último uno de los villanos clásicos de Stephen Extraño. El segundo annual cambia por completo el registro. En él, vemos a dos de los escasos personajes invitados con los que contaría Miller en Daredevil, el Castigador y el Doctor Octopus, en una divertidísima aventura que daría lugar al más acadabrante de los titulares colocados por J. J. Jameson en la portada del Daily Bugle: Spider-Man: ¿Peligro o amenaza?

O’Neil también editaría el Marvel Team-Up 100 (Diciembre 1980), escrito a su vez por Chris Claremont. De nuevo, un número especial en el que Miller ofrecería una sorprendente versión de los Cuatro Fantásticos en la que destacaba el aspecto que daba a la elasticidad de Mister Fantásticos. Además, Miller se convertía en el primer artista en dibujar a Karma, mutante que debutaba en aquel mismo número y que poco después acabaría por convertirse en uno de los miembros integrantes de los Nuevos Mutantes.

Si en ninguna de estas aventuras Miller tendría ocasión de demostrar su habilidad como guionista, eso cambiaría con el Marvel Team-Up Annual 4 (1981), en el que tan sólo escribiría la historia, probablemente por encontrarse demasiado ocupado para dibujarla debido al pase a mensual de Daredevil por aquellas mismas fechas. Al Caballero Luna, Power Man y Puño de Hierro se añadía el mismo Daredevil entre los invitados especiales, mientras que el dibujo corría a cargo de un eficaz Herb Trimpe.

A aquellos años de Miller unido a Spider-Man como dibujante esporádico, aunque de lujo, pertenecen también algunas estupendas portadas de Peter Parker, The Spectacular Spider-Man. Después volvería a dibujar al trepamuros en muy pocas ocasiones. Una de ellas sería para la portada del volumen que recogería todos estos episodios: The Complete Frank Miller Spider-Man. Pero para entonces Daredevil había quedado muy atrás en la memoria de Miller, y no digamos ya aquel viejo lanzarredes con el que había debutado en la industria de la que se había convertido en leyenda viviente.

 

 

 

Artículo publicado originalmente en Daredevil coleccionable nº 25 de Forum

SPIDEY: TU SPIDERMAN

Seguro que sabes que Spiderman fue creado por Stan Lee, ¿verdad? Pero a lo mejor, si no eres lector habitual de cómics, nadie te ha contado que el dibujante Steve Ditko fue también fundamental para la concepción del Mejor Personaje de Ficción Jamás Creado. Esto último es una verdad tan indiscutible que debe ponerse en mayúsculas, y por eso lo hemos hecho.

 

Lo que quizás no sepas es que el primer cómic en el que apareció Spidey se publicó en Estados Unidos… ¡en 1962! No es que no hubieras nacido en aquel entonces, es que ni siquiera había nacido yo, que a carroza no me gana ni la de La Cenicienta. En 1962 no había tele a color, ni Internet, ni pelis de superhéroes, ni móviles, ni videojuegos de ningún tipo. El mundo era totalmente distinto al que existe ahora. Era habitual que un chico de dieciséis años vistiera con corbata. Que los adultos llevaran sombrero y miraran con condescendencia a los adolescentes. Spiderman desafiaba aquello y, nada más llegar, triunfó. ¿Sabes por qué? Pues porque supo dar voz a sus lectores, hablarles de tú a tú, ser un superhéroe con el que pudieran identificarse de verdad. Porque las cosas que a ellos les pasaban eran muy parecidas a las que sufría Peter Parker… ¡y a veces incluso a Peter le iba peor que a ellos! Sí, la generación de “la década prodigiosa” se entregó en cuerpo y alma al trepamuros. ¡Era tan popular como el Che o como Bob Dylan! ¿No te suenan? ¡googlea!

 

Desde entonces, y a lo largo de todas las décadas que han pasado desde entonces, muchas otras generaciones han conectado con, repetimos, por si no te había quedado claro la primera vez, el Mejor Personaje de Ficción Jamás Creado. La manera de llegar al trepamuros no siempre es a través de la versión original del personaje, aquélla que empezó en 1962 y que todavía sigue adelante hoy en día, con un Peter Parker convertido en empresario de éxito y bien metido en la treintena: un Spiderman que dejó muy atrás sus días de aprendizaje.

 

Los hay que conocieron a ese Hombre Araña primordial por cualquiera de las series de dibujos animados con las que ha contado el personaje. Ha habido un montón, desde la primera, que era muy sencillota y que hoy probablemente provocaría que te cayeras de espaldas, pero que a mí me pilló bien pillado, porque nunca había visto a Spiderman en movimiento, hasta la actual Ultimate Spider-Man, ésa en la que hacen un montón de chistes con versiones chibi del héroe, sin olvidar un extrañísimo show de los ochenta, en que el trepamuros compartía protagonismo y casa con otros dos héroes, El Hombre de Hielo y Estrella de Fuego, o la teleserie de los años noventa, que fue una fábrica de seguidores para Spidey como pocas. Y claro, los hay que su primer contacto con el trepamuros vino a través de cine: ¿Tú de quién eres, de Tobey Maguire o de Andrew Garfield? ¿Quizás de Tom Holland? ¿Hay alguien en la sala que sea de Nicholas Hammond? ¿No? Ya me figuraba. Actores muy distintos entre ellos. Más jóvenes o más mayores. Más guapos o más del montón. Y todos fueron Peter Parker, y quizás nunca dejen de serlo, aunque lleguen a cumplir los cien años.

 

Todo esto que te cuento también vale para los tebeos. Hace tres lustros, Marvel lanzó la “versión Ultimate” del trepamuros, y fue uno de los mayores éxitos de su historia. ¿Y sabes que éste no es el primer cómic en titularse Spidey? Entre 1974 y 1982, Marvel, en colaboración con el programa de televisión The Electric Company, publicó Spidey Super Stories, un tebeo orientado a que los más jóvenes se aficionaran a la lectura, en el que se ofrecían pequeñas historias del trepamuros elaboradas por expertos en pedagogía. Quizás ninguno de los relatos publicados allí llegara a la categoría de legendario, si bien solían ser bastante divertidos, pero muchos de sus compradores pasaron luego a leer las aventuras “canónicas” del lanzarredes, y a sumergirse en toda la complejidad de su rico mundo.

 

Y es así como llegamos al moderno Spidey.

 

Por lo que hemos comentado hasta aquí, seguro que ya conocías al Hombre Araña con anterioridad, ¿verdad? Pero con este cómic la factoría de Stan Lee se propone que descubras lo motivos que le hacen un personaje tan genial. Para ello, propone regresar a los días en los que Peter Parker estaba en la escuela secundaria, acababa de picarle la araña radiactiva y aprendía cómo ser un buen superhéroe. Bajo ese planteamiento, el hábil guionista Robbie Thompson nos narra historias extraordinariamente divertidas, que juegan a imaginar las andanzas de Pete en la actualidad. No es necesario que sepas mucho más, y de hecho, cuando después de leer estas aventuras te decidas a saltar a la versión central de Spiderman (porque no dudamos que vas a hacerlo), podrás comprobar que Thompson ha introducido unas cuantas diferencias en su visión del arácnido. No estamos ante tebeos que pudieran ser insertados entre las viejas historias de Stan Lee y Steve Ditko, sino frente a una curiosa fórmula en la que se mezclan aspectos de aquéllas, detalles de Ultimate Spiderman, hallazgos de las películas, porque Gwen nunca fue al instituto con Peter, etc… ¡siempre que mole, aquí lo encontrarás!

 

Enseguida te dejo que abandones estas aburridas palabras y pases a maravillarte con el cómic, pero antes quiero llamar tu atención sobre los dos artistas que lo ilustran, muy distintos entre ellos, pero capaces de dejarte con la boca abierta, por motivos también diferentes. El primero se llama Nick Bradshaw, y acomete la mitad del tomo. Fíjate detenidamente en su estilo. Nick es un loco de los pequeños detalles. Sus páginas están llenos de ellos: la arquitectura, la ropa, las facciones de los personajes, los trajes de héroes y villanos, las multitudes… el dibujante siempre toma el camino más largo, y además coloca el punto de vista de manera que produzca las viñetas más espectaculares que te puedas encontrar. En Estados Unidos, quedaron tan fascinados que ofrecieron una edición especial de estos tres números, a tamaño gigante, para que los lectores se pudieran recrear en cada escena. ¡No descartes que en España también acabemos haciéndolo!

 

A continuación, entra André Lima Araújo, con un estilo de cierta raigambre europea, algo inusual en el campo de los superhéroes. Araújo pone el acento en los elementos más extraños del héroe y su mundo, a la vez que lo humaniza. Atención a las ropas, a las texturas, a las posturas, no sólo de Spidey, sino de casi cualquier individuo que te encuentres aquí: parece como si el dibujante estuviera fotografiando la realidad. Detente también un momento a observar la manera en la que estructura las páginas. Algunas veces cuenta una historia por sí misma, otras te obliga a dirigir tu mirada por la plancha como si fuera un pinball y hay ocasiones en las que consigue clavar ambos hallazgos. No te quedes sólo en las extrañas formas de sus protagonistas: deja que conduzca tu mirada a través del papel, como si estuvieras balanceándote junto a Spidey.

 

Hay muchas maneras de mirar a Spiderman. Cada lector, cada generación, puede tener la suya propia, y cuando pasan los años, esos aficionados siempre miran con cariño a ese primer momento en que quedaron atrapados por el trepamuros. Ojalá este sea tu Spiderman. Ojalá te fascine tanto como me fascinó a mí, hace más tiempo del que quiero recordar. Ojalá te acompañe nuestro héroe a partir de este momento. Porque entonces Peter Parker será, para siempre, uno más entre tus mejores amigos.

 

Artículo publicado originalmente en 100 % Marvel. Spidey nº 1: Primer día

 

DENTRO DE HIJO DE AMÉRICA: MIRANDO DE FRENTE A NORMAN OSBORN

Empezó con El Duende Verde original. Al contrario de lo que había ocurrido con el resto de los villanos creados por Stan Lee y Steve Ditko, la identidad de este criminal se alzó como uno de los grandes misterios de The Amazing Spider-Man. El patriarca del Universo Marvel quiso dar un golpe de efecto con su revelación, y decidió que detrás de la capucha estuviera Norman Osborn, el padre del mejor amigo de Peter Parker. A partir de ese momento, cambió la naturaleza de la relación entre Spiderman y El Duende Verde. Como esas cuentas pendientes entre familias que se heredan de padres a hijos, el conflicto se extendió más tarde a Harry, lo que condujo a su muerte. El regreso de éste, en el arranque de “Un nuevo día”, planteó una pregunta fundamental: ¿reincidiría en los errores del pasado? “Hijo de América” se propone averiguarlo.

 

Desde que se unió a las filas de Los Nuevos Vengadores y hasta el comienzo de “Un nuevo día”, Spiderman participó en todas las grandes sagas del Universo Marvel. Que fuera tan necesario a la hora de narrar esos acontecimientos tenía un impacto inmediato dentro de su propia franquicia. Los guionistas se veían obligados a dejar de lado las historias que quisieran contar para amoldarse a la macroaventura del momento. La llegada del nuevo statu quo de “Un nuevo día” significó, además de la consabida vuelta a los orígenes, un alejamiento de esa posición central. Stephen Wacker y su equipo de autores tendrían así una cierta autonomía que propició el florecimiento de The Amazing Spider-Man.

 

No podía ser de otra manera, ya que la endiablada periodicidad de la serie, con tres lanzamientos cada mes, dificultaba establecer cruces directos con cualquier otro proyecto en paralelo. Esto no significaba que en el Universo Marvel no pudieran darse situaciones que afectaran de alguna manera al trepamuros: sólo que éste no podría afrontarlas con la inmediatez de la que disponían sus colegas. La más llamativa de ellas afectaba al que había sido un personaje fundamental dentro de la franquicia arácnida. Norman Osborn, también conocido como El Duende Verde, tuvo en esos años un desarrollo apasionante, que rompía con la inercia maldita que venía arrastrando desde que fuera resucitado a finales de los noventa, y que obligaba a periódicos choques con Spiderman demasiado parecidos entre ellos. El visionario guionista Warren Ellis adoptó al viejo villano, para reinventarlo como la implacable cabeza pensante de los Thunderbolts. El tratamiento fue tan impactante que Brian Michael Bendis quiso amplificar la posición adquirida por Norman. En el desenlace de “Invasión Secreta”, apretaba el gatillo del arma que traía la victoria para la Tierra. El premio de una América todavía entonces presidida por George W. Bush era el de señalarlo como hombre fuerte del país. Empezaba así “Reinado oscuro”, al que Bendis definió como un escenario en que todos sabrían lo que significaba ser Spiderman: perder aunque hubieran ganado.

 

Norman estableció un gobierno en la sombra, bajo el nombre de El Cónclave y formado por criminales en su mayor parte; sustituyó SHIELD por HAMMER, una agencia sin cortapisas para imponer las leyes sin importar los medios; desató una persecución sin tregua contra todos los que no se sometieran al Acta de Registro de Superhumanos, y creó su propia formación de Los Vengadores, compuesta en gran parte por antiguos integrantes de Thunderbolts, que ahora se hacían pasar por superhéroes. Bullseye tomó la identidad de Ojo de Halcón, Piedra Lunar se convirtió en Ms. Marvel, Marvel Boy lo hizo en Capitán Marvel y, lo impensable, Mac Gargan, que disponía del simbionte alienígena desde los tiempos de Marvel Knights: Spider-Man y que lo había utilizado a sangriento placer en la época de Thunderbolts, alteró ligeramente su aspecto para mimetizarse con el trepamuros cuando éste vestía su traje negro. La opinión pública no imaginaba que bajo la máscara se ocultaba un impostor.

 

El trepamuros, que ya se había enfrentado a Norman cuando dirigía los Thunderbolts, tardaría un tiempo en afrontar la nueva situación, motivado por todos los condicionantes que comentábamos antes. Por fin el, equipo de Stephen Wacker encontró el momento propicio, en una historia de seis partes de la que se encargaría Joe Kelly, al guión, y Phil Jimenez, al dibujo del primer episodio, dejando paso luego a Paulo Siqueira y Marco Checchetto, entre otros artistas de segunda fila que estaban haciéndose un nombre en Amazing. La relevancia de los autores sirvió para rodear al proyecto de un halo de gran saga. El hecho de que ya hubiera alguien haciéndose pasar por Spiderman en las filas de Los Vengadores Oscuros permitía plantear la trama de una manera diferente a “Nuevas formas de morir”, puesto que Spidey se infiltraría en las filas de sus enemigos tomando el lugar de Gargan. Pero el verdadero corazón de la historia no sería ése. Había otro importante motor: el dilema moral que se planteaba Harry cuando su padre llamaba a la puerta. Después de tantos años viviendo a la sombra de Norman, después de haberlo perdido literalmente todo por su herencia de odio, ¿cómo se iba a sentir cuando él le reclamara a su lado? “Por muy loco que esté Norman, sigue siendo un tipo carismático”, explicaba Joe Kelly. “Y Harry, por mucho que diga o haga, sigue buscando el afecto de su padre, aunque sea a nivel primario. Esta historia obliga al amigo de Peter a mirar de frente a su padre y a decidir si quedarse a su lado o alejarse para siempre”.

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 22

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 12: CUANDO PETER PARKER SE VOLVIÓ GUAPO

“En Amazing, me sentía obligado a copiar a Steve Ditko, porque, y esto puede parecer ingenuo, yo estaba convencido de que volvería al cabo de dos o tres números”, dijo John Romita. “No sabía que Stan y él llevaban meses sin hablarse. Me dije a mí mismo que no estaría demasiado tiempo fuera. Yo no conocía a Ditko. Asumí que él haría lo mismo que hubiera hecho yo de estar en su situación: pensaría acerca de la manera en que había dejado a un personaje tan importante y volvería. Empecé a contar los días hasta mi regreso a Daredevil” (pp. 83).

 

“El mayor problema que tuve con Amazing fue que estaba haciendo a Peter Parker demasiado autosuficiente”, dijo Jazzy. “Cuando hago un héroe, trato de hacerlo tan guapo como puedo. Yo no veía al personaje como un chico delgaducho y encorvado. Le veía de otra forma. Durante semanas y durante meses, Stan me decía que lo hacía demasiado musculoso, demasiado ancho de espaldas y que su ropa estaba demasiado pulcra, que debía hacerlo más parecido a un adolescente” (pp. 84).

 

A juicio de John Romita, la diferencia fundamental que existía entre él y Ditko es que Ditko había creado su propio mundo, con sus propios edificios, su propia ropa y sus propios coches, mientras que él trataba de llevar el mundo real al papel: que los edificios que aparecieran en las aventuras, la ropa que vistieran sus protagonistas y los coches que circularan por las calles fueran lo más parecidos posibles a la realidad (pp. 85).

 

Para la realización de cada nuevo número, Stan Lee y John Romita mantenían una conversación en las oficinas de Marvel, que podía durar entre quince minutos y una hora. Esas reuniones solían tener lugar en el momento en que el artista entregaba los lápices de la historia anterior. Era habitual que, para terminarlos, hubiera pasado toda la noche en vela. Ante cualquier otro interlocutor, Romita se hubiera dormido, presa del cansancio, pero con Stan era diferente (pp. 85).

 

A partir del Amazing #45 (febrero de 1967), ambos autores dejaron de figurar en los títulos de crédito por separado, para pasar a hacerlo de manera conjunta, dando a entender que se trataba de un equipo, no solamente de alguien que escribía y alguien que dibujaba. “¡Una aventura de agonizante acción por Stan (The Man) Lee y John (Ring-A-Ding) Romita!”, se leía en aquel número (pp. 86).

 

“Es imposible saber qué hubiera pasado si Ditko se hubiera quedado en la serie”, dijo Jazzy, al echar la vista atrás. “Pero, pasado el tiempo, la apariencia que le di a Spider-Man se convirtió en LA apariencia de Spider-Man. Estoy muy orgulloso de eso” (pp. 86).

 

Romita estaba cuidando detalles que hasta entonces no habían sido tenidos en cuenta. Spider-Man empezó a llevar en la espalda una pequeña mochila de telaraña. Stan Lee se sorprendió de encontrarse algo así y no tardó en preguntarle cuál era la razón de ser de aquella mochila. El dibujante lo tenía claro: el héroe tenía que llevar la ropa en algún sitio (pp. 86).

 

“Peter Parker tenía que sacarse los zapatos para trepar por una pared porque los lectores escribían y preguntaban por qué sus suelas se pegaban a las paredes. Así que, lo creas o no, durante un tiempo hice que Peter se atara los zapatos al cuello, sobre todo porque Stan me dijo: ‘Ya que te has puesto técnico con lo de la ropa, ahora me lo has contagiado a mí’. De modo que sí, era algo fanático” (pp. 87).

 

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 11: DETRÁS DE LA LLEGADA DE JOHN ROMITA

En 1949, John Romita comenzó a dibujar en secreto para Lester Zakarin, un entintador que necesitaba hacerse pasar por dibujante para conseguir trabajo en Timely. Era una práctica habitual en aquel entonces, de manera que Romita hizo sus primeras historias para Stan Lee sin que éste lo supiera. Cuando el artista le confesó la verdad, ni siquiera pestañeó: le dio el guión de un relato de cuatro páginas, sobre un alienígena que se hacía pasar por un bebé, que debía dibujar y entintar (pp. 79).

 

Cualquier intento de pasar al género superheroico dentro de la editorial de Superman y Batman chocaba con lo que definió como un muro de cristal. Los departamentos estaban acotados y un artista que dibujara historias románticas no podía hacerlas de tipos en mallas. “Era agotador. Fueron ocho años de tortura. Las historias eran estúpidas”, afirmaba (pp. 80).

 

A los postres, y después de tres horas abrumado por la palabrería de Stan, Romita ya había cambiado de idea, especialmente una vez que el editor le prometiera que allí ganaría 275 pavos a la semana, lo que superaba la oferta de la agencia de publicidad y era también el mayor sueldo dentro de Marvel, aunque, para justificar aquella cifra ante el puño cerrado de Martin Goodman, tendría un estatus un tanto diferente al de otros artistas. Su primer trabajo fue entintar The Avengers #23 (pp. 81).

 

Romita le hizo un dibujo del personaje a vuela pluma, sin sospechar las razones por las que le preguntaba, y al editor se le desencajó la mandíbula. Era perfecto para hacerlo, pero todavía tenía que acostumbrarse al estilo Marvel (pp. 82).

 

Stan Lee tenía ya perfectamente claro que quería a John Romita para sustituir a Steve Ditko en Amazing: no sólo era excelente a la hora de abordar un aventurero con traje ajustado que se moviera por Nueva York, sino que también era el mejor artista que podía imaginar para plasmar chicas guapas. Era capaz de dibujar cualquier cosa. Con él en la serie, podía acometer los cambios que venía pidiendo Martin Goodman y conducir las historias hacia un tono más amable, romántico y culebronesco que el que ofrecía Ditko (pp. 82).

 

La aventura con Daredevil era, en realidad, una prueba. No se lo dijo, porque no quería condicionarle o que hubiera algún problema en caso de que los resultados no fueran tan buenos como esperaba. El dibujante no sospechó lo más mínimo. Sencillamente, daba por hecho que Stan utilizaba la presencia de Spidey para mejorar las ventas de Daredevil. Por eso, la sorpresa cuando le pidió que se encargara de la serie del trepamuros fue mayúscula. “¿Quieres encargarte de Spider-Man durante un tiempo?”, le preguntó The Man (pp. 82).

 

El mismo Bullpen Bulletin del Amazing #38 en que se anunciaba la marcha de Ditko saludaba la llegada de su sustituto (pp. 83).

 

En el correo de los lectores se volvía a insistir sobre el cambio, pero también se adelantaba lo que los lectores encontrarían en la siguiente entrega “¡El más esperado evento de la era arácnida! ¡El regreso de El Duende Verde!!” (pp. 83).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

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