LOS 4 FANTÁSTICOS: DETRÁS DE LA VUELTA DE GALACTUS

A lo largo de los años sesenta, Los 4 Fantásticos fue la colección más importante del Universo Marvel, una ventana a un mundo lleno de posibilidades infinitas. No sólo el hecho de haber sido la colección en inaugurar aquel cosmos de ficción era importante, sino también el que fuera el título más preciado por Stan Lee y Jack Kirby. En la concepción misma de La Primera Familia estaba implícito el descubrimiento de nuevos horizontes. Porque Los 4 Fantásticos no sólo son superhéroes, sino también pioneros, investigadores de lo desconocido, rastreadores de la siguiente frontera del universo.

Durante toda esa década, un conjunto de conceptos más-grandes-que-la-vida fueron surgiendo de las páginas de The Fantastic Four. Ya en su segunda aventura, tuvieron la oportunidad de enfrentarse a los Skrull, una raza metamórfica de extraterrestres que perseguía la conquista de la Tierra. Este primer choque, que se resolvió de manera imaginativa en apenas veinte páginas, tuvo como consecuencias el inicio de la enemistad permanente entre los hombrecillos verdes y Los 4 Fantásticos, que volvieron a enfrentarse en multitud de ocasiones a partir de entonces. Con el tiempo, los alienígenas incluso lanzarían a su propio campeón, el Super-Skrull, un miembro de su raza capaz de emular las habilidades de los integrantes del cuarteto, y que les metería en aprietos en más de una ocasión.

 

Pero los Skrull no eran más que una muestra de los peligros que aguardaban “ahí fuera”. Debemos fijarnos en la época más fructífera de la colaboración entre Lee y Kirby, la que se desarrollaría entre los años 1965 y 1967, trienio maravilloso en el que se presentaron en sociedad un torrente de personajes que pasarían a formar parte indispensable de la Casa de las Ideas: la raza oculta de Los Inhumanos, Pantera Negra y su país, Wakanda, Warlock (llamado entonces, simplemente, Él)… Pero, por encima de todo, estaba Galactus y su heraldo, Estela Plateada.

 

Galactus, cuya primera aparición tuvo lugar en Fantastic Four #48 USA (1966. Marvel Deluxe. Los 4 Fantásticos: La Edad Dorada), no se presentaba como un villano al uso, sino como una auténtica fuerza cósmica que se limitaba a cumplir con su destino, el de consumir los mundos con los que saciar su infinita sed. Después de entrar en contacto con la humanidad, Estela Plateada decidía volverse contra su amo, mientras que El Vigilante, otra entidad de naturaleza celestial, prestaba su ayuda a la Primera Familia, al sugerirles la localización de la única arma que podría vencer a Galactus. Aquella memorable aventura se quedó grabada en la retina de los lectores, de tal manera que cada nueva aparición de Galactus sería recibida con alborozo. Los guionistas, tanto Lee como sus sucesores, se verían obligados a su vez a encontrar argumentos imaginativos en los que emplear al Devorador de Mundos, puesto que había que ofrecer nuevas sagas a la altura de la primera y que no se limitasen a repetir sus esquemas.

 

Esa categoría de serie en la que se desarrollaban las grandes aventuras de carácter cósmico fue cedida, ya en los años setenta, a Los Vengadores. Sin embargo, a finales de dicha década, Los 4 Fantásticos volvieron a convertirse en protagonistas de una de las mayores epopeyas galácticas que se hayan publicado jamás. A lo largo de once episodios, lo que equivalía a prácticamente un año entero de la serie, la Primera Familia se vio inmersa en una conflagración de gigantescas proporciones, que envolvería tanto a algunos de sus contrincantes habituales como otros que habían surgido de diversas fuentes.

 

El responsable de esta ambiciosa propuesta fue el escritor Marv Wolfman, uno de los autores clave de la época, acostumbrado a desplegar numerosos repartos a lo largo de multitud de escenarios, y que en este caso no hacía sino continuar un puñado de argumentos que habían quedado inconclusos en otro de sus proyectos: Nova, el Cohete Humano. Inicialmente, Nova se había movido en el terreno de una serie ligera, centrada en las andanzas superheroicas de un adolescente que recordaba a Peter Parker. Progresivamente, sin embargo, Wolfman fue introduciendo una mayor complejidad en las historias, ahondando en las raíces espaciales del Cuerpo Nova, una especie de policía galáctica, y llevando al héroe a vivir grandes aventuras más allá de su planeta de origen. Todo eso tenía lugar mientras el enigmático y poderoso ser llamado La Esfinge cobraba importancia y reclutaba a todo un grupo de superhéroes: Los Nuevos Campeones. Nova #25 USA (1979. Biblioteca Marvel: Nova), el último número de la colección, concluía con La Esfinge y Los Nuevos Campeones, entre los que se encontraba Nova, camino del planeta Xandar, donde les esperaba un destino incierto.

 

Ante la cancelación de la cabecera, Wolfman decidió trasladar todos los argumentos inconclusos a las aventuras de Los 4 Fantásticos, aunque la saga subsiguiente podría leerse de manera independiente y autónoma, puesto que eran muchos más los lectores que tenían éstos que los que dejaba atrás Nova. El resultado no pudo haber sido más espectacular. Con la llegada de la Primera Familia, el conflicto que se estaba tejiendo se transformaba en una guerra intergaláctica en la que los héroes se veían implicados casi por accidente y de la que ya no podrían escapar hasta su conclusión. El relato navegaría por inesperados lugares, sumando más y más personajes a cada nueva entrega, hasta un apoteósico final que enfrentaría a Galactus con La Esfinge, con Los 4 Fantásticos librando a su vez una aterradora batalla contra la muerte. Quedaría también un hueco para la sonrisa, con la presentación en los cómics de HERBIE, un pequeño robot volador que había ocupado el lugar de La Antorcha Humana en una serie de dibujos animados que el cuarteto protagonizara en aquel entonces, pero tan pequeña anécdota no empañaría la trascendencia y épica que se respiraba en cada página.

 

A la espectacularidad del resultado contribuiría no sólo el planteamiento de gran odisea coral diseñado por Wolfman, sino el impresionante trabajo realizado por los dibujantes. La saga fue iniciada por Keith Pollard en su mejor momento artístico, con un sólido estilo que le alineaba como discípulo de John Buscema. Tras un par de episodios del hermano de éste, Sal Buscema, la historia alcanzaría su apoteosis con la llegada de John Byrne, el que poco tiempo después se convertiría en autor completo de la cabecera. Joe Sinnott, en tareas de entintado, aportaría homogeneidad y elegancia al conjunto.

 

Eran tiempos en los que a los cines llegaba Star Wars, cuando todavía la llamábamos La Guerra de las Galaxias, y en los que Star Trek se hacía mayor con su propio largometraje. Sin embargo, la más alucinante película de ciencia-ficción no estaba en la gran pantalla, sino en las modestas viñetas de un tebeo que, superadas sus doscientas entregas publicadas y próximo a su vigésimo aniversario, hacía apropiado el lema de portada: “¡El cómic más grande del mundo!”

LA PATRULLA-X – HIJOS DEL ÁTOMO: ANTES DE QUE TODO EMPEZARA

La capacidad de síntesis narrativa es una de las características fundamentales de la Edad de Plata de los Cómics, en la que vivió su nacimiento y auge el Universo Marvel. Basta repasar el origen de los principales personajes de la Casa de las Ideas para percibir que bastaban unas pocas páginas para establecer el escenario, caracterizar al protagonista y su entorno y relatar el suceso extraordinario que cambiaba su vida para siempre.

 

 

Por ejemplo, el debut de Spiderman consta de apenas once páginas, en la que se explicaba todo lo que era necesario saber sobre Peter Parker; Los 4 Fantásticos viajaron al espacio y fueron alterados por los rayos cósmicos en apenas trece planchas, las mismas que necesitaron, respectivamente, Iron Man y Thor para ser presentados en sociedad. Algunos privilegiados, como Hulk, Los Vengadores y La Patrulla-X gozaron de relatos un poco más largos, pero no demasiado: en torno a las veinte páginas. Se trataba de poner al corriente al lector de manera inmediata, y saltar cuanto antes a la aventura, porque así era la estructura habitual del cómic en aquellos años sesenta: historias cortas y autoconclusivas, que ocuparan la mitad de un cuadernillo, o a lo sumo la totalidad de sus páginas.

 

Hasta la consolidación del proyecto capitaneado por Stan Lee, éste no se atrevió a colocar la palabra “continuará” en ninguno de los cómics que escribía. Cuando lo hizo, sin embargo, el Universo Marvel alcanzó su máximo potencial y épica. La historia-río se convirtió en el modelo a seguir, hasta que, llegados a la actualidad, rara vez se encuentra una aventura que se extienda por menos de cuatro o cinco episodios.

 

El paso del tiempo, la acumulación de décadas en la trayectoria de los personajes, ha servido además para la proliferación de otro fenómeno, el del revisionismo: se actualizan los orígenes de los más destacados héroes, para así poner a los nuevos lectores al tanto de cómo empezó todo, y tal operación se hace con las herramientas del cómic moderno, con una narrativa descomprimida que entra en detalles pasados por alto en su momento o que simplemente no se llegaron jamás a plantear, ante la necesidad de comprimir toda la trama en un espacio reducido.

 

Y es así como llegamos a La Patrulla-X: Hijos del átomo, la obra que reconstruye el nacimiento del equipo de mutantes de Marvel. La mayoría del público se ha acercado a estos en su encarnación moderna, la surgida en 1975 con carácter internacional, ya que incluía miembros de multitud de nacionalidades, como el canadiense Lobezno, el alemán Rondador Nocturno o el ruso Coloso o. Sin embargo, los hombres-X habían nacido más de una década antes, en 1963, cuando Stan Lee y Jack Kirby concibieron a este quinteto de chavales, todos ellos estadounidenses, con habilidades especiales desarrolladas durante la adolescencia, que recibían las enseñanzas de un maestro en silla de ruedas llamado Charles Xavier. En aquellos comienzos, el número de mutantes era muy escaso, y en rara vez la aparición de nuevos especímenes del homo superior tenía lugar más allá de las fronteras del país. Los miembros de La Patrulla-X se podían contar con los dedos de una mano, y la inclusión de nuevos fichajes tardaría mucho en producirse. En definitiva, el contexto de aquellos cómics era reducido, podría decirse que doméstico, en comparación con su posterior desarrollo.

 

Un repaso detenido a The X-Men #1 (1963) permite constatar algunas circunstancias que llaman la atención al lector actual. En el comienzo de la historia, La Patrulla-X ya está formada, y todos sus integrantes masculinos habitan la mansión del Profesor Xavier. De hecho, Lee y Kirby recurrieron a una técnica narrativa bastante moderna, la de la “acción empezada”, ya que no desvelan cómo reclutó Charles Xavier a sus pupilos ni de dónde había salido aquel misterioso individuo en silla de ruedas. El motivo elegido para arrancar el cómic fue la llegada de la única fémina que formaría parte del equipo, Jean Grey, también conocida como Chica Maravillosa. Bastaban unas viñetas para hacer las presentaciones de cortesía y explicar la existencia del homo superior, dividido en dos facciones, la que lidera Xavier, a favor de la convivencia con los humanos convencionales, y la que lidera Magneto, decidido a subyugarlos. Todavía quedaba espacio en aquel primer cómic de La Patrulla-X para un primer enfrentamiento de los jóvenes alumnos de Xavier contra el Amo del Magnetismo, que perdía la partida.

 

Ya durante la misma década de los años sesenta, Roy Thomas, el sucesor de Stan Lee en los guiones de la serie, constató que faltaban muchos detalles por explicar, de ahí que, a partir de The X-Men #38 (1967) se incluyera un pequeño complemento a la historia principal, en el que se desgranaría la procedencia del Profesor Xavier, cómo se habían manifestado los poderes de sus futuros alumnos y la manera en la que éstos fueron reclutados para la causa. El resultado era un conjunto de relatos breves que, cronológicamente, precedían al debut del equipo, publicado siete años antes. “Los orígenes de La Patrulla-X”, como se llamó aquel serial, sin embargo, caerían al vacío del olvido, por dos motivos fundamentales: El primero: se publicaron en el momento en que la colección había entrado en decadencia y contaba con una escasísimas ventas. El segundo: el posterior relanzamiento de la serie, acompañado ya de un contundente éxito comercial, ponía su acento en temas por los que Thomas había pasado muy por encima o que ni siquiera contemplaba, como el racismo, la soledad adolescente o del papel de los medios de comunicación masivos como generadores de opinión pública. Por tanto, aunque los aficionados modernos hubieran tenido acceso a aquellos “orígenes”, probablemente no hubieran sido de su agrado.

 

Entre quienes desconocían el serial de “Los orígenes” se encontraba el guionista Joe Casey, un excelente autor que irrumpió en Marvel a mediados de los años noventa y que estaba destinado a grandes empresas. En los siguientes años, desarrollaría interesantes proyectos, tanto en La Casa de las Ideas como en DC Comics y en Wildstorm, aunque su mayor triunfo hay que buscarlo fuera del cómic, ya que figura entre los creadores de Ben Ten, uno de los mayores fenómenos de la animación del siglo XXI.

 

En 1999, Casey formaba parte de la nueva generación de escritores que acababa de irrumpir en escena, con una exquisita formación literaria, elevado dominio de la técnica narrativa y habilidad para actualizar conceptos añejos. Su labor en Cable, colección mutante que reinventó por completo con un tono evidentemente clasicista, le señaló como el hombre propicio para acometer una miniserie que reconstruiría, con la sensibilidad del presente, pero sin olvidar el pasado, cuanto había sucedido antes de la primera página de The X-Men #1. A la empresa se sumaría Steve Rude, dibujante de elegancia portentosa, en cuyo estilo resonaba con fuerza la influencia de Jack Kirby. Rude, sin embargo, no conseguiría completar el proyecto, motivo por el que Marvel contaría con dos dibujantes más, ambos con un talento equiparable: Paul Smith, que años atrás ya hubiera desarrollado una mítica etapa dentro de La Patrulla-X, y Esad Ribic, croata recién llegado entonces a la industria y que sabría mimetizar el trazo de sus colegas. En unos pocos años, acabaría posicionándose como una estrella absoluta del dibujo.

 

Este volumen ofrece los seis episodios de Hijos del átomo, además de completarse con el contenido más apropiado que pueda imaginarse: nada menos que The X-Men #1, allá donde empezó todo, pero también el punto final señalado por Casey, Rude, Smith y Ribic para completar su historia… Nada menos que los primeros pasos de aquellos chicos asustados que compondrían el más extraño grupo de superhéroes… ¡La Patrulla-X!

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. La Patrulla-X: Hijos del Átomo

EL INCREÍBLE HULK: UN MONSTRUO EN CAMBIO PERMANENTE

La factoría Marvel es una máquina de reciclaje y modernización de mitos eternos. Sus autores toman los elementos básicos de cualquier leyenda para reinventarla de sorprendentes maneras. El caso de Hulk es uno de los más fácilmente reconocibles. Stan Lee partió de un concepto básico: la criatura de aspecto humanoide concebida por un hombre que juega a ser dios. No hay nada nuevo bajo el sol, hasta el punto de que tal idea ya había encontrado acomodo en el mito judío del Gólem, y también en dos iconos fundamentales de la literatura, Frankenstein o el moderno Prometeo, la notable novela de Mary W. Shelley en la que un visionario daba vida a un constructo compuesto con piezas de varios cadáveres; y El extraño caso del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde, donde Robert Louis Stevenson narraba la historia del científico que lograba disociar su personalidad, hasta transformarse, tras la ingesta de un brebaje, en un ser poderoso, malvado y desinhibido.

El cerebro detrás del Universo Marvel, que tenía ambas obras entre sus favoritas, decidió trasladar esos conceptos a los tiempos modernos, a la América de los años sesenta, sumida en el miedo a la bomba atómica, consecuencia inmediata de la escalada armamentística entre las democracias modernas, encabezadas por Estados Unidos, y el bloque comunista, que representaba la Unión Soviética. La histeria colectiva buscaba la válvula de escape en la fantasía y en la ciencia ficción, de tal manera que los cines se llenaban de inofensivos animales que, tras ser sometidos a la radiación, se transformaban en terribles bestias dispuestas a pulverizar ciudades enteras. Y fue en ese contexto en el que se produjo la llegada de Hulk.

 

Robert Bruce Banner, un brillante científico al servicio del ejército, crea la Bomba Gamma, un artefacto capaz de eliminar a los enemigos sin provocar la destrucción de las ciudades. Durante las pruebas de la bomba, un joven imprudente se introduce en el área sin saber lo que allí se está llevando a cabo. Banner acude a su rescate, pero no puede ponerse a salvo a sí mismo. A partir de entonces, y como consecuencia de la radiación recibida, se transforma de manera intermitente en un gigantesco monstruo de incalculable fuerza y escasa inteligencia.

 

Más allá del componente atómico, Hulk tiene una característica que le hace único: su naturaleza bondadosa. El Goliat Verde no busca la aniquilación de la humanidad; bien al contrario, desea la paz y la quietud, y son los humanos quienes no parecen dispuestos a dejarle tranquilo… Unos humanos que se concretizan en toda clase de enemigos con superpoderes, pero también en el ejército estadounidense, que persigue sin descanso a Hulk, con el General Thaddeus “Trueno” Ross a la cabeza, precisamente el padre de la mujer a la que Bruce Banner ama.

 

Varios lustros después de su nacimiento, Hulk alcanzaría fama universal, gracias a una serie de televisión en la que el culturista Lou Ferrigno encarnaba al Monstruo Gamma, mientras que el actor Bill Bixby ponía rostro al científico. La popularidad del programa fue tal que, para generaciones enteras de espectadores, quedaría grabada en su memoria una visión arquetípica de Hulk: con Bruce Banner deambulando por todo el país, ocultando su naturaleza dual ante sus semejantes, hasta que una injusticia provoca que Hulk emerja a la superficie y arregle las cosas, lo que obliga finalmente a su alter ego a emprender de nuevo la huida.

 

Sin embargo, el auténtico Hulk, el que nace y vive en las páginas de los cómics, no está esculpido en piedra precisamente. Muy al contrario, presenta diferentes cambios a lo largo de su existencia, de tal manera que cuesta encontrar una época que se parezca a otra. Quienes no han leído nunca sus tebeos tal vez desconozcan que la piel de Hulk no era verde en sus orígenes, sino gris, un color que se demostró enseguida como inapropiado para las técnicas de reproducción de la época, por lo que se optó por abandonarlo. En años recientes, a su vez, ha surgido un nuevo Hulk, esta vez de color rojo, más salvaje de lo que nunca fue el original. Igual de cambiante ha sido la inteligencia del monstruo. En sus primeras aventuras, se mostraba como astuto y sagaz, para dejar luego paso al Hulk todo músculo y nada cerebro. Años más tarde, durante una larguísima temporada, Bruce Banner llegaría a tomar control de su lado bestial, situación que posteriormente sería llevada hasta el extremo opuesto, de forma que cualquier rasgo de conocimiento abandonaría a Monstruo Gamma.

 

¿Cuál es el Hulk favorito de los lectores? ¿El Hulk gris y ladino, que regresaría en los años noventa para convertirse en un matón de casino? ¿El Hulk verde e inteligente, que sería aclamado como un héroe por las autoridades y por el resto de superhombres del Universo Marvel? ¿El Hulk desbocado, que eleva su salvajismo más allá de cualquier límite? ¿El Hulk prototípico, carente de inteligencia y perseguido por el ejército? Es difícil quedarse con uno de ellos, pero todos son sinónimos del héroe del cómic, y quizás por eso Paul Jenkins, un inteligente guionista de Marvel, tuvo la ocurrencia de no renunciar a ninguno de ellos y conjugarlos todos.

 

Ése fue el punto de arranque de una estimulante etapa, que se desarrolló durante los años 2000 y 2001, y en la que las diversas versiones de Hulk toman la voz cantante en función de las necesidades que se plantean, al tiempo que sobre Bruce Banner, desesperado tras el fallecimiento de Betty, pende toda una sentencia de muerte: ha descubierto que padece esclerosis lateral amiotrófica, también conocida como la enfermedad de Lou Gehrig. “Los perros de la guerra” es el arco argumental en el que se pone en práctica el pacto entre las diversas personalidades de Hulk. La prueba de fuego llega de la mano de un nuevo e implacable enemigo, el General John Ryker, un genio estratega que ha extendido sus tentáculos a través del poder y la política, hasta situarle en una posición poco menos que intocable. Además de por su trepidante argumento, esta obra merece destacarse por su capacidad para inspirar la película de Hulk que dirigiera Ang Lee en 2003, y en la que aparecían unos perros contaminados por radiación gamma muy similares a los que dan título a esta saga, y contra los que el Monstruo Esmeralda combate en el curso de la misma.

 

El volumen se completa, además, con el cómic en el que se produjo el debut del personaje, en el lejano 1962. La comparación de aquel primer episodio con “Los perros de la guerra”, una de sus más brillantes interpretaciones, permite al lector asombrarse de la gigantesca riqueza adquirida por El Increíble Hulk a lo largo de sus cinco décadas de historias, en las que, más allá de sus continuas transformaciones, permanece siempre la dialéctica entre el hombre y el monstruo que habita en su interior.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. Hulk: Los perros de la guerra

SPIDEY: TU SPIDERMAN

Seguro que sabes que Spiderman fue creado por Stan Lee, ¿verdad? Pero a lo mejor, si no eres lector habitual de cómics, nadie te ha contado que el dibujante Steve Ditko fue también fundamental para la concepción del Mejor Personaje de Ficción Jamás Creado. Esto último es una verdad tan indiscutible que debe ponerse en mayúsculas, y por eso lo hemos hecho.

 

Lo que quizás no sepas es que el primer cómic en el que apareció Spidey se publicó en Estados Unidos… ¡en 1962! No es que no hubieras nacido en aquel entonces, es que ni siquiera había nacido yo, que a carroza no me gana ni la de La Cenicienta. En 1962 no había tele a color, ni Internet, ni pelis de superhéroes, ni móviles, ni videojuegos de ningún tipo. El mundo era totalmente distinto al que existe ahora. Era habitual que un chico de dieciséis años vistiera con corbata. Que los adultos llevaran sombrero y miraran con condescendencia a los adolescentes. Spiderman desafiaba aquello y, nada más llegar, triunfó. ¿Sabes por qué? Pues porque supo dar voz a sus lectores, hablarles de tú a tú, ser un superhéroe con el que pudieran identificarse de verdad. Porque las cosas que a ellos les pasaban eran muy parecidas a las que sufría Peter Parker… ¡y a veces incluso a Peter le iba peor que a ellos! Sí, la generación de “la década prodigiosa” se entregó en cuerpo y alma al trepamuros. ¡Era tan popular como el Che o como Bob Dylan! ¿No te suenan? ¡googlea!

 

Desde entonces, y a lo largo de todas las décadas que han pasado desde entonces, muchas otras generaciones han conectado con, repetimos, por si no te había quedado claro la primera vez, el Mejor Personaje de Ficción Jamás Creado. La manera de llegar al trepamuros no siempre es a través de la versión original del personaje, aquélla que empezó en 1962 y que todavía sigue adelante hoy en día, con un Peter Parker convertido en empresario de éxito y bien metido en la treintena: un Spiderman que dejó muy atrás sus días de aprendizaje.

 

Los hay que conocieron a ese Hombre Araña primordial por cualquiera de las series de dibujos animados con las que ha contado el personaje. Ha habido un montón, desde la primera, que era muy sencillota y que hoy probablemente provocaría que te cayeras de espaldas, pero que a mí me pilló bien pillado, porque nunca había visto a Spiderman en movimiento, hasta la actual Ultimate Spider-Man, ésa en la que hacen un montón de chistes con versiones chibi del héroe, sin olvidar un extrañísimo show de los ochenta, en que el trepamuros compartía protagonismo y casa con otros dos héroes, El Hombre de Hielo y Estrella de Fuego, o la teleserie de los años noventa, que fue una fábrica de seguidores para Spidey como pocas. Y claro, los hay que su primer contacto con el trepamuros vino a través de cine: ¿Tú de quién eres, de Tobey Maguire o de Andrew Garfield? ¿Quizás de Tom Holland? ¿Hay alguien en la sala que sea de Nicholas Hammond? ¿No? Ya me figuraba. Actores muy distintos entre ellos. Más jóvenes o más mayores. Más guapos o más del montón. Y todos fueron Peter Parker, y quizás nunca dejen de serlo, aunque lleguen a cumplir los cien años.

 

Todo esto que te cuento también vale para los tebeos. Hace tres lustros, Marvel lanzó la “versión Ultimate” del trepamuros, y fue uno de los mayores éxitos de su historia. ¿Y sabes que éste no es el primer cómic en titularse Spidey? Entre 1974 y 1982, Marvel, en colaboración con el programa de televisión The Electric Company, publicó Spidey Super Stories, un tebeo orientado a que los más jóvenes se aficionaran a la lectura, en el que se ofrecían pequeñas historias del trepamuros elaboradas por expertos en pedagogía. Quizás ninguno de los relatos publicados allí llegara a la categoría de legendario, si bien solían ser bastante divertidos, pero muchos de sus compradores pasaron luego a leer las aventuras “canónicas” del lanzarredes, y a sumergirse en toda la complejidad de su rico mundo.

 

Y es así como llegamos al moderno Spidey.

 

Por lo que hemos comentado hasta aquí, seguro que ya conocías al Hombre Araña con anterioridad, ¿verdad? Pero con este cómic la factoría de Stan Lee se propone que descubras lo motivos que le hacen un personaje tan genial. Para ello, propone regresar a los días en los que Peter Parker estaba en la escuela secundaria, acababa de picarle la araña radiactiva y aprendía cómo ser un buen superhéroe. Bajo ese planteamiento, el hábil guionista Robbie Thompson nos narra historias extraordinariamente divertidas, que juegan a imaginar las andanzas de Pete en la actualidad. No es necesario que sepas mucho más, y de hecho, cuando después de leer estas aventuras te decidas a saltar a la versión central de Spiderman (porque no dudamos que vas a hacerlo), podrás comprobar que Thompson ha introducido unas cuantas diferencias en su visión del arácnido. No estamos ante tebeos que pudieran ser insertados entre las viejas historias de Stan Lee y Steve Ditko, sino frente a una curiosa fórmula en la que se mezclan aspectos de aquéllas, detalles de Ultimate Spiderman, hallazgos de las películas, porque Gwen nunca fue al instituto con Peter, etc… ¡siempre que mole, aquí lo encontrarás!

 

Enseguida te dejo que abandones estas aburridas palabras y pases a maravillarte con el cómic, pero antes quiero llamar tu atención sobre los dos artistas que lo ilustran, muy distintos entre ellos, pero capaces de dejarte con la boca abierta, por motivos también diferentes. El primero se llama Nick Bradshaw, y acomete la mitad del tomo. Fíjate detenidamente en su estilo. Nick es un loco de los pequeños detalles. Sus páginas están llenos de ellos: la arquitectura, la ropa, las facciones de los personajes, los trajes de héroes y villanos, las multitudes… el dibujante siempre toma el camino más largo, y además coloca el punto de vista de manera que produzca las viñetas más espectaculares que te puedas encontrar. En Estados Unidos, quedaron tan fascinados que ofrecieron una edición especial de estos tres números, a tamaño gigante, para que los lectores se pudieran recrear en cada escena. ¡No descartes que en España también acabemos haciéndolo!

 

A continuación, entra André Lima Araújo, con un estilo de cierta raigambre europea, algo inusual en el campo de los superhéroes. Araújo pone el acento en los elementos más extraños del héroe y su mundo, a la vez que lo humaniza. Atención a las ropas, a las texturas, a las posturas, no sólo de Spidey, sino de casi cualquier individuo que te encuentres aquí: parece como si el dibujante estuviera fotografiando la realidad. Detente también un momento a observar la manera en la que estructura las páginas. Algunas veces cuenta una historia por sí misma, otras te obliga a dirigir tu mirada por la plancha como si fuera un pinball y hay ocasiones en las que consigue clavar ambos hallazgos. No te quedes sólo en las extrañas formas de sus protagonistas: deja que conduzca tu mirada a través del papel, como si estuvieras balanceándote junto a Spidey.

 

Hay muchas maneras de mirar a Spiderman. Cada lector, cada generación, puede tener la suya propia, y cuando pasan los años, esos aficionados siempre miran con cariño a ese primer momento en que quedaron atrapados por el trepamuros. Ojalá este sea tu Spiderman. Ojalá te fascine tanto como me fascinó a mí, hace más tiempo del que quiero recordar. Ojalá te acompañe nuestro héroe a partir de este momento. Porque entonces Peter Parker será, para siempre, uno más entre tus mejores amigos.

 

Artículo publicado originalmente en 100 % Marvel. Spidey nº 1: Primer día

 

DENTRO DE HIJO DE AMÉRICA: MIRANDO DE FRENTE A NORMAN OSBORN

Empezó con El Duende Verde original. Al contrario de lo que había ocurrido con el resto de los villanos creados por Stan Lee y Steve Ditko, la identidad de este criminal se alzó como uno de los grandes misterios de The Amazing Spider-Man. El patriarca del Universo Marvel quiso dar un golpe de efecto con su revelación, y decidió que detrás de la capucha estuviera Norman Osborn, el padre del mejor amigo de Peter Parker. A partir de ese momento, cambió la naturaleza de la relación entre Spiderman y El Duende Verde. Como esas cuentas pendientes entre familias que se heredan de padres a hijos, el conflicto se extendió más tarde a Harry, lo que condujo a su muerte. El regreso de éste, en el arranque de “Un nuevo día”, planteó una pregunta fundamental: ¿reincidiría en los errores del pasado? “Hijo de América” se propone averiguarlo.

 

Desde que se unió a las filas de Los Nuevos Vengadores y hasta el comienzo de “Un nuevo día”, Spiderman participó en todas las grandes sagas del Universo Marvel. Que fuera tan necesario a la hora de narrar esos acontecimientos tenía un impacto inmediato dentro de su propia franquicia. Los guionistas se veían obligados a dejar de lado las historias que quisieran contar para amoldarse a la macroaventura del momento. La llegada del nuevo statu quo de “Un nuevo día” significó, además de la consabida vuelta a los orígenes, un alejamiento de esa posición central. Stephen Wacker y su equipo de autores tendrían así una cierta autonomía que propició el florecimiento de The Amazing Spider-Man.

 

No podía ser de otra manera, ya que la endiablada periodicidad de la serie, con tres lanzamientos cada mes, dificultaba establecer cruces directos con cualquier otro proyecto en paralelo. Esto no significaba que en el Universo Marvel no pudieran darse situaciones que afectaran de alguna manera al trepamuros: sólo que éste no podría afrontarlas con la inmediatez de la que disponían sus colegas. La más llamativa de ellas afectaba al que había sido un personaje fundamental dentro de la franquicia arácnida. Norman Osborn, también conocido como El Duende Verde, tuvo en esos años un desarrollo apasionante, que rompía con la inercia maldita que venía arrastrando desde que fuera resucitado a finales de los noventa, y que obligaba a periódicos choques con Spiderman demasiado parecidos entre ellos. El visionario guionista Warren Ellis adoptó al viejo villano, para reinventarlo como la implacable cabeza pensante de los Thunderbolts. El tratamiento fue tan impactante que Brian Michael Bendis quiso amplificar la posición adquirida por Norman. En el desenlace de “Invasión Secreta”, apretaba el gatillo del arma que traía la victoria para la Tierra. El premio de una América todavía entonces presidida por George W. Bush era el de señalarlo como hombre fuerte del país. Empezaba así “Reinado oscuro”, al que Bendis definió como un escenario en que todos sabrían lo que significaba ser Spiderman: perder aunque hubieran ganado.

 

Norman estableció un gobierno en la sombra, bajo el nombre de El Cónclave y formado por criminales en su mayor parte; sustituyó SHIELD por HAMMER, una agencia sin cortapisas para imponer las leyes sin importar los medios; desató una persecución sin tregua contra todos los que no se sometieran al Acta de Registro de Superhumanos, y creó su propia formación de Los Vengadores, compuesta en gran parte por antiguos integrantes de Thunderbolts, que ahora se hacían pasar por superhéroes. Bullseye tomó la identidad de Ojo de Halcón, Piedra Lunar se convirtió en Ms. Marvel, Marvel Boy lo hizo en Capitán Marvel y, lo impensable, Mac Gargan, que disponía del simbionte alienígena desde los tiempos de Marvel Knights: Spider-Man y que lo había utilizado a sangriento placer en la época de Thunderbolts, alteró ligeramente su aspecto para mimetizarse con el trepamuros cuando éste vestía su traje negro. La opinión pública no imaginaba que bajo la máscara se ocultaba un impostor.

 

El trepamuros, que ya se había enfrentado a Norman cuando dirigía los Thunderbolts, tardaría un tiempo en afrontar la nueva situación, motivado por todos los condicionantes que comentábamos antes. Por fin el, equipo de Stephen Wacker encontró el momento propicio, en una historia de seis partes de la que se encargaría Joe Kelly, al guión, y Phil Jimenez, al dibujo del primer episodio, dejando paso luego a Paulo Siqueira y Marco Checchetto, entre otros artistas de segunda fila que estaban haciéndose un nombre en Amazing. La relevancia de los autores sirvió para rodear al proyecto de un halo de gran saga. El hecho de que ya hubiera alguien haciéndose pasar por Spiderman en las filas de Los Vengadores Oscuros permitía plantear la trama de una manera diferente a “Nuevas formas de morir”, puesto que Spidey se infiltraría en las filas de sus enemigos tomando el lugar de Gargan. Pero el verdadero corazón de la historia no sería ése. Había otro importante motor: el dilema moral que se planteaba Harry cuando su padre llamaba a la puerta. Después de tantos años viviendo a la sombra de Norman, después de haberlo perdido literalmente todo por su herencia de odio, ¿cómo se iba a sentir cuando él le reclamara a su lado? “Por muy loco que esté Norman, sigue siendo un tipo carismático”, explicaba Joe Kelly. “Y Harry, por mucho que diga o haga, sigue buscando el afecto de su padre, aunque sea a nivel primario. Esta historia obliga al amigo de Peter a mirar de frente a su padre y a decidir si quedarse a su lado o alejarse para siempre”.

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 22

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 16: LA TELESERIE DE SPIDEY QUE JOHN ROMITA ODIABA

“Hice que pesara ciento ochenta kilos, le hice calvo”, recuerda Romita. “Estaba pensando en un actor llamado Robert Middelton. No sé si alguna vez llegó a aparecer calvo en pantalla, pero quería que Kingpin fuera alguien tan aterrador como él, ya que solía interpretar papeles aterradores. Era alguien ultrapoderoso y ultrarrico, así que le puse un pañuelo en el cuello, un bastón, un anillo brillante y muy caro, un chaleco… La versión de alguien muy rico que podía verse en los dibujos animados” (p 103).

 

Spider-Man contaba con auténtica animación, aunque de factura extremadamente modesta, con abuso de reuses y de planos en los que únicamente se movía un único elemento, como las bocas o los brazos. A causa de esto mismo, el diseño del traje arácnido se simplificó al máximo (p 103).

 

“Me pidieron que hiciera algunas adaptaciones simples de los personajes, como Peter y Spider-Man, para que sirvieran de guía a los animadores”, comentaba Romita. “Y ellos usaron algunas de nuestras viñetas como fuente para sus historias. Hacían una especie de versión corta” (p 104).

 

“Desde un punto de vista estético, creo que fue horrible”, confesaba Stan Lee. “Yo estaba muy interesado en la serie, al principio de todo. Volé a la costa y discutí estas cosas con Hanna-Barbera y Krantz Films y así sucesivamente, hasta que comprendí que discutir no servía de nada, porque todo en lo que ellos estaban interesados era en complacer a los anunciantes” (p 106).

 

“No sé siquiera si era consciente de ello”, dice el dibujante. “Creo que traté de hacer que pareciera alguien con un traje de superhombre en lugar de un señor mayor. Quería que tuviera más brillo, que tuviera una apariencia menos fofa. Pensé que parecería una amenaza mayor para Spider-Man si tenía un poco de músculo. Le seguí haciendo ancho de cintura, pero ya no era un tipo gordo” (p 107).

 

Lieber se permitía un guiño a quienes conocían su trabajo de los cómics del oeste de Marvel, al introducir a Kid Colt, uno de sus personajes habituales, en la viñeta en que el vuelo de Peter llegaba a Hollywood. “Me gustaba más la manera de dibujar de Romita que la de Ditko, porque hacía a la gente más atractiva”, reconoció luego. “Así que en el Annual estaba tratando de dibujar como John. Me esforcé mucho en ello. Cuando terminé, se lo enseñé a Stan y me dijo: ‘Sabes, creo que me gusta. Tiene esa calidad feísta a lo Ditko’ (p 108).

 

Con el título inmerso en una casualidad constante que relacionaba sin ningún pudor a los villanos de Spider-Man con el entorno social de Peter, el quinto Annual acercaba el planteamiento al puro absurdo. La historia ahondaba en la familia del protagonista. No en sus tíos, sino en sus padres. El argumento fue construido entre Lee, Romita y Lieber, mientras que el segundo diseñó a los padres de Peter e hizo bocetos generales, muy rápidos, de toda la historia, deteniéndose un poco más en las imágenes del trepamuros, Lieber los repasó, y Romita volvió luego para corregirlos en caso de que hubiera figuras demasiado rígidas (p 108).

 

“Fue un regalo para Stan y para mí”, recuerda nostálgico Jazzy. “Hacer la historia de los padres de Peter nos hizo sentirnos como niños en una tienda de chucherías. Me encantó dar vida a ambos. El padre tenía el peinado de Peter, mientras que la madre era un cruce entre Katharine Hepburn y Lauren Bacall. Ambos son dos de mis creaciones más satisfactorias” (p 109).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 15: CUANDO TODAS LAS FRASES DEBÍAN TERMINAR CON !

Así manifestó The Man su manera de proceder, en las páginas del correo de los lectores del Amazing #59 (abril de 1968): “Los representamos porque son personas. Para nosotros no existe algo así como ‘el negro característico’. Cada persona es un individuo. Y no sentimos que ninguna raza particular deba ser englobada en un determinado grupo para decir que todos son lo mismo” (p 98).

Romita diseñó al Capitán George Stacy tomando como referencia a su actor favorito de todos los tiempos, Charles Bickford, que en su madurez lucía un cabello plateado similar al del capitán: “No creo que hubiera durado tanto si yo me hubiera preocupado por él. Añadí muchos detalles de personalidad en los que Stan no podía ayudar. A veces, ponía tanta personalidad en los personajes secundarios que Stan tenía que hacerlos principales” (p 98).

 

“Pensé que parecía el traje de Halloween de un chaval y me sentí avergonzado”, dice Romita, quien por un momento estuvo tentado de desechar el boceto y tirarlo a la basura. Antes de que eso ocurriera, Marie Severin, que también formaba parte del Bullpen y había sido una de las pocas personas en tratar más en profundidad con Ditko, hizo un rapidísimo boceto de cómo sería el personaje en acción: estaba cargando a toda velocidad contra un objetivo (p 99).

 

John Jameson se alzó como contrincante del lanzarredes, después de que unas esporas espaciales le dotaran de superfuerza. Romita optaba por vestirle con un traje que recordaba al de astronauta y enfrentarlo a Spidey a cuenta de un malentendido, hasta que la transformación le volvía mentalmente inestable (p 99).

 

Romita diseñó su traje acolchado, a partir de la representación gráfica de ondas de choque y absorción: “La gente no tenía idea de por qué lo hice así. ¡De hecho, la gente creía que el nombre original de El Conmocionador era El Vibrador! Yo explicaba que no, que esa forma de V no tenía nada que ver con el nombre. Nunca me creyeron” (p 100).

 

“Sentíamos que necesitábamos hacer más joven a El Buitre”, sostuvo Romita. “Parecía más realista que un hombre joven fuera ese tipo de villano, en lugar de quedarnos con alguien tan mayor como había imaginado Ditko. A pesar de ello, su versión también era llamativa”. Pese a las impresiones del dibujante, El Buitre perdía gran parte de su atractivo con el cambio (p 100).

 

En un principio, el dibujo que debía haber figurado en cubierta consistía en un primer plano de un cubo de basura en la calle, con el traje del trepamuros sobresaliendo de él y un Peter Parker cabizbajo dándole la espalda bajo la lluvia. A Stan Lee le gustó tanto que, después de pensárselo un tiempo, decidió que prefería utilizar la ilustración, a página completa, dentro del cómic (p 101).

 

Romita se vio obligado a crear una nueva portada. “Tuve que inventármela en el último momento”, rememora. “Y fue esa con Peter caminando y Spider-Man mirando por encima del hombro. Hice el nuevo boceto en cosa de un cuarto de hora, se lo llevé y dijo que estaba bien. Fue como una tortura, pero conseguí acabarlo” (p 101).

 

La deficiente reproducción obligaba a que todas las frases que se escribieran en un cómic, ya fueran diálogos o textos de apoyo, terminaran en admiración o interrogante. No podía haber puntos finales, ya que se corría el peligro de que no quedaran bien impresos y por lo tanto se perdieran por el camino. Para la ocasión, Lee sorteó el problema mediante el uso de puntos suspensivos, lo que dio lugar a uno de los pocos monólogos de Marvel en que quien lo pronunciaba no era preso de la excitación o la duda (p 101).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

DÉCIMO ANIVERSARIO DE MARVEL STUDIOS. MAKING OF CON SUBTÍTULOS EN CASTELLANO

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 14: LA TRANSFORMACIÓN DE GWEN STACY, DE MUJER FATAL A NOVIA FORMAL

En el episodio posterior al de la famosa viñeta, con Mary Jane ya interactuando en la vida de Peter Parker, Romita abordó los primeros cambios gráficos en la compañera de Universidad del trepamuros. Seguía dibujándola tan fría como la había diseñado Ditko, pero cambió las dos espantosas pinzas para el pelo por su, desde ese momento, característica diadema negra.

 

“Traté con todas mis fuerzas de complacer a Stan”, recuerda. “Él quería que Gwen pareciera una chica tan fiestera como Mary Jane. La dibujé así durante tres o cuatro números y, simplemente, no funcionaba. Me parecía falsa” (p. 95).

 

El parecido en el peinado también motivó las quejas de Stan, una vez comprobado que nada de lo anterior funcionaba para que la rubia venciera en popularidad a la pelirroja. En consecuencia, pidió a Romita que cambiara el de Mary Jane. En el Amazing #64 (septiembre de 1968) ella se presentó con una permanente que recordaba a la de Betty Brant en sus inicios (p 95).

 

“Siempre pensé que Peter se casaría con Gwen”, comenta The Man al respecto. “Era el tipo de chica dulce, guapa y con sentido común que podía ser tu vecina. Pero por la manera en que Jazzy dibujaba a Mary Jane, ella parecía mucho más fresca y divertida. Gwen era sólo una chica. Mary Jane era una bomba” (p 95).

 

Puede decirse que en el Amazing #47 fue donde nació “la pandilla de Peter”, un concepto que no existía hasta entonces y que contrastaba con la burbuja de aislamiento en que estaba el protagonista en su primera aparición (p 96).

 

Incluso la Tía May pareció florecer: “Quité treinta años a Tía May porque cuando empecé parecía que tuviera noventa”, confiesa Jazzy. “Parecería que fuera la tía abuela de Peter, era demasiado mayor. Yo quería hacerla más vital, así que la dibujé un poco más joven, aunque no dejé de ponerle arrugas” (p 97).

 

El dibujante no recuerda el motivo por el que decidió hacer que su bigote fuera mínimo, casi insignificante. Ditko ya lo había dibujado así, aunque también con un corte mayor, pero Romita optó por quedarse con la primera opción, de manera que Jameson se parecía a Hitler más que nunca. Nadie se quejó al respecto (p 97).

 

“Para Robertson, pensé que se trataba de un antiguo luchador que se había convertido en periodista”, explica el dibujante. “Le puse una nariz rota y, en el diseño original, tenía la oreja como una coliflor, deformada por los golpes. Quería que fuera un antiguo campeón de boxeo que había luchado duro para salir del arroyo y llegar al Bugle, aunque eso nunca llegó a utilizarse” (p 97).

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 13: ANN-MARGRET, LA INSPIRACIÓN PARA MARY JANE

“Un día, llevó a su hija al estudio donde trabajaba con Ross Andru en Wonder Woman, y allí ella cogió un número de Amazing de la época de Ditko y se lo puso a leer. “¿Te gusta?”, le preguntó Esposito. “Sí, me gusta, papi”, respondió ella. “Pero las cabezas son muy grandes y los dibujos están desproporcionados”, objetaba el artista, a lo que ella respondió: “Me gusta, papi. Está preocupado por sus tareas domésticas. Le preocupa que su Tía May se enfade y le esconda su traje de superhéroe”. Fue entonces cuando Esposito entendió que DC había perdido la batalla” (pp. 87).

 

Stan solía poner en el despacho de Romita un cartel de “No molestar”, y le decía que ese día se concentrara única y exclusivamente en Spidey, pero el primero que se saltaba la prohibición era él mismo, que aparecía a todas horas, diciendo que sólo le molestaría durante un minuto con algo sin importancia. Lo hacía con tanto entusiasmo, que Romita era incapaz de decirle que no” (pp. 88).

 

En los dos primeros años desde su vuelta a La Casa de las Ideas, echó tripa, le salieron canas y envejeció el equivalente a una década. Todo por el sueldo fijo de 275 dólares semanales y la seguridad que le ofrecía estar en nómina. Había vivido la vida del freelance, sabía que era muy dura y no quería volver a ella. En quince años como freelance, jamás había tenido una semana de vacaciones. Ahora, por fin pudo llegar a disfrutarla, sin dejar de cobrar su sueldo” (pp. 88).

 

Para la elaboración de las cubiertas, Romita hacía varios bocetos, a partir de los cuales Stan elegía uno. Las favoritas del artista eran las que él denominaba “portadas truco”, como la del Amazing #55 (diciembre de 1967), con Spidey reflejado en las gafas de Doc Ock. “Stan hizo que las portadas fueran muy importantes”, dijo. “Su actitud era que si el cómic no tenía una buena portada, nadie se daría cuenta de él” (pp. 90).

 

Situar a Peter sobre una motocicleta resquebrajaba la imagen de empollón de los tiempos de Ditko, y que se mudara a un bonito piso en el centro de Manhattan la rompía en mil pedazos. La araña había abrazado la independencia. (pp. 93).

 

“Una de las buenas cosas de que te hayas hecho cargo de la colección es que ahora podré introducir a Mary Jane en la historia”, le dijo The Man. El guionista quería que la vecinita de Peter Parker fuera preciosa, pero tenía la impresión de que su primer compañero en Amazing no era la persona más indicada para ofrecerle eso (pp. 93).

 

“Como guía, usó fotos de la actriz Ann-Margret, una sueca escultural que bailaba, cantaba, actuaba y se estaba haciendo una carrera en Hollywood, con películas como Bye Bye Birdie (1963). De ésta, se había hecho especialmente popular su tema, que cantaba Margret tras un fondo azul chillón mientras la cámara se acercaba y alejaba espasmódicamente, en el comienzo del filme. Tenía una impresionante melena pelirroja, una sonrisa seductora y unos ojos hambrientos, que devoraban la cámara (pp. 94).

 

Pese a que los aficionados señalaron la viñeta como una de sus favoritas, Romita no estaba del todo contento. De hecho, manifestó en varias ocasiones que, de poder dibujarla de nuevo, la cuidaría todavía más, para que fuera una imagen que golpeara al lector sólo con verla. ¡Como si no fuera exactamente eso lo que provocaba! (pp. 94).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

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