MARVEL 2 EN UNO 2: DONDE TODO EMPEZÓ

Ben y Alicia recordando los buenos tiempos, incluida la época de John Byrne, en que La Cosa se quedó una temporada en el planeta de las Guerras Secretas mientras Johnny y la artista ciega intimaban hasta el punto de que llegarían a casarse… para luego descubrirse que ella era en realidad una Skrull; la vieja bañera de los primeros tiempos funcionando a pleno rendimiento, como si no hubieran pasado unas cuantas décadas desde entonces; La Cosa saltando contra El Hombre Topo y contra el Doctor Muerte… ¡Sólo faltaba una visita a la Isla Monstruo para que todos nos sintiéramos como si acabáramos de ponernos esas viejas zapatillas que eran tan cómodas! Y aquí la tenemos.

 

Fue, como nos ha recordado Chip Zdarsky en las páginas del tebeo, el escenario de la primera aventura de Los Cuatro Fantásticos. Pero no sólo nos quedamos con la información recabada en aquel tebeo de apertura, donde Stan Lee y Jack Kirby parecían remedar el argumento de El mundo perdido de Arthur Conan Doyle. La Isla Monstruo ha seguido siendo un enclave recurrente dentro de la historia del Universo Marvel, de manera que la hemos visitado en unas cuantas ocasiones más, como si de secuelas de una gran superproducción se tratase. Es el lugar donde todo empezó, así que resulta obligado regresar a él de vez en cuando.

 

PRIMERA VISITA

El debut de la Isla Monstruo

 

ACTUALIZANDO FECHAS 1998. Ese es ahora el año en que Reed Richards, Ben Grimm y Victor Von Muerte coincidieron en la Universidad. Por lo tanto, lo más probable es que Los Cuatro Fantásticos no hayan existido durante el siglo XX. ¿Verdad que resulta escalofriante y, quizás… discutible? Si echamos un vistazo a lo que ha hecho la editorial en el pasado con referencias históricas tan concretas, nos encontraremos con dos filosofías claramente diferenciadas. En los inicios, Stan no sabía que estaba construyendo un cosmos compartido persistente, destinado a durar de manera indefinida, pero también a acotar el crecimiento de sus personajes durante un espacio de tiempo limitado. Cuando los cómics empezaron a distanciarse de su punto de arranque, pero los protagonistas continuaron aparentando más o menos la misma edad, fue necesario eliminar las alusiones temporales. Dejó de decirse, por ejemplo, que Ben y Reed habían luchado en la Segunda Guerra Mundial, y así es como mantuvieron su vigencia y juventud. Eludir la referencia histórica fue la solución fácil que permitió al Universo Marvel evitar las contradicciones. Todo había ocurrido, sí, pero simplemente había cosas de las que no se hablaba… Pero entonces se hizo cada vez más habitual recontar hechos ocurridos en el pasado, o introducir remiendos dentro de la continuidad. Al principio, teníamos a nostálgicos como Kurt Busiek, que en Las historias jamás contadas de Spiderman evitó por todos los medios contextualizar las aventuras en los años ochenta o noventa, sin llegar por ello a soltar fechas de los sesenta. Pero no todos los autores eran como él, y fue así como llegó la segunda forma de hacer las cosas: algunos guionistas echaron cuentas, estimaron que el inicio del Universo Marvel, con la llegada de La Primera Familia, debió de ser hace unos quince años, y es así como nos empezamos a encontrar móviles, conexiones a Internet y cosas por el estilo en historias ambientadas en los inicios de Spiderman y Los Vengadores. La buena costumbre, de simplemente mantenerse fiel a los cómics originales y evitar ese tipo de cosas, se ha ido perdido, y así es como nos encontramos con este 1998. Qué duda cabe que también estará destinado a pasar al olvido, tan pronto como el paso del tiempo obligue de igual manera a enterrarlo.

 

AQUELLOS BICHOS

Goom, en Tales of Suspense #17 USA

 

Spot On publicado originalmente en Marvel 2 En Uno nº 2

CUENTA ATRÁS A INFINITO: ADAM WARLOCK ENTRA EN LA NUEVA GUERRA POR LAS GEMAS

Desde las páginas de Guardianes de la Galaxia, llega la trama que estaba destinada a narrarse en esa misma serie, pero que en el Bullpen de Marvel han preferido desgajar de ella, para que así pudiera concitar muchísima mayor atención entre los lectores. Atentos, porque arrancamos un proyecto que nos llevará al menos hasta final de este año 2018, y con alta probabilidad mucho más allá.

 

LOS AUTORES Desde que aterrizara en la cabecera de los Guardianes, Gerry Duggan se ha alzado como una pieza fundamental del rincón cósmico Marvel, puesto que en esa serie no sólo asumió el destino de la tropa de Peter Quill, sino también de otros muchos personajes relacionados con dicho ámbito. En la editorial confían en él para sostener el cronómetro durante esta Cuenta atrás a Infinito, sin que sepamos todavía si será el encargado de ofrecernos la hipotética saga posterior. Durante el camino, contará con un buen puñado de dibujantes, que repasaremos conforme nos los vayamos encontrándonos. En este especial de Adam Warlock sorprende en un primer momento la incorporación de Michael Allred, en su primer trabajo para Marvel después de concluir con la aclamada etapa de Estela Plateada de la que se ha hecho cargo junto a Dan Slott. Es una vez que degustamos el contenido del cómic cuando entendemos que el editor Jordan D. White recurriera a él, puesto que repasamos la historia y la memorabilia del Universo Marvel, con especial atención a personajes y artefactos con un genuino aspecto kirbiesco… ¿y qué mejor artista para recoger el espíritu de El Rey de los Cómics que Allred? Apologista de Kirby durante toda su obra, se dio a conocer con la independiente Madman. En Marvel, todavía recordamos con emoción su magnífica etapa junto a Peter Milligan en Fuerza-X/X-Statix.

 

DESDE LA CRISÁLIDA

Kirby nos muestra a Él

 

EL DISCURRIR DE UNA VIDA Gracias a los lápices de Allred, recorremos los orígenes de Warlock desde su nacimiento, cuando no respondía a ese nombre, sino al de Él. Son tres impresionantes dobles páginas que narran los eventos del personaje a través de los años sesenta y setenta, hasta culminar en su primera muerte. Asistimos así a su nacimiento, a manos de El Enclave, en Fantastic Four #66 y 67 USA (1967. Marvel Gold. Los 4 Fantásticos nº 4: A través del Universo); saltamos a su regreso y su choque con el Dios del Trueno, en The Mighty Thor #166 USA (1969. Marvel Gold. El Poderoso Thor nº 4: Y ahora… ¡Galactus!) y alcanzamos a continuación hasta sus aventuras en solitario, ya como Adam Warlock, primero el ciclo con El Alto Evolucionador (1972-73. Marvel Gold. Warlock: La saga de la Contratierra), para luego concluir con la etapa de Jim Starlin, en que Adam fue quien acabó con el Titán Loco (1975-77. Marvel Gold. La saga de Thanos). Llama la atención que no se diga nada del revival del personaje en los noventa, que ahora precisamente estamos recopilando en la Colección Jim Starlin.

 

EL SEGUNDO PADRE

Starlin se hace con Warlock

 

LA ESTRUCTURA Una vez sentadas las bases en lo que a Warlock se refiere, el mes que viene entramos en la saga propiamente dicha, con un nº 0 al que le seguirán otras cinco entregas, lo que nos coloca en noviembre… ¡uy, tenemos el pálpito de que alguien volverá a casa por Navidad, portará el Guantelete del Infinito y será cierto amante de la muerte! Apunta además que habrá una serie-companion mensual, titulada Cuenta Atrás a Infinito: Héroes, de cuatro números, a publicarse entre septiembre y noviembre, y en cuyas páginas nos encontraremos con la implicación en la historia de Capitana Marvel, Daredevil, Viuda Negra, Halcón Oscuro y Los Campeones.

 

Spot On aparecido en Cuenta atrás a Infinito: Adam Warlock

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 19: EL CÓMIC FAVORITO DE JOHN ROMITA

Tras “La saga de la tablilla”, llegaron historias cortas y sencillas en las que se descendía hasta los problemas mundanos de Peter Parker que habían dado encanto a las viñetas en otros tiempos, mientras que se recuperaba a algunos viejos villanos, como El Camaleón o Electro. Éste reaparecía en una aventura que, al transcurrir en un plató de televisión, quizás era la misma que estaba pensada para el tercer número de Spectacular (p 117).

 

En los Amazing #78 y 79 (1969), Romita ofreció un nuevo contrincante para el trepamuros cuya creación le había sugerido nada menos que Junior, su hijo. “Sólo hice el típico traje ajustado”, dijo éste, años después. “Tenía doce o trece años. Era un traje tonto, pero, como un buen padre, se lo llevó a Stan Lee y le dijo: ‘mira lo que ha hecho mi hijo’. Stan respondió: ‘Ése es un buen nombre. Me gusta el nombre. No me gusta el traje, pero me gusta el nombre’. Y así fue como se convirtió en lo que se convirtió” (p 117).

 

Algunos aficionados llegaron a preguntarse si no era recomendable romper en mil pedazos el tabú de la identidad secreta: si El Duende Verde sabía quién era Spider-Man, ¿por qué Peter no confesaba la verdad a sus cercanos? Stan sometió la cuestión a los votos del aficionado. “¿Quién debe convertirse en el confidente de Spidey?”, les preguntaba (p 118).

 

Sin que nadie le diera la menor importancia, aquel cómic fue la primera vez en la que un chaval negro vestía de Spidey (p 118).

 

En contraste con la rudeza y la contundencia corporal de Kingpin, su esposa Vanessa era una esbelta y elegante dama de mirada triste para cuya creación Jazzy se había basado en Dragon Lady, un personaje de su tira favorita, Terry y los piratas, de Milton Caniff. Éste representaba a Dragon Lady como una seductora espía asiática, siempre vestida con ropa elegante y ajustada. “Era la mujer mayor a la que yo hubiera amado”, confiesa Romita (p 118).

 

 

“Cuando John Buscema hacía los bocetos, era el más rápido de los tipos”, recuerda Romita. “Stan dijo: ‘Saquemos adelante Amazing. Dejemos que la dibuje John Buscema’. Así que me daba un esquema general. Elegía un personaje, un escenario y algunas ideas con las que yo hacía un argumento con Buscema. Y tenía que escuchar a John gruñendo: ‘Oh, cuánto odio a Spider-Man. ¡Esto es un montón de mierda!’. Odiaba a los superhéroes, especialmente a Spider-Man (p 119).

 

La mayor noticia del mes es que John Romita estará dibujando Amazing una vez más”, proclamaba el Marvel Bulletins del Amazing #82. “Pero todavía tenemos otra sorpresa para todos los Spider-Manófilos. Stan y Johnny han decidido volver al estilo original de historias y poner más el énfasis en la vida privada de Peter Parker, tal y como muchos habíais pedido” (p 120).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

RECONSTRUYENDO EL ORIGEN DE UN MITO: EL AÑO UNO DE LOS VENGADORES

El Universo Marvel arrancó con la década de los sesenta, mediante un acontecimiento poco menos que fortuito, como fue el nacimiento de Los 4 Fantásticos. Tras ellos vendrían Los Vengadores, La Patrulla-X, Spiderman… Pero sería inexacto decir que aquellos primeros años ya ofrecían la grandeza que la editorial alcanzó apenas unos años después, cuando Stan Lee y todos sus colaboradores estaban plenamente asentados y eran conscientes del proyecto que acometían, lo que dio lugar a obras maestras que hoy en día son referencia ineludible dentro del Noveno Arte.

 

Basta echar un vistazo a algunas de las historias publicadas hacia mediados de la década para comprobarlo. Fue entonces cuando el Hombre Araña vivió su momento dorado, gracias a la llegada del dibujante John Romita; cuando en las historias de Los 4 Fantásticos aparecieron conceptos como Los Inhumanos, Estela Plateada y Galactus; cuando Jim Steranko alzó a Nick Furia al Olimpo del arte pop; o cuando Thor vivió el apogeo de su trayectoria. Frente a semejante torrente de imaginación, las aventuras fundacionales quedan empequeñecidas. «Ah, no estaban más que haciendo tímidos ensayos de lo que luego vendría», podrían decir algunos. «Fueron entrañables comienzos», añadirían otros.

 

El caso de Los Vengadores precisa un análisis minucioso. La colección se presentó con fecha de portada de septiembre de 1963, la misma del primer número de La Patrulla-X. En su interior, y a imagen y semejanza de La Liga de la Justicia de DC, Stan y Jack reunían a todos los grandes héroes que actuaban en solitario en las diferentes series que habían creado durante los dos últimos años. Esto es: Thor, Hulk, Iron Man y el dúo formado por el Hombre Hormiga y La Avispa. Nada más concluir la primera aventura, los autores decidieron que Hulk abandonara el equipo para llegar a erigirse como uno de sus enemigos. En el tercer número, el Goliat Esmeralda haría piña con Namor, el Hombre Submarino, un personaje de los años cuarenta recuperado en Los 4 Fantásticos.

 

Namor, a su vez, serviría como detonante para la vuelta de otros de los grandes iconos de La Edad de Oro de los Cómics: En Avengers #4 USA, el Capitán América despertaba de un largo sueño para ponerse al frente del equipo, marcando el momento en que se completaría la formación inicial de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra. Poco después, llegarían también algunos de sus peores enemigos, Los Señores del Mal (en Avengers #5 USA) y Kang El Conquistador (en Avengers #8 USA), que han seguido luchando contra Los Vengadores a través de las décadas.

 

Cumplidos dos años del comienzo, Stan Lee era consciente de que el concepto del que había partido la serie, el de aunar a todos los héroes importantes de la editorial, no acababa de funcionar como esperaba: cada vez era más complicado combinar lo que ocurría en las series de cada uno de los personajes con las aventuras que vivían en Los Vengadores. La solución llegó en Avengers #16 USA (1965), un episodio fundamental, en el que todos los miembros fundadores lo abandonaron. El Capitán América tendría que hacerse cargo de tres fichajes que hasta ahora habían actuado como villanos: Ojo de Halcón, que se había enfrentado repetidamente a Iron Man, y Mercurio y La Bruja Escarlata, escindidos de La Hermandad de Mutantes Diabólicos de Magneto. Stan Lee se deshacía de héroes consolidados para sustituirlos por unas pocas caras desconocidas. Contra todo pronóstico, fue la mejor de las decisiones que pudo tomar. Desde entonces, las filas de Los Vengadores se moverían siempre entre la presencia discontinua de los tres vórtices fundamentales del equipo (el Capitán América, Iron Man y Thor) y la de personajes secundarios que carecían de popularidad fuera del equipo, lo que posibilitaba que el peso dramático de la serie recayera sobre ellos.

 

Avengers #16 USA fue además el último número dibujado por Jack Kirby, mientras que Stan permanecería durante un tiempo más, aunque también acabaría marchándose, para ceder las labores de guionista a su mano derecha, Roy Thomas, quien junto a John Buscema desarrollaría una larga y fructífera etapa, que combinaba a partes iguales complejidad y épica. Frente a los años de la consolidación, las primeras historias de Los Vengadores podrían llegar a juzgarse como demasiado ligeras y simples, fruto de una cierta improvisación… Sin embargo, un vistazo detenido nos permite descubrir que allí ya estaba plantada la semilla de la grandeza; que decisiones como sacar a Hulk del equipo, introducir al Capitán América o renovar por completo las filas son las que permitirían luego a Los Vengadores encontrar su camino.

 

Llegados al siglo XXI, más de cuatro décadas después del nacimiento de Los Vengadores, desde Marvel plantearon una revisión de los orígenes, de tal manera que el guionista Joe Casey y el dibujante Scott Kolins podrían acercarse a los sucesos que iban desde la fundación del equipo hasta la marcha de los miembros originales como si fuera un relato compacto que se contara por primera vez y en el que se podrían analizar temas por los que en su momento se pasó de puntillas, como el impacto de la llegada de Los Vengadores en la opinión pública o el choque mental que para el Capitán América despertar en un tiempo diferente al que conoció. Su plasmación con las herramientas narrativas actuales permitiría a los aficionados más jóvenes descubrir una época única y hacerla también suya. Casey ya tenía experiencia previa con un proyecto similar, Patrulla-X: hijos del átomo, con el que dio nueva forma a la creación del más popular grupo de mutantes, mientras que Kolins había destacado por su peculiar estilo en las historias contemporáneas del grupo, en un arco argumental que puede encontrarse en Los Vengadores: La búsqueda de Hulka.

 

La unión de ambos supone un estimulante ejercicio en el que pasado y presente se dan la mano. En lugar de sustituir a las narraciones originales de Stan Lee y Jack Kirby, este «Año Uno» ayuda a comprender la gran importancia que en realidad tienen. Fue en esos modestos inicios donde se fraguó la leyenda de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra.

 

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Héroes. Los Vengadores: Año Uno

EL DOCTOR MUERTE Y LA NATURALEZA DEL MAL

Uno de los mejores, más complejos y fascinantes personajes del Universo Marvel es también su más terrible villano. Victor von Muerte es la antítesis perfecta de Reed Richards, el líder de Los 4 Fantásticos, pero su alcance y carisma le lleva mucho más allá, hasta alzarse como una gigantesca presencia dentro de La Casa de las Ideas.

 

Cuando fue creado, en Fantastic Four #5 USA (1962. Marvel Masterworks: Los 4 Fantásticos nº 1) de la mano de Stan Lee y Jack Kirby, Muerte ya contaba con una complejidad muy por encima de la que tenían las típicas amenazas a las que se enfrentaban habitualmente los superhéroes. Quizás el primer plan con el que se presentó ante La Primera Familia no fuera demasiado temible: les enviaba atrás en el tiempo para localizar el tesoro del pirata Barbanegra. Era una época en que la primigenia Marvel todavía se debatía entre la aventura ligera y la trascendencia, y ésta venía de la mano de la firme caracterización que Stan Lee ofrecía del Doctor Muerte. No estábamos ante un criminal cualquiera, sino frente al dictador de un país, el imaginario Latveria, situado en los Alpes Bávaros, muy cerca de Transilvania, y al que no parecía haber llegado la edad moderna. Muerte era un maestro de la hechicería, como demostraban los libros de cabecera que acompañaban a la primera imagen en que apareció. Pero en uno de esos títulos ya se intuía la naturaleza dual del villano: «Ciencia y Brujería». Porque, pese a que habitara en un castillo, vistiera una armadura medieval y le acompañara un cuervo ominoso, aquel tipo siniestro era también un hombre del siglo XX, como Reed Richards confirmaría unas páginas más tarde, al desvelar que había conocido al Doctor Muerte en la universidad, cuando era un brillante estudiante de ciencias a la par que un seguidor de la magia negra, y que habían sido sus «experimentos prohibidos» los que habían provocado el terrible accidente del que salió desfigurado y expulsado de la universidad, sólo para emprender el viaje que le llevaría a convertirse en un maestro del mal encerrado en una armadura tecnificada y capaz de crear artefactos imposibles a la altura de los que construía el propio Mister Fantástico: Una máquina del tiempo, robots que le sustituyeran cuando fuera necesario, o, como se descubriría en el siguiente número, un mecanismo para arrancar el Edificio Baxter de sus cimientos y llevarlo hasta el espacio exterior. A ese rico background se sumaba la contundente imagen de la que le dotó Kirby, que convertiría a Muerte en un verdadero icono intemporal, el prototipo por el que se deberían medir los grandes villanos a partir de entonces, algo que George Lucas sabía muy bien cuando tomó sus líneas maestras para concebir a Darth Vader.

 

Desde aquella primera aparición, Lee y Kirby cayeron rendidos ante las posibilidades que ofrecía el personaje. Sucesivamente volverían sobre él, en sagas cada vez más imaginativas y sobresalientes, en las que Muerte mostraba su ingenio supremo, su inteligencia sólo equiparable a la de Richards y su odio supremo hacia Los 4 Fantásticos, pero también la majestuosidad y el retorcido sentido del honor que le llevaría a actuar siempre según sus reglas. El mayor defecto de Muerte, el que le llevaba a perder una y otra vez en sus monumentales choques con el cuarteto, y en el que estaba en cierta forma el origen del desprecio hacia Richards, no era otro que su arrogancia, el convencimiento de estar por encima de cualquier otro individuo en todos los aspectos imaginables.

 

En 1964, Lee y Kirby le dedicaron el segundo Anual de Los 4 Fantásticos, un significativo número que comenzaba con una escalofriante historia en la que se ampliaba y modernizaba el origen del villano: allí se descubrían sus orígenes gitanos, la trágica e injusta muerte de sus padres, su lucha con el tiránico barón que había gobernado su país con mano de hierro… La conclusión era que Muerte no siempre había sido un villano terrible, sino alguien a quien las desgracias de la vida había conducido por ese camino, igual que a Reed le había llevado por la vía contraria.

 

Con el paso de los años, la influencia de Muerte se extendió más allá de la cabecera de los Imaginautas, hasta enfrentarse con otros héroes y liderar a los grandes villanos de la Casa de las Ideas en momentos críticos, como pudieron ser, en los años ochenta, las Secret Wars, una de las aventuras que mejor describía y caracterizaba al dictador de Latveria. Muerte parecía superar, quizás no en poder o maldad, pero sí en inteligencia, maquiavelismo y capacidad de manipulación, a cualquiera de sus homólogos de fechorías. A través de las décadas, autores como Roy Thomas, John Byrne, Roger Stern o Walter Simonson hicieron grandes sagas que profundizaban en sus motivaciones. Fue Byrne, por ejemplo, quien estableció que los latverianos en realidad están orgullosos de Muerte, puesto que ha sido él quien les ha procurado paz y bienestar, por mucho que les haya robado la libertad.

 

Pero, con medio siglo de existencia a sus espaldas, no resulta fácil construir nuevas historias sin caer en la repetición o en la vacuidad. Con el cargo de guionista de Los 4 Fantásticos va en cierta forma la obligación de ofrecer un choque electrizante con Victor von Muerte, pero no siempre los autores están a la altura del reto. No ocurrió tal cosa con Mark Waid y Mike Wieringo, responsables de una excelente etapa de La Primera Familia que se desarrolló entre los años 2002 y 2005, y cuyo arranque se ofreció en el volumen del coleccionable Marvel Héroes titulado Los 4 Fantásticos: Imagináutas.

 

 

Este segundo tomo de la andadura Waid/Wieringo sigue allá donde se quedó el anterior, para conformar un argumento completo y autónomo, en el que tiene lugar ese ambicioso enfrentamiento con un Doctor Muerte tan temible como en sus orígenes. Waid, guionista que posee un meticuloso conocimiento del pasado de los personajes, pero que no tiene miedo en saltar hacia delante, ofrece, al comienzo de la historia, un interesante giro de tuerca. Como resultado de ello, tenemos una severa transformación que en ningún momento abandona la coherencia con todo lo que se conoce sobre el villano. Más aún: lo enriquece, sofistica y completa. Bienvenido por tanto a una de las mejores historias jamás realizadas sobre el hombre más temible del Universo Marvel.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. Los 4 Fantásticos: Impensable

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 18: EL DÍA QUE FELLINI VISITÓ MARVEL

Romita envidiaba el desfile de habilidades pictóricas que había desarrollado Ditko en las apariciones de Mysterio, así que se concentró en llevar al villano al terreno de los efectos especiales, en lugar del de las ilusiones, en que se había concentrado su antecesor. Fue a él, y no a Stan, a quien se le ocurrió la idea de simular el empequeñecimiento del trepamuros (p 113).

 

Spidey pasaba por encima de los jóvenes que portaban pancartas y entre los que abundaba variedad racial y de género. El dibujante no los había representado como extremistas radicales, sino como personas convencionales con buenas razones para indignarse. […] En otros tiempos, el dibujante de Amazing se habría encargado de que la policía pusiera a buen recaudo a los alborotadores, pero las cosas habían cambiado (p 113).

 

“La saga de la tablilla” se extendió para cubrir casi un año de publicaciones, hasta el Amazing #77 (octubre de 1969), lo que la convirtió en la aventura más larga del trepamuros publicada hasta la fecha. “Creo que quizás lo alargamos un pelín demasiado”,

 

Cabello de Plata obligaba a Connors a sintetizar un compuesto químico rejuvenecedor basado en las inscripciones de la tablilla. Tras beberlo, pasaba de anciano a maduro, pero el proceso no acababa ahí, y seguía rejuveneciendo sin parar. “Esa idea tan tonta se me ocurrió a mí y creí que Stan no la aceptaría”, desvela Romita (p 114).

 

“Cuando Federico Fellini vino a las oficinas de Marvel a conocer a Stan Lee”, rememora Jazzy al respecto de la época, “no fue un truco publicitario. Fellini se daba cuenta de que Stan estaba haciendo algo con los cómics que era digno de elogio. No hacía falta que los llamara cómics adultos, lo estaba haciendo en el campo de los cómics infantiles, pero les estaba dando unos niveles de profundidad que nunca habían tenido” (p 115).

 

Habla Romita: “Los lectores solían escribir cosas como ‘Dejad que Peter Parker se divierta de vez en cuando’. Incluso me lo decía John Jr. cuando tenía trece años. Estábamos ideando una historia juntos y yo decía que Peter tenía problemas amorosos y él contestaba: ‘¿Por qué no le dejáis tranquilo de vez en cuando? ¡No hacéis más que meterle en problemas!’. Y esto me lo decía un crío de trece años” (p 115).

 

En verano de 1968, Eye Magazine, una revista de gran formato publicada por Hearst Corporation y destinada a cubrir los segmentos universitarios de la población, llevaba, entre artículos dedicados a los Beatles y a Bob Dylan, un largo reportaje sobre La Casa de las Ideas (p 116).

 

Eye centraba una parte del contenido del reportaje en “La saga de la tablilla”, como ejemplo del interés de Marvel por los problemas del mundo real, toda vez que se maravillaba por una discusión que había surgido en el correo de los lectores acerca de si Spidey debía acudir a filas para luchar en la guerra del Vietnam (p 116).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

EL PRODIGIO DETRÁS DE MARVELS: CONTEXTUALIZACIÓN PARA UNA OBRA MAESTRA

La editorial que en la actualidad conocemos como Marvel tardó mucho tiempo en adoptar tal nombre. Durante sus primeras décadas de actividad, existió bajo las denominaciones de Timely, Atlas o sin que siquiera contara con un sello reconocible. En el advenimiento de la segunda gran oleada de los superhéroes, lo que se dio en llamar La Edad de Plata, comenzó a aparecer Marvel en portada. Tenía gancho y permitía a los lectores una identificación que no llegaría a darse con ningún otro cosmos de entretenimiento. El nombre de Marvel no podía ser más perfecto, porque enunciaba aquello que ofrecía.

 

 

A comienzos de los años sesenta, surgió la magia. Stan Lee y Jack Kirby dieron vida a Los 4 Fantásticos, superhéroes diferentes a todos los que se habían visto hasta entonces, con personalidades diferenciadas, propensión al conflicto y aspectos que les asemejaban a cualquier persona que pudiera caminar por la calle. Detrás de ellos llegaron muchos más: Thor, El Hombre Hormiga, Iron Man… En un momento dado, viejos personajes de los años cuarenta, como Namor y el Capitán América, fueron reinstaurados. De la colaboración de Stan Lee con Steve Ditko surgieron Spiderman y El Doctor Extraño; en conjunción con Bill Everett, llegó Daredevil. La mayoría de ellos habitaba en diferentes zonas de Nueva York, y lo hacían en el tiempo presente, así se volvió habitual que cruzaran sus caminos, conforme sus vidas avanzaban. Había nacido el Universo Marvel.

 

 

Durante las décadas siguientes, algunos de los mejores autores de la industria contribuyeron al crecimiento y la expansión de aquel cosmos conectado. Los lectores se involucraban de tal manera en las historias que llegaban a sentirlo como propio. Al ambientarse en el mundo real y en escenarios reales, ellos también podían estar ahí, en la Quinta Avenida, donde se ubicaba la Mansión de Los Vengadores; en Queens, donde vivía Spiderman; o en Greenwich Village, donde estaba la casa del Doctor Extraño. Las generaciones pasaron, guionistas, dibujantes y editores llegaron y se marcharon, los tiempos corrieron, de manera que la inocencia de los sesenta dio paso al descreimiento de los setenta; la prosperidad de los ochenta a la desorientación de los noventa, y en algún momento del proceso, no sólo el impulso inicial, sino la maravilla que causaban aquellos cómics, fue difuminándose, hasta quedar sólo una sombra de lo que había sido.

 

 

La última década del siglo XX fue terrible para el cómic de superhéroes en general y para Marvel en particular. La editorial atravesaba una crisis en todos los órdenes imaginables. A comienzos de la década, una nueva ola de dibujantes había cambiado las reglas del juego, virando hacia una espectacularidad vacía de contenido. Los trucos de marketing abundaban de manera confusa, contribuyendo a que se perdiera de vista la importancia de la aventura. La línea divisoria entre héroes y villanos, que llevaba desdibujándose desde mucho tiempo atrás, finalmente pareció perderse de vista, mientras proliferaban personajes fundamentalmente oscuros, violentos y atormentados. Todas esas circunstancias acabaron por producir un colapso en el mercado que se llevó por delante cientos de librerías, editoriales al completo y una parte significativa del aficionado.

 

 

Desde la profesión, algunos de los autores que se habían destetado en los buenos tiempos tomaron conciencia de que era necesario emprender la búsqueda de las esencias perdidas. La reacción en contra al clima de oscuridad que se había adueñado de los cómics surgió de manera apenas perceptible, con gestos y obras cuya importancia sólo se ha podido juzgar posteriormente. En La Casa de las Ideas, puede decirse que todo arrancó con una modesta miniserie de cuatro números que nadie esperaba, pero que a todo el mundo recordó por qué les gustaban los superhéroes… y no era por las causas que muchos ejecutivos tenían por ciertas. Esa obra fue Marvels.

 

 

En el momento de publicarse Marvels, no podía decirse que sus autores fueran estrellas. El guionista Kurt Busiek (16 de septiembre de 1960, Boston) no había llegado a leer cómics siendo niño, a causa de la aversión que estos les producían a sus padres. Cuando comenzó a seguirlos de manera continuada, ya tenía catorce años y el Universo Marvel estaba maduro: las intrincadas conexiones que se establecían entre sus personajes fue un elemento crucial a la hora de engancharlo. Su firma se hizo habitual entre las cartas de aficionados que se publicaban en las secciones de correo. En el último año en la Universidad, envió propuestas de trabajo tanto a Marvel como a DC, y aunque ésta publicó su primera historia, fue aquélla donde acabó trabajando, como ayudante de edición, labor que compaginaba con la elaboración puntual de algunos de sus guiones, tanto dentro como fuera de la editorial, sin que ninguno llegara a impactar en el gran público.

 

 

El dibujante Alex Ross nació 22 de enero de 1970, en Portland, hijo de un pastor y de una dibujante de publicidad. Del primero, aprendió los valores morales que también encontró en los superhéroes. De la segunda, una inquietud artística que supo encauzar después de descubrir a Spiderman en el programa de televisión Electric Company. En su proceso formativo, llegó a admirar a George Pérez o a Bernie Wrightson, reconocidos profesionales del cómic, pero su verdadera inspiración llegó de ilustradores grandiosos, como Andrew Loomis y Norman Rockwell. Cuando estaba estudiando en la American Academy of Art, de Chicago, a la que también había acudido su madre, llegó a la conclusión de que quería llevar el fotorrealismo de Rockwell a los cómics, algo inédito en el medio. Las imágenes de Rockwell habían sido las que retrataran el Estados Unidos idílico de los años cincuenta y primeros sesenta, una época que también coincidía con la del auge del Universo Marvel clásico.

 

 

Ambos autores se unieron casi por casualidad, cuando un editor enseñó a otro el trabajo de Ross, y éste pensó que tal vez sería buena idea utilizar a un artista tan peculiar para un relato protagonizado por La Antorcha Humana. Busiek entró en el proyecto y éste comenzó a crecer hasta convertirse en la crónica de toda una época. El objetivo consistía en relatar la historia del Universo Marvel, desde el que podría calificarse como su nacimiento, con la aparición del primer superhéroe, hasta el que muchos denominan como el final de su etapa fundamental, con la muerte de Gwen Stacy a manos del Duende Verde. Pero la verdadera magia del proyecto estaba en el punto de vista elegido para llevar a cabo la narración: el del hombre de la calle, el del testigo maravillado por cuanto contempla, representado por el fotógrafo del Daily Bugle Phil Sheldon, a través del cual el lector se sentía parte de los acontecimientos, de cómo impacta lo que está ocurriendo en el sentir personal del ciudadano de a pie, de cómo recibe la presencia de esos prodigios y cuáles son las reflexiones que hace acerca de ellos. De cómo, en definitiva, la existencia de esos héroes cambia la vida de quienes los contemplan, igual que la lectura de sus aventuras puede llegar a cambiar la vida de los aficionados. A tal efecto, la labor de Alex Ross se reveló como esencial, puesto que su arte pictórico hizo que, en lugar de un cosmos de viñetas, se apreciara la percepción del Universo Marvel como un mundo real: Más que nunca, nuestro mundo real. Corría 1994, y las representaciones gráficas que ofrecía Marvels chocaban con casi cualquier cosa que se pudiera encontrar en las librerías. No había viñetas rotas, ni encuadres exagerados, ni una narrativa atropellada. No había poses de pin-ups, y si bien Ross utilizaba modelos para muchas de sus imágenes, estas reflejaban situaciones cotidianas que fluían con naturalidad, hasta encontrarse de bruces con la majestuosidad de los Prodigios.

 

 

Busiek ensambló unos elementos que estaban ahí, esperando que alguien hiciera semejante trabajo titánico: el de recoger aventuras dispersas a lo largo de muchos años de tebeos e integrarlos en un hilo narrativo coherente y fiel a su orden de publicación original. El guionista tuvo que revisar página a página ingentes cantidades de papel, hasta el punto detallista de elaborar microfichas de todos y cada uno de los cómics que vieron la luz durante el periodo que relata Marvels, desde aquellos aparecidos en 1939, con la llegada de La Antorcha Humana original, Namor o el Capitán América, hasta el asesinato de la novia de Spiderman, historia que fuera publicada en 1973. Marvels consiguió levantar la admiración de quienes conocían las fuentes de las que partía, pero también de aquellos que no habían tenido oportunidad de leer las aventuras originales, y que entonces se sintieron animados a descubrirlas.

 

 

Más allá de la enorme labor de documentación, de la prodigiosa habilidad para crear un ambiente y una época, de la sorprendente fusión del mundo real de los años cuarenta, sesenta y primeros setenta con el que se contaba en las viñetas, había un subtexto y un discurso. Dentro de aquel enorme edificio construido por Busiek y Ross, se encontraba una reflexión sobre el significado de ser un héroe, su propósito y su fin. La respuesta estaba muy alejada, cuando no en directa contradicción, con el concepto de estos iconos que se estilaba en aquellos años de desesperanza. Marvels marcó una línea divisoria a partir de la que empezar a hacer las cosas de otra forma y dejó un legado destinado a perdurar. Por eso, cada vez que la moda imperante, los trucos de mercado o el mero egoísmo de la industria dejen de lado el sentido de estos iconos, nosotros podremos perdernos en sus páginas, recrearnos con cada una de sus viñetas y recordar el lugar en que se sitúa el auténtico héroe, el que es, ante todo, un protector de los inocentes, un símbolo de la esperanza y un ejemplo de aquello a lo que debemos aspirar.

 

Artículo aparecido originalmente en Colección Marvels. Marvels

DEUDAS PENDIENTES: DAREDEVIL, SPIDER-MAN… Y FRANK MILLER

EL DIABLO Y LA ARAÑA

Ésta es la historia de dos amigos. No importa que, en realidad, esos dos amigos sean personajes de ficción. Su relación ha durado más de cuarenta años. Cuatro décadas en las que ambos han pasado por una inicial colaboración y una posterior desconfianza que acabaría por convertirse en amistad. Es un relato que implica a terceras personas, y aquí está la magia del cómic, porque esas personas sí son reales, son algunos de los autores que dieron forma a dos mitos, dos iconos del siglo XX. Y es que, por compartir, estos Spider-Man y Daredevil han compartido hasta diseñador de vestuario en sus sendas películas. Pero me estoy adelantando a los acontecimientos, porque nuestra historia comienza mucho, mucho antes.

En la portada del primer número de Daredevil (abril de 1963) Spider-Man, convertido ya por aquel entonces en el gran héroe de la factoría Marvel, daba la bienvenida al justiciero ciego. Con semejante cubierta, alguien podría pensar que el lanzarredes haría acto de aparición en las páginas interiores, pero nada más lejos de la realidad. Daredevil y Spider-Man tendrían que esperar unos pocos meses, hasta el Amazing Spider-Man 16 (con fecha de portada de septiembre de 1964) para verse las caras o, mejor dicho, las máscaras. En aquel episodio, en el que el Hombre sin Miedo todavía lucía su inicial traje amarillo y rojo, ambos luchaban contra el Amo de la Pista y su Circo del Crimen, villanos a su vez nacidos en las páginas de The Incredible Hulk. El Universo Marvel comenzaba a tomar forma, y no resultaba extraño que dos personajes que habían tenido orígenes tan similares como Spider-Man y Daredevil cruzaran sus destinos y tomaban prestados enemigos.

Pero esa primera toma de contacto tan sólo tendría valor anecdótico, porque el auténtico encuentro que habría de cambiar el desarrollo de ambos héroes habría de producirse un tiempo después, en Daredevil 16 y 17 (abril y mayo de 1966). Lo verdaderamente importante de aquellos episodios no es que Spidey luchara codo a codo con el cuernecitos y contra los Forzadores, villanos a la postre nacidos en la colección del trepamuros. La trascendencia real habría que buscarla en los títulos de crédito. Allí figuraba el nombre de John Romita, dibujante regular de Daredevil desde tres números antes. Stan Lee le había rescatado de las fauces de DC Comics, donde permanecía estancado en la producción de tebeos románticos. Por aquel entonces, la relación entre Lee y Steve Ditko, el dibujante de Amazing Spider-Man no eran precisamente buenas. Apenas se dirigían la palabra, y Lee era consciente de que, en cualquier momento, Ditko podía tirar la toalla. La aparición de Spider-Man en las páginas de Daredevil no tenía en realidad otra función que la de probar la capacidad de Romita para dibujar al lanzarredes. Y el artista pasaría el examen con matrícula de honor. El Daredevil 19 sería el último episodio que dibujaría, dándole la alternativa a Gene Colan, el autor que daría con los rasgos definitivos del personaje anteriores a la llegada de Frank Miller.

Por su parte, John Romita desembarcaría en la serie del lanzarredes allá por Amazing Spider-Man 39 (agosto de 1966), donde también llevaría a cabo una revolución visual que supondría un salto cualitativo en la popularidad del alter ego de Peter Parker. Teniendo en cuenta todo esto, el Cabeza de Red debía un inmenso favor al Hombre sin Miedo. Cuesta imaginar que hubiera sido de él si un artista menos capaz que John Romita se hubiera hecho cargo de la serie. Romita procuró los rasgos de comedia romántica y juvenil que convertirían The Amazing Spider-Man en el tebeo más importante en las universidades americanas durante los años sesenta y en el más leído en todo Estados Unidos en años posteriores, hasta la llegada de la Nueva Patrulla-X. Y ese es un favor tan grande que cuesta varias décadas pagar.

 

DEVOLVIENDO FAVORES

Hete aquí que estamos a finales de los años setenta, y Daredevil tiene un nuevo encuentro con Spider-Man en las páginas de una colección arácnida. (Se vieron en otras ocasiones a lo largo de todo ese tiempo, pero éste es verdaderamente el encuentro que a nosotros nos interesa). La aventura, escrita por Bill Mantlo (por entonces escritor habitual de un buen número de las historias del trepamuros) tenía lugar en Peter Parker, The Spectacular Spider-Man 26 a 28 (enero a marzo de 1979) y su evocador título era El ciego guiando al ciego. En sus páginas, Spider-Man, cegado en el episodio anterior por el Merodeador Enmascarado, tenía que recurrir a Daredevil para que le ayudara a luchar no ya contra el villano de turno, sino contra la ceguera que le había provocado éste. La aventura causó un impacto considerable a los aficionados de la época, y más si tenemos en cuenta que estaba encuadrada en una de las más aterradoras experiencias que haya padecido el trepamuros: su enfrentamiento con Carroña, el clon sin vida del profesor Warren (a su vez, creador de los clones del mismo Spider-Man y de Gwen Stacy… aunque eso es una historia demasiado complicada como para abordarla en este artículo).

Sin embargo, no sólo el argumento quedaba fijado en la retina del lector; también el responsable gráfico de aquellos Peter Parker, The Spectacular Spider-Man 27 y 28. Se trataba de un por aquel entonces totalmente desconocido Frank Miller nacido en Olmie (Maryland) en 1957. El estilo de aquel joven artista que contaba con tan sólo veintidós años estaba repleto de errores, pero poco importaba ante su inmenso carisma, talento y capacidad de composición de página, directamente heredera de la de grandes clásicos como Will Eisner o Gene Colan, con un Spider-Man que recordaba al personaje gomoso e imposible de los primeros tiempos de Steve Ditko. Quien sabe qué hubiera pasado si Miller hubiera continuado en la serie, pero es algo que jamás podremos averiguarlo.

Probablemente fueran las semejanzas del trabajo de Miller con el de Gene Colan el rasgo que decidiera al director editorial Jim Shooter a convertirle, meses después, en el artista regular de Daredevil. En realidad, todos sabemos que el cuernecitos no pasaba por sus mejores tiempos económicos, hasta tal punto que la colección era bimensual y estaba en trance de cerrar a la mínima. Apenas dos meses después, con fecha de mayo de 1979, Miller se convertía en el dibujante regular de Daredevil, y, en poco más de un año, también en el guionista. Curiosamente, una de sus primeras decisiones importantes y que revolucionarían por completo la colección consistiría en convertir a Kingpin, hasta entonces villano eminentemente arácnido, en la némesis definitiva de Matt Murdock. Quedaba así saldada la deuda contraída por el lanzarredes después de quedarse con Romita en detrimento de su colega. El resto de la historia de Miller con Daredevil es sobradamente conocida, hasta el punto de que habéis podido vivirla página a página en este coleccionable.

 

 

UNA AMISTAD COMPLICADA

La relación de Spider-Man con Daredevil habría de evolucionar profundamente en años posteriores. De esta forma, En Marvel Team-Up 140 y 141 (abril y mayo de 1984), Matt Murdock descubriría la identidad secreta del lanzarredes, al identificar los latidos de su colega con los de Peter Parker. Poco tiempo después, durante La muerte de la Capitana Jean DeWolff (Peter Parker, The Spectacular Spider-Man 107 a 110, octubre 1985 a enero de 1986) sería Daredevil quien confesara a Spidey que conocía su identidad secreta y le revelaría también la suya. Todo eso ocurría en una historia que enfrentaba los métodos del lanzarredes con los del Hombre sin Miedo, ante las posturas adoptadas por cada uno frente al Comepecados, el psicópata responsable del asesinato a sangre fría de Jean DeWolff, una de las mejores amigas de Spider-Man.

Este último episodio provocaría tensiones entre ambos justicieros, que llegarían incluso a las manos, algo que posteriormente se repetiría durante la guerra sostenida entre Daredevil y Kingpin (Amazing Spider-Man 284 a 289, enero a junio de 1987), en la que nuevamente ambos volverían a cruzar más que palabras. No obstante, ambos acabarían superando sus diferencias y renovando su amistad, hasta el punto de que sería Spider-Man quien consolara a Daredevil tras la muerte de su novia Karen Paige (Daredevil Vol. 2 8, junio de 1999), e incluso llegarían a compartir una miniserie (Spider-Man/Daredevil: inusual Suspects, enero a abril de 2001). Por último, Misterio, otro villano de Spider-Man, se suicidaría ante los ojos de Daredevil, después de haber intentado, sin lograrlo, volverle loco (Daredevil Vol 2, mayo de 1999).

En cuanto a la mencionada coincidencia en el diseñador de vestuario de ambos personajes, me refiero, como algunos ya habréis supuesto, a James Acheson, responsable de vestir tanto a Spider-Man como a Daredevil en sus respectivas adaptaciones cinematográficas. Mientras en el primer caso optó por mantenerse absolutamente fiel al diseño original de Steve Ditko, en su adaptación del traje de Daredevil fue un poco más allá, acercándose al modelo de no-traje impuesto por otras adaptaciones de superhéroes Marvel al cine, como X-Men.

 

RETALES DE TELARAÑA

Volviendo hacia atrás en el tiempo y hasta Frank Miller, mientras éste se ocupaba de la mejor etapa que jamás haya tenido el Hombre sin Miedo, todavía le quedaba tiempo para ocuparse de algunos encargos esporádicos que tenían mucho que ver con Spider-Man. Hay que recordar que, durante los primeros meses de la etapa Miller en Daredevil, en concreto hasta bien avanzado 1981, la colección continuó apareciendo cada dos meses, lo que permitía a Miller compaginarla con otros trabajos. La mayoría de esos episodios estarían editados por Dennis O’Neil, también editor de Miller en Daredevil, y que procuraba cuidar a su pupilo con encargos de tebeos que, al fin y al cabo, se venderían tremendamente bien, teniendo en cuenta que su protagonista era el superhéroe más popular de Marvel.

Precisamente, O’Neil sería también el guionista responsable de los Amazing Spider-Man Annual 14 y 15, aparecidos en 1980 y 1981, respectivamente. Se trata de dos pequeñas joyas en las que el Miller de entonces, contemporáneo a sus primeros tiempos en Daredevil, daría lo mejor de si mismo y demostraría su inmensa capacidad para el despliegue gráfico. En el primero de ellos, nos encontramos una aventura de grandes proporciones, La noche del vuelco siniestro, que reúne al lanzarredes con el Doctor Extraño (otro personaje que guarda una importante relación con Spider-Man a través de un dibujante, en este caso Steve Ditko) en un combate espeluznante contra la alianza del Doctor Muerte y Dormammu, este último uno de los villanos clásicos de Stephen Extraño. El segundo annual cambia por completo el registro. En él, vemos a dos de los escasos personajes invitados con los que contaría Miller en Daredevil, el Castigador y el Doctor Octopus, en una divertidísima aventura que daría lugar al más acadabrante de los titulares colocados por J. J. Jameson en la portada del Daily Bugle: Spider-Man: ¿Peligro o amenaza?

O’Neil también editaría el Marvel Team-Up 100 (Diciembre 1980), escrito a su vez por Chris Claremont. De nuevo, un número especial en el que Miller ofrecería una sorprendente versión de los Cuatro Fantásticos en la que destacaba el aspecto que daba a la elasticidad de Mister Fantásticos. Además, Miller se convertía en el primer artista en dibujar a Karma, mutante que debutaba en aquel mismo número y que poco después acabaría por convertirse en uno de los miembros integrantes de los Nuevos Mutantes.

Si en ninguna de estas aventuras Miller tendría ocasión de demostrar su habilidad como guionista, eso cambiaría con el Marvel Team-Up Annual 4 (1981), en el que tan sólo escribiría la historia, probablemente por encontrarse demasiado ocupado para dibujarla debido al pase a mensual de Daredevil por aquellas mismas fechas. Al Caballero Luna, Power Man y Puño de Hierro se añadía el mismo Daredevil entre los invitados especiales, mientras que el dibujo corría a cargo de un eficaz Herb Trimpe.

A aquellos años de Miller unido a Spider-Man como dibujante esporádico, aunque de lujo, pertenecen también algunas estupendas portadas de Peter Parker, The Spectacular Spider-Man. Después volvería a dibujar al trepamuros en muy pocas ocasiones. Una de ellas sería para la portada del volumen que recogería todos estos episodios: The Complete Frank Miller Spider-Man. Pero para entonces Daredevil había quedado muy atrás en la memoria de Miller, y no digamos ya aquel viejo lanzarredes con el que había debutado en la industria de la que se había convertido en leyenda viviente.

 

 

 

Artículo publicado originalmente en Daredevil coleccionable nº 25 de Forum

PROYECTO MARVELS: LA RECONSTRUCCIÓN DE LA MANERA EN QUE EMPEZÓ TODO

Dicen los libros de historia que el Universo Marvel echó a andar de manera oficial en 1961, con el nacimiento de Los 4 Fantásticos. Y no andan errados. En aquella fecha mítica, Stan Lee y Jack Kirby colocaron los cimientos de lo que luego se convertiría en el cosmos de ficción más importante jamás creado. Si no hubiera tenido lugar aquel singular acontecimiento, personajes como Spiderman, Los Vengadores o La Patrulla-X nunca habrían llegado a vivir. La aparición de la Primera Familia marcó un antes y un después, en tanto que supuso la resurrección de un medio a punto de desaparecer bajo unos presupuestos, los de la humanización del héroe, que nunca antes se habían utilizado.

 

 

Sin embargo, la historia no es tan sencilla y merece que se hagan algunas matizaciones. A finales de los años treinta y primeros cuarenta, coincidiendo con el auge del nazismo y la Segunda Guerra Mundial, el género de los superhéroes había vivido su primera gran explosión, en lo que se dio en llamar como la Edad de Oro de los cómics. En aquellos tiempos, la primigenia Casa de las Ideas había lanzado los primeros personajes. Timely Comics, la que luego se convertiría en Marvel, nació en 1939, año en el que presentaría en sociedad a la Antorcha Humana original y Namor, el Hombre Submarino. Ya en 1941, llegaría el Capitán América, y todos ellos combatirían la amenaza de Hitler, aunque sus caminos se encontrarían en contadas ocasiones.

 

Cuando, dos décadas más tarde, Stan Lee acometió la llegada de Los 4 Fantásticos, el guionista era plenamente consciente de tan rico pasado: de hecho había sido partícipe del mismo, puesto que llevaba en la editorial desde aquel entonces y su primer relato vio la luz dentro de Captain America Comics #3 USA (1941. Visionarios Marvel: Stan Lee). Decidido a aprovechar lo mejor de aquel legado, en el cuarto número de Los 4 Fantásticos llevó a cabo la integración de Namor en la actualidad de la Primera Familia. No contento con eso, en otro cuarto número, esta vez de Los Vengadores, se produjo la reentrada del Capitán América, quien había estado congelado en un bloque de hielo desde los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. Y, un tiempo más tarde, aunque también en una cuarta entrega, Fantastic Four Annual #4 USA para ser exactos (1966. Los 4 Fantásticos: La edad dorada), Johnny Storm y el resto de sus compañeros desempolvarían del olvido a la Antorcha Humana original, cuyas pautas cerebrales luego servirían para dar vida a La Visión, uno de los integrantes de Los Vengadores.

 

De alguna manera, los grandes personajes de la Timely encontrarían nueva vida en el Universo Marvel. No obstante, en la editorial siempre mantendrían el primer episodio de Los 4 Fantásticos como una frontera entre lo que podría calificarse la prehistoria y “su” historia. De hecho, a efectos oficiales, la primera aparición del Capi, Namor o la Antorcha Humana original que se señalaba siempre era la que había tenido lugar en los años sesenta, y a la que se le añadía la matización de “moderna”, queriendo resaltar que todas aquellas aventuran de los años cuarenta y cincuenta existían y estaban ahí, pero que no debían tenerse en cuenta más que a efectos anecdóticos.

 

Ya en los setenta, el interés por esa “prehistoria Marvel” se reavivaría gracias a Los Invasores, un proyecto impulsado por un enorme aficionado a la Edad Dorada, el guionista Roy Thomas. “¿Qué hubiera pasado si algo similar a Los Vengadores, es decir, un supergrupo que reuniera a los principales héroes de la época, hubiera existido durante la Segunda Guerra Mundial?” Ésa es la respuesta que venía a responder. Con un toque de nostalgia rodeando sus aventuras, Los Invasores, en cuyas filas militaban el Capitán América y su compañero Bucky, la Antorcha Humana y su camarada Toro o Namor, entre otros combatieron contra las fuerzas del Eje en una cabecera que se publicó entre 1975 y 1971 y que quedaría marcada en el recuerdo de los lectores.

 

Una nueva ola nostálgica tendría lugar en pleno siglo XXI, coincidiendo con el setenta aniversario del nacimiento de Timely. En Marvel planificaron varios eventos que conmemoraran una fecha tan señalada, pero entre ellos uno destacó con una enorme fuerza: El proyecto Marvels. La idea surgió del editor Tom Brevoort, que consideró al guionista Ed Brubaker como el más apropiado para encarar el reto. Éste se había convertido por derecho propio en uno de los mejores autores con los que haya contado jamás el Capitán América y se sintió hipnotizado ante el ofrecimiento de Brevoort, ya que se trataba, en cierta forma, de contar el origen y el contexto de su personaje favorito. Mientras investigaba los cómics que había protagonizado el Centinela de la Libertad y otros héroes en los años cuarenta, Bru sintió que era necesario actualizar aquellas historias a través del lenguaje del cómic moderno, así como entrelazarlas de tal manera que, en lugar de los relatos fragmentados sin conexión alguna que fueran en el momento de publicarse, se organizaran como una compleja trama trasversal que sirviera para desentrañar la manera en la que los superhéroes habían surgido y los motivos que les habían llevado a colaborar contra un enemigo común.

 

Anteriormente, Kurt Busiek y Alex Ross, ya habían desarrollado un trabajo lejanamente similar, en el prólogo y primer capítulo de Marvels, donde se evocaba el nacimiento de la Antorcha Humana original o una de sus batallas con Namor. El propósito de Brubaker consistiría, sin embargo, en ir un paso más allá: utilizar el material ya existente con sumo cuidado y respeto, pero también unir los huecos vacíos, con el objeto de ofrecer una monumental historia de espías que se introdujera en el trasfondo de eventos históricos. De esta forma, la trama abarca desde la Gran Depresión hasta poco después del ataque a Pearl Harbor, o, lo que es lo mismo: desde que surge la necesidad de crear superhumanos con los que oponerse al auge del nazismo hasta que estos llegan a formalizar su alianza, pasando por todo el proceso de nacimiento y primeros pasos. El guionista llegó a plantearse Cold Secret War (Guerra Fría Secreta) como título de la obra, pero finalmente prefirió El Proyecto Marvels, para así establecer un paralelismo con el Proyecto Manhattan, que en las mismas fechas en las que sucede esta historia había dado lugar a la bomba atómica. Así, seguía la tradición del Universo Marvel de reflejar la realidad de cada momento histórico desde un punto de vista superheroico.

 

Brubaker encontraría espacio no sólo para los grandes nombres de la Timely, los que forman la trinidad de Capitán América, Namor y la Antorcha Humana, sino también para otros conceptos, de menor impacto cultural, pero que también existieron en aquel entonces, así como otros que fueron aportados por Thomas dentro de Los Invasores. No sólo el escritor brilla con intensidad, sino también el dibujante Steve Epting, quien ya estuviera con él durante los primeros años de la etapa en Capitán América. El realismo de Epting, junto a su indudable raigambre clásica, coronan El proyecto Marvels como un cómic con ecos de superproducción cinematográfica en el que se consigue capturar y embotellar un mundo que ya no existe y en el que se sembró la semilla de nuestro tiempo.

 

 

Texto aparecido originalmente en Marvel Héroes. Capitán América: Proyecto Marvels

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 17: EL MAGAZINE EN BLANCO Y NEGRO

The Spectacular Spider-Man tuvo un tamaño superior al de los comic books convencionales, papel de calidad, blanco y negro con grises manuales, sesenta y cuatro páginas sin publicidad en tripa y un precio de treinta y cinco centavos, casi el triple de lo que costaba el tebeo mensual (p 109).

 

Pocos imaginaban que la elaboración del primer número de la revista había sido un infierno para Romita, que se dejó la espalda en el proceso. Ya hacía tiempo que se había olvidado de la rígida plantilla de nueve viñetas que heredara de Ditko, de manera que en Amazing solían verse planificaciones mucho más abiertas, pero el tamaño magazine le permitió dar rienda suelta a su ambición, con gran cantidad de planchas con cuatro o menos viñetas (p 110).

 

A Martin Goodman le asustaba anunciar Spectacular en los cómics mensuales, ya que se trataba de una publicación que no pasaba el Code; le asustaba que las imprentas no pudieran manejar un producto tan distinto; le asustaba que los libreros no lo colocaran en sus expositores, ya que estaban pensados para el tamaño del comic book… Le asustaba ganar demasiado dinero (p 111).

 

En el tira y afloja, The Man sólo consiguió salvar el tamaño superlativo. El segundo número de Spectacular salió a color y, además, pasó por la supervisión del Comics Code. Su argumento, por más que evitara cualquier asunto que pudiera resultar polémico, no podía ser más trascendental para el que estuviera enganchado a la serie, ya que ofrecía la vuelta de El Duende Verde (p 111).

 

Martin Goodman exigió la cancelación del magazine antes incluso de que el segundo número saliera a la calle, por más que, en las últimas páginas de éste, ya se anunciaba una tercera salida, “The Mistery Of The TV Terror”, que había empezado a dibujar Marie Severin, ante el evidente agotamiento de Romita (p 112).

 

Seis meses después del lanzamiento, en la editorial recibieron las cifras de ventas: habían sido magníficas, pero eso no se tradujo en una rectificación. Goodman alegó entonces que se trataba de una serie que daba muchos problemas de producción y obligaba a incurrir en excesivos costes. “No importaba cuánto dinero hubiéramos hecho”, dice Romita. “No quería cambiar de opinión porque estaba avergonzado” (p 113).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

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