1982. SEIS DIBUJANTES PARA LA PATRULLA-X

Entretanto, por el bullpen circula el comentario de que la serie es buena, es excelente, pero no llega a los niveles alcanzados con Byrne, pese a que las ventas no hayan dejado de crecer. De una media de 260.000 ejemplares mensuales vendidos en 1980 ha pasado a 313.000 en 1981. Shooter desempolva una vieja propuesta de Cockrum anterior a su vuelta a Uncanny y se pone a leerla con detenimiento. Poco después telefonea al dibujante.

-Dave, he leído tu propuesta, The Futurians, y me encanta. Creo que deberías prepararla. Podemos lanzarla a lo grande, con una novela gráfica de presentación y una serie regular. Tendrás los derechos de autor sobre tus personajes, como hacemos en Epic. Suma a eso los incentivos. Estamos pagando incentivos a todo lo que supere las cien mil copias. Tendrás incentivos y derechos de autor para ti solo. Con un álbum de seis dólares. Piénsate si te interesa esto o seguir en la Patrulla-X.

 

Cockrum quiere hacer The Futurians. Es su invento, le ha dado forma y lo ha modelado sin otra ayuda que la de su imaginación. La Patrulla está bien, pero ya no se parece al grupo surgido del Giant-Size. Imitar a Byrne hasta el hastío no es su idea de creación artística. Habla con Chris y la Jones y deciden, de mutuo acuerdo, que si tanto le entusiasma The Futurians, que no se preocupe y deje a los mutantes. Ya buscarán a alguien. Jones empiezan a barajar opciones entre los artistas que han trabajado con mutantes durante las dos últimas temporadas, muchos de ellos dentro de la serie regular a causa de los problemas de Cockrum para entregar veintidós páginas mensuales.

Opción uno. Michael Golden se ocupa de los dos primeros Marvel Fanfare, que inmediatamente le facilitan el encargo del The Avengers Annual10. Es un dibujante preciosista, de rasgos bellos y barrocos. La fuerza de su trabajo sirve para ocultar errores propios de un novato. Problema: demasiado lento, incapaz de cumplir las fechas de entrega.

Opción dos. John Buscema, autor de un relato de Bizarre Adventures 27 protagonizado por Jean. Perfecto dominador de la figura humana, Buscema es un clásico del género. Demasiado clásico para la Patrulla-X, piensan Claremont y Jones. Además, odia los superhéroes.

 

Opción tres. George Pérez, autor del relato protagonizado por el Hombre de Hielo. Es el hombre perfecto para la Patrulla-X. Discípulo de Byrne, consigue superarle en precisión y detallismo. El UXM Annual 3 le coloca en primera posición de salida para dibujar la Patrulla-X. Problema: está muy contento en DC.

 

Opción cuatro. Bill Sienkiewicz, remedo de Neal Adams al que Jones encarga el UXM 159 (VII 82) y el UXM Annual 6 (1982). En ambos, la Patrulla-X se enfrenta a un Drácula fascinante, enamorado de Tormenta. Claremont rescata así al Príncipe de las Tinieblas de su supuesta muerte en el último número de la colección que protagonizara durante siete años (Tomb of Dracula70, VIII 1979). Sienkiewicz es el dibujante adecuado para la aventura, pero está por ver que encaje en la serie regular. Algo que, de momento, no se podrá comprobar, ya que prefiere seguir dibujando Moon Knight, donde utiliza experimentos visuales que le estarían vetados con la Patrulla-X.

 

Opción cinco. Brent Eric Anderson, dibujante de Dios ama, el hombre mata, del Annual 5 (1981) y del UXM 160 (VIII 82). Este último número cuenta con la presencia de Belasco, uno de los villanos que Anderson ha tenido que dibujar en Ka-Zar. Belasco es el demoniaco príncipe del Limbo que secuestra a Illyana, la hermana de Coloso. El Limbo es un mundo de fantasía donde no se aplican las leyes de espacio y tiempo. La Patrulla rescata a una Illyana que ha pasado siete años junto a Belasco. Lo ocurrido en ese tiempo es la semilla de una nueva miniserie que no tarda demasiado en posponerse. Brent Anderson resulta espectacular con la novela gráfica, competente en el Annualy escalofriante en este número, pero es incapaz de entregar cada mes un trabajo de calidad similar.

 

Opción seis. Paul Smith, que dibuja el cuarto número de Marvel Fanfare. Al igual que Golden, es capaz de imprimir en su trazo una belleza y elegancia absoluta. A diferencia de Golden, ese trazo es limpio, pura línea clara americana. Además, puede dibujar cualquier cosa sin protestar. Es un artesano sin ínfulas de autor. Hace lo que diga el guionista o el editor de turno. La decisión está tomada.

1982. ENTRA: PAUL SMITH

Es 1982. Claremont y Jones se ocupan personalmente de fichar a su nueva estrella. Con la oferta encima de la mesa, Smith se toma un par de días para decidirse. Las ventajas son muchas. Va a estar en la colección más importante del mercado con toda la promoción que eso significa. Va a trabajar bajo unas excelentes condiciones, tanto laborales como artísticas. Uncannyes uno de sus títulos favoritos y el ideal de todo artista interesado en la caracterización de personajes. En el otro lado de la báscula, los inconvenientes. Hasta ahora ha dibujado Doctor Strange, una colección bimensual de personajes único, mucho más descansada que una serie protagonizada por un supergrupo. Por otra parte, tiene un cierto miedo escénico, miedo a estar en el ojo del huracán. A la hora de dar el sí, Smith recuerda para qué se ha ido a vivir a Nueva York: para ser un dibujante famoso, no un simple dibujante. Estar en Uncanny X-Men puede ser como sumergirse en el fondo de una piscina muy profunda, pero no piensa ahogarse. ¿Dónde hay que firmar? ¿de verdad me vais a pagar eso? Su primer número es el UXM 165, en medio de la saga del Nido y en coincidencia con la salida de la novela gráfica de los bebés-X. Smith hereda el entintador de los últimos números de Cockrum, Bob Wiacek, quien aclara aún más si cabe su ya de por sí depurado trazo. Si lo que quiere es caracterización, desde el primer momento la tiene en grandes cantidades. Cada hombre-X afronta a su manera la muerte que sabe cercana: Tormenta, en comunión con las estrellas; Coloso y Kitty consolándose mútuamente, y, Rondador, ante la sorpresa de Lobezno, rezando:

 

-Admito que se me ve poco por la iglesia… pero mis creencias me consuelan. Necesitamos ayuda ahora. Deberías probarlo. Tal vez te iría bien.

-Lo hice. Un error, -responde Lobezno-. No creo en nada. Nunca lo haré. Me importa lo que puedo ver, oír, oler, tocar. Cosas tangibles. La realidad. Lo demás, es imaginación.

 

 

Nadie muere en el UXM 166, un especial de cuarenta páginas en el que culmina la saga con la Patrulla al asalto del planeta del Nido. Allí luchan contra su reina, tal y como hiciera Sigourney Weaver al final de Aliens. Más allá del simple remedo cinematográfico, el cómic se construye mediante las piezas proporcionadas por los números anteriores. Claremont se limita a colocar a sus criaturas en la posición apropiada. Ellas mismas conducen la acción. No hay personaje sin papel específico, sin encaje apropiado en la obra: desde el debutante dragón Lockheed, creado por Smith en homenaje a su moto y destinado a ser mascota de Kitty, a los Acanti, la descomunal raza extraterrestre esclavizada por El Nido y cuya alma se ocupa de la purificación de la Patrulla-X y de la aniquilación de la Reina del Nido; desde una Tormenta en conflicto interno, obligada a acabar con la vida que lleva dentro, a “abortar”, para a cambio salvar a los Acanti, a ese Lobezno dispuesto en cualquier momento a sacrificar su vida por sus amigos “o a darles una muerte rápida y limpia”.

 

Claremont sostiene el suspense en cada viñeta gracias a trucos tan inteligentes como no dejar al lector que confíe en ninguno de los hombres-X, ante la posibilidad de su transformación en eslyzoides. El suspense se eleva una vez más en la viñeta final, cuando Lobezno deduce lo que ya debería ser una obviedad para cualquier avispado lector, que todavía un humano contiene un embrión de alien, que “sólo hay una persona que pueda llevarlo dentro. Charles Xavier”. Así, de nuevo la muerte revolotea sobre la strip en el siguiente número, en parte por el síndrome Fénix, en parte por la portada con Cíclope sosteniendo en brazos a un Xavier que parece difunto, en una imagen muy similar a la cubierta del UXM 136. Técnicamente, Xavier llega a morir, transformado en una Reina del Nido. Con un malabarismo de difícil justificación de no ser por la inexistencia de alternativas, el Profesor vuelve a la vida gracias a un cuerpo clónico de fabricación sh’iar que le permite andar de nuevo, aunque tal posibilidad sea de momento condicionada a un intenso entrenamiento. El episodio coincide con la aparición del The New Mutants1 y cuenta con la presencia de los bebés-X como invitados especiales. El siguiente número, titulado El profesor Xavier es un idiota, justifica por qué Kitty, con una edad similar y en algunos casos inferior a la de ellos, no está en el nuevo grupo. La excusa es que Kitty, empeñada en quedarse con la Patrulla-X ante un Xavier empeñado en pasarla a los Nuevos Mutantes, ha demostrado más madurez de la que corresponde para su edad. Las razones reales de Claremont son muchas: pretende seguir adelante con el romance entre Kitty y Coloso, apenas esbozado durante la saga del Nido; quiere evidenciar a través de la chica el cambio radical que planea hacer en Tormenta, y, por último, Kitty es el último bastión para la inocencia que queda en la Patrulla-X. “Kitty es diferente de los bebés-X”, dice Claremont. “Es una adolescente con un cerebro de persona mayor”

Es Navidad de 1982. Dos años después de su muerte, los ecos del trágico final de Fénix resuenan más fuerte que nunca. Dentro de la colección, con constantes referencias. No es simplemente que todos, desde Magneto a Corsario, lamenten la muerte de Jean. Los lectores conviven con la posibilidad de que cualquier hombre-X sea el siguiente en caer. Casi ocurre de nuevo con Kitty en el UXM 150, o con Xavier en el 167. Cualquier augurio de tragedia supone un inmediato aumento de ventas. Esos mismos lectores necrófilos insisten una y otra vez en que Jean regrese. Claremont no deja nunca de coquetear con la idea: El cuento de hadas de Kitty(UXM 153) contempla un final feliz a la saga de Fénix Oscura y el UXM 157 luce una Fénix renacida de las cenizas en portada que se convierte en una Kitty disfrazada en el interior. Basta una insinuación para que todos crean que Jean Grey vuelve a vivir. Ocurre que Claremont no está dispuesto a renunciar a esa maravillosa sensación de imprevisibilidad que le permite buscar siempre una nueva sorpresa a la vuelta de la esquina. La siguiente consiste en engañar a todos. Si tan encoñados están con Fénix, que crean que ha renacido de sus cenizas, que está vez va en serio. Que sea una forma digna de darles lo que piden, y él mismo desea, sin tener que resucitar a Jean Grey. ¿Cómo? Haciendo una nueva Jean Grey. Una pelirroja con el físico y la personalidad de la muerta. Que conozca a Cíclope, se enamoren y se casen en el especial del veinte aniversario, que luego se convierta en una secundaria más, en otra Moira McTaggert, como estaba previsto con Jean antes de que Jim Shooter se pusiera por en medio. Si además se puede aprovechar su debut para una intriga como no ha conocido antes la serie, mejor todavía. Sin estridencias, metiendo la cuña poco a poco, con el mismo in crescendo que convirtiera a los UXM 129 a 137 en una obra maestra definitiva.

UXM 168, página veintidós. Cíclope llega a Anchorage (Alaska) para conocer a sus abuelos paternos. La piloto del avión se llama Madelyne Pryor. “Me he vuelto loco… ¡Pero papá y Alex también la ven! Su voz, su rostro… ¡No puede ser! ¡Es imposible”, piensa ante la mujer que es réplica exacta de Jean Grey. Claremont introduce así al personaje con el que llevará la colección a las mismas cotas de excelencia alcanzadas dos años antes junto a John Byrne. La saga, que culmina en el UXM 175 (XI 83) recupera la estructura en tres actos que ya se empleara con Fénix Oscura. Al igual que en ésta, los dos primeros actos están centrados en asuntos colaterales: la presentación de los Morlocks y el viaje a Japón de la Patrulla-X para la boda de Lobezno. El tercer acto supone el regreso desde las cenizas de Fénix Oscura, una vuelta anunciada en los números precedentes mediante pequeñas insinuaciones. Las similitudes de una y otra historia se reducen al aspecto exterior y al villano. El tono y el argumento han cambiado.

1983. DE CÓMO CLAREMONT MUEVE TODAS SUS FICHAS

Es 1983. La serie ha encontrado una nueva identidad que Claremont define como una síntesis de sus teleseries favoritas. Quiere que Uncanny X-Men tenga el humor inteligente de MASH y Lou Grant, ese humor que puede llegar a ser cortante como un cuchillo, mezclado con el estilo de Canción triste de Hill Street. “En el primer episodio”, explica, “pueden utilizarse cuarenta minutos para introducir dos encantadores policías. En el siguiente capítulo, salen por la puerta y les disparan unos yonquis. No están muertos, pero creesque están muertos. Entonces se introduce otra trama, y no sabes que pasa con los dos policías hasta los cinco minutos finales. Entretanto, estás en el sillón comiéndote las uñas. Nunca sabes si va a morir alguien, si las relaciones emocionales van a seguir igual”. Así es como quiere que funcione la Patrulla-X. Eso es lo que trata de hacer, crear ese sentido de realidad, de suspense, de envolvimiento. Dejar que sean los personajes quienes conduzcan la historia. El guionista lo único que tiene que hacer es colocar las fichas en la casilla del tablero que les corresponde.

Primera ficha, Los Morlocks. Son el grupo de mutantes que habita las catacumbas de Nueva York y que secuestra al Ángel por orden de su líder, Calisto, quien pretende convertirlo en su príncipe consorte. Claremont inventa a estos mutantes que se marginan a sí mismos a partir de dos fuentes bien distintas: por una parte, el argumento planeado junto a Byrne sobre Calibán.

 

-¿Por qué peleamos con ellos? Son mutantes como nosotros.

-Como nosotros no. Son Guapos. Quiero hacerles daño.

Por la otra, los Morlocks toman su nombre, según pone Claremont en boca de Calisto, de los personajes de La Máquina del tiempo, de Herbert George Welles. En esta novela, los Morlocks son una de las dos razas en las que ha degenerado la humanidad en un futuro lejano. Unos, los Eloi, habitan la superficie, son bellos, rubios e indolentes. Representan a los capitalistas. Los otros, los Morlocks, se ocultan en túneles intraterrestres, son pequeños, pálidos y feos. Representan a los proletariados. “La seguridad demasiado perfecta de los habitantes del Mundo Superior”, escribe Welles, “les había llevado, en un pausado movimiento de degeneración, a un aminoramiento general de su estatura, fuerza, e inteligencia (…) ¿No era natural, entonces, suponer que era en aquel Mundo Subterráneo donde se hacía el trabajo necesario para la comodidad de la raza que vivía a la luz del sol?”. Los Morlocks de Welles han sido marginados, obligados por los Eloi a trabajar en cuevas. Como consecuencia de ello, han adquirido su horrible aspecto. Al revés, los de Claremont se han automarginado con motivo de su naturaleza mutante. ”No le importamos a nadie. Nos odian y cazan por culpa de poderes que no queremos o no entendemos. Somos deformes y solitarios. El Callejón es un refugio nuclear construido en la Guerra Fría. Lo abandonaron y yo lo encontré e hice de él un santuario para los que son como yo”, explica Calisto (UXM 170, VI 83). Los Morlocks se sitúan ante los hombres-X como los verdaderos mutantes marginados. Son feos, tienen poderes todavía más feos, viven en las cloacas. Es mucho más fácil ser un marginado cuando tienes aspecto de diosa africana, puedes controlar los elementos y vives en una mansión rodeada por bosques paradisiacos.

Segunda ficha, Tormenta. Claremont quiere llevar a su mujer-X favorita hasta donde Byrne jamás le hubiera dejado. “Los valores en los que Tormenta creía ya no le sirven y no puede volver a ser como antes”, dice el Padre Mutante. “Tras muchos años ha abierto las compuertas, ha perdido sus inhibiciones y ha pasado de ser una persona serena y casi sin emociones a todo lo contrario”. Obligada a luchar en un duelo de honor contra Calisto para poner a salvo a Kitty, Tormenta no duda en atravesar el corazón de la líder Morlock. “La Ororo que conocí habría muerto antes que matar. Está cambiando. Lo más terrorífico es que a ella no parece importarle”, concluye Rondador. Ese cambio se radicaliza en el viaje a Japón, donde conoce a Yukio, la amiga de Lobezno, de la que aprende que “la vida es la máxima aventura. La muerte es el premio que nos espera a todos. Ya que es inevitable, ¿por qué preocuparse?”. Las correrías junto a Yukio le valen perder gran parte de su cabellera en un incendio, motivo suficiente para cambiar su aspecto al de una punk vestida de cuero. Esta transformación radical ejemplifica la evolución del personaje desde que fuera seducida por Drácula y luchara contra el Nido. La idea surge de una conversación de Claremont con Weezie Jones en la que ambos coinciden en que el papel de niña inocente del grupo hace tiempo que ha pasado a manos de Kitty. Es, por tanto, el momento adecuado para llevar a Ororo en una dirección distinta. “Lleva casi diez años con el mismo uniforme, va siendo hora de cambiárselo” dice Claremont, que encarga varios diseños a Smith. Finalmente se queda con uno en el que la mutante aparece con una cresta de indio mohicano. “No podemos hacerle esto”, dice Weezie Simonson. Y tras una pausa, añade: “…aunque tiene una pinta genial. Vamos a hacer una prueba”. La prueba consiste en enseñar el dibujo a una niña, que, inmediatamente, se echa a llorar. “Ésa no es Tormenta”, berrea la niña. “Es perfecto”, decide Jones. “Nos van a matar, pero es perfecto”. Prueba superada.

Tercera ficha, Pícara. Con el UXM 171 (VII 83), Claremont pone a prueba su capacidad literaria para escribir un cómic en el que los protagonistas pasan gran parte de las veintidós páginas sentados en un sofá y discutiendo. Discuten sobre si admitir a una antigua enemiga en sus filas. Creada para la Hermandad de Mutantes Diabólicos, Pícara tiene potencial suficiente como para convertirse en mujer-X. Michael Golden la peina en el The Avengers Annual10 con dos tiras blancas a cada lado del pelo, según un diseño de Ed Hannigan. Picara aparece poco después en los Dazzler 22 a 24 (XII 82-II 83), donde Frank Springer confunde el tinte capilar con canas. Da la impresión de que la mutante tenga cuarenta años. El error se descubre demasiado tarde como para corregirlo, aunque no para rectificar en lo sucesivo. La Pícara que en el UXM 171 se planta ante la puerta de Xavier en busca de ayuda apenas alcanza la veintena. Es una niña asustada que pone a prueba, de nuevo, el grado de tolerancia de los hombres-X. “Mis poderes están fuera de control. El más mínimo contacto dispara la absorción. Ya no sé que pensamientos son míos. Me miro en el espejo y veo una extraña”, dice ella. “Si quieres mi opinión, es el castigo a tus crímenes”, respuesta de Rondador muy parecida a la de Kitty, Coloso o Lobezno, por no hablar de Binaria, que ya tiene la excusa perfecta para irse con los Saqueadores Estelares. Xavier es el único dispuesto a dar una oportunidad a Pícara: “Fuiste tú, Ororo, quien me dijo que Lobezno merecía ser un hombre-X, no por su carácter, sino por su potencial para el bien. El mismo argumento sirve para Pícara. Claro que es arriesgado aceptarla, pero piensa en la alternativa. Al menos con nosotros tiene la oportunidad de una mejor vida. Echarla es condenarla. Y eso nunca se lo haré a un mutante mientras quede vida en mí”

Cuarta ficha, Lobezno. Los UXM 172 y 173 (VIII-IX 83) enlazan con el argumento del L: WO 4 (XII 82). De nuevo el relato pasa a estar contado por Lobezno, en vísperas de su matrimonio con Mariko. Por primera vez, Logan viste con el atuendo de un samurai, imagen extraída por Paul Smith de una enciclopedia juvenil. Tras probarlos contra los Nuevos Mutantes (TNM 5 y 6, VII-VII 83), Claremont recupera a dos villanos procedentes de sus años en Marvel Team-Up: el Samurai de Plata y Víbora. El primero resulta ser el hermanastro de Mariko, que quiere eliminarla para controlar los negocios sucios de su padre muerto. Lobezno recorre Tokio en compañía de Pícara, a la que no le perdona que absorbiera la mente de su amiga Carol Danvers. Picara acaba salvando la vida de su compañero y de Mariko aún a costa de estar a punto de perder la suya. Lobezno decide dejar que absorba sus poderes para que pueda curar sus heridas, a pesar del peligro que entraña. “Soy un hombre que paga sus deudas. Te sacrificaste por Mariko. Es justo que te devuelva el cumplido”

Quinta ficha, Madelyne Pryor. El romance entre Madelyne y Cíclope avanza al mismo tiempo que los lectores y el mismo Cíclope acumulan sospechas. A su parecido con Jean Grey se suma que la chica adivine una comida favorita porque puede “leer el pensamiento”, o que salga indemne de un accidente de avión ocurrido en el mismo momento de la muerte de Fénix. “¿Puede un amor como el de Jean y Scott sobrevivir a la muerte?”, se interroga Xavier. “Más aún, ¿qué es la muerte para alguien como Jean? El parecido físico de Madelyne puede no ser más que una cruel coincidencia unida a nuestras fantasías”. Cuando Cíclope se atreve al fin a hacer la pregunta que está en boca de todos desde hace meses, Madelyne responde convirtiéndose en Fénix Oscura (UXM 174, X 83).

Sexta ficha. Mente Maestra. La concienzuda planificación que llevan a cabo Claremont, Smith y Jones les permite engañar a su público, hacerle creer que está ocurriendo lo que no está ocurriendo mientras las pistas para desentrañar el misterio aparecen a la vista de quien sepa leer entre líneas: Mística tiene un sueño similar a las alucinaciones que tuviera en su momento Jean (UXM 170). Jason Wyngarde está presente en el sueño. Desde el principio queda clara su implicación; nuevamente volverá a actuar para impedir el matrimonio de Lobezno y Mariko (UXM 173, IX 83) o para volver paranoico a Cíclope (UXM 174). Que Mente Maestra sea un aliado de Madelyne o se limite a manipularla para hacer creer a todos que es Fénix renacida de sus cenizas no queda claro hasta la mitad del UXM 175, cuando él mismo confiesa haber organizado la trama con el fin de que la Patrulla-X asesinara a Madelyne, esa inocente que le recuerda a Jean Grey: “Ella me volvió loco. Más tarde me recuperé. Maldito para siempre por el recuerdo de lo que fui y jamás volveré a ser. No puedo vengarme de ella, pero puedo hacer que sus seres queridos sufran por ella”, incluidos los lectores.

Tras la derrota de Wyngarde, Cíclope se confiesa ante la tumba de Jean, ubicada, curiosamente, en el cementerio del Bard College, donde Claremont estudiara teatro en su juventud. “Te amé Jean. Y amo a Madelyne”, dice. “Lo nuestro fue mágico, siempre lo recordaré. Ahora, Madelyne y yo tenemos la oportunidad de crear nuestra magia y de que sea tan especial como fue la otra”. El episodio, como estaba previsto desde cuatro años atrás, termina en boda.

Como dice Cíclope, si los años con John Byrne fueron mágicos, éstos también pueden serlo, aunque de una manera diferente. Punto final a la época clásica de la colección, Desde las cenizas simboliza el gran exorcismo de los fantasmas de las Navidades pasadas -las de 1980, en concreto-. Primero, el fantasma de Byrne queda atrás gracias a los bellísimos dibujos de Paul Smith (Jean Grey nunca fue tan guapa) y a un Claremont que demuestra capacidad para escribir en solitario con el pulso maestro que algunos le concedían sólo en compañía de su anterior compañero de fatigas; segundo, el fantasma de Fénix también acaba anulado. Los fans que no dejaban de insistir en su vuelta tienen ahora a Madelyne Pryor.

Portada no publicada de Uncanny X-Men 179

 

El único problema es, ay, que Paul Smith, ay, Paul Smith, ese dibujante con el que Claremont y Weezie se quedarían de por vida, dice que muy bien, que se lo ha pasado en grande, que tiene la cartera llena, que se ha hecho un nombre y que se coge la moto y se va. Así como suena. Todavía con la boca abierta ante la decisión de un chico con el que no han tenido un sólo problema pero que parece más interesado en otras cosas, guionista y editora acuerdan pedir los servicios de John Romita Jr, que acepta inmediatamente, lo que le supone tener que dibujar las páginas de la boda. Romita viene de hacer The Amazing Spider-Man. No sólo sabe dibujar superhéroes, también callejones, mesas, papeleras, gente normal… eso lo convierte en una elección perfecta para el ambiente a lo Canción triste de Hill Street que quiere conseguir Claremont, con Tormenta, Pícara y alguna otra futura incorporación pasando a un primer plano, mientras que los personajes clásicos, como Lobezno, Coloso o Rondador, sostienen la acción y Cíclope queda fuera ante su reciente matrimonio. Por otra parte, dada la estrecha vinculación de la serie con su hermana pequeña, The New Mutants, Claremont empieza a tejer una complicada tela de araña en la que los subargumentos y referencias a sucesos pasados y paralelos se agolpan uno tras otro, lo que produce una sensación de historia-río que aumenta más si cabe el grado de adicción de los fans, obligados a esforzarse al máximo para poder comprender tal o cual personaje, situación o conflicto, los cuales suceden tanto en una serie como en otra. El lector ocasional puede seguir cualquiera de las dos colecciones, pero el que desea conocer cada uno de los pasos de, por ejemplo, Magneto, ha de comprar religiosamente ambas; el que además quiera seguir al dedillo las andanzas de cuanto mutante comienza a proliferar a lo largo y ancho del Universo Marvel tendrá que hacer acopio de miniseries o de cualquier clase de proyectos especiales, cosas tan inclasificables como Obnoxio the clown vs. X-Men (IV 83), subproducto a cargo de Alan Kupperberg del que Claremont reniega hasta el punto de afirmar que transcurre en un mundo imaginario.

Tras un epílogo a Desde las cenizasen el que Romita dibuja su primer número completo (UXM 176, XII 83), el UXM 177 (I 84) recupera a la Hermandad de Mutantes Diabólicos liderada por Mística. El motivo es la reciente incorporación de Pícara a la Patrulla-X, en la que Claremont ve uno de los más suculentos conflictos de la nueva etapa que ahora se abre. La aventura enlaza con el retorno de los Morlocks y Calibán. En una aproximación urbana al mito de la bella y la bestia, Calibán renuncia a casarse con una Kitty obligada por una promesa de honor. “No sé si te amaré alguna vez, Calibán”, dice ella, “pero me siento orgullosa y honrada de tenerte como amigo”

1984. LA PATRULLA-X Y ALPHA FLIGHT: LA REUNIÓN DEL DREAM TEAM QUE NUNCA OCURRIÓ

ES 1984. ¿En qué llevan razón quienes critican a Marvel por aprovechar el filón X-Men? Productos tan honrosos como Muerte vivaconviven con otros que lo son algo menos, como las miniseries Iceman  y Beauty and the beast (ambas de XII 84-VI 85), o Nightcrawler(XI 85-II 86). Mary Jo Duffy, una de las mejores amigas de Claremont, trabaja en The Misfits, título derivado de The New Mutantsque no acaba de encontrar fecha de publicación; y otros autores preparan proyectos más o menos oportunistas, protagonizados por mutantes de pega, como es Firestar(III 86-VI 86), mediocre inserción en el Universo Marvel de una heroína procedente de la serie de dibujos animados Spider-Man and his amazing friends. La única miniserie en la que trabaja Claremont este año es un proyecto que Jim Shooter lleva sugiriendo desde hace meses. El director editorial pretende reunir de nuevo al Padre Mutante con John Byrne. Se trataría de que ambos hicieran una miniserie protagonizada por la Patrulla-X y Alpha Flight, grupo cuya colección creara Byrne dos años atrás. Se anuncia la salida para ese mismo invierno y Claremont, siempre cuidadoso con la continuidad, inserta la historia entre medias del UXM 192.

En cuanto Ann Nocenti, editora mutante, y Dennis O’Neil, editor de Alpha Flight, empiezan a trabajar en el nuevo título, Byrne anuncia que cambia cromos con Bill Mantlo. Éste pasa a encargarse de los Alphas y él a ocupar Incredible Hulk. En principio, no tiene por qué haber problema para que siga adelante el crossover con la Patrulla-X, pero el canadiense se desentiende del proyecto. Alega que su llegada a la colección del coloso esmeralda y la preparación de una novela gráfica dedicada a Hulka se llevan veinticinco horas diarias de su tiempo. Los editores insisten en seguir adelante sin Byrne, aunque sea con un especial de treinta y dos páginas que aproveche lo que llevan avanzado, pero es necesario un dibujante. Nocenti llama por teléfono a Paul Smith.

 

-Hola chico. ¿Te apetece hacer un número especial de la Patrulla-X?

-Déjalo, Ann. Seréis muy majos y todo lo que tú quieras, pero no me interesa la Patrulla-X. Estoy harto de que sólo me pidan dibujos de la Patrulla-X. No quiero que me volváis a llamar para hacer un cómic de la Patrulla-X. ¿Vale? Venga, un beso.

 

Por la tarde, Smith se acerca a una tienda de motocicletas. Antes de entrar, se queda pegado al escaparate. Acaba de enamorarse. Ella es la última BMW. La primera desde los años cincuenta que lleva un flamante motor nuevo. Tiene que ser suya.

 

-Hola Ann, soy Paul Smith. Me acabo de enterar que antes has llamado a casa y has hablado con mi Malvado Hermano Gemelo. Eso que te ha dicho de que no quiero trabajar para vosotros es mentira. Estoy deseando volver. ¡Con lo que a mí me gusta la Patrulla-X! De hecho, ¿qué es eso de treinta y dos páginas? ¡quiero dibujar cien!

 

Cien páginas de Paul Smith es igual a lo que cuesta una BMW nueva de 1985. El especial se convierte así en una miniserie compuesta por dos números dobles. Para completar el equipo creativo, se recupera a Bob Wiacek, entintador de Smith durante su etapa en Uncannyy que ahora se ocupa de Power Pack. Puesto a elegir villano, Claremont decide olvidarse de los habituales de la Patrulla-X y ni acercarse a los que Byrne ha creado para Alpha Flight. A sugerencia de los editores, recurre a Loki, el malvado hermanastro de Thor, lo que entronca con la gran saga que viene desarrollando Walter Simonson en la colección del Dios del Trueno. Claremont nunca ha trabajado con las deidades asgardianas, por eso le resulta mucho más sencillo dejar de lado los típicos planes de conquista del Señor de la Mentira para entrar en su retorcida mente. ¿Cómo actuaría Loki si le obligaran a comportarse con bondad? De esa pregunta nace la historia. Loki hace un regalo a los humanos. Les concede una fuente de poder que transforma en poco menos que dioses a quienes pasen por ella. Los primeros agraciados son la tripulación de la avioneta que pilotan Madelyne Pryor y Cíclope. El guionista los denomina provisionalmente the Bersekers, el nombre que utilizan los guerreros mitológicos encargados de proteger a Odin, y encarga a Smith que los diseñe a partir de una vaga influencia asgardiana. Éste se basa en los Thorde Walter Simonson para crear personajes individualizados con poderes más místicos que superheroicos. A pesar de que recuperen su normalidad una vez terminada la aventura, Claremont no descarta recuperarlos en un futuro que nunca llega.

“Aprendí muy joven que las cosas no se obtienen gratis. Quiero saber el precio”, dice Estrella del Norte. El precio del regalo de Loki es la pérdida de la magia sobre la Tierra. Los seres mágicos, como Shaman o Ave Nevada, comienzan a agonizar, mientras que los demás olvidan su capacidad para concebir historias. En lugar de la típica lucha de un grupo de superhéroes contra otro, hombres-X y Alphas se agrupan en función de los que están decididos a sacrificar la vida de sus amigos (Coloso, Sasquatch, Madelyne o Rachel) y aquellos que sostienen que el fin nunca justifica los medios (Lobezno, Cíclope, Xavier, Estrella del Norte, Talismán o Kitty).

La pelea termina con la llegada de Loki, dispuesto a obligar a que acepten su regalo aquellos que no lo quieren. Loki no puede actuar bien, concluye Claremont. Eso significa que se comporte desinteresadamente. Pero su naturaleza embustera no concibe hacer nada por nadie sin esperar algo a cambio. La miniserie resultante sigue la línea del equipo creativo. Una sólida historia construida sobre excepcionales personajes magníficamente tratados que sienten y se comportan como si fueran reales. Satisfecho con el resultado, tan alejado de los escenarios y las situaciones propias de los hombres-X, Claremont decide continuar en los anuales mutantes de ese mismo año. Sucede que Paul Smith ya tiene suficiente dinero para comprar su moto.

Ann Nocenti sugiere entonces el nombre de Arthur Adams, con quien acaba de terminar la miniserie Longshot. (IX 85-II 86). Adams, un chaval californiano de apenas veintidós años, tiene un estilo lleno de barroquismo y belleza. Necesita una obra que le consolide y, a pesar de su lentitud, accede a dibujar los dos especiales. La acción traslada a los Nuevos Mutantes primero y a la Patrulla-X después a Asgard, lo que requiere la coordinación con Ralph Macchio y Walter Simonson, editor y autor, respectivamente, de Thor. Simonson les detalla cuál va a ser exactamente la situación en el país de los dioses nórdicos en el momento en que sea visitado por los chicos de Xavier, además de incluir un par de referencias mínimas en el Thor 362 (XII 85). Claremont le promete tener cuidado con el tratamiento de los personajes y escenarios. Todo tiene que encajar como un inmenso puzzle, para acentuar la coherencia del Universo Marvel. A continuación, Claremont entrega a Adams un centenar de folios con el argumento de cada Annual. Ambos autores están apasionados con la historia, que empieza a crecer y crecer, en paralelo a sus cuentas de teléfono. El número de los bebés-X salta enseguida de cuarenta y ocho a sesenta y cuatro páginas dibujadas. Existe un New Mutants Annual1 publicado en 1984, último estertor de Bob McLeod en la colección. El de Arthur Adams debería ser el Annual2, pero Nocenti quiere destacar de alguna forma la excepcionalidad del producto, por eso le encarga a Adams una portada doble y decide denominarloNew Mutants Special Edition 1. La segunda parte se queda como Uncanny X-Men Annual 9. La complejidad llega a un nivel tal que Nocenti escribe una columna en el Marvel Age en la que explica cuál es el orden en el que tiene que leerse cada una de las partes de la saga. “Dieciocho mutantes viven en la Mansión-X”, explica Nocenti. “Y eso sin contar con invitados y amigos. Este verano van a viajar de El Cairo a Asgard, de Asgard a París, y de París a Etiopía”

LA PATRULLA-X – HIJOS DEL ÁTOMO: ANTES DE QUE TODO EMPEZARA

La capacidad de síntesis narrativa es una de las características fundamentales de la Edad de Plata de los Cómics, en la que vivió su nacimiento y auge el Universo Marvel. Basta repasar el origen de los principales personajes de la Casa de las Ideas para percibir que bastaban unas pocas páginas para establecer el escenario, caracterizar al protagonista y su entorno y relatar el suceso extraordinario que cambiaba su vida para siempre.

 

 

Por ejemplo, el debut de Spiderman consta de apenas once páginas, en la que se explicaba todo lo que era necesario saber sobre Peter Parker; Los 4 Fantásticos viajaron al espacio y fueron alterados por los rayos cósmicos en apenas trece planchas, las mismas que necesitaron, respectivamente, Iron Man y Thor para ser presentados en sociedad. Algunos privilegiados, como Hulk, Los Vengadores y La Patrulla-X gozaron de relatos un poco más largos, pero no demasiado: en torno a las veinte páginas. Se trataba de poner al corriente al lector de manera inmediata, y saltar cuanto antes a la aventura, porque así era la estructura habitual del cómic en aquellos años sesenta: historias cortas y autoconclusivas, que ocuparan la mitad de un cuadernillo, o a lo sumo la totalidad de sus páginas.

 

Hasta la consolidación del proyecto capitaneado por Stan Lee, éste no se atrevió a colocar la palabra “continuará” en ninguno de los cómics que escribía. Cuando lo hizo, sin embargo, el Universo Marvel alcanzó su máximo potencial y épica. La historia-río se convirtió en el modelo a seguir, hasta que, llegados a la actualidad, rara vez se encuentra una aventura que se extienda por menos de cuatro o cinco episodios.

 

El paso del tiempo, la acumulación de décadas en la trayectoria de los personajes, ha servido además para la proliferación de otro fenómeno, el del revisionismo: se actualizan los orígenes de los más destacados héroes, para así poner a los nuevos lectores al tanto de cómo empezó todo, y tal operación se hace con las herramientas del cómic moderno, con una narrativa descomprimida que entra en detalles pasados por alto en su momento o que simplemente no se llegaron jamás a plantear, ante la necesidad de comprimir toda la trama en un espacio reducido.

 

Y es así como llegamos a La Patrulla-X: Hijos del átomo, la obra que reconstruye el nacimiento del equipo de mutantes de Marvel. La mayoría del público se ha acercado a estos en su encarnación moderna, la surgida en 1975 con carácter internacional, ya que incluía miembros de multitud de nacionalidades, como el canadiense Lobezno, el alemán Rondador Nocturno o el ruso Coloso o. Sin embargo, los hombres-X habían nacido más de una década antes, en 1963, cuando Stan Lee y Jack Kirby concibieron a este quinteto de chavales, todos ellos estadounidenses, con habilidades especiales desarrolladas durante la adolescencia, que recibían las enseñanzas de un maestro en silla de ruedas llamado Charles Xavier. En aquellos comienzos, el número de mutantes era muy escaso, y en rara vez la aparición de nuevos especímenes del homo superior tenía lugar más allá de las fronteras del país. Los miembros de La Patrulla-X se podían contar con los dedos de una mano, y la inclusión de nuevos fichajes tardaría mucho en producirse. En definitiva, el contexto de aquellos cómics era reducido, podría decirse que doméstico, en comparación con su posterior desarrollo.

 

Un repaso detenido a The X-Men #1 (1963) permite constatar algunas circunstancias que llaman la atención al lector actual. En el comienzo de la historia, La Patrulla-X ya está formada, y todos sus integrantes masculinos habitan la mansión del Profesor Xavier. De hecho, Lee y Kirby recurrieron a una técnica narrativa bastante moderna, la de la “acción empezada”, ya que no desvelan cómo reclutó Charles Xavier a sus pupilos ni de dónde había salido aquel misterioso individuo en silla de ruedas. El motivo elegido para arrancar el cómic fue la llegada de la única fémina que formaría parte del equipo, Jean Grey, también conocida como Chica Maravillosa. Bastaban unas viñetas para hacer las presentaciones de cortesía y explicar la existencia del homo superior, dividido en dos facciones, la que lidera Xavier, a favor de la convivencia con los humanos convencionales, y la que lidera Magneto, decidido a subyugarlos. Todavía quedaba espacio en aquel primer cómic de La Patrulla-X para un primer enfrentamiento de los jóvenes alumnos de Xavier contra el Amo del Magnetismo, que perdía la partida.

 

Ya durante la misma década de los años sesenta, Roy Thomas, el sucesor de Stan Lee en los guiones de la serie, constató que faltaban muchos detalles por explicar, de ahí que, a partir de The X-Men #38 (1967) se incluyera un pequeño complemento a la historia principal, en el que se desgranaría la procedencia del Profesor Xavier, cómo se habían manifestado los poderes de sus futuros alumnos y la manera en la que éstos fueron reclutados para la causa. El resultado era un conjunto de relatos breves que, cronológicamente, precedían al debut del equipo, publicado siete años antes. “Los orígenes de La Patrulla-X”, como se llamó aquel serial, sin embargo, caerían al vacío del olvido, por dos motivos fundamentales: El primero: se publicaron en el momento en que la colección había entrado en decadencia y contaba con una escasísimas ventas. El segundo: el posterior relanzamiento de la serie, acompañado ya de un contundente éxito comercial, ponía su acento en temas por los que Thomas había pasado muy por encima o que ni siquiera contemplaba, como el racismo, la soledad adolescente o del papel de los medios de comunicación masivos como generadores de opinión pública. Por tanto, aunque los aficionados modernos hubieran tenido acceso a aquellos “orígenes”, probablemente no hubieran sido de su agrado.

 

Entre quienes desconocían el serial de “Los orígenes” se encontraba el guionista Joe Casey, un excelente autor que irrumpió en Marvel a mediados de los años noventa y que estaba destinado a grandes empresas. En los siguientes años, desarrollaría interesantes proyectos, tanto en La Casa de las Ideas como en DC Comics y en Wildstorm, aunque su mayor triunfo hay que buscarlo fuera del cómic, ya que figura entre los creadores de Ben Ten, uno de los mayores fenómenos de la animación del siglo XXI.

 

En 1999, Casey formaba parte de la nueva generación de escritores que acababa de irrumpir en escena, con una exquisita formación literaria, elevado dominio de la técnica narrativa y habilidad para actualizar conceptos añejos. Su labor en Cable, colección mutante que reinventó por completo con un tono evidentemente clasicista, le señaló como el hombre propicio para acometer una miniserie que reconstruiría, con la sensibilidad del presente, pero sin olvidar el pasado, cuanto había sucedido antes de la primera página de The X-Men #1. A la empresa se sumaría Steve Rude, dibujante de elegancia portentosa, en cuyo estilo resonaba con fuerza la influencia de Jack Kirby. Rude, sin embargo, no conseguiría completar el proyecto, motivo por el que Marvel contaría con dos dibujantes más, ambos con un talento equiparable: Paul Smith, que años atrás ya hubiera desarrollado una mítica etapa dentro de La Patrulla-X, y Esad Ribic, croata recién llegado entonces a la industria y que sabría mimetizar el trazo de sus colegas. En unos pocos años, acabaría posicionándose como una estrella absoluta del dibujo.

 

Este volumen ofrece los seis episodios de Hijos del átomo, además de completarse con el contenido más apropiado que pueda imaginarse: nada menos que The X-Men #1, allá donde empezó todo, pero también el punto final señalado por Casey, Rude, Smith y Ribic para completar su historia… Nada menos que los primeros pasos de aquellos chicos asustados que compondrían el más extraño grupo de superhéroes… ¡La Patrulla-X!

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. La Patrulla-X: Hijos del Átomo