1983. LAS SECRET WARS POR ENCIMA DE TODO

Es primavera de 1983. La compañía juguetera Kenner ha conseguido un éxito con su línea DC Super Powers sólo comparable al alcanzado con las figuras de Star Warsunos años atrás. DC Super Powers cuenta con los principales personajes de la casa: Superman, Batman, Wonder Woman, Flash… respaldado por una serie de dibujos animados de idéntico nombre, cada muñequito se convierte en el más preciado trofeo de los niños americanos de entre cuatro y treinta y cuatro años. Mattel, la principal competidora de Kenner, quiere lanzar una ofensiva similar que pulverice a los Super Powers. Pero para derrotar a pesos pesados de la categoría de Superman necesita un Spider-Man, un Lobezno, un Capitán América. Necesita a Marvel. Los de Mattel llaman a la puerta de Shooter. Trabajan en un espectacular lanzamiento con ocho superhéroes, ocho villanos, y sus respectivas bases secretas y vehículos de combate. Para apoyar la iniciativa, sugieren que Marvel ofrezca paralelamente un cómic con la presencia de esos mismos personajes. Shooter no se cree lo que está oyendo. Es increíble que no se le haya ocurrido a él. Dos años atrás, Marvel iniciaba la publicación de series limitadas con un gran encuentro de personajes en los tres números de Marvel Super-Hero Contest of Champions(VI-VIII 82), pero esto no tiene nada que ver. Va a ser GRANDIOSO. Cosmic Champions, se llamará. Ni tres, ni cuatro números. Doce números.

Se elige un dibujante, el impresionante Mike Zeck de Captain America, y se busca un guionista. Shooter deja de buscar cuando en marketing cierran el trato para que la serie no sólo se venda en librerías especializadas y supermercados, sino también en los stands de Mattel. Se baraja una cifra realista de un millón de ejemplares para el primer número. Está claro que no hay nadie que pueda escribir Cosmic Champions que no sea el mismo Shooter. Junto con su mano derecha, Tom DeFalco, estudia la forma de integrar los doce números en la continuidad Marvel. Las ventas serán todavía mayores si lo que ocurra en la saga tiene repercusiones en los títulos de cada uno de los personajes que intervienen en ella. Imaginemos que, en todos los tebeos del mes anterior al primer número de Secret Wars, título definitivo de la saga, los héroes desaparecen. ¿Qué tonto no se va a comprar la colección? Si queda alguno, se unirá cuando treinta días después vea que sus personajes favoritos regresan con nuevos poderes, nuevos trajes y contando cosas sorprendentes. ¿Acaso no querrán tener una versión de primera mano, no querrán estar allí?

 

 

Tom DeFalco y Shooter anuncian el Gran Plan a autores y editores. En todos los tebeos fechados en abril de 1984 los superhéroes se meten en una enorme máquina que aparece en Central Park. En el número siguiente, reaparecen contando algunas, sólo algunas, de las sorprendentes y excitantes aventuras que han vivido. Éstas serán narradas en los doce números de la serie, en los que un ser omnipotente llamado el Todopoderoso les obliga a luchar contra una caterva de villanos encabezada por el Doctor Muerte.

 

-Tom, el Doctor Muerte está muerto -protesta John Byrne.

-¿Desde cuándo ha sido eso un problema? -responde DeFalco.

-¡Pero es que ya tengo pensada una manera de resucitarlo!

 

-Bueno, pues te las apañas. ¿O es que te crees que va a haber muñeco del Doctor Muerte y luego no lo vamos a sacar en el cómic? Sigo: en el siguiente número de las series regulares, los buenos regresan a la tierra algo cambiados. Han estado allí una semana, han peleado contra los villanos y les han pasado un montón de cosas. Cómo les ocurren esas cosas es lo que contamos en Cosmic Champions. Mientras aparecen los doce números de la colección, las consecuencias de lo que pasa al final se irán mostrando en vuestras series, siempre, claro está, sin destripar el argumento completo. Que se queden con las ganas de saber más… Jim, Spider-Man conseguirá un nuevo traje que va a dibujar Rick Leonardi; Mark, con tus personajes pasan un montón de cosas: la Avispa muere primero y resucita después; Hulka se va a los Cuatro Fantásticos; la Cosa se queda en el planeta donde todos pelean; Hulk va a ser otra vez salvaje… Weezie, vamos con la Patrulla. Magneto volverá a luchar a su lado durante la saga. Además, el dragón de Kitty se echa una novia. Una dragona.

-¿Sólo eso?

-De momento, sí. Ya veremos.

 

Poco después, Shooter cambia de opinión. Quiere que Kitty se quede en la tierra. Entretanto, Coloso tendrá un romance con una chica que morirá al final de la historia. Mierda, Jim, me jodes la serie, le dice Claremont. Lo siento mucho, el romance es una parte fundamental del argumento. No voy a modificarlo.

SPIDERMAN Y “UN NUEVO DÍA”: LOS DÍAS QUE VINIERON DESPUÉS

Los cuatro primeros arcos argumentales que se plantearon en el Amazing Spider-Man de “Un nuevo día” sirvieron de carta de presentación a los diferentes autores que había fichado Stephen Wacker para que narraran la vida del trepamuros en esa fase trascendental. Una vez puestas las cartas encima de la mesa, y todavía con la furia desatada por “Un día más” resonando entre los fans, llegaba el momento mirar hacia delante y desarrollar la fórmula elegida. Wacker era el director de orquesta de un puñado de guionistas y dibujantes con los que enseguida tocó hacer permutaciones. Aunque en muchas ocasiones éstas fueran consecuencia de las circunstancias, darían lugar a interesantes resultados.

 

 

LA MAGIA DE LA CÁMARA

La presencia de Steve McNiven y Salvador Larroca, dos de los artistas con los que se puso en marcha “Un nuevo día”, estaba sólo contemplada para esos sendos arcos argumentales, de manera que Wacker se vio en la necesidad de cubrir sus huecos. A tal efecto, había contratado tanto a Marcos Martín como a Barry Kitson, dos profesionales que, pese a su excelencia, no gozaban de la categoría de estrella que se merecían. Fue el español Martín, de trazo limpio, narrativa elegante y con una tendencia a establecer interesantes juegos de composición en cada página, quien acompañó a Dan Slott en su segunda intervención en “Un nuevo día”. Si bien haber sido el responsable de trazar las líneas maestras del escenario y el que para ello contara con alguien de la relevancia de McNiven a su lado ya habían colocado a Slott como el más destacado de los autores de la serie, la lectura de “Peter Parker, paparazzi” vino a confirmarlo. La base del relato se encontraba en la deriva amarillista que había tomado el Daily Bugle, ahora DB, tras la salida de Jonah J. Jameson y su sustitución por el poco escrupuloso Dexter Bennet. En esas circunstancias, Peter debía reciclarse laboralmente, y pasar de hacer fotos a su alter ego arácnido a perseguir famosos, como ya adelantaba el título. Slott abordaba los límites éticos de ese oficio de rapiña, lo cual no dejaba de ser interesante ante un personaje con tendencia a caer en el error para luego rectificar, como es el caso de Spidey, pero los verdaderos atractivos de la historia estaban en el regreso de un importante secundario, en cuyos diálogos el guionista deslizaba llamativas indirectas acerca no sólo de la polémica surgida alrededor de “Un día más”, sino de la manera en que la editorial, en especial Joe Quesada, había manejado el asunto. El segundo punto de interés estaba en la villana, Muñeca de Papel. De todos los nuevos enemigos arácnidos surgidos durante “Un nuevo día”, quizás fuera la más original, con un toque escalofriante muy bien representado por Martín.

 

ESPERANDO A LOS CLONES

El relevo de Slott y Martín lo tomaban Bob Gale y el mencionado Barry Kitson, con una trama centrada en el bar de apuestas frecuentado por villanos de segunda categoría que ya venía apareciendo en números anteriores y que ahora saltaba a primer plano. A priori, se presentaba como una oportunidad para dar algo de brío a viejas caras, como las de Los Forzadores, que tenían pocas ocasiones de brillar. Spidey se había nutrido en muchas ocasiones de esa clase de amenazas a pie de suelo, que no significarían ningún problema para otros héroes, pero que a él podían darle dificultades. Frente a la trascendencia de tipos como Morlum o El Duende Verde, esos villanos aportaban una ligereza propia del mundo arácnido. Desde la portada, además, se jugaba al despiste, planteando la posibilidad de que los clones volvieran a entrar en la vida del Hombre Araña, como ya había ocurrido en los años noventa. ¿Qué opciones reales había de que tal cosa ocurriera? Muy pocas, pero aquí Wacker y los suyos jugaron por primera vez con la idea. No sería la última.

 

AHORA TODOS JUNTOS

El Amazing Spider-Man #564 USA (2008) fue la prueba de que las estructuras de “Un nuevo día” eran moldeables y Wacker jugaría con ellas siempre que tuviera oportunidad. “¡Colisión a tres bandas!” permitía a Guggenheim, Gale y Slott, tres de los cuatro guionistas de la writer’s room arácnida, tejer a seis manos una frenética historia, en la que Spidey perseguía a Turbo, otra de las incorporaciones criminales a la franquicia, durante todo el cómic. El editor estaba ensayando fórmulas por el sistema de prueba y error. Ésta, por las razones que fueran, no cuajó más allá del episodio en concreto y nunca volvería a repetirse, pese al ambiente cordial que se respiraba en la oficina. Así lo contaba Slott en aquel entonces: “Estamos trabajando juntos con una especie de mentalidad de colmena, y eso supone mucho esfuerzo. Hay muchas reuniones, muchas cadenas de correos electrónicos. Vamos y volvemos sobre muchas cosas. Es emocionante. Me gustan especialmente las sesiones en que estamos todos juntos en la misma habitación. Planeamos cosas a largo plazo para Spidey y es emocionante. Stephen Wacker es quien se asegura que el tren no descarrile. Eso es brutal. ¡Tres veces al mes! ¡Es una locura! Trabajas y trabajas y trabajas y escribes tres números. Normalmente eso son tres meses de trabajo, pero entones bang bang bang, tres disparos seguidos y pasamos a lo siguiente. Tengo mis tres primeros guiones terminados. El primer número de mi siguiente arco ya lo está dibujando alguien. ¡Y esta semana entrego la primera parte del siguiente que hago después de ése! No va a salir hasta verano del año que viene. Nos estamos dejando los cuernos para asegurarnos de que funciona”.

 

Y ENTONCES, LLEGARON LOS KRAVEN

La aventura que da título a este volumen es la que lo cierra, y tuvo una importancia determinante, más de lo que podría imaginarse con su mera lectura. Desde el título “La primera cacería de Kraven” evocaba a la que muchos consideraban como la mejor historia de Spiderman de todos los tiempos, “La última cacería de Kraven”, con la que J. M. DeMatteis y Mike Zeck habían llenado de oscuridad el mundo del trepamuros a finales de los años noventa. La mítica historia había supuesto también la muerte del villano, pero desde entonces, de cuanto en cuanto, ya fuera el propio DeMatteis, ya fueran otros autores, habían recurrido a la familia de Sergei Kravinoff como sustituta del difunto. En esta historia en concreto, se presentaba a Ana, la más joven del clan, que trataba de repetir la hazaña del patriarca. Daredevil también se veía envuelto en la refriega, lo que permitía a los fans continuar con su especulación alrededor de en qué consistía exactamente que la identidad de Spidey volviera a ser secreta. “La primera cacería” podía haberse quedado en anécdota, pero en realidad fue la primera semilla de la más importante saga que llegaría a narrarse durante “Un nuevo día”.

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 16

LA HORA DEL CASTIGO: FRANK CASTLE DIBUJA SU CÍRCULO DE SANGRE

Todo empezó en las páginas de The Amazing Spider-Man #129 USA (1974). Desde la portada, un implacable francotirador vestido de negro y con una gran calavera en el pecho cuyos dientes se confundían con la cartuchera apuntaba con un rifle al trepamuros. Aquel personaje era distinto a todo lo que habían visto hasta el momento los inocentes lectores de la época. No era un villano, ya que perseguía la justicia por encima de todo, pero tampoco un héroe, puesto que se distanciaba de los métodos empleados por éstos. Sin máscara, sin poderes y sin nada que le detuviera, El Castigador abría un nuevo tiempo para el cómic.

 

Gerry Conway, escritor por entonces de la serie arácnida, fue el responsable de la llegada de El Castigador. Contó con la ayuda de John Romita, quien diseñó su aspecto final y tuvo la brillante idea de convertir el pequeño cráneo en el pecho que había imaginado el guionista en una gigantesca calavera que ocupaba todo el torso. El nombre inicial que iba a tener el personaje era El Asesino, pero Stan Lee propuso a Conway que lo cambiara por El Castigador: el creador del Universo Marvel ya lo había utilizado antes, para nombrar a un robot que utilizaba Galactus, pero hacía años que no aparecía y nadie se acordaba de él.

 

En aquella época, triunfaban las novelas de El Ejecutor, escritas por Don Pendleton. Su protagonista era Marc Bolan, un ex-combatiente impulsado a luchar contra el crimen tras el asesinato de su familia. En su antihéroe, Pendleton personificada el vacío y la desorientación padecida por Estados Unidos después de Vietnam. Muchos de los veteranos que volvían a casa se encontraban con un país que había cambiado para siempre y que no les recibía como héroes, sino como asesinos. El Castigador compartía muchos rasgos con El Ejecutor, pero Conway negaba una influencia directa. “Creo que era algo más general”, matizaría al respecto. “Había ese zeitgeist en aquel momento, una idea de un vigilante que podía ser héroe o villano, y de ahí también procedía El Ejecutor. Había un sentimiento general, de que aunque la sociedad no quisiera admitirlo necesitábamos a esa clase de ángeles vengadores que se posicionaran al margen de la ley”.

“Mientras estaba escribiendo aquella primera historia”, recordaba el escritor al respecto del debut de su criatura, “me di cuenta de que estaba más y más interesado en el personaje, no necesariamente en la historia. Era un signo de que era un buen personaje o una mala historia. Admiraba su sentido del honor. Incluso al final de la aventura, cuando comprende que ha sido manipulado. Aunque no considere a Spiderman un aliado, no le ve como un enemigo ni trata de matarle. La respuesta dentro de la editorial y entre los lectores fue tan fuerte que decidimos recuperarlo. A veces, te cruzas con personajes que cobran vida por sí mismos más allá de tus intenciones iniciales. Eso fue ciertamente lo que pasó en aquella ocasión”.

Faltaba todavía muchos años para que El Castigador alcanzara la aceptación generalizada. A los guionistas del género les costaba trabajar con un vigilante difícilmente digerible por todos los públicos. En sus comienzos, incluso buscaban rocambolescas explicaciones a su comportamiento, como que las balas que disparaba eran en realidad de plástico y no mataban. La realidad era mucho más cruda, como vino a demostrar el propio Conway, en una historia corta aparecida en Marvel Preview #2 USA (1975), un magazine en blanco y negro orientado a los adultos. Allí se detallaba su origen, el de un excombatiente de una guerra que no se llegaba a mencionar, pero que obviamente era la de Vietnam, que volvía a casa con su familia, sólo para contemplar cómo ésta era asesinada por la mafia después de que accidentalmente fuera testigo de un crimen. Por sorprendente que pueda resultar ahora, Conway no llegaba a aportar el nombre real del personaje. En Marvel todavía no se planteaban que un tipo que ni siquiera tenía superpoderes cargara con una cabecera sobre sus hombros. Un vampiro o un hombre lobo tenían ventaja sobre un asesino. El único intento serio al respecto fue el Marvel Super Action #1 (enero de 1976), un nuevo magazine en blanco y negro que estaba encabezado por El Castigador. Nunca hubo un segundo número.

 

Si la presencia posterior de El Castigador junto a otros héroes edulcoraba su imagen, tal situación habría de cambiar a comienzos de los años ochenta, gracias a Frank Miller. En Daredevil #183 y 184 USA (1982), el genial autor que había insuflado nueva vida al Hombre sin Miedo comparaba los métodos del Hombre sin Miedo con los de El Castigador en un relato sin concesiones en el que ambos justicieros persiguen al responsable de la muerte de unos niños. Mientras que Miller veía en El Castigador a un justiciero enfrentado a crímenes horrendos que comprende el dolor de las víctimas, no ocurría lo mismo con Bill Mantlo, el guionista que escribiría las siguientes aventuras de Frank Castle, de nuevo junto al Hombre Araña, en Peter Parker, The Spectacular Spider-Man #81-83 USA (1983). Con la memoria puesta en la película Taxi Driver (1976), Mantlo identificaba a El Castigador con el personaje encarnado por Robert DeNiro: un psicópata cuyas acciones tienen más que ver con la enfermedad mental que con el propósito de hacer justicia.

 

Entre 1985 y 1986 se publicó al fin la miniserie de cinco números que da título a este libro, y que marcó un antes y un después en la historia de El Castigador. Por primera vez desde su paso por los magazines, el personaje protagonizaba una aventura en solitario. Su función ya no consistía en servir de referencia para que Spiderman, Daredevil o el Capitán América quedaran moralmente por encima de él. El guionista, Steven Grant, fue quien por fin dio un nombre real, el de Frank Castle, y completó la caracterización. Grant llevaba diez años dándole vueltas al personaje y al cómic que quería escribir con él. “No es un superhéroe”, pensaba al respecto. “Es alguien que está emocionalmente muerto. Ése es el problema que tenían la mayoría de guionistas con él. Cuando escribes sobre un personaje, se supone que tienes que examinar su vida interior. Bueno, pues El Castigador no tiene vida interior. No tiene profundidad emocional, porque no tiene emociones. Eso fue lo que me atrajo de él. Estaba más interesado en la novela negra y él era un personaje del género: un buen vehículo para decir cosas que yo quería decir y no era capaz de hacerlo en ningún cómic de superhéroes”.

Las propuestas de Grant habían sido rechazadas una y otra vez, pero todo cambió cuando entró en juego Mike Zeck, dibujante del mayor éxito de la historia de la compañía, la maxiserie Secret Wars. Así lo recordaba luego el artista: “Cuando Grant se acercó a mí para compartir su percepción de quién era El Castigador y la idea que tenía para una serie limitada, supe que el personaje por fin había sido definido, al menos en lo que concierne a mis gustos. Me subí a bordo al instante. El sentimiento de conocer al personaje hace que dibujarlo sea más disfrutable. Menudo regalo me hizo Grant con El Castigador”.

 

Zeck, que había vivido una pesadilla con las fechas de entrega de Secret Wars, pudo relajarse y disfrutar de nuevo con su trabajo, hasta el punto de que el primer número de la miniserie alcanzó las mayores cotas de calidad de su carrera. Se trataba además de un episodio doble, lo que obligaba a una mayor dedicación. El calendario, pese a todo, volvió a caer sobre el artista, de manera que el último número, que también iba a ser doble, tuvo que dividirse en dos. No pudo terminarlo, y el final de la miniserie recayó en manos de Mike Vosburg, un dibujante que trató de mimetizar a su antecesor, sin llegar a conseguir los grados de excelencia de éste. Pese a todo, “Círculo de sangre” conquistó a un público al que había cogido con la guardia baja. Frank Castle se enfrentaba con el infierno de las cárceles, con una auténtica guerra de bandas o con la corrupción institucionalizada. Nada de disfraces, ni de máscaras, ni de superpoderes. De paso, quedaba aclarado que su anterior comportamiento paranoico se debía a la toma involuntaria de drogas, lo que además servía de arranque argumental. Ante las impresionantes ventas y excelentes críticas cosechadas por la miniserie, El Castigador consiguió poco después su propia colección, en la que no se implicaron ninguno de los dos autores, si bien contaba con el mismo editor, Carl Potts, otra figura que sería capital en la historia del personaje.

Cuatro años después, Grant y Zeck regresaron a casa, unidos por su amistad y por el amor hacia Frank Castle, para realizar una secuela, esta vez en formato álbum, con papel de calidad y un color directo para el que Potts contó con Phil Zimerman, el que había sido responsable de que los lápices para las cubiertas que hizo Zeck en “Círculo de sangre” tuvieran un aspecto todavía más impresionante si cabe. Dicen que no hay dos sin tres, pero en este caso nunca se cumplió tal axioma. Zeck fue requerido para dibujar a Frank Castle en un buen número de portadas, que también se incluyen en este volumen, a modo de extra, y ambos volvieron a reunirse en los cuatro números de Damned, para Image, pero la segunda historia de El Castigador que idearon fue también la última, dejando a los fans con el mejor recuerdo imaginable, y al personaje con una herencia sobre la que edificar su leyenda posterior.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel HC. El Castigador: Círculo de sangre