VENGADORES 95: CUARTO MES DE “SIN RENDICIÓN”

Termina “Sin rendición”, con cuatro episodios verdaderamente épicos, en que ocurren un montó de cosas y que, además, se coronan con dos increíbles números dibujados por Pepe Larraz en su máxima potencia. Sabemos que sufrió horrores para acometer la nueva estatua que a partir de ahora sustituye a la original, de la época de Kurt Busiek y George Pérez, pero hemos disfrutado tanto con el resultado que no podemos sino rendirnos a sus pies. Y sí, Pepe ha hecho que la batalla final de este cómic sea grandiosa y espectacular, hasta convertirse en la favorita de Mark Waid, pero sus grandes momentos de “Sin rendición” que se nos han quedado grabados para siempre son también los más pequeños e íntimos: el abrazo de Nadia a Jarvis, la marcha de Roberto, el reencuentro de Clinty Bruce… La carga emotiva de todas esas escenas, que sólo se logra con una cuidadísima planificación y un dibujo atento a los pequeños detalles, es colosal.

 

DETRÁS DE LAS BAMBALINAS Nada más publicarse en Estados Unidos el último número de la saga, el equipo de guionistas, junto a Tom Brevoort, concedieron una larga entrevista a Dave Richards, de Newsarama.com, en la que abordaron muchos aspectos de la saga. Es así como hemos sabido que Jim Zub se quedó paralizado la primera vez que entró en la sala de reuniones: el más joven del equipo se sentía como un intruso que se hubiera colado allí. La historia se escribió en conjunto, pero algunos aspectos concretos fueron aportados por algunos de ellos de manera individualizada. Así, el origen de El Combatiente lo escribió fundamentalmente Al Ewing, mientras que Mark Waid se encargó de Viajera. Por cierto, pese a que se haya confirmado que la hija de El Gran Maestroen realidad nunca formó parte del equipo, sí que ha estado en sus filas para la gran refriega, y Brevoort no descarta en absoluto que vaya a volver: “Vengadora una vez, vengadora siempre”, que se dice. El peor contratiempo que sufrieron tuvo que ver con Kim Jacinto, que ha dibujado muchas menos páginas de las previstas al comienzo. Enfermó de gravedad al mismo tiempo que su mujer estaba dando a luz, y por esa razón Mike Perkins y Sean Izaakse tuvieron que sustituirlo. Cuando el trabajo estuvo terminado, y como regalo especial para todas las personas que habían estado implicadas, en Marvel imprimieron una tirada limitada de barajas especiales, de apenas veinte unidades, con los naipes de la saga. Por último, un aviso de futuro, en boca de Brevoort: “Después de haberlo logrado una vez, todos los pensamientos que tengo giran alrededor de la posibilidad de hacer un segundo proyecto semanal de Los Vengadores en algún momento del futuro”.

 

EL DESTINO DE MERCURIO Durante su imprescindible etapa en The Flash, para DC Comics, Mark Waid creó uno de los conceptos más importantes que caracterizan a este personaje: La Fuerza de la Velocidad, que es la energía extradimensional de la que toman sus poderes los velocistas de la Distinguida Competencia. Todos sus campeones se sienten atraídos por la misma, de manera que, cuando alcanzan velocidades elevadas en extremo, pueden llegar a fusionarse con ella. Teniendo en cuenta esto, y que Waid figura entre los guionistas de esta saga, no resulta tan extraña la manera de desaparecer de Pietro Maximoff. ¿Acaso se ha dejado arrastrar por el equivalente marveliano de La fuerza de la Velocidad? Es lo que cabe concluir de las tarjetas que ordenaban la planificación de la saga y que surgieron de las reuniones de todo el equipo. En concreto, Brevoort se refería a que Mercurio se veía atrapado a hipervelocidad (“Hyper-Speed”, que es bastante parecido a “Speedforce”). El destino de Mercurio alimentará el epílogo de “Sin rendición”, que ofreceremos durante los próximos cuatro meses y que nos dejará a las puertas de la llegada de Jason Aaron y Ed McGuinness.

LA GRAN AVENTURA ARÁCNIDA: EL COMIENZO DE “EL DESAFÍO”

Spidey no tiene villanos como los clásicos. Veneno puede que esté empeñado en colarse entre sus grandes antagonistas, y a Morlun tampoco le fue a la zaga. Los guionistas pueden esforzarse por traer nuevas y divertidas amenazas, y a veces surgen brillantes creaciones, como Muñeca de Papel… pero, por mucho que trates de innovar, llega un momento en que el carisma de los enemigos creados en los tiempos de Steve Ditko o John Romita puede con todo. Spiderman puede derrotar una y mil veces a El Lagarto, El Buitre, Electro, El Hombre de Arena, El Duende Verde, el Doctor Octopus, El Camaleón, Kingpin o Mysterio, pero cuando se trata de buscar villanos equiparables… ellos son los que siempre ganan, y los que siempre regresarán.

La primera temporada del nuevo régimen arácnido, como le gustaba llamarlo a Steve Wacker, se centró en la presentación del status quo, secundarios, escenario, villanos, etc. Las tramas, aunque establecidas en forma de historias independientes, fueron enredándose unas sobre otras, hasta llegar a “El rastro de la araña”, el que se podía considerar como punto y final al arranque de esta etapa. La segunda temporada, cuyo inicio vino marcado por el histórico Amazing Spider-Man #600 USA, ofreció una orientación un tanto distinta. El escenario en el que transcurrían las historias, así como los personajes de reparto que acompañaban a Peter Parker, ya eran conocidos por los lectores, con lo que llegaba el momento de jugar con ellos. Es aquí donde los villanos clásicos, con inteligentes giros en algunas de sus características, volvieron a recuperar la voz cantante, y lo hicieron mediante una macroaventura titulada, genéricamente, “El desafío”, que se extendió durante varios meses y cuyos capítulos podían leerse de manera autoconclusiva. Era una tendencia que, en cierta manera, seguía los pasos del Amazing #600 USA y de sus episodios posteriores, puesto que allí fue donde se recuperó al Doctor Octopus y a El Camaleón siguiendo en ambos casos un objetivo similar: presentar a ambos desde puntos de vista originales, sin que por ello perdieran su esencia.

 

El pequeño gran cambio que tuvo lugar con “El desafío” consistía en que esos ataques estuvieran coordinados desde las sombras por la psicótica familia del fallecido Kraven El Cazador. Las semillas de la historia llevaban plantadas desde los primeros pasos de “Un nuevo día”, en concreto desde The Amazing Spider-Man #565-567 USA (2008. Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 16), donde Marc Guggenheim y Phil Jimenez presentaron a Ana y Sasha Kravinoff, hija y viuda, respectivamente, de Kraven. El clan llevaba desde entonces maquinando en las sombras, preparándose para su siguiente golpe. Su intención consistía en que Spiderman se enfrentara a la mayor prueba de su carrera. ¿Sería el trepamuros capaz de superarla? Wacker orquestó “El desafío” mediante pequeños arcos de dos, tres o a lo sumo cuatro episodios, cada uno de ellos dedicados a un villano a las órdenes de los Kravinoff, y cada uno de ellos realizado por un equipo creativo distinto, siendo el tono oscuro y un tanto adulto, sobre todo en comparación con la primera temporada de “Un nuevo día”, el elemento homogeneizador a lo largo del evento. En paralelo, la recién recuperada Web Of Spider-Man acogió relatos cortos autoconclusivos, dedicados a cada uno de los antagonistas, que abundaban en sus orígenes.

 

HÉROE DEL PUEBLO

El bueno de Max Dillon, también conocido como Electro, tuvo el honor de abrir la saga, en una aventura que reflejaba un tema tan real como acuciante: el de las personas excluidas a causa de la crisis económica que estalló en 2008, una problemática que azotó con especial crudeza en Estados Unidos y que Marvel tardó más de dos años en abordar. “Aunque intentamos permanecer alejados de los tópicos y las referencias que serán olvidadas en apenas unos meses, la crisis económica es tan grande y afecta a tantas personas como para ignorarla”, explicaba Mark Waid. Lo que quizás nadie hubiera esperado es que fuera Electro quien se colocara al frente de la protesta popular: él, como tantos otros americanos, perdía su dinero con la quiebra de entidades bancarias como Lehman Brothers, cuyo colapso en septiembre de 2008 supuso una verdadera conmoción mundial. “Cuando se produjo el crack de Wall Street”, añadía el guionista, “Electro también perdió los ahorros de toda su vida. Sí, era dinero robado, por lo que no podemos sentir mucha lástima por él, pero Max no lo ve así”.

 

ARENA EN LOS ZAPATOS

En el siguiente capítulo de “El desafío”, Fred Van Lente repetía colaboración con Javier Pulido, después de haberse encargado ambos de The Amazing Spider-Man #605 USA (2009. Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 24). El guionista quiso aprovechar la dimensión humana alcanzada por El Hombre de Arena en Spider-Man 3, filme que le presentaba como esposo y padre de una hija. En los cómics, las circunstancias era diferentes, ya que la vida privada de William Baker también era distinta. “Nunca ha tenido nada que se parezca a una existencia normal”, mencionaba el guionista. “Cada vez que ha intentado conseguirlo, Spiderman lo ha arruinado todo, como si lo hiciera por el simple placer de divertirse. Para lograr tal ‘normalidad’, el villano comete algunos de los peores crímenes de su carrera, aunque no sea consciente de ello en un principio. Él sólo quiere que Spidey le deje en paz, y a Spidey le encantaría cumplir sus deseos, pero no puede ser así”.

 

La trama surgió a raíz de un dibujo realizado por Pulido en el que se mostraba a una niña encerrada en un castillo de arena gigante. “La imagen fue tan potente que tenía que averiguar qué quería decir y cómo podía contar una historia que la incluyera. ¿Quién era esa niña pequeña? ¿Y por qué El Hombre de Arena se preocupaba por ella?”, continuaba Van Lente. “Las respuestas a esas preguntas, combinadas con algunas otras conversaciones que tuve acerca de El Hombre de Arena, es lo que me llevó a escribir esta aventura”. Durante la elaboración del mencionado relato, se presentó una discusión acerca de si Baker era o no propenso al asesinato. “Cuando Steve Wacker me pidió que utilizara a este enemigo en ‘El desafío’, decidí explorar el tema de si es o no un asesino. Y así es como llegue al contexto de un misterioso crimen que debe ser resuelto”.

 

La aventura sacó especial partido de algo que era común a todos los demás episodios de “El desafío”: un incremento en el poder para todos sus villanos protagonistas. Javier Pulido echó el resto en mostrar unas nuevas habilidades para El Hombre de Arena inspiradas tanto por el filme como por su psicología. “No está loco o perturbado. Sencillamente, es un tipo con un cuerpo hecho de arena cuya biología es diferente a la nuestra”, concluía el guionista. “Es un Ben Grimm malvado, en el sentido de que ha sido convertido en un monstruo y debe vivir con eso. Sus nuevos poderes tienen que ver con el estado mental que sufre. Además, me quedé enganchado por la manera en la que Sam Raimi lo trató en la peli. Quería tener un Hombre de Arena gigante en mi aventura”.

 

A continuación de El Hombre de Arena, irrumpía por un único número Rino, con una inesperada historia de amor a cargo de Joe Kelly y Max Fiumara. Su lectura provoca que venga al recuerdo aquella maravillosa “Flores para Rino”, publicada en Spider-Man’s Tangled Web #5 y 6 USA (2001), aunque en este caso se trataba de un amor correspondido. La trama no se quedaría en ese breve capítulo, pese a lo que pudiera parecer, sino que habría de continuarse de manera intermitente a lo largo de varios años.

 

Este es el primer tomo de Marvel Saga. El Asombroso Spiderman dedicado a recoger la trama completa de “El desafió”, junto a los pertinentes complementos de Web Of Spiderman. Por estas páginas, además de los ya vistos, veremos desfilar a Mysterio, Morbius, El Buitre, Juggernaut, El Lagarto y muchos más, aunque el plato fuerte quedará para el final, un último volumen en que la oscuridad lo invadirá todo.

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 25

1995. BAJO LA SOMBRA DE ONSLAUGHT

Es primavera de 1995. Concluida La Era de Apocalipsis, las colecciones mutantes vuelven a la normalidad. Un puñado de detalles sirven para maquillar que el último crossover no ha tenido repercusión alguna dentro de la continuidad mutante. El único cambio palpable es que, donde antes había ocho colecciones regulares ahora hay una más, X-Man, dedicada al niño probeta que sustituyera a Cable durante la saga. Por lo demás, unos cuantos personajes surgidos del mundo de Apocalipsis han conseguido colarse en la continuidad Marvel. Algunos de ellos sirven, por ejemplo, para explicar la existencia de los Morlocks o de Genosha. Poco a poco la oficina de Harras recupera su dinámica habitual. Todavía colean algunas de las tramas estilo Guadiana que tanto se supone que gustan a los lectores. Entre ellas, los negocios pendientes entre Mister Siniestro y Gambito, la conflictiva relación de éste con Pícara, que Xavier tenga como huésped de la Mansión a Dientes de Sable o la posibilidad de que Lobezno recupere su adamántium. En la nueva temporada se añaden nuevos misterios por resolver, que van desde la aparición de Joseph, un tipo amnésico con la apariencia y los poderes de Magneto, a la vuelta de Coloso al bando de los buenos, aunque sea para afiliarse a Excalibur. De tapadillo, los guionistas preparan el siguiente crossover, en el que los mutantes se enfrentarán a Onslaught, una amenaza capaz de apalear al mismísimo Juggernaut pero de la que en ningún momento se ofrece indicación alguna sobre su aspecto, motivaciones o identidad real. Una vez más, Harras y su gente improvisan. No saben quién se oculta tras Onslaught, pero ya se les ocurrirá algo. Lo de siempre, vamos.

Sólo la incorporación de Mark Waid como escritor de X-Men (XM 51, IV 96) amenaza con romper la tendencia que Scott Lobdell imprime a la strip. Waid quiere sacar a los mutantes de la mansión, que pasen menos tiempo quejándose y más rato salvando al mundo de la peor crisis que pueda imaginarse. No es necesario que lo hagan todos los meses, pero sí de vez en cuando, como solían hacerlo años atrás. También propone coincidir la identidad de Onslaught con la del traidor al que se refiere la grabación que trajo Bishop del futuro según la cual un hombre-X asesinará a los demás. En su opinión, el traidor no puede ser ni Gambito, ni Bishop, ni ningún otro sospechoso habitual. Debe ser la persona que nadie espere: Charles Xavier.

La teoría de Waid tiene un fallo, ya que la grabación de Bishop da a entender que los hombres-X conocen al traidor desde hace muy poco tiempo. Ocurre que Waid encuentra una forma de resolver el problema. Con extremada habilidad, el guionista cambia por completo el sentido de las palabras de Jean Grey, para lo que se sirve de la estática que las interrumpe varias veces. Así, la primera vez que se escucha la cinta (UXM 287, IV 92) Jean dice: “…traicionados por uno de los nuestros. (estática) Profesor Xavier (estática) el primero en morir (estática) culpa nuestra. En realidad nunca debimos confiar en (estática) sabíamos tan poco de (estática)”. Cuatro años después, Waid llena los huecos de la siguiente forma: “Traicionados por uno de los nuestros. (Por increíble que parezca, el) Profesor Xavier (se ha vuelto loco. Por lo que sé, Juggernaut fue) el primero en morir. (Sólo quedo yo para mandar este mensaje. Es) culpa nuestra. En realidad nunca debimos confiar en (que el hecho de apagar la mente de Magneto no tuviera efectos secundarios) sabíamos tan poco de (los daños psiónicos que provocaría)…”. Brillante.

 

“Creo con firmeza que el Profesor-X tiene una lado oscuro”, explica Waid. “Ningún hombre puede ser el santo que se supone que es Charles Xavier. Tal vez él no se dé cuenta, pero para proyectar esa imagen se ha pasado toda su vida adulta reprimiendo cada rabia, cada pasión, cada prejuicio, cada mal pensamiento que ha experimentado”. Indagando sentimientos reprimidos, en el TXM 3 localiza un ¿inocente? pensamiento de Xavier. “No puedo evitar preocuparme por alguien a quien quiero”, sostiene el Profesor-X, refiéndose a Jean Grey. “Pero no se lo diré. No tengo derecho. No mientras sea el líder de la Patrulla-X y esté confinado en esta silla de ruedas”. El sentimiento carnal del Profesor-X hacia su alumna aparece por primera y última vez en esa única viñeta, olvidada durante treinta años hasta que a Waid se le ocurre desempolvarla.

La solución al enigma del traidor cae como una bomba en la Oficina-X. Les gusta mucho, pero tienen miedo. Supone colocar al calvo en una posición tras la que es muy difícil dar marcha atrás. La utilizarán, pero con matices. Ha de quedar muy claro que Onslaught surge de la fusión del lado oscuro de Xavier con el de Magneto. Después de Onslaught, Xavier pasará un tiempo alejado de sus queridos alumnos, pero luego volverá, porque siempre vuelve. De aplicar al pie de la letra la solución de Waid, el alejamiento tendría que ser permanente. Al final, la identidad de Onslaught difiere tanto del concepto inicial que llega incluso a cobrar autonomía propia e independiente de Charles Xavier, y como tal actúa en la fase final del crossover. Bajo la identidad del Profesor-X sólo aparece en los tebeos escritos por Waid, a quien molesta la forma en la que Harras y compañía retuercen su idea hasta dejarla en una historia políticamente correcta. “¿Magneto? ¿Qué tiene que ver Magneto con todo esto?”, se pregunta. Al cuaderno de los agravios añade las constantes disputas que tiene con Lobdell. Empiezan el día en el que éste le hace la misma oferta que planteara en su momento a Jeph Loeb:

 

 

-Mark, si eres bueno te enseñaré cómo hay que escribir la Patrulla-X.

-No hace falta, Scott. Creo que me las apañaré yo solo.

 

Waid no entiende nada. Fue él quien introdujo a Lobdell en el mundillo, un detalle que su compañero ha debido olvidar. Es él quien recibe toda clase de alabanzas por sus historias en Flash o Captain America, mientras que Lobdell no consigue más que palos por parte de la crítica especializada. ¿Por qué viene ahora con esas tonterías? ¿Quién se cree que es, el dueño y señor de la Patrulla-X? ¿Cómo se atreve a ir dando credenciales de escritor a nadie? Durante un tiempo, Waid hace lo que puede para cohabitar con Lobdell, pero las circunstancias acaban por vencerle. Una vez concluido su contrato inicial de seis meses, convence a Andy Kubert, dibujante de X-Men, para que ambos se embarquen en un nuevo proyecto, una colección dedicada a Ka-Zar. No quiere saber nada de la Oficina-X ni de su gente. Antes trabajaría en un McDonalds. La noticia alegra a Lobdell. Está harto de “ese puto gordo cabrón que no tiene ni puñetera idea de escribir”. Esta frase la repite palabra por palabra allá donde le dejan un micrófono o encuentra un periodista.

La de Mark Waid, no es la única baja de la Franquicia Mutante. Jeph Loeb, harto de esperar que le den los guiones de X-Men, sigue sus pasos. Para reemplazar a ambos, Harras recurre a viejos editores, como Terry Kavanagh o Ben Raab. El primero demuestra que haber sido un excelente director de colección no se traduce necesariamente en escribir luego bien. Las habilidades de Raab en uno u otro trabajo todavía están por descubrirse. Los guiones que Kavanagh escribe para X-Man son torpes, repetitivos y carentes de interés. A su lado, los Uncanny de Lobdell pueden calificarse de obra maestra. Sólo el que Harras sea amigo de Kavanagh ayuda a este último a conservar su puesto de trabajo.

VENGADORES 92: DETRÁS DE SIN RENDICIÓN

En el penúltimo retiro de guionistas y editores de Marvel, el que trazó los planes posteriores a “Imperio Secreto”, Tom Brevoort y los suyos cayeron en la cuenta de que tenían dos o tres títulos de la franquicia de Los Vengadores que se ponían a la venta la misma semana. Muchos libreros estadounidenses, preocupados por la posibilidad de que ese solapamiento de cabeceras provocara una menor venta de algunas de ellas, comunicaron su inquietud al editor. Eran conscientes de que el decalaje de series a lo largo de todo el mes impulsaba las ventas, puesto que los clientes, en lugar de hacer una única visita mensual a la librería en la que gastaban una elevada suma de dinero, acometían visitas semanales, cuyo gasto sumado era considerablemente mayor: A más salidas, más frecuencias de clientes y más dinero en caja. Por eso solicitaron a Brevoort que, en la medida de lo posible, cada semana se pusiera a la venta un título distinto de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra. No estimaban importante el hecho de que tuvieran que recepcionar y colocar el material cada semana, puesto que eran plenamente conscientes de las extraordinarias ventajas que tendría tal cambio, y como sabios comerciantes, estaban deseando que se llevara a cabo. 

 

EL MODELO ARÁCNIDO Con todo eso en mente, vinieron al recuerdo los buenos resultados de “Un nuevo día”, la iniciativa por la que, durante varios años, The Amazing Spider-Man tuvo tres lanzamientos mensuales. ¿Qué ocurriría si se aplicase tal concepto a Los Vengadores? ¿Y si, en lugar de cuatro series de Los Vengadores que se pusieran a la venta la misma semana, se dispusiera de una única cabecera en la que participara todo el mundo? Ese fue el punto de partida para “Vengadores: Sin rendición”, la saga en dieciséis partes que comienza este mes, y para la que, durante cuatro entregas, hemos adoptado el mismo formato que utiliza, precisamente, El Asombroso Spiderman. “Empezamos con The Avengers #675 USA y la historia se desarrollará hasta The Avengers #690 USA, así que será un único cómic, un único título, una enorme y masiva historia que está protagonizada por los actuales Vengadores y algunos personajes del pasado junto a algunos nuevos personajes. Es la más grande y loca aventura que podemos ofrecer”, añade Brevoort. “En el pasado, hemos hecho cosas así con los crossovers de La Patrulla-X, pero éste es el primero de ellos centrado específicamente en Los Vengadores. Además, al contrario de lo que ocurre con los eventos, que tienen quemada a tanta gente, toda la historia se cuenta en estas páginas, en estos dieciséis episodios”.

 

LA RELACIÓN CON MARVEL LEGACY El auténtico comienzo de “Sin rendición” tuvo lugar en las páginas de Marvel Legacy Alfa… pero no estamos refiriéndonos a la trama principal del especial, la que afectaba a Los Vengadores del pasado, sino la trama secundaria que tenía lugar en la actualidad, en la mansión de Los Vengadores, con dibujo de Pepe Larraz, el artista estrella de “Sin rendición”. En esa página, Jarvis comentaba que todo estaba tranquilo y como debe estar, pero los lectores podían percibir que algo había cambiado: en la estatua de Los Vengadores que se erigiera al comienzo de “Heroes Return”, allá por el final de los años noventa, a los miembros fundadores del equipo se había unido un nuevo personaje, una mujer que hemos conocido al comienzo de “Sin rendición” y que no es otra que Viajera. Pero ¿qué ocurre entonces con Los Vengadores prehistóricos? Brevoort es un tanto misterioso al respecto: “No sería una locura pensar que los veremos a lo largo de la saga, pero te diría que quizás te los vayas encontrar antes en otros lugares”.

“Sin rendición” empezaba en esta página

 

 

Spot On originalmente aparecido en Vengadores nº 92

 

 

EL DOCTOR MUERTE Y LA NATURALEZA DEL MAL

Uno de los mejores, más complejos y fascinantes personajes del Universo Marvel es también su más terrible villano. Victor von Muerte es la antítesis perfecta de Reed Richards, el líder de Los 4 Fantásticos, pero su alcance y carisma le lleva mucho más allá, hasta alzarse como una gigantesca presencia dentro de La Casa de las Ideas.

 

Cuando fue creado, en Fantastic Four #5 USA (1962. Marvel Masterworks: Los 4 Fantásticos nº 1) de la mano de Stan Lee y Jack Kirby, Muerte ya contaba con una complejidad muy por encima de la que tenían las típicas amenazas a las que se enfrentaban habitualmente los superhéroes. Quizás el primer plan con el que se presentó ante La Primera Familia no fuera demasiado temible: les enviaba atrás en el tiempo para localizar el tesoro del pirata Barbanegra. Era una época en que la primigenia Marvel todavía se debatía entre la aventura ligera y la trascendencia, y ésta venía de la mano de la firme caracterización que Stan Lee ofrecía del Doctor Muerte. No estábamos ante un criminal cualquiera, sino frente al dictador de un país, el imaginario Latveria, situado en los Alpes Bávaros, muy cerca de Transilvania, y al que no parecía haber llegado la edad moderna. Muerte era un maestro de la hechicería, como demostraban los libros de cabecera que acompañaban a la primera imagen en que apareció. Pero en uno de esos títulos ya se intuía la naturaleza dual del villano: “Ciencia y Brujería”. Porque, pese a que habitara en un castillo, vistiera una armadura medieval y le acompañara un cuervo ominoso, aquel tipo siniestro era también un hombre del siglo XX, como Reed Richards confirmaría unas páginas más tarde, al desvelar que había conocido al Doctor Muerte en la universidad, cuando era un brillante estudiante de ciencias a la par que un seguidor de la magia negra, y que habían sido sus “experimentos prohibidos” los que habían provocado el terrible accidente del que salió desfigurado y expulsado de la universidad, sólo para emprender el viaje que le llevaría a convertirse en un maestro del mal encerrado en una armadura tecnificada y capaz de crear artefactos imposibles a la altura de los que construía el propio Mister Fantástico: Una máquina del tiempo, robots que le sustituyeran cuando fuera necesario, o, como se descubriría en el siguiente número, un mecanismo para arrancar el Edificio Baxter de sus cimientos y llevarlo hasta el espacio exterior. A ese rico background se sumaba la contundente imagen de la que le dotó Kirby, que convertiría a Muerte en un verdadero icono intemporal, el prototipo por el que se deberían medir los grandes villanos a partir de entonces, algo que George Lucas sabía muy bien cuando tomó sus líneas maestras para concebir a Darth Vader.

 

Desde aquella primera aparición, Lee y Kirby cayeron rendidos ante las posibilidades que ofrecía el personaje. Sucesivamente volverían sobre él, en sagas cada vez más imaginativas y sobresalientes, en las que Muerte mostraba su ingenio supremo, su inteligencia sólo equiparable a la de Richards y su odio supremo hacia Los 4 Fantásticos, pero también la majestuosidad y el retorcido sentido del honor que le llevaría a actuar siempre según sus reglas. El mayor defecto de Muerte, el que le llevaba a perder una y otra vez en sus monumentales choques con el cuarteto, y en el que estaba en cierta forma el origen del desprecio hacia Richards, no era otro que su arrogancia, el convencimiento de estar por encima de cualquier otro individuo en todos los aspectos imaginables.

 

En 1964, Lee y Kirby le dedicaron el segundo Anual de Los 4 Fantásticos, un significativo número que comenzaba con una escalofriante historia en la que se ampliaba y modernizaba el origen del villano: allí se descubrían sus orígenes gitanos, la trágica e injusta muerte de sus padres, su lucha con el tiránico barón que había gobernado su país con mano de hierro… La conclusión era que Muerte no siempre había sido un villano terrible, sino alguien a quien las desgracias de la vida había conducido por ese camino, igual que a Reed le había llevado por la vía contraria.

 

Con el paso de los años, la influencia de Muerte se extendió más allá de la cabecera de los Imaginautas, hasta enfrentarse con otros héroes y liderar a los grandes villanos de la Casa de las Ideas en momentos críticos, como pudieron ser, en los años ochenta, las Secret Wars, una de las aventuras que mejor describía y caracterizaba al dictador de Latveria. Muerte parecía superar, quizás no en poder o maldad, pero sí en inteligencia, maquiavelismo y capacidad de manipulación, a cualquiera de sus homólogos de fechorías. A través de las décadas, autores como Roy Thomas, John Byrne, Roger Stern o Walter Simonson hicieron grandes sagas que profundizaban en sus motivaciones. Fue Byrne, por ejemplo, quien estableció que los latverianos en realidad están orgullosos de Muerte, puesto que ha sido él quien les ha procurado paz y bienestar, por mucho que les haya robado la libertad.

 

Pero, con medio siglo de existencia a sus espaldas, no resulta fácil construir nuevas historias sin caer en la repetición o en la vacuidad. Con el cargo de guionista de Los 4 Fantásticos va en cierta forma la obligación de ofrecer un choque electrizante con Victor von Muerte, pero no siempre los autores están a la altura del reto. No ocurrió tal cosa con Mark Waid y Mike Wieringo, responsables de una excelente etapa de La Primera Familia que se desarrolló entre los años 2002 y 2005, y cuyo arranque se ofreció en el volumen del coleccionable Marvel Héroes titulado Los 4 Fantásticos: Imagináutas.

 

 

Este segundo tomo de la andadura Waid/Wieringo sigue allá donde se quedó el anterior, para conformar un argumento completo y autónomo, en el que tiene lugar ese ambicioso enfrentamiento con un Doctor Muerte tan temible como en sus orígenes. Waid, guionista que posee un meticuloso conocimiento del pasado de los personajes, pero que no tiene miedo en saltar hacia delante, ofrece, al comienzo de la historia, un interesante giro de tuerca. Como resultado de ello, tenemos una severa transformación que en ningún momento abandona la coherencia con todo lo que se conoce sobre el villano. Más aún: lo enriquece, sofistica y completa. Bienvenido por tanto a una de las mejores historias jamás realizadas sobre el hombre más temible del Universo Marvel.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. Los 4 Fantásticos: Impensable

UN NUEVO DÍA TRAS EL RASTRO DE LA ARAÑA: ENTRE LA NOSTALGIA Y EL SALTO ADELANTE

La paradoja fue una de los retos al que se enfrentaron constantemente los guionistas coordinados por Stephen Wacker durante el desarrollo de “Un nuevo día”. Tenían el mandato de apostar por las esencias de Spiderman al tiempo que apuntaban hacia el futuro del personaje; habían dejado atrás un cambio radical sobre el que Marvel no quería dar demasiadas explicaciones, pero las circunstancias les obligaban a entrar en detalles a cada paso que daban. Esos condicionamientos no se metamorfosearon en piedras en los zapatos, sino en herramientas que utilizar para un objetivo que estaba por encima de cualquier otro: el de ofrecer cómics divertidos.

 

EL LADO OSCURO DE LO ESTRAFALARIO

Tras “El rastro de la araña” arrancaba la que extraoficialmente se definía como segunda temporada de “Un nuevo día”. Stephen Wacker continuaba preocupado por reforzar sus efectivos con talento literario. Mark Waid había cubierto el hueco dejado por Zeb Wells, pero la apretada cadencia de publicación exigía más madera. El presupuesto no daba para grandes estrellas, pero en su lugar el editor optó por recurrir a un perfil de guionista en que la profesionalidad estuviera en el primer puesto de la lista de méritos. Fred Van Lente, un estadounidense que llevaba un tiempo en Marvel haciendo dignos trabajos discretos con algún éxito puntual, fue requerido para unirse a la fiesta. Hasta entonces solía estar presente en proyectos ligeros, desde versiones infantiles de los héroes de siempre a The Incredible Hercules, donde había compartido tareas con Greg Pak, pero lo que pocos sabían es que Van Lente tenía una especial atracción por lo siniestro, que apenas había dejado entrever en sus últimas notas bibliográficas: una miniserie de Marvel Zombies y una versión noir de La Patrulla-X. Dentro de la Oficina Arácnida, dio rienda suelta a esa vertiente. Su carta de presentación fue The Amazing Spider-Man #589 USA, un cómic autoconclusivo para el que eligió como villano a La Mancha, criminal de tercera fila del que habitualmente se hacían chanzas. Pero Van Lente dejó congelada la sonrisa del lector veterano que recordaba aquellas ridículas historias del pasado. Las habilidades de La Mancha, abordadas desde una nueva perspectiva, tenían aplicaciones tan retorcidas como mortíferas. Ya nadie se burlaría de él. “Steve Wacker me pidió que le hiciera menos divertido y más digno de pertenecer a la galería de enemigos de Spidey”, dijo el autor. “La Mancha puede aparecer desde arriba, por detrás… En cualquier sitio en el que estés. A cualquier persona le debería resultar aterrador, por muy tonto que sea el personaje”,

 

LA CUESTIÓN DE LA IDENTIDAD SECRETA

Era una de las incógnitas que había dejado el ambiguo final de “Un día más”. Joe Quesada había pretendido, en un primer momento, que no hubiera nada que explicar. El matrimonio nunca había existido, Harry Osborn, los lanzarredes y la identidad secreta estaban de vuelta y había que echar la culpa de todo a la magia, pero una vez que el equipo de “Un nuevo día” tuvo que bajar al barro y escribir, una detrás de otra, cada historia del trepamuros, quedó en evidencia que las explicaciones eran necesarias para contar con un terreno firme sobre el que moverse. Amante de la continuidad y del uso de sus libretos como instrumento para ordenar la casa, Dan Slott se había erigido como el principal responsable de dar contenido a todo ese cúmulo de inconsistencias que dejó el choque con Mefisto. Cuando Quesada optó por éste, eligió también la opción sencilla, porque el diablo parecía capaz de alterar lo que fuera necesario sin mayores problemas. En la letra pequeña se evidenció que no había sido buena idea acudir a lo sobrenatural para reconfigurar a un héroe tan urbano y pegado a tierra como Spiderman. Por eso, cuanto más estuviera alejado el demonio de lo que había ocurrido, más verosímil sería el mundo arácnido construido tras su intervención. Cada nueva respuesta que ofrecía Slott restaba importancia a Mefisto, acotando cada vez más su intervención en lo ocurrido. Sí, Harry había vuelto, pero el motivo estaba en los efectos secundarios de la Fórmula Duende, no en ningún pacto con el demonio. Ésa era sencilla, pero, ¿qué pasaba con la identidad secreta, que Peter hubiera destruido ante las cámaras de todo el mundo durante “Civil War”? Es más, ¿qué ocurría con todos aquellos que, antes de la salida arácnida del armario, ya conocían el verdadero rostro de Spiderman? Brian Michael Bendis, que trabajaba con el personaje en Los Nuevos Vengadores, optó por la solución práctica, un desenmascaramiento en privado ante los miembros del grupo, pero Slott no era amigo de la simplicidad. En “Nuevas maneras de morir” insinuó que el trepamuros, junto a alguien que todavía no identificaba, habían hecho algo al respecto, pero no entró en más detalles sobre el qué o con quién. “Cuando Peter pensó eso de ‘lo que hicimos sigue funcionando’, algunos lectores asumieron que se refería a Mefisto”, explicaba a la prensa. “Pero no es así. Hay una historia por contar que ocurrió antes de que nosotros llegáramos. Una historia secreta en la que Peter y otra persona hicieron algo para borrar la mente de todos”. Los impacientes tendrían que esperar un tiempo para leer esa historia, pero mientras tanto el guionista sí podía darles otra cosa: podía explicarles cómo funcionaba eso que había hecho Peter junto a su misterioso benefactor. A tal efecto se consagró una saga con Los 4 Fantásticos como invitados especiales. El escritor siempre se había mostrado favorable a que la identidad de Spidey volviera a ser secreta, pero no ocultaba una espinita: que una vez conseguido eso, la excelente miniserie que había desarrollado acerca de la relación a lo largo de los años del trepamuros y la Antorcha Humana quedaba un tanto invalidada, ya que descansaba en buena parte sobre la amistad de ambos superhéroes y la confianza que Peter había tenido hacia Johnny al quitarse la máscara ante él y haberle dejado entrar en su vida privada. La nueva historia que ahora construía descansaba sobre aquel relato. “En realidad, no es que no hubiera pasado”, comentaba el guionista. “Simplemente, Johnny no recordaba lo que había ocurrido. Es algo de las nuevas reglas que mucha gente no acaba de entender. Todo ocurrió, pero los personajes no lo recuerdan”.

 

CAMBIO EN EL TABLERO

La tercera gran historia contenida en este volumen deja de lado las incógnitas del pasado para dar solución a una de las que habían sobrevolado el escenario en el presente. ¿Quién sería el futuro alcalde o alcaldesa de Nueva York? La subtrama, que venía desarrollándose desde los primeros momentos de “Un nuevo día” con no pocos giros, por fin se iba a resolver mediante una sorpresa mayúscula. Los guionistas ya la habían cocinado en sus reuniones iniciales, pero prefirieron retrasarla para que ocurriera de manera natural. De cara a la aplicación de la idea, tuvieron que convencer a Joe Quesada de que rompiera con la regla de que el Universo Marvel debía reflejar la realidad, pero lo consiguieron, ya que aquel cambio abría innumerables posibilidades. “Era una manzana demasiado jugosa como para no hincarle el diente”, llegó a decir JoeQ al respecto.

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 21

DAREDEVIL ANTE LA RENOVACIÓN: LA LLEGADA DE MARK WAID

Dicen que el Hombre Sin Miedo es un personaje fundamentalmente oscuro, de género negro, con un historial cargado de tragedias, con innumerables episodios de inestabilidad mental a sus espaldas, con pérdidas más grandes que la vida, que romperían a cualquier hombre, incluido alguien que abraza la redención con el fervor que lo hace Matt Murdock.

 

Pero no siempre fue así. Hubo una época en que los claros mantenían un equilibrio con las tinieblas en que habita el Hombre Sin Miedo. De hecho, cuando Stan Lee y Bill Everett concibieron al personaje, allá por 1964, no estaba en su mente la de crear a un vigilante atormentado, sino, como bien expresa su nombre, un diablo burlón, capaz de desafiar cada día a la muerte con una sonrisa en los labios. Sus aventuras iniciales puede definirse abiertamente de optimistas, más incluso que las de Spiderman, el héroe con quien más semejanzas guardaba en aquellos años fundacionales. Sí, es cierto que había un entorno eminentemente urbano, de manera que Daredevil luchaba contra amenazas callejeras, todo un plantel de enemigos entre lo absurdo y lo pintoresco, y que su origen estaba enclavado en la muerte de un ser querido. En estos rasgos coincidía con el trepamuros, pero también en la continua utilización de la mordacidad como desahogo, así como en la existencia de un reparto de secundarios que convertía sus aventuras en un gigantesco enredo, con situaciones tan rocambolescas, o incluso más, que las vividas por Peter Parker. La gran diferencia con Spidey estribaba (más allá de que el trepamuros fue quien se quedó con John Romita) en que Daredevil es un adulto de pies a cabeza, no un adolescente a la búsqueda de un lugar en el mundo, con todo lo que eso implica en la manera en la que se relaciona con su entorno. Las relaciones laborales y sentimentales son las que tiene un hombre adulto. Salpicadas con equívocos y embrollos propios de cualquier culebrón, pero adultas al fin y al cabo. No existía una identificación tan intensa entre los lectores y el personaje, razón por la que tal vez Daredevil nunca alcanzó la popularidad de su primo hermano espiritual. En consecuencia, a finales de los años setenta su revista estaba al borde de la cancelación, y de ahí que la editorial permitiera a un joven autor llamado Frank Miller hacer y deshacer a su antojo.

 

Se ha escrito más del Daredevil de Miller que de Daredevil en sí mismo, por lo que no vale la pena ahondar demasiado en el tema, más allá de recordar que el de Maryland reinventó al personaje por completo. Fue él quien lo hizo verdaderamente oscuro y relevante, quien se olvidó, salvo ocasiones puntuales, de su carga humorística y lo sumergió en la tragedia y la desesperación. La importancia de su etapa es tal, la huella que dejó sobre el Hombre Sin Miedo tiene un significado tan enorme, que la mayoría de los autores que vendrían detrás de él no harían sino repetir los esquemas de Miller, con mejor o mayor fortuna, arrastrándolo a una espiral que no parecía tener fin: muertes de una novia detrás de otra, demolición incontrolada de todo lo que le importa, una caída detrás de otra… Cava, Matt, cava, porque cuando creas que has tocado fondo, tendrás que seguir cavando.

 

Todo tiene un límite, han comprendido por fin en Marvel. “El desafío del diablo”, consistente en que cada nuevo guionista de Daredevil tenía poco menos que el deber de hacerle todavía más desgraciado, hasta llegar al punto de convertirle en un villano, hasta llegar a ser dominado por un auténtico demonio, ha perdido su valor inicial. Después de “Tierra de Sombras”, se hizo evidente que Matt Murdock no podía seguir acumulando pesadumbre. Necesitaba un giro radical. Andy Diggle, el último de los escritores que se hizo cargo de él antes de este relanzamiento, limpió el escenario para que no hubiera un “más difícil todavía”. Daredevil ha de empezar ahora desde cero y con un planteamiento revolucionariamente distinto al que se ha seguido al menos durante toda la primera década del siglo XXI. Y es ahí donde entra en juego Mark Waid.

 

Mark Waid, que fue quien reivindicó, a mediados de los noventa, el prototipo del superhéroe clásico. Mark Waid, quien devolvió a sus esencias al Capitán América y Los 4 Fantásticos. Mark Waid, el que sabe que el peso de décadas de continuidad no debe acogotar la inventiva, sino servir como recurso al que acudir cuando sea preciso. Su carrera está ligada a personajes luminosos, por lo que nadie le imaginaba escribiendo Daredevil. Y quizás por eso es el más apropiado para hacerlo. Mark Waid tiene por misión encarrilar de nuevo al Diablo Guardián, sacarlo del pesimismo endémico, enseñar a los lectores la vertiente original del personaje, esa que se perdió hace tiempo pero que sigue estando ahí. Para hacerlo, le devuelve a Nueva York pero le saca de la Cocina del Infierno; asume toda la locura que ha sido su existencia en estos años (con mucha sencillez y mucha lógica, en apenas un par de viñetas), pero hace que pase página, que deje de revolcarse en su desesperación; se olvida de los ninjas y los mafiosos, porque a cambio le busca villanos que supongan un verdadero reto a sus poderes y habilidades. Y lo más importante de todo, le hace sonreír, para que nosotros sonriamos con él.

 

Waid se lleva todos los elogios de una etapa que está fascinando a quien la lee, fuera fan del Daredevil más oscuro o desconociera por completo al personaje, pero las alabanzas deben hacerse extensivas al inteligentísimo editor Stephen Wacker. Su colaboración con Waid viene de los tiempos de 52, proyecto-mecanismo de relojería de DC, que sirvió para que Marvel se decidiera a fichar a este especialista en coordinar múltiples equipos en un proyecto común. De sus manos surgió “Un nuevo día”, la elefantiásica etapa de Spiderman que devolvió las esencias de éste. En ella participó Waid y también estuvieron Paolo Rivera y Marcos Martín, los elegidos para alternarse en los lápices de este “nuevo día” de Daredevil. Europeos ambos y cada uno con su propio estilo, comparten una exquisitez en el diseño, una limpieza en la línea y una elegancia en la narración que les hermana y les marca como la elección perfecta para completar el equipo de la serie.

 

Dicen que Matt Murdock es un hombre que ha conocido los más oscuros lugares. Pero ahora ha decidido salir de ahí, desviarse de la ruta hacia la perdición y buscar un nuevo camino. Te aseguro que vas a querer acompañarle en la más atrevida aventura de su vida.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Daredevil nº 1

LA OBAMANÍA ARÁCNIDA: EL ÉXITO INESPERADO DE THE AMAZING SPIDER-MAN #583

En las bases sobre las que se asentó “Un nuevo día” estaba la recuperación de las señas de identidad del personaje, el retorno a una era dorada que muchos identificaban con el arranque de los años ochenta, cuando Tom DeFalco coordinaba las tres colecciones arácnidas con exquisita perfección y autores como Roger Stern o Bill Mantlo contribuyeron a dar riqueza a la vida de Peter Parker y a las aventuras de Spiderman. Puesto a revivir esa exuberancia y dar mayor legitimidad a su proyecto, el editor Stephen Wacker se dispuso a traer a alguno de aquellos escritores que había hecho grande al trepamuros.

 

 

BAJO TIERRA

La llegada de Joe Kelly a la mesa de guionistas de Amazing aportó creatividad, pero no sería el último de los autores que Wacker ficharía en aquella fase expansiva de “Un nuevo día”. Durante sus tiempos como coordinador de 52, aclamada serie semanal publicada por DC Comics, había tenido la oportunidad de trabajar con Mark Waid, el que fuera el guionista de Kingdom Come o de Capitán América en tiempos de Heroes Return, y una auténtica leyenda del cómic estadounidense. Frente a los autores que atribuían a los justicieros enmascarados comportamientos tan violentos como los de sus enemigos o que se recreaban en las situaciones sádicas, Waid hizo en los noventa algo tan revolucionario como que los superhéroes volvieran a comportarse como tales. Su primera historia para el Amazing de “Un nuevo día” nació de una conversación con Wacker, en la que ambos trataban de encontrar el peor lugar en el que pudiera tener lugar una batalla arácnida. “Spiderman se maneja mejor en espacios abiertos, así que colocarle en un sitio en el que moverse entrañe dificultades, las acrobacias resulten imposibles y la fuerza bruta pueda ser un laste me pareció muy interesante. Ése era el camino que debíamos seguir”, afirmaba. Para el guionista, el poder más importante que tiene el Hombre Araña consiste en que nunca se rinde. A la hora de buscar el adversario apropiado en semejante contexto, Waid escogió a El Conmocionador: “Siempre me ha gustado, por las razones más equivocadas que puedas imaginar”, cuenta. “Me gusta su traje hortera, esa extraña combinación de colores, sus poderes y el hecho de que puedas introducirlo en una historia sin necesidad de explicar un montón de cosas de su pasado”.

 

La trama, de apenas dos entregas, se vio extraordinariamente reforzada por la aportación gráfica de Marcos Martín, que ya había destacado como uno de los mejores artistas de la etapa arácnida, por su sencillez de línea, elegancia conceptual y un diseño de página casi hipnótico, El costumbrismo y la viveza de las escenas de Peter moviéndose por el metro, la claustrofobia de los túneles subterráneos, o el toque melancólico de ese Nueva York bajo la lluvia demostraba la versatilidad del dibujante para moverse con soltura en cualquier territorio narrativo. Martín ya estaba entonces llamado a convertirse en una estrella del cómic y sólo faltaba que los aficionados se dieran cuenta, pero cada una de las historias que firmó para el trepamuros lo demostraba sobradamente. Otro elemento de importancia fue la incorporación de un nuevo personaje secundario llamado a quedarse y a remover el entorno de Peter Parker como hacía tiempo que no ocurría. La idea de introducir a ese personaje vino de Tom Peyer, un viejo colega de Waid, y el autor la incluyó en su primera reunión con Wacker y con el resto de guionistas. Volveremos a hablar de ello en próximos volúmenes.

 

EL REGRESO DE UN CLÁSICO

El fichaje legitimador que llevó a cabo Wacker por esta época fue nada menos que el de Roger Stern, el más significativo guionista de Spiderman en los años ochenta, y cabeza pensante detrás de la creación de El Duende, impulsor del romance entre Spidey y La Gata Negra o autor de historias como “Nada puede detener a Juggernaut” o “El chico que colecciona Spiderman”. Stern había tenido anteriormente ofertas de regresar a la serie, pero se negó a aceptarlas en tanto que durase el matrimonio entre Peter Parker y Mary Jane, de manera que durante décadas su acercamiento al personaje se limitó a la miniserie en la que desvelaba el verdadero rostro de El Duende y a algunas historias que sirvieron como secuela a ésta. Dentro del contexto de “Un nuevo día”, Stern irrumpió con un relato autoconclusivo para el que, siguiendo su tradición de los tiempos al frente de Amazing, hizo que Spidey se enfrentara contra un villano próximo a otros héroes con el que nunca antes se hubiera cruzado. En este caso, se trataba de La Nada, al que el propio Stern, junto a Bob Hall, hubiera presentado en West Coast Avengers #2 USA (1984. Marvel Gold. Los Vengadores Costa Oeste: Reunión) y que desde entonces apenas sí había vuelto a aparecer en algún otro cómic. El relato contaba con el talento gráfico de Lee Weeks, cuyo estilo recordaba bastante al de John Romita Jr. en los tiempos en que acompañara al guionista en Amazing. Weeks hacía un guiño hacia Stern, mediante la figura del Agente Ray Donovan, cuyo rostro recordaba al del escritor. Para más adelante, Stern preparaba ya una secuela de su mítica saga con Juggernaut.

 

PERO… ¿CÓMO VOLVIÓ HARRY?

Era una de las preguntas que muchos habían lanzado cuando se reencontraron con el viejo amigo de Peter en las páginas finales de “Un día más”, y el encargado de responderla sería Dan Slott, el más erudito de los guionistas arácnidos. En el planteamiento inicial de Joe Quesada para “Un día más”, no había realmente nada que explicar, pues todo era el resultado de la magia. Sin embargo, el equipo de guionistas de Wacker, siguiendo tanto las inconsistencias de ese planteamiento como los requerimientos del fandom, optó por acotar lo máximo posible la actuación de Mefisto, de tal manera que lo único que habría hecho éste sería el borrado del estado civil de Peter Parker y Mary Jane. Dentro de la continuidad, el resto se mantenía inalterable, mientras que cambios introducidos, como el regreso de Harry o que la identidad de Spiderman volviera a ser secreta, debían encontrar explicaciones exógenas a Mefisto. En el caso que nos ocupa, Slott tiró de continuidad, tomando como base tanto la muerte de Harry Osborn en The Spectacular Spider-Man #200 USA (1993) como el regreso de su padre, Norman Osborn, en Peter Parker: Spider-Man #75 USA (1997). Pese a todo, el guionista era consciente que en la intención de los autores de las historias originales nunca estaba el que nadie las desdijera luego. “Nunca vas a tener explicaciones de continuidad a prueba de bomba”, dijo al respecto. “Son necesarias muchas mentiras y mucha suspensión de la realidad. Si la gente no está dispuesta a aceptarlo y rellenar los huecos, no puedes hacer nada”.

 

 

UN FAN DE SPIDEY

Ningún detalle hacía imaginar que The Amazing Spider-Man #583 USA fuera a convertirse en un best-seller, por más que Marvel lo hubiera promocionado como la vuelta de Peter al ruedo sentimental, que el legendario John Romita se hubiera encargado de la portada o que el equipo creativo compuesto por Mark Waid y Barry Kitson, que anteriormente se hubiera encargado de narrar el origen de la Liga de la Justicia de América o de acometer proyectos en común como Empire, se descolgaran con una tierna historia que en realidad hablaba sobre la particular relación de Peter con su amiga y primer amor, Betty Brant. Pero aquel número del Hombre Araña también contenía una modesta historia de complemento, que Stephen Wacker orquestó sin imaginar la repercusión que luego tendría, porque en caso contrario hubiera sido mucho más ambiciosa. En ella, Spidey asistía a la toma de posesión de Barack Obama, que coincidió con el lanzamiento del cómic, en enero de 2008. El cuadragésimo cuarto presidente de Estados Unidos había comentado su afición por los cómics y que el trepamuros se encontraba entre sus personajes favoritos, así que… ¿por qué no? El movimiento se integraba en otras iniciativas que hubiera hecho Marvel en el pasado, por las que siempre se hacía eco de quién fuera el Comandante en Jefe de Estados Unidos en cada momento. Franklin Roosevelt había entregado su escudo al Capitán América; Richard Nixon se había descubierto como el Número Uno de una organización secreta destinada a hacerse con el poder del país; Jimmy Carter había sido salvado de sendos intentos de asesinato por Spiderman y Los 4 Fantásticos, respectivamente; Ronald Reagan entregó un perdón presidencial a Hulk; Bill Clinton fue uno de los que portó el ataúd del Capitán América cuando se dio a éste por muerto; y George Bush había saludado el regreso del Centinela de la Libertad en The Ultimates. Desde los años cuarenta, ningún presidente había faltado a su cita en las viñetas, y Obama no iba a ser distinto. De hecho, debido a su inmensa popularidad, se convirtió en uno de los más ubicuos de la historia del cómic.

 

Lo que en principio no era más que una simpática historia, en la que el nuevo inquilino de la Casa Blanca se encontraba con el personaje cuyas aventuras había seguido desde niño, alcanzó el grado de superventas en cuanto se corrió la voz sobre su temática. En plena Obamanía, The Amazing Spider-Man #583, con una portada alternativa a cargo de Phil Jimenez en la que el presidente posaba para Spidey, agotó varias tiradas en pocos días, hasta convertirse en el tebeo más vendido del año, con un total de 350.000 ejemplares puestos en la calle, y sin duda el más comentado en los medios de comunicación. En opinión del editor Steven Wacker, “Marvel siempre ha luchado por representar el mundo al otro lado de tu ventana, por lo que en cada época tenemos que mostrar al presidente que corresponda. Spidey es sin duda el personaje más reconocible de Marvel, por lo que es un gran embajador para la gente que no lee nuestros cómics. Pero no puedo dejar de lado el hecho de que Obama sea un aficionado a Spidey. Si él no lo hubiera admitido, probablemente no hubiéramos hecho esta historia en concreto, de manera que me alegro de que comentara el tema”.

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 19

EXTRAORDINARIAS VIDAS ORDINARIAS

El que Los 4 Fantásticos fuera la creación que abanderara el nacimiento del Universo Marvel, allá por 1961, la convierte en una rara avis dentro del mundo de los superhéroes. En aquella época, el cómic estadounidense languidecía en lenta agonía. Quedaban atrás los buenos tiempos de la Edad de Oro, en que los grandes justicieros contra el crimen vendían millones de ejemplares cada mes. A caballo entre los años cincuenta y los sesenta, la proliferación de géneros, desde el romántico al western, pasando por el terror o la ciencia ficción, indicaban una búsqueda que no acababa de ofrecer buenos resultados. Stan Lee se encontraba tan decepcionado de una industria en la que llevaba ya varios lustros trabajando que aceptó a regañadientes el reto que le lanzó su jefe Martin Goodman de crear un título que emulara a la recién nacida Liga de la Justicia de América, publicada por otra editorial. Sólo la sugerencia, que le hizo su esposa, de que intentara hacer el tipo de cómic que a él le gustaría leer, ayudó a que el escritor no tirara la toalla. Y eso que salimos ganando, porque Los 4 Fantásticos cambiaron el curso de la historia.

Estaba todo por inventar, con lo que el nuevo concepto se “contaminó” de todo lo que ya existía, desde las sagas sobre monstruos hasta las historias de anticipación publicadas en los pulp, desde la aventura clásica hasta las películas de serie B. Fue la inteligente combinación de esos elementos, sumada a la humanidad que Lee supo dar a sus criaturas y al impresionante arte de Jack Kirby, lo que convirtió a La Primera Familia Marvel en algo no sólo distinto a cuanto había, sino también revolucionario.

 

Porque Los 4 Fantásticos podían proteger la ciudad y salvar el universo, pero no utilizaban trajes de colores: sus uniformes de trabajo no llegaron hasta el tercer episodio, y en ellos predominaba la funcionalidad sobre el excentricismo. No había tampoco máscaras que reflejaran ninguna identidad dual. Por el contrario, Reed, Sue, Ben y Johnny eran verdaderas celebridades cuyas andanzas las seguía un nutrido público ávido de novedades. Nada podía encontrarse en sus aventuras sobre bases secretas, ni de reuniones ceremoniosas alrededor de una mesa, ni de reglas de trabajo más propias de los boy scouts que de adultos. De hecho, Los 4 Efe peleaban entre ellos muy a menudo. Y tampoco su aspecto era el de los musculosos guerreros de otras series. Reed Richards peinaba ya canas… ¡Y Ben Grimm era uno de esos monstruos contra los que combatían los protagonistas de los grandes títulos!

 

Pero por encima de todas esas consideraciones, la dinámica de sus aventuras se posicionaba en el lado opuesto de lo que pudiera haberse leído hasta entonces. Los 4 Fantásticos se movían sobre la dualidad de una familia disfuncional (mucho antes de que las familias disfuncionales formaran parte de la tónica de nuestra sociedad) y de unos exploradores de lo ignoto. Detengámonos un poco más en ambos aspectos. En el centro de esa familia tenemos a la pareja (primero novios, luego matrimonio) formada por Reed y Sue, quienes no tardarían en tener un hijo, Franklin, al que años más tarde se sumaría Valeria; a su vez, Sue y Johnny son hermanos, mientras que Ben no guarda relación de parentesco con ninguno de ellos, pero se erige como alma de Los 4 Efe, el pegamento que hace que todos permanezcan unidos. Frente al aspecto pétreo de La Cosa, su corazón no ofrece sino bondad y ternura hacia los suyos.

 

Y por otro lado tenemos la vertiente aventurera del equipo, donde la pieza fundamental es el verdadero poder de Mister Fantástico, que no es otro que su inigualable inteligencia, la que le lleva a concebir una tecnología tan fabulosa que rivaliza con la magia y a embarcarse, a sí mismo y con él a sus compañeros, en inusuales viajes de descubrimiento, ya sea de lugares, dimensiones o planetas. No es la función de Los 4 Fantásticos la de vérselas contra malhechores, por mucho que sus circunstancias les lleven a hacerlo, sino la de ensanchar los límites de cuanto se conoce… Pero que el lector no espere en sus aventuras una ciencia-ficción de lo posible, una lectura de aquello con lo que un día se encontrará la humanidad, sino una fantasía desbocada en la que cualquier cosa puede ocurrir.

 

Con esos mimbres, Lee y Kirby compusieron, a lo largo de más de cien episodios publicados a lo largo de toda la década, una portentosa sinfonía preñada de grandes conceptos, que marcaría el camino a seguir por sus pioneros, quienes por fuerza tendrían que comparar su trabajo con el legado de los creadores. Entre los que siguieron los pasos de Stan y Jack, hay un puñado de autores que tienen una posición destacada en la historia de La Primera Familia, como por ejemplo Roy Thomas, John Buscema, John Byrne, Walter Simonson o Carlos Pacheco. Ya en los últimos años, la etapa clave que ha sabido recapturar la magia de antaño ha sido la realizada por Mark Waid y Mike Wieringo entre 2002 y 2005, cuyo arranque contiene este volumen.

 

Waid figura entre los guionistas que, a finales de los años noventa, devolvieron el orgullo y la calidad a los superhéroes, con obras como Kingdom Come, o en sus etapas en Flash y Capitán América. En ellas, y frente a la ausencia de ideas de épocas precedentes, reivindicaba el optimismo y la inteligencia como armas a utilizar en el género. Su compañero de armas y colaborador habitual en muchas ocasiones, el tristemente desaparecido Mike Wieringo, le acompaña también aquí, con un estilo próximo al cartoon capaz de brillar al máximo en las escenas cotidianas de tratamiento de personajes y hacerse espectacular en las fabulosas situaciones en las que acaba envuelto el equipo.

 

“Los 4 Fantásticos no son superhéroes, sino Imaginautas”, proclamaba Waid en el discurso ante Marvel con el que consiguió el trabajo de guionista fijo de la serie. Es esa nueva y maravillosa palabra, la de Imaginautas, la que mejor define y ejemplifica estos episodios. No basta ya con llevar a los héroes a exóticos lugares, como el Himalaya, la jungla africana o la Luna, que tantas veces visitaran en otros tiempos. En el siglo XXI, el mundo se ha hecho demasiado pequeño para ellos: hay que ir aun más lejos, hasta donde no se ha aventurado ningún hombre, y tampoco ningún otro tebeo. A la hora de escribir la serie, Waid echaba la vista atrás para descubrir que demasiados autores habían tratado de repetir los éxitos del ayer mediante historias que no hacían sino reiterar tramas o personajes ya conocidos: el público había leído ya mil y un encuentros con el Doctor Muerte o Galactus que se parecían demasiado entre ellos.

 

Frente a eso, el nuevo guionista opta por quedarse con el espíritu que animara la cabecera en sus orígenes, para readaptarlo a la época actual. Su objetivo es que, en cada episodio, como ocurría en los tiempos de Stan y Jack, haya una nueva sorpresa, y sin que por ello sea necesario alterar la idiosincrasia de unos personajes tan ricos y complejos que, medio siglo después de su nacimiento, todavía tienen mucho que ofrecer. De esta manera, los dos primeros capítulos de este volumen contienen interesantes revelaciones sobre nuestros protagonistas, mientras que entre el tercero y el quinto se presenta a un nuevo villano, uno de los más sorprendentes y originales a los que se haya enfrentado jamás el grupo, y que ejemplifica mejor que ninguno la clase de amenazas con las que deben luchar.

 

El volumen se completa con una breve saga de dos números, en la que Wieringo cede los lápices a Mark Buckhingham, otro excelente artista especialmente dotado para la comedia de situación, cuyos recursos Waid aprovecha al máximo. Se suma, por último, una historia autoconclusiva protagonizada por La Cosa, en la que Karl Kesel y Stuart Immonen desvelan importantes detalles sobre el pasado de Ben Grimm.

 

Todos estos relatos conforman un perfecto ejemplo de la singularidad que ofrecen Los 4 Fantásticos, a los que Mark Waid definió con unas palabras que no podían ser más certeras: “Un equipo, y también una familia, de aventureros, exploradores e Imaginautas, que lleva una vida tan ordinaria… como extraordinaria”.

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Héroes. Los 4 Fantásticos: Imaginautas

Sobre villanos y guionistas. Hoy: La Mancha

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Uno de los enemigos más cutres, surrealistas y a su vez desaprovechados del universo arácnido lo descubrí hace años en una historia de Peter Parker Spectacular Spider-Man guionizado por el inefable Al Milgrom. 

Una historia que mezclaba la fuga del traje negro, con la gata negra y alguna aventura de baja intensidad dramática en la que, por ahí en medio aparecía un enemigo al que Milgrom le dedicó la portada. Un tipo con un traje blanco con manchas circulares negras de diferente diámetro (“spots” en inglés, de ahí la versión original de su nombre The Spot, algo así como el punto en traducción literal).

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