ULTIMATE X-MEN 8: UNA ESPERA INTERMINABLE

Durante los tres primeros años de Ultimate X-Men, Mark Millar puso en pie la serie y construyó todos los mecanismos por los que se moverían los mutantes dentro del Universo Definitivo. A continuación, Brian Michael Bendis expandió ese entorno, pero apenas se mantuvo durante un año más al pie del cañón. ¿Qué tenía reservado Marvel para después? A comienzos de 2004, la editorial se descolgó, a través de Variety, el buque insignia de la información de Hollywood, con todo un bombazo: Bryan Singer, nada menos que el director de las dos películas de X-Men, sería quien escribiera Ultimate X-Men.

¿Cuándo ocurriría tal cosa? Pronto, muy pronto. Singer no estaría solo en el proyecto, sino que le acompañarían Dan Harris y Michael Dougherty, que también le habían apoyado en la escritura del librero de X-Men 2. Pero éstos estaban ocupados en ese preciso momento, nada menos que preparando el salto a la pantalla de El juego de Ender, la obra maestra de ciencia ficción de Orson Scott Card, por lo que sería necesario esperar unos cuantos meses para tenerlos disponibles, en los que además Singer seguiría avanzando en la preparación de X-Men 3. Marvel seguía así adelante con su objetivo de que sus personajes se acercaran a las representaciones cinematográficas. ¿Qué mejor opción que ponerlos en manos de quien los había sabido entender en el medio audiovisual? “Hay un montón de cosas que no puedo explorar en las películas debido a la restricción por edades. Los cómics me ofrecen la oportunidad de expandir las ideas que me interesan acerca del Universo Mutante y tomar más riesgos”, decía Singer.

 

Sólo faltaba encontrar a alguien que se ocupara de Ultimate X-Menhasta la llegada del director y los suyos. La Casa de las Ideas designó a dos autores. El segundo de ellos era David Mack, un viejo conocido de Joe Quesada, con el que había participado en diversos proyectos, pero nunca llegaría a escribir ni una sola línea de la colección. El primero, que sólo estaba previsto que se quedara cinco números, acabó por encargarse también de los episodios que Mack tenía asignados, y no sólo de ellos.

 

Ese guionisa se llamaba Brian K. Vaughan y ni siquiera había cumplido los treinta cuando le llegó la oportunidad de Ultimate X-Men. Aficionado a los cómics desde niño, Vaughan fue uno de los talentos que surgió del Stan-Hattan Project, una curiosa experiencia realizada por Marvel Comics y el Departamento de Escritura Dramática de la Universidad de Nueva York entre 1995 y 1996. Tras unos primeros años con pequeños encargos aquí y allá, había brillado con la serie mensual protagonizada por Mística y destacaba en especial por su acercamiento a los superhéroes adolescentes en Runaways. Fuera de Marvel, tenía la colección post-apocalíptica Y el último hombre, para Vertigo, que había cometido el imperdonable pecado de ponerse en marcha antes de que el afán por saber lo que ocurre después del fin del mundo estuviera de moda. Estos dos últimos proyectos, junto con Ex Machina, las aventuras de un alcalde superhéroe que muy pronto iniciaría para Wildstorm, le consolidarían definitivamente como un autor fundamental del cómic estadounidense, así como uno de los pocos que conseguiría saltar al medio televisivo: entre 2006 y 2009 formaría parte del equipo de guionistas y productores de Perdidos, y en 2013 pondría en marcha La cúpula, adaptación de la novela-río del mismo título escrita por Stephen King.

 

Menudo currículum, ¿verdad? Pero, en aquel entonces, en 2004, Vaughan no había alcanzado todavía la categoría de estrella que luego atesoraría. Durante la primera parte de su paso por la serie, la que se recopila precisamente en este volumen, ni siquiera imaginaba que se quedaría durante mucho más tiempo, lo que le serviría como condicionante a la hora de escribir. “La tempestad”, la aventura de ecos shakespirianos con la que se estrenó en la cabecera, se centraba en gran medida en las consecuencias que para los hombres-X había tenido la pérdida de uno de los suyos, La Bestia, acontecimiento que ocurriera en el arco argumental anterior. Al mismo tiempo, Vaughan ponía el acento en personajes secundarios que no formaban parte propiamente dicha del equipo Es así como profundizaba en los nuevos fichajes que llevara a cabo Bendis, toda vez que recuperaba tanto a Rondador Nocturno como a Gambito, quien tendría una participación esencial acto seguido, en una segunda historia con la que el personaje por fin podría entrar en contacto con el equipo y se exploraría su relación con Pícara. Allí estaba uno de los elementos característicos de La Patrulla-X en los años noventa que Vaughan podría explorar desde la perspectiva Ultimate. Fue también en esta década en la que fijaría la vista de cara a la utilización de villanos, de manera que brindaba la llegada de Mister Siniestro, el que quizás sea el enemigo de los mutantes que más cambios ha presentado con respecto a su versión original. A lo largo del guión, Vaughan se reservaba un montón de guiños hacia los lectores clásicos, desde alusiones a “La masacre mutante” a un cameo de nada menos que las criaturas de El Nido, disfrazadas de enemigo virtual de la Sala de Peligro. Sólo en la aventura con Gambito en primer término se permitiría recurrir a villanos clásicos, aunque no se tratara de los más famosos entre los aficionados: los hermanos Fenris, hijos del Baron Wolfgang Von Struckerque, en lo que respecta a la continuidad tradicional, debutaron en Uncanny X-Men #194 USA (1985) y a los que les otorgó un llamativo giro argumental.

 

El propio guionista confesaría que su labor en Ultimate X-Menfue uno de los trabajos más difíciles que acometió en aquel momento de su carrera: no eran personajes que hubiera creado él, como sí ocurría con Yorick, de Y el último hombre, Mitchell Hundred, el protagonista de Ex Machina, o los chicos de Runaways. En lo que coincidiría con éstos es en el objetivo de conseguir una buena historia, frase que firmaría cualquier guionista en el periodo de promoción de su obra, pero que en su caso se cumplió al pie de la letra. La etapa iría de menos a más, conforme Vaughan se fue haciendo con los personajes y fueron cambiando los dibujantes que le cayeron en suerte. En un principio, tuvo a Brandon Peterson, un artista más dado a la espectacularidad que a la introspección, al que le siguió nada menos que Andy Kubert, uno de los hermanos Kubert, que habían participado en el lanzamiento de Ultimate X-Meny con el que la serie alcanzaría su medio centenar de entregas.

 

En ese momento, el trabajo de Vaughan había recibido tales aplausos que incluso se le señalaba ya como el hombre que pondría en limpio las palabras de Singer cuando éste al fin apareciera, algo que jamás llegó a suceder. Muy pronto firmaría con Warner Brothers para dirigir Superman Returns, lo que enfadó a 20Th Century Fox, donde no se mostraron flexibles a la hora de esperar su regreso a tiempo para dirigir X-Men 3. Con su salida de la superproducción mutante, simplemente se olvidó la opción de que algún día escribiera Ultimate X-Men. Por suerte, cuando se hizo evidente que nunca lo haría, la serie estaba en las estupendas manos de Vaughan, el guionista provisional que se convirtió en permanente.

 

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ULTIMATE X-MEN 5: EL MUNDO COMO PREMIO

2003 fue un año en el que grandes proyectos que habían comenzado algún tiempo atrás llegaron a su final. En cines, concluyeron trilogías tan importantes como las de Terminator, Matrixy El señor de los anillos. En lo que a Marvel respecta, se puede dar por terminada la época de experimentación con la que había arrancado el siglo. Asentadas sus grandes franquicias fílmicas (Spider-Man y X-Men), los acuerdos que estaban cristalizando con algunas productoras dieron lugar al salto de personajes menos populares, como Hulk o Daredevil. Todavía faltaba un tiempo para que Bill Jemas, el presidente de la editorial, que había erigido el riesgo por bandera, abandonara Marvel, pero lo cierto es que su influencia ya estaba en caída libre, mientras que Avi Arad, en lo más alto de la cadena alimenticia de La Casa de las Ideas, buscaba una fórmula para llevar a cabo el recambio de la forma más discreta posible.

 

Los movimientos alrededor del Universo Ultimate ejemplifican este cambio de época. Había sido el proyecto más ambicioso de Jemas y aquél que había ofrecido mejores resultados a Marvel, pero lo cierto es que, una vez asentada la línea, en la editorial se proponían llevar sus presupuestos de relevancia y espectacularidad a las publicaciones más clásicas, un movimiento que enseguida se consumaría con el fichaje de Joss Whedon para escribir Astonishing X-Meny el salto de Brian Michael Bendis a Los Vengadores. Hasta entonces, el Universo Ultimate había estado orquestado alrededor de Bendis y de su compañero Mark Millar. A partir de ese momento, ambos consagrarían sus esfuerzos al Universo Marvel convencional, el primero a través de la renovación de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra, el segundo con impresionantes etapas en Lobezno y Spiderman.

 

Bendis amaba Ultimate Spider-Man por encima de todas las cosas y mientras estuviera dispuesto a seguir escribiéndola, en Marvel no tenían inconveniente en que así fuera. El caso de Millar era bien distinto. La filosofía de la que siempre había presumido es que no permanecería en ninguna serie más allá de lo estrictamente necesario. Para el escocés, la medida perfecta era un año de tebeos. En ese margen, daba tiempo a narrar aventuras tan intensas como espectaculares. Es lo que haría, de hecho, con el mutante de las garras de adamántium y con el trepamuros. Pese a que algunas habían señalado las semejanzas entre Millar y Bendis, eran más destacables sus diferencias. Mientras el primero volaba por libre, el segundo, quien lo iba a decir del que fuera uno de los mayores abanderados de la independencia en el cómic, se introduciría hasta la cocina en el engranaje de La Casa de las Ideas.

 

Lo sorprendente, por tanto, no fue que Mark Millar abandonara las labores literarias de Ultimate X-Men una vez concluido el tercer año de vida de la serie, sino que un culo inquieto como él tardara tanto en hacerlo. En aquel momento, el título seguía instalado en unas excelentes cifras de ventas, que todavía mejoraban más con el lanzamiento de tomos recopilatorios en los más diversos formatos. Millar recuerda que los ingresos que le llegaban por los mutantes eran extraordinariamente elevados, pero decidió que era el momento de dejarlo, por más que todos los que le rodeaban dijeran que estaba loco y por más que se hubiera encariñado con los personajes. Se sentía un tanto como Peter Jackson, el director de la trilogía de El señor de los anillos, satisfecho por llegar al final pero melancólico por despedirse de sus compañeros de camino. No es extraño que la última saga recibiera el título de “El retorno del rey”, en claros paralelismos con el último largometraje de la trilogía de los anillos: la lectura metalingüística era evidente. Pero “El retorno del rey” hacía alusión también a la vuelta del primer y esencial villano de La Patrulla-X: Magneto se disponía a lanzar su órdago definitivo contra la humanidad, algo que venía cocinándose desde muchos números atrás y que permitiría a Millar enlazar su historia con todos los grandes temas que había utilizado hasta ese momento, sin renunciar tampoco a su idea de que cada arco de Ultimate X-Men respondía a la manera en la que él veía las películas de Bryan Singer y cómo éstas podían dar un paso más allá en el papel impreso

 

Todo había empezado como en el cómic original de Stan Lee y Jack Kirby, con el enfrentamiento dialéctico entre Charles Xavier y Magneto acerca de la posición de los mutantes con respecto a la humanidad. Estaba el pacifista Xavier y el terrorista Magneto, y con eso Millar había compuesto una melodía que, partiendo de un modelo escrito en los años sesenta, conseguía ofrecer una parábola sobre la época moderna. Como si de un blockbusterveraniego se tratara, “La gente del mañana” finalizaba con una gigantesca explosión de la que cabía inferir la muerte de Magneto. Sin embargo, al final de “Regreso a Arma-X”, el siguiente volumen de la serie, Xavier reveló que Magneto seguía con vida y que formaba parte de la siguiente fase de su plan de integración de los mutantes en la sociedad. El mentor de La Patrulla-X demostraba, como ocurría en las películas de Singer, una fe inquebrantable en sus semejantes, incluso en aquellos que se habían demostrado más allá de toda redención. Y sí, el Magneto desprovisto de sus recuerdos parecía haber dejado atrás el odio… Pero el espejismo duró tanto como la amnesia. Recuperada la memoria, el villano volvía a golpear, lo que llevaría al choque de La Patrulla-X contra los Ultimates en “Ultimate War”, y de ahí a la aventura que nos ocupa, en la que Magneto se lanza a la dominación global.

 

El espectáculo pirotécnico está ahí, trazado con maestría por Millar a través del gigantesco arte de los dibujantes: Adam Kubert, el artista con el que arrancara el proyecto, y David Finch, aquél que se quedaría aquí tras la marcha del escritor. Por encima de los fuegos de artificio, “El retorno del rey” es la historia de dos amigos que se han distanciado lo indecible. Al contrario que el Magneto cinematográfico que luego mostraría X-Men: Primera generación, que recorre el camino hacia el lado oscuro como consecuencia de su tragedia vital y que, aún siendo responsable de la discapacidad de Xavier nunca pretendió causarla, el Magneto de Millar ha borrado cualquier rasgo de humanidad, y el momento que marca tal renuncia se produce cuando no sólo vuelve la espalda a Xavier sino que se decide a eliminarlo. Primero de muchos intentos: mientras Erik siempre tratará de acabar con su vida, Xavier siempre tratará de recuperar al amigo que una vez tuvo, y quizás sea su mayor error porque, como bien intuye el lector, Magneto está más allá de la redención. Es el villano definitivo de esta Patrulla-X definitiva, algo que demuestra con cada uno de sus actos, refinadas maneras de acabar con sus enemigos revestidas de una falsa nobleza.

 

“El retorno del rey” señala un brillante final a una época irrepetible. A Ultimate X-Mentodavía le quedarían grandes momentos por ofrecer a los lectores, algunos de la mano de un Bendis que aceptó caballerosamente sustituir al que había sido su compañero durante esos trascendentales años. No obstante, estos mutantes nunca llegarían a brillar tanto, ni La Patrulla-X nunca sería tan icónica y esencial como cuando Millar guiaba su destino.

 

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ULTIMATE X-MEN 4: EL EXORCISMO DE JEAN GREY

¿Cómo adaptar, actualizar, homenajear e incluso superar una de las mejores aventuras de la historia del cómic, reconocida mundialmente como la cúspide de las sagas del Universo Marvel en general y de La Patrulla-X en particular? Con mucho cuidado, pero sin miedo al fracaso. Con mucho talento, consciente de que se está emulando a dos genios del Noveno Arte, como fueran Chris Claremont y John Byrne en su mejor momento creativo, y con unas gotitas de ego, algo que no puede decirse que le falte a Mark Millar.

Corría 2003, y Ultimate X-Men ya se había consolidado como uno de los cómics más rompedores que podía encontrarse en el mercado. La cabecera conseguía caminar por el delicado filo en el que confluía el atrevimiento y la personalidad de Millar a la hora de narrar epopeyas superheroicas, el homenaje al concepto original de los mutantes de Marvel y la referencia a las adaptaciones que estaba llevando a cabo el Séptimo Arte. El 2 de mayo se estrenaría la segunda parte de la franquicia, aunque en Marvel ya tenían una idea bastante aproximada de que no sólo abordaría el tema de Arma-X, motivo que había llevado a Millar a ofrecer su propia versión de la historia en el segundo arco argumental de Ultimate X-Men, sino que habría sorpresa final: algo relacionado con Jean Grey. La admiración que Bryan Singer había confesado hacia El imperio contraatacapermitía aventurar la posibilidad de un final en continuará, y que ese continuará no fuera otro que el nacimiento de Fénix. El tema estaría ahí, por lo que convenía acometerlo cuanto antes también en la versión definitiva de los cómics, y que la ocasión coincidiera con la llegada al #25 USA se antojaba como una excelente manera de celebrarlo.

 

Millar era consciente de que Singer y los suyos, de cara a tomar la saga original como referencia, aplicarían el mismo método utilizado con anterioridad: quedarse únicamente con aquello que les pudiera servir a su idea realista y relevante de los mutantes. Era, de hecho, lo que él mismo venía haciendo en Ultimate X-Men, así que no había nada que objetar, puesto que su proceso creativo era muy similar, cuando no idéntico. En la continuidad tradicional, Jean Grey se había transformado en Fénix en Uncanny X-Men#101 USA(1976. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-Xnº 1), como consecuencia de un trauma que le llevaba a forzar sus habilidades al máximo. De haber sido el eslabón débil del equipo, había pasado a alzarse como la equivalente a Thor en Los Vengadores: el miembro más poderoso, el que podía resolver las situaciones complicadas. Pero en realidad Chris Claremont y John Byrne trataban de narrar una metáfora sobre la perversión del poder. En una larga trama argumental, llevaron a Jean a la locura, hasta el punto de que aniquiló toda una civilización alienígena. El imperio galáctico de los Shi’ar se propondría entonces eliminarla, pero Jean acabaría el trabajo por sí misma, al suicidarse en el mítico Uncanny X-Men#137 USA (1980. MG: IPX nº 2). Revisiones posteriores de la historia servirían para señalar a Fénix como una fuerza de la naturaleza, que se encarnaba a través de un huésped, e incluso se llegaría a resucitar a Jean Grey, en un abracadabrante episodio del que la propia Casa de las Ideas se arrepintió al cabo del tiempo.

 

Con todas esas complejidades alrededor de la historia, Millar empezó a escoger todo aquello que le resultaba relevante y desechar todo lo demás. En su historia no tendrían cabida ni alienígenas ni giros argumentales absurdos, algo que ya había apuntado Singer que también eludiría en las películas. En cambio, el concepto de ente incorpóreo que se encarna en una persona elegida sí que lo consideraba capital. Donde Claremont había visto una entidad cósmica, Millar pensaba mejor en una posesión demoniaca, en línea con El exorcista, el filme de 1973 basado en la novela del mismo título escrita dos años antes por William Peter Blatty. Jean Grey bien podía ser alguien que hubiera pasado por un trauma similar al de la protagonista de la película. Charles Xavier habría hecho las veces de exorcista en el pasado… Pero ahora los demonios volvían con más fuerza que nunca, lo que conduciría al guionista al siguiente paso dentro de la trama. ¿Por qué? Ahí estaba el Club Fuego Infernal, la organización que en el cómic original había propiciado la locura de Jean, encajaba en sus propósitos. Veinte años atrás, “A Touch Of Brimstone”, un episodio perteneciente a la cuarta temporada de la mítica serie inglesa de Los Vengadores emitido en 1966, había servido de inspiración a Claremont y Byrne. En él se presentaba a una sociedad compuesta por ricos y acaudalados que vestían de época y planeaban el asalto al poder. En su traslación al cómic, se añadió el detalle de que fueran mutantes, pero se mantuvo el aspecto decadente de sus miembros, incluida una Jean Grey a la que vestían con un espectacular y lascivo corsé negro, que en 1980, momento de publicarse “La saga de Fénix Oscura”, impresionó mucho a los lectores. La versión Ultimate del Club no se alejaría demasiado de eso. Más aún, profundizaría en las raíces arcaicas de la idea. Otro elemento que Millar quiso respetar fue la llegada de Kitty Pryde, la integrante más joven de La Patrulla-X, cuya presentación en Ultimate X-Menes casi literal con respecto a la que se llevó a cabo en Uncanny X-Men #129 USA.

 

Y por si fuera poco, el drama particular de Jean Grey no serviría sino para conectar, sin un minuto de respiro, con otro evento de proporciones descomunales: el primer gran crossoverentre personajes del Universo Ultimate. Anteriormente, Spiderman ya se había encontrado en el camino de muchos de sus colegas superheroicos, en las páginas de Ultimate Marvel Team-Up, pero Millar quería ir un paso más allá: recuperar el espíritu de los primeros choques entre los grupos de La Casa de las Ideas, cuando todavía no se conocían entre ellos y cualquier excusa era buena para que se produjera una monumental batalla. Como todo tiene que ser grande en la imaginación del escocés, la excusa era un atentado terrorista perpetrado por cierto villano mutante, que guardaba grandes ecos con los ataques del 11-S, muy frescos en la memoria mundial apenas dos años después de haberse producido. Fue la manera en que los Ultimates se enfrentaran contra La Patrulla-X, en una historia en cuatro episodios que, dada su importancia capital, se decidió extraer de la cabecera de este último grupo, aunque estuviera plenamente integrada en los acontecimientos que se estuvieran desarrollando en ella, como prueba el hecho de que siempre se haya recopilado conjuntamente con la misma, como ocurre en este volumen.

 

Pero Ultimate Wartampoco marcaría un punto y final, todo lo contrario: asentaría las bases para el último arco argumental de Ultimate X-Menescrito por Mark Millar, una despedida apoteósica de una etapa que, como aquélla de Claremont y Byrne con la que compartía tantas semejanzas, no hacía sino aumentar el riesgo de sus apuestas con cada paso que daba.

 

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ULTIMATE X-MEN 3: MUTANTES POR EL MUNDO

Uno de los elementos que popularizó a La Patrulla-X a finales de los años setenta fue su querencia viajera, la manera en la que el destino les conducía a los más exóticos y variopintos lugares. A lo largo de un largo ciclo argumental que, en cierta forma, rememoraba la etapa que hubieran firmado un lustro antes Roy Thomas y Neal Adams, los mutantes viajaron primero a la Antártida, luego a la Tierra Salvaje, acto seguido a Japón, para luego pasar por Canadá, regresar momentáneamente a casa y, finalmente, llegar hasta Escocia, mientras se enfrentaban a circunstancias diferentes en cada lugar, lo que incluía a algunos de los peores villanos con los que se hubieran encontrado nunca.

 

El primero fue su archienemigo Magneto, pero luego pasaron a encontrarse con otros menos conocidos, como Garokk o Moses Magnum; a chocar contra Alpha Flight, el grupo canadiense que quería llevar a Lobezno de vuelta a su país; a ser aprisionados por Arcade, un asesino a sueldo con un desquiciado sentido del humor; para llegar, al fin, al encuentro con Proteo, el que llegó entonces a considerarse la peor amenaza a la que se hubiera enfrentado jamás La Patrulla-X, en unos dramáticos y electrizantes episodios que merecieron el Premio Eagle y refrendaron a Uncanny X-Mencomo “la colección a seguir”.Aquellos tebeos, que están publicados en castellano en los dos primeros tomos de la colección Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X, siguen marcando hoy en día cuál es el espíritu a seguir por aquellos autores que se hagan cargo de los mutantes.

 

Como responsable de la recreación de los mitos mutantes a través de Ultimate X-Men, Mark Millar era consciente de la manera en la que ese periplo había servido para ampliar la esfera de acción de La Patrulla-X y abrirla al mundo entero, por eso, en cuanto tuvo oportunidad de hacerlo, quiso reproducir el concepto, aunque desde su propia perspectiva. Así, si el primer arco argumental (Ultimate X-Men: La gente del mañana), seguía el espíritu y el tono de la primera película de Bryan Singer y el segundo (UXM: Regreso a Arma-X) se adelantaba a lo que podría ofrecer la secuela, en la siguiente aventura que habría de acoger la serie quiso volver a las fuentes originales, si bien es cierto que Singer había mencionado a Proteo como su villano favorito, lo que le colocaba en primera línea de salida para convertirse en el villano de X-Men 3… Algo que sin embargo nunca ocurrió, ante el abandono de la franquicia cinematográfica por parte del director. En todo caso, y fiel al espíritu de la Línea Ultimate, Millar partió de los elementos básicos con los que habían contado Chris Claremont y John Byrne en su momento para, a continuación, llevar la narración a su terreno, concibiendo en el proceso una historia completamente nueva, que obedecía a una motivación surgida del camino hacia donde había encaminado la serie hasta entonces.

 

Porque Millar ya había apuntado en “La gente del mañana” que Charles Xavier se proponía extender su discurso hasta los confines de la Tierra, que quería hacer ver a la humanidad que los mutantes podían y debían formar parte de ella. Era la “Fase Dos”, de la que el mentor de La Patrulla-X había hablado a Cíclope en la última página de la mencionada aventura. En concreto, se trataba de realizar una gira mundial en la que Xavier presentaría el libro en el que proclamaba la igualdad de las razas y sus deseos de coexistencia, pero sobre todo en la que daría a conocer a sus alumnos, no como el peligro con el que habían sido identificados, sino como la fuente de esperanza en que habían llegado a convertirse bajo sus enseñanzas. Al contrario de lo que sucedía en la saga original, en la que el viaje aparecía como una circunstancia forzada por elementos externos incontrolables, en esta revisitación modernista son los propios mutantes quienes deciden salir del caparazón y, a la par que se proclaman como protectores de la humanidad, se presentan como el equivalente a estrellas de rock, de ahí que el título de la aventura no pueda ser más acertado.

 

Londres, San Petersburgo, Berlín, el mar de Barents… Esta es la ruta tomada por La Patrulla-X Definitiva, en la que destaca, por encima de cualquier otro destino, el de Escocia, la tierra natal del propio Millar, quien no se resiste a ofrecernos su particular visión del lugar que mejor conoce, no siempre agradable, pero sí salpicada de cariño. Es allí donde se sitúa un enclave muy especial para el homo superior, la Isla Muir, lugar imaginario del Universo Marvel donde encontramos a Moira McTagger. La que fuera amor de juventud de Xavier es también la mayor genetista sobre la faz de la Tierra… Así como la madre de Proteo, ese villano fundamental al que nos referíamos antes.

 

Mientras que Adam Kubert se ocupa del comienzo de la saga, es un nuevo dibujante, Chris Bachalo, quien se encarga de la parte relativa a Proteo. Aquí se conjugaron varias circunstancias que hicieron necesario el relevo. La previsión inicial para Ultimate X-Men pasaba porque Andy, el hermano de Adam, se alternara con éste siempre que fuera necesario. El editor de la cabecera, Mark Powers, había trabajado con ambos durante largos años, dentro de la Franquicia Mutante convencional, de manera que era plenamente consciente de la necesidad de tales suplencias, puesto que sabía de la lentitud de Adam a la hora de acometer sus encargos. El problema es que, tras las primeras alternancias entre los dos hermanos, Andy, el menor de ellos, fue requerido por la dirección de Marvel para un ambicioso proyecto, Lobezno: Origen, con el que La Casa de las Ideas se atrevía a desentrañar la génesis de uno de sus más populares personajes. Con Andy fuera de la ecuación, en lugar de buscar algún dibujante que imitara el estilo de Adam, se optó por recurrir a Bachalo, que se encontraba en las antípodas de los Kubert, pero cuyo estilo caricaturesco y oscuro, aunque también espectacular, contribuiría a aportar un tono terrorífico a Proteo, cuyos poderes invitaban al escalofrío del lector. El resultado final hace de “Gira Mundial” la aventura de Ultimate X-Menmás inusual de todas: contiene el alto grado de acción, emociones y diálogos afilados a los que nos tiene acostumbrado Millar, pero se interna en la senda de lo siniestro y pesimista, algo a lo que contribuye su pesimista conclusión. El mensaje que subyace debajo del armazón viene a decirnos que La Patrulla-X representa la esperanza, pero lo hace en un mundo inundado por terribles fuerzas capaces de sumergirlo en las tinieblas.

 

El volumen se completa además con una pequeña historia, de apenas dos números, con un equipo invitado, el que forman Chuck Austen, escritor que acabaría por tener una larga y polémica etapa dentro de la Marvel de principios del siglo XXI, y Esad Ribic, titán del cómic que ya había tenido oportunidad de acercarse a los mutantes, en La Patrulla-X: Hijos del átomo. Ambos presentan a Gambito, un aventurero cuyo rumbo estaba destinado a encontrarse con el de los alumnos de Xavier.

 

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 3

ULTIMATE X-MEN 2: LAS ENTRAÑAS DE ARMA X

Para el segundo arco argumental de Ultimate X-Men, Mark Millar se propuso sumergirse en los orígenes de Lobezno. El guionista no hacía sino seguir un orden de prioridades que venía marcado por la primera película de los mutantes, en apenas unos pocos segundos de metraje, durante los que la Jean Grey cinematográfica “conectaba” con unos recuerdos de Logan ocultos dentro de su memoria. La escena mostraba al personaje sumergido en un tanque acuático, durante la operación en la que sus huesos se recubrían con el adamántium. No había mucho más, lo que precisamente acrecentaba la curiosidad de los espectadores ante el que se reveló como el más carismático de los hombres-X. ¿De dónde venía Lobezno? ¿Por qué clase de horrores había pasado? ¿Y por qué no recordaba nada de todos ellos? Corría 2001 y por aquel entonces los realizadores del filme ya habían decidido que X-Men 2trataría de responder a esas preguntas.

 

Ahí los aficionados que se conocían al dedillo los cómics Marvel tenían una gran ventaja. Porque los escasos fotogramas del tanque acuático de inmediato traían el recuerdo de una historia fundamental, Lobezno: Arma-X, escrita y dibujada por el genial Barry Windsor-Smith en 1991. Con ella, quedó al descubierto un misterio que había durado varios lustros. Y es que Chris Claremont, el que había sido casi el único guionista de las historias de Lobezno desde que se convirtiera en miembro de La Patrulla-X, poco después de su debut en Incredible Hulk#180 y 181 USA (1974), estimaba que el principal interés del héroe residía, precisamente, en que nadie supiera gran cosa sobre su vida previa. Arma-Xresolvió muchas de las dudas, hasta posicionarse entre las historias favoritas del fandom. En sus páginas, ambientadas en un pasado sin determinar, se narraba la manera en la que las actividades clandestinas de Logan en Canadá habían llamado la atención del jefe de un proyecto gubernamental secreto. Sus agentes le habían secuestrado, para llevarle a un lugar en medio de la nada donde era sometido a los experimentos necesarios para convertirlo en una verdadera máquina de matar.

 

Con la perspectiva de que X-Men 2narraría la lucha de Lobezno y La Patrulla-X contra el renacido Arma-X, Millar decidió adelantarse al cine, de manera que en el segundo arco argumental de Ultimate X-Men presentaría su propia versión de todo ello. El guionista podría escoger aquellos elementos que le resultaran interesantes, descartar los que considerara superfluos y añadir otros que estimara oportunos. El más interesante de todos ellos, probablemente, consistiría en que Arma-X no sería un viejo recuerdo de un tiempo remoto; no se presentaría como esa sucia operación clandestina que habría sido desmantelada por el propio gobierno mucho tiempo atrás. En el escenario en que se movían los mutantes definitivos, con una guerra abierta contra el homo superior que apenas sí había logrado sofocar el Profesor Xavier y sus pupilos, la idea de que Arma-X estuviera plenamente activo y en funcionamiento resultaba de lo más sugerente, ya que ahondaba en la posición de los mutantes dentro de este nuevo mundo. De cara a la opinión pública, las autoridades les presentaban como amenazas que hay que detener, mientras que en secreto les utilizaban como armas humanas para llevar a cabo actividades clandestinas y criminales. Era, por tanto, la oportunidad perfecta para dar a presentar algunos de los personajes que venían reclamando con insistencia los lectores desde el comienzo de Ultimate X-Men. Millar puso el acento en la llegada de dos mutantes que estimaba imprescindibles.

 

El primero de ellos era Pícara, la atractiva mujer-X que absorbe la memoria y los poderes de aquellos con los que entra en contacto físico. Veterana del cosmos mutante desde mediados de los años ochenta, la película había simplificado muchas de sus características y alterado radicalmente otras. Por ejemplo, en los cómics clásicos, Pícara tiene un pasado como integrante de La Hermandad de Mutantes Diabólicos, fue criada por Mística y se encuentra en la veintena. Para llevarla al cine, Bryan Singer tomó algunos aspectos de Kitty Pryde, como su adolescencia y su sentimiento filial hacia Lobezno. Entonces, ¿qué hacer en la versión Ultimate? Millar optó por integrar a Pícara dentro de Arma-X, aunque fuera en contra de su voluntad, lo que enlazaba con el pasado criminal del equivalente clásico.

 

El segundo mutante que el escritor estaba interesado en agregar era Kurt Wagner, también conocido como Rondador Nocturno. Aquí, nuevamente, se adelantaba a aquello que mostraría X-Men 2, donde Kurt sería controlado y utilizado por Arma-X para atacar a la Casa Blanca, en el espectacular arranque del filme. Pese a que Rondador fuera uno de los personajes favoritos de los aficionados, los productores habían prescindido de él en el primer largometraje, por lo que Millar tampoco había estimado incluirlo en el arranque de Ultimate X-Men. Pero, una vez llegado el momento de expandir la saga, se presentó como una de las primeras necesidades a cubrir.

 

En cuanto a los nuevos enemigos de La Patrulla-X que formarían parte de Arma-X, además del cruel Coronel John Wraith y del insensible Doctor Abraham Cornelius, que dirigían la agencia, Millar recurrió a varios villanos clásicos: el principal de ellos era Dientes de Sable, eterno rival de Lobezno que ya había conocido la gloria cinematográfica en el primer X-Men. También cabía señalar a Juggernaut, del que Adam Kubert realizó un espectacular rediseño. Pero quizás la más sorprendente inclusión de esta historia habría que buscarla en Nick Furia, el Director de SHIELD, quien realizaría su debut en el Universo Ultimate en Ultimate X-Men#8 USA, con un inesperado cambio en el color de su piel con respecto a lo que podía verse en los cómics clásicos: ¡El Nick Furia definitivo era de raza negra! En el horizonte, ya estaba planeado que el personaje jugaría un papel fundamental en The Ultimates, donde Bryan Hitch lo dibujaría con el aspecto de Samuel L. Jackson. Mientras tanto, Tom Raney, un artista que se ocupó, de manera interina, de un episodio de Ultimate X-Men, tendría el honor de ilustrar su debut, aunque a tenor del resultado, es bien posible que ignorara la intención de que Furia recordase al protagonista de Pulp Fiction.

 

Con “Retorno a Arma-X”, el mundo de los mutantes definitivos comenzaba a expandirse, a la par que la conclusión de la aventura desvelaba un hecho cierto: lo mejor estaba todavía por llegar.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 2

 

 

ULTIMATE X-MEN 1: EL CAMINO HACIA EL MAÑANA

La línea Ultimate pasó por un largo proceso de trabajo previo antes de ver la luz. Tanto Bill Jemas, presidente de Marvel y padre del concepto, como Joe Quesada, el Director Editorial de La Casa de las Ideas, tenían claro que el nuevo sello debía asentarse sobre dos grandes titanes, que a su vez eran los personajes más populares de la editorial: Spiderman y La Patrulla-X. Gracias a que Brian Michael Bendis se sumó al proyecto, el reto de reinventar al Hombre Araña pudo superarse de manera sobresaliente. Sin embargo, en la editorial se antojaba mucho más complicado trasladar los presupuestos de la Marvel Definitiva a un concepto cuya naturaleza misma es el cambio.

La Patrulla-X original nació en 1963 de la mano de Stan Lee y Jack Kirby. El concepto de los mutantes, seres que adquirían sus habilidades especiales al nacer, como consecuencia de una modificación genética, no era extraño dentro de la ciencia ficción, pero el gran patriarca Marvel le dio una orientación innovadora: los humanos convencionales temían, odiaban y rechazaban a estos mutantes, al considerarlos como el escalón evolutivo que un día habría de sustituirlos. Frente al discurso de coexistencia pacífica que avalaba el telépata Charles Xavier a través de cinco jóvenes con variopintos poderes, se posicionaba Magneto, decidido a aplastar a la humanidad en lugar de ayudarla. Tal planteamiento tenía ecos de las diferentes posturas alrededor de la lucha de los negros por conseguir los mismos derechos que los blancos, polarizada durante aquellos primeros años sesenta por la figura, pacífica y dialogante, de Martin Luther King, y por la frentista y radical de Malcom X.

 

La profundidad del mensaje que proponía el cómic nunca llego a calar entre los lectores, de manera que La Patrulla-X fue decayendo en ventas hasta su práctica desaparición. Fue ya a mediados de la década de los setenta, con el renacimiento del grupo a través de una formación internacional que incluía personajes como Lobezno, Tormenta, Coloso y Rondador Nocturno, y mediante las historias, complejas a la par que épicas, tejidas por el guionista Chris Claremont junto a los dibujantes Dave Cockrum, John Byrne o John Romita Jr., cuando los mutantes de Marvel alcanzaron un éxito monumental. Con el paso del tiempo. La Patrulla-X se extendió a toda una franquicia de series, luego dio el salto a la televisión y posteriormente a la gran pantalla de cine.

 

En la trayectoria de los mutantes de Marvel habían tenido cabida, por lo tanto, diversas perspectivas del concepto inicial. El supergrupo de chavales estadounidenses de los inicios poco tenía que ver con el que viera la luz una década después, y éste a su vez también se alejaba de las intrincadas tramas propias del cambio de siglo, con los mutantes repartidos en multitud de grupos y colecciones, cada una con su orientación diferenciada del resto. Un espectador que disfrutara de la película no tendría la menor idea de cómo acercarse a los cómics de mutantes.

 

En la editorial querían evitar por todos los medios ese escenario, de manera que, antes de que el filme llegara a las carteleras, comenzaron a trabajar en Ultimate X-Men. Y no fue nada fácil. Brian Michael Bendis, el responsable literario de Ultimate Spiderman, era quien debía materializar el proyecto, que estaría dibujado por el español Salvador Larroca. ¡Pero ambos autores se quedaron por el camino! Tras dar vueltas al asunto, Bendis estimó que no era capaz de encontrar “la voz de los personajes” con la misma intensidad con la que se había hecho con la de Spiderman, por lo que prefirió renunciar antes de que la nave encallara. En cuanto a Larroca, en el tiempo que pasó hasta que por fin se pudiera poner en marcha la serie, acabó por incorporarse a otra colección, por lo que tampoco estimaba oportuno permanecer a bordo. No obstante, antes de irse dejó un buen número de diseños, en los que combinaba “la estética Matrix” que se vería en la película con el tono de los hombres-X clásicos. El trabajo era tan formidable que sería utilizado en su mayor parte.

 

Y entonces llegó Mark Millar, el más atrevido guionista del panorama estadounidense, un escocés que estaba rompiendo con todos los clichés de los superhéroes. Lo hacía en las páginas de Authority, un cómic de la independiente Image que había heredado de las manos del polémico Warren Ellis y al que había conseguido llevar incluso un escalón más allá de donde lo dejó su creador. Authorityera la mezcla perfecta de espectáculo sin límites, protagonistas de carisma insuperable y tramas audaces con un cierto trasfondo político que las hacía relevantes. Parecía haber nacido para escribir Ultimate X-Men, aunque entre sus lecturas de cabecera no se encontraran precisamente los mutantes. Nada más ser fichado por Marvel, puso multitud de ideas encima de la mesa. La que se llevó el visto bueno de los editores se alejaba bastante de lo que cabía esperar. Consistía en que La Patrulla-X fuera un grupo de mutantes al servicio del presidente de Estados Unidos que debería combatir la amenaza del terrorista Magneto. El primer número comenzaría con una misión de alto riesgo en Oriente Medio, con Jean Grey, Cíclope, La Bestia… ¡Y Mística! formando parte del grupo. El espectacular Adam Kubert incluso había dibujado unas cuantas páginas, y entonces…

 

…Entonces llego el 17 de julio de 2000: El estreno en cines de X-Men. Ni siquiera en Marvel estaban seguros de cómo funcionaría la película, pero lo hizo excepcionalmente bien: más de 54 millones de dólares recaudados sólo en Estados Unidos durante el primer fin de semana. Fue el dato que supuso una revolución dentro de La Casa de las Ideas, pero también en lo que a Ultimate X-Mense refiere: los planes que tenían diferían demasiado de la película. Había que empezar de nuevo.

 

Millar tiró a la basura su enfoque militarista, para cambiarlo por el de “mutantes a la carrera”. En este mundo, las autoridades persiguen a todo aquel que tenga “algo malo” en su ADN. Hay un psicópata aterrador llamado Magneto que quiere reclutar a esos jóvenes fugitivos para su guerra contra la humanidad… Y sólo se le opone un hombre en silla de ruedas, que ha logrado convencer a un puñado de chavales para que se unan a su sueño de paz. El argumento simplificaba al máximo décadas de cómics al tiempo que mantenía un hermanamiento con la película allá en lo que fuera necesario: en el tono inteligente de la narrativa o en la elección de héroes y villanos. No obstante, Millar también se tomó cuantas libertadas estimó oportunas. Frente a las limitación presupuestaria del filme, no había desafío demasiado grande para el lápiz de los hermanos Kubert, Adam y Andy. Ultimate X-Men, por tanto, ofrecería todo lo que los espectadores se habían encontrado en el cine, pero también mucho, mucho más: gigantescos robots Centinelas pisando las calles de Nueva York, increíbles batallas a lo largo del planeta, giros argumentales completamente inesperados… Y un Lobezno como nunca antes se había visto.

 

El resultado fue un auténtico bombazo desde el momento de su lanzamiento. Si Ultimate Spidermanhabía logrado conquistar el corazón de los lectores unos meses antes, Ultimate X-Menles metería el corazón en un puño. La gente del mañana estaba aquí. Y el mañana ya era hoy.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 1

EL VIEJO OJO DE HALCÓN 1: VER PARA CREER

¿Cómo llegó Ojo de Halcón a quedarse ciego? El camino que conduce a El Viejo Logan se narra con todo detalle en esta nueva maxiserie, que ha venido a sustituir en Estados Unidos a la cabecera dedicada a Kate Bishop mediante una ruptura total de planteamiento: el protagonismo regresa sobre la figura de Ojo de Halcón, pero no es el Clint Barton joven y pendenciero de la actualidad del Universo Marvel, sino la figura trágica que murió en Los Baldíos. Marvel ha decidido retomar el personaje ante el éxito que rodea a todo lo que se cuece alrededor de El Viejo Logan, sobre todo a raíz de la película lejanamente inspirada en el cómic de Mark Millar y Steve McNiven. El proyecto llega hasta nosotros en forma de maxiserie, toda vez que estamos asistiendo a una precuela en toda regla y sabemos el destino que aguarda al prota. Por eso mismo, también sabemos que Clint sobrevivirá a estos doce números, para lamentarlo, ya que en el proceso quedará ciego, porque ha de morir en las páginas del cómic original de El Viejo Logan. En estos doce números no sólo nos vamos a acercar al crepúsculo del mejor arquero del Universo Marvel, sino también profundizaremos en otros detalles del mundo de Los Baldíos, uno de los más sugestivos que ha producido Marvel y del que, pese a todo lo que contaron Millar y McNiven primero y Jeff Lemire y Andrea Sorrentino después, apenas hemos arañado la superficie. 

 

EL GUIONISTA Primera sorpresa: este cómic no ha caído en la órbita de la oficina dirigida por Mark Paniccia, que se encarga de todos los títulos mutantes, pero tampoco lo ha hecho en la de Tom Brevoort, responsable de las cabeceras relativas a Los Vengadores. Y tampoco se encarga de él Sana Amanat, que se ocupara de las anteriores cabeceras de Ojo de Halcón, tanto la de Clint como la de Kate. Entonces, ¿quién se ha llevado al arquero bajo el brazo? Pues Nick Lowe, el jefazo de la Oficina Arácnida… y no nos preguntes por qué. El caso es que el título se encuentra en buenas manos, aunque Lowe ha tomado una decisión un tanto arriesgada, la de confiar el proyecto a un verdadero novato. Ethan Sacks tiene como único guión de cómic en su currículo una pequeña, pero emocionante historia, que se publicó en Imperio Secreto: Un mundo feliz nº 3, centrada en la figura de la hija de Phil Sheldon, el fotógrafo de Marvels, y en cómo convencía ésta a J. Jonah Jameson de que regresara al Daily Bugle. Pese a esta corta bibliografía dentro de la empresa, Sacks conoce de manera concienzuda las entrañas de La Casa de las Ideas. Durante más de diecisiete años, ha cubierto todas las informaciones relativas a Marvel en el New York Daily News, con artículos que se metían hasta la cocina. Entre sus éxitos se encuentra el haber dado la exclusiva de la muerte del Capitán América, en 2007, al tiempo que afirma que el momento de su vida del que se siente más orgulloso fue cuando Stan Lee bautizó a su hija como “una superheroína oficial, con derecho a usar los colores y las insignias de Marvel”. Sacks, que sigue escribiendo en el Daily News, apunta como uno de los más prometedores autores del momento, como bien demuestra este cómic.

 

EL DIBUJANTE Por su parte, Marco Checchetto es ya un veterano artista, residente en Venecia, que a los siete años ya era tan sabio y tan extraordinariamente ambicioso como para estar decidido a trabajar en Marvel. Por sus manos han pasado Daredevil, Spiderman, El Castigador, Los Vengadores, Masacre, el Escuadrón Supremo, La Patrulla-X o Veneno, entre otros muchos. Después de una pequeña temporada desterrado al departamento de licencias de Marvel, regresa por fin a donde se cuecen los cómics verdaderamente importantes de la editorial, y lo hace por todo lo alto, ya que se encuentra en los seis artistas elegidos por el Bullpen como Young Gun para este año 2018, lo que se traduce en una extraordinaria visibilidad y en la promesa de que está a un paso de dibujante estrella. Al respecto de este cómic comentaba lo siguiente a nuestra compañera de Marvel.com Amanda Ames: “Me gusta el fantástico trabajo que Steve McNiven hizo en la serie original, así que he tratado de permanecer cercano a su personaje y a los diseños del lugar. Al mismo tiempo, estoy trabajando duro para crear algo nuevo, y espero que los lectores estén felices con el resultado”.

 

 

Spot On originalmente aparecido en El Viejo Ojo de Halcón nº 1

UN HOMBRE ARAÑA EN TIEMPOS DE GUERRA: SPIDERMAN Y “CIVIL WAR”

La primera vez que se encontraron dos superhéroes de DC Comics, lo que hicieron fue darse la mano y hacerse amigos. La primera vez que dos superhéroes de Marvel cruzaron sus caminos, estalló una pelea entre ellos. Ha seguido siendo así durante toda la historia de la compañía. Mientras en la Distinguida Competencia disfrutan contando tierras alternativas, en La Casa de las Ideas la fuerza motora reside en el conflicto entre sus iconos. La máxima expresión de tal circunstancia llegó con “Civil War”, una macroaventura en la que el Universo Marvel se dividió en dos bandos irreconciliables… y a Spiderman le tocó estar en medio.

 

Decir que “Civil War” es el más ambicioso evento jamás publicado por Marvel no es algo en absoluto exagerado. La aventura se fraguó en unas circunstancias muy particulares, y quizás por eso mismo irrepetibles. Corría 2006, y el sorprendente éxito logrado por The New Avengers de Brian Michael Bendis animaba a Marvel a colocar esa cabecera en el epicentro de todo, un impulso que venía dado por el hecho de que en sus filas militaran, además de miembros clave de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra, Lobezno y Spiderman. A su vez, “Dinastía de M”, evento publicado unos pocos meses atrás, había servido para deshacerse de la política de tolerancia cero frente a ese tipo de historias. Después de un largo periodo de hastío, los lectores volvían a pedir aventuras que implicaran a la totalidad del cosmos conectado de Marvel y se extendieran a través de decenas de colecciones.

 

Ante esa efervescencia, desde la editorial respondieron con “Civil War”, un complejo crossover, coordinado por el editor de las colecciones de Los Vengadores, Tom Brevoort, y cuyo título principal corría a cargo de Mark Millar y Steve McNiven. La propuesta apelaba a algo tan primario en el Universo Marvel como que los superhéroes se pelearan entre ellos, pero añadía una relevancia política a la disputa que arrastró las miradas no sólo del público ya convencido, sino de los medios de comunicación generalistas. En la Marvel de Joe Quesada habían aprendido muy bien a fabricar la clase de noticia que desde un simple medio de entretenimiento como era el de los cómics conseguía saltar la barrera y posicionarse en lo más alto de los informativos. “Civil War” obedecía al objetivo de volver a hacer del Universo Marvel un lugar cohesionado, pero sobre todo impredecible, en que podían ocurrir los más insospechados acontecimientos. Editores y guionistas miraban de soslayo hacia Perdidos, la teleserie de moda, alimentada con misterios, giros argumentales y continuarás constantes, y se dispusieron a trasplantar sus máximas.

 

El equipo de Brevoort diseñó “Civil War” para sembrar en su curso bombas de calculadísima relojería, que estallaran con tanta intensidad que fuera obligado hablar de ellas en los medios. La premisa en sí misma, de héroes peleados a causa de un Acta de Registro de Superhumanos que obligaba a desvelar sus identidades secretas, tambaleaba uno de los grandes tabús del género, aquel que la propia Marvel llevaba un tiempo poniendo en cuestión. La multipremiada andadura de Brian Michael Bendis en Daredevil se basaba en que el Daily Globe descubría al público el verdadero rostro del héroe ciego, un punto de partida con el que alimentó la colección durante cuatro años. A nadie pasó tampoco inadvertido el paralelismo del Acta de Registro de Superhumanos con las leyes restrictivas de la libertad que venía impulsando el Presidente George W. Bush. Fue inevitable señalar al Bando Pro-Registro, el que lideraba Iron Man, como el conservador, mientras que el opuesto, con el Capitán América a la cabeza, era el progresista y el de la defensa de las libertades. Los lectores iban a tener que decidir de qué lado estaban, y aunque ninguno de los autores se posicionó claramente al respecto y Quesada se cuidó mucho de contemporizar, la mayoría de las historias señalaban al Hombre de Hierro como el villano y al Capitán América como el héroe.

 

¿Y Spiderman? El golpe de gracia estuvo en situar al héroe con el que se identificaban los aficionados en una posición basculante y compleja de explicar, máxime si se tiene en cuenta que Millar y McNiven tenían que trabajar con decenas de personajes en la serie central, lo que apenas les dejaba unas pocas viñetas para explicitar la evolución del trepamuros a lo largo de la trama. En cambio, Joe Michael Straczynski disponía de todo el espacio que necesitara en las páginas de The Amazing Spider-Man. El de la Guerra Civil no era un argumento que hubiera diseñado él, y quizás el autor nunca hubiera conducido al personaje por esos caminos, pero una vez tomada la decisión editorial de que así fuera, Straczynski hizo suya la historia. La mayoría de las colecciones de Marvel estaban supeditadas a “Civil War”, seguían su desarrollo en paralelo y añadían valiosa información a la saga, pero pocas resultaron tan necesarias para entender la saga en su magnitud como The Amazing Spider-Man.

 

Así, cuando la Guerra Civil daba comienzo, Tony Stark pedía a su pupilo el mayor de los sacrificios, que iba a tener el mayor de los premios. Peter, un Peter que tomaba la decisión sin ser plenamente consciente de las consecuencias, se equivocaba y decía que sí. Efectivamente, Spiderman se encontraba del lado de los que pretendían que los superhéroes se inventariasen ante las autoridades como si de armas se tratara. Entre quienes conocían a Peter latía la completa certeza de que aquello no podía durar demasiado, de que tarde o temprano habría de llegar el momento en que Spidey cambiara de parecer. Y el precio a pagar sería, por fuerza, altísimo. La cuestión de fondo estaba en las circunstancias y en el momento en que tal cosa sucedería.

 

De no existir la cercanía de Peter Parker con Tony Stark, el lanzarredes con toda probabilidad hubiera elegido el bando a favor de la libertad y de las identidades secretas. Porque si había un héroe que, por encima de cualquier otro, hubiera tratado de mantener separada su vida personal de sus andanzas justicieras, ése era Spiderman. Uno de los grandes tabúes sobre los que siempre habían girado sus aventuras era el hecho de que nadie supiera quién se encontraba bajo la máscara. Eso, a causa de “Civil War”, estaba a punto de cambiar. Y cuando lo hiciera, el mundo del Hombre Araña cambiaría también como nunca lo había hecho.

 

Texto aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 11

ULTIMATE X-MEN: EL RETO OLVIDADO DE BRIAN MICHAEL BENDIS

El término “blockbuster” significa superproducción, y se ha aplicado para denominar a esas películas de elevadas ambiciones comerciales que los grandes estudios suelen programar en la temporada veraniega o navideña. Blockbusters son tanto las monstruosidades de Michael Bay como los más ambiciosos filmes de Marvel Studios, tanto la saga de Harry Potter como la de Batman. El elemento común es la enormidad, que se refleja en todos los aspectos: un reparto con grandes nombres que atraigan a las masas, un gigantesco presupuesto, espectaculares efectos visuales, una trama con multitud de escenarios, escenas complejas y casi imposibles de rodar…

Si hubiera que hablar de blockbusters en la industria del cómic, no hay ningún referente a la altura de la línea Ultimate, presidida por la idea de que cada arco argumental debe de ser, en sí mismo, un gran espectáculo. Miras las aventuras de los Ultimates, y no tienen nada que envidiar a un estreno de 200 millones de dólares. Te fijas en las diferentes sagas de Ultimate X-Men, y siempre van más allá de lo que nunca soñarían en llegar las películas de los mutantes de Marvel. Lees el origen de Los 4 Fantásticos definitivos y lo primero en lo que piensas es que ojalá hubiera sido así en el cine. Este planteamiento en que la grandilocuencia está en el centro de todo es el que habitualmente asociamos a los trabajos de Mark Millar. La otra mente sobre la que se asentó la creación del Universo Ultimate, la de Brian Michael Bendis, no funciona así. Las historias de Bendis son marcadamente espontáneas y naturalistas. El tratamiento de personajes brilla por encima de la acción, que en muchas ocasiones se reduce a la mínima necesidad, hasta el punto de que el escritor se hizo popular por tebeos tan fundamentales como el Ultimate Spider-Man #13 USA (Ultimate Spiderman: Curva de aprendizaje), un relato centrado en su totalidad en una conversación entre Peter y Mary Jane.

 

Cuando Mark Millar decidió abandonar Ultimate X-Men, parecía imposible sustituirle. Sorprendió entonces que Marvel optara por Bendis, e incluso que éste aceptara el puesto, dado que, cuatro años antes, ya había sido el elegido para poner en marcha la cabecera, para luego desistir de tal misión, después de intentar en varias ocasiones dar con el tono que deberían tener los mutantes, sin llegar a conseguirlo. ¿Qué había cambiado en 2003? Para entonces, la relación entre Bendis y Marvel se había vuelto cada vez más estrecha, de manera que, en ese momento, estaba escribiendo, además de Ultimate Spiderman, las aventuras de Daredevil, en una etapa que se estaba llevando el aplauso unánime de todos, así como Alias, una serie para lectores adultos en la que se exploraba la trastienda del Universo Marvel. Su compromiso con la editorial era tan elevado que, cuando la marcha de Millar dejó huérfanos a los mutantes definitivos, no tuvo inconveniente en dar un paso adelante y ofrecerse a escribir una saga de seis números. Durante la interinidad, en La Casa de las Ideas tendrían el tiempo suficiente para encontrar al sustituto definitivo. En el apartado artístico, David Finch, que había dibujado algunos de los últimos episodios de Millar, pasaría a primer plano. Y quizás fuera su presencia la que lo cambió todo.

 

Heredero del hiperdetallismo y la adrenalina propia de la Image de los noventa, Finch se había criado como artista a la sombra de Marc Silvestri, de la que apenas comenzaba a despegarse cuando fichó por Marvel. Al ver sus lápices, Bendis fue consciente de que se trataba de un dibujante que brillaba en las batallas, en las explosiones, en la acción pura y dura, no en la quietud ni en las conversaciones espontáneas que eran tan habituales en sus cómics. Fue cuando se impuso un reto: ¿Sería capaz de hacer un cómic-espectáculo, tal y como los hacía Millar? ¿Conseguiría crear su propio “blockbuster”?

 

La principal dificultad que para el guionista entrañaba La Patrulla-X consistía en encontrar el equilibrio entre los diversos integrantes, de forma que todos tuvieran voz propia y participaran de la historia. Nunca había hecho nada similar. El tiempo transcurrido desde la primera vez que lo intentó le serviría para calmar los miedos y jugar con elementos procedentes de Ultimate Spiderman, derivados de la relación que había establecido el trepamuros en sus encuentros con los mutantes y, en especial, con Lobezno. El hombre-X de las garras de adamántium había sido el invitado en la primera historia de Ultimate Marvel Team-Up, un relato en el que ya se intuía el interés de Bendis por profundizar en la dinámica entre los dos héroes. Sentía que la diferencia de edad influía en su relación, de forma que Peter ve a Logan como un tipo fascinante, como si Clint Eastwood fuera a su casa a pedirle ayuda: un sueño de adolescente hecho realidad. En la dirección opuesta, Logan siente que el chaval es un incordio y llega a tratarle, en palabras del guionista, como basura. El impulso para unir a ambos estaba en el pasado de Lobezno, que volvía para perseguirle. En ese sentido, “Blockbuster” podía calificarse como una secuela de “Regreso a Arma-X”, pero Bendis optó por seguir la filosofía de Alfred Hitchcock: lo determinante de la historia está en mostrar a los personajes en una situación límite que permita conocerles mejor, mientras que el engranaje que pone todo en movimiento no es más que una excusa, un mcguffin.

 

Partir de una aventura de Lobezno en solitario a la que progresivamente se unirían nuevos personajes, hasta completar un extenso reparto, apareció ante los ojos de Bendis como la manera más efectiva de adaptarse a la fórmula de cómic de supergrupo. La trama incorporaría primero a Spiderman y luego a Daredevil, en una extensión de las historias narradas en el Team-Up, para que finalmente irrumpiera la propia Patrulla-X, porque no en vano sus integrantes seguían siendo los titulares de la cabecera.

 

La experiencia colmó los deseos de que Ultimate X-Men perviviera más allá la marcha de su creador, pero fue todavía más allá. Bendis disfrutó tanto de ella que decidió quedarse en la serie un tiempo más del inicialmente previsto. Su colaboración con Finch resultó tan fructífera que pronto empezó a pensar en qué harían a renglón seguido. Y la química que consiguió establecer entre Lobezno, Spiderman y Daredevil sirvió para que se olvidara de cualquier reticencia previa a escribir cómics protagonizados por equipos de superhéroes, además de ayudarle a descubrir el atractivo de unir rincones en apariencia inconexos. Sin que ni siquiera fuera consciente de ello, en su cabeza empezaban a surgir las ideas que llevarían a un profundo cambio dentro de Marvel.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate X-Men nº 6

EL OTRO: UN CROSSOVER PARA EL SIGLO XXI

Durante buena parte de los años noventa, las diferentes series mensuales protagonizadas por Spiderman fueron escenario de diversos cruces de estructura monumental, como “Matanza Máxima” o “El regreso del clon”. Las tramas se seguían de una serie a otra, lo que obligaba al lector a comprarlas todas para poder comprender lo que estaba ocurriendo, y a la editorial a establecer rigurosos sistemas de coordinación entre los autores y los editores. El abuso del recurso ocasionó que fuera abandonado a comienzos del siglo XXI, cuando ya arrastraba una sistemática mala fama entre los aficionados. Sin embargo, en 2005, y después de cinco años sin crossovers, el Director Editorial Joe Quesada, estimó que había llegado el momento de orquestar una gran historia que aglutinara a las tres cabeceras arácnidas. Así fue como nació “El Otro: Evoluciona o muere”.

 

El trepamuros de Marvel atravesaba, en 2005, uno de sus momentos más dulces, con Joe Michael Straczynski al frente de la principal de sus colecciones, The Amazing Spider-Man. Hasta ese momento y como se ha podido ver en anteriores volúmenes de Marvel Saga, JMS venía desarrollando una compleja subtrama, por la cual reexaminaba el origen de los poderes del héroe, planteando la posibilidad de que se debieran a una herencia de naturaleza totémica. Transcurridos varios años de permanencia en la serie, durante los que pudo trabajar sus argumentos sin verse envuelto en otros sucesos que tuvieran lugar en el Universo Marvel, Straczynski se veía obligado en ese punto a cambiar su forma de proceder. En unos pocos meses, Spidey sería una de las piezas fundamentales de un evento de naturaleza global en el que estaba trabajando Marvel. En ese contexto, quedaba poco espacio para dar cancha al hilo argumental de los poderes totémicos. La solución consistió en transformar su resolución en una aventura de doce capítulos que no sólo abarcara The Amazing Spider-Man, sino también los otros dos títulos del trepamuros.

 

Y es que, además del título escrito por JMS, en aquel momento estaba publicándose cada mes Marvel Knights: Spider-Man, una colección que había nacido algo más de un año atrás, con el objetivo de acoger un equipo creativo de gran empaque, el formado por Mark Millar, Terry Dodson y Frank Cho. Estos autores desarrollaron, en los doce primeros números, una gigantesca epopeya por la que Spidey se enfrentaba a la plana mayor de sus enemigos. El proyecto representó uno de los mayores éxitos de la historia reciente de la editorial, de tal manera que, una vez terminó, en el Bullpen se resistieron a poner punto y final. Muy al contrario: para seguir adelante recurrieron a Reginald Hudlin, otro guionista de menor empaque, pero que también había alcanzado interesantes logros con el relanzamiento de Pantera Negra, el héroe negro por excelencia de La Casa de las Ideas. Dado que el Marvel Knights de Hudlin no contaba con un dibujante fijo, de cara a los episodios de “El Otro”, el editor Axel Alonso se hizo con los servicios de Pat Lee, un canadiense con un estilo de intensa influencia oriental que había cosechado cierto éxito en Image o en franquicias como Transformers.

 

Para la ocasión, Marvel decidió lanzar una nueva cabecera arácnida, que sustituía a The Spectacular Spider-Man, de la que se había encargado Paul Jenkins durante los últimos años. En Friendly Neighborhood Spider-Man se recuperaba a dos autores que ya estaban familiarizados con el personaje. El guionista Peter David había debutado en la industria con diversas aventuras arácnidas publicadas en los años ochenta, entre las que figuraba un verdadero clásico: “La muerte de Jean DeWolf”. También era la mente visionaria que se había adelantado a los lanzarredes orgánicos del cine, con la creación de Spider-Man 2099. David era uno de esos nombres que siempre salían en las conversaciones de los lectores cuando se pensaba en buenos autores que podrían encargarse de las aventuras de Peter Parker. A su lado iba a estar Mike Wieringo, artista de estilo cartoon que hubiera dibujado al personaje durante una temporada de los años noventa, en la serie The Sensational Spider-Man. Entre sus mayores éxitos, estaba una simpática y divertida aventura, ocurrida en la Tierra Salvaje, que fue recopilada en tomo en Estados Unidos en una época en que tal cosa sólo ocurría en contadas ocasiones. La incorporación tanto de Pat Lee, en Marvel Knights, como de Mike Wieringo, en Friendly, unida al hecho de que Mike Deodato siguiera a los lápices de Amazing, confirmaba la idea base de la editorial de que el dibujo del crossover cambiara radicalmente en cada capítulo: de lo realista a lo desenfadado para luego saltar al amerimanga.

 

“El Otro” presentó además una sustancial diferencia con respecto a anteriores eventos de estas características. Se mantenía una estructura por la cual la historia saltaba de una serie a otra, lo que permitía a los lectores leer un nuevo episodio cada semana, pero en lugar de alternarse también los guionistas, estos escribieron tres episodios seguidos, para luego ceder el testigo al siguiente. Arrancaba Peter David, continuaba Hudlin y remataba Straczynski. Para los tres últimos episodios, cada uno de ellos regresaba a sus respectivas series, de cara a escribir otros tantos epílogos.

 

La editorial buscó muchos motivos para hacer atractiva la aventura. En primer lugar, iba a significar la vuelta de Morlun, el implacable villano creado por Straczynski al que se hubiera enfrentado Spidey en “Vuelta a casa”, en una batalla que se situaba ya entre las favoritas de todos los tiempos. A continuación, desde la editorial se mandó un mensaje que impactó de lleno en el ánimo del aficionado: en las primeras páginas, se descubriría que Peter Parker padecía una enfermedad incurable que le condenaba a muerte… y no habría escapatoria posible. Por último, Wieringo preparó doce portadas alternativas, en las que se repasaban los diversos trajes y personalidades que había tenido el Hombre Araña a lo largo de las décadas. Desde el traje negro de Secret Wars al “Hombre Bolsa” de unas pocas, pero muy recordadas viñetas; de Ben Reilly, el clon de Peter, a su versión del futuro. Todo tenía cabida en las variants de “El Otro”, y en algunos casos se trataba de personificaciones que llevaban décadas sin aparecer, por lo que para muchos lectores fue un verdadero descubrimiento. A poner la guinda vino el diseñador Rian Hughes, que además de producir el logotipo que acompañaba a los doce episodios, dibujó una figura en la que Spiderman tomaba el lugar de “El Hombre de Vitruvio”, el famoso dibujo de Leonardo Da Vinci, reconvertido en la representación icónica del trepamuros. Desde el título, Marvel mandaba el mensaje de que, muy pronto, aquel icono evolucionaría hasta transformarse en algo distinto. Pero, ¿en qué?

 

Artículo aparecido en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 9: El Otro, Primera Parte

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