VENENO 7: A POR LA TERCERA FASE

¡Ya estamos aquí! Llega Marvel Legacy a la cabecera del simbionte negro, y la entrada en este landscape se refleja en la incorporación de uno de los grandes ilustradores clásicos de Veneno, nada menos que Mark Bagley, el tercer artista que se encargara del personaje en The Amazing Spider-Man, y quien se ocupó también del arranque de la primera miniserie que llegó a protagonizar el personaje, y que se titulaba, precisamente, de la misma manera que el arco argumental que aquí comienza: “Protector Letal”. Recuerda además que este agosto te ofrecemos dicha miniserie en un volumen de 100 % Marvel HC. Déjanos confesarte, también, que fue el anuncio de esta etapa lo que nos llevó a decidirnos a lanzar la colección de Veneno en grapa… ¡y aquí estamos, siete meses después!

 

HIJO DE LOS AÑOS NOVENTA Hay algo que tiene muy claro Mark Bagley: Veneno es producto de su época. “La mirada exagerada, los enormes músculos, las mandíbulas gigantescas con colmillos, esa lengua sorprendente… son detalles que han evolucionado con el paso de los años y con los distintos dibujantes que ha ido teniendo el personaje. Con Marvel Legacy, la editorial quiere recuperar las esencias y que Eddie abrace sus raíces, por así decirlo. No vamos a hacer desaparecer la lengua o los aspectos más monstruosos de Veneno, sino que aparecerán como señal visual, para reflejar el estado mental de la criatura”. Bagley además quiere distanciarse de la versión del personaje que hizo para el Universo Ultimate, y por la que lo recuerdan las generaciones más jóvenes. A su juicio, aquel Veneno era un monstruo, pero éste es un supervillano prototípico.

 

EL HOMENAJE AL PASADO

Nuestra variant rinde tributo a esta cubierta

 

ALIMENTO PARA LOS SIMBIONTES Este cómic trata de ofrecernos la vuelta a los orígenes que pregona Marvel Legacy de maneras bastante sorprendentes. Por ejemplo, esa amenaza de comerse el cerebro del policía que lanza Veneno en las páginas iniciales era una de sus frases fetiche en los orígenes, si bien es cierto que el simbionte tardaría un tiempo en realidad esa intención antropofágica. ¡Uhm, quizás sea un buen momento para explicar de dónde viene la frase! La culpa hay que echársela al blister de una de las figuras de acción que tuviera Veneno a comienzos de los noventa. Se trataba de un muñeco que reproducía varias frases, entre ella la de “¡Quiero comerme tu cerebro!”. Los diseñadores de Toy-Biz, en realidad, la habían tomado de un cómic, en concreto de The Amazing Spider-Man #333 USA (1990), donde lanzaba al trepamuros semejante amenaza, pero no era algo que Veneno hiciera habitualmente. Sólo que entonces se popularizó la frase. Fue así como llegamos a la decimosegunda miniserie del personaje, Venom: The Hunger (1996), donde por fin cumple con la admonición, pero él es el primer sorprendido en hacerlo. En el curso de la historia, sale a la luz que el simbionte verdaderamente quiere alimentarse con cerebros humanos para así satisfacer una necesidad natural, pero que la voluntad de Eddie consigue evitarlo. Esto, a su vez, explicaría las ansias caníbales que tuviera Veneno cuando entró en simbiosis con Mac Gargan, un huésped sin escrúpulo alimenticio alguno.

 

¿ALGUIEN TIENE HAMBRE?

El debut de la mítica frase

 

EL VILLANO INESPERADO Tenemos nada menos que a Kraven El Cazador como antagonista de Veneno. Parecía que, tras su resurrección, en Marvel se resistían a utilizarlo, pero eso está quedando definitivamente atrás. Además de en esta historia, puedes encontrarlo en Capitán América nº 91, que se puso a la venta hace un par de meses y en que el bueno de Sergei medía fuerzas con El Centinela de la Libertad.

 

Spot On aparecido en Veneno nº 7

MILES MORALES Y EL FIN NECESARIO PARA UN NUEVO PRINCIPIO

El Universo Ultimate sobrevivió por encima de las perspectivas más optimistas que pudiera hacer nadie en el momento de su nacimiento. Cuando Marvel puso encima de la mesa esta revisión de sus mitos fundamentales, pocos confiaban en que alcanzara el año de existencia. Y sin embargo, se extendió durante tres lustros completos. Para cuando La Casa de las Ideas decidió ponerle cierre, el vigor que tuviera antaño hacía tiempo que había desaparecido, pero su gran triunfo residía en otra circunstancia. El común de los cómics de superhéroes habían adoptado todas sus fórmulas como propias. Si el Universo Ultimate llegaba a su fin era porque ya no era en absoluto necesario. Y todavía quedarían para siempre sus innegables hallazgos.

Hacía tantas veces que Marvel había proclamado la cercanía del fin del Universo Ultimate que los lectores se habían acostumbrado a no esperar tal cosa, sino sucesivos relanzamientos. Llegaron con “Ultimatum”, con “La muerte de Spiderman”, con “Cataclismo”… Habían sido ya demasiadas ocasiones como para tomárselo en serio, pero a la cuarta fue la vencida. En La Casa de las Ideas habían decidido simplificar las cosas, porque a esas alturas la Línea Definitiva carecía del vigor y la imprevisibilidad de los buenos tiempos… salvo con una salvedad. El Ultimate Spider-Mande Brian Michael Bendis seguía en lo más alto, y si bien sus ventas no eran en absoluto espectaculares, sí que continuaba llevando la batuta en cuanto a capacidad para sorprender a toda su audiencia y propiciar los cambios necesarios en la industria del cómic.

 

El último aldabonazo de Bendis seguía siendo la muerte de Peter Parker y su sustitución por Miles Morales en el papel de Spiderman. El trepamuros de orígenes latinos y afroamericanos había conquistado a las audiencias en todo el mundo, había hecho que cientos de miles de chavales lo vieran como propio y se identificaran con él y había abierto las puertas a otros muchos personajes que apostaban decididamente por la diversidad. De no haber existido Miles Morales, a buen seguro que nunca habríamos tenido a Kamala Khan, a la nueva Thor o a Sam Wilson como Capitán América, ni tampoco existiría todo un vergel de cómics de superhéroes que se salían de los cánones convencionales, desde el Ojo de Halcón de Matt Fraction y David Aja a La Imbatible Chica Ardilla.

 

Con todo, Miles Morales no podía sostener sobre sus hombros todo un mundo que había perdido buena parte de su atractivo. En La Casa de las Ideas jugaron demasiadas veces a arrojar el invento contra la pared para ver qué ocurría a continuación, quizás sin calcular con demasiado tino las consecuencias de ciertas decisiones, como la de ir quitándose de en medio a casi todos los personajes que hacían interesante a este Universo Marvel modernizado y simplificado, o la de recurrir en ocasiones a autores que, por muy voluntariosos que fueran, tal vez no estaban preparados para cargar sobre sus hombros con la casa que construyeron Bendis, Bagley, Millar, Hitch, Kubert, Ellis o Immonen. Lo que quizás no se le pudiera reprochar en absoluto a La Casa de las Ideas era que no supiera enterrar a sus muertos. A sepultureros, nadie gana a los de Marvel, y el Universo Ultimate gozaría de unas pompas fúnebres como no se habían visto en años.

 

Jonathan Hickman, el que hubiera sido el guionista de The Ultimates y hubiera relanzado la colección con particular acierto, había posteriormente realizado una compleja saga con Los Vengadores clásicos como protagonistas. En ella, y durante tres largos años, fueron siendo destruidas todas las realidades alternativas de La Casa de las Ideas… hasta que sólo quedaron dos: la Tierra-616, el que era el Universo Marvel convencional, y la Tierra-1610, con el Universo Ultimate. El destino de ambas se dilucidaría en “Secret Wars”, un monumental evento para el que Hickman se reunió con su compañero de The Ultimates, Esad Ribic. Sin embargo, y quizás para que entre la audiencia no cundiera el nerviosismo, desde la editorial se avanzó que en el escenario posterior sólo habría una única Tierra Primordial, y en ella Miles Morales no sólo continuaría en su papel de Spiderman, sino que además formaría parte de Los Vengadores. Marvel estaba mandando el mensaje de que, por mucho que destruyera el Universo Ultimate, había decidido quedarse y potenciar a Miles, un premio que sin duda se había ganado el joven trepamuros.

 

Este volumen contiene tanto la última saga de la colección Miles Morales: The Ultimate Spider-Man como la miniserie Ultimate End, que sirvió como despedida para la línea editorial y que volvió a reunir el equipo creativo con el que todo había comenzado, el de Brian Michael Bendis y Mark Bagley, que realizaran Ultimate Spider-Man#1 USA (2000). El final de fiesta daba a los lectores aquello con lo que sólo algunos se atrevieron a soñar a lo largo de todo este tiempo: un choque entre los dos mundos. Más allá de que la tipografía con la que figuraba cada diálogo permitiera distinguir de un mero golpe de vista si un personaje pertenece a una Tierrao a la otra, Bendis y Bagley insistieron tanto en aquello en que se parecían como en lo que les diferenciaba, de cara a construir la historia.

 

Con este tomo concluye también un alucinante viaje, el que nos ha permitido ofrecer la totalidad de la Línea Ultimate en una única colección. Cuando comenzó este proyecto, la previsión más optimista consistía en incluir sólo los primeros años, pero conforme avanzamos por el camino que se abría ante nosotros, el éxito comercial de la iniciativo permitió darle una relevancia y un completismo como jamás se había hecho. Gracias por acompañarnos hasta tan ambiciosa meta. Y recuerda: la historia de Miles Morales continúa… ¡en Spider-Man nº 1!

 

 Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 39

EL CATACLISMO DEL UNIVERSO ULTIMATE: EL ÚLTIMO MOTOR DEL CAMBIO

Mientras que en sus inicios el Universo Ultimate adolecía de una coordinación milimétrica entre los títulos y cada personaje seguía su propio camino, a partir de un momento dado esto cambió. Marvel trasladó a esta parcela lo que venía siendo habitual en sus cómics clásicos: la celebración de eventos periódicos que alteraran sustancialmente el escenario general en que se movían sus héroes. Cada uno de esos eventos servía para convulsionar la pequeña línea editorial, de tal forma que tras “Ultimatum” o después de “La muerte de Spiderman” el statu quo se vio alterado en su totalidad. “Cataclismo” obedecía a las mismas constantes, con un enemigo tan formidable que los autores de la línea nunca se habían atrevido a recurrir a él tal cual había sido concebido. Galactus caminaba por la Tierra… y tenía hambre.

 

A contrario que en las otras ocasiones, “Cataclismo” había nacido del Universo Marvel tradicional, en concreto de “La Era de Ultrón”, una aventura escrita por el propio Brian Michael Bendis que se cerraba con una gran perturbación entre los mundos paralelos que conformaban el Multiverso. Entre otras consecuencias, “La Era de Ultrón” suponía que Galactus hubiera aparecido en una realidad donde jamás debía haber estado. Tiempo atrás, cuando Warren Ellis adaptó al Devorador de Mundos a los gustos de la línea definitiva, optó por prescindir de aquellos elementos estéticos que consideraba desfasados. Ultimate Galactus no se llamaba con un término tan rabiosamente pop, sino que respondía por Gah Lak Tus; tampoco era un gigante vestido de rosa que llevaba un casco con antenas en la cabeza, sino que se trataba de un enjambre de criaturas tecnoorgánicas. Tan radical alteración cumplió su propósito, de tal manera que sirvió de modelo a la segunda película de Los Cuatro Fantásticos. Pero más allá de esa circunstancia puntual, el diseño de Galactus era tan icónico y estaba tan arraigado entre los lectores que en el imaginario colectivo siguió siendo el de siempre: el de Jack Kirby.

 

Más de una década después del nacimiento del Universo Ultimate, muchos de los dogmas que lo rodeaban se habían abandonado. Si fue posible que Miles Morales y el Peter Parker clásico se encontraran, no era menos posible que el Devorador de Mundos, el genuino y auténtico, llegara a la Tierra Ultimate y tratara de zampársela. Parecía además una idea espectacular con la que animar las erráticas ventas que arrastraba la línea desde un tiempo atrás. En La Casa de las Ideas no escatimaron esfuerzos, de tal forma que Brian Michael Bendis y Mark Bagley, el equipo creativo que había puesto en marcha todo en el año 2000, fue el que recibió el encargo de realizar el cómic. Como venía siendo habitual en los grandes eventos de Marvel, habría una serie central, en la que tenían los hechos de relevancia, mientras que las tres colecciones que conformaban la línea acogían arcos argumentales alusivos a la trama. Sobre el papel, todo estaba claro, pero la realidad fue muy distinta. Ocurrió que los episodios de Ultimates y de La Patrulla-X relacionados con “Cataclismo” abordaban situaciones circundantes a la aventura, sin llegar a entrar en el epicentro de la misma. No ocurría así con Spiderman, cuyos tres episodios se imbricaban de tal manera que llegaban a confundirse con la serie-madre. No en vano las historias de Ultimates y los mutantes estaban escritas por Joshua Hale Fialkov, mientras que la del trepamuros corría también a cargo de Bendis. Con los cómics sobre la mesa, no cabía duda que éste había venido a escribir un único relato repartido entre dos cabeceras, y así es como se ha recogido en esta recopilación.

 

“Sé que la gente está realmente preocupada acerca de lo que ocurra en el final de la aventura y lo que eso significará para el Universo Ultimate”, confesaba Bendis al respecto. “Y deberían estarlo. Va a ser algo verdaderamente grande”. Por su parte, Bagley se atrevía a bromear: “Primero tuve que matar al pobre Peter Parker, y ahora tengo que demoler el Universo Ultimate. ¿Puede haber algo más chulo que eso?”, decía. El guionista insistió en que nos encontramos ante un cruce en toda regla entre el Universo Marvel y el Universo Ultimate, el segundo desde que tuviera lugar Spidermen. Allí, Nick Furia, Tony Stark, Miles Morales y unos pocos más descubrieron la existencia de ese otro mundo, muy parecido al suyo pero también muy diferente en algunos aspectos, como pueda ser el hecho de que Peter Parker hubiera sobrevivido y alcanzado la edad adulta o que Nick Furia fuera blanco. Ambos mundos sólo estaban separados por una fina membrana que se rompió entonces y que con motivo de “Cataclismo” volvía a hacerlo, sólo que a lo grande.

 

Para explicar en el Universo Ultimate la gravedad de la amenaza que supone Galactus, Bendis necesitaba de alguien que hubiera vivido en la Tierra-616. La solución perfecta vino de la figura de Mysterio, que permanecía bajo la custodia de Nick Furia desde los sucesos de Spidermen. De igual manera, sólo una persona de la Tierra-1610 había estado en la dimensión de la que procede Galactus, así que no hacía falta ninguna excusa para que Miles Morales, el nuevo Hombre Araña, jugara un papel preponderante. “Es uno de esos momentos en que el héroe tiene que pasar al siguiente nivel”, afirmaba el guionista. “Ha llegado la hora de que Miles viva subar mitzvah superheroico”.

 

EL DÍA DESPUÉS DE LA MUERTE DE ULTIMATE SPIDER-MAN: RÉQUIEM POR UNA ARAÑA

Hay dos tipos de escritores. Los que orquestan sus relatos en función de los acontecimientos que en ellas se cuentan, como si se trataran de libros de historia, y los que dejan caer el peso de la narración sobre los protagonistas, el moldeado de su carácter y la respuesta que tienen ante una determinada situación. A la hora de abordar la muerte de un importante personaje, los primeros pondrán el acento sobre el hecho en sí, mientras que los segundos prestarán también su mirada a las consecuencias que lo ocurrido tiene para el entorno. Brian Michael Bendis, el hombre que creó al Spiderman definitivo, el hombre que también decidió acabar con él, pertenece al segundo grupo.

 

 

Hace algunos años, Bendis colocó la muerte de La Avispa como la más importante tragedia del fin de”Invasión Secreta”, una destacada saga del Universo Marvel convencional, en la que los Skrull lanzaban un brutal ataque contra la Tierra. El guionista dijo entonces que no entendía cómo era posible que hubiera autores que asesinaran a personajes importantes para luego salir corriendo de la colección en la que lo habían hecho, como si de verdad hubieran eliminado a una persona real y esperaran que la policía les fuera a interrogar. Para Bendis, lo interesante no es la muerte en sí misma, que puede resultar más o menos creíble, más o menos dramática, más o menos espectacular. Lo importante es lo que ocurre después, las consecuencias que esa muerte tiene para aquellos que rodeaban al fallecido. Cómo conduce a situaciones inesperadas, a territorios por cartografiar, a nuevas historias, en definitiva.

 

Cuando alguien falta, sólo es posible medir la dimensión del vacío que deja su ausencia fijándose en aquellos que lo rodean. Ése es uno de los propósitos a los que obedece este volumen: seguir de cerca a las personas que han sido relevantes en la vida de Peter Parker. Familia, amigos, amantes, otros héroes… Todos desfilan por las siguientes páginas, cada uno con diferentes reacciones, tan naturales que parece como si Bendis nos hubiera colado en un auténtico sepelio; tan escalofriantes que algunas pueden situarse entre los momentos clave de la serie; tan catárticas que marcarán el comportamiento futuro de todos esos personajes. La sombra de “Funeral por un amigo”, la aventura publicada por DC Comics tras la “muerte” de Superman a principios de los años noventa, se hace sentir en estas páginas, aunque se trate de dos historias diferentes. Mientras que aquél era un relato colegiado, del que participaban diferentes guionistas y editores, aquí tenemos una historia de autor: impulsada y materializada por un único responsable, aunque a partir de su ejecución entren otros escritores en el juego.

 

Bendis es un autor mediático. Uno de esos pocos que, como Mark Millar, Ed Brubaker o Grant Morrison, tienen garantizada la atención de los lectores y los periodistas especializados, a veces incluso de los generalistas. “La muerte de Spiderman” era un evento a difundir de manera viral y a fe que logró su propósito de posicionarse en grandes titulares de multitud de medios. Pero a veces supone mucha menos dificultad atraer los focos sobre algo que va a publicarse que mantenerlos una vez se ha publicado. La decepción puede ser proporcional a las expectativas, por lo que hay que estar a la altura: el trágico fin de Peter Parker no sólo cumplió aquello que prometía, sino que abrió las puertas a algo mucho más grande, a un salto al vacío como nadie había podido prever, pero en el que Bendis, y también Marvel, llevaban un tiempo trabajando.

 

La historia se convierte pues en una despedida al mundo que fue y que agoniza, a un Universo Ultimate que, con la desaparición de Peter Parker, se ve radicalmente alterado, y ahí está en la otra razón de ser del relato: la de plantar las semillas del futuro y situar las bases por las que se movería este landscapeen lo sucesivo. La revolución que tuvo lugar tras “Ultimatum” se lee ahora en clave de periodo de transición hacia otro escenario, uno en el que no sólo se hace irrelevante el espejo con el Universo Marvel clásico, sino en el que además se busca la divergencia y la sorpresa por encima de cualquier otra consideración. A ese respecto, no es extraño encontrarse, en el curso de la trama, destellos de lo que vendrá, en los que Bendis cede las tareas narrativas a sus futuros compañeros de franquicia. Jonathan Hickman avanza hacia el siguiente capítulo en la saga de los Ultimates al tiempo que revela el destino de Reed Richards tras los acontecimientos de “La trilogía del enemigo definitivo”; y Nick Spencer une a Kitty, Bobby y Johnny en lo que podría calificarse como la nueva encarnación de La Patrulla-X sin perder de vista a la fuerzas oscuras que mueven ficha contra los mutantes… Pero todo eso empequeñece ante la maniobra que nos procura el guionista principal: la llegada de Miles Morales, el nuevo Spiderman, aquél que está llamado a sustituir a Peter Parker. Esta es la culminación de la idea que el autor puso encima de la mesa con la muerte del trepamuros: el momento dramático, tan impactante que recorriera el mundo entero a golpe de telediario, no sería sino el resorte para sustituir a Peter por un nuevo trepamuros para el siglo XXI que soltara amarras con elementos del mito que se circunscribían a su época.

 

Todo empezó por pura casualidad, como tantas grandes ideas, cuando Bendis vio al actor afroamericano Danny Glover vistiendo un traje de Spiderman en un episodio de la teleserie Community. Al guionista se le encendió entonces la bombilla: era una idea revolucionaria y provocativa, a la par que moderna. Niños como sus propias hijas adoptivas, ambas de raza negra, se sentirían más identificados que nunca con Spiderman si éste era un chaval como ellos: inteligente, empático con el dolor ajeno… y negro. En Marvel, que ya habían barajado un cambio similar un par de años antes, coincidiendo con la llegada de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos, estuvieron de acuerdo en que era el momento de lanzarse a la piscina. Miles Morales se presentaría en el cuarto episodio de la historia, con una portada en la que se ocultaba premeditadamente su rostro, sólo para enseñarlo en unas páginas interiores dibujadas por Sara Pichelli, una artista de origen italiano que ya dibujara algunas de las historias de Peter en el periodo que acababa de terminar, pero que era una desconocida para la mayoría de los lectores. Sería la dibujante de la serie que, a renglón seguido, estrenaría el nuevo trepamuros, mientras que Bendis se mantendría como guionista: seguía dispuesto a quedarse allí todo el tiempo que le permitiera la editorial.

 

La reacción a la llegada de Miles Morales fue estruendosa, global y en todos los sentidos imaginables: desde los que se quedaron prendados de Miles nada más verlo hasta los que no entendían que aquel chavalín pudiera ser el Hombre Araña, y por supuesto hubo respuestas con un evidente marchamo racista, que no hacían sino confirmar lo apropiado por parte de Marvel de aquel movimiento tan valiente. El común de los lectores sabíamos que Peter era insustituible, que cualquier intento de recambio del personaje clásico se había estrellado contra el muro de la indiferencia, pero, de alguna forma, a tenor de cómo se habían desarrollado los acontecimientos, intuimos que aquello iba en serio, que podía funcionar y ofrecernos un Spiderman como no habíamos conocido nunca antes. Peter Parker estaba muerto, pero su legado viviría para siempre.

 

 Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 31

DETRÁS DE LA MUERTE DE ULTIMATE SPIDER-MAN: EL FINAL DE UN HÉROE

En el cómic de superhéroes se ha vuelto algo poco menos que habitual el que se anuncie la muerte de un personaje, incluso señalando el acontecimiento en el título de la aventura en cuestión, para luego descubrirse que el término “muerte” era excesivo. En esos casos, la “muerte” es una metáfora de “cambio”, de “pérdida”, de un engaño, en definitiva. Por eso, cuando Marvel puso encima de la mesa una aventura que se titularía “La muerte de Spiderman”, en referencia a su Hombre Araña Definitivo, todo el mundo dio por hecho que la cosa no iba en serio, que donde decían “muerte” en realidad querían decir cualquier otra cosa. Pero “todo el mundo” había olvidado que, en este caso, había un factor diferencial: el “factor Bendis”.

 

 

En 2011, año en que se publicó “La muerte de Spiderman”, Brian Michael Bendis ya no tenía nada que demostrar. Durante los más de diez años que llevaba escribiendo los más importantes cómics que publicaba Marvel, había reinventado a Los Vengadores, conducido a Daredevil más allá de la cordura, concebido al más carismático personaje femenino que hubiera visto la industria en años y, claro está, rehecho a Spiderman como él entendía que debía ser Spiderman. Su manera de escribir, apoyada en diálogos elaboradamente espontáneos, había roto los esquemas de toda una generación, pasando de recibir acusaciones de que no sabía hacerlo a ser imitado por buena parte de sus coetáneos. El Universo Marvel de entonces se había construido alrededor de cuanto Bendis contaba en Los Nuevos Vengadores, su serie más comercial, y durante mucho tiempo había estado encerrado en una historia-río plagada de sorpresas y de giros imposibles que dejaban a los lectores boquiabiertos. La mayor parte de la población mutante fue exterminada, la comunidad superheroica se partió en dos en una cruel guerra civil, el Capitán América fue asesinado al final de la misma, los Skrull estuvieron próximos a conquistar el planeta y fueron repelidos por el peor de los villanos posibles, que a continuación se puso al frente de la Seguridad Nacional… Eran revoluciones que los aficionados no creían posibles, y sin embargo se habían producido. El problema era que, en un momento dado, para meter de nuevo al genio dentro de la botella, se hizo necesario desandar el camino andado, y Steve Rogers volvió a la vida, las heridas en la confianza de los héroes curaron y aquel horrible villano mordió el pueblo, para dejar que las aguas volvieran a su cauce.

 

Porque las aguas siempre volvían a su cauce. Era una lección que, después de todo el ciclo de grandes eventos producidos por Marvel en la primera década del siglo XXI, hasta los lectores más jóvenes comprendían. Brian Bendis no sólo formaba parte de aquello, sino que estaba en el epicentro de todas las decisiones. En cierta manera, se sentía mal por haber sido partícipe de algunas de las muertes que él denominaba “muertes con rebote”, aunque aseguraba que en ninguno de los casos lo había hecho a propósito. Se sentía próximo a las hordas furiosas de fans que se quejaban enérgicamente cuando una de esas muertes terminaba por ser otra cosa. Para esos lectores, y también para Bendis, era otra forma de decir “estafa”.

 

En 2006, Joe Michael Straczynski, entonces guionista del Spiderman clásico, y cuya manera de abordar al trepamuros chocaba frontalmente con la de Bendis, produjo un evento que afectó a toda la franquicia arácnida, titulado “El Otro: evoluciona o muere”. Durante doce capítulos, que se extendían a lo largo de las tres series protagonizadas por el trepamuros de la Tierra-616, Peter Parker era sentenciado a muerte. No sólo eso: llegaba a morir… sólo para regresar, con un nuevo cuerpo sin enfermedades ni imperfecciones, y además con renovados poderes, incluidos unos espolones que apenas llegaría a usar. Marvel exhibió el anuncio de la muerte a placer, y cuando ésta no resultó ser tal, la sustituyó por esas “mejoras”, que quedarían enterradas al cabo de poco tiempo. “El Otro”, el evento que cambiaría para siempre la historia de Spiderman, fue el evento que cambió para siempre la historia de Spiderman hasta que, tres meses más tarde, llegó “Civil War”, y “El Otro” cayó en el más absoluto de los olvidos. No es extraño que el aficionado de a pie estuviera curtido y ya no se creyera ninguna frase promocional.

 

Apenas cinco años después de “El Otro”, y como si se tratara del estribillo de una machacona canción, Marvel volvió a anunciar la muerte de Spiderman, primero sin precisar de qué Spiderman se tratara, y luego haciendo ver que sería la versión Ultimate. Vistos los precedentes, lo último que creyó nadie cuando la editorial afirmó que el joven trepamuros iba a morir era, precisamente, que tal cosa ocurriera. Bendis, que por algo era el guionista de la historia, era el único que lo tenía claro. Quería huir de lo que él llamaba “todas esas mierdas”. No se podía permitir que el personaje “regresara a los tres meses con un brazo mecánico y haciéndose llamar El Arácnido, o algo así”. Y añadía: “Debía ser de verdad su muerte, una muerte que tuviera significado y abriera el camino a las historias que estamos preparando a continuación y que nos llevarían por terrenos inesperados”. Para él, se trataba de cerrar el círculo que se había abierto cuando Peter dejó escapar al que luego se convirtió en el asesino de tío Ben:“Peter no había sido capaz de salvarle, pero si él moría mientras conseguía salvar la vida de tía May, entonces estaríamos cerrando el círculo. Tendríamos un personaje cuyo fin había sido trágico, pero cuya vida no lo era. Era la pieza que me faltaba cuando estaba escribiendo la historia. Una vez me di cuenta de que la tenía ahí, todo fue mucho más fácil”.

 

Para la ocasión, se produjo un inesperado regreso, que subrayaba el hecho de que la historia sería verdaderamente trascendente. Mark Bagley, el dibujante con el que Bendis había hecho más de cien números de Ultimate Spider-Man y batido todos los récords; Mark Bagley, que después de tanto tiempo en Marvel creyó que era una estrella por sí mismo; Mark Bagley, que un día que le hubiera gustado olvidar, pero que jamás ha dejado de recordar, aceptó un suculento contrato para irse a la competencia; Mark Bagley, que fue ninguneado, desaprovechado y sepultado haciendo tebeos que a nadie le importaban y al que relegaron al más absoluto ostracismo, había aprendido la lección. Regresó a Marvel, con la cabeza gacha, y cuando le ofrecieron que volviera allí donde estaba antes de su espantada, para hacer la última historia del trepamuros definitivo, no pudo por menos que sonreírse de la suerte que podía llegar a tener. Su vuelta coincidiría con el cumpleaños de Peter, con el día en que hacía dieciséis años. Era otra manera de decir al lector que sólo habían pasado doce meses desde que le picara la araña. Aquel plan de que Peter celebrara cumpleaños cada cien números había quedado atrás. El joven trepamuros nunca volvería a soplar velas. Y Bagley, que había estado con Bendis en el comienzo de la historia de Spidey, estaría también con él en el final, un final para el que el guionista se dejó arrastrar por las emociones. Sabía que era la mejor herramienta para conseguir esa autenticidad que era su marca de fábrica. Cuando escribía una escena divertida, él mismo se reía con el chiste. Pero cuando escribía una escena dramática, cuando escribía la escena más dramática de su carrera… “No podía ni ver el teclado. Estaba hecho polvo. Fui arriba, con mi esposa y ella me preguntó qué me pasaba. Yo le dije que llevaba llorando los últimos cuarenta y cinco minutos y que estaba agotado. Ella me dijo que había personas en mi vida por las que nunca lloraría, pero que me estaba desesperando por aquello”.

 

Peter Parker había muerto. Y el Spiderman definitivo sería más grande que nunca.

 

 

 Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 30

VENENO 4: UN REGALO PARA TODOS

 

Con este número, el editor Nick Lowe se atrevió con un movimiento a contracorriente: recuperar la numeración original de la colección en curso, lo que le permitió dar el salto hasta el Venom #150 USA. Todavía faltaban meses para que arrancara Marvel Legacy, de manera que este cómic sirvió para indicar a La Casa de las Ideas el camino a seguir. Pero no bastaba con colocar una cifra elevada en portada. Era necesario ofrecer algo que los lectores quisieran leer. ¿Y qué querían? A juicio de Lowe, muchas cosas diferentes, porque había muchos lectores diferentes de Veneno ahí fuera, pero a cada uno de ellos podía satisfacer de alguna manera. Así, dentro de la gran restitución de Eddie Brock como Protector, nos encontramos con un guiño hacia los Venenos pasados, desde Mac Gargan a Lee Price, pasando por Flash Thompson con un episodio que nos descubre cómo se separó del simbionte. Además, ítem para nostálgicos de los noventa: un flashback (¡con el mismo logotipo del “Mes Flashback” de 1997!) para el que regresa parte del equipo creativo, sin Mark Bagley, de la primera miniserie: David Michelinie, creador además del personaje, y Ron Lim, dibujante de Venom: Lethal Protector #4-6 USA (1993)

 

AQUÍ EMPEZÓ TODO

La primera mini de Veneno

 

EL SUMATORIO DE VENENO El editor asociado Devin Lewis sumó todas las series que había tenido el personaje, con el detalle de que, entre 1993 y 1997, la colección de Veneno consistió en encadenar pequeñas miniseries. Por lo tanto, hay un montón de títulos en esta suma… y un poco de truco, ya que se añade un Annual, el Venom Super Special #1 USA, pero falta una miniserie de dos números, Venom: Sign of the Boss. Nosotros aquí hemos aprovechado además para ordenarlas cronológicamente, que en la galería hay algún desaguisado en ese sentido:

 

#1-6 – Venom: Lethal Protector #1-6 USA

#7-9 – Venom: Funeral Pyre #1-3 USA

#10-12 – Venom: The Madness #1-3 USA

#13-15 – Venom: The Enemy Within #1-3 USA

#16-18 – Venom: The Mace #1-3 USA

#19-22 – Venom: Nights of Vengeance #1-4 USA

#23-26 – Venom: Separation Anxiety #1-4 USA

#27-30 – Venom: Carnage Unleashed #1-4 USA

#31 – Venom Super Special #1 USA

#32-36 – Venom: Sinner Takes All #1-5 USA

#37-40 – Venom: Along Came A Spider #1-4 USA

#41-43 – Venom: The Hunted #1-3 USA

#44-47 – Venom: The Hunger #1-4 USA

#48-50 – Venom: Tooth And Claw #1-3 USA

#51-53 – Venom: On Trial #1-3 USA

#54-56 – Venom: License to Kill #1-3 USA

#57 – Venom: Seed of Darkness One-Shot USA

#58-60 – Venom: The Finale #1-3 USA

#61-78 – Venom #1-18 USA

#79-83 – Venom: Dark Origin #1-5 USA

#84-130 – Venom vol. 2, 1-47 USA

#131-143 – Venom: Space Knight #1-13 USA

#144-149 – Venom vol. 3, #1-6 USA

________________________________________________

 

Venom #150 USA

 

LA MINISERIE OLVIDADA

Marvel se olvidó de meterla en la suma

LAS INFLUENCIAS INCONFESABLES: LOS AMAZING FRIENDS DEL UNIVERSO ULTIMATE

La inmensa popularidad de Spiderman le ha llevado a ser un personaje que sobrepasa a los cómics y cuya vida se extiende hasta los más insospechados lugares: juguetes, libros infantiles, videojuegos, películas, series de animación… Cualquiera de estos productos puede ser la puerta de entrada de nuevos fans en el Universo Arácnido. Y cuando uno de esos aficionados casuales se convierte en permanente, suele recordar su entrada a este mágico mundo con especial cariño, aunque se trata a través de un programa de televisión demencial. Porque hay lectores que conocieron a Spiderman por las obras maestras de Steve Ditko o John Romita, pero también los hay que lo descubrieron gracias a un cartel de circo en el que aparecía un equilibrista disfrazado del trepamuros, por unos cromos de bollería en que ni siquiera los colores del traje eran los correctos… o por Spiderman y sus asombrosos amigos.

 

El canal estadounidense NBC puso en marcha Spider-Man And His Amazing Friends como respuesta a Super Friends, el programa que reunía a la Liga de la Justicia de DC Comics, que estaba logrando excelentes audiencias en la competidora ABC. La visión de los superhéroes que existía fuera de la industria, unida a los tópicos que eran comunes en el terreno de la animación, daría pie a una singular propuesta, en la que Peter Parker estaba conviviendo, además de con su tía May, junto a Bobby Drake, el miembro más joven de La Patrulla-X, y con una pelirroja que recordaba lejanamente a Mary Jane, pero que en realidad era una superheroina llamada Estrella de Fuego. En otras series era habitual que hubiera mascotas por medio, así que los asombrosos amigos también tenían una, Ms. Lion, una perrita con trenzas. Y como la alta tecnología fascinaba a los niños, el salón de tía May se transformaba en una base de superhéroes llena de todo tipo de trastos, con solo mover una figura de adorno.

 

Bajo un concepto tan inclasificable, Spider-Man And His Amazing Friends, que permaneció en antena durante tres temporadas, de 1981 a 1983, sirvió para que una nueva generación de chavales descubriera al trepamuros, y con él a muchos de los superhéroes y supervillanos Marvel. Por allí pasaron, entre los primeros, el Capitán América, Hulk, Iron Man, Thor, Daredevil, el Doctor Extraño o La Patrulla-X de la segunda génesis (en su primera aparición audiovisual), mientras que entre los segundos se dejaron caer El Camaleón, Electro, el Duende Verde, Kingpin, Kraven, El Hombre de Arena, El Conmocionador, Mysterio e incluso gran número de villanos del resto de la editorial, como Loki, Cráneo Rojo, Magneto y el Doctor Muerte. La popularidad de la serie impactó en los cómics, de forma que en 1981 apareció una adaptación del episodio piloto, que contaba con una estupenda portada de John Romita Jr., seguido de otro especial, que se vendió como suplemento del Denver Post. Además, Estrella de Fuego saltaría a las viñetas para convertirse en personaje habitual del Universo Marvel, con debut en The Uncanny X-Men #193 USA (1985), y meses más tarde con una miniserie que narraba su origen y que se derivaba en cierta manera de la aventura de La Patrulla-X. Al cabo del tiempo, formaría parte de Los Nuevos Guerreros, el grupo adolescente por antonomasia de los noventa, e incluso de Los Vengadores.

 

El recuerdo de Spiderman And His Amazing Friends se mantendría latente a través de las décadas. En 2006, como celebración del cuarto de siglo de su estreno, la editorial ofreció un especial en el que reunía a los tres amigos. Quizás fue ese repentino arranque nostálgico el que animó a Brian Michael Bendis a llevar el concepto hasta el Universo Ultimate. Como tantos otros chavales de principios de los ochenta, había disfrutado con la teleserie pese a ser consciente que era bastante estúpida y escasamente próxima al espíritu del Hombre Araña. “Pero había algo alrededor de la camarería que Peter Parker tenía con su pequeño grupo de colegas que molaba mucho”, declararía al respecto. “Y creo que a todo el mundo le gustaba eso de la serie, porque el resto era lamentable. Lo que ha quedado es la camarería entre los tres, la imagen chula del grupo”.

 

La intención de Bendis venía de largo. En concreto, de la época inicial de Ultimate Spider-Man, cuando una vez publicado el primer número pasó de ser un experimento en forma de miniserie a una colección abierta. En ese momento, el guionista escribió una lista de las cosas que le gustaría hacer si se conseguía mantener al frente del proyecto, y allí estaban ya El Hombre de Hielo y Estrella de Fuego. La gran duda consistía en cómo podría llegar a introducir a Bobby Drake. Por aquel entonces, ni siquiera había comenzado a publicarse Ultimate X-Men, así que la cuestión no era irrelevante. Bendis deseaba que, cuando tuviera lugar aquello, fuera el resultado natural de la evolución de los personajes, y no la mera reunión de un equipo absurdo. Pasó el tiempo, sin que volviera a surgir el tema… hasta que Kitty Pryde se incorporó al elenco de secundarios y abrió la posibilidad a aquel pequeño sueño inconfesable. Y en cuanto a Estrella de Fuego… Bendis quería que fuera, como la original, una mutante, pero también tenía que estar relacionada de alguna manera con el mundo de Peter Parker. Su verdadera identidad quedaría en la incógnita hasta que se revelara en las páginas del cómic, y supondría una sorpresa para muchos. La nueva mutante serviría además para atraer a Magneto, un villano de altura con el que el Spidey adolescente no se había encontrado hasta entonces, y por supuesto para una nueva visita de La Patrulla-X. Con la cercanía de “Ultimatum” en el horizonte, Bendis estaba plantando algunas de las semillas que luego germinarían en la etapa posterior a este evento.

 

Además del ciclo de los asombrosos amigos, este tomo contiene dos historias más. La primera es un episodio autoconclusivo que puede calificarse de prodigio de la narración secuencial. Bendis e Immonen transforman al Conmocionador, un villano ocasional que servía para liberar tensiones, en la causa de la peor pesadilla que pudiera tener Peter Parker. ¿Qué sucede cuando uno de sus enemigos consigue capturarle, mantenerle indefenso y torturarle durante horas, sin otro final previsible más que una muerte segura? Bajo esa premisa asfixiante, el relato trasmite que Peter Parker vive cada día al límite, enfrentado a la opción cierta de que podría ser el último.

 

Y para cerrar al volumen asistimos al tercer Annual, centrado en la relación de Peter con Mary Jane y en un tema pocas veces tratado en un cómic de superhéroes: el sexo entre adolescentes. Bendis había llegado a insinuar alguna historia en esa dirección, pero nunca de manera tan abierta, fresca y natural como en esta pequeña joya, inspirada en parte por sus vivencias juveniles. Para ella, contó con el ilustrador español David Lafuente, cuyo estilo decididamente influido por el cómic independiente y costumbrista estadounidense, se adaptaba a la perfección a los propósitos de la historia. El Annual servía como test para averiguar si David estaría preparado para hacerse cargo del apartado gráfico de la cabecera en caso de que ésta diera un giro radical en sus planteamiento. Por supuesto, el dibujante pasó la prueba con nota.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 22

LA MUERTE DEL DUENDE: HISTORIA DE UNA TRAGEDIA DEL UNIVERSO ULTIMATE

Con “Muerte de un Duende” se materializaba el cambio creativo que había tenido lugar en Ultimate Spider-Man después de los 111 episodios dibujados por Mark Bagley. Su sustituto, Stuart Immonen, había tenido oportunidad de compartir las labores artísticas de dicho número, pero sería a partir del capítulo siguiente cuando tendría que ganarse a una afición que, hasta ese momento, no concebía al Hombre Araña Definitivo sin el estilo característico de Bagley. Para Brian Michael Bendis, el director de orquesta de la serie, llegaba también el momento de poner en marcha el mundo de Peter Parker tal y como quedó tras los cambios demoledores que habían tenido lugar en los pasados meses.

 

En números anteriores, Peter Parker había arreglado las cosas con su tía, que ahora comprendía su actividad superheroica; había rehecho su relación con Mary Jane, con la que volvía a salir; tenía una exnovia, llamada Kitty Pryde, que también era la nueva heroína del barrio; había mandado un montón de criminales a la cárcel… Muchos elementos con los que jugar y todo un statu quo que poner a prueba. Pero, ¿cuál podría ser el elemento desestabilizador por excelencia, después de haberse quedado atrás crisis como la de la muerte de Gwen, los clones o el ataque de Kingpin? Para Bendis, pasaba por recuperar la gran amenaza a la que estaba ligada la existencia de Spiderman desde el minuto uno: la amenaza del Duende Verde. El guionista consideraba que la trama de este villano, junto con la que había venido desarrollando alrededor del amo del crimen de Nueva York, era la más relevante construida desde el lanzamiento del personaje. Mucho había cambiado en aquellos más de cien números, pero Kingpin y Norman Osborn estaban allí desde el principio, volviéndose cada vez más peligrosos.

 

A lo largo de la serie, y mirando de lejos las circunstancias que habían acompañado a la historia del Duende Verde en la continuidad tradicional, pero evitando caer en las inconsistencia que décadas de historia dejaron en ésta, Bendis había establecido a Norman Osborn como el enemigo por antonomasia del Hombre Araña. Fue él quien cambió su vida para siempre, cuando creo la araña genéticamente modificada que transformaría a Peter en Spiderman; fue él, ya como Duende Verde, el primer villano al que se enfrentó (Ultimate Spiderman nº 1: Poder y responsabilidad). Fue él, una vez reapareció en escena, el que a punto estuvo de asesinar a Mary Jane, lo que acabaría por desencadenar, al cabo de un tiempo, la ruptura de la pareja (Ultimate Spiderman nº 5: Legado). Fue él el que puso en jaque al gobierno de Estados Unidos, con Peter como rehén (Ultimate Spiderman nº 10: Los Seis Siniestros). Y Fue él el que arrastró a Harry, su propio hijo y amigo de Peter, a la locura que le hizo convertirse en el segundo Duende (Ultimate Spiderman nº 15: El Duende). Conclusión: En los momentos más dramáticos de la historia de Spiderman, en esos instantes decisivos que actuarían como mecanismo de resorte para lo que habría de venir a continuación, siempre estaba la presencia de Norman Osborn.

 

Mientras que en el Universo Marvel tradicional Norman murió tras asesinar a Gwen, Harry siguió con su legado de Duende Verde, para luego curarse, y a partir de ahí terceras personas retomaron la identidad del villano, en el Universo Ultimate Bendis había optado por mantener el terreno acotado a la familia Osborn y al patriarca de la misma con vida. En el momento de iniciarse esta historia, nos encontramos a Norman pasó bajo custodia de SHIELD, igual que Harry, junto a otros muchos criminales puestos a buen recaudo en la prisión del Triskelion. ¿Era buena idea encerrarles a todos juntos? Pronto quedaría claro que no. Con este relato, Bendis aspiraba a narrar una gran epopeya dramática alrededor de la familia Osborn: una tragedia griega en toda regla, en la que Peter se ve implicado aunque no quiera y en la que una sensación preside cada viñeta, la de que “esto no puede acabar bien”. La oscuridad que rodea a la aventura queda puesta de manifiesto desde su título. Eso de “Muerte de un Duende” es una declaración de intenciones para un escritor que siempre se ha enorgullecido de no mentar en vano a la parca. Sin embargo, hasta las últimas páginas de la historia no adquiere naturaleza plena y no puede ser comprendida por los lectores.

 

En menor medida, el escritor preparaba el terreno de cara a “Ultimatum”, un acontecimiento que uniría todas las series del Universo Ultimate y en el que inicialmente pensaba dejar al margen al trepamuros, hasta que comprendió que tal posibilidad no era asumible. A ese respecto, los efectos colaterales que tienen lugar en el segundo capítulo, durante la escena del Triskelion, así como cuanto sucede con la base de operaciones de los Ultimates propiamente dicha, serían los sucesos que mayor impacto tendrían en otras colecciones.

 

Y junto a todo ello destaca el impresionante trabajo de Stuart Immonen, al que Bendis le dedica una gran escena de acción en las primeras páginas, con la que lucirse y demostrar a los lectores que nada habían perdido con el cambio. El recurrente enfrentamiento con El Conmocionador, un villano de segunda contra el que Spidey había luchado muchas veces en el pasado, siempre en pequeñas escenas de desahogo en las que librarse del criminal en pocas viñetas, sirve de excusa para realizar unas páginas trepidantes, verdadero catálogo de lo que Immonen es capaz de plasmar sobre el papel, con un homenaje a Spiderman 2 inclusive (ese coche cazado al vuelo en una telaraña). Esto supone apenas un aperitivo, en comparación con lo que aguarda en las páginas siguientes, pasando por una apoteósica batalla en Times Square, hasta el choque final sobre el Helitrasporte de SHIELD. El artista conserva idéntica fuerza en las viñetas de tratamiento de personajes, plenas de dramatismo, intensidad y urgencia. Hasta entonces, sólo los aficionados con gusto de gourmet percibían a Stuart Immonen como un grandísimo dibujante. A partir de ese momento, la plana mayor de los lectores le situarían, con todo merecimiento, entre las grandes estrellas del género.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 21

LOS MARVEL KNIGHTS DEL UNIVERSO ULTIMATE: PACTO ENTRE CABALLEROS

Cuando surgió la idea de hacer Ultimate Spider-Man, nadie creía en el proyecto. En un primer momento, iba a ser una miniserie de seis números, y cualquiera que hubiera conocido anteriores intentos de recontar el origen del héroe icónico de la factoría de Stan Lee podía apostar a que se quedaría como tal, en mera anécdota. Por eso, a Mark Bagley, un artista tradicional, un hombre de empresa poco dado a los fuegos artificiales, no le pareció mal hacerse cargo del dibujo, porque sabía que aunque no le convenciera el proyecto, al cabo de medio año volvería a lo de siempre. A veces, por suerte, los planes salen al revés de como se prevén.

 

Ultimate Spider-Man se convirtió en uno de los mayores éxitos de la Marvel del arranque del siglo XXI, de manera que de inmediato se transformó en serie regular. Lo más sorprendente es que Bagley se dio cuenta de lo mucho que estaba disfrutando del trabajo, así que decidió quedarse. Ya entonces atesoraba una fama de dibujante fiable, de los que en raras ocasiones faltan a su cita mensual con los lectores, pero con el Spiderman Definitivo llevó tales principios a sus últimas consecuencias. Conforme pasaron los años, Bagley siguió y siguió inamovible en su puesto, sin dar señales de agotamiento, sin importar que durante una buena temporada Marvel decidiera lanzar 18 entregas al año de la serie y sin que el hecho de que fuera requerido para colaboraciones puntuales en otros cómics hiciera mella en él. Brian Michael Bendis, el guionista, tampoco estaba dispuesto a abandonar al personaje, por más que, en un momento dado, Robert Kirkman, el único autor que hubiera podido sustituirle, se señalara a sí mismo como su sucesor natural.

 

En un momento dado, alguien se acordó que había un récord por superar, el de Stan Lee y Jack Kirby en The Fantastic Four. Los padres fundadores habían permanecido en el cómic que lo empezó todo durante la mágica cifra de 102 números. A ellos se les podían sumar los seis primeros Annuals, que también dibujó Kirby. En total, nada menos que 108 episodios. Era un prodigio, una maravilla a la que ningún equipo creativo había conseguido acercarse. En editoriales independientes, Dave Sim con Cerebus y Erik Larsen con Savage Dragon, sí habían alcanzado semejante proeza, pero era algo a lo que nadie estaba acostumbrado en las majors. Dentro de Marvel, se podía encontrar la larga permanencia de Chris Claremont en Uncanny X-Men o de Peter David en Incredible Hulk, pero ambos se apoyaron en diversos dibujantes durante los años que estuvieron en dichas cabeceras.

 

Ultimate Spider-Man #102 USA, en plena saga del clon, señaló el punto en que Bendis y Bagley cumplieron aquel ambicioso objetivo de igualarse con los pioneros de La Casa de las Ideas. El artista permanecería todavía nueve episodios más, hasta que en Marvel encontraran el sucesor apropiado, pero luego cambiaría de aires. Al respecto de su marcha, después de tantos años, diría lo siguiente: “Brian y Ralph [Macchio, el coodinador de la serie] lloraron, y me ofrecieron favores sexuales para que me quedara. Joe [Quesada] se lo tomo como un hombre, se quejó una vez y luego se fue a casa a patear al perro. En serio, todos entendieron mis razones y respetaron mi decisión. A Ralph le habría encantado que me quedara, ya que se trabaja muy bien conmigo. Brian todavía disfruta con lo que aporto y creo que trabajaría conmigo siempre, de lo cual estoy muy orgulloso. Para ser honesto, cuando hice mi última página, me puse a temblar. Ya he dejado títulos antes para trabajos de más nivel, y me han sacado educadamente de un proyecto cuando la editorial ha querido un cambio. Pero esta es la primera vez que me he marchado de un trabajo tan maravilloso por razones que son sólo mías”. Esas razones, por cierto, llevarían a Bagley hasta DC Comics, de donde regresaría a Marvel apenas tres años más tarde.

 

Mientras tanto, Stuart Immonen sería el llamado a sustituirle. Este dibujante de origen canadiense compartía algunas de las mejores cualidades de Bagley. Su fiabilidad, rapidez y dominio de la narrativa eran equiparables, pero Immonen se diferenciaba de su antecesor en soltura y espontaneidad, lo que le hacía estar menos pendiente de seguir un modelo preestablecido de cada personaje. Immonen era además un artista en constante evolución. Había pasado de una puesta en escena sencilla, basada en la iluminación de la escena, a un realismo idealizado heredero de Norman Rockwell, con el que destacaría por la que fue su obra maestra en DC Comics, Superman: Identidad Secreta (2004). De ahí, pasó a una simplificación máxima de la línea, con la que ganó en espectacularidad, y que luciría en sus proyectos para Marvel, la transgresora Nextwave (2006-07), junto a Warren Ellis, y las dos cabeceras del Universo Definitivo por las que ya había pasado, Ultimate Fantastic Four (2004) y Ultimate X-Men (2005-06). Podría haberse mantenido en tales parámetros para Ultimate Spider-Man, pero optó por dar un paso más hacia delante, por añadir mayor cantidad de detalles en cada viñeta. Así empezaría el camino que le llevaría a alzarse como una nueva estrella. En tal posición, ilustraría Ultimate Spider-Man durante los años posteriores y se mantendría próximo a Brian Michael Bendis, con quien estaba llamado a acometer otros ambiciosos proyectos.

 

Algunos apuntes que merece tener en cuenta al respecto de la saga con la que Bagley concluyó su larga etapa junto al joven trepamuros y que se recopila en este volumen: Bendis recuperaba la larga rivalidad entre Spiderman y Kingpin, en forma de secuela a los acontecimientos narrados en Coleccionable Ultimate nº 36. Ultimate Spiderman nº 16: Guerreros. El puñado de justicieros callejeros que allí se había presentado aumentaba sus filas, con las incorporaciones de Daredevil, el Doctor Extraño y Ronin, este último un personaje fetiche de Bendis en el Universo Marvel tradicional, que en su viaje al cosmos Ultimate contó con una orientación radicalmente distinta. El grupo, a su vez, actualizaba a los Marvel Knights, formación de superhéroes callejeros que habían contado con una corta serie en la Tierra-616, a caballo entre 2000 y 2001, con la que se quería aglutinar a los representantes de la línea editorial del mismo nombre, apadrinada en sus orígenes por Joe Quesada y, por lo tanto, predilecta del Director Editorial de Marvel. La saga se coronó con un extraordinario epílogo, una conversación entre tía May y Peter, necesitados de sincerarse después de que ella hubiera descubierto la identidad secreta del héroe en el anterior tomo. Bendis daba respuesta a una historia similar, narrada por Joe Michael Straczynski y John Romita Jr. en el Universo Marvel clásico, pero también fue la ocasión perfecta para que Bagley cediera el testigo a Immonen de manera orgánica y natural. 111 números y siete años después del comienzo, el mayor cambio de Ultimate Spider-Man se había consumado.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 20

VIAJE A LAS ESTRELLAS: EL INESPERADO ASCENSO DE GUARDIANES DE LA GALAXIA

Aunque la inmensa mayoría de sus personajes habitan en la Tierra, Marvel siempre ha dedicado una especial atención a las sagas ambientadas en el espacio y enmarcadas en el género de la ciencia ficción. Los Cuatro Fantásticos, con los que Stan Lee y Jack Kirby empezaron todo, allá por 1961, enseguida entraron en contacto con razas alienígenas, dando lugar a muchos de los conceptos a partir de los que luego se expandiría La Casa de las Ideas, como fueron los Kree, los Skrull, Galactus, Estela Plateada y muchos otros. En los años setenta, el extraordinario guionista y dibujante Jim Starlin dio un gran impulso a la épica cósmica dentro de Marvel, introduciendo en el proceso un villano capital, Thanos. En la retaguardia, Arnold Drake y Gene Colan crearon un supergrupo, los Guardianes de la Galaxia, que en un principio pasó casi inadvertido, pero que mucho tiempo después llegó a transformarse en uno de los modernos éxitos trasmedia de la factoría. Esta es la historia de cómo los Guardianes de la Galaxia pasaron de la insignificancia al estrellato, y de las más de cuatro décadas que transcurrieron entre un estado y otro.

 

 

1969-1980: EL FUTURO EMPIEZA AYER

Los Guardianes de la Galaxia nacieron en una cabecera que inicialmente se llamaba Fantasy Masterpieces y se nutría de reediciones. Cambió de título por el de Marvel Super-Heroes, para acoger fundamentalmente historias autoconclusivas que se completaban con las socorridas reimpresiones. Era un contenedor en el que te podías encontrar cualquier cosa, desde una aventura de Spiderman que no tenía cabida en ningún otro lugar al debut del Capitán Marvel, pasando por los orígenes del Águila Fantasma o del Caballero Negro. De esta forma, en Marvel Super-Heroes #18 USA (1969), Arnold Drake y Gene Colan dieron vida a los Guardianes de la Galaxia, a partir de una interesante idea de Roy Thomas, por la cual, en un futuro lejano, Estados Unidos había sido conquistado por Rusia y China mientras una resistencia formada por un puñado de héroes trataba de liberar el país.

 

A la hora de desarrollar el guión, Drake cambió sustancialmente la premisa de Thomas, de manera que quienes se habían hecho con el control de la nación en el siglo XXXI eran los Badoon, una siniestra especie alienígena que Stan Lee y John Buscema habían desarrollado para enfrentarse con Estela Plateada. Del dibujo se encargaba Gene Colan, uno de los grandes artistas de la época, y en la aventura finalmente publicada se presentaba a un inusual cuarteto, formado por el terráqueo Vance Astro, y los alienígenas Charlie-27, Yondu y Martinex. El final quedaba abierto, con los héroes prometiendo que salvarían el planeta, pero lo cierto es que la historia no se completó hasta nada menos que un lustro más tarde, cuando los Guardianes de la Galaxia aparecieron como invitados especiales en Marvel Two-In-One #4 y 5 USA (1974), y derrotaron a los Badoon con la ayuda de La Cosa y el Capitán América. El grupo viajó al presente y apareció junto a Los Defensores, y en el proceso se unió un nuevo miembro, Halcón Estelar. Entre 1976 y 1977 lograron incluso protagonizar un serial, aparecido en la serie Marvel Presents y ambientado de nuevo en el futuro. Al comienzo del mismo se incorporaba Nikki, la primera chica de los galácticos.

 

Ya en 1978, los Guardianes alcanzaron una mayor cota de popularidad gracias a su intervención destacada en “La saga de Korvac”, una épica aventura de Los Vengadores por la que los Guardianes vivieron una temporada en la Tierra. Concebida por Jim Shooter con dibujo de George Pérez y David Wenzel, “La saga de Korvac” ofrecía todo aquello que se esperaba de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra, con grandes batallas, un elenco numeroso y una amenaza más allá de toda medida, la del villano del título. Quedó gravada a fuego en la mente de los lectores, mientras que los Guardianes de la Galaxia quedaban como una suerte de contrapartida futurista de Los Vengadores. A esa misma época, también pertenecen apariciones puntuales, en títulos como Marvel Team-Up o Marvel Two-In-One y que llegan hasta 1980. Es en este periodo en el que se asentó tanto la pertenencia de los Guardianes de la Galaxia al Universo Marvel como su relación con Los Vengadores, dos circunstancias que tendrían una gran importancia más adelante.

 

1990-1995: EL CÓSMICO DE LOS NOVENTA

El buen sabor de boca dejado por la alianza con Los Vengadores frente a Korvac acabó siendo desperdiciado, de manera que los Guardianes cayeron en el olvido durante toda una década. Su regreso, en el arranque de los noventa, vino en el lote de un revival de diversos conceptos de los setenta. En esa época volvieron también Luke Cage, el Caballero Luna o el Motorista Fantasma, entre otros. Jim Valentino, un autor de cierta popularidad que luego participó en la fundación de Image Comics, se hizo cargo de la primera colección que llevaba el nombre de los personajes y trasladó una vez más la acción hacia el futuro. En tareas tanto de guionista como de dibujante, permaneció durante más de dos años al frente de la serie, construyendo sus historias a partir de los trabajos de sus predecesores e introduciendo gran cantidad de conexiones con la continuidad del Universo Marvel, sin que el hecho de que la acción estuviera ambientada en el futuro le supusiera otra cosa que mayor libertad a la hora de recurrir a tal o cual elemento propio de la editorial. La primera saga se centraba en la búsqueda del escudo del Capitán América, un ejemplo de la manera de hacer las cosas de Valentino, que encontraba en el siglo XXXI las huellas dejadas por los héroes del XX. Los Badoon, además, se consolidaron como los archienemigos del equipo, que continuó adelante mucho tiempo después de la marcha de su impulsor, en manos, fundamentalmente, del guionista Michael Gallaher y del dibujante Kevin West, cuyos nombres en la actualidad resultan bastante lejanos y desconocidos, pero que sostuvieron la colección durante un extensísimo periodo, hasta que fue cancelada, dentro de la debacle en la que se sumió el cómic de superhéroes a mediados de los noventa, con Guardians Of The Galaxy #62 USA (1995).

 

 

2005-2010: SEGUNDA GÉNESIS

Y de nuevo pasó una década en blanco, hasta 2005. Marvel se encontraba entonces inmersa en una ambiciosa recuperación de sus Poderes Cósmicos, aquellos personajes de naturaleza alienígena o que desarrollaban sus andanzas mayoritariamente fuera de la Tierra. Todo empezó con el inesperado éxito de “Aniquilación”, una excelente saga que recolocó en el mapa héroes y conceptos que llevaban mucho tiempo en el olvido. Entre ellos se encontraba Drax El Destructor, una vieja creación de Starlin, que fue reinventado por Keith Giffen y Mitch Breitweiser, mediante la miniserie que condujo a “Aniquilación”. Se recuperó también a Thanos, aunque en un papel secundario, quizás para hacer valer la autonomía de la nueva empresa más allá de la cosmogonía establecida por el mencionado Starlin.

 

Para la secuela, “Aniquilación: Conquista”, aparecida en 2007, Marvel recurrió a los servicios de dos guionistas que solían trabajar unidos: Dan Abnett y Andy Lanning. Una de las atracciones que introdujeron fue la del renacimiento de los Guardianes de la Galaxia, pero tras pasar por sus manos del viejo concepto no quedaba más que el nombre. La acción se había trasladado a la actualidad y ninguno de los integrantes originales estaba presente. DnA, como solía conocerse a la pareja literaria, recurrió al mencionado Drax, a Warlock y a Gamora, también procedentes del Panteón Starlin, pero una vez más renunciando a las esencias de éste, a la búsqueda de la novedad. Además, añadieron a tres personajes que hasta entonces no habían tenido conexión alguna. El primero de ellos era Starlord, aventurero espacial creado por Steve Englehart y Steve Gan en 1976 que había contado con varios magazines en blanco y negro en aquella época, destacando los de Chris Claremont y John Byrne. El segundo era Mapache Cohete, un extraterrestre con aspecto de mapache antropomórfico, nacido de igual manera en un magazine, de manos de Bill Mantlo y Keith Giffen. Había llegado a contar con una miniserie en 1985, dibujada por Mike Mignola. Y por último, estaba Groot, personaje maldito entre los malditos, que fue inventado por Stan Lee y Jack Kirby para una de sus relatos cortos de monstruos anteriores a la venida de los superhéroes y que apenas había vuelto a dejarse ver, en un Annual de Hulk.

 

Más que partir de la compleja y a veces contradictoria cronología previa de todos ellos, Abnett y Lanning se quedaron con la imagen icónica y a partir de ahí construyeron una pandilla de antihéroes que vivían aventuras espaciales con un toque pulp y un lenguaje moderno, de diálogos chispeantes. Estos nuevos Guardianes de la Galaxia estrenaron serie nada más terminar “Aniquilación: Conquista”. Durante los dos años que sobrevivió la cabecera en activo, fueron la pieza central de las sagas cósmicas orquestadas por Abnett y Lanning, lo que incluyó nuevos eventos, como “Guerra de Reyes” o “El Imperativo Thanos”. Este último acababa de manera trágica para los Guardianes, con la supuesta muerte de Starlord y la disolución del equipo, lo que en cierta forma marcó el final de una etapa. Pero entonces ocurrió algo que nadie hubiera imaginado…

 

2010-2014: EL CAMINO AL CINE

La primera vez que Kevin Feige, el presidente de Marvel Studios, dejó caer la posibilidad de que los Guardianes de la Galaxia se sumaran al Universo Cinemático Marvel fue en la San Diego Comic-Con de 2010 y costaba dar crédito a sus palabras. Todavía faltaban dos años para que se completara la llamada “primera fase”, pero ya Feige buscaba la manera de expandir la franquicia. Consciente de que no podían contar con Los Cuatro Fantásticos o con La Patrulla-X, puesto que sus derechos estaban en manos de 20th Century Fox, el líder de la Marvel cinematográfica concluyó que era necesario acudir a otro tipo de licencias, que permitieran ampliar el ámbito de actuación de los cineastas. La elección de los Guardianes de la Galaxia era extremadamente arriesgada, puesto que nadie, fuera de los cómics, conocía a aquellos tipos, pero también muy inteligente, dado que la escasa trayectoria del equipo permitía moldearlo en función de las necesidades del estudio. Veinticuatro meses más tarde, de nuevo en la Comic-Con, Feige enseñaba una ilustración promocional de Ryan Meinerding, el jefe de desarrollo visual de Marvel Studios, en la que aparecían Drax, Groot, Starlord, Mapache Cohete y DnA: se confirmaba así que un equipo de superhéroes nacido apenas cuatro años antes y que en aquel momento no contaba ni siquiera con cómic en curso iba a convertirse en la siguiente apuesta para la gran pantalla de La Casa de las Ideas.

 

Y así fue como los engranajes se pusieron en marcha. La excelente serie de dibujos animados Los Vengadores: Los Héroes Más Poderosos de la Tierra enseñó por primera vez a los Guardianes de la Galaxia en movimiento, en un episodio, el sexto de la segunda temporada, que escribieron Abnett y Lanning y que adaptaba “La saga de Korvac”, con la diferencia de que, en lugar del grupo clásico, figuraba el moderno, el mismo que se preparaba para saltar a los cines. Pero faltaban, claro está, las viñetas. Los Guardianes debían volver al papel impreso, y debían hacerlo a lo grande.

 

 

La misión de restaurar a los héroes cósmicos dentro del Universo Marvel propiamente dicho quedó en manos de Brian Michael Bendis. Aclamado autor de procedencia indie que había dado a la compañía éxitos como Jessica Jones y Ultimate Spider-Man, largas etapas de Daredevil y Los Vengadores o eventos como “Dinastía de M” o “Invasión Secreta”, Bendis tenía un plan que, sin que los lectores lo sospecharan, desenbocaba en los Guardianes. Coincidiendo con el estreno de la película de Los Vengadores, el guionista iba a estar al frente de una nueva cabecera de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra junto a su socio de Ultimate Spider-Man, Mark Bagley. Se trataba de Avengers Assemble, un título que se puso a la venta en paralelo en mayo de 2012, a tiempo para el filme. Teniendo esto en cuenta, la alineación era idéntica a la de los cines y el argumento simplificaba al máximo las cosas, para facilitar la captación de nuevos lectores. Con todo eso, en el primer arco argumental, el único que realizaron finalmente Bendis y Bagley, se ofrecían un par de sorpresas significativas.

 

 

Por un lado estaba el villano, que no era otro sino Thanos, la gran amenaza en la sombra que se había presentado a los espectadores en la escena post créditos de la película. Bendis era una de las pocas personas para las que esa aparición no había supuesto la menor sorpresa, al haber participado en la cinta de Whedon dentro del “Think Tank” de asesores. Por otro lado, brillaban con fuerza los grandes invitados especiales de la historia, nada menos que los Guardianes de la Galaxia. En el momento en que se presentaron ante Los Vengadores, quedó claro que aquello no era sino el prólogo de una futura colección más, en esta ocasión dedicada en exclusiva a los héroes cósmicos, y a la que saltó Bendis nada más terminar con sus ocho números de Assemble.

 

La nueva vida de papel de los Guardianes de la Galaxia se inauguró, por fin, a comienzos de 2013, con el añadido de Steve McNiven (Civil War) a los dibujos. Todo empezaba con un número especial de “Punto de arranque”, que ponía al día los orígenes de Starlord, para a continuación saltar al momento presente y abrir una espectacular aventura por la que se alteraba el estatus de los Guardianes y su posición dentro del organigrama cósmico. Además de aquellos héroes que iban a estar en la película, en la formación había alguna que otra sorpresa con la que el guionista buscaba mantener lazos con Los Vengadores. El segundo arco, para el que Sara Pichelli sustituyó a McNiven, supuso la llegada de Angela, una creación de Neil Gaiman y Todd McFarlane para Image que acababa de pasar a formar parte del Universo Marvel. El año inaugural de la serie se coronó mediante un cruce con “Infinito”, el evento en el que estaban envueltos Los Vengadores en aquel momento, y con un episodio autoconclusivo, para el que se reclutó al mítico dibujante Kevin Maguire, famoso por su interpretación en clave de humor de La Liga de Justicia.

 

Al contrario que había ocurrido con la serie de Abnett y Lanning, que tuvo excelentes críticas, pero unas ventas discretas que la abocaron, en último término, a la cancelación, estos renovados Guardianes de la Galaxia se posicionaron enseguida como uno de los títulos imprescindibles de Marvel, más allá de que la inminencia primero y el estreno después del filme sirvieran como impulso evidente. El secreto estaba en unas historias que Bendis construía alrededor de la interacción entre los protagonistas, con unos diálogos espontáneos, ágiles, certeros y canallas. Los Guardianes de la Galaxia eran un puñado de rebeldes que desafiaban a la autoridad y vivían sin otro apoyo que el que se proporcionaban los unos a los otros, en un tono muy similar al que Joss Whedon había imprimido en su teleserie de culto Firefly, y que también iba a estar en la propia película.

 

Este volumen contiene tanto el prólogo de Avengers Assemble como los diez primeros números de la larga etapa de Brian Michael Bendis, así como unos pequeños relatos de los distintos miembros del equipo que aparecieron primero en formato digital y que servían como precuela.  En su conjunto, componen un espectacular nuevo comienzo para los grandes héroes cósmicos de Marvel, a los que nadie esperaba y que quizás por eso nos atraparon a todos para siempre.

 

Texto aparecido originalmente en Marvel Integral. Guardianes de la Galaxia: Vengadores cósmicos

1 2 3 4