LOS VENGADORES VS. LA PATRULLA-X: ZONA DE COMBATE

“VvX: Los Vengadores Vs. La Patrulla” fue un evento decididamente lúdico. Frente a otras propuestas de Marvel, en las que se buscaba la alegoría social o política, en “VvX” se apostó por la espectacularidad y el espíritu de los cómics clásicos, donde las peleas entre los superhéroes se planteaban como divertidos choques cuasi deportivos que no dejaban mayor consecuencia. El modelo básico estaba en un mítico crossover de los años setenta, el que enfrentó a Los Vengadores contra Los Defensores. En esa saga, uno de los elementos más llamativos residía en los combates individuales entre diferentes miembros de ambos equipos, que permitía a los lectores ponerse de parte de su personaje favorito. En la serie central de “VvX” no había mucho espacio para tales juegos, pero en el Bullpen tuvieron una idea que permitió darles la relevancia que merecían.

 

La batalla entre Los Vengadores y Los Defensores, que desarrollara Steve Englehart en 1973, cuando era guionista de las series de ambos equipos, hundió las raíces en los viejos encuentros entre La Liga de la Justicia de América y La Sociedad de la Justicia de América, con los que compartía andamiaje y filosofía. Se trataba, a fin de cuentas, de una gran tradición inserta dentro del cómic estadounidense de superhéroes. En Los Vengadores Vs. Los Defensores, los combates individuales sirvieron de aliño a una estructura argumental muy tenue, de tal manera que apenas unas pocas páginas estaban dedicadas a la trama en sí, mientras que los duelos conformaban el grueso de la aventura. A día de hoy, los aficionados que disfrutaron de aquella batalla, sin parangón hasta entonces, todavía recuerdan con gozo sus choques favoritos y de parte de quién estaban, más que el engaño al que habían sometido Dormammu y Loki a sus enemigos para que lucharan entre ellos.

 

Cuatro décadas después, en Marvel eran conscientes de todas estas circunstancias y las tuvieron en cuenta a la hora de trazar las líneas maestras de “VvX”. La naturaleza de este evento se diferenciaba claramente de otras sagas que habían tenido lugar en La Casa de las Ideas en años inmediatamente anteriores, como “Civil War”, “World War Hulk”, “Asedio” o incluso “Miedo Encarnado”. Para acompañar a todas ellas, Marvel lanzaba una serie de complemento, habitualmente subtitulada “Primera línea”, que se acercaba a los aspectos más mundanos y a pie de calle del conflicto en cuestión. Solía erigirse como el vehículo perfecto para explicitar las conexiones de la historia con el mundo real. Sin embargo, en una aventura que explicaba cómo Los Vengadores y La Patrulla-X combatían entre ellos a cuenta de la llegada de una entidad cósmica no parecía haber lugar para tal cosa. Sí, tal vez podría haberse lanzado un “VvX: Primera Línea” que abordara el impacto de lo ocurrido entre los ciudadanos de Wakanda que sufrían las iras de Namor o entre los habitantes de los países a los que ayudaban los Cinco Fénix… pero parecía algo innecesario. En su lugar, la serie de acompañamiento de “VvX” estaría dedicada a la diversión en su grado más elevado.

 

Y es que, mientras desarrollaban el apretado argumento de VvX, en La Casa de las Ideas fueron conscientes de una terrible realidad. Una inmensa mayoría de lectores estarían aguardando los grandes combates que se desarrollarían durante la aventura. Las posibilidades eran poco menos que infinitas: Cíclope contra el Capitán América, Magneto contra Iron Man, Pícara contra Ms. Marvel, Tormenta contra Thor, Dr. Extraño contra Magik… Cada personaje tenía poco menos que un opuesto perfecto al que enfrentarse. ¿Cuál era entonces el problema? Pues que en la serie central pasaban tantas cosas que no había apenas espacio para esas batallas. ¿Solución? Trasladarlas a ese título companion huérfano todavía de definición. El encargado de poner en marcha el proyecto complementario fue Nick Lowe, coordinador de la Oficina Mutante, que en el evento principal ejercía labores de editor consultivo, mientras que la posición de editor principal recaía sobre Tom Brevoort. Al contrario que hubiera ocurrido con pasadas series complementarias de evento, Lowe decidió prescindir de un equipo creativo fijo, y en su lugar apostó a lo más alto… ¡y ganó! Cada entrega estaría compuesta de dos historias diferentes, cada una con autores de lujo. Algunos de los mejores guionistas y dibujantes con los que contaba La Casa de las Ideas al comienzo de la segunda década del siglo XXI se daban cita en esa serie companion, como ya ocurría, por otra parte, en el título principal.

 

Quizás AvX: Vs no sea ninguna obra maestra, pero constituye un entretenimiento de primer orden, donde los propios autores vuelven a ser chavales, orquestando las batallas que más les hubiera gustado leer a ellos mismos, y transmitiendo ese entusiasmo a los aficionados. Hay choques obvios, como el de Magneto, el mutante que controla las fuerzas del magnetismo, contra Iron Man, el caballero vestido con una armadura de hierro; hay viejas rivalidades recalentadas, como la que encontramos entre La Cosa y Namor, integrante y viejo rival de Los 4 Fantásticos, respectivamente; hay guiños a historias clásicas, como la que representa el choque de Spidey contra Coloso, aquí con el poder de Juggernaut; hay peleas que entran en lo personal y que cambian trayectorias vitales, como la que tiene lugar entre Pantera Negra y su esposa Tormenta; hay un último combate que se llevaba esperando casi desde que se anunciara el evento, el de Hope contra La Bruja Escarlata, e incluso hay una traca final, de historias cortas con un toque humorístico y/o paródico. No hubiéramos podido dormir sin ese Jarvis vs. El Sapo.

 

Este volumen recopila las seis entregas que tuviera la edición americana del proyecto, y se completa además con el especial A-Babies Vs. X-Babies, una auténtica y deliciosa locura, inspirada por la cubierta variante que realizara Skottie Young para el primer número de la serie troncal. En ella, el dibujante de la adaptación al cómic de El mago de Oz había presentado versiones infantiles de los dos grupos en liza. Los lectores aplaudieron de tal manera la ocurrencia que en Marvel no les quedó más remedio que transformarla en un especial, para el que Young se quedó en tareas literarias, cediendo la parte artística a Gurihiru. El éxito fue tal que, a partir de entonces, cada nuevo lanzamiento de Marvel está apoyado por una “baby variant” de Young. Fue una manera de mantener cierta acogedora familiaridad entre un tiempo que tocaba a su fin, el de la Marvel que pusiera en pie Joe Quesada, y Marvel Now!, el landscape al que dio pie la guerra entre Los Vengadores y La Patrulla-X y con el que Axel Alonso, que acababa de ser nombrado Director Editorial de la compañía, lanzaba su primera gran iniciativa. La sensación de continuidad era más ilusoria que real: una época nueva, y radicalmente diferente, estaba a punto de iniciarse en Marvel.

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Deluxe. VvX: Versus

UNA ROSA CRECE EN UTOPÍA: REFLEXIONES PARA DESPUÉS DE LA GUERRA ENTRE VENGADORES Y PATRULLA-X

Pocas historias han marcado un final de etapa dentro del Universo Marvel de una manera tan indeleble como “VvX: Los Vengadores Vs. La Patrulla-X”. El ciclo argumental que se abriera con “Dinastía de M” llegó a su clausura, después de años en que los mutantes vivieran al borde de la extinción, pero, más importante que eso, fue que en el Bullpen terminó una manera de hacer las cosas, la que había alumbrado Joe Quesada en 2005. Después de todo un lustro al frente de la editorial en que había huido de la idea de la idea de cosmos compartido y en que los personajes habían vivido sus aventuras de manera casi autónoma y en compartimentos estancos, se dio un giro radical a la política de la compañía, para abrazar de nuevo uno de sus rasgos más significativos: que todo estuviera conectado, que cada cómic no fuera sino una pequeña pieza de un gigantesco puzle y que cualquier cambio en la más minúscula de las piezas afectase a la imagen de conjunto. Bajo la dirección de su sucesor, Axel Alonso, y aunque se mantendría un cierto hilo conductor, se iba a perder cohesión a favor de una mayor independencia de cada personaje y de los propios autores.

 

 

Eso lo facilitó, en gran medida, el gesto que representaba “VvX”, por el que el grupo de guionistas al frente del proyecto dejaban recogidos los juguetes de los que habían estado disfrutando durante mucho tiempo, aunque en algunos casos esos juguetes hubieran cambiado hasta hacerse casi irreconocibles. Y es que, en esa última fiesta que fue la guerra entre Los Vengadores y La Patrulla-X, se atrevieron a ir con algunos de los protagonistas hasta donde nunca antes había llegado nadie. “VvX” se maceraba con temas trascendentales: la fe, la religión y la supervivencia, de los que hablaba Jason Aaron, pero estos no formaban sino parte del trasfondo de la historia, mientras que el desarrollo de la misma se llenaba de espectaculares batallas, giros insospechados y en ocasiones rocambolescos, muertes dramáticas y cuanto hiciera falta para añadir pirotecnia al espectáculo.

 

En una de las entrevistas promocionales publicadas durante el desarrollo del evento, el veterano artista Adam Kubert llegó a confesar que nunca había tenido que dibujar tal cantidad de personajes en un único cómic como le había tocado en “VvX”. Ni siquiera en “Onslaught”, a finales de los noventa, había dibujado a tantos. Las declaraciones dan buena muestra de la envergadura del relato. Guionistas, dibujantes y editores rompieron con lo que cabía esperar de ellos no una, sino varias veces, a lo largo de los doce episodios, más sus prólogos, sus tie-ins, sus series-companion y sus derivados digitales, ofrecidos por primera vez en papel en esta recopilación.

 

En el guión previo escrito en la cabeza de cada lector, estaba la opción de que la Fuerza Fénix se encarnara en Hope, o de que lo hiciera en Cíclope, o incluso que recayera sobre la figura de algún vengador… pero ninguno de esos fans hubiera elucubrado, ni en sus más febriles sueños, que la entidad cósmica repartiría su poder entre cinco elegidos con nombre de grupo de estrellas de pop, esos Cinco Fénix que llegan a convertirse en los villanos de la historia, pero que nunca dejan de ser héroes conducidos por la desesperación, el miedo, el deseo de salvar a los suyos y la borrachera de omnipotencia hacia un destino que sólo puede ser fatal. Incluso cuando buscan beneficiar a la humanidad, los Cinco Fénix se equivocan. Bajo la influencia de una fuerza que no pueden controlar, perpetran actos terribles. Una vez perdido el poder, habrá quienes emprendan el camino de la redención, pero también los que opten por la huida hacia delante. Fue aquí, en “VvX”, donde Jonathan Hickman entró en contacto con ese Namor furioso y aniquilador como no se conocía desde los años cuarenta, y el guionista seguiría profundizando luego en esa vertiente del personaje, a lo largo de su etapa al frente de la franquicia de Los Vengadores, pero el personaje que salió irremediablemente alterado de la experiencia iba a ser, sin lugar a las dudas, Cíclope, que había cruzado el rubicón con un acto tan terrible como el de haber asesinado al hombre que había sido un padre para él.

 

Porque Scott Summers quizás sea el gran vencedor de la batalla, ya que consigue aquello que se proponía, salvar a la raza mutante, pero al mismo tiempo, y en lo personal, es el inequívoco perdedor de “VvX”. Antes de comenzar la saga, representaba un líder para su pueblo, apenas cuestionado por Lobezno y su nueva escuela. Durante la trama, se convertía en un terrorista, odiado por los suyos y probablemente por sí mismo. Ni siquiera le queda el amor de Emma Frost, y el que tuviera por Jean Grey ha quedado mancillado, por el uso que le ha dado a la Fuerza Fénix. Para desgracia de quienes consideraran a Cíclope el primer y más importante hombre-X, su evolución modélica de los años anteriores quedaba empañada, hasta verse transformado casi en una caricatura, por muchas excusas que se le quisiera poner a su actuación en estas páginas.

 

La muerte de Charles Xavier, el hombre que lo había empezado todo el día que reunió a aquellos cinco chavales, tenía por fuerza que marcar un punto y final, pero que viniera de la mano del mutante que más apreciaba de aquellos primeros alumnos no podía ser más amargo. Si anteriormente “Cisma” ya había roto con la dinámica Xavier-Magneto, al entregar estos sus respectivos papeles a Lobezno y Cíclope respectivamente, “VvX” confirmaba la ruptura, al hacer que los otrora rivales no fueran sino actores invitados en este drama, y la subrayaba como definitiva, al eliminar a uno de los dos. Sí, la muerte no es algo en absoluto definitivo dentro del Universo Marvel, más en el caso que nos ocupa, el de un personaje que ha resucitado no una, sino varias ocasiones… pero en este caso los autores de esta saga tenían una intención sincera, y al menos en el lustro que siguió a la publicación del evento nadie vino a desdecirlos, prueba de que iban en serio.

 

En “VvX” había víctimas, hay verdugos, pero también héroes, en este caso heroínas. La alianza final entre Hope y La Bruja Escarlata revestía una importancia extraordinaria. Eran dos mujeres las que venían a poner punto y final a un conflicto en el que los hombres habían llevado, en casi todas sus fases, la voz cantante. Para Wanda, su acto representaba también una forma de redención, sumada a la que ya encontrase en Los Vengadores: La cruzada de los niños, pero que aquí cobraba verdadera importancia, ya que respondía a una decisión consciente y meditada. Para Hope, suponía la culminación del camino que había seguido desde que se presentara en Patrulla-X: Complejo de Mesías: el camino de la guerrera. Todavía quedarían muchos misterios por resolver alrededor de ella, y aunque el personaje siguió presente en el Universo Marvel posterior, ya nunca volvería a tener relevancia. Su círculo se había cerrado.

 

Como se había cerrado el gran círculo sobre el que gravitaran las historias de La Casa de las Ideas durante tanto tiempo. En el día después de “VvX”, aguardaba Brian Michael Bendis fuera de Los Vengadores y al frente de La Patrulla-X; Jonathan Hickman como albacea de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra, y un nuevo equipo, el Escuadrón de Unidad, nacido de la unión del propósito de superhéroes humanos y mutantes de construir juntos la paz del mañana. Aguardaban, en definitiva, grandes cambios. Un brillante pasado quedaba atrás, mientras un nuevo tiempo se abría camino. Había llegado la hora de Marvel Now!

 

Texto publicado originalmente en Marvel Deluxe. VvX: Los Vengadores vs. La Patrulla-X. Segunda Parte

LA PATRULLA-X VS. LOS VENGADORES: CUANDO CHOCAN LOS TITANES

Los Vengadores y La Patrulla-X nacieron el mismo mes del mismo año. El primer número de cada una de sus colecciones llevaba fecha de portada de septiembre de 1963. Ambos grupos fueron creados por Stan Lee y Jack Kirby, en la efervescencia de los superhéroes que había tenido lugar tras el lanzamiento de Los Cuatro Fantásticos. Desde entonces, han seguido caminos paralelos, con ocasiones puntuales en que sus historias se cruzaban o alguno de sus miembros saltaba de un equipo al otro. Antes que integrantes de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra, Mercurio y La Bruja Escarlata fueron enemigos de La Patrulla-X; de igual manera, La Bestia, uno de los miembros fundadores del equipo de mutantes, perteneció durante una larga temporada a Los Vengadores. En el terreno comercial, sus éxitos han sido alternos, toda vez que los últimos tuvieron un arranque mucho más positivo que el de los mutantes, y que esa ventaja dio un vuelco entre finales de los años setenta y el comienzo de los años ochenta, hasta bien entrado el siglo XXI, cuando las tornas volvieron a cambiar.

 

 

El ciclo narrativo que se inauguró en 2005, con la disolución de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra en “Vengadores Desunidos”, impulsó una cadena de argumentos que volvía a relacionar estrechamente a ambos grupos. La locura de La Bruja Escarlata, que había sido el detonante de lo sucedido, volvió a ponerse de manifiesto en “Dinastía de M”, el primer gran evento de Marvel en mucho tiempo. En sus páginas finales, tres simples palabras de Wanda Maximoff (“No más mutantes”) abocaron al Homo superior a la extinción. La práctica totalidad perdió sus poderes y ningún nuevo nacimiento se produjo tras el llamado Día-M. Tiempo después, surgió una pequeña esperanza, en la figura de Hope, una niña que parecía haber escapado a la maldición de Wanda. Para que pudiera sobrevivir, Cable tuvo que criarla en el futuro, tal y como se contó en una espectacular trilogía de aventuras enmarcada en la franquicia de La Patrulla-X: “Complejo de Mesías”, “La guerra del Mesías” y “Advenimiento”. Al final de esta última, Hope volvía, ya adulta, al presente, y su vuelta coincidía con la reactivación del gen mutante.

 

Durante todo ese tiempo, los guionistas de Marvel mantuvieron un calculado silencio alrededor de la verdadera naturaleza de Hope. No se conocía el nombre de sus padres, asesinados por supremacistas humanos poco después del nacimiento de ella; su aspecto, con una llamativa melena pelirroja, apuntaba a una hipotética relación familiar con Jean Grey, lo que conducía, acto seguido, hacia la Fuerza Fénix, uno de los elementos más potentes de la mitología de La Patrulla-X. En sus orígenes, Fénix no era más que el nombre adoptado por Jean Grey después de verse sometida a una tormenta solar que multiplicó sus poderes hasta hacerla poco menos que omnipotente, pero también difícil de controlar. Jean prefirió acabar con su vida, antes de dejarse arrastrar por la locura que amenazaba con destruir a todos sus compañeros y, quizás, al universo. Ocurrió en “La saga de Fénix Oscura” (1980. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X nº 2), mítica historia que, además de lanzar a los mutantes al estrellato, cambió la manera de hacer cómics en aquel entonces, hasta el punto de que la caída de La Bruja Escarlata, que narrara Brian Michael Bendis un cuarto de siglo después, está muy influida por ella. Revisiones posteriores de la figura de Fénix establecieron que se trataba de una fuerza de la naturaleza capaz de encarnarse en personas concretas. Y es ahí donde surgían las cuestiones sin respuesta. ¿Acaso la Fuerza Fénix se reencarnaría en Hope? ¿Qué podría significar tal cosa, tanto para humanos como para mutantes? ¿Volvería Fénix como una fuerza benévola, o en cambio arrastraría nuestro planeta a la destrucción?

 

En 2012, el Director Editorial de Marvel, Axel Alonso, decidió que era el momento de responder a todas esas preguntas, y hacerlo a través de un espectacular evento que, al tiempo que cerraba casi una década de historias, servía como punto de arranque para muchas otras. El resorte de los acontecimientos no sería otro que el ansiado regreso de la Fuerza Fénix, lo que motivaría la ruptura entre La Patrulla-X y Los Vengadores. Mientras que Cíclope, como líder de la primera, estaría convencido de que Hope devolvería sus días de gloria a la maltrecha raza mutante, el regreso de Fénix sería considerado por Los Héroes Más Poderosos de la Tierra como una amenaza de primer orden.

 

Dada la envergadura y extensión del evento, en el Bullpen decidieron adoptar una estructura para “VvX: Los Vengadores Vs. La Patrulla-X” que rompía el esquema de proyectos anteriores, encabezados por un único guionista y un único dibujante. Por contra, para la nueva saga se llamó a los cuatro escritores fundamentales de La Casa de las Ideas en ese momento. Brian Michael Bendis, por su veteranía en esa clase de historias, por haber sido durante una larga temporada el responsable de la franquicia de Los Vengadores y porque, tras la finalización de “VvX” pasaría a desempeñar una labor equivalente con La Patrulla-X; Jason Aaron, como uno de los autores más importantes de los mutantes en los últimos años, escritor en esos momentos de una de sus cabeceras estrella, La Patrulla-X y Lobezno; Ed Brubaker, como el hombre que había asesinado y traído del más allá al Capitán América y que se había significado entre las grandes estrellas literarias del cómic del siglo XXI; Matt Fraction, por su larga trayectoria en la colección de Iron Man o Uncanny X-Men; y Jonathan Hickman, por disponerse a sustituir a Bendis en Los Vengadores. De igual forma, para la parte artística, se reclamó a los grandes espadas del lápiz dentro de Marvel. Estos eran: Frank Cho, en un prólogo centrado en las dos grandes figuras femeninas de cada equipo, La Bruja Escarlata y Hope; y John Romita Jr., Olivier Coipel y Adam Kubert, que se repartirían, respectivamente, el comienzo, el nudo y el desenlace de la aventura, todo ello coordinado por el editor habitual en estas lides, Tom Brevoort.

 

El choque entre Los Vengadores y La Patrulla-X respondía a unas razones argumentales muy claras, a las que la editorial había llegado de manera natural, pero detrás de las que latía una de las tradiciones más viejas de Marvel, la de enfrentar a sus héroes entre ellos. En los primeros tiempos, que Hulk luchara contra La Cosa o que Spiderman se enfrentara a Los Cuatro Fantásticos, o más adelante que Los Vengadores se las vieran contra Los Defensores, solía responder a la confusión o a un plan trazado por algún villano en la sombra. Pero, conforme se fueron sofisticando las historias, esta clase de lucha empezó a relacionarse con tomas de postura ideológica alrededor de un tema determinado. Había ocurrido así con “Civil War”, cuando los héroes se separaron en dos bandos irreconciliables, a favor y en contra del registro de superhumanos. En cualquier caso, suponía una ocasión perfecta para que los iconos de la compañía midieran fuerzas y los aficionados a su vez se posicionaran a un lado u otro.

 

Además de la serie principal en que tenía lugar el evento, “VvX” contó con un puñado de episodios colaterales que vieron la luz en formato digital exclusivamente. La trama se extendió a su vez hasta un título de acompañamiento, “VvX: Versus”, además de cruces en las cabeceras principales de ambas franquicias. De cara a su recopilación en castellano, y dada la extensión del proyecto, la colección troncal, junto a sus episodios digitales situados en su lugar cronológico oportuno, se recopila en dos volúmenes de Marvel Deluxe. “VvX: Versus” cuenta con su propio tomo independiente, mientras que los cruces aparecen en sus respectivas series dentro de la línea.

 

Después de tantos años de historias alrededor del futuro de la raza mutante, “VvX. Los Vengadores Vs. La Patrulla-X” señala el final del camino. La Fuerza Fénix se aproxima a la Tierra, y todo cambia. “El de Fénix es un concepto muy fácil de entender”, explica Brian Michael Bendis. “Se trata de un cometa viviente que arrasa mundos, hace crecer algo nuevo de las cenizas y necesita un huésped para dar rienda suelta a su poder. Cuando se dirige a tu planeta, ¿qué haces? ¿Vas a temerla o abrazarla?”. Mientras Los Vengadores aprecian el peligro, Cíclope, al frente de los mutantes, no hace sino contemplar ante él una pléyade de oportunidades. “Para el Capi”, explica Jason Aaron, el siguiente guionista del evento, “La misión es simple. No es personal. Se trata de salvar el mundo. En cambio, para Cíclope, todo lo que ocurre es personal. Es una cuestión de fe, religión y supervivencia”.

 

Texto originalmente aparecido en Marvel Deluxe. VvX: Los Vengadores Contra La Patrulla-X Primera Parte

EL ARRANQUE DE LA PATRULLA-X DE BRIAN MICHAEL BENDIS: EL PASADO QUE MIRABA AL FUTURO

En 2013, el lanzamiento de Marvel Now! representó el primer gran proyecto que Axel Alonso desarrolló en independencia plena, casi dos años después de haber accedido al cargo de Director Editorial de Marvel Comics. Alonso heredó la máquina que había engrasado Joe Quesada durante una década espléndida, con la mayoría de grandes estrellas del cómic estadounidense trabajando en su seno y con un formidable elenco de personajes que vivía un momento de popularidad extraordinariamente dulce. A esas alturas de siglo, Marvel parecía que no tenía ya nada que demostrar, sólo que conservar, así que, de cara al siguiente desafío de la compañía, Alonso dio un golpe de mano contra cualquier postura acomodaticia, que obligó a todos los autores a cambiar de puesto. Y el cambio más radical de todos fue el efectuado por Brian Michael Bendis.

 

 

La ascensión de este guionista había tenido lugar durante la década anterior, en paralelo con la evolución efectuada por Marvel en ese tiempo. La factoría había pasado de un pronóstico de enfermo terminal al de paraíso en el que todo el mundo quería estar, mientras que Bendis saltó de prestigioso indie desconocido por los fans a mayor estrella del medio. Muchas obras habían contribuido a tal posición, desde el nacimiento y desarrollo de Ultimate Spider-Man hasta la imperecedera etapa de Daredevil que orquestara en compañía de Alex Maleev, pero si una tarea del guionista de Cleveland había cambiado la faz del Universo Marvel esa era, sin dura, la desempeñada al frente de la franquicia de Los Vengadores. Cuando se hizo cargo de la misma, en 2006, los lectores lo veían como un cómic desgastado y sin interés. Bendis lo convirtió en el centro de cuanto ocurriría en el Universo Marvel durante los años venideros, ganándose el calificativo de Arquitecto de La Casa de las Ideas, así como las suspicacias de un sector del aficionado refractario a los grandes cambios introducidos en el concepto original. Muchos le reprochaban, sobre todo en los inicios, sus aparentes lagunas con respecto a la continuidad, pero lo cierto es que gracias a este autor Los Héroes Más Poderosos de la Tierra consolidaron una posición que no habían tenido en mucho tiempo, antes incluso de que esa realidad se abriera camino en la gran pantalla.

 

El ciclo creativo en Los Vengadores llevaba una temporada ya agotado cuando surgió la opción del cambio. Contra todo pronóstico, se anunció el salto del escritor a otro de los más importantes rincones de Marvel: La Patrulla-X. Hasta entonces, Bendis se había aproximado a los mutantes sólo de manera tangencial. Lobezno formó parte de sus Nuevos Vengadores, pero nunca dejó de ser mero reclamo comercial, mientras la atención estaba puesta en personajes menos llamativos, como Luke Cage o Jessica Jones. Sí era cierto que el mayor terremoto que había registrado el Homo superior en aquellos años derivaba de manera directa de una saga escrita por él, Dinastía de M, pero que aquella historia hubiera nacido de los acontecimientos que estaban teniendo lugar en Los Nuevos Vengadores venía a señalar de manera implícita la realidad que se abrió camino en aquellos años: que el grupo liderado por el Capitán América había sustituido a La Patrulla-X como mayor foco de atracción.

 

Sí, porque en los años ochenta y en los noventa, los mutantes estaban en una esfera de consideración al margen del resto de la editorial. Su franquicia había crecido mientras el resto menguaba, los mejores dibujantes se quedaban en sus series, mientras otros se conformaban con las sobras, el Homo superior lideraba todos los eventos y se colocaba a la cabeza de todas las listas de éxito. Imaginar entonces que Los Vengadores podrían llegar a cambiarse su puesto con los mutantes constituía un absurdo, y sin embargo fue lo que ocurrió unos pocos años después. Por eso, en 2011, dar el salto inverso constituía un auténtico desafío que concitó la atención y la curiosidad del fandom. ¿Cuál sería el punto de partida? ¿Los personajes de referencia? ¿Qué cambiaría? ¿Qué permanecería?

 

Lo que pocos tenían en cuenta es que el Bendis de 2011 ya no era el autor que en 2005 necesitaba destruirlo todo para luego construir de nuevo. Se había vuelto más sabio, más cuidadoso a la hora de jugar con los juguetes prestados. Continuaba siendo igual de trasgresor, pero utilizaba las herramientas de la transgresión de otra manera. Repasó con lupa los cincuenta años de historia de La Patrulla-X, abordó un completo estudio de los personajes con los que iba a trabajar y, sólo entonces, se puso a escribir.

 

Estábamos ante un Bendis en plenitud de facultades, consciente de que la base sobre la que se asientan los mutantes está en su intrincada trayectoria, en medio siglo de historias culebronescas que han de servir para construir la siguiente planta del edificio, en lugar de para perderse por ellas, como tantas veces ocurre. No había leído resúmenes de biografías de sus personajes ni se había limitado a hojear las series fundamentales de la franquicia: se empapó de las vidas de los héroes como si fueran auténticas, las asumió y las integró en el discurso de cada viñeta, sin despreciar ninguna.

 

Las constantes que se mantienen entre esta etapa de La Patrulla-X y anteriores trabajos del autor las encontramos en aspectos estéticos, estructurales y argumentales. Durante su periplo con Los Héroes Más Poderosos de la Tierra, el escritor siempre consiguió estar acompañado de algunos de los mejores dibujantes de la industria, sacándoles en todo momento un provecho incalculable. Para los mutantes, contó con un amigo que le había acompañado ya con éxito tanto en Ultimate Spider-Man como en The New Avengers: Stuart Immonen, en el mejor momento de su carrera. Durante años, este artista había estado reinventando su estilo, afinando sus herramientas, hasta lograr en estas páginas la perfecta confluencia de limpieza, espectacularidad y caracterización. Nadie orquesta las batallas como Immonen, pero es que tampoco nadie estructura una conversación entre personajes como hace el canadiense, que una vez más contó con su entintador de cabecera, Wade Von Grawbadger. En lo estructural, Bendis acudió al mismo armazón que hubiera usado en Los Vengadores, con una segunda colección también escrita por él, que vendría a mostrar la otra cara de la historia hasta el punto de hacerse imprescindible. Ese segundo título fue Uncanny X-Men, retomando el nombre de la cabecera más veterana de la franquicia, y se integra en esta recopilación a partir del segundo tomo, tratando de buscar el orden cronológico, pero también y sobre todo la coherencia en la lectura.

 

Por último, experiencias pasadas del autor partieron de un catalizador narrativo a partir del que se construía toda la historia, y esta vez no iba a ser diferente: Bendis hizo algo tan imprevisible como recuperar a los a partir de entonces conocidos como Cinco Originales: los cinco miembros fundadores del equipo. ¿Cómo y en qué circunstancias? Ese fue el detalle que lo cambió todo. Bienvenidos al ayer. Bienvenidos al mañana.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Deluxe. La Patrulla-X de Brian Michael Bendis nº 1

CLÁSICOS MARVEL GUÍA DE LECTURA 2018

Este es el orden recomendado de lectura para la línea de clásicos Marvel de Panini Comics, actualizado a enero de 2018.

 

LA GRADUACIÓN DE LA PATRULLA-X: UN PRESAGIO DE GRANDEZA

El éxito alcanzado por Marvel a lo largo de sus décadas de existencia puede llegar a confundir a algunos aficionados, que desconocen cuán precarios fueron sus inicios. En aquel entonces, a comienzos de los años sesenta y bajo el empuje de Stan Lee y su equipo de dibujantes, la estructura de la editorial era precaria. Con dificultad se había mantenido activa y presente durante el periodo inmediatamente anterior. En aquel difícil renacimiento, sus acuerdos de distribución le permitían lanzar apenas ocho cabeceras cada mes, por lo que personajes como Thor o Iron Man tuvieron que arrancar en series ya establecidas. Y no todos los héroes lograron consolidarse. Algunos, como el caso de Hulk, incluso pasaron por un periodo de cancelación. Otros, como el caso que nos ocupa, entraron en un lento declinar.

Con fecha de septiembre de 1963, dos nuevos títulos de Marvel vieron la luz: Los Vengadores y La Patrulla-X. Ambos estaban realizados por Stan Lee y Jack Kirby y contaban con todo el potencial posible para alcanzar la aclamación de los aficionados. Sin embargo, su fortuna fue diametralmente dispar. Mientras Los Vengadores terminarían por convertirse en el título central del Universo Marvel, La Patrulla-X nunca vivió un ímpetu equiparable en aquellos primeros años. La idea original consistía en un grupo de jóvenes que pertenecen a la raza emergente de los mutantes, reunidos por el Profesor Charles Xavier para luchar por la coexistencia con la humanidad y combatir a aquellos que supongan un peligro para la misma. Bajo esos presupuestos, Stan y Jack marcaron la pauta de la colección durante sus primeros tiempos, en los que presentaron conceptos tan sugestivos como Magneto, la Hermandad de Mutantes Diabólicos, el Juggernaut, la Tierra Salvaje o Los Centinelas. Sin embargo, tras la marcha del equipo creador de la cabecera, ésta perdió en gran medida el interés de los lectores. Aquel puñado de chavales de aspecto un tanto extravagante no acababa de engancharles. El guionista Roy Thomas tomó algunas llamativas decisiones, como dotar a los miembros del equipo de uniformes diferenciados, lo que certificaba su entrada en la mayoría de edad. Insistiendo en este aspecto, el Profesor Xavier murió, dejando a sus alumnos huérfanos, pero obligándoles así a madurar. Sin embargo, tales esfuerzos no lograron los resultados previstos. A finales de los años sesenta, si La Patrulla-X quería seguir adelante, necesitaba un revulsivo.

Y lo encontró, gracias a un dibujante que, por aquel entonces, ya se había convertido en una leyenda del cómic, y respondía por el nombre de Neal Adams. Neoyorquino nacido en 1941, Adams se había ya labrado toda un nombre en la industria, fundamentalmente gracias a su espectacular labor en DC Comics, donde había reinventado a Batman, transformándole en la criatura de las sombras que ha llegado hasta nuestros días. Dibujante de estilo espectacular y realista, Adams destacaba también por sus atrevidas composición de página, en la que se evitaba la tradicional estructura en viñetas rectangulares para concebir la plancha como un todo narrativo.

 

Cuando surgió la posibilidad de que trabajara para Marvel, un entusiasmado Stan Lee le ofreció algo que no concedía a cualquier dibujante: le daría la colección que pidiera. Cualquiera. Lejos de solicitar ocuparse del mayor éxito de la editorial, Adams preguntó cuál era el título que menos ventas tenía. Se trataba de The X-Men, y ésa fue la serie que Adams eligió.

 

En ese punto, La Patrulla-X estaba inmersa en medio de una aventura en la que Alex, el hermano de Cíclope, había sido secuestrado por un egipcio que se hacía llamar el Faraón Viviente. ¿Cuáles eran los motivos para hacerlo? En The X-Men #56 USA (1969), los lectores no sólo encontrarían la respuesta, sino también a Neal Adams, cuyo arte suponía una ruptura absoluta con la estética anterior, convirtiéndose en un cómic único. Cada protagonista adquiría, de verdad, individualidad propia, tanto en sus rasgos físicos como en su manera de moverse. Las alas del ángel parecían estar hechas de plumas de ave o La Bestia se movían como un simio. Las expresiones de todos ellos, faciales y también corporales, reflejaban emociones creíbles y humanas: rabia, miedo, excitación. Como un consumado cineasta, Adams colocaba su punto de vista allá donde el lector pudiera sentirse partícipe de lo que está ocurriendo, adaptándose a los movimientos de los personajes.

 

La llegada de aquel dibujante a La Patrulla-X fue una revolución en toda regla, que influyó en gran medida al guionista Roy Thomas, más inspirado que nunca. Durante los meses siguientes, colocó a los mutantes en un ciclo de aventuras encadenadas, a cual más espectacular. Los pilares básicos sobre los que Stan y Jack construyeran la colección fueron reexaminados, reconstruidos, reinventados, y uno a uno desfilaron como si nunca antes hubieran existido, a la par que se añadían nuevos hallazgos, como el villano Saurón, cuyo nombre era un homenaje de Thomas a El señor de los anillos, aunque nada tuviera que ver con éste, más allá de su extremada maldad. La labor de Adams impresionó a todos. Incluso el dibujante Don Heck imitó su estilo, cuando tuvo que sustituirle en un episodio.

 

Sin embargo, todo ese caudal de imaginación y épica fue insuficiente. En una época en la que cualquier cambio en las cifras de ventas tardaba mucho tiempo en conocerse, y era aún más complicado reaccionar, la editorial decidió cancelar The X-Men, basándose en cifras por actualizar que no reflejaban la hipotética mejora que habría traído la presencia de Adams. “La operación fue un éxito, pero el paciente murió”, ironizaba Thomas al respecto, quien al menos tuvo la oportunidad de seguir colaborando con el dibujante en otra colección en la que también harían historia: Los Vengadores.

 

The X-Men #66 USA (1970) fue el último número en presentar aventuras inéditas. A partir de entonces, durante cinco años y veintiocho entregas, la cabecera acogería reediciones de viejas historias. Hasta 1975, no se produciría la conocida como “Segunda Génesis”. La Patrulla-X renacería entonces de sus cenizas, y con Chris Claremont y John Byrne al frente, llegarían a convertirse en el mayor éxito de la Casa de las Ideas. Fue entonces cuando Marvel se animó a reeditar la etapa Thomas/Adams, y muchos aficionados pudieron verla por primera vez. Descubrieron entonces que el tono de epopeya sin fin, de drama más grande que la vida que impregnaban las aventuras de Claremont y Byrne, e incluso los personajes y escenarios adoptados, ya estaban presentes, de una forma embrionaria, en aquellos pocos cómics de los que nunca habían oído hablar y que ahora se editan por primera vez en castellano, a color y en su formato original, incluyendo también el episodio realizado por Heck, así como el que sirvió para cerrar la primera época de los mutantes, que tampoco llegó a dibujar Adams.

La Patrulla-X de Neal Adams y Roy Thomas fue el más impresionante canto de cisne que haya conocido jamás la industria del cómic, pero también un presagio del esplendor que habría de venir.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. La Patrulla-X: Graduación

LA SAGA DE FÉNIX OSCURA: EL NACIMIENTO DE UN MITO

Eran el patito feo del Universo Marvel. Frente al drama adolescente de Spiderman, a la épica de Los Vengadores o la ciencia-ficción sofisticada de Los 4 Fantásticos, las andanzas de cinco chavales a las órdenes de un señor calvo no conseguían concitar la atención y el cariño de las masas. La Patrulla-X de Stan Lee y Jack Kirby nació en 1963, en plena ebullición creativa de La Casa de las Ideas, y lo hizo a partir de una idea tan inteligente como sugestiva: la existencia de un nuevo tipo de personas, dotadas con superpoderes como consecuencia de su herencia genética. Así vieron la luz los mutantes, en un contexto de miedo atómico y reivindicación de minorías, porque ahí sí acertó Stan Lee: cuando convirtió a sus hombres-X en marginados por su condición racial. Las mismas turbas que desconfiaban de Spiderman saltaban enfurecidos y aterrorizados ante la simple idea del homo superior, el siguiente eslabón en la cadena de Darwin, aquellos llamados un día a sustituir al homo sapiens. ¿Qué podían hacer los mutantes, frente a quienes los odiaban? “Aprender a convivir con ellos y enseñarles que no tienen que temernos”, decía Charles Xavier, el maestro que había dado un propósito vital a Cíclope, El Ángel, La Bestia, el Hombre de Hielo y la Chica Maravillosa. “Aniquilarlos y dominarlos”, respondía Magneto, su contrapartida malvada, en una dialéctica que situaba a Xavier en el papel de Martin Luther King y al Amo del Magnetismo más próximo a las invectivas de Malcom X.

 

Era un concepto en cierta forma revolucionario, tanto que llegó demasiado pronto para conseguir la aceptación entre los lectores. Bien hay que decir que sus autores tampoco consiguieron sacarle todo el partido posible, ya que Stan y Jack abandonaron la cabecera demasiado pronto, cuando apenas empezaban a apuntar maneras, e incorporar elementos tan sugestivos como el de Los Centinelas, robots asesinos de mutantes que presagiaban un futuro oscuro para toda la humanidad. Sólo algunos años más tarde, el imaginativo trabajo desarrollado en la serie por Roy Thomas y el mítico dibujante Neal Adams conseguiría vislumbrar cuán lejos podría llegar esa Patrulla-X si se la permitía.

 

Pero no se la permitió, y en el cambio de década, la colección fue puesta en barbecho. Cinco años tardaría en salir del limbo, hasta que, en 1975, los entonces responsables de La Casa de las Ideas decidieron dar una segunda oportunidad a los mutantes… Sólo que la idea sería reformulada en su práctica totalidad. Cíclope y Xavier permanecerían como cabeza visible del equipo, pero todos los demás serían sustituidos por nuevos personajes, procedentes cada uno de ellos de los más diferentes lugares del globo. Había una africana, Tormenta; un ruso, Coloso; un alemán, Rondador Nocturno; un canadiense, Lobezno… El tono de pequeña aventurilla era sustituido por la grandilocuencia, en línea con lo que ya habían hecho Thomas y Adams en los estertores de la primera andadura, mientras que el dibujante Dave Cockrum aportaba un toque eminentemente moderno al diseño de la obra. Quiso la suerte que el guionista responsable, Len Wein, apenas sí llegara a encargarse del episodio de estreno y de apuntar la saga posterior: pronto dejó el trabajo en manos de su joven ayudante, un inglés de veinticinco años llamado Chris Claremont.

Ocurrió de manera gradual, sin hacer ruido y por la puerta de atrás. La “nueva” Patrulla-X de Claremont y Cockrum fue afianzándose poco a poco, haciéndose fuerte allá por donde nunca habían transitado los antiguos hombres-X. Se apelaba a la angustia de la condición mutante, a la minuciosa caracterización de personajes, al acento en aquello que les hacía diferente y únicos, con una mirada puesta en sus vidas privadas; a la concatenación de aventuras sin dejar al lector un momento para respirar, y al tono internacional del equipo, al que muy pronto se le quedó el mundo lo suficientemente pequeño como para viajar a las estrellas y más allá.

 

Tales principios fueron potenciados aún más si cabe cuando Cockum cedió los lápices a John Byrne, el que estaba llamado a ser el gran dibujante estrella de la Marvel de los ochenta, quien ya había desarrollado cierta química de trabajo con Claremont y cuyo estilo realista y dramático se adaptaba a todo lo que necesitaba La Patrulla-X. Aquél era el cómic que Byrne no sólo quería dibujar, sino del que quería formar parte. Tan es así, que su labor se haría extensiva a los argumentos. Gracias a Byrne, los lectores llegarían a mirar con otros ojos a Lobezno, ése pequeño y brutal mutante por el que anteriormente no sentían demasiadas simpatías. Con su misterio a cuestas, su actitud desafiante, con esa rabia enjaulada que nunca sabías cuándo quedaría libre.

En La Patrulla-X había exóticos viajes a lugares como la Tierra Salvaje, Japón o la Antártida; había terribles amenazas, como la de Magneto, renacido y ebrio de poder, o Proteus, un mutante capaz de asesinar a sus víctimas con sólo tocarlas; situaciones dramáticas, en las que una parte del equipo llegaba a creer durante meses y más meses que la otra había muerto, y viceversa; mujeres atractivas, inteligentes e independientes como no se habían visto nunca en un cómic de superhéroes; héroes que era el epítome de la masculinidad… Cada victoria tenía un precio, cada cosa que ocurría dejaba su poso en los personajes, pero también en los lectores, que poco a poco se fueron asomando a aquella Patrulla-X, porque era “el cómic que había que leer”.

 

Los que todavía se resistían a hacerlo cayeron en las redes de los mutantes con una larga epopeya cuyo final redefiniría, desde su publicación en adelante, la manera de hacer tebeos, en más aspectos de los que podría llegar a imaginarse. Fue el arco argumental que, con posterioridad, ha recibido el nombre de “La saga de Fénix Oscura”.

 

La Fénix del título es la Chica Maravillosa, una de las fundadoras del equipo, la eterna novia de Cíclope, que había vuelto al redil poco después de la refundación, con una nueva identidad y unos nuevos poderes que, en ocasiones, hacía que la presencia del resto de sus compañeros fuera poco menos que inútil. ¿Qué ocurre cuando un poder de semejante envergadura es pervertido o cae en manos equivocadas? ¿Qué sucede cuando uno de los tuyos se vuelve contra ti? ¿Cuál es el precio a pagar por el culpable de genocidio? ¿Hasta dónde pueden llegar las ansias de justicia? ¿Hasta dónde el amor?

 

Todas esas preguntas se abordan, y se responden, en estas páginas, en un cómic que establece la medida de cómo narrar una historia en viñetas sin que el ritmo decaiga en ningún momento, sin que el lector adivine nunca lo que encontrará en la siguiente viñeta, sin que ninguna relectura sea menos provechosa que la anterior. El desarrollo ya es modélico, pero lo que convierte en mítica a “La saga de Fénix Oscura” quizás sea su conclusión, un final nunca pretendido ni buscado por sus autores, sino forzado por las circunstancias editoriales y las exigencias de Jim Shooter, el entonces Director Editorial de Marvel. Poco imaginaba él que aquella decisión de cambiar las últimas páginas de la historia, de teñir de negro lo que antes sólo estaba cubierto por la amargura, tendría unas consecuencias tan grandes que nunca han dejado de sentirse, que empapan cuanto tebeo de superhéroes se ha escrito y dibujado desde entonces.

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. La Patrulla-X: La saga de Fénix Oscura

CLÁSICOS MARVEL GUÍA DE LECTURA 2017

Este es el orden recomendado de lectura para la línea de clásicos Marvel de Panini Comics, actualizado a diciembre de 2017.

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