1983. DE CÓMO CLAREMONT MUEVE TODAS SUS FICHAS

Es 1983. La serie ha encontrado una nueva identidad que Claremont define como una síntesis de sus teleseries favoritas. Quiere que Uncanny X-Men tenga el humor inteligente de MASH y Lou Grant, ese humor que puede llegar a ser cortante como un cuchillo, mezclado con el estilo de Canción triste de Hill Street. “En el primer episodio”, explica, “pueden utilizarse cuarenta minutos para introducir dos encantadores policías. En el siguiente capítulo, salen por la puerta y les disparan unos yonquis. No están muertos, pero creesque están muertos. Entonces se introduce otra trama, y no sabes que pasa con los dos policías hasta los cinco minutos finales. Entretanto, estás en el sillón comiéndote las uñas. Nunca sabes si va a morir alguien, si las relaciones emocionales van a seguir igual”. Así es como quiere que funcione la Patrulla-X. Eso es lo que trata de hacer, crear ese sentido de realidad, de suspense, de envolvimiento. Dejar que sean los personajes quienes conduzcan la historia. El guionista lo único que tiene que hacer es colocar las fichas en la casilla del tablero que les corresponde.

Primera ficha, Los Morlocks. Son el grupo de mutantes que habita las catacumbas de Nueva York y que secuestra al Ángel por orden de su líder, Calisto, quien pretende convertirlo en su príncipe consorte. Claremont inventa a estos mutantes que se marginan a sí mismos a partir de dos fuentes bien distintas: por una parte, el argumento planeado junto a Byrne sobre Calibán.

 

-¿Por qué peleamos con ellos? Son mutantes como nosotros.

-Como nosotros no. Son Guapos. Quiero hacerles daño.

Por la otra, los Morlocks toman su nombre, según pone Claremont en boca de Calisto, de los personajes de La Máquina del tiempo, de Herbert George Welles. En esta novela, los Morlocks son una de las dos razas en las que ha degenerado la humanidad en un futuro lejano. Unos, los Eloi, habitan la superficie, son bellos, rubios e indolentes. Representan a los capitalistas. Los otros, los Morlocks, se ocultan en túneles intraterrestres, son pequeños, pálidos y feos. Representan a los proletariados. “La seguridad demasiado perfecta de los habitantes del Mundo Superior”, escribe Welles, “les había llevado, en un pausado movimiento de degeneración, a un aminoramiento general de su estatura, fuerza, e inteligencia (…) ¿No era natural, entonces, suponer que era en aquel Mundo Subterráneo donde se hacía el trabajo necesario para la comodidad de la raza que vivía a la luz del sol?”. Los Morlocks de Welles han sido marginados, obligados por los Eloi a trabajar en cuevas. Como consecuencia de ello, han adquirido su horrible aspecto. Al revés, los de Claremont se han automarginado con motivo de su naturaleza mutante. ”No le importamos a nadie. Nos odian y cazan por culpa de poderes que no queremos o no entendemos. Somos deformes y solitarios. El Callejón es un refugio nuclear construido en la Guerra Fría. Lo abandonaron y yo lo encontré e hice de él un santuario para los que son como yo”, explica Calisto (UXM 170, VI 83). Los Morlocks se sitúan ante los hombres-X como los verdaderos mutantes marginados. Son feos, tienen poderes todavía más feos, viven en las cloacas. Es mucho más fácil ser un marginado cuando tienes aspecto de diosa africana, puedes controlar los elementos y vives en una mansión rodeada por bosques paradisiacos.

Segunda ficha, Tormenta. Claremont quiere llevar a su mujer-X favorita hasta donde Byrne jamás le hubiera dejado. “Los valores en los que Tormenta creía ya no le sirven y no puede volver a ser como antes”, dice el Padre Mutante. “Tras muchos años ha abierto las compuertas, ha perdido sus inhibiciones y ha pasado de ser una persona serena y casi sin emociones a todo lo contrario”. Obligada a luchar en un duelo de honor contra Calisto para poner a salvo a Kitty, Tormenta no duda en atravesar el corazón de la líder Morlock. “La Ororo que conocí habría muerto antes que matar. Está cambiando. Lo más terrorífico es que a ella no parece importarle”, concluye Rondador. Ese cambio se radicaliza en el viaje a Japón, donde conoce a Yukio, la amiga de Lobezno, de la que aprende que “la vida es la máxima aventura. La muerte es el premio que nos espera a todos. Ya que es inevitable, ¿por qué preocuparse?”. Las correrías junto a Yukio le valen perder gran parte de su cabellera en un incendio, motivo suficiente para cambiar su aspecto al de una punk vestida de cuero. Esta transformación radical ejemplifica la evolución del personaje desde que fuera seducida por Drácula y luchara contra el Nido. La idea surge de una conversación de Claremont con Weezie Jones en la que ambos coinciden en que el papel de niña inocente del grupo hace tiempo que ha pasado a manos de Kitty. Es, por tanto, el momento adecuado para llevar a Ororo en una dirección distinta. “Lleva casi diez años con el mismo uniforme, va siendo hora de cambiárselo” dice Claremont, que encarga varios diseños a Smith. Finalmente se queda con uno en el que la mutante aparece con una cresta de indio mohicano. “No podemos hacerle esto”, dice Weezie Simonson. Y tras una pausa, añade: “…aunque tiene una pinta genial. Vamos a hacer una prueba”. La prueba consiste en enseñar el dibujo a una niña, que, inmediatamente, se echa a llorar. “Ésa no es Tormenta”, berrea la niña. “Es perfecto”, decide Jones. “Nos van a matar, pero es perfecto”. Prueba superada.

Tercera ficha, Pícara. Con el UXM 171 (VII 83), Claremont pone a prueba su capacidad literaria para escribir un cómic en el que los protagonistas pasan gran parte de las veintidós páginas sentados en un sofá y discutiendo. Discuten sobre si admitir a una antigua enemiga en sus filas. Creada para la Hermandad de Mutantes Diabólicos, Pícara tiene potencial suficiente como para convertirse en mujer-X. Michael Golden la peina en el The Avengers Annual10 con dos tiras blancas a cada lado del pelo, según un diseño de Ed Hannigan. Picara aparece poco después en los Dazzler 22 a 24 (XII 82-II 83), donde Frank Springer confunde el tinte capilar con canas. Da la impresión de que la mutante tenga cuarenta años. El error se descubre demasiado tarde como para corregirlo, aunque no para rectificar en lo sucesivo. La Pícara que en el UXM 171 se planta ante la puerta de Xavier en busca de ayuda apenas alcanza la veintena. Es una niña asustada que pone a prueba, de nuevo, el grado de tolerancia de los hombres-X. “Mis poderes están fuera de control. El más mínimo contacto dispara la absorción. Ya no sé que pensamientos son míos. Me miro en el espejo y veo una extraña”, dice ella. “Si quieres mi opinión, es el castigo a tus crímenes”, respuesta de Rondador muy parecida a la de Kitty, Coloso o Lobezno, por no hablar de Binaria, que ya tiene la excusa perfecta para irse con los Saqueadores Estelares. Xavier es el único dispuesto a dar una oportunidad a Pícara: “Fuiste tú, Ororo, quien me dijo que Lobezno merecía ser un hombre-X, no por su carácter, sino por su potencial para el bien. El mismo argumento sirve para Pícara. Claro que es arriesgado aceptarla, pero piensa en la alternativa. Al menos con nosotros tiene la oportunidad de una mejor vida. Echarla es condenarla. Y eso nunca se lo haré a un mutante mientras quede vida en mí”

Cuarta ficha, Lobezno. Los UXM 172 y 173 (VIII-IX 83) enlazan con el argumento del L: WO 4 (XII 82). De nuevo el relato pasa a estar contado por Lobezno, en vísperas de su matrimonio con Mariko. Por primera vez, Logan viste con el atuendo de un samurai, imagen extraída por Paul Smith de una enciclopedia juvenil. Tras probarlos contra los Nuevos Mutantes (TNM 5 y 6, VII-VII 83), Claremont recupera a dos villanos procedentes de sus años en Marvel Team-Up: el Samurai de Plata y Víbora. El primero resulta ser el hermanastro de Mariko, que quiere eliminarla para controlar los negocios sucios de su padre muerto. Lobezno recorre Tokio en compañía de Pícara, a la que no le perdona que absorbiera la mente de su amiga Carol Danvers. Picara acaba salvando la vida de su compañero y de Mariko aún a costa de estar a punto de perder la suya. Lobezno decide dejar que absorba sus poderes para que pueda curar sus heridas, a pesar del peligro que entraña. “Soy un hombre que paga sus deudas. Te sacrificaste por Mariko. Es justo que te devuelva el cumplido”

Quinta ficha, Madelyne Pryor. El romance entre Madelyne y Cíclope avanza al mismo tiempo que los lectores y el mismo Cíclope acumulan sospechas. A su parecido con Jean Grey se suma que la chica adivine una comida favorita porque puede “leer el pensamiento”, o que salga indemne de un accidente de avión ocurrido en el mismo momento de la muerte de Fénix. “¿Puede un amor como el de Jean y Scott sobrevivir a la muerte?”, se interroga Xavier. “Más aún, ¿qué es la muerte para alguien como Jean? El parecido físico de Madelyne puede no ser más que una cruel coincidencia unida a nuestras fantasías”. Cuando Cíclope se atreve al fin a hacer la pregunta que está en boca de todos desde hace meses, Madelyne responde convirtiéndose en Fénix Oscura (UXM 174, X 83).

Sexta ficha. Mente Maestra. La concienzuda planificación que llevan a cabo Claremont, Smith y Jones les permite engañar a su público, hacerle creer que está ocurriendo lo que no está ocurriendo mientras las pistas para desentrañar el misterio aparecen a la vista de quien sepa leer entre líneas: Mística tiene un sueño similar a las alucinaciones que tuviera en su momento Jean (UXM 170). Jason Wyngarde está presente en el sueño. Desde el principio queda clara su implicación; nuevamente volverá a actuar para impedir el matrimonio de Lobezno y Mariko (UXM 173, IX 83) o para volver paranoico a Cíclope (UXM 174). Que Mente Maestra sea un aliado de Madelyne o se limite a manipularla para hacer creer a todos que es Fénix renacida de sus cenizas no queda claro hasta la mitad del UXM 175, cuando él mismo confiesa haber organizado la trama con el fin de que la Patrulla-X asesinara a Madelyne, esa inocente que le recuerda a Jean Grey: “Ella me volvió loco. Más tarde me recuperé. Maldito para siempre por el recuerdo de lo que fui y jamás volveré a ser. No puedo vengarme de ella, pero puedo hacer que sus seres queridos sufran por ella”, incluidos los lectores.

Tras la derrota de Wyngarde, Cíclope se confiesa ante la tumba de Jean, ubicada, curiosamente, en el cementerio del Bard College, donde Claremont estudiara teatro en su juventud. “Te amé Jean. Y amo a Madelyne”, dice. “Lo nuestro fue mágico, siempre lo recordaré. Ahora, Madelyne y yo tenemos la oportunidad de crear nuestra magia y de que sea tan especial como fue la otra”. El episodio, como estaba previsto desde cuatro años atrás, termina en boda.

Como dice Cíclope, si los años con John Byrne fueron mágicos, éstos también pueden serlo, aunque de una manera diferente. Punto final a la época clásica de la colección, Desde las cenizas simboliza el gran exorcismo de los fantasmas de las Navidades pasadas -las de 1980, en concreto-. Primero, el fantasma de Byrne queda atrás gracias a los bellísimos dibujos de Paul Smith (Jean Grey nunca fue tan guapa) y a un Claremont que demuestra capacidad para escribir en solitario con el pulso maestro que algunos le concedían sólo en compañía de su anterior compañero de fatigas; segundo, el fantasma de Fénix también acaba anulado. Los fans que no dejaban de insistir en su vuelta tienen ahora a Madelyne Pryor.

Portada no publicada de Uncanny X-Men 179

 

El único problema es, ay, que Paul Smith, ay, Paul Smith, ese dibujante con el que Claremont y Weezie se quedarían de por vida, dice que muy bien, que se lo ha pasado en grande, que tiene la cartera llena, que se ha hecho un nombre y que se coge la moto y se va. Así como suena. Todavía con la boca abierta ante la decisión de un chico con el que no han tenido un sólo problema pero que parece más interesado en otras cosas, guionista y editora acuerdan pedir los servicios de John Romita Jr, que acepta inmediatamente, lo que le supone tener que dibujar las páginas de la boda. Romita viene de hacer The Amazing Spider-Man. No sólo sabe dibujar superhéroes, también callejones, mesas, papeleras, gente normal… eso lo convierte en una elección perfecta para el ambiente a lo Canción triste de Hill Street que quiere conseguir Claremont, con Tormenta, Pícara y alguna otra futura incorporación pasando a un primer plano, mientras que los personajes clásicos, como Lobezno, Coloso o Rondador, sostienen la acción y Cíclope queda fuera ante su reciente matrimonio. Por otra parte, dada la estrecha vinculación de la serie con su hermana pequeña, The New Mutants, Claremont empieza a tejer una complicada tela de araña en la que los subargumentos y referencias a sucesos pasados y paralelos se agolpan uno tras otro, lo que produce una sensación de historia-río que aumenta más si cabe el grado de adicción de los fans, obligados a esforzarse al máximo para poder comprender tal o cual personaje, situación o conflicto, los cuales suceden tanto en una serie como en otra. El lector ocasional puede seguir cualquiera de las dos colecciones, pero el que desea conocer cada uno de los pasos de, por ejemplo, Magneto, ha de comprar religiosamente ambas; el que además quiera seguir al dedillo las andanzas de cuanto mutante comienza a proliferar a lo largo y ancho del Universo Marvel tendrá que hacer acopio de miniseries o de cualquier clase de proyectos especiales, cosas tan inclasificables como Obnoxio the clown vs. X-Men (IV 83), subproducto a cargo de Alan Kupperberg del que Claremont reniega hasta el punto de afirmar que transcurre en un mundo imaginario.

Tras un epílogo a Desde las cenizasen el que Romita dibuja su primer número completo (UXM 176, XII 83), el UXM 177 (I 84) recupera a la Hermandad de Mutantes Diabólicos liderada por Mística. El motivo es la reciente incorporación de Pícara a la Patrulla-X, en la que Claremont ve uno de los más suculentos conflictos de la nueva etapa que ahora se abre. La aventura enlaza con el retorno de los Morlocks y Calibán. En una aproximación urbana al mito de la bella y la bestia, Calibán renuncia a casarse con una Kitty obligada por una promesa de honor. “No sé si te amaré alguna vez, Calibán”, dice ella, “pero me siento orgullosa y honrada de tenerte como amigo”

1983. LAS SECRET WARS POR ENCIMA DE TODO

Es primavera de 1983. La compañía juguetera Kenner ha conseguido un éxito con su línea DC Super Powers sólo comparable al alcanzado con las figuras de Star Warsunos años atrás. DC Super Powers cuenta con los principales personajes de la casa: Superman, Batman, Wonder Woman, Flash… respaldado por una serie de dibujos animados de idéntico nombre, cada muñequito se convierte en el más preciado trofeo de los niños americanos de entre cuatro y treinta y cuatro años. Mattel, la principal competidora de Kenner, quiere lanzar una ofensiva similar que pulverice a los Super Powers. Pero para derrotar a pesos pesados de la categoría de Superman necesita un Spider-Man, un Lobezno, un Capitán América. Necesita a Marvel. Los de Mattel llaman a la puerta de Shooter. Trabajan en un espectacular lanzamiento con ocho superhéroes, ocho villanos, y sus respectivas bases secretas y vehículos de combate. Para apoyar la iniciativa, sugieren que Marvel ofrezca paralelamente un cómic con la presencia de esos mismos personajes. Shooter no se cree lo que está oyendo. Es increíble que no se le haya ocurrido a él. Dos años atrás, Marvel iniciaba la publicación de series limitadas con un gran encuentro de personajes en los tres números de Marvel Super-Hero Contest of Champions(VI-VIII 82), pero esto no tiene nada que ver. Va a ser GRANDIOSO. Cosmic Champions, se llamará. Ni tres, ni cuatro números. Doce números.

Se elige un dibujante, el impresionante Mike Zeck de Captain America, y se busca un guionista. Shooter deja de buscar cuando en marketing cierran el trato para que la serie no sólo se venda en librerías especializadas y supermercados, sino también en los stands de Mattel. Se baraja una cifra realista de un millón de ejemplares para el primer número. Está claro que no hay nadie que pueda escribir Cosmic Champions que no sea el mismo Shooter. Junto con su mano derecha, Tom DeFalco, estudia la forma de integrar los doce números en la continuidad Marvel. Las ventas serán todavía mayores si lo que ocurra en la saga tiene repercusiones en los títulos de cada uno de los personajes que intervienen en ella. Imaginemos que, en todos los tebeos del mes anterior al primer número de Secret Wars, título definitivo de la saga, los héroes desaparecen. ¿Qué tonto no se va a comprar la colección? Si queda alguno, se unirá cuando treinta días después vea que sus personajes favoritos regresan con nuevos poderes, nuevos trajes y contando cosas sorprendentes. ¿Acaso no querrán tener una versión de primera mano, no querrán estar allí?

 

 

Tom DeFalco y Shooter anuncian el Gran Plan a autores y editores. En todos los tebeos fechados en abril de 1984 los superhéroes se meten en una enorme máquina que aparece en Central Park. En el número siguiente, reaparecen contando algunas, sólo algunas, de las sorprendentes y excitantes aventuras que han vivido. Éstas serán narradas en los doce números de la serie, en los que un ser omnipotente llamado el Todopoderoso les obliga a luchar contra una caterva de villanos encabezada por el Doctor Muerte.

 

-Tom, el Doctor Muerte está muerto -protesta John Byrne.

-¿Desde cuándo ha sido eso un problema? -responde DeFalco.

-¡Pero es que ya tengo pensada una manera de resucitarlo!

 

-Bueno, pues te las apañas. ¿O es que te crees que va a haber muñeco del Doctor Muerte y luego no lo vamos a sacar en el cómic? Sigo: en el siguiente número de las series regulares, los buenos regresan a la tierra algo cambiados. Han estado allí una semana, han peleado contra los villanos y les han pasado un montón de cosas. Cómo les ocurren esas cosas es lo que contamos en Cosmic Champions. Mientras aparecen los doce números de la colección, las consecuencias de lo que pasa al final se irán mostrando en vuestras series, siempre, claro está, sin destripar el argumento completo. Que se queden con las ganas de saber más… Jim, Spider-Man conseguirá un nuevo traje que va a dibujar Rick Leonardi; Mark, con tus personajes pasan un montón de cosas: la Avispa muere primero y resucita después; Hulka se va a los Cuatro Fantásticos; la Cosa se queda en el planeta donde todos pelean; Hulk va a ser otra vez salvaje… Weezie, vamos con la Patrulla. Magneto volverá a luchar a su lado durante la saga. Además, el dragón de Kitty se echa una novia. Una dragona.

-¿Sólo eso?

-De momento, sí. Ya veremos.

 

Poco después, Shooter cambia de opinión. Quiere que Kitty se quede en la tierra. Entretanto, Coloso tendrá un romance con una chica que morirá al final de la historia. Mierda, Jim, me jodes la serie, le dice Claremont. Lo siento mucho, el romance es una parte fundamental del argumento. No voy a modificarlo.

1984. EL IMPACTO DE SECRET WARS EN LOS MUTANTES

El dragón hembra que se trae Lockheed de las Secret Wars apenas da problemas. En el rocambolesco número de vuelta (UXM 181, V 84) Claremont lo convierte en un Godzilla de enormes proporciones que desaparece al final del episodio. Ya se le ocurrirá más tarde una forma de explicarlo. Lo de Kitty es más complicado. Hace falta un razonamiento lógico que justifique el cambio de planes. Para ello, se vale de Doug Ramsey, un compañero de clase de Kitty que aparece por primera vez en TNM 13 (III 84). Doug y Kitty tienen los mismos gustos, la misma edad y se llevan de maravilla, lo que hace dudar a Coloso de sus verdaderos sentimientos. “Soy un campesino ignorante de una sociedad y una cultura tan extrañas que para ella podrían ser de otro planeta. Kitty fue un sueño. Quizás sea hora de despertar y enfrentarse a la realidad”, reflexiona (UXM 180, IV 84). Eso ocurre unas páginas antes de entrar en la máquina del Todopoderoso, en el mismo cómic en el que la Reina Blanca secuestra a Kitty. A falta de la Patrulla-X, los Nuevos Mutantes tendrán que rescatarla (TNM 15-17, V-VII 84), excusa argumental que justifica su ausencia de las Secret Wars. La relación con Coloso se rompe nada más volver éste del planeta del Todopoderoso (UXM 183, VII 84), con un diálogo en primera página, sencillo y duro como un millón de bofetadas.

 

-La Patrulla y tú fuisteis llevados a la otra punta del universo y no me has contado nada. Me siento herida. ¿Os pasó algo interesante?

-Conocí a alguien y nos enamoramos.

 

El Universo Marvel ha conocido rupturas amorosas, pero nunca una tan pegada a la realidad como la de Kitty y Coloso. La identificación del público adolescente con la serie vuelve a ser completa. “Le odio, Ororo. Con toda mi alma. Le quiero”. Son palabras de Kitty, pero podrían haber sido pronunciadas por casi cualquier seguidor de la Patrulla-X. La explicación lógica a lo que realmente ha ocurrido en las Secret Warsla pone Claremont en boca de Lobezno: “Es fácil añorar un amor perdido, fantasear sobre lo que pudo ser, aunque sabes que nunca llegará a serlo. Una buena excusa para no afrontar los riesgos y exigencias de la realidad”. El romance de Coloso se queda en aventura pasajera, en un pretexto del ruso para no luchar contra el miedo a que fracase su relación con Kitty. El UXM 183 es uno de los episodios que más satisfecho deja al Patriarca Mutante. Incluso la única pelea que contiene, una paliza entre Coloso y Juggernaut más propia de borrachos de bar que de mutantes, tiene que ver con el tema principal del amor adolescente roto. De nuevo, una divergencia editorial produce un excelente resultado. Sus chicos de papel son más humanos que nunca. A cambio, Claremont consigue una serie limitada para la Pryde, aunque todavía no tiene muy claro cuando va a poder escribirla.

 

El inicio de las Secret Wars coincide con el relevo de Weezie Jones al frente de la edición de los títulos mutantes. El UXM 182 (VI 84) es su último número. Ese mismo mes trabaja codo a codo con Ann Nocenti, la que va a ser su sustituta. Nocenti proviene de la crítica literaria y tiene algo de experiencia en la edición, aunque jamás ha trabajado con tebeos y mucho menos con nada relacionado con mutantes. A Claremont le convence su talante liberal y progresista. “No, nunca he trabajado en esto… pero meter palabras y dibujitos en pequeñas cajas e imprimirlas en papel higiénico me parece algo casi subversivo. ¿seguro que no tiene nada que ver con las drogas?”, bromea ella. El Padre Mutante siente que trabajar con Nocenti no va a ser muy diferente de lo que ha sido trabajar con Weezie.

 

-¿Pero qué se supone que tengo que hacer? -pregunta Nocenti

-Básicamente, consiste en llevarte a Chris a comer un par de veces por semana, querida. El resto ya verás que es bastante sencillo.

Algo desocupada (y aburrida) desde que Jim Shooter pusiera a sus órdenes a una corte de eficaces editores asistentes (Elliot Brown, Peter Sanderson), los nuevos horizontes de la Jones se concretan un mes más tarde con la aparición de Power Pack 1 (VIII 84), título protagonizado por un grupo de superniños. Por primera vez, Weezie firma como Louise Simonson. Espera que la Pandilla Poder triunfe entre los lectores más jóvenes. El éxito, sin embargo, le llega entre el público habitual del mercado directo.

En su primer mes como editora, Ann Nocenti prepara, con la ayuda de Weezie, un número en el que Pícara es la protagonista absoluta. Durante los meses anteriores, Claremont la ha sometido a duras pruebas para probar su lealtad a la Patrulla-X, lo que incluye un enfrentamiento contra Mística (UXM 178, II 84) o el absorber los poderes de un Coloso transformado en Piedra (UXM 179, III 84). En esta ocasión, el Padre Mutante recupera a Michael Rossi, agente de SHIELD y ex-amante de Carol Danvers. Pícara, en un momento de esquizofrenia, cree ser Carol Danvers y se comporta como ella. Comprende entonces que no sólo robó sus recuerdos, sino también sus emociones. “Ahora, cuando Carol te mira a ti o a sus amigos, sabe quienes sois y lo que debe sentir por vosotros gracias a la terapia de Xavier”, solloza Pícara. “Pero soy yo quien siente esas emociones”. En una de las escenas de más refinada tortura hacia uno de sus personajes, Claremont deja a ella llorando en el suelo, mientras Rossi se aleja tras despreciarla. “Me gustaría tener poder para matarte”, dice. “Y yo, amor mío. Y yo”, responde Pícara. Encumbrada por los lectores como una de sus mujeres-X favoritas, Pícara es, en definición de Claremont, la Bella Durmiente a la que todos los fans quieren despertar, aunque ello les cueste la vida.

ULTIMATE X-MEN 10: EL REGRESO DE MAGNETO

El último de los arcos argumentales que escribió Brian K. Vaughan para Ultimate X-Men venía a ser la culminación de una etapa, inicialmente prevista como corta, que se había extendido más allá de lo que hubiera imaginado ninguno de sus responsables. A fuerza de alargarse su interinato, Vaughan se había terminado por hacer con las riendas de los personajes, de las tramas heredadas y de las que él mismo había puesto en marcha, para, llegado a este punto del camino, ofrecer una saga de proporciones épicas en la que cristalizaban elementos que estaban presentes desde el primer número.

La clave estaba en Magneto. Mark Millar se había dejado contagiar del espíritu omnipresente del villano en la franquicia cinematográfica. Si echamos un vistazo a todas las películas de X-Men, Erik Lehnsherr no se ausenta en ninguna de ellas, por más que sus temas varíen conforme avanza la saga. EnUltimate X-Mennunca se llegó a ese exceso, con gran número de aventuras que ahondaban en múltiples vertientes alrededor del homo superior, pero el primer y mayor enemigo de La Patrulla-X siempre acababa por regresar, más peligroso que en la anterior ocasión, de manera que las historias en las que estaba ausente bien parecían un descanso hasta el siguiente choque.

 

Si analizamos la etapa de Millar, ésa es la conclusión que extraeremos. Magneto estaba, por supuesto, en el nacimiento del equipo (Ultimate X-Men nº 1: La gente del mañana), una saga que concluía con su aparente muerte a manos del Profesor Xavier… Aunque todos los lectores sabían que tal cosa no era cierta, y poco a poco fueron surgiendo más detalles alrededor de qué había sido del villano. Al final de la siguiente aventura (Ultimate X-Men nº 2: Regreso a Arma-X), el profesor confesaba a Jean Grey que Magneto no sólo seguía vivo, sino en proceso de rehabilitación, algo que se concretaría unos números más adelante, cuando Eric reaparecía, amnésico, feliz, jugando con unos niños en Central Park y estropeando sus relojes sin saber la causa (Ultimate X-Men nº 3: Gira mundial). La felicidad duraba poco, de manera que La Hermandad de Mutantes descubría lo ocurrido y devolvía la memoria a su líder, quien se lanzaba a una oleada de actos terroristas por los que La Patrulla-X se enfrentaría contra los Ultimates (Ultimate X-Men nº 4: Fuego Infernal y azufre)… y de ahí saltaríamos a la apoteósica despedida de Millar como guionista de la serie, con una larga aventura en la que Magneto ponía en jaque al mundo entero y La Patrulla-X conseguía de nuevo derrotarlo, para dejarlo preso en una prisión de plástico oculta bajo tierra y que estaba calcada de la que había podido verse en las películas de Bryan Singer hasta en detalles tan pequeños como la silla de ruedas, también de plástico, de Xavier (Ultimate X-Men nº 5: El retorno del rey).

 

El ciclo de Magneto había cubierto, en total, casi los tres primeros años de la serie y la etapa al completo de Millar. No es extraño que los siguientes autores permanecieran al margen del asunto, para evitar así la sobresaturación, y quizás también porque resultaba complicado contar algo nuevo sobre el villano que no hubiera aportado el fundador de la colección.

 

Y sin embargo, era evidente que Magneto volvería. De hecho, Millar le había dejado preparado para hacerlo, tan pronto como pudiera escapar de su prisión. Sólo hacía falta encontrar el cómo. Para ello, Vaughan quiso emplear a un personaje bien conocido por los lectores de la Marvel clásica por su íntima relación con éste. Se trataba de Lorna Dane, alias Polaris, una bella mutante, de llamativo cabello color de jade y con poderes similares a los del enemigo de La Patrulla-X, cuyo debut en su versión original había tenido lugar en las últimas viñetas de The X-Men #49 USA (1968), escrito por Arnold Drake y dibujado por Don Heck, aunque sería en el número inmediatamente posterior cuando adquiriría pleno protagonismo. Aquel cómic era especialmente importante, ya que el legendario historietista Jim Steranko desembarcaba en el mundo de los mutantes con toda su fuerza. Fue él quien creó el característico logo tridimensional de X-Menempleado a partir de entonces, en una portada presidida por la imagen de Polaris, a quien en el interior se nos desvelaba como «Reina de los mutantes». El criminal Mesmero hacía aflorar sus superpoderes magnéticos mediante una máquina diseñada a tal efecto. El sorprendente giro argumental de la historia tenía lugar en el momento en que irrumpía Magneto y reclamaba su paternidad sobre Polaris… Algo que luego se demostraba falso. La mutante volvería poco después, unida sentimentalmente a Kaos, el hermano de Cíclope, para unirse junto a su amante a La Patrulla-X, en los estertores de su primera etapa.

 

Con posterioridad, Polaris, casi siempre unida a Kaos, reaparecería intermitentemente en el cosmos mutante, para pasar a formar parte tanto del grupo madre como del gubernamental Factor-X, y en años recientes, ya en la primera década del siglo XXI, algunos autores habían retomado la posibilidad de que fuera la hija de Magneto, esta vez para, al contrario que había ocurrido en los años sesenta, confirmarla. En su versión Ultimate, Polaris llevaba ya un tiempo disponible, en concreto desde que apareciera como una de las integrantes de la Academia del Mañana dirigida por Emma Frost, que introdujera Brian Michael Bendis en Ultimate X-Men nº 7: Nuevos Mutantes. Vaughan quería explorar de paso un elemento que Bendis apenas sí había llegado a apuntar, el de la rivalidad de los alumnos de Frost con los de Xavier. Sería el punto de partida para una saga que crecería en intensidad conforme avanzara, y en la que el escritor acudiría a la presencia de gran cantidad de personajes invitados. Algunos de ellos habían sido utilizados por él mismo en pasados números, como esa Dama Mortal tan parecida a la de X-Men 2 o Longshot, que figurara en la aventura de Krakoa, mientras que otros ya venían siendo habituales con anterioridad. Además, el escritor se animaba con la resolución de un pequeño misterio sobre el que se preguntaban los aficionados en los foros de Internet desde el comienzo de la serie. ¿Acaso Mística se encuentra infiltrada en la mansión bajo la apariencia del gato de Xavier? Y hasta resolvía por fin otra duda extendida entre los seguidores: ¿cuál es la orientación sexual de Coloso?

 

A los cinco capítulos de «Norte Magnético» que figuran en este volumen le antecede, además, el primer Annual de la serie, un episodio con mayor número de páginas en el que Vaughan completaba la trama alrededor de Pícara y Gambito, en un escenario tan poco habitual como Las Vegas y distanciándose una vez más de los hechos conocidos por el Universo Marvel clásico. La permanencia del guionista en el título llegaba a su fin, después de casi dos años en los que había pasado de ser un prometedor autor a una máquina de ganar premios. En ese 2005 arrasaría en los Eisner, lo que le llevó a abandonar el trabajo en series que no hubieran sido creadas por él mismo. Estas historias de Ultimate X-Men se erigen así como su trabajo de fin de carrera, su licenciatura en un medio que ya por entonces dominaba y del que acabaría siendo maestro.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 10

1984. DE CÓMO TORMENTA SE QUEDA SIN PODERES PARA MOLAR MÁS QUE NUNCA

En 1984. En Uncanny reaparecen algunas de las líneas argumentales más interesantes esbozadas enThe New Mutants. En el UXM 183, Claremont desvela que Selene, la vampira psíquica de Nueva Roma, ha viajado a Nueva York, donde, en el número siguiente, se enfrenta contra Rachel Summers, la hija de Cíclope y Fénix escapada del apocalíptico destino de Días del pasado futuro. Rachel vence a Selene con la ayuda de la Patrulla-X, sólo para darse cuenta de que ha cometido un error: “He llegado al pasado equivocado y, por culpa de mi estupidez, el mundo está condenado”, dice. En el UXM 188 descubre que su madre ha muerto y su padre se ha casado con otra. Descubre, en definitiva que, en esta línea temporal, ella nunca nacerá. Poco después, se desvela que Rachel fue manipulada mentalmente en su oscuro futuro para que sirviera como rastreadora de mutantes (UXM 189, I 85). En ese mismo número, vuelve a luchar contra Selene, ahora convertida en Reina Negra del Club Fuego Infernal. Rachel visita por tanto el lugar en el que su madre se transformó en Fénix Oscura, e incluso llega a vestir con una variante del traje que usara ésta. Por último, en el UXM 191 (III 85) aparece por primera vez Nimrod, un Centinela procedente de la época de Rachel que llega hasta la nuestra con la intención de asesinarla. Tiene aquí lugar un interesante feedback. Si en la película Terminator (1984) de James Cameron es reconocible la lectura previa de Días del futuro pasado, con Nimrod la pelota vuelve al tejado de Cameron. La influencia del androide encarnado por Arnold Schwarzenegger se evidencia en este Centinela definitivo. Por lo demás, Rachel Summers es un rubicón viviente. Puede que los mutantes lo estén pasando mal pero todavía están lejos del desolador destino que les dibuja Rachel. Claremont, junto a Nocenti, persigue ese “más difícil todavía”. Se trata de dar a cada uno de los hombres-X un buen motivo para que sufra. Y sufra mucho. En la cabeza del autor impera un silogismo a la hora de trabajar con sus personajes: la esencia del melodrama es el conflicto. La esencia del conflicto es llevar al límite la vida de los personajes. Hay que pensar la peor de las situaciones en la que puedes ponerles, y, a continuación, empeorarla.

 

-Ideas, quiero ideas.

-Que alguien consiga romper los huesos de Lobezno.

-No está mal. Más.

-Uhm. Que alguien robe a Tormenta sus poderes y luego se enamore de ella.

-Ésa me gusta.

 

En este caso, Claremont opera sobre un personaje terminado de definir. Tal vez por ello, el proceso sufrido por la diosa africana sea el más radical de todos. Meses antes, avisa en múltiples entrevistas de los extraordinarios acontecimientos que tendrán lugar enel UXM 185 (X 84) sin concretar de qué se trata exactamente. Simplemente, explica que las consecuencias se expondrán un especial con dibujos del preciosistaBarry Smith.

Lleva meses planeándolo. Los nuevos personajes secundarios que han sido introducidos en los últimos números sin motivo claro cobran ahora su valor. Está Henry Peter Gyrich, antiguo azote gubernamental de los Vengadores y actual perseguidor de mutantes; está Valerie Cooper, la ayudante del Consejo de Seguridad Nacional encargada de vigilar, desde el Gobierno de los Estados Unidos, las actividades mutantes; está Raven Darkholme, colega de la primera y, en realidad, Mística disfrazada e infiltrada en el Pentágono (un argumento que Claremont arrastra desde los últimos números de Ms. Marvel); está Forja, el misterioso mutante de origen cheyenne capaz de fabricar artilugios mecánicos con una facilidad sólo comparable a la de Reed Richards. Forja crea un arma que neutraliza el poder de cualquier superhombre, sea o no mutante. Pretende utilizarla contra los Fantasmas Espaciales, unos alienígenas que, desde las páginas de Rom, planean invadir la Tierra. Valerie Cooper en cambio quiere que sirva para capturar a Pícara… Es entonces cuando Claremont mete en la partida de ajedrez a Tormenta, quien, en un fuego cruzado, se convierte en la primera víctima del neutralizador de Forja.

El UXM 186 (XI 84) es el especial que dibuja Barry Smith, una historia de sentimientos entre Tormenta y Forja. Tormenta es uno de los pocos superhéroes con los que Smith puede identificarse remotamente. Vuela, tiene poderes, pero la entiende de forma distinta que los otros dibujantes. Quiere plasmar en ella su visión de lo que debe ser una diosa, mezcla de rasgos griegos y africanos. La participación del dibujante queda patente también en el guión. Claremont añade varias de sus sugerencias, lo que le vale ser incluido como coargumentista. En las páginas de Muerte viva, expresivo título que recibe el especial, se analiza por qué la mutante africana jamás ha tenido un romance. La Tormenta serena de los primeros tiempos, explica el Patriarca Mutante, es una diosa impasible, que renuncia a sus emociones porque sabe que la intensidad de éstas es paralela al control que tiene de sus poderes. En estos años, tiene posibilidad de enamorarse pero nunca llega a hacerlo. Así, una historia corta publicada en Marvel Team-Up 100 señala una breve aventura con Pantera Negra, relación a la que Claremont renuncia por no tener control operativo sobre el Rey de Wakanda. Por esas fechas, todavía en compañía de John Byrne, baraja unirla sentimentalmente a Cíclope, en lo que hubiera constituido la primera pareja multirracial de la historia del cómic. La idea nunca fructifica, ya que ambos autores deciden emplearla con Puño de Hierro y Misty Knight. Durante los años siguientes, Claremont opina que nadie en el Universo Marvel está a la altura de Ororo. “Vivo sola porque lo he elegido, y porque no he encontrado a ninguno que haga latir mi corazón”, llega a decir a Arkón (UXM Annual 5, 1981). Entonces surge la Tormenta punk del último año, que ha decidido romper las barreras, su “celibato espiritual autoimpuesto”, lo que supone el mayor conflicto interno que haya conocido la mutante. La Tormenta que tras el UXM 185 aparece, ya no tiene ese problema. Puede ahora ser dueña de sus sentimientos. Ése es el punto de partida de Muerte viva. En la primera página, Tormenta aparece desnuda, caída en una cama, más que tendida. “Érase una vez una mujer que podía volar”, indica el texto de apoyo. Ororo no quiere comer del plato que le ofrece Forja, prefiere morir. “Esto no es vida, Forja, sólo existencia… una sombra de lo que fue. Créeme, es el más cruel de los engaños”. Él afirma entenderla. Perdió su pierna y su mano en el Vietnam, sólo su habilidad de crear tecnología le ha permitido sustituirlas por prótesis cibernéticas. “Mientras vivas, siempre tendrás opciones, posibilidades… Esperanzas. Nunca sabes lo que sucederá a continuación”, sostiene Forja. Inevitablemente, se enamoran. Pero Ororo descubre que fue él quien inventó el arma que la ha desposeído de sus poderes, lo que le impulsa a abandonarlo, furiosa. La figura masculina que representa el cheyenne queda, una vez más en un relato de Claremont, por debajo. “Somos muy parecidos, Forja. En ti veo la persona que yo podía haber sido”, dice ella. “Pero escogí otro camino. Quizás mis pies nunca dejen de pisar la tierra, pero, algún día, volveré a volar”

 

Pese a los buenos resultados, esta primera colaboración con Barry Smith no deja de estar plagada de problemas y egos encontrados. Por un lado, Jim Shooter rechaza una de las viñetas de las primeras páginas, por considerarla en exceso provocativa; por el otro, las variaciones que el dibujante introduce en el guión de Claremont, imprimiendo un ritmo diferente al inicialmente contemplado, enfurecen al guionista, que pese a todo se muestra dispuesto a seguir colaborando con Smith en el futuro.

1984. LA PATRULLA-X Y ALPHA FLIGHT: LA REUNIÓN DEL DREAM TEAM QUE NUNCA OCURRIÓ

ES 1984. ¿En qué llevan razón quienes critican a Marvel por aprovechar el filón X-Men? Productos tan honrosos como Muerte vivaconviven con otros que lo son algo menos, como las miniseries Iceman  y Beauty and the beast (ambas de XII 84-VI 85), o Nightcrawler(XI 85-II 86). Mary Jo Duffy, una de las mejores amigas de Claremont, trabaja en The Misfits, título derivado de The New Mutantsque no acaba de encontrar fecha de publicación; y otros autores preparan proyectos más o menos oportunistas, protagonizados por mutantes de pega, como es Firestar(III 86-VI 86), mediocre inserción en el Universo Marvel de una heroína procedente de la serie de dibujos animados Spider-Man and his amazing friends. La única miniserie en la que trabaja Claremont este año es un proyecto que Jim Shooter lleva sugiriendo desde hace meses. El director editorial pretende reunir de nuevo al Padre Mutante con John Byrne. Se trataría de que ambos hicieran una miniserie protagonizada por la Patrulla-X y Alpha Flight, grupo cuya colección creara Byrne dos años atrás. Se anuncia la salida para ese mismo invierno y Claremont, siempre cuidadoso con la continuidad, inserta la historia entre medias del UXM 192.

En cuanto Ann Nocenti, editora mutante, y Dennis O’Neil, editor de Alpha Flight, empiezan a trabajar en el nuevo título, Byrne anuncia que cambia cromos con Bill Mantlo. Éste pasa a encargarse de los Alphas y él a ocupar Incredible Hulk. En principio, no tiene por qué haber problema para que siga adelante el crossover con la Patrulla-X, pero el canadiense se desentiende del proyecto. Alega que su llegada a la colección del coloso esmeralda y la preparación de una novela gráfica dedicada a Hulka se llevan veinticinco horas diarias de su tiempo. Los editores insisten en seguir adelante sin Byrne, aunque sea con un especial de treinta y dos páginas que aproveche lo que llevan avanzado, pero es necesario un dibujante. Nocenti llama por teléfono a Paul Smith.

 

-Hola chico. ¿Te apetece hacer un número especial de la Patrulla-X?

-Déjalo, Ann. Seréis muy majos y todo lo que tú quieras, pero no me interesa la Patrulla-X. Estoy harto de que sólo me pidan dibujos de la Patrulla-X. No quiero que me volváis a llamar para hacer un cómic de la Patrulla-X. ¿Vale? Venga, un beso.

 

Por la tarde, Smith se acerca a una tienda de motocicletas. Antes de entrar, se queda pegado al escaparate. Acaba de enamorarse. Ella es la última BMW. La primera desde los años cincuenta que lleva un flamante motor nuevo. Tiene que ser suya.

 

-Hola Ann, soy Paul Smith. Me acabo de enterar que antes has llamado a casa y has hablado con mi Malvado Hermano Gemelo. Eso que te ha dicho de que no quiero trabajar para vosotros es mentira. Estoy deseando volver. ¡Con lo que a mí me gusta la Patrulla-X! De hecho, ¿qué es eso de treinta y dos páginas? ¡quiero dibujar cien!

 

Cien páginas de Paul Smith es igual a lo que cuesta una BMW nueva de 1985. El especial se convierte así en una miniserie compuesta por dos números dobles. Para completar el equipo creativo, se recupera a Bob Wiacek, entintador de Smith durante su etapa en Uncannyy que ahora se ocupa de Power Pack. Puesto a elegir villano, Claremont decide olvidarse de los habituales de la Patrulla-X y ni acercarse a los que Byrne ha creado para Alpha Flight. A sugerencia de los editores, recurre a Loki, el malvado hermanastro de Thor, lo que entronca con la gran saga que viene desarrollando Walter Simonson en la colección del Dios del Trueno. Claremont nunca ha trabajado con las deidades asgardianas, por eso le resulta mucho más sencillo dejar de lado los típicos planes de conquista del Señor de la Mentira para entrar en su retorcida mente. ¿Cómo actuaría Loki si le obligaran a comportarse con bondad? De esa pregunta nace la historia. Loki hace un regalo a los humanos. Les concede una fuente de poder que transforma en poco menos que dioses a quienes pasen por ella. Los primeros agraciados son la tripulación de la avioneta que pilotan Madelyne Pryor y Cíclope. El guionista los denomina provisionalmente the Bersekers, el nombre que utilizan los guerreros mitológicos encargados de proteger a Odin, y encarga a Smith que los diseñe a partir de una vaga influencia asgardiana. Éste se basa en los Thorde Walter Simonson para crear personajes individualizados con poderes más místicos que superheroicos. A pesar de que recuperen su normalidad una vez terminada la aventura, Claremont no descarta recuperarlos en un futuro que nunca llega.

“Aprendí muy joven que las cosas no se obtienen gratis. Quiero saber el precio”, dice Estrella del Norte. El precio del regalo de Loki es la pérdida de la magia sobre la Tierra. Los seres mágicos, como Shaman o Ave Nevada, comienzan a agonizar, mientras que los demás olvidan su capacidad para concebir historias. En lugar de la típica lucha de un grupo de superhéroes contra otro, hombres-X y Alphas se agrupan en función de los que están decididos a sacrificar la vida de sus amigos (Coloso, Sasquatch, Madelyne o Rachel) y aquellos que sostienen que el fin nunca justifica los medios (Lobezno, Cíclope, Xavier, Estrella del Norte, Talismán o Kitty).

La pelea termina con la llegada de Loki, dispuesto a obligar a que acepten su regalo aquellos que no lo quieren. Loki no puede actuar bien, concluye Claremont. Eso significa que se comporte desinteresadamente. Pero su naturaleza embustera no concibe hacer nada por nadie sin esperar algo a cambio. La miniserie resultante sigue la línea del equipo creativo. Una sólida historia construida sobre excepcionales personajes magníficamente tratados que sienten y se comportan como si fueran reales. Satisfecho con el resultado, tan alejado de los escenarios y las situaciones propias de los hombres-X, Claremont decide continuar en los anuales mutantes de ese mismo año. Sucede que Paul Smith ya tiene suficiente dinero para comprar su moto.

Ann Nocenti sugiere entonces el nombre de Arthur Adams, con quien acaba de terminar la miniserie Longshot. (IX 85-II 86). Adams, un chaval californiano de apenas veintidós años, tiene un estilo lleno de barroquismo y belleza. Necesita una obra que le consolide y, a pesar de su lentitud, accede a dibujar los dos especiales. La acción traslada a los Nuevos Mutantes primero y a la Patrulla-X después a Asgard, lo que requiere la coordinación con Ralph Macchio y Walter Simonson, editor y autor, respectivamente, de Thor. Simonson les detalla cuál va a ser exactamente la situación en el país de los dioses nórdicos en el momento en que sea visitado por los chicos de Xavier, además de incluir un par de referencias mínimas en el Thor 362 (XII 85). Claremont le promete tener cuidado con el tratamiento de los personajes y escenarios. Todo tiene que encajar como un inmenso puzzle, para acentuar la coherencia del Universo Marvel. A continuación, Claremont entrega a Adams un centenar de folios con el argumento de cada Annual. Ambos autores están apasionados con la historia, que empieza a crecer y crecer, en paralelo a sus cuentas de teléfono. El número de los bebés-X salta enseguida de cuarenta y ocho a sesenta y cuatro páginas dibujadas. Existe un New Mutants Annual1 publicado en 1984, último estertor de Bob McLeod en la colección. El de Arthur Adams debería ser el Annual2, pero Nocenti quiere destacar de alguna forma la excepcionalidad del producto, por eso le encarga a Adams una portada doble y decide denominarloNew Mutants Special Edition 1. La segunda parte se queda como Uncanny X-Men Annual 9. La complejidad llega a un nivel tal que Nocenti escribe una columna en el Marvel Age en la que explica cuál es el orden en el que tiene que leerse cada una de las partes de la saga. “Dieciocho mutantes viven en la Mansión-X”, explica Nocenti. “Y eso sin contar con invitados y amigos. Este verano van a viajar de El Cairo a Asgard, de Asgard a París, y de París a Etiopía”

1985. EL IMPACTO DE LA RESURRECCIÓN DE JEAN GREY

Es otoño de 1985. Jean Grey vive de nuevo. La resurrección tiene lugar en un triple crossover, la palabra mágica que alegra los oídos de Shooter. Para acometerlo, Bob Layton se alía con dos de sus mejores amigos, Roger Stern y John Byrne. En la primera parte, escrita por Stern (The Avengers 263, I 86), los Vengadores encuentran una misteriosa crisálida en el fondo de la bahía de Jamaica; en la segunda parte, obra de Byrne (The Fantastic Four 286, I 86) Jean emerge de la crisálida, con la sorpresa de quien lo último que recuerda es estar pilotando un transbordador espacial. En X-Factor 1 (II 86) ocurre el reencuentro de la Patrulla-X original, con un Scott Summers que hace cosas tan opuestas a su personalidad como dejar abandonada a su familia, a Madelyne y al recién nacido Nathan para acudir a los brazos de su antigua amante ahora resucitada. También se asientan las bases del nuevo grupo. Los miembros de X-Factor se harán pasar por cazadores de mutantes, con anuncios en prensa y televisión incluidos. Así podrán localizar mutantes buenos a los que ayudar y mutantes malos a los que combatir. Nadie señala que para localizar mutantes no es necesario montar semejante numerito, sino que basta con recurrir a un localizador electrónico de mutantes, llámese o no Cerebro.

Desde el UXM 137, la muerte de Fénix, hasta el UXM 201, publicado en el mes en el que regresa Jean Grey, Claremont ha explotado al máximo el suspense. Esperad lo inesperado de la Patrulla-X, dice cada mes a sus fans, porque es lo que vais a encontrar. La sensación de imprevisibilidad crece aún más desde el UXM 202, en un intento de contrarrestar los efectos mortales que para la credibilidad de la strip supone la vuelta de la Chica Maravillosa. De igual manera, Claremont evita cualquier posible encuentro de la Patrulla-X con Jean. Cuanto más se ignore la nueva situación más fácil resulta mantener la antigua. Unidos ambos efectos, Uncanny X-Men alcanza unos niveles dramáticos jamás conocidos. Es una Patrulla-X que vive en el arroyo, que se arrastra por callejones sin salida. Que sufran, que el dolor y la angustia condicione sus vidas ahora con más razón que nunca. Como ejemplo radical queda la tercera colaboración de Claremont y Barry Smith, que cambia el protagonismo de Tormenta por el de Lobezno.

Como en Kitty Pryde and Wolverine, una niña, en este caso Katie Power, de Power Pack, acompaña a Logan en un viaje de ida y vuelta a los infiernos. Lobo herido (UXM 205, V 86) contiene veintidós páginas de vértigo vomitivo en las que el guionista introduce en su propio universo mutante hallazgos ajenos. De Longshot, la miniserie de Nocenti y Adams, se trae a Espiral, a quien, meses atrás, ha integrado dentro de la Fuerza de la Libertad de Mística. Espiral es una inquietante bailarina de seis brazos que transforma en una cibernética máquina de matar a Yuriko Osama, la hija del científico que inventó el proceso para recubrir de adamántium los huesos humanos. Aunque el debut de Yuriko, alias Dama Mortal, tiene lugar en Daredevil 197 (VIII 1983), su odio hacia el canadiense procede de los Alpha Flight 33-34 (III-IV 86). En esta aventura, Bill Mantlo explica el primer encuentro entre Logan y los Hudson, además de insinuar que Mac estuvo involucrado en el experimento que transformó los huesos de Logan. Claremont, disgustado con la idea de que alguien tome su personaje y explique parte de su origen en una vulgar aparición especial, se apresura enseguida a afirmar que esa información es irrelevante, que lo sustancial en la vida de Lobezno es lo que ocurrió antes de conocer a los Hudson, sucesos que han de permanecer en la penumbra si se quiere mantener el halo de misterio que rodea al personaje. Siguiendo tal norma de ocultación de datos, en el UXM 205 se sabe sólo la mitad de lo que ocurre. El cómic, narrado desde el punto de vista de Katie Power, empieza cuando la niña se encuentra a Logan medio moribundo, desnudo y siendo perseguido por Dama Mortal y sus secuaces. Igual que el pasado de Lobezno, cómo se ha llegado a esa circunstancia es un misterio encerrado en medias verdades, frases como “Me convertiste en un animal, Dama Mortal” que tienen tantas interpretaciones como quieran dar los que las lean. Para evitar problemas anteriores, en esta ocasión Claremont se sienta a la mesa con Smith y juntos preparan el argumento de la historia. La coautoría de poco sirve. De nuevo Smith hace de su capa un sayo y modifica lo acordado. Sin embargo, lo que llega a enfurecer a Claremont son las notas en los márgenes que deja escritas el dibujante. En ellas trata de explicarle cómo debe escribir la historia. Hasta aquí hemos llegado, es la conclusión inmediata. A partir de ese momento, Smith pasa a ilustrar un buen número de portadas (sobre todo de The New Mutants) mientras queda exiliado de los lápices interiores, a los que no vuelve, más que como medida de emergencia, en el UXM 214 (II 86).

En línea con esa actitud fatalista de respuesta al regreso de Jean, Claremont se deshace bruscamente de la nueva Fénix. Una Rachel que se parece cada vez más a su madre decide matar a Selene. La ejecución no se consuma, ya que Lobezno lo impide al clavar sus garras en el estómago de ella. “Esto Rachel”, dice Logan, “es asesinato. Justifícalo, racionalízalo, pero lo sigue siendo. No es digno de ti, ni de Rachel, ni de Fénix, y mucho menos de la Patrulla-X” (UXM 207, VII 86). A juicio de Claremont, Lobezno no tiene otra alternativa. De haberla dejado actuar, Rachel estaría a un paso de convertirse en Fénix Oscura. “Lo que hace Lobezno”, dice Claremont, “es lo mismo que hubiera hecho Jean Grey de estar en esa situación”. Rachel sobrevive, pero, dos números más tarde, Espiral la introduce en un portal a otra dimensión. Su destino queda reservado para una miniserie.

1988. CUANDO LA PATRULLA-X SE MUDA A AUSTRALIA

Es 1988. En paralelo al lanzamiento de Wolverine, La Patrulla-X comienza a vivir una nueva etapa en el UXM 229 (IV 88), donde se definen los parámetros por los que se moverá el grupo tras La caída de los mutantes. En ese número, Roma les explica que, después de su teórica muerte, no pueden ser detectados por medios mecánicos, mágicos o científicos, y les ofrece dos alternativas: enviarles a una especie de Dimensión Fantasma conocida como el Lugar Peligroso, donde serán juzgados por sus acciones y tendrán la oportunidad de comenzar su vida de nuevo, o, la opción que aceptan, dejarles en Australia, en una localización exótica con enormes terrenos vírgenes alejados de los entornos urbanos típico superhéroe Marvel. Nada hace pensar que Spider-Man o los Vengadores vayan a acercarse por “el más remoto continente terrestre”. La Patrulla-X se ha convertido en leyenda, pero no en la leyenda artúrica a la que Claremont puede acercarse en Excalibur, no la leyenda de fantasía heroica que ha retratado en Marada The She-Wolf o en The Black Dragon, sino la única leyenda que, dejando aparte a los superhéroes, han aportado los Estados Unidos a la cultura universal, la leyenda del western. Esta Australia irreal nada tiene que ver con el Sidney de los documentales, sino que se trata de una árida extensión de malas tierras similar a la Texas de John Ford. Donde allí se enseñoreaba John Wayne y Lee Marvin, aquí están Lobezno y compañía. De hecho, en lugar de establecerse en cualquiera de las muchas ciudades del país, lo hacen en un poblado de casas abandonadas, donde un extraño aborigen llamado Pórtico les facilita transporte dimensional a donde sea necesario sin hacer preguntas ni contestarlas. Pórtico cumple las mismas funciones que desempeña Cacharro para Excalibur y, al igual que éste, poco más se sabe de él. Siempre callado, ni siquiera revela si sus poderes son de naturaleza mística o mutante. Poco importa, ya que su aprovechamiento argumental se limita al de haber sustituido al Pájaro Negro como vehículo de transporte de los hombres-X.

 

Nada más aterrizar en su nuevo hogar la Patrulla hace frente a los Cosechadores, una actualización high-tech del Grupo Salvaje de Sam Peckinpah. Claremont aprovecha la habilidad de Silvestri para dibujar personajes de aspecto desagradable. Los Cosechadores han perdido cualquier rasgo posible de humanidad. Gran parte de su cuerpo está compuesto de piezas mecánicas y donde queda algo de hueso y carne brilla siempre la simbología nazi (cabezas rapadas, esvásticas, cadenas, ropa militar). No disponen de poderes ni habilidades especiales, sino que utilizan las armas y las tácticas de grupos terroristas, aunque lo hacen con una salvedad: mientras los fines de éstos suelen tener algún tipo de contenido político, la única pretensión de los Cosechadores es asesinar, robar y divertirse.

Frente a ellos, resulta demoledor el contraste de una Patrulla-X que ha cambiado la tecnología Shi’ar por la cuchara de palo; los viajes en el Pájaro Negro por el teletransporte cuasi místico que les procura Pórtico; la Sala del Peligro por la arena del desierto; las amplias habitaciones de la mansión de Xavier por barracas de madera y barro. “Estoy en medio de ningún sitio, sin libros que leer, sin tele que mirar, sin música que escuchar, sin ningún lugar donde divertirme el sábado por la noche… Si esto es ser una leyenda, prefiero morirme”, brama Dazzler (UXM 230, VI 88). Contra los tipos duros que proliferan en el Universo Marvel con el Castigador a la cabeza, Claremont vuelve sobre las raíces. El héroe despojado de cualquier artificio que no sea su valor y habilidad frente al villano repugnante y artero. Con esa premisa básica, se desarrollan las dos aventuras que aparecen con periodicidad quincenal durante los meses del verano de 1988. “Esto es una locura”, sostienen con razón tanto Claremont como Silvestri. El dibujante, tras constatar que es imposible sacar adelante cuarenta y cuatro páginas mensuales, máxime si los guiones de Claremont llegan con retrasos de una semana, es apoyado por Rick Leonardi, que se ocupa de tres de los seis números quincenales.

La primera de esas sagas (UXM 232-234, VIII-IX 88) recupera a los eslyzoides del Nido, de los que nada se ha vuelto a saber desde los gloriosos tiempos de Paul Smith, pese a los incesantes ruegos de sus muchos fans. La principal novedad es ver a los alienígenas sueltos por la tierra e infectando a cada humano o mutante que se le ponga por delante. Mayor enjundia contiene la siguiente aventura, ya que en ella Claremont regresa sobre el racismo mutante desde la perspectiva de la política-ficción. En los UXM 235-238, X-XI 88) aparece por primera vez el imaginario país de Genosha, “una tierra verde y agradable de esperanza y oportunidad. Donde la libertad es consigna”, reza su lema. Genosha es una metáfora de la Sudáfrica del apartheid llevada a sus últimas consecuencias, una utopía construida sobre la vergüenza. En la paradisiaca Genosha, situada entre Madagascar y las Islas Seychelles, la sociedad y la economía han evolucionado a cotas formidables. “No existe pobreza, y se dispone de incomparables oportunidades en educación y empleo”, dice la propaganda política. “El nuestro es un país libre, cuya gente es juzgada por sus actos, no por el color de su piel”. En realidad, Genosha es un Estado policial, y su falsa prosperidad se debe a la segregación racial. Mientras los humanos cuentan con todos los derechos, los mutantes son esclavizados de por vida. Una casta científica, los Geningenieros, se ocupa de localizarlos y de adecuar sus poderes a las diferentes funciones que desempeñan (desde industriales a médicas) mientras que un sofisticado grupo militar, los Magistrados, constituye la fuerza organizada que sostiene el sistema, la encargada de castigar cualquier disidencia. Claremont inventa para ambos un nuevo lenguaje racista. Mientras los Geningenieros llaman a los mutantes “genpositivos”, los Magistrados se refieren a ellos como “genobichos”. La Patrulla-X llega a Genosha cuando empiezan a arder las llamas de la revolución desde el interior mismo del régimen establecido, por iniciativa del hijo de un Geningeniero que intenta rescatar a su novia mutante. Que esa revolución salga adelante queda, al final de la saga, en la incógnita o en el devenir de la colección. En caso de fracaso, los hombres-X prometen regresar al país.

En un segundo nivel, la aventura muestra a los hombres-X desde perspectivas diferentes. Por una parte, descubren las ventajas (e inconvenientes) de su capacidad recién adquirida de no ser detectados por métodos electrónicos; por el otro, Lobezno y Pícara son desposeídos de sus poderes. La falta del factor curativo en el primero tiene una consecuencia lógica, ya que sus manos sangran cada vez que saca las garras. Queda así establecido que Lobezno no tiene ningún orificio en sus extremidades, sino que las garras producen una herida curada al momento por su poder mutante, uno de esos detalles sin importancia que apasionan a los fans más detallistas. En una crueldad argumental de sofisticada premeditación, Pícara, que ha pasado toda su vida con el deseo de tocar y ser tocada, sufre terribles abusos sexuales que llevan a su mente a retraerse y a ser tomada por la personalidad de Carol Danvers, un pretexto del Padre Mutante para dar un par de pinceladas sobre el pasado común de ella y Lobezno. Carol recuerda “aquella vez que me rescataste del KGB”. Claremont no cuenta mucho más, fiel a su consigna de insinuar antes que detallar.

Es una época en la que afloran acusaciones contra el guionista por sus temas recurrentes, sus diálogos eternos, sus personajes torturados. Nada hace pensar que su antes elogiada imaginación y capacidad narrativa esté oxidada, por mucho que tenga que producir tres colecciones mensuales. En 1988, en los guiones de Claremont hay conceptos y personajes por cuya creación muchos autores matarían. Hay historias magníficas y emocionantes, desde las grandes sagas dramáticas que construye en Uncanny –primero La caída de los mutantes, luego la aventura en Genosha- a las deliciosas historias de Excalibur. ¿Qué es lo que falla entonces? Tal vez una cierta falta de reconocimiento intelectual de la calidad de su trabajo, pese a que él se considere un honrado artesano del entretenimiento; tal vez el verse inmerso en un huracán que controla a duras penas; tal vez el agotamiento inherente a más de una década trabajando en la strip, a unos años en los que no hay tiempo para relajarse.

1988. LA MECHA QUE ENCENDIÓ EL INFERNO

Es otoño de 1988. Toca de nuevo crossover con las series mutantes. En este caso, Claremont tiene un plan para dar solución por fin al culebrón Jean Grey-Cíclope-Madelyne Pryor, con el esperadísimo encuentro de los dos grandes grupos mutantes. Walter Simonson y Marc Silvestri preparan las publicidades del evento. En la de Simonson, junto a los rostros de Jean, Scott y Madelyne aparece una pregunta: “¿Crees conocer la verdadera historia?”. La de Silvestri muestra a Mister Siniestro acompañado del lema “Los mejores planes llevan toda una vida”. A fecha de septiembre de 1988, los lectores mutantes están lo suficientemente liados como para no estar seguros de nada. Tras releer la colección desde el The X-Men 1, el Patriarca Mutante elabora una compleja explicación que sirve para aclarar las partes oscuras de la historia de la Patrulla-X. Para ello, enlaza tres sucesos clave: la muerte de Fénix, la aparición de Madelyne y el regreso de Jean Grey.

Primera pregunta: ¿Quién mueve los hilos? Respuesta: Mister Siniestro. Este chico vale para todo. Si ya fue útil para explicar La masacre mutante, ahora vuelve a serlo para resolver las grandes dudas de la strip. Siniestro ha manipulado a Cíclope desde su más tierna infancia. Durante años le mantuvo en el orfanato mientras supervisaba la aparición de sus poderes. Sin embargo, Scott, con todos sus recuerdos borrados, escapó y fue reclutado por Xavier para la primera formación de la Patrulla-X

Segunda pregunta: ¿Quién es en realidad Madelyne? Respuesta: Madelyne es un clon creado por Mister Siniestro y colocado en el lugar preciso para que se enamore de Cíclope y tengan un hijo cuyos genes conserven lo mejor de cada casa. Ese hijo es Nathan, con el que Siniestro pretende llevar a cabo planes por los que Claremont prefiere pasar de puntillas, ya que todavía no los ha decidido.

Tercera pregunta: ¿Qué relación tiene Fénix en todo esto? Respuesta: Los sucesos del UXM 137 son de nuevo objeto de reinterpretación, esta vez por el mismo Claremont (Si me cambian mis propias historias, ¿no tengo derecho a hacer yo lo mismo?, piensa). Fénix, explica el Patriarca Mutante, tampoco murió en la luna. Lo que murió fue el cuerpo creado por Fénix a partir de Jean Grey. Fénix regresó entonces a la Tierra con la intención de despertar a Jean, quien dormía plácidamente en el fondo del río Hudson. Sin embargo, a quien despertó fue a Madelyne, todavía en manos de Siniestro.

Unificados los sucesos, Claremont toma la sensata decisión de quedarse con una sola de las tres chicas. En la saga, Madelyne muere, pero tanto sus recuerdos como los de Fénix pasan a la mente de Jean (XF 38, III 89). Queda pendiente encontrar un hecho que desencadene la aventura. Se busca una buena razón para corromper a Madelyne y enfrentarla a la Patrulla-X y a X-Factor.

Entonces llega Weezie Simonson con sus planes para The New Mutants. Weezie trabaja en una aventura en la que Illyana afronta de forma definitiva el eterno conflicto con su lado oscuro. Como Claremont en el caso de Madelyne y Jean, la Simonson quiere así resolver líneas argumentales que arrastra desde largos años atrás. En concreto, desde la miniserie de Illyana. Lo que tiene la guionista pensado es que los demonios del Limbo invadan la Tierra. Magik tendrá que elegir entre su inocencia perdida y su parte demoniaca. Por supuesto, gana la inocencia, y lo hace de manera literal, ya que la saga termina con Illyana convertida de nuevo en niña, tal y como era antes de llegar al Limbo. Weezie lo habla con Claremont, y él se da cuenta de que el contexto es perfecto para convertir a Madelyne en la villana de la historia. Que se alíe con N’asthir, uno de los demonios del Limbo, con el objetivo de recuperar a su hijo Nathan. A cambio, N’asthir consigue invadir la Tierra al frente de una legión de demonios. Enseguida aparece un título para la saga. Primero se la llama Infierno en la Tierra, aunque pronto se simplifica el nombre hasta quedarse simplemente en Inferno. El problema surge cuando le cuentan la idea a Bob Harras, el editor de las series mutantes.

-Es perfecto. Magnífico. Los demonios dominan Manhattan y luchan contra todos los héroes del Universo Marvel. ¿Por qué no se lo proponemos a DeFalco? Creo que esto lo podemos llevar más allá de nuestras colecciones.

Las decisiones argumentales, convertidas en decisiones políticas, se trasladan a los despachos. En dos días, el proyecto atañe al resto de las series de la casa. Así, de una forma u otra, la invasión demoniaca afecta a las colecciones de Spider-Man, Vengadores, Cuatro Fantásticos, Power Pack, Capa y Puñal… No obstante, el núcleo principal del crossover se desarrolla únicamente en las tres series mutantes más veteranas, mientras que en Excalibur el tema se toca de manera tangencial y en Wolverine ni siquiera se menciona. La saga cuenta además con un prólogo, X-Terminators (X 88-I 89), miniserie protagonizada por los chavales que viven con X-Factor y que Weezie Simonson pretende fusionar con los bebés-X.

El Claremont de Inferno resulta ácido como en pocas ocasiones. Capaz de divertirse con ascensores que devoran a turistas estúpidos, fuentes que aporrean perros, edificios que crecen, un cameo de los Cazafantasmas o lo que se le ponga por delante, el guionista encuentra tremendamente divertido jugar con los cabos sueltos dejados durante la última década tanto por él como por los demás autores mutantes, autorizados (Weezie) o no (Shooter y compañía). Lleva demasiado tiempo peleándose con todo el mundo por culpa de Jean Grey, sus muertes y sus resurrecciones. Demasiado tiempo construyendo el culebrón más largo de la narrativa universal. Ha llegado el momento de dejar las cosas claras. Esta vez no hay ningún director editorial que interfiera, ni tampoco ningún subalterno con ínfulas de guionista jodiendo por detrás. Sólo él y Weezie reparando los errores del pasado y asumiéndolos como propios en una explicación única, coherente y definitiva. De Inferno quedan varios momentos decisivos para el recuerdo: la muerte de Madelyne, la vuelta a la niñez de Illyana, el reencuentro de Logan y Jean… y, sobre todo, queda el primer gran crossover mutante que afecta al resto de la Casa de las Ideas, un negocio redondo cuya estructura puede repetirse en el futuro. De hecho, John Byrne, ahora guionista de Los Vengadores, tiene una idea similar para los Héroes Más Poderosos de la Tierra.

LA IMPOSIBLE PATRULLA X DE BENDIS: NOTAS PARA UNA REVOLUCIÓN MUTANTE

“Odiados. Temidos. Y salvando el mundo. Dime qué ha cambiado”. Esa es la conclusión extraída por Cíclope tras la guerra entre Los Vengadores y La Patrulla-X. El gen del Homo superior se ha reactivado, toda vez que se aleja el fantasma de la extinción. Para conseguirlo, sin embargo, el que fuera líder de los mutantes tuvo que pagar un alto precio. Poseído por la Fuerza Fénix, llegó incluso a asesinar a Charles Xavier, el hombre que fuera como un padre para él. ¿Qué redención quedaba detrás de eso? ¿La revolución que pregonaba como respuesta tenía algún sentido o no era más que una huida hacia delante? Eran cuestiones que Brian Michael Bendis estaba deseando abordar.

 

Desde su debut, en The X-Men #1 USA (1963. Marvel Gold. La Patrulla-X Original nº 1), Scott Summers siempre se ha amoldado al estereotipo de líder sensato. Durante mucho tiempo, fue el hombre que siguió al pie de la letra las enseñanzas del Profesor Xavier, pero, al cabo de los años, el mentor acabó por decepcionar al alumno, y este se sintió entonces en la obligación de superarlo. El momento de no retorno se produjo, con toda probabilidad, después de que Cíclope descubriese que Xavier le había ocultado durante todos estos años la existencia de una “Patrulla-X de reemplazo”, que habría acudido a salvar al grupo original de las garras de Krakoa, pero que murió sin poder hacer nada, lo que obligó a reclutar a los integrantes de la Segunda Génesis. Sucedió en Marvel Deluxe. Patrulla-X: Génesis mortal. Al final de esta saga, Scott cortó lazos con el Profesor-X de manera tan notoria que incluso le expulsó de la escuela que éste había fundado.

 

Aquello coincidió con un momento terrible para el Homo superior. Las acciones de La Bruja Escarlata en “Dinastía de M” habían abocado a la especie a la extinción. Las soluciones de los viejos tiempos ya no servían, por lo que La Patrulla-X debía buscar alternativas… ¡y, con Cíclope a la cabeza, las encontró! Fue entonces cuando Scott se revelaba como una clase de líder distinta a como había sido hasta aquel momento: más duro, más taimado y más estratega militar que rostro amable. Mantuvo a los suyos a salvo, los protegió frente a todo y frente a todos. Fue Cíclope quien comprendió que La Patrulla-X debía salvar a Hope, la proclamada como mesías mutante. Fue Cíclope quien, en secreto, impulsó las actividades de X-Force, por la que muchos de sus enemigos serían perseguidos y asesinados. Fue Cíclope quien tiró a la papelera los viejos convencionalismos y envió a los suyos al otro lado del país, hasta San Francisco, y consiguió que la ciudad fuera un hogar para los mutantes. Fue Cíclope, cuando el Reinado Oscuro de Norman Osborn los puso contra las cuerdas, quien dio un paso más allá, al fundar Utopía, un auténtico Estado Mutante, situado en la bahía de San Francisco, en una isla artificial construida con los restos del Asteroide M. Y Fue Cíclope, en definitiva, quien posibilitó que Hope regresara a casa, en “Advenimiento”, y los mutantes volvieran a respirar tranquilos.

 

Por todo ello, las acciones de Scott Summers durante la guerra contra Los Vengadores pesarían en su currículum más que ninguna otra cosa, hasta borrar todos sus logros anteriores. Porque el hombre que había mantenido la cabeza fría durante los peores momentos perdió el equilibro. Se trataba, sí, de asegurar el futuro de los suyos, de que la Fuerza Fénix reactivara el gen mutante, como finalmente ocurrió, pero el precio a pagar fue demasiado alto. Poseído por dicha entidad cósmica, Scott sobrepasó todos los límites, al asesinar a Xavier. En las páginas finales de Marvel Deluxe. Patrulla-X – Equipo Extinción nº 3, arrepentido de algunas de sus acciones, repudiado por sus semejantes, criminalizado por los humanos, huido de la justicia y con la única compañía de algunos de los que fueran sus compañeros en la última formación de La Patrulla-X de los tiempos de Utopía, Scott se disponía a liderar una revolución. Y es aquí donde retomamos la historia.

 

A Brian Michael Bendis le gusta contar las dos caras de una misma historia. Lo hizo, durante muchos años, en la franquicia de Los Vengadores, donde estableció constantes lecturas duales entre los títulos que escribía: Los Nuevos Vengadores con Los Poderosos Vengadores durante la época de “La Iniciativa”; Vengadores Oscuros con Los Nuevos Vengadores en el tiempo de “Reinado Oscuro”, y Los Vengadores y Los Nuevos Vengadores a lo largo de “La Edad Heroica”. El esquema se repetía una vez más con motivo de su etapa al frente del Universo Mutante. En un principio, La Casa de las Ideas sólo anunció el lanzamiento de la cabecera que estaría en el centro de todo, All-New X-Men: La Nueva Patrulla-X. La presencia de un dibujante de la envergadura de Stuart Immonen se interpretaba como una declaración de intenciones: aquella era la colección que había que leer. ¿Sólo aquella? Poco después, la editorial desveló que Bendis continuaba repitiendo el esquema de otros tiempos, y puso sobre la mesa otra serie X que también escribiría. Se trataba de la siguiente iteración del que había sido título fundamental de la franquicia: The Uncanny X-Men, La Imposible Patrulla-X, que, al igual que como ya ocurrió en la época de Kieron Gillen, estaría protagonizada por Cíclope y compañía.

 

Mientras La Nueva Patrulla-X era la serie luminosa, La Imposible se llevaba las mayores cotas de oscuridad, aunque el guionista de Cleveland insistió a sus lectores que no pensaran en ella en términos similares a Los Vengadores de Norman Osborn. “Él quería que el mundo ardiera. Cíclope busca salvar a los suyos”, aclaró. Para significar tales particularidades, contaba con Chris Bachalo, un artista casi opuesto a Immonen, con el que había colaborado por primera vez en el curso de la mencionada serie de Vengadores Oscuros. Desde entonces, ambos tenían ganas de repetir en una serie abierta. “Le llamamos porque ya ha hecho mucho material mutante, pero creo que nunca ha recibido el crédito que se merece”, decía Bendis al respecto. Bachalo, un habitual de la franquicia que se diera a conocer con Generation X a mediados de los noventa y luego pasara por la propia Uncanny, aprovechaba para rediseñar el uniforme de todos los personajes, de manera que se adecuaran a la situación que se muestra: la de la clandestinidad. El mismo dibujante también se encargaba de aplicar el color, algo bastante inusual, pero que le permitía mantener el control sobre el producto final.

 

Incluso en este aspecto los contrastes se hacían patentes y ponían de manifiesto los dos polos de la propuesta. El tono de conspiración permanente, de thriller furioso en que ningún personaje acaba de contar toda la verdad sobre lo que se propone, se pone de manifiesto mediante una paleta casi siempre apagada y fría, como el lugar en que iba a establecerse el equipo: un síntoma más de que las cosas habían cambiado de manera cuasi irremediable. En la nueva escuela de Cíclope no habría jardín, ni amigables partidos de béisbol, ni reuniones ante la chimenea. Por no haber, no había ni ventanas. De cara a las aulas, Bendis se esforzó en proponer la siguiente generación de mutantes, a través de jóvenes atípicos, con poderes que también se salían de la norma. El guionista luchó a su vez porque el foco no sólo estuviera sobre Cíclope, y dedicó atención al resto del elenco principal, mediante tramas que respondían tanto a la personalidad de cada uno de ellos como a la manera en la que estaban afrontando las consecuencias de sus acciones como parte integrante de los Cinco Fénix.

 

La Patrulla-X revolucionaria era, en definitiva, la otra cara de la moneda, frente al idealismo de los Cinco Originales que había traído La Bestia desde el pasado. Ambos grupos recorrerían senderos paralelos, que podían llegar a encontrarse en algún punto del trayecto, e incluso a formalizar un crossover, como de hecho ocurriría más adelante, pero que procuraban mantener su feroz individualidad. Con todo, y de ahí que ambas series se recopilen en la misma colección, Brian Michael Bendis estaba contando una única historia. Los lectores, como le ocurría a sus protagonistas, tardaron mucho tiempo en descubrir de qué trataba exactamente, pero mientras tanto nadie quiso perderse aquel viaje, de trayecto apasionante y destino incierto.

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