LA BÚSQUEDA DE LOBEZNO. ALFA: EL CÓMIC QUE BENDIS NO ESCRIBIÓ

Hace tres años y medio, en enero de 2015, veían la luz en España los cuatro números de la miniserie La muerte de Lobezno, con la que Charles Soule y Steve McNiven eliminaron al mutante más popular de Marvel. ¿Cómo llenar el enorme vacío que dejó Logan? En la editorial se apañaron bastante bien. Primero, nos ofrecieron un largo arco argumental en veinte partes, “Lobeznos”, en que seguimos la pista a diversas variantes del personaje, mientras nos preguntábamos quién se quedaría con su nombre. La elegida fue su clonLaura Kinney, hasta entonces conocida como X-23, que pasó a ser Lobezna. En paralelo, “Secret Wars” nos trajo de vuelta a El Viejo Logan, y más tarde, en Patrulla-X Azul, todavía veríamos la llegada deJimmy Hudson, el hijo de Lobezno en el Universo Ultimate. No cabe duda de que la naturaleza del UniversoMarvel abomina el vacío, y cuando alguien especialmente destacado desaparece, todas las fuerzas tratan de llenar su hueco con unas cuantas copias del mismo, pero… no hay nada como el original, ¿verdad?

 

LOS PLANES QUE FUERON

El regreso de Lobezno tuvo lugar en Marvel Legacy Alfa, donde reaparecía, en circunstancias pendientes de ser aclaradas, pero en posesión de una de las Gemas del Infinito, la Gema del Espacio. Este objeto de poder le ha permitido, en los últimos meses, moverse a lo largo de todo el planeta de manera instantánea, lo que se ha traducido en múltiples apariciones breves en un buen número de títulos. Además de en cada serie respectiva, hemos reproducido esas páginas en El Viejo Logan nos88-91. El personaje también se encuentra entre los protagonistas destacados de Cuenta atrás a Infinito, también a cuenta de la posesión de la Gema del Espacio. Pese a todo, faltaba reconectar a Lobezno con el Universo Marvely, evidentemente, con La Patrulla-X, y a eso está consagrado este proyecto. Inicialmente, en el Bullpenlo concibieron como una suerte de homenaje a la estructura de lo ocurrido tras la muerte de Superman, cuando surgieron cuatro versiones diferentes del Hombre de Acero, reclamando ser el auténtico. Eso se traduciría en cuatro miniseries que iba a escribir Brian Michael Bendis… pero, entonces, en lugar de homenajear una historia de Superman, el de Cleveland se despertó un día con la idea de escribir al propio Superman. En Marvelnos quedamos sin Bendis, y los editores pasaron a su siguiente opción, que era la más obvia de todas: la persona que nos había llevado hasta un mundo sin Lobezno debía ser quien nos lo devolviera.

 

ESTRUCTURA DE UN REGRESO

En 2014, sorprendió que Charles Soule fuera el elegido para narrar la muerte de Lobezno, puesto que este guionista había permanecido hasta entonces alejado del cosmos mutante y, de hecho, había sido PaulCornell quien se ocupó de conducir al personaje hasta la situación en que lo tomó Soule en aquella miniserie. Imposibilitada la Operación Bendis, no es en absoluto extraño que Marvel haya confiado en él para desandar el camino. “Mentiría si dijera que no empecé a pensar en maneras de sacar a Lobezno fuera de esa tumba de adamántium tan pronto como lo coloqué ahí”, explicaba a Tucker Chet Markus, nuestro compañero de Marvel.com. De esta manera, Soule se encarga de escribir este especial de apertura, y también una de las cuatro miniseries de las que se compone el proyecto: Búsqueda de Lobezno: Arma perdida. En España, lanzaremos esas miniseries de manera individualizada, mediante entregas dobles bimensuales. Por lo tanto, cada mes, a partir de septiembre, tendrás disponibles dos lanzamientos bajo el epígrafe de “Búsqueda de Lobezno”. Esto nos permite también ofrecer las cuatro miniseries en otros tantos meses, sin necesidad de mezclar episodios, lo que facilita que cada lector decida cuáles de ellas está interesado en seguir. Por último, en enero, llega el especial Omega en el que desemboca toda la trama, del que a día de hoy todavía desconocemos su título. Para más detalles, no dejes de consultar mes a mes nuestro checklistde novedades.

ULTIMATE X-MEN 9: TEMPORADA DE CAZA

Uno de los mayores atractivos del Universo Ultimate estriba en presentar conceptos de la Marvel clásica actualizados a los gustos, las inquietudes y, en definitiva, el Zeitgeist del siglo XXI. Cuando el guionista y el dibujante responsables consiguen reciclar esas ideas de manera imaginativa, surgen cómics capaces de algo tan mágico como tomar el pulso de la actualidad mediante las herramientas del pasado. Con “El juego más peligroso”, la historia principal que se incluye en este tomo, Brian K. Vaughan, atento a cuanto se movía a su alrededor, supo encontrar interpretaciones novedosas e innovadoras, que a la vez entraban en colisión, para dos enclaves de La Patrulla-X clásica tan diferentes, y sin conexión alguna, como son la Isla de Krakoa, el país de Genosha, además de ofrecer una revisión actualizada del villano llamado Mojo.

¿De dónde surgían aquellas ideas? Las de Krakoa y Genisha procedían de la fértil imaginación de Chris Claremont, quien permaneciera como guionista de los mutantes durante más de tres lustros, mientras que Mojo es creación de una de sus colaboradoras más cercanas, Ann Nocenti. Así, nos encontramos con que el debut, y una de las escasas apariciones de Krakoa, se sitúa en el Giant-Size X-Men#1 USA (1975. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X nº 1). En aquel episodio, Len Wein, Director Editorial de Marvel y escritor del episodio en cuestión, necesitaba una excusa para hacer desaparecer a los veteranos alumnos del Profesor Xavier. No fue él quien tuvo la ocurrencia de que una isla del Pacífico que hubiera sido objeto de pruebas nucleares cobrase vida para alzarse como grandiosa amenaza mutante, sino del que era entonces su ayudante, un Claremont que, con tan solo 25 años, sería poco después el encargado de guionizar las aventuras de la nueva formación de La Patrulla-X surgida de aquel episodio. El dibujante Dave Cockrum confirió a Krakoa un aspecto monstruoso y letal, a través de una espectacular página en la que se la tildaba como “¡La isla que camina como un hombre!”. La isla fue vencida por los mutantes y arrojada al espacio, con lo que los aficionados tardarían mucho tiempo en volver a saber de ella, y nunca tendría el mismo impacto que la primera vez. La importancia de Krakoa residía en su condición de instrumento para provocar la reunión de la nueva Patrulla-X, pero más allá de eso no daba para mucho más.

 

Distinto sería el caso de otro enclave geográfico, el de la nación de Genosha, “una tierra verde y agradable de esperanza y oportunidad. Donde la libertad es consigna”, según rezaba el lema con el que fue presentada por Claremont y el dibujante Rick Leonardi, en Uncanny X-Men #235 USA (1988). En realidad, Genosha servía de metáfora marvelita a la Sudáfrica del apartheid. Como allí, una minoría en el poder, en este caso los humanos, garantizaba su bienestar mediante el yugo sobre una mayoría oprimida, la de los mutantes, que habían sido esclavizados y se ocupaban de los trabajos más ingratos y peligrosos, en función de los poderes con los que contaran. En aquella primera aventura, La Patrulla-X encendía las llamas de la revolución, de manera que, al cabo de los años, Genosha terminó transformada en un paraíso mutante gobernado por Magneto, y posteriormente también en el escenario del mayor genocidio lanzado por los humanos contra el homo superior, al comienzo del New X-Mende Grant Morrison, en 2001. A partir de entonces, el nombre de aquel paraje, situado entre Madagascar y las Islas Seychelles, cualesquiera que fueran sus circunstancias, quedaría instalado para siempre en el imaginario de los aficionados a los mutantes.

 

Y por último está Mojo, el concepto de los tres que más difícil engarce tiene en la mitología de La Patrulla-X. Presentado originalmente en la miniserie de Longshot realizada por Ann Nocenti y Arthur Adams en 1985, Claremont lo integraría en su entorno junto al mencionado héroe, a partir de Uncanny X-Men Annual#10 USA (1987). Mojo pertenece a una raza de seres que carecen de espina dorsal, lo que le obliga a moverse a través de una silla cibernética, y dirige Mojoverso, una dimensión cuyos habitantes están enganchados a los productos televisivos que él produce.  Criatura monstruosa y nauseabunda, el villano parodiaba abiertamente a los programadores televisivos, obsesionados por conseguir audiencia a cualquier precio, incluido el de la inteligencia de sus clientes.

 

Para unir estos tres conceptos que en principio no parecen tener puntos comunes (y de hecho nunca han coincidido en la continuidad clásica), Vaughan recurriría a un cuarto elemento, esta vez externo a los cómics, pero que a mediados de la primera década del siglo XXI había alcanzado una enorme popularidad entre los aficionados a la cultura popular. Se trataba de Battle Royale(2000), filme japonés basado en la novela de Koushun Takami y dirigido por Kinji Fujasaju, que contaba con el legendario Takeshi Kitano como principal atracción dentro del elenco, aunque los verdaderos protagonistas eran los adolescentes, casi niños, que tenían que enfrentarse a muerte entre ellos en el entorno de una isla desierta modificada tecnológicamente para contar con las más mortíferas trampas. El argumento de esta cult moviebasta para deducir la manera en la que Vaughan buscó la manera de trasladar el material del filme a un relato protagonizado por La Patrulla-X y de identificar sus elementos básicos con Krakoa, convertida en la isla-plató de TV en la que tienen lugar las batallas entre los mutantes; con Mojo, en el papel del maestro de ceremonias de este circo perverso, y con Genosha, como el país cuyos habitantes disfrutan del macabro espectáculo.

 

La mezcla dio lugar a los más sabrosos resultados. Brian Michael Bendis, el patriarca del Universo Ultimate, supo verlo de inmediato, de manera que no tardó en reaprovechar todo aquel caudal imaginativo para una de las aventuras del Spiderman Definitivo, detalle que señala lo acertado del planteamiento del guionista interino de Ultimate X-Men. Porque Vaughan no buscaba inventar la pólvora ni revolucionar el medio; se seguía viendo como el autor provisional de la serie, en espera de que llegara ese Bryan Singer que nunca haría acto de presencia. Su estancia en la serie se vería prorrogada una y otra vez, en pequeños periodos que se traducirían a su vez en cortas historias, ante la imposibilidad de construir argumentos con el largo plazo en mente. Otros dos de esos relatos completan este volumen: un episodio autoconclusivo protagonizado por Charles Xavier en que se presentaba un mutante creado en exclusiva para el Universo Ultimate, y un arco de apenas dos números, centrado en la rivalidad entre Lobezno y una Dama Mortal que debutaba en esta realidad tomando el mismo aspecto que le diera la actriz Kelly Hu en X-Men 2. Después, llegaría la despedida de Vaughan, y además por la puerta grande, nada menos que con el regreso de Magneto, pero eso lo veremos en el próximo volumen.

 

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ULTIMATE X-MEN 8: UNA ESPERA INTERMINABLE

Durante los tres primeros años de Ultimate X-Men, Mark Millar puso en pie la serie y construyó todos los mecanismos por los que se moverían los mutantes dentro del Universo Definitivo. A continuación, Brian Michael Bendis expandió ese entorno, pero apenas se mantuvo durante un año más al pie del cañón. ¿Qué tenía reservado Marvel para después? A comienzos de 2004, la editorial se descolgó, a través de Variety, el buque insignia de la información de Hollywood, con todo un bombazo: Bryan Singer, nada menos que el director de las dos películas de X-Men, sería quien escribiera Ultimate X-Men.

¿Cuándo ocurriría tal cosa? Pronto, muy pronto. Singer no estaría solo en el proyecto, sino que le acompañarían Dan Harris y Michael Dougherty, que también le habían apoyado en la escritura del librero de X-Men 2. Pero éstos estaban ocupados en ese preciso momento, nada menos que preparando el salto a la pantalla de El juego de Ender, la obra maestra de ciencia ficción de Orson Scott Card, por lo que sería necesario esperar unos cuantos meses para tenerlos disponibles, en los que además Singer seguiría avanzando en la preparación de X-Men 3. Marvel seguía así adelante con su objetivo de que sus personajes se acercaran a las representaciones cinematográficas. ¿Qué mejor opción que ponerlos en manos de quien los había sabido entender en el medio audiovisual? “Hay un montón de cosas que no puedo explorar en las películas debido a la restricción por edades. Los cómics me ofrecen la oportunidad de expandir las ideas que me interesan acerca del Universo Mutante y tomar más riesgos”, decía Singer.

 

Sólo faltaba encontrar a alguien que se ocupara de Ultimate X-Menhasta la llegada del director y los suyos. La Casa de las Ideas designó a dos autores. El segundo de ellos era David Mack, un viejo conocido de Joe Quesada, con el que había participado en diversos proyectos, pero nunca llegaría a escribir ni una sola línea de la colección. El primero, que sólo estaba previsto que se quedara cinco números, acabó por encargarse también de los episodios que Mack tenía asignados, y no sólo de ellos.

 

Ese guionisa se llamaba Brian K. Vaughan y ni siquiera había cumplido los treinta cuando le llegó la oportunidad de Ultimate X-Men. Aficionado a los cómics desde niño, Vaughan fue uno de los talentos que surgió del Stan-Hattan Project, una curiosa experiencia realizada por Marvel Comics y el Departamento de Escritura Dramática de la Universidad de Nueva York entre 1995 y 1996. Tras unos primeros años con pequeños encargos aquí y allá, había brillado con la serie mensual protagonizada por Mística y destacaba en especial por su acercamiento a los superhéroes adolescentes en Runaways. Fuera de Marvel, tenía la colección post-apocalíptica Y el último hombre, para Vertigo, que había cometido el imperdonable pecado de ponerse en marcha antes de que el afán por saber lo que ocurre después del fin del mundo estuviera de moda. Estos dos últimos proyectos, junto con Ex Machina, las aventuras de un alcalde superhéroe que muy pronto iniciaría para Wildstorm, le consolidarían definitivamente como un autor fundamental del cómic estadounidense, así como uno de los pocos que conseguiría saltar al medio televisivo: entre 2006 y 2009 formaría parte del equipo de guionistas y productores de Perdidos, y en 2013 pondría en marcha La cúpula, adaptación de la novela-río del mismo título escrita por Stephen King.

 

Menudo currículum, ¿verdad? Pero, en aquel entonces, en 2004, Vaughan no había alcanzado todavía la categoría de estrella que luego atesoraría. Durante la primera parte de su paso por la serie, la que se recopila precisamente en este volumen, ni siquiera imaginaba que se quedaría durante mucho más tiempo, lo que le serviría como condicionante a la hora de escribir. “La tempestad”, la aventura de ecos shakespirianos con la que se estrenó en la cabecera, se centraba en gran medida en las consecuencias que para los hombres-X había tenido la pérdida de uno de los suyos, La Bestia, acontecimiento que ocurriera en el arco argumental anterior. Al mismo tiempo, Vaughan ponía el acento en personajes secundarios que no formaban parte propiamente dicha del equipo Es así como profundizaba en los nuevos fichajes que llevara a cabo Bendis, toda vez que recuperaba tanto a Rondador Nocturno como a Gambito, quien tendría una participación esencial acto seguido, en una segunda historia con la que el personaje por fin podría entrar en contacto con el equipo y se exploraría su relación con Pícara. Allí estaba uno de los elementos característicos de La Patrulla-X en los años noventa que Vaughan podría explorar desde la perspectiva Ultimate. Fue también en esta década en la que fijaría la vista de cara a la utilización de villanos, de manera que brindaba la llegada de Mister Siniestro, el que quizás sea el enemigo de los mutantes que más cambios ha presentado con respecto a su versión original. A lo largo del guión, Vaughan se reservaba un montón de guiños hacia los lectores clásicos, desde alusiones a “La masacre mutante” a un cameo de nada menos que las criaturas de El Nido, disfrazadas de enemigo virtual de la Sala de Peligro. Sólo en la aventura con Gambito en primer término se permitiría recurrir a villanos clásicos, aunque no se tratara de los más famosos entre los aficionados: los hermanos Fenris, hijos del Baron Wolfgang Von Struckerque, en lo que respecta a la continuidad tradicional, debutaron en Uncanny X-Men #194 USA (1985) y a los que les otorgó un llamativo giro argumental.

 

El propio guionista confesaría que su labor en Ultimate X-Menfue uno de los trabajos más difíciles que acometió en aquel momento de su carrera: no eran personajes que hubiera creado él, como sí ocurría con Yorick, de Y el último hombre, Mitchell Hundred, el protagonista de Ex Machina, o los chicos de Runaways. En lo que coincidiría con éstos es en el objetivo de conseguir una buena historia, frase que firmaría cualquier guionista en el periodo de promoción de su obra, pero que en su caso se cumplió al pie de la letra. La etapa iría de menos a más, conforme Vaughan se fue haciendo con los personajes y fueron cambiando los dibujantes que le cayeron en suerte. En un principio, tuvo a Brandon Peterson, un artista más dado a la espectacularidad que a la introspección, al que le siguió nada menos que Andy Kubert, uno de los hermanos Kubert, que habían participado en el lanzamiento de Ultimate X-Meny con el que la serie alcanzaría su medio centenar de entregas.

 

En ese momento, el trabajo de Vaughan había recibido tales aplausos que incluso se le señalaba ya como el hombre que pondría en limpio las palabras de Singer cuando éste al fin apareciera, algo que jamás llegó a suceder. Muy pronto firmaría con Warner Brothers para dirigir Superman Returns, lo que enfadó a 20Th Century Fox, donde no se mostraron flexibles a la hora de esperar su regreso a tiempo para dirigir X-Men 3. Con su salida de la superproducción mutante, simplemente se olvidó la opción de que algún día escribiera Ultimate X-Men. Por suerte, cuando se hizo evidente que nunca lo haría, la serie estaba en las estupendas manos de Vaughan, el guionista provisional que se convirtió en permanente.

 

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ULTIMATE X-MEN 7: LA SIGUIENTE GENERACIÓN

Al contrario que otros grupos de superhéroes, que suelen presentar una alineación más o menos fija, la esencia de La Patrulla-X consiste en cambiar en sucesivas oleadas que, en muchas ocasiones, arrasan con casi todo lo anterior. Ese fue, durante la mayor parte de su existencia, el rasgo distintivo de la colección clásica. Para su segundo y último arco argumental en Ultimate X-Men, Brian Michael Bendis quiso importar el espíritu que había llevado a presentar subsiguientes generaciones del homo superior, y para ello contó una vez más con el extraordinario arte de David Finch.

 

En el principio, fue La Escuela del Profesor Xavier para Jóvenes Talentos, con cinco únicos alumnos, todos ellos adolescentes y nacidos en Estados Unidos. La que luego se conocería como La Patrulla-X original extendió su vigencia desde 1963 a 1975, aunque bien es cierto que, durante la primera mitad de la década de los setenta, simplemente existió gracias a las reediciones de antiguas aventuras. El equipo fundador, el compuesto por Cíclope, La Bestia, El Hombre de Hielo, El Ángel y La Chica Maravillosa, contaría con algunas pocas incorporaciones, como las de Kaos y Polaris o un personaje casi olvidado, El Mímico.

 

En 1975, se produjo el primer cambio radical en las filas del equipo, lo que se dio en conocer como la Segunda Génesis. Los anteriores miembros, salvo Cíclope, abandonaron La Patrulla-X, para dar la bienvenida a una formación de carácter internacional, con Lobezno, Coloso, Rondador Nocturno, Tormenta, Banshee, Fuego Solar y Ave de Trueno, aunque estos dos últimos no permanecerían demasiado a bordo, el primero porque decidió abandonar tras la primera misión y el segundo porque murió. Habría algunas incorporaciones, como la de Fénix (anteriormente conocida como Chica Maravillosa), Kitty Pryde o Pícara, mientras que Banshee se retiraría al cabo de un tiempo.

 

Además de que cada integrante perteneciera a una nacionalidad diferente, había otro hecho diferencial que alejaba a la Segunda Génesis de la Primera. Mientras que estos en el momento de ingresar en el equipo eran jóvenes que acababan de descubrir sus poderes, los que vinieron después eran ya adultos con un pasado a sus espaldas, en algunos casos tan rico y pendiente de explorar como el de Lobezno. Esta circunstancia, dio que pensar a Chris Claremont y John Byrne, autores de The Uncanny X-Men a finales de los años setenta y principios de los ochenta.

 

Los mutantes no eran el resultado de accidentes fortuitos, de mejoras químicas o cibernéticas o del mero entrenamiento. Sus poderes procedían de una modificación en el código genético. De forma inexorable, cada vez nacerían más, porque estaban destinados a convertirse en el sustituto del homo sapiens en algún momento de un futuro indeterminado. Cada generación, por lo tanto, contaría con “nuevos mutantes”, nuevos jóvenes en los cuales despertaría el gen-X y que entonces requerirían de alguien, como el Profesor Charles Xavier, que les guiara en el camino a seguir. Su escuela continuaría así con la misión para la que fuera creada, y los primeros alumnos terminarían por graduarse para emprender el siguiente capítulo de su vida o para servir de profesores. Además, y en igual medida que como había ocurrido anteriormente cuando Magneto creó su Hermandad de Mutantes Diabólicos en oposición a La Patrulla-X, podrían surgir otras iniciativas de centros de enseñanza para mutantes cuyos fines no fueran tan benignos como los de Xavier, sino que quisieran servirse de sus poderes para el beneficio privado.

 

Kitty Pryde apareció como el ejemplo de la que sería la siguiente generación de mutantes, aunque los lectores le cogieron tanto cariño que simplemente se integraría en La Patrulla-X. Con ella, también apareció Emma Frost, la Reina Blanca del Club Fuego Infernal, que aspiraba a que Kitty fuera su alumna. No lo consiguió, pero llamaría a la puerta de otros que responderían afirmativamente. Mientras tanto, Xavier acogía a la Tercera Génesis, pero esta vez no eran los sustitutos del anterior grupo, sino hombres-X en entrenamiento, chavales que debían aprender a utilizar sus poderes antes de lanzarse a la acción y que recibirían el nombre de Nuevos Mutantes. Sus enemigos naturales, claro está, serían los alumnos de Emma, conocidos como Infernales.

 

Su origen tuvo lugar en Marvel Graphic Novels #4 USA (1982. Marvel Gold. Los Nuevos Mutantes: Tercera génesis), y contarían luego con una larga colección que permanecería en activo casi un centenar de números y varios especiales. La tradición continuaría con nuevas iniciativas, como Generación-X (1994), esta vez bajo la tutela de una Emma Frost que había cambiado de bando, la Academia-X (2004) o, más recientemente, los alumnos del Instituto Jean Grey.

 

Esta sucesión de generaciones mutantes ha supuesto un gran problema a la hora de trasladar el concepto de La Patrulla-X a otros medios. Históricamente, tanto el cine como la televisión, han elegido, en primera instancia, arrancar con un grupo más o menos icónico, que aúne miembros de las dos primeras génesis de mutantes, para luego, en sucesivos capítulos y una vez consagrada la iniciativa, dar pie al obligado recambio generacional, para el que se suele recurrir a personajes menos conocidos, pero igualmente queridos por los aficionados. Se producen circunstancias tan llamativas como que, en la franquicia cinematográfica de X-Men, el grupo básico esté compuesto por Cíclope, Jean Grey, Tormenta y Lobezno (un equilibrio entre La Patrulla-X de Stan Lee y Jack Kirby y la internacional de 1975), mientras que las nuevas oleadas de mutantes incluirían al Hombre de Hielo o al Ángel, ambos figuras clave del arranque de los tebeos, pero que por su menor comercialidad tuvieron que esperar su oportunidad en el cine. El Séptimo Arte, que buscaba simplificar las cosas con respecto al cómic, se complicaría por sí mismo, cuando introdujo una primera Patrulla-X nunca antes vista, anterior a la del filme que abrió la franquicia, y para la que de nuevo fue necesario acudir a personajes secundarios.

 

Todo ello nos devuelve al Universo Ultimate, donde Mark Millar compuso un equipo casi calcado del de la primera película y luego fue agregando puntualmente otros personajes. Pasados cuarenta números, y con Brian Michael Bendis ya como guionista, éste consideró que era el momento apropiado para introducir otra oleada de jóvenes mutantes. Para hacerlo, se sirvió de todo lo que tenía a su disposición: Los Nuevos Mutantes darían nombre a la aventura, por allí estaría Emma Frost y su escuela, aunque, teniendo en cuenta la evolución del personaje en el Universo Marvel tradicional, obviaría su pasado de villana, y, tal y como había ocurrido en el cine, introduciría mutantes que formaban parte de toda la historia de la franquicia. Sería el momento para que El Ángel por fin extendiera sus alas en el Universo Definitivo, pero también para inesperadas adquisiciones, como la de Dazzler, sin olvidarse de Kaos y Polaris. Lo más curioso es que, de todos los personajes introducidos en esta historia, sólo uno de ellos, Karma, había surgido de la colección clásica de Los Nuevos Mutantes.

 

Concluida su interinidad, Bendis abandonaría luego la serie, en las inmejorables manos de Brian K. Vaughan, del que hablaremos en el próximo tomo. Pese a su corta estancia, dejaría un importante legado a sus espaldas. Como suele decirse, después de la llegada de estos nuevos mutantes, La Patrulla-X Definitiva nunca volvería a ser la misma.

 

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ULTIMATE X-MEN 6: EL GRAN RETO DE BRIAN MICHAEL BENDIS

El término “blockbuster” significa superproducción, y se ha aplicado para denominar a esas películas de elevadas ambiciones comerciales que los grandes estudios suelen programar en la temporada veraniega o navideña. Blockbusters son tanto las monstruosidades de Michael Bay como los más ambiciosos filmes de Marvel Studios, tanto la saga de Harry Potter como la de Batman. El elemento común es la enormidad, que se refleja en todos los aspectos: un reparto con grandes nombres que atraigan a las masas, un gigantesco presupuesto, espectaculares efectos visuales, una trama con multitud de escenarios, escenas complejas y casi imposibles de rodar…

Si hubiera que hablar de blockbusters en la industria del cómic, no hay ningún referente a la altura de la línea Ultimate, presidida por la idea de que cada arco argumental debe de ser, en sí mismo, un gran espectáculo. Miras las aventuras de los Ultimates, y no tienen nada que envidiar a un estreno de 200 millones de dólares. Te fijas en las diferentes sagas de Ultimate X-Men, y siempre van más allá de lo que nunca soñarían en llegar las películas de los mutantes de Marvel. Lees el origen de Los 4 Fantásticos definitivos y lo primero en lo que piensas es que ojalá hubiera sido así en el cine. Este planteamiento en que la grandilocuencia está en el centro de todo es el que habitualmente asociamos a los trabajos de Mark Millar. La otra mente sobre la que se asentó la creación del Universo Ultimate, la de Brian Michael Bendis, no funciona así. Las historias de Bendis son marcadamente espontáneas y naturalistas. El tratamiento de personajes brilla por encima de la acción, que en muchas ocasiones se reduce a la mínima necesidad, hasta el punto de que el escritor se hizo popular por tebeos tan fundamentales como el Ultimate Spider-Man #13 USA (Ultimate Spiderman: Curva de aprendizaje), un relato centrado en su totalidad en una conversación entre Peter y Mary Jane.

 

Cuando Mark Millar decidió abandonar Ultimate X-Men, parecía imposible sustituirle. Sorprendió entonces que Marvel optara por Bendis, e incluso que éste aceptara el puesto, dado que, cuatro años antes, ya había sido el elegido para poner en marcha la cabecera, para luego desistir de tal misión, después de intentar en varias ocasiones dar con el tono que deberían tener los mutantes, sin llegar a conseguirlo. ¿Qué había cambiado en 2003? Para entonces, la relación entre Bendis y Marvel se había vuelto cada vez más estrecha, de manera que, en ese momento, estaba escribiendo, además de Ultimate Spiderman, las aventuras de Daredevil, en una etapa que se estaba llevando el aplauso unánime de todos, así como Alias, una serie para lectores adultos en la que se exploraba la trastienda del Universo Marvel. Su compromiso con la editorial era tan elevado que, cuando la marcha de Millar dejó huérfanos a los mutantes definitivos, no tuvo inconveniente en dar un paso adelante y ofrecerse a escribir una saga de seis números. Durante la interinidad, en La Casa de las Ideas tendrían el tiempo suficiente para encontrar al sustituto definitivo. En el apartado artístico, David Finch, que había dibujado algunos de los últimos episodios de Millar, pasaría a primer plano. Y quizás fuera su presencia la que lo cambió todo.

 

Heredero del hiperdetallismo y la adrenalina propia de la Image de los noventa, Finch se había criado como artista a la sombra de Marc Silvestri, de la que apenas comenzaba a despegarse cuando fichó por Marvel. Al ver sus lápices, Bendis fue consciente de que se trataba de un dibujante que brillaba en las batallas, en las explosiones, en la acción pura y dura, no en la quietud ni en las conversaciones espontáneas que eran tan habituales en sus cómics. Fue cuando se impuso un reto: ¿Sería capaz de hacer un cómic-espectáculo, tal y como los hacía Millar? ¿Conseguiría crear su propio “blockbuster”?

 

La principal dificultad que para el guionista entrañaba La Patrulla-X consistía en encontrar el equilibrio entre los diversos integrantes, de forma que todos tuvieran voz propia y participaran de la historia. Nunca había hecho nada similar. El tiempo transcurrido desde la primera vez que lo intentó le serviría para calmar los miedos y jugar con elementos procedentes de Ultimate Spiderman, derivados de la relación que había establecido el trepamuros en sus encuentros con los mutantes y, en especial, con Lobezno. El hombre-X de las garras de adamántium había sido el invitado en la primera historia de Ultimate Marvel Team-Up, un relato en el que ya se intuía el interés de Bendis por profundizar en la dinámica entre los dos héroes. Sentía que la diferencia de edad influía en su relación, de forma que Peter ve a Logan como un tipo fascinante, como si Clint Eastwood fuera a su casa a pedirle ayuda: un sueño de adolescente hecho realidad. En la dirección opuesta, Logan siente que el chaval es un incordio y llega a tratarle, en palabras del guionista, como basura. El impulso para unir a ambos estaba en el pasado de Lobezno, que volvía para perseguirle. En ese sentido, “Blockbuster” podía calificarse como una secuela de “Regreso a Arma-X”, pero Bendis optó por seguir la filosofía de Alfred Hitchcock: lo determinante de la historia está en mostrar a los personajes en una situación límite que permita conocerles mejor, mientras que el engranaje que pone todo en movimiento no es más que una excusa, un mcguffin.

 

Partir de una aventura de Lobezno en solitario a la que progresivamente se unirían nuevos personajes, hasta completar un extenso reparto, apareció ante los ojos de Bendis como la manera más efectiva de adaptarse a la fórmula de cómic de supergrupo. La trama incorporaría primero a Spiderman y luego a Daredevil, en una extensión de las historias narradas en el Team-Up, para que finalmente irrumpiera la propia Patrulla-X, porque no en vano sus integrantes seguían siendo los titulares de la cabecera.

 

La experiencia colmó los deseos de que Ultimate X-Menperviviera más allá la marcha de su creador, pero fue todavía más allá. Bendis disfrutó tanto de ella que decidió quedarse en la serie un tiempo más del inicialmente previsto. Su colaboración con Finch resultó tan fructífera que pronto empezó a pensar en qué harían a renglón seguido. Y la química que consiguió establecer entre Lobezno, Spiderman y Daredevil sirvió para que se olvidara de cualquier reticencia previa a escribir cómics protagonizados por equipos de superhéroes, además de ayudarle a descubrir el atractivo de unir rincones en apariencia inconexos. Sin que ni siquiera fuera consciente de ello, en su cabeza empezaban a surgir las ideas que llevarían a un profundo cambio dentro de Marvel.

 

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ULTIMATE X-MEN 5: EL MUNDO COMO PREMIO

2003 fue un año en el que grandes proyectos que habían comenzado algún tiempo atrás llegaron a su final. En cines, concluyeron trilogías tan importantes como las de Terminator, Matrixy El señor de los anillos. En lo que a Marvel respecta, se puede dar por terminada la época de experimentación con la que había arrancado el siglo. Asentadas sus grandes franquicias fílmicas (Spider-Man y X-Men), los acuerdos que estaban cristalizando con algunas productoras dieron lugar al salto de personajes menos populares, como Hulk o Daredevil. Todavía faltaba un tiempo para que Bill Jemas, el presidente de la editorial, que había erigido el riesgo por bandera, abandonara Marvel, pero lo cierto es que su influencia ya estaba en caída libre, mientras que Avi Arad, en lo más alto de la cadena alimenticia de La Casa de las Ideas, buscaba una fórmula para llevar a cabo el recambio de la forma más discreta posible.

 

Los movimientos alrededor del Universo Ultimate ejemplifican este cambio de época. Había sido el proyecto más ambicioso de Jemas y aquél que había ofrecido mejores resultados a Marvel, pero lo cierto es que, una vez asentada la línea, en la editorial se proponían llevar sus presupuestos de relevancia y espectacularidad a las publicaciones más clásicas, un movimiento que enseguida se consumaría con el fichaje de Joss Whedon para escribir Astonishing X-Meny el salto de Brian Michael Bendis a Los Vengadores. Hasta entonces, el Universo Ultimate había estado orquestado alrededor de Bendis y de su compañero Mark Millar. A partir de ese momento, ambos consagrarían sus esfuerzos al Universo Marvel convencional, el primero a través de la renovación de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra, el segundo con impresionantes etapas en Lobezno y Spiderman.

 

Bendis amaba Ultimate Spider-Man por encima de todas las cosas y mientras estuviera dispuesto a seguir escribiéndola, en Marvel no tenían inconveniente en que así fuera. El caso de Millar era bien distinto. La filosofía de la que siempre había presumido es que no permanecería en ninguna serie más allá de lo estrictamente necesario. Para el escocés, la medida perfecta era un año de tebeos. En ese margen, daba tiempo a narrar aventuras tan intensas como espectaculares. Es lo que haría, de hecho, con el mutante de las garras de adamántium y con el trepamuros. Pese a que algunas habían señalado las semejanzas entre Millar y Bendis, eran más destacables sus diferencias. Mientras el primero volaba por libre, el segundo, quien lo iba a decir del que fuera uno de los mayores abanderados de la independencia en el cómic, se introduciría hasta la cocina en el engranaje de La Casa de las Ideas.

 

Lo sorprendente, por tanto, no fue que Mark Millar abandonara las labores literarias de Ultimate X-Men una vez concluido el tercer año de vida de la serie, sino que un culo inquieto como él tardara tanto en hacerlo. En aquel momento, el título seguía instalado en unas excelentes cifras de ventas, que todavía mejoraban más con el lanzamiento de tomos recopilatorios en los más diversos formatos. Millar recuerda que los ingresos que le llegaban por los mutantes eran extraordinariamente elevados, pero decidió que era el momento de dejarlo, por más que todos los que le rodeaban dijeran que estaba loco y por más que se hubiera encariñado con los personajes. Se sentía un tanto como Peter Jackson, el director de la trilogía de El señor de los anillos, satisfecho por llegar al final pero melancólico por despedirse de sus compañeros de camino. No es extraño que la última saga recibiera el título de “El retorno del rey”, en claros paralelismos con el último largometraje de la trilogía de los anillos: la lectura metalingüística era evidente. Pero “El retorno del rey” hacía alusión también a la vuelta del primer y esencial villano de La Patrulla-X: Magneto se disponía a lanzar su órdago definitivo contra la humanidad, algo que venía cocinándose desde muchos números atrás y que permitiría a Millar enlazar su historia con todos los grandes temas que había utilizado hasta ese momento, sin renunciar tampoco a su idea de que cada arco de Ultimate X-Men respondía a la manera en la que él veía las películas de Bryan Singer y cómo éstas podían dar un paso más allá en el papel impreso

 

Todo había empezado como en el cómic original de Stan Lee y Jack Kirby, con el enfrentamiento dialéctico entre Charles Xavier y Magneto acerca de la posición de los mutantes con respecto a la humanidad. Estaba el pacifista Xavier y el terrorista Magneto, y con eso Millar había compuesto una melodía que, partiendo de un modelo escrito en los años sesenta, conseguía ofrecer una parábola sobre la época moderna. Como si de un blockbusterveraniego se tratara, “La gente del mañana” finalizaba con una gigantesca explosión de la que cabía inferir la muerte de Magneto. Sin embargo, al final de “Regreso a Arma-X”, el siguiente volumen de la serie, Xavier reveló que Magneto seguía con vida y que formaba parte de la siguiente fase de su plan de integración de los mutantes en la sociedad. El mentor de La Patrulla-X demostraba, como ocurría en las películas de Singer, una fe inquebrantable en sus semejantes, incluso en aquellos que se habían demostrado más allá de toda redención. Y sí, el Magneto desprovisto de sus recuerdos parecía haber dejado atrás el odio… Pero el espejismo duró tanto como la amnesia. Recuperada la memoria, el villano volvía a golpear, lo que llevaría al choque de La Patrulla-X contra los Ultimates en “Ultimate War”, y de ahí a la aventura que nos ocupa, en la que Magneto se lanza a la dominación global.

 

El espectáculo pirotécnico está ahí, trazado con maestría por Millar a través del gigantesco arte de los dibujantes: Adam Kubert, el artista con el que arrancara el proyecto, y David Finch, aquél que se quedaría aquí tras la marcha del escritor. Por encima de los fuegos de artificio, “El retorno del rey” es la historia de dos amigos que se han distanciado lo indecible. Al contrario que el Magneto cinematográfico que luego mostraría X-Men: Primera generación, que recorre el camino hacia el lado oscuro como consecuencia de su tragedia vital y que, aún siendo responsable de la discapacidad de Xavier nunca pretendió causarla, el Magneto de Millar ha borrado cualquier rasgo de humanidad, y el momento que marca tal renuncia se produce cuando no sólo vuelve la espalda a Xavier sino que se decide a eliminarlo. Primero de muchos intentos: mientras Erik siempre tratará de acabar con su vida, Xavier siempre tratará de recuperar al amigo que una vez tuvo, y quizás sea su mayor error porque, como bien intuye el lector, Magneto está más allá de la redención. Es el villano definitivo de esta Patrulla-X definitiva, algo que demuestra con cada uno de sus actos, refinadas maneras de acabar con sus enemigos revestidas de una falsa nobleza.

 

“El retorno del rey” señala un brillante final a una época irrepetible. A Ultimate X-Mentodavía le quedarían grandes momentos por ofrecer a los lectores, algunos de la mano de un Bendis que aceptó caballerosamente sustituir al que había sido su compañero durante esos trascendentales años. No obstante, estos mutantes nunca llegarían a brillar tanto, ni La Patrulla-X nunca sería tan icónica y esencial como cuando Millar guiaba su destino.

 

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ULTIMATE X-MEN 4: EL EXORCISMO DE JEAN GREY

¿Cómo adaptar, actualizar, homenajear e incluso superar una de las mejores aventuras de la historia del cómic, reconocida mundialmente como la cúspide de las sagas del Universo Marvel en general y de La Patrulla-X en particular? Con mucho cuidado, pero sin miedo al fracaso. Con mucho talento, consciente de que se está emulando a dos genios del Noveno Arte, como fueran Chris Claremont y John Byrne en su mejor momento creativo, y con unas gotitas de ego, algo que no puede decirse que le falte a Mark Millar.

Corría 2003, y Ultimate X-Men ya se había consolidado como uno de los cómics más rompedores que podía encontrarse en el mercado. La cabecera conseguía caminar por el delicado filo en el que confluía el atrevimiento y la personalidad de Millar a la hora de narrar epopeyas superheroicas, el homenaje al concepto original de los mutantes de Marvel y la referencia a las adaptaciones que estaba llevando a cabo el Séptimo Arte. El 2 de mayo se estrenaría la segunda parte de la franquicia, aunque en Marvel ya tenían una idea bastante aproximada de que no sólo abordaría el tema de Arma-X, motivo que había llevado a Millar a ofrecer su propia versión de la historia en el segundo arco argumental de Ultimate X-Men, sino que habría sorpresa final: algo relacionado con Jean Grey. La admiración que Bryan Singer había confesado hacia El imperio contraatacapermitía aventurar la posibilidad de un final en continuará, y que ese continuará no fuera otro que el nacimiento de Fénix. El tema estaría ahí, por lo que convenía acometerlo cuanto antes también en la versión definitiva de los cómics, y que la ocasión coincidiera con la llegada al #25 USA se antojaba como una excelente manera de celebrarlo.

 

Millar era consciente de que Singer y los suyos, de cara a tomar la saga original como referencia, aplicarían el mismo método utilizado con anterioridad: quedarse únicamente con aquello que les pudiera servir a su idea realista y relevante de los mutantes. Era, de hecho, lo que él mismo venía haciendo en Ultimate X-Men, así que no había nada que objetar, puesto que su proceso creativo era muy similar, cuando no idéntico. En la continuidad tradicional, Jean Grey se había transformado en Fénix en Uncanny X-Men#101 USA(1976. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-Xnº 1), como consecuencia de un trauma que le llevaba a forzar sus habilidades al máximo. De haber sido el eslabón débil del equipo, había pasado a alzarse como la equivalente a Thor en Los Vengadores: el miembro más poderoso, el que podía resolver las situaciones complicadas. Pero en realidad Chris Claremont y John Byrne trataban de narrar una metáfora sobre la perversión del poder. En una larga trama argumental, llevaron a Jean a la locura, hasta el punto de que aniquiló toda una civilización alienígena. El imperio galáctico de los Shi’ar se propondría entonces eliminarla, pero Jean acabaría el trabajo por sí misma, al suicidarse en el mítico Uncanny X-Men#137 USA (1980. MG: IPX nº 2). Revisiones posteriores de la historia servirían para señalar a Fénix como una fuerza de la naturaleza, que se encarnaba a través de un huésped, e incluso se llegaría a resucitar a Jean Grey, en un abracadabrante episodio del que la propia Casa de las Ideas se arrepintió al cabo del tiempo.

 

Con todas esas complejidades alrededor de la historia, Millar empezó a escoger todo aquello que le resultaba relevante y desechar todo lo demás. En su historia no tendrían cabida ni alienígenas ni giros argumentales absurdos, algo que ya había apuntado Singer que también eludiría en las películas. En cambio, el concepto de ente incorpóreo que se encarna en una persona elegida sí que lo consideraba capital. Donde Claremont había visto una entidad cósmica, Millar pensaba mejor en una posesión demoniaca, en línea con El exorcista, el filme de 1973 basado en la novela del mismo título escrita dos años antes por William Peter Blatty. Jean Grey bien podía ser alguien que hubiera pasado por un trauma similar al de la protagonista de la película. Charles Xavier habría hecho las veces de exorcista en el pasado… Pero ahora los demonios volvían con más fuerza que nunca, lo que conduciría al guionista al siguiente paso dentro de la trama. ¿Por qué? Ahí estaba el Club Fuego Infernal, la organización que en el cómic original había propiciado la locura de Jean, encajaba en sus propósitos. Veinte años atrás, “A Touch Of Brimstone”, un episodio perteneciente a la cuarta temporada de la mítica serie inglesa de Los Vengadores emitido en 1966, había servido de inspiración a Claremont y Byrne. En él se presentaba a una sociedad compuesta por ricos y acaudalados que vestían de época y planeaban el asalto al poder. En su traslación al cómic, se añadió el detalle de que fueran mutantes, pero se mantuvo el aspecto decadente de sus miembros, incluida una Jean Grey a la que vestían con un espectacular y lascivo corsé negro, que en 1980, momento de publicarse “La saga de Fénix Oscura”, impresionó mucho a los lectores. La versión Ultimate del Club no se alejaría demasiado de eso. Más aún, profundizaría en las raíces arcaicas de la idea. Otro elemento que Millar quiso respetar fue la llegada de Kitty Pryde, la integrante más joven de La Patrulla-X, cuya presentación en Ultimate X-Menes casi literal con respecto a la que se llevó a cabo en Uncanny X-Men #129 USA.

 

Y por si fuera poco, el drama particular de Jean Grey no serviría sino para conectar, sin un minuto de respiro, con otro evento de proporciones descomunales: el primer gran crossoverentre personajes del Universo Ultimate. Anteriormente, Spiderman ya se había encontrado en el camino de muchos de sus colegas superheroicos, en las páginas de Ultimate Marvel Team-Up, pero Millar quería ir un paso más allá: recuperar el espíritu de los primeros choques entre los grupos de La Casa de las Ideas, cuando todavía no se conocían entre ellos y cualquier excusa era buena para que se produjera una monumental batalla. Como todo tiene que ser grande en la imaginación del escocés, la excusa era un atentado terrorista perpetrado por cierto villano mutante, que guardaba grandes ecos con los ataques del 11-S, muy frescos en la memoria mundial apenas dos años después de haberse producido. Fue la manera en que los Ultimates se enfrentaran contra La Patrulla-X, en una historia en cuatro episodios que, dada su importancia capital, se decidió extraer de la cabecera de este último grupo, aunque estuviera plenamente integrada en los acontecimientos que se estuvieran desarrollando en ella, como prueba el hecho de que siempre se haya recopilado conjuntamente con la misma, como ocurre en este volumen.

 

Pero Ultimate Wartampoco marcaría un punto y final, todo lo contrario: asentaría las bases para el último arco argumental de Ultimate X-Menescrito por Mark Millar, una despedida apoteósica de una etapa que, como aquélla de Claremont y Byrne con la que compartía tantas semejanzas, no hacía sino aumentar el riesgo de sus apuestas con cada paso que daba.

 

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ULTIMATE X-MEN 2: LAS ENTRAÑAS DE ARMA X

Para el segundo arco argumental de Ultimate X-Men, Mark Millar se propuso sumergirse en los orígenes de Lobezno. El guionista no hacía sino seguir un orden de prioridades que venía marcado por la primera película de los mutantes, en apenas unos pocos segundos de metraje, durante los que la Jean Grey cinematográfica “conectaba” con unos recuerdos de Logan ocultos dentro de su memoria. La escena mostraba al personaje sumergido en un tanque acuático, durante la operación en la que sus huesos se recubrían con el adamántium. No había mucho más, lo que precisamente acrecentaba la curiosidad de los espectadores ante el que se reveló como el más carismático de los hombres-X. ¿De dónde venía Lobezno? ¿Por qué clase de horrores había pasado? ¿Y por qué no recordaba nada de todos ellos? Corría 2001 y por aquel entonces los realizadores del filme ya habían decidido que X-Men 2trataría de responder a esas preguntas.

 

Ahí los aficionados que se conocían al dedillo los cómics Marvel tenían una gran ventaja. Porque los escasos fotogramas del tanque acuático de inmediato traían el recuerdo de una historia fundamental, Lobezno: Arma-X, escrita y dibujada por el genial Barry Windsor-Smith en 1991. Con ella, quedó al descubierto un misterio que había durado varios lustros. Y es que Chris Claremont, el que había sido casi el único guionista de las historias de Lobezno desde que se convirtiera en miembro de La Patrulla-X, poco después de su debut en Incredible Hulk#180 y 181 USA (1974), estimaba que el principal interés del héroe residía, precisamente, en que nadie supiera gran cosa sobre su vida previa. Arma-Xresolvió muchas de las dudas, hasta posicionarse entre las historias favoritas del fandom. En sus páginas, ambientadas en un pasado sin determinar, se narraba la manera en la que las actividades clandestinas de Logan en Canadá habían llamado la atención del jefe de un proyecto gubernamental secreto. Sus agentes le habían secuestrado, para llevarle a un lugar en medio de la nada donde era sometido a los experimentos necesarios para convertirlo en una verdadera máquina de matar.

 

Con la perspectiva de que X-Men 2narraría la lucha de Lobezno y La Patrulla-X contra el renacido Arma-X, Millar decidió adelantarse al cine, de manera que en el segundo arco argumental de Ultimate X-Men presentaría su propia versión de todo ello. El guionista podría escoger aquellos elementos que le resultaran interesantes, descartar los que considerara superfluos y añadir otros que estimara oportunos. El más interesante de todos ellos, probablemente, consistiría en que Arma-X no sería un viejo recuerdo de un tiempo remoto; no se presentaría como esa sucia operación clandestina que habría sido desmantelada por el propio gobierno mucho tiempo atrás. En el escenario en que se movían los mutantes definitivos, con una guerra abierta contra el homo superior que apenas sí había logrado sofocar el Profesor Xavier y sus pupilos, la idea de que Arma-X estuviera plenamente activo y en funcionamiento resultaba de lo más sugerente, ya que ahondaba en la posición de los mutantes dentro de este nuevo mundo. De cara a la opinión pública, las autoridades les presentaban como amenazas que hay que detener, mientras que en secreto les utilizaban como armas humanas para llevar a cabo actividades clandestinas y criminales. Era, por tanto, la oportunidad perfecta para dar a presentar algunos de los personajes que venían reclamando con insistencia los lectores desde el comienzo de Ultimate X-Men. Millar puso el acento en la llegada de dos mutantes que estimaba imprescindibles.

 

El primero de ellos era Pícara, la atractiva mujer-X que absorbe la memoria y los poderes de aquellos con los que entra en contacto físico. Veterana del cosmos mutante desde mediados de los años ochenta, la película había simplificado muchas de sus características y alterado radicalmente otras. Por ejemplo, en los cómics clásicos, Pícara tiene un pasado como integrante de La Hermandad de Mutantes Diabólicos, fue criada por Mística y se encuentra en la veintena. Para llevarla al cine, Bryan Singer tomó algunos aspectos de Kitty Pryde, como su adolescencia y su sentimiento filial hacia Lobezno. Entonces, ¿qué hacer en la versión Ultimate? Millar optó por integrar a Pícara dentro de Arma-X, aunque fuera en contra de su voluntad, lo que enlazaba con el pasado criminal del equivalente clásico.

 

El segundo mutante que el escritor estaba interesado en agregar era Kurt Wagner, también conocido como Rondador Nocturno. Aquí, nuevamente, se adelantaba a aquello que mostraría X-Men 2, donde Kurt sería controlado y utilizado por Arma-X para atacar a la Casa Blanca, en el espectacular arranque del filme. Pese a que Rondador fuera uno de los personajes favoritos de los aficionados, los productores habían prescindido de él en el primer largometraje, por lo que Millar tampoco había estimado incluirlo en el arranque de Ultimate X-Men. Pero, una vez llegado el momento de expandir la saga, se presentó como una de las primeras necesidades a cubrir.

 

En cuanto a los nuevos enemigos de La Patrulla-X que formarían parte de Arma-X, además del cruel Coronel John Wraith y del insensible Doctor Abraham Cornelius, que dirigían la agencia, Millar recurrió a varios villanos clásicos: el principal de ellos era Dientes de Sable, eterno rival de Lobezno que ya había conocido la gloria cinematográfica en el primer X-Men. También cabía señalar a Juggernaut, del que Adam Kubert realizó un espectacular rediseño. Pero quizás la más sorprendente inclusión de esta historia habría que buscarla en Nick Furia, el Director de SHIELD, quien realizaría su debut en el Universo Ultimate en Ultimate X-Men#8 USA, con un inesperado cambio en el color de su piel con respecto a lo que podía verse en los cómics clásicos: ¡El Nick Furia definitivo era de raza negra! En el horizonte, ya estaba planeado que el personaje jugaría un papel fundamental en The Ultimates, donde Bryan Hitch lo dibujaría con el aspecto de Samuel L. Jackson. Mientras tanto, Tom Raney, un artista que se ocupó, de manera interina, de un episodio de Ultimate X-Men, tendría el honor de ilustrar su debut, aunque a tenor del resultado, es bien posible que ignorara la intención de que Furia recordase al protagonista de Pulp Fiction.

 

Con “Retorno a Arma-X”, el mundo de los mutantes definitivos comenzaba a expandirse, a la par que la conclusión de la aventura desvelaba un hecho cierto: lo mejor estaba todavía por llegar.

 

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ULTIMATE X-MEN 1: EL CAMINO HACIA EL MAÑANA

La línea Ultimate pasó por un largo proceso de trabajo previo antes de ver la luz. Tanto Bill Jemas, presidente de Marvel y padre del concepto, como Joe Quesada, el Director Editorial de La Casa de las Ideas, tenían claro que el nuevo sello debía asentarse sobre dos grandes titanes, que a su vez eran los personajes más populares de la editorial: Spiderman y La Patrulla-X. Gracias a que Brian Michael Bendis se sumó al proyecto, el reto de reinventar al Hombre Araña pudo superarse de manera sobresaliente. Sin embargo, en la editorial se antojaba mucho más complicado trasladar los presupuestos de la Marvel Definitiva a un concepto cuya naturaleza misma es el cambio.

La Patrulla-X original nació en 1963 de la mano de Stan Lee y Jack Kirby. El concepto de los mutantes, seres que adquirían sus habilidades especiales al nacer, como consecuencia de una modificación genética, no era extraño dentro de la ciencia ficción, pero el gran patriarca Marvel le dio una orientación innovadora: los humanos convencionales temían, odiaban y rechazaban a estos mutantes, al considerarlos como el escalón evolutivo que un día habría de sustituirlos. Frente al discurso de coexistencia pacífica que avalaba el telépata Charles Xavier a través de cinco jóvenes con variopintos poderes, se posicionaba Magneto, decidido a aplastar a la humanidad en lugar de ayudarla. Tal planteamiento tenía ecos de las diferentes posturas alrededor de la lucha de los negros por conseguir los mismos derechos que los blancos, polarizada durante aquellos primeros años sesenta por la figura, pacífica y dialogante, de Martin Luther King, y por la frentista y radical de Malcom X.

 

La profundidad del mensaje que proponía el cómic nunca llego a calar entre los lectores, de manera que La Patrulla-X fue decayendo en ventas hasta su práctica desaparición. Fue ya a mediados de la década de los setenta, con el renacimiento del grupo a través de una formación internacional que incluía personajes como Lobezno, Tormenta, Coloso y Rondador Nocturno, y mediante las historias, complejas a la par que épicas, tejidas por el guionista Chris Claremont junto a los dibujantes Dave Cockrum, John Byrne o John Romita Jr., cuando los mutantes de Marvel alcanzaron un éxito monumental. Con el paso del tiempo. La Patrulla-X se extendió a toda una franquicia de series, luego dio el salto a la televisión y posteriormente a la gran pantalla de cine.

 

En la trayectoria de los mutantes de Marvel habían tenido cabida, por lo tanto, diversas perspectivas del concepto inicial. El supergrupo de chavales estadounidenses de los inicios poco tenía que ver con el que viera la luz una década después, y éste a su vez también se alejaba de las intrincadas tramas propias del cambio de siglo, con los mutantes repartidos en multitud de grupos y colecciones, cada una con su orientación diferenciada del resto. Un espectador que disfrutara de la película no tendría la menor idea de cómo acercarse a los cómics de mutantes.

 

En la editorial querían evitar por todos los medios ese escenario, de manera que, antes de que el filme llegara a las carteleras, comenzaron a trabajar en Ultimate X-Men. Y no fue nada fácil. Brian Michael Bendis, el responsable literario de Ultimate Spiderman, era quien debía materializar el proyecto, que estaría dibujado por el español Salvador Larroca. ¡Pero ambos autores se quedaron por el camino! Tras dar vueltas al asunto, Bendis estimó que no era capaz de encontrar “la voz de los personajes” con la misma intensidad con la que se había hecho con la de Spiderman, por lo que prefirió renunciar antes de que la nave encallara. En cuanto a Larroca, en el tiempo que pasó hasta que por fin se pudiera poner en marcha la serie, acabó por incorporarse a otra colección, por lo que tampoco estimaba oportuno permanecer a bordo. No obstante, antes de irse dejó un buen número de diseños, en los que combinaba “la estética Matrix” que se vería en la película con el tono de los hombres-X clásicos. El trabajo era tan formidable que sería utilizado en su mayor parte.

 

Y entonces llegó Mark Millar, el más atrevido guionista del panorama estadounidense, un escocés que estaba rompiendo con todos los clichés de los superhéroes. Lo hacía en las páginas de Authority, un cómic de la independiente Image que había heredado de las manos del polémico Warren Ellis y al que había conseguido llevar incluso un escalón más allá de donde lo dejó su creador. Authorityera la mezcla perfecta de espectáculo sin límites, protagonistas de carisma insuperable y tramas audaces con un cierto trasfondo político que las hacía relevantes. Parecía haber nacido para escribir Ultimate X-Men, aunque entre sus lecturas de cabecera no se encontraran precisamente los mutantes. Nada más ser fichado por Marvel, puso multitud de ideas encima de la mesa. La que se llevó el visto bueno de los editores se alejaba bastante de lo que cabía esperar. Consistía en que La Patrulla-X fuera un grupo de mutantes al servicio del presidente de Estados Unidos que debería combatir la amenaza del terrorista Magneto. El primer número comenzaría con una misión de alto riesgo en Oriente Medio, con Jean Grey, Cíclope, La Bestia… ¡Y Mística! formando parte del grupo. El espectacular Adam Kubert incluso había dibujado unas cuantas páginas, y entonces…

 

…Entonces llego el 17 de julio de 2000: El estreno en cines de X-Men. Ni siquiera en Marvel estaban seguros de cómo funcionaría la película, pero lo hizo excepcionalmente bien: más de 54 millones de dólares recaudados sólo en Estados Unidos durante el primer fin de semana. Fue el dato que supuso una revolución dentro de La Casa de las Ideas, pero también en lo que a Ultimate X-Mense refiere: los planes que tenían diferían demasiado de la película. Había que empezar de nuevo.

 

Millar tiró a la basura su enfoque militarista, para cambiarlo por el de “mutantes a la carrera”. En este mundo, las autoridades persiguen a todo aquel que tenga “algo malo” en su ADN. Hay un psicópata aterrador llamado Magneto que quiere reclutar a esos jóvenes fugitivos para su guerra contra la humanidad… Y sólo se le opone un hombre en silla de ruedas, que ha logrado convencer a un puñado de chavales para que se unan a su sueño de paz. El argumento simplificaba al máximo décadas de cómics al tiempo que mantenía un hermanamiento con la película allá en lo que fuera necesario: en el tono inteligente de la narrativa o en la elección de héroes y villanos. No obstante, Millar también se tomó cuantas libertadas estimó oportunas. Frente a las limitación presupuestaria del filme, no había desafío demasiado grande para el lápiz de los hermanos Kubert, Adam y Andy. Ultimate X-Men, por tanto, ofrecería todo lo que los espectadores se habían encontrado en el cine, pero también mucho, mucho más: gigantescos robots Centinelas pisando las calles de Nueva York, increíbles batallas a lo largo del planeta, giros argumentales completamente inesperados… Y un Lobezno como nunca antes se había visto.

 

El resultado fue un auténtico bombazo desde el momento de su lanzamiento. Si Ultimate Spidermanhabía logrado conquistar el corazón de los lectores unos meses antes, Ultimate X-Menles metería el corazón en un puño. La gente del mañana estaba aquí. Y el mañana ya era hoy.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 1

1983. DE CÓMO CLAREMONT MUEVE TODAS SUS FICHAS

Es 1983. La serie ha encontrado una nueva identidad que Claremont define como una síntesis de sus teleseries favoritas. Quiere que Uncanny X-Men tenga el humor inteligente de MASH y Lou Grant, ese humor que puede llegar a ser cortante como un cuchillo, mezclado con el estilo de Canción triste de Hill Street. “En el primer episodio”, explica, “pueden utilizarse cuarenta minutos para introducir dos encantadores policías. En el siguiente capítulo, salen por la puerta y les disparan unos yonquis. No están muertos, pero creesque están muertos. Entonces se introduce otra trama, y no sabes que pasa con los dos policías hasta los cinco minutos finales. Entretanto, estás en el sillón comiéndote las uñas. Nunca sabes si va a morir alguien, si las relaciones emocionales van a seguir igual”. Así es como quiere que funcione la Patrulla-X. Eso es lo que trata de hacer, crear ese sentido de realidad, de suspense, de envolvimiento. Dejar que sean los personajes quienes conduzcan la historia. El guionista lo único que tiene que hacer es colocar las fichas en la casilla del tablero que les corresponde.

Primera ficha, Los Morlocks. Son el grupo de mutantes que habita las catacumbas de Nueva York y que secuestra al Ángel por orden de su líder, Calisto, quien pretende convertirlo en su príncipe consorte. Claremont inventa a estos mutantes que se marginan a sí mismos a partir de dos fuentes bien distintas: por una parte, el argumento planeado junto a Byrne sobre Calibán.

 

-¿Por qué peleamos con ellos? Son mutantes como nosotros.

-Como nosotros no. Son Guapos. Quiero hacerles daño.

Por la otra, los Morlocks toman su nombre, según pone Claremont en boca de Calisto, de los personajes de La Máquina del tiempo, de Herbert George Welles. En esta novela, los Morlocks son una de las dos razas en las que ha degenerado la humanidad en un futuro lejano. Unos, los Eloi, habitan la superficie, son bellos, rubios e indolentes. Representan a los capitalistas. Los otros, los Morlocks, se ocultan en túneles intraterrestres, son pequeños, pálidos y feos. Representan a los proletariados. “La seguridad demasiado perfecta de los habitantes del Mundo Superior”, escribe Welles, “les había llevado, en un pausado movimiento de degeneración, a un aminoramiento general de su estatura, fuerza, e inteligencia (…) ¿No era natural, entonces, suponer que era en aquel Mundo Subterráneo donde se hacía el trabajo necesario para la comodidad de la raza que vivía a la luz del sol?”. Los Morlocks de Welles han sido marginados, obligados por los Eloi a trabajar en cuevas. Como consecuencia de ello, han adquirido su horrible aspecto. Al revés, los de Claremont se han automarginado con motivo de su naturaleza mutante. ”No le importamos a nadie. Nos odian y cazan por culpa de poderes que no queremos o no entendemos. Somos deformes y solitarios. El Callejón es un refugio nuclear construido en la Guerra Fría. Lo abandonaron y yo lo encontré e hice de él un santuario para los que son como yo”, explica Calisto (UXM 170, VI 83). Los Morlocks se sitúan ante los hombres-X como los verdaderos mutantes marginados. Son feos, tienen poderes todavía más feos, viven en las cloacas. Es mucho más fácil ser un marginado cuando tienes aspecto de diosa africana, puedes controlar los elementos y vives en una mansión rodeada por bosques paradisiacos.

Segunda ficha, Tormenta. Claremont quiere llevar a su mujer-X favorita hasta donde Byrne jamás le hubiera dejado. “Los valores en los que Tormenta creía ya no le sirven y no puede volver a ser como antes”, dice el Padre Mutante. “Tras muchos años ha abierto las compuertas, ha perdido sus inhibiciones y ha pasado de ser una persona serena y casi sin emociones a todo lo contrario”. Obligada a luchar en un duelo de honor contra Calisto para poner a salvo a Kitty, Tormenta no duda en atravesar el corazón de la líder Morlock. “La Ororo que conocí habría muerto antes que matar. Está cambiando. Lo más terrorífico es que a ella no parece importarle”, concluye Rondador. Ese cambio se radicaliza en el viaje a Japón, donde conoce a Yukio, la amiga de Lobezno, de la que aprende que “la vida es la máxima aventura. La muerte es el premio que nos espera a todos. Ya que es inevitable, ¿por qué preocuparse?”. Las correrías junto a Yukio le valen perder gran parte de su cabellera en un incendio, motivo suficiente para cambiar su aspecto al de una punk vestida de cuero. Esta transformación radical ejemplifica la evolución del personaje desde que fuera seducida por Drácula y luchara contra el Nido. La idea surge de una conversación de Claremont con Weezie Jones en la que ambos coinciden en que el papel de niña inocente del grupo hace tiempo que ha pasado a manos de Kitty. Es, por tanto, el momento adecuado para llevar a Ororo en una dirección distinta. “Lleva casi diez años con el mismo uniforme, va siendo hora de cambiárselo” dice Claremont, que encarga varios diseños a Smith. Finalmente se queda con uno en el que la mutante aparece con una cresta de indio mohicano. “No podemos hacerle esto”, dice Weezie Simonson. Y tras una pausa, añade: “…aunque tiene una pinta genial. Vamos a hacer una prueba”. La prueba consiste en enseñar el dibujo a una niña, que, inmediatamente, se echa a llorar. “Ésa no es Tormenta”, berrea la niña. “Es perfecto”, decide Jones. “Nos van a matar, pero es perfecto”. Prueba superada.

Tercera ficha, Pícara. Con el UXM 171 (VII 83), Claremont pone a prueba su capacidad literaria para escribir un cómic en el que los protagonistas pasan gran parte de las veintidós páginas sentados en un sofá y discutiendo. Discuten sobre si admitir a una antigua enemiga en sus filas. Creada para la Hermandad de Mutantes Diabólicos, Pícara tiene potencial suficiente como para convertirse en mujer-X. Michael Golden la peina en el The Avengers Annual10 con dos tiras blancas a cada lado del pelo, según un diseño de Ed Hannigan. Picara aparece poco después en los Dazzler 22 a 24 (XII 82-II 83), donde Frank Springer confunde el tinte capilar con canas. Da la impresión de que la mutante tenga cuarenta años. El error se descubre demasiado tarde como para corregirlo, aunque no para rectificar en lo sucesivo. La Pícara que en el UXM 171 se planta ante la puerta de Xavier en busca de ayuda apenas alcanza la veintena. Es una niña asustada que pone a prueba, de nuevo, el grado de tolerancia de los hombres-X. “Mis poderes están fuera de control. El más mínimo contacto dispara la absorción. Ya no sé que pensamientos son míos. Me miro en el espejo y veo una extraña”, dice ella. “Si quieres mi opinión, es el castigo a tus crímenes”, respuesta de Rondador muy parecida a la de Kitty, Coloso o Lobezno, por no hablar de Binaria, que ya tiene la excusa perfecta para irse con los Saqueadores Estelares. Xavier es el único dispuesto a dar una oportunidad a Pícara: “Fuiste tú, Ororo, quien me dijo que Lobezno merecía ser un hombre-X, no por su carácter, sino por su potencial para el bien. El mismo argumento sirve para Pícara. Claro que es arriesgado aceptarla, pero piensa en la alternativa. Al menos con nosotros tiene la oportunidad de una mejor vida. Echarla es condenarla. Y eso nunca se lo haré a un mutante mientras quede vida en mí”

Cuarta ficha, Lobezno. Los UXM 172 y 173 (VIII-IX 83) enlazan con el argumento del L: WO 4 (XII 82). De nuevo el relato pasa a estar contado por Lobezno, en vísperas de su matrimonio con Mariko. Por primera vez, Logan viste con el atuendo de un samurai, imagen extraída por Paul Smith de una enciclopedia juvenil. Tras probarlos contra los Nuevos Mutantes (TNM 5 y 6, VII-VII 83), Claremont recupera a dos villanos procedentes de sus años en Marvel Team-Up: el Samurai de Plata y Víbora. El primero resulta ser el hermanastro de Mariko, que quiere eliminarla para controlar los negocios sucios de su padre muerto. Lobezno recorre Tokio en compañía de Pícara, a la que no le perdona que absorbiera la mente de su amiga Carol Danvers. Picara acaba salvando la vida de su compañero y de Mariko aún a costa de estar a punto de perder la suya. Lobezno decide dejar que absorba sus poderes para que pueda curar sus heridas, a pesar del peligro que entraña. “Soy un hombre que paga sus deudas. Te sacrificaste por Mariko. Es justo que te devuelva el cumplido”

Quinta ficha, Madelyne Pryor. El romance entre Madelyne y Cíclope avanza al mismo tiempo que los lectores y el mismo Cíclope acumulan sospechas. A su parecido con Jean Grey se suma que la chica adivine una comida favorita porque puede “leer el pensamiento”, o que salga indemne de un accidente de avión ocurrido en el mismo momento de la muerte de Fénix. “¿Puede un amor como el de Jean y Scott sobrevivir a la muerte?”, se interroga Xavier. “Más aún, ¿qué es la muerte para alguien como Jean? El parecido físico de Madelyne puede no ser más que una cruel coincidencia unida a nuestras fantasías”. Cuando Cíclope se atreve al fin a hacer la pregunta que está en boca de todos desde hace meses, Madelyne responde convirtiéndose en Fénix Oscura (UXM 174, X 83).

Sexta ficha. Mente Maestra. La concienzuda planificación que llevan a cabo Claremont, Smith y Jones les permite engañar a su público, hacerle creer que está ocurriendo lo que no está ocurriendo mientras las pistas para desentrañar el misterio aparecen a la vista de quien sepa leer entre líneas: Mística tiene un sueño similar a las alucinaciones que tuviera en su momento Jean (UXM 170). Jason Wyngarde está presente en el sueño. Desde el principio queda clara su implicación; nuevamente volverá a actuar para impedir el matrimonio de Lobezno y Mariko (UXM 173, IX 83) o para volver paranoico a Cíclope (UXM 174). Que Mente Maestra sea un aliado de Madelyne o se limite a manipularla para hacer creer a todos que es Fénix renacida de sus cenizas no queda claro hasta la mitad del UXM 175, cuando él mismo confiesa haber organizado la trama con el fin de que la Patrulla-X asesinara a Madelyne, esa inocente que le recuerda a Jean Grey: “Ella me volvió loco. Más tarde me recuperé. Maldito para siempre por el recuerdo de lo que fui y jamás volveré a ser. No puedo vengarme de ella, pero puedo hacer que sus seres queridos sufran por ella”, incluidos los lectores.

Tras la derrota de Wyngarde, Cíclope se confiesa ante la tumba de Jean, ubicada, curiosamente, en el cementerio del Bard College, donde Claremont estudiara teatro en su juventud. “Te amé Jean. Y amo a Madelyne”, dice. “Lo nuestro fue mágico, siempre lo recordaré. Ahora, Madelyne y yo tenemos la oportunidad de crear nuestra magia y de que sea tan especial como fue la otra”. El episodio, como estaba previsto desde cuatro años atrás, termina en boda.

Como dice Cíclope, si los años con John Byrne fueron mágicos, éstos también pueden serlo, aunque de una manera diferente. Punto final a la época clásica de la colección, Desde las cenizas simboliza el gran exorcismo de los fantasmas de las Navidades pasadas -las de 1980, en concreto-. Primero, el fantasma de Byrne queda atrás gracias a los bellísimos dibujos de Paul Smith (Jean Grey nunca fue tan guapa) y a un Claremont que demuestra capacidad para escribir en solitario con el pulso maestro que algunos le concedían sólo en compañía de su anterior compañero de fatigas; segundo, el fantasma de Fénix también acaba anulado. Los fans que no dejaban de insistir en su vuelta tienen ahora a Madelyne Pryor.

Portada no publicada de Uncanny X-Men 179

 

El único problema es, ay, que Paul Smith, ay, Paul Smith, ese dibujante con el que Claremont y Weezie se quedarían de por vida, dice que muy bien, que se lo ha pasado en grande, que tiene la cartera llena, que se ha hecho un nombre y que se coge la moto y se va. Así como suena. Todavía con la boca abierta ante la decisión de un chico con el que no han tenido un sólo problema pero que parece más interesado en otras cosas, guionista y editora acuerdan pedir los servicios de John Romita Jr, que acepta inmediatamente, lo que le supone tener que dibujar las páginas de la boda. Romita viene de hacer The Amazing Spider-Man. No sólo sabe dibujar superhéroes, también callejones, mesas, papeleras, gente normal… eso lo convierte en una elección perfecta para el ambiente a lo Canción triste de Hill Street que quiere conseguir Claremont, con Tormenta, Pícara y alguna otra futura incorporación pasando a un primer plano, mientras que los personajes clásicos, como Lobezno, Coloso o Rondador, sostienen la acción y Cíclope queda fuera ante su reciente matrimonio. Por otra parte, dada la estrecha vinculación de la serie con su hermana pequeña, The New Mutants, Claremont empieza a tejer una complicada tela de araña en la que los subargumentos y referencias a sucesos pasados y paralelos se agolpan uno tras otro, lo que produce una sensación de historia-río que aumenta más si cabe el grado de adicción de los fans, obligados a esforzarse al máximo para poder comprender tal o cual personaje, situación o conflicto, los cuales suceden tanto en una serie como en otra. El lector ocasional puede seguir cualquiera de las dos colecciones, pero el que desea conocer cada uno de los pasos de, por ejemplo, Magneto, ha de comprar religiosamente ambas; el que además quiera seguir al dedillo las andanzas de cuanto mutante comienza a proliferar a lo largo y ancho del Universo Marvel tendrá que hacer acopio de miniseries o de cualquier clase de proyectos especiales, cosas tan inclasificables como Obnoxio the clown vs. X-Men (IV 83), subproducto a cargo de Alan Kupperberg del que Claremont reniega hasta el punto de afirmar que transcurre en un mundo imaginario.

Tras un epílogo a Desde las cenizasen el que Romita dibuja su primer número completo (UXM 176, XII 83), el UXM 177 (I 84) recupera a la Hermandad de Mutantes Diabólicos liderada por Mística. El motivo es la reciente incorporación de Pícara a la Patrulla-X, en la que Claremont ve uno de los más suculentos conflictos de la nueva etapa que ahora se abre. La aventura enlaza con el retorno de los Morlocks y Calibán. En una aproximación urbana al mito de la bella y la bestia, Calibán renuncia a casarse con una Kitty obligada por una promesa de honor. “No sé si te amaré alguna vez, Calibán”, dice ella, “pero me siento orgullosa y honrada de tenerte como amigo”

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