CARTAS MARCADAS: LOEB Y SALE ANTES DE LA GRANDEZA

Stan Lee y Jack Kirby, Dennis O’Neill y Neal Adams, Chris Claremont y John Byrne, Marv Wolfman y George Pérez, Garth Ennis y Steve Dillon, Ed Brubaker y Sean Phillips… algunas de las obras más destacadas del cómic estadounidense se asientan sobre los hombros de sólidos equipos creativos compuestos por un escritor y un dibujante de talentos equiparables, y cuya suma es mayor que el valor de las partes. En los años noventa, el formado por Jeph Loeb y Tim Sale destacó sobremanera gracias a la tetralogía de colores que realizó en Marvel o las historias para Batman y Superman construidas en DC Comics. Pero Loeb y Sale no salieron de la nada; antes realizaron trabajos que pasaron inadvertidos, pero que revstían un valor indudable, además de que sobre ellos tomaron impulso para sus obras más ambiciosas. La miniserie Lobezno / Gambito: Víctimas es uno de ellos.

¿Alguien recuerda a Los Retadores de lo Desconocido? Fueron un invento de Jack Kirby anterior a Los Cuatro Fantásticos, cuya presencia en los libros de historia tan sólo obedece al hecho de haber servido como precursores lejanos de La Primera Familia. en la DC Post-Crisis los editores buscaban la combinación perfecta de buenos autores y conceptos olvidados. Después de poner al día a los grandes de la casa les fue tocando el turno a los más variopintos secundones, lo que posibilitó la reinvención de personajes que hoy en día se han convertido en leyenda (Animal Man, Question, Sandman…), en un recuerdo agradable (la Doom Patrol pre-Morrison, el Capitán Atom, Halcón y Paloma…) o en todo un misterio perdido en las cajas de saldo de las librerías especializadas (la miniserie que protagonizaron estos viejos personajes).

Arrancaba la década de los noventa y ni un pelo de tonto tenía Jeph Loeb. Nacido en 1958 en Connecticut y californiano de adopción, en sus estanterías reposaban todos y cada uno de los tebeos publicados por Marvel y DC desde 1964. Todos. Una etiqueta segura de aficionado comiquero incombustible para un tipo que, hasta entonces, se ganaba la vida en la industria cinematográfica escribiendo y produciendo títulos que no entrarían precisamente en ninguna lista de obras maestras: Comando y De pelo en pecho (ambas de 1985), por poner un par de ejemplos más que ilustrativos. Afición y trabajo se encontraron, y Loeb conoció a Jenette Kahn, entonces presidenta de DC, con motivo de un proyecto de película de Flash que nunca llegó a materializarse. Loeb por lo menos salió del encuentro con la invitación a convertirse en guionista de tebeos. Y así empezó todo.

Puestos a pedir, el recién llegado quería trabajar con Batman, Superman o Wonder Woman. Ninguno de los tres estaba disponibles, de ahí que acabara fijándose en… Los Retadores de lo Desconocido. La gran ventaja era que podía hacer prácticamente lo que quisiera con ellos, que nadie iba a protestar por el tratamiento que le diera al cuarteto de aventureros. El gran inconveniente era que probablemente nadie se fijara en el cómic, pero qué diablos. Con el sueldo de Comando, había pagado la hipoteca de su chalet y no tenía grandes ahogos económicos. Podía permitirse semejantes ligerezas. Fue entonces cuando Tim Sale entró en escena. En aquel momento, este neoyorquino nacido en 1956, marvelita declarado, artista daltónico y alumno de John Buscema tan sólo había publicado sus dibujos para las novelas gráficas de la saga literaria Thieves’ World, mientras que sus miniseries de Grendel (con Matt Wagner) y Amazon (Con Steven T. Seagle) estaban a punto de salir a la calle. Barbara Kesel presentó a ambos autores y enseguida decidieron trabajar juntos. Lo que más le atrajo a Loeb fue que Sale, con su trazo limpio y elegante, dibujaba gente real, e incluso fea cuando era necesario.

Challengers se publicó a lo largo de 1991, pasando por completo inadvertida entre los lectores, pese a que reunía todas las condiciones para llegar a título de culto: un guión complejo y sin concesiones, experimentos narrativos en cada página, un montón de guiños a la cultura popular en general, y a la cinematográfica y comiqueril en particular, y un resultado difícil de leer, pero agradecido de degustar, surrealista y divertido. El mítico editor Archie Goodwin sí apreció los méritos de la miniserie y encargó a Sale una saga para Legends Of The Dark Knight, escrita por James Robinson. Goodwin estaba tan satisfecho que invitó a Sale a que preparara una segunda historia. Sale propuso a Loeb como guionista, y el resultado fue “Choices” (luego renombrado “Fears”), el primero de una trilogía de especiales de Halloween del Hombre Murciélago al que seguirían “Ghosts” en 1994 y “Madness” en 1995. Supusieron un inesperado éxito de ventas y que Loeb entrara en el radar de Marvel en general y de la Franquicia Mutante en particular, donde empezó a escribir la serie abierta de Cable, participó en “La Era de Apocalipsis”, creó a X-Man y, en lo que a nuestro objeto de interés se refiere, se trajó a su colega Tim Sale.

Formando equipo creativo, ambos se estrenaron en Marvel con una pequeña, pero muy sugestiva y sofisticada, aventura de Bishop, que apareció como complemento de The Uncanny X-Men Annual #18 USA (1994) y con la que se completa este tomo. La segunda fue la miniserie que lo encabeza, y que contaba como protagonistas con los que entonces eran los dos hombres más populares del momento: Lobezno y Gambito. Vista con la perspectiva de los años, “Víctimas” representa una saludable excepción, dentro de lo que venía siendo la Franquicia Mutante en los noventa. Era una época en la que se tendía a integrar cualquier producto dentro del maremágnum de tramas, casi siempre relativas a las figuras de Apocalipsis o Mister Siniestro y que costaban entender de manera autónoma. El dibujo solía ser abigarrado, con abundancia de poses de póster y en línea con los excesos del momento. Predominaban los escenarios desnaturalizados, desde la base secreta del villano a los futuros distópicos alternativos. Por suerte, nada de eso está aquí. “Víctimas” no es sino un relato de corte noir cargado de intimismo y que se construye con lentitud, dejando que respire la narración. Loeb parece contar la historia en voz baja, poniendo ya en práctica ese viejo truco que tanto ha repetido luego de que los textos de apoyo expliquen algo diferente a lo que muestran las viñetas, y dejando a su vez que el soberbio arte de Sale hable por sí mismo. El artista había empezado a hacer efectivo el alejamiento de los artificios gráficos utilizados con Los retadores de lo desconocido, y ya empieza a sustituirlos por una exaltada grandiosidad de la que luego haría gala en proyectos posteriores.

La miniserie funcionó bien, y podría haber sido el comienzo de un conjunto de nuevos proyectos… sólo que entonces Loeb y Sale se reencontraron con Goodwin en la San Diego Comicon, comieron juntos, se acordaron del Batman: Año Uno de Frank Miller y decidieron construir una maxiserie con los mafiosos que habían aparecido en la mítica historia. Fue así como nació Batman: El largo Halloween, la obra que lanzó al estrellato definitivo a la pareja. Luego llegaron, no necesariamente en este orden, las secuelas de ésta, Superman: Las cuatro estaciones y, claro está, la vuelta triunfal a Marvel coincidiendo con el nuevo siglo y con la Dirección Editorial de Joe Quesada. Empezó entonces la tetralogía de los colores, con su toque nostálgico y evocador, asentado en los años dorados de cada personaje protagonista, pero quedaron atrás las aventuras propias, surgidas de la imaginación de los autores y sin referentes previos sobre los que apoyarse. Las historias contenidas en este volumen se erigen así como una curiosidad, un presagio del potencial que ya atesoraban sus autores en aquel lejano 1995 y, quizás, como un precedente sobre el que construir futuros proyectos. Aquellos a los que nos gustaría ver a Loeb y Sale otra vez en Marvel, con algo nuevo, excitante y distinto a lo anterior, lo agradeceríamos inmensamente.

EXTERMINIO 1 DE 5: DETRÁS DEL PROYECTO

Denso comienzo para una aventura con el más puro sabor a evento mutante. Ya comenta Ed Brisson, en su carta a los lectores, que todas las historias pasadas cuentan, pero no cabe duda de que algunas cuentan más que otras. ¡Se impone un repaso a las más destacadas!

“DÍAS DEL FUTURO PASADO”, Publicada en The X-Men #141 y 142 USA (1980. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X nº 2). Fue la mítica saga en la que se nos presentó la línea temporal futura en que los mutantes han sido perseguidos hasta la practica aniquilación. En ella debutó Rachel Summers, aunque no sabríamos de su condición de Sabueso hasta años más tarde, cuando llegó a nuestro presente y pasó a formar parte de La Patrulla-X. Para más detalles, puedes consultar The New Mutants #18 USA (1984. Próximamente en Marvel Gold. Los Nuevos Mutantes nº 2) y The Uncanny X-Men #188 y 189 USA (1984. Marvel Gold. La Patrulla-X nº 5). Allí se descubrió que su línea temporal era divergente de la nuestra, por cambios significativos como que, en ella, nunca murió Jean Grey. Subrayamos este detalle, porque creemos que va a ser más importante de lo que podría parecer.

“DÍAS DEL FUTURO PRESENTE” Secuela de la anterior, se narró a través de cuatro Annuals de 1990 y en ella fue presentado Acab, un cazador antimutante cuya identidad fue objeto de controversia durante años, apuntándose inicialmente la posibilidad de que fuera a tratarse de Cable, antes de que supiéramos que éste era Nathan Summers. Posteriormente, se precisó, en Excalibur #71 y 72 USA, que quien estaba destinado a convertirse en Acab era un colaborador de Moira MacTaggart llamado Roderick Campbell. En nuestra línea temporal, Campbell se transformó en Hambre, uno de los Jinetes de Apocalipsis, y como tal murió, en X-Men #96 USA (2000, CES. Patrulla-X: El fin del sueño). Por último, no sabemos las circunstancias que rodean al joven Cable, pero no veíamos con esa edad a Nathan desde el conjunto de relatos agrupados en 100 % Marvel HC. El origen de Cable, que ahora se revelan como necesarios para comprender el alcance de nuestra historia. En esta saga también encontramos guiños y ecos de “Proyecto Exterminio”, el evento mutante de 1990 (por el título), de “La canción del verdugo”, la saga que lo petaba en el verano del 92 (donde también era un duplicado de Cable, en este caso Dyscordia, quien disparaba contra los buenos en el comienzo), y “Complejo de Mesías” (2007), en que Bishop, otro hombre-X desplazado en el tiempo, trataba de acabar con la vida de Hope con el objetivo de salvaguardar el futuro.

EL EDITOR Y SUS AUTORES Se llama Jordan D. White, antes editaba una de las licencias cuyos tebeos gestiona Marvel, y también las series de Masacre, y acaba de ser ascendido a Editor Mutante. Jordan solía hacer cameos con el Mercenario Bocazas, como personaje random, y parece que también vamos a tenerlo aquí. Es el tipo del bigotillo que señala a los perseguidos en la manifestación antimutante, y que recibe un golpe con un cúmulo de hielo de Bobby. ¡Pero bueno! Señores Brisson y Larraz, ¿es ésta la manera de tratar a un editor? Un par de apuntes sobre éstos. Ed Brisson se ha metido hasta la cocina de la mansión, con sus guiones para Cable y El Viejo Logan. Esta saga le catapulta definitivamente, ya que se encuentra en la triada de guionistas que acometa el relanzamiento de The Uncanny X-Men. A Pepe Larraz todos lo conocemos, después de tantos años de buenos tebeos, con Masacre, El Poderoso Thor o Imposibles Vengadores. Su espectacular labor en Los Vengadores: Sin rendición le ha permitido saltar a la primera división en que siempre supimos que estaría. Su sueño era encargarse de La Patrulla-X… ¡y aquí lo está cumpliendo, con el que quizás sea su mejor trabajo hasta la fecha!

ULTIMATE X-MEN: MUJER X CONTRA MUJER X

Desde que tuvo lugar el reinicio de Ultimate X-Men, Marvel decidió acudir a un nuevo paradigma alrededor de los mutantes. La colección original, que alcanzara la importante cifra de un centenar de entregas, seguía el concepto del grupo fundado por el Profesor Charles Xavier para defender a una humanidad que le temía y odiaba. Tras “Ultimatum”, tal escenario no tenía cabida: la humanidad había desatado una guerra abierta contra los mutantes. Después de más de treinta episodios, ese conflicto ha terminado, con el Homo superior alcanzando la paz en su nuevo hogar, llamado Utopía. Pero ahora a los mutantes les queda una última batalla por librar: contra su propia gente.

 

Kitty Pryde y Jean Grey representan dos extremos del tipo de mujer que nos hemos encontrado en los cómics de La Patrulla-X desde que Chris Claremont la transformara en una serie en que el tratamiento de las heroínas tenía una profundidad y un atractivo como nunca se había visto en el género, hasta llegar a cambiarse la manera en que ellas se representaban ante una audiencia que, en los orígenes, era mayoritariamente masculina, pero que fue poblándose por lectoras conforme descubrían al que podía calificarse como el primer cómic feminista de superhéroes.

 

Jean Grey era la única integrante del equipo fundador. Cuando Claremont la recuperó para formar parte del grupo surgido de la Segunda Génesis, fue en sus propios términos. Renunció a toda la naftalina del personaje creado por Stan Lee en los años sesenta con el único propósito de servir de interés amoroso a otros protagonistas, para posicionarla como una mujer fuerte, que elegía su destino y que, a continuación, se transformaba en el miembro más poderoso de La Patrulla-X. En The X-Men#101 USA (1976. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-Xnº 1) Jean resurgió de sus cenizas como Fénix. Como ella mismo proclamaba, era vida y fuego encarnado, poco menos que una diosa entre meros mortales, con el poder cósmico en sus manos. Dave Cockrum diseñó un traje arrebatadoramente sexy, que pronto despertó el interés lascivo de Lobezno, produciendo choques a cara de perro con Cíclope, el novio tradicional de ella. Cinco años más tarde, Fénix había muerto, en la historia más escalofriante jamás producida por La Casa de las Ideas, y su leyenda quedaría para siempre.

 

En The X-Men#129 USA (1980. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-Xnº 2), Claremont y John Byrne habían presentado a Kitty Pryde, una adolescente de apenas catorce años que atravesaba paredes, procedía de una familia judía y se entusiasmaba ante la posibilidad de convertirse en mujer-X. Byrne planeaba que Kitty fuera “la chica normal”, frente a la exuberancia que presentaba tanto Fénix como su otra compañera de equipo, Tormenta. Y Kitty no era muy diferente a cualquier otra chavala de su edad, sólo que Claremont añadió un detalle que no entusiasmó en absoluto a su colaborador: se trataba de una superdotada, experta en computadoras, lo que la ligaba con una habilidad tradicionalmente asociada a los chicos, máxime a comienzos de los años ochenta, cuando la informática era un campo árido para nadie que no recibiera el calificativo despectivo de cerebrito.

 

Kitty y Jean nunca llegaron a coincidir en la Edad Dorada de La Patrulla-X, en tanto que la adolescente no se unió de manera oficial al equipo hasta el episodio siguiente a la muerte de Fénix. Mucho tiempo después, Marvel tomaría la decisión equivocada de resucitar a Jean, pero tampoco entonces surgió la opción de explorar el profundo contraste que existía entre ambas. Es así como llegamos a la versión Ultimate de La Patrulla-X, donde las circunstancias han sido diferentes. En primer lugar, el abismo de edad que existía en la Tierra-616 entre la Jean ya adulta y la Kitty adolescente no era tan acusado, ya que la Jean de este mundo se presentaba, en Ultimate X-Men#1 USA (2001. Coleccionable Ultimatenº 2. Ultimate X-Mennº 1), como una joven de diecinueve años, extrovertida y rebelde, aunque esos rasgos fueron atenuándose conforme avanzaba su romance con Cíclope. Kitty por su parte llegó una veintena de episodios más tarde, en Ultimate X-Men#21 USA (2002. Coleccionable Ultimatenº 15. Ultimate X-Mennº 4), con una historia y un contexto que estaban calcados del original. En este caso, el personaje se mantendría muy cercano a su modelo primigenio, si bien escogería compañeros sentimentales diferentes: primero El Hombre de Hielo y, más adelante, Spiderman, en un giro del destino que sorprendió a todos los lectores. Las circunstancias condujeron a que Kitty tuviera que crecer más deprisa que cualquier chica de su edad, especialmente después de que los mutantes pasaran a la clandestinidad.

 

Fue en ese punto en el que ella y Jean se erigieron como los dos modelos a seguir por los suyos. Mientras Jean alcanzó la posición de líder de Tian, un paraíso mutante situado en Asia, Kitty encabezaría la resistencia en Estados Unidos. Después de una cruenta guerra, consiguió que los mutantes se hicieran con Utopía, una pequeña nación en la que soñar con un futuro. En el camino, las disensiones entre una y otra se hicieron cada vez mayores, como antes había ocurrido con el Profesor Xavier y Magneto, como si los mutantes estuvieran condenados a tener que elegir siempre entre la vía pacífica y la violenta.

 

En este último volumen de Ultimate X-Mense produce el inevitable choque de trenes: Utopía contra Tian. Kitty contra Jean. Mutantes contra mutantes. A juicio de Brian Wood, el guionista actual de la serie, el conflicto deriva de algo tan viejo como que el poder corrompe: “Si te fijas en estas dos lideresas, ambas encabezan enclaves mutantes, pero los manejan de maneras distintas”, comenta. “Supongo que también puedes decir que a Kitty se le ha ido un poco la cabeza en los últimos tiempos, pero su control de Utopía está centrado en una estricta, y posiblemente ingenua, especie de pacifismo, mientras que Jean cree en la grandeza y en la superioridad de Tian y actúa en consecuencia. No creo que Jean sea una villana, a pesar de que haya hecho algunas cosas de dudosa catadura, pero sí pienso que está un poco más pasada de rosca que Kitty”.

 

Esta Guerra Civil Mutante sirve para cerrar la segunda y última serie americana de Ultimate X-Men, que a su vez tuvo continuidad en una miniserie-prólogo a “Cataclismo”, el gran evento en que todos los héroes de la Tierra-1610 se enfrentaban a la llegada de Galactus. Joshua Hale Fialkov, que ya venía escribiendo The Ultimates, tomaba el testigo de Wood, para tres episodios con los que se venía a cerrar la historia del Homo superior dentro del Universo Ultimate. El nuevo guionista procuró mantenerse fiel a los planteamientos de su predecesor, mientras que la continuidad en los lápices del estupendo dibujante Álvaro Martínez, que ya se ocupara también de los últimos números de Wood, garantizaba la coherencia estética.

 

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men nº 21

ULTIMATE X-MEN: MÁS ALLÁ DEL ODIO Y DEL TEMOR

En el comienzo, Stan Lee estableció que los mutantes componían una raza que la humanidad rechazaba, porque algún día estaba destinada a sustituirla. Cuando Chris Claremont reinventó la franquicia, a mediados de los años setenta, llevó ese principio hasta sus máximas consecuencias. Construyó una alegoría social a partir de ahí, que le permitía establecer paralelismos entre la marginación que sufría el Homo superior y la que pudieran parecer otros colectivos, como las mujeres, los negros o los homosexuales. El triunfo absoluto del planteamiento sirvió para alimentar décadas de historias, y así seguiría siendo de manera indefinida. Pero en el proceso alguien se preguntó: ¿pueden ser los mutantes algo más que unos seres temidos y odiados por la humanidad a la que han jurado proteger?

 

Ese alguien fue Grant Morrison. Levantó la mano cuando se hizo cargo de La Patrulla-X, en el arranque del siglo XXI, a través del apasionante proyecto conocido como New X-Men. Morrison, como tantos otros lectores de cómics, había sido un chaval introvertido, con pocos amigos y siempre metido en sus aficiones. Cuando leyó las historias de Chris Claremont, no pudo sino sentirse atrapado por ellas. Pero con el tiempo, Morrison se convirtió en una estrella, en un gurú de la nueva manera de hacer cómics, en un ídolo perseguido por mujeres, adorado por sus fans y que alcanzó el éxito en todos los ámbitos de su vida, sin dejar nunca de ser auténtico consigo mismo. Si el había salido del círculo de los temidos y odiados, ¿por qué no podían hacerlo los mutantes? En New X-Men así lo planteó. Como él, los mutantes consiguieron alcanzar una nueva posición social. Ahora, tenían admiradores, marcaban las tendencias en moda y cultura y la gente normal quería ser como ellos. Lo ansiaban de hecho, lo que llevó al nacimiento de una droga que permitía adquirir poderes momentáneamente. En el fondo, estaba haciendo lo mismo que hiciera Claremont en los ochenta: utilizar a los mutantes como metáfora para hablar de la sociedad en que vivía, sólo que él se acercaba a ellos desde una nueva perspectiva y desde un nuevo contexto, en el que los grupos que antes eran marginales ya no tenían por qué esconderse, sino que podían reivindicar su lugar dentro de la sociedad, e incluso erigirse en modelo de conducta.

 

Las lecciones de Morrison tuvieron cierta importancia en esos años, pero luego cayeron mayoritariamente en el olvido, cuando Marvel volvió a unos cánones más clasicistas. Pese a todo, causaron un gran impacto en los jóvenes autores de la época, aquellos que, como es el caso de Brian Wood, tenían en Morrison a un maestro del que tomaban notas. Así es como llegamos a Ultimate X-Men, la serie que nos ocupa, en la que Wood ha venido construyendo una larga saga, que ahora nos sitúa al Homo superior en un escenario nunca antes contemplado. La guerra contra la humanidad ha terminado, los mutantes, bajo el liderazgo de Kitty Pryde, tienen un pedazo de tierra al que pueden llamar hogar, y allí han empezado la construcción de una nueva sociedad. La gran sorpresa es que, al contrario de lo que ocurre con el mundo de los humanos, los mutantes se permiten crear un lugar en que impere la justicia y la igualdad, en que puedan acometerse los desafíos que afronta el mundo desde una nueva perspectiva. Problemas que parecían irresolubles, encuentran ahora solución inesperada. El ejemplo más evidente es de la semilla inteligente. A Kitty y los suyos les instalaron en medio del desierto, en un lugar inhóspito que les condenaba a una vida de dificultades. ¿Qué hicieron ellos? Crear una semilla inteligente, que convirtió la zona en un vergel y que ahora podría acabar con el hambre en todo el mundo. De amenaza, Wood ha hecho de los mutantes en algo codiciado. Es entonces cuando el Gobierno, aquél que creó a los propios mutantes en un laboratorio secreto y luego les dio caza, les percibe de una manera distinta a como lo ha hecho hasta entonces. ¿Cuál será su respuesta? Cosificarlos, privatizarlos, reclamarlos como una propiedad, un recurso natural que es de ellos y del que deberían responder a su antojo, porque entienden que no son sujetos de los derechos humanos. Para una administración que ha esquilmado los recursos naturales del planeta, lo más lógico es hacer lo mismo con esas criaturas capaces de hallazgos tan prodigiosos como esa semilla inteligente. “Quieren hacerlos suyos y crear cosas como la semilla inteligente, que formen parte de un programa gubernamental”, señalaba el guionista. “Es muy similar a la manera en que el Gobierno puede privatizar una compañía petrolífera. Han hecho a los mutantes, así que entienden que son de su propiedad. El Gobierno Estadounidense necesita reconstruirse tras lo ocurrido últimamente. Están buscando recuperar su estatus de superpotencia”.

 

La saga de Ultimate Comics. X-Menque aborda tan inusual enfoque, supone además la incorporación del dibujante turco Mahmud Asrar. Hace años que Brian Wood quería trabajar con él, pero no había sido posible hasta este preciso momento. El guionista recordaba que primero iba a coincidir con Asrar en Northlanders, su serie para Vertigo, pero fue cancelada antes de que fuera posible. A continuación, DC Comics contrató a Wood para llevar a cabo el relanzamiento de Supergirl, y el escritor sugirió que Asrar le acompañara. Tampoco pudo ser, porque DC optó por quedarse con el dibujante y echar a Wood del proyecto, lo que provocó un enorme enfado… Pero ahora es todo agua pasada y los dos autores pudieron reencontrarse para el impulso que conducirá hasta el final de la historia de los mutantes definitivos… aunque eso ya será en el siguiente tomo.

 

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men nº 20

ULTIMATE X-MEN: MUTANTES EN LA SOMBRA

Hubo un tiempo en que Estados Unidos era un lugar seguro para el Homo superior. Esos días han pasado. Como refleja Jonathan Hickman en The Ultimates, el país se encuentra en descomposición, la autoridad del gobierno está en entredicho y eso, en lo que a los mutantes se refiere, se traduce en malas noticias. Tras “Ultimatum”, eran ilegales; ahora, son perseguidos y asesinados. Y ninguno sospecha que el culpable es un mutante llamado William Stryker.

Este tomo de Ultimate X-Mencontiene el segundo y último arco argumental orquestado por Nick Spencer. El guionista de Morning Gloriesjuega con los elementos que utilizó Chris Claremont en los años ochenta alrededor de “Días del futuro pasado”, no ya con el concepto en sí mismo de aventura que desvela un mañana terrible, sino con todas las tramas a las que dio pie y que tenían como común denominador el odio racista hacia los mutantes. Aquellos dos episodios de contundencia inabarcable encerraban muchas razones para que fueran considerados una obra maestra, pero la más importante de todas quizás fue la sutileza con la que planteaban su final: Kitty Pryde había vuelto atrás en el tiempo para impedir que tuviera lugar el Apocalipsis, como consecuencia del asesinato del senador Robert Kelly. Con su ayuda, La Patrulla-X consiguió abortar los planes de La Hermandad de Mutantes Diabólicos de Mística. Sin embargo, tras sobrevivir al atentado, era el propio senador quien reactivaba el Programa Centinela, lo que en último término podría conducir a la aniquilación total. ¿Había cambiado realmente el curso de los acontecimientos? ¿El futuro negro de La Patrulla-X tendría lugar, hicieran lo que hicieran por impedirlo?

 

En el Universo Marvel clásico, durante los años posteriores a la publicación de aquella historia tan definitoria, Chris Claremont fue dosificando hábilmente indicios que apuntaban a que los mutantes jamás conseguirían escapar a su destino. En la novela gráfica “God Loves Man Kills” (1984. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X: Dios ama, el hombre mata) la historia giraba alrededor del odio de humanos contra mutantes, que adquiría tintes de fanatismo religioso en la figura del reverendo William Stryker. El cómic se convirtió en uno de los más populares entre los lectores, en tanto que muchos lo consideraron como la historia definitiva de La Patrulla-X. Su impacto llegaría a ser tal que inspiraría la segunda producción cinematográfica de nuestros héroes.

 

La impresión de que, llegado el momento, los mutantes se verían arrastrados a una guerra contra los humanos de la que ningún bando saldría victorioso había calado con fuerza, hasta el punto de que fue sobre lo que giró el primer gran crossover de la franquicia, “La masacre mutante”, publicada a lo largo de diversas series durante el verano de 1986. Unos misteriosos individuos con motivos pocos claros atacaban los túneles donde vivían Los Morlocks y asesinaban sistemáticamente a los integrantes de esta sociedad mutante que había decidido aislarse de los humanos.

 

En paralelo, Claremont también introdujo el concepto de los Nimrods. Se trataba de la siguiente generación de Centinelas, la que había sido pieza fundamental del desastre narrado en DOFP. Consciente de que James Cameron leyó su historia con mucha atención antes de escribir el guión de The Terminator (1984), el Patriarca Mutante le devolvió la moneda, mediante la presentación de un cíborg asesino que retrocedía en el tiempo para continuar con su trabajo genocida en el presente.

 

Curiosamente, en 2006, ya hubo dos autores, Craig Kyle y Chris Yost que, desde las páginas de New X-Men, jugaron a unir los destinos de Stryker y uno de los Nimrod, en una saga con grandes dosis de nostalgia. Quizás si no hubiera sido por ellos Spencer jamás hubiera planteado el ejercicio que nos ofrece en estas páginas y por el cual, una vez alcanzada la situación que se describía en “Días del futuro pasado”, juega también a que sea Stryker el culpable de que los Nimrods comiencen la carnicería.

 

Tanto en la Tierra-616 como en los primeros tiempos del Universo Ultimate, la llegada de un peligro tan terrible como el de los Nimrods probablemente hubiera sido amortiguada por la intervención de La Patrulla-X, pero el gran hecho diferenciador del escenario con que nos hemos encontrado tras los acontecimientos de “Ultimatum” es que ya no hay un equipo organizado de mutantes, sino grupúsculos ocultos en la clandestinidad e individuos asustados, sin que haya ninguna figura que les represente y junto a la que se puedan sentir seguros, como fueran Magneto y Xavier en el pasado. En el anterior tomo, vimos que Kitty Pryde podría llegar a asumir ese papel, y aquí llega a apuntarse que la elegida podría ser Tormenta. Para ello, hay que volver sobre un escenario que ya se nos enseñó muy por encima anteriormente: uno de los campamentos donde se encuentran algunos de los mutantes que conocíamos. Aquellos que colaboran, reciben un trato correcto, mientras que los que no lo hacen, como es el caso de Coloso, son sometidos a torturas de forma clandestina. La alegoría con respecto a la prisión de Guantánamo no podría ser más evidente. Hay todavía un tercer lugar que cobra importancia en el nuevo orden del poder mutante: las ciudades flotantes de Tian, en el sudeste asiático, donde la historia corrió en sentido diferente: allí los mutantes triunfaron sobre sus opresores, para fundar una utopía que otras naciones miran con suspicacia.

 

A todo esto, Spencer añade un misterio: la repentina reaparición de personajes que hasta ahora creíamos muertos. En el final del anterior tomo, Charles Xavier se presentaba ante Pícara, sin dar ningún indicio de cómo podía haber sobrevivido a que Magneto rompiera su cuello. Lejos de ofrecer soluciones fáciles al regreso, el guionista apuesta incluso por añadir nuevos interrogantes a modo de subtrama. La clave final no llega hasta la última página, con una monumental sorpresa que quizás hubiera llegado mucho más lejos de haber seguido el escritor al frente de la cabecera. Su sustituto Brian Wood, optará por centrarse en las otras muchas semillas que Spencer ha dejado plantadas.

 

Artículo aparecido originalmente en Ultimate X-Men nº 17

ULTIMATE X-MEN: EL FUTURO ES HOY

La Patrulla-X estuvo casi ausente en la segunda fase del Universo Ultimate. No es de extrañar, puesto que se trataba del grupo que más sufrió los efectos de “Ultimatum”, con la práctica eliminación de todos sus puntales. A lo largo de la saga de Jeph Loeb y David Finch murieron buena parte de los mutantes que hasta entonces conocíamos, pero también y sobre todo los personajes sobre los que se asentaba la serie: Charles Xavier, el propio Magneto, Lobezno, Cíclope, La Bestia, Rondador Nocturno… Loeb eliminó mutantes como quien pretendía que no hubiera un mañana. ¿Qué es lo que sucedería después del apocalipsis del homo superior? La respuesta hay que buscarla en esta siguiente etapa de la colección.

 

Pese a que Loeb fulminó sin piedad las bases sobre la que se asentaba el Homo superior en su interpretación definitiva, no sin que antes además hubiera roto con los esquemas previos al establecer que los mutantes del Universo Ultimate no eran fruto de la evolución, sino un sofisticado producto de laboratorio, en honor de este guionista capaz de lo mejor y de lo peor hay que decir que, acto seguido, propuso una brillante relectura del concepto, a través de la historia contenida en Coleccionable Ultimatenº 55. Ultimate X. En sus páginas, como si se tratara del mítico Giant-Size X-Men#1 USA (1975. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-Xnº 1), una Jean Grey que había conseguido sobrevivir al abismo y que ahora utilizaba un nuevo nombre iba reclutando a nuevos mutantes con los que reimaginar el sueño de Charles Xavier. Entre ellos, se encontraba, como apuntaría el título, el hijo de Lobezno, además de una amalgama de nuevos y viejos personajes. Todo ello tenía lugar en un clima de irrespirable odio hacia los mutantes, no sólo entre la opinión pública, sino también para las autoridades, que habían desatado la caza de todo el que tuviera el gen x como si se tratara de un criminal. A su vez, y tras la desaparición de Peter Parker, en Coleccionable Ultimatenº 66. Ultimate Spidermannº 31: La Muerte de Spiderman. El día después, Mercurio, el hijo de Magneto, se ponía al servicio del gobierno de Estados Unidos, para reunir a todos los mutantes y ponerlos a su disposición como esclavos.

 

Y ahí tenemos ya el punto de partida para la historia que aquí comienza. Nick Spencer, un guionista fichado por Marvel después del éxito que tuviera en Image con su obra independiente Morning Glories, acerca de los alumnos de un particular instituto y los misterios que ocurren entre sus paredes, se incorpora a la línea Ultimate con el propósito de dejar atrás la misión de salvar el mundo que tuviera antes La Patrulla-X. Esta nueva encarnación de Ultimate X-Men trata sobre un puñado de chicos que han decidido unirse y salvarse a sí mismos de la amenaza que pende sobre ellos.. “Nuestro primer arco está dedicado a ratificar que las viejas leyendas han muerto. Ni Xavier ni Magneto están ya aquí y las ideologías que representaban ya no funcionan. Aquí exploraremos por qué”.

 

El escenario trazado por Spencer, con la inconmensurable ayuda de Paco Medina, un dibujante que llevaba largo tiempo trabajando para Marvel y que aquí alcanza su cúspide artística, nos devuelve el recuerdo de “Días del futuro pasado”, la extraordinaria saga que fuera narrada por Chris Claremont y John Byrne en 1980 y que todavía hoy en día persiste como un referente fundamental de la iconografía mutante, capaz incluso de inspirar por sí sola todo un filme de su franquicia cinematográfica. “Días del futuro pasado” mostraba un futuro cercano, en el que el asesinato del senador Robert Kelly por parte de la Hermandad de Mutantes Diabólicos habría provocado la reactivación del Programa Centinela, llevando a la práctica eliminación de todos los mutantes y superhéroes de la Tierra y dejando un mundo post-apocalíptico y en ruinas, en que los únicos supervivientes languidecían en campos de concentración. En su momento, tanto en la película como en el relato original de Claremont y Byrne, el planteamiento consistía en señalar ese escenario como posible, a partir de los sucesos que estaban teniendo lugar en el presente. La revolución del Universo Ultimate consiste en llevar la ucronía al aquí y al ahora. La Patrulla-X no puede impedir que ocurra el genocidio de su especie porque… ¡Ya ha empezado! No puede impedir que se despliegue la nueva generación de Centinelas, porque ya lo ha hecho. No puede impedir que el gobierno ilegalice a los mutantes, porque esa ley ya está firmada. Escapar al abismo es su única posibilidad.

 

Tanto Spencer como Medina juegan a cartografiar un terreno nuevo, pero también a que algunos de los elementos que encontramos en él ofrezcan ecos que conecten con el tema fundamental de la caza y captura del Homo superior. De posteriores viajes a la línea temporal de “Días del pasado futuro” toman a los Nimrod, la futura generación de Centinelas, mejorados y más terribles que cualquiera que haya existido antes. De la mítica “Patrulla-X: Dios ama, el hombre mata” (1982), recuperan la figura de William Stryker, aunque su debut en el Universo Ultimate ya había tenido lugar en el curso del último ataque de Magneto, en concreto en Ultimate X-Men#98 USA (2009. Coleccionable Ultimate. Ultimate X-Men nº 15: Ultimatum), Spencer ha querido hacer un repaso por el origen y las motivaciones del personaje, de tal manera que los nuevos lectores puedan seguir su drama desde el principio. El William Stryker de la continuidad tradicional era un sargento del ejército estadounidense cuya esposa daba a luz a un mutante, lo que motivaba que el padre asesinara a ambos, al considerar lo ocurrido un castigo divino. En el cine, en X-Men 2, encontramos en su momento otra variante del villano. Allí Stryker era el responsable del proyecto militar en el que se recubrieron de adamántium los huesos de Lobezno. Y por supuesto también hay “ultimatizaciones” de otros viejos personajes de la Tierra-616, como es el caso de Oruga, un mutante que viera la luz en la continuidad clásica a finales de los años noventa y que todavía ofrece uno de los poderes más extraños que se hayan visto jamás.

 

La construcción de este argumento en que lo imposible es ya una realidad palpable enlaza, en perfecta sincronización, con el resto de cabeceras del Universo Ultimate, en especial con The Ultimatestras la llegada de Jonathan Hickman y Esad Ribic, quienes han aplicado esa idea de que Estados Unidos ha dejado de ser la primera potencia mundial. Ahora hay otros países que están ocupando el lugar que antes tuviera América y quizás sea allí donde los mutantes puedan escapar de la masacre. ¿Encontrarán algún sitio al que llamar hogar? ¿Encontrarán descanso algún día, o todo lo que les queda es esperar y morir? Ha llegado el momento de buscar la respuesta.

 

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men nº 16

ULTIMATE X: NACIMIENTO, DESTRUCCIÓN Y RENACIMIENTO

“Ultimatum” puso de revés el Universo Ultimate, pero sobre todo rompió en mil pedazos a los mutantes de La Patrulla-X. No en vano el caos desatado durante la saga era consecuencia directa del descubrimiento de que el homo superior no era más que una creación artificial, en lugar del siguiente paso de la humanidad. A lo largo de una demoledora saga en cinco partes, Jeph Loeb, un guionista sin miedo a romper jarrones chinos, y el viejo conocido de la casa David Finch narraron el combate definitivo entre Magneto y la humanidad, un apocalíptico choque en el curso del cual murió la plana mayor de los héroes y villanos del Universo Ultimate, entre ellos muchos de los hombres-X y sus enemigos.

 

En la lista de bajas estaban incluidos las más importantes piezas de La Patrulla-X, como Lobezno, Cíclope, el Profesor Xavier o Magneto, pero también otros, que se habían ganado un lugar en el corazón de los lectores: El Ángel, La Bestia, Dazzler, Emma Frost, Rondador Nocturno, Polaris, La Mole, Juggernaut… ¿Qué es lo que pretendían realmente Loeb y Marvel con semejante masacre? Muy sencillo: devolver la atención de los lectores al Universo Ultimate, pero también convertirlo en un lugar imprevisible, donde cualquier cosa pudiera ocurrir, incluso lo que pareciera imposible.

 

Es en ese contexto, en el que los mutantes volvieran a ser señalados como el principal peligro a erradicar de la faz de la Tierra (tal y como ocurría en el comienzo de Ultimate X-Men, con aquellos Centinelas que pisoteaban mutantes), es donde se sitúa este proyecto, Ultimate X, que apuesta por desvelar el destino del homo superiordentro de este cosmos particular y una vez que han perdido la consideración de héroes que algún día llegaran a atesorar. Lo paradójico del caso es que es el propio Jeph Loeb, el hombre que firmó la hoja de defunción, el que ahora se hace cargo del nuevo alumbramiento. Aquí se debe recordar que estamos ante un autor de dos caras. Es capaz de hacer obras palomiteras al máximo, que parecen verdaderos blockbustersveraniegos dirigidos por Michael Bay, y por las que recibe más palos que una estera… Y a su vez es capaz de acometer proyectos con un eminente tono clásico y nostálgico, como pudieran ser Superman: Las cuatro estaciones, Batman: El largo Halloween, o su serie de colores para Marvel (Daredevil: Yellow, Spider-Man: Bluey Hulk: Grey), donde el recurso primario es la minuciosa caracterización de los protagonistas, la búsqueda de la conexión emocional con los lectores y la recreación nostálgica de un tiempo pasado. Estas obras, al contrario que las primeras, sí consiguen la aclamación popular y el aplauso de la crítica. Es en ellas donde sale a flote el Loeb más desconocido, el que es un apasionado seguidor de los superhéroes que atesora todos y cada uno de los cómics publicados por Marvel y DC desde comienzos de los años sesenta.

 

Ultimate Xparte de los acontecimientos de “Ultimatum”, pero se sitúa en el segundo apartado de obras, con una trama que sigue la estructura narrativa clásica de las aventuras de fundación de equipo, en especial el Giant-Size X-Men #1 USA (1975. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X nº 1), con el que se diera a conocer la “segunda génesis” de los mutantes. Esto es, con la presentación pausada de un puñado de personajes que son reclutados por una suerte de mentor para formar parte de un nuevo grupo de superhéroes. Entre los miembros, hay algún que otro viejo conocido junto con mutantes nunca antes vistos, y todos mantienen alguna particular conexión con el pasado. La gran atracción dentro de ese elenco está en primer lugar de todas, ya que se trata del hijo de Lobezno. La muerte de Logan fue una de las sorpresas más inesperadas de “Ultimatum”, pero parece que en La Casa de las Ideas querían darse prisa en encontrar un sustituto. Loeb recurre para ello a un relato iniciático que evoca de inmediato al origen de Spiderman o a películas como American Grafitti. No faltan tampoco referencias a las circunstancias del Lobezno de la Tierra-616, de manera que las personas que han criado al vástago de Logan responden a los nombres de Jimmy y Heather Hudson, y serían por lo tanto el equivalente a la pareja que, en la continuidad clásica, le rescató de los bosques canadienses y le devolvió a la humanidad.

 

Pero este nuevo Lobezno, que Loeb nos insiste en diferenciarlo de su padre en casi todos los aspectos, salvo en los poderes curativos y en las características garras, no es sino el comienzo de un camino que tiene como objetivo descubrir qué le espera a los hombres-X a partir de ahora. Para averiguarlo, tendremos que descubrir a mutantes que no conocíamos hasta el momento, pero también saber qué ha sido de los que pertenecieran a La Patrulla-X y consiguieron escapar a la masacre de “Ultimatum”, o de aquéllos que trataban de llevar una vida normal, como es el caso de Liz Allen, la compañera de instituto de Peter Parker que resultó ser hija de La Mole. A este respecto no hay que olvidar el escalofriante papel de este villano en “Ultimatum”: durante la crisis, protagonizaba uno de los momentos más salvajes que se hayan visto jamás en el Universo Definitivo, cuando devoraba las entrañas de La Avispa y luego encontraba la muerte a manos de Hank Pym, quien a su vez le arrancaba la cabeza de un mordisco. Si a Liz le costaba aceptar su condición mutante, ¿cómo puede afrontar las terribles acciones realizadas por su padre?

 

El toque clásico queda apuntalado por la labor gráfica de Arthur Adams, el que fuera uno de los dibujantes más destacados de la Franquicia Mutante durante los años ochenta, especialmente recordado porLa Patrulla-X: Las guerras asgardianas. Adams, precursor en aquel entonces de la influencia manga y el detallismo excesivo que luego serían moneda común en los noventa, no suele prodigarse en exceso, dada su reconocida lentitud, pero tiende a contestar afirmativamente a las llamadas de Loeb, autor con el que ha colaborado en ocasiones puntuales y con el que siempre se ha divertido extraordinariamente. Pese a llevar en el tajo desde hace tres décadas, Adams mantiene toda la fuerza que tuviera entonces, de forma que podría codearse con cualquiera de las nuevas estrellas del siglo XXI y la única lástima es que no se prodigue con mayor frecuencia, porque su trazo abre las puertas a un mundo brillante en el que perderse.

 

El de crear un formidable entretenimiento es, ni más ni menos, el propósito principal de este cómic, que cumple con creces. Pero Ultimate Comics. Xtambién nos enseña que, después de la tragedia ocurrida, después de toda esa muerte y destrucción, aguarda un mañana esperanzador dentro del Universo Ultimate, y los mutantes formarán parte esencial del mismo. Estamos ante el “Capítulo Cero” de una nueva fase. La intención de Marvel estaba en lanzar, acto seguido, una nueva colección de La Patrulla-X Definitiva. Tardaría en llegar más tiempo del inicialmente previsto, pero su detonante no podía haber sido más delicioso.

 

Artículo aparecido en Ultimate X: El hijo de Lobezno

ULTIMATE X-MEN: EL FIN DE LOS SUEÑOS

Este es el último volumen de la primera encarnación de La Patrulla-X definitiva. El título que tuviera un extraordinario lanzamiento en 2001, de la mano de Mark Millar y Adam Kubert, sobrevivió durante cien orgullosas entregas, a las que habría que sumar algunos especiales y proyectos al margen de la serie regular, pero, llegado 2009, y coincidiendo con el Ultimate X-Men#100 USA, la cabecera conocería su conclusión. Y no era un final agradable. “Ultimatum”, el gran evento planificado por Jeph Loeb, se cebaría con saña en los mutantes más que en ningún otro rincón del Universo Ultimate. La plana mayor de La Patrulla-X, los personajes más destacados del equipo, perecerían durante la refriega. Este tomo cuenta lo que ocurrió antes de la última ola… Y también lo que vino después.

 

En Marvel sabían lo que se avecinaba para los mutantes del Universo Ultimate, de manera que lo apostaron todo a “Ultimatum”. Robert Kirkman había zanjado su larga etapa en la serie con una explosiva saga en que los hombres-X se las veían contra En Sabah Nur y sobrevivían a duras penas (Coleccionable Ultimate. Ultimate X-Mennº 14: Apocalipsis). En las últimas páginas de aquella aventura, Charles Xavier reunía a todos sus alumnos para darles un mensaje de unidad y de esperanza, pero ni siquiera el orgulloso mentor de La Gente del Mañana estaba preparado para lo que venía a continuación. Mientras que Brian Michael Bendis mantuvo el control de Ultimate Spider-Many aprovechó al máximo las oportunidades que “Ultimatum” le brindaba, no ocurrió así conUltimate X-Men. Loeb tomó los mandos de la nave y señaló a uno de sus discípulos, Aron Coleite, para hacerse cargo de la colección en sus últimos meses de vida. Ambos habían entrado en contacto gracias a la teleserie Heroes, en la que Loeb desempeñó el papel de productor ejecutivo hasta su despido, en el curso de la tercera temporada.

 

Coleite se confesaría enseguida como un gran aficionado a los mutantes, gusto que reflejaría, por ejemplo, en el memorable episodio de Heroes titulado “Five Years Gone”, evidentemente inspirado por “Días del Futuro Pasado”. Todavía recordaba que el primer cómic que leyó fue la novela gráfica “Dios ama, el hombre mata“, y afirmó que había decidido convertirse en escritor mientras devoraba “La caída de los mutantes”. Tal amor hacia la serie clásica se traslucía ya en un primer episodio en el que abundaban los guiños a los lectores, con un partido de beisbol a la antigua usanza de Chris Claremont, o con la irrupción de Alpha Flight, quienes reclamaban a Estrella del Norte con idénticas palabras a cómo lo hiciera Vindicador con Lobezno en Uncanny X-Men #109 USA (1977. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-Xnº 1).

 

En esearco argumental que servía de preámbulo a “Ultimatum”, Coleitepresentaría la versión definitiva de Banshee. Creado en 1967 por Roy Thomas y Werner Roth para enfrentarlo contra La Patrulla-X original, el irlandés Sean Cassidy formaría parte años después de la alineación elegida por Charles Xavier para la “Segunda Génesis” de La Patrulla-X. Después de servir como tutor de Generación-X y morir trágicamente durante Patrulla-X: Génesis Mortal, no parecía descabellado que La Casa de las Ideas quisiera implantar al personaje dentro de su Universo Ultimate, dado que en la Tierra-616 se había perdido su presencia. Sin embargo, no iban por ahí los tiros: el Banshee ofrecido por Coleite era, en realidad, una droga de diseño creada a partir del ADN de Lobezno. El guionista no quería quedarse en el nombre como único elemento conector con el héroe clásico. Era Moira McTaggert, la que fuera el gran amor de Sean Cassidy en el Universo Marvel tradicional, quien en este otro mundo se dedicaba a fabricar el Banshee. La droga le conferiría habilidades similares a las del Banshee original: un grito capaz incluso de tumbar a Logan.

 

La llegada de Coleite al despacho del editor Ralph Macchio para la discusión de esta saga coincidió con el escándalo de la Hormona de Crecimiento Humano, que salpicó a la Liga de Beisbol de Estados Unidos: El FBI había descubierto una larga lista de jugadores que habían ingerido el mencionado esteroide para optimizar sus capacidades atléticas. “Cuando salió todo a la luz”, recordaría el guionista, “no podía creerme lo enfadado que estaba y lo traicionado que me sentía. Soy un fan de toda la vida de Los Angeles Dodgers, y muchos de los jugadores que consumían HCH jugaban allí. ¡No podía creerme que estuvieran tomando esteroides! Muchas de esas personas eran héroes para mí y para muchos chicos. ¿Qué pasaría si descubrieran a otros héroes de mi infancia tomando drogas? ¿Cómo reaccionarían? La idea de la saga vino de ahí”.

 

La saga del Banshee se entrelazaría con tramas secundarias que allanaban la senda hasta “Ultimatum”, mientras que los tres últimos episodios de la colección transcurrirían en paralelo al título troncal del evento. La acción arrancaba con el maremoto que asuela Manhattan en el primer capítulo de Ultimatumy alcanzaba hasta los momentos previos a la batalla final contra Magneto. En ese sentido, es recomendable tener a mano el volumen recopilatorio de Ultimatum, ya publicado dentro de esta colección, de cara a afrontar la lectura del presente tomo. Hay que tener en cuenta, no obstante, que los cruces de Ultimate X-Menno son un mero apoyo a lo narrado por Loeb y David Finch en el cómic principal. Si allí las víctimas relacionadas con La Patrulla-X se contaban por decenas, aquí el número de fallecidos se dispara, con un repaso amplio al rico entorno que se había ido abriendo paso a lo largo de casi una década de tebeos. El relato ofrece ecos de algunas memorables historias de los mutantes clásicos, desde “La masacre mutante” a la mencionada “Dios Ama…“, en la que se presentó a William Stryker.

 

El último episodio, el que cierra el tomo, nos traslada hasta el día después y plantea la más incómoda de las preguntas: ¿Qué hacer con los cadáveres?“Esta es un relato sobre tumbas”, señalaría Coleite. “Trata sobre decir adiós y sobre seguir adelante. Todos aquellos que han sobrevivido son los que tendrán que llevar la pesada carga del legado y del dolor.  Me gustan los personajes que han sufrido daños. Particularmente soy un ser humano que lo ha pasado mal, así que gravito sobre ellos. Esta historia cierra un capítulo en el Universo Ultimate y, al mismo tiempo, prepara el escenario para las historias que habrán de llegar algún día. Esto no es el final”.

 

A lo largo de su andadura, casi se pueden identificar los periodos de Ultimate X-Mencon las diferentes épocas vividas por los mutantes en su versión clásica. La innovación y la sorpresa permanente de Millar y los Kubert se identifica con la memorable etapa de Claremont y Byrne; el cuidado hacia el diálogo y la caracterización que trajo Vaughan enlaza con los mutantes de los años ochenta, entregados a la soap opera, mientras que los tiempos de Kirkman encuentran su reflejo evidente en los grandes crossoversde los años noventa. Agotadas las influencias de los últimos treinta años, Ultimate X-Menvuelve a la casilla de salida. Los hombres-X definitivos se encuentran en la misma encrucijada que el resto del Universo Ultimate. Ha llegado el momento de buscar una nueva voz, de construir un nuevo edificio que no se parezca a ningún otro. El primer ladrillo de esa construcción lo pondría el propio Loeb, en la historia recogida en Coleccionable Ultimatenº 55. Ultimate X: El hijo de Lobezno. A partir de ahí, sería el momento de recorrer un camino para el que, por primera vez en diez años, no había hoja de ruta.

 

Artículo procedente de Coleccionable Ultimate. Ultimate Spider-Man nº 15

ULTIMATE X-MEN: BAJO LA SOMBRA DE APOCALIPSIS

Este volumen contiene el último arco argumental que desarrollara Robert Kirkman no sólo para Ultimate X-Men, sino también para Marvel. A mediados de 2008, el guionista decidió abandonar La Casa de las Ideas, para la que había desarrollado proyectos de diferente fortuna, desde las dos primeras miniseries de Marvel Zombies hasta El Incorregible Hombre Hormiga. A partir de ese momento, se concentraría en cómics de creación propia. Sus dos series más populares, Invincible y The Walking Dead, ya eran fenómenos de fan en aquel entonces, pero que el nombre de Kirkman fuera conocido entre los marvelitas también ayudaría a cimentar su leyenda.

 

Kirkman hizo de su marcha un triunfo ideológico: los auténticos autores de cómic podían beneficiarse de la proyección que ofrece una gran editorial como La Casa de las Ideas, pero al cabo de un tiempo su deber es independizarse y encontrar el verdadero éxito entre personajes que hubieran surgido de su imaginación. En el discurso del guionista, las principales editoriales pasaban a ser entes a los que combatir en beneficio del verdadero talento. Sorprendía encontrar tales apelativos en aquel que había suplicado en las oficinas de Marvel que le dejaran escribir Ultimate Spider-Man. Quién sabe si cambió de idea porque se había encontrado con demasiadas puertas cerradas. O quizás, simplemente, él mismo cambió de manera de ver las cosas. Los juguetes de su infancia ya no le resultaban tan satisfactorios. Porque eso es lo que había podido hacer en su tiempo en Marvel, jugar a su antojo. Quizás pocos como él habrían tenido la opción de contar la historia por la que Los Vengadores acababan devorando a los ciudadanos que tenían que defender, y de igual manera pocos gozarían de la libertad para organizar a su antojo los mitos de La Patrulla-X, para presentarlos de manera novedosa y radicalmente distinta a los modelos originales.

 

La primera sorpresa había llegado con Cable, un soldado venido del futuro, como en el Universo Marvel clásico, pero que resultaría ser Lobezno envejecido. A partir de ahí, todo lo que cabía esperar era la sorpresa, por más que Kirkman recurriera a los más populares elementos de la franquicia. Su etapa se iría narrando por acumulación, incorporando nuevos personajes y situaciones, hasta llegar al apoteosis final, el que se cuenta en estas páginas, y en el que asistimos al enfrentamiento definitivo contra Apocalipsis. Este villano, creado por Louise Simonson y Jackson Guice en X-Factor#5 UA (1986) evolucionaría de malo de segunda hasta amenaza inconmensurable. En la comentada serie, Simonson desarrollaría en profundidad su background, para desvelarnos que se trataba de En Sabah Nur, el primer mutante que había caminado sobre la Tierra y que, siguiendo doctrinas eugenésicas, perseguía la supervivencia de los más fuertes. Ya en los noventa, los autores de las diferentes series mutantes, desarrollarían “La Era de Apocalipsis”, un mundo alternativo en el que Charles Xavier murió antes de formar La Patrulla-X, lo que habría permitido al villano ascender hasta el poder absoluto. El personaje viviría, ya en el siglo XXI, una segunda edad dorada, gracias a los trabajos de Rick Remender en Imposibles X-Force. Que sea la gran amenaza del largometraje X-Men: Apocalypse (2016) de Bryan Singer garantiza un futuro igualmente dorado.

 

Como en la Tierra-616, el Apocalipsis de Kirkman es un villano de primer nivel, contra el que cualquier defensa es poca. En busca de un cierre por todo lo alto, el guionista incorpora en el choque a otros muchos personajes, como Spiderman o Los Cuatro Fantásticos, pero las dos mayores sorpresas siguen en terreno del Homo superior. La primera, no es otra que Onslaught. Se trata del gran contrincante con el que Marvel unió el destino de los mutantes y del resto de su cosmos en 1996. El evento tuvo una suma importancia, ya que con él se cerraban un montón de argumentos que llevaban coleando desde bastantes años atrás. Hay que destacar los paralelismos de aquella historia con la que aquí ofrece Kirkman: Bishop llegó del futuro revelando que un traidor dentro de La Patrulla-X había acabado con el grupo. Su misión en nuestro tiempo era impedir que tal cosa ocurriera. Sin embargo, desconocía el nombre del traidor, y su identidad fue motivo de especulación por parte de los lectores durante todo un lustro. Cuando finalmente llegó la hora de revelar la verdad, Scott Lobdell, el único guionista de toda aquella época que permanecía en su puesto, confesó que no tenía ni idea de quién podía ser la oveja negra de los hombres-X. Mark Waid, recién llegado a la Franquicia Mutante, tuvo una brillante idea: que se tratara de un Charles Xavier arrastrado a la locura, después de haberse pasado años ocultando su amor hacia Jean Grey, un detalle que Waid extrajo de un diálogo perdido en uno los primeros números de Stan Lee y Jack Kirby. Los editores de la época descafeinaron un tanto la solución, al retocar un importante aspecto del concepto: El Profesor-X sería el traidor, pero arrastrado por su lado oscuro, una criatura que llegaría a cobrar vida propia y, en un momento dado, a independizarse físicamente de Charles Xavier. Esa criatura era Onslaught, y para vencerle fue necesario contar con Los Vengadores y Los 4 Fantásticos, quienes dieron su vida para acabar con él, aunque en realidad Franklin Richards los trasladó a un universo de bolsillo, donde permanecerían a salvo durante doce meses.

 

Casi quince años después, Kirkman repetía muchos de los elementos que tuviera aquel gigantesco evento (¡incluso el cuelgue de Xavier por Jean!), pero a su vez introduciría enormes variaciones, como que el verdadero enemigo sea En Sabah Nur, y no Onslaught, que Cable jugase un papel esencial en la historia… ¡O que Fénix irrumpiera en la refriega final! Ella es la otra gran sorpresa que se guardaba el escritor, con la que ataba cabos sueltos que estaban presentes en la serie desde los tiempos en que Mark Millar se encargaba de ella. “Todo lo que he hecho aquí ha conducido a Apocalipsis”, señalaría. “No le veo mucho sentido a aferrarme al sillón y seguir en la serie más allá de este punto. Cuando me la asignaron, estaba muy emocionado, porque era como si estuviera escribiendo todas las series mutantes de un universo concreto. Sólo hay un cómic de La Patrulla-X en la línea Ultimate, y tienes todo el elenco de personajes para jugar con ellos. Sin embargo, luego las cosas se volvieron un tanto inmanejables. Si tuviera que criticar mi propia etapa, diría que ése ha sido el mayor defecto que ha tenido, pero la mayor parte del tiempo disfruté recurriendo a tantos personajes”.

 

Artículo procedente de Coleccionable Ultimate. Ultimate Spider-Man nº 14

ULTIMATE X-MEN: LOS HOMBRES QUE VINIERON DEL FUTURO

¡Ay, los años noventa! Son la década odiada del cómic de superhéroes, por mil y una razones. En aquel tiempo, un puñado de dibujantes revolucionaron la manera de hacer las cosas, encabezados por Jim Lee, Rob Liefeld y Todd McFarlane. Todos ellos tenían estilos que rompían con lo establecido y dejaban obsoletas a las viejas generaciones de artistas. Auparon las ventas de sus respectivas series, lo que les llevó a hacerse con el control de las mismas y vaciarlas de contenido. Bajo su batuta, los héroes perdieron su esencia, se volvieron rudos, malhumorados y asesinos. Los mayores excesos de aquella época vinieron de la mano de Liefeld, el hombre de las desproporciones, los dientes apretados y las armas gigantescas, y de su personaje más significativo: Cable.

 

Rob Liefeld apenas había dibujado unos pocos tebeos, primero para DC Comics y luego para Marvel, cuando La Casa de las Ideas dejó en sus manos The New Mutants. Ése había sido el segundo título de la Franquicia Mutante, creado por Chris Claremont y Bob McLeod en 1982 y protagonizado por un grupo de jóvenes que aprendían a manejar sus poderes mientras se ahogaban en la típica angustia adolescente al más puro estilo Marvel. La cabecera había discurrido por los cánones que podían esperarse del Patriarca Mutante, alzándose como una de las más vendidas de Marvel. En un momento dado, Claremont la había dejado en unas manos de confianza, las de Louise Simonson, que mantuvo intacto el estilo del título y la personalidad de sus protagonistas. Todo eso cambió con la irrupción de Liefeld, en The New Mutants#86 USA (199’0). Desde el comienzo, el dibujante se empeñó en introducir a un misterioso personaje, un veterano de guerra, con un brazo y un ojo biónico cargado de pesadas armas, que arrastraba un conflicto con un individuo igualmente misterioso, llamado Dyscordia, que lideraba un grupo terrorista, el Frente de Liberación Mutante. Cable, que era lo más opuesto que se puede ser a Charles Xavier, estaba destinado a convertirse en el mentor de Los Nuevos Mutantes, lo que motivó la marcha airada de Simonson, que Liefeld se quedara como argumentista de la serie y que ésta pasara a llamarse X-Forcetras The New Mutants#100 USA. El cambio de título estaba más que justificado, ya que de los alegres chavales de antaño no quedaba ni rastro: ahora era un ejército de niños soldados a las órdenes de un tipo siniestro y poco amigable, que sin embargo concitaba multitud de aficionados a su alrededor.

 

X-Forcese alzó como el primer éxito multimillonario de los años noventa. Liefeld contaría con la ayuda de un escritor en alza, Fabian Nicieza, que sería el que diera origen y sentido a Cable, al convertirlo en un viajero temporal llegado de un futuro remoto. Más adelante, una vez que Liefeld decidió dejar Marvel para fundar en compañía de sus coetáneos una nueva editorial llamada Image, Nicieza llegaría a completar la cronología del viejo soldado, al revelar que se trataba, en realidad, de Nathan Christopher Summers, el hijo perdido de Cíclope, que había sido enviado al futuro para sobrevivir a la infección tecno-orgánica que padecía. En paralelo, en la colección hermana Uncanny X-Men, triunfaba otro mutante salido de la máquina del tiempo, aunque de una época mucho más cercana que aquélla de la que venía Cable. En este caso, era un policía que respondía por el nombre de Bishop, concebido por Whilce Portacio y Jim Lee, que tenía un conocimiento parcial de la historia de La Patrulla-X. Sabía que había un traidor en sus filas, aunque desconocía de quién se trataba. Al igual que a Cable, le encantaban las armas de imposible tamaño y aunque no le brillaba ningún ojo, tenía una M tatuada en la cara que también imponía mucha admiración entre los lectores más jóvenes.

 

Los periplos particulares de Cable y Bishop darían forma a la Franquicia Mutante durante los años posteriores, en los que también cobraron importancia Apocalipsis y Onslaught, villanos estrechamente ligados a estos dos personajes. Al cabo de los años, los gustos del público cambiaron, y ambos pasarían a una discreta segunda posición. A mediados de los 2000, aquellos dos hombres que llegaron del futuro parecían cosa del pasado. Quizás por eso Robert Kirkman pensó que era el momento de ofrecer su versión Ultimate. En ella, introduciría algunos de los aspectos utilizados en los modelos de partida, como el hecho de que fueran viajeros temporales, pero sobre todo tomaría la sorpresa y la incertidumbre inicial acerca de cuáles eran sus objetivos. Por ejemplo, su Cable no quiere acabar con ningún Dyscordia: su objetivo es el mismísimo Charles Xavier. Pero lo más importante es que su identidad es completamente distinta de la que cabría imaginar, ya que no se trata del hijo de Scott Summers. ¿Qué llevó al escritor a realizar todos estos cambios? Así lo explicaba: “Quería hacer algo totalmente diferente que cogiera desprevenidos a los lectores y que sirviera de catalizador a todas las historias que tengo planeadas para el próximo año. Estoy intentando volver al espíritu de los primeros números de Mark Millar, cambiando y removiendo las cosas, introduciendo personajes de maneras diferentes a como lo hicieron en la continuidad tradicional y dotando de más originalidad a algunos elementos”.

 

La aventura de Cable brilla en el corazón de este tomo, pero como aperitivo de excepción tenemos un Annual, protagonizado por Dazzler y Rondador Nocturno, y que cuenta con dibujo de Salvador Larroca. La participación de este artista debe significarse, puesto que Larroca fue quien hizo el diseño de personajes y quien estaba designado para hacerse cargo de Ultimate X-Men desde el primer número, aunque las circunstancias impidieron que tal cosa fuera posible. Un lustro más tarde, Larroca volvía a entrar en contacto con los mutantes definitivos, en un cómic en el que dejaba ver su pasión por el cine. Las primeras páginas vienen a ser una réplica, aún más salvaje y electrizante, de la escena de apertura de X-Men 2, en la que asistíamos al asalto de Rondador Nocturno a la Casa Blanca y al despacho oval. En aquella ocasión, aunque un cuchillo estuvo muy cerca de la garganta del presidente, Rondador sería finalmente vencido. ¡Pero el Universo Ultimate se caracteriza por no sujetarse a las reglas!

 

El tomo contieneun pequeño pero significativo relato, que también formaba parte del Annual, con el que Kirkman quiso dar respuesta a una cuestión que coleaba desde los primeros tiempos de la serie. En las entrevistas que concedió Mark Millar poco después de comenzar a guionizar Ultimate X-Men, el escritor insinuó que Mística, la gata de Charles Xavier, era de hecho la mutante multiforme. Sin embargo, una vez que Millar dejó la cabecera, Brian K. Vaughan tuvo oportunidad de mostrar a la auténtica Mística… ¡Y ésta no estaba precisamente infiltrada en la mansión mediante su aspecto felino! La mutante azulada se intercambió por Magneto para que éste pudiera escapar de su confinamiento en el Triskelion, y allí ha seguido todo este tiempo. Quedaba claro, por tanto, que Mística y la gata son dos entidades diferentes. ¿Por qué entonces Xavier llamó así a la felina? Kirkman lo resuelve en apenas tres páginas, donde nos desvela una antigua relación sentimental entre la metamorfa y Xavier. Curiosamente, es la única fuente literaria que plantee tal cosa entre ambos personajes. Quién sabe si este puñado de viñetas inspiraría a los guionistas de la película X-Men: Primera Generación.

 

Artículo procedente de Coleccionable Ultimate. Ultimate Spider-Man nº 12

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