MARVEL EN AGOSTO DE 2018: TODOS LOS ACONTECIMIENTOS DESTACADOS

27 de agosto

El servicio de streeming de Disney se llamará Disney Play

 

25 de agosto

Conan The Barbarian #1, por Jason Aaron y Mahmud Asrar

The Best Defense, equipos creativos

 

24 de agosto

Guardians Of The Galaxy vol. 3, retrasada indefinidamente

 

23 de agosto

Termina la etapa de Max Bemis en Caballero Luna

 

21 de agosto

Pedidos de Marvel para noviembre

 

20 de agosto

Riri Williams: Iron Heart #1, por Eve Ewing y Kevin Libranda

 

17 de agosto

Equipos del revival de Marvel Knights

 

16 de agosto

Dead Man Logan #1, por Ed Brisson y Mike Henderson

Iron Fist Season 2 Trailer

 

15 de agosto

TPBs mensuales de DECADES, la celebración del 80º Aniversario

Web Of Venom: Carange Born by Donny Cates y Danilo Byruth

 

11 de agosto

Fecha, autores y formula detrás de The Uncanny X-Men

 

8 de agosto

Chip Zdarsky deja Peter Parker: The Spectacular Spider-Man

Los rocambolescos planes de Sony para un Spider-Man Universe

 

2 de agosto

Unstoppable Wasp será abierta

Sony anuncia película de Kraven

 

CACERÍA MACABRA: LA HERENCIA DEL CAZADOR

De todos los villanos de Spiderman concebidos por Stan Lee y Steve Ditko, Kraven El Cazador nunca estuvo entre los más apreciados por el fandom. El Doctor Octopus, El Duende Verde, El Hombre de Arena, Mysterio, El Buitre, El Lagarto o incluso Electro eran preferidos por los lectores frente a aquel hombre de la selva, engreído y pagado de sí mismo, que en pocas ocasiones había conseguido poner en jaque al trepamuros. Sin embargo, y pasados muchos años desde su nacimiento, Kraven consiguió alzarse sobre todos ellos, para ocupar un lugar de honor en el imaginario Marvel.

 

 

Sergei Kravinoff estaba ahí, disponible, casi vacío, esperando a que llegaran los autores que le dieran grandeza y carisma. Y esos autores llegaron. En 1987, J. M. DeMatteis y Mike Zeck construyeron la más escalofriante aventura de Spiderman jamás narrada: “La última cacería de Kraven”. DeMatteis tomó al villano en sus brazos y lo llevó más allá de lo que nunca nadie se hubiera atrevido, partiendo de los pocos rasgos característicos que tenía: su condición de miembro de la decadente aristocracia rusa, su retorcido sentido del honor y su estupor ante el mundo moderno, contrapuesto a la nostalgia por un supuesto paraíso perdido, que él identificaba con la jungla: el lugar donde, a su juicio, cada uno ha de enfrentarse contra sus demonios interiores. En el caso de Kraven, ese demonio no era otro que Spiderman… O como le gustaba llamarlo a él: La Araña. Una terrible criatura, más que humana, pero que tras la máscara no era otro que Peter Parker… “Un tipo al que el destino dio una palmadita en el hombro”, como se definía éste durante el curso de la aventura, en la que Spidey era enterrado vivo mientras Kraven tomaba su lugar. Aquella experiencia resultó única para los lectores de Spiderman, y acabó de la única manera que podía acabar: con el suicidio del villano.

 

“La última cacería de Kraven” constituyó un pequeño milagro: la confluencia de factores que, en cualquier otro momento, no se habrían encontrado. DeMatteis en un momento deprimente de su vida en que se sentía tan enterrado como el propio Spidey en la saga; un argumento que había pasado por el escritorio de varios editores, y aplicado a personajes tan distantes entre sí como Batman y el Hombre Maravilla, pero que nunca llegó a contar con luz verde hasta entonces; Mike Zeck como gran artista, después de acometer la visionaria miniserie de El Castigador; un fichero de personajes Marvel que se abrió por el lugar correcto cuando el guionista buscaba el antagonista apropiado; unas lecturas de clásicos rusos que no dejaban de resonar en su cabeza… No es extraño que la aventura fuera abrazada por los lectores del momento y alzada a la categoría de mito, de obra maestra, de cómic generacional. Su eco continuó resonando durante los años siguientes, hasta alcanzar la actualidad. Porque, más de veinte años después, llegaba una nueva historia, heredera directa de la original, en la que el linaje de los Kravinoff emprendía el camino de la venganza contra La Araña.

 

“La cacería macabra” marcó el episodio final de “El Desafío”. Se trataba de un monumental tributo a la labor realizada por DeMatteis y Zeck, tanto que el primero de ellos no sólo tuvo oportunidad de dar su aprobación a la misma, sino de participar de ella, mediante un relato de background que apareció como complemento de cada uno de los episodios. Pero “La cacería macabra” era también algo nuevo, relevante y brutal. Al construir el guión, Joe Kelly se desmarcó de su encasillamiento como guionista con toques humorísticos, que llevaba a cuestas cada vez que se aproximaba a Spidey. En su lugar, sacó a pasear sus habilidades camaleónicas. Stephen Wacker, el editor de la franquicia arácnida, tuvo que leer los borradores con muchas luces encendidas a su alrededor, a causa de los escalofríos que le producían.

 

“Quería que los Kraven fueran una familia aterradora”, explicó Kelly al respecto. “Todos hemos sido bastante brutos en los últimos arcos de Spidey, pero mi objetivo era empujarlo mucho más allá de los límites. Además, parte de la historia tiene que ver con el ‘adelgazamiento de la manada’ arácnida, por así decirlo”. Se refería, el autor, a la presencia de personajes señalados dentro del entorno arácnido y extraídos de diferentes épocas: estaba los míticos ochenta, a los que se adscribían Madame Web o Julia Carpenter, la sucesora de Jessica Drew como Spiderwoman; estaba la seminal época de Joe Michael Straczynski, de donde se rescataba la figura de Ezequiel, y en la que había nacido Araña, la trepamuros latina; pero los lectores también se encontraron con personajes procedentes de la olvidada etapa de Howard Mackie y John Byrne, de la que provenía Mattie Franklin, la tercera y fracasada Spiderwoman, o el periodo maldito del regreso del clon, en la que se encuadraba Kaine, el clon imperfecto de Peter Parker. Kelly quería hacerlo todo suyo, escribir un relato consistente y coherente con la tradición del personaje, porque necesitaba de unas extraordinarias dosis de legitimidad, de cara al fin que perseguía la trama y que conviene descubrir en su lectura.

 

No menos importante fue la labor de Michael Lark, el artista apropiado a la hora de sumergir en la oscuridad el tradicionalmente luminoso mundo de Spidey. “He dibujado más lluvia, sangre y carne podrida de las que he tenido que dibujar en ninguna otra serie”, señaló. Su nombre estaba habitualmente asociado con entornos más realistas, como los que había dibujado en Gotham Central, The Pulse, Daredevil o Captain America y nunca antes se había acercado al trepamuros. Quizás por eso fue requerido para una historia que, desde su excepcionalidad definitoria, precisaba de un artista capaz de conjurar entornos oscuros, entre la decadencia y lo macabro, pero sin escapar de una escalofriante cotidianeidad.

 

“La cacería macabra” marcó la conclusión de “El desafío”, el monumental cúmulo de aventuras unidas por la figura en las sombras de los Kravinoff, que había llevado al límite las capacidades tanto de Wacker como de todo el equipo en que se apoyaba. De manera indirecta, señaló lo cercano que estaba el final de “Un nuevo día”. Todavía quedaban cabos sueltos por atar, deudas pendientes que pagar y espacios por ordenar, dentro de la siempre caótica existencia de Peter Parker, pero el ambiente ya estaba impregnado de despedida. Era el olor que dejaba la lluvia después de haber caído copiosamente sobre la tierra del cementerio, aquel cementerio donde quedaba una ya inútil lápida.

 

 

Texto procedente de Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 28

SPIDERMAN Y «UN NUEVO DÍA»: LOS DÍAS QUE VINIERON DESPUÉS

Los cuatro primeros arcos argumentales que se plantearon en el Amazing Spider-Man de “Un nuevo día” sirvieron de carta de presentación a los diferentes autores que había fichado Stephen Wacker para que narraran la vida del trepamuros en esa fase trascendental. Una vez puestas las cartas encima de la mesa, y todavía con la furia desatada por “Un día más” resonando entre los fans, llegaba el momento mirar hacia delante y desarrollar la fórmula elegida. Wacker era el director de orquesta de un puñado de guionistas y dibujantes con los que enseguida tocó hacer permutaciones. Aunque en muchas ocasiones éstas fueran consecuencia de las circunstancias, darían lugar a interesantes resultados.

 

 

LA MAGIA DE LA CÁMARA

La presencia de Steve McNiven y Salvador Larroca, dos de los artistas con los que se puso en marcha “Un nuevo día”, estaba sólo contemplada para esos sendos arcos argumentales, de manera que Wacker se vio en la necesidad de cubrir sus huecos. A tal efecto, había contratado tanto a Marcos Martín como a Barry Kitson, dos profesionales que, pese a su excelencia, no gozaban de la categoría de estrella que se merecían. Fue el español Martín, de trazo limpio, narrativa elegante y con una tendencia a establecer interesantes juegos de composición en cada página, quien acompañó a Dan Slott en su segunda intervención en “Un nuevo día”. Si bien haber sido el responsable de trazar las líneas maestras del escenario y el que para ello contara con alguien de la relevancia de McNiven a su lado ya habían colocado a Slott como el más destacado de los autores de la serie, la lectura de “Peter Parker, paparazzi” vino a confirmarlo. La base del relato se encontraba en la deriva amarillista que había tomado el Daily Bugle, ahora DB, tras la salida de Jonah J. Jameson y su sustitución por el poco escrupuloso Dexter Bennet. En esas circunstancias, Peter debía reciclarse laboralmente, y pasar de hacer fotos a su alter ego arácnido a perseguir famosos, como ya adelantaba el título. Slott abordaba los límites éticos de ese oficio de rapiña, lo cual no dejaba de ser interesante ante un personaje con tendencia a caer en el error para luego rectificar, como es el caso de Spidey, pero los verdaderos atractivos de la historia estaban en el regreso de un importante secundario, en cuyos diálogos el guionista deslizaba llamativas indirectas acerca no sólo de la polémica surgida alrededor de “Un día más”, sino de la manera en que la editorial, en especial Joe Quesada, había manejado el asunto. El segundo punto de interés estaba en la villana, Muñeca de Papel. De todos los nuevos enemigos arácnidos surgidos durante “Un nuevo día”, quizás fuera la más original, con un toque escalofriante muy bien representado por Martín.

 

ESPERANDO A LOS CLONES

El relevo de Slott y Martín lo tomaban Bob Gale y el mencionado Barry Kitson, con una trama centrada en el bar de apuestas frecuentado por villanos de segunda categoría que ya venía apareciendo en números anteriores y que ahora saltaba a primer plano. A priori, se presentaba como una oportunidad para dar algo de brío a viejas caras, como las de Los Forzadores, que tenían pocas ocasiones de brillar. Spidey se había nutrido en muchas ocasiones de esa clase de amenazas a pie de suelo, que no significarían ningún problema para otros héroes, pero que a él podían darle dificultades. Frente a la trascendencia de tipos como Morlum o El Duende Verde, esos villanos aportaban una ligereza propia del mundo arácnido. Desde la portada, además, se jugaba al despiste, planteando la posibilidad de que los clones volvieran a entrar en la vida del Hombre Araña, como ya había ocurrido en los años noventa. ¿Qué opciones reales había de que tal cosa ocurriera? Muy pocas, pero aquí Wacker y los suyos jugaron por primera vez con la idea. No sería la última.

 

AHORA TODOS JUNTOS

El Amazing Spider-Man #564 USA (2008) fue la prueba de que las estructuras de “Un nuevo día” eran moldeables y Wacker jugaría con ellas siempre que tuviera oportunidad. “¡Colisión a tres bandas!” permitía a Guggenheim, Gale y Slott, tres de los cuatro guionistas de la writer’s room arácnida, tejer a seis manos una frenética historia, en la que Spidey perseguía a Turbo, otra de las incorporaciones criminales a la franquicia, durante todo el cómic. El editor estaba ensayando fórmulas por el sistema de prueba y error. Ésta, por las razones que fueran, no cuajó más allá del episodio en concreto y nunca volvería a repetirse, pese al ambiente cordial que se respiraba en la oficina. Así lo contaba Slott en aquel entonces: “Estamos trabajando juntos con una especie de mentalidad de colmena, y eso supone mucho esfuerzo. Hay muchas reuniones, muchas cadenas de correos electrónicos. Vamos y volvemos sobre muchas cosas. Es emocionante. Me gustan especialmente las sesiones en que estamos todos juntos en la misma habitación. Planeamos cosas a largo plazo para Spidey y es emocionante. Stephen Wacker es quien se asegura que el tren no descarrile. Eso es brutal. ¡Tres veces al mes! ¡Es una locura! Trabajas y trabajas y trabajas y escribes tres números. Normalmente eso son tres meses de trabajo, pero entones bang bang bang, tres disparos seguidos y pasamos a lo siguiente. Tengo mis tres primeros guiones terminados. El primer número de mi siguiente arco ya lo está dibujando alguien. ¡Y esta semana entrego la primera parte del siguiente que hago después de ése! No va a salir hasta verano del año que viene. Nos estamos dejando los cuernos para asegurarnos de que funciona”.

 

Y ENTONCES, LLEGARON LOS KRAVEN

La aventura que da título a este volumen es la que lo cierra, y tuvo una importancia determinante, más de lo que podría imaginarse con su mera lectura. Desde el título “La primera cacería de Kraven” evocaba a la que muchos consideraban como la mejor historia de Spiderman de todos los tiempos, “La última cacería de Kraven”, con la que J. M. DeMatteis y Mike Zeck habían llenado de oscuridad el mundo del trepamuros a finales de los años noventa. La mítica historia había supuesto también la muerte del villano, pero desde entonces, de cuanto en cuanto, ya fuera el propio DeMatteis, ya fueran otros autores, habían recurrido a la familia de Sergei Kravinoff como sustituta del difunto. En esta historia en concreto, se presentaba a Ana, la más joven del clan, que trataba de repetir la hazaña del patriarca. Daredevil también se veía envuelto en la refriega, lo que permitía a los fans continuar con su especulación alrededor de en qué consistía exactamente que la identidad de Spidey volviera a ser secreta. “La primera cacería” podía haberse quedado en anécdota, pero en realidad fue la primera semilla de la más importante saga que llegaría a narrarse durante “Un nuevo día”.

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 16