SOMBRAS DEL PASADO: DE LA GATA NEGRA A NORMAN OSBORN EN “UN NUEVO DÍA”

En los años ochenta, mucho antes de que decidiera asentar la cabeza y casarse, el trepamuros vivió el más ardiente romance de su historia. Decimos el trepamuros y decimos bien, porque La Gata Negra, la espectacular ladrona de buen corazón con la que Spidey compartió cama y hazañas superheroicas durante una buena temporada, no quería saber nada del hombre detrás de la máscara. Felicia Hardy fue una de las grandes atracciones de la época, y su impronta quedó marcada en el Hombre Araña de tal manera que el personaje regresó de forma intermitente a lo largo de los años del matrimonio. La gran diferencia que encontraron los guionistas arácnidos en 2010 es que ese matrimonio había dejado de existir. ¡Miau!

 

La Gata Negra fue una creación de Marv Wolfman y Keith Pollard que había debutado en The Amazing Spider-Man #194 USA (1979). Desde el principio entabló una química muy especial con el protagonista de la serie, que tenía que dar caza y captura a una delincuente por la que se sentía extraordinariamente atraído. Felicia Hardy y Spidey estuvieron varios años jugando, nunca mejor dicho, el juego del gato y el ratón, hasta que ella se alzó como la gran novia arácnida de los años ochenta, en un romance auspiciado por la etapa que estaba escribiendo Roger Stern en The Amazing Spider-Man, pero que desarrolló fundamentalmente Bill Mantlo en la colección hermana, Peter Parker, The Spectacular Spider-Man. Ambos formaban pareja tanto en la vida privada como en las aventuras que vivían en las calles de Nueva York, y ocurrieron circunstancias tan peculiares como que, durante una temporada, las fotos que vendía Peter al Daily Bugle eran las que hacía Felicia. Pero la relación tenía un indudable problema de confianza: cuando el trepamuros se desenmascaró ante su nuevo amor, ella rechazó de plano a Peter Parker, puesto que quien de verdad le resultaba atractivo era el Hombre Araña, no un individuo convencional y sin el menor atractivo. Felicia además no se sentía a la altura de Spidey frente a villanos temibles, como El Duende, así que pactó con Kingpin que le concediera poderes “de mala suerte”. El secreto fue, en último término, lo que dio al traste con la relación, dejando poco después la vía abierta para que Mary Jane entrara en escena y se encadenara a Peter en matrimonio.

 

En los años siguiente, La Gata Negra siguió formando parte de la vida de Spiderman, pero de manera intermitente y girando alrededor de otros personajes secundarios, como Flash Thompson, con el que estuvo saliendo una temporada. En 2002, una miniserie compartida entre Spidey y Felicia la colocó de nuevo en el disparadero. La historia de Kevin Smith, con dibujo de Terry y Rachel Dodson, descubrió al personaje a nuevas generaciones y lo redefinió para el siglo XXI. La Gata Negra repitió durante la etapa de Mark Millar y también de los Dodson, en Marvel Knights: Spider-Man, pero se perdió de vista con la locura en que se convirtió la vida de Spidey a partir del momento en que se unió a Los Nuevos Vengadores. Es así como llegamos al momento actual, en que Mary Jane vuelve a formar parte de la vida de Peter, después de una larga ausencia, pero hay un hecho diferencial evidente, y es que ya no es su esposa. El editor Stephen Wacker encargó en este punto a Joe Kelly que tejiera una historia de enredo, en que La Gata Negra recupera su actitud de los años ochenta, con su interés delimitado al Hombre Araña, y no a quien quiera que sea cuando se quite la máscara, y con muchas otras mujeres revoloteando alrededor de su figura: Carlie, Michelle, Norah y, por supuesto, Mary Jane.

 

“No veía la hora de recuperar a la Gata Negra”, confesó Kelly en aquel momento. “Es muy divertida, y consigue meter siempre a Spiderman en enormes líos. Es una fuerza irresistible de la que Peter no puede apartar sus ojos. Con ella alrededor, sabes que las cosas saldrán mal, pero no puedes evitarlo”. El relato inicial dedicado al personaje se ve complementado con una segunda historia, también escrita por Kelly, con dibujos del madrileño Ken Nimura. En Estados Unidos, se publicó en un número posterior de Amazing, pero en esta edición se adelante unos pocos números, para así mantener la unidad literaria, cronológica y temática.

 

El segundo bloque de este tomo lo ocupa la última saga escrita por Marc Guggenheim para Spiderman antes de marcharse de Marvel para concentrar sus esfuerzos en la televisión. En ella, se volvía sobre otra figura que había sido de enorme relevancia en el pasado del personaje, para luego desaparecer. Se trataba de Ben Reilly, el clon de Peter Parker que fuera creado por Miles Warren en una sobrecogedora historia a mediados de los años setenta y que a mediados de los noventa protagonizó la más larga y convulsa saga de la Franquicia Arácnida. Ben Reilly alcanzó tal importancia que llegó a sustituir al propio Peter en su papel de Spiderman durante una pequeña temporada, que finalizó ante las protestas generalizadas de los lectores. En aquel momento, y para acallar el vendaval de críticas, los editores y guionistas decidieron eliminar a Ben Reilly y certificar que se trataba del clon de Spidey. A partir de ese momento, se extendió una sombra de silencio sobre su figura, quedando vetada la posibilidad de su regreso. Guggenheim, no obstante, encontró una falla en ese edicto. Ben Reilly debía permanecer desaparecido, pero nadie había dicho nada sobre Kaine, el primer e imperfecto clon de Peter Parker, que en los noventa amagó con alzarse como uno de sus villanos más interesantes y cuyo potencial estaba todavía por desarrollar. El regreso de Kaine en estas páginas supuso el comienzo de un largo camino, que habría de desarrollarse a lo largo de los años posteriores.

 

Kaine fue elegido para inaugurar una nueva serie arácnida, Web of Spider-Man, consagrada a sustituir a los Amazing Spider-Man Extra y Amazing Spider-Man Family que se venían alternando hasta ese momento. Stephen Wacker volvió así sobre una cabecera histórica de los ochenta y los noventa, aquella en la que, precisamente, tuvo lugar el regreso de Ben Reilly. El propósito de esta nueva iteración era mucho más claro que el de los títulos que sustituía. Web of estaba consagrada a servir de background para Amazing. En la edición española, cada historia se ofrece intercalada en el momento argumental oportuno, de manera que el relato de Kaine con el que se inaugura la iniciativa antecede a la saga de Guggenheim. Su guionista es nada menos que J. M. DeMatteis, escritor de “La última cacería de Kraven” y que fuera el creador de Kaine en la miniserie: Spider-Man: The Lost Years (1995).

 

El tomo continúa de nuevo con Joe Kelly, que viene acompañado del que fuera su personaje fetiche, Masacre. En 1997, este guionista se dio a conocer a través de la primera y muy divertida serie abierta del Mercenario Bocazas, que encontró uno de sus momentos más destacados en un episodio donde Wade Wilson viajaba hasta el pasado y se integraba en un cómic mítico del Amazing Spider-Man de Stan Lee y John Romita… ¡haciéndose pasar por Spidey! Masacre gozaba de una renovada popularidad en el momento de publicarse la historia que aquí ofrecemos, de forma que era cuestión de tiempo que se cruzara en el camino del trepamuros, y qué mejor que hacerlo de la mano de Kelly. No sería sino el prólogo de una futura reunión mucho más ambiciosa.

 

Y para el cierre, una guinda muy especial: el episodio de Spiderman relacionado con “Reinado Oscuro: La lista”, en el que Dan Slott y Adam Kubert retomaban el argumento de “Hijo de América”. En “La Lista”, el jefe de HAMMER se proponía cumplir sus objetivos más ambiciosos, y entre ellos se encontraba la aniquilación de Spiderman. Poco imaginaba que el final de su Reinado Oscuro estaba cada vez más cerca, y que Peter Parker jugaría un papel fundamental en el mismo.

 

 

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 24

EL DAREDEVIL DE KEVIN SMITH Y JOE QUESADA: ACTO DE FE

Es extraño lo que sucede con Daredevil. No puede decirse que sea uno de los personajes principales del Universo Marvel, como Spiderman, Lobezno o Iron Man, pero sí es uno de los más queridos por los lectores. Nacido en 1964 de la mano de Stan Lee y Bill Everett como una especie de remedo del trepamuros con algunas características diferenciadoras, como pudieran ser su edad adulta o su ceguera, Daredevil no alcanzó pleno potencial hasta que en los ochenta se cruzó en el camino de un joven artista llamado Frank Miller. Éste realizó una larga etapa definitoria a comienzos de los ochenta, así como la que se podría considerar su mejor aventura, “Born Again”. Después de Miller, el Hombre Sin Miedo volvió a gozar de interesantes momentos, pero ninguno del impacto conseguido por éste. Y entonces llegaron los caballeros del ático.

 

Joe Quesada y Jimmy Palmiotti eran dos de los tipos más interesantes de la Nueva York comiquera. El primero de ellos había gozado del favor de los lectores a comienzos de la década, cuando le señalaron como uno de los hot artist del momento. Pero, en lugar de hacer lo que todos sus compañeros estaban haciendo, marcharse a la independiente Image y crear una serie de éxito que le reportara inmensas cantidades de dinero, optó por una vía alternativa: fundar estudio propio, al lado de su amigo Palmiotti, que le entintaría habitualmente los lápices. Event Comics estaba poniendo en las librerías títulos atractivos, como Ash, Painkiller Jane o 22 Brides, mientras que sus mayores artífices se posicionaban al margen de las guerras editoriales que libraban Marvel, DC e Image. Preferían dedicar su tiempo libre a trazar amistades y contacto con cineastas, actores y los más interesantes miembros del comic indie.

 

En Marvel las cosas no iban demasiado bien. La burbuja especulativa de los noventa, fruto de la guerra con Image, les había explotado en la cara y necesitaban soluciones de urgencia, que se empezaron a buscar fuera del entorno de La Casa de las ideas. El presidente de la compañía, Joe Calamari, fichó a los chicos de Event, con el objetivo de que relanzaran algunos de sus personajes. Anteriormente, un proyecto similar, acometido por estrellas de Image y llamado “Heroes Reborn”, había supuesto un pequeño fiasco, pero el planteamiento de Quesada y Palmiotti era distinto: prometieron hacer buenos cómics, no enfadar a los lectores veteranos y recrear el espíritu de cuando Marvel era atractiva, nueva y distinta. Calamari liberó para ellos el ático del edificio de oficinas en que se encontraba la editorial, el único piso que estaba por encima de su despacho. Marvel Knights, se llamaría la nueva línea, y en ella tendrían nueva vida Los Inhumanos, Pantera Negra, El Castigador, El Doctor Extraño… o Daredevil. De todos ellos, era el más destacado personaje, y por lo tanto también se alzó como el buque insignia del proyecto. Quesada y Palmiotti se implicaron al máximo en conseguir que fuera un auténtico éxito, no sólo de ventas, sino también de ilusión. Ellos se encargarían de dibujar y entintar, respectivamente, y para escribir se hicieron con los servicios del hombre por el que la industria del cómic suspiraba en aquel entonces: Kevin Smith.

 

Director de pequeñas, pero lucrativas películas como Clerks, Mallrats o Chasing Amy, Smith había sabido retratar a los chavales de la época con una inmensa autenticidad. A su vez, era un voraz consumidor de cómics y todo cuanto rodeaba a los cómics, hasta llegar a hacer de Stan Lee el personaje real que señalaba el camino a seguir en la vida al protagonista de Mallrats. Smith había escrito algunos cómics, fundamentalmente extensiones de sus películas, pero todo el mundo daba por hecho que acabaría haciendo algo para las grandes. Sólo faltaba saber qué. Fueron Quesada y Palmiotti, y por lo tanto Marvel, quienes le convencieron para subirse a bordo. El fichaje no podía ser más importante: Hollywood miraba por primera vez a los cómics como un ámbito de creación al que merecía la pena dedicarse. Detrás de él llegarían otros muchos: Ben Affleck, uno de los amigos de Smith, manifestó que nada le gustaría más que encarnar a Daredevil en los cines (y acabaría cumpliendo su sueño, pero ésa es otra historia); Joe M. Straczynski, el showrunner de Babylon 5, aceptó la misión de revitalizar a Spiderman; Joss Whedon, el hombre detrás de Buffy Cazavampiros, haría lo propio por La Patrulla-X, y a su vez las películas basadas en los superhéroes de Marvel pronto alcanzaron una popularidad como nadie podría haber imaginado.

 

Al contrario de lo que había sido “Heroes Reborn”, el Daredevil de Marvel Knights no pretendía reimaginar el personaje, ni poner el contador de sus aventuras a cero, ni romper con el pasado. Todo lo contrario, aunque la norma que venía siendo habitual en Marvel era renumerar cada colección a cuenta de la llegada de nuevos autores de empaque, Quesada sentía que estaban construyendo sobre una rica tradición, así que al lado de su firma de portada situó siempre una enigmática cifra de tres dígitos que avanzaba mes a mes, y que no hacía sino señalar cuál sería la numeración correcta en caso de que no se hubiera lanzado un nuevo número uno; la historia construida por Smith invitaba a que lectores que nunca se hubieran acercado al personaje lo hicieran a partir de ahora, pero estaba cimentada en las líneas maestras de la que había sido su trayectoria anterior, con especial atención a las relaciones personales de Matt Murdock, el alter ego del héroe, y también a sus lazos con otros personajes del Universo Marvel, como La Viuda Negra o Spiderman. Smith devolvió una gravitas y un tono al personaje similar al que tuviera en tiempos de Frank Miller, cimentado sobre unos diálogos ágiles y de naturalidad brutal, situaciones siempre al límite y una vuelta a la iconografía católica en la que hubiera sumergido Miller a DD. Por su parte, Quesada y Palmiotti se entregaron a fondo a conseguir que el arte fuera sobresaliente, barroco, acorde con la densidad, el dramatismo, la épica y la espontaneidad que ofrecía el guión.

 

Kevin Smith cumplió su compromiso de permanecer en la serie durante los ocho primeros números, de manera que concedió al Hombre Sin Miedo una entrada de lujo en la modernidad. Marvel Knights: Daredevil, cuyo fracaso hubiera enterrado cualquier riesgo que se atreviera a tomar La Casa de las Ideas, fue un inmenso éxito que impulsó al resto del sello coordinado por Quesada y Palmiotti, abrió una nueva edad de oro para Daredevil y sirvió de acicate de cara a los cambios audaces que convertirían a Marvel en el mayor gigantes del entretenimiento del siglo XXI. Era posible, venían a indicar sus artífices. Hacía falta talento, hacía falta valentía y, quizás, hacía falta un poco de fe en aquello que hacía verdaderamente grande a ese cosmos de ficción y sus habitantes.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Saga. Daredevil nº 1

SPIDERMAN Y LA GATA NEGRA: UN ADOLESCENTE EN BRAZOS DE LA MUJER FATAL

Las relaciones sentimentales de Peter Parker siempre han sido una parte esencial del interés de los lectores hacia la figura de Spiderman. Cuesta encontrar un periodo en la historia del héroe en que no haya estado saliendo con alguna chica o tratando de que hacerlo. De todas las novias con las que ha contado el Hombre Araña, una de ellas podría calificarse como diferente a las demás, y no hablamos de Mary Jane, sino de la mujer que se enamoró del héroe, y no de la persona de a pie. Y esa mujer es la Gata Negra.

Felicia Hardy, la ladrona de buen corazón, la escultural aventurera de melena plateada, la sensual dama que recorre los tejados del Universo Marvel, vino al mundo de la mano del guionista Marv Wolfman y el dibujante Keith Pollard, quienes narraban las andanzas de Spiderman a finales de los años setenta. Wolfman disfrutaba mucho con Bad Luck Blackie (1949), un corto animado de Tex Avery en el que un gato negro atraía la mala suerte de quienes le rodeaban, e incluso llegaban a pagarle por ello. En esencia, la Gata Negra mantiene esa característica, de manera que en su primer encuentro con el trepamuros, que tuvo lugar en The Amazing Spider-Man #194 y 195 USA (1978), éste no dejaba de padecer infortunios aparentemente casuales, que permitían a su enemiga burlarle una y otra vez, al tiempo que surgía una mutua atracción, con un primer beso incluido.

 

Aunque la Gata Negra moría, en apariencia, al final de la historia, no tardó en convertirse en un personaje recurrente. Para Spidey, suponía todo un desafío moral, puesto que Felicia Hardy seguía siendo una delincuente a la que llevar a la cárcel… De no ser porque resultaba más sencillo caer en sus brazos. El punto de inflexión se produjo cuando ella aceptó reformarse, tras lo que comenzaría un tórrido romance caracterizado por un importante detalle: la Gata Negra no estaba en absoluto interesada en Peter Parker, y de hecho no permitía que se desenmascarara ante su presencia. Ello no impidió que continuara un tórrido y tumultuoso romance que se desarrollaría durante buena parte de los años ochenta, con rupturas y reconciliaciones incluidas. En Marvel sólo apartaron a la pareja después de que se decidiera que Peter se casara con Mary Jane Watson. Así fue como se dejó atrás una relación adulta como no había ninguna otra en el Universo Marvel. La Gata Negra seguiría apareciendo ocasionalmente en las aventuras arácnidas, e incluso gozaría de su propia miniserie, hasta que cayó en el olvido, para ser recuperada ya en el siglo XXI, a través de una alucinante historia escrita nada menos que por el director de cine Kevin Smith, que reavivó el interés por la ladrona.

 

La edición original de Spider-Man / Gata Negra: El mal que hacen los hombres se extendió nada menos que de 2002 a 2006, cuatro años para apenas seis episodios, un retraso debido a la lentitud de Smith a la hora de entregar sus guiones. No es extraño que, en esa época, con Felicia Hardy de nuevo en el ojo del huracán, Brian Michael Bendis se planteara trasladarla al Universo Ultimate, algo que haría coincidiendo con una ocasión tan especial como la publicación del Ultimate Spider-Man #50 USA. En su versión definitiva, La Gata Negra mantendría la esencia del original. Al fin y al cabo, un concepto tan puro como el de una ladrona divertida y de curvas imposibles que vuelve loco al héroe lleva dándose en los cómics desde que Will Eisner cruzaba a Spirit con todo tipo de mujeres fatales. ¿Qué había cambiado que pudiera llamar la atención de los lectores? Pues la gran variación estaba en el propio Spiderman. Cuando el Hombre Araña clásico se cruzó por primera vez en el camino de Felicia Hardy, ambos eran dos personas adultas y experimentadas. En el Universo Ultimate, el caso es radicalmente distinto, puesto que aquí Spidey sigue siendo un adolescente de apenas quince años que no ha pasado de los besos y achuchones con su novia. ¿Qué hacer ante una chica tan atractiva y sexualmente abierta como la Gata Negra? ¿Y qué pensaría Mary Jane de todo ello? Mark Bagley, que había tenido oportunidad de dibujar a la Gata Negra a principio de los años noventa, durante su etapa como dibujante de Amazing, lleva a cabo un rediseño del personaje que ofrece ecos de aquella primera toma de contacto.

 

Por si las complicaciones fueran pocas, el arco argumental con el que se celebraba la llegada al medio centenar de entregas del Spiderman definitivo también contaría con la presencia de Elektra, otra peligrosa mujer con la que el trepamuros se había encontrado brevemente en el pasado, pero a la que tendría que enfrentarse de manera directa, después de que se hubiera puesto a las órdenes de Kingpin, siguiendo también la música, que no la letra, de viejas aventuras pertenecientes al Universo Marvel convencional. De nuevo, Bendis recurría a la mezcla de conceptos procedentes de diversos momentos de la historia de La Casa de las Ideas. Si las dos aventureras entre las que se sitúa el Hombre Araña enclavan su mayor época de popularidad en los años ochenta, el objeto de interés a partir del cual se desencadenan los acontecimientos, una tablilla que La Gata Negra roba a Kingpin, encuentra su origen en los años sesenta.

 

“La saga de la tablilla” original se desarrolló en The Amazing Spider-Man #68-77 USA (1969. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman: Crisis en el campus) y fue la más compleja trama tejida por Stan Lee como guionista arácnido, con John Romita y John Buscema como dibujantes. La tablilla del título contenía nada menos que el secreto de la inmortalidad, lo que desataba la codicia de Kingpin, pero también de Cabello de Plata, su rival mafioso. No se vayan todavía, que aún hay más, parece decirnos Bendis, ya que todo ello se cruza con la candidatura de Sam Bullit a la alcaldía o los problemas de Mary Jane con su padre. En el primer caso, estamos ante una historia que originalmente fue narrada por Stan Lee y Gil Kane en The Amazing Spider-Man #91 y 92 (1971) y a cuya literalidad casi se ceñiría Bendis: Sam Bullit se presentaba como un político corrupto que desataba una campaña de prensa contra Spiderman de la que se beneficiaba electoralmente. El trepamuros, junto al Hombre de Hielo, conseguía mostrar la verdad ante la opinión pública y la policía, que detenía a Bullit al final de la historia. En el segundo caso, el del trágico pasado familiar de Mary Jane, habría que avanzar más de diez años en el tiempo para encontrar el referente: hasta The Amazing Spider-Man #259 USA (1984), la alegre pelirroja no desvelaría a Peter sus problemas de niñez, en un relato presentado por Tom DeFalco y Ron Frenz.

 

Una vez más, Brian Michael Bendis recogía todos esos argumentos, surgidos de los más diversos puntos de la biografía clásica del personaje, para actualizarlos, reinterpretarlos y ofrecerlos a los lectores actuales como si fueran totalmente nuevos, para dar lugar a una sólida trama, ejemplo de la época dorada que atravesaba Ultimate Spider-Man cincuenta entregas después de su nacimiento.

 

Artículo originalmente aparecido en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 11.