1984. EL IMPACTO DE SECRET WARS EN LOS MUTANTES

El dragón hembra que se trae Lockheed de las Secret Wars apenas da problemas. En el rocambolesco número de vuelta (UXM 181, V 84) Claremont lo convierte en un Godzilla de enormes proporciones que desaparece al final del episodio. Ya se le ocurrirá más tarde una forma de explicarlo. Lo de Kitty es más complicado. Hace falta un razonamiento lógico que justifique el cambio de planes. Para ello, se vale de Doug Ramsey, un compañero de clase de Kitty que aparece por primera vez en TNM 13 (III 84). Doug y Kitty tienen los mismos gustos, la misma edad y se llevan de maravilla, lo que hace dudar a Coloso de sus verdaderos sentimientos. “Soy un campesino ignorante de una sociedad y una cultura tan extrañas que para ella podrían ser de otro planeta. Kitty fue un sueño. Quizás sea hora de despertar y enfrentarse a la realidad”, reflexiona (UXM 180, IV 84). Eso ocurre unas páginas antes de entrar en la máquina del Todopoderoso, en el mismo cómic en el que la Reina Blanca secuestra a Kitty. A falta de la Patrulla-X, los Nuevos Mutantes tendrán que rescatarla (TNM 15-17, V-VII 84), excusa argumental que justifica su ausencia de las Secret Wars. La relación con Coloso se rompe nada más volver éste del planeta del Todopoderoso (UXM 183, VII 84), con un diálogo en primera página, sencillo y duro como un millón de bofetadas.

 

-La Patrulla y tú fuisteis llevados a la otra punta del universo y no me has contado nada. Me siento herida. ¿Os pasó algo interesante?

-Conocí a alguien y nos enamoramos.

 

El Universo Marvel ha conocido rupturas amorosas, pero nunca una tan pegada a la realidad como la de Kitty y Coloso. La identificación del público adolescente con la serie vuelve a ser completa. “Le odio, Ororo. Con toda mi alma. Le quiero”. Son palabras de Kitty, pero podrían haber sido pronunciadas por casi cualquier seguidor de la Patrulla-X. La explicación lógica a lo que realmente ha ocurrido en las Secret Warsla pone Claremont en boca de Lobezno: “Es fácil añorar un amor perdido, fantasear sobre lo que pudo ser, aunque sabes que nunca llegará a serlo. Una buena excusa para no afrontar los riesgos y exigencias de la realidad”. El romance de Coloso se queda en aventura pasajera, en un pretexto del ruso para no luchar contra el miedo a que fracase su relación con Kitty. El UXM 183 es uno de los episodios que más satisfecho deja al Patriarca Mutante. Incluso la única pelea que contiene, una paliza entre Coloso y Juggernaut más propia de borrachos de bar que de mutantes, tiene que ver con el tema principal del amor adolescente roto. De nuevo, una divergencia editorial produce un excelente resultado. Sus chicos de papel son más humanos que nunca. A cambio, Claremont consigue una serie limitada para la Pryde, aunque todavía no tiene muy claro cuando va a poder escribirla.

 

El inicio de las Secret Wars coincide con el relevo de Weezie Jones al frente de la edición de los títulos mutantes. El UXM 182 (VI 84) es su último número. Ese mismo mes trabaja codo a codo con Ann Nocenti, la que va a ser su sustituta. Nocenti proviene de la crítica literaria y tiene algo de experiencia en la edición, aunque jamás ha trabajado con tebeos y mucho menos con nada relacionado con mutantes. A Claremont le convence su talante liberal y progresista. “No, nunca he trabajado en esto… pero meter palabras y dibujitos en pequeñas cajas e imprimirlas en papel higiénico me parece algo casi subversivo. ¿seguro que no tiene nada que ver con las drogas?”, bromea ella. El Padre Mutante siente que trabajar con Nocenti no va a ser muy diferente de lo que ha sido trabajar con Weezie.

 

-¿Pero qué se supone que tengo que hacer? -pregunta Nocenti

-Básicamente, consiste en llevarte a Chris a comer un par de veces por semana, querida. El resto ya verás que es bastante sencillo.

Algo desocupada (y aburrida) desde que Jim Shooter pusiera a sus órdenes a una corte de eficaces editores asistentes (Elliot Brown, Peter Sanderson), los nuevos horizontes de la Jones se concretan un mes más tarde con la aparición de Power Pack 1 (VIII 84), título protagonizado por un grupo de superniños. Por primera vez, Weezie firma como Louise Simonson. Espera que la Pandilla Poder triunfe entre los lectores más jóvenes. El éxito, sin embargo, le llega entre el público habitual del mercado directo.

En su primer mes como editora, Ann Nocenti prepara, con la ayuda de Weezie, un número en el que Pícara es la protagonista absoluta. Durante los meses anteriores, Claremont la ha sometido a duras pruebas para probar su lealtad a la Patrulla-X, lo que incluye un enfrentamiento contra Mística (UXM 178, II 84) o el absorber los poderes de un Coloso transformado en Piedra (UXM 179, III 84). En esta ocasión, el Padre Mutante recupera a Michael Rossi, agente de SHIELD y ex-amante de Carol Danvers. Pícara, en un momento de esquizofrenia, cree ser Carol Danvers y se comporta como ella. Comprende entonces que no sólo robó sus recuerdos, sino también sus emociones. “Ahora, cuando Carol te mira a ti o a sus amigos, sabe quienes sois y lo que debe sentir por vosotros gracias a la terapia de Xavier”, solloza Pícara. “Pero soy yo quien siente esas emociones”. En una de las escenas de más refinada tortura hacia uno de sus personajes, Claremont deja a ella llorando en el suelo, mientras Rossi se aleja tras despreciarla. “Me gustaría tener poder para matarte”, dice. “Y yo, amor mío. Y yo”, responde Pícara. Encumbrada por los lectores como una de sus mujeres-X favoritas, Pícara es, en definición de Claremont, la Bella Durmiente a la que todos los fans quieren despertar, aunque ello les cueste la vida.

CAPITÁN AMÉRICA DE RICK REMENDER: HORA DE AVENTURAS

En 2012, el ciclo más brillante de la historia moderna de Marvel había llegado a su fin. Desde la normalidad y complacencia por los logros acumulados, Joe Quesada dio paso a un nuevo Director Editorial, Axel Alonso, quien puso en marcha la primera iniciativa destacable de su mandato: Marvel Now! La operación consistía en huir de las zonas de comodidad, de manera que todos los autores intercambiarían sus sillas entre ellos. En el caso del Capitán América, Ed Brubaker, que había dado intensos días de gloria al Centinela de la Libertad, pero que se sentía hastiado por tantos años escribiendo superhéroes, cedió el testigo a Rick Remender.

¿Cómo rellenar el hueco que ha dejado el más aclamado guionista con el que jamás haya contado una colección? Si pretendes estar en ella durante mucho tiempo, si tu propósito va más allá de la mera emulación de las fórmulas que llevaron al triunfo de tu predecesor, sabes que sólo hay un camino posible: tomar una dirección distinta. ConEd Brubaker tuvimos al Capitán América relevante. Un espía perfecto, elJack Bauerde los tebeos. ConRick Remender, esa óptica queda en un segundo plano. El punto de partida no está en la carga política del personaje, sino en su lado más aventurero. Remender se pone como modelo la época de Jack Kirbyen calidad de autor completo del Centinela de la Libertad. Es una etapa que, en su momento de publicación, a mediados de los años setenta, se desmarcaba de cualquier significación ideológica para centrarse en gigantescas aventuras, de espectacularidad rampante y planteamientos excesivos, con Kirby en ebullición y sin nada que le frenara. De ella, Remender toma la locura extrema, los escenarios imposibles, la ciencia ficción desaforada y, por supuesto, la aventura a lo grande.

 

Uno de los villanos que Kirby creara entonces fue Arnim Zola, que siempre había fascinado a Remender y al que recurre ahora como amenaza omnipresente, en la que quizás sea la historia más destacable que ha protagonizado nunca. El autor llegó a barajarlo cuando escribía las aventuras del Agente Veneno, antes de saltar a primer plano entre los narradores de Marvel, pero no acabó de encontrar una historia que le hiciera justicia En su opinión, Arnim Zolaha sido subestimado por otros autores, que normalmente le reservan el papel de ayudante de Cráneo Rojo, como de hecho sucedía en la primera película del Capi. Remender identifica a Zola con Josef Mengele, el científico loco del nazismo: “Es alguien para quien la vida no es más que barro con el que jugar y que moldear. Todo es un gran experimento para él”, sostiene. “Carece de cualquier empatía. Es un sociópata en estado puro. Además, es un genio de alto nivel capaz de comunicarse con sus creaciones y es capaz de copiar la conciencia de manera digital”. El guionista le da mucha importancia a este detalle, del que también se sirve para dar vida al Cráneo Rojo deImposibles Vengadores. Se trata de llevar la relación entre Zola y el Capi hasta un nuevo nivel, que estén conectados como nunca antes lo estuvieron: “cuando veas a Zola en el futuro, quiero que sientas que es uno de esos grandes villanos que te dejan con la boca abierta. Es lo que quiero conseguir con esta saga”.

 

El reflejo natural de la utilización de Zola lo encontramos en el escenario del que se sirve: la llamada Dimensión Z, creada por Remender para esta ocasión, y en cuyo establecimiento perseguía la unión de los contrastes: un paisaje inhóspito, poblado por criaturas monstruosas que, por extraño que pudiera parecer, han establecido sus reglas sociales, que se ve sometido a la tecnología del biofanático y, en consecuencia, severamente alterado. Donde antes había llanuras polvorientas, irrumpen coches voladores y ciudades de cromo y metal, con la urbe concebida como base de operaciones del villano como mayor reflejo de la mente de aquél. Enfrente, encontramos a un Capitán América fuera de su territorio, que recurre a sus recuerdos del pasado como asidero frente a la locura que le rodea, y en concreto a una figura, la de su madre, a la que ningún otro autor se había acercado antes con excesiva profusión. Acerca de esos primeros años de la vida del héroe giran muchas de las ideas que Remender quería destacar: “Sabemos que creció en circunstancias muy duras, que se empeñó en ir a la II Guerra Mundialaunque fuera un alfeñique, y a partir de ahí sale lo demás. Pero la gran pregunta que creo que debo responder es: ¿Cómo llegó ahí? No naces siendo un superpatriota, increíblemente noble, un gran líder que nunca se rinde. Nadie lo hace. Puede que tengas unas aptitudes, pero tienes que ganártelo. Así que eso es lo que hizo Steve mientras crecía en el Lower East Sideen la Era de la Depresión. Se lo ganaba”.

 

El artista conminado a plasmar los presupuestos de Remender es un veterano de lujo de Marvel, que como tal había tenido oportunidad de dibujar al Capitán América en otras ocasiones, pero que nunca ha pisado su cabecera. La incursión de Romita Jr. en las praderas patrióticas coincide con un momento en que su arte se ha vuelto más espontáneo y suelto que nunca, huyendo de los detalles y de las rigideces anatómicas para centrarse en la espectacularidad de la orquestación. Desde esa óptica, coincide con el Kirby crepuscular que abordó el Capitán América en 1976. Es además el último trabajo de Romita Jr. para Marvel, antes de acometer un inesperado cambio de aires lejos de la editorial donde había desarrollado la práctica totalidad de su trayectoria. Como compañeros de viaje, el editor Tom Brevoort escoge al veterano entintador Klaus Janson, que ya hubiera trabajado junto a Romita Jr. en decenas de ocasiones, y al colorista Dean White, el mismo con el que contara en Kick Ass, y cuya paleta es fundamental a la hora de abordar tanto los horizontes quemados de la Dimensión Z como las calles humeantes de la Era de la Depresión.

 

El diseño de personaje del que parten todos ellos responde a la autoría de Jerome Opeña y John Cassaday, quienes en paralelo abordan al personaje en Los Vengadores de Jonathan Hickman e Imposibles Vengadores, del propio Remender. Ambos toman detalles aportados por el Capitán América cinematográfico para entrelazarlos con los elementos más icónicos del traje clásico, una tarea que explica con estas palabras Tom Brevoort: “Comenzamos con Jerome, que es un buen amigo de Rick y ha trabajado mucho con él. Pensamos que podría ofrecernos el tipo de cosas que estábamos buscando. Jerome hizo, creo recordar, tres rondas de diseños antes de que diéramos con lo que queríamos. Luego, John firmó para hacerImposibles Vengadores, serie que tiene una fuerte conexión con el Capi, así que le preguntamos si podía dejar el pecho con la cota de malla, porque lo que había hecho Jerome nos parecía bien, pero podía complicar mucho la vida a algunos dibujantes. El propio Joe Quesada se puso a dibujarlo y comentó que era un infierno”.

 

El ciclo de la Dimensión Z se desarrolla durante todos los números a cargo de Romita, Janson y White, pero no es más que el comienzo del largo camino trazado por Rick Remender y que todavía ha de extenderse durante varios años más, en los que su misión primordial no es otra que mirar a los ojos al hombre detrás del mito. “Steve Rogers pasó su infancia muerto de hambre y en la miseria, mientras cuidaba a una madre enferma, después de haber perdido un padre y un abuelo”, concluye el autor. “Dicen que puedes mirar a alguien con siete años e imaginar la clase de persona que será. Incluso hay una serie de documentales ingleses que se dedican a demostrarlo. Puede que el Capitán América tenga el cuerpo de un superhéroe, pero por dentro sigue siendo aquel niño. Por dentro, es como nosotros”.

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Now! Deluxe. Capitán América de Rick Remender nº 1

1984. DE CÓMO TORMENTA SE QUEDA SIN PODERES PARA MOLAR MÁS QUE NUNCA

En 1984. En Uncanny reaparecen algunas de las líneas argumentales más interesantes esbozadas enThe New Mutants. En el UXM 183, Claremont desvela que Selene, la vampira psíquica de Nueva Roma, ha viajado a Nueva York, donde, en el número siguiente, se enfrenta contra Rachel Summers, la hija de Cíclope y Fénix escapada del apocalíptico destino de Días del pasado futuro. Rachel vence a Selene con la ayuda de la Patrulla-X, sólo para darse cuenta de que ha cometido un error: “He llegado al pasado equivocado y, por culpa de mi estupidez, el mundo está condenado”, dice. En el UXM 188 descubre que su madre ha muerto y su padre se ha casado con otra. Descubre, en definitiva que, en esta línea temporal, ella nunca nacerá. Poco después, se desvela que Rachel fue manipulada mentalmente en su oscuro futuro para que sirviera como rastreadora de mutantes (UXM 189, I 85). En ese mismo número, vuelve a luchar contra Selene, ahora convertida en Reina Negra del Club Fuego Infernal. Rachel visita por tanto el lugar en el que su madre se transformó en Fénix Oscura, e incluso llega a vestir con una variante del traje que usara ésta. Por último, en el UXM 191 (III 85) aparece por primera vez Nimrod, un Centinela procedente de la época de Rachel que llega hasta la nuestra con la intención de asesinarla. Tiene aquí lugar un interesante feedback. Si en la película Terminator (1984) de James Cameron es reconocible la lectura previa de Días del futuro pasado, con Nimrod la pelota vuelve al tejado de Cameron. La influencia del androide encarnado por Arnold Schwarzenegger se evidencia en este Centinela definitivo. Por lo demás, Rachel Summers es un rubicón viviente. Puede que los mutantes lo estén pasando mal pero todavía están lejos del desolador destino que les dibuja Rachel. Claremont, junto a Nocenti, persigue ese “más difícil todavía”. Se trata de dar a cada uno de los hombres-X un buen motivo para que sufra. Y sufra mucho. En la cabeza del autor impera un silogismo a la hora de trabajar con sus personajes: la esencia del melodrama es el conflicto. La esencia del conflicto es llevar al límite la vida de los personajes. Hay que pensar la peor de las situaciones en la que puedes ponerles, y, a continuación, empeorarla.

 

-Ideas, quiero ideas.

-Que alguien consiga romper los huesos de Lobezno.

-No está mal. Más.

-Uhm. Que alguien robe a Tormenta sus poderes y luego se enamore de ella.

-Ésa me gusta.

 

En este caso, Claremont opera sobre un personaje terminado de definir. Tal vez por ello, el proceso sufrido por la diosa africana sea el más radical de todos. Meses antes, avisa en múltiples entrevistas de los extraordinarios acontecimientos que tendrán lugar enel UXM 185 (X 84) sin concretar de qué se trata exactamente. Simplemente, explica que las consecuencias se expondrán un especial con dibujos del preciosistaBarry Smith.

Lleva meses planeándolo. Los nuevos personajes secundarios que han sido introducidos en los últimos números sin motivo claro cobran ahora su valor. Está Henry Peter Gyrich, antiguo azote gubernamental de los Vengadores y actual perseguidor de mutantes; está Valerie Cooper, la ayudante del Consejo de Seguridad Nacional encargada de vigilar, desde el Gobierno de los Estados Unidos, las actividades mutantes; está Raven Darkholme, colega de la primera y, en realidad, Mística disfrazada e infiltrada en el Pentágono (un argumento que Claremont arrastra desde los últimos números de Ms. Marvel); está Forja, el misterioso mutante de origen cheyenne capaz de fabricar artilugios mecánicos con una facilidad sólo comparable a la de Reed Richards. Forja crea un arma que neutraliza el poder de cualquier superhombre, sea o no mutante. Pretende utilizarla contra los Fantasmas Espaciales, unos alienígenas que, desde las páginas de Rom, planean invadir la Tierra. Valerie Cooper en cambio quiere que sirva para capturar a Pícara… Es entonces cuando Claremont mete en la partida de ajedrez a Tormenta, quien, en un fuego cruzado, se convierte en la primera víctima del neutralizador de Forja.

El UXM 186 (XI 84) es el especial que dibuja Barry Smith, una historia de sentimientos entre Tormenta y Forja. Tormenta es uno de los pocos superhéroes con los que Smith puede identificarse remotamente. Vuela, tiene poderes, pero la entiende de forma distinta que los otros dibujantes. Quiere plasmar en ella su visión de lo que debe ser una diosa, mezcla de rasgos griegos y africanos. La participación del dibujante queda patente también en el guión. Claremont añade varias de sus sugerencias, lo que le vale ser incluido como coargumentista. En las páginas de Muerte viva, expresivo título que recibe el especial, se analiza por qué la mutante africana jamás ha tenido un romance. La Tormenta serena de los primeros tiempos, explica el Patriarca Mutante, es una diosa impasible, que renuncia a sus emociones porque sabe que la intensidad de éstas es paralela al control que tiene de sus poderes. En estos años, tiene posibilidad de enamorarse pero nunca llega a hacerlo. Así, una historia corta publicada en Marvel Team-Up 100 señala una breve aventura con Pantera Negra, relación a la que Claremont renuncia por no tener control operativo sobre el Rey de Wakanda. Por esas fechas, todavía en compañía de John Byrne, baraja unirla sentimentalmente a Cíclope, en lo que hubiera constituido la primera pareja multirracial de la historia del cómic. La idea nunca fructifica, ya que ambos autores deciden emplearla con Puño de Hierro y Misty Knight. Durante los años siguientes, Claremont opina que nadie en el Universo Marvel está a la altura de Ororo. “Vivo sola porque lo he elegido, y porque no he encontrado a ninguno que haga latir mi corazón”, llega a decir a Arkón (UXM Annual 5, 1981). Entonces surge la Tormenta punk del último año, que ha decidido romper las barreras, su “celibato espiritual autoimpuesto”, lo que supone el mayor conflicto interno que haya conocido la mutante. La Tormenta que tras el UXM 185 aparece, ya no tiene ese problema. Puede ahora ser dueña de sus sentimientos. Ése es el punto de partida de Muerte viva. En la primera página, Tormenta aparece desnuda, caída en una cama, más que tendida. “Érase una vez una mujer que podía volar”, indica el texto de apoyo. Ororo no quiere comer del plato que le ofrece Forja, prefiere morir. “Esto no es vida, Forja, sólo existencia… una sombra de lo que fue. Créeme, es el más cruel de los engaños”. Él afirma entenderla. Perdió su pierna y su mano en el Vietnam, sólo su habilidad de crear tecnología le ha permitido sustituirlas por prótesis cibernéticas. “Mientras vivas, siempre tendrás opciones, posibilidades… Esperanzas. Nunca sabes lo que sucederá a continuación”, sostiene Forja. Inevitablemente, se enamoran. Pero Ororo descubre que fue él quien inventó el arma que la ha desposeído de sus poderes, lo que le impulsa a abandonarlo, furiosa. La figura masculina que representa el cheyenne queda, una vez más en un relato de Claremont, por debajo. “Somos muy parecidos, Forja. En ti veo la persona que yo podía haber sido”, dice ella. “Pero escogí otro camino. Quizás mis pies nunca dejen de pisar la tierra, pero, algún día, volveré a volar”

 

Pese a los buenos resultados, esta primera colaboración con Barry Smith no deja de estar plagada de problemas y egos encontrados. Por un lado, Jim Shooter rechaza una de las viñetas de las primeras páginas, por considerarla en exceso provocativa; por el otro, las variaciones que el dibujante introduce en el guión de Claremont, imprimiendo un ritmo diferente al inicialmente contemplado, enfurecen al guionista, que pese a todo se muestra dispuesto a seguir colaborando con Smith en el futuro.

1984. PARA KITTY PRYDE, MADURAR IMPLICA EMPALAR A LOBEZNO

Es 1984. El mismo mes que Tormenta pierde los poderes aparece el primer número de la prometida miniserie dedicada a Kitty. Claremont analiza, al igual que con Muerte viva, la nueva forma que tiene el personaje de relacionarse con un mundo que se le ha hecho pedazos. A la ruptura con Coloso se añade el descubrimiento de que su padre tenga problemas con la mafia japonesa, lo que hace que viaje a Japón para intentar ayudarle. Ogun, el mismo ronin que entrenara a Lobezno, lava su cerebro y la convierte en una asesina ninja. Lo importante para Kitty no es borrar su influencia, cosa que puede conseguir con la ayuda de Xavier, sino enfrentarse a él y, sobre todo, al miedo. Para Claremont, lo que le pasa a Kitty es una enfermedad repentina. Ha sucedido tan rápido y con tanta intensidad que, cuando termina, apenas ha dejado algo dañado. A la postre, la resistencia es uno de los aspectos fundamentales del personaje, como bien lo demuestra la viñeta que cierra el relato, con ella devorando un enorme helado (Kitty Pryde and Wolverine 6, IV 85). Que la acción transcurra en Japón sirve para justificar la aparición de Lobezno, cuyo nombre se añade al título de la miniserie en un truco comercial que acaba traicionando a su autor. Inicialmente, la protagonista es Kitty, mientras que Lobezno encarna el papel de gran maestro, un referente ético para una muchacha que ha visto como sus modelos masculinos-Coloso, su padre- se han quedado obsoletos. La premisa se cumple en los dos primeros números pero, al empezar a escribir el tercero, el guionista descubre que se ha equivocado. No porque no sepa planificar la historia -esta historia en concreto es un prodigio de planificación- sino porque, como de costumbre, sus criaturas son las que deciden a dónde quieren llegar. Hasta tal punto cambia el curso de la aventura que se ve obligado a ampliarla de los cuatro números anunciados a los seis finalmente publicados. Lobezno también se enfrenta a su mayor demonio y lo destruye, pero el proceso resulta mucho más duro para él, obligado a asesinar a Ogun para salvar la vida de su compañera.

-Yo le respetaba, Kitty -confiesa Lobezno-. Le quería como a un padre. Le debo mucho de lo que soy. ¿Cómo pude estar tan ciego antes para no ver lo que era en realidad?

-Cuando os conocisteis eras joven. Tu has cambiado. Has Madurado. Ogun no. Esa es la diferencia.

Al Milgrom, que ya trabajara con Claremont en Captain Marvel 46 (IX 76), es elegido para ocuparse de Kitty Pryde and Wolverine. Es un artista de trazo duro, casi feísta. La solución apropiada ante la incapacidad de contratar a un Frank Miller encumbrado al estrellato y recién fugado a DC. Además, Milgrom hace aquí los mejores lápices de toda su carrera, una obra que supone un carpetazo a la época clásica de los dos protagonistas. Atrás queda la “chica normal” que creara John Byrne. “Ir a la universidad. Casarse. Tener muchos hijos. Es lo que hacen todas las mujeres. ¿Por qué yo no? Porque ellas no bailan en el cielo. Y a mi me gusta”, piensa Kitty. “Hasta sin superpoderes, no podría ser lo que mis padres o la sociedad esperan de mí” (L:KW 5, III 85). El resultado más palpable es el abandono de gran parte de su inocencia, gesto que se traduce en un nuevo nombre de guerra, Gata Sombra. Otro tanto ocurre con un Lobezno que sigue debatiéndose entre su lado salvaje y su humanidad pero que ahora está dispuesto a asumir responsabilidades impensables en el pasado. “Siempre he sido un solitario”, concluye, “y de repente tengo una familia. Tardaré en acostumbrarme”

            De vuelta a la serie regular, los UXM 190 y 191 (II-III 85) componen uno de los experimentos más extraños de la colección, dada la ruptura temática que acarrean. Durante estos dos números, Claremont recupera a Kulan-Gath, un enemigo de Red Sonja que ya utilizara años atrás en el Marvel Team-Up79 (III 79), y que convierte Nueva York en una ciudad sacada de un relato de Robert E- Howard. La aventura cuenta con el aliciente de poder ver las versiones medievales de la Patrulla-X, los Nuevos Mutantes o los Vengadores, curiosos diseños de un Romita que se divierte como pocas veces desde su llegada. Claremont se permite someter a la mayoría de los héroes de la Gran Manzana a las más refinadas torturas (llega a matar a Spider-Man o a fusionar los cuerpos de Xavier y Calibán), un lujo imposible de no ser porque todo queda olvidado cuando termina la historia. “Como siempre, la Patrulla-X ayuda a salvar a la humanidad y nadie lo sabrá”, se lamenta Tormenta.

Nada satisfecho con el resultado de la historia de Kulan-Gath, el Padre Mutante vuelve enseguida por sus fueros habituales. Son aventuras centradas en los personajes más que en la sucesión de villanos, aunque haya una buena ración de ellos. Magus, el padre de Warlock (UXM 192, IV 85), los Infernales (UXM 193, V 85), Juggernaut y Nimrod (UXM 194, VI 85) o Arcade (UXM 197, IX 85) se suceden uno tras otro sin ninguna función aparente que no sea la de mera excusa que haga recordar a los lectores que están leyendo un cómic de superhéroes. Son en cambio las relaciones y conflictos personales, más allá de cualquier otro motivo, los que sostienen el desarrollo argumental de la strip. Nada nuevo en Marvel, pero nunca antes de forma tan angustiosa. Todos y cada uno de los hombres-X tienen alguna buena razón para lamentarse. Tormenta ha perdido sus poderes; Pícara no puede tocar a nadie, pero conserva todas las emociones de Carol Danvers; Rondador, el alegre elfo de piel azulada, padece una crisis de fe a causa del Todopoderoso (“He visto el rostro de Dios y he descubierto que es un monstruo”, afirma); Rachel no puede olvidar su apocalíptico futuro alternativo; Kitty sufre por Coloso; Coloso no quiere hacer daño a Kitty, y por eso también sufre… De fondo, el racismo hacia los mutantes, encarnado en el enemigo definitivo de la Patrulla-X. Un enemigo que utiliza tantas e insospechadas modalidades como a Claremont se le ocurren. El sentimiento anti-mutante surge en cada una de las apariciones públicas de la Patrulla-X e incluso se materializa en el apaleamiento de Xavier, “el amigo de los mutis” (UXM 192).

A pocos meses para su publicación, Claremont comienza a preparar los acontecimientos previstos para el UXM 200, lo que coincide con el lanzamiento de Secret Wars II. La segunda gran saga planeada por Jim Shooter transcurre esta vez en la Tierra. Esto permite al director editorial llevar a cabo el mayor crossoverde todos los tiempos. Cada uno de los nueve números de los que se compone la aventura se continúa en las diferentes colecciones Marvel, un esfuerzo de coordinación que deja en ridículo el llevado a cabo para sacar adelante las primeras Guerras Secretas. Así, en Secret Wars II1 (VII 85), la Patrulla-X y Magneto se ven obligados a unir fuerzas ante la llegada del Todopoderoso. Magneto se ha pasado el último año junto a Lee Forrester, la antigua novia de Cíclope, con quien mantiene un romance cuya evolución ha podido seguirse durante meses en The New Mutants. Ahora asegura que ha cambiado, e incluso impide que Rachel mate a sangre fría al racista que planeaba asesinar a Xavier. “Su odio es fruto de la ignorancia y el miedo. Con tus actos justificas su miedo y su odio”, afirma Magnus, en una frase que define su cambio de postura (UXM 196, VIII 85).

El UXM 198 (X 85) acoge la segunda parte de Muerte viva. Más de un año ha tardado Barry Smith en terminar esta nueva entrega en la que, una vez analizada la relación de Tormenta con Forja, Claremont se la lleva a Africa para colocarla frente a sus orígenes, frente a las razones por las que, durante años, se ha negado a sí misma cualquier tipo de emoción. Según el Padre Mutante, estas razones tienen que ver con sus poderes y la necesidad de que funcionen en armonía con el entorno. “He sido un fraude”, concluye Tormenta. “Me inmunicé contra todo lo que eran sentimientos, ansias y deseos. Lo que hacía en realidad era esconderme y huir de mi propia humanidad”. Ororo, que juega con la idea del suicidio una y otra vez, encuentra su lugar en el orden natural de las cosas cuando comprende que ella ha de ser un puente “no sólo entre los antiguos y los nuevos métodos, sino entre las razas, entre la humanidad y sus hijos mutantes”. Según Claremont, “Tormenta se define a sí misma como hija de dos mundos. Nació en América, creció en el Cairo y pasó su adolescencia como una diosa pagana en medio de África. ¿Hasta qué punto está en el siglo XX?”. La heroína existe más allá de su vistoso traje y sus increíbles habilidades (ni lo uno ni lo otro aparece aquí). “No tengo poderes. No puedo volar. Ya no importa. En mi corazón vuelo más alto que las estrellas”, concluye Tormenta. Mientras desde algunos sectores de la crítica arrecian las protestas por la excesiva rentabilización del éxito mutante, Claremont y Smith desarrollan una historia sin villanos, sin otra lucha que no sea la que se produce en el interior de Tormenta, la que lleva a cabo para conseguir que nazca una niña africana. Pese a producirse nuevos encontronazos a causa de la interpretación libre que el dibujante hace del guión, la colaboración, tan alejada del arquetipo clásico del superhéroe, consigue una rotunda aclamación popular. Son tiempos en los que DC anuncia la salida de una serie titulada Watchmen.

1986. PLANIFICANDO LA MASACRE MUTANTE

Es 1986. UXM 210 y XF 10 (XI 86). Un grupo de asesinos mutantes llamado los Merodeadores asalta las cloacas donde viven los Morlocks y los elimina en su mayor parte. Nada se sabe de su origen ni de sus motivos. Pese a pasearse por cada rincón de los túneles Morlock, ni la Patrulla-X ni X-Factor llega siquiera a rozarse, gracias a las filigranas que hacen los autores para que tal encuentro no se produzca. Uncanny es la única serie que presenta con un mínimo detalle a los Merodeadores, personajes casi todos de nueva creación liderados por un tal Cazador de Cabelleras de los que nada se sabe sobre la razón de sus intenciones u origen. “Matamos mutantes”, es su tarjeta de presentación. Las víctimas, o son totalmente desconocidas para los lectores o apenas han tenido alguna pequeña relevancia en números anteriores, muertos anónimos con los que no hay otra conexión emocional más allá de la sorpresa que causa tal carnicería. “Mi primo Kenny trabaja en un matadero de Chicago. Una vez me llevó allí. Olía igual”, dice Kitty. Nadie cae en las filas de la Patrulla-X, pero la mitad del grupo resulta dañado. Coloso con heridas que le matarían de abandonar su forma blindada; Rondador en coma y Kitty incapaz de volver a su forma corpórea. “Puede pasar cualquier cosa”, repite con insistencia Claremont.

En X-Factor, la acción se entremezcla con Power Pack y Thor, títulos escritos por Weezie y Walt Simonson respectivamente. Los Merodeadores dejan al Ángel con sus alas gangrenadas y listas para que llegue Apocalipsis y se las cambie por otras de metal (XF 10). Por último, la participación de los Nuevos Mutantes en la saga se queda en lo anecdótico. “Este cementerio no es para vosotros”, ordena Tormenta. En TNM 46 (XII 86), los bebés-X se quedan cuidando a los heridos. A Claremont le preocupa mucho más prepararles para el gran choque contra Magus, el padre de Warlock, acontecimiento reservado para el TNM 50, donde también reaparece, aunque brevemente, el profesor Xavier, quien recibe la visita de sus antiguos alumnos. No, sigue empeñado Claremont. El calvo no volverá de su destierro estelar.

 

Mientras tanto, continúa la política de acoso y derribo a DC. Contra su renacido universo, Shooter levanta de la nada otro Nuevo Universo. Si Stan Lee fue capaz, ¿por qué él no? El director editorial se rodea de sus mejores colaboradores y les ordena que trabajen sobre una idea concebida por él mismo. Se trata de crear un universo de ficción que nada tenga que ver con Marvel. Shooter lo describe como un mundo muy parecido al real, pero desbordado por la fantasía y el misterio. Un lugar ordinario poblado por gente ordinaria donde suceden cosas extraordinarias. Nadie entiende muy bien lo que quiere decir, pero se ponen con ello. En publicidad preparan la campaña más atronadora de la historia de la Casa de las Ideas. Antes del verano hay que lanzar ocho gloriosas colecciones que barran con toda esa basura de DC. En los meses sucesivos, en cada título Marvel se repiten, machaconamente, los anuncios del Leviatán de Shooter. “Más allá del límite de tu imaginación empieza un Nuevo Universo”, dicen unos. “Espera lo inesperado”, prometen otros. Desde su Bullpen Bulletins, Shooter compara el debut de su creación con el nacimiento de los Cuatro Fantásticos. Cuando aparece la ficha de suscripción de las nuevas colecciones las acompaña un texto que asegura que éste es “el acontecimiento más significativo de la historia del cómic desde el nacimiento del Universo Marvel veinticinco años atrás”. Los equipos artísticos se elaboran cuidadosamente mediante personas de confianza no demasiado significadas por su talento o independencia artística. Shooter se reserva la serie que considera el buque insignia de la nueva línea editorial, el titán que haga sombra a Stan Lee y Jack Kirby en los libros de historia. Star Brand se llama, y va a superar cualquier cota imaginable. “Os prometo que vendemos un millón de ejemplares”, dice. Semejante número uno necesita un artista que le haga justicia. Shooter quiere a John Romita Jr., al dibujante de la serie Marvel que más vende. El director editorial comunica a Ann Nocenti que el chico se merece una oportunidad así. Nocenti calla y otorga.

De momento, la editora de Uncanny X-Men no tiene recambio. A toda prisa, contrata varios interinos de lujo para que terminen La masacre mutante. Bret Blevins ayuda a Romita en su último número, el UXM 211 (XI 86), y Rick Leonardi, quien ya le sustituyera en el UXM 201, se encarga del UXM 212 (XII 86). Podría sustituirle, pero es un dibujante demasiado lento que Nocenti prefiere reservar para los fill-ins, tanto de Uncanny como de The New Mutants. Sigue sin aparecer un artista apropiado para quedarse de forma definitiva, pero las fechas de entrega se echan encima. Claremont se acuerda entonces de Alan Davis y le llama. A Davis le liga todavía su contrato con DC, pero como favor personal, accede a dibujar el UXM 213 (I 87). Este número presenta un combate entre Lobezno y Dientes de Sable, aquel villano que Byrne identificaba como padre de Logan. Dientes de Sable, antes un bruto peludo de escaso interés, adquiere con este duelo la entidad de nemesis definitiva de Lobezno. El nuevo Dientes de Sable es una versión oscura del héroe canadiense, un salvaje asesino imparable contra el que la única victoria es la supervivencia. Poco después, aparece una historia de complemento en Classic X-Men 10 (VI 87) en la que Claremont establece que, una vez al año, el villano reta a muerte a Lobezno.

Pasa un mes. Barry Smith lleva a cabo el UXM 214, las terribles fechas de entrega se vuelven a echar encima y, una vez más, Claremont llama a Davis:

 

-Alan, por favor, seguimos necesitando ayuda, ¿puedes hacer otro número?

 

Davis saca tiempo de donde puede y firma el UXM 215 (III 87), donde Claremont recupera a Madelyne, dada por muerta un mes antes en XF 13, ahora ingresada en un hospital de San Francisco. El mismo donde, en el The Avengers Annual 10, había una niña perdida que afirmaba llamarse Maddy Pryor. Davis no puede ser el dibujante fijo de la strip, pero sí puede acometer algunos proyectos especiales. Este mismo año, Arthur Adams sólo puede dibujar uno de los dos anuales mutantes, por lo que el de los bebés-X queda en manos de Davis. Tanto en uno como en otro debutan en la cosmogonía mutante personajes procedentes de otras colecciones.

En el UXM Annual 10 (1986) aterriza Longshot. Se trata del protagonista de la miniserie escrita por Ann Nocenti en la que Adams hacía su primer trabajo para Marvel. Longshot no es mutante, sino que viene de una dimensión en la que lidera la revuelta contra Mojo, invertebrado dictador que controla a las masas mediante el poder de la televisión. Ésta es la segunda visita a la Tierra que hace desde la miniserie, la cual termina con Longshot regresando a su mundo. Nocenti y Adams prometen explicar en una novela gráfica lo que ha ocurrido en el intervalo de tiempo que va desde entonces hasta el UXM Annual 10.

Mojo es también el villano del TNM Annual 2 (1986), en el que llega Mariposa Mental, la hermana gemela del Capitán Britania. Claremont la retoma donde la dejó Alan Davis en la última entrega del serial de la Marvel UK dedicado al Capitán: viviendo en Suiza, ciega como consecuencia de su actividad superheróica. Mojo la obsequia con unos ojos biónicos que, al tiempo que la permiten recuperar la vista sirven al villano para espiar a la Patrulla-X. Mariposa se une de forma oficial al grupo en el UXM 215, donde tiene que luchar contra Dientes de Sable, aunque quien termine la batalla sea Lobezno.

 

 

Junto a Dazzler, que ingresa en el UXM 214, Longshot y Mariposa Mental llenan el espacio dejado por Coloso, Rondador y Kitty. Al lado de Pícara, Claremont los traslada a la Isla Muir, donde les da cancha durante varios números en los que los lectores tienen ocasión de familiarizarse con ellos y olvidar recelos hacia el nuevo status quo, en el que, por primera vez en años, no encuentran ni a Kitty, ni a Coloso, ni a Rondador. La técnica es la habitual. Primero, hay que generar cierto cariño hacia los nuevos personajes y, una vez conseguido, hay que hacerles sufrir lo indecible. Destaca el tratamiento de Dazzler, la mutante que nunca ha querido ser mujer-X pero que, ante el fracaso de su carrera musical tras descubrirse su pertenencia al Homo superior, se ve obligada a ingresar en las filas del grupo en el que está Pícara, encarnizada enemiga en su clausurada serie regular. Con ella tendrá ocasión de arreglar cuentas en el UXM 221 (IX 87) y con ella compartirá amoroso interés hacia Longshot. Apasionado de cualquier clase de conflicto interno, el Patriarca Mutante rescata a Kaos en el UXM 219 (VII 87), sólo para que, en el mismo número, Malicia, perteneciente a los Merodeadores, se haga con el control de la mente de Polaris, la novia de Kaos, y la convierta en una de las peores enemigas de los hombres-X. Este UXM 219 adquiere especial interés analítico, ya que pone en práctica algunos de los nuevos recursos narrativos que Claremont está sistematizando en los últimos meses. El primero, el uso y abuso de lo onírico, a veces sin establecer demasiadas diferencias entre sueño y realidad, elemento que puede conducir a la confusión de los lectores menos acostumbrados a los caprichos del escritor. El segundo, el punto de vista del desconcertado. Nada sabe Kaos de lo que ha sido de la Patrulla-X en los últimos meses, ni del cambio de bando de Magneto, ni de La masacre mutante. Los lectores tampoco saben que la Patrulla-X ha cambiado su cómoda estancia en la mansión por una clandestinidad itinerante. Lo descubren, junto con Alex Summers, en las últimas páginas del cómic.

Son meses de transición entre la Patrulla-X urbana y la que ha de venir, todavía imprecisa a causa de la necesidad que tiene Claremont de saber quién será el dibujante. Mientras espera, empieza a escribir una novela titulada First Flight, la primera parte de una trilogía protagonizada por Nicole Shea, personaje de grandes similitudes con Tormenta. También escribe la miniserie Fantastic Four vs. X-Men (II-V 87), donde el Doctor Muerte y Reed Richards unen esfuerzos para salvar la vida de Kitty. Claremont demuestra que no sólo es capaz de torturar mutantes, sino también a la Primera Familia, colocada en la situación más crítica y conflictiva de su historia. Desbordado por el trabajo, deja en manos de Roger Stern el guión de X-Men vs. Avengers (IV-VII 87), donde tenía previsto terminar el juicio a Magneto. No es suficiente. Calcula que la novela estará lista en seis meses. Propone a Weezie Simonson que ella se ocupe entretanto de guionizar a los bebés-X. Simonson acepta y se hace cargo de la colección a partir del TNM 55 (IX 87), donde se encuentra con una serie que, una vez superados los experimentos de Sienkiewicz, regresa sobre el tono juvenil que conociera en sus primeros tiempos, con el interés centrado en la caracterización de personajes, sobre todo de Warlock (el bromista del grupo), Doug Ramsey (el inteligente) y Magik (la chica mala y sexy). Como aliciente, Magneto tiene que hacerles de niñera mientras entabla conversaciones de paz con el Club Fuego Infernal. “El destino puede habernos hecho rivales, pero nunca enemigos. Si fuera necesario, Seréis siempre bienvenidos a mi casa y a mi mesa ”, les promete la Reina Blanca (TNM 40,VI 86).

 

En la miniserie donde la Patrulla-X se enfrenta contra los Vengadores Ann Nocenti descubre a Marc Silvestri, un dibujante curtido en las páginas de King Conan que se adapta sin problemas a atmósferas más actuales. Nocenti quiere que Silvestri pase a The New Mutants, pero, ante la situación de continua interinidad que atraviesa Uncanny, prefiere proponerlo para la primera división mutante. “Mira, antes de que te vuelvas loco con el follón que tenemos con los dibujantes, quiero que veas unas páginas… Este chico lo hace bastante bien. Sabe dibujar peleas y las chicas le salen muy guapas”, le explica a Claremont, que queda convencido tras un excelente número de prueba, el UXM 218 (VI 87). Silvestri, a diferencia de John Romita Jr., no vive en Nueva York, sino en Malibú (California). Además de la necesaria exploración del tipo de historias que mejor se adaptan a su estilo, Claremont y Nocenti han de acostumbrarse ahora a reducir las habituales reuniones de guionista, editor y dibujante alrededor de la mesa de un buen restaurante de Manhattan. Con el artista al otro lado del continente, toca ahora volver sobre la línea telefónica como principal medio de comunicación. Ocurre que Silvestri odia hablar por teléfono y prefiere trabajar únicamente con lo que Claremont le hace llegar en sus plots. Pronto descubre, para su sorpresa, que el Padre Mutante no ejerce un incuestionable control sobre el producto, sino que está abierto a sugerencias. Algunas de ellas: a Silvestri le encanta dibujar tecnología y chicas, casi todas ellas parecidas a su impresionante esposa Cinthya. Del modelo femenino cotidiano de Romita salta a las estupendas modelos que propone Silvestri, el primer dibujante que descubre la belleza oculta de Pícara o que devuelve su exotismo salvaje a Tormenta, quien enseguida recupera su melena al viento. Aficionado al surf y a la musculación, Silvestri sigue con la tendencia agigantadora que imprimiera Romita en Coloso o Lobezno, a la que añade una cierta rudeza que escapa tanto a Longshot como a Kaos, asombrosamente estilizados, cuasi femenino el primero. La querencia tecnológica se hace presente sobre todo en los villanos, mucho menos tibios que en el pasado, cercanos como nunca al tradicional modelo de malo malísimo, reflejado en rostros de imposible fealdad.

Marc Silvestri y su esposa Cynthia, en una foto de Comics Interview #76 (1989)

No obstante, a pesar de la llegada del nuevo artista, Claremont sigue empeñado en trabajar con Alan Davis. Por enésima vez en los dos últimos años, se pone en contacto con el británico, en esta ocasión con una oferta que no puede rechazar. En el departamento de ventas vuelven a pedir otra colección de mutantes. Puestos a pensarla, a Claremont se le enciende la bombilla.

-Venga Alan, si tanto miedo te da dibujar Uncanny, ¿Que te parecería si hiciéramos una colección con una Patrulla-X inglesa liderada por el Capitán Britania? Una colección hecha para que tú la dibujes, con esos policías, esas farolas y esas calles que sólo pueden verse en Londres.

-Bueno, la verdad es que odio Londres, Chris. Tanto como Nueva York. Vivo en el campo, en Northamptonshire.

-Eso es lo de menos. El Londres que me interesa es el Londres idealizado, con su misterio, su niebla, sus espectros y su magia.

El que Davis esté harto de tener como editor en DC a Dennis O’Neil sirve de aliciente definitivo para dar el gran paso. Está bien, dibujará esa nueva colección, provisionalmente titulada X-Calibre. No obstante, el nuevo título tendrá que esperar, al menos, a que concluyan los seis meses que Claremont se ha puesto de plazo para escribir First Flight. Al mismo tiempo, Davis trabaja en el TNM Annual 3 y el UXM Annual 11 (1987), éste último con el Capitán Britania como héroe invitado, aunque toda la gloria se la lleve un Lobezno que, en el aniversario de su fallida boda con Mariko, renuncia al poder de un dios para salvar el destino del universo. “Cuida de nosotros como digno campeón de la Patrulla-X”, sentencia Tormenta. El Lobezno incontrolable parece un mero recuerdo del pasado.

 

 

 

Es febrero de 1987.

-Pasa Jim, hay algo que queremos hablar contigo.

Jim Shooter entra al despacho de James Galton, el presidente de Marvel. Dentro le espera Galton y también Mike Hobson, el segundo de a bordo. Esta mañana está previsto iniciar las negociaciones para renovar contrato a Shooter. Nada importante, meras formalidades.

-Jim, hemos decidido que no vas a seguir siendo el director editorial.

Galton y Hobson no dan demasiadas explicaciones. Más que un simple motivo, hay una concatenación de razones. El fracaso estrepitoso del Nuevo Universo (El Star Brand 1 apenas vende 150.000 copias, frente al millón de ejemplares anunciado por Shooter), unido a la humillación de Marvel en los tribunales después de que Shooter se negara contra toda razón a devolver sus originales a Jack Kirby y la delantera que ha tomado DC en cuanto a productos innovadores y contratación de estrellas se unen a los aires de renovación que quiere introducir New World Pictures, la nueva propietaria de Marvel. Shooter rechaza alternativas airosas, como un posible cargo de editor/escritor. Coge su gabardina, el maletín y sale a la calle, donde pide un taxi para el aeropuerto. Horas más tarde, está ante las oficinas de New World en Los Angeles. Cuando consigue ser recibido, exige el despido fulminante de Galton y Hobson. Él es mucho más valioso y ha dado mucho más dinero y prestigio a la compañía. Nadie le escucha. Regresa a Nueva York. Llama a Hobson.

-Está bien. Negociemos.

Antes de su llegada, la secretaria de Hobson arranca todos los carteles anónimos anti-Shooter que han invadido las paredes del Bullpen en los dos últimos días. La negociación concluye sin acuerdo. “Ha caído la bruja mala”, escribe alguien en el servicio de noticias de Compuserve antes de que el cese salga a la luz pública. Rumores no contrastados atribuyen la frase a Walter Simonson.

Con Shooter en la calle, Galton y Hobson nombran sustituto a Tom DeFalco. El nuevo director editorial viene con la intención de suavizar la presión sobre los autores, buscar nuevas estrellas aunque sea debajo de las piedras y conseguir que la legión de dibujantes y guionistas que se ha ido a DC a causa del carácter de Shooter regrese por la puerta grande. Es necesario recuperar a gente como Frank Miller o John Byrne y promocionar a la siguiente generación, sangre joven que sirva para dar nuevo aliento a la editorial. Chicos como Marc Silvestri, dibujante fijo de Uncanny desde el UXM 220 (VIII 86).

 

 

-Hola Marc, bienvenido a bordo. ¿Te gusta Australia?

-Pues sí, supongo, ¿por qué?

-No importa, tú vete documentando sobre Australia, busca fotos y cosas así, que ya hablaremos.

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 19: EL CÓMIC FAVORITO DE JOHN ROMITA

Tras “La saga de la tablilla”, llegaron historias cortas y sencillas en las que se descendía hasta los problemas mundanos de Peter Parker que habían dado encanto a las viñetas en otros tiempos, mientras que se recuperaba a algunos viejos villanos, como El Camaleón o Electro. Éste reaparecía en una aventura que, al transcurrir en un plató de televisión, quizás era la misma que estaba pensada para el tercer número de Spectacular (p 117).

 

En los Amazing #78 y 79 (1969), Romita ofreció un nuevo contrincante para el trepamuros cuya creación le había sugerido nada menos que Junior, su hijo. “Sólo hice el típico traje ajustado”, dijo éste, años después. “Tenía doce o trece años. Era un traje tonto, pero, como un buen padre, se lo llevó a Stan Lee y le dijo: ‘mira lo que ha hecho mi hijo’. Stan respondió: ‘Ése es un buen nombre. Me gusta el nombre. No me gusta el traje, pero me gusta el nombre’. Y así fue como se convirtió en lo que se convirtió” (p 117).

 

Algunos aficionados llegaron a preguntarse si no era recomendable romper en mil pedazos el tabú de la identidad secreta: si El Duende Verde sabía quién era Spider-Man, ¿por qué Peter no confesaba la verdad a sus cercanos? Stan sometió la cuestión a los votos del aficionado. “¿Quién debe convertirse en el confidente de Spidey?”, les preguntaba (p 118).

 

Sin que nadie le diera la menor importancia, aquel cómic fue la primera vez en la que un chaval negro vestía de Spidey (p 118).

 

En contraste con la rudeza y la contundencia corporal de Kingpin, su esposa Vanessa era una esbelta y elegante dama de mirada triste para cuya creación Jazzy se había basado en Dragon Lady, un personaje de su tira favorita, Terry y los piratas, de Milton Caniff. Éste representaba a Dragon Lady como una seductora espía asiática, siempre vestida con ropa elegante y ajustada. “Era la mujer mayor a la que yo hubiera amado”, confiesa Romita (p 118).

 

 

“Cuando John Buscema hacía los bocetos, era el más rápido de los tipos”, recuerda Romita. “Stan dijo: ‘Saquemos adelante Amazing. Dejemos que la dibuje John Buscema’. Así que me daba un esquema general. Elegía un personaje, un escenario y algunas ideas con las que yo hacía un argumento con Buscema. Y tenía que escuchar a John gruñendo: ‘Oh, cuánto odio a Spider-Man. ¡Esto es un montón de mierda!’. Odiaba a los superhéroes, especialmente a Spider-Man (p 119).

 

La mayor noticia del mes es que John Romita estará dibujando Amazing una vez más”, proclamaba el Marvel Bulletins del Amazing #82. “Pero todavía tenemos otra sorpresa para todos los Spider-Manófilos. Stan y Johnny han decidido volver al estilo original de historias y poner más el énfasis en la vida privada de Peter Parker, tal y como muchos habíais pedido” (p 120).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

ANATOMÍA DE UNA ETAPA PERFECTA: EL SPIDER-MAN DE ROGER STERN

A comienzos de los años ochenta, casi veinte años después de su nacimiento, Spiderman se encontraba en la cima de su popularidad: había contado con varias teleseries de animación, otra de imagen real, y se publicaban tres colecciones mensuales más una cuarta con reediciones de sus aventuras clásicas. La gran paradoja estribaba en que, en un momento comercial tan dulce, la calidad de los cómics dejaban mucho que desear. Atrás habían quedado los auténticos días de gloria en que la cabecera de Spiderman debía ser de lectura obligada para todo aficionado. Por suerte, la grandeza regresó, y de qué manera, cuando ya agonizaba 1981, de la mano de un equipo creativo excepcional, el formado por Roger Stern y John Romita Jr., quienes se hicieron cargo de la serie principal del héroe: The Amazing Spider-Man.

 

 

Ambos autores ya llevaban un tiempo relacionados con el personaje, de manera que Stern venía escribiendo la cabecera secundaria Peter Parker, The Spectacular Spider-Man, y Romita Jr. había entrado en Amazing un tiempo antes, todavía abrumado por el peso de ocupar el lugar en el que, en los años sesenta, hubiera estado su legendario padre. Por aquel entonces, un nuevo editor, Tom DeFalco, se hizo cargo de la Franquicia Arácnida, con el objetivo primordial de dar un vuelco a la inercia que venía arrastrando en los últimos años.

 

EL CAMINO HASTA AQUÍ

Roger Stern (1950, Noblesville, Indiana) se había hecho un pequeño nombre en la industria por su labor en CPL (Contemporary Pictoral Literature), un fanzine en el que también participaban otros ilustres amigos, como John Byrne o Bob Layton, que luego se convertirían en profesionales del cómic. En 1975 entró a trabajar para Marvel, siguiendo la ruta habitual en aquella época: primero como editor y luego como guionista. El año y medio en el que escribió Spectacular le sirvió como perfecto entrenamiento para luego hacerse cargo de Amazing. Había tenido la oportunidad de entender los mecanismos que hacían funcionar al personaje y qué errores debía evitar, de manera que incluso llegaba a explicar a los dibujantes la manera en que debía moverse Spidey. En materia de secundarios, había buscado la rehabilitación de tía May como la mujer cargada de fortaleza y dignidad que había criado y servido de guía moral a Peter Parker, frente a los aficionados que soñaban con ver su muerte o los autores que la retrataban como una vieja con demencia senil. Incluso señaló una operación de bypass como la explicación de sus excentricidades del pasado, para a renglón seguido sacar a relucir sus virtudes e incluso dotarla de un novio. El elenco de secundarios se ampliaba con los compañeros de doctorado que tenía Peter en la Universidad Empire State. Los había creado Bill Mantlo, el anterior guionista de Spectacular, pero Stern les quiso añadir mayor verosimilitud, algo que consiguió al identificarlos con los compañeros que trabajaban en las oficinas de Marvel. En materia de villanos, el guionista se dio cuenta de que Spidey se había enfrentado demasiadas veces a los enemigos de siempre. Aunque utilizó algunos de ellos, como Mysterio o su favorito de los clásicos, El Buitre, los alternaría con criminales procedentes de otros rincones del Universo Marvel e incluso introdujo villanos nuevos. Como aliño a las aventuras más urbanas del trepamuros, Stern crearía a varios miembros de la policía, la Capitana Jean DeWolff, que patrullaba la zona del Daily Bugle y que pronto demostró estar del lado de Spidey, y el Sargento Snyder y el Teniente Keating, que se ocupaban del resto de la ciudad. El primero de ellos también guardaba simpatías para nuestro héroe, mientras el otro le declaró una guerra sin cuartel.

 

Caricatura de Roger Stern realizada por Stan Goldberg para un artículo aparecido en Marvel Age #3 USA (1983).

 

De seguir un tiempo más en Spectacular, es probable que la etapa de Stern hubiera alcanzado la categoría de leyenda que luego lograría la de Amazing, y si no lo hizo quizás fue porque los dibujantes que le acompañaron no estaban a la altura y cambiaron con excesiva frecuencia. En algún momento, llegó a plantearse la posibilidad de que su amigo John Byrne, con quien había compartido una corta pero celebrada etapa en Captain America, se hiciera cargo de la parte gráfica de la serie, pero tal pretensión sólo duró un número, ya que Byrne se vio obligado a encargarse no sólo de escribir y dibujar The Fantastic Four, sino también de entintar sus lápices.

 

El primer encargo profesional que tuvo John Romita Jr. (1956, Nueva York) fue una historia de seis páginas para The Amazing Spider-Man Annual #11 (1977), con la que ya demostró que era algo más que el hijo de uno de los dibujantes más respetados del cómic estadounidense. Su excelente labor en Iron Man entre 1978 y 1982 le señalaría como una de las estrellas emergentes de Marvel. La llegada al título principal del Hombre Araña se produciría con The Amazing Spider-Man #208 USA (1980), cuando Denny O’Neil estaba al mando de los guiones. Con su trazo elegante y espectacular daría empaque a unas aventuras que, por más que entraran en la calificación de entretenidas y disfrutables, no aportaban nada nuevo al trepamuros.

 

En verano de 1981, cuando Tom DeFalco asumió la coordinación de las series arácnidas, su primer objetivo consistió en dotar de consistencia a los equipos creativos de cada una de ellas. Con O’Neil rumbo a otros proyectos, Amazing necesitaba de un nuevo escritor consciente de la importancia del título. Stern fue el elegido para acompañar a Romita Jr., que permanecería en la serie pese a la marcha del que había sido hasta entonces su escritor. El presente prólogo analiza los detalles y circunstancias de esa época dorada en la que se unieron los talentos de estos profesionales. Aunque se han evitado muchas referencias argumentales, quizás el aficionado que nunca antes se haya acercado a este material prefiera aplazar la lectura de la introducción hasta que una vez finalizado el volumen.

 

Primera página del debut de John Romita Jr., en un complemente de The Amazing Spider-Man Annual #11 USA (1977)

 

LA AZAROSA VIDA DE UN HOMBRE ARAÑA

La era Stern / Romita Jr. arrancó en The Amazing Spider-Man #224 USA (1982), con una viñeta a página completa que constituía una declaración de intenciones: Peter Parker, vestido con su traje arácnido, salvo por la máscara, hablaba por teléfono con su tía May mientras saltaba alegremente por su modesto apartamento. En la memoria de Stern estaban los años dorados de Stan Lee con Steve Ditko primero y con John Romita después como dibujantes, en los que, según sus propias palabras, las andanzas de Spidey eran fundamentalmente mundanas. “El Spiderman de Stan se enfrentaba siempre a problemas pegados al suelo”, afirmaba. “¿Recuerdas cuando solía tomarse un descanso en medio de una lucha en una habitación llena de matones para buscar un teléfono y asegurarse que tía May estaba bien? ¡Me encantaba eso!”. Ya desde ese primer episodio, el escritor insistía en la importancia de la relación entre Peter y su tía, con una historia en la que el villano era El Buitre, su favorito del casting de enemigos clásicos arácnidos, y al que ya había utilizado momentáneamente en su etapa en Spectacular, con una trama que había heredado de otro escritor. Libre de cualquier atadura, Stern pudo caracterizar y utilizar al Buitre como de verdad quería: un anciano que, pese a su aparente fragilidad, representaba una amenaza para el trepamuros. “Puedes tener mil veces al Doctor Octopus y a Kraven, pero a mí dame siempre al Buitre”, afirmaba el escritor. “Tenemos aquí un anciano malicioso que contrasta con el joven, honesto y alegre Peter Parker. Para mí, es perfecto”. El Buitre le fascinaba tanto que incluso repetiría, unos meses después, en The Amazing Spider-Man #240 y 241 USA (1983). En ambas aventuras se mostraba el lado más humano de Adrian Toomes, al retratar su amistad sincera con Nathan Lubensky, el novio sexagenario de tía May. La trama situaba el foco sobre la pareja, que desempeñaría una importancia absoluta durante esta época.

 

John Romita en su tablero de dibujo, en una foto tomada en las oficinas de Marvel a finales de los años setenta.

 

La primera aventura con continuará de la etapa Stern / Romita Jr. se produciría apenas dos números después de aquel prometedor comienzo, en The Amazing Spider-Man #226 y 227 USA, unos episodios en los que se recuperaba y profundizaba en la Gata Negra, personaje que hasta entonces parecía pasto exclusivo de su creador, Marv Wolfman, quien lo había introducido en la serie cuatro años atrás, pero que había sido ignorado posteriormente. La Gata Negra venía a constituir una réplica no intencionada de Catwoman, la vieja rival de Batman, aunque en realidad Wolfman se había inspirado en Bad Luck Blackie (1949), uno de los cortos más famosos de Tex Avery, en el que un gato negro atraía la mala suerte allá por donde pasaba e incluso le pagaban por ello. Con su inclusión en la serie, Stern buscaba una mujer que pudiera llenar la vida de Spiderman, en contraposición con Debra Whitman, la chica con la que Peter salía en aquel momento, y que el escritor juzgaba como una versión femenina del protagonista antes de que le picara la araña radiactiva. En cambio, la interacción entre Spidey y la Gata Negra le recordaba a las viejas películas de Humphrey Bogart, en las que el héroe de sólidos principios se ve arrastrado por la mujer fatal que pone en duda todo aquello en lo que él cree. El romance, tan ardiente como breve, conseguiría la aclamación inmediata de los fans y serviría de combustible a Bill Mantlo, quien por aquel entonces había comenzado una sólida andadura en Spectacular y desarrollaría allí, en toda su amplitud, la relación entre la ladrona de buen corazón y el Hombre Araña, siguiendo el principio del editor Tom DeFalco de que cada serie arácnida tuviera su idiosincrasia y sus personajes secundarios propios. Ambos escritores, Stern y Mantlo, coordinarían sus guiones para que fueran complementarios los unos de los otros. Además, llegarían a encontrarse en The Amazing Spider-Man Annnual #17 USA (1983), un canto a los orígenes del trepamuros, que ambos autores escribirían a medias, mientras que Ed Hannigan, el dibujante habitual de Spectacular, se encargaría de dibujar.

 

Página perteneciente a la etapa de Bill Mantlo en Spectacular Spider-Man, donde se desarrolló el romance entre Spidey y la Gata Negra.

 

Además de la Gata Negra, Stern recuperaría a otro viejo amor de Peter Parker, nada menos que Mary Jane Watson, la mujer a la que el protagonista había llegado a pedir matrimonio en el pasado, que se reincorporaría como personaje de reparto en el momento más inoportuno para Peter pero más divertido para los lectores, en The Amazing Spider-Man #242 USA (1983). Llevaba varios años ausente, pero la pelirroja ya se quedaría de manera continua, pese a que la intención de Stern era precisamente la contraria: que Mary Jane fuera el caos aleatorio. Que apareciera de la noche a la mañana, pusiera la vida de Peter Parker patas arriba y volviera a desaparecer con idéntica rapidez e imprevisibilidad. Con ella, regresaron a la serie otros rostros conocidos: el de Betty Brant, primer amor de Peter; el del esposo de ésta, Ned Leeds, con quien se había reconciliado tras un tiempo de separación, y los de Harry Osborn y Liz Allan, ya felizmente casados, cuyo retorno se produciría en un número especial por múltiples razones, The Amazing Spider-Man Annual #16 USA (1982). Fue en sus páginas donde se encontraron por primera vez las dos generaciones de Romitas: Junior ponía el lápiz, mientras que su padre se encargaba del entintado. Incluso Virginia Romita, la “orgullosa esposa y mamá”, apareció acreditada en la primera página. Stern utilizó ese cómic para presentar a la Capitana Marvel, una heroína que recuperaba el nombre del entonces recién fallecido guerrero Kree, y que en meses posteriores pasaría a formar parte de Los Vengadores, en una época en la que el guionista del trepamuros también se ocupaba de sus historias. “Con la Capitana Marvel”, comentaba Stern, “hice lo que pude para seguir la tradición de Lee, Kirby y Ditko: mostrar una persona normal que de repente adquiere poderes. Quería que estuviera hecha a la vieja usanza, que no fuera como El Castigador o Lobezno, que entonces estaban de moda y no eran en absoluto heroicos. Quería que al menos hubiera un nuevo personaje que no fuera un psicópata o un cretino”.

 

Portada de The Avengers #236 USA, también escrito por Roger Stern, y en el que se jugaba con la posibilidad de que Spidey se uniera al equipo.

 

¿Qué es lo que hacía tan relevante la vuelta a escena de los que habían sido integrantes fundamentales del reparto arácnido durante los primeros años de la serie? Todos ellos habían tenido una presencia intermitente a lo largo del tiempo, pero Stern supo sacarle partido a su reincorporación, al hacerles evolucionar en su statu quo. Ya no eran adolescentes como en sus orígenes, sino personas maduras que seguían adelante con sus vidas y en las que se podía apreciar un avance con respecto a épocas pretéritas. Los había que elegían dar un paso adelante, mientras que los que optaban por permanecer en sus esencias eran forzados por las circunstancias a tomar el camino hacia el futuro, como le ocurriría a J. Jonah Jameson… ¡O al propio Peter! Mientras el elenco de la serie se reconfiguraba a gusto del guionista, todavía quedaban flecos de la época en que el héroe daba clases de doctorado. Stern no se encontraba a gusto con la situación, motivo por el que se propuso marcar su final. Lo alcanzaría de la más radical de las maneras, en The Amazing Spider-Man #243 USA (1983), con un movimiento inesperado que lanzó a Peter hacia la siguiente fase de su edad adulta.

 

El último de los personajes secundarios a los que se daría importancia en esta época sería Lance Bannon, fotógrafo rival de Peter en el Bugle que procedía de la época escrita por O’Neil, aunque había sido el propio Romita Jr. quien le había dado vida gráfica, en su primer episodio en la serie, The Amazing Spider-Man #208 USA (1980). Bannon era mejor profesional que Peter, por lo que sus trabajos eran más apreciados por los jefes del periódico, aunque careciera de la ventaja de su competidor para hacerse con fotos de Spiderman antes que nadie. Desde el principio, sería señalado como el rostro tras la máscara del destacado villano de misteriosa identidad que pronto introduciría Stern.

 

Dos de las más celebradas cubiertas de John Romita Jr. en esta etapa. Imágenes procedentes de Modern Masters. John Romita Jr.

 

ALGO VIEJO, ALGO NUEVO, ALGO PRESTADO

De entre todas esas historias con “villanos prestados” de las que hablábamos antes, la que brillaría con luz propia ocuparía dos episodios, The Amazing Spider-Man #229 y 230 USA, y envolvería a Juggernaut, un peso pesado adscrito habitualmente a La Patrulla-X contra el que el pobre trepamuros tenía bien poco que hacer: “Quería que Spiderman luchara contra alguien que representara un desafío de verdad. Una amenaza física. Alguien a quien Spiderman ni siquiera pudiera golpear. No sé por qué, pero lo primero que me vino a la cabeza fue Juggernaut. Después de todo, su poder es que nadie puede pararle, así que, ¿qué pasaría si Spiderman tuviera que encontrar una manera de detenerle cuando el resto de los héroes están fuera de la ciudad?”, se preguntaba Stern, quien tejió un relato con reminiscencias de “El capítulo final”, la saga culmen de la etapa de Stan Lee y Steve Ditko, en la que Spidey también se veía forzado a un desafío por encima de sus capacidades físicas. La historia de Juggernaut servía para recuperar a Madame Web, una anciana con poderes precognitivos que procedía de la época O’Neil. A Stern le parecía muy sugestiva, pero no estaba de acuerdo en que conociera la identidad secreta de Spiderman. La saga con Juggernaut tendría esa preocupación como motor básico, para dar lugar a una de las mejores aventuras de la etapa, que además serviría para redefinir al villano. Éste y el trepamuros volverían a encontrarse en el futuro, pero siempre tomando como referencia esta mítica historia.

 

El debut de Madame Web, en The Amazing Spider-Man #210 USA (1980).

 

Stern también trató de recuperar algunos contrincantes arácnidos menos conocidos, como Tarántula o Fuego Fatuo, a los que envolvió en una conspiración alrededor de Roxxon Oil, conglomerado empresarial corrupto que hacía de las suyas en diversas colecciones Marvel, pero siguió asistiendo impotente a las reivindicaciones que los lectores hacían llegar a la editorial a través del correo. Muchos querían al Duende Verde de regreso, pero el guionista renegaba de tal posibilidad. Norman Osborn era el único Duende Verde que de verdad consideraba interesante, y había muerto diez años atrás, después de asesinar a Gwen Stacy, en una historia que hubiera sido imperdonable deshacer; los sustitutos, primero su hijo Harry y luego el psiquiatra de éste, para Stern nunca habían estado a la altura de la leyenda del gran patriarca Osborn… Y por eso se propuso ir en una dirección opuesta. Daría a los lectores lo que querían, un Duende de identidad desconocida, como había sido el rasgo más significativo del villano clásico en sus primeras apariciones, pero sin relación directa con los Osborn. “El Duende fue mi solución a las eternas reclamaciones sobre el Duende Verde”, comentaría al respecto. “Como ocurría con el Duende Verde original, nadie sabría quien era realmente, ni Spiderman ni los lectores. Pero, a diferencia de Norman, no estaría loco. El Duende sería tan fríamente calculador como pudiera escribirlo”.

El personaje se presentó en la segunda ocasión en que John Romita entintó los lápices de su hijo, en The Amazing Spider-Man #238 USA. Cuando el episodio estuvo terminado, Stern se acercó a Romita para recordarle que, doscientos números antes, en los años sesenta, había irrumpido en la serie, precisamente para dibujar la historia en la que se descubría que el Duende Verde era en realidad Norman Osborn. El relato original fue la primera historia de Spiderman que leyó Stern en su niñez. La pretensión del guionista con el nacimiento del Duende era reproducir las emociones que aquel cómic le habían producido. Desde el principio, tenía claro quién era en realidad El Duende, pero no se lo diría a nadie. Ni a Romita Jr, ni a Tom DeFalco, ni siquiera a su mujer o a su amigo John Byrne, quien presionó sin conseguir resultados. Nadie lo sabía. La respuesta del público fue abrumadora, de manera que el tema ocupaba cada vez más espacio en el correo de lectores. Allí, se especulaba con las posibles opciones. Los fans señalaban a Harry, a Lance Bannon, al hijo de Kingpin o incluso a J. Jonah Jameson como candidatos a Duende. Cualquiera podía ser el culpable, puesto que Stern había lanzado pistas falsas de todos ellos. Sólo Peter y Robbie Robertson estaban libres de sospecha. En paralelo, la trama creció y creció, hasta abarcar gran parte de los episodios e inundar la apoteósica conclusión de la etapa.

 

Póster creado por John Romita Jr. para Marvel Press, un proyecto de merchandising impulsado por Marvel en 1984.

 

EL FIN DE UNA ERA

En 1984, Marvel puso en marcha una curiosa iniciativa. Mientras los editores de todas sus series se encontraban en la Convención de Cómics de San Diego, sus asistentes cubrirían el puesto, con libertad para hacer cualquier cosa que se les ocurriera. Los resultados serían bastante sorprendentes e incluso rocambolescos. La Franquicia Arácnida representó una buena muestra del llamado “Mes de los Editores Asistentes”. En Marvel Team-Up, tía May se convertía en el Heraldo de Galactus (aunque luego no fuera más que un sueño); en Spectacular, el caricaturista Fred Hembeck dibujaba la mayor parte del episodio, y en Amazing, Roger Stern ofreció una emocionante historia en la que Spidey visitaba a un joven admirador que había coleccionado toda clase de objetos y artículos de periódico relacionados con el trepamuros. En apenas once páginas, el relato conseguía llegar al lector como pocos que se hubieran publicado nunca, con sinceridad, valentía y honestidad.

 

El origen de esta pequeña obra maestra hay que buscarlo meses antes de su realización. “Una mañana, me desperté literalmente con la historia en la cabeza”, explicaría luego Stern. “De hecho, apareció en mi mente tan completa que estaba convencido que debía haberla leído antes”. En los días siguientes, estuvo preguntando a otros colegas, pero nadie recordaba nada parecido. Sólo una vez convencido que el relato le pertenecía se atrevió a escribirlo, sin que hubiera siquiera lugar en Amazing para publicarla. “Estoy seguro que surgió de mi deseo de hacer una historia de interés humano al estilo de Will Eisner. Ése es el motivo por que está contada en parte mediante recortes de periódico. Quería que fuera eisneriana”, añade el guionista.

 

El relato se quedó unos meses en la reserva, esperando hueco, hasta que surgió el Mes de los Editores Asistentes. Esta iniciativa, como se revelaría un cuarto de siglo después, no fue exactamente como se transmitió a los lectores. Es cierto que los ayudantes fueron los amos del lugar durante unos pocos días, pero convertir tal cosa en una sorpresa diferente en cada serie fue decisión de Marvel, hasta el punto de que los editores principales fueron quienes planificaron las historias junto con los autores. En todo caso, el proyecto dejaría interesantes anécdotas que contar… Y también un relato que se sigue posicionando entre los favoritos de todos los tiempos por parte de los fans de Spiderman.

 

No fue John Romita Jr. quien dibujó “El niño que coleccionaba Spiderman”, sino Ron Frenz, un artista cuyo estilo recordaba con intensidad al de Steve Ditko, el creador gráfico del trepamuros. “Saqué todos mis cómics de Ditko para usarlos como referencia, porque creía que el chico protagonista de la historia hablaba de aquella época. Utilicé ese tono porque creía que, dado que se trataba de una historia con mucha caracterización de personajes y poca acción superheroica, el estilo permitiría identificar de inmediato a Spidey”, confesaría el artista, quien antes había pasado por las páginas de Ka-Zar The Savage y había tenido ocasión de dibujar algún número de Marvel Team-Up, aunque sería “El niño…” el trabajo que señaló su destino.

 

Portada de Marvel Team-Up #134 USA (1983), el primer cómic de Spiderman dibujado por Ron Frenz.

 

El mismo mes en que se puso a la venta The Amazing Spider-Man #245 USA también lo hizo The Uncanny X-Men #175 USA, cuyas últimas páginas estaban dibujadas por John Romita Jr. A partir del siguiente episodio, sería el nuevo artista fijo de los mutantes, aunque todavía podría seguir unos pocos meses encargándose del trepamuros. A su vez, desde Amazing #246 USA, la serie estaría coeditada entre Tom DeFalco y Danny Fingeroth, quien se quedaría en solitario apenas tres números más tarde, debido a que DeFalco se había hecho cargo de la recién iniciada Star Comics, la línea infantil de Marvel.

 

La labor de Stern en Amazing estaba cimentada en gran medida sobre su amistad con DeFalco. Ambos se compenetraban al máximo, de forma que las historias fluían con naturalidad. “Tom y yo estábamos en la misma onda”, recuerda el guionista. “Cuando se fue, ya no era lo mismo sin él. Tenía que explicar a Danny cada pequeño detalle de las historias, algo que nunca me pasó con Tom. Me caía bien Danny, pero me di cuenta de que, si seguíamos trabajando juntos, al menos uno de los dos se volvería loco”. Stern llamó entonces a Romita Jr., para comentar la situación, pero éste no hizo sino confirmarle que pronto dejaría Amazing, para quedarse sólo con los hombres-X. Una vez que los dos amigos en los que se había apoyado estaban fuera de la ecuación, Stern decidió que era un buen momento para que él también se marchara.

 

Lo paradójico de este fin de etapa es que, de haber sabido que Ron Frenz sería quien sustituyera a Romita Jr., el guionista probablemente hubiera accedido a seguir un tiempo más, pero esa decisión no se tomaría hasta más tarde, pese a que Frenz dibujó el último número con argumento de Stern, The Amazing Spider-Man #251 USA (1984). No menos sorprendente fue el nombre de quien dialogaría ese cómic y se confirmaría luego como su sustituto, ya que, al no aparecer ninguna persona adecuada, Fingeroth le propuso el trabajo al propio DeFalco, cuya posición de editor durante todos esos años le había permitido conocer al personaje como pocos escritores. Aceptó, y realizó junto a Frenz una etapa brillante, deudora de la de Stern / Romita Jr. y llena de hallazgos, pero nunca lograría que su amigo le confesara la verdadera identidad del Duende, por lo que el tema seguiría suscitando debate y acabaría por encontrar una solución en falso.

 

En cuanto a Romita Jr., durante aquellos años en que había dibujado Amazing mejoró lo indecible, toda vez que encontraba los entintadores que sabían complementarse con sus lápices. No es extraño que el mejor de todos ellos, Dan Green, le acompañara luego en The Uncanny X-Men. La idea inicial pasaba porque el artista se ausentaría de Amazing sólo durante medio año, pero cuando concluyó ese plazo y se planteó la opción de volver, Romita Jr. prefirió centrarse en los mutantes. No obstante, su historia con Spiderman estaba lejos de terminar: desde el final de la etapa Stern. ha vuelto a dibujar al trepamuros en repetidas ocasiones, con largas y continuadas estancias, de forma que en su bibliografía destaca también su larga cooperación con Joe Michael Straczynski, desarrollada entre 2001 y 2004 y recopilada en varios tomos de Marvel Héroes. Caso distinto, en su relación con el Hombre Araña, ha sido el de Roger Stern.

 

La ilustración más representativa de la etapa de Joe M. Straczynski y John Romita Jr. con el trepamuros, perteneciente a The Amazing Spider-Man #500 USA (2003)

 

A finales de los ochenta, poco después de que Peter Parker se hubiera casado, el guionista recibiría la oferta de volver a la franquicia, esta vez para escribir Spectacular, pero prefirió rechazarla: creía que el matrimonio del héroe había sido un error mayúsculo, por lo que no estaba interesado en escribirlo en esas circunstancias. Agradeció la atención a Jim Salicrup, el entonces editor, y le pidió que le volviera a llamar cuando el matrimonio se hubiera deshecho. Años antes de que eso ocurriera, en 1997, aceptaría regresar, para escribir una miniserie de tres números, Spider-Man: Hobgoblin Lives!, en la que se reuniría con Ron Frenz para al fin desvelar la identidad secreta del Duende, una solución radicalmente distinta a la que habían adoptado sus sucesores en Amazing, pero que mantenía la coherencia con todo lo que ellos contaron. Ya entonces, Stern no se sintió cómodo con lo mucho que había sido alterado Spidey desde que él lo escribiera. “Era como reencontrarse con un viejo compañero de Universidad. Era el mismo, pero había cambiado. Tenía demasiadas cosas en la cabeza”, decía. El matrimonio arácnido no se rompió hasta 2008, resolución a la que seguiría una etapa claramente deudora de la de Stern / Romita Jr., y en la que el guionista tendría cabida ocasional, con aventuras muy puntuales en las que se distinguía un brillo del esplendor de antaño, como un arco argumental en el que Spidey volvía a cruzarse en el camino de Juggernaut o un emocionante relato que ahondaba en la historia, nunca antes contada, del almacén en que Spidey había encontrado al asesino de tío Ben, y que se editó en conmemoración del cincuenta aniversario del héroe.

 

 

Página interior de Spider-Man: Hobgblin Lives! #1 USA (1987)

 

En España, esta época dorada ha aparecido en diversas ocasiones. Fue publicada, poco después de lanzarse en Estados Unidos, dentro del primer y mítico volumen uno del Spiderman de Cómics Forum, con las medidas que tenían los cómics de Marvel en España en aquella época; fue parcialmente recuperada en la segunda edición de dicha serie, cancelada antes de que llegara a completarse la etapa. Y también pudo verse en el coleccionable Spiderman cuyo lanzamiento coincidiera con la primera película del trepamuros o en la Biblioteca Marvel, aunque en blanco y negro y a tamaño reducido.

 

Este volumen ofrece la andadura de Roger Stern y John Romita Jr. en The Amazing Spider-Man de manera íntegra, a color y en formato original, circunstancias que nunca habían coincidido en las ocasiones mencionadas anteriormente. Bien entrado el siglo XXI, Stern se ha ganado el puesto del segundo escritor, sólo superado por Stan Lee, que mejor ha sabido entender a Peter Parker, y Romita Jr. el del dibujante definitivo del héroe arácnido, para algunos incluso por encima de su padre. Uno y otro, con la inestimable ayuda de Tom DeFalco, conjugaron la que sigue siendo considerada como la mejor etapa del trepamuros posterior a su Edad Dorada y el más certero ejemplo de lo alto que llegaron las aventuras de Spiderman en los años ochenta.

 

 

Artículo aparecido en Marvel Héroes. El Asombroso Spiderman de Roger Stern

DAREDEVIL Y LA CREACIÓN DE MARÍA TIFOIDEA: CAYENDO EN LA TENTACIÓN

Si en la actualidad el nombre de Daredevil sigue asociado al de Frank Miller, cabe imaginar que nunca existió un abismo mayor ante los editores de Marvel que en el preciso momento de la marcha de éste. El héroe tardaría cierto tiempo en encontrar un camino tan sólido como el que había transitado hasta entonces.

Como prueba de esa desorientación inicial, en un primer vistazo se barajó la opción de que fuera Steve Englehart, un mítico guionista que sin embargo ya había dejado muy atrás sus días de gloria, quien se hiciera cargo del personaje. Englehart, quien llegó a firmar algún episodio de Daredevil con el seudónimo de John Harkness, tenía pensado cambiar el habitual escenario de La Cocina del Infierno por el de la soleada California. Por suerte, aquella idea fue pronto desechada, de manera que Marvel optó por quedarse con Ann Nocenti, una guionista que hasta entonces había tenido un corto recorrido, pero que llevaba largo tiempo en Marvel, como excelente editora de las colecciones de mutantes.

 

Nocenti había escrito un fabuloso número de relleno, el primero que se había publicado tras la marcha de Miller, en el que contó con nada menos que el legendario Barry Smith como dibujante y en el que ya se ponía de manifiesto que su ideología, claramente progresista y con una sensibilidad especial hacia los marginados, empapaba cada página que escribía. Enseguida se adaptó al héroe, sin necesidad de romper con el pasado y partiendo de donde se había quedado Miller. Hay que recordar que, al final de “Born Again”, Daredevil salvó a La Cocina del Infierno de un ataque paramilitar, a la par que él mismo encontraba la redención a través de Karen Page. La conclusión de la guionista consistía en que Daredevil jamás tiraría la toalla. Había superado la crisis de fe a la que le sometió Kingpin durante “Born Again”, tenía un amor al que venerar y un barrio al que proteger. La vida se presentaba ante él más plena que nunca. Bajo esos parámetros, Nocenti escribió todas sus historias, que navegaban entre la denuncia y la búsqueda de la justicia.

 

La etapa se hubiera alzado por méritos propios con una legión de seguidores, pero no lo hizo hasta pasado el primer año desde la llegada de la escritora, puesto que, en todo ese tiempo, nunca contó con un dibujante estable, y los que la acompañaron en pocas ocasiones estuvieron a la altura de las circunstancias. Sería con la llegada de John Romita Jr. cuando todo cambió. Romita Jr. conocía a Nocenti de su época en La Patrulla-X y enseguida se estableció entre ellos una complicidad absoluta, de tal forma que, por primera vez en su carrera, el dibujante pudo aportar ideas a la historia, lo que aumentó su implicación personal en el proyecto y permitió llevar a la serie un escalón más allá en cuanto a relevancia y grandilocuencia. Enseguida se hace patente la seguridad que adquiere la escritora gracias al respaldo que supone la presencia de un compañero de viaje tan sólido. Si hasta ese momento sus relatos solían abarcar apenas uno o dos episodios, con algunas pequeñas tramas transversales entre ellos, desde la llegada del nuevo ilustrador Nocenti se lanzó a hacer grandes ciclos argumentales.

 

El primero de los que planificó, incluido en este volumen, es en el que se presentaba a una nueva rival para Daredevil que brillaría por su originalidad y carisma. Si nos atenemos sólo a las grandes pinceladas, podría decirse que María Tifoidea sigue las líneas maestras establecidas por Frank Miller para Elektra, que no nos encontramos sino a un repuesto para ésta: una asesina a sueldo que responde a las órdenes de Kingpin, el archienemigo de Daredevil, y que a la vez es la amante de Matt Murdock. Sin embargo, afirmar tal cosa sería quedarse en el barniz exterior del personaje, ignorando el verdadero significado que María Tifoidea guarda en la leyenda del Hombre Sin Miedo.

 

Porque ella es mucho más que de lo que cabe imaginar en ese primer vistazo. De hecho, el objetivo perseguido por Nocenti a la hora de introducir al personaje consistía en romper con todos los tópicos del cómic alrededor de las mujeres. La guionista estimaba que la mayoría de sus colegas barones construían a los personajes femeninos a través de imagen simplistas y categóricas: la mujer ardiente, la virginal, la buena madre… ¿Qué pasaría si una única mujer reuniera todas esas características, antitéticas entre ellas en algunos casos? El resultado fue el nacimiento de María Tifoidea, que se convertía en el obstáculo en el camino, es la pieza disonante, la pequeña bomba de relojería que Kingpin introducía en la vida perfecta de su peor enemigo y con la que esperaba cobrarse su revancha. Matt Murdock superó su peor golpe, renació de las cenizas y se reinventó a sí mismo como defensor de La Cocina del Infierno. Pero, ¿Cuán duraderos son los muros con los que Daredevil ha construido su nuevo mundo? Como devoto cristiano que es, Matt asienta su fe sobre la superación de las tentaciones… y María es la mayor de las tentaciones con las que se haya cruzado nunca.

 

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Héroes. Daredevil: María Tifoidea

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 18: EL DÍA QUE FELLINI VISITÓ MARVEL

Romita envidiaba el desfile de habilidades pictóricas que había desarrollado Ditko en las apariciones de Mysterio, así que se concentró en llevar al villano al terreno de los efectos especiales, en lugar del de las ilusiones, en que se había concentrado su antecesor. Fue a él, y no a Stan, a quien se le ocurrió la idea de simular el empequeñecimiento del trepamuros (p 113).

 

Spidey pasaba por encima de los jóvenes que portaban pancartas y entre los que abundaba variedad racial y de género. El dibujante no los había representado como extremistas radicales, sino como personas convencionales con buenas razones para indignarse. […] En otros tiempos, el dibujante de Amazing se habría encargado de que la policía pusiera a buen recaudo a los alborotadores, pero las cosas habían cambiado (p 113).

 

“La saga de la tablilla” se extendió para cubrir casi un año de publicaciones, hasta el Amazing #77 (octubre de 1969), lo que la convirtió en la aventura más larga del trepamuros publicada hasta la fecha. “Creo que quizás lo alargamos un pelín demasiado”,

 

Cabello de Plata obligaba a Connors a sintetizar un compuesto químico rejuvenecedor basado en las inscripciones de la tablilla. Tras beberlo, pasaba de anciano a maduro, pero el proceso no acababa ahí, y seguía rejuveneciendo sin parar. “Esa idea tan tonta se me ocurrió a mí y creí que Stan no la aceptaría”, desvela Romita (p 114).

 

“Cuando Federico Fellini vino a las oficinas de Marvel a conocer a Stan Lee”, rememora Jazzy al respecto de la época, “no fue un truco publicitario. Fellini se daba cuenta de que Stan estaba haciendo algo con los cómics que era digno de elogio. No hacía falta que los llamara cómics adultos, lo estaba haciendo en el campo de los cómics infantiles, pero les estaba dando unos niveles de profundidad que nunca habían tenido” (p 115).

 

Habla Romita: “Los lectores solían escribir cosas como ‘Dejad que Peter Parker se divierta de vez en cuando’. Incluso me lo decía John Jr. cuando tenía trece años. Estábamos ideando una historia juntos y yo decía que Peter tenía problemas amorosos y él contestaba: ‘¿Por qué no le dejáis tranquilo de vez en cuando? ¡No hacéis más que meterle en problemas!’. Y esto me lo decía un crío de trece años” (p 115).

 

En verano de 1968, Eye Magazine, una revista de gran formato publicada por Hearst Corporation y destinada a cubrir los segmentos universitarios de la población, llevaba, entre artículos dedicados a los Beatles y a Bob Dylan, un largo reportaje sobre La Casa de las Ideas (p 116).

 

Eye centraba una parte del contenido del reportaje en “La saga de la tablilla”, como ejemplo del interés de Marvel por los problemas del mundo real, toda vez que se maravillaba por una discusión que había surgido en el correo de los lectores acerca de si Spidey debía acudir a filas para luchar en la guerra del Vietnam (p 116).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

EL AMAZING SPIDER-MAN #600 USA: UN 00 COMO NINGÚN OTRO

Había pasado una semana desde la llegada a las librerías de The Amazing Spider-Man #600 USA. Aquel cómic era uno de los cómics más complicados que había acometido jamás Dan Slott, pero también uno de los más satisfactorios. Sabedor de que los números redondos son muy especiales y se quedan en la retina del lector, para bien o para mal, puso todo su empeño en componer algo memorable. ¿Lo había conseguido? Con el Spidey de “Un nuevo día”, siempre era difícil saberlo, puesto que muchos aficionados continuaban mirando al trepamuros desde la desconfianza provocada por el descasamiento. Tras sentarse ante la audiencia que le esperaba en la Chicago Comic-Con, aquel verano de 2009, las primeras palabras de Slott fueron: “Chicos, ¿habéis leído ya el #600?”. Y entonces, la multitud rompió en aplausos.

 

 

Los números 00 siempre habían representado una ocasión destacable, incluso en tiempos en los que la editorial mantenía intacto el número de páginas pese a la significativa circunstancia. Stan Lee todavía tenía esa limitación cuando alcanzó The Amazing Spider-Man #100 USA (1971). Apenas contaba con las 19 planchas habituales en aquel entonces, pero eso no impidió a The Man ofrecer un relato memorable, en el que Spidey revivía su origen y se enfrentaba metafóricamente a sus peores enemigos, para terminar en una situación tan sorprendente como que le hubieran crecido cuatro brazos extra. Ocho años después, Marv Wolfman ya había conseguido que el Fantastic Four #200 USA tuviera extensión doble. Unida esta circunstancia a que en sus páginas concluía una emocionante saga que enfrentaba al cuarteto con su peor enemigo, el Doctor Muerte, dio como resultado que las ventas aumentaran considerablemente, pese a que el mayor número de páginas entrañaba también un precio mayor. Con el terreno allanado, The Amazing Spider-Man #200 USA (1979) fue también doble, también la culminación de una gran historia escrita por el mismo equipo de Los 4 Fantásticos y además una fiesta tan señalada que incluso Stan regresó, para escribir el epílogo.

 

No menos importancia revistió The Amazing Spider-Man #300 USA (1988), en que David Michelinie y Todd McFarlane presentaron a Veneno, el peor enemigo con el que se encontraría el trepamuros en mucho tiempo. The Amazing Spider-Man #400 USA (1995) formaba parte de “El regreso del clon”, y por lo tanto ni empezaba ni finalizaba ninguna trama, pero J. M. DeMatteis y Mark Bagley hicieron de aquel número algo único, al presentar la muerte de Tía May. Continuó siendo un tebeo para recordar, incluso cuando esa muerte fue deshecha, algunos años después. ¿Y qué decir de The Amazing Spider-Man #500 USA (2003)? Joe M. Straczynski y John Romita Jr. condujeron a Peter Parker a lo largo de toda su carrera como trepamuros, para en las páginas finales reencontrarse tanto con Tío Ben como con John Romita. Una aventura extraordinaria, sin lugar a dudas.

 

En 2009, llegaba la hora para The Amazing Spider-Man #600 USA. Tras un año del arranque de “Un nuevo día” y con más de cincuenta entregas a las espaldas del landscape, el editor Stephen Wacker mantenía un cierto equilibrio entre los diversos escritores que componían el proyecto. Todos habían tenido grandes oportunidades para brillar y las habían aprovechado, pero quizás ninguno con tanto acierto como Dan Slott. No sólo se ganó el derecho a encargarse de ese número tan destacado, sino que además se moría por hacerlo. John Romita Jr., al que Joe Quesada calificaba por aquel entonces como “el mejor dibujante de cómics del mundo”, regresaba a casa, con lo que se reunía el equipo creativo que había dado lugar a “Nuevas formas de morir”, uno de los mayores campanazos de todo “Un nuevo día”. Wacker puso todo de su parte para que aquella entrega fuera distinta a las demás, e incluso por encima de cualquier otro 00 que hubiera protagonizado el trepamuros. El cómic tendría cerca de un centenar de páginas, con más de la mitad dedicadas a la historia principal, lo que equivalía a tres números convencionales, y con el resto a pequeños relatos elaborados por otros miembros del braintrust arácnido, a los que también se sumó una pequeña joya de Stan Lee y Marcos Martín que brillaba con luz propia. La historia principal estaba destinada a narrar la boda de Tía May con J. Jonah Jameson Senior, un subargumento que se venía desarrollando desde unos cuantos números antes, pero Slott tuvo la idea de traer al villano perfecto para una ocasión así… un hombre que, en el pasado, llevó también a la buena de May Parker ante el altar, aunque Spiderman impidió que se culminara la ceremonia: Otto Octavius, también conocido como Doctor Octopus.

 

A juicio de Slott, Spidey no tenía un antagonista mayor que el Doctor Octopus. Su enemistad había dado pie a algunas de las más memorables aventuras arácnidas, y el guionista veía a Otto Octavius como el reverso tenebroso de Peter Parker: un genio de la ciencia, introvertido y falto de habilidades para relacionarse con los demás, que se había deslizado por la senda criminal al carecer del fondo ético que el Tío Ben aportó a Peter. En el horizonte a largo plazo, la mayor epopeya de Spiderman que llegaría a escribir Slott iba a colocar a Octopus en el centro del escenario, y era en este Amazing #600 USA donde se daba el primer paso del que sería un largo camino, cuyo impacto completo no se entendería hasta pasados otros cien números. Phil Jimenez, uno de los artistas habituales de la serie, rediseñó por completo al villano, para reflejar la situación en la que se encontraba y que le llevaría hasta territorios nunca antes explorados.

 

En lo estructural, la referencia básica de Slott fue The Amazing Spider-Man Annual #1 USA (1964), el primer gran especial del personaje, que permanecía como uno de los mejores y más completos de su historia. Como entonces, estaba Octopus como gran amenaza en la sombra, aquí sin el resto de Los Seis Siniestros, la aparición especial de buena parte de los héroes del Universo Marvel, el secuestro de personas cercanas a Peter y un tono lúdico que hacía de la lectura un disfrute en cada página. La última, además, reservaba una sorpresa destinada a alimentar las siguientes historias. Amazing había alcanzado seiscientas entregas publicadas y la fiesta que celebraba la ocasión no hacía sino adelantar un futuro brillante.

 

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 23

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