UN MOMENTO EN EL TIEMPO: UN ANEXO ESCLARECEDOR PARA “UN DÍA MÁS”

Tres años después de la polémica aventura con la que Marvel en general y Joe Quesada en particular pusieron fin retroactivamente al matrimonio entre Peter Parker y Mary Jane Watson, Spiderman había recuperado el favor del público, gracias a los buenos oficios del equipo creativo coordinado por Stephen Wacker. Los lectores, pese a que un sector todavía recordaba con amargura la historia que tanto le había molestado, empezaban a darse cuenta de que no había marcha atrás. A certificarlo vino “Un momento en el tiempo”, una especie de secuela de “Un día más”, que Joe Quesada, el máximo responsable de ésta, acometió literariamente en solitario y artísticamente junto al extraordinario dibujante Paolo Rivera, con el objetivo de matizar, corregir y minimizar la saga que él mismo se había empeñado en realizar.

 

“Un nuevo día” ejemplifica la manera en la que, en algunas ocasiones, el género de superhéroes toma decisiones destinadas a perdurar en el tiempo que se acometen bajo circunstancias límite y, por lo tanto, en ausencia de una reflexión calmada sobre las consecuencias que tendrán. Hay que recordar que la trama de esta saga fue modificada sobre la marcha, debido a las discrepancias entre el estamento editorial de Marvel y Joe M. Straczynski, el guionista encargado de acometer la historia. Mientras que JMS estaba dispuesto a alterar de manera extrema la continuidad del trepamuros, en La Casa de las Ideas procuraron minimizar daños y que el matrimonio del trepamuros fuera extirpado sin dejar huellas. Hubo, en las prisas por cerrar el relato cuanto antes, una falta de cálculo con respecto a cómo se tomarían los lectores todo aquello, y en los meses posteriores se hicieron necesarias puntuales matizaciones por parte de los autores de “Un nuevo día”, que nada habían tenido que ver con “Un día más”, pero que se veían condenados a explicar aspectos concretos.

 

Todos esos remiendos iban encaminados a reducir a su mínima expresión la parcela de la historia en la que Mefisto había intervenido: Si Harry Osborn estaba vivo no tenía que ver con el demonio, sino con circunstancias externas. Si Peter había recuperado los lanzarredes mecánicos el motivo tampoco estaba relacionado con lo que hubiera hecho o dejado de hacer Mefisto. Y, si su identidad volvía a ser secreta, el favor se lo debía a otro, no a la representación marveliana del diablo. Todo eso había quedado claro a lo largo de diferentes historias narradas durante “Un nuevo día”. Con todo, quedaban muchas preguntas sin respuesta. ¿Qué había susurrado Mary Jane al oído de Mefisto, y que fue trascendental para que ella aceptara el pacto? ¿Quiénes recordaban exactamente qué de lo que había ocurrido? ¿en qué medida se había modificado la vida de Peter y Mary Jane? ¿Había cambiado algo más en sus vidas, aparte del hecho de que estuvieran o no casados? ¿Y, si lo había hecho, en qué medida afectaba al resto de los sucesos narrados en veinte años de cómics?

 

Para Quesada, “Un momento en el tiempo” era la manera de responder todas esas cuestiones, saldar cuentas con los lectores y, al fin, dejar atrás el asunto. Muy pronto iba a abandonar el puesto de Director Editorial, para acceder a encomendados superiores dentro de la compañía, pero no quería marcharse con un regusto amargo acerca del cómic de Spiderman por el que se le iba a recordar para siempre. Orquestó la historia sobre una larga conversación entre Peter y Mary Jane, que él mismo dibujaría, y que daría paso a diferentes flashbacks, destinados a reconstruir, desde la boda ahora nunca celebrada, para la que recuperó páginas del cómic en que había tenido lugar, The Amazing Spider-Man Annual #21 USA (1987), hasta las circunstancias en que se habían desarrollado los acontecimientos después de que Tía May quedase al borde de la muerte. Para todas esas nuevas escenas del pasado recurrió a Paolo Rivera, un artista que habitualmente realizaba cómics pictóricos de aire nostálgico a lo Norman Rockwell. Salvo por un puñado de especiales agrupados bajo el título de Mythos, que reconstruían los orígenes de populares personajes de la compañía, solía concentrarse en las cubiertas, pero Stephen Wacker había logrado que saltara a los interiores para un par de relatos puntuales del trepamuros. Cuando se limitaba al lápiz y la tinta, Rivera mostraba un delicado estilo similar al de John Romita, lo que suponía un valor legitimador para una historia que sin duda lo necesitaba.

 

¿Cumplió “Un momento en el tiempo” sus objetivos? Es difícil precisar. Sí que aportó unas cuantas certezas que permitieron dejar atrás muchas de las cuestiones que había generado “Un día más”, y también facilitó las cosas para quien, en el futuro, quisiera volver sobre los años en los que Peter Parker había estado casado. Pero lo cierto es que los aficionados que todavía adjuraban de la ruptura de la pareja como lo peor que se podía haber hecho seguirían indignados, probablemente irrecuperables, mientras que los que permanecían a bordo ya habían pasado página, por no hablar de los que se habían unido desde entonces. A efectos prácticos, cada vez importaba menos que, en un momento de su trayectoria, Spidey hubiera estado casado. Pronto quedaría como una fase más de la historia del personaje, y pronto también habría toda una generación de seguidores arácnidos que nunca habrían vivido aquella época y no tendrían el menor motivo para echarla de menos.

 

Texto originalmente aparecido en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 29

ULTIMATE X-MEN 1: EL CAMINO HACIA EL MAÑANA

La línea Ultimate pasó por un largo proceso de trabajo previo antes de ver la luz. Tanto Bill Jemas, presidente de Marvel y padre del concepto, como Joe Quesada, el Director Editorial de La Casa de las Ideas, tenían claro que el nuevo sello debía asentarse sobre dos grandes titanes, que a su vez eran los personajes más populares de la editorial: Spiderman y La Patrulla-X. Gracias a que Brian Michael Bendis se sumó al proyecto, el reto de reinventar al Hombre Araña pudo superarse de manera sobresaliente. Sin embargo, en la editorial se antojaba mucho más complicado trasladar los presupuestos de la Marvel Definitiva a un concepto cuya naturaleza misma es el cambio.

La Patrulla-X original nació en 1963 de la mano de Stan Lee y Jack Kirby. El concepto de los mutantes, seres que adquirían sus habilidades especiales al nacer, como consecuencia de una modificación genética, no era extraño dentro de la ciencia ficción, pero el gran patriarca Marvel le dio una orientación innovadora: los humanos convencionales temían, odiaban y rechazaban a estos mutantes, al considerarlos como el escalón evolutivo que un día habría de sustituirlos. Frente al discurso de coexistencia pacífica que avalaba el telépata Charles Xavier a través de cinco jóvenes con variopintos poderes, se posicionaba Magneto, decidido a aplastar a la humanidad en lugar de ayudarla. Tal planteamiento tenía ecos de las diferentes posturas alrededor de la lucha de los negros por conseguir los mismos derechos que los blancos, polarizada durante aquellos primeros años sesenta por la figura, pacífica y dialogante, de Martin Luther King, y por la frentista y radical de Malcom X.

 

La profundidad del mensaje que proponía el cómic nunca llego a calar entre los lectores, de manera que La Patrulla-X fue decayendo en ventas hasta su práctica desaparición. Fue ya a mediados de la década de los setenta, con el renacimiento del grupo a través de una formación internacional que incluía personajes como Lobezno, Tormenta, Coloso y Rondador Nocturno, y mediante las historias, complejas a la par que épicas, tejidas por el guionista Chris Claremont junto a los dibujantes Dave Cockrum, John Byrne o John Romita Jr., cuando los mutantes de Marvel alcanzaron un éxito monumental. Con el paso del tiempo. La Patrulla-X se extendió a toda una franquicia de series, luego dio el salto a la televisión y posteriormente a la gran pantalla de cine.

 

En la trayectoria de los mutantes de Marvel habían tenido cabida, por lo tanto, diversas perspectivas del concepto inicial. El supergrupo de chavales estadounidenses de los inicios poco tenía que ver con el que viera la luz una década después, y éste a su vez también se alejaba de las intrincadas tramas propias del cambio de siglo, con los mutantes repartidos en multitud de grupos y colecciones, cada una con su orientación diferenciada del resto. Un espectador que disfrutara de la película no tendría la menor idea de cómo acercarse a los cómics de mutantes.

 

En la editorial querían evitar por todos los medios ese escenario, de manera que, antes de que el filme llegara a las carteleras, comenzaron a trabajar en Ultimate X-Men. Y no fue nada fácil. Brian Michael Bendis, el responsable literario de Ultimate Spiderman, era quien debía materializar el proyecto, que estaría dibujado por el español Salvador Larroca. ¡Pero ambos autores se quedaron por el camino! Tras dar vueltas al asunto, Bendis estimó que no era capaz de encontrar “la voz de los personajes” con la misma intensidad con la que se había hecho con la de Spiderman, por lo que prefirió renunciar antes de que la nave encallara. En cuanto a Larroca, en el tiempo que pasó hasta que por fin se pudiera poner en marcha la serie, acabó por incorporarse a otra colección, por lo que tampoco estimaba oportuno permanecer a bordo. No obstante, antes de irse dejó un buen número de diseños, en los que combinaba “la estética Matrix” que se vería en la película con el tono de los hombres-X clásicos. El trabajo era tan formidable que sería utilizado en su mayor parte.

 

Y entonces llegó Mark Millar, el más atrevido guionista del panorama estadounidense, un escocés que estaba rompiendo con todos los clichés de los superhéroes. Lo hacía en las páginas de Authority, un cómic de la independiente Image que había heredado de las manos del polémico Warren Ellis y al que había conseguido llevar incluso un escalón más allá de donde lo dejó su creador. Authorityera la mezcla perfecta de espectáculo sin límites, protagonistas de carisma insuperable y tramas audaces con un cierto trasfondo político que las hacía relevantes. Parecía haber nacido para escribir Ultimate X-Men, aunque entre sus lecturas de cabecera no se encontraran precisamente los mutantes. Nada más ser fichado por Marvel, puso multitud de ideas encima de la mesa. La que se llevó el visto bueno de los editores se alejaba bastante de lo que cabía esperar. Consistía en que La Patrulla-X fuera un grupo de mutantes al servicio del presidente de Estados Unidos que debería combatir la amenaza del terrorista Magneto. El primer número comenzaría con una misión de alto riesgo en Oriente Medio, con Jean Grey, Cíclope, La Bestia… ¡Y Mística! formando parte del grupo. El espectacular Adam Kubert incluso había dibujado unas cuantas páginas, y entonces…

 

…Entonces llego el 17 de julio de 2000: El estreno en cines de X-Men. Ni siquiera en Marvel estaban seguros de cómo funcionaría la película, pero lo hizo excepcionalmente bien: más de 54 millones de dólares recaudados sólo en Estados Unidos durante el primer fin de semana. Fue el dato que supuso una revolución dentro de La Casa de las Ideas, pero también en lo que a Ultimate X-Mense refiere: los planes que tenían diferían demasiado de la película. Había que empezar de nuevo.

 

Millar tiró a la basura su enfoque militarista, para cambiarlo por el de “mutantes a la carrera”. En este mundo, las autoridades persiguen a todo aquel que tenga “algo malo” en su ADN. Hay un psicópata aterrador llamado Magneto que quiere reclutar a esos jóvenes fugitivos para su guerra contra la humanidad… Y sólo se le opone un hombre en silla de ruedas, que ha logrado convencer a un puñado de chavales para que se unan a su sueño de paz. El argumento simplificaba al máximo décadas de cómics al tiempo que mantenía un hermanamiento con la película allá en lo que fuera necesario: en el tono inteligente de la narrativa o en la elección de héroes y villanos. No obstante, Millar también se tomó cuantas libertadas estimó oportunas. Frente a las limitación presupuestaria del filme, no había desafío demasiado grande para el lápiz de los hermanos Kubert, Adam y Andy. Ultimate X-Men, por tanto, ofrecería todo lo que los espectadores se habían encontrado en el cine, pero también mucho, mucho más: gigantescos robots Centinelas pisando las calles de Nueva York, increíbles batallas a lo largo del planeta, giros argumentales completamente inesperados… Y un Lobezno como nunca antes se había visto.

 

El resultado fue un auténtico bombazo desde el momento de su lanzamiento. Si Ultimate Spidermanhabía logrado conquistar el corazón de los lectores unos meses antes, Ultimate X-Menles metería el corazón en un puño. La gente del mañana estaba aquí. Y el mañana ya era hoy.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 1

LOS VENGADORES VS. LA PATRULLA-X: ZONA DE COMBATE

“VvX: Los Vengadores Vs. La Patrulla” fue un evento decididamente lúdico. Frente a otras propuestas de Marvel, en las que se buscaba la alegoría social o política, en “VvX” se apostó por la espectacularidad y el espíritu de los cómics clásicos, donde las peleas entre los superhéroes se planteaban como divertidos choques cuasi deportivos que no dejaban mayor consecuencia. El modelo básico estaba en un mítico crossover de los años setenta, el que enfrentó a Los Vengadores contra Los Defensores. En esa saga, uno de los elementos más llamativos residía en los combates individuales entre diferentes miembros de ambos equipos, que permitía a los lectores ponerse de parte de su personaje favorito. En la serie central de “VvX” no había mucho espacio para tales juegos, pero en el Bullpen tuvieron una idea que permitió darles la relevancia que merecían.

 

La batalla entre Los Vengadores y Los Defensores, que desarrollara Steve Englehart en 1973, cuando era guionista de las series de ambos equipos, hundió las raíces en los viejos encuentros entre La Liga de la Justicia de América y La Sociedad de la Justicia de América, con los que compartía andamiaje y filosofía. Se trataba, a fin de cuentas, de una gran tradición inserta dentro del cómic estadounidense de superhéroes. En Los Vengadores Vs. Los Defensores, los combates individuales sirvieron de aliño a una estructura argumental muy tenue, de tal manera que apenas unas pocas páginas estaban dedicadas a la trama en sí, mientras que los duelos conformaban el grueso de la aventura. A día de hoy, los aficionados que disfrutaron de aquella batalla, sin parangón hasta entonces, todavía recuerdan con gozo sus choques favoritos y de parte de quién estaban, más que el engaño al que habían sometido Dormammu y Loki a sus enemigos para que lucharan entre ellos.

 

Cuatro décadas después, en Marvel eran conscientes de todas estas circunstancias y las tuvieron en cuenta a la hora de trazar las líneas maestras de “VvX”. La naturaleza de este evento se diferenciaba claramente de otras sagas que habían tenido lugar en La Casa de las Ideas en años inmediatamente anteriores, como “Civil War”, “World War Hulk”, “Asedio” o incluso “Miedo Encarnado”. Para acompañar a todas ellas, Marvel lanzaba una serie de complemento, habitualmente subtitulada “Primera línea”, que se acercaba a los aspectos más mundanos y a pie de calle del conflicto en cuestión. Solía erigirse como el vehículo perfecto para explicitar las conexiones de la historia con el mundo real. Sin embargo, en una aventura que explicaba cómo Los Vengadores y La Patrulla-X combatían entre ellos a cuenta de la llegada de una entidad cósmica no parecía haber lugar para tal cosa. Sí, tal vez podría haberse lanzado un “VvX: Primera Línea” que abordara el impacto de lo ocurrido entre los ciudadanos de Wakanda que sufrían las iras de Namor o entre los habitantes de los países a los que ayudaban los Cinco Fénix… pero parecía algo innecesario. En su lugar, la serie de acompañamiento de “VvX” estaría dedicada a la diversión en su grado más elevado.

 

Y es que, mientras desarrollaban el apretado argumento de VvX, en La Casa de las Ideas fueron conscientes de una terrible realidad. Una inmensa mayoría de lectores estarían aguardando los grandes combates que se desarrollarían durante la aventura. Las posibilidades eran poco menos que infinitas: Cíclope contra el Capitán América, Magneto contra Iron Man, Pícara contra Ms. Marvel, Tormenta contra Thor, Dr. Extraño contra Magik… Cada personaje tenía poco menos que un opuesto perfecto al que enfrentarse. ¿Cuál era entonces el problema? Pues que en la serie central pasaban tantas cosas que no había apenas espacio para esas batallas. ¿Solución? Trasladarlas a ese título companion huérfano todavía de definición. El encargado de poner en marcha el proyecto complementario fue Nick Lowe, coordinador de la Oficina Mutante, que en el evento principal ejercía labores de editor consultivo, mientras que la posición de editor principal recaía sobre Tom Brevoort. Al contrario que hubiera ocurrido con pasadas series complementarias de evento, Lowe decidió prescindir de un equipo creativo fijo, y en su lugar apostó a lo más alto… ¡y ganó! Cada entrega estaría compuesta de dos historias diferentes, cada una con autores de lujo. Algunos de los mejores guionistas y dibujantes con los que contaba La Casa de las Ideas al comienzo de la segunda década del siglo XXI se daban cita en esa serie companion, como ya ocurría, por otra parte, en el título principal.

 

Quizás AvX: Vs no sea ninguna obra maestra, pero constituye un entretenimiento de primer orden, donde los propios autores vuelven a ser chavales, orquestando las batallas que más les hubiera gustado leer a ellos mismos, y transmitiendo ese entusiasmo a los aficionados. Hay choques obvios, como el de Magneto, el mutante que controla las fuerzas del magnetismo, contra Iron Man, el caballero vestido con una armadura de hierro; hay viejas rivalidades recalentadas, como la que encontramos entre La Cosa y Namor, integrante y viejo rival de Los 4 Fantásticos, respectivamente; hay guiños a historias clásicas, como la que representa el choque de Spidey contra Coloso, aquí con el poder de Juggernaut; hay peleas que entran en lo personal y que cambian trayectorias vitales, como la que tiene lugar entre Pantera Negra y su esposa Tormenta; hay un último combate que se llevaba esperando casi desde que se anunciara el evento, el de Hope contra La Bruja Escarlata, e incluso hay una traca final, de historias cortas con un toque humorístico y/o paródico. No hubiéramos podido dormir sin ese Jarvis vs. El Sapo.

 

Este volumen recopila las seis entregas que tuviera la edición americana del proyecto, y se completa además con el especial A-Babies Vs. X-Babies, una auténtica y deliciosa locura, inspirada por la cubierta variante que realizara Skottie Young para el primer número de la serie troncal. En ella, el dibujante de la adaptación al cómic de El mago de Oz había presentado versiones infantiles de los dos grupos en liza. Los lectores aplaudieron de tal manera la ocurrencia que en Marvel no les quedó más remedio que transformarla en un especial, para el que Young se quedó en tareas literarias, cediendo la parte artística a Gurihiru. El éxito fue tal que, a partir de entonces, cada nuevo lanzamiento de Marvel está apoyado por una “baby variant” de Young. Fue una manera de mantener cierta acogedora familiaridad entre un tiempo que tocaba a su fin, el de la Marvel que pusiera en pie Joe Quesada, y Marvel Now!, el landscape al que dio pie la guerra entre Los Vengadores y La Patrulla-X y con el que Axel Alonso, que acababa de ser nombrado Director Editorial de la compañía, lanzaba su primera gran iniciativa. La sensación de continuidad era más ilusoria que real: una época nueva, y radicalmente diferente, estaba a punto de iniciarse en Marvel.

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Deluxe. VvX: Versus

UN NUEVO DÍA TRAS EL RASTRO DE LA ARAÑA: ENTRE LA NOSTALGIA Y EL SALTO ADELANTE

La paradoja fue una de los retos al que se enfrentaron constantemente los guionistas coordinados por Stephen Wacker durante el desarrollo de “Un nuevo día”. Tenían el mandato de apostar por las esencias de Spiderman al tiempo que apuntaban hacia el futuro del personaje; habían dejado atrás un cambio radical sobre el que Marvel no quería dar demasiadas explicaciones, pero las circunstancias les obligaban a entrar en detalles a cada paso que daban. Esos condicionamientos no se metamorfosearon en piedras en los zapatos, sino en herramientas que utilizar para un objetivo que estaba por encima de cualquier otro: el de ofrecer cómics divertidos.

 

EL LADO OSCURO DE LO ESTRAFALARIO

Tras “El rastro de la araña” arrancaba la que extraoficialmente se definía como segunda temporada de “Un nuevo día”. Stephen Wacker continuaba preocupado por reforzar sus efectivos con talento literario. Mark Waid había cubierto el hueco dejado por Zeb Wells, pero la apretada cadencia de publicación exigía más madera. El presupuesto no daba para grandes estrellas, pero en su lugar el editor optó por recurrir a un perfil de guionista en que la profesionalidad estuviera en el primer puesto de la lista de méritos. Fred Van Lente, un estadounidense que llevaba un tiempo en Marvel haciendo dignos trabajos discretos con algún éxito puntual, fue requerido para unirse a la fiesta. Hasta entonces solía estar presente en proyectos ligeros, desde versiones infantiles de los héroes de siempre a The Incredible Hercules, donde había compartido tareas con Greg Pak, pero lo que pocos sabían es que Van Lente tenía una especial atracción por lo siniestro, que apenas había dejado entrever en sus últimas notas bibliográficas: una miniserie de Marvel Zombies y una versión noir de La Patrulla-X. Dentro de la Oficina Arácnida, dio rienda suelta a esa vertiente. Su carta de presentación fue The Amazing Spider-Man #589 USA, un cómic autoconclusivo para el que eligió como villano a La Mancha, criminal de tercera fila del que habitualmente se hacían chanzas. Pero Van Lente dejó congelada la sonrisa del lector veterano que recordaba aquellas ridículas historias del pasado. Las habilidades de La Mancha, abordadas desde una nueva perspectiva, tenían aplicaciones tan retorcidas como mortíferas. Ya nadie se burlaría de él. “Steve Wacker me pidió que le hiciera menos divertido y más digno de pertenecer a la galería de enemigos de Spidey”, dijo el autor. “La Mancha puede aparecer desde arriba, por detrás… En cualquier sitio en el que estés. A cualquier persona le debería resultar aterrador, por muy tonto que sea el personaje”,

 

LA CUESTIÓN DE LA IDENTIDAD SECRETA

Era una de las incógnitas que había dejado el ambiguo final de “Un día más”. Joe Quesada había pretendido, en un primer momento, que no hubiera nada que explicar. El matrimonio nunca había existido, Harry Osborn, los lanzarredes y la identidad secreta estaban de vuelta y había que echar la culpa de todo a la magia, pero una vez que el equipo de “Un nuevo día” tuvo que bajar al barro y escribir, una detrás de otra, cada historia del trepamuros, quedó en evidencia que las explicaciones eran necesarias para contar con un terreno firme sobre el que moverse. Amante de la continuidad y del uso de sus libretos como instrumento para ordenar la casa, Dan Slott se había erigido como el principal responsable de dar contenido a todo ese cúmulo de inconsistencias que dejó el choque con Mefisto. Cuando Quesada optó por éste, eligió también la opción sencilla, porque el diablo parecía capaz de alterar lo que fuera necesario sin mayores problemas. En la letra pequeña se evidenció que no había sido buena idea acudir a lo sobrenatural para reconfigurar a un héroe tan urbano y pegado a tierra como Spiderman. Por eso, cuanto más estuviera alejado el demonio de lo que había ocurrido, más verosímil sería el mundo arácnido construido tras su intervención. Cada nueva respuesta que ofrecía Slott restaba importancia a Mefisto, acotando cada vez más su intervención en lo ocurrido. Sí, Harry había vuelto, pero el motivo estaba en los efectos secundarios de la Fórmula Duende, no en ningún pacto con el demonio. Ésa era sencilla, pero, ¿qué pasaba con la identidad secreta, que Peter hubiera destruido ante las cámaras de todo el mundo durante “Civil War”? Es más, ¿qué ocurría con todos aquellos que, antes de la salida arácnida del armario, ya conocían el verdadero rostro de Spiderman? Brian Michael Bendis, que trabajaba con el personaje en Los Nuevos Vengadores, optó por la solución práctica, un desenmascaramiento en privado ante los miembros del grupo, pero Slott no era amigo de la simplicidad. En “Nuevas maneras de morir” insinuó que el trepamuros, junto a alguien que todavía no identificaba, habían hecho algo al respecto, pero no entró en más detalles sobre el qué o con quién. “Cuando Peter pensó eso de ‘lo que hicimos sigue funcionando’, algunos lectores asumieron que se refería a Mefisto”, explicaba a la prensa. “Pero no es así. Hay una historia por contar que ocurrió antes de que nosotros llegáramos. Una historia secreta en la que Peter y otra persona hicieron algo para borrar la mente de todos”. Los impacientes tendrían que esperar un tiempo para leer esa historia, pero mientras tanto el guionista sí podía darles otra cosa: podía explicarles cómo funcionaba eso que había hecho Peter junto a su misterioso benefactor. A tal efecto se consagró una saga con Los 4 Fantásticos como invitados especiales. El escritor siempre se había mostrado favorable a que la identidad de Spidey volviera a ser secreta, pero no ocultaba una espinita: que una vez conseguido eso, la excelente miniserie que había desarrollado acerca de la relación a lo largo de los años del trepamuros y la Antorcha Humana quedaba un tanto invalidada, ya que descansaba en buena parte sobre la amistad de ambos superhéroes y la confianza que Peter había tenido hacia Johnny al quitarse la máscara ante él y haberle dejado entrar en su vida privada. La nueva historia que ahora construía descansaba sobre aquel relato. “En realidad, no es que no hubiera pasado”, comentaba el guionista. “Simplemente, Johnny no recordaba lo que había ocurrido. Es algo de las nuevas reglas que mucha gente no acaba de entender. Todo ocurrió, pero los personajes no lo recuerdan”.

 

CAMBIO EN EL TABLERO

La tercera gran historia contenida en este volumen deja de lado las incógnitas del pasado para dar solución a una de las que habían sobrevolado el escenario en el presente. ¿Quién sería el futuro alcalde o alcaldesa de Nueva York? La subtrama, que venía desarrollándose desde los primeros momentos de “Un nuevo día” con no pocos giros, por fin se iba a resolver mediante una sorpresa mayúscula. Los guionistas ya la habían cocinado en sus reuniones iniciales, pero prefirieron retrasarla para que ocurriera de manera natural. De cara a la aplicación de la idea, tuvieron que convencer a Joe Quesada de que rompiera con la regla de que el Universo Marvel debía reflejar la realidad, pero lo consiguieron, ya que aquel cambio abría innumerables posibilidades. “Era una manzana demasiado jugosa como para no hincarle el diente”, llegó a decir JoeQ al respecto.

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 21

SPIDER-MAN 22: ASÍ SON LOS NUEVOS SEIS SINIESTROS

La llegada de Marvel Legacy coincide con el último arco que escribirá Bendis. ¿Recuerdas cuando presentó la versión Ultimate de Los Seis Siniestros? Pues ahora repite jugada en el Universo Marvel, con una formación peculiar, donde destaca esa nueva Araña de Hierro, el traje que tuviera Peter Parker en el comienzo de la Civil War original, y que ahora ha pasado a manos de quien menos esperábamos: Aaron Davis. Por lo demás, tenemos proveyendo la tecnología a Ceres, la versión femenina y joven de El Chapucero que se presentara hace tres números, y en el grupo en sí, además del tío de Miles, están La Mancha, El Duende, Bomba madre, la nueva Electro (presentada durante “La conspiración del clon”) y El Hombre de Arena. Su objetivo de dar el golpe del Helitransporte es consecuencia de algo de lo que se ha hablado muy poco en este escenario posterior a “Imperio Secreto”: SHIELD está desmantelada. Ah, y apunta también que tenemos ya por aquí a Barbara Rodriguez, recién venida de Spidermen II, causando conmoción en la cuchipanda de Miles. ¡

 

 

LA ARAÑA DE HIERRO ORIGINAL

Tal y como la imaginó Joe Quesada

 

LAS MATEMÁTICAS DEL LEGADO Hemos recuperado la numeración real de la cabecera, pero en unas colecciones es más fácil que en otras, y nos atreveríamos a decir que aquí es donde más difícil ha sido. Lo primero a destacar: no sumamos a partir de la serie Spider-Man sin adjetivos, la que le hicieran para Todd McFarlane a comienzos de los noventa… ¡sumamos a partir de Ultimate Spider-Man! Y la suma no es nada fácil:

 

#1-53 – Ultimate Spider-Man #1-53 USA

#54-60 – Ultimate Six #1-7 USA

#61-140 – Ultimate Spider-Man #54-133 USA

#141 y 142 – Ultimatum: Spider-Man Requiem #1 y 2 USA

#143-158 – Ultimate Comics: Spider-Man #1-15 USA

#159-168 – Ultimate Spider-Man #150-160 USA

#169-196 – Ultimate Comics. All-New Spider-Man #1-28 USA

#197-196 – Cataclism. Ultimate Comics. Spider-Man #1-3 USA

#200 –Ultimate Spider-Man #200 USA

#201-212 –Miles Morales: The Ultimate Spider-Man #1-12 USA

#213-233 –Spider-Man vol. 2, #1-21 USA

 

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Spider-Man #234 USA

 

Se nota mucho que el apaño lo ha hecho Bendis, porque va a su bola de lo que se ha hecho en el resto de los casos Aquí sí se incluyen algunas miniseries, transcurrieran o no en paralelo (Six fue en paralelo; Requiem no, por ejemplo), y se dejan fuera especiales, Annuals, Ultimate Marvel Team-Up, la trilogía del Enemigo Definitivo, Ultimate Fallout, Spider-Men y Spider-Men II y, lo que parece un poco absurdo, Ultimate End, la miniserie que puso final al Universo Ultimate y donde Miles jugaba un papel decisivo. Además, esta suma se contradice con la otra vez que se hizo algo similar, y nos colocamos entonces en el Ultimate Spider-Man #150 USA. Nuestro guionista viene a confesar que entonces la operación no era correcta. Parece todo un poco aleatorio, aunque quizás obedeciera a un plan de Bendis de cara al Spider-Man #250 USA… que ahora sabemos que no escribirá él. Ay, lo dejamos aquí, que ya se nos han vuelto a saltar las lágrimas.

 

EL HOMENAJE AL PASADO

Nuestra variant cover rinde tributo a esta cubierta

 

Spot On originalmente aparecido en Spider-Man 22

MARVEL COMICS 2018: EL NUEVO COMIENZO DE C. B. CEBULSKI

Fuente: Marvel Entertainment

EL DAREDEVIL DE KEVIN SMITH Y JOE QUESADA: ACTO DE FE

Es extraño lo que sucede con Daredevil. No puede decirse que sea uno de los personajes principales del Universo Marvel, como Spiderman, Lobezno o Iron Man, pero sí es uno de los más queridos por los lectores. Nacido en 1964 de la mano de Stan Lee y Bill Everett como una especie de remedo del trepamuros con algunas características diferenciadoras, como pudieran ser su edad adulta o su ceguera, Daredevil no alcanzó pleno potencial hasta que en los ochenta se cruzó en el camino de un joven artista llamado Frank Miller. Éste realizó una larga etapa definitoria a comienzos de los ochenta, así como la que se podría considerar su mejor aventura, “Born Again”. Después de Miller, el Hombre Sin Miedo volvió a gozar de interesantes momentos, pero ninguno del impacto conseguido por éste. Y entonces llegaron los caballeros del ático.

 

Joe Quesada y Jimmy Palmiotti eran dos de los tipos más interesantes de la Nueva York comiquera. El primero de ellos había gozado del favor de los lectores a comienzos de la década, cuando le señalaron como uno de los hot artist del momento. Pero, en lugar de hacer lo que todos sus compañeros estaban haciendo, marcharse a la independiente Image y crear una serie de éxito que le reportara inmensas cantidades de dinero, optó por una vía alternativa: fundar estudio propio, al lado de su amigo Palmiotti, que le entintaría habitualmente los lápices. Event Comics estaba poniendo en las librerías títulos atractivos, como Ash, Painkiller Jane o 22 Brides, mientras que sus mayores artífices se posicionaban al margen de las guerras editoriales que libraban Marvel, DC e Image. Preferían dedicar su tiempo libre a trazar amistades y contacto con cineastas, actores y los más interesantes miembros del comic indie.

 

En Marvel las cosas no iban demasiado bien. La burbuja especulativa de los noventa, fruto de la guerra con Image, les había explotado en la cara y necesitaban soluciones de urgencia, que se empezaron a buscar fuera del entorno de La Casa de las ideas. El presidente de la compañía, Joe Calamari, fichó a los chicos de Event, con el objetivo de que relanzaran algunos de sus personajes. Anteriormente, un proyecto similar, acometido por estrellas de Image y llamado “Heroes Reborn”, había supuesto un pequeño fiasco, pero el planteamiento de Quesada y Palmiotti era distinto: prometieron hacer buenos cómics, no enfadar a los lectores veteranos y recrear el espíritu de cuando Marvel era atractiva, nueva y distinta. Calamari liberó para ellos el ático del edificio de oficinas en que se encontraba la editorial, el único piso que estaba por encima de su despacho. Marvel Knights, se llamaría la nueva línea, y en ella tendrían nueva vida Los Inhumanos, Pantera Negra, El Castigador, El Doctor Extraño… o Daredevil. De todos ellos, era el más destacado personaje, y por lo tanto también se alzó como el buque insignia del proyecto. Quesada y Palmiotti se implicaron al máximo en conseguir que fuera un auténtico éxito, no sólo de ventas, sino también de ilusión. Ellos se encargarían de dibujar y entintar, respectivamente, y para escribir se hicieron con los servicios del hombre por el que la industria del cómic suspiraba en aquel entonces: Kevin Smith.

 

Director de pequeñas, pero lucrativas películas como Clerks, Mallrats o Chasing Amy, Smith había sabido retratar a los chavales de la época con una inmensa autenticidad. A su vez, era un voraz consumidor de cómics y todo cuanto rodeaba a los cómics, hasta llegar a hacer de Stan Lee el personaje real que señalaba el camino a seguir en la vida al protagonista de Mallrats. Smith había escrito algunos cómics, fundamentalmente extensiones de sus películas, pero todo el mundo daba por hecho que acabaría haciendo algo para las grandes. Sólo faltaba saber qué. Fueron Quesada y Palmiotti, y por lo tanto Marvel, quienes le convencieron para subirse a bordo. El fichaje no podía ser más importante: Hollywood miraba por primera vez a los cómics como un ámbito de creación al que merecía la pena dedicarse. Detrás de él llegarían otros muchos: Ben Affleck, uno de los amigos de Smith, manifestó que nada le gustaría más que encarnar a Daredevil en los cines (y acabaría cumpliendo su sueño, pero ésa es otra historia); Joe M. Straczynski, el showrunner de Babylon 5, aceptó la misión de revitalizar a Spiderman; Joss Whedon, el hombre detrás de Buffy Cazavampiros, haría lo propio por La Patrulla-X, y a su vez las películas basadas en los superhéroes de Marvel pronto alcanzaron una popularidad como nadie podría haber imaginado.

 

Al contrario de lo que había sido “Heroes Reborn”, el Daredevil de Marvel Knights no pretendía reimaginar el personaje, ni poner el contador de sus aventuras a cero, ni romper con el pasado. Todo lo contrario, aunque la norma que venía siendo habitual en Marvel era renumerar cada colección a cuenta de la llegada de nuevos autores de empaque, Quesada sentía que estaban construyendo sobre una rica tradición, así que al lado de su firma de portada situó siempre una enigmática cifra de tres dígitos que avanzaba mes a mes, y que no hacía sino señalar cuál sería la numeración correcta en caso de que no se hubiera lanzado un nuevo número uno; la historia construida por Smith invitaba a que lectores que nunca se hubieran acercado al personaje lo hicieran a partir de ahora, pero estaba cimentada en las líneas maestras de la que había sido su trayectoria anterior, con especial atención a las relaciones personales de Matt Murdock, el alter ego del héroe, y también a sus lazos con otros personajes del Universo Marvel, como La Viuda Negra o Spiderman. Smith devolvió una gravitas y un tono al personaje similar al que tuviera en tiempos de Frank Miller, cimentado sobre unos diálogos ágiles y de naturalidad brutal, situaciones siempre al límite y una vuelta a la iconografía católica en la que hubiera sumergido Miller a DD. Por su parte, Quesada y Palmiotti se entregaron a fondo a conseguir que el arte fuera sobresaliente, barroco, acorde con la densidad, el dramatismo, la épica y la espontaneidad que ofrecía el guión.

 

Kevin Smith cumplió su compromiso de permanecer en la serie durante los ocho primeros números, de manera que concedió al Hombre Sin Miedo una entrada de lujo en la modernidad. Marvel Knights: Daredevil, cuyo fracaso hubiera enterrado cualquier riesgo que se atreviera a tomar La Casa de las Ideas, fue un inmenso éxito que impulsó al resto del sello coordinado por Quesada y Palmiotti, abrió una nueva edad de oro para Daredevil y sirvió de acicate de cara a los cambios audaces que convertirían a Marvel en el mayor gigantes del entretenimiento del siglo XXI. Era posible, venían a indicar sus artífices. Hacía falta talento, hacía falta valentía y, quizás, hacía falta un poco de fe en aquello que hacía verdaderamente grande a ese cosmos de ficción y sus habitantes.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Saga. Daredevil nº 1

LA DIFÍCIL VUELTA A LAS ESENCIAS: DETRÁS DE “UN DÍA MÁS”

¿Cuántos cambios resiste un superhéroe antes de alejarse de su imagen icónica? Tantos como sean necesarios o quieran llevar a cabo los autores, porque al final del camino siempre queda el recurso a la vuelta atrás, al truco argumental que permita desdecirse de lo hecho hasta ese momento. El mecanismo es conocido por los lectores del género, que a poco que perseveren un poco en su afición terminan por encontrárselo. Ha ocurrido con cualquier personaje que pueda mentarse, incluido Spiderman. Sin embargo, el trepamuros es especial: sus seguidores se identifican con Peter Parker hasta tal punto que sienten como propia cualquier operación que pueda sufrir… sobre todo las operaciones a corazón abierto.

La revelación de la identidad secreta de Spiderman, ocurrida en el curso de “Civil War”, fue un gran golpe de efecto, pero no podía durar para siempre. Una vez que los guionistas sacaron toda la punta posible a la situación, tenía que corregirse. Lo que nadie esperaba es que el método para hacerlo sirviera también para resolver lo que el Director Editorial Joe Quesada consideraba como el mayor problema del trepamuros: su matrimonio con Mary Jane. “Déjame decirlo claro: Spiderman es uno de los más grandes, o acaso el mayor de los superhéroes adolescentes”, había dicho antes incluso del desenmascaramiento. “Se supone que debería ser un personaje joven, viable y soltero. Y a lo largo de sus cuarenta años de existencia, según los escritores se hacían mayores y se casaban, se llevaron a Peter Parker con ellos, olvidando el hecho de que siempre va a haber ahí fuera niños de nueve años que quieran conocer a Peter de la misma manera que todos nosotros lo hicimos, que fue como un tipo joven. Peter se hizo mayor y se casó con una supermodelo. Peter se convirtió en Billy Joel. Sus secundarios han desaparecido. Harry, Flash, Gwen. Me gustaría que volviera a tener un buen elenco de secundarios, como en los viejos tiempos”.

 

Después de haber reducido el número de mutantes a una cifra razonable con “Dinastía de M”, el Director Editorial tenía decidido que el matrimonio arácnido iba a ser “el siguiente genio en devolver a su correspondiente botella”, según sus palabras. Quería que el personaje recuperara sus esencias, que estuviera fresco para cualquier lector que quisiera sumarse al fandom, y no sólo para los veteranos con los que Peter había crecido, se había casado y se había estancado. Cuando supo de la intención de Joe Michael Straczynski de abandonar los guiones de The Amazing Spider-Man, pensó que su última saga era el lugar perfecto para hacerlo. En este artículo, se desmenuzan las circunstancias que rodean a esta aventura, la contenida en el presente tomo, por lo que se aconseja postergar la lectura de las siguientes líneas a quien no la conociera previamente.

 

En una reunión editorial con un grupo de trabajo compuesto por Brian Michael Bendis, Mark Millar, Jeph Loeb, Tom Brevoort y Axel Alonso, Quesada anunció sus intenciones y algunas ideas de cómo materializarlas. JMS, que había permanecido muy callado durante todo el encuentro, aceptó desarrollar la historia, para la que ofreció una solución que a Joe Q le pareció imaginativa. En síntesis, consistía en recurrir al planteamiento de la película Dos vidas en un instante (1998), que mostraba en paralelo los dos rumbos que podía tomar la vida de la protagonista, encarnada por Gwyneth Paltrow, en caso de tomar una decisión tan pequeña como subirse a un tren o no hacerlo. Para Peter y Mary Jane, el equivalente consistía en una pequeñez en el día de su boda que impedía que se casaran. Quesada había repasado a conciencia el cómic de la boda, The Amazing Spider-Man Annual #21 USA (1987. Marvel Héroes. El Asombroso Spiderman: La identidad del Duende), para llegar a la conclusión de que estaba muy improvisado y lleno de sinsentidos. La mejor prueba de que el matrimonio no había sido más que un truco publicitario. “No sé tú, pero si yo me entero de que mi futura mujer se ha pasado la noche antes de la boda con su ex, pensaría que eso es una especie de engaño”, señaló al respecto del contenido de aquella historia. “Y no nos olvidemos de Peter. Todavía sufría por su antigua novia, que ni siquiera está viva. En la misma víspera de la boda, va al puente de Brooklyn con una foto de ella para pedirle permiso para casarse con MJ. No tengo ningún problema con este tipo de historias, que consiguen un gran drama y tensión. Pero es gracioso cómo, después de todo el tiempo que ha pasado, se olvida el comportamiento de los personajes”.

 

Después de la saga que estaban planificando, no habría habido matrimonio, pero todo lo demás podría haber transcurrido exactamente igual, con lo que los cambios en la continuidad serían mínimos. Por ejemplo, aducía Quesada, Jonathon Caesar habría acosado a Mary Jane, tal y como ocurrió en los cómics de Michelinie y McFarlane, sólo que ahora estaría emparejada y no casada con Peter. Era un escenario en el que el comité al completo se sentía cómodo. En cualquier caso, la historia debía estar atada hasta el más mínimo detalle, porque, mientras tuviera lugar la ejecución de la trama, Stephen Wacker, el nuevo editor asignado a la Oficina Arácnida que sustituiría a Axel Alonso, ya había fichado a sus equipos y estos estaban desarrollando las historias que se publicarían después.

 

Joe Q estaba convencido de que todos los lectores llorarían y se emocionarían como no lo habían hecho nunca. Él mismo iba a dibujar la historia, en su vuelta al tablero después de años, porque después de haberse implicado tanto en la elaboración, sentía que debía hacerlo. Era también su oportunidad para dibujar a uno de los personajes más comerciales de la compañía, algo que no había podido hacer en toda su carrera. Jugando con los sentimientos de los aficionados, Marvel lanzó una publicidad en la que planteaba: “Sólo una persona del Universo Marvel puede salvar a Spider-Man. ¿Pero a qué precio?”. Las imágenes que podían verse eran las de Ezequiel, Iron Man, el Superskrull, Loki, Daredevil, La Valquiria, Veneno, La Bruja Escarlata y Gwen. Alguno de ellos, como era el caso de Loki, con el que había trabajado Straczynski, bien podía encajar, pero la inclusión de otros parecía más fruto de la aleatoriedad que de otra cosa. La solución ni siquiera formaba parte de los ejemplos.

 

“Un Día Más” fue el último evento trasversal en publicarse a través de los títulos arácnidos. La acción empezaba y terminaba en The Amazing Spider-Man, mientras que los capítulos intermedios servían también para clausurar el resto de series arácnidas que existían en ese momento: Friendly Neighborhood Spider-Man y The Sensational Spider-Man. La historia recuperaba la Opción Mefisto, que había surgido en los años noventa, como posible clave a la también controvertida saga del regreso del clon, para cerrar con otra posibilidad también desechada: la Solución Dallas propuesta por John Byrne a finales de los noventa, por la cual varios lustros de cómics arácnidos no hubieran sido más que un sueño. Parecía como si la única manera de romper aquello que había perturbado la buena marcha de la franquicia durante las dos décadas anteriores consistiera en recurrir a las peores ocurrencias de esos años. Quesada se esforzó al máximo para que los tres primeros capítulos y la mitad del cuarto tuvieran un dibujo oscuro, casi deprimente, y que los protagonistas reflejaran la edad con la que a algunos lectores les gustaba imaginárselos, metidos ya de fondo en la treintena, mientras que en las últimas páginas, donde ya se mostraba el nuevo statu quo, recurrió a la luminosidad, al buen humor y a un héroe que parecía haberse quitado diez años de encima. Introdujo gran cantidad de guiños, como por ejemplo que Mary Jane vistiera la misma ropa que había llevado en su primera aparición. Pero sus obligaciones editoriales pesaron demasiado durante la fase de realización, con lo que los planes iniciales de que las cuatro entregas se pusieran a la venta semanalmente durante agosto tuvieron que cambiar. Hasta finales de 2007 no llegó a las tiendas el último número.

 

Las discrepancias entre Straczynski y Quesada sumaron problemas a la ya de por sí problemática historia. Ocurrió a la altura del cuarto episodio. Cuando Axel Alonso y Tom Brevoort recibieron el texto de JMS, llamaron alarmados a Joe Q. El guionista había cambiado importantes aspectos de la trama decidida por el grupo de trabajo. En lugar de volver al día de la boda para explicar por qué ésta no se había celebrado, la historia lo que hacía era borrar la continuidad desde nada menos que “La saga de las drogas”. Lo que ahora cambiaba, en lugar de la boda, era que Peter convencía a Harry de que acudiera a rehabilitación. Como consecuencia de ello, Harry y Mary Jane no rompían su noviazgo, Norman Osborn no volvía a convertirse de nuevo en El Duende Verde y Gwen Stacy seguía con vida, además de no pasar por la cama de Norman. JMS todavía tenía clavada la espina de “Pecados del pasado”, donde se había visto obligado a cambiar la trama y adjudicarle a Norman la paternidad de los hijos de Gwen. En las reuniones del grupo de trabajo se había puesto encima de la mesa que aquello fuera el camino a seguir, puesto que también se barajó la posibilidad de la vuelta de Gwen, pero los participantes optaron por desechar la idea. No sólo hubiera afectado a Spidey, sino a buena parte del Universo Marvel. Si ahora Straczynski introducía en su libreto ese proceder no era con ninguna intención aviesa hacia la editorial, sino para que, a su juicio, la saga cobrara sentido. Había lanzado al aire preguntas incómodas, provocadas en su mayor parte por el epílogo, aquél que mostraba la nueva vida a la que despertaba Peter Parker. ¿Por qué la casa estaba de nuevo en pie? ¿Qué pasaba con los periódicos o las grabaciones con Spiderman desenmascarado? ¿Cómo había vuelto Harry? ¿Recordaba haber muerto? Para todas esas preguntas, Joe Q sólo tenía una respuesta: “Es magia. No necesitamos explicarlo”.

 

Ése era el auténtico problema que tenía JMS: el que la magia fuera la excusa para arreglar o justificarlo todo. No le parecía un argumento válido, puesto que la magia también tiene sus reglas. Mefisto no sólo hacía aquello que se había planteado, sino muchas más cosas: resucitaba a gente, reconstruía casas, restituía poderes perdidos, etc. El guionista trabajó para que todo eso estuviera debidamente explicado. “Lo que yo quería hacer era un pequeño cambio en la historia, una cosa pequeña, que alterara sólo aquello que la editorial quería tocar, haciendo que los cambios pudieran explicarse de manera lógica”, dijo. “Fue algo riguroso. Tan lógico como podía hacerlo. En el final de ‘Un día más’, Harry está vivo y siempre ha sido así, o al menos así lo piensan los personajes… ¿cuál es la diferencia entre eso y que hubiera estado vivo todo el tiempo? No tenía sentido para mí. Todavía no lo tiene. Es algo descuidado. Viola todas las reglas de la escritura de ficción que yo o cualquier otro escritor de ciencia ficción o fantasía sabe que no puede violar. Son reglas de Primero de Fantasía”. Con la prioridad absoluta de no contradecir los episodios posteriores, el guión de Straczynski para el cuarto capítulo fue reescrito a contrarreloj por Quesada, Axel Alonso, el editor saliente, y Stephen Wacker, el entrante. Mientras lo hacían, durante varias noches seguidas que no parecían tener fin, se hizo patente que al llegar a la última página muchas preguntas quedaban sin respuesta, lo que dejaba abierta la puerta a una secuela.

 

Cuando tuvieron en las manos aquel último episodio, los aficionados lloraron, sí, pero no de tristeza, sino de furia. Era una furia como no se recordaba en el Bullpen desde los tiempos de Ben Reilly, que dejaba en ridículo a la de “Pecados del pasado” y que sólo podía equipararse a la de la muerte de Gwen. Los foros de discusión, las webs de información especializada e incluso las páginas de vídeos se llenaron de insultos y descalificativos hacia Quesada y su equipo. Muchos lectores manifestaron que no iban a volver a leer las aventuras de Spiderman mientras no anularan la intervención de Mefisto. Los había que, pese a estar en desacuerdo, siguieron comprando las aventuras arácnidas, porque apreciaban demasiado al personaje. Y un pequeño sector se manifestaba a favor de deshacerse del matrimonio, pero aun así rechazaba la manera en que se había hecho. Costaba encontrar alguien favorable a la manera de actuar de Marvel en todos los aspectos. Y todavía era más difícil que algún aficionado fuera capaz de acercarse al asunto desprovisto de pasión incendiaria.

 

“Un día más” consiguió alzarse, por derecho propio, como la aventura más polémica de la historia de Spiderman. Incluso una década después seguía motivando airadas respuestas. Pese a todo, sirvió al propósito para el que había nacido: que el personaje soltara el lastre de su matrimonio y recibiera el impulso necesario para afrontar las décadas venideras.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 13

ULTIMATE SPIDER-MAN EN HOLLYWOOD: LA FICCIÓN DENTRO DE LA FICCIÓN

En 2004 tuvieron lugar los XXVIII Juegos Olímpicos, Brasil lanzó su primer cohete al espacio, se estrenó La pasión de Cristo, arrancaron las franquicias de videojuegos Far Cry o Fable, se emitieron los capítulos finales de Friends y Frasier o los iniciales de Lost y Veronica Mars, y en general ocurrieron un montón de cosas, pero ninguna de esas fue tan importante para los Verdaderos Creyentes de Marvel como la llegada a los cines de Spider-Man 2.

 

 

Después de que Sam Raimi consiguiera convertir la primera cinta del trepamuros en la perfecta película de superhéroes, la expectación, dentro y fuera del fandom, estaba en todo lo alto, con los seguidores pendientes de cada noticia, cada imagen y cada rumor sobre el largometraje en que el Hombre Araña se enfrentaría al Doctor Octopus, que además parecía más siniestro y adulto que el Duende Verde plasticoide de la primera parte. ¿Cómo respondería la propia Marvel Comics a un proyecto de semejante envergadura? En la factoría dirigida por Joe Quesada prepararon todo tipo de lanzamientos alrededor tanto del héroe como del villano.

 

De esta forma, se estrenó una nueva serie arácnida dentro de la línea Marvel Knights, con nada menos que Mark Millar y Terry Dodson como autores; Doc Ock volvió a casa en el Spectacular Spider-Man de Paul Jenkins y Humberto Ramos, quien para la ocasión rediseñó el aspecto del personaje para que se pareciera al que tendría en la película, y por si fuera poco se estrenaron hasta un total de tres miniseries dedicadas a la figura del villano y a su particular enconamiento con el Hombre Araña, entre las que destacaría el Año Uno dedicado a exponer su origen, que firmaron Zeb Wells y Kaare Andrews.

 

Todo eso sucedía en el Universo Marvel tradicional, pero el Universo Ultimate no podía permanecer al margen de la fiesta: no en vano era el que se encontraba más cercano a las adaptaciones cinematográficas de La Casa de las Ideas. Había que constatar que, para entonces, Brian Michael Bendis y Mark Bagley no sólo habían realizado, en paralelo con el cine, una revitalización total de los mitos arácnidos, sino que también se habían adelantado a las películas a la hora de imaginar hipotéticas secuelas. Así, la plana mayor de los enemigos ya había pasado por la serie, y eso incluía, claro está, al Doctor Octopus. De hecho, fue el gran enemigo con el que arrancaba el segundo año de la cabecera (Ultimate Spiderman: Problemas por duplicado) y posteriormente formaría equipo con el resto de amenazas arácnidas (Ultimate Spiderman: Los Seis Siniestros). Ya había pasado un tiempo desde todo aquello, y Bendis estimó que la mejor manera de celebrar el debut fílmico del criminal de los brazos metálicos consistía en traerlo de vuelta por la puerta grande. Al igual que ya hubiera hecho Ramos en Spectacular, Bagley buscó una manera de acercar la estética de Octopus a la que luciría Alfred Molina en pantalla, algo que consiguió cambiando la ajustada licra verde habitual por una tétrica gabardina marrón propia de un vagabundo. La trama se construiría a partir del hecho de que Doc Ock conociera la identidad secreta del héroe, lo que le convertía en un peligro todavía mayor si cabe, y de fondo seguirían en marcha las diversas tramas abiertas, como la de Gwen Stacy, instalada en la casa de los Parker.

 

Pero faltaba algo. No bastaba con un nuevo enfrentamiento contra Octopus. Bendis quería darle un toque especial que le relacionara indudablemente con el blockbuster del verano. Y entonces tuvo una genial idea: ¿Qué ocurriría si, dentro del mundo del trepamuros, estuvieran rodando una película con él como protagonista? ¿Cuál sería la reacción de Peter? ¿De qué manera entraría el rodaje en colisión con la batalla entre Spidey y Doc Ock? El enorme peligro que suponía uno de los peores enemigos del joven justiciero contrastaría con el humor que destilaba la situación, dando lugar a una sorprendente combinación.

 

La propuesta respondía a una larga tradición de La Casa de las Ideas, la de la ficción dentro de la ficción. Desde los inicios del Universo Marvel, quedó establecido que estos personajes viven en un mundo donde, a su vez, existen cómics, películas y videojuegos basados en ellos mismos. En The Fantastic Four #5 USA (1962), La Cosa destruía el primer número de The Incredible Hulk que estaba leyendo La Antorcha Humana. Cuatro números más tarde, Namor engañaría a Los 4 Efe, haciéndoles creer que un gran estudio les había contratado para hacer una película. Una vez derrotado, el Hombre Submarino accedería, de hecho, a la realización del filme, que se convertía en todo un éxito. La gran sorpresa tendría lugar en el siguiente episodio, cuando nada menos que los propios Stan Lee y Jack Kirby aparecerían como invitados, dando a entender que Marvel existe como editorial dentro del Universo Marvel y que los diferentes héroes dan permiso para que publique sus cómics oficiales. A lo largo de las décadas y siguiendo este patrón, varios personajes han visitado, dentro de las viñetas, las oficinas de la compañía. El extremo de este diálogo del medio consigo mismo llegaría en el año 2000, cuando la editorial puso a la venta seis lanzamientos, bajo el sello Marvels Comics Group, que no eran sino ejemplos de los tebeos que se producían dentro del cosmos de ficción. La iniciativa se completó incluso con una historia imaginaria de la editorial.

 

El lanzarredes, como casi cualquier otro, tampoco ha escapado a la tendencia. Ya en The Amazing Spider-Man #14 USA (1964) era sometido por el Duende Verde a un engaño similar al que padecieran Los 4 Efe a manos de Namor: un avispado productor ofrecía a Spidey un contrato millonario para protagonizar una película en que se narraría su propia saga. No contento con caer en esta trampa, el Hombre Araña repetiría el mismo error en The Amazing Spider-Man Annual #4 USA (1967), en el que viajaba a Hollywood para rodar junto a La Antorcha Humana en lo que finalmente se revelaba como una maquinación de Mysterio y del Mago.

 

Quizás Bendis estuviera al tanto de esta última anécdota, porque en el curso de la aventura en la que el Spiderman definitivo contempla cómo se rodaba un largometraje basado en él mismo, puede verse en una de las viñetas a un actor disfrazado como Mysterio, personaje que por otra parte tardaría mucho tiempo en aparecer en el Universo Ultimate. Pero este detalle resulta apenas secundario frente a la presencia continuada en la historia del propio Sam Raimi, director de la auténtica Franquicia Arácnida, de Avi Arad, el productor ejecutivo de Marvel Studios, o de Tobey Maguire, el actor que encarnaba a Spidey, aunque, quizás por problemas contractuales, su rostro dibujado por Mark Bagley es el que menos recuerda al real. No debe pasar inadvertida para el lector la mirada escéptica que Bendis lanza al mundo del Noveno Arte, siguiendo las líneas establecidas en su obra independiente Fortune And Glory, acerca de un guionista de cómics que trata de irrumpir en Hollywood. Hay una acidez nada disimulada en ese Peter Parker que se juega la vida a diario pero no va a ver ni un dólar de una superproducción sobre Spiderman que va a recaudar millones. Paradójicamente, al cabo de los años Bendis formaría parte del consejo que asesora a los directores de las películas de Marvel Studios.

 

El cine nos vuelve locos a todos y estamos deseando ver esas películas, nos viene a recordar el guionista de Cleveland. ¿Cómo no va a ser así? ¿Cómo no sentir un escalofrío cuando ves a un Spiderman, de carne, hueso y efecto digital, balancearse por Nueva York? Pero esos blockbusters que arrasan en taquilla nunca existirían sin la versión original, sin el Hombre Araña que nos fascinó, antes que en ningún sitio, en las modestas viñetas de un cómic.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 12

SPIDER-MAN BACK IN BLACK: NEGRO COMO LA NOCHE, NEGRO COMO EL CARBÓN

Durante más de dos décadas, Spiderman vistió de rojo y azul. Su uniforme era tan icónico como el de otros grandes personajes del cómic universal, desde Superman hasta Asterix, desde el Fantasma Enmascarado al Capitán América. Pero nada dura para siempre, y en 1984 Marvel se atrevió a alterar radicalmente la vestimenta del trepamuros. El traje negro supuso una revolución estética que, contra todo pronóstico, agradó a la mayoría de lectores. Y aunque el personaje no tardó en volver a los orígenes, a partir de entonces se hizo cada vez más habitual que renovara su fondo de armario, con toda clase de variantes, que iban de lo absurdo a lo genial. En 2007, coincidiendo con la aparición del traje negro en Spider-Man 3, el trepamuros volvió también a vestirlo en los cómics… y tenía importantes razones para hacerlo.

 

“Civil War” había acabado de la peor manera posible para el Hombre Araña, con Tía May como víctima involuntaria de las decisiones que había tomado su sobrino en el curso de la Guerra Civil Superheroica. Fue él quien, siguiendo el consejo y los ruegos de Tony Stark, reveló su identidad secreta en público y se convirtió en la cara amable del registro. Fue él quien, después de comprender lo errado de su comportamiento, adjuró del mismo ante las cámaras de televisión y se pasó al bando a favor de las libertades, encabezado por el Capitán América. Ese bando había perdido, y sus cabecillas sufrirían las consecuencias.

 

El Universo Marvel se teñía de pesimismo y división tras “Civil War”, a imagen de lo que estaba ocurriendo en Estados Unidos como consecuencia de las políticas llevadas a cabo por el presidente George W. Bush. El Capitán América fue asesinado en las escaleras del tribunal que iba a juzgarlo por delitos de traición, lo que supondría el inicio de uno de los más celebrados arcos argumentales que hubiera conocido jamás la colección del Centinela de la Libertad. En cuanto a Spidey, en La Casa de las Ideas tenían unos planes muy definidos acerca de su futuro, siguiendo los dictados del Director Editorial, Joe Quesada. Éste llevaba un tiempo acariciando la idea de romper el statu quo del trepamuros como no había ocurrido en veinte años, mediante el regreso de su soltería. Era una vieja aspiración de muchos de los autores que habían pasado por la Franquicia Arácnida desde que se consumó el matrimonio con Mary Jane, ya que estimaban que con él se perdían una parte sustancial de las señas de identidad del personaje. Quesada no era el único a favor de borrar todo rastro de aquella unión, pero sí el más significativo y visible de los partidarios. Joe Michael Straczynski había compartido su intención de abandonar la serie principal del héroe, así que el otro Joe estimó que aquél sería el momento adecuado para acometer la operación.

 

Pero esa historia tendría todavía que esperar unos meses, porque en el camino apareció el siguiente blockbuster cinematográfico de Marvel. Spider-Man 3, cuyo estreno estaba programado en Estados Unidos para el 4 de mayo de 2007, venía a plantear el célebre arco argumental del traje negro. Aquella aventura se remontaba a los años ochenta, cuando un lector consiguió vender a la editorial la idea de que Spidey adoptara una nueva vestimenta. Después de un cúmulo de circunstancias que alteraron el plan inicial, el traje negro debutó con motivo de “Secret Wars”, la gran aventura que en 1984 reunió a los mayores héroes de la factoría, y supuso un inesperado éxito. Luego salió a la luz que el traje era, en realidad, un simbionte alienígena que trataba de asimilar a Peter Parker, pero gustaba tanto que los autores recurrieron a la tela convencional para seguir vistiéndolo de negro. El traje sólo fue abandonado después de que el simbionte diera lugar a Veneno, el nuevo y amenazante villano que irrumpió algunos años después. Desde entonces, Peter Parker lo había vuelto a vestir en contadísimas ocasiones, pero la película lo había puesto de nuevo de moda. Los cómics tenían que reflejar eso de alguna manera, y en la Oficina Arácnida decidieron que la mejor forma de hacerlo era montar un “landscape” que durase unos pocos meses y posibilitara aquella mimetización con el filme.

 

En la planificación de Joe Michael Straczynski no había nada en ese sentido. Su objetivo consistía en saltar a su historia de despedida tan pronto como terminarse “Civil War”, pero aceptó aguantar unos pocos meses más y formar parte del proyecto, que recibió el nombre de “De vuelta al negro”. Tal decisión no pudo beneficiar más a los lectores. El resto de colecciones de Spidey aprovecharon a su manera el cambio de uniforme, pero ninguna con tantísimo acierto como Amazing. JMS conjuró un gigantesco relato de un Spiderman desesperado y furioso, como pocas veces se había visto antes, a lo que se añadió una caracterización de Kingpin, el gran villano detrás de todo, equiparable a la que había hecho Frank Miller en “Daredevil: Born Again”. El Jefe del Crimen, que casi se había olvidado del Hombre Araña en los últimos veinte años de cómics, se mostró como nunca lo había hecho ante el lanzarredes: como la encarnación del mal absoluto, aquello capaz de corromperlo todo. La batalla con la que se coronaba el relato quedó como uno de los momentos más escalofriantes de toda la etapa de Straczynski, mientras que el dibujante Ron Garney, quien también se disponía a abandonar la franquicia, dejó el que podría calificarse como el mejor trabajo de su carrera, reflejando en cada viñeta el peso trágico de aquel Spiderman desesperado, al borde del abismo. En aquellas páginas de desesperación absoluta, casi se podía escuchar martilleando el “Paint It Black” de Rolling Stones.

 

“Miro en mi interior

y veo que mi corazón es negro

No es fácil plantar cara

cuando todo se ha vuelto negro”.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 12

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