RECONSTRUYENDO EL ORIGEN DE UN MITO: EL AÑO UNO DE LOS VENGADORES

El Universo Marvel arrancó con la década de los sesenta, mediante un acontecimiento poco menos que fortuito, como fue el nacimiento de Los 4 Fantásticos. Tras ellos vendrían Los Vengadores, La Patrulla-X, Spiderman… Pero sería inexacto decir que aquellos primeros años ya ofrecían la grandeza que la editorial alcanzó apenas unos años después, cuando Stan Lee y todos sus colaboradores estaban plenamente asentados y eran conscientes del proyecto que acometían, lo que dio lugar a obras maestras que hoy en día son referencia ineludible dentro del Noveno Arte.

 

Basta echar un vistazo a algunas de las historias publicadas hacia mediados de la década para comprobarlo. Fue entonces cuando el Hombre Araña vivió su momento dorado, gracias a la llegada del dibujante John Romita; cuando en las historias de Los 4 Fantásticos aparecieron conceptos como Los Inhumanos, Estela Plateada y Galactus; cuando Jim Steranko alzó a Nick Furia al Olimpo del arte pop; o cuando Thor vivió el apogeo de su trayectoria. Frente a semejante torrente de imaginación, las aventuras fundacionales quedan empequeñecidas. «Ah, no estaban más que haciendo tímidos ensayos de lo que luego vendría», podrían decir algunos. «Fueron entrañables comienzos», añadirían otros.

 

El caso de Los Vengadores precisa un análisis minucioso. La colección se presentó con fecha de portada de septiembre de 1963, la misma del primer número de La Patrulla-X. En su interior, y a imagen y semejanza de La Liga de la Justicia de DC, Stan y Jack reunían a todos los grandes héroes que actuaban en solitario en las diferentes series que habían creado durante los dos últimos años. Esto es: Thor, Hulk, Iron Man y el dúo formado por el Hombre Hormiga y La Avispa. Nada más concluir la primera aventura, los autores decidieron que Hulk abandonara el equipo para llegar a erigirse como uno de sus enemigos. En el tercer número, el Goliat Esmeralda haría piña con Namor, el Hombre Submarino, un personaje de los años cuarenta recuperado en Los 4 Fantásticos.

 

Namor, a su vez, serviría como detonante para la vuelta de otros de los grandes iconos de La Edad de Oro de los Cómics: En Avengers #4 USA, el Capitán América despertaba de un largo sueño para ponerse al frente del equipo, marcando el momento en que se completaría la formación inicial de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra. Poco después, llegarían también algunos de sus peores enemigos, Los Señores del Mal (en Avengers #5 USA) y Kang El Conquistador (en Avengers #8 USA), que han seguido luchando contra Los Vengadores a través de las décadas.

 

Cumplidos dos años del comienzo, Stan Lee era consciente de que el concepto del que había partido la serie, el de aunar a todos los héroes importantes de la editorial, no acababa de funcionar como esperaba: cada vez era más complicado combinar lo que ocurría en las series de cada uno de los personajes con las aventuras que vivían en Los Vengadores. La solución llegó en Avengers #16 USA (1965), un episodio fundamental, en el que todos los miembros fundadores lo abandonaron. El Capitán América tendría que hacerse cargo de tres fichajes que hasta ahora habían actuado como villanos: Ojo de Halcón, que se había enfrentado repetidamente a Iron Man, y Mercurio y La Bruja Escarlata, escindidos de La Hermandad de Mutantes Diabólicos de Magneto. Stan Lee se deshacía de héroes consolidados para sustituirlos por unas pocas caras desconocidas. Contra todo pronóstico, fue la mejor de las decisiones que pudo tomar. Desde entonces, las filas de Los Vengadores se moverían siempre entre la presencia discontinua de los tres vórtices fundamentales del equipo (el Capitán América, Iron Man y Thor) y la de personajes secundarios que carecían de popularidad fuera del equipo, lo que posibilitaba que el peso dramático de la serie recayera sobre ellos.

 

Avengers #16 USA fue además el último número dibujado por Jack Kirby, mientras que Stan permanecería durante un tiempo más, aunque también acabaría marchándose, para ceder las labores de guionista a su mano derecha, Roy Thomas, quien junto a John Buscema desarrollaría una larga y fructífera etapa, que combinaba a partes iguales complejidad y épica. Frente a los años de la consolidación, las primeras historias de Los Vengadores podrían llegar a juzgarse como demasiado ligeras y simples, fruto de una cierta improvisación… Sin embargo, un vistazo detenido nos permite descubrir que allí ya estaba plantada la semilla de la grandeza; que decisiones como sacar a Hulk del equipo, introducir al Capitán América o renovar por completo las filas son las que permitirían luego a Los Vengadores encontrar su camino.

 

Llegados al siglo XXI, más de cuatro décadas después del nacimiento de Los Vengadores, desde Marvel plantearon una revisión de los orígenes, de tal manera que el guionista Joe Casey y el dibujante Scott Kolins podrían acercarse a los sucesos que iban desde la fundación del equipo hasta la marcha de los miembros originales como si fuera un relato compacto que se contara por primera vez y en el que se podrían analizar temas por los que en su momento se pasó de puntillas, como el impacto de la llegada de Los Vengadores en la opinión pública o el choque mental que para el Capitán América despertar en un tiempo diferente al que conoció. Su plasmación con las herramientas narrativas actuales permitiría a los aficionados más jóvenes descubrir una época única y hacerla también suya. Casey ya tenía experiencia previa con un proyecto similar, Patrulla-X: hijos del átomo, con el que dio nueva forma a la creación del más popular grupo de mutantes, mientras que Kolins había destacado por su peculiar estilo en las historias contemporáneas del grupo, en un arco argumental que puede encontrarse en Los Vengadores: La búsqueda de Hulka.

 

La unión de ambos supone un estimulante ejercicio en el que pasado y presente se dan la mano. En lugar de sustituir a las narraciones originales de Stan Lee y Jack Kirby, este «Año Uno» ayuda a comprender la gran importancia que en realidad tienen. Fue en esos modestos inicios donde se fraguó la leyenda de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra.

 

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Héroes. Los Vengadores: Año Uno

LA PATRULLA-X – HIJOS DEL ÁTOMO: ANTES DE QUE TODO EMPEZARA

La capacidad de síntesis narrativa es una de las características fundamentales de la Edad de Plata de los Cómics, en la que vivió su nacimiento y auge el Universo Marvel. Basta repasar el origen de los principales personajes de la Casa de las Ideas para percibir que bastaban unas pocas páginas para establecer el escenario, caracterizar al protagonista y su entorno y relatar el suceso extraordinario que cambiaba su vida para siempre.

 

 

Por ejemplo, el debut de Spiderman consta de apenas once páginas, en la que se explicaba todo lo que era necesario saber sobre Peter Parker; Los 4 Fantásticos viajaron al espacio y fueron alterados por los rayos cósmicos en apenas trece planchas, las mismas que necesitaron, respectivamente, Iron Man y Thor para ser presentados en sociedad. Algunos privilegiados, como Hulk, Los Vengadores y La Patrulla-X gozaron de relatos un poco más largos, pero no demasiado: en torno a las veinte páginas. Se trataba de poner al corriente al lector de manera inmediata, y saltar cuanto antes a la aventura, porque así era la estructura habitual del cómic en aquellos años sesenta: historias cortas y autoconclusivas, que ocuparan la mitad de un cuadernillo, o a lo sumo la totalidad de sus páginas.

 

Hasta la consolidación del proyecto capitaneado por Stan Lee, éste no se atrevió a colocar la palabra “continuará” en ninguno de los cómics que escribía. Cuando lo hizo, sin embargo, el Universo Marvel alcanzó su máximo potencial y épica. La historia-río se convirtió en el modelo a seguir, hasta que, llegados a la actualidad, rara vez se encuentra una aventura que se extienda por menos de cuatro o cinco episodios.

 

El paso del tiempo, la acumulación de décadas en la trayectoria de los personajes, ha servido además para la proliferación de otro fenómeno, el del revisionismo: se actualizan los orígenes de los más destacados héroes, para así poner a los nuevos lectores al tanto de cómo empezó todo, y tal operación se hace con las herramientas del cómic moderno, con una narrativa descomprimida que entra en detalles pasados por alto en su momento o que simplemente no se llegaron jamás a plantear, ante la necesidad de comprimir toda la trama en un espacio reducido.

 

Y es así como llegamos a La Patrulla-X: Hijos del átomo, la obra que reconstruye el nacimiento del equipo de mutantes de Marvel. La mayoría del público se ha acercado a estos en su encarnación moderna, la surgida en 1975 con carácter internacional, ya que incluía miembros de multitud de nacionalidades, como el canadiense Lobezno, el alemán Rondador Nocturno o el ruso Coloso o. Sin embargo, los hombres-X habían nacido más de una década antes, en 1963, cuando Stan Lee y Jack Kirby concibieron a este quinteto de chavales, todos ellos estadounidenses, con habilidades especiales desarrolladas durante la adolescencia, que recibían las enseñanzas de un maestro en silla de ruedas llamado Charles Xavier. En aquellos comienzos, el número de mutantes era muy escaso, y en rara vez la aparición de nuevos especímenes del homo superior tenía lugar más allá de las fronteras del país. Los miembros de La Patrulla-X se podían contar con los dedos de una mano, y la inclusión de nuevos fichajes tardaría mucho en producirse. En definitiva, el contexto de aquellos cómics era reducido, podría decirse que doméstico, en comparación con su posterior desarrollo.

 

Un repaso detenido a The X-Men #1 (1963) permite constatar algunas circunstancias que llaman la atención al lector actual. En el comienzo de la historia, La Patrulla-X ya está formada, y todos sus integrantes masculinos habitan la mansión del Profesor Xavier. De hecho, Lee y Kirby recurrieron a una técnica narrativa bastante moderna, la de la “acción empezada”, ya que no desvelan cómo reclutó Charles Xavier a sus pupilos ni de dónde había salido aquel misterioso individuo en silla de ruedas. El motivo elegido para arrancar el cómic fue la llegada de la única fémina que formaría parte del equipo, Jean Grey, también conocida como Chica Maravillosa. Bastaban unas viñetas para hacer las presentaciones de cortesía y explicar la existencia del homo superior, dividido en dos facciones, la que lidera Xavier, a favor de la convivencia con los humanos convencionales, y la que lidera Magneto, decidido a subyugarlos. Todavía quedaba espacio en aquel primer cómic de La Patrulla-X para un primer enfrentamiento de los jóvenes alumnos de Xavier contra el Amo del Magnetismo, que perdía la partida.

 

Ya durante la misma década de los años sesenta, Roy Thomas, el sucesor de Stan Lee en los guiones de la serie, constató que faltaban muchos detalles por explicar, de ahí que, a partir de The X-Men #38 (1967) se incluyera un pequeño complemento a la historia principal, en el que se desgranaría la procedencia del Profesor Xavier, cómo se habían manifestado los poderes de sus futuros alumnos y la manera en la que éstos fueron reclutados para la causa. El resultado era un conjunto de relatos breves que, cronológicamente, precedían al debut del equipo, publicado siete años antes. “Los orígenes de La Patrulla-X”, como se llamó aquel serial, sin embargo, caerían al vacío del olvido, por dos motivos fundamentales: El primero: se publicaron en el momento en que la colección había entrado en decadencia y contaba con una escasísimas ventas. El segundo: el posterior relanzamiento de la serie, acompañado ya de un contundente éxito comercial, ponía su acento en temas por los que Thomas había pasado muy por encima o que ni siquiera contemplaba, como el racismo, la soledad adolescente o del papel de los medios de comunicación masivos como generadores de opinión pública. Por tanto, aunque los aficionados modernos hubieran tenido acceso a aquellos “orígenes”, probablemente no hubieran sido de su agrado.

 

Entre quienes desconocían el serial de “Los orígenes” se encontraba el guionista Joe Casey, un excelente autor que irrumpió en Marvel a mediados de los años noventa y que estaba destinado a grandes empresas. En los siguientes años, desarrollaría interesantes proyectos, tanto en La Casa de las Ideas como en DC Comics y en Wildstorm, aunque su mayor triunfo hay que buscarlo fuera del cómic, ya que figura entre los creadores de Ben Ten, uno de los mayores fenómenos de la animación del siglo XXI.

 

En 1999, Casey formaba parte de la nueva generación de escritores que acababa de irrumpir en escena, con una exquisita formación literaria, elevado dominio de la técnica narrativa y habilidad para actualizar conceptos añejos. Su labor en Cable, colección mutante que reinventó por completo con un tono evidentemente clasicista, le señaló como el hombre propicio para acometer una miniserie que reconstruiría, con la sensibilidad del presente, pero sin olvidar el pasado, cuanto había sucedido antes de la primera página de The X-Men #1. A la empresa se sumaría Steve Rude, dibujante de elegancia portentosa, en cuyo estilo resonaba con fuerza la influencia de Jack Kirby. Rude, sin embargo, no conseguiría completar el proyecto, motivo por el que Marvel contaría con dos dibujantes más, ambos con un talento equiparable: Paul Smith, que años atrás ya hubiera desarrollado una mítica etapa dentro de La Patrulla-X, y Esad Ribic, croata recién llegado entonces a la industria y que sabría mimetizar el trazo de sus colegas. En unos pocos años, acabaría posicionándose como una estrella absoluta del dibujo.

 

Este volumen ofrece los seis episodios de Hijos del átomo, además de completarse con el contenido más apropiado que pueda imaginarse: nada menos que The X-Men #1, allá donde empezó todo, pero también el punto final señalado por Casey, Rude, Smith y Ribic para completar su historia… Nada menos que los primeros pasos de aquellos chicos asustados que compondrían el más extraño grupo de superhéroes… ¡La Patrulla-X!

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. La Patrulla-X: Hijos del Átomo