CARTAS MARCADAS: LOEB Y SALE ANTES DE LA GRANDEZA

Stan Lee y Jack Kirby, Dennis O’Neill y Neal Adams, Chris Claremont y John Byrne, Marv Wolfman y George Pérez, Garth Ennis y Steve Dillon, Ed Brubaker y Sean Phillips… algunas de las obras más destacadas del cómic estadounidense se asientan sobre los hombros de sólidos equipos creativos compuestos por un escritor y un dibujante de talentos equiparables, y cuya suma es mayor que el valor de las partes. En los años noventa, el formado por Jeph Loeb y Tim Sale destacó sobremanera gracias a la tetralogía de colores que realizó en Marvel o las historias para Batman y Superman construidas en DC Comics. Pero Loeb y Sale no salieron de la nada; antes realizaron trabajos que pasaron inadvertidos, pero que revstían un valor indudable, además de que sobre ellos tomaron impulso para sus obras más ambiciosas. La miniserie Lobezno / Gambito: Víctimas es uno de ellos.

¿Alguien recuerda a Los Retadores de lo Desconocido? Fueron un invento de Jack Kirby anterior a Los Cuatro Fantásticos, cuya presencia en los libros de historia tan sólo obedece al hecho de haber servido como precursores lejanos de La Primera Familia. en la DC Post-Crisis los editores buscaban la combinación perfecta de buenos autores y conceptos olvidados. Después de poner al día a los grandes de la casa les fue tocando el turno a los más variopintos secundones, lo que posibilitó la reinvención de personajes que hoy en día se han convertido en leyenda (Animal Man, Question, Sandman…), en un recuerdo agradable (la Doom Patrol pre-Morrison, el Capitán Atom, Halcón y Paloma…) o en todo un misterio perdido en las cajas de saldo de las librerías especializadas (la miniserie que protagonizaron estos viejos personajes).

Arrancaba la década de los noventa y ni un pelo de tonto tenía Jeph Loeb. Nacido en 1958 en Connecticut y californiano de adopción, en sus estanterías reposaban todos y cada uno de los tebeos publicados por Marvel y DC desde 1964. Todos. Una etiqueta segura de aficionado comiquero incombustible para un tipo que, hasta entonces, se ganaba la vida en la industria cinematográfica escribiendo y produciendo títulos que no entrarían precisamente en ninguna lista de obras maestras: Comando y De pelo en pecho (ambas de 1985), por poner un par de ejemplos más que ilustrativos. Afición y trabajo se encontraron, y Loeb conoció a Jenette Kahn, entonces presidenta de DC, con motivo de un proyecto de película de Flash que nunca llegó a materializarse. Loeb por lo menos salió del encuentro con la invitación a convertirse en guionista de tebeos. Y así empezó todo.

Puestos a pedir, el recién llegado quería trabajar con Batman, Superman o Wonder Woman. Ninguno de los tres estaba disponibles, de ahí que acabara fijándose en… Los Retadores de lo Desconocido. La gran ventaja era que podía hacer prácticamente lo que quisiera con ellos, que nadie iba a protestar por el tratamiento que le diera al cuarteto de aventureros. El gran inconveniente era que probablemente nadie se fijara en el cómic, pero qué diablos. Con el sueldo de Comando, había pagado la hipoteca de su chalet y no tenía grandes ahogos económicos. Podía permitirse semejantes ligerezas. Fue entonces cuando Tim Sale entró en escena. En aquel momento, este neoyorquino nacido en 1956, marvelita declarado, artista daltónico y alumno de John Buscema tan sólo había publicado sus dibujos para las novelas gráficas de la saga literaria Thieves’ World, mientras que sus miniseries de Grendel (con Matt Wagner) y Amazon (Con Steven T. Seagle) estaban a punto de salir a la calle. Barbara Kesel presentó a ambos autores y enseguida decidieron trabajar juntos. Lo que más le atrajo a Loeb fue que Sale, con su trazo limpio y elegante, dibujaba gente real, e incluso fea cuando era necesario.

Challengers se publicó a lo largo de 1991, pasando por completo inadvertida entre los lectores, pese a que reunía todas las condiciones para llegar a título de culto: un guión complejo y sin concesiones, experimentos narrativos en cada página, un montón de guiños a la cultura popular en general, y a la cinematográfica y comiqueril en particular, y un resultado difícil de leer, pero agradecido de degustar, surrealista y divertido. El mítico editor Archie Goodwin sí apreció los méritos de la miniserie y encargó a Sale una saga para Legends Of The Dark Knight, escrita por James Robinson. Goodwin estaba tan satisfecho que invitó a Sale a que preparara una segunda historia. Sale propuso a Loeb como guionista, y el resultado fue “Choices” (luego renombrado “Fears”), el primero de una trilogía de especiales de Halloween del Hombre Murciélago al que seguirían “Ghosts” en 1994 y “Madness” en 1995. Supusieron un inesperado éxito de ventas y que Loeb entrara en el radar de Marvel en general y de la Franquicia Mutante en particular, donde empezó a escribir la serie abierta de Cable, participó en “La Era de Apocalipsis”, creó a X-Man y, en lo que a nuestro objeto de interés se refiere, se trajó a su colega Tim Sale.

Formando equipo creativo, ambos se estrenaron en Marvel con una pequeña, pero muy sugestiva y sofisticada, aventura de Bishop, que apareció como complemento de The Uncanny X-Men Annual #18 USA (1994) y con la que se completa este tomo. La segunda fue la miniserie que lo encabeza, y que contaba como protagonistas con los que entonces eran los dos hombres más populares del momento: Lobezno y Gambito. Vista con la perspectiva de los años, “Víctimas” representa una saludable excepción, dentro de lo que venía siendo la Franquicia Mutante en los noventa. Era una época en la que se tendía a integrar cualquier producto dentro del maremágnum de tramas, casi siempre relativas a las figuras de Apocalipsis o Mister Siniestro y que costaban entender de manera autónoma. El dibujo solía ser abigarrado, con abundancia de poses de póster y en línea con los excesos del momento. Predominaban los escenarios desnaturalizados, desde la base secreta del villano a los futuros distópicos alternativos. Por suerte, nada de eso está aquí. “Víctimas” no es sino un relato de corte noir cargado de intimismo y que se construye con lentitud, dejando que respire la narración. Loeb parece contar la historia en voz baja, poniendo ya en práctica ese viejo truco que tanto ha repetido luego de que los textos de apoyo expliquen algo diferente a lo que muestran las viñetas, y dejando a su vez que el soberbio arte de Sale hable por sí mismo. El artista había empezado a hacer efectivo el alejamiento de los artificios gráficos utilizados con Los retadores de lo desconocido, y ya empieza a sustituirlos por una exaltada grandiosidad de la que luego haría gala en proyectos posteriores.

La miniserie funcionó bien, y podría haber sido el comienzo de un conjunto de nuevos proyectos… sólo que entonces Loeb y Sale se reencontraron con Goodwin en la San Diego Comicon, comieron juntos, se acordaron del Batman: Año Uno de Frank Miller y decidieron construir una maxiserie con los mafiosos que habían aparecido en la mítica historia. Fue así como nació Batman: El largo Halloween, la obra que lanzó al estrellato definitivo a la pareja. Luego llegaron, no necesariamente en este orden, las secuelas de ésta, Superman: Las cuatro estaciones y, claro está, la vuelta triunfal a Marvel coincidiendo con el nuevo siglo y con la Dirección Editorial de Joe Quesada. Empezó entonces la tetralogía de los colores, con su toque nostálgico y evocador, asentado en los años dorados de cada personaje protagonista, pero quedaron atrás las aventuras propias, surgidas de la imaginación de los autores y sin referentes previos sobre los que apoyarse. Las historias contenidas en este volumen se erigen así como una curiosidad, un presagio del potencial que ya atesoraban sus autores en aquel lejano 1995 y, quizás, como un precedente sobre el que construir futuros proyectos. Aquellos a los que nos gustaría ver a Loeb y Sale otra vez en Marvel, con algo nuevo, excitante y distinto a lo anterior, lo agradeceríamos inmensamente.

ULTIMATE X: NACIMIENTO, DESTRUCCIÓN Y RENACIMIENTO

“Ultimatum” puso de revés el Universo Ultimate, pero sobre todo rompió en mil pedazos a los mutantes de La Patrulla-X. No en vano el caos desatado durante la saga era consecuencia directa del descubrimiento de que el homo superior no era más que una creación artificial, en lugar del siguiente paso de la humanidad. A lo largo de una demoledora saga en cinco partes, Jeph Loeb, un guionista sin miedo a romper jarrones chinos, y el viejo conocido de la casa David Finch narraron el combate definitivo entre Magneto y la humanidad, un apocalíptico choque en el curso del cual murió la plana mayor de los héroes y villanos del Universo Ultimate, entre ellos muchos de los hombres-X y sus enemigos.

 

En la lista de bajas estaban incluidos las más importantes piezas de La Patrulla-X, como Lobezno, Cíclope, el Profesor Xavier o Magneto, pero también otros, que se habían ganado un lugar en el corazón de los lectores: El Ángel, La Bestia, Dazzler, Emma Frost, Rondador Nocturno, Polaris, La Mole, Juggernaut… ¿Qué es lo que pretendían realmente Loeb y Marvel con semejante masacre? Muy sencillo: devolver la atención de los lectores al Universo Ultimate, pero también convertirlo en un lugar imprevisible, donde cualquier cosa pudiera ocurrir, incluso lo que pareciera imposible.

 

Es en ese contexto, en el que los mutantes volvieran a ser señalados como el principal peligro a erradicar de la faz de la Tierra (tal y como ocurría en el comienzo de Ultimate X-Men, con aquellos Centinelas que pisoteaban mutantes), es donde se sitúa este proyecto, Ultimate X, que apuesta por desvelar el destino del homo superiordentro de este cosmos particular y una vez que han perdido la consideración de héroes que algún día llegaran a atesorar. Lo paradójico del caso es que es el propio Jeph Loeb, el hombre que firmó la hoja de defunción, el que ahora se hace cargo del nuevo alumbramiento. Aquí se debe recordar que estamos ante un autor de dos caras. Es capaz de hacer obras palomiteras al máximo, que parecen verdaderos blockbustersveraniegos dirigidos por Michael Bay, y por las que recibe más palos que una estera… Y a su vez es capaz de acometer proyectos con un eminente tono clásico y nostálgico, como pudieran ser Superman: Las cuatro estaciones, Batman: El largo Halloween, o su serie de colores para Marvel (Daredevil: Yellow, Spider-Man: Bluey Hulk: Grey), donde el recurso primario es la minuciosa caracterización de los protagonistas, la búsqueda de la conexión emocional con los lectores y la recreación nostálgica de un tiempo pasado. Estas obras, al contrario que las primeras, sí consiguen la aclamación popular y el aplauso de la crítica. Es en ellas donde sale a flote el Loeb más desconocido, el que es un apasionado seguidor de los superhéroes que atesora todos y cada uno de los cómics publicados por Marvel y DC desde comienzos de los años sesenta.

 

Ultimate Xparte de los acontecimientos de “Ultimatum”, pero se sitúa en el segundo apartado de obras, con una trama que sigue la estructura narrativa clásica de las aventuras de fundación de equipo, en especial el Giant-Size X-Men #1 USA (1975. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X nº 1), con el que se diera a conocer la “segunda génesis” de los mutantes. Esto es, con la presentación pausada de un puñado de personajes que son reclutados por una suerte de mentor para formar parte de un nuevo grupo de superhéroes. Entre los miembros, hay algún que otro viejo conocido junto con mutantes nunca antes vistos, y todos mantienen alguna particular conexión con el pasado. La gran atracción dentro de ese elenco está en primer lugar de todas, ya que se trata del hijo de Lobezno. La muerte de Logan fue una de las sorpresas más inesperadas de “Ultimatum”, pero parece que en La Casa de las Ideas querían darse prisa en encontrar un sustituto. Loeb recurre para ello a un relato iniciático que evoca de inmediato al origen de Spiderman o a películas como American Grafitti. No faltan tampoco referencias a las circunstancias del Lobezno de la Tierra-616, de manera que las personas que han criado al vástago de Logan responden a los nombres de Jimmy y Heather Hudson, y serían por lo tanto el equivalente a la pareja que, en la continuidad clásica, le rescató de los bosques canadienses y le devolvió a la humanidad.

 

Pero este nuevo Lobezno, que Loeb nos insiste en diferenciarlo de su padre en casi todos los aspectos, salvo en los poderes curativos y en las características garras, no es sino el comienzo de un camino que tiene como objetivo descubrir qué le espera a los hombres-X a partir de ahora. Para averiguarlo, tendremos que descubrir a mutantes que no conocíamos hasta el momento, pero también saber qué ha sido de los que pertenecieran a La Patrulla-X y consiguieron escapar a la masacre de “Ultimatum”, o de aquéllos que trataban de llevar una vida normal, como es el caso de Liz Allen, la compañera de instituto de Peter Parker que resultó ser hija de La Mole. A este respecto no hay que olvidar el escalofriante papel de este villano en “Ultimatum”: durante la crisis, protagonizaba uno de los momentos más salvajes que se hayan visto jamás en el Universo Definitivo, cuando devoraba las entrañas de La Avispa y luego encontraba la muerte a manos de Hank Pym, quien a su vez le arrancaba la cabeza de un mordisco. Si a Liz le costaba aceptar su condición mutante, ¿cómo puede afrontar las terribles acciones realizadas por su padre?

 

El toque clásico queda apuntalado por la labor gráfica de Arthur Adams, el que fuera uno de los dibujantes más destacados de la Franquicia Mutante durante los años ochenta, especialmente recordado porLa Patrulla-X: Las guerras asgardianas. Adams, precursor en aquel entonces de la influencia manga y el detallismo excesivo que luego serían moneda común en los noventa, no suele prodigarse en exceso, dada su reconocida lentitud, pero tiende a contestar afirmativamente a las llamadas de Loeb, autor con el que ha colaborado en ocasiones puntuales y con el que siempre se ha divertido extraordinariamente. Pese a llevar en el tajo desde hace tres décadas, Adams mantiene toda la fuerza que tuviera entonces, de forma que podría codearse con cualquiera de las nuevas estrellas del siglo XXI y la única lástima es que no se prodigue con mayor frecuencia, porque su trazo abre las puertas a un mundo brillante en el que perderse.

 

El de crear un formidable entretenimiento es, ni más ni menos, el propósito principal de este cómic, que cumple con creces. Pero Ultimate Comics. Xtambién nos enseña que, después de la tragedia ocurrida, después de toda esa muerte y destrucción, aguarda un mañana esperanzador dentro del Universo Ultimate, y los mutantes formarán parte esencial del mismo. Estamos ante el “Capítulo Cero” de una nueva fase. La intención de Marvel estaba en lanzar, acto seguido, una nueva colección de La Patrulla-X Definitiva. Tardaría en llegar más tiempo del inicialmente previsto, pero su detonante no podía haber sido más delicioso.

 

Artículo aparecido en Ultimate X: El hijo de Lobezno

1993. EL PINCHAZO DE LA BURBUJA DE LOS CÓMICS

Es otoño de 1993. Después de una década de subidas ininterrumpidas y tres años de ventas desorbitadas, las editoriales ven las orejas del lobo. A pesar de su portada completamente metalizada, en las tiendas especializadas se comen con patatas tres cuartas partes del millón de ejemplares que han pedido del Turok dinosaur hunter 1 (VI 93), publicado por Valiant. Es un síntoma, sólo un síntoma, de lo que se avecina. Un vistazo general a las ventas sirve para comprobar que han empezado a descender de forma inusitada.

 

Las anunciadas líneas de superhéroes de pequeñas compañías comienzan su andadura por debajo de las expectativas iniciales (Malibu) o se hunden en cuanto salen a competir con los grandes gigantes (Valiant). La Franquicia Mutante, que repite su posición de liderazgo mes a mes junto con los grandes éxitos de Image, se convierte en el termómetro perfecto para diagnosticar el estado de salud del paciente. Está enfermo, no cabe duda. Las cifras, que a finales de 1992 rozan los 750.000 ejemplares vendidos de Uncanny, retroceden por debajo de los 600.000. Es un dato preocupante, desde luego, pero la sangría es todavía mayor en títulos como X-Force o Excalibur. Lejos de estabilizarse, las ventas descienden mes a mes. Se lanzan menos colecciones mientras crece el número de las que se cancelan. El nerviosismo cunde en las esferas, donde solucionan cualquier atisbo de crisis a golpe de talonario. Marvel diversifica mercados con la compra de una empresa juguetera, Toy Biz, y otra dedicada a la comercialización de cromos y juegos de cartas, Fleer. Ya no buscan al público lector, sino al coleccionista.

 

La situación se traduce dentro de la Franquicia Mutante en una intensificación de los métodos utilizados con anterioridad. Nada más terminar Atracciones Fatales aparece Lazos de sangre, un crossover, otro más, que celebra el treinta aniversario de la creación de la Patrulla-X y los Vengadores (UXM 307, XM 26, The Avengers 368-369 y Avengers West Coast 101, XI-XII 93). Superado el compromiso, la generosidad de Harras llega a tal extremo que en X-Men ocurre un hecho relevante. Después de tres décadas de noviazgo, Jean Grey y Scott Summers pasan por la vicaría. Como viene ocurriendo a lo largo de todos esos años, Jean toma la iniciativa y es quien propone al chico dejar de vivir en pecado (UXM 308, I 94). Fabian Nicieza escribe el episodio de la boda, uno de los pocos de toda su etapa en X-Men de los que se siente orgulloso (XM 30, III 94). “Creo que es una buena idea para los personajes, y me alegro de poder tratarla desde una perspectiva adulta”, declara. Nada de villanos, pues, en un acontecimiento sin número doble ni cubierta plastifica. Como mucho, Marvel y Fox, la productora de la serie de dibujos animados dedicada a la Patrulla-X, imprimen unas invitaciones de boda, detalle simpático alejado de la que podría haber sido una enorme campaña de marketing. Tal vez por ello, pocos días después del XM 30, la Oficina-X recibe multitud de cartas con fans que aplauden la historia. Otro de los tebeos favoritos de Nicieza también pertenece a esta época. El UX 33 (V 94) conecta los años como ladrón de Gambito con el pasado de Dientes de Sable en un estupendo relato autoconclusivo que hace preguntarse qué sería de la strip si Nicieza contara con una mayor libertad creativa.

Dejando aparte estos casos concretos, sigue la tortura existencialista de los mutantes, que en actitud rayana en la vagancia pasan el día apoyados en las paredes de la mansión mientras se quejan de cuánto les teme y les odia la humanidad que han jurado proteger. Son tebeos, según Bob Harras, “de tratamiento de personajes”. Esto significa que un par de hombres-X dialogan sin decir realmente nada y sin que esos diálogos sirvan para diferenciar a los unos de los otros, especialidad en la que Lobdell se supera mes a mes. La explicación de éste es todavía más divertida que la de Harras: “He trabajado en terapias de grupo en campamentos de niños con problemas emocionales. Por eso hago tandas de cuatro o cinco episodios en los que no se pelea nadie y la gente se pasa el rato sentada y relacionándose”. Confesado su crimen, el guionista de Uncanny se responsabiliza también de La alianza Falange (UXM 316 y 317, XM 36 y 37, XF 106, XFO 38, EX 82 y CB 16, IX-X 94), saga en la que aparecen por primera vez los miembros de la futura Generación-X. El crossover se desarrolla con desigual fortuna hasta un final absurdo con el que Lobdell demuestra su escasa capacidad para resolver incluso historias propias.

Generation-X (GX) 1 (XI 94) supone una agradable sorpresa gracias a los dibujos de Chris Bachalo, un artista con fama de rarito proveniente de la línea Vertigo de DC. Lobdell pide su incorporación al proyecto después de ver algunas de sus páginas para el XMU 1. Bachalo acomete un trabajo fresco y agradable alejado del tono trascendente del resto de la Franquicia Mutante. Junto a Lobdell diseña unos personajes con cierta gracia estética en los que se ha exagerado el lado freak. Incluso la bella Paige Guthrie, hermana de Bala de Cañón, resulta bastante desagradable cuando utiliza su poder de cambio de piel. Luego está Cámara, un chaval torturado a causa de que la primera manifestación de sus habilidades mutantes destrozó la mitad de su pecho y gran parte de la cara. M, alias de Monet St. Croix, es la sex symbol de la tropa, aunque se echa a perder con su actitud ególatra; a Pellejo le sobran unos diez metros de piel, circunstancia que lo afea en extremo; Penitencia no puede tocar a nadie a riesgo de cortarle en cachitos por culpa de su cuerpo filoso… “Cada personaje tiene algo de mí”, explica Bachalo. “Pellejo es mi lado desagradable; M mi lado femenino; Paige es mi lado eficiente y limpio”. La parada de los monstruos se completa con los que pueden considerarse “normales”: Sincro, Mondo y Júbilo, esta última degradada a la segunda división mutante por un Harras que nunca la ha querido dentro de la Patrulla-X.

El nuevo equipo mutante forma la cuarta promoción de la Escuela del Profesor Xavier para Jóvenes Talentos. No obstante, Lobdell toma una decisión que acaba de una vez por todas con la condición académica del hogar de los hombres-X. De esta forma, la mansión de la Patrulla cambia su denominación por la de Instituto Xavier de Estudios Superiores, mientras que la escuela se instala en la Academia de Massachusetts de Emma Frost. La antigua Reina Blanca del Club Fuego Infernal pasa al bando de los buenos después de contemplar la muerte de todos y cada uno de sus anteriores alumnos, los Infernales (UXM 314, VII 94). Como contrapunto de Emma, tanto sexual como pedagógico, se trae de vuelta a Banshee, recuperado de las afecciones de garganta que causaran su retiro. “Quiero establecer un sentido de esperanza y optimismo que actualmente no se encuentra en ningún cómic. Generación-X no va a ser una Patrulla-X de reserva, sino una pandilla de chavales aprendiendo a utilizar sus poderes”, explica Lobdell, que sin el menor indicio de estar bromeando añade: “espero que Generation-X tenga unas repercusión parecida a la de Watchmen o Dark Knight”. Sin duda, este chico es un genio.

Mientras crece la familia mutante, Harras pone a su gente a la búsqueda de nuevos colaboradores. Lisa Patrick hace un par de llamadas y las preguntas de rigor:

 

-Tengo que hacerte cuatro preguntas. Primera: ¿estás disponible?

-Sí.

-Dos: ¿lees habitualmente las series de mutantes?

-Por supuesto, las llevo todas al día.

-Tres: ¿cumples los plazos de entrega?

-Sí, pregunta a cualquiera de DC.

-Cuatro: ¿sabes cómo se trabaja en la Oficina-X?

.No. No tengo ni idea.

-¡Has contestado correctamente a todas las preguntas!

 

Quien responde al teléfono es Jeph Loeb, guionista de películas como Commando o Teen wolf (ambas de 1985). Loeb, un fan del noveno arte que posee cada cómic publicado por Marvel o DC a partir de 1964, ha hecho algunos trabajos interesantes en la Distinguida Competencia. Patrick le conoce gracias a un especial de Batman ambientado en Halloween que le ha gustado mucho. Junto al dibujante Tim Sale, Loeb prepara una historia de complemento para el UXM Annual 18 (1994). Poco después se convierte en el guionista regular de Cable (CB 15, IX 94). En una reunión editorial conoce a Scott Lobdell, de quien pronto se hace amigo. “Voy a enseñarte cómo se escribe la Patrulla-X”, le dice éste en su primera conversación. Lobdell le explica básicamente cómo trabajar con Bob Harras y le ofrece la posibilidad de realizar diversos crossovers entre Cable y Uncanny. A partir de ese momento, la esperanza de Loeb es llegar a convertirse en el guionista de X-Men, por eso procura incluir en sus historias alguno de los hombres-X.

Suzanne Gaffney realiza idéntica llamada, pero al otro lado del Atlántico. Warren Ellis también contesta correctamente las cuatro grandes preguntas. Ellis viene de Inglaterra para escribir Excalibur (EX 83, XI 94). Tras unos meses a la deriva con ilustres desconocidos a su cargo, la serie necesita un nuevo rumbo. El nombre de Ellis empieza a sonar con fuerza en círculos especializados gracias a sus guiones oscuros llenos de humor negro, muy en la línea británica de autores como Alan Moore o Neil Gaiman. La misma Gaffney también se pone en contacto con Carlos Pacheco para encargarle una miniserie protagonizada por Bishop (Bishop 1-4, XII 94-III 95) que el gaditano realiza en compañía de John Ostrander, veterano guionista procedente de DC.

 

1993. CREANDO LA ERA DE APOCALIPSIS

Es junio de 1993. El mayor éxito de Marvel, aquel que le ha llevado a estar en boca de todos los chavales se llama X-Men, pero no es un cómic. Es una serie de animación que emite Fox Tv todos los sábados por la mañana. Bob Harras se reúne periódicamente con los productores para comentar posibles líneas argumentales y asegurarse de que lo que aparece en pantalla mantiene el espíritu de lo que se publica en los tebeos. Los creativos de Fox disfrutan con todas las historias que tengan que ver con viajes temporales. Ya han hecho una relacionada con Cable y ahora preparan otra que involucra a Bishop. Harras sugiere que intenten dar la vuelta al concepto, ya que lo considera repetitivo.

-Por ejemplo, Bishop podría viajar hacia nuestro pasado, donde trastocaría la corriente temporal y cambiaría para siempre la historia de la Patrulla-X…

 

El tono de Harras va haciéndose más lento. Se está dando cuenta de la magnitud de la propuesta conforme la escucha de sus propios labios. Cuando sale de la reunión, ya ha decidido que la idea es demasiado buena para la serie de televisión. “Qué diablos”, piensa. “Me la quedo”. En el avión que le lleva de vuelta a Nueva York, el editor mutante hace frenéticas anotaciones en su libreta. Dos horas más tarde, ya sabe por dónde quiere ir. ¿Qué pasaría si Charles Xavier no hubiera fundado la Patrulla-X?, se pregunta. Seguramente, Magneto habría formado el grupo obligado por las circunstancias. Sería un mundo diferente, mucho más oscuro que el nuestro. No, ésta no va a ser una “historia imaginaria”, un What if? cualquiera, sino la epopeya mutante más espectacular y ambiciosa de todos los tiempos. Nada más llegar a su despacho, Harras convoca a todos los autores de la franquicia. Está entusiasmado. Por primera vez desde la marcha de Jim Lee, sabe que tiene algo tan grande entre manos como para recuperar la atención sobre la Patrulla-X. Quiere cancelar todas las colecciones mutantes a final de año. Un mes más tarde, aparecerían ocho nuevas cabeceras ambientadas en una universo en el que Charles Xavier murió antes de fundar su escuela. La saga duraría cuatro meses y, una vez terminada, las series recuperarían su anterior status quo. Es un salto al vacío. Sabe que se la está jugando, pero tiene la convicción de que las posibilidades de perder son mínimas. Basta con asegurarse de que el deseo de los fans por leer este enorme crossover sea tan intenso como sus ganas de saber qué ocurrirá una vez termine. Además, renumerar las colecciones puede servir para pescar nuevos adictos a la causa, algo necesario a tenor de la continua bajada de ventas. El entusiasmo del editor se trasmite enseguida a guionistas y dibujantes, impresionados ante las posibilidades de la saga. Durante cuatro meses, pueden hacer lo que quieran, incluso matar a Lobezno.

A lo largo de horas y horas, Harras, Lobdell y Nicieza buscan una trama de cuyo resultado nazca el universo paralelo que quieren. Lo único decidido es que Charles Xavier ha de morir, pero surgen un par de preguntas.

Primera pregunta: ¿Cuando? Tras descartar varias opciones, los guionistas y el editor mutante optan por retroceder veinte años en la actual cronología, hasta la época en la que Xavier y Magneto se conocieron en Israel. “Es un momento de la vida de Magneto en el que todavía no ha tomado las decisiones que le convertirán en el gran enemigo de la Patrulla-X”, explica Lobdell.

Segunda pregunta: ¿Quién es el asesino de Xavier? Ningún villano sirve. Ninguno tiene las motivaciones suficientes para llevar a cabo un crimen así dos décadas antes de la creación de la Patrulla-X. “Espera, estamos equivocando el planteamiento”, advierte alguien. “¿Por qué tiene que ser un villano? Podría ser alguien que retrocede en el tiempo para asesinar a Magneto… y mata a Xavier por accidente”. Alguien como Legión, el hijo del Profesor, cuyas acciones desencadenan una serie de acontecimientos que cambian la historia de la humanidad.

Durante tres largos días, se estructura un prólogo al gran acontecimiento del invierno. En La búsqueda de Legión (UXM 320 y 321, XM 40 y 42, I-II 95), el hijo de Xavier, transportado al pasado, asesina por error a su padre. Como consecuencia de ello, la realidad presente desaparece y es sustituida por un mundo de pesadilla conocido como La Era de Apocalipsis. Cada colección mutante queda colgada con cliffhangers cuya resolución deberá esperar a que acabe el nuevo crossover.

Los autores-X se concentran en un hotel de Manhattan en el que durante gran parte de agosto redactan una biblia de personajes, escenarios y situaciones del nuevo universo recién creado. En síntesis, el documento empieza así: “Si la desesperación tuviera un rostro, se estaría riendo. Bienvenidos a América. Bienvenidos a un mundo y un tiempo enloquecido. Hace años, un mutante llamado Apocalipsis conquistó este país. Cuando los Homo superior se alzaron sobre los escombros, los humanos quedaron aplastados por su subida al poder. Unos pocos, los afortunados, consiguieron huir a Europa y Asia. El resto quedó atrapado por un destino que no podía comprender”. Sin un Xavier que se le oponga, Apocalipsis ha convertido la Tierra en un enorme campo de concentración lleno de ciudades devastadas, fosas comunes rebosantes de cadáveres, continentes arrasados y multitudes que se mueren de hambre bajo el yugo del Alto Señor. La Patrulla-X de Magneto y otras guerrillas mutantes son la última esperanza de la humanidad.

 

Lo realmente interesante de La Era del Apocalipsis es ver cómo han evolucionado los mutantes en este mundo desolado. Muchos han cambiado de bando, otros tienen una personalidad muy diferente y unos pocos conservan sus rasgos definitorios. “En algunos casos hemos exagerado el cambio hasta extremos increíbles”, comenta Nicieza. “La Bestia continúa siendo sarcástico, bromista e inteligente, pero ahora es un sádico hijo de puta, un deshumanizado genetista que te despellejaría por el simple gusto de comprobar cuánto dolor puede causarte”. Casi todos los personajes pasan por una reconfiguración gráfica tan contundente como el trasfondo de la aventura. Destaca aquí la labor de Joe Madureira, quien tras escasos meses a cargo de los lápices de Uncanny apunta como una de las firmes promesas a figurar en la lista de los perseguidos por Image. Su estilo combina cierta influencia manga con una línea clara que enseguida le hace popular entre los chavales y controvertido para los lectores veteranos. Otro aspecto de la saga a tener en cuenta es el morbo que produce entre los aficionados saber cuál ha sido el destino en La Era del Apocalipsis de héroes, villanos o secundarios del Universo Marvel. Muchos de ellos aparecen dispersos entre los cientos de secundarios que invaden las treinta y seis partes del crossover. A última hora, Harras se saca de la manga X-Universe, una miniserie donde se explica qué ha sido de Thor, Ben Grimm, Matt Murdock o Gwen Stacy y que también sirve para retener a su dibujante, Carlos Pacheco, quien poco antes ha recibido una suculenta oferta de Image.

La saga se construye durante largas reuniones en la Oficina-X, donde llega un momento el que ya nadie sabe quién propone qué. Las ideas surgen espontáneamente, se discuten, unas pasan la criba y otras van a la papelera. “Podemos estar dieciocho horas seguidas discutiendo qué hacemos con Lobezno. Preparamos toda la trama, nos damos cuenta que no funciona y la desechamos. Acabas agotado”, confirma Harras. Por ejemplo, Nicieza propone que los líderes de ambas Patrullas sean Mercurio y la Bruja Escarlata, por aquello de que son los hijos de Magneto, pero alguien aporta razones de peso para que la Bruja Escarlata muera años antes de empezar la saga. Su puesto se ve sustituido por Pícara, reconvertida en la esposa del Amo del Magnetismo, con quien tiene un hijo llamado Charles.

Cinco de las ocho colecciones que configuran el crossover están protagonizadas por grupos cuyos miembros escoge cada guionista. En La Era del Apocalipsis sigue habiendo dos formaciones de la Patrulla-X. Lobdell elige para la suya a Destello, una secundaria fallecida en el curso de La alianza Falange; o a Morfo, un personaje surgido de la serie de animación. En la Patrulla-X de Nicieza figuran mutantes con los que nunca ha tenido ocasión de trabajar, como Mercurio o Dazzler, mientas que para la colección que sustituye a X-Force Gambito lidera una banda de forajidos. En The Next Generation (antes Generation-X), Lobdell y Bachalo adoptan un tono oscuro y pesimista radicalmente diferente al de los primeros números de la serie. Por lo demás, Cíclope, desde el lado de los malos, protagoniza Factor-X (antes X-Factor). Jean Grey es la amante de Lobezno, quien vuelve a llamarse Arma-X, al igual que la colección que comparte con ella. No existe una Madelyne Pryor, pero Mister Siniestro experimenta igualmente con los genes de Scott y Jean, fruto de los cuales nace un Nathan Summers que protagoniza X-Man (antes Cable). Para Excalibur, Harras ni siquiera tiene que inventar un nuevo título, ya que recurre a X-Calibre, el primer nombre que Claremont barajara para los mutantes de Inglaterra.

En las últimas reuniones antes de ponerse a escribir, los hombres de Harras desarrollan la estructura narrativa de la aventura, que se abre y se cierra con sendos especiales (X-Men Alpha, III 95; y X-Men Omega, VI 95), mientras que un tercero reanuda la continuidad anterior (X-Men Prime, VII 95). La historia se completa con X-Men Chonicles 1 y 2, dos extras dedicados a narrar acontecimientos situados entre la muerte de Xavier y el comienzo de la saga, y con X-Universe 1 y 2 (V y VII 95), la miniserie dibujada por Pacheco con la que Terry Kavanagh se estrena como guionista. Para terminar, en marketing ponen en marcha una estrategia encaminada a que todo el mundo hable de La Era del Apocalipsis antes incluso de que comience. Primero divulgan interesados rumores a través de la prensa especializada según los cuales Marvel planea matar a los hombres-X y cerrar todas y cada uno de las colecciones mutantes a finales de año. Luego filtran el nombre de los títulos que vendrán a sustituirlas.

“¿Sabéis, chicos? Esta saga es como adaptar al cómic ¡Que bello es vivir!”, bromea Harras. En La Era de Apocalipsis, como en el Pottersville de la película de Frank Capra, el mundo ha cambiado de manera radical a causa de la falta de un hombre bueno. Sin embargo, entre los mutantes no revolotea ningún Clarence a la búsqueda de sus alas, a no ser que se atribuya semejante papel a ese Bishop fantasmal que no deja de repetir “no es nuestro mundo, no es nuestro mundo”

Es octubre de 1994. A un mes para el comienzo de la publicación de La Era de Apocalipsis, al despacho de Terry Stewart llegan las cifras de ventas del último ejercicio. Son pésimas, las peores de la industria del cómic desde que existe el mercado de venta directa. Lejos de parar, la sangría sufrida por Marvel aumenta cada mes. El problema no es exclusivo de la Casa de las Ideas. todas las editoriales registran retrocesos que para algunas de las más modestas suponen el cierre del negocio. La bomba especulativa de los últimos tres años ha explotado. Quien sepa capear el temporal heredará los restos del naufragio, pero nada indica que Marvel vaya a escapar de la refriega. A la caza de culpables, los ejecutivos de Stewart señalan con dedo acusador a las distribuidoras. En concreto a Diamond y Capital. Resulta ofensivo que Marvel tenga que aparecer en sus catálogos junto a editoriales de la calaña de Image, Valiant o Malibu. Solución: me compro una distribuidora para mí solo. Quien quiera leer Marvel, que haga los pedidos a Marvel. La elegida es Heroes World, una empresa regional que, por mucho dinero y personal que inyecte, no está preparada para llevar los tebeos de la Casa de las Ideas de California a la Tierra del Fuego. Más soluciones: ¿cuanta gente nos sobra? En recursos humanos hacen cuentas. Doscientos setenta y cinco, señor Stewart, la mitad de la plantilla. Pues a la puta calle con ellos. ¿Quién ha hecho tantos contratos? Usted, señor Stewart. No, que quién firma debajo. Tom DeFalco, el director general. Pues a la calle con él también, coño.

En los meses siguientes, Stewart sigue adelante con su nueva política editorial. Maquilla las cuentas, compra Malibu Comics para quitarse un competidor de encima y contratar a su equipo de coloristas, rompe relaciones con las viejas distribuidoras (“no queremos intermediarios”, declara), cierra veinticinco títulos y plantea una revolución editorial: la Marvelution. Con ella pretende relanzar los títulos clásicos de la compañía. Tom DeFalco ha caído, pero nadie le sustituye. No hace falta un director editorial. ¿Para qué? ¿Va a supervisar las ciento veinte colecciones que Marvel publica? Experto en trocear empresas para luego venderlas, Stewart separa la producción de Marvel en cinco líneas editoriales dirigidas por otros tantos editores. Al frente de X-Men revalida a Bob Harras, el único de los jefes de colección que ha conseguido mantener sus productos en lo más alto, pese al retroceso general del medio. Harras es el espejo en el que se miran todos sus colegas. Miran tanto que incluso llegan a copiar la estructura de La Era del Apocalipsis para transplantarla a Spider-Man o Los Vengadores. No sirve de nada. Mientras el crossover mutante se convierte en el gran éxito de la temporada, las sagas que intentar dar nueva vida al amistoso vecino arácnido o a los Héroes Más Poderosos de la Tierra no hacen sino ayudar a hundirlos más en la miseria. En julio de 1995, Ron Perelman, dueño de Marvel, asciende a Terry Stewart, quien pasa a desarrollar actividades dentro del emporio Perelman sin relación alguna con los tebeos. Para sustituirle llega Jerry Calabrese, un abogado de Nueva York que continúa adelante con el cierre de series.

Espoleado por los movimientos en la cúpula de la compañía, Harras prepara sus propios reajustes dentro de la Oficina X. Ha aprendido que, como Madonna, tiene que reinventar a los mutantes una vez al año: mover autores, montar algún circo, matar a alguien. Que los lectores tengan esa sensación de falso cambio con la que tanto disfrutan, pero que en realidad todo siga igual que el primer día. A espaldas de Fabian Nicieza, contrata a Mark Waid para escribir los diálogos de los especiales de apertura y cierre de La Era de Apocalipsis. Cuando Nicieza descubre el pastel, no tarda demasiado en hacer firme su decisión de abandonar la Franquicia Mutante. Ha disfrutado mucho durante los meses en los que preparaba junto a Lobdell y Harras el nuevo crossover, pero piensa que el resultado de su trabajo en las dos series que todavía escribe deja mucho que desear. Nicieza calcula los meses que faltan para cobrar su cuantioso cheque de royalties y prepara las maletas (XM 45, X 95). En X-Force le sustituye Jeph Loeb (XFO 44, VII 95), quien ya siguiera sus pasos en Cable, mientras que Mark Waid se confirma como nuevo guionista de X-Men. Otros autores, como John Francis Moore, Terry Kavanagh o Howard Mackie, comienzan a escalar posiciones, ya sea en las series regulares o en el continuo chorreo de miniseries protagonizadas por mutantes. Todos repiten con insistencia la misma pregunta. Algunos incluso se atreven a plantearla en voz alta:

 

-¿Quién me ha cambiado los diálogos?

 

La respuesta es siempre la misma:

 

-El cuerpo editorial.

-¿Quién?

-El cuerpo editorial.

 

 

El cuerpo editorial es un ente poco menos que exotérico. Nadie sabe qué, quién o quienes son; ningún editor ni ayudante se responsabiliza de las modificaciones de los diálogos, del cambio de textos de apoyo o de la eliminación de tramas, pero alguien las lleva a cabo con una profesionalidad bastante discutible. El cuerpo editorial escribe francamente mal. Sus diálogos son planos y que sus construcciones sintácticas dejan mucho que desear. Al cuerpo editorial le vendrían bien unas lecciones prácticas de redacción y estilo literario, pero nadie parece dispuesto a dárselas. Algo parecido le ocurre a los dibujantes, que descubren asombrados como una viñeta se redibuja, un pecho sube, un guiño al lector se borra. El cuerpo editorial actúa desde la impunidad del anonimato. ¿Quién hace ese trabajo sucio? ¿Ben Raab? ¿Suzanne Gaffney? ¿Lisa Patrick? ¿el mismo Harras? Nadie: el cuerpo editorial. Se celebra una reunión en la que se deciden los argumentos de los siguientes meses. Tres días después, cada autor recibe un aviso. “Hemos pensado que no nos gusta lo que hablamos en la última reunión. En su lugar, vamos a hacer esto otro”. ¿Quién decide qué? El cuerpo editorial. El autor se encuentra con que el guión que entrega no es el que se publica. Unos aceptan, aprenden a vivir con el sistema de trabajo y se embolsan el elevado sueldo que acarrea escribir las series mutantes. Otros no.

Ejemplo: Jeph Loeb recibe dos consignas después de hacerse con los guiones de Cable. “Nada de viajes en el tiempo y nada de aventuras que ocurran en Genosha”. Poco tiempo después, Lisa Patrick le pide que se olvide del argumento que ha preparado para el CB 25 (XI 95). En su lugar, Cable debe viajar al futuro, tras lo cual reaparecerá… en Genosha. Loeb prepara la historia siguiendo las indicaciones de Patrick, pero no sirve de nada. El final que se publica tampoco tiene nada que ver con lo que él ha escrito. ¿Quién ha hecho esto? El cuerpo editorial.

CERRADO POR INUNDACIÓN: DE CÓMO “ULTIMATUM” CAMBIÓ EL DESTINO DE ULTIMATE SPIDER-MAN

La leyenda habla de un malvado líder con el que el hogar de los prodigios había llegado a lo más alto. Pero como su ambición no conocía límites, decidió hacer una gran epopeya en la que todo cambiaría y que él mismo iba a narrar. Planes delicadamente trazados por otros durante años tuvieron que ser alterados, para así hacer posible el juguete que tanto deseaba. Hubo quienes aceptaron de buena manera esos cambios, como un método de atraer nuevas miradas hacia sus propias historias. Hubo quienes se enfadaron, por tener que tirar a la basura sus cálculos. Y hubo aquéllos que, aunque tuvieran que hacer borrón y cuenta nueva, se las arreglaron para que el nuevo escenario generara a su vez interesantes situaciones y excitantes aventuras.

 

Aquel malvado líder fue Jim Shooter, Director Editorial de Marvel que hizo y deshizo cuanto quiso durante su mandato, entre 1978 y 1987. Su juguete favorito fue un evento titulado “Secret Wars” y, en los tranquilos años ochenta, su realización puso patas arriba Marvel, si bien es cierto que inteligentes autores como Chris Claremont o John Byrne supieron aprovecharse de las injerencias que les obligaron a cambiar el rumbo de sus series. La historia tiende a repetirse cada cierto tiempo, con protagonistas y entornos diferentes, pero con el suficiente cúmulo de paralelismos como para preguntarnos si las siguientes generaciones no están sino obligadas a alcanzar los mismos éxitos y caer en los mismos errores que las precedentes.

 

Si saltamos hasta los estertores de la primera década del siglo XXI, nos encontramos un caso similar, dentro del Universo Ultimate. Jeph Loeb, el guionista que había recibido el encargo de dar un golpe encima de la mesa de la Línea Definitiva, planificó para ello un evento cataclísmico, titulado “Ultimatum”, que aunque se narrara en una serie principal (recopilada en su propio tomo de este coleccionable) tendría impacto en todas las demás cabeceras del sello… ¡Hasta el punto de que serían canceladas! Ultimate X-Men y Ultimate Fantastic Four habían perdido fuelle tiempo atrás, por lo que pocos las echarían de menos al llegar a su último número. Sin embargo, Ultimate Spider-Man mantenía toda su fuerza y todo su brillo. Los motivos eran muy sencillos: Brian Michael Bendis, el creador del concepto, nunca lo había abandonado a su suerte, de manera que seguía al frente del mismo casi una década después, conduciendo siempre al joven trepamuros por los lugares más sorprendentes e imprevistos. En el apartado gráfico, mientras los otros títulos habían padecido una inestabilidad constante a lo largo de los últimos años, con un descenso en picado de la categoría de los autores elegidos, Ultimate Spider-Man permanecía como uno de los más cuidados de toda La Casa de las Ideas. Mark Bagley había superado todas las marcas con sus 111 entregas consecutivas. Su sustituto, Stuart Immonen, no sólo le igualaba, sino que le superaba en todos los aspectos imaginables, y tampoco se había ausentado ni en una sola ocasión desde su llegada. La que en su día podría haberse considerado como la serie más emblemático de una línea en la que también había otras interesantes, se alzaba ahora como la única que todavía merecía la pena. Por eso, muchos lectores abrigaron la esperanza de que “Ultimatum” no afectara al Hombre Araña en lo más mínimo, sin embargo…

 

Sin embargo, para que “Ultimatum” fuera creíble, necesitaba forzosamente de la intervención de Spidey. Simultáneamente al anuncio de que su cabecera participaría en el evento, Marvel adelantó también que la serie concluiría poco después, en Ultimate Spider-Man #133 USA. Los aficionados enseguida se preocuparon, de forma que tuvo que ser Bendis quien les apaciguara, con esta solemne declaración pública: “No nos vamos a ir a ninguna parte. Sólo puedo decir que ‘Ultimatum’ alterará el curso de los acontecimientos y alterará el elenco de personajes secundarios de una manera dramática. Lo que ha ocurrido, fundamentalmente, es que Jeph Loeb ha desatado una inundación sobre nosotros. Gracias a eso, tenemos una gran oportunidad para saltar un poquito hacia delante. No demasiado, sólo un poquito. Cuando Ultimatum acabe, daremos un pequeño salto, y cuando aterricemos, tendremos un Ultimate Spider-Man totalmente nuevo”.

 

¿Qué es lo que realmente había pasado detrás de las cámaras? En el momento en que Bendis supo de “Ultimatum”, su primer impulso fue el de tirar la toalla. Después de tantos y tantos episodios, después de haber batido récords, quizás era el momento propicio para marcharse. Pero entonces se puso a repasar el cuaderno de notas en que apuntaba todas las ideas que tenía para futuros argumentos. ¡Todavía conservaba un montón de cosas importantes que contar y de aventuras que desarrollar! “Ultimatum” serviría como excusa para dar un vuelco y establecer un statu quo que no tuviera que ver con nada de los que se hubiera visto antes en ninguna colección de Spiderman, en el universo de ficción que fuera. Llegó incluso a plantearse una posibilidad: ¿Y si bajo la máscara no estuviera Peter Parker? ¿Y si Peter muriera al final de “Ultimatum”? En el curso de la saga, muchísimos personajes serían asesinados, y no sólo secundarios que nadie echaría de menos, sino auténticos iconos: Charles Xavier, Magneto, Cíclope, Daredevil, El Hombre Gigante, La Avispa, el Doctor Extraño… ¡Incluso Lobezno iba a morir! Con semejante perspectiva, nadie se sorprendería si el amistoso vecino arácnido también figuraba entre las víctimas. La incógnita no se despejaría hasta la última entrega, no ya de Ultimate Spiderman, sino de “Réquiem”, el epílogo en dos partes que se publicaría después del evento.

 

Allí se dilucidaría si Peter estaba vivo o no. Y en su interior, con el trepamuros ausente, todo el protagonismo recaería en los personajes secundarios, siempre tan bien cuidados y desarrollados por parte de Bendis. Pero además en la editorial juzgaron que era el momento perfecto para recuperar dos historias nada menos que dibujadas por Mark Bagley en los primeros años que nunca antes habían visto la luz y que podrían integrarse fácilmente en forma de flashbacks. El motivo de que estuvieran inéditas no está del todo claro, pero no cuesta imaginarlo. En el caso de la primera historia, donde el trepamuros se cruzaba con Iron Man, probablemente se dejó aparcada porque entraba en contradicción con ese proyecto que Mark Millar y Bryan Hitch se traían entre manos y que, a comienzos de 2002, cristalizaría con el título de The Ultimates. El segundo relato, en el que aparecía Hulk, venía a ser una versión de la segunda aventura publicada, allá por 2001, en Ultimate Marvel Team-Up. Probablemente Bagley dibujó las planchas, pero luego en Marvel cambiaron de idea y pasaron el guión completo a Phil Hester, que fue quien desarrolló la aventura completa. En todo caso, alguien se dio cuenta que tenían aquella pequeña joya cogiendo polvo. Su rescate era una cuestión de “ahora o nunca”.

 

Y hasta aquí llegó la primera fase del Universo Ultimate. Con la perspectiva del tiempo pasado, puede afirmarse con rotundidad que, tal y como prometía la publicidad, “Ultimatum” marcó un antes y un después. A partir de ese momento, la que había sido la línea más destacada de La Casa de las Ideas se desmarcaría del camino seguido hasta entonces, con apuestas cada vez más arriesgadas, que la llevarían a sucesivos relanzamientos periódicos. En lo que a Spiderman se refiere, los cambios también fueron tan radicales como se aseguraba, aunque Bendis seguiría siempre adelante. A principios de 2014, estaba preparando ya el equivalente al #200 USA y podía asegurar, con toda propiedad, que su Spiderman era, por encima de cualquier otro que se publicara entonces, el definitivo.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 24