EL INMORTAL HULK 1-76: EL MONSTRUO EN EL ESPEJO

Bruce Banner ha vuelto. El auténtico Hulk camina una vez más sobre la Tierra, y con él comienza una nueva etapa de esta colección, la más ambiciosa con la que ha contado el Piel Verde en mucho tiempo. El relato de un monstruo que no puede morir, de un hombre que se propone utilizar su lado oscuro para ayudar al mundo. Es un Hulk primigenio, no sólo porque vuelve sobre la criatura ambulante e incomprendida de los primeros tiempos, sino también porque ahonda en la visión popular del personaje, la que nos diera la serie de televisión de los años setenta y que no era tenida en cuenta desde los tiempos en que Bruce Jones y John Romita Jr. se encargaron de la colección, a comienzos de la pasada década. Para acometer este proyecto, tenemos con nosotros a Al Ewing, un guionista muy interesante, que lleva ya unos cuantos años trabajando para Marvel, pero que no había terminado de encontrar el proyecto que le aportara la repercusión que se merece… ¡hasta ahora! Al dibujo, contamos con Joe Bennett, artista brasileño que lleva en activo desde los años noventa, con una larga trayectoria tanto en DC como en Marvel, donde ya había plasmado puntualmente a Hulk, además de pasar por sus manos personajes tan diversos como Spider-Man, Conan, Elektra o Nova..

 

EL CAMINO DE JUNG En el artículo que puedes leer tras el cómic, Al Ewing da cuenta de cómo una de las frases gancho de la portada de la primera aparición de Hulk le impactó hasta el punto de determinar el planteamiento de la serie. La conclusión de esa frase sirve para dar título a este primer número, algo que el guionista se ha reservado para la última página. En la primera, en cambio, nos encontramos con otra cita, en este caso perteneciente a una de las obras de Carl Gustav Jung. En una entrevista con Dave Richards, de Newsarama, Ewing explicaba la importancia para su historia de esta figura clave en la fase inicial del psicoanálisis: “He estado pensando en Hulk como la sombra de Banner, la personificación de todas las cosas que no le gustan de sí mismo, lo que lleva a una interacción interesante entre ellos. El lado de Hulk vive en los espejos, y durante el día aporta corazonadas, intuiciones repentinas, pensamiento mágico… pero hay una diferencia entre ellos que creo que los lectores querrán conocer de inmediato”.

 

ANTECEDENTES Aunque el nuevo equipo creativo ha procurado que no sea necesaria ninguna lectura previa para subirse a bordo, nosotros sí podemos apuntar algunos antecedentes. Primero, tras las Guerras Secretas, Bruce Banner perdió sus poderes, se retiró y fue sustituido por Amadeus Cho; segundo, en el curso de la Segunda Guerra Civil Superheroica, ante la posibilidad de que causara una gran matanza y en respuesta a los deseos del propio Bruce Banner, Ojo de Halcón acabó con la vida de éste; y tercero, Hulk volvió a la vida en el curso de “Sin rendición”, donde el propio Ewing nos desveló la idea que le ha posibilitado hacerse con los guiones de esta serie: que Hulk es inmortal y siempre se alzará de la tumba, y que además lo viene haciendo todos estos años, sin que aparentemente nos hubiéramos dado cuenta. Al margen de lo dicho, el guionista precisa: “Libreros, no hay nada que vuestros clientes deban saber. Lectores, os recibo con los brazos abiertos. Queremos que cada fan de Hulk, nuevo y antiguo, experimente esto”.

 

EL INCREÍBLE HULK 75: EL FINAL DE LA GUERRA

Así termina una de las más inusuales etapas de la historia del Goliat Esmeralda, la que ha contado con Amadeus Cho como protagonista. El personaje, lejos de los temores que pudiéramos albergar desde que nos enteramos de que tenía los días contados al frente de la cabecera, seguirá presente en el Universo Marvel, aunque con un nuevo nombre y un aspecto convenientemente modificado para que no lo confundamos con el auténtico Hulk. ¿Llegará a contar con colección propia? Es algo que de momento no se contempla, pero tampoco sería extraño que en Marvel le dieran otra oportunidad. De momento, nos quedaremos con él en las páginas de Campeones, donde contemplaremos ese rediseño, del que te dejamos a la izquierda una pequeña muestra. También finaliza, aunque no nos atrevemos a decir que sea de manera definitiva, la vinculación de Greg Pak con el Piel Verde. Ésta ha sido nada menos que su tercera época como guionista de Hulk, ya fuera éste Bruce Banner, en las primeras dos ocasiones, o se tratara de Amadeus, en ésta que nos ocupa. De momento, Marvel continúa confiando en sus oficios, así que podrás seguirlo de cerca los próximos meses en las páginas de Arma X.

 

AMADEUS EN NÚMEROS La cuenta que vamos a hacer ahora la podría haber calculado nuestro protagonista en un microsegundo, pero nosotros necesitamos un poquito más de tiempo y paciencia. Si nos fijamos en la edición española, este viaje comenzó en marzo de 2016, cuando cambió el nombre de la cabecera por el de El Alucinante Hulk. En total, han sido 29 entregas de Panini Comics, que han contenido las 23 entregas americanas de The Totally Awesome Hulk, más el especial que tuvimos a cuenta de “Monsters Unleashed”, más los nueve episodios en los que recuperamos el título y la numeración histórica del Hulk clásico. En la suma, nos salen treinta y tres números con un Hulk que a punto estuvo de costarnos la edición en grapa, y de ahí que en estos últimos tiempos adoptáramos la periodicidad bimestral. Ahora, terminan los experimentos, toca el regreso triunfal de Bruce Banner y una vuelta a las esencias como no vivía el personaje en muchos, muchos años. Tiempo habrá de comentarlo dentro de treinta días porque, sí, con el relanzamiento volveremos a ser mensuales. ¡Crucemos los dedos para que se convierta en un gran éxito, porque The Immortal Hulk ya ha conseguido la aclamación de público y crítica en Estados Unidos, y ahora sólo falta que los lectores españoles tampoco quieran perdérselo!

 

DESPEDIDA ENTRE AMIGOS Puede que hubiera declarado una Guerra Mundial, pero de cara a decirnos adiós, Amadeus ha contado con sus compis de Campeones; con Seda o Jimmy Woo, que participaran también de aquella reunión de superhéroes con raíces orientales; o con Odinson, con quien coincidiera en nuestro anterior arco argumental. Pero si ha habido un regreso que no nos esperábamos ése ha sido el de Frank Cho, el dibujante con el que comenzó nuestra etapa, y que ha querido volver para el adiós, aunque se haya limitado exclusivamente a la portada. El bueno de Frank ha aprovechado para autohomenajearse: la estructura de su cubierta recuerda mucho a Skybourne, una obra que ha publicado en Boom! Studios y cuya edición española corre a cargo de Panini. Tebeazo divertidísimo, por cierto. Cabe ahora preguntarse: ¿Hubiera corrido mejor suerte comercial esta versión de Hulk de seguir Cho en el apartado gráfico? Será algo que nunca sabremos, pero así es como se escribe la historia de Marvel.

 

Spot On aparecido originalmente en El Increíble Hulk 75

EL INCREÍBLE HULK: UN MONSTRUO PARA UNA NUEVA ERA

The Incredible Hulk era, en los años setenta, una de las cabeceras más populares de Marvel, con una tirada media entorno a los trescientos sesenta mil ejemplares. El Goliat Esmeralda se encontraba entre los favoritos de los aficionados, y pronto su fama no haría sino aumentar, puesto que la televisión le haría famoso hasta en el último rincón del planeta. Pese a las críticas que despertaba en una parte del fandom, el dibujante Herb Trimpe había contribuido decisivamente a dar con la imagen característica del Piel Verde. Pero, a finales de 1975, y después de siete largos años, dejó la cabecera. Para sustituirle, el editor y también guionista Len Wein reclutaría a un artista cuyo nombre llegó a identificarse aún más con Hulk: nada menos que Sal Buscema.

Silvio Buscema nació el 26 de noviembre de 1936, en Brooklyn (Nueva York), y aunque nunca alcanzó la fama o el prestigio de su hermano mayor John, sí que se convirtió en uno de los dibujantes más representativos de la Marvel de los setenta y los ochenta, dejando su huella en multitud de series, como Captain America, Marvel Team-Up o Rom. Buscema era un todoterreno, capaz de dibujar varios números completos al mes, lo que hizo de él uno de los autores más prolíficos del momento, aquel profesional al que un editor siempre podía recurrir para cualquier urgencia. Su estilo, sencillo pero efectivo, con una narrativa limpia y ágil, se coló en el subconsciente de la masa lectora, hasta identificarlo por completo con La Casa de las Ideas. Porque los genios como Jim Steranko, Barry Smith o Jim Starlin iban y venían, con ínfulas artísticas, pero Sal Buscema siempre estaba allí, sin creerse ni más ni menos que lo que era: un dibujante de cómics. En The Incredible Hulk permaneció durante toda una década, hasta su marcha en 1985, aunque antes ya había tenido oportunidad de entrar en contacto con el personaje, tanto en diversas apariciones especiales como en Los Defensores, grupo al que pertenecía el Monstruo Gamma y que Buscema venía ilustrando desde su nacimiento. “Hay algo muy satisfactorio en dibujar la rabia y la furia”, confesaba el artista en el libro conmemorativo Sal Buscema: Comics’ Fast & Furious Artist (2010). “Con escasas excepciones, da igual dibujar a un personaje u otro. Siempre es el mismo tipo con ropas ajustadas corriendo de aquí para allá y salvando el mundo un mes tras otro. Hulk era distinto. Cuando descubrí el concepto por primera vez, quedé fascinado. Me encanta dibujar a Hulk, debido a su lenguaje corporal y a su personalidad, que son tan diferentes a la de cualquier otro superhéroe. Así que cuando un editor de Marvel me llamó para preguntarme si quería hacer su serie todos los meses mi respuesta no pudo ser más positiva”. Este texto aborda el comienzo de esa larga etapa, aludiendo en ocasiones a detalles significativos de la historia, por lo que se recomienda postergar su lectura hasta la finalización del tomo, en caso de no conocer los cómics con anterioridad.

 

Ilustración de Hulk realizada por Sal Buscema para el calendario Marvel de 1975. El dibujo acompañaba al mes de diciembre, que coincide con la fecha de portada de su primer número en la colección. ¿Coincidencia? ¡Que no te quepa duda!

 

Buscema se unía a un proyecto que ya estaba en construcción. Len Wein había comenzado a hacer los guiones desde un año atrás, y tenía en marcha algunas importantes tramas que, como era habitual en él, desarrollaba a largo plazo, especialmente las referidas a la Base Cazahulks, hogar no sólo del General “Trueno” Ross, el más persistente rival de Hulk, sino también de la práctica totalidad del elenco de secundarios de la cabecera, como Betty, la que había sido gran amor de Bruce Banner y que ahora estaba casada con el Coronel Glenn Talbot. Sobre éste, Len Wein había construido un larguísima argumento, con innumerables sorpresas y giros argumentales, que cuando llegó Buscema todavía estaba pendiente de solucionar. Talbot se encontraba prisionero de la Unión Soviética y había sido rescatado en números anteriores, pero en estado vegetativo y sin que los médicos supieran cómo sacarlo de esa situación… todo ello conduciría a The Incredible Hulk#200 USA (1976), uno de los primeros episodios incluidos en este tomo. Se trataba de un soberbio homenaje a Viaje alucinante(1966), la película que narraba el viaje al interior de un cuerpo humano de un grupo de científicos, con el fin de salvar la vida de un científico que había quedado en coma. En el cómic, Doc Samson ideaba una técnica similar para despertar a Glenn Talbot, sólo que quien viajaría al interior del militar no sería otro que Hulk, y además bajo unas condiciones verdaderamente particulares.

 

La aventura, a su vez, dio pie al regreso de Jarella, un viejo amor de Hulk, cuya relación intermitente llegaría a su fin en este punto de la historia, con una trágica conclusión que sorprendió a los aficionados en una época en la que la muerte de personajes secundarios, menos aún del interés amoroso del protagonista, era algo que se producía en muy pocas ocasiones. El fandom señaló que las circunstancias heroicas de la despedida de Jarella recordaban poderosamente a las de la muerte del Capitán Stacy, que había tenido lugar en The Amazing Spider-Man #90 USA (1970. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman: Por fin desenmascarado). Ni Wein ni Buscema recordaban la saga arácnida en el momento de escribir su historia, o al menos así lo afirmaron ellos. En realidad, el guionista tenía una idea para recuperar a Jarella: dada su condición alienígena, lo que había parecido su muerte era en realidad el comienzo de una metamorfosis, que la llevaría a transformarse en un ser de elevado poder. Sin embargo, el guionista no tuvo la oportunidad de continuar con la historia tal y como la tenia planeada, ya que abandonó la serie antes de hacerlo, y ninguno de sus seguidores volvería sobre el personaje.

 

La muerte de Jarella frente a la del Capitán Stacy. ¿Homenaje, plagio o desmemoria?

 

Un cambio gráfico importante vino dado por la marcha de Joe Staton, el entintador con que había contado Trimpe en su última etapa y que mantuvo Buscema a lo largo de su primer año. Su estilo limpio y contundente servía para dotar a la serie de una imagen muy característica. Le sustituyo Ernie Chan, que dio un aspecto mucho más sucio y realista a los lápices de Buscema, hasta casi ocultar su estilo y aproximarlo al género de la fantasía heroica en el que Chan era un maestro. Con Chan se iniciaba una época en la que Bruce Banner trataba de llevar una vida convencional, rompiendo con la tradición del monstruo nómada: ahora se quedaría de manera continuada en Nueva York, el hogar de buena parte de la comunidad superheroica de Marvel. Eso se traduciría en la búsqueda de un trabajo o de un lugar donde vivir, así como la incorporación de personajes secundarios ajenos al entorno de la base militar. Irrumpieron Jim Wilson, el airado joven cuya vida de delincuente había ayudado a cambiar en el pasado, o April Sommers, una guapa y simpática casera que rompía todos los tópicos y apuntaba maneras como nueva novia del protagonista, pero esto último fue otro de los argumentos que Wein se dejó en el tintero. En ese tiempo, tuvo lugar la primera aparición a color de La Sota de Corazones, un personaje nacido un año atrás en los magazines de la editorial, en concreto en The Deadly Hands Of Kung Fu#22 USA (1976).

 

El debut de Jack, por Bill Mantlo y Keith Pollard.

 

Las circunstancias devolvieron pronto al Piel Verde a su deambular, mientras que Wein preparaba ya su marcha. Su última saga constituyó un verdadero homenaje a la literatura de aventuras. En su curso, Hulk naufragaba en una isla recóndita donde se encontraba con Robinson Crusoe, el personaje de Daniel Dafoe, cuyas andanzas habían sido previamente adaptadas por la editorial. El episodio con su aparición, The Incredible Hulk #219 (1978), cuenta con una de las anécdotas involuntarias más recordadas de la historia de Marvel. El Capitán Barracuda, villano protagonista, miraba a través de un periscopio… ¡con el ojo en que tenía puesto un parche! Por si a alguien le había pasado inadvertida la metedura de pata del dibujante, la propia Marvel se encargó de señalarla, en The Official Marvel No-Prize Book (1982). “Ojalá mi vista fuera tan buena como la del Capitán Barracuda”, decía Stan Lee. “No recuerdo que recibiéramos ninguna carta al respecto”, añadió Stern. “Pero ninguno de los que trabajábamos en el cómic nos dimos cuenta hasta que después de que el cómic estaba impreso. Cuando tuve una copia en mis manos, me di cuenta que algo estaba mal en esa viñeta de Barracuda. Hice la mayor parte de la búsqueda para el No-Prize Book, así que me aseguré de que incluyera ese pequeño error tan embarazoso. Fue un error tonto y pensé que debíamos reconocerlo”.

La legendaria pifia del Capitán Barracuda, el periscopio y su parche.

 

Además de los episodios correspondientes a la serie mensual de Hulk, este volumen también contiene los Annualspublicados durante la época. En concreto, contamos con The Incredible Hulk Annual#5 USA (1976), una aventura para la que Wein contó para desarrollar el guión con Chris Claremont, la joven promesa que le acababa de relevar en los guiones de La Patrulla-X. Suponía un verdadero acontecimiento para los fans veteranos, ya que Hulk se encontraba en el camino de nada menos que seis de las criaturas procedentes de la Era Atlas, nombre que recibió Marvel en los años cincuenta. Y es que, en la época previa a los superhéroes, alienígenas y monstruos poblaban las páginas de los cómics, y muchos se preguntaban qué había sido de ellos. Algunos, como fue sucedió con Xemnu, reaparecerían con frecuencia en futuros cómics, pero el caso más particular de todos es el de Groot, puesto que al cabo de los años acabaría por alzarse como uno de los más carismáticos integrantes de los Guardianes de la Galaxia, así como toda una estrella cinematográfica. Puede que a los que estén familiarizados con la versión moderna de Groot sorprenda que, en las páginas del Annual, tenga un vocabulario mucho más amplio, pero así fue como lo imaginaron originalmente Stan Lee y Jack Kirby, en Tales To Astonish#13 USA (1960. Marvel Gold. Guardianes de la Galaxia: Vidas pasadas). Ante una ocasión tan especial, Kirby fue reclutado para realizar la cubierta del cómic, que tuvo correcciones de John Romita. El siguiente Annual, apelaba de igual manera a la nostalgia, ya que suponía el regreso del grupo de científicos que dieron vida al ser más tarde conocido como Adam Warlock. Decían haber aprendido de sus errores pasados. Por supuesto, cometerían otros nuevos.El debut de Groot en Tales To Astonish #13 USA (1960), antes de que existiera un Universo Marvel propiamente dicho.

 

El tomo concluye con la irrupción del guionista que sustituyó a Len Wein, nada menos que Roger Stern, el que luego sería uno de los más significativos autores de los años ochenta, que comenzaría a despuntar en The Incredible Hulk, donde llevó a cabo una de las mejores épocas de su historia, algo que podrás comprobar en nuestro próximo volumen. Stern era por aquel entonces un joven editor que había escrito las aventuras de los Guardianes de la Galaxia en Marvel Presents y que colaboró con Wein en The Mighty Thor Annual #6 (1977). Cuando éste tuvo problemas para cumplir las fechas de entrega del Piel Verde, llamó nuevamente a Stern para que le echara una mano. El primer episodio en el que trabajaron juntos fue The Incredible Hulk#218 USA (1977), un cómic en que la presencia del monstruo era meramente anecdótica, siendo Doc Samson quien llevaba la voz cantante. Originalmente, debía haber sido publicado en alguna colección antológica, como Marvel Spotlighto Marvel Premiere, pero las urgencias obligaron a incorporarlo aquí. Wein todavía participó de los guiones de la saga de Robinson Crusoe y el Capitán Barracuda, así como en un relato autoconclusivo también pensado para ver la luz al margen, The Incredible Hulk #222 USA (1978). Representó su último contacto con el Piel Verde. “Después de cuatro años, parecía que había llegado el momento de marcharme”, dijo al respecto. Para Hulk, empezaba una prometedora época.

 

Textos aparecidos originalmente en Marvel Héroes. El Increíble Hulk: Un monstruo entre nosotros.

MARVEL POWERS UNITED VR TRAILER DE LANZAMIENTO

EL INCREÍBLE HULK: UN MONSTRUO EN CAMBIO PERMANENTE

La factoría Marvel es una máquina de reciclaje y modernización de mitos eternos. Sus autores toman los elementos básicos de cualquier leyenda para reinventarla de sorprendentes maneras. El caso de Hulk es uno de los más fácilmente reconocibles. Stan Lee partió de un concepto básico: la criatura de aspecto humanoide concebida por un hombre que juega a ser dios. No hay nada nuevo bajo el sol, hasta el punto de que tal idea ya había encontrado acomodo en el mito judío del Gólem, y también en dos iconos fundamentales de la literatura, Frankenstein o el moderno Prometeo, la notable novela de Mary W. Shelley en la que un visionario daba vida a un constructo compuesto con piezas de varios cadáveres; y El extraño caso del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde, donde Robert Louis Stevenson narraba la historia del científico que lograba disociar su personalidad, hasta transformarse, tras la ingesta de un brebaje, en un ser poderoso, malvado y desinhibido.

El cerebro detrás del Universo Marvel, que tenía ambas obras entre sus favoritas, decidió trasladar esos conceptos a los tiempos modernos, a la América de los años sesenta, sumida en el miedo a la bomba atómica, consecuencia inmediata de la escalada armamentística entre las democracias modernas, encabezadas por Estados Unidos, y el bloque comunista, que representaba la Unión Soviética. La histeria colectiva buscaba la válvula de escape en la fantasía y en la ciencia ficción, de tal manera que los cines se llenaban de inofensivos animales que, tras ser sometidos a la radiación, se transformaban en terribles bestias dispuestas a pulverizar ciudades enteras. Y fue en ese contexto en el que se produjo la llegada de Hulk.

 

Robert Bruce Banner, un brillante científico al servicio del ejército, crea la Bomba Gamma, un artefacto capaz de eliminar a los enemigos sin provocar la destrucción de las ciudades. Durante las pruebas de la bomba, un joven imprudente se introduce en el área sin saber lo que allí se está llevando a cabo. Banner acude a su rescate, pero no puede ponerse a salvo a sí mismo. A partir de entonces, y como consecuencia de la radiación recibida, se transforma de manera intermitente en un gigantesco monstruo de incalculable fuerza y escasa inteligencia.

 

Más allá del componente atómico, Hulk tiene una característica que le hace único: su naturaleza bondadosa. El Goliat Verde no busca la aniquilación de la humanidad; bien al contrario, desea la paz y la quietud, y son los humanos quienes no parecen dispuestos a dejarle tranquilo… Unos humanos que se concretizan en toda clase de enemigos con superpoderes, pero también en el ejército estadounidense, que persigue sin descanso a Hulk, con el General Thaddeus “Trueno” Ross a la cabeza, precisamente el padre de la mujer a la que Bruce Banner ama.

 

Varios lustros después de su nacimiento, Hulk alcanzaría fama universal, gracias a una serie de televisión en la que el culturista Lou Ferrigno encarnaba al Monstruo Gamma, mientras que el actor Bill Bixby ponía rostro al científico. La popularidad del programa fue tal que, para generaciones enteras de espectadores, quedaría grabada en su memoria una visión arquetípica de Hulk: con Bruce Banner deambulando por todo el país, ocultando su naturaleza dual ante sus semejantes, hasta que una injusticia provoca que Hulk emerja a la superficie y arregle las cosas, lo que obliga finalmente a su alter ego a emprender de nuevo la huida.

 

Sin embargo, el auténtico Hulk, el que nace y vive en las páginas de los cómics, no está esculpido en piedra precisamente. Muy al contrario, presenta diferentes cambios a lo largo de su existencia, de tal manera que cuesta encontrar una época que se parezca a otra. Quienes no han leído nunca sus tebeos tal vez desconozcan que la piel de Hulk no era verde en sus orígenes, sino gris, un color que se demostró enseguida como inapropiado para las técnicas de reproducción de la época, por lo que se optó por abandonarlo. En años recientes, a su vez, ha surgido un nuevo Hulk, esta vez de color rojo, más salvaje de lo que nunca fue el original. Igual de cambiante ha sido la inteligencia del monstruo. En sus primeras aventuras, se mostraba como astuto y sagaz, para dejar luego paso al Hulk todo músculo y nada cerebro. Años más tarde, durante una larguísima temporada, Bruce Banner llegaría a tomar control de su lado bestial, situación que posteriormente sería llevada hasta el extremo opuesto, de forma que cualquier rasgo de conocimiento abandonaría a Monstruo Gamma.

 

¿Cuál es el Hulk favorito de los lectores? ¿El Hulk gris y ladino, que regresaría en los años noventa para convertirse en un matón de casino? ¿El Hulk verde e inteligente, que sería aclamado como un héroe por las autoridades y por el resto de superhombres del Universo Marvel? ¿El Hulk desbocado, que eleva su salvajismo más allá de cualquier límite? ¿El Hulk prototípico, carente de inteligencia y perseguido por el ejército? Es difícil quedarse con uno de ellos, pero todos son sinónimos del héroe del cómic, y quizás por eso Paul Jenkins, un inteligente guionista de Marvel, tuvo la ocurrencia de no renunciar a ninguno de ellos y conjugarlos todos.

 

Ése fue el punto de arranque de una estimulante etapa, que se desarrolló durante los años 2000 y 2001, y en la que las diversas versiones de Hulk toman la voz cantante en función de las necesidades que se plantean, al tiempo que sobre Bruce Banner, desesperado tras el fallecimiento de Betty, pende toda una sentencia de muerte: ha descubierto que padece esclerosis lateral amiotrófica, también conocida como la enfermedad de Lou Gehrig. “Los perros de la guerra” es el arco argumental en el que se pone en práctica el pacto entre las diversas personalidades de Hulk. La prueba de fuego llega de la mano de un nuevo e implacable enemigo, el General John Ryker, un genio estratega que ha extendido sus tentáculos a través del poder y la política, hasta situarle en una posición poco menos que intocable. Además de por su trepidante argumento, esta obra merece destacarse por su capacidad para inspirar la película de Hulk que dirigiera Ang Lee en 2003, y en la que aparecían unos perros contaminados por radiación gamma muy similares a los que dan título a esta saga, y contra los que el Monstruo Esmeralda combate en el curso de la misma.

 

El volumen se completa, además, con el cómic en el que se produjo el debut del personaje, en el lejano 1962. La comparación de aquel primer episodio con “Los perros de la guerra”, una de sus más brillantes interpretaciones, permite al lector asombrarse de la gigantesca riqueza adquirida por El Increíble Hulk a lo largo de sus cinco décadas de historias, en las que, más allá de sus continuas transformaciones, permanece siempre la dialéctica entre el hombre y el monstruo que habita en su interior.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. Hulk: Los perros de la guerra

DETRÁS DE PLANETA HULK: MÁS HULK QUE NUNCA

No recuerdo con exactitud cuál fue mi primera toma de contacto con El Increíble Hulk. Probablemente fuera una publicidad de su cómic, en los tiempos en que los publicaba Bruguera. Puede que se tratara de aquella con una gloriosa ilustración del Monstruo Gamma recién transformado, en un estallido de furia en medio de una turba humana. Muchos años después sabría que ese dibujo lo había hecho Earl Norem para el magazine The Hulk!, y que la pieza completa era todavía más impresionante, pero eso no viene ahora al caso. “La arrolladora acción del cíclope llamado… La Masa”, decía un titular superior. Sí, porque en aquel entonces ese era todavía el nombre por el que muchos lo conocían, herencia de Ediciones Vértice. “El ser más perseguido del mundo… ¡pero también el más fuerte!”, se añadía bajo la ilustración. También es bien posible que mi primer encuentro con Hulk fuera otra publicidad, también de Bruguera, en la que se advertía: “Si te tropiezas por ahí con La Masa… ¡No la provoques! ¡No la interceptes! ¡No la enfurezcas! ¡No la contradigas! …O sería lo último que hicieras…”.

 

 

Cualquiera de las dos opciones es válida, porque en cualquier caso me quedó bastante claro que Hulk no era un tipo amable, con el que te pudieras tomar un Cola-Cao, como sí lo era Spiderman. Y cuando por fin leí sus cómics, tuve claro por qué. Eran las historias arquetípicas del Hulk de buena parte de los sesenta y los setenta, con el monstruo tonto perseguido por el ejército y deambulando de aquí para allá, mientras se encontraba con los más variopintos villanos, enemigos y seres humanos necesitados de su ayuda o tratando de aprovecharse de él. Hulk daba miedo por buenas razones: era grande, verde, malhumorado, lo destrozaba todo, iba por ahí con un pantalón hecho jirones y hablaba raro, como los indios de las películas. Cuando luego conseguí ver algún capítulo de la teleserie de imagen real de Bill Bixby y Lou Ferrigno, que también era pieza codiciada en una población rural donde en pocas casas se veía la Segunda Cadena, ese concepto arquetípico del monstruo de naturaleza bondadosa perseguido por la humanidad fue reforzado en mi cabeza. Aquello era Hulk, lo mismo que Superman luchaba con Lex Luthor mientras trataba de proteger su identidad secreta de la cotilla de Lois Lane, o igual que Batman perseguía a los criminales de Gotham tan pronto como se encendía la Batseñal.

 

 

Una de las cosas que nos da la lectura de los cómics, una vez nos convertimos en aficionados y acometemos el disfrute de nuestros personajes favoritos de manera continuada, es que los tópicos están para romperlos. Llega el momento en que Steve Rogers abandona su identidad de Capitán América para pasar a ser El Nómada, en que a Spiderman le tiran a la novia desde un puente y tú te quedas a cuadros, porque no era eso lo que te habían contado de ese personaje, no era eso lo que se supone que debía ocurrir. Entonces, claro, te enganchan todavía más las viñetas. Tienes que estar ahí cuando suceda eso tan trascendental que cambiará para siempre la vida de tal o cual héroe.

 

En los años ochenta, Hulk no era una de las colecciones que siguiera de manera habitual, por más que me gustara el personaje. Estaba, como aquel que dice, todo el pescado vendido. No había sorpresas en el mundo del Piel Verde, y parecía mucho más interesante el Daredevil de Frank Miller, donde también mataban a las novias, o el Thor de Walter Simonson, donde llegaba un tío con cara de caballo y levantaba el martillo. No debí de ser el único que no se enganchaba con Hulk, porque la colección de Forum pasó de quincenal a mensual, signo de que las cosas no iban bien, y más tarde terminó por ser cancelada. Pero antes de eso, cayó en mis manos unos tebeos en los que Bruce Banner retenía su inteligencia cuando se transformaba. Había toda una nueva perspectiva, que daba lugar a reinterpretar su mundo paso a paso, y eso sí me flipó. Seguí leyendo la saga, que se extendía como una de esas largas historias-río que se leían en la Marvel de entonces, y Hulk pasó al extremo opuesto, a hacerse más bestia que nunca, hasta el punto de que se enfrentaba a un montón de héroes y el Doctor Extraño se veía obligado a exiliarlo a un lugar lejos de la Tierra que se llamaba La Encrucijada. Lejos de acabar la trama, Hulk iba a quedarse una larga temporada en esa dimensión extraña, repleta de portales a los más extraños mundos que pudiera haber imaginado nunca. En un episodio, Hulk era libertador, en otro esclavo, en un tercero un pirata… Lo de La Encrucijada era raro de narices, un tebeo de superhéroes que no era de superhéroes, sino de fantasía, y de ciencia ficción, y de espada y brujería, y de terror…

 

 

Más de un año estuvo Hulk en La Encrucijada. ¿Sabes lo que es eso cuando eres adolescente? Una eternidad de historias. Luego regresó a la Tierra, y volvió a ser perseguido, y separaron a Bruce Banner de la bestia… pero eso es material para otra charleta. El caso es que, en mi memoria, La Encrucijada quedó grabada como el último resquicio del Hulk clásico, y al mismo tiempo el instrumento a través del que Marvel en general, y el guionista Bill Mantlo en particular, pulverizó el concepto del Hulk clásico. Mantlo estaba por aquel entonces escribiendo también una estupenda etapa de Spidey, y luego lo descubrí en Los Micronautas o en miniseries como las de Capa y Puñal o Jack, la Sota de Corazones. Se alzó como uno de mis escritores favoritos, en el momento en que empezabas a fijarte en ese tipo de cosas. Era distinto a los demás. No le importaba romper los huevos para hacer una buena tortilla y tenía una preocupación sincera por contarte una buena historia, no sólo por tirar para adelante y dejarse llevar por los esquemas de siempre. Era un grandioso profesional del cómic, y cuando años más tarde supe que su carrera se había visto truncada por un atropello que le dejó las siguientes décadas postrado en una cama y con su actividad cerebral muy disminuida, me sentí triste como pocas veces me había sentido.

 

Creo que algo así le debió pasar a Greg Pak, un tipo que había leído más o menos los mismos cómics que yo, que también se había sentido apasionado por la obra de Bill Mantlo y al que también se le había desencajado la mandíbula con La Encrucijada. Sabía Greg Pak que cada superhéroe es lo que es, y por eso se queda grabado en la retina del populacho, pero que también pueden ser cosas distintas a lo que son habitualmente, y que a veces de esas grandes ocasiones surgen las historias que se recuerdan para siempre. Hijo de padre coreano y madre estadounidense, Pak había nacido en Dallas, el 23 de agosto de 1968 y enseguida había orientado su carrera hacia la industria cinematográfica. A mediados de la primera década del siglo XX, Joe Quesada, que andaba buscando talento externo a la industria tradicional, se fijó en él y le invitó a escribir para Marvel. Desarrolló un par de miniseries, y la segunda de ellas, “La canción final de Fénix”, tuvo cierta repercusión entre los lectores. Casi sonaba como guionista fijo de Uncanny X-Men cuando el bueno de Joe Q le propuso otra cosa completamente distinta. Estaban en el Bullpen planeando “Civil War”, la saga por la que el Universo Marvel se dividía en dos bandos enfrentados, y no querían que Hulk desequilibrara ninguno de ellos con su poder. Habían decidido mandarlo lejos, necesitaban que alguien hiciera una historia con eso, y Pak fue uno de los primeros candidatos sobre la mesa.

 

 

Me imagino la emoción que debió sentir, cuando supo del concepto que le ofrecía la editorial. En síntesis, no era muy distinto de lo que había hecho Mantlo con La Encrucijada en su momento, sólo que había pasado el tiempo suficiente como para que casi nadie recordase aquello, y que quienes lo hicieran sintieran una tremenda nostalgia. Fue así, en líneas generales, como nació “Planeta Hulk”. Era un cómic de Hulk, desde luego, y tenía muchas de las constantes. ¿Cómo no reconocerlo como tal, si en esencia se trataba de una actualización de una de sus sagas memorables? Pero había mucho más ahí que una puesta al día. Había una película de gladiadores con un mensaje libertario. Había una saga que expandía los límites del Universo Marvel para presentarnos un nuevo escenario fascinante que invitaba a la construcción de nuevos relatos. Había una historia de amor y una historia de amistad. Estaba llamado a convertirse en un clásico.

 

¿Quieres saber un secreto más, esta vez de la intrahistoria de Panini? Cuando nos tocó publicar “Planeta Hulk”, la colección iba francamente mal. Vendía muy poco desde los tiempos de Forum y en Panini no habían mejorado las cosas. Ése era el motivo por el que se editaba en aquellos tomitos que eran tan habituales en los comienzos de la editorial en España. “Planeta Hulk” parecía interesante, pero nada hacía pensar que aquello cambiaría las cosas, así que la programamos, como hubiéramos programado cualquier otra historia… ¡y fue un éxito brutal, como no había conocido Hulk desde mucho tiempo atrás! Todavía me arrepiento de no haberla publicado en grapa. Se agotaron todos los tomos, se reeditaron otra vez, se volvieron a agotar, y luego se lanzó la aventura en formato Marvel Deluxe, hasta entonces acotado a los verdaderos pesos pesados. Con “Planeta Hulk” empezó una nueva edad dorada para el Piel Verde, y también se disparó la carrera de Greg Pak, quien desde entonces ha seguido unido de manera intermitente a Hulk, e incluso ha hecho de uno de los secundarios de esta saga, Amadeus Cho, el perfecto heredero de Bruce Banner. Aunque eso también es una historia para otro momento.

 

Probablemente te hayas acercado a este volumen con unas ideas preconcebidas. Quizás conozcas al Hulk de las películas, al monstruo sin mente, a la bestia trágica. Aquí descubrirás muchos más aspectos del personaje, en los que nunca antes habías caído. Como me pasó a mí en otro tiempo, tal vez se te quede grabada a fuego esta epopeya que muestra a un Hulk que no es lo que se supone que debe ser, pero que es más Hulk que nunca.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Integral: Planeta Hulk

POTENCIAL PARA LA GRANDEZA: EL HULK DE JOHN BYRNE

Pocos autores de Marvel tocaron en los años ochenta a un número tan elevado de personajes de la editorial como fue el caso de John Byrne. Durante los primeros años de carrera, por las manos del popular artista pasaron héroes tan diversos como Spiderman, Puño de Hierro, Los Campeones o Los Vengadores; cuando alcanzó la consolidación, fue autor de épocas históricas para La Patrulla-X, Los 4 Fantásticos o el Capitán América, además de lanzar y permanecer durante más de dos años en la colección de un grupo de creación propia, Alpha Flight. Fue esta serie la que intercambió en 1985 con el equipo creativo que entonces estaba al frente de The Incredible Hulk, en una curiosa iniciativa que debería haber marcado el comienzo de otra larga y provechosa etapa más, aunque las circunstancias se aliarían para abortarla tras apenas medio año de su inicio. Ésta es la historia de lo que fue… y de lo que pudo haber sido.

 

 

La relación entre John Byrne y el Gigante Gamma había comenzado mucho tiempo atrás, cuando el canadiense apenas era un niño y el Universo Marvel echaba a andar. Como había hecho con Los 4 Fantásticos, el joven Byrne siguió las primeras aventuras de Hulk y se enganchó a ellas cuando la criatura de Stan Lee y Jack Kirby apenas daba sus primeros pasos y estaba todo por hacer. Era un Hulk que cambiaba de aspecto, de habilidades, de inteligencia y actitud casi en cada número, que muy pocos lectores reconocerían como el icónico, que fue cancelado tras apenas seis entregas y que todavía no encajaba en los tópicos posteriores de bestia perseguida y en el fondo pacífica, pero que a Byrne se le quedó grabado a fuego.

 

El autor había tenido, antes de 1985, escasas y muy breves oportunidades para acercarse a su figura, aunque fueron ocasiones de una importancia destacable. Hulk pasó por las manos de Byrne como invitado especial en Marvel Team-Up #53 USA (1977), con guión de Bill Mantlo. Apenas un año después, coescribió, con Roger Stern, y dibujó The Incredible Hulk Annual #7 USA (1978), un cómic que se convirtió en un clásico instantáneo. Y el mismo equipo literario repitió, doce meses más tarde, en The Incredible Hulk Annual #8 USA (1979), con Sal Buscema al dibujo. En todas esas historias, el Piel Verde que se mostraba era el que estaba arraigado en el imaginario colectivo de los lectores, un bruto bondadoso de escaso cerebro y verbo limitado, con inigualable capacidad destructora. Byrne sí tuvo un contacto más continuado con Hulka, un personaje muy próximo a Bruce Banner, a la que convirtió en integrante de Los 4 Fantásticos y el epítome de mujer con la que a cualquier lector le hubiera gustado salir, inteligente, divertida y sexy. No había en ella ningún rastro de la furia gamma de su primo, ni trazas que la relacionaran con él, al margen del parentesco y de la sangre irradiada que compartían.

El Hulk icónico ilustrado por Byrne a finales de los setenta

 

Llegados a 1985, Hulk no había hecho sino dar pasos que lo alejaban no sólo de su imagen primigenia, sino también de su iconicidad. Bill Mantlo llevaba escribiéndolo todo el último lustro, y en ese tiempo había jugado a que Bruce Banner mantuviera su inteligencia durante las transformaciones y, una vez que el público se había acostumbrado a esa situación, la había basculado hasta el extremo opuesto, anulando hasta la más mínima expresión de raciocinio en la bestia. Por si fuera poco, durante más de un año, el personaje había permanecido exiliado en La Encrucijada, un entorno de fantasía alejado de la Tierra. Sí, estaba claro que aquel Hulk no tenía nada que ver con el tradicional. Y Byrne lo echaba de menos como nunca le había pasado. “Sentía, y esto sorprenderá a todo el mundo, estoy seguro, que el personaje estaba demasiado alejado de sus orígenes, y una aproximación de vuelta a lo básico era necesaria”, explicaba años después en su página web oficial. “A tal fin, mencioné lo que pensaba que debía hacerse con Hulk al Director Editorial [Jim Shooter], y su respuesta fue ‘¡Eso es genial! ¡Debería hacerte cargo de la serie de Hulk!’. Bueno, en aquella época yo estaba hasta arriba de trabajo, así que asumir también Hulk parecía algo improbable… hasta que comprendí que ya había dicho todo lo que tenía que decir de Alpha Flight. Así que llamé a Bill Mantlo, que estaba escribiendo Hulk en aquella época, y le pregunté si le parecía bien hacer un cambio”. La decisión terminó por fraguarse entre Byrne y Shooter, cuando ambos se encontraban en un taxi. El autor explicó cuanto pensaba hacer en la serie y al editor le pareció lo suficientemente acertado como para darle luz verde.

 

Anuncio del intercambio de autores entre Alpha Flight y The Incredible Hulk, aparecido en Alpha Flight #28 USA (1985)

 

Mantlo aceptó también, de manera que Hulk regresaba de su exilio en La Encrucijada, y la herramienta argumental para hacerlo no era otra que Alpha Flight. El primer episodio del antiguo guionista de Hulk en esta serie mostraba la vuelta a la Tierra del Piel Verde y su enfrentamiento con el grupo canadiense. Al final de la historia, Hulk se perdía en el horizonte, dando saltos por las montañas nevadas. Fue ahí donde ya le retomaba Byrne, el primer mes por partida doble, con el que puede calificarse de manera oficial como el primer número de su etapa, el The Incredible Hulk #314 USA, y con un Annual dibujado por Sal Buscema, el artista que más tiempo había estado dibujando al monstruo. Volvía momentáneamente a hacerlo después de que, apenas unos meses antes, hubiera abandonado la cabecera por desavenencias con Mantlo. En cualquier caso, el cambio de autoría fue recibido con alborozo por los lectores, que vieron así reposicionada una colección que languidecía comercialmente. Byrne era, en aquel entonces, una de las mayores estrellas del cómic estadounidense, capaz de mover masas de aficionados allá donde fuera. Sus cómics tenían algo mágico; su habilidad para reinventar a los grandes iconos de Marvel desde una perspectiva clasicista acompañada de un acercamiento moderno estaba más que contrastada por su etapa en Fantastic Four, por lo que el fandom no podía estar menos que entusiasmado. A partir de este punto del artículo, entraremos en algunos detalles argumentales sobre el objeto de estudio, de manera que recomendamos postergar su lectura a aquellos que no conozcan el material previamente.

 

El plan de Byrne para The Incredible Hulk, esa vuelta a los orígenes de la que hablábamos antes, debía llevarse a cabo en el primer medio año que permaneciera al frente de la nave, hasta alcanzar el statu quo en que se movería el personaje en lo sucesivo. Venía a ser un espejo de aquellos seis primeros números de la colección original, junto a The Avengers #1 USA (1963), lo que el autor consideraba como el “Hulk definitivo”: un Hulk más salvaje, que reaccionaba siempre con furia y brutalidad, frente al “buen salvaje” en que se había transformado posteriormente.

 

Sus primeros números estarían preñados de grandes sorpresas y acontecimientos inesperados que dejaban con la boca abierta a quienes los leyeran. Todo ello se entremezclaba no tanto con una repetición de los detalles característicos de Hulk en sus años iniciales, sino de aquellos aspectos que, como lector fervoroso reconvertido luego en autor, Byrne encontraba más significativos. El The Incredible Hulk #314 USA se abría con una declaración de intenciones: la muerte inintencionada de un pobre ciervo que tomaba la mala decisión de enfrentarse con el monstruo. Éste respondía con todo su poder sin pensárselo dos veces y luego se limitaba a constatar sus resultados. En otros tiempos, los hubiera lamentado hasta dejar incluso escapar unas lágrimas, un comportamiento que Byrne identificaba con las historias que Len Wein había narrado en los años setenta, y que en las que, a su juicio, Hulk recordaba a Goofy, el personaje tontorrón y bondadoso de Disney. “No es Goofy: es el Pato Donald”, vino a concluir al repasar los trabajos de Stan Lee y Jack Kirby. La búsqueda de los instintos primitivos se reflejó en lo estético. Este remozado Hulk se diferenciaba del que hubiera dibujado el propio Byrne una década antes en un aspecto casi simiesco, de troglodita: cejas gruesas y largas, brazos colganderos que se balanceaban como si el monstruo cargara con ellos, figura encorvada… el poder se redujo hasta un nivel más manejable, pero también más bestial. No era, como decía el autor, un Arnold Schwarzenegger aumentado de tamaño: era un auténtico monstruo destructor y debía diferenciarse como tal. Toda esa filosofía estaba condensada en la imagen de Hulk que Byrne realizó para The Official Handbook of the Marvel Universe Deluxe Edition #5 USA, publicado en 1985, meses antes de que el canadiense irrumpiera en la serie gamma.

 

El Hulk de Byrne en el Official Handbook

 

También en ese primer número, Byrne enfrentaba al Piel Verde contra sus enemigos más icónicos mientras en paralelo recontaba el origen, un tópico que repetía en cualquier serie por la que pasara. Los contrincantes eran nada menos que Juggernaut, MODOK, El Rino y La Abominación. La utilización de todos ellos de una tacada obedecía a la intención de satisfacer cuanto antes a los lectores habituales. El autor pretendía ignorar a todos esos enemigos en lo sucesivo, salvo quizás a La Abominación. Entendía que se había abusado demasiado de ellos y que además se trataba de personajes que se habían tomado prestados de otras series. Hulk, a juicio de Byrne, presentaba una necesidad acuciante de encontrar nuevas amenazas. En realidad, en este episodio el verdadero rival era Doc Samson, un viejo secundario de la franquicia, que regresaba a casa encarnado en herramienta necesaria para acometer la maniobra que tenía planeada Byrne. Como elemento novedoso, el autor introdujo una justificación acerca del motivo por el que tantas aventuras de Hulk tenían lugar en el desierto en que había tenido lugar su “nacimiento”. Era una de esas explicaciones racionales que el autor siempre intentaba dar a circunstancias tópicas que rodeaban a cuanto personaje pasaba por sus manos.

 

En esa línea, pronto recordó, después de mucho tiempo sin que se hubiera vuelto a mencionar el asunto, que Hulk en su primera aparición había tenido una pigmentación gris, para luego pasar al verde característico. El motivo en su momento había sido puramente industrial, dado que el gris no se imprimía con la calidad suficiente en el papel de los añejos comic-books, pero Byrne quiso dar una justificación verosímil dentro del contexto de la serie. Por primera vez, las generaciones más jóvenes contemplaron al Monstruo Gamma tal y como había sido en su nacimiento.

 

Siguiendo con la reivindicación, a su manera, de esos elementos característicos, el segundo número se abría con una ensoñación ambientada en la cámara subacuática en la que, con ayuda de Rick Jones, Bruce Banner se ocultaba para contener el poder de su alter ego. La primera página, de hecho, era un homenaje a la que Jack Kirby hubiera dibujado para el tercer número de la colección, casi veinticinco años atrás. En las últimas páginas, regresaba a la serie Betty Ross, la eterna novia de Banner, que jugaría un papel fundamental en los siguientes números y a la que Byrne imaginaba sustituyendo a Rick Jones en el papel de carcelero del Piel Verde. Jones, el joven imprudente al que había salvado Banner de la bomba gamma, también estaba de vuelta, para The Incredible Hulk #319 USA, así como el padre de Betty, el iracundo “Trueno” Ross, lo que completaba el rescate del elenco original de Stan y Jack. Por supuesto, también figuraba Hulka, porque el personaje fetiche de Byrne no podía faltar. En recuerdo de aquel The Avengers #1 USA, donde Loki confundía a los protagonistas para que se enfrentaran con Hulk, Los Vengadores también saltaban a escena, aunque esta vez sus motivos para enfrentarse a la bestia estaban más que justificados. Y lejos de quedarse en los secundarios ya conocidos, Byrne introdujo un nuevo grupo de Cazahulks, compuesto por cinco variopintos individuos con potencial suficiente para aderezar años de historias… y sin embargo…

 

El monstruo atrapado, según Jack Kirby

 

…Sin embargo, el The Incredible Hulk #319 USA, publicado apenas seis meses después del arranque de la etapa y en el que culminaba la batería de cambios cataclísmicos que alumbraban el escenario sobre el que debía haberse movido Byrne en lo sucesivo, fue también el último que realizó. En aquel momento, la gran estrella de Marvel no hacía sino chocar con el estamento editorial allá donde se encontraba. Las disputas le llevaron a abandonar tanto Fantastic Four como The Incredible Hulk. En este caso en concreto, muchos de los cambios que había llevado a cabo, y que explicara a Shooter en aquel viaje en taxi mencionado antes, no despertaron el entusiasmo de éste una vez empezó a aplicarlos, y así se lo transmitió el editor de la serie, Dennis O’Neil. La gota que colmó el vaso estuvo en el rechazo de todo un número. En aquel entonces, Byrne estaba llevando a cabo muchos experimentos gráficos que se reflejaron en esos pocos episodios que había llegado a firmar para Hulk. Pero componer toda una entrega con viñetas a toda página parecía excesivo para los cánones de la época. El episodio sólo vio la luz algunos meses después, dentro de la cabecera antológica Marvel Fanfare, cuando su autor ya había volado de la colección gamma. Algunas de las muchas ideas que se quedaron en el tintero pasaban por crear un ejército de Abominaciones, a partir de la resurrección de la original; dar una mayor importancia de Bruce Banner y que éste y Hulk volvieran a verse como la cara y la cruz de la serie, aunque desde la nueva perspectiva que daba el cambio revolucionario con el que Byrne había abierto la etapa; presentar a El General, un nuevo villano cuyo poder rivalizaría con el del protagonista, y, en el colmo del revisionismo de los primeros sesenta, recuperar a El Amo del Metal, el que fuera enemigo del último número de la serie original y del que nadie se acordaba ya. Para dar lustre a esta rentrée, Byrne quería servirse de una estatua de Hulk fabricada en adamántium que había sido utilizada por Bill Mantlo.

 

El Amo del Metal, el villano que Byrne no tuvo tiempo de recuperar

 

La primera época de Byrne en La Casa de las Ideas, una auténtica edad dorada dentro de la carrera del autor, llegaba a su fin y, a juicio de muchos, no se repetiría jamás. Saltó entonces a DC Comics, para acometer otro particular “back to the basics” sobre el primero de los superhéroes, Superman. Sólo regresó a Marvel cuando Jim Shooter ya no estaba en la editorial, y, al cabo de varios lustros más, ya en 1999, tuvo la oportunidad de volver a acercarse al Piel Verde, en una etapa igualmente breve, pero que en absoluto despertó el entusiasmo y la expectación lograda con aquella primera estancia. Ya no era el genio de los tiempos pasados, sino una vieja gloria venida a menos. Contemplada en la actualidad su breve estancia de mitad de los ochenta, compuesta por seis entregas de la serie abierta, un Annual y el episodio “rescatado” en Marvel Fanfare, sigue apreciándose la extraordinaria energía puesta en aquel puñado de números. Algunos de los cambios introducidos por Byrne fueron enseguida desechos, mientras que unos pocos perduraron durante años, en especial los relativos a Betty. Pero cuesta mucho imaginar hasta dónde podría haber llegado la etapa de haberla podido continuar su autor: se aprecia un diamante en bruto, sin llegar a vislumbrarse la pieza a la que podría haber dado lugar. Fue, como llegó a decir el autor en alguna ocasión, un menú degustación de ocho platos del que sólo llegamos a disfrutar del primero de ellos. Un enorme disfrute, no obstante.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel HC. El Increíble Hulk de John Byrne

CLÁSICOS MARVEL GUÍA DE LECTURA 2018

Este es el orden recomendado de lectura para la línea de clásicos Marvel de Panini Comics, actualizado a enero de 2018.

 

UN COSMOS EN EXPANSIÓN

Una vez cumplido el objetivo de poner en marcha las dos colecciones con las que se abrió el Universo Ultimate, y mientras Mark Millar y Bryan Hitch trabajaban en la llegada de Los Ultimates, en La Casa de las Ideas tuvieron una gran duda: ¿Qué hacer a continuación? El Universo Ultimate se había convertido en el éxito del año y las leyes del mercado siempre dictan que si algo se vende mucho, debe producirse en masa.

En cualquier otra circunstancia, los títulos de la Línea Ultimate se habrían multiplicado de inmediato, con los lanzamientos que hiciera falta. Pero en la editorial comprendían que no era buena idea. Mantendrían la línea Ultimate reducida a unos pocos títulos, lo que permitiría cuidarla al máximo. El objetivo es que nunca llegase a haber más de cuatro series al mismo tiempo. Tenían ya dos en las librerías, una más en preparación y una tercera que sugeriría Brian Michael Bendis, el guionista de Ultimate Spiderman.

Tras muchos años como autor independiente, Bendis había logrado dar el salto al mainstream con una aclamación unánime. En Marvel se preguntaban cuál sería su siguiente proyecto y éste les ofreció fusionar dos viejos conceptos ya desaparecidos, Marvel Fanfare, una colección con autores y protagonistas que cambiaban cada mes, y Marvel Team-Up, una cabecera de Spiderman en la que le acompañaba un héroe diferente por número. De esta forma, Bendis preguntaría a artistas que admiraba qué personaje les gustaría dibujar para Marvel. Él adaptaría la historia y el estilo literario a los deseos de cada uno de ellos, al tiempo que Spidey serviría de maestro de ceremonias. En las oficinas de la editorial, en un momento en que estaban muy abiertos a la experimentación y a nuevos puntos de vista, estimaron que la idea podría funcionar bien, además de expandir el cosmos del Universo Ultimate, sin necesidad de multiplicar exponencialmente el número de colecciones.

Bajo esas premisas, Ultimate Marvel Team-Up se convirtió en la tercera cabecera del Universo Definitivo en ver la luz. La serie abría a lo grande, mediante una historia que era importante por tres motivos: suponía el primer encuentro de Spidey con otro superhéroe, era también la primera vez que el trepamuros se cruzaba en el camino de un mutante y el primer cruce de la versión definitiva de los dos personajes más comerciales de la editorial: el Hombre Araña… Y Lobezno. Matt Wagner, el genio detrás de Grendel, uno de los más sugestivos tebeos del panorama independiente americano, se encargaba de los lápices.

No menos importante fue la segunda historia, un encuentro con Hulk dibujado por Phil Hester (Green Arrow), ya que serviría para dar consistencia a un conjunto de ideas alrededor del escenario sobre el que se movía el Universo Ultimate. Al ambiente de Guerra Fría y paranoia radiactiva que presidía los cómics que hicieran Stan Lee y Jack Kirby en el nacimiento del Universo Marvel convencional, Bendis y Millar querían contraponer un modelo adaptado al siglo XXI, el de “la gran conspiración”, con un reducido número de individuos moviendo los hilos desde las sombras, un Gran Hermano que se sitúa en lo más alto de la cadena alimenticia y controla el mundo. En el choque de Spidey con Hulk se apuntaría por primera vez esta circunstancia.

 

Tras el Goliat Esmeralda, el siguiente “Team-Up” supuso el debut de Iron Man, otro de los héroes que pronto aparecería en The Ultimates. El dibujante era todavía más inusual que los anteriores, puesto que se trataba de Mike Allred, cuyo delirio pop también podía encontrarse en X-Force, otro heterodoxo proyecto que La Casa de las Ideas acababa de estrenar. La apuesta se elevaría aún más con la aventura que, acto seguido, reuniría a Spiderman con Daredevil y Punisher. Bendis se mantuvo fiel al concepto original de estos dos oscuros vigilantes de Marvel, pero fue más allá en todo lo demás: no sólo se trataba de la aventura más larga publicada hasta entonces en MTU, sino que además estaba ilustrada nada menos que por Bill Sienkiewicz, un genio de estilo diametralmente opuesto al típico autor de superhéroes.

 

 

En este volumen se recogen todas esas historias. En total, los ocho primeros números de Ultimate Marvel Team-Up, un esclarecedor y brillante ejemplo de lo mucho que arriesgaba La Casa de las Ideas a comienzos de la primera década del siglo XXI. Porque quien nunca arriesga, nunca gana.

Artículo aparecido en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 3: Un mundo compartido

CLÁSICOS MARVEL GUÍA DE LECTURA 2017

Este es el orden recomendado de lectura para la línea de clásicos Marvel de Panini Comics, actualizado a diciembre de 2017.

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