1987. DE CÓMO LA GUERRA DE LA REALIDAD SE TRANSFORMÓ EN LA CAÍDA DE LOS MUTANTES

Es 1987. Claremont está ahora barajando hacia dónde dirigir la serie. En los últimos años, ha trazado argumentos con doce meses vista, pero ya no puede permitirse ese lujo. Ahora, a raíz del éxito de La masacre mutante, desde arriba le piden un crossover anual y máxima coordinación con Weezie Simonson. Se insiste en que el gran encuentro entre la Patrulla-X y X-Factor sería un espectacular acontecimiento con extraordinarias ventas. Claremont todavía se resiste a llevarlo a cabo, pero sabe que no podrá hacerlo durante mucho tiempo. En lo que parece una huida hacia delante, aleja a los hombres-X de Nueva York y de las exigencias editoriales, de las apariciones en cada uno de los títulos que publica Marvel con a saber qué guionista y de la Secret Wars de turno, la llame Tom DeFalco como la llame. Cambia el racismo hacia los mutantes, al que ya ha sacado un enorme partido, por algo totalmente diferente. Los hombres-X seguirán actuando en la sombra, pero no porque sean proscritos y perseguidos, sino porque se han convertido en leyendas. El propósito lo enuncia Tormenta: “Mientras la Patrulla-X exista, harán lo imposible por destruirnos. Nos atacarán directamente o a través de los que amamos. La solución a nuestro problema es encontrar una manera de tomar la iniciativa. Creo que la única posible es hacerles creer que han logrado su propósito. Por eso la Patrulla-X debe morir” (UXM 219).

Camino de ese objetivo, el Patriarca Mutante decide cerrar muchos de los cabos sueltos que ha dejado colgados en los últimos años y por los cuales ha recibido críticas despiadadas. Toca ahora dar una explicación plausible a La masacre mutante. Mientras Weezie Simonson convierte a Apocalipsis en un villano de altura, Claremont crea a Mister Siniestro, la mente oculta tras los Merodeadores, cuyo debut tiene lugar en el UXM 221 (IX 87), aunque Dientes de Sable ya lo había mencionado en su primer encuentro con Lobezno (UXM 212). Mister Siniestro, que con sus oscuras razones sirve para justificar casi todo, también es el culpable de que Madelyne Pryor lleve varios meses huyendo. Siniestro envía a los Merodeadores con la intención de asesinarla, pero ella es rescatada por la Patrulla-X (UXM 221 y 222, IX-X 87), junto a la que permanecerá desde entonces, con la intención de recuperar a su hijo.

Paralelamente, el que iba a ser argumento de una miniserie protagonizada por Tormenta pasa a integrarse dentro de la serie regular en una saga oficiosamente titulada La guerra de la realidad (UXM 220-224, VIII-XII 87), preludio del siguiente gran crossover mutante. En ella, Tormenta emprende la búsqueda de Forja en compañía de Naze, el viejo maestro chamán del mutante. Naze asegura que Forja ha sido poseído por el Adversario, un demonio de otra dimensión que pretende destruir el universo. En realidad, el verdadero poseído es Naze, suceso ocurrido en el UXM 188 (XII 84) y del que Claremont parecía haberse olvidado por completo en los tres años transcurridos desde la publicación del cómic. Viaje iniciático del estilo habitual de su autor, La guerra de la realidad extiende su discurso en torno al amor, la fidelidad y la traición más allá de los cuatro números inicialmente previstos. Al final del UXM 224, sólo ha sido revelada la naturaleza maligna de Naze, lo que deja el reencuentro de Forja y Tormenta para los dos números siguientes, que ya forman parte de The fall of the mutants. El título de este segundo crossover es un juego de palabras: fall significa tanto caída como otoño, fecha de aparición de los números que componen la saga. De nuevo, se enuncia un nombre genérico que agrupa a las tres colecciones durante otros tantos meses pero cuyos acontecimientos poco tienen que ver entre sí, de no ser por un tono general de catarsis.

En Uncanny, Claremont vuelve a anunciar sorpresas a bombo y platillo en cuanta entrevista u aparición pública hace. Desde el principio, ocurra lo que ocurra, Destino ya ha vaticinado su profecía: “La Patrulla-X morirá en Dallas”. Conociendo el augurio, los hombres-X viajan a la ciudad, donde acometen la batalla final contra el Adversario (UXM 225-227, I-III 88). Por otra parte, Tormenta y Forja, exiliados por el mismo villano en una tierra paralela donde éste consigue devolver sus poderes climáticos a Ororo, también deciden abandonar su paraíso particular a cambio de la oportunidad de enfrentarse al Adversario. “Estamos condenados”, dice ella. “Si nos quedamos, nuestro mundo morirá. Si volvemos, morirá éste”. El sacrifico es el gran tema de la saga. Desde siempre, Claremont ha definido el heroísmo de sus personajes en función de la capacidad de éstos para superar sus conflictos internos y afrontar su destino. La predeterminación con la que actúan sus criaturas adquiere ahora una nueva entidad. Cada hombre-X renuncia a su vida, e incluso a liderar una nueva humanidad en el caso de Tormenta y Forja, para salvar el universo. “Si hemos de morir, que signifique algo”, promete Lobezno. Claremont compara la situación con las de los trescientos de Esparta, el reducido ejército que, aún a costa de su vida, detuvo el avance del imperio persa en la batalla de las Termópilas. Partiendo de semejante referente, la strip recupera un tono épico olvidado desde hace algún tiempo y que se ha visto sustituido mientras tanto por la angustia perpetua que acompaña a los protagonistas. Esa vuelta a las esencias está condicionada, en gran medida, por la preparación de la serie que Claremont realizará junto a Alan Davis. Repasando los cómics ingleses del Capitán Britania dibujados por Davis en busca de personajes que reutilizar en la nueva colección, Claremont encuentra a Roma, la hija del mago Merlyn, guardiana de todas las realidades. La procedencia mágica de Roma la convierte en la perfecta enemiga del Adversario. Éste es el único villano de auténtica relevancia cósmica al que se enfrenta la Patrulla-X desde, por lo menos, Fénix. Su misma concepción resulta extemporánea a los hombres-X. Claremont lo crea para utilizarlo en Doctor Strange, colección que escribió a principios de los ochenta y que abandonó antes de que el Adversario tuviera oportunidad de aparecer. El Adversario y Roma se enfrentan en un ajedrez cósmico en el que los hombres-X son meros peones, carne de cañón cuya muerte sirve para expulsar al villano de la Tierra.

 

Hubiera sido un buen final para la colección pero, es una obviedad, ésta ha de seguir adelante. ¿Cual es el truco? La esencia de cada hombre-X, además de la de Madelyne Pryor, sirve para derrotar al villano. La cámara de un intrépido periodista retransmite el heroico suceso a los teleespectadores de todo el mundo. Ya en secreto, Roma resucita a los hombres-X. El Adversario no ha sido destruido, ya que su existencia es necesaria para el equilibrio natural de las cosas, aunque permanecerá encerrado durante una era “en castigo por su transgresión”. A cambio, la Patrulla tiene la oportunidad de empezar desde cero, con un mundo que los cree muertos. Claremont consigue así un doble objetivo. En primer lugar, si Lobezno, o Tormenta, o quien sea, están muertos, es más difícil que puedan aparecer como invitados especiales en cualquier otro título Marvel; en segundo lugar, queda saldada la histeria antimutante. Los héroes alcanzan la categoría de mito al tiempo que abandonan su papel de “odiados y temidos”. Han caído para salvar el Universo ante los ojos de los que antes querían lincharles. Se han convertido en leyendas.

Un proceso similar vive X-Factor con su participación en La caída de los mutantes (XF 24-26, I-III 88). Los Simonson cierran la compleja línea argumental iniciada con su llegada a la colección un año y medio atrás. Desde entonces, han prolongado el suspense mes a mes, sin un sólo número que no llevara continuará en la última página, técnica sabiamente aprendida por Weezie en sus años como editora de Uncanny. Toca ahora dejar la serie preparada para un nuevo comienzo, sin el lastre que conlleva su concepto inicial. Como en el caso de la Patrulla-X, los chicos de X-Factor son ensalzados como héroes tras derrotar a Apocalipsis. El engaño permanente de los cazadores de mutantes que en realidad se dedican a salvarlos también concluye una vez que el grupo revela la verdad a la prensa. En cuanto a los conflictos personales, Cíclope y Jean ven como Madelyne muere en Dallas, excusa más que suficiente para reiniciar de una vez por todas su romance. Por último, el Ángel, tras padecer la amputación de sus alas y haber sido transformado por Apocalipsis en un oscuro jinete de metálicas y mortíferas plumas, salva las vidas de sus compañeros y vuelve junto a ellos, ahora con las habilidades relevantes y la tortura mental que los Simonson necesitan para hacer de él un personaje de provecho, el Lobezno del grupo, en definitiva.

Por último Weezie Simonson utiliza el crossover para afianzarse como autora de The New Mutants. Le acompaña Bret Blevins, un dibujante que, tras ocuparse de varios números sueltos de Uncanny, llega a la serie de los bebés-X con un particularísimo estilo muy dado a lo caricaturesco que le sirve para dibujar unos adolescentes que realmente parecen eso, y no llamativos superhombres de inverosímiles proporciones. La Simonson aprovecha al máximo las virtudes de Blevins, lo que le lleva a introducir personajes tan disparatados como Cabeza de Chorlito, un ser plumífero surgido de una Isla de los Monstruos con su obligado científico loco. El enfrentamiento con este último se salda con la primera muerte que afronta el universo mutante desde el suicidio de Fénix. Doug Ramsey, un chico apreciado por Claremont al que la nueva guionista no acaba de encontrar utilidad, fallece víctima de un vulgar tiroteo (TNM 60, II 87). La muerte marca el comienzo del distanciamiento entre Magneto y sus alumnos, punto de partida necesario para dotar a la serie de una mayor dosis de aventura y entretenimiento que conlleva la inmediata reducción del drama mutante.

1987. GESTACIÓN Y NACIMIENTO DE EXCALIBUR

Es otoño de 1987. Claremont elige la supuesta muerte de la Patrulla-X como el catalizador de la formación de X-Calibre, la agrupación mutante inglesa cuya colección va a realizar en compañía de Alan Davis. Ha pasado un año desde que hablaran por primera vez de la serie. En ese tiempo, X-Calibre cambia su nombre por Excalibur. Fonéticamente suenan igual, pero el nuevo nombre es mucho más elegante e inglés. Claremont quiere rescatar a la inmensa mayoría de personajes secundarios, villanos y escenarios, cuanto menos peculiares, del serial del Capitán Britania.

Britania, creado por el mismo Claremont junto a Herb Trimpe para la delegación inglesa de Marvel, nace como un sosias del Capitán América atemperado por un par de rasgos mágicos, como por ejemplo la presencia de los ya mencionados Merlyn y Roma, que no oculta el evidente tono superheroico. Tras su debut en Captain Britain 1 (X 76), Brian Braddock se enfrenta a los pertinentes villanos mientras trata de conquistar el corazón de la bella Courtney Ross y hacer frente a las acusaciones del inspector Dai Thomas, un policía que odia a los vigilantes enmascarados con fervor similar al de Jonah J. Jameson. Son tebeos en los que también aparece por primera vez Betsy o Jamie, los hermanos de Brian. Tanto Claremont como Trimpe acaban por abandonar al héroe, que comienza un peregrinaje editorial de diez años en los que salta de una revista a otra, casi siempre en capítulos de no más de ocho páginas. Para evitar problemas de continuidad con Marvel, el guionista David Thorpe hace viajar al Capitán Britania por múltiples tierras paralelas. En una de ellas conoce a Saturnina, la encargada de mantener el orden del multiverso, y se enfrenta a la Banda Loca, un conjunto estrafalario de villanos encabezado por la Reina de Corazones que perseguía a la Alicia de Lewis Carroll, aquí conocida como la Reina Roja. De su diseño se encarga un primerizo Alan Davis, convertido en dibujante del Capitán Britania a partir de 1981.

Pocos meses después de la llegada de Davis, Thorpe es sustituido por Alan Moore, quien añade un toque terrorífico a la colección presente desde el primer número que escribe (Marvel superheroes 387, VII 82). Allí debuta la Furia, un siniestro ciborg cuyo objetivo de matar superhéroes cumple con eficacia absoluta. Moore, influido por Días del futuro pasado, conduce al Capitán Britania por un sin fin de Inglaterras alternativas en las que la Furia asesina a las respectivas contrapartidas del héroe, así como a otros vigilantes enmascarados. De esta época data también la Ejecutiva Especial, el grupo de mercenarios que más tarde será conocido como la Tecno Red.

La última etapa del serial abarca desde 1984 hasta 1986. Alan Davis continúa dibujando mientras que de los guiones se encarga Jamie Delano. El Capitán Britania sigue su periplo por dimensiones paralelas gracias ahora al faro en el que habita, que utiliza como puerta espacio-temporal. Además, Brian conoce a Meggan, la multiforme de origen desconocido que será su novia; y Betsy pierde la vista, momento en el que Claremont retoma a los personajes para incluirlos dentro del Universo Mutante. El haber sido el creador del protagonista le legitima en cierta forma para reutilizar los hallazgos de sus continuadores. “Cuando vuelvo sobre el Capitán Britania descubro que cualquier cosa que hubiera podido hacer, que hubiera tenido en mente, no es nada comparado con lo que han hecho ellos”, explica. Unida esta admiración al deseo de no verse encasillado en la imagen de perpetua seriedad y dramatismo que lleva a cuestas como guionista supremo de los sufrientes hombres-X, propone que Excalibur sea muy diferente a lo que se espera de él.

 

 

Mirando hacia DC, si el año pasado lo que funcionaba era el oscuro Señor de la Noche, este año un par de locos llamados Keith Giffen y J. M. DeMatteis han abierto en canal la vena satírica de la nueva Justice League International. Ése el camino. Hay que hacer cómics más ligeros. Claremont, conocido por la solemnidad de sus guiones, no ha dejado de caer, en ocasiones concretas, en la tentación bromística. Lo hace, por ejemplo, en los ya reseñados El cuento de hadas de Kitty (UXM 153), o en El profesor Xavier es un idiota (UXM 168), pero también en los UXM Annual 7 (1983) y TNM Annual 3 (1987), en ambos casos con la intervención del estrambótico Hombre Imposible, en el segundo de ellos junto a Alan Davis. Ocurre que probablemente el guión más delirante escrito por Claremont pertenezca a una serie sin relación con la Patrulla-X. En el Man-Thing 11 (VII 81), último de la serie, el mismo Padre Mutante es protagonista (a punto de darse a la bebida por la cancelación del cómic), mientras que Jim Shooter, Weezie Simonson o Danny Fingeroth figuran como secundarios. Puede que ahora esté siguiendo una tendencia marcada por otra colección, pero esa tendencia no le es desconocida. Además, en Excalibur, el humor no proviene, como en el caso de la Justice League, de los diálogos frenéticos o los chistes fáciles, sino que es la consecuencia de colocar a un grupo tradicional de superhéroes ante personajes estrafalarios y situaciones rocambolescas. Puestos a buscar definiciones, Ann Nocenti, la editora de la serie, da en el clavo.

 

-Excalibur es una comedia cósmica.

-¿Ah sí? -dice Davis-. Pues yo creía que era una Patrulla-X Europa.

-Chris piensa que tu estilo de dibujo tiende a lo humorístico y quiere aprovecharlo.

-No tenía ni idea, pero por mí encantado. Soy incapaz de unir la palabra “superhéroe” con “realismo” o “seriedad”.

 

La formación del nuevo grupo tiene lugar en el Excalibur Special Edition (III 88), un tomo es formato prestigio que precede a la serie regular. Al Capitán Britania y Meggan se unen Kitty Pryde, Rondador Nocturno y Rachel Summers. Tanto Kitty como Rondador han estado hospitalizados en la isla Muir desde La masacre mutante, por lo que no se encuentran junto a los hombres-X cuando éstos mueren en Dallas. De Rachel en cambio no se sabe nada desde que viajara a la dimensión de Mojo en el UXM 209 (IX 86). Las explicaciones de lo que allí ocurrió las reserva Claremont para una futura miniserie dibujada por Rick Leonardi, pero tal proyecto cae enseguida en el olvido. Alan Davis convierte a Rachel en una encantadora jovencita que poco tiene que ver con la torturada niña venida del futuro. El resto de los cambios operados en los antiguos hombres-X son apenas perceptibles, pero un buen observador puede darse cuenta de que Rondador Nocturno es algo más alto y Kitty más fuerte, se parece ahora a Katherine Hepburn en lugar de a Sigourney Weaver. Por su parte, el Capitán Britania ha aumentado de tamaño y masa muscular, lo que sirve a Claremont para hacer bromas sobre una torpeza de la que antes carecía. Brian Braddock es ahora un Capitán América inglés con defectos tales como la soberbia o la afición a la bebida, algo impensable en Steve Rogers.

“Esta es la historia, haz una portada divertida”, dice Claremont en la nota que adjunta al guión de cada número de la serie regular. Ejemplos de portadas con chiste: la del EX 1 (X 88) adereza la pose de los protagonistas con los risueños villanos, los lobos de guerra. En la del EX 2 (XI 89) uno de esos lobos descansa satisfecho después de haberse tragado a Kitty; el Capitán Britania, arroyado por Juggernaut, pregunta en la del EX 3 (XII 89) si hay más villanos como ése en los Estados Unidos. Por último, en la cubierta del EX 4 (I 90), Davis se atreve con algo realmente arriesgado y absurdo: Un barrendero asegura que los héroes musculosos, la violencia gratuita y las chicas guapas esperan dentro, pero que el lector se olvide de esas cosas en portada. Es la primera vez en su vida que Davis publica un texto.

En el interior del cómic, el Padre Mutante descubre que es mucho más sencillo contar historias dramáticas que humorísticas. Pese a las bromas, casi siempre visuales, es inevitable volver a las viejas costumbres. El primer número comienza con uno de esos misterios claremontianos que se alargan mes a mes sin que parezcan tener solución. En este caso, se trata del debut de Cacharro, una simpática cabeza robótica creada por Davis que la publicidad anuncia como el quinto miembro del grupo. De Cacharro se van dando pistas con cuentagotas. Así, en el EX 2, se revela que puede transformarse en un portal a otras dimensiones, adonde transporta a un misterioso niño de ojos felinos llamado Colin. Al mismo tiempo, el faro del Capitán Britania, convertido en el cuartel general de Excalibur, sigue siendo una especie de encrucijada espacio-temporal. Desde el principio está claro que el viaje por diferentes mundos va a ser una de las constantes de la serie, y otro tanto ocurre con las apariciones de viejos conocidos del Capitán Britania. Saturnina y la Tecno Red se dejan caer en el Special Edition; Courtney Ross en el EX 1; Simio, de la Banda Loca, en ese mismo número, y la Banda Loca al completo en los EX 4 y 5, donde comparten cartel con Arcade, comodín perfecto para añadir unas cuantas bromas al ya de por sí enloquecido argumento.

Excalibur, éxito inmediato que se coloca en ventas a la altura de sus hermanos yanquis, supone la más inesperada sorpresa para los acostumbrados a la angustia recurrente de Uncanny. Por encima de cualquier otro motivo está el dibujo de Alan Davis, imbuido de un maravilloso sentido lúdico de la aventura, de una capacidad para dibujar acción fluida, mujeres imposiblemente hermosas y héroes apuestos y honorables que nadie consigue igualar en el medio. Davis, acostumbrado a que el tradicional papel de pulpa oculte, trastoque o apelmace sus finas y precisas líneas, cuenta ahora con una impresión mucho más digna que hace que su trabajo, entintado siempre por el excelente Paul Neary, brille con la fuerza que se merece.

Seis meses median entre la publicación del Excalibur Special Edition y el primer número de la serie regular. El retraso con la que aparece se debe a dos imprevistos que se presentan ante Claremont. El primero, a algún genio se le ha ocurrido que, como no es suficiente con un crossover anual, no estaría de más que Uncanny apareciera cada quince días durante los meses de verano. El segundo, Tom DeFalco quiere lanzar una colección dedicada a Lobezno. Si Claremont no la quiere escribir porque está demasiado ocupado, no hay problema. La puede escribir cualquier otro. Puestos a decidir entre horas de sueño y el mutante de las garras de adamántium, gana la batalla éste último. Va a ser un año duro. Las cuentas salen con dificultad. Doce números de Excalibur, más doce números de Wolverine, más quince números de Uncanny… ¿Será divertido? Ya verá. Es como perderse en un bosque. Estás tan ocupado buscando el camino e intentando no caerte por el precipicio que te olvidas de admirar la belleza de los árboles. ¿Hasta donde es capaz de llegar Marvel para sacar dinero a los mutantes?, se pregunta Claremont. En 1988, año del estreno de Excalibur y Wolverine, Uncanny coloca una media de 430.000 ejemplares mensuales. Pero Uncanny es tan sólo la punta de un iceberg compuesto por cinco series más (contando Classic X-Men). Juntas, acumulan un cuarenta por ciento de los beneficios que tiene Marvel en el mercado directo. Claremont está convencido de que existe un límite, pero no sabe cuándo se llegará a él. Tampoco sabe si ese límite coincide con su capacidad para concebir historias o con la de los lectores para comprarlas y leerlas. Atrás queda la intención de regresar a The New Mutants, a lo que se une el abandono de los episodios complementarios de Classic X-Men, ahora en manos de Ann Nocenti. No puedes volver a casa, piensa Claremont. Por fortuna, Weezie y Ann hacen un trabajo excelente. ¿echa de menos a los bebés-X? Ojalá tuviera un minuto libre para echarlos de menos.

1992. ATURDIDOS POR EL GOLPE DE IMAGE

Es otoño de 1992. En Marvel descubren sorprendidos que los chicos de Image no se han hundido en la miseria, como auguraban los grandes expertos financieros contratados por Terry Stewart. Muy al contrario. Image arrasa con todo lo que se le ponga por delante. El Youngblood 1 (IV 92) de Rob Liefeld, el Spawn 1 (V 92) de Todd McFarlane y el WildC.A.T.S. 1 (VII 92) de Jim Lee alcanzan unas ventas brutales, tanto que sus responsables no tardan en independizarse de los socios de Malibu Comics. Editoriales pequeñas como Valiant, Dark Horse, Topps o la misma Malibu aprovechan el momento para lanzar nuevos títulos, a la vez que DC amplía su ya abultada oferta. Marvel responde con una ofensiva sin igual consistente en inundar el mercado con nuevas colecciones. El sistema de crecimiento de la Franquicia Mutante se aplica a Punisher, Motorista Fantasma, Vengadores y Spider-Man, a cuyo alrededor nacen series de calidad ínfima realizadas por autores desconocidos. También se potencian los títulos de Epic y los de Marvel UK, la sucursal de la editorial en Inglaterra, y se lanza una nueva línea de colecciones bajo el epígrafe Marvel 2099, con versiones futuristas de Spider-Man o Punisher. En total, Marvel pone cada mes ciento cincuenta títulos en el mercado, una cantidad nunca vista. A los ejecutivos de la Casa de las Ideas ni siquiera les interesa que vendan. Prefieren perder dinero si ello sirve para ahogar al competidor. Las librerías especializadas caen en la trampa al principio, pero a largo plazo se encuentran con un stock que nadie quiere comprar, material inamovible cuyo destino final es el saldo.

 

Los fundadores de Image. Foto perteneciente al libro Image Comics. The Road To Independence (Twomorrows Publishing)

En detrimento de las compañías independientes, los establecimientos aumentan también sus pedidos a Image. Saben que van a vender medio millón de ejemplares de cada colección y que el margen de beneficio sobre el precio de portada es más alto que con Marvel. Sin embargo, Image abusa de una táctica comercial que acaba por pasarle factura. La editorial de Jim Lee anuncia títulos que luego retrasa o que nunca aparecen. Los cinco primeros números de WildC.A.T.S, por ejemplo, tardan un año y medio largo en publicarse. La consecuencia inmediata es que las tiendas tienen su dinero paralizado. Los aficionados, por cierto, son casi los mismos de siempre. Existe un nuevo fan, sí, pero compra cómics porque están de moda, y compra básicamente Image. “Nuestros tebeos son los de Image; los de nuestros padres eran los de Marvel y los de nuestros abuelos los de DC”, explica. La explosión de ventas propiciada primero por el lanzamiento de Spider-Man, X-Force y X-Men y luego por los títulos de Image no se traduce en un aumento significativo del público consumidor, sino del mercado especulador. ¿De qué sirven varios millones de copias del X-Men 1 esperando a que su precio se cotice por las nubes si no hay siete millones de posibles compradores? La situación pone contra las cuerdas a las pequeñas editoriales. DC se mantiene en un puesto de privilegiado observador, respaldada por el poder de Warner, su empresa propietaria, aunque eso no le impida dar un campanazo en los medios de comunicación con la muerte de Superman (Superman 75, I 93). Entretanto, Image y Marvel siguen adelante con su escalada bélica.

 

Desde California, Jim Lee y los suyos preparan la contraofensiva. Tiran de agenda telefónica y llaman a todo dibujante Marvel mínimamente comercial. Son la legión de jovencitos imitadores que ha sacado Bob Harras de debajo de las piedras. Hola, soy Jim Lee. ¿Te gustaría dibujar para nosotros? No me importa lo que te paguen. Nosotros te pagamos el doble. Casi todos aceptan. ¿Cómo van a decir que no a Jim Lee, si de mayor quieren ser como él? Las condiciones monetarias también ayudan. Artistas que cobran ciento cincuenta dólares por página en Marvel pasan a ganar entre trescientos y cuatrocientos en Image. “Marvel es nuestra plantación de algodón”, declara entonces Todd McFarlane. “Nos pasamos por allí cada vez que necesitamos negros, vemos lo que nos gusta y nos lo llevamos”. Marvel busca dibujantes, los educa, los cuida, los lanza a la fama. Image los contrata y los convierte en estrellas. ¿Por qué dibujantes, y no guionistas? “Los dibujantes no necesitamos guionistas”, sostiene McFarlane.

Las chicas de La Patrulla-X según Art Thibert, uno de los clones de Jim Lee

Cada uno de los dibujantes aprovechables que consigue la Franquicia Mutante le son arrebatados poco después. Harras se ve obligado a rellenar los huecos como buenamente le dejan. No puede promocionar jóvenes promesas porque acaban fichadas por Image, pero tampoco puede utilizar artistas mediocres porque las ventas bajan. Su estrategia se traduce en probar nuevos talentos en números de relleno y annuales al tiempo que en las series regulares emplea autores de perfil corporativo, esa buena gente cuya fidelidad a la empresa está por encima de cualquier oferta tentadora. Eso sí: ahora sabe, gracias a su experiencia con Jim Lee, que la fidelidad merece recompensa. En concreto, los hijos de Joe Kubert firman contrato con Marvel por medio millón de dólares anuales, sin contar los incentivos provenientes de las ventas. Andy Kubert pasa a X-Men (XM 14, XI 92), y Adam Kubert a Wolverine (WOL 75, XI 93). Bob Harras llama también a John Romita Jr. para rellenar el hueco dejado por Brandon Peterson en Uncanny (UXM 300, V 93). En X-Factor sustituye a Jae Lee por Joe Quesada (XF 87, II 93), y en X-Force a Mark Pacella por Greg Capullo (XFO 15, X 92). Cuando Capullo cae en las redes de McFarlane lo cambia por un desconocido y prometedor chaval llamado Tony Daniel (XFO 28, XI 93). El futuro de éste último también pasa por cierta oficina en California.

X-Force, según Tony Daniel

Marvel utiliza como arma incluso los trucos del enemigo. Se sirve de portadas dobles, de portadas con hologramas, de portadas troqueladas, de portadas en relieve, de portadas con tintas metálicas; aumenta las colecciones hasta el infinito y más allá; mejora el papel; sube los precios; multiplica los crossovers y dobla las apariciones en otras series de sus personajes más populares. Lobezno manifiesta un nuevo poder mutante antes desconocido, la ubicuidad. Puede estar al mismo tiempo en su propia colección, en Uncanny y en X-Men, en Marvel Comics Presents, en el especial que toque ese mes (casi siempre explorando situaciones de su pasado que se contradicen las unas con las otras) y como invitado en multitud de títulos. Puede estar allá donde se requiera su presencia. Más que nunca, Lobezno es el mejor en su trabajo. Más que nunca, su trabajo no resulta agradable.

 

Conforme pasan los meses, los autores acaban sometidos a una férrea disciplina cuasi militar. Alguien analiza con lupa las ventas de Excalibur. Son buenas, por encima de la mayoría de títulos Marvel. Pero hay un problema: por debajo del resto de los títulos mutantes. Debe resolverse. ¿Cómo es posible que Excalibur venda doscientos mil ejemplares si X-Men vende seiscientos mil? Sólo hay una respuesta posible. La X de Excalibur no es todo lo grande que debiera; En Excalibur no sale Lobezno. En Excalibur no aparece la Patrulla-X. En Excalibur no hay crossovers. Por otra parte, Harras y sus chicos tienen un pequeño problema con su autor. Alan Davis cuenta historias. Alan Davis explica la cronología completa de Fénix en un único número. Alan Davis tiene ideas, las desarrolla y las concluye. No hay nada malo en eso, pero son argumentos que se podrían aprovechar mucho mejor en las series principales. ¿Cómo es posible que Excalibur salve al universo y la aventura no se desarrolle en un crossover? ¿Quién se cree Alan Davis que es? Las presiones aumentan. Nos gusta mucho Excalibur, pero la Patrulla-X debería aparecer más, dicen. Nos gusta mucho Excalibur, pero nos gustaría todavía más si la colección no estuviera tan aislada de las otras series mutantes, insisten. Nos gusta mucho Excalibur, pero la aparición de Mariposa Mental (EX 55, X 92) no la has coordinado con nosotros, protestan. Finalmente, ante la incapacidad de narrar sus aventuras con un mínimo de libertad, Davis dimite junto con el editor Terry Kavanagh (EX 67, VII 93). La edición de la serie recae entonces en manos de Harras, quien cede los guiones a Scott Lobdell. En el ámbito artístico, Excalibur se convierte en un campo de pruebas para nuevos dibujantes, mientras que en el argumental Lobdell prepara, como no, el siguiente crossover.

Todo vale en la Casa de las Ideas, reconvertida en la Casa de los Líos. Entre los títulos con los que Marvel invade las librerías se sitúan varias miniseries mutantes, en concreto las dedicadas a Masacre (Deadpool 1-4, VIII-XI 93), Dientes de Sable (Sabretooth 1-4, VIII-XI 93) o Gambito (Gambit 1-4, XII 93-III 94), y dos colecciones regulares, X-Men Unlimited (VI 93) y Cable (V 93). La primera, con sesenta y cuatro páginas y periodicidad trimestral, pretende “contar esas historias que no tienen cabida en otro sitio”. En realidad, X-Men Unlimited sirve sobre todo para desfogar a nuevos dibujantes, como Chris Bachalo (XMU 1, VI 93) o Jan Duursema (XMU 2, IX 93). El lanzamiento de Cable supone un problema para su guionista, Fabian Nicieza, obligado a cambiar argumentos ya preparados para X-Force. Nicieza aprovecha la nueva colección para dar a conocer el dramático mundo del que procede el protagonista. Por primera vez, se atisba una cierta evolución hacia una mayor serenidad y trascendencia. Aparecen un hijo y una esposa fallecida mientras se señala a Apocalipsis como principal responsable de que el siglo XXXVIII sea un auténtico infierno. También se aclara que Cable es Nathan Summers, el hijo de Cíclope, mientras que Dyscordia es un clon, y no al revés, como se insinúa en La canción del Verdugo.