EL CASTIGADOR: EL PELOTÓN. REGRESO A VALLEY FORGE

La interpretación para lectores adultos que acometiera Garth Ennis de El Castigador en la línea MAX de Marvel durante la primera década del siglo XXI tiene sus fronteras acotadas en Vietnam. La acción empezó y finalizó en el destacamento fronterizo en el que sirvió Frank Castle, por más que el resto de historias recopiladas en los doce volúmenes de Marvel Saga. El Castigador transcurrieran muy lejos de allí. El primero de esos tomos, “Nacimiento”, nos mostraba los cuatro últimos días del protagonista en la guerra, en que se desató una carnicería de la que sólo él salió por sus propios pies. El último tomo, “El fin”, recuperaba aquel escenario a través de los textos de un libro documental que unía las experiencias vividas por Castle en Valley Forge con su posterior transformación en El Castigador. Ahora, con “El pelotón”, Ennis regresa sobre el lugar que tanto le obsesiona, para hablarnos del primer grupo de hombres asignados al Teniente Castle.

 

 

El Nacimiento de El Castigador tuvo lugar cuando prestaba su último año de servicio en Vietnam. Era la historia que había que contar, aquella que se aproximaba a las circunstancias que habían hecho posible la transformación de Frank Castle en un vigilante callejero, y que al mismo tiempo estaba preñada de toda la imaginería que rodeaba a la visión que desde el cine nos había llegado de aquella guerra, con filmes como Apocalypse Now, El Regreso o La Chaqueta Metálica, la favorita de Ennis. Fascinó de tal manera a su autor que, antes de despedirse del personaje, tuvo que regresar allí una vez más, para tratar de dar con las respuestas que todavía le resultaban esquivas, después de tantos años metido en la cabeza de un hombre muerto por dentro.

 

Pero hay lugares de los que nunca puedes huir y, cuando ya estaba próxima a cumplirse una década de la publicación del último número de MAX Punisher, Ennis seguía reflexionando sobre Valley Forge.

 

¿Qué es lo que todavía no sabíamos sobre el Frank que había prestado allí su servicio militar y había insistido en reengancharse hasta en tres ocasiones? Al comenzar “Nacimiento”, ya nos encontrábamos con un soldado macerado por la guerra, que conocía sus demonios y había conseguido sobrevivir a ellos; que había logrado que, en todo ese tiempo, ninguno de sus hombres cayera víctima del enemigo, y que se aferraba de tal manera a aquel lugar como para eliminar al general que había dado la orden de cerrar Valley Forge, “el único destacamento americano que vigila Camboya”, como lo definía Castle. Había, por lo tanto, un amplio periodo en que ubicar nuevas historias. La trama se aproxima a un momento que puede ser tan llamativo para los lectores como el primer asesinato que cometió el protagonista, pero es algo que pasó inadvertido a Ennis en el momento en que lo escribía. Sin embargo, sí cayó en la cuenta de que nunca antes había mostrado a Frank tan joven, si bien su memoria falla un tanto en este aspecto. Antes ya había escrito Punisher: The Tyger, un especial aparecido en 2006 en el que durante algo más de treinta páginas se aproximaba a la adolescencia del protagonista. Lo puedes encontrar el primer tomo de Marvel Saga. El Castigador.

 

En “El pelotón” vuelve a surgir una figura que ya estaba muy presente en “Nacimiento” y que, en cierta manera, iba a servir como motor argumental para “El fin”, la de Steve Goodwin, el soldado de la compañía de Castle que narraba en primera persona los acontecimientos de la miniserie inicial. Su voz no sólo servía para mostrar a Frank desde un cierto alejamiento, sino también para engañar a los lectores, hacerles pensar que, incluso en el más horrendo de los escenarios, puede caber la esperanza. Steve comenzaba “Nacimiento” con unas convincentes palabras: “No voy a morir en Vietnam”. Porque, si estaba contándonos lo que había sucedido en aquellos días, era que, efectivamente, estaba destinado a sobrevivir a ellos. Pero no fue así. Steve perecía en el bombardeo de Valley Forge, como el resto de sus compañeros, y su voz se acallaba en las últimas páginas, para ser sustituida por otra más siniestra.

 

“El fin” arrancó en la actualidad, pero desde la primera página nos empujaba hacia el pasado, mediante Valley Forge, Valley Forge, el libro que Michael Goodwin, el hermano de Steve, había escrito sobre la muerte de éste y sobre la manera en que Frank se había convertido en El Castigador. De igual manera, “El pelotón” toma como excusa el trabajo de investigación de Michael Goodwin de cara a su siguiente libro. El rostro no llega a rebelársele nunca al lector, tal vez porque Michael no es sino un trasunto de Ennis, o quizás porque Ennis quiere que seamos nosotros los que nos metamos en su pellejo.

 

Semejante técnica permite, una vez más, mantener un cierto distanciamiento con respecto a la figura protagonista. Sabemos de Castle a través de terceros, no sólo de sus hombres, sino de otras figuras que no cabe imaginar al comienzo de la historia, que conectan con las guerras perdidas de Nick Furia y que permiten abarcar diferentes puntos de vista, con una meticulosidad más propia del periodismo que del cómic bélico. Para un estudioso del Vietnam que ha alcanzado la especialización de Ennis, ya no basta con las películas de Coppola, Cimino o Kubrick. Le sucede como a Oliver Stone, que, después de dirigir Platoon o Nacido el 4 de Julio, se lanzó al género documental. Ennis ya está en ese nivel, lo que le ha llevado a sumergirse en libros y más libros escritos por supervivientes de la primera guerra en que Estados Unidos fue derrotado.

 

“El Pelotón” se encuadra, de esa manera, en el terreno de la historia oral ficcionada, para presentarnos a un Frank Castle todavía humano, tan humano que llegamos a tomarlo por real. Sabemos que ese personaje algún día será El Castigador, pero si nos faltara ese dato, llegaríamos a creer que lo que se nos está contando ocurrió. Tal es su meticulosidad en todos los aspectos, no sólo en el narrativo, sino también en el técnico y en el histórico. “El Pelotón”, más allá de ubicarse en la biografía de un icono de Marvel, viene a recordarnos, casi medio siglo después de que terminara la Guerra de Vietnam, que el infierno sobre la tierra existió, y que sus efectos todavía se hacen sentir en el presente.

 

Texto perteneciente a 100 % Marvel HC. El Castigador: El Pelotón

LA HORA DEL CASTIGO: FRANK CASTLE DIBUJA SU CÍRCULO DE SANGRE

Todo empezó en las páginas de The Amazing Spider-Man #129 USA (1974). Desde la portada, un implacable francotirador vestido de negro y con una gran calavera en el pecho cuyos dientes se confundían con la cartuchera apuntaba con un rifle al trepamuros. Aquel personaje era distinto a todo lo que habían visto hasta el momento los inocentes lectores de la época. No era un villano, ya que perseguía la justicia por encima de todo, pero tampoco un héroe, puesto que se distanciaba de los métodos empleados por éstos. Sin máscara, sin poderes y sin nada que le detuviera, El Castigador abría un nuevo tiempo para el cómic.

 

Gerry Conway, escritor por entonces de la serie arácnida, fue el responsable de la llegada de El Castigador. Contó con la ayuda de John Romita, quien diseñó su aspecto final y tuvo la brillante idea de convertir el pequeño cráneo en el pecho que había imaginado el guionista en una gigantesca calavera que ocupaba todo el torso. El nombre inicial que iba a tener el personaje era El Asesino, pero Stan Lee propuso a Conway que lo cambiara por El Castigador: el creador del Universo Marvel ya lo había utilizado antes, para nombrar a un robot que utilizaba Galactus, pero hacía años que no aparecía y nadie se acordaba de él.

 

En aquella época, triunfaban las novelas de El Ejecutor, escritas por Don Pendleton. Su protagonista era Marc Bolan, un ex-combatiente impulsado a luchar contra el crimen tras el asesinato de su familia. En su antihéroe, Pendleton personificada el vacío y la desorientación padecida por Estados Unidos después de Vietnam. Muchos de los veteranos que volvían a casa se encontraban con un país que había cambiado para siempre y que no les recibía como héroes, sino como asesinos. El Castigador compartía muchos rasgos con El Ejecutor, pero Conway negaba una influencia directa. “Creo que era algo más general”, matizaría al respecto. “Había ese zeitgeist en aquel momento, una idea de un vigilante que podía ser héroe o villano, y de ahí también procedía El Ejecutor. Había un sentimiento general, de que aunque la sociedad no quisiera admitirlo necesitábamos a esa clase de ángeles vengadores que se posicionaran al margen de la ley”.

“Mientras estaba escribiendo aquella primera historia”, recordaba el escritor al respecto del debut de su criatura, “me di cuenta de que estaba más y más interesado en el personaje, no necesariamente en la historia. Era un signo de que era un buen personaje o una mala historia. Admiraba su sentido del honor. Incluso al final de la aventura, cuando comprende que ha sido manipulado. Aunque no considere a Spiderman un aliado, no le ve como un enemigo ni trata de matarle. La respuesta dentro de la editorial y entre los lectores fue tan fuerte que decidimos recuperarlo. A veces, te cruzas con personajes que cobran vida por sí mismos más allá de tus intenciones iniciales. Eso fue ciertamente lo que pasó en aquella ocasión”.

Faltaba todavía muchos años para que El Castigador alcanzara la aceptación generalizada. A los guionistas del género les costaba trabajar con un vigilante difícilmente digerible por todos los públicos. En sus comienzos, incluso buscaban rocambolescas explicaciones a su comportamiento, como que las balas que disparaba eran en realidad de plástico y no mataban. La realidad era mucho más cruda, como vino a demostrar el propio Conway, en una historia corta aparecida en Marvel Preview #2 USA (1975), un magazine en blanco y negro orientado a los adultos. Allí se detallaba su origen, el de un excombatiente de una guerra que no se llegaba a mencionar, pero que obviamente era la de Vietnam, que volvía a casa con su familia, sólo para contemplar cómo ésta era asesinada por la mafia después de que accidentalmente fuera testigo de un crimen. Por sorprendente que pueda resultar ahora, Conway no llegaba a aportar el nombre real del personaje. En Marvel todavía no se planteaban que un tipo que ni siquiera tenía superpoderes cargara con una cabecera sobre sus hombros. Un vampiro o un hombre lobo tenían ventaja sobre un asesino. El único intento serio al respecto fue el Marvel Super Action #1 (enero de 1976), un nuevo magazine en blanco y negro que estaba encabezado por El Castigador. Nunca hubo un segundo número.

 

Si la presencia posterior de El Castigador junto a otros héroes edulcoraba su imagen, tal situación habría de cambiar a comienzos de los años ochenta, gracias a Frank Miller. En Daredevil #183 y 184 USA (1982), el genial autor que había insuflado nueva vida al Hombre sin Miedo comparaba los métodos del Hombre sin Miedo con los de El Castigador en un relato sin concesiones en el que ambos justicieros persiguen al responsable de la muerte de unos niños. Mientras que Miller veía en El Castigador a un justiciero enfrentado a crímenes horrendos que comprende el dolor de las víctimas, no ocurría lo mismo con Bill Mantlo, el guionista que escribiría las siguientes aventuras de Frank Castle, de nuevo junto al Hombre Araña, en Peter Parker, The Spectacular Spider-Man #81-83 USA (1983). Con la memoria puesta en la película Taxi Driver (1976), Mantlo identificaba a El Castigador con el personaje encarnado por Robert DeNiro: un psicópata cuyas acciones tienen más que ver con la enfermedad mental que con el propósito de hacer justicia.

 

Entre 1985 y 1986 se publicó al fin la miniserie de cinco números que da título a este libro, y que marcó un antes y un después en la historia de El Castigador. Por primera vez desde su paso por los magazines, el personaje protagonizaba una aventura en solitario. Su función ya no consistía en servir de referencia para que Spiderman, Daredevil o el Capitán América quedaran moralmente por encima de él. El guionista, Steven Grant, fue quien por fin dio un nombre real, el de Frank Castle, y completó la caracterización. Grant llevaba diez años dándole vueltas al personaje y al cómic que quería escribir con él. “No es un superhéroe”, pensaba al respecto. “Es alguien que está emocionalmente muerto. Ése es el problema que tenían la mayoría de guionistas con él. Cuando escribes sobre un personaje, se supone que tienes que examinar su vida interior. Bueno, pues El Castigador no tiene vida interior. No tiene profundidad emocional, porque no tiene emociones. Eso fue lo que me atrajo de él. Estaba más interesado en la novela negra y él era un personaje del género: un buen vehículo para decir cosas que yo quería decir y no era capaz de hacerlo en ningún cómic de superhéroes”.

Las propuestas de Grant habían sido rechazadas una y otra vez, pero todo cambió cuando entró en juego Mike Zeck, dibujante del mayor éxito de la historia de la compañía, la maxiserie Secret Wars. Así lo recordaba luego el artista: “Cuando Grant se acercó a mí para compartir su percepción de quién era El Castigador y la idea que tenía para una serie limitada, supe que el personaje por fin había sido definido, al menos en lo que concierne a mis gustos. Me subí a bordo al instante. El sentimiento de conocer al personaje hace que dibujarlo sea más disfrutable. Menudo regalo me hizo Grant con El Castigador”.

 

Zeck, que había vivido una pesadilla con las fechas de entrega de Secret Wars, pudo relajarse y disfrutar de nuevo con su trabajo, hasta el punto de que el primer número de la miniserie alcanzó las mayores cotas de calidad de su carrera. Se trataba además de un episodio doble, lo que obligaba a una mayor dedicación. El calendario, pese a todo, volvió a caer sobre el artista, de manera que el último número, que también iba a ser doble, tuvo que dividirse en dos. No pudo terminarlo, y el final de la miniserie recayó en manos de Mike Vosburg, un dibujante que trató de mimetizar a su antecesor, sin llegar a conseguir los grados de excelencia de éste. Pese a todo, “Círculo de sangre” conquistó a un público al que había cogido con la guardia baja. Frank Castle se enfrentaba con el infierno de las cárceles, con una auténtica guerra de bandas o con la corrupción institucionalizada. Nada de disfraces, ni de máscaras, ni de superpoderes. De paso, quedaba aclarado que su anterior comportamiento paranoico se debía a la toma involuntaria de drogas, lo que además servía de arranque argumental. Ante las impresionantes ventas y excelentes críticas cosechadas por la miniserie, El Castigador consiguió poco después su propia colección, en la que no se implicaron ninguno de los dos autores, si bien contaba con el mismo editor, Carl Potts, otra figura que sería capital en la historia del personaje.

Cuatro años después, Grant y Zeck regresaron a casa, unidos por su amistad y por el amor hacia Frank Castle, para realizar una secuela, esta vez en formato álbum, con papel de calidad y un color directo para el que Potts contó con Phil Zimerman, el que había sido responsable de que los lápices para las cubiertas que hizo Zeck en “Círculo de sangre” tuvieran un aspecto todavía más impresionante si cabe. Dicen que no hay dos sin tres, pero en este caso nunca se cumplió tal axioma. Zeck fue requerido para dibujar a Frank Castle en un buen número de portadas, que también se incluyen en este volumen, a modo de extra, y ambos volvieron a reunirse en los cuatro números de Damned, para Image, pero la segunda historia de El Castigador que idearon fue también la última, dejando a los fans con el mejor recuerdo imaginable, y al personaje con una herencia sobre la que edificar su leyenda posterior.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel HC. El Castigador: Círculo de sangre

CLÁSICOS MARVEL GUÍA DE LECTURA 2018

Este es el orden recomendado de lectura para la línea de clásicos Marvel de Panini Comics, actualizado a enero de 2018.

 

Spider-Man: Bajo la Máscara 84. THE PUNISHER (2004) Y CHECKLIST DE SEPTIEMBRE.

podcast84

Nuevamente volvemos con una película Marvel, ahora retrocediendo en el tiempo y hablando sobre la segunda película que adaptaba las andanzas de The Punisher (¿O era El Castigador aquí en España?). Decepción para unos, otros salvan algunas escenas concretas y otros piensan que fue una oportunidad perdida debido al tratamiento general que se le dio.

Para acabar, el Podcast “cortito”, tenemos a Leo que nos trae el Checklist de Spider-Man del mes de Septiembre. ¿Tendremos suficiente dinero para ello?. Ya veremos.

Casting del Podcast: Leonardo Mirete Areu​, Iñigo de Prada​, Xavi Sanz Serrano​ y Fran Gómez Santos​.

*Para escuchar/ descargar este Podcast basta con pinchar en la imagen que abre este artículo.

**También disponible en ITUNES.