MARVEL EN OCTUBRE DE 2018: TODOS LOS ACONTECIMIENTOS DESTACADOS

24 de octubre

Jimmy Kimmel en West Coast Avengers #4

 

16 de octubre

Novedades Marvel de enero de 2019

Los diseños de Dylan Burnett para X-Force

 

12 de octubre

La alineación de los nuevos Guardianes de la Galaxia

Netflix cancela Puño de Hierro

 

7 de octubre

Black Widow #1, por Jen y Sylvia Soska

NYCC: Cíclope podría volver en The Uncanny X-Men Annual 1

Récord de taquilla de la película de Veneno

 

6 de octubre

NYCC: Avengers: No Road Home, por Mark Waid, Jim Zub, Al Ewing, Paco Medina y Sean Izaakse

NYCC: The War Of The Realms #1, por Jason Aaron y Russell Dauterman

NYCC 25 Aniversario de Marvels con proyectos especiales alrededor

NYCC Relanzamiento de Champions en 2019

NYCC Vuelve Marvel Comics Presents

NYCC Savage Sword of Conan, por Duggan y Garney

NYCC Carmen Carnero en exclusiva en Marvel

NYCC Man Without Fear 1, por Jed MacKay y Danilo Beyruth

NYCC Hulk va al infierno en 2019

NYCC Cloak And Dagger: Negative Exposure, por Dennis Hopeless y Francesco Mann

Daredevil temporada 3 presenta a Bullseye

 

5 de octubre

Guardians Teasers: Cosmic Ghost Rider

NYCC: Invaders #1, por Chip Zdarsky y Carlos Magno

 

4 de octubre

Trailer de Daredevil Season 3

NYCC: Vuelve Marvel Comics Presents, sin detalles

 

2 de octubre

Captain Marvel #1, por Kelly Thompson y Carmen Carnero

Segundo trailer de Spider-Man: Into The Spider-Verse

 

CUENTA ATRÁS A INFINITO: HÉROES 2: JUNTOS DE NUEVO SIN LLEGAR A ENCONTRARSE

 

Segundo especial de Cuenta atrás a Infinito, con protagonismo repartido entre Daredevil y La Viuda Negra, antiguos amantes cuyos caminos se han cruzado en unas cuantas ocasiones, pero no en estás páginas, dado que cada historia va por separado, si bien guardan un nexo más en común: el del guionista principal de la saga, Gerry Duggan, que se acerca de esta manera a ambos personajes. En el apartado gráfico, nos acompañan, respectivamente, Chris Sprouse, recién llegado de Pantera Negra, y Nik Virella, que entre otras cosas ha dibujado Lobezna, alguna miniserie de Masacre o Secret Wars: 1872, también escrita por Duggan. Entremos en detalles acerca de qué nos ofrecen estos dos especiales.

 

DAREDEVIL Tras el pertinente homenaje a la relectura que Frank Miller y John Romita Jr. hicieron del origen del personaje en Daredevil: El Hombre sin Miedo, pasamos a la actualidad, con alguna alusión al statu quo de Matt Murdock en estos momentos, y a esa sorprendente nueva situación de Turk, de la que ya hablamos en su momento en la serie principal. Aquí tenemos otro guiño a una obra fundamental de Miller, en este caso a “Born Again”, durante la que tenía lugar la referida batalla en la que Turk vestía de Papá Noel y de la que nace buena parte del argumento de esta historia, ya que ahí también estaba Grotto. Ojo, que Grotto tampoco es que fuera la estrella más brillante del firmamento, pero no puede decirse que se tratara de un mero One-Hit-Wonder: le encontramos varias veces a lo largo de la etapa de Miller, también en la posterior de Denny O’Neil, e incluso le habíamos visto relativamente hace poco, en la mini de Kingpin ligada a “Civil War II”. Si a todo lo dicho añadimos la visita al Bar de Josie, se nota, y mucho, que a Duggan le gusta el Diablo Guardián y que se conoce muy bien su trayectoria. ¿Quizás esté llamado a sustituir a Charles Soule una vez tenga lugar el cambio de temporada? Duda para dejar apuntada bien visible. De momento, y en contra de lo que cabía prever, el ciclo de Turk con la Gema de la Mente continúa adelante, se está complicando más de lo previsto y Duggan lanza una advertencia: si logra mantenerse, nos podemos olvidar de eso de que se trata de un tipo ridículo.

 

LA VIUDA NEGRA Aquí retomamos a Natasha después de los sucesos de “Imperio Secreto”, donde pareció morir a manos del Capi Hydra, del 100 % Marvel. Tales Of Suspense: Ojo de Halcón y La Viuda Negra, donde despejamos, de manera bastante escalofriante, el misterio de lo que había realmente ocurrido, y de Cuenta Atrás a Infinito nº 1, en cuyas últimas páginas la espía recibía un paquete con la Gema del Espacio, que hasta ese momento había utilizado el a su vez resucitado Lobezno. ¡Casi hace falta dibujar un esquema para entender todo esto! La gran sorpresa que nos depara el especial es la utilización de Jamie Braddock, hermano y viejo rival del Capitán Britania. Era el personaje que menos esperábamos ver por aquí, sobre todo por lo complejo que resulta de utilizar. Si añadimos la intervención de Merlín, destinado a volver a verse a lo largo del evento, tenemos todo un homenaje a aquellas viejas historias que dibujara Alan Davis. Duggan reconoce que la trama sitúa a La Viuda Negra fuera de su zona de confort, y lo cierto es que no es nada usual que se desenvuelva en un entorno mágico.

 

Spot On aparecido en Cuenta atrás a Infinito: Héroes nº 2

MARVEL EN SEPTIEMBRE DE 2018: TODOS LOS ACONTECIMIENTOS DESTACADOS

28 de septiembre

La Patrulla-X: Fénix Oscura retrasada a junio; Gambito a marzo de 2020 y una peli de Masacre el 21 de diciembre, que podría ser un reestreno

 

27 de septiembre

Secrets of Uncanny X-Men acompañará al relanzamiento de Uncanny X-Men

eXtermination #5 retrasado tres semanas

 

26 de septiembre

La Patrulla-X: Fénix Oscura trailer

 

24 de septiembre

Las circunstancias de la cancelación de The Visión de Chelsea Cain

 

23 de septiembre

Liefeld afirma estar preparando algo gordo con La Patrulla-X

 

21 de septiembre

Detalles de “Death Of Daredevil”

 

19 de septiembre

Los autores de Marvel Action: Avengers de IDW

 

18 de septiembre

Pedidos de Marvel para diciembre

La plataforma de streaming de Disney producirá series de Loki y La Bruja Escarlata

 

15 de septiembre

Fantastic Four #650 USA, La boda de Ben Grimm y Alicia Masters

Daredevil The End? Teaser

 

14 de septiembre

Miles Morales: Spider-Man #1, por Saladin Ahmed y Javier Garrón

X-Force #1, por Ed Brisson y Dylan Burnett

Danny Khazem, de Valiant, ficha como editor para X-Men y Cosmic bajo el mando de Jordan D. White

 

13 de septiembre

Winter Soldier #1, por Kyle Higgins y Rod Reis

Los cómics que inspiraron Marvel’s Spider-Man

The Vision de Chelsea Cain, cancelada

 

12 de septiembre

X-Men: The Exterminated, el epílogo de eXtermination, por Zac Thompson y Lonnie Nadler

 

7 de septiembre

Lanzamiento de Marvel’s Spider-Man

Infinity Wars: Fallen Guardian One-shot, por Gerry Duggan y Andy McDonald

 

6 de septiembre

Superior Spider-Man #1, por Chris Gage y Mike Hawthorne

 

3 de septiembre

Guardians of the Galaxy #1, por Donny Cates y Geoff Shaw

BÚSQUEDA DE LOBEZNO: ARMA PERDIDA 1 DE 2: EL LADO NOIR

Arranca la miniserie integrada dentro de “La búsqueda de Lobezno” en que los investigadores del Universo Marvel llevan la voz cantante. De las cuatro que conforman este proyecto, sólo ésta cuenta con guión de Charles Soule, el artífice principal de la saga, por lo que conviene prestar especial atención al cómic, cuyo autor define como una historia de detectives, en el estilo más clásico posible, lo que obliga a incorporar muchos lugares comunes de esta clase de relatos, con la intención de que pueda disfrutarse como si se tratara de una vieja novela pulp. “No quiero adelantar demasiado sobre quiénes son los villanos detrás de todo, pero ese aspecto supone un giro importante, que llevará a nuestros héroes hasta una gran revelación. Van a conseguir una gran pieza del puzle y tener una idea bastante clara de lo que pasó realmente con Lobezno”. comentaba el guionista con Jamie Lovett, de comicbook.com.

 

 

EQUIPO DE INVESTIGACIÓN
Soule ha colocado en primera línea de batalla a Daredevil, cuya colección en solitario se encarga también de escribir, pero con él no era suficiente, y de ahí el equipo que le acompaña, que no podía ser más variopinto: Misty Knight, una de las investigadoras más populares de La Casa de las Ideas, en alza desde que ingresara en el Universo Cinemático Marvel a través de la teleserie de Luke Cage; el oficial de policía Frank McGee, que fuera creado también por Soule para la colección de Los Inhumanos y, por último, la incorporación sorpresa: el mutante Cifra, que ha pasado los últimos tiempos un tanto alejado de los focos. “La idea de haber hecho suficiente trabajo en Marvel como para tener grandes tramas, etapas y personajes propios y que puedo usar cuando esté creando algo nuevo no puede ser más chula”, continuaba Soule. “Ya he comentado muchas veces cuánto me gusta escribir a Frank McGee, el canoso exdetective que abandonó su antigua vida cuando fue golpeado por las Nieblas Terrígenas y descubrió su ascendencia inhumana. Es divertido dejarlo caer dentro de las historias, y encaja con Daredevil verdaderamente bien. Añadir a esos tipos, y a Misty y Cifra, al misterio más grande del Universo Marvel, lo que está sucediendo con Lobezno, parecía un ajuste natural”.

DE ENTRE LAS SOMBRAS
El veterano artista italiano Matteo Buffagni se encarga del dibujo de Búsqueda de Lobezno: Arma perdida. Nacido el 18 de febrero de 1984 en Parma, Buffagni desarrolló una sólida carrera en la industria de su país antes de saltar a Estados Unidos, siendo responsable de la modernización de Diabolik, uno de los más icónicos personajes italianos. Su destino cambió en 2010, después de que mostrara su portafolio al entonces cazatalentos de Marvel y hoy Director Editorial C. B. Cebulski. La Casa de las Ideas lo fichó de inmediato, y desde entonces ha acometido arcos argumentales de Lobezno Oscuro, Vengadores, reuníos, Daredevil, El Asombroso Spiderman o una miniserie de la versión Ultimate de Iron Man. Recientemente, se encargó del relato incluido en el volumen Generaciones que protagonizaban El Increíble y El Alucinante Hulk. A lo largo de los dos últimos años, Buffagni ha desarrollado un nuevo estilo, en el que las masas de negro se han vuelto fundamentales, de cara a ocultar o mostrar a los personajes y los fondos, de manera que esta miniserie la considera una importante prueba para él. “En pocas palabras, estoy tratando de tener cosas que emergen de las sombras, con fuertes contrastes y algunos trucos de luz”, decía también en comicbook.com. “La parte difícil de juntar tantas zonas negras es mantener una narrativa clara. Es todo un reto mantener a raya tu ego y que no domine la página”. De cara a potenciar las habilidades de su compañero, Soule confiesa que ha intentado situar en su guión el mayor número posible de pistas falsas, barras de bar en penumbra y noches neblinosas.

 

Spot On aparecido en Búsqueda de Lobezno: Arma perdida nº 1

DAREDEVIL: ALCALDE FISK. CUANDO EL PUEBLO ELIGE AL VILLANO

Desde que Frank Miller lo extrajera de alineación clásica de villanos de Spiderman para traérselo al mundo de Daredevil, Kingpin se ha alzado como el antagonista por antonomasia del Diablo Guardián. Han sido tantas las veces que se han peleado, tantas las ocasiones en que se han destruido las vidas mutuamente, tantas las situaciones en que ambos se han alzado a continuación para buscar la revancha, que hace bastante tiempo que el recurso se volvió repetitivo. Dado que no hay nada peor para el cómic de superhéroes que el aburrimiento que trae la previsibilidad, cada nuevo guionista que aborda la figura de Wilson Fisk debe hacerlo de manera novedosa y original, al menos con respecto a lo que se haya visto en los tiempos inmediatamente anteriores a su mandato. Y eso es lo que se ha propuesto Charles Soule en el siguiente capítulo de las aventuras de Daredevil, donde Kingpin pasa a convertirse en el alcalde de Nueva York.

Sabemos que hay políticos corruptos porque también hay personas que los corrompen. Las partitocracias, allá donde la falta de democracia interna campa a sus anchas, elijen a los más mediocres, aquellos cuyas voluntades son más fáciles de torcer, y que por lo tanto son susceptibles de dejarse arrastrar por el egoísmo y los bajos instintos. Ante esas figuras, no hay recalificación de terrenos o concesión de servicios que no pueda conseguirse mediante unos cuantos maletines colmados de billetes. Tenemos, por lo tanto, dos lados en la cuerda de la podredumbre, y el uno necesita al otro para que la cuerda se mantenga tensa alrededor del cuello del ciudadano. Pero, a veces, ocurre que alguno de los extremos decide asumir también el papel del otro. A veces, es todo ese partido del que usted me está hablando el que se convierte en organización criminal. A veces, es una persona en concreto la que se queda con el dinero y con los beneficios que trae el dinero. Y así es como nos encontramos con figuras del empresariado que deciden saltar a la política, como atajo para lograr su fin último. Desde nuestra realidad, podemos poner unos cuantos nombres a estas prácticas, que están en la boca de todos. Desde la realidad del Universo Marvel, el nombre que hay que mentar es el de Kingpin.

 

La cercanía de Kingpin con la política es un hecho que forma parte de la esencia del personaje. Su poder se basa en la capacidad de influencia sobre gente que debería ser honrada y que encarna importantes instituciones: policías, senadores, congresistas, concejales… Pero, hace algún tiempo, el Rey del Crimen decidió cambiar de táctica y pasar a primer plano. Todo empezó con motivo de “Imperio Secreto”, cuando Manhattan quedó cubierta por una cúpula impenetrable de oscuridad que vio abocada la ciudad al caos. En esas circunstancias, Wilson Fisk se erigió como protector de los más débiles frente a quiénes trataban de sacar tajada de la situación. Y todo lo que pidió entonces a cambio a los ciudadanos a los que había salvado fue… que lo recordasen. Había empezado el viaje a la legitimidad, que continuaría en la excelente saga que puedes leer en 100 % Marvel. Kingpin: Corriendo con el diablo. Se trataba de un proyecto, a cargo del pujante Matthew Rosenberg, que probablemente hubiera terminado en este mismo punto, de no ser porque tuvo que ser cancelado prematuramente, quedándose en mera miniserie.

 

Charles Soule retomó al personaje y la nueva orientación que le había dado Rosenberg, hasta llevarlo a las últimas consecuencias. En las últimas páginas del tomo anterior, Matt Murdock regresaba a casa después de una breve ausencia para encontrarse con la sorpresa: Kingpin era el nuevo alcalde de Nueva York. El pueblo había elegido a aquel que mejor había sabido salvaguardar sus intereses, sin que importara su turbio pasado. Si no fuera porque estábamos leyendo un cómic, lo hubiéramos confundido con el aquí y el ahora. ¿En qué se traduce eso para Daredevil? Para empezar, el escenario crece hasta abarcar toda la ciudad. Aunque el nuevo primer edil de Nueva York se deje caer por otros títulos, como es el caso de El Viejo Logan, Marvel ha renunciado esta vez a crear cualquier clase de evento alrededor de lo ocurrido, de tal forma que toda la acción se circunscribe a la serie que nos ocupa. Aquí tendremos, por lo tanto, las reacciones de otros héroes, pero también del mundo que rodea a Daredevil, desde amigos a villanos, en especial aquellos introducidos en la era de Charles Soule, pero no sólo ellos.

 

El momento coincide con la llegada de Marvel Legacy, el landscape de La Casa de las Ideas que busca recuperar la esencia de sus iconos, y con la vuelta a la numeración clásica de la serie, de tal manera que, en el curso de este volumen, alcanzamos el Daredevil #600 USA. El guionista ha trabajado muy duro, a lo largo de su ya larga etapa, para que la identidad del Hombre sin Miedo vuelva a ser secreta y continúe siéndolo. Conseguido ese propósito, y explicado el método para hacerlo en el volumen anterior, toca sacarle partido. De “Born Again” a esta parte, la relación entre Daredevil y Kingpin ha estado condicionada por el hecho de que éste último supiera quién se encontraba tras la máscara. Ahora, nos hemos retrotraído a la situación anterior a que eso ocurriera, lo que ofrece una mayor libertad a la hora de construir las historias, pero también obliga a buscar la manera de que ambos enemigos se sitúen cerca el uno del otro, pero mejor que averigües por ti mismo en qué se concreta tal cosa. “Es una apuesta muy arriesgada”, indicaba Soule en declaraciones a Dave Richards, de CBR.com. “La ciudad entera está en juego, de muchas maneras y por múltiples razones. Kingpin y Daredevil están jugando su habitual partida de ajedrez, pero no se trata sólo de ellos dos: hay, literalmente, millones de personas que se verán afectadas por el resultado de lo que vaya a ocurrir. Estoy muy contento por la manera en que todos los hilos argumentales han llevado a esto. ¡Y sólo estamos empezando!”.

 

Artículo aparecido en 100 % Marvel. Daredevil. El hombre sin miedo nº 14

DAREDEVIL Y LA CREACIÓN DE MARÍA TIFOIDEA: CAYENDO EN LA TENTACIÓN

Si en la actualidad el nombre de Daredevil sigue asociado al de Frank Miller, cabe imaginar que nunca existió un abismo mayor ante los editores de Marvel que en el preciso momento de la marcha de éste. El héroe tardaría cierto tiempo en encontrar un camino tan sólido como el que había transitado hasta entonces.

Como prueba de esa desorientación inicial, en un primer vistazo se barajó la opción de que fuera Steve Englehart, un mítico guionista que sin embargo ya había dejado muy atrás sus días de gloria, quien se hiciera cargo del personaje. Englehart, quien llegó a firmar algún episodio de Daredevil con el seudónimo de John Harkness, tenía pensado cambiar el habitual escenario de La Cocina del Infierno por el de la soleada California. Por suerte, aquella idea fue pronto desechada, de manera que Marvel optó por quedarse con Ann Nocenti, una guionista que hasta entonces había tenido un corto recorrido, pero que llevaba largo tiempo en Marvel, como excelente editora de las colecciones de mutantes.

 

Nocenti había escrito un fabuloso número de relleno, el primero que se había publicado tras la marcha de Miller, en el que contó con nada menos que el legendario Barry Smith como dibujante y en el que ya se ponía de manifiesto que su ideología, claramente progresista y con una sensibilidad especial hacia los marginados, empapaba cada página que escribía. Enseguida se adaptó al héroe, sin necesidad de romper con el pasado y partiendo de donde se había quedado Miller. Hay que recordar que, al final de “Born Again”, Daredevil salvó a La Cocina del Infierno de un ataque paramilitar, a la par que él mismo encontraba la redención a través de Karen Page. La conclusión de la guionista consistía en que Daredevil jamás tiraría la toalla. Había superado la crisis de fe a la que le sometió Kingpin durante “Born Again”, tenía un amor al que venerar y un barrio al que proteger. La vida se presentaba ante él más plena que nunca. Bajo esos parámetros, Nocenti escribió todas sus historias, que navegaban entre la denuncia y la búsqueda de la justicia.

 

La etapa se hubiera alzado por méritos propios con una legión de seguidores, pero no lo hizo hasta pasado el primer año desde la llegada de la escritora, puesto que, en todo ese tiempo, nunca contó con un dibujante estable, y los que la acompañaron en pocas ocasiones estuvieron a la altura de las circunstancias. Sería con la llegada de John Romita Jr. cuando todo cambió. Romita Jr. conocía a Nocenti de su época en La Patrulla-X y enseguida se estableció entre ellos una complicidad absoluta, de tal forma que, por primera vez en su carrera, el dibujante pudo aportar ideas a la historia, lo que aumentó su implicación personal en el proyecto y permitió llevar a la serie un escalón más allá en cuanto a relevancia y grandilocuencia. Enseguida se hace patente la seguridad que adquiere la escritora gracias al respaldo que supone la presencia de un compañero de viaje tan sólido. Si hasta ese momento sus relatos solían abarcar apenas uno o dos episodios, con algunas pequeñas tramas transversales entre ellos, desde la llegada del nuevo ilustrador Nocenti se lanzó a hacer grandes ciclos argumentales.

 

El primero de los que planificó, incluido en este volumen, es en el que se presentaba a una nueva rival para Daredevil que brillaría por su originalidad y carisma. Si nos atenemos sólo a las grandes pinceladas, podría decirse que María Tifoidea sigue las líneas maestras establecidas por Frank Miller para Elektra, que no nos encontramos sino a un repuesto para ésta: una asesina a sueldo que responde a las órdenes de Kingpin, el archienemigo de Daredevil, y que a la vez es la amante de Matt Murdock. Sin embargo, afirmar tal cosa sería quedarse en el barniz exterior del personaje, ignorando el verdadero significado que María Tifoidea guarda en la leyenda del Hombre Sin Miedo.

 

Porque ella es mucho más que de lo que cabe imaginar en ese primer vistazo. De hecho, el objetivo perseguido por Nocenti a la hora de introducir al personaje consistía en romper con todos los tópicos del cómic alrededor de las mujeres. La guionista estimaba que la mayoría de sus colegas barones construían a los personajes femeninos a través de imagen simplistas y categóricas: la mujer ardiente, la virginal, la buena madre… ¿Qué pasaría si una única mujer reuniera todas esas características, antitéticas entre ellas en algunos casos? El resultado fue el nacimiento de María Tifoidea, que se convertía en el obstáculo en el camino, es la pieza disonante, la pequeña bomba de relojería que Kingpin introducía en la vida perfecta de su peor enemigo y con la que esperaba cobrarse su revancha. Matt Murdock superó su peor golpe, renació de las cenizas y se reinventó a sí mismo como defensor de La Cocina del Infierno. Pero, ¿Cuán duraderos son los muros con los que Daredevil ha construido su nuevo mundo? Como devoto cristiano que es, Matt asienta su fe sobre la superación de las tentaciones… y María es la mayor de las tentaciones con las que se haya cruzado nunca.

 

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Héroes. Daredevil: María Tifoidea

DAREDEVIL ANTE LA RENOVACIÓN: LA LLEGADA DE MARK WAID

Dicen que el Hombre Sin Miedo es un personaje fundamentalmente oscuro, de género negro, con un historial cargado de tragedias, con innumerables episodios de inestabilidad mental a sus espaldas, con pérdidas más grandes que la vida, que romperían a cualquier hombre, incluido alguien que abraza la redención con el fervor que lo hace Matt Murdock.

 

Pero no siempre fue así. Hubo una época en que los claros mantenían un equilibrio con las tinieblas en que habita el Hombre Sin Miedo. De hecho, cuando Stan Lee y Bill Everett concibieron al personaje, allá por 1964, no estaba en su mente la de crear a un vigilante atormentado, sino, como bien expresa su nombre, un diablo burlón, capaz de desafiar cada día a la muerte con una sonrisa en los labios. Sus aventuras iniciales puede definirse abiertamente de optimistas, más incluso que las de Spiderman, el héroe con quien más semejanzas guardaba en aquellos años fundacionales. Sí, es cierto que había un entorno eminentemente urbano, de manera que Daredevil luchaba contra amenazas callejeras, todo un plantel de enemigos entre lo absurdo y lo pintoresco, y que su origen estaba enclavado en la muerte de un ser querido. En estos rasgos coincidía con el trepamuros, pero también en la continua utilización de la mordacidad como desahogo, así como en la existencia de un reparto de secundarios que convertía sus aventuras en un gigantesco enredo, con situaciones tan rocambolescas, o incluso más, que las vividas por Peter Parker. La gran diferencia con Spidey estribaba (más allá de que el trepamuros fue quien se quedó con John Romita) en que Daredevil es un adulto de pies a cabeza, no un adolescente a la búsqueda de un lugar en el mundo, con todo lo que eso implica en la manera en la que se relaciona con su entorno. Las relaciones laborales y sentimentales son las que tiene un hombre adulto. Salpicadas con equívocos y embrollos propios de cualquier culebrón, pero adultas al fin y al cabo. No existía una identificación tan intensa entre los lectores y el personaje, razón por la que tal vez Daredevil nunca alcanzó la popularidad de su primo hermano espiritual. En consecuencia, a finales de los años setenta su revista estaba al borde de la cancelación, y de ahí que la editorial permitiera a un joven autor llamado Frank Miller hacer y deshacer a su antojo.

 

Se ha escrito más del Daredevil de Miller que de Daredevil en sí mismo, por lo que no vale la pena ahondar demasiado en el tema, más allá de recordar que el de Maryland reinventó al personaje por completo. Fue él quien lo hizo verdaderamente oscuro y relevante, quien se olvidó, salvo ocasiones puntuales, de su carga humorística y lo sumergió en la tragedia y la desesperación. La importancia de su etapa es tal, la huella que dejó sobre el Hombre Sin Miedo tiene un significado tan enorme, que la mayoría de los autores que vendrían detrás de él no harían sino repetir los esquemas de Miller, con mejor o mayor fortuna, arrastrándolo a una espiral que no parecía tener fin: muertes de una novia detrás de otra, demolición incontrolada de todo lo que le importa, una caída detrás de otra… Cava, Matt, cava, porque cuando creas que has tocado fondo, tendrás que seguir cavando.

 

Todo tiene un límite, han comprendido por fin en Marvel. “El desafío del diablo”, consistente en que cada nuevo guionista de Daredevil tenía poco menos que el deber de hacerle todavía más desgraciado, hasta llegar al punto de convertirle en un villano, hasta llegar a ser dominado por un auténtico demonio, ha perdido su valor inicial. Después de “Tierra de Sombras”, se hizo evidente que Matt Murdock no podía seguir acumulando pesadumbre. Necesitaba un giro radical. Andy Diggle, el último de los escritores que se hizo cargo de él antes de este relanzamiento, limpió el escenario para que no hubiera un “más difícil todavía”. Daredevil ha de empezar ahora desde cero y con un planteamiento revolucionariamente distinto al que se ha seguido al menos durante toda la primera década del siglo XXI. Y es ahí donde entra en juego Mark Waid.

 

Mark Waid, que fue quien reivindicó, a mediados de los noventa, el prototipo del superhéroe clásico. Mark Waid, quien devolvió a sus esencias al Capitán América y Los 4 Fantásticos. Mark Waid, el que sabe que el peso de décadas de continuidad no debe acogotar la inventiva, sino servir como recurso al que acudir cuando sea preciso. Su carrera está ligada a personajes luminosos, por lo que nadie le imaginaba escribiendo Daredevil. Y quizás por eso es el más apropiado para hacerlo. Mark Waid tiene por misión encarrilar de nuevo al Diablo Guardián, sacarlo del pesimismo endémico, enseñar a los lectores la vertiente original del personaje, esa que se perdió hace tiempo pero que sigue estando ahí. Para hacerlo, le devuelve a Nueva York pero le saca de la Cocina del Infierno; asume toda la locura que ha sido su existencia en estos años (con mucha sencillez y mucha lógica, en apenas un par de viñetas), pero hace que pase página, que deje de revolcarse en su desesperación; se olvida de los ninjas y los mafiosos, porque a cambio le busca villanos que supongan un verdadero reto a sus poderes y habilidades. Y lo más importante de todo, le hace sonreír, para que nosotros sonriamos con él.

 

Waid se lleva todos los elogios de una etapa que está fascinando a quien la lee, fuera fan del Daredevil más oscuro o desconociera por completo al personaje, pero las alabanzas deben hacerse extensivas al inteligentísimo editor Stephen Wacker. Su colaboración con Waid viene de los tiempos de 52, proyecto-mecanismo de relojería de DC, que sirvió para que Marvel se decidiera a fichar a este especialista en coordinar múltiples equipos en un proyecto común. De sus manos surgió “Un nuevo día”, la elefantiásica etapa de Spiderman que devolvió las esencias de éste. En ella participó Waid y también estuvieron Paolo Rivera y Marcos Martín, los elegidos para alternarse en los lápices de este “nuevo día” de Daredevil. Europeos ambos y cada uno con su propio estilo, comparten una exquisitez en el diseño, una limpieza en la línea y una elegancia en la narración que les hermana y les marca como la elección perfecta para completar el equipo de la serie.

 

Dicen que Matt Murdock es un hombre que ha conocido los más oscuros lugares. Pero ahora ha decidido salir de ahí, desviarse de la ruta hacia la perdición y buscar un nuevo camino. Te aseguro que vas a querer acompañarle en la más atrevida aventura de su vida.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Daredevil nº 1

EL DAREDEVIL DE KEVIN SMITH Y JOE QUESADA: ACTO DE FE

Es extraño lo que sucede con Daredevil. No puede decirse que sea uno de los personajes principales del Universo Marvel, como Spiderman, Lobezno o Iron Man, pero sí es uno de los más queridos por los lectores. Nacido en 1964 de la mano de Stan Lee y Bill Everett como una especie de remedo del trepamuros con algunas características diferenciadoras, como pudieran ser su edad adulta o su ceguera, Daredevil no alcanzó pleno potencial hasta que en los ochenta se cruzó en el camino de un joven artista llamado Frank Miller. Éste realizó una larga etapa definitoria a comienzos de los ochenta, así como la que se podría considerar su mejor aventura, “Born Again”. Después de Miller, el Hombre Sin Miedo volvió a gozar de interesantes momentos, pero ninguno del impacto conseguido por éste. Y entonces llegaron los caballeros del ático.

 

Joe Quesada y Jimmy Palmiotti eran dos de los tipos más interesantes de la Nueva York comiquera. El primero de ellos había gozado del favor de los lectores a comienzos de la década, cuando le señalaron como uno de los hot artist del momento. Pero, en lugar de hacer lo que todos sus compañeros estaban haciendo, marcharse a la independiente Image y crear una serie de éxito que le reportara inmensas cantidades de dinero, optó por una vía alternativa: fundar estudio propio, al lado de su amigo Palmiotti, que le entintaría habitualmente los lápices. Event Comics estaba poniendo en las librerías títulos atractivos, como Ash, Painkiller Jane o 22 Brides, mientras que sus mayores artífices se posicionaban al margen de las guerras editoriales que libraban Marvel, DC e Image. Preferían dedicar su tiempo libre a trazar amistades y contacto con cineastas, actores y los más interesantes miembros del comic indie.

 

En Marvel las cosas no iban demasiado bien. La burbuja especulativa de los noventa, fruto de la guerra con Image, les había explotado en la cara y necesitaban soluciones de urgencia, que se empezaron a buscar fuera del entorno de La Casa de las ideas. El presidente de la compañía, Joe Calamari, fichó a los chicos de Event, con el objetivo de que relanzaran algunos de sus personajes. Anteriormente, un proyecto similar, acometido por estrellas de Image y llamado “Heroes Reborn”, había supuesto un pequeño fiasco, pero el planteamiento de Quesada y Palmiotti era distinto: prometieron hacer buenos cómics, no enfadar a los lectores veteranos y recrear el espíritu de cuando Marvel era atractiva, nueva y distinta. Calamari liberó para ellos el ático del edificio de oficinas en que se encontraba la editorial, el único piso que estaba por encima de su despacho. Marvel Knights, se llamaría la nueva línea, y en ella tendrían nueva vida Los Inhumanos, Pantera Negra, El Castigador, El Doctor Extraño… o Daredevil. De todos ellos, era el más destacado personaje, y por lo tanto también se alzó como el buque insignia del proyecto. Quesada y Palmiotti se implicaron al máximo en conseguir que fuera un auténtico éxito, no sólo de ventas, sino también de ilusión. Ellos se encargarían de dibujar y entintar, respectivamente, y para escribir se hicieron con los servicios del hombre por el que la industria del cómic suspiraba en aquel entonces: Kevin Smith.

 

Director de pequeñas, pero lucrativas películas como Clerks, Mallrats o Chasing Amy, Smith había sabido retratar a los chavales de la época con una inmensa autenticidad. A su vez, era un voraz consumidor de cómics y todo cuanto rodeaba a los cómics, hasta llegar a hacer de Stan Lee el personaje real que señalaba el camino a seguir en la vida al protagonista de Mallrats. Smith había escrito algunos cómics, fundamentalmente extensiones de sus películas, pero todo el mundo daba por hecho que acabaría haciendo algo para las grandes. Sólo faltaba saber qué. Fueron Quesada y Palmiotti, y por lo tanto Marvel, quienes le convencieron para subirse a bordo. El fichaje no podía ser más importante: Hollywood miraba por primera vez a los cómics como un ámbito de creación al que merecía la pena dedicarse. Detrás de él llegarían otros muchos: Ben Affleck, uno de los amigos de Smith, manifestó que nada le gustaría más que encarnar a Daredevil en los cines (y acabaría cumpliendo su sueño, pero ésa es otra historia); Joe M. Straczynski, el showrunner de Babylon 5, aceptó la misión de revitalizar a Spiderman; Joss Whedon, el hombre detrás de Buffy Cazavampiros, haría lo propio por La Patrulla-X, y a su vez las películas basadas en los superhéroes de Marvel pronto alcanzaron una popularidad como nadie podría haber imaginado.

 

Al contrario de lo que había sido “Heroes Reborn”, el Daredevil de Marvel Knights no pretendía reimaginar el personaje, ni poner el contador de sus aventuras a cero, ni romper con el pasado. Todo lo contrario, aunque la norma que venía siendo habitual en Marvel era renumerar cada colección a cuenta de la llegada de nuevos autores de empaque, Quesada sentía que estaban construyendo sobre una rica tradición, así que al lado de su firma de portada situó siempre una enigmática cifra de tres dígitos que avanzaba mes a mes, y que no hacía sino señalar cuál sería la numeración correcta en caso de que no se hubiera lanzado un nuevo número uno; la historia construida por Smith invitaba a que lectores que nunca se hubieran acercado al personaje lo hicieran a partir de ahora, pero estaba cimentada en las líneas maestras de la que había sido su trayectoria anterior, con especial atención a las relaciones personales de Matt Murdock, el alter ego del héroe, y también a sus lazos con otros personajes del Universo Marvel, como La Viuda Negra o Spiderman. Smith devolvió una gravitas y un tono al personaje similar al que tuviera en tiempos de Frank Miller, cimentado sobre unos diálogos ágiles y de naturalidad brutal, situaciones siempre al límite y una vuelta a la iconografía católica en la que hubiera sumergido Miller a DD. Por su parte, Quesada y Palmiotti se entregaron a fondo a conseguir que el arte fuera sobresaliente, barroco, acorde con la densidad, el dramatismo, la épica y la espontaneidad que ofrecía el guión.

 

Kevin Smith cumplió su compromiso de permanecer en la serie durante los ocho primeros números, de manera que concedió al Hombre Sin Miedo una entrada de lujo en la modernidad. Marvel Knights: Daredevil, cuyo fracaso hubiera enterrado cualquier riesgo que se atreviera a tomar La Casa de las Ideas, fue un inmenso éxito que impulsó al resto del sello coordinado por Quesada y Palmiotti, abrió una nueva edad de oro para Daredevil y sirvió de acicate de cara a los cambios audaces que convertirían a Marvel en el mayor gigantes del entretenimiento del siglo XXI. Era posible, venían a indicar sus artífices. Hacía falta talento, hacía falta valentía y, quizás, hacía falta un poco de fe en aquello que hacía verdaderamente grande a ese cosmos de ficción y sus habitantes.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Saga. Daredevil nº 1

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 11: DETRÁS DE LA LLEGADA DE JOHN ROMITA

En 1949, John Romita comenzó a dibujar en secreto para Lester Zakarin, un entintador que necesitaba hacerse pasar por dibujante para conseguir trabajo en Timely. Era una práctica habitual en aquel entonces, de manera que Romita hizo sus primeras historias para Stan Lee sin que éste lo supiera. Cuando el artista le confesó la verdad, ni siquiera pestañeó: le dio el guión de un relato de cuatro páginas, sobre un alienígena que se hacía pasar por un bebé, que debía dibujar y entintar (pp. 79).

 

Cualquier intento de pasar al género superheroico dentro de la editorial de Superman y Batman chocaba con lo que definió como un muro de cristal. Los departamentos estaban acotados y un artista que dibujara historias románticas no podía hacerlas de tipos en mallas. “Era agotador. Fueron ocho años de tortura. Las historias eran estúpidas”, afirmaba (pp. 80).

 

A los postres, y después de tres horas abrumado por la palabrería de Stan, Romita ya había cambiado de idea, especialmente una vez que el editor le prometiera que allí ganaría 275 pavos a la semana, lo que superaba la oferta de la agencia de publicidad y era también el mayor sueldo dentro de Marvel, aunque, para justificar aquella cifra ante el puño cerrado de Martin Goodman, tendría un estatus un tanto diferente al de otros artistas. Su primer trabajo fue entintar The Avengers #23 (pp. 81).

 

Romita le hizo un dibujo del personaje a vuela pluma, sin sospechar las razones por las que le preguntaba, y al editor se le desencajó la mandíbula. Era perfecto para hacerlo, pero todavía tenía que acostumbrarse al estilo Marvel (pp. 82).

 

Stan Lee tenía ya perfectamente claro que quería a John Romita para sustituir a Steve Ditko en Amazing: no sólo era excelente a la hora de abordar un aventurero con traje ajustado que se moviera por Nueva York, sino que también era el mejor artista que podía imaginar para plasmar chicas guapas. Era capaz de dibujar cualquier cosa. Con él en la serie, podía acometer los cambios que venía pidiendo Martin Goodman y conducir las historias hacia un tono más amable, romántico y culebronesco que el que ofrecía Ditko (pp. 82).

 

La aventura con Daredevil era, en realidad, una prueba. No se lo dijo, porque no quería condicionarle o que hubiera algún problema en caso de que los resultados no fueran tan buenos como esperaba. El dibujante no sospechó lo más mínimo. Sencillamente, daba por hecho que Stan utilizaba la presencia de Spidey para mejorar las ventas de Daredevil. Por eso, la sorpresa cuando le pidió que se encargara de la serie del trepamuros fue mayúscula. “¿Quieres encargarte de Spider-Man durante un tiempo?”, le preguntó The Man (pp. 82).

 

El mismo Bullpen Bulletin del Amazing #38 en que se anunciaba la marcha de Ditko saludaba la llegada de su sustituto (pp. 83).

 

En el correo de los lectores se volvía a insistir sobre el cambio, pero también se adelantaba lo que los lectores encontrarían en la siguiente entrega “¡El más esperado evento de la era arácnida! ¡El regreso de El Duende Verde!!” (pp. 83).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

DAREDEVIL DE FRANK MILLER: GÉNESIS DE UNA ETAPA REVOLUCIONARIA

Daredevil nunca fue un superhéroe verdaderamente importante. Llevaba allí desde siempre, sin que a nadie pareciera llamarle la atención. Sí, contaba con unos pocos fieles, que apreciaban las particularidades del hombre vestido de diablo, pero cada vez eran menos. Cuando agonizaba la década de los años setenta, el justiciero ciego creado en 1964 por Stan Lee y Bill Everett caminaba hacia un lento pero inexorable ocaso. Desde mediados de 1977 había abandonado su periodicidad mensual para aparecer cada dos meses, el paso previo a la cancelación. Pero el destino le reservaba una suerte radicalmente distinta… porque fue en Daredevil donde emergió una figura destinada a cambiar de raíz el género. Se llamaba Frank Miller, y ésta es la historia de cómo transformó Daredevil en el cómic que había que leer.

 

Frank Miller (27 de enero de 1957, Vermont) acababa de cumplir los veinte cuando llegó a Nueva York con un portafolio de dibujos bajo el brazo y Neal Adams, una auténtica leyenda viviente del cómic, le dijo que se volviera a casa, porque jamás conseguiría ser un buen historietista. No le hizo caso. Volvió a insistir al maestro con más muestras de su trabajo y, un año más tarde, en 1978, el propio Adams le consiguió su primer encargo, un relato para Gold Key Comics, editorial agonizante desde la que el joven Miller compaginó con diversas historias bélicas para DC. Pronto consiguió captar la atención de Marvel, y allí fue donde se quedó finalmente. El entonces Director Editorial, Jim Shooter, buscaba savia nueva para La Casa de las Ideas, así que se fijó en aquel chaval que todavía no acababa de dominar los rudimentos del dibujo, pero que ofrecía una narrativa fresca y tendente a la experimentación. Dibujó un par de números de Peter Parker, The Spectacular Spider-Man en que el trepamuros formaba equipo con Daredevil, y fue amor a primera vista. Era un personaje urbano, más realista que el Hombre Araña, que podía llegar a enclavarse en el género negro del que Miller era aficionado.

 

Fue entonces cuando el destino jugó bien sus cartas. Gene Colan dejaba la colección del diablo vestido de rojo y el veterano Frank Robbins iba a hacerse cargo de ella, pero a última hora cambió de idea y decidió marcharse a vivir a México. La editora Mary Jo Duffy, a la que Miller llegaría a considerar un ángel guardián, sabía del interés de éste en el abogado ciego, así que lo postuló ante Shooter como nuevo artista. Dado que la situación de la cabecera no podía ser más precaria, el Director Editorial no tuvo ningún inconveniente en dar su visto bueno. En aquel entonces, Roger McKenzie, un hombre de la casa, se encargaba de los guiones, con oficio pero sin que despuntara en ningún aspecto. El equipo lo completaba Klaus Janson, un entintador con cierta tendencia hacia la suciedad, que daba un aspecto crudo al resultado final. Miller irrumpió en medio de una aventura con coloridos villanos de características animales. La amenaza principal, el Rondador de la Muerte, que no era sino un enemigo reciclado, sí adelantaba el tono sombrío que enseguida caracterizaría la etapa. McKenzie ofreció a Miller tramas que encajaban con sus inquietudes y por las que recuperó a Bullseye, un asesino que hubiera sido presentado unos años antes por Marv Wolfman y John Romita; hizo enfrentar a Daredevil contra Hulk, sólo por el enorme desequilibrio entre ambos; o actualizó el origen del héroe, historia esta última que involucraba a Ben Urich, un reportero del Daily Bugle presentado por McKenzie unos números atrás y cuya importancia se acrecentó al máximo durante la Era Miller. El artista se esforzó al máximo en dotar a sus páginas de una sofisticación cinematográfica cada vez más acusada, pero no estaba demasiado contento con el cariz de las historias. Probablemente hubiera tirado la toalla, pero quiso la suerte que entrara Denny O’Neil a editar. El veterano profesional congenió de inmediato con el dibujante y el entusiasmo que éste sentía por Daredevil, de modo que optó por convertirlo en autor completo.

 

Dos circunstancias provocaron que fuera posible cosa tan inusual en el mercado estadounidense, más dado a la cadena de montaje, como que un dibujante pasara a desempeñar también las tareas de guionista. Miller había escrito una historia autoconclusiva, en la que presentaba a Elektra, una amante de Matt Murdock en los años universitarios ahora transformada en una asesina. Cautivó a O’Neil: estaba convencido de que era una de las mejores aventuras jamás vividas por el protagonista. Y no se equivocaba en absoluto. Elektra, que aunaba sexo y violencia en una única figura, pronto se alzó como uno de los personajes más populares del momento. Estaba inspirada por Sand Saref, una femme fatale enemiga de The Spirit, el cómic de Will Eisner en que Miller había aprendido buena parte de lo que sabía sobre el arte de narrar historias con texto y dibujos. Como en tantas otras cosas, sus influencias no eran especialmente extrañas, novedosas o arcanas: simplemente estaban alejadas de cuanto le era habitual al lector de superhéroes, que pronto intuyó allí algo diferente.

Por otra parte, Shooter apoyó decididamente la continuidad de la colección del Hombre sin Miedo, pese a que las malas ventas continuaban siendo la tónica habitual. Mientras el departamento correspondiente insistía en cancelar, el Director Editorial ponía de manifiesto que “aquel chaval” era excelente y que el cómic terminaría por mejorar sus resultados económicos. Así fue, porque al cabo de un tiempo incluso recuperó la periodicidad mensual, que hubiera perdido meses antes del cambio de equipo creativo. Esto tuvo una consecuencia colateral: Miller, que iba a hacerse cargo del dibujo de la serie de Doctor Extraño bajo guiones de Roger Stern, se vio obligado a abandonar el proyecto y a concentrarse en el diablo vestido de rojo. Con el tiempo, también puso en manos de Klaus Janson buena parte de la responsabilidad gráfica, de manera que a partir de Daredevil #173 USA (1981), Janson completaba el dibujo, además de entintar. Desde Daredevil #185 USA (1982), Miller se limitó a hacer bocetos, lo que hizo que Janson pasara a figurar en los créditos como dibujante propiamente dicho.

 

 

¿Qué es lo que había pasado mientras tanto en los cómics propiamente dichos? Con Miller tomando el control total de las aventuras de Daredevil, las tramas pronto se dirigieron en la dirección que el autor deseaba tomar: los escasos villanos tradicionales que utilizara Roger McKenzie pasaron al olvido, aunque se quedó Bullseye, ahora transformado en un psicópata. Kingpin, quien hasta entonces había sido un personaje vinculado con Spiderman y con propensión al combate cuerpo a cuerpo, pasó a ser el mayor contrincante de Daredevil, un símbolo del mal que llevaba su influencia corruptora hasta el último rincón de la ciudad y que actuaba siempre en segundo plano: parecía un villano del mundo real. El interés de Miller por la cultura japonesa, que había sido alimentado viendo películas de artes marciales en sesiones contínuas de algún cine de Manhattan y que ya se había puesto de manifiesto con Elektra, se extendió a la creación de La Mano, una secta ninja que tomaba las calles de Nueva York, lo que encendía un interminable círculo violento. Desaparecieron las tradicionales guaridas secretas para ser sustituidas por calles, muelles, tejados, oficinas, vagones de metro, alcantarillas… tan auténticas que parecían reales. En el tiempo en que Miller llevaba viviendo en Nueva York, ya le habían atracado dos veces, y esa mala experiencia, junto con la rabia que sintió después de que le pusieran un cuchillo en el cuello, salpicó de una u otra forma las viñetas. Igual que sus enemigos, Daredevil estuvo pegado a tierra y se vio arrastrado por sus dilemas morales: abogado defensor de día, vigilante enmascarado de noche. La contradicción se puso especialmente de manifiesto cuando tuvo que enfrentarse con El Castigador, en una historia sobre la drogadicción infantil que conmocionó a los seguidores y señaló el verdadero público al que estaba dirigido aquel cómic. Puede que en las publicidades que acompañaban a cada número aparecieran juguetes y golosinas, pero Daredevil enseguida se situó entre las lecturas favoritas de los adultos.

 

 

Algo estaba cambiando en el cómic de superhéroes de principios de los ochenta, y Miller supo verlo con claridad absoluta. Puede que no fuera un artista brillante, pero fue capaz de revolucionar la narrativa de la época, tomando nota de cuanto aprendía en el cine y cruzándolo con las enseñanzas de los cómics de Will Eisner, en cuanto a entender la página como un todo, jugar con la distribución, el tamaño y la deformación de las viñetas, utilizar los blancos para marcar los tempos o los primerísimos planos para señalar las emociones. La crítica quedó deslumbrada ante el carisma del autor, que colocó entre los favoritos de La Casa de las Ideas, en un Olimpo al que sólo pertenecían unos pocos como él: John Byrne, Walter Simonson y, quizás, Chris Claremont. Con este último, Miller firmó la primera aventura en solitario de Lobezno. Otro hit inolvidable inmediato.

 

A finales de 1982, la gran historia en la que Miller había embarcado a Daredevil llegó a un apoteósico final, y con él se produjo también su salida de la serie. “Roulete”, el último episodio que escribió y dibujó, el primero en el que colaboró con su esposa, la colorista Lynn Varley, y el que le hizo sentir más orgulloso de todos los que había firmado hasta entonces, mostraba un genio en el apogeo de su arte. Muy lejos estaba aquel chaval llegado de Vermont cargado de ambición e inexperiencia apenas unos años atrás. A lo largo de ese tiempo, los lectores habían contemplado su prodigiosa evolución; habían asistido al nacimiento de uno de los más determinantes autores de la década, capaz de cambiar por sí mismo todos los convencionalismos de una industria que clamaba por la revolución. Frank Miller se marchaba de Daredevil, después de alterar para siempre al Hombre Sin Miedo. Todos sabían que sus días de gloria no habían hecho sino comenzar. Ninguno sospechaba que él y Matt Murdock volverían a encontrarse, porque, por encima de aquella apoteósica etapa, Frank Miller todavía tenía pendiente de entregar a Daredevil su más destacada historia.

 

Artículo aparecido originalmente en Colección Frank Miller. Daredevil de Frank Miller y Klaus Janson

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