EL VIEJO OJO DE HALCÓN 5: LA HERMANDAD DE VENENO

Se ha estado cociendo a fuego lento desde el comienzo de la serie, y aquí lo tenemos por fin. El único duplo de Madrox superviviente se hizo amigo de cierto simbionte alienígena y ahora ha llegado el momento de saldar su cuenta pendiente con Clint Barton.

 

 

LA CASA ROJA “Adivina quién se queda La Casa Blanca”, era la pregunta que hacía Cráneo Rojo antes de estrangular al Capitán América, en las páginas de la saga original de El Viejo Logan, desarrollada por Mark Millar y Steve McNiven y de la que es pre-cuela el cómic que nos ocupa. En aquella aventura, el villano nazi transformaba el que hasta entonces había sido el hogar del presidente de Estados Unidos en un templo de su ideología. Esos cambios todavía no se han producido aquí, por lo que contemplamos el edificio tal y como quedó tras la derrota de los superhéroes. Eso… o alguien se olvidó de mandar a Marco Checchetto el aspecto con el que se quedaba el edificio después de las modificaciones de Cráneo Rojo.

UN HOMBRE DE CONFIANZA ¿Te has fijado del tipo del bigotito que acompaña a Cráneo Rojo? Alguien con esas pintas no parece muy de fiar, pero, en algún momento del futuro, conseguirá ganarse la confianza de Ojo de Halcón y de muchos más, hasta engañar al viejo integrante de Los Vengadores. Tobias hace aquí su primera aparición cronológica, pero los lectores de Lobezno: El Viejo Logan ya lo conocían. Repasando de nuevo el clásico, fue él quien engañó a Clint Barton para hacerle llegar un maletín lleno de dosis del suero del Supersoldado… pero Tobias en realidad no trabajaba para ninguna resistencia, porque de hecho no existía ninguna resistencia: su lealtad, como acabamos de ver aquí, pertenecía a Cráneo Rojo.

EL SEÑOR DE LAS HORMIGAS Vamos con otro guiño al cómic de Millar y McNi-ven: Dwight, el chaval con el casco de Hombre Hormiga. También nos lo encontramos brevemente en la saga primigenia: ¡en una única página! Dwight impedía el paso por un puente, próximo a Des Moines, a todo aquel que no le pagara ochenta centavos. Quien se negaba, tenía que enfrentarse al millón de hormigas a sus órdenes, lo que suponía una muerte segura. El Viejo Logan nunca había oído hablar de Dwight y no tenía claro que se tratara de una broma, pero los huesos pudriéndose bajo el puente atestiguaban que, como decía Ojo de Halcón, aquellos eran “ochenta centavos bien gastados”. Tras divertirse al menos tanto como nosotros con la breve, pero intensa intervención del chaval, Ethan Sacks se preguntó cómo era posible que un crío así hubiera alcanzado tal dominio en el manejo del casco que creara Hank Pym. En estas páginas, hemos empezado a intuir la respuesta… ¡y tiene que ver con la muerte de su tío! ¿Acaso Dwight no se alza así como una versión granuja de Peter Parker? Aunque la respuesta a esa pregunta sea negativa, no hemos podido evitar hacérnosla.

ADIÓS A TURK Fue delincuente de poca monta, eterno esbirro de Kingpin, broma recurrente, el cliente fijo del Bar de Josie (hasta que, en este futuro postapocalíptico, se pasó al otro lado de la barra) y, en los últimos tiempos de la Tierra Primordial Marvel, poseedor de nada menos que una de las Gemas del Infinito, la que confiere control sobre la mente. Turk Barrett fue creado por Roy Thomas y Gene Colan, en Daredevil #69 USA (1970) y, después de casi cinco décadas tratando de pasar inadvertido, ha encontra-do un sangriento final que no se merecía, pero que nos ha dejado a todos impresionados. No hay un momento para las lágrimas, y menos en una línea temporal que amontona tan-tos cadáveres en su patio trasero. De momento lo dejamos aquí, cuando nos acercamos al ecuador de nuestra maxiserie. Para el mes que viene, dejamos esa sorpresa final con Kate Bishop, la mujer que llegara a heredar el título de Ojo de Halcón.

 

Spot on aparecido originalmente en El Viejo Ojo de Halcón nº 5

LOS VENGADORES: CITA CON LA GRANDEZA

La aceptación popular alcanzada por los personajes de Marvel Comics ha servido para que nos acostumbremos a ellos, para que los veamos como parte del escenario y de lo cotidiano. No era así cuando dieron sus primeros pasos. No era así en absoluto.

Stan Lee se había aburrido tiempo atrás de los clásicos justicieros de mandíbula cuadrada que hablaban todos de la misma manera y se comportaban como auténticos camaradas con sus compañeros de gremio. Martin Goodman, el propietario de la editorial, había observado, a comienzos de la década de los sesenta, que la competencia tenía su Liga de la Justicia, un tebeo en el que Superman, Wonder Woman, Batman y otros iconos propiedad de DC Comics compartían espacio, misiones, sonrisas y complicidad. Goodman quería algo así, y eso fue lo que le encargó a Lee. Éste, sin embargo, le entregó a Los 4 Fantásticos, que se pasaban el día discutiendo entre ellos, cuando no peleando abiertamente.

 

La sorpresa de los lectores ante aquella revolucionaria propuesta fue tal que, tras el lanzamiento del heterodoxo cuarteto, el imaginativo guionista fue poniendo encima de la mesa nuevos héroes cortados por el mismo patrón: el de la diferencia, el de salirse de las normas y reinventar un género al que todos habían enterrado antes de tiempo. Así llegaron, con Jack Kirby a los dibujos, el Hombre-Hormiga y La Avispa, Thor, Iron Man o Hulk, mientras que Steve Ditko se encargó de poner sobre el papel otras dos ideas más de Lee: Spiderman y el Doctor Extraño.

 

En apenas dos años, Marvel ya tenía una pléyade de nuevos héroes con los que jugar. De manera espontánea, esos personajes empezaron a encontrarse, y de nuevo la discordia y el enfrentamiento centraron aquellos primeros cruces entre unos y otros. El caso es que Martin Goodman, un tipo bastante insistente, quería tener una Liga de la Justicia. Y fue entonces cuando, con fecha de portada de septiembre de 1963 (el mismo mes en que La Patrulla-X vio la luz), nacieron Los Vengadores, dispuestos a luchar contra peligros de enormes proporciones.

 

La nueva propuesta de Lee y Kirby aglutinaba las creaciones de esta pareja creativa, quedándose fuera las de Ditko. Ni la angustia adolescente de Spiderman ni la magia febril del Doctor Extraño encajaban en un proyecto que aspiraba a ser el buque insignia de La Casa de las Ideas: un cierto halo de institucionalidad rodeaban a Los Vengadores, que pronto contaron con una mansión como base de operaciones, con su mesa de reuniones y estatutos, así como con la complicidad, la confianza y el aprecio de las autoridades.

 

Y sin embargo, los bautizados como Héroes Más Poderosos de la Tierra no tardaron en reivindicar rasgos distintivos que enseguida les alejarían de las comparaciones odiosas. Su propia reunión había sido fruto de la lucha de todos ellos contra Hulk, a causa de un engaño tejido por el malvado Loki, hermanastro conspicuo de Thor. En el cuarto episodio, llegaría quien estaba llamado a convertirse en el líder del equipo, el Capitán América, mientras que el resto de los fundadores terminaría por tirar la toalla, dejando paso a villanos redimidos, como Ojo de Halcón, La Bruja Escarlata o Mercurio.

 

 

Aunque más tarde volverían, Iron Man y Thor no fueron los únicos en marcharse: también Lee y Kirby, que cedieron los trastos creativos a otros autores. Entre ellos, habría que destacar el trabajo de Roy Thomas y John Buscema, quienes potenciaron al máximo las virtudes de la serie, hasta cumplir ese propósito inicial de cabeza de cartel de la compañía. En Los Vengadores cabía toda clase de historias, nacidas de la variedad de una alineación en continuo cambio. En sus filas ingresarían un androide (La Visión); un aventurero medieval (el Caballero Negro); un monarca africano (Pantera Negra) o una espía rusa (Viuda Negra)… El único denominador común, aquello que nunca podía faltar, era la grandeza del planteamiento; el objetivo de narrar siempre epopeyas más grandes que la vida misma, que lo mismo podía llevar a Los Vengadores hasta las estrellas o hasta un mundo alternativo; a salvar el planeta de un tirano cibernético o a combatir seres más allá de toda comprensión.

 

Desde entonces, tales fuegos artificiales han atraído a cada nueva generación de lectores, mientras que la sal y la pimienta de la colección ha estado en las relaciones personales y amorosas entre los protagonistas, en sus idas y venidas, que han mantenido viva la cabecera a lo largo de los años y las décadas: puede decirse que el Capitán América, Iron Man y Thor forman la sagrada trinidad sobre la que se cimentan Los Vengadores. En los grandes momentos del equipo, siempre estará presente alguno de ellos, cuando no los tres, pero son los héroes secundarios, aquellos que nunca han alcanzado la suficiente popularidad como para tener comic propio, los que apuntalan cada página y sobre los que, de verdad, gira cuanto sucede.

 

El arco argumental que contiene este volumen ofrece todas y cada una de las características definitorias de las que están hechos los grandes relatos de Los Vengadores. Zona Roja se publicó originalmente en Estados Unidos a lo largo de buena parte de 2003. El guión corre a cargo de Geoff Johns, un escritor que destaca por sus profundos conocimientos del cosmos del superhéroe clásico, sobre el que lanza una mirada moderna y actualizadora. La mayor parte de su carrera se ha desarrollado en DC Comics, factoría a la que ha conseguido insuflar nueva vida en la primera década del siglo XXI. Durante una breve temporada, Johns también tuvo oportunidad de dejar su huella en Los Vengadores, en una etapa en la que estos episodios brillan con luz propia.

La aventura cuenta además con tres dibujantes excepcionales. El primero es Gary Frank, artista de trazo primoroso que se diera a conocer con una larga etapa en Hulk; a continuación llega Ivan Reis, autor primerizo en el momento de la realización de este cómic, pero que ya apuntaba las influencias de los más grandes del género. Ambos, curiosamente, acompañarían posteriormente a Johns en sus aclamadas etapas de Superman y Green Lantern, respectivamente. Frank y Reis se ocupan del prólogo de Zona Roja, mientras que es Olivier Coipel quien acomete la almendra central de la saga. En este caso, estamos ante un dibujante que realizó un camino inverso a los de sus compañeros. Destetado en La Legión de Superhéroes de DC, Coipel sería fichado luego por Marvel, donde desarrollaría una meteórica carrera que se inició, precisamente, en Los Vengadores. En su horizonte esperaban eventos como Dinastía de M y Asedio, así como una visionaria estancia en Thor. Todas esas obras se han servido de su elegancia y espectacularidad, que aquí ya se hacían evidentes.

 

Estos elementos unidos dan forma a una epopeya en la que las vivencias más personales de los héroes se dan la mano con su trabajo diario, que consiste en salvar al mundo de amenazas que ningún héroe en solitario podría afrontar: así de sencillo, y así de difícil.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. Los Vengadores: Zona roja