ARMA X 15: ¡BIENVENIDO, ROJO OMEGA!

Ahora tocaría añadir eso de que “¡Ojalá sobrevivas!”, que le dijeron a Kitty Pryde en portada cuando se unió a La Patrulla-X y que, desde entonces, se ha convertido en toda una tradición cada vez que alguien se apunta a un grupo mutante, pero esta vez el deseo deberíamos lanzarlo a los restantes miembros del equipo, dado que Rojo Omega es uno de los peores asesinos y criminales que frecuentan el entorno del Homo superior. Este personaje es el resultado del noventerismo en estado puro: los lectores contemplaron su aspecto por primera vez en un memorable pin-up de X-Men #1 USA (1991. 100% Marvel HC. La Patrulla-X: Génesis Mortal 2.0), junto con otros villanos que aparecerían en posteriores aventuras. Ocurre que Chris Claremont se fue en el tercer número, y todas esas amenazas fueron presentadas por un Jim Lee desatado y sin cortapisas. En concreto, Arkady Gregorivich Rossovich, que es el verdadero nombre de este sujeto, llegó en el cuarto número, ya metidos en 1992, y enseguida se desveló como un oponente perfecto para Lobezno. Al igual que éste, Rojo Omega es el resultado de uno de tantos empeños fallidos en recrear un Supersoldado similar al Capitán América, en este caso al servicio del KGB, y con el detalle de que, en su vida anterior, era un asesino en serie. Mientras Lobezno tiene sus garras de adamántium, Arkady cuenta con látigos retráctiles implantados. Y aunque se ha enfrentado en alguna que otra ocasión más con La Patrulla-X, el villano ha concentrado sus esfuerzos en Lobezno a lo largo de los años. Pese a lo que pudiera parecer, no estamos en absoluto ante un personaje sobreutilizado, de manera que, en este cuarto de siglo largo de existencia no ha alcanzado todavía el centenar de apariciones.

DE HOZ Y COZ
Fíjate que, cuando se presentó a Rojo Omega, la Unión Soviética acababa de disolverse. Pese a todo, los símbolos del pasado pesan como una losa, de forma que, a la hora de enseñarnos el equivalente ruso actual de SHIELD, en Marvel no han tenido mejor idea que nombrarlo como SICKLE, un acrónimo, con significado todavía por descubrir, pero que, como palabra, se traduce al castellano como hoz. Ojo, porque esta hoz lleva ya algunos meses poda que te poda. El concepto fue ya apuntado por Marc Guggenheim en X-Men Gold #11 USA (2017. Patrulla-X Oro nº 68), a cuenta del viaje de los mutantes a Rusia y al encuentro que allí tuvieron, precisamente, con Rojo Omega. Una vez terminaba la batalla, Coloso dejaba caer que SICKLE había puesto al villano bajo su custodia, lo que enlaza con la historia que acabamos de leer, y en la que hemos descubierto que el director de la agencia es nada menos que el hermano de éste.

EL NUEVO EQUIPO
Ten presente además que Rojo Omega es la primera, pero no la última, de las incorporaciones que traerá para el grupo el liderazgo de Dientes de Sable. Se trata de un proceso que culminará en Arma X nº 18, ya en enero del año que viene, y que incluso acarreará un cambio de nombre. “Rojo Omega, para mí, es el más noventero de todos los personajes”, comentaba al respecto Fred Van Lente con Dave Richards, de Comic Book Resources. “Es muy divertido de escribir y supone un buen contraste con Dientes de Sable, porque en muchos aspectos es incluso más salvaje que Victor. En los siguientes números, veremos nuevos mutantes y algunos cameos sorprendentes… bueno, quizás no tan sorprendentes si tenemos en cuenta que la historia transcurre en Rusia. Siempre me gusta cuando La Patrulla-X interactúa con personajes que están fuera del circuito de los mutantes”. Y añade: “Una vez hayamos acabado la historia, puedo prometer que al menos tendremos dos nuevas incorporaciones”.

 

Spot On aparecido originalmente en Arma X nº 15

PATRULLA-X ORO 76: PREPARATIVOS DE BODA

Primera de las tres abultadas entregas que dedicaremos a la boda del siglo: el enlace de Kitty y Coloso. Estamos ante una de las relaciones más largas y complejas que han tenido lugar en el Universo Marvel. El romance entre estos dos mutantes se remonta a los años ochenta, cuando ella acababa de entrar en el grupo. La relación se rompió, pero marcó de tal manera a los personajes y a toda una generación de lectores que, por más tiempo que pasara, y por más personas que intimaran con cualquiera de los dos, durante todos estos años la mayor parte de los lectores mutantes han tenido siempre la impresión de que estos dos estaban destinados a acabar juntos… ¡tal y como parece que ocurrirá! Aunque, sabiendo como son las cosas en el entorno del Homo Superior, nosotros todavía no daríamos nada por supuesto. Van a ser unos meses muy interesantes, hasta que los veamos ante el altar.

EL RETORNO DEL PADRE Antecediendo el arco argumental, hemos colocado los dos primeros relatos de un número extraordinario, publicado en Estados Unidos bajo el título de X-Men: The Wedding Special, pero que tiene la particularidad de que no es en su interior donde se celebra la boda. En su lugar, lo que nos encontramos son los preparativos de la ceremonia, mediante tres historias desarrolladas por otros tantos equipos independientes y que se concentran en los rituales que suelen anteceder a este tipo de celebraciones. El primero es el que más atención ha concitado a su alrededor, puesto que supone el regreso de Chris Claremont, el hombre que hizo que los mutantes de Marvel fueran un fenómeno de masas, tras una prolongada ausencia de tres años en los que ha estado alejado del procesador de textos, aunque bajo contrato de la editorial. Claremont se reencuentra con su aliado de otras ocasiones, Todd Nauck, con el que coincidiera también en la más que digna serie que protagonizara Rondador Nocturno entre 2014 y 2015, y que aquí ofreciéramos integrada en X-Men Presenta. El Patriarca Mutante y su compañero de batallas repiten aquí un ejercicio que ya le viéramos acometer con Kurt, y que consiste en retrotraerse a momentos clave de la historia de Kitty. Curiosamente, comienzan con una situación que no fue escrita por Claremont, el final de la etapa de Joss Whedon y John Cassaday en Astonishing X-Men, y a partir de ahí se retrotraen hasta las primeras apariciones de Kitty, durante “La saga de Fénix Oscura”, la miniserie compartida con Lobezno, la ruptura con Peter o sus idas y venidas del equipo. Destaca la figura de Carmen Pryde, el padre de Kitty, que siempre fue objeto de mucha atención por parte de Claremont. El escritor incluso ha vuelto a los tiempos de ella como camarera, una situación en la que la retrató en la miniserie Mekanix (2002). Ah, un detalle de importancia: Ha tenido que venir por aquí Claremont para que Kitty pudiera reencontrarse con Lockheed… ¡todos se habían olvidado del entrañable dragón! Son diez páginas llenas de guiños a los lectores veteranos que hayan seguido a la mujer-X a lo largo de todos estos años, y en especial en las historias escritas por Claremont, pero el que sin duda es para nota es el de la aparición de Alasdhair Kinross, un secundario que apareció única y exclusivamente en la miniserie X-Men: True Friends, de 1999, que a su vez suponía la culminación de un proyecto que había iniciado Claremont con el dibujante Rick Leonardi más de una década atrás. Uhm, y sí, también está ahí el fantasma de Lobezno, cuando todos sabemos, desde Marvel Legacy Alfa, que está vivito y coleando. ¡Alguien debió de olvidarse de avisar al guionista! La segunda de las historias, ya con Guggenheim al guión, enlaza con el primer episodio del arco de la boda, que tienes a continuación, aunque siendo puntillosos habría que decir que se coloca en medio del mismo. No lo hemos puesto ahí porque eso hubiera roto el ritmo del episodio… ¿y la tercera? ¡Nos la reservamos para ubicarla en su lugar cronológico oportuno!

 

Spot On originalmente aparecido en Patrulla-X Oro nº 76

1982. ENTRA: PAUL SMITH

Es 1982. Claremont y Jones se ocupan personalmente de fichar a su nueva estrella. Con la oferta encima de la mesa, Smith se toma un par de días para decidirse. Las ventajas son muchas. Va a estar en la colección más importante del mercado con toda la promoción que eso significa. Va a trabajar bajo unas excelentes condiciones, tanto laborales como artísticas. Uncannyes uno de sus títulos favoritos y el ideal de todo artista interesado en la caracterización de personajes. En el otro lado de la báscula, los inconvenientes. Hasta ahora ha dibujado Doctor Strange, una colección bimensual de personajes único, mucho más descansada que una serie protagonizada por un supergrupo. Por otra parte, tiene un cierto miedo escénico, miedo a estar en el ojo del huracán. A la hora de dar el sí, Smith recuerda para qué se ha ido a vivir a Nueva York: para ser un dibujante famoso, no un simple dibujante. Estar en Uncanny X-Men puede ser como sumergirse en el fondo de una piscina muy profunda, pero no piensa ahogarse. ¿Dónde hay que firmar? ¿de verdad me vais a pagar eso? Su primer número es el UXM 165, en medio de la saga del Nido y en coincidencia con la salida de la novela gráfica de los bebés-X. Smith hereda el entintador de los últimos números de Cockrum, Bob Wiacek, quien aclara aún más si cabe su ya de por sí depurado trazo. Si lo que quiere es caracterización, desde el primer momento la tiene en grandes cantidades. Cada hombre-X afronta a su manera la muerte que sabe cercana: Tormenta, en comunión con las estrellas; Coloso y Kitty consolándose mútuamente, y, Rondador, ante la sorpresa de Lobezno, rezando:

 

-Admito que se me ve poco por la iglesia… pero mis creencias me consuelan. Necesitamos ayuda ahora. Deberías probarlo. Tal vez te iría bien.

-Lo hice. Un error, -responde Lobezno-. No creo en nada. Nunca lo haré. Me importa lo que puedo ver, oír, oler, tocar. Cosas tangibles. La realidad. Lo demás, es imaginación.

 

 

Nadie muere en el UXM 166, un especial de cuarenta páginas en el que culmina la saga con la Patrulla al asalto del planeta del Nido. Allí luchan contra su reina, tal y como hiciera Sigourney Weaver al final de Aliens. Más allá del simple remedo cinematográfico, el cómic se construye mediante las piezas proporcionadas por los números anteriores. Claremont se limita a colocar a sus criaturas en la posición apropiada. Ellas mismas conducen la acción. No hay personaje sin papel específico, sin encaje apropiado en la obra: desde el debutante dragón Lockheed, creado por Smith en homenaje a su moto y destinado a ser mascota de Kitty, a los Acanti, la descomunal raza extraterrestre esclavizada por El Nido y cuya alma se ocupa de la purificación de la Patrulla-X y de la aniquilación de la Reina del Nido; desde una Tormenta en conflicto interno, obligada a acabar con la vida que lleva dentro, a “abortar”, para a cambio salvar a los Acanti, a ese Lobezno dispuesto en cualquier momento a sacrificar su vida por sus amigos “o a darles una muerte rápida y limpia”.

 

Claremont sostiene el suspense en cada viñeta gracias a trucos tan inteligentes como no dejar al lector que confíe en ninguno de los hombres-X, ante la posibilidad de su transformación en eslyzoides. El suspense se eleva una vez más en la viñeta final, cuando Lobezno deduce lo que ya debería ser una obviedad para cualquier avispado lector, que todavía un humano contiene un embrión de alien, que “sólo hay una persona que pueda llevarlo dentro. Charles Xavier”. Así, de nuevo la muerte revolotea sobre la strip en el siguiente número, en parte por el síndrome Fénix, en parte por la portada con Cíclope sosteniendo en brazos a un Xavier que parece difunto, en una imagen muy similar a la cubierta del UXM 136. Técnicamente, Xavier llega a morir, transformado en una Reina del Nido. Con un malabarismo de difícil justificación de no ser por la inexistencia de alternativas, el Profesor vuelve a la vida gracias a un cuerpo clónico de fabricación sh’iar que le permite andar de nuevo, aunque tal posibilidad sea de momento condicionada a un intenso entrenamiento. El episodio coincide con la aparición del The New Mutants1 y cuenta con la presencia de los bebés-X como invitados especiales. El siguiente número, titulado El profesor Xavier es un idiota, justifica por qué Kitty, con una edad similar y en algunos casos inferior a la de ellos, no está en el nuevo grupo. La excusa es que Kitty, empeñada en quedarse con la Patrulla-X ante un Xavier empeñado en pasarla a los Nuevos Mutantes, ha demostrado más madurez de la que corresponde para su edad. Las razones reales de Claremont son muchas: pretende seguir adelante con el romance entre Kitty y Coloso, apenas esbozado durante la saga del Nido; quiere evidenciar a través de la chica el cambio radical que planea hacer en Tormenta, y, por último, Kitty es el último bastión para la inocencia que queda en la Patrulla-X. “Kitty es diferente de los bebés-X”, dice Claremont. “Es una adolescente con un cerebro de persona mayor”

Es Navidad de 1982. Dos años después de su muerte, los ecos del trágico final de Fénix resuenan más fuerte que nunca. Dentro de la colección, con constantes referencias. No es simplemente que todos, desde Magneto a Corsario, lamenten la muerte de Jean. Los lectores conviven con la posibilidad de que cualquier hombre-X sea el siguiente en caer. Casi ocurre de nuevo con Kitty en el UXM 150, o con Xavier en el 167. Cualquier augurio de tragedia supone un inmediato aumento de ventas. Esos mismos lectores necrófilos insisten una y otra vez en que Jean regrese. Claremont no deja nunca de coquetear con la idea: El cuento de hadas de Kitty(UXM 153) contempla un final feliz a la saga de Fénix Oscura y el UXM 157 luce una Fénix renacida de las cenizas en portada que se convierte en una Kitty disfrazada en el interior. Basta una insinuación para que todos crean que Jean Grey vuelve a vivir. Ocurre que Claremont no está dispuesto a renunciar a esa maravillosa sensación de imprevisibilidad que le permite buscar siempre una nueva sorpresa a la vuelta de la esquina. La siguiente consiste en engañar a todos. Si tan encoñados están con Fénix, que crean que ha renacido de sus cenizas, que está vez va en serio. Que sea una forma digna de darles lo que piden, y él mismo desea, sin tener que resucitar a Jean Grey. ¿Cómo? Haciendo una nueva Jean Grey. Una pelirroja con el físico y la personalidad de la muerta. Que conozca a Cíclope, se enamoren y se casen en el especial del veinte aniversario, que luego se convierta en una secundaria más, en otra Moira McTaggert, como estaba previsto con Jean antes de que Jim Shooter se pusiera por en medio. Si además se puede aprovechar su debut para una intriga como no ha conocido antes la serie, mejor todavía. Sin estridencias, metiendo la cuña poco a poco, con el mismo in crescendo que convirtiera a los UXM 129 a 137 en una obra maestra definitiva.

UXM 168, página veintidós. Cíclope llega a Anchorage (Alaska) para conocer a sus abuelos paternos. La piloto del avión se llama Madelyne Pryor. “Me he vuelto loco… ¡Pero papá y Alex también la ven! Su voz, su rostro… ¡No puede ser! ¡Es imposible”, piensa ante la mujer que es réplica exacta de Jean Grey. Claremont introduce así al personaje con el que llevará la colección a las mismas cotas de excelencia alcanzadas dos años antes junto a John Byrne. La saga, que culmina en el UXM 175 (XI 83) recupera la estructura en tres actos que ya se empleara con Fénix Oscura. Al igual que en ésta, los dos primeros actos están centrados en asuntos colaterales: la presentación de los Morlocks y el viaje a Japón de la Patrulla-X para la boda de Lobezno. El tercer acto supone el regreso desde las cenizas de Fénix Oscura, una vuelta anunciada en los números precedentes mediante pequeñas insinuaciones. Las similitudes de una y otra historia se reducen al aspecto exterior y al villano. El tono y el argumento han cambiado.

1983. DE CÓMO CLAREMONT MUEVE TODAS SUS FICHAS

Es 1983. La serie ha encontrado una nueva identidad que Claremont define como una síntesis de sus teleseries favoritas. Quiere que Uncanny X-Men tenga el humor inteligente de MASH y Lou Grant, ese humor que puede llegar a ser cortante como un cuchillo, mezclado con el estilo de Canción triste de Hill Street. “En el primer episodio”, explica, “pueden utilizarse cuarenta minutos para introducir dos encantadores policías. En el siguiente capítulo, salen por la puerta y les disparan unos yonquis. No están muertos, pero creesque están muertos. Entonces se introduce otra trama, y no sabes que pasa con los dos policías hasta los cinco minutos finales. Entretanto, estás en el sillón comiéndote las uñas. Nunca sabes si va a morir alguien, si las relaciones emocionales van a seguir igual”. Así es como quiere que funcione la Patrulla-X. Eso es lo que trata de hacer, crear ese sentido de realidad, de suspense, de envolvimiento. Dejar que sean los personajes quienes conduzcan la historia. El guionista lo único que tiene que hacer es colocar las fichas en la casilla del tablero que les corresponde.

Primera ficha, Los Morlocks. Son el grupo de mutantes que habita las catacumbas de Nueva York y que secuestra al Ángel por orden de su líder, Calisto, quien pretende convertirlo en su príncipe consorte. Claremont inventa a estos mutantes que se marginan a sí mismos a partir de dos fuentes bien distintas: por una parte, el argumento planeado junto a Byrne sobre Calibán.

 

-¿Por qué peleamos con ellos? Son mutantes como nosotros.

-Como nosotros no. Son Guapos. Quiero hacerles daño.

Por la otra, los Morlocks toman su nombre, según pone Claremont en boca de Calisto, de los personajes de La Máquina del tiempo, de Herbert George Welles. En esta novela, los Morlocks son una de las dos razas en las que ha degenerado la humanidad en un futuro lejano. Unos, los Eloi, habitan la superficie, son bellos, rubios e indolentes. Representan a los capitalistas. Los otros, los Morlocks, se ocultan en túneles intraterrestres, son pequeños, pálidos y feos. Representan a los proletariados. “La seguridad demasiado perfecta de los habitantes del Mundo Superior”, escribe Welles, “les había llevado, en un pausado movimiento de degeneración, a un aminoramiento general de su estatura, fuerza, e inteligencia (…) ¿No era natural, entonces, suponer que era en aquel Mundo Subterráneo donde se hacía el trabajo necesario para la comodidad de la raza que vivía a la luz del sol?”. Los Morlocks de Welles han sido marginados, obligados por los Eloi a trabajar en cuevas. Como consecuencia de ello, han adquirido su horrible aspecto. Al revés, los de Claremont se han automarginado con motivo de su naturaleza mutante. ”No le importamos a nadie. Nos odian y cazan por culpa de poderes que no queremos o no entendemos. Somos deformes y solitarios. El Callejón es un refugio nuclear construido en la Guerra Fría. Lo abandonaron y yo lo encontré e hice de él un santuario para los que son como yo”, explica Calisto (UXM 170, VI 83). Los Morlocks se sitúan ante los hombres-X como los verdaderos mutantes marginados. Son feos, tienen poderes todavía más feos, viven en las cloacas. Es mucho más fácil ser un marginado cuando tienes aspecto de diosa africana, puedes controlar los elementos y vives en una mansión rodeada por bosques paradisiacos.

Segunda ficha, Tormenta. Claremont quiere llevar a su mujer-X favorita hasta donde Byrne jamás le hubiera dejado. “Los valores en los que Tormenta creía ya no le sirven y no puede volver a ser como antes”, dice el Padre Mutante. “Tras muchos años ha abierto las compuertas, ha perdido sus inhibiciones y ha pasado de ser una persona serena y casi sin emociones a todo lo contrario”. Obligada a luchar en un duelo de honor contra Calisto para poner a salvo a Kitty, Tormenta no duda en atravesar el corazón de la líder Morlock. “La Ororo que conocí habría muerto antes que matar. Está cambiando. Lo más terrorífico es que a ella no parece importarle”, concluye Rondador. Ese cambio se radicaliza en el viaje a Japón, donde conoce a Yukio, la amiga de Lobezno, de la que aprende que “la vida es la máxima aventura. La muerte es el premio que nos espera a todos. Ya que es inevitable, ¿por qué preocuparse?”. Las correrías junto a Yukio le valen perder gran parte de su cabellera en un incendio, motivo suficiente para cambiar su aspecto al de una punk vestida de cuero. Esta transformación radical ejemplifica la evolución del personaje desde que fuera seducida por Drácula y luchara contra el Nido. La idea surge de una conversación de Claremont con Weezie Jones en la que ambos coinciden en que el papel de niña inocente del grupo hace tiempo que ha pasado a manos de Kitty. Es, por tanto, el momento adecuado para llevar a Ororo en una dirección distinta. “Lleva casi diez años con el mismo uniforme, va siendo hora de cambiárselo” dice Claremont, que encarga varios diseños a Smith. Finalmente se queda con uno en el que la mutante aparece con una cresta de indio mohicano. “No podemos hacerle esto”, dice Weezie Simonson. Y tras una pausa, añade: “…aunque tiene una pinta genial. Vamos a hacer una prueba”. La prueba consiste en enseñar el dibujo a una niña, que, inmediatamente, se echa a llorar. “Ésa no es Tormenta”, berrea la niña. “Es perfecto”, decide Jones. “Nos van a matar, pero es perfecto”. Prueba superada.

Tercera ficha, Pícara. Con el UXM 171 (VII 83), Claremont pone a prueba su capacidad literaria para escribir un cómic en el que los protagonistas pasan gran parte de las veintidós páginas sentados en un sofá y discutiendo. Discuten sobre si admitir a una antigua enemiga en sus filas. Creada para la Hermandad de Mutantes Diabólicos, Pícara tiene potencial suficiente como para convertirse en mujer-X. Michael Golden la peina en el The Avengers Annual10 con dos tiras blancas a cada lado del pelo, según un diseño de Ed Hannigan. Picara aparece poco después en los Dazzler 22 a 24 (XII 82-II 83), donde Frank Springer confunde el tinte capilar con canas. Da la impresión de que la mutante tenga cuarenta años. El error se descubre demasiado tarde como para corregirlo, aunque no para rectificar en lo sucesivo. La Pícara que en el UXM 171 se planta ante la puerta de Xavier en busca de ayuda apenas alcanza la veintena. Es una niña asustada que pone a prueba, de nuevo, el grado de tolerancia de los hombres-X. “Mis poderes están fuera de control. El más mínimo contacto dispara la absorción. Ya no sé que pensamientos son míos. Me miro en el espejo y veo una extraña”, dice ella. “Si quieres mi opinión, es el castigo a tus crímenes”, respuesta de Rondador muy parecida a la de Kitty, Coloso o Lobezno, por no hablar de Binaria, que ya tiene la excusa perfecta para irse con los Saqueadores Estelares. Xavier es el único dispuesto a dar una oportunidad a Pícara: “Fuiste tú, Ororo, quien me dijo que Lobezno merecía ser un hombre-X, no por su carácter, sino por su potencial para el bien. El mismo argumento sirve para Pícara. Claro que es arriesgado aceptarla, pero piensa en la alternativa. Al menos con nosotros tiene la oportunidad de una mejor vida. Echarla es condenarla. Y eso nunca se lo haré a un mutante mientras quede vida en mí”

Cuarta ficha, Lobezno. Los UXM 172 y 173 (VIII-IX 83) enlazan con el argumento del L: WO 4 (XII 82). De nuevo el relato pasa a estar contado por Lobezno, en vísperas de su matrimonio con Mariko. Por primera vez, Logan viste con el atuendo de un samurai, imagen extraída por Paul Smith de una enciclopedia juvenil. Tras probarlos contra los Nuevos Mutantes (TNM 5 y 6, VII-VII 83), Claremont recupera a dos villanos procedentes de sus años en Marvel Team-Up: el Samurai de Plata y Víbora. El primero resulta ser el hermanastro de Mariko, que quiere eliminarla para controlar los negocios sucios de su padre muerto. Lobezno recorre Tokio en compañía de Pícara, a la que no le perdona que absorbiera la mente de su amiga Carol Danvers. Picara acaba salvando la vida de su compañero y de Mariko aún a costa de estar a punto de perder la suya. Lobezno decide dejar que absorba sus poderes para que pueda curar sus heridas, a pesar del peligro que entraña. “Soy un hombre que paga sus deudas. Te sacrificaste por Mariko. Es justo que te devuelva el cumplido”

Quinta ficha, Madelyne Pryor. El romance entre Madelyne y Cíclope avanza al mismo tiempo que los lectores y el mismo Cíclope acumulan sospechas. A su parecido con Jean Grey se suma que la chica adivine una comida favorita porque puede “leer el pensamiento”, o que salga indemne de un accidente de avión ocurrido en el mismo momento de la muerte de Fénix. “¿Puede un amor como el de Jean y Scott sobrevivir a la muerte?”, se interroga Xavier. “Más aún, ¿qué es la muerte para alguien como Jean? El parecido físico de Madelyne puede no ser más que una cruel coincidencia unida a nuestras fantasías”. Cuando Cíclope se atreve al fin a hacer la pregunta que está en boca de todos desde hace meses, Madelyne responde convirtiéndose en Fénix Oscura (UXM 174, X 83).

Sexta ficha. Mente Maestra. La concienzuda planificación que llevan a cabo Claremont, Smith y Jones les permite engañar a su público, hacerle creer que está ocurriendo lo que no está ocurriendo mientras las pistas para desentrañar el misterio aparecen a la vista de quien sepa leer entre líneas: Mística tiene un sueño similar a las alucinaciones que tuviera en su momento Jean (UXM 170). Jason Wyngarde está presente en el sueño. Desde el principio queda clara su implicación; nuevamente volverá a actuar para impedir el matrimonio de Lobezno y Mariko (UXM 173, IX 83) o para volver paranoico a Cíclope (UXM 174). Que Mente Maestra sea un aliado de Madelyne o se limite a manipularla para hacer creer a todos que es Fénix renacida de sus cenizas no queda claro hasta la mitad del UXM 175, cuando él mismo confiesa haber organizado la trama con el fin de que la Patrulla-X asesinara a Madelyne, esa inocente que le recuerda a Jean Grey: “Ella me volvió loco. Más tarde me recuperé. Maldito para siempre por el recuerdo de lo que fui y jamás volveré a ser. No puedo vengarme de ella, pero puedo hacer que sus seres queridos sufran por ella”, incluidos los lectores.

Tras la derrota de Wyngarde, Cíclope se confiesa ante la tumba de Jean, ubicada, curiosamente, en el cementerio del Bard College, donde Claremont estudiara teatro en su juventud. “Te amé Jean. Y amo a Madelyne”, dice. “Lo nuestro fue mágico, siempre lo recordaré. Ahora, Madelyne y yo tenemos la oportunidad de crear nuestra magia y de que sea tan especial como fue la otra”. El episodio, como estaba previsto desde cuatro años atrás, termina en boda.

Como dice Cíclope, si los años con John Byrne fueron mágicos, éstos también pueden serlo, aunque de una manera diferente. Punto final a la época clásica de la colección, Desde las cenizas simboliza el gran exorcismo de los fantasmas de las Navidades pasadas -las de 1980, en concreto-. Primero, el fantasma de Byrne queda atrás gracias a los bellísimos dibujos de Paul Smith (Jean Grey nunca fue tan guapa) y a un Claremont que demuestra capacidad para escribir en solitario con el pulso maestro que algunos le concedían sólo en compañía de su anterior compañero de fatigas; segundo, el fantasma de Fénix también acaba anulado. Los fans que no dejaban de insistir en su vuelta tienen ahora a Madelyne Pryor.

Portada no publicada de Uncanny X-Men 179

 

El único problema es, ay, que Paul Smith, ay, Paul Smith, ese dibujante con el que Claremont y Weezie se quedarían de por vida, dice que muy bien, que se lo ha pasado en grande, que tiene la cartera llena, que se ha hecho un nombre y que se coge la moto y se va. Así como suena. Todavía con la boca abierta ante la decisión de un chico con el que no han tenido un sólo problema pero que parece más interesado en otras cosas, guionista y editora acuerdan pedir los servicios de John Romita Jr, que acepta inmediatamente, lo que le supone tener que dibujar las páginas de la boda. Romita viene de hacer The Amazing Spider-Man. No sólo sabe dibujar superhéroes, también callejones, mesas, papeleras, gente normal… eso lo convierte en una elección perfecta para el ambiente a lo Canción triste de Hill Street que quiere conseguir Claremont, con Tormenta, Pícara y alguna otra futura incorporación pasando a un primer plano, mientras que los personajes clásicos, como Lobezno, Coloso o Rondador, sostienen la acción y Cíclope queda fuera ante su reciente matrimonio. Por otra parte, dada la estrecha vinculación de la serie con su hermana pequeña, The New Mutants, Claremont empieza a tejer una complicada tela de araña en la que los subargumentos y referencias a sucesos pasados y paralelos se agolpan uno tras otro, lo que produce una sensación de historia-río que aumenta más si cabe el grado de adicción de los fans, obligados a esforzarse al máximo para poder comprender tal o cual personaje, situación o conflicto, los cuales suceden tanto en una serie como en otra. El lector ocasional puede seguir cualquiera de las dos colecciones, pero el que desea conocer cada uno de los pasos de, por ejemplo, Magneto, ha de comprar religiosamente ambas; el que además quiera seguir al dedillo las andanzas de cuanto mutante comienza a proliferar a lo largo y ancho del Universo Marvel tendrá que hacer acopio de miniseries o de cualquier clase de proyectos especiales, cosas tan inclasificables como Obnoxio the clown vs. X-Men (IV 83), subproducto a cargo de Alan Kupperberg del que Claremont reniega hasta el punto de afirmar que transcurre en un mundo imaginario.

Tras un epílogo a Desde las cenizasen el que Romita dibuja su primer número completo (UXM 176, XII 83), el UXM 177 (I 84) recupera a la Hermandad de Mutantes Diabólicos liderada por Mística. El motivo es la reciente incorporación de Pícara a la Patrulla-X, en la que Claremont ve uno de los más suculentos conflictos de la nueva etapa que ahora se abre. La aventura enlaza con el retorno de los Morlocks y Calibán. En una aproximación urbana al mito de la bella y la bestia, Calibán renuncia a casarse con una Kitty obligada por una promesa de honor. “No sé si te amaré alguna vez, Calibán”, dice ella, “pero me siento orgullosa y honrada de tenerte como amigo”

1983. LAS SECRET WARS POR ENCIMA DE TODO

Es primavera de 1983. La compañía juguetera Kenner ha conseguido un éxito con su línea DC Super Powers sólo comparable al alcanzado con las figuras de Star Warsunos años atrás. DC Super Powers cuenta con los principales personajes de la casa: Superman, Batman, Wonder Woman, Flash… respaldado por una serie de dibujos animados de idéntico nombre, cada muñequito se convierte en el más preciado trofeo de los niños americanos de entre cuatro y treinta y cuatro años. Mattel, la principal competidora de Kenner, quiere lanzar una ofensiva similar que pulverice a los Super Powers. Pero para derrotar a pesos pesados de la categoría de Superman necesita un Spider-Man, un Lobezno, un Capitán América. Necesita a Marvel. Los de Mattel llaman a la puerta de Shooter. Trabajan en un espectacular lanzamiento con ocho superhéroes, ocho villanos, y sus respectivas bases secretas y vehículos de combate. Para apoyar la iniciativa, sugieren que Marvel ofrezca paralelamente un cómic con la presencia de esos mismos personajes. Shooter no se cree lo que está oyendo. Es increíble que no se le haya ocurrido a él. Dos años atrás, Marvel iniciaba la publicación de series limitadas con un gran encuentro de personajes en los tres números de Marvel Super-Hero Contest of Champions(VI-VIII 82), pero esto no tiene nada que ver. Va a ser GRANDIOSO. Cosmic Champions, se llamará. Ni tres, ni cuatro números. Doce números.

Se elige un dibujante, el impresionante Mike Zeck de Captain America, y se busca un guionista. Shooter deja de buscar cuando en marketing cierran el trato para que la serie no sólo se venda en librerías especializadas y supermercados, sino también en los stands de Mattel. Se baraja una cifra realista de un millón de ejemplares para el primer número. Está claro que no hay nadie que pueda escribir Cosmic Champions que no sea el mismo Shooter. Junto con su mano derecha, Tom DeFalco, estudia la forma de integrar los doce números en la continuidad Marvel. Las ventas serán todavía mayores si lo que ocurra en la saga tiene repercusiones en los títulos de cada uno de los personajes que intervienen en ella. Imaginemos que, en todos los tebeos del mes anterior al primer número de Secret Wars, título definitivo de la saga, los héroes desaparecen. ¿Qué tonto no se va a comprar la colección? Si queda alguno, se unirá cuando treinta días después vea que sus personajes favoritos regresan con nuevos poderes, nuevos trajes y contando cosas sorprendentes. ¿Acaso no querrán tener una versión de primera mano, no querrán estar allí?

 

 

Tom DeFalco y Shooter anuncian el Gran Plan a autores y editores. En todos los tebeos fechados en abril de 1984 los superhéroes se meten en una enorme máquina que aparece en Central Park. En el número siguiente, reaparecen contando algunas, sólo algunas, de las sorprendentes y excitantes aventuras que han vivido. Éstas serán narradas en los doce números de la serie, en los que un ser omnipotente llamado el Todopoderoso les obliga a luchar contra una caterva de villanos encabezada por el Doctor Muerte.

 

-Tom, el Doctor Muerte está muerto -protesta John Byrne.

-¿Desde cuándo ha sido eso un problema? -responde DeFalco.

-¡Pero es que ya tengo pensada una manera de resucitarlo!

 

-Bueno, pues te las apañas. ¿O es que te crees que va a haber muñeco del Doctor Muerte y luego no lo vamos a sacar en el cómic? Sigo: en el siguiente número de las series regulares, los buenos regresan a la tierra algo cambiados. Han estado allí una semana, han peleado contra los villanos y les han pasado un montón de cosas. Cómo les ocurren esas cosas es lo que contamos en Cosmic Champions. Mientras aparecen los doce números de la colección, las consecuencias de lo que pasa al final se irán mostrando en vuestras series, siempre, claro está, sin destripar el argumento completo. Que se queden con las ganas de saber más… Jim, Spider-Man conseguirá un nuevo traje que va a dibujar Rick Leonardi; Mark, con tus personajes pasan un montón de cosas: la Avispa muere primero y resucita después; Hulka se va a los Cuatro Fantásticos; la Cosa se queda en el planeta donde todos pelean; Hulk va a ser otra vez salvaje… Weezie, vamos con la Patrulla. Magneto volverá a luchar a su lado durante la saga. Además, el dragón de Kitty se echa una novia. Una dragona.

-¿Sólo eso?

-De momento, sí. Ya veremos.

 

Poco después, Shooter cambia de opinión. Quiere que Kitty se quede en la tierra. Entretanto, Coloso tendrá un romance con una chica que morirá al final de la historia. Mierda, Jim, me jodes la serie, le dice Claremont. Lo siento mucho, el romance es una parte fundamental del argumento. No voy a modificarlo.

1984. EL IMPACTO DE SECRET WARS EN LOS MUTANTES

El dragón hembra que se trae Lockheed de las Secret Wars apenas da problemas. En el rocambolesco número de vuelta (UXM 181, V 84) Claremont lo convierte en un Godzilla de enormes proporciones que desaparece al final del episodio. Ya se le ocurrirá más tarde una forma de explicarlo. Lo de Kitty es más complicado. Hace falta un razonamiento lógico que justifique el cambio de planes. Para ello, se vale de Doug Ramsey, un compañero de clase de Kitty que aparece por primera vez en TNM 13 (III 84). Doug y Kitty tienen los mismos gustos, la misma edad y se llevan de maravilla, lo que hace dudar a Coloso de sus verdaderos sentimientos. “Soy un campesino ignorante de una sociedad y una cultura tan extrañas que para ella podrían ser de otro planeta. Kitty fue un sueño. Quizás sea hora de despertar y enfrentarse a la realidad”, reflexiona (UXM 180, IV 84). Eso ocurre unas páginas antes de entrar en la máquina del Todopoderoso, en el mismo cómic en el que la Reina Blanca secuestra a Kitty. A falta de la Patrulla-X, los Nuevos Mutantes tendrán que rescatarla (TNM 15-17, V-VII 84), excusa argumental que justifica su ausencia de las Secret Wars. La relación con Coloso se rompe nada más volver éste del planeta del Todopoderoso (UXM 183, VII 84), con un diálogo en primera página, sencillo y duro como un millón de bofetadas.

 

-La Patrulla y tú fuisteis llevados a la otra punta del universo y no me has contado nada. Me siento herida. ¿Os pasó algo interesante?

-Conocí a alguien y nos enamoramos.

 

El Universo Marvel ha conocido rupturas amorosas, pero nunca una tan pegada a la realidad como la de Kitty y Coloso. La identificación del público adolescente con la serie vuelve a ser completa. “Le odio, Ororo. Con toda mi alma. Le quiero”. Son palabras de Kitty, pero podrían haber sido pronunciadas por casi cualquier seguidor de la Patrulla-X. La explicación lógica a lo que realmente ha ocurrido en las Secret Warsla pone Claremont en boca de Lobezno: “Es fácil añorar un amor perdido, fantasear sobre lo que pudo ser, aunque sabes que nunca llegará a serlo. Una buena excusa para no afrontar los riesgos y exigencias de la realidad”. El romance de Coloso se queda en aventura pasajera, en un pretexto del ruso para no luchar contra el miedo a que fracase su relación con Kitty. El UXM 183 es uno de los episodios que más satisfecho deja al Patriarca Mutante. Incluso la única pelea que contiene, una paliza entre Coloso y Juggernaut más propia de borrachos de bar que de mutantes, tiene que ver con el tema principal del amor adolescente roto. De nuevo, una divergencia editorial produce un excelente resultado. Sus chicos de papel son más humanos que nunca. A cambio, Claremont consigue una serie limitada para la Pryde, aunque todavía no tiene muy claro cuando va a poder escribirla.

 

El inicio de las Secret Wars coincide con el relevo de Weezie Jones al frente de la edición de los títulos mutantes. El UXM 182 (VI 84) es su último número. Ese mismo mes trabaja codo a codo con Ann Nocenti, la que va a ser su sustituta. Nocenti proviene de la crítica literaria y tiene algo de experiencia en la edición, aunque jamás ha trabajado con tebeos y mucho menos con nada relacionado con mutantes. A Claremont le convence su talante liberal y progresista. “No, nunca he trabajado en esto… pero meter palabras y dibujitos en pequeñas cajas e imprimirlas en papel higiénico me parece algo casi subversivo. ¿seguro que no tiene nada que ver con las drogas?”, bromea ella. El Padre Mutante siente que trabajar con Nocenti no va a ser muy diferente de lo que ha sido trabajar con Weezie.

 

-¿Pero qué se supone que tengo que hacer? -pregunta Nocenti

-Básicamente, consiste en llevarte a Chris a comer un par de veces por semana, querida. El resto ya verás que es bastante sencillo.

Algo desocupada (y aburrida) desde que Jim Shooter pusiera a sus órdenes a una corte de eficaces editores asistentes (Elliot Brown, Peter Sanderson), los nuevos horizontes de la Jones se concretan un mes más tarde con la aparición de Power Pack 1 (VIII 84), título protagonizado por un grupo de superniños. Por primera vez, Weezie firma como Louise Simonson. Espera que la Pandilla Poder triunfe entre los lectores más jóvenes. El éxito, sin embargo, le llega entre el público habitual del mercado directo.

En su primer mes como editora, Ann Nocenti prepara, con la ayuda de Weezie, un número en el que Pícara es la protagonista absoluta. Durante los meses anteriores, Claremont la ha sometido a duras pruebas para probar su lealtad a la Patrulla-X, lo que incluye un enfrentamiento contra Mística (UXM 178, II 84) o el absorber los poderes de un Coloso transformado en Piedra (UXM 179, III 84). En esta ocasión, el Padre Mutante recupera a Michael Rossi, agente de SHIELD y ex-amante de Carol Danvers. Pícara, en un momento de esquizofrenia, cree ser Carol Danvers y se comporta como ella. Comprende entonces que no sólo robó sus recuerdos, sino también sus emociones. “Ahora, cuando Carol te mira a ti o a sus amigos, sabe quienes sois y lo que debe sentir por vosotros gracias a la terapia de Xavier”, solloza Pícara. “Pero soy yo quien siente esas emociones”. En una de las escenas de más refinada tortura hacia uno de sus personajes, Claremont deja a ella llorando en el suelo, mientras Rossi se aleja tras despreciarla. “Me gustaría tener poder para matarte”, dice. “Y yo, amor mío. Y yo”, responde Pícara. Encumbrada por los lectores como una de sus mujeres-X favoritas, Pícara es, en definición de Claremont, la Bella Durmiente a la que todos los fans quieren despertar, aunque ello les cueste la vida.

1983. MAGIK, DE NIÑA A MUJER

Es Navidad de 1983. En su primer año largo de vida, The New Mutantsse ha vendido bien, entre otras cosas gracias a los compradores habituales de Uncanny X-Men. Por desgracia, las historias no se acercan ni de lejos al nivel de la serie madre. Son aventuras intrascendentes, la típica comedia juvenil estereotipada por unos dibujos de McLeod que apenas transpiran algo del tono trágico de Claremont. Destaca, como siempre, la descripción de los personajes femeninos: la ultraconservadora Rhane, la rebelde Dani. Los chicos apenas importan: el playboy Roberto o el pueblerino Sam se quedan en una caracterización esquemática. En cuanto a Karma, su presencia inicial obedece a la necesidad de introducir un personaje que cumpla las funciones de Moira McTaggert. Con Moira en casa, la vietnamita se convierte en puro estorbo que desaparece en una explosión al final del TNM 6 (VII 83). Su búsqueda se adivina larga, un subargumento que pasará a primer término cuando sea necesario.

Stevie Hunter e Illyana también aparecen en el nuevo título. A ellas se suman dos nuevas adquisiciones: Michael Rossi, el ya mencionado viejo novio de Carol Danvers, y Gabrielle Haller, la antigua amante de Xavier, con quien, ahora se descubre, tuvo un hijo autista del que se puede esperar un potencial similar al de su padre. Por su parte, Xavier cambia el papel de individuo manipulador que enviaba a jóvenes de dieciséis años a luchar contra Magneto por el de un venerable maestro de unos jovenzuelos que no combatirán un sólo villano hasta que no estén preparados. Eso es lo de menos, ya que por la colección pasan los Centinelas (TNM 2, IV 83), el Nido (TNM 3, V 83); Víbora y el Samurai de Plata (TNM 5 y 6) o Selene, una fascinante bruja mutante, “hija de la luna y señora del fuego”, que absorbe la vida de otros para mantener su eterna juventud (TNM 9, X 83). Selene habita en Nueva Roma, una civilización perdida en medio del Amazonas de la que los bebés-X se traen a Magma, una nueva mutante con poderes caloríficos y choque cultural incluidos. El grupo se completa con la inclusión de Illyana en los TNM 14 y 15 (IV-V 84), una aventura que hace las veces de epílogo de su propia miniserie y en la que S’Ym, el lugarteniente de Belasco, se pone a su servicio.

Magik (XII 83-III 84), miniserie donde se cuentan los años de estancia de Illyana en el Limbo, llega con casi dos años de retraso debido a las múltiples obligaciones de Claremont, quien compone un relato de iniciación en el que descubre al que va a ser uno de sus personajes-fetiche. La miniserieestá escrita partiendo del rico material creado para el UXM 160: la Patrulla-X alternativa incapaz de rescatar a Illyana y cuyos miembros murieron (Lobezno, Coloso), fueron corrompidos por Belasco (Rondador Nocturno) o consiguieron librarse de su influencia (Tormenta, Kitty); los diversos demonios que habitan el Limbo, encabezados por S’Ym; o el desquiciado entorno geográfico, un mundo de fantasía heroica alejado del urbanismo imperante en Uncanny X-Menpero muy del gusto de Claremont, que también se sirve de un escenario similar en Marada the she-wolf, el serial que publica junto a John Bolton para la revista Epic. En Magiktrabaja con John Buscema en el dibujo, un artista habituado a los reinos fabulosos y que deja gran parte de la miniserie en manos de otros dibujantes: Ron Frenz en el tercer número y su hermano Sal en el segundo y en el último, si bien el entintado de Tom Palmer sirve para homogeneizar la obra.

Illyana es ángel y demonio. En ella se repite la dualidad que caracterizara a Fénix o que define a Lobezno. Es su capacidad para elegir entre el bien y el mal lo que la convierte en una heroína. Como hilo conductor del conflicto, el medallón que crea Belasco a partir de la esencia de la niña y en el que engarza, sucesivamente, las gemas sangrientas que representan el mal que habita en el corazón de Illyana. En el primer número de la miniserie, el medallón contiene una de las cinco gemas que puede albergar. Al terminar el relato, hay tres. “Me he pasado media vida en la Tierra y media vida en el infierno, donde fui consorte del diablo”, dice- “Soy Illyana Rasputín. Salvadora de la humanidad o la clave de su condena”. La habitual narración en primera persona facilita aquí las elipsis narrativas, obligatorias para condensar siete años en noventa y dos páginas, y que funcionan también cono elemento dramático en una historia que, además de aportar respuestas (qué pasó con Illyana durante esos siete años, cómo llegó a escapar del Limbo, qué representa el medallón) añade unas cuantas preguntas sobre el futuro del personaje. Convertida en dueña y señora del Limbo una vez ha derrotado a Belasco al final de la miniserie, Illyana desempeña un papel diferente en función de en qué colección aparezca. Mientras que en Uncannyse comporta como la amiga fiel de Kitty, en The New Mutantses la chica mala, la que pone los pelos de punta y de la que todos esperan que abrace su herencia demoniaca en el momento más inesperado. El medallón se sustituye por una extraña armadura, que aparece cuando Illyana utiliza sus artes mágicas, y por una espada, la Espada-Alma, que lleva como regente del Limbo. Tanto armadura como espada funcionan como referente continuo enquistado en la serie. Aparecen cada cierto tiempo, acentúan la ambivalencia de la chica o incluso son esgrimidas por Kitty, pero Claremont nunca llega a revelar su verdadera naturaleza o razón de ser, en espera de una ocasión que nunca llega. Mientras tanto, Magik se convierte una de las bebés-X más útiles desde el punto de vista argumental, ya que sus poderes de teleportación posibilitan que el grupo viaje a lo largo y ancho del universo.

 

1984. BILL SIENKIEWICZ ROMPE LAS LEYES DE LA MUTACIÓN

ES 1984. Illyana es el primero de los cuatro personajes femeninos que, a lo largo de 1984, llegan a sufrir un cambio drástico. La segunda en pasar por caja es Danielle Moonstar. En su honor, se contrata a Bill Sienkiewicz para que dibuje los TNM 18 a 20 (VIII-X 84). Los habituales de la casa le recuerdan de dos años atrás, por la aventura en la que la Patrulla-X se enfrentaba a Drácula. Desde entonces, Sienkiewicz ha abandonado su serie mensual, Moon Knight, y ha rechazado convertirse en el dibujante regular de Uncanny. En Uncanny jamás podría llegar a donde desea. En Uncanny quieren al sosias de Neal Adams. No se dan cuenta de que ya no existe, nunca más. El renacido Sienkiewicz concentra ahora su trabajo en espectaculares portadas en las que emplea las más dispares técnicas pictóricas. Son cuadros, más que cubiertas. ¿Es ese trabajo exportable al interior de un cómic de superhéroes? Claremont confía en que la respuesta sea afirmativa. En The New Mutants espera que Sienkiewicz dibuje una aventura que no tenga nada que ver con lo que se ha visto en la colección hasta ahora. No importa la reacción de los lectores. Lo hablan y coinciden: pueden estar tirándose de cabeza al abismo. Menos mal que Weezie les guarda las espaldas ante Shooter, un Shooter tan satisfecho con las ventas de los títulos regulares, limitados u ocasionales protagonizados por mutantes, que no tiene inconveniente en ceder a un capricho de su Rey Midas particular. Al fin y al cabo, sólo van a ser tres números de excesos. Por otra parte, piensa Shooter, ésta es una forma de responder a la nueva DC, ésa que se ha llevado a Frank Miller de Marvel para que haga Ronin; una manera de responder a las minúsculas editoriales denominadas independientes que afloran como setas en el mercado de venta directa. No suponen ningún problema económico para Marvel, pero destilan un discurso, especialmente la Fantagraphics de Gary Groth, según el cual sólo ellas pueden hacer tebeos realmente adultos. Pues que se enteren, que se enteren todos esos comunistas del Comics Journal: Marvel puede hacer cómics adultos mejor que nadie. Sin pasar por la línea Epic, sin derechos de autor, con superhéroes como dios manda.

Cualquier expectativa de Claremont se queda corta nada más recibir las páginas del primer número. Cada una de ellas podrían exponerse en un museo. Si éste es un cómic de superhéroe, se parece muy poco. Es imposible definir la estética de Sienkiewicz; hace falta verla. ¿Cómo explicar la magia? Va directamente al alma, al sentimiento, sin pasar por el cerebro. Sienkiewicz no dibuja rostros, no dibuja cuerpos. Dibuja emociones, temores, anhelos. Sí, y el oso está desproporcionado (cuando en realidad, aterroriza con unas simples garras sobre una mancha negra); y ese entintado parece emborronar la página (cuando en realidad es pura precisión); y esos chicos… esos chicos no son los bebés-X. No son los adolescentes prefabricados de Bob McLeod. Ya no están allí. Quizás no han estado nunca.

Ahora, además de unos irreconocibles (y al mismo tiempo, tan familiares) Roberto, Sam, Dani, Illyana, Rahne, está una joven venida de un futuro que nunca será. Una Rachel Summers que vio como asesinaban a Charles Xavier. Está un extraterrestre de aspecto inclasificable, perseguido por su todavía más inclasificable padre. Y un oso, ese enorme oso que no puede existir y que sin embargo existe. El oso que deja a Dani en un charco de sangre en medio de la nieve. Y a los lectores con el corazón en un puño, con la boca abierta. Vaya mierda. Vaya maravilla. Entre las críticas y las alabanzas a semejante producto media un abismo insondable. Nada de medias tintas. O lo amas o lo odias, pero todos tienen algo apasionado que decir sobre el tipo que está dibujando The New Mutants. “¡No sabe dibujar, mi hermano pequeño lo haría mejor!”, dicen unos. “¡Es un genio, lo mejor que he leído en mi vida! ¿seguro que el guionista es el de la Patrulla-X?”, dicen los otros. Es lo que Claremont busca y consigue una primavera de 1984. “Estamos aquí para que la gente se preocupe, que deseen que pase el mes para comprar el siguiente número y ver qué sucede”, dice. La previsible estampida de aterrorizados lectores hacia títulos más cómodos de leer se compensa inmediatamente con la llegada de aquéllos que no se hubieran acercado a un cómic de superhéroes ni con guantes; de aquéllos que no quieren saber nada de la Patrulla-X tras la marcha Byrne. Desde entonces, la estrella, la indudable estrella, es Claremont. Ahora, el escritor ha pasado a un discreto segundo plano. No importa: la compenetración con Sienkiewicz es absoluta, semejante a la que encontró con Miller o, las veces que no discutían, con Byrne. ¿Quieres experimentar? ¡Pues experimenta! ¿Has leído lo que dicen de nosotros? ¡En los puestos de prensa han dejado de comprarnos, pero el mercado directo nos adora! ¿por qué dejarlo aquí? Veo tu arte y se me ocurren mil historias como ésta. Pero sólo tú puedes dibujarlas.

Sienkiewicz acepta seguir, al menos, un año más. La primera de esas historias tiene como protagonista a Warlock, el extraterrestre multiforme que se une al grupo en el TNM 21 (XI 84). No es mutante, pero ninguna regla prohíbe ser bebé-X a otro tipo de seres. En todo caso, reúne los requisitos apropiados: es un adolescente (el más raro que ha pasado por la colección, pero un adolescente al fin y al cabo), le persigue su padre Magus con la intención de eliminarlo y es un forastero en tierra extraña. Ejemplo perfecto del nuevo espíritu de la serie, Warlock llega para convertirse en uno de los bebés-X más populares.

Durante los meses siguientes, tomada como referencia la saga del Oso Místico, Claremont y Sienkiewicz desarrollan una serie de aventuras, miniseries dentro de la serie, que conforman el cuadro de la colección comercial más extraña, disfuncional y atrevida de la Marvel de Jim Shooter. En los TNM 22 a 25 (XII 84-III 85) Claremont y Sienkiewicz recurren a Capa y Puñal, dos fascinantes personajes nacidos en The Spectacular Spider-Man, para acometer un perverso cuento lleno de referencias oníricas en el que Caperucita Roja (Rahne) se convierte en el Lobo Feroz y el Príncipe Azul (Roberto) en el Señor de las Sombras. Aquellos que rechazan el planteamiento por excesivo se echan al monte con los TNM 26 a 28 (IV-VI 85), alucinante viaje al fondo de la mente del hijo autista del Profesor-X en el que Sienkiewicz emplea todo tipo de técnicas pictóricas apoyado, en gran medida, por los buenos oficios de la colorista Glynis Wein. Todavía le queda tiempo para dibujar una saga más, en la que se emprende la búsqueda de Karma (TNM 29 a 31, VII-IX 85), antes de decidir que ha dado a los bebés-X todo lo que podía darles. Es el momento de buscar nuevos proyectos, más alejados de los tradicionales superhéroes, a pesar de que con un artista de sus características ya no sean “tradicionales”.

 

1984. DE CÓMO TORMENTA SE QUEDA SIN PODERES PARA MOLAR MÁS QUE NUNCA

En 1984. En Uncanny reaparecen algunas de las líneas argumentales más interesantes esbozadas enThe New Mutants. En el UXM 183, Claremont desvela que Selene, la vampira psíquica de Nueva Roma, ha viajado a Nueva York, donde, en el número siguiente, se enfrenta contra Rachel Summers, la hija de Cíclope y Fénix escapada del apocalíptico destino de Días del pasado futuro. Rachel vence a Selene con la ayuda de la Patrulla-X, sólo para darse cuenta de que ha cometido un error: “He llegado al pasado equivocado y, por culpa de mi estupidez, el mundo está condenado”, dice. En el UXM 188 descubre que su madre ha muerto y su padre se ha casado con otra. Descubre, en definitiva que, en esta línea temporal, ella nunca nacerá. Poco después, se desvela que Rachel fue manipulada mentalmente en su oscuro futuro para que sirviera como rastreadora de mutantes (UXM 189, I 85). En ese mismo número, vuelve a luchar contra Selene, ahora convertida en Reina Negra del Club Fuego Infernal. Rachel visita por tanto el lugar en el que su madre se transformó en Fénix Oscura, e incluso llega a vestir con una variante del traje que usara ésta. Por último, en el UXM 191 (III 85) aparece por primera vez Nimrod, un Centinela procedente de la época de Rachel que llega hasta la nuestra con la intención de asesinarla. Tiene aquí lugar un interesante feedback. Si en la película Terminator (1984) de James Cameron es reconocible la lectura previa de Días del futuro pasado, con Nimrod la pelota vuelve al tejado de Cameron. La influencia del androide encarnado por Arnold Schwarzenegger se evidencia en este Centinela definitivo. Por lo demás, Rachel Summers es un rubicón viviente. Puede que los mutantes lo estén pasando mal pero todavía están lejos del desolador destino que les dibuja Rachel. Claremont, junto a Nocenti, persigue ese “más difícil todavía”. Se trata de dar a cada uno de los hombres-X un buen motivo para que sufra. Y sufra mucho. En la cabeza del autor impera un silogismo a la hora de trabajar con sus personajes: la esencia del melodrama es el conflicto. La esencia del conflicto es llevar al límite la vida de los personajes. Hay que pensar la peor de las situaciones en la que puedes ponerles, y, a continuación, empeorarla.

 

-Ideas, quiero ideas.

-Que alguien consiga romper los huesos de Lobezno.

-No está mal. Más.

-Uhm. Que alguien robe a Tormenta sus poderes y luego se enamore de ella.

-Ésa me gusta.

 

En este caso, Claremont opera sobre un personaje terminado de definir. Tal vez por ello, el proceso sufrido por la diosa africana sea el más radical de todos. Meses antes, avisa en múltiples entrevistas de los extraordinarios acontecimientos que tendrán lugar enel UXM 185 (X 84) sin concretar de qué se trata exactamente. Simplemente, explica que las consecuencias se expondrán un especial con dibujos del preciosistaBarry Smith.

Lleva meses planeándolo. Los nuevos personajes secundarios que han sido introducidos en los últimos números sin motivo claro cobran ahora su valor. Está Henry Peter Gyrich, antiguo azote gubernamental de los Vengadores y actual perseguidor de mutantes; está Valerie Cooper, la ayudante del Consejo de Seguridad Nacional encargada de vigilar, desde el Gobierno de los Estados Unidos, las actividades mutantes; está Raven Darkholme, colega de la primera y, en realidad, Mística disfrazada e infiltrada en el Pentágono (un argumento que Claremont arrastra desde los últimos números de Ms. Marvel); está Forja, el misterioso mutante de origen cheyenne capaz de fabricar artilugios mecánicos con una facilidad sólo comparable a la de Reed Richards. Forja crea un arma que neutraliza el poder de cualquier superhombre, sea o no mutante. Pretende utilizarla contra los Fantasmas Espaciales, unos alienígenas que, desde las páginas de Rom, planean invadir la Tierra. Valerie Cooper en cambio quiere que sirva para capturar a Pícara… Es entonces cuando Claremont mete en la partida de ajedrez a Tormenta, quien, en un fuego cruzado, se convierte en la primera víctima del neutralizador de Forja.

El UXM 186 (XI 84) es el especial que dibuja Barry Smith, una historia de sentimientos entre Tormenta y Forja. Tormenta es uno de los pocos superhéroes con los que Smith puede identificarse remotamente. Vuela, tiene poderes, pero la entiende de forma distinta que los otros dibujantes. Quiere plasmar en ella su visión de lo que debe ser una diosa, mezcla de rasgos griegos y africanos. La participación del dibujante queda patente también en el guión. Claremont añade varias de sus sugerencias, lo que le vale ser incluido como coargumentista. En las páginas de Muerte viva, expresivo título que recibe el especial, se analiza por qué la mutante africana jamás ha tenido un romance. La Tormenta serena de los primeros tiempos, explica el Patriarca Mutante, es una diosa impasible, que renuncia a sus emociones porque sabe que la intensidad de éstas es paralela al control que tiene de sus poderes. En estos años, tiene posibilidad de enamorarse pero nunca llega a hacerlo. Así, una historia corta publicada en Marvel Team-Up 100 señala una breve aventura con Pantera Negra, relación a la que Claremont renuncia por no tener control operativo sobre el Rey de Wakanda. Por esas fechas, todavía en compañía de John Byrne, baraja unirla sentimentalmente a Cíclope, en lo que hubiera constituido la primera pareja multirracial de la historia del cómic. La idea nunca fructifica, ya que ambos autores deciden emplearla con Puño de Hierro y Misty Knight. Durante los años siguientes, Claremont opina que nadie en el Universo Marvel está a la altura de Ororo. “Vivo sola porque lo he elegido, y porque no he encontrado a ninguno que haga latir mi corazón”, llega a decir a Arkón (UXM Annual 5, 1981). Entonces surge la Tormenta punk del último año, que ha decidido romper las barreras, su “celibato espiritual autoimpuesto”, lo que supone el mayor conflicto interno que haya conocido la mutante. La Tormenta que tras el UXM 185 aparece, ya no tiene ese problema. Puede ahora ser dueña de sus sentimientos. Ése es el punto de partida de Muerte viva. En la primera página, Tormenta aparece desnuda, caída en una cama, más que tendida. “Érase una vez una mujer que podía volar”, indica el texto de apoyo. Ororo no quiere comer del plato que le ofrece Forja, prefiere morir. “Esto no es vida, Forja, sólo existencia… una sombra de lo que fue. Créeme, es el más cruel de los engaños”. Él afirma entenderla. Perdió su pierna y su mano en el Vietnam, sólo su habilidad de crear tecnología le ha permitido sustituirlas por prótesis cibernéticas. “Mientras vivas, siempre tendrás opciones, posibilidades… Esperanzas. Nunca sabes lo que sucederá a continuación”, sostiene Forja. Inevitablemente, se enamoran. Pero Ororo descubre que fue él quien inventó el arma que la ha desposeído de sus poderes, lo que le impulsa a abandonarlo, furiosa. La figura masculina que representa el cheyenne queda, una vez más en un relato de Claremont, por debajo. “Somos muy parecidos, Forja. En ti veo la persona que yo podía haber sido”, dice ella. “Pero escogí otro camino. Quizás mis pies nunca dejen de pisar la tierra, pero, algún día, volveré a volar”

 

Pese a los buenos resultados, esta primera colaboración con Barry Smith no deja de estar plagada de problemas y egos encontrados. Por un lado, Jim Shooter rechaza una de las viñetas de las primeras páginas, por considerarla en exceso provocativa; por el otro, las variaciones que el dibujante introduce en el guión de Claremont, imprimiendo un ritmo diferente al inicialmente contemplado, enfurecen al guionista, que pese a todo se muestra dispuesto a seguir colaborando con Smith en el futuro.

1984. PARA KITTY PRYDE, MADURAR IMPLICA EMPALAR A LOBEZNO

Es 1984. El mismo mes que Tormenta pierde los poderes aparece el primer número de la prometida miniserie dedicada a Kitty. Claremont analiza, al igual que con Muerte viva, la nueva forma que tiene el personaje de relacionarse con un mundo que se le ha hecho pedazos. A la ruptura con Coloso se añade el descubrimiento de que su padre tenga problemas con la mafia japonesa, lo que hace que viaje a Japón para intentar ayudarle. Ogun, el mismo ronin que entrenara a Lobezno, lava su cerebro y la convierte en una asesina ninja. Lo importante para Kitty no es borrar su influencia, cosa que puede conseguir con la ayuda de Xavier, sino enfrentarse a él y, sobre todo, al miedo. Para Claremont, lo que le pasa a Kitty es una enfermedad repentina. Ha sucedido tan rápido y con tanta intensidad que, cuando termina, apenas ha dejado algo dañado. A la postre, la resistencia es uno de los aspectos fundamentales del personaje, como bien lo demuestra la viñeta que cierra el relato, con ella devorando un enorme helado (Kitty Pryde and Wolverine 6, IV 85). Que la acción transcurra en Japón sirve para justificar la aparición de Lobezno, cuyo nombre se añade al título de la miniserie en un truco comercial que acaba traicionando a su autor. Inicialmente, la protagonista es Kitty, mientras que Lobezno encarna el papel de gran maestro, un referente ético para una muchacha que ha visto como sus modelos masculinos-Coloso, su padre- se han quedado obsoletos. La premisa se cumple en los dos primeros números pero, al empezar a escribir el tercero, el guionista descubre que se ha equivocado. No porque no sepa planificar la historia -esta historia en concreto es un prodigio de planificación- sino porque, como de costumbre, sus criaturas son las que deciden a dónde quieren llegar. Hasta tal punto cambia el curso de la aventura que se ve obligado a ampliarla de los cuatro números anunciados a los seis finalmente publicados. Lobezno también se enfrenta a su mayor demonio y lo destruye, pero el proceso resulta mucho más duro para él, obligado a asesinar a Ogun para salvar la vida de su compañera.

-Yo le respetaba, Kitty -confiesa Lobezno-. Le quería como a un padre. Le debo mucho de lo que soy. ¿Cómo pude estar tan ciego antes para no ver lo que era en realidad?

-Cuando os conocisteis eras joven. Tu has cambiado. Has Madurado. Ogun no. Esa es la diferencia.

Al Milgrom, que ya trabajara con Claremont en Captain Marvel 46 (IX 76), es elegido para ocuparse de Kitty Pryde and Wolverine. Es un artista de trazo duro, casi feísta. La solución apropiada ante la incapacidad de contratar a un Frank Miller encumbrado al estrellato y recién fugado a DC. Además, Milgrom hace aquí los mejores lápices de toda su carrera, una obra que supone un carpetazo a la época clásica de los dos protagonistas. Atrás queda la “chica normal” que creara John Byrne. “Ir a la universidad. Casarse. Tener muchos hijos. Es lo que hacen todas las mujeres. ¿Por qué yo no? Porque ellas no bailan en el cielo. Y a mi me gusta”, piensa Kitty. “Hasta sin superpoderes, no podría ser lo que mis padres o la sociedad esperan de mí” (L:KW 5, III 85). El resultado más palpable es el abandono de gran parte de su inocencia, gesto que se traduce en un nuevo nombre de guerra, Gata Sombra. Otro tanto ocurre con un Lobezno que sigue debatiéndose entre su lado salvaje y su humanidad pero que ahora está dispuesto a asumir responsabilidades impensables en el pasado. “Siempre he sido un solitario”, concluye, “y de repente tengo una familia. Tardaré en acostumbrarme”

            De vuelta a la serie regular, los UXM 190 y 191 (II-III 85) componen uno de los experimentos más extraños de la colección, dada la ruptura temática que acarrean. Durante estos dos números, Claremont recupera a Kulan-Gath, un enemigo de Red Sonja que ya utilizara años atrás en el Marvel Team-Up79 (III 79), y que convierte Nueva York en una ciudad sacada de un relato de Robert E- Howard. La aventura cuenta con el aliciente de poder ver las versiones medievales de la Patrulla-X, los Nuevos Mutantes o los Vengadores, curiosos diseños de un Romita que se divierte como pocas veces desde su llegada. Claremont se permite someter a la mayoría de los héroes de la Gran Manzana a las más refinadas torturas (llega a matar a Spider-Man o a fusionar los cuerpos de Xavier y Calibán), un lujo imposible de no ser porque todo queda olvidado cuando termina la historia. “Como siempre, la Patrulla-X ayuda a salvar a la humanidad y nadie lo sabrá”, se lamenta Tormenta.

Nada satisfecho con el resultado de la historia de Kulan-Gath, el Padre Mutante vuelve enseguida por sus fueros habituales. Son aventuras centradas en los personajes más que en la sucesión de villanos, aunque haya una buena ración de ellos. Magus, el padre de Warlock (UXM 192, IV 85), los Infernales (UXM 193, V 85), Juggernaut y Nimrod (UXM 194, VI 85) o Arcade (UXM 197, IX 85) se suceden uno tras otro sin ninguna función aparente que no sea la de mera excusa que haga recordar a los lectores que están leyendo un cómic de superhéroes. Son en cambio las relaciones y conflictos personales, más allá de cualquier otro motivo, los que sostienen el desarrollo argumental de la strip. Nada nuevo en Marvel, pero nunca antes de forma tan angustiosa. Todos y cada uno de los hombres-X tienen alguna buena razón para lamentarse. Tormenta ha perdido sus poderes; Pícara no puede tocar a nadie, pero conserva todas las emociones de Carol Danvers; Rondador, el alegre elfo de piel azulada, padece una crisis de fe a causa del Todopoderoso (“He visto el rostro de Dios y he descubierto que es un monstruo”, afirma); Rachel no puede olvidar su apocalíptico futuro alternativo; Kitty sufre por Coloso; Coloso no quiere hacer daño a Kitty, y por eso también sufre… De fondo, el racismo hacia los mutantes, encarnado en el enemigo definitivo de la Patrulla-X. Un enemigo que utiliza tantas e insospechadas modalidades como a Claremont se le ocurren. El sentimiento anti-mutante surge en cada una de las apariciones públicas de la Patrulla-X e incluso se materializa en el apaleamiento de Xavier, “el amigo de los mutis” (UXM 192).

A pocos meses para su publicación, Claremont comienza a preparar los acontecimientos previstos para el UXM 200, lo que coincide con el lanzamiento de Secret Wars II. La segunda gran saga planeada por Jim Shooter transcurre esta vez en la Tierra. Esto permite al director editorial llevar a cabo el mayor crossoverde todos los tiempos. Cada uno de los nueve números de los que se compone la aventura se continúa en las diferentes colecciones Marvel, un esfuerzo de coordinación que deja en ridículo el llevado a cabo para sacar adelante las primeras Guerras Secretas. Así, en Secret Wars II1 (VII 85), la Patrulla-X y Magneto se ven obligados a unir fuerzas ante la llegada del Todopoderoso. Magneto se ha pasado el último año junto a Lee Forrester, la antigua novia de Cíclope, con quien mantiene un romance cuya evolución ha podido seguirse durante meses en The New Mutants. Ahora asegura que ha cambiado, e incluso impide que Rachel mate a sangre fría al racista que planeaba asesinar a Xavier. “Su odio es fruto de la ignorancia y el miedo. Con tus actos justificas su miedo y su odio”, afirma Magnus, en una frase que define su cambio de postura (UXM 196, VIII 85).

El UXM 198 (X 85) acoge la segunda parte de Muerte viva. Más de un año ha tardado Barry Smith en terminar esta nueva entrega en la que, una vez analizada la relación de Tormenta con Forja, Claremont se la lleva a Africa para colocarla frente a sus orígenes, frente a las razones por las que, durante años, se ha negado a sí misma cualquier tipo de emoción. Según el Padre Mutante, estas razones tienen que ver con sus poderes y la necesidad de que funcionen en armonía con el entorno. “He sido un fraude”, concluye Tormenta. “Me inmunicé contra todo lo que eran sentimientos, ansias y deseos. Lo que hacía en realidad era esconderme y huir de mi propia humanidad”. Ororo, que juega con la idea del suicidio una y otra vez, encuentra su lugar en el orden natural de las cosas cuando comprende que ella ha de ser un puente “no sólo entre los antiguos y los nuevos métodos, sino entre las razas, entre la humanidad y sus hijos mutantes”. Según Claremont, “Tormenta se define a sí misma como hija de dos mundos. Nació en América, creció en el Cairo y pasó su adolescencia como una diosa pagana en medio de África. ¿Hasta qué punto está en el siglo XX?”. La heroína existe más allá de su vistoso traje y sus increíbles habilidades (ni lo uno ni lo otro aparece aquí). “No tengo poderes. No puedo volar. Ya no importa. En mi corazón vuelo más alto que las estrellas”, concluye Tormenta. Mientras desde algunos sectores de la crítica arrecian las protestas por la excesiva rentabilización del éxito mutante, Claremont y Smith desarrollan una historia sin villanos, sin otra lucha que no sea la que se produce en el interior de Tormenta, la que lleva a cabo para conseguir que nazca una niña africana. Pese a producirse nuevos encontronazos a causa de la interpretación libre que el dibujante hace del guión, la colaboración, tan alejada del arquetipo clásico del superhéroe, consigue una rotunda aclamación popular. Son tiempos en los que DC anuncia la salida de una serie titulada Watchmen.

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