EL INVENCIBLE IRON MAN 96: LA NOSTALGIA DE LOS VIEJOS UNIFORMES

Leído el prólogo, este mes nos tocan los dos primeros episodios de “La Edad de Hierro”, la miniserie nostálgica que nos servirá de puente hacia la nueva etapa de Iron Man. La idea para la realización de este proyecto surgió porque Rob Williams, el guionista que impulsó la misma, es un gran aficionado a la Liga Nacional de Fútbol Americano. Un día, se encontraba leyendo un artículo acerca de una tradición que existe dentro de esa liga, que consiste en vestir uniformes que recuerdan a los de las épocas doradas de un equipo, en determinadas ocasiones especiales. “Estaba pensando en cuántos fans disfrutan viendo a sus equipos vistiendo esas viejas equipaciones de hace años, y se me ocurrió que ocurre exactamente lo mismo con los personajes de Marvel. A la gente le encanta verlos de nuevo con sus uniformes de eras pasadas”, comentaba Williams en una entrevista con Dave Richards para CBR.com “Así que pensé: ¿Por qué no hacemos una aventura en la que un personaje retrocede en el tiempo hasta esos momentos y épocas específicos para poder ver a estos personajes y reunirlos en un superequipo que abarque toda una era? De esta manera, en algún punto de nuestra historia, verás a todos los personajes juntos en un único equipo”.

 

PRIMERA PARADA: ESTADOS UNIDOS, 1983 No es en absoluto azaroso que este año haya sido el primer elegido para emprender nuestro viaje. Nos retrotrae a la segunda crisis alcohólica de Tony Stark, que comenzara en The Invincible Iron Man #166 USA (1983. Marvel Gold. Iron Man: El caparazón vacío), y que se extendió durante más de un año de cómics, aunque sus efectos se hicieron sentir mucho más tiempo. Hay que tener en cuenta que esta época coincide con un momento muy dulce de Los Vengadores: se estaba iniciando la época de Roger Stern y la calidad de los cómics no hacían sino subir cada mes. Un tiempo antes, en The Avengers #221 USA (1982), se había dado paso a una renovación en las filas del equipo, con el regreso de Ojo de Halcón, las entradas de primero Hulka y, poco después, la Capitana Marvel y Zorro Estelar, así como la llegada de La Avispa al liderazgo. El cómic es tan cuidadoso en detalles de continuidad que se ha tenido en cuenta el breve escarceo que tuvo Tony con La Avispa, en The Avengers #224 USA (1982. Ambos en Marvel Gold. Los Poderosos Vengadores nº 2), o el incidente que dejó a Ojo de Halcón con la pierna escayolada, en The Avengers #231 USA (1983. MG. LPV nº 3). No es de extrañar que los autores sean Christos N. Gage, un nostálgico declarado, y el fantástico Lee Weeks, un artista que merecería un mayor reconocimiento del que tiene.

 

SEGUNDA PARADA: REINO UNIDO, 1983 Dentro de la misma época, nos movemos hasta el Viejo Contenido, para una aventura ambientada en la etapa del Capitán Britania dibujada por Alan Davis y escrita por El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Sin James Jaspers ha desatado su caza de brujas contra los superhéroes, en una trama que tomaba los elementos de “Días del Futuro Pasado” y los llevaba incluso un paso más allá. Estamos en los años cruciales, en los que el guionista al que nos referimos va a producir sus mejores obras, hasta culminar en su primer periodo en Estados Unidos, así que te aconsejamos que no te lo pierdas, máxime cuando este mismo mes ponemos a la venta el recopilatorio que contiene todas esas aventuras imprescindibles.

 

1987. GESTACIÓN Y NACIMIENTO DE EXCALIBUR

Es otoño de 1987. Claremont elige la supuesta muerte de la Patrulla-X como el catalizador de la formación de X-Calibre, la agrupación mutante inglesa cuya colección va a realizar en compañía de Alan Davis. Ha pasado un año desde que hablaran por primera vez de la serie. En ese tiempo, X-Calibre cambia su nombre por Excalibur. Fonéticamente suenan igual, pero el nuevo nombre es mucho más elegante e inglés. Claremont quiere rescatar a la inmensa mayoría de personajes secundarios, villanos y escenarios, cuanto menos peculiares, del serial del Capitán Britania.

Britania, creado por el mismo Claremont junto a Herb Trimpe para la delegación inglesa de Marvel, nace como un sosias del Capitán América atemperado por un par de rasgos mágicos, como por ejemplo la presencia de los ya mencionados Merlyn y Roma, que no oculta el evidente tono superheroico. Tras su debut en Captain Britain 1 (X 76), Brian Braddock se enfrenta a los pertinentes villanos mientras trata de conquistar el corazón de la bella Courtney Ross y hacer frente a las acusaciones del inspector Dai Thomas, un policía que odia a los vigilantes enmascarados con fervor similar al de Jonah J. Jameson. Son tebeos en los que también aparece por primera vez Betsy o Jamie, los hermanos de Brian. Tanto Claremont como Trimpe acaban por abandonar al héroe, que comienza un peregrinaje editorial de diez años en los que salta de una revista a otra, casi siempre en capítulos de no más de ocho páginas. Para evitar problemas de continuidad con Marvel, el guionista David Thorpe hace viajar al Capitán Britania por múltiples tierras paralelas. En una de ellas conoce a Saturnina, la encargada de mantener el orden del multiverso, y se enfrenta a la Banda Loca, un conjunto estrafalario de villanos encabezado por la Reina de Corazones que perseguía a la Alicia de Lewis Carroll, aquí conocida como la Reina Roja. De su diseño se encarga un primerizo Alan Davis, convertido en dibujante del Capitán Britania a partir de 1981.

Pocos meses después de la llegada de Davis, Thorpe es sustituido por Alan Moore, quien añade un toque terrorífico a la colección presente desde el primer número que escribe (Marvel superheroes 387, VII 82). Allí debuta la Furia, un siniestro ciborg cuyo objetivo de matar superhéroes cumple con eficacia absoluta. Moore, influido por Días del futuro pasado, conduce al Capitán Britania por un sin fin de Inglaterras alternativas en las que la Furia asesina a las respectivas contrapartidas del héroe, así como a otros vigilantes enmascarados. De esta época data también la Ejecutiva Especial, el grupo de mercenarios que más tarde será conocido como la Tecno Red.

La última etapa del serial abarca desde 1984 hasta 1986. Alan Davis continúa dibujando mientras que de los guiones se encarga Jamie Delano. El Capitán Britania sigue su periplo por dimensiones paralelas gracias ahora al faro en el que habita, que utiliza como puerta espacio-temporal. Además, Brian conoce a Meggan, la multiforme de origen desconocido que será su novia; y Betsy pierde la vista, momento en el que Claremont retoma a los personajes para incluirlos dentro del Universo Mutante. El haber sido el creador del protagonista le legitima en cierta forma para reutilizar los hallazgos de sus continuadores. “Cuando vuelvo sobre el Capitán Britania descubro que cualquier cosa que hubiera podido hacer, que hubiera tenido en mente, no es nada comparado con lo que han hecho ellos”, explica. Unida esta admiración al deseo de no verse encasillado en la imagen de perpetua seriedad y dramatismo que lleva a cuestas como guionista supremo de los sufrientes hombres-X, propone que Excalibur sea muy diferente a lo que se espera de él.

 

 

Mirando hacia DC, si el año pasado lo que funcionaba era el oscuro Señor de la Noche, este año un par de locos llamados Keith Giffen y J. M. DeMatteis han abierto en canal la vena satírica de la nueva Justice League International. Ése el camino. Hay que hacer cómics más ligeros. Claremont, conocido por la solemnidad de sus guiones, no ha dejado de caer, en ocasiones concretas, en la tentación bromística. Lo hace, por ejemplo, en los ya reseñados El cuento de hadas de Kitty (UXM 153), o en El profesor Xavier es un idiota (UXM 168), pero también en los UXM Annual 7 (1983) y TNM Annual 3 (1987), en ambos casos con la intervención del estrambótico Hombre Imposible, en el segundo de ellos junto a Alan Davis. Ocurre que probablemente el guión más delirante escrito por Claremont pertenezca a una serie sin relación con la Patrulla-X. En el Man-Thing 11 (VII 81), último de la serie, el mismo Padre Mutante es protagonista (a punto de darse a la bebida por la cancelación del cómic), mientras que Jim Shooter, Weezie Simonson o Danny Fingeroth figuran como secundarios. Puede que ahora esté siguiendo una tendencia marcada por otra colección, pero esa tendencia no le es desconocida. Además, en Excalibur, el humor no proviene, como en el caso de la Justice League, de los diálogos frenéticos o los chistes fáciles, sino que es la consecuencia de colocar a un grupo tradicional de superhéroes ante personajes estrafalarios y situaciones rocambolescas. Puestos a buscar definiciones, Ann Nocenti, la editora de la serie, da en el clavo.

 

-Excalibur es una comedia cósmica.

-¿Ah sí? -dice Davis-. Pues yo creía que era una Patrulla-X Europa.

-Chris piensa que tu estilo de dibujo tiende a lo humorístico y quiere aprovecharlo.

-No tenía ni idea, pero por mí encantado. Soy incapaz de unir la palabra “superhéroe” con “realismo” o “seriedad”.

 

La formación del nuevo grupo tiene lugar en el Excalibur Special Edition (III 88), un tomo es formato prestigio que precede a la serie regular. Al Capitán Britania y Meggan se unen Kitty Pryde, Rondador Nocturno y Rachel Summers. Tanto Kitty como Rondador han estado hospitalizados en la isla Muir desde La masacre mutante, por lo que no se encuentran junto a los hombres-X cuando éstos mueren en Dallas. De Rachel en cambio no se sabe nada desde que viajara a la dimensión de Mojo en el UXM 209 (IX 86). Las explicaciones de lo que allí ocurrió las reserva Claremont para una futura miniserie dibujada por Rick Leonardi, pero tal proyecto cae enseguida en el olvido. Alan Davis convierte a Rachel en una encantadora jovencita que poco tiene que ver con la torturada niña venida del futuro. El resto de los cambios operados en los antiguos hombres-X son apenas perceptibles, pero un buen observador puede darse cuenta de que Rondador Nocturno es algo más alto y Kitty más fuerte, se parece ahora a Katherine Hepburn en lugar de a Sigourney Weaver. Por su parte, el Capitán Britania ha aumentado de tamaño y masa muscular, lo que sirve a Claremont para hacer bromas sobre una torpeza de la que antes carecía. Brian Braddock es ahora un Capitán América inglés con defectos tales como la soberbia o la afición a la bebida, algo impensable en Steve Rogers.

“Esta es la historia, haz una portada divertida”, dice Claremont en la nota que adjunta al guión de cada número de la serie regular. Ejemplos de portadas con chiste: la del EX 1 (X 88) adereza la pose de los protagonistas con los risueños villanos, los lobos de guerra. En la del EX 2 (XI 89) uno de esos lobos descansa satisfecho después de haberse tragado a Kitty; el Capitán Britania, arroyado por Juggernaut, pregunta en la del EX 3 (XII 89) si hay más villanos como ése en los Estados Unidos. Por último, en la cubierta del EX 4 (I 90), Davis se atreve con algo realmente arriesgado y absurdo: Un barrendero asegura que los héroes musculosos, la violencia gratuita y las chicas guapas esperan dentro, pero que el lector se olvide de esas cosas en portada. Es la primera vez en su vida que Davis publica un texto.

En el interior del cómic, el Padre Mutante descubre que es mucho más sencillo contar historias dramáticas que humorísticas. Pese a las bromas, casi siempre visuales, es inevitable volver a las viejas costumbres. El primer número comienza con uno de esos misterios claremontianos que se alargan mes a mes sin que parezcan tener solución. En este caso, se trata del debut de Cacharro, una simpática cabeza robótica creada por Davis que la publicidad anuncia como el quinto miembro del grupo. De Cacharro se van dando pistas con cuentagotas. Así, en el EX 2, se revela que puede transformarse en un portal a otras dimensiones, adonde transporta a un misterioso niño de ojos felinos llamado Colin. Al mismo tiempo, el faro del Capitán Britania, convertido en el cuartel general de Excalibur, sigue siendo una especie de encrucijada espacio-temporal. Desde el principio está claro que el viaje por diferentes mundos va a ser una de las constantes de la serie, y otro tanto ocurre con las apariciones de viejos conocidos del Capitán Britania. Saturnina y la Tecno Red se dejan caer en el Special Edition; Courtney Ross en el EX 1; Simio, de la Banda Loca, en ese mismo número, y la Banda Loca al completo en los EX 4 y 5, donde comparten cartel con Arcade, comodín perfecto para añadir unas cuantas bromas al ya de por sí enloquecido argumento.

Excalibur, éxito inmediato que se coloca en ventas a la altura de sus hermanos yanquis, supone la más inesperada sorpresa para los acostumbrados a la angustia recurrente de Uncanny. Por encima de cualquier otro motivo está el dibujo de Alan Davis, imbuido de un maravilloso sentido lúdico de la aventura, de una capacidad para dibujar acción fluida, mujeres imposiblemente hermosas y héroes apuestos y honorables que nadie consigue igualar en el medio. Davis, acostumbrado a que el tradicional papel de pulpa oculte, trastoque o apelmace sus finas y precisas líneas, cuenta ahora con una impresión mucho más digna que hace que su trabajo, entintado siempre por el excelente Paul Neary, brille con la fuerza que se merece.

Seis meses median entre la publicación del Excalibur Special Edition y el primer número de la serie regular. El retraso con la que aparece se debe a dos imprevistos que se presentan ante Claremont. El primero, a algún genio se le ha ocurrido que, como no es suficiente con un crossover anual, no estaría de más que Uncanny apareciera cada quince días durante los meses de verano. El segundo, Tom DeFalco quiere lanzar una colección dedicada a Lobezno. Si Claremont no la quiere escribir porque está demasiado ocupado, no hay problema. La puede escribir cualquier otro. Puestos a decidir entre horas de sueño y el mutante de las garras de adamántium, gana la batalla éste último. Va a ser un año duro. Las cuentas salen con dificultad. Doce números de Excalibur, más doce números de Wolverine, más quince números de Uncanny… ¿Será divertido? Ya verá. Es como perderse en un bosque. Estás tan ocupado buscando el camino e intentando no caerte por el precipicio que te olvidas de admirar la belleza de los árboles. ¿Hasta donde es capaz de llegar Marvel para sacar dinero a los mutantes?, se pregunta Claremont. En 1988, año del estreno de Excalibur y Wolverine, Uncanny coloca una media de 430.000 ejemplares mensuales. Pero Uncanny es tan sólo la punta de un iceberg compuesto por cinco series más (contando Classic X-Men). Juntas, acumulan un cuarenta por ciento de los beneficios que tiene Marvel en el mercado directo. Claremont está convencido de que existe un límite, pero no sabe cuándo se llegará a él. Tampoco sabe si ese límite coincide con su capacidad para concebir historias o con la de los lectores para comprarlas y leerlas. Atrás queda la intención de regresar a The New Mutants, a lo que se une el abandono de los episodios complementarios de Classic X-Men, ahora en manos de Ann Nocenti. No puedes volver a casa, piensa Claremont. Por fortuna, Weezie y Ann hacen un trabajo excelente. ¿echa de menos a los bebés-X? Ojalá tuviera un minuto libre para echarlos de menos.