1982. SEIS DIBUJANTES PARA LA PATRULLA-X

Entretanto, por el bullpen circula el comentario de que la serie es buena, es excelente, pero no llega a los niveles alcanzados con Byrne, pese a que las ventas no hayan dejado de crecer. De una media de 260.000 ejemplares mensuales vendidos en 1980 ha pasado a 313.000 en 1981. Shooter desempolva una vieja propuesta de Cockrum anterior a su vuelta a Uncanny y se pone a leerla con detenimiento. Poco después telefonea al dibujante.

-Dave, he leído tu propuesta, The Futurians, y me encanta. Creo que deberías prepararla. Podemos lanzarla a lo grande, con una novela gráfica de presentación y una serie regular. Tendrás los derechos de autor sobre tus personajes, como hacemos en Epic. Suma a eso los incentivos. Estamos pagando incentivos a todo lo que supere las cien mil copias. Tendrás incentivos y derechos de autor para ti solo. Con un álbum de seis dólares. Piénsate si te interesa esto o seguir en la Patrulla-X.

 

Cockrum quiere hacer The Futurians. Es su invento, le ha dado forma y lo ha modelado sin otra ayuda que la de su imaginación. La Patrulla está bien, pero ya no se parece al grupo surgido del Giant-Size. Imitar a Byrne hasta el hastío no es su idea de creación artística. Habla con Chris y la Jones y deciden, de mutuo acuerdo, que si tanto le entusiasma The Futurians, que no se preocupe y deje a los mutantes. Ya buscarán a alguien. Jones empiezan a barajar opciones entre los artistas que han trabajado con mutantes durante las dos últimas temporadas, muchos de ellos dentro de la serie regular a causa de los problemas de Cockrum para entregar veintidós páginas mensuales.

Opción uno. Michael Golden se ocupa de los dos primeros Marvel Fanfare, que inmediatamente le facilitan el encargo del The Avengers Annual10. Es un dibujante preciosista, de rasgos bellos y barrocos. La fuerza de su trabajo sirve para ocultar errores propios de un novato. Problema: demasiado lento, incapaz de cumplir las fechas de entrega.

Opción dos. John Buscema, autor de un relato de Bizarre Adventures 27 protagonizado por Jean. Perfecto dominador de la figura humana, Buscema es un clásico del género. Demasiado clásico para la Patrulla-X, piensan Claremont y Jones. Además, odia los superhéroes.

 

Opción tres. George Pérez, autor del relato protagonizado por el Hombre de Hielo. Es el hombre perfecto para la Patrulla-X. Discípulo de Byrne, consigue superarle en precisión y detallismo. El UXM Annual 3 le coloca en primera posición de salida para dibujar la Patrulla-X. Problema: está muy contento en DC.

 

Opción cuatro. Bill Sienkiewicz, remedo de Neal Adams al que Jones encarga el UXM 159 (VII 82) y el UXM Annual 6 (1982). En ambos, la Patrulla-X se enfrenta a un Drácula fascinante, enamorado de Tormenta. Claremont rescata así al Príncipe de las Tinieblas de su supuesta muerte en el último número de la colección que protagonizara durante siete años (Tomb of Dracula70, VIII 1979). Sienkiewicz es el dibujante adecuado para la aventura, pero está por ver que encaje en la serie regular. Algo que, de momento, no se podrá comprobar, ya que prefiere seguir dibujando Moon Knight, donde utiliza experimentos visuales que le estarían vetados con la Patrulla-X.

 

Opción cinco. Brent Eric Anderson, dibujante de Dios ama, el hombre mata, del Annual 5 (1981) y del UXM 160 (VIII 82). Este último número cuenta con la presencia de Belasco, uno de los villanos que Anderson ha tenido que dibujar en Ka-Zar. Belasco es el demoniaco príncipe del Limbo que secuestra a Illyana, la hermana de Coloso. El Limbo es un mundo de fantasía donde no se aplican las leyes de espacio y tiempo. La Patrulla rescata a una Illyana que ha pasado siete años junto a Belasco. Lo ocurrido en ese tiempo es la semilla de una nueva miniserie que no tarda demasiado en posponerse. Brent Anderson resulta espectacular con la novela gráfica, competente en el Annualy escalofriante en este número, pero es incapaz de entregar cada mes un trabajo de calidad similar.

 

Opción seis. Paul Smith, que dibuja el cuarto número de Marvel Fanfare. Al igual que Golden, es capaz de imprimir en su trazo una belleza y elegancia absoluta. A diferencia de Golden, ese trazo es limpio, pura línea clara americana. Además, puede dibujar cualquier cosa sin protestar. Es un artesano sin ínfulas de autor. Hace lo que diga el guionista o el editor de turno. La decisión está tomada.

1984. BILL SIENKIEWICZ ROMPE LAS LEYES DE LA MUTACIÓN

ES 1984. Illyana es el primero de los cuatro personajes femeninos que, a lo largo de 1984, llegan a sufrir un cambio drástico. La segunda en pasar por caja es Danielle Moonstar. En su honor, se contrata a Bill Sienkiewicz para que dibuje los TNM 18 a 20 (VIII-X 84). Los habituales de la casa le recuerdan de dos años atrás, por la aventura en la que la Patrulla-X se enfrentaba a Drácula. Desde entonces, Sienkiewicz ha abandonado su serie mensual, Moon Knight, y ha rechazado convertirse en el dibujante regular de Uncanny. En Uncanny jamás podría llegar a donde desea. En Uncanny quieren al sosias de Neal Adams. No se dan cuenta de que ya no existe, nunca más. El renacido Sienkiewicz concentra ahora su trabajo en espectaculares portadas en las que emplea las más dispares técnicas pictóricas. Son cuadros, más que cubiertas. ¿Es ese trabajo exportable al interior de un cómic de superhéroes? Claremont confía en que la respuesta sea afirmativa. En The New Mutants espera que Sienkiewicz dibuje una aventura que no tenga nada que ver con lo que se ha visto en la colección hasta ahora. No importa la reacción de los lectores. Lo hablan y coinciden: pueden estar tirándose de cabeza al abismo. Menos mal que Weezie les guarda las espaldas ante Shooter, un Shooter tan satisfecho con las ventas de los títulos regulares, limitados u ocasionales protagonizados por mutantes, que no tiene inconveniente en ceder a un capricho de su Rey Midas particular. Al fin y al cabo, sólo van a ser tres números de excesos. Por otra parte, piensa Shooter, ésta es una forma de responder a la nueva DC, ésa que se ha llevado a Frank Miller de Marvel para que haga Ronin; una manera de responder a las minúsculas editoriales denominadas independientes que afloran como setas en el mercado de venta directa. No suponen ningún problema económico para Marvel, pero destilan un discurso, especialmente la Fantagraphics de Gary Groth, según el cual sólo ellas pueden hacer tebeos realmente adultos. Pues que se enteren, que se enteren todos esos comunistas del Comics Journal: Marvel puede hacer cómics adultos mejor que nadie. Sin pasar por la línea Epic, sin derechos de autor, con superhéroes como dios manda.

Cualquier expectativa de Claremont se queda corta nada más recibir las páginas del primer número. Cada una de ellas podrían exponerse en un museo. Si éste es un cómic de superhéroe, se parece muy poco. Es imposible definir la estética de Sienkiewicz; hace falta verla. ¿Cómo explicar la magia? Va directamente al alma, al sentimiento, sin pasar por el cerebro. Sienkiewicz no dibuja rostros, no dibuja cuerpos. Dibuja emociones, temores, anhelos. Sí, y el oso está desproporcionado (cuando en realidad, aterroriza con unas simples garras sobre una mancha negra); y ese entintado parece emborronar la página (cuando en realidad es pura precisión); y esos chicos… esos chicos no son los bebés-X. No son los adolescentes prefabricados de Bob McLeod. Ya no están allí. Quizás no han estado nunca.

Ahora, además de unos irreconocibles (y al mismo tiempo, tan familiares) Roberto, Sam, Dani, Illyana, Rahne, está una joven venida de un futuro que nunca será. Una Rachel Summers que vio como asesinaban a Charles Xavier. Está un extraterrestre de aspecto inclasificable, perseguido por su todavía más inclasificable padre. Y un oso, ese enorme oso que no puede existir y que sin embargo existe. El oso que deja a Dani en un charco de sangre en medio de la nieve. Y a los lectores con el corazón en un puño, con la boca abierta. Vaya mierda. Vaya maravilla. Entre las críticas y las alabanzas a semejante producto media un abismo insondable. Nada de medias tintas. O lo amas o lo odias, pero todos tienen algo apasionado que decir sobre el tipo que está dibujando The New Mutants. “¡No sabe dibujar, mi hermano pequeño lo haría mejor!”, dicen unos. “¡Es un genio, lo mejor que he leído en mi vida! ¿seguro que el guionista es el de la Patrulla-X?”, dicen los otros. Es lo que Claremont busca y consigue una primavera de 1984. “Estamos aquí para que la gente se preocupe, que deseen que pase el mes para comprar el siguiente número y ver qué sucede”, dice. La previsible estampida de aterrorizados lectores hacia títulos más cómodos de leer se compensa inmediatamente con la llegada de aquéllos que no se hubieran acercado a un cómic de superhéroes ni con guantes; de aquéllos que no quieren saber nada de la Patrulla-X tras la marcha Byrne. Desde entonces, la estrella, la indudable estrella, es Claremont. Ahora, el escritor ha pasado a un discreto segundo plano. No importa: la compenetración con Sienkiewicz es absoluta, semejante a la que encontró con Miller o, las veces que no discutían, con Byrne. ¿Quieres experimentar? ¡Pues experimenta! ¿Has leído lo que dicen de nosotros? ¡En los puestos de prensa han dejado de comprarnos, pero el mercado directo nos adora! ¿por qué dejarlo aquí? Veo tu arte y se me ocurren mil historias como ésta. Pero sólo tú puedes dibujarlas.

Sienkiewicz acepta seguir, al menos, un año más. La primera de esas historias tiene como protagonista a Warlock, el extraterrestre multiforme que se une al grupo en el TNM 21 (XI 84). No es mutante, pero ninguna regla prohíbe ser bebé-X a otro tipo de seres. En todo caso, reúne los requisitos apropiados: es un adolescente (el más raro que ha pasado por la colección, pero un adolescente al fin y al cabo), le persigue su padre Magus con la intención de eliminarlo y es un forastero en tierra extraña. Ejemplo perfecto del nuevo espíritu de la serie, Warlock llega para convertirse en uno de los bebés-X más populares.

Durante los meses siguientes, tomada como referencia la saga del Oso Místico, Claremont y Sienkiewicz desarrollan una serie de aventuras, miniseries dentro de la serie, que conforman el cuadro de la colección comercial más extraña, disfuncional y atrevida de la Marvel de Jim Shooter. En los TNM 22 a 25 (XII 84-III 85) Claremont y Sienkiewicz recurren a Capa y Puñal, dos fascinantes personajes nacidos en The Spectacular Spider-Man, para acometer un perverso cuento lleno de referencias oníricas en el que Caperucita Roja (Rahne) se convierte en el Lobo Feroz y el Príncipe Azul (Roberto) en el Señor de las Sombras. Aquellos que rechazan el planteamiento por excesivo se echan al monte con los TNM 26 a 28 (IV-VI 85), alucinante viaje al fondo de la mente del hijo autista del Profesor-X en el que Sienkiewicz emplea todo tipo de técnicas pictóricas apoyado, en gran medida, por los buenos oficios de la colorista Glynis Wein. Todavía le queda tiempo para dibujar una saga más, en la que se emprende la búsqueda de Karma (TNM 29 a 31, VII-IX 85), antes de decidir que ha dado a los bebés-X todo lo que podía darles. Es el momento de buscar nuevos proyectos, más alejados de los tradicionales superhéroes, a pesar de que con un artista de sus características ya no sean “tradicionales”.

 

LA REFORMULACIÓN DEL CABALLERO LUNA A MANOS DE CHARLIE HUSTON: CICLOS LUNARES

Hay personajes cuya fuerza excede a cualquier previsión inicial que pudieran hacer sus creadores. Entre ellos, hay que contar la figura del Caballero Luna. Creado en 1973 por el guionista Doug Moench y el dibujante Don Perlin con el único objetivo de que sirviera como oponente al Hombre Lobo marveliano, este misterioso individuo, a medio camino en aquel primer momento entre héroe y villano, causó una honda impresión entre los lectores de la época.

 

El trabajo de diseño del personaje estaba enfocado en la dirección de encontrar el perfecto rival contra el licántropo, y de ahí el recurso a jugar con los elementos distintivos del satélite terrestre, el que determina las transformaciones del Hombre Lobo. Moench se basó en un silogismo muy sencillo: la Luna es de color plateado. La plata daña a los Hombres Lobo, haciéndoles sangrar… Por lo tanto el nuevo personaje debía integrar tales circunstancias en sus elementos distintivos, desde el traje hasta su nombre de batalla. Cuenta Moench que su primera opción consistía en llamarle Moonblood (Lunasangre), pero que el editor de la historia, Len Wein, le aconsejó cambiarlo, de manera que ambos decidieron quedarse con Moon Knight (Caballero Luna).

 

Al final de aquella primera aparición se revelaba la condición benévola del Caballero Luna, que visitaría al Hombre Lobo en un par de ocasiones más, lo que permitiría al escritor definirle con mayor precisión: “Soldado de fortuna, veterano de tres guerras africanas y cinco revoluciones sudamericanas, relaciones con la CIA, experto en armamento, versátil en todas las artes marciales, ex-boxeador, marine, comando”, decía su expediente. Pero el aspecto diferenciador estaba, sin lugar a dudas, en su personalidad… O mejor dicho: en sus personalidades. El Caballero Luna asumía los papeles del mercenario Marc Spector, del millonario Steven Grant o del taxista Jake Lockley, en función de las necesidades de sus misiones. Moench le rodeó además de una corte de interesantes secundarios: Frenchie, el piloto del helicóptero que usaba en sus misiones; Marlene, su compañera sentimental, y Samuel, su mayordomo. Un tiempo más adelante, se incorporaría un detalle de suma importancia: la devoción hacia Khonshu, un dios del antiguo Egipto que habría salvado su vida y al que el Caballero Luna debía su propósito vital y representaba como avatar.

 

El golpe de suerte que ascendiera a los altares marvelitas al nuevo justiciero de la ciudad llegó gracias a una revista protagonizada por cierto Goliat Verde, que formaba parte de una iniciativa de Marvel destinada a llegar a un público más amplio que el habitual comprador de cómics. Se trataba de Rampaging Hulk, un título que, a partir de 1978, incluyó historias de complemento protagonizadas por el Caballero Luna. A partir de la tercera de las mismas, el dibujante sería Bill Sienkiewicz, un joven desconocido que destacaba por un estilo realista próximo al del legendario Neal Adams, que rompía con la línea, algo más conservadora, seguida por Don Perlin. El Caballero Luna se convertía así en una verdadera criatura de la noche, de un mundo cruel a la par que misterioso, con sus propias reglas y demonios. El éxito sería tal que, apenas un año más tarde, llegaría la colección propia.

 

Para entonces, no tardó en surgir una broma entre los lectores. “Si de verdad quieres leer buenas historias de Batman”, decían entonces, “debes seguir al Caballero Luna de Marvel”. Tal afirmación adquirió cierta oficialidad al saltar incluso a la portada de la prestigiosa revista Comics Journal, para la que Sienkiewicz dibujó una impactante ilustración en la que su héroe empujaba al veterano Hombre Murciélago. Y era cierto que el Caballero Luna le había tomado prestados algunos detalles: ambos coincidían en ser hombres convencionales entrenados hasta los límites de la resistencia humana o millonario con una doble vida; los dos utilizaban gadgets para resolver todas las circunstancias imaginables, e incluso el uniforme y la manera de moverse eran similares… pero en muchos aspectos, y de ahí los comentarios, el personaje de Marvel superaba cualquier cosa que pudiera ofrecer Batman en aquel entonces. No había acompañantes joviales ni villanos ridículos ni situaciones abracadabrantes. Además, Marc Spector disfrutaba de una relación plena y adulta con una mujer, algo que no solía verse en la acartonada vida privada de Bruce Wayne.

 

Sienkiewicz permaneció en la colección hasta Moon Knight #30 USA (1983). Para entonces, había tenido lugar una sorprendente evolución en su trazo, cada vez más experimental y sucio, un verdadero espectáculo para los sentidos que, junto con los complejos guiones de Moench, situaban las aventuras del Caballero Luna en la cumbre de la sofisticación. Por desgracia, el escritor apenas tardó unos pocos episodios en seguir el camino de su compañero, y en ausencia de ambos la cabecera echaría el cierre en cuestión de meses. Posteriores regresos no contarían con ninguno de ellos, salvo por un par de miniseries, escritas por Moench a finales de los noventa, en las que devolvía sus esencias al Puño de Khonshu, aunque fuera por un espacio de tiempo limitado.

 

No fue en vano, sin embargo, ya que esas historias mantuvieron viva la llama del Caballero Luna. Al fin, en 2006, y tomando las aventuras originales como modelo a seguir, el novelista policiaco Charlie Huston y el dibujante David Finch acometieron un espectacular relanzamiento. En “El fondo” estamos ante una vuelta a nacer del personaje en toda regla, al comienzo de la cual se presenta a un Marc Spector que no sólo ha dejado atrás su pasado como héroe enmascarado, sino también todo aquello que le importa: el amor, la amistad, su vida, en definitiva. Es entonces cuando eleva sus plegarias a Khonshu… Y empieza de nuevo el ciclo de la Luna.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. El Caballero Luna: El fondo

UN COSMOS EN EXPANSIÓN

Una vez cumplido el objetivo de poner en marcha las dos colecciones con las que se abrió el Universo Ultimate, y mientras Mark Millar y Bryan Hitch trabajaban en la llegada de Los Ultimates, en La Casa de las Ideas tuvieron una gran duda: ¿Qué hacer a continuación? El Universo Ultimate se había convertido en el éxito del año y las leyes del mercado siempre dictan que si algo se vende mucho, debe producirse en masa.

En cualquier otra circunstancia, los títulos de la Línea Ultimate se habrían multiplicado de inmediato, con los lanzamientos que hiciera falta. Pero en la editorial comprendían que no era buena idea. Mantendrían la línea Ultimate reducida a unos pocos títulos, lo que permitiría cuidarla al máximo. El objetivo es que nunca llegase a haber más de cuatro series al mismo tiempo. Tenían ya dos en las librerías, una más en preparación y una tercera que sugeriría Brian Michael Bendis, el guionista de Ultimate Spiderman.

Tras muchos años como autor independiente, Bendis había logrado dar el salto al mainstream con una aclamación unánime. En Marvel se preguntaban cuál sería su siguiente proyecto y éste les ofreció fusionar dos viejos conceptos ya desaparecidos, Marvel Fanfare, una colección con autores y protagonistas que cambiaban cada mes, y Marvel Team-Up, una cabecera de Spiderman en la que le acompañaba un héroe diferente por número. De esta forma, Bendis preguntaría a artistas que admiraba qué personaje les gustaría dibujar para Marvel. Él adaptaría la historia y el estilo literario a los deseos de cada uno de ellos, al tiempo que Spidey serviría de maestro de ceremonias. En las oficinas de la editorial, en un momento en que estaban muy abiertos a la experimentación y a nuevos puntos de vista, estimaron que la idea podría funcionar bien, además de expandir el cosmos del Universo Ultimate, sin necesidad de multiplicar exponencialmente el número de colecciones.

Bajo esas premisas, Ultimate Marvel Team-Up se convirtió en la tercera cabecera del Universo Definitivo en ver la luz. La serie abría a lo grande, mediante una historia que era importante por tres motivos: suponía el primer encuentro de Spidey con otro superhéroe, era también la primera vez que el trepamuros se cruzaba en el camino de un mutante y el primer cruce de la versión definitiva de los dos personajes más comerciales de la editorial: el Hombre Araña… Y Lobezno. Matt Wagner, el genio detrás de Grendel, uno de los más sugestivos tebeos del panorama independiente americano, se encargaba de los lápices.

No menos importante fue la segunda historia, un encuentro con Hulk dibujado por Phil Hester (Green Arrow), ya que serviría para dar consistencia a un conjunto de ideas alrededor del escenario sobre el que se movía el Universo Ultimate. Al ambiente de Guerra Fría y paranoia radiactiva que presidía los cómics que hicieran Stan Lee y Jack Kirby en el nacimiento del Universo Marvel convencional, Bendis y Millar querían contraponer un modelo adaptado al siglo XXI, el de “la gran conspiración”, con un reducido número de individuos moviendo los hilos desde las sombras, un Gran Hermano que se sitúa en lo más alto de la cadena alimenticia y controla el mundo. En el choque de Spidey con Hulk se apuntaría por primera vez esta circunstancia.

 

Tras el Goliat Esmeralda, el siguiente “Team-Up” supuso el debut de Iron Man, otro de los héroes que pronto aparecería en The Ultimates. El dibujante era todavía más inusual que los anteriores, puesto que se trataba de Mike Allred, cuyo delirio pop también podía encontrarse en X-Force, otro heterodoxo proyecto que La Casa de las Ideas acababa de estrenar. La apuesta se elevaría aún más con la aventura que, acto seguido, reuniría a Spiderman con Daredevil y Punisher. Bendis se mantuvo fiel al concepto original de estos dos oscuros vigilantes de Marvel, pero fue más allá en todo lo demás: no sólo se trataba de la aventura más larga publicada hasta entonces en MTU, sino que además estaba ilustrada nada menos que por Bill Sienkiewicz, un genio de estilo diametralmente opuesto al típico autor de superhéroes.

 

 

En este volumen se recogen todas esas historias. En total, los ocho primeros números de Ultimate Marvel Team-Up, un esclarecedor y brillante ejemplo de lo mucho que arriesgaba La Casa de las Ideas a comienzos de la primera década del siglo XXI. Porque quien nunca arriesga, nunca gana.

Artículo aparecido en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 3: Un mundo compartido