ULTIMATE X-MEN: MUTANTES EN LA SOMBRA

Hubo un tiempo en que Estados Unidos era un lugar seguro para el Homo superior. Esos días han pasado. Como refleja Jonathan Hickman en The Ultimates, el país se encuentra en descomposición, la autoridad del gobierno está en entredicho y eso, en lo que a los mutantes se refiere, se traduce en malas noticias. Tras “Ultimatum”, eran ilegales; ahora, son perseguidos y asesinados. Y ninguno sospecha que el culpable es un mutante llamado William Stryker.

Este tomo de Ultimate X-Mencontiene el segundo y último arco argumental orquestado por Nick Spencer. El guionista de Morning Gloriesjuega con los elementos que utilizó Chris Claremont en los años ochenta alrededor de “Días del futuro pasado”, no ya con el concepto en sí mismo de aventura que desvela un mañana terrible, sino con todas las tramas a las que dio pie y que tenían como común denominador el odio racista hacia los mutantes. Aquellos dos episodios de contundencia inabarcable encerraban muchas razones para que fueran considerados una obra maestra, pero la más importante de todas quizás fue la sutileza con la que planteaban su final: Kitty Pryde había vuelto atrás en el tiempo para impedir que tuviera lugar el Apocalipsis, como consecuencia del asesinato del senador Robert Kelly. Con su ayuda, La Patrulla-X consiguió abortar los planes de La Hermandad de Mutantes Diabólicos de Mística. Sin embargo, tras sobrevivir al atentado, era el propio senador quien reactivaba el Programa Centinela, lo que en último término podría conducir a la aniquilación total. ¿Había cambiado realmente el curso de los acontecimientos? ¿El futuro negro de La Patrulla-X tendría lugar, hicieran lo que hicieran por impedirlo?

 

En el Universo Marvel clásico, durante los años posteriores a la publicación de aquella historia tan definitoria, Chris Claremont fue dosificando hábilmente indicios que apuntaban a que los mutantes jamás conseguirían escapar a su destino. En la novela gráfica “God Loves Man Kills” (1984. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X: Dios ama, el hombre mata) la historia giraba alrededor del odio de humanos contra mutantes, que adquiría tintes de fanatismo religioso en la figura del reverendo William Stryker. El cómic se convirtió en uno de los más populares entre los lectores, en tanto que muchos lo consideraron como la historia definitiva de La Patrulla-X. Su impacto llegaría a ser tal que inspiraría la segunda producción cinematográfica de nuestros héroes.

 

La impresión de que, llegado el momento, los mutantes se verían arrastrados a una guerra contra los humanos de la que ningún bando saldría victorioso había calado con fuerza, hasta el punto de que fue sobre lo que giró el primer gran crossover de la franquicia, “La masacre mutante”, publicada a lo largo de diversas series durante el verano de 1986. Unos misteriosos individuos con motivos pocos claros atacaban los túneles donde vivían Los Morlocks y asesinaban sistemáticamente a los integrantes de esta sociedad mutante que había decidido aislarse de los humanos.

 

En paralelo, Claremont también introdujo el concepto de los Nimrods. Se trataba de la siguiente generación de Centinelas, la que había sido pieza fundamental del desastre narrado en DOFP. Consciente de que James Cameron leyó su historia con mucha atención antes de escribir el guión de The Terminator (1984), el Patriarca Mutante le devolvió la moneda, mediante la presentación de un cíborg asesino que retrocedía en el tiempo para continuar con su trabajo genocida en el presente.

 

Curiosamente, en 2006, ya hubo dos autores, Craig Kyle y Chris Yost que, desde las páginas de New X-Men, jugaron a unir los destinos de Stryker y uno de los Nimrod, en una saga con grandes dosis de nostalgia. Quizás si no hubiera sido por ellos Spencer jamás hubiera planteado el ejercicio que nos ofrece en estas páginas y por el cual, una vez alcanzada la situación que se describía en “Días del futuro pasado”, juega también a que sea Stryker el culpable de que los Nimrods comiencen la carnicería.

 

Tanto en la Tierra-616 como en los primeros tiempos del Universo Ultimate, la llegada de un peligro tan terrible como el de los Nimrods probablemente hubiera sido amortiguada por la intervención de La Patrulla-X, pero el gran hecho diferenciador del escenario con que nos hemos encontrado tras los acontecimientos de “Ultimatum” es que ya no hay un equipo organizado de mutantes, sino grupúsculos ocultos en la clandestinidad e individuos asustados, sin que haya ninguna figura que les represente y junto a la que se puedan sentir seguros, como fueran Magneto y Xavier en el pasado. En el anterior tomo, vimos que Kitty Pryde podría llegar a asumir ese papel, y aquí llega a apuntarse que la elegida podría ser Tormenta. Para ello, hay que volver sobre un escenario que ya se nos enseñó muy por encima anteriormente: uno de los campamentos donde se encuentran algunos de los mutantes que conocíamos. Aquellos que colaboran, reciben un trato correcto, mientras que los que no lo hacen, como es el caso de Coloso, son sometidos a torturas de forma clandestina. La alegoría con respecto a la prisión de Guantánamo no podría ser más evidente. Hay todavía un tercer lugar que cobra importancia en el nuevo orden del poder mutante: las ciudades flotantes de Tian, en el sudeste asiático, donde la historia corrió en sentido diferente: allí los mutantes triunfaron sobre sus opresores, para fundar una utopía que otras naciones miran con suspicacia.

 

A todo esto, Spencer añade un misterio: la repentina reaparición de personajes que hasta ahora creíamos muertos. En el final del anterior tomo, Charles Xavier se presentaba ante Pícara, sin dar ningún indicio de cómo podía haber sobrevivido a que Magneto rompiera su cuello. Lejos de ofrecer soluciones fáciles al regreso, el guionista apuesta incluso por añadir nuevos interrogantes a modo de subtrama. La clave final no llega hasta la última página, con una monumental sorpresa que quizás hubiera llegado mucho más lejos de haber seguido el escritor al frente de la cabecera. Su sustituto Brian Wood, optará por centrarse en las otras muchas semillas que Spencer ha dejado plantadas.

 

Artículo aparecido originalmente en Ultimate X-Men nº 17

ULTIMATE X-MEN: EL FUTURO ES HOY

La Patrulla-X estuvo casi ausente en la segunda fase del Universo Ultimate. No es de extrañar, puesto que se trataba del grupo que más sufrió los efectos de “Ultimatum”, con la práctica eliminación de todos sus puntales. A lo largo de la saga de Jeph Loeb y David Finch murieron buena parte de los mutantes que hasta entonces conocíamos, pero también y sobre todo los personajes sobre los que se asentaba la serie: Charles Xavier, el propio Magneto, Lobezno, Cíclope, La Bestia, Rondador Nocturno… Loeb eliminó mutantes como quien pretendía que no hubiera un mañana. ¿Qué es lo que sucedería después del apocalipsis del homo superior? La respuesta hay que buscarla en esta siguiente etapa de la colección.

 

Pese a que Loeb fulminó sin piedad las bases sobre la que se asentaba el Homo superior en su interpretación definitiva, no sin que antes además hubiera roto con los esquemas previos al establecer que los mutantes del Universo Ultimate no eran fruto de la evolución, sino un sofisticado producto de laboratorio, en honor de este guionista capaz de lo mejor y de lo peor hay que decir que, acto seguido, propuso una brillante relectura del concepto, a través de la historia contenida en Coleccionable Ultimatenº 55. Ultimate X. En sus páginas, como si se tratara del mítico Giant-Size X-Men#1 USA (1975. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-Xnº 1), una Jean Grey que había conseguido sobrevivir al abismo y que ahora utilizaba un nuevo nombre iba reclutando a nuevos mutantes con los que reimaginar el sueño de Charles Xavier. Entre ellos, se encontraba, como apuntaría el título, el hijo de Lobezno, además de una amalgama de nuevos y viejos personajes. Todo ello tenía lugar en un clima de irrespirable odio hacia los mutantes, no sólo entre la opinión pública, sino también para las autoridades, que habían desatado la caza de todo el que tuviera el gen x como si se tratara de un criminal. A su vez, y tras la desaparición de Peter Parker, en Coleccionable Ultimatenº 66. Ultimate Spidermannº 31: La Muerte de Spiderman. El día después, Mercurio, el hijo de Magneto, se ponía al servicio del gobierno de Estados Unidos, para reunir a todos los mutantes y ponerlos a su disposición como esclavos.

 

Y ahí tenemos ya el punto de partida para la historia que aquí comienza. Nick Spencer, un guionista fichado por Marvel después del éxito que tuviera en Image con su obra independiente Morning Glories, acerca de los alumnos de un particular instituto y los misterios que ocurren entre sus paredes, se incorpora a la línea Ultimate con el propósito de dejar atrás la misión de salvar el mundo que tuviera antes La Patrulla-X. Esta nueva encarnación de Ultimate X-Men trata sobre un puñado de chicos que han decidido unirse y salvarse a sí mismos de la amenaza que pende sobre ellos.. “Nuestro primer arco está dedicado a ratificar que las viejas leyendas han muerto. Ni Xavier ni Magneto están ya aquí y las ideologías que representaban ya no funcionan. Aquí exploraremos por qué”.

 

El escenario trazado por Spencer, con la inconmensurable ayuda de Paco Medina, un dibujante que llevaba largo tiempo trabajando para Marvel y que aquí alcanza su cúspide artística, nos devuelve el recuerdo de “Días del futuro pasado”, la extraordinaria saga que fuera narrada por Chris Claremont y John Byrne en 1980 y que todavía hoy en día persiste como un referente fundamental de la iconografía mutante, capaz incluso de inspirar por sí sola todo un filme de su franquicia cinematográfica. “Días del futuro pasado” mostraba un futuro cercano, en el que el asesinato del senador Robert Kelly por parte de la Hermandad de Mutantes Diabólicos habría provocado la reactivación del Programa Centinela, llevando a la práctica eliminación de todos los mutantes y superhéroes de la Tierra y dejando un mundo post-apocalíptico y en ruinas, en que los únicos supervivientes languidecían en campos de concentración. En su momento, tanto en la película como en el relato original de Claremont y Byrne, el planteamiento consistía en señalar ese escenario como posible, a partir de los sucesos que estaban teniendo lugar en el presente. La revolución del Universo Ultimate consiste en llevar la ucronía al aquí y al ahora. La Patrulla-X no puede impedir que ocurra el genocidio de su especie porque… ¡Ya ha empezado! No puede impedir que se despliegue la nueva generación de Centinelas, porque ya lo ha hecho. No puede impedir que el gobierno ilegalice a los mutantes, porque esa ley ya está firmada. Escapar al abismo es su única posibilidad.

 

Tanto Spencer como Medina juegan a cartografiar un terreno nuevo, pero también a que algunos de los elementos que encontramos en él ofrezcan ecos que conecten con el tema fundamental de la caza y captura del Homo superior. De posteriores viajes a la línea temporal de “Días del pasado futuro” toman a los Nimrod, la futura generación de Centinelas, mejorados y más terribles que cualquiera que haya existido antes. De la mítica “Patrulla-X: Dios ama, el hombre mata” (1982), recuperan la figura de William Stryker, aunque su debut en el Universo Ultimate ya había tenido lugar en el curso del último ataque de Magneto, en concreto en Ultimate X-Men#98 USA (2009. Coleccionable Ultimate. Ultimate X-Men nº 15: Ultimatum), Spencer ha querido hacer un repaso por el origen y las motivaciones del personaje, de tal manera que los nuevos lectores puedan seguir su drama desde el principio. El William Stryker de la continuidad tradicional era un sargento del ejército estadounidense cuya esposa daba a luz a un mutante, lo que motivaba que el padre asesinara a ambos, al considerar lo ocurrido un castigo divino. En el cine, en X-Men 2, encontramos en su momento otra variante del villano. Allí Stryker era el responsable del proyecto militar en el que se recubrieron de adamántium los huesos de Lobezno. Y por supuesto también hay “ultimatizaciones” de otros viejos personajes de la Tierra-616, como es el caso de Oruga, un mutante que viera la luz en la continuidad clásica a finales de los años noventa y que todavía ofrece uno de los poderes más extraños que se hayan visto jamás.

 

La construcción de este argumento en que lo imposible es ya una realidad palpable enlaza, en perfecta sincronización, con el resto de cabeceras del Universo Ultimate, en especial con The Ultimatestras la llegada de Jonathan Hickman y Esad Ribic, quienes han aplicado esa idea de que Estados Unidos ha dejado de ser la primera potencia mundial. Ahora hay otros países que están ocupando el lugar que antes tuviera América y quizás sea allí donde los mutantes puedan escapar de la masacre. ¿Encontrarán algún sitio al que llamar hogar? ¿Encontrarán descanso algún día, o todo lo que les queda es esperar y morir? Ha llegado el momento de buscar la respuesta.

 

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men nº 16

ULTIMATE X: NACIMIENTO, DESTRUCCIÓN Y RENACIMIENTO

“Ultimatum” puso de revés el Universo Ultimate, pero sobre todo rompió en mil pedazos a los mutantes de La Patrulla-X. No en vano el caos desatado durante la saga era consecuencia directa del descubrimiento de que el homo superior no era más que una creación artificial, en lugar del siguiente paso de la humanidad. A lo largo de una demoledora saga en cinco partes, Jeph Loeb, un guionista sin miedo a romper jarrones chinos, y el viejo conocido de la casa David Finch narraron el combate definitivo entre Magneto y la humanidad, un apocalíptico choque en el curso del cual murió la plana mayor de los héroes y villanos del Universo Ultimate, entre ellos muchos de los hombres-X y sus enemigos.

 

En la lista de bajas estaban incluidos las más importantes piezas de La Patrulla-X, como Lobezno, Cíclope, el Profesor Xavier o Magneto, pero también otros, que se habían ganado un lugar en el corazón de los lectores: El Ángel, La Bestia, Dazzler, Emma Frost, Rondador Nocturno, Polaris, La Mole, Juggernaut… ¿Qué es lo que pretendían realmente Loeb y Marvel con semejante masacre? Muy sencillo: devolver la atención de los lectores al Universo Ultimate, pero también convertirlo en un lugar imprevisible, donde cualquier cosa pudiera ocurrir, incluso lo que pareciera imposible.

 

Es en ese contexto, en el que los mutantes volvieran a ser señalados como el principal peligro a erradicar de la faz de la Tierra (tal y como ocurría en el comienzo de Ultimate X-Men, con aquellos Centinelas que pisoteaban mutantes), es donde se sitúa este proyecto, Ultimate X, que apuesta por desvelar el destino del homo superiordentro de este cosmos particular y una vez que han perdido la consideración de héroes que algún día llegaran a atesorar. Lo paradójico del caso es que es el propio Jeph Loeb, el hombre que firmó la hoja de defunción, el que ahora se hace cargo del nuevo alumbramiento. Aquí se debe recordar que estamos ante un autor de dos caras. Es capaz de hacer obras palomiteras al máximo, que parecen verdaderos blockbustersveraniegos dirigidos por Michael Bay, y por las que recibe más palos que una estera… Y a su vez es capaz de acometer proyectos con un eminente tono clásico y nostálgico, como pudieran ser Superman: Las cuatro estaciones, Batman: El largo Halloween, o su serie de colores para Marvel (Daredevil: Yellow, Spider-Man: Bluey Hulk: Grey), donde el recurso primario es la minuciosa caracterización de los protagonistas, la búsqueda de la conexión emocional con los lectores y la recreación nostálgica de un tiempo pasado. Estas obras, al contrario que las primeras, sí consiguen la aclamación popular y el aplauso de la crítica. Es en ellas donde sale a flote el Loeb más desconocido, el que es un apasionado seguidor de los superhéroes que atesora todos y cada uno de los cómics publicados por Marvel y DC desde comienzos de los años sesenta.

 

Ultimate Xparte de los acontecimientos de “Ultimatum”, pero se sitúa en el segundo apartado de obras, con una trama que sigue la estructura narrativa clásica de las aventuras de fundación de equipo, en especial el Giant-Size X-Men #1 USA (1975. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X nº 1), con el que se diera a conocer la “segunda génesis” de los mutantes. Esto es, con la presentación pausada de un puñado de personajes que son reclutados por una suerte de mentor para formar parte de un nuevo grupo de superhéroes. Entre los miembros, hay algún que otro viejo conocido junto con mutantes nunca antes vistos, y todos mantienen alguna particular conexión con el pasado. La gran atracción dentro de ese elenco está en primer lugar de todas, ya que se trata del hijo de Lobezno. La muerte de Logan fue una de las sorpresas más inesperadas de “Ultimatum”, pero parece que en La Casa de las Ideas querían darse prisa en encontrar un sustituto. Loeb recurre para ello a un relato iniciático que evoca de inmediato al origen de Spiderman o a películas como American Grafitti. No faltan tampoco referencias a las circunstancias del Lobezno de la Tierra-616, de manera que las personas que han criado al vástago de Logan responden a los nombres de Jimmy y Heather Hudson, y serían por lo tanto el equivalente a la pareja que, en la continuidad clásica, le rescató de los bosques canadienses y le devolvió a la humanidad.

 

Pero este nuevo Lobezno, que Loeb nos insiste en diferenciarlo de su padre en casi todos los aspectos, salvo en los poderes curativos y en las características garras, no es sino el comienzo de un camino que tiene como objetivo descubrir qué le espera a los hombres-X a partir de ahora. Para averiguarlo, tendremos que descubrir a mutantes que no conocíamos hasta el momento, pero también saber qué ha sido de los que pertenecieran a La Patrulla-X y consiguieron escapar a la masacre de “Ultimatum”, o de aquéllos que trataban de llevar una vida normal, como es el caso de Liz Allen, la compañera de instituto de Peter Parker que resultó ser hija de La Mole. A este respecto no hay que olvidar el escalofriante papel de este villano en “Ultimatum”: durante la crisis, protagonizaba uno de los momentos más salvajes que se hayan visto jamás en el Universo Definitivo, cuando devoraba las entrañas de La Avispa y luego encontraba la muerte a manos de Hank Pym, quien a su vez le arrancaba la cabeza de un mordisco. Si a Liz le costaba aceptar su condición mutante, ¿cómo puede afrontar las terribles acciones realizadas por su padre?

 

El toque clásico queda apuntalado por la labor gráfica de Arthur Adams, el que fuera uno de los dibujantes más destacados de la Franquicia Mutante durante los años ochenta, especialmente recordado porLa Patrulla-X: Las guerras asgardianas. Adams, precursor en aquel entonces de la influencia manga y el detallismo excesivo que luego serían moneda común en los noventa, no suele prodigarse en exceso, dada su reconocida lentitud, pero tiende a contestar afirmativamente a las llamadas de Loeb, autor con el que ha colaborado en ocasiones puntuales y con el que siempre se ha divertido extraordinariamente. Pese a llevar en el tajo desde hace tres décadas, Adams mantiene toda la fuerza que tuviera entonces, de forma que podría codearse con cualquiera de las nuevas estrellas del siglo XXI y la única lástima es que no se prodigue con mayor frecuencia, porque su trazo abre las puertas a un mundo brillante en el que perderse.

 

El de crear un formidable entretenimiento es, ni más ni menos, el propósito principal de este cómic, que cumple con creces. Pero Ultimate Comics. Xtambién nos enseña que, después de la tragedia ocurrida, después de toda esa muerte y destrucción, aguarda un mañana esperanzador dentro del Universo Ultimate, y los mutantes formarán parte esencial del mismo. Estamos ante el “Capítulo Cero” de una nueva fase. La intención de Marvel estaba en lanzar, acto seguido, una nueva colección de La Patrulla-X Definitiva. Tardaría en llegar más tiempo del inicialmente previsto, pero su detonante no podía haber sido más delicioso.

 

Artículo aparecido en Ultimate X: El hijo de Lobezno

ULTIMATE X-MEN: EL FIN DE LOS SUEÑOS

Este es el último volumen de la primera encarnación de La Patrulla-X definitiva. El título que tuviera un extraordinario lanzamiento en 2001, de la mano de Mark Millar y Adam Kubert, sobrevivió durante cien orgullosas entregas, a las que habría que sumar algunos especiales y proyectos al margen de la serie regular, pero, llegado 2009, y coincidiendo con el Ultimate X-Men#100 USA, la cabecera conocería su conclusión. Y no era un final agradable. “Ultimatum”, el gran evento planificado por Jeph Loeb, se cebaría con saña en los mutantes más que en ningún otro rincón del Universo Ultimate. La plana mayor de La Patrulla-X, los personajes más destacados del equipo, perecerían durante la refriega. Este tomo cuenta lo que ocurrió antes de la última ola… Y también lo que vino después.

 

En Marvel sabían lo que se avecinaba para los mutantes del Universo Ultimate, de manera que lo apostaron todo a “Ultimatum”. Robert Kirkman había zanjado su larga etapa en la serie con una explosiva saga en que los hombres-X se las veían contra En Sabah Nur y sobrevivían a duras penas (Coleccionable Ultimate. Ultimate X-Mennº 14: Apocalipsis). En las últimas páginas de aquella aventura, Charles Xavier reunía a todos sus alumnos para darles un mensaje de unidad y de esperanza, pero ni siquiera el orgulloso mentor de La Gente del Mañana estaba preparado para lo que venía a continuación. Mientras que Brian Michael Bendis mantuvo el control de Ultimate Spider-Many aprovechó al máximo las oportunidades que “Ultimatum” le brindaba, no ocurrió así conUltimate X-Men. Loeb tomó los mandos de la nave y señaló a uno de sus discípulos, Aron Coleite, para hacerse cargo de la colección en sus últimos meses de vida. Ambos habían entrado en contacto gracias a la teleserie Heroes, en la que Loeb desempeñó el papel de productor ejecutivo hasta su despido, en el curso de la tercera temporada.

 

Coleite se confesaría enseguida como un gran aficionado a los mutantes, gusto que reflejaría, por ejemplo, en el memorable episodio de Heroes titulado “Five Years Gone”, evidentemente inspirado por “Días del Futuro Pasado”. Todavía recordaba que el primer cómic que leyó fue la novela gráfica “Dios ama, el hombre mata“, y afirmó que había decidido convertirse en escritor mientras devoraba “La caída de los mutantes”. Tal amor hacia la serie clásica se traslucía ya en un primer episodio en el que abundaban los guiños a los lectores, con un partido de beisbol a la antigua usanza de Chris Claremont, o con la irrupción de Alpha Flight, quienes reclamaban a Estrella del Norte con idénticas palabras a cómo lo hiciera Vindicador con Lobezno en Uncanny X-Men #109 USA (1977. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-Xnº 1).

 

En esearco argumental que servía de preámbulo a “Ultimatum”, Coleitepresentaría la versión definitiva de Banshee. Creado en 1967 por Roy Thomas y Werner Roth para enfrentarlo contra La Patrulla-X original, el irlandés Sean Cassidy formaría parte años después de la alineación elegida por Charles Xavier para la “Segunda Génesis” de La Patrulla-X. Después de servir como tutor de Generación-X y morir trágicamente durante Patrulla-X: Génesis Mortal, no parecía descabellado que La Casa de las Ideas quisiera implantar al personaje dentro de su Universo Ultimate, dado que en la Tierra-616 se había perdido su presencia. Sin embargo, no iban por ahí los tiros: el Banshee ofrecido por Coleite era, en realidad, una droga de diseño creada a partir del ADN de Lobezno. El guionista no quería quedarse en el nombre como único elemento conector con el héroe clásico. Era Moira McTaggert, la que fuera el gran amor de Sean Cassidy en el Universo Marvel tradicional, quien en este otro mundo se dedicaba a fabricar el Banshee. La droga le conferiría habilidades similares a las del Banshee original: un grito capaz incluso de tumbar a Logan.

 

La llegada de Coleite al despacho del editor Ralph Macchio para la discusión de esta saga coincidió con el escándalo de la Hormona de Crecimiento Humano, que salpicó a la Liga de Beisbol de Estados Unidos: El FBI había descubierto una larga lista de jugadores que habían ingerido el mencionado esteroide para optimizar sus capacidades atléticas. “Cuando salió todo a la luz”, recordaría el guionista, “no podía creerme lo enfadado que estaba y lo traicionado que me sentía. Soy un fan de toda la vida de Los Angeles Dodgers, y muchos de los jugadores que consumían HCH jugaban allí. ¡No podía creerme que estuvieran tomando esteroides! Muchas de esas personas eran héroes para mí y para muchos chicos. ¿Qué pasaría si descubrieran a otros héroes de mi infancia tomando drogas? ¿Cómo reaccionarían? La idea de la saga vino de ahí”.

 

La saga del Banshee se entrelazaría con tramas secundarias que allanaban la senda hasta “Ultimatum”, mientras que los tres últimos episodios de la colección transcurrirían en paralelo al título troncal del evento. La acción arrancaba con el maremoto que asuela Manhattan en el primer capítulo de Ultimatumy alcanzaba hasta los momentos previos a la batalla final contra Magneto. En ese sentido, es recomendable tener a mano el volumen recopilatorio de Ultimatum, ya publicado dentro de esta colección, de cara a afrontar la lectura del presente tomo. Hay que tener en cuenta, no obstante, que los cruces de Ultimate X-Menno son un mero apoyo a lo narrado por Loeb y David Finch en el cómic principal. Si allí las víctimas relacionadas con La Patrulla-X se contaban por decenas, aquí el número de fallecidos se dispara, con un repaso amplio al rico entorno que se había ido abriendo paso a lo largo de casi una década de tebeos. El relato ofrece ecos de algunas memorables historias de los mutantes clásicos, desde “La masacre mutante” a la mencionada “Dios Ama…“, en la que se presentó a William Stryker.

 

El último episodio, el que cierra el tomo, nos traslada hasta el día después y plantea la más incómoda de las preguntas: ¿Qué hacer con los cadáveres?“Esta es un relato sobre tumbas”, señalaría Coleite. “Trata sobre decir adiós y sobre seguir adelante. Todos aquellos que han sobrevivido son los que tendrán que llevar la pesada carga del legado y del dolor.  Me gustan los personajes que han sufrido daños. Particularmente soy un ser humano que lo ha pasado mal, así que gravito sobre ellos. Esta historia cierra un capítulo en el Universo Ultimate y, al mismo tiempo, prepara el escenario para las historias que habrán de llegar algún día. Esto no es el final”.

 

A lo largo de su andadura, casi se pueden identificar los periodos de Ultimate X-Mencon las diferentes épocas vividas por los mutantes en su versión clásica. La innovación y la sorpresa permanente de Millar y los Kubert se identifica con la memorable etapa de Claremont y Byrne; el cuidado hacia el diálogo y la caracterización que trajo Vaughan enlaza con los mutantes de los años ochenta, entregados a la soap opera, mientras que los tiempos de Kirkman encuentran su reflejo evidente en los grandes crossoversde los años noventa. Agotadas las influencias de los últimos treinta años, Ultimate X-Menvuelve a la casilla de salida. Los hombres-X definitivos se encuentran en la misma encrucijada que el resto del Universo Ultimate. Ha llegado el momento de buscar una nueva voz, de construir un nuevo edificio que no se parezca a ningún otro. El primer ladrillo de esa construcción lo pondría el propio Loeb, en la historia recogida en Coleccionable Ultimatenº 55. Ultimate X: El hijo de Lobezno. A partir de ahí, sería el momento de recorrer un camino para el que, por primera vez en diez años, no había hoja de ruta.

 

Artículo procedente de Coleccionable Ultimate. Ultimate Spider-Man nº 15

ULTIMATE X-MEN: BAJO LA SOMBRA DE APOCALIPSIS

Este volumen contiene el último arco argumental que desarrollara Robert Kirkman no sólo para Ultimate X-Men, sino también para Marvel. A mediados de 2008, el guionista decidió abandonar La Casa de las Ideas, para la que había desarrollado proyectos de diferente fortuna, desde las dos primeras miniseries de Marvel Zombies hasta El Incorregible Hombre Hormiga. A partir de ese momento, se concentraría en cómics de creación propia. Sus dos series más populares, Invincible y The Walking Dead, ya eran fenómenos de fan en aquel entonces, pero que el nombre de Kirkman fuera conocido entre los marvelitas también ayudaría a cimentar su leyenda.

 

Kirkman hizo de su marcha un triunfo ideológico: los auténticos autores de cómic podían beneficiarse de la proyección que ofrece una gran editorial como La Casa de las Ideas, pero al cabo de un tiempo su deber es independizarse y encontrar el verdadero éxito entre personajes que hubieran surgido de su imaginación. En el discurso del guionista, las principales editoriales pasaban a ser entes a los que combatir en beneficio del verdadero talento. Sorprendía encontrar tales apelativos en aquel que había suplicado en las oficinas de Marvel que le dejaran escribir Ultimate Spider-Man. Quién sabe si cambió de idea porque se había encontrado con demasiadas puertas cerradas. O quizás, simplemente, él mismo cambió de manera de ver las cosas. Los juguetes de su infancia ya no le resultaban tan satisfactorios. Porque eso es lo que había podido hacer en su tiempo en Marvel, jugar a su antojo. Quizás pocos como él habrían tenido la opción de contar la historia por la que Los Vengadores acababan devorando a los ciudadanos que tenían que defender, y de igual manera pocos gozarían de la libertad para organizar a su antojo los mitos de La Patrulla-X, para presentarlos de manera novedosa y radicalmente distinta a los modelos originales.

 

La primera sorpresa había llegado con Cable, un soldado venido del futuro, como en el Universo Marvel clásico, pero que resultaría ser Lobezno envejecido. A partir de ahí, todo lo que cabía esperar era la sorpresa, por más que Kirkman recurriera a los más populares elementos de la franquicia. Su etapa se iría narrando por acumulación, incorporando nuevos personajes y situaciones, hasta llegar al apoteosis final, el que se cuenta en estas páginas, y en el que asistimos al enfrentamiento definitivo contra Apocalipsis. Este villano, creado por Louise Simonson y Jackson Guice en X-Factor#5 UA (1986) evolucionaría de malo de segunda hasta amenaza inconmensurable. En la comentada serie, Simonson desarrollaría en profundidad su background, para desvelarnos que se trataba de En Sabah Nur, el primer mutante que había caminado sobre la Tierra y que, siguiendo doctrinas eugenésicas, perseguía la supervivencia de los más fuertes. Ya en los noventa, los autores de las diferentes series mutantes, desarrollarían “La Era de Apocalipsis”, un mundo alternativo en el que Charles Xavier murió antes de formar La Patrulla-X, lo que habría permitido al villano ascender hasta el poder absoluto. El personaje viviría, ya en el siglo XXI, una segunda edad dorada, gracias a los trabajos de Rick Remender en Imposibles X-Force. Que sea la gran amenaza del largometraje X-Men: Apocalypse (2016) de Bryan Singer garantiza un futuro igualmente dorado.

 

Como en la Tierra-616, el Apocalipsis de Kirkman es un villano de primer nivel, contra el que cualquier defensa es poca. En busca de un cierre por todo lo alto, el guionista incorpora en el choque a otros muchos personajes, como Spiderman o Los Cuatro Fantásticos, pero las dos mayores sorpresas siguen en terreno del Homo superior. La primera, no es otra que Onslaught. Se trata del gran contrincante con el que Marvel unió el destino de los mutantes y del resto de su cosmos en 1996. El evento tuvo una suma importancia, ya que con él se cerraban un montón de argumentos que llevaban coleando desde bastantes años atrás. Hay que destacar los paralelismos de aquella historia con la que aquí ofrece Kirkman: Bishop llegó del futuro revelando que un traidor dentro de La Patrulla-X había acabado con el grupo. Su misión en nuestro tiempo era impedir que tal cosa ocurriera. Sin embargo, desconocía el nombre del traidor, y su identidad fue motivo de especulación por parte de los lectores durante todo un lustro. Cuando finalmente llegó la hora de revelar la verdad, Scott Lobdell, el único guionista de toda aquella época que permanecía en su puesto, confesó que no tenía ni idea de quién podía ser la oveja negra de los hombres-X. Mark Waid, recién llegado a la Franquicia Mutante, tuvo una brillante idea: que se tratara de un Charles Xavier arrastrado a la locura, después de haberse pasado años ocultando su amor hacia Jean Grey, un detalle que Waid extrajo de un diálogo perdido en uno los primeros números de Stan Lee y Jack Kirby. Los editores de la época descafeinaron un tanto la solución, al retocar un importante aspecto del concepto: El Profesor-X sería el traidor, pero arrastrado por su lado oscuro, una criatura que llegaría a cobrar vida propia y, en un momento dado, a independizarse físicamente de Charles Xavier. Esa criatura era Onslaught, y para vencerle fue necesario contar con Los Vengadores y Los 4 Fantásticos, quienes dieron su vida para acabar con él, aunque en realidad Franklin Richards los trasladó a un universo de bolsillo, donde permanecerían a salvo durante doce meses.

 

Casi quince años después, Kirkman repetía muchos de los elementos que tuviera aquel gigantesco evento (¡incluso el cuelgue de Xavier por Jean!), pero a su vez introduciría enormes variaciones, como que el verdadero enemigo sea En Sabah Nur, y no Onslaught, que Cable jugase un papel esencial en la historia… ¡O que Fénix irrumpiera en la refriega final! Ella es la otra gran sorpresa que se guardaba el escritor, con la que ataba cabos sueltos que estaban presentes en la serie desde los tiempos en que Mark Millar se encargaba de ella. “Todo lo que he hecho aquí ha conducido a Apocalipsis”, señalaría. “No le veo mucho sentido a aferrarme al sillón y seguir en la serie más allá de este punto. Cuando me la asignaron, estaba muy emocionado, porque era como si estuviera escribiendo todas las series mutantes de un universo concreto. Sólo hay un cómic de La Patrulla-X en la línea Ultimate, y tienes todo el elenco de personajes para jugar con ellos. Sin embargo, luego las cosas se volvieron un tanto inmanejables. Si tuviera que criticar mi propia etapa, diría que ése ha sido el mayor defecto que ha tenido, pero la mayor parte del tiempo disfruté recurriendo a tantos personajes”.

 

Artículo procedente de Coleccionable Ultimate. Ultimate Spider-Man nº 14

ULTIMATE X-MEN: EL REGRESO DE LOS CENTINELAS

Una de las ventajas de la línea Ultimate está en jugar con elementos propios de las más diversas épocas de la historia del Universo Marvel para presentarlos de manera novedosa. El penúltimo tomo de Robert Kirkman como guionista de Ultimate X-Mencontinúa enseñoreándose en los tics de los años noventa, con presencia destacada de Bishop y Cable, dos hombres llegados del futuro que han dado la vuelta al mundo de La Patrulla-X, o la presentación de Dyscordia, otro referente de la época, pero Kirkman también acude a un revulsivo tan poderoso como desbandar a los hombres-X o la vuelta de uno de sus peores enemigos: Los Centinelas.

 

Parece mentira que los gigantescos robots cazamutantes se encuentren entre los peores enemigos de La Patrulla-X, porque sus apariciones en estas páginas han sido muy, muy escasas, aunque ciertamente contundentes. Los autores parecen perfectamente conscientes de que las armas más contundentes hay que utilizarlas con precaución y sólo como último recurso. Si echamos la vista atrás, nos encontraremos con que la versión Ultimate de Los Centinelas entró en escena en Coleccionable Ultimate nº 2. Ultimate X-Men nº 1: La gente del mañana, la explosiva aventura con la que se inició la serie. Mark Millar quiso iniciar la colección sorprendiendo a los lectores y atenazando sus corazones, y la escena de apertura del primer número, en la que un grupo de Centinelas asesinaba a un puñado de ciudadanos indefensos o aplastaba a un pobre chaval, así lo demostraba. El gobierno de los Estados Unidos había puesto en marcha el proyecto de Los Centinelas después de que Magneto y su Hermandad de Mutantes declarasen la guerra contra la humanidad. El arco argumental terminaba con una congelación de la medida, consecuencia de la derrota que La Patrulla-X infringiera al Amo del Magnetismo. Antes de eso, no obstante, el villano llegaría a tomar el control de los robots y estaba próximo a asesinar al inquilino de la Casa Blanca, en una impagable escena que probablemente se encuentre entre los mejores momentos de esta cabecera.

 

Los Centinelas se reactivan de nuevo, en manos de un enemigo en la sombra que tiene buenos motivos para querer eliminar a La Patrulla-X. Su identidad es uno de los misterios encerrados en este tomo, que ya cuenta con una buena dosis de suspense, después del sorprendente final que procurara el guionista Robert Kirkman en el volumen anterior. El creador de The Walking Dead irrumpía en el mundo de los mutantes para sacudirlos hasta sus cimientos. En el arranque de la etapa, trajo del futuro a Cable y Bishop, dos individuos con una agenda por descubrir y unas intenciones bien diferentes: mientras el primero parecía dispuesto a destruir a La Patrulla-X, el segundo se proponía protegerla. ¿Un homenaje a la franquicia cinematográfica de Terminator, quizás? No sólo eso, sino también una puesta al día de dos de los mutantes más populares de los años noventa, sólo que Kirkman los ha reconstruido casi desde cero. En el caso de Cable, nos ofrecía una espectacular sorpresa, al descubrirnos que se trataba, en realidad, del Lobezno de dentro de varias décadas. Acto seguido, como sucediera en el Universo Marvel convencional, en el curso del evento titulado “La canción del verdugo”, Cable atentaba contra la vida de Charles Xavier, y, al igual que en aquella aventura, las circunstancias eran más complejas de lo que parecía en un principio. Si quieres descubrir lo que ocurrió, puedes hacerte con el volumen de Marvel Héroes que recopila la historia completa. No es necesario para comprender esta historia, pero sí resulta divertido ver la manera en la que Kirkman juega con las expectativas de los lectores y les tiene despistados la mayor parte del tiempo.

 

La supuesta muerte de Xavier ha tenido como consecuencia, en el Universo Ultimate, la disolución de La Patrulla-X, y aquí el guionista acude a un tópico que viene siendo habitual en el cosmos mutante desde los años sesenta. La encarnación clásica de Charles Xavier murió (por primera vez) en The X-Men#42 USA (1968). Entonces, la consecuencia fue que cada uno de sus pupilos emprendiera caminos separados, lo que llevaría a uno de los momentos más interesantes y arriesgados de la época. Al final del camino, Xavier desveló que había fingido su fallecimiento, lo que servía para colocar de nuevo las cosas en su sitio. La vuelta del mentor mutante fue un recurso de última hora que no estaba previsto inicialmente por el guionista que narró su muerte. Aquí, sin embargo, sabemos desde el principio que el Profesor X no ha caído, sino que está en manos de Cable, por motivos que todavía desconocemos.

 

Mientras tanto, el guionista nos enseña qué ocurre en la vida de los hombres-X cuando han perdido a su maestro, la clase de elecciones que llevan a cabo y hacia dónde les conducen. También aprovecha para ampliar los rincones del escenario en el que tiene lugar la acción. Así, el volumen se abre con un corto interludio de tres capítulos, en el que se desvela qué ha sido de Rondador Nocturno, después de su trágica historia con Dazzler. El destino le conducirá a un referente geográfico ineludible para los lectores veteranos: los túneles de Nueva York en los que se ocultan los Morlocks, mutantes de aspecto horrible que optaron por segregarse de la sociedad, y que Chris Claremont y Paul Smith mostraran por primera vez en el clásico The Uncanny X-Men#169 USA (1983. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-Xnº 4). Ralph Macchio, el editor de la línea Ultimate, se atrevió a situar como artista de la historia a un dibujante como Pascal Alixe, que todavía no estaba preparado para saltar a una cabecera de la importancia de Ultimate X-Men. Su breve paso por la serie quizás marque el momento artístico más bajo de la misma. Por suerte, y para el contraataque de Los Centinelas, Yanick Paquette ya estaba listo para regresar al tablero de dibujo y ofrecernos su más espectacular contribución.

 

 

Artículo procedente de Coleccionable Ultimate. Ultimate Spider-Man nº 13

ULTIMATE X-MEN: LOS HOMBRES QUE VINIERON DEL FUTURO

¡Ay, los años noventa! Son la década odiada del cómic de superhéroes, por mil y una razones. En aquel tiempo, un puñado de dibujantes revolucionaron la manera de hacer las cosas, encabezados por Jim Lee, Rob Liefeld y Todd McFarlane. Todos ellos tenían estilos que rompían con lo establecido y dejaban obsoletas a las viejas generaciones de artistas. Auparon las ventas de sus respectivas series, lo que les llevó a hacerse con el control de las mismas y vaciarlas de contenido. Bajo su batuta, los héroes perdieron su esencia, se volvieron rudos, malhumorados y asesinos. Los mayores excesos de aquella época vinieron de la mano de Liefeld, el hombre de las desproporciones, los dientes apretados y las armas gigantescas, y de su personaje más significativo: Cable.

 

Rob Liefeld apenas había dibujado unos pocos tebeos, primero para DC Comics y luego para Marvel, cuando La Casa de las Ideas dejó en sus manos The New Mutants. Ése había sido el segundo título de la Franquicia Mutante, creado por Chris Claremont y Bob McLeod en 1982 y protagonizado por un grupo de jóvenes que aprendían a manejar sus poderes mientras se ahogaban en la típica angustia adolescente al más puro estilo Marvel. La cabecera había discurrido por los cánones que podían esperarse del Patriarca Mutante, alzándose como una de las más vendidas de Marvel. En un momento dado, Claremont la había dejado en unas manos de confianza, las de Louise Simonson, que mantuvo intacto el estilo del título y la personalidad de sus protagonistas. Todo eso cambió con la irrupción de Liefeld, en The New Mutants#86 USA (199’0). Desde el comienzo, el dibujante se empeñó en introducir a un misterioso personaje, un veterano de guerra, con un brazo y un ojo biónico cargado de pesadas armas, que arrastraba un conflicto con un individuo igualmente misterioso, llamado Dyscordia, que lideraba un grupo terrorista, el Frente de Liberación Mutante. Cable, que era lo más opuesto que se puede ser a Charles Xavier, estaba destinado a convertirse en el mentor de Los Nuevos Mutantes, lo que motivó la marcha airada de Simonson, que Liefeld se quedara como argumentista de la serie y que ésta pasara a llamarse X-Forcetras The New Mutants#100 USA. El cambio de título estaba más que justificado, ya que de los alegres chavales de antaño no quedaba ni rastro: ahora era un ejército de niños soldados a las órdenes de un tipo siniestro y poco amigable, que sin embargo concitaba multitud de aficionados a su alrededor.

 

X-Forcese alzó como el primer éxito multimillonario de los años noventa. Liefeld contaría con la ayuda de un escritor en alza, Fabian Nicieza, que sería el que diera origen y sentido a Cable, al convertirlo en un viajero temporal llegado de un futuro remoto. Más adelante, una vez que Liefeld decidió dejar Marvel para fundar en compañía de sus coetáneos una nueva editorial llamada Image, Nicieza llegaría a completar la cronología del viejo soldado, al revelar que se trataba, en realidad, de Nathan Christopher Summers, el hijo perdido de Cíclope, que había sido enviado al futuro para sobrevivir a la infección tecno-orgánica que padecía. En paralelo, en la colección hermana Uncanny X-Men, triunfaba otro mutante salido de la máquina del tiempo, aunque de una época mucho más cercana que aquélla de la que venía Cable. En este caso, era un policía que respondía por el nombre de Bishop, concebido por Whilce Portacio y Jim Lee, que tenía un conocimiento parcial de la historia de La Patrulla-X. Sabía que había un traidor en sus filas, aunque desconocía de quién se trataba. Al igual que a Cable, le encantaban las armas de imposible tamaño y aunque no le brillaba ningún ojo, tenía una M tatuada en la cara que también imponía mucha admiración entre los lectores más jóvenes.

 

Los periplos particulares de Cable y Bishop darían forma a la Franquicia Mutante durante los años posteriores, en los que también cobraron importancia Apocalipsis y Onslaught, villanos estrechamente ligados a estos dos personajes. Al cabo de los años, los gustos del público cambiaron, y ambos pasarían a una discreta segunda posición. A mediados de los 2000, aquellos dos hombres que llegaron del futuro parecían cosa del pasado. Quizás por eso Robert Kirkman pensó que era el momento de ofrecer su versión Ultimate. En ella, introduciría algunos de los aspectos utilizados en los modelos de partida, como el hecho de que fueran viajeros temporales, pero sobre todo tomaría la sorpresa y la incertidumbre inicial acerca de cuáles eran sus objetivos. Por ejemplo, su Cable no quiere acabar con ningún Dyscordia: su objetivo es el mismísimo Charles Xavier. Pero lo más importante es que su identidad es completamente distinta de la que cabría imaginar, ya que no se trata del hijo de Scott Summers. ¿Qué llevó al escritor a realizar todos estos cambios? Así lo explicaba: “Quería hacer algo totalmente diferente que cogiera desprevenidos a los lectores y que sirviera de catalizador a todas las historias que tengo planeadas para el próximo año. Estoy intentando volver al espíritu de los primeros números de Mark Millar, cambiando y removiendo las cosas, introduciendo personajes de maneras diferentes a como lo hicieron en la continuidad tradicional y dotando de más originalidad a algunos elementos”.

 

La aventura de Cable brilla en el corazón de este tomo, pero como aperitivo de excepción tenemos un Annual, protagonizado por Dazzler y Rondador Nocturno, y que cuenta con dibujo de Salvador Larroca. La participación de este artista debe significarse, puesto que Larroca fue quien hizo el diseño de personajes y quien estaba designado para hacerse cargo de Ultimate X-Men desde el primer número, aunque las circunstancias impidieron que tal cosa fuera posible. Un lustro más tarde, Larroca volvía a entrar en contacto con los mutantes definitivos, en un cómic en el que dejaba ver su pasión por el cine. Las primeras páginas vienen a ser una réplica, aún más salvaje y electrizante, de la escena de apertura de X-Men 2, en la que asistíamos al asalto de Rondador Nocturno a la Casa Blanca y al despacho oval. En aquella ocasión, aunque un cuchillo estuvo muy cerca de la garganta del presidente, Rondador sería finalmente vencido. ¡Pero el Universo Ultimate se caracteriza por no sujetarse a las reglas!

 

El tomo contieneun pequeño pero significativo relato, que también formaba parte del Annual, con el que Kirkman quiso dar respuesta a una cuestión que coleaba desde los primeros tiempos de la serie. En las entrevistas que concedió Mark Millar poco después de comenzar a guionizar Ultimate X-Men, el escritor insinuó que Mística, la gata de Charles Xavier, era de hecho la mutante multiforme. Sin embargo, una vez que Millar dejó la cabecera, Brian K. Vaughan tuvo oportunidad de mostrar a la auténtica Mística… ¡Y ésta no estaba precisamente infiltrada en la mansión mediante su aspecto felino! La mutante azulada se intercambió por Magneto para que éste pudiera escapar de su confinamiento en el Triskelion, y allí ha seguido todo este tiempo. Quedaba claro, por tanto, que Mística y la gata son dos entidades diferentes. ¿Por qué entonces Xavier llamó así a la felina? Kirkman lo resuelve en apenas tres páginas, donde nos desvela una antigua relación sentimental entre la metamorfa y Xavier. Curiosamente, es la única fuente literaria que plantee tal cosa entre ambos personajes. Quién sabe si este puñado de viñetas inspiraría a los guionistas de la película X-Men: Primera Generación.

 

Artículo procedente de Coleccionable Ultimate. Ultimate Spider-Man nº 12

NORTE MAGNÉTICO: EL REGRESO DE MAGNETO

El último de los arcos argumentales que escribió Brian K. Vaughan para Ultimate X-Men venía a ser la culminación de una etapa, inicialmente prevista como corta, que se había extendido más allá de lo que hubiera imaginado ninguno de sus responsables. A fuerza de alargarse su interinato, Vaughan se había terminado por hacer con las riendas de los personajes, de las tramas heredadas y de las que él mismo había puesto en marcha, para, llegado a este punto del camino, ofrecer una saga de proporciones épicas en la que cristalizaban elementos que estaban presentes desde el primer número.

 

 

La clave estaba en Magneto. Mark Millar se había dejado contagiar del espíritu omnipresente del villano en la franquicia cinematográfica. Si echamos un vistazo a todas las películas de X-Men, Erik Lehnsherr no se ausenta en ninguna de ellas, por más que sus temas varíen conforme avanza la saga. EnUltimate X-Mennunca se llegó a ese exceso, con gran número de aventuras que ahondaban en múltiples vertientes alrededor del homo superior, pero el primer y mayor enemigo de La Patrulla-X siempre acababa por regresar, más peligroso que en la anterior ocasión, de manera que las historias en las que estaba ausente bien parecían un descanso hasta el siguiente choque.

 

Si analizamos la etapa de Millar, ésa es la conclusión que extraeremos. Magneto estaba, por supuesto, en el nacimiento del equipo (Ultimate X-Men nº 1: La gente del mañana), una saga que concluía con su aparente muerte a manos del Profesor Xavier… Aunque todos los lectores sabían que tal cosa no era cierta, y poco a poco fueron surgiendo más detalles alrededor de qué había sido del villano. Al final de la siguiente aventura (Ultimate X-Men nº 2: Regreso a Arma-X), el profesor confesaba a Jean Grey que Magneto no sólo seguía vivo, sino en proceso de rehabilitación, algo que se concretaría unos números más adelante, cuando Eric reaparecía, amnésico, feliz, jugando con unos niños en Central Park y estropeando sus relojes sin saber la causa (Ultimate X-Men nº 3: Gira mundial). La felicidad duraba poco, de manera que La Hermandad de Mutantes descubría lo ocurrido y devolvía la memoria a su líder, quien se lanzaba a una oleada de actos terroristas por los que La Patrulla-X se enfrentaría contra los Ultimates (Ultimate X-Men nº 4: Fuego Infernal y azufre)… y de ahí saltaríamos a la apoteósica despedida de Millar como guionista de la serie, con una larga aventura en la que Magneto ponía en jaque al mundo entero y La Patrulla-X conseguía de nuevo derrotarlo, para dejarlo preso en una prisión de plástico oculta bajo tierra y que estaba calcada de la que había podido verse en las películas de Bryan Singer hasta en detalles tan pequeños como la silla de ruedas, también de plástico, de Xavier (Ultimate X-Men nº 5: El retorno del rey).

 

El ciclo de Magneto había cubierto, en total, casi los tres primeros años de la serie y la etapa al completo de Millar. No es extraño que los siguientes autores permanecieran al margen del asunto, para evitar así la sobresaturación, y quizás también porque resultaba complicado contar algo nuevo sobre el villano que no hubiera aportado el fundador de la colección.

 

Y sin embargo, era evidente que Magneto volvería. De hecho, Millar le había dejado preparado para hacerlo, tan pronto como pudiera escapar de su prisión. Sólo hacía falta encontrar el cómo. Para ello, Vaughan quiso emplear a un personaje bien conocido por los lectores de la Marvel clásica por su íntima relación con éste. Se trataba de Lorna Dane, alias Polaris, una bella mutante, de llamativo cabello color de jade y con poderes similares a los del enemigo de La Patrulla-X, cuyo debut en su versión original había tenido lugar en las últimas viñetas de The X-Men #49 USA (1968), escrito por Arnold Drake y dibujado por Don Heck, aunque sería en el número inmediatamente posterior cuando adquiriría pleno protagonismo. Aquel cómic era especialmente importante, ya que el legendario historietista Jim Steranko desembarcaba en el mundo de los mutantes con toda su fuerza. Fue él quien creó el característico logo tridimensional de X-Menempleado a partir de entonces, en una portada presidida por la imagen de Polaris, a quien en el interior se nos desvelaba como “Reina de los mutantes”. El criminal Mesmero hacía aflorar sus superpoderes magnéticos mediante una máquina diseñada a tal efecto. El sorprendente giro argumental de la historia tenía lugar en el momento en que irrumpía Magneto y reclamaba su paternidad sobre Polaris… Algo que luego se demostraba falso. La mutante volvería poco después, unida sentimentalmente a Kaos, el hermano de Cíclope, para unirse junto a su amante a La Patrulla-X, en los estertores de su primera etapa.

 

Con posterioridad, Polaris, casi siempre unida a Kaos, reaparecería intermitentemente en el cosmos mutante, para pasar a formar parte tanto del grupo madre como del gubernamental Factor-X, y en años recientes, ya en la primera década del siglo XXI, algunos autores habían retomado la posibilidad de que fuera la hija de Magneto, esta vez para, al contrario que había ocurrido en los años sesenta, confirmarla. En su versión Ultimate, Polaris llevaba ya un tiempo disponible, en concreto desde que apareciera como una de las integrantes de la Academia del Mañana dirigida por Emma Frost, que introdujera Brian Michael Bendis en Ultimate X-Men nº 7: Nuevos Mutantes. Vaughan quería explorar de paso un elemento que Bendis apenas sí había llegado a apuntar, el de la rivalidad de los alumnos de Frost con los de Xavier. Sería el punto de partida para una saga que crecería en intensidad conforme avanzara, y en la que el escritor acudiría a la presencia de gran cantidad de personajes invitados. Algunos de ellos habían sido utilizados por él mismo en pasados números, como esa Dama Mortal tan parecida a la de X-Men 2 o Longshot, que figurara en la aventura de Krakoa, mientras que otros ya venían siendo habituales con anterioridad. Además, el escritor se animaba con la resolución de un pequeño misterio sobre el que se preguntaban los aficionados en los foros de Internet desde el comienzo de la serie. ¿Acaso Mística se encuentra infiltrada en la mansión bajo la apariencia del gato de Xavier? Y hasta resolvía por fin otra duda extendida entre los seguidores: ¿cuál es la orientación sexual de Coloso?

 

A los cinco capítulos de “Norte Magnético” que figuran en este volumen le antecede, además, el primer Annualde la serie, un episodio con mayor número de páginas en el que Vaughan completaba la trama alrededor de Pícara y Gambito, en un escenario tan poco habitual como Las Vegas y distanciándose una vez más de los hechos conocidos por el Universo Marvel clásico. La permanencia del guionista en el título llegaba a su fin, después de casi dos años en los que había pasado de ser un prometedor autor a una máquina de ganar premios. En ese 2005 arrasaría en los Eisner, lo que le llevó a abandonar el trabajo en series que no hubieran sido creadas por él mismo. Estas historias de Ultimate X-Men se erigen así como su trabajo de fin de carrera, su licenciatura en un medio que ya por entonces dominaba y del que acabaría siendo maestro.

 

Artículo procedente de Coleccionable Ultimate. Ultimate Spider-Man nº 10

HOMBRES ARAÑA, MAGOS Y MONSTRUOS: STEVE DITKO EN MARVEL

Cada vez que glosamos la creación del Universo Marvel, solemos referirnos a tres autores como aquellos sobre los que se asientan los cimientos de este formidable cosmos de ficción. Stan Lee, guionista y fuerza impulsora, editor y creador de las conexiones que hicieron de La Casa de las Ideas algo único, un puzzle que conformaba una imagen infinita en que cada cómic no era sino una pequeña pieza; Jack Kirby, el titán del lápiz que dio vida a Los 4 Fantásticos, Los Vengadores, La Patrulla-X y desarrolló aventuras más grandes que la vida, de un colosalismo abrumador y una imaginación desbocada; y Steve Ditko, el reverso oculto, misterioso y extraño de Kirby, un artista de las sombras, de los personajes singulares y los lugares brumosos, de los mundos que están más allá de los límites de la conciencia y de los relatos que invitan a liberar la mente. Donde Kirby dibujaba dioses, Ditko mostraba almas atormentadas; donde Kirby enseñaba invasiones alienígenas y tecnología imposible, Ditko se escoraba por los monstruos informes y las dimensiones aberrantes. Sólo la perfecta combinación de esos talentos habría hecho posible un resultado tan magnífico como para pervivir en la cultura popular durante décadas y como para atraer generación tras generación de autores y aficionados, que no hacen sino perpetuar el reino de los prodigios.

 

 

Stephen J. Ditko nació el 2 de noviembre de 1927 en el seno de una familia trabajadora de inmigrantes eslavos, en Johnstown (Pensilvania). Apasionado de las viñetas desde niño, Ditko quiso escapar del destino de sus padres y señaló el dibujo como plataforma para hacerlo. Practicó de manera autodidacta y cogió así malos hábitos artísticos, hasta que, en 1950, entró en la Cartoonists & Illustrators School de Nueva York bajo la tutela de Jerry Robinson, el cocreador del Joker y de Robin. El artista dio el salto profesional en 1953, dentro de Stanmor Publications, donde ganaba diez dólares por página. Ese mismo verano, entró a trabajar en el estudio de Joe Simon y Jack Kirby, el equipo creador del Capitán América. Allí también estaba Mort Meskin, al que Ditko encontraba especialmente interesante y que fue de gran influencia en su estilo. Ya en 1955, saltó a Charlton, una editorial que le ofrecía enorme libertad creativa, y para la que firmó una gran cantidad de historias de contenido terrorífico, antes de que la implantación, ese mismo año, del llamado Comics Code hundiera ese tipo de publicaciones. La tuberculosis alejó a Ditko de los tableros de dibujo y de la Gran Manzana durante meses. Cuando regresó a Nueva York, Charlton atravesaba problemas económicos ocasionados por un huracán que había arrasado sus instalaciones e imprenta en Connecticut, lo que llevó al artista a llamar a las puertas de Atlas, la editorial que pronto pasaría a llamarse Marvel Comics. Allí trabajó, con Stan Lee como guionista, en los relatos cortos que nutrían el grueso de la línea editorial. Las querencias de Ditko eclosionaron con fuerza en esos relatos, casi siempre de misterio y próximos al terror. Las historias solían desenvolverse en la oscuridad, en escenarios opresivos y de atmósfera enfermiza, habitualmente protagonizadas por individuos incomprendidos por el sistema y que padecían el castigo por querer destacar.

 

Fue, en ese momento fundamental a comienzos de los sesenta, cuando llevó a cabo los trabajos en Marvel que le harían no sólo pasar a la historia del medio, sino cambiarla. Algunas de las más significativas obras de ese periodo son las que nutren este libro-homenaje.

 

 

LA REVISTA QUE RESPETA TU INTELIGENCIA

El particular estilo de Steve Ditko enseguida le granjeó una legión de seguidores que lo distinguían de Jack Kirby u otros artistas de Atlas. Seguían su trayectoria a lo largo de los títulos antológicos de la factoría, como Tales To Astonish o Journey Into Mystery, pero Stan Lee estimó el potencial de un título dibujado en su totalidad a su arte. Fue así como decidió tomar una cabecera preexistente, Amazing Adventures, que aglutinaba historias cortas de distintos dibujantes para, a partir de la séptima entrega, transformarla en Amazing Adult Fantasy. El título apelaba a la sofisticación del lector tanto como el contenido, formado a partir de ese momento por historias de Lee y Ditko que recordaban al show televisivo del momento, The Twilight Zone (Dimensión desconocida en España).

 

El puñado de historias recopiladas en este volumen supone una buena muestra del trabajo de Ditko en Amazing Adult Fantasy, aunque algunas de ellas destacan por su importancia histórica. Así, “Something Fantastic?” hace partícipe tanto a guionista como dibujante de la acción, un truco narrativo al que Stan Lee recurriría en numerosas ocasiones con posterioridad; “¡El hombre del cielo!” presenta en sociedad a los mutantes, concepto posteriormente desarrollado por Lee y Kirby en La Patrulla-X; finalmente, “Spider-Man!” supuso el debut del más popular personaje de Lee y Ditko, que apareció en el último número de la colección. Para esa entrega, perdió el “Adult” del título, y se preparó para acoger en cada episodio una nueva aventura del trepamuros, pero la escasa fe del editor Martin Goodman en la cabecera abocó a su prematura cancelación.

 

ENSAYOS DE GRANDEZA

Antes del debut de Spiderman, hemos incorporado otra muy particular historia de Lee y Ditko, publicada originalmente en Strange Tales, otro de los títulos antológicos de Atlas. Como en muchos de los relatos de la época, presentaba una situación fantástica con resolución sorpresa, con una sirena que habita entre humanos como protagonista. El detalle que ha hecho destacar esta historia por encima de otras es la presencia de los padres adoptivos de la protagonista, llamados Tía May y Tío Ben y caracterizados ya como los que luego serán los tíos de Peter Parker. Ella, en particular, obedece a uno de los modelos de mujer que habitualmente utilizaba Ditko, y que se basaba en su propia madre. Este tipo de historias, con prototipos que luego servirán de modelo a superhéroes, supervillanos y secundarios de La Era Marvel, solían ser habituales en los tiempos inmediatamente anteriores a la irrupción de Los 4 Fantásticos.

 

EL SUPERHÉROE NEURÓTICO, EL ESPEJO DEL DIBUJANTE

El éxito inesperado del Hombre Araña propició el lanzamiento de su propia revista, The Amazing Spider-Man, unos pocos meses después de su debut. Comenzaba así una de las más brillantes etapas que ha conocido jamás el género superheroico. Steve Ditko volcó su experiencia vital, sus aspiraciones personales, sus amarguras y sus triunfos en un personaje con el que trazó una evolución modélica a lo largo de más de tres años. Spiderman reflejaba la angustia adolescente que había sentido el propio autor como nunca se había hecho antes en un cómic y de inmediato fue asimilado por una audiencia que lo estimó como propio. A partir de un determinado momento, Stan Lee dio carta blanca al artista para que él mismo construyera las historias, si bien Lee siguió aportando unos chispeantes e imaginativos diálogos.

 

En esta recopilación, hemos incluido The Amazing Spider-Man Annual #1 USA, el primer especial protagonizado por Peter Parker: una auténtica fiesta en la que se enfrentaba contra los que se habían alzado como sus seis principales villanos hasta la fecha, con la salvedad de El Duende Verde, mientras la Tía May y Betty Brant atravesaban por una situación que, en lugar de caer en los tópicos más manidos, acudía a lo rocambolesco, para convertirse en pieza impagable de una trama genial. El cómic se coronaba con una pequeña historia paródica en la que Lee y Ditko daban cuenta del proceso de elaboración de las aventuras de Spiderman.

 

A continuación, se ofrece la que está considerada como la mejor historia de la Era Ditko, y probablemente una de las mejores jamás protagonizadas por Spiderman. En esta saga de tres capítulos salen a la luz de manera evidente las influencias que sobre Ditko estaban teniendo las ideas del Objetivismo, enunciadas por la escritora ruso-estadounidense Ayn Rand. El Objetivismo apelaba al individualismo extremo, a la glorificación de la excepcionalidad y a un sistema capitalista sin concesiones a la protección de los más débiles. Ditko quedó fascinado por su defensa de la persona sobre la masa, e identificó a Spiderman con el héroe randiano que sale triunfante a pesar de tener todas las circunstancias en contra. Así lo reflejó, en una larga escena de cadencia perfecta, emoción absoluta y final épico, con la que su trepamuros alcanzó la excelencia, y que todavía es recordada como uno de sus momentos más representativos.

 

MÁS ALLÁ DEL VELO DE LA REALIDAD

En paralelo a su etapa con Spiderman, se desarrolló la otra gran obra de Steve Ditko en Marvel, la del Doctor Extraño. El Señor de las Artes Místicas también surgió como parte de un título antológico de la editorial, pero, al contrario que lo que ocurrió con el trepamuros, permaneció en Strange Tales mientras que Ditko continuó en Marvel. Stan Lee adjudicó al artista la creación del mago, inicialmente limitado a lugares comunes que quedaron atrás en cuanto Stephen Extraño echó a andar y fue de menos a más, de “Maestro de la Magia Negra” a guardián de las puertas a dimensiones que no obedecían a las leyes de la física, de hechicero de teatrillo a protector de la Tierra frente a amenazas que desafiaban toda racionalidad.

 

El Doctor Extraño de Ditko provenía de un rincón de su mente que había sido abierto de par en par, pero al que no habían tenido acceso los meros humanos hasta entonces. En lo campus de las universidades, las comunas hippies y las fiestas privadas de los ejecutivos de Madison Avenue querían saber qué era aquello que tomaba ese dibujante de Marvel. No sospechaban que Steve Ditko se limitaba a explorar su imaginación. Doctor Extraño se alzó como vanguardia entre la generación de la psicodelia, y que Storm Thorgerson lo introdujera, casi oculto, en la carátula de A Sacerful Of Secrets (1968) de Pink Floyd no hacía sino refrendarlo.

 

Aquí se incluye el debut y el origen del personaje, con una digna modestia que apenas deja entrever la sublimidad que aguardaba a los pocos meses, para a continuación pasar a la primera gran saga de Extraño, aquélla en la que eclosionó el personaje en toda su originalidad, y concluir con el último de los relatos desarrollado por Ditko para el Hechicero Supremo.

 

EL CAMINO POSTERIOR, EL INICIO DE LA LEYENDA

Las profundas diferencias que se fueron abriendo camino entre Stan Lee y Steve Ditko abocaron, en 1966, a que éste abandonara Marvel desairado y se negara a volver a dibujar a los dos personajes que le habían hecho extremadamente popular. Fiel a su manera de entender los postulados del Objetivismo, ni Spiderman ni el Doctor Extraño volvieron a pasar por sus manos, y también se negó a exigir rendimientos por el éxito posterior de ambos iconos, incluidas sus gigantescas películas, que el artista nunca llegó a ver. Además de estos personajes, en aquel periodo inicial del Universo Marvel también habían pasado por sus manos, aunque en menor medida, otros héroes del momento, como Hulk o Iron Man.

 

Steve Ditko volvió a Charlton, donde incorporó a la librería de personajes de la independiente a Blue Beetle o The Question, reciclados décadas más tarde en la creación de Watchmen, el cómic que subrayó la madurez del género. Pasó por DC Comics, donde produjo Halcón y Paloma o Creeper, sin llegar nunca a alcanzar una repercusión remotamente cercana a la lograda con Spidey o el Doctor Extraño. En los ochenta, recaló en Marvel, en una errática segunda etapa donde todavía dio vida a nuevos personajes, como La Chica Ardilla o Speedball, que alcanzaron cierto predicamento ya en manos de otros. Pero el público de la época no supo entender los planteamientos del artista, cuyo estilo fue juzgado como pasado de moda. El aprecio y el reconocimiento no llegaría sino con el recuerdo de los lectores veteranos, y el descubrimiento por parte de las nuevas hornadas de seguidores, gracias a las sucesivas reediciones de las etapas fundacionales de Spiderman o Doctor Extraño.

 

En los últimos años, Steve Ditko seguía trabajando en su estudio del centro de Nueva York, negándose a hacer apariciones en público o conceder entrevistas, si bien respondía personalmente y de su puño y letra a las cartas que le llegaban de lectores de todo el mundo, y lanzaba sus cómics, en blanco y negro y de un contenido político, alegórico y doctrinal, aunque todavía con destellos de grandeza, a través de mecenazgo y autopublicación. Sus personajes clásicos daban millones, los originales de sus obras más apreciadas podrían haber alcanzado cantidades desorbitadas, pero él se negaba a venderlos, y prefería colocarlos entre su viejo tablero de dibujo y la página que estuviera haciendo en ese momento. Cuando su amigo Greg Theakston lo descubrió y se ofreció a comprarle el mejor tablero que pudiera encontrar, Ditko se negó en redondo. En 2007, la estrella de la televisión británica Jonathan Ross se propuso descifrar el misterio alrededor de Steve Ditko, en un documental para la BBC que seguía su trayectoria con la mayor admiración. Al final del mismo, Ross y el escritor Neil Gaiman se desplazaban a Nueva York y visitaban en su estudio al artista, que fuera de cámara los recibió y mantuvo una agradable conversación con ellos ante la sorpresa de ambos.

 

El 29 de junio de 2018, la policía encontró el cuerpo de Steve Ditko en su apartamento de Nueva York, la suite 715 del nº 1650 de la calle Broadway, tal y como podía localizarse con facilidad en el listín telefónico. Había muerto dos días, antes por causas naturales. Tenía noventa años, y se encontraba preparando su siguiente proyecto, Something Big, una antología de 48 páginas que financiaría mediante pequeñas aportaciones de los compradores. El misterio nunca dejaría ya de rodear a su figura. Sus grandes creaciones nunca dejarían de estar con nosotros. Su genio perviviría para siempre.

 

 

Texto aparecido originalmente en 100 % Marvel HC. Los mundos de Steve Ditko

EL INMORTAL PUÑO DE HIERRO: LA REVIGORIZACIÓN DE UNA LEYENDA

Puño de Hierro, personaje que alcanzó sus mayores éxitos en los años setenta, cuando la tendencia fagocitadora de Marvel se aproximó al género de las artes marciales, no había vuelto a gozar desde entonces de la atención de la editorial o del favor del público de manera equivalente. Pero la ola revitalizadora de la primera década del siglo XXI, por la que se estaba rehabilitando a héroes como Luke Cage o la original Spiderwoman, motivó una puesta al día de ambiciosos objetivos, la que procuraron, a partir de 2006, Ed Brubaker, Matt Fraction y David Aja bajo el título de The Immortal Iron Fist.

 

Fue el mejor año de la edad moderna de Marvel. En 2006, La Casa de las Ideas lanzó “Civil War”, el más ambicioso evento que hubiera producido nunca y el que hizo que todas las miradas se volvieran hacia ella. Pero tal era la potencia del proyecto comandado por Joe Quesada y Dan Buckley, Director Editorial y Publisher, respectivamente, que otras propuestas con menor empaque mediático atesoraban un carisma y una fuerza equivalente. Mientras tenía lugar la Guerra Civil Superheroica, se publicó también “Aniquilación” o “Planeta Hulk”, sagas que alcanzarían un grado supremo de iconicidad, y arrancaban series como The Immortal Iron Fist, que habría de señalar el camino para los héroes secundarios durante los años siguientes.

 

El papel de Puño de Hierro en aquel entonces no podía ser más accesorio. En Marvel querían que Daredevil estuviera de alguna manera presente en el desarrollo de “Civil War”, pero el Hombre sin Miedo se encontraba inmerso en la historia-río planeada por Brian Michael Bendis, con Alex Maleev al dibujo, con el descubrimiento de su identidad secreta como punto de partida. No era factible extraerlo de aquel maremágnum para dejarlo caer en otro conflicto, por lo que en la editorial parchearon con una solución improvisada: Danny Rand, el hombre tras la máscara de Puño de Hierro, asumió su identidad durante la saga, para, una vez finalizada, volver a vestir su traje tradicional, como señal de la llegada de una nueva serie.

 

“Civil War” dio una plataforma formidable desde la que lanzar el proyecto de The Immortal Iron Fist. El editor Warren Simons acudió a uno de los escritores de Marvel que, en los últimos años, había alcanzado la categoría de leyenda. Ed Brubaker (2966, Maryland), que venía del cómic independiente o del policiaco noir de DC Comics, estaba acometiendo la mejor etapa que hubiera tenido el Capitán América en décadas. Gustaba Brubaker de explorar géneros vetustos, para darles un barniz de modernidad y una apariencia de trascendencia que no llegaban a tapar la inmensa épica y diversión que procuraba inyectar a sus guiones por encima de cualquier otra cosa. Y el de las artes marciales probablemente era el más olvidado de todos esos géneros, en cuanto a los superhéroes se refiere. El furor amarillo de los setenta no había vuelto a conocer días equivalentes, si bien en aquel arranque del siglo XXI alimentaba un cierto interés, a través de obras cinematográficas que tomaban algunos de sus aspectos y los popularizaban entre el público masivo, como fueron los casos de The Matrix (1999) y sus posteriores secuelas (The Matrix Reloaded y The Matrix Revolutions, ambas de 2003) y de los dos volúmenes de Kill Bill (2003 y 2004).

 

The Immortal Iron Fist respondía a la búsqueda de una efervescencia equivalente dentro de Marvel, sólo que Brubaker acudió a referentes propios, en lugar de dejarse arrastrar por cualquiera de las modas: sólo así consiguió unos resultados atemporales. En lugar de impostar una puesta al día de Puño de Hierro, la nueva serie escarbaba en la tradición del personaje, para presentar a los lectores a aquellos que habían poseído el título en otras épocas anteriores a la de Danny Rand, y como esa herencia afectaba a éste en el presente. Puño de Hierro como personaje de legado, un significado que ya latía en el personaje desde que fuera creado por Roy Thomas y Gil Kane, o en las más brillantes aproximaciones que habían existido hasta el momento, como la que acometieran Chris Claremont y John Byrne en los setenta, pero en el que jamás se había profundizado con tanta meticulosidad. El planteamiento de la obra, siempre con el presente como faro, permitía saltar de una época a otra, lo que a su vez facilitaba el mestizaje de narrativas. The Immortal Iron Fist no sólo se erigía como una reivindicación de las artes marciales, sino, por extensión, de cualquier género que oliera a pulp: bélico y noir, western y espionaje, se daban cita en un cómic formidable.

 

Se dio la circunstancia de que Brubaker contase con un apoyo para sus guiones, el de un entonces semidesconodido Matt Fraction (1975, Chicago) que, como él, se había desfogado en el mercado indie para a continuación buscar el éxito dentro del mainstream prestigioso que estaba produciendo Marvel. Pronto se significó como el discípulo aventajado de Brubaker, con una progresión meteórica que le llevaría a pasar por otros rincones esenciales de La Casa de las Ideas y a configurar, junto a otro de los artífices de The Immortal Iron Fist, la obra por la que sería más recordado dentro de la editorial, un singular acercamiento al personaje de Ojo de Halcón.

 

Ese autor es David Aja (Valladolid, 1977), la otra fuerza motora de The Immortal Iron Fist. Con una larga carrera a sus espaldas dentro de nuestro país, tanto en la ilustración como en el diseño, Aja coincidió con Brubaker en un número de su aclamada etapa de Daredevil. Su estilo estaba entonces más próximo al realismo sucio que había practicado David Mazzucchelli en sus primeros trabajos que a la depuración que alcanzaría más tarde. La implicación del dibujante en el proyecto ocurrió de manera un tanto atropellada. Todavía no había comenzado a dibujar el episodio de Daredevil cuando se encontraba de visita a las oficinas de Marvel en Nueva York y Warren Simons le comentó que Brubaker estaba interesado en hacer un cómic de Puño de Hierro. Aja manifestó entonces su gusto por el personaje y, a los pocos días, cuando estaba inmerso en el cómic del Diablo Guardián, le ofrecieron encargarse de lo que en principio iba a ser solamente una miniserie y para la que tuvo que preparar una portada de urgencia, de cara a su promoción inmediata.

 

En el momento de anunciarse, The Immortal Iron Fist había mutado a colección abierta. La premura obligó a un inusual cambio en el planteamiento. La idea inicial es que David Aja se ocupara de dibujar también los flashbacks que salpicaban la narración y que mostraban a los Puños de Hierro de otras épocas. Hubiera permitido que ensayara diferentes estilos, en cada uno de ellos. Pero el guión del primer número le llegó con apenas tiempo para acometerlo, de manera que esas páginas acabaron en manos de otros autores, si bien los diseños corrieron de su cuenta. Esta circunstancia permitió embarcar en la empresa a dibujantes tan distintos como Travel Foreman o los veteranos John Severin, Russ Heath o Sal Buscema, cada uno elegido por su proximidad particular al estilo que abordaran las diferentes escenas.

 

The Immortal Iron Fist se alzó como fenómeno, fruto de una colaboración que iba más allá del mero compañerismo y alcanzaba una inmensa complicidad, descrita así por Aja en una entrevista que realizara David Fernández para Zona Negativa en noviembre de 2008: “Los guiones son tan de Brubaker como de Fraction. Se llevan muy bien, e incluso han vuelto a colaborar juntos… al final del segundo arco, casi lo hizo sólo Fraction, porque Brubaker estaba muy liado. Son la hostia. Se trabaja muy bien con ellos. Hemos llegado a un nivel de buen rollo y complicidad, de ponerme cosas en los guiones específicamente para mí… No sé. Trabajamos muy cómodos. Nos entendemos muy bien. Además, hablamos muchísimo, y cada cambio lo comentamos por correo electrónico. Les parece genial, todo”.

 

Y lo era. Desde luego que lo era.

 

Texto aparecido en Marvel Saga. El Inmortal Puño de Hierro nº 1

1 2 3 4 5 410