LA IDENTIDAD DEL ENEMIGO DESCONOCIDO: FABRICANDO UN NUEVO DOCTOR MUERTE

Cuando el Universo Ultimate nació, a comienzos del siglo XXI, Marvel se proponía ofrecer a todo tipo de lectores un acercamiento comprensible a la par que emocionante a sus personajes más comerciales. La editorial estimaba que Spiderman, La Patrulla-X, Los Vengadores o Los Cuatro Fantásticos se habían vuelto demasiado herméticos para cualquier aficionado que quisiera incorporarse sin conocer al dedillo varias décadas de historias. Por eso La Casa de las Ideas propuso una Marvel que pudiera leerse desde cero, concentrada en muy pocos títulos y que fuera, en resumidas cuentas, muy fácil de seguir. Una Marvel definitiva. Durante la primera década de su existencia, los autores designados para llevarla a cabo acometieron una puesta al día de los conceptos fundamentales de La Casa de las Ideas, actualizando conceptos pero sin salirse en exceso de los cánones marcados por los clásicos. Fue en la segunda fase de la línea, la que comenzó tras «Ultimatum», cuando esos autores dieron un paso más allá. Emprenderían un viaje incierto hacia territorio nunca antes cartografiado.

 

 

Pese a que el Universo Ultimate funcionara de manera autónoma, las reglas que habían dado lugar al Universo Marvel convencional, y a los superhéroes en particular, permanecían activas, a veces tan metidas en el código genético de las viñetas que los autores que las aplicaban no llegaban a darse cuenta de que estaban respondiendo a esos códigos. Tales reglas marcan que Spiderman siempre será Peter Parker y que mantendrá su identidad en secreto; que Los Vengadores cambiarán de miembros periódicamente, pero el Capitán América, Iron Man y Thor rondarán por ahí; que Los Cuatro Fantásticos se disolverán de vez en cuando, pero volverán a reunirse, porque Reed, Sue, Ben y Johnny son, a fin de cuentas, una familia; que Magneto destruirá la mansión de La Patrulla-X, los mutantes lo pasarán mal y una vez recuperados volverán a reconstruirla, etc.

 

¿Y si tiramos todo eso a la cuneta? ¿Y si dejamos que los personajes evolucionen libres de tales convencionalismos? ¿Y si convertimos el Universo Ultimate en un mundo verdaderamente imprevisible, donde todo pueda ocurrir y de hecho ocurra? ¿Donde si algo puede ir mal, quizás acabe por ir mal? El suelte de amarres con el referente clásico daría alas a guionistas y dibujantes, que podrían conducir sus series a donde estimaran oportuno, sin importar las consecuencias. Y lo que era aplicable a los héroes, lo era también a los villanos. En «Ultimatum», habían desaparecido muchos de ellos, empezando por dos de los más peligrosos, Magneto y el Doctor Muerte. Las acciones del Amo del Magnetismo durante la crisis de Manhattan harían que el odio, puro y encarnado, se convirtiera en el nuevo enemigo máximo de los mutantes. Pero, ¿quién llenaría el hueco del Doctor Muerte? ¿Necesitaba este cosmos conectado de una figura equivalente a la del fallecido Victor Van Damme? Brian Michael Bendis estimaba que la respuesta a esa pregunta era «sí»; Daría al Universo Ultimate un nuevo Doctor Muerte como nadie hubiera imaginado.

 

El planteamiento original que Stan Lee y Jack Kirby adoptaron para el villano clásico fue el mismo que recogieran Mark Millar, Warren Ellis y el propio Bendis en su actualización, efectuada en los primeros arcos de Ultimate Fantastic Four. Como elementos modernizadores, los guionistas habían introducido la figura de Muerte en el propio origen de Los Cuatro Fantásticos, habían hecho que el accidente que diera poderes a estos alterara terriblemente también a Victor e incluso le habían dado un antepasado tan ilustre como Vlad Drácula. Algunos eran detalles incorporados por ellos mismos, otros buscaban aproximarse a la versión cinematográfica, pero ninguno de ellos interfería con las líneas maestras del villano que los aficionados tenían en la cabeza: su hambre de poder sin límites; su altivez infinita; su inteligencia suprema, capaz de rivalizar con la de Reed Richards; los celos venenosos hacia éste y el odio profundo hacia Los Cuatro Fantásticos en su conjunto; su dominio tanto de la ciencia como de la magia; su extraño sentido del honor, e incluso su tiranía sobre el reino imaginario de Latveria. Todo eso estaba ahí, como estaba en el Muerte de la Tierra-616. Si uno y otro llegaban a encontrarse, se identificarían de inmediato como almas gemelas.

 

Muerte había sido el instigador en la sombra de los atentados de Magneto en «Ultimatum», y encontraría su destino en el puño rocoso de Ben Grimm en las últimas páginas de la saga, porque «Reed no tiene el estómago para hacer lo que hay que hacer», pero Ben sí. Con su desaparición, el desmembramiento de La Primera Familia fue inmediato, como si unos no pudieran existir sin el otro. Y hasta en eso, todavía, el Universo Ultimate mimetizaba el modelo primigenio. De ahí, sólo restaba volver. Que Muerte hubiera resucitado de alguna manera ingeniosa. Que Los Cuatro Fantásticos se reunieran una vez más para hacerle frente. Que todo volviera a estar en su sitio.

 

Pero esta vez no sería así, y Bendis establecería los acontecimientos de «La trilogía del enemigo definitivo» como un manifiesto que negaba las fórmulas clásicas: asesinando a Reed Richards en las primeras fases del relato, que de esta manera se unía a los muchos muertos que ya había traído de por sí «Ultimatum»; acercando entonces a Sue Storm hacia Ben Grimm, quien además mutaría hasta recuperar su humanidad, y poniendo encima de la mesa una amenaza que parecía más terrible que la del propio Muerte y que por tanto estaba llamada a sustituirle. La única incógnita estaba en desvelar quién era esa amenaza y porqué estaba acosando a muchos de los supervivientes de «Ultimatum».

 

El final de Ultimate Comics. Enemy, capítulo intermedio de la trilogía con el que se abre este segundo tomo recopilatorio, desvelaría la identidad del «enemigo definitivo», mientras que el cierre de la historia, también en el presente volumen, quedaría reservado para el combate final contra el villano, al que se sumarían los héroes que todavía restaban por aparecer en la trama, en un último y gigantesco esfuerzo de Rafa Sandoval, el único dibujante con el que quiso contar Bendis para desplegar la epopeya de principio a fin, y cuya capacidad para el espectáculo es puesta a prueba en cada página, en cada nueva explosión, en cada giro inesperado, en cada una de las batallas atronadoras que le tocaron narrar y con las que disfrutó tanto como quienes contemplaran el resultado.

 

La sorpresa detrás de este relato pertenece al tipo de ideas que suele cocinar Bendis siguiendo la lógica en estado puro, pero resulta tan rupturista que rompería en dos a la comunidad lectora, tal y como lo habían hecho otras historias relevantes del guionista de Cleveland, como «Dinastía de M», «Invasión Secreta» o el nacimiento de Los Nuevos Vengadores, sólo que esta vez tenía lugar en el Universo Ultimate. Bendis concibió el relato como una prueba de que las intenciones del renovado escenario iban en serio, además de un punto de partida desde el que contar muchas aventuras más… y así sería la cabo de un tiempo, aunque quizás el nuevo Doctor Muerte resultaba tan radicalmente atrevido que habrían de pasar bastantes meses hasta que los fans volvieran a verlo.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 28

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