EL ÚLTIMO ENCUENTRO DE STAN LEE Y STEVE DITKO

Con motivo de la muerte de Steve Ditko, recordamos la ocasión en la que volvió a reencontrarse con Stan Lee, un texto procedente de Spider-Man: La historia jamás contada.

 

Y entonces, en 1992, Stan y Steve volvieron a encontrarse.

Marvel estaba planeando una nueva línea editorial, en la que se iban a narrar las aventuras de diversos personajes, con el año 2099 como trasfondo. Una de las nuevas series, Ravage 2099, iba a estar guionizada por The Man, en su retorno a la máquina de escribir después de una larga ausencia. Cuando el entonces Director Editorial Tom DeFalco le preguntó acerca de con qué dibujante le gustaría contar, Lee mencionó a Ditko, quien accedió a encontrarse con su antiguo compañero.

“El fan que hay en mí estaba pensando que iba a ver historia desplegándose ante sus ojos. Stan Lee y Steve Ditko juntos en la misma habitación. Steve vino, muy halagado de que le hiciéramos la oferta”, explicó DeFalco. “Él y Lee se tendieron la mano, hasta que acabaron dándose un gran abrazo. Tuvieron una recepción muy cálida. Era obvio que eran dos tipos que realmente se caían bien y se respetaban mutuamente. Stan expuso algunas ideas sobre la serie. Tuvieron una conversación verdaderamente apasionante sobre lo que podían hacer. Las discusiones de Steve siempre eran feroces, pero esta vez fue muy cálido y amistoso. No se pondrían de acuerdo. Stan se lo agradecería mucho y ambos dejaron abierta la puerta a futuras colaboraciones. Cuando Steve se marchó, puedo decir que estaba realmente emocionado de haber visto a Stan”.

Aquella puerta quedó de nuevo cerrada, después de que los dos autores volvieran a enzarzarse en discusiones públicas acerca de la autoría de Spider-Man. El comienzo del siglo XXI pilló a Ditko trabajando en su estudio de siempre, escribiendo y dibujando cómics en blanco y negro tan sorprendentes como ilegibles, en los que exponía sus convicciones objetivistas y que publicaba con la ayuda de su amigo Robin Snyder, de una manera al borde de lo amateur. Cuando en 2002 se estrenó la primera película de Spider-Man, Stan Lee era, más que nunca, la cara de Marvel, con sus cameos en cada nuevo largometraje y sus apariciones en multitud de entrevistas y programas de televisión. Para el gran público, iba a ser siempre el creador del Hombre Araña, por mucho que él proclamara que compartía esa autoría con Ditko, y por más que éste apareciera como tal en los créditos del filme. En pleno siglo XXI, Spider-Man era mucho más que un personaje de cómic. Era un icono mundial, capaz de recaudar millones en taquilla y situarse entre las más comerciales franquicias del mundo. La gloria cinematográfica constituía el último paso de una carrera hacia el éxito total que había empezado el día en que Steve Ditko abandonó al personaje. Tras esa despedida, Spider-Man alcanzó el reconocimiento universal, pero también perdió cierta magia, imposible de definir o de recrear, pero tantas veces imitada. Cada año que pasa, cada vez que alguien se acerca a los años fundacionales del trepamuros o siempre que un nuevo guionista o dibujante encuentra en aquellos cómics elementos que incorporar a las nuevas aventuras arácnidas, el Spider-Man de Ditko crece en frescura y modernidad, para alzarse como el definitivo y definitorio.

 

 

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