EL ULTIMATE SPIDERMAN DE BENDIS Y LAFUENTE: UNA CASA DE LOCOS

Cuando parecía que Brian Michael Bendis tenía completamente dominadas las características y el tipo de historias que podía contar con el Spiderman Definitivo, el que había sido creador y guionista de la serie durante sus diez años de existencia aprovechó el punto y aparte que había supuesto “Ultimatum” para dar un golpe de timón como nadie había esperado hasta entonces. Bendis prometió llevar a su Peter Parker a un lugar nuevo y emocionante, hacer algo distinto con él a lo que se había visto en cualquier medio, ya fuera cómic, cine o televisión. Sin ningún miedo al cambio y apoyado en la revolución gráfica de David Lafuente, eso fue lo que hizo.

 

 

Hasta ese momento, Ultimate Spider-Manhabía mantenido un perfecto equilibrio entre la acción de las aventuras del trepamuros y el costumbrismo de la vida privada de Peter Parker. El estilo artístico de Mark Bagley había propiciado tal circunstancia, aunque los guiones de Bendis poco a poco se habían ido decantando por el lado aventurero, que gradualmente se fue adueñando de la serie y se hizo fuerte una vez Bagley dejó los lápices en manos de Stuart Immonen. Con el relanzamiento de la serie desde un nuevo número uno y el salto en el tiempo de medio año transcurrido para los protagonistas a partir de los sucesos de “Ultimatum”, el tono de las historias se posicionó en el extremo opuesto. Bendis vio en la entrada de David Lafuente la oportunidad perfecta, puesto que el artista español tenía un especial talento para las escenas cotidianas, sobre todo si estaban protagonizadas por adolescentes. Su toque de cómic independiente americano lo aproximaba a series como Scott Pilgrim, muy volcada en las vidas de sus chavales protagonistas y en las antípodas de los superhéroes Marvel, pero de alguna manera conectada con el espíritu trasgresor y pop de la editorial. Si Peter Parker se había desdibujado un poco en los últimos tiempos, con todas las cosas que le habían ocurrido a su alter ego arácnido, ahora ocurriría lo contrario: Peter estaría en primer término y Spiderman apenas figuraría en las historias, por más que siguiera teniendo su importancia.

 

En los años noventa, la teleserie Lois & Clark: The New Adventures of Supermanhabía seguido un principio similar, pero se trataba más de una comedia romántica entre adultos con sus vidas encarriladas que de algo que tuviera que ver con lo que proponía Bendis. También se podía buscar similitudes con los dibujos animados de Spider-Man And His Amazing Friends, de comienzos de los ochenta. El guionista había confesado en múltiples ocasiones su devoción hacia tan bizarro producto, e incluso había llevado a cabo todo un arco argumental que lo homenajeaba (Coleccionable Ultimatenº 48. UltimateSpidermannº 22: Asombrososamigos), pero nadie hubiera imaginado que un buen día la casa familiar de los Parker acabaría acogiendo a la novia del héroe, a La Antorcha Humana y a El Hombre de Hielo, y que por allí también rondarían las dos ex de Peter. Sí, es cierto que en la pequeña pantalla podía verse que Spidey, El Hombre de Hielo y Estrella de Fuego (además de una simpática perrita) compartían techo y las tortitas de tía May, pero no dejaba de ser una de las convenciones propias del medio en aquel entonces. En general, Spider-Man And His Amazing Friendsnarraba aventuras bastante convencionales y a sus realizadores poco o nada les interesaba el día a día de lo que pasaba en aquella casa.

 

El salto de seis meses permitiría además introducir interesantes cambios en la estructura de las relaciones de los protagonistas. Durante la historia del trepamuros definitivo, Peter había salido fundamentalmente con Mary Jane, aunque ambos habían cortado durante una temporada en la que había entrado en juego Kitty Pryde. Faltaba por ver la interacción amorosa con Gwen Stacy, la que había sido el gran amor del Peter Parker clásico. La convulsa trayectoria de la versión definitiva de Gwen nos había dejado a ella huérfana, muerta, resucitada y acogida en casa de tía May, lo que en cierta forma era ya el germen de que allí acabarían instalándose también Johnny Storm y Bobby Drake. En el momento en que tuvo lugar “Ultimatum”, Peter volvía a salir con Mary Jane y él y Gwen se comportaban como hermanos. Pero, ¿y si todo eso hubiera cambiado en los seis meses transcurridos después de que la ola de Magneto arrasara Nueva York?

 

El ojo curioso de Bendis había visto en todo aquello una mina por explotar. ¿Cómo sería hacer la colada en esa casa? ¿Ir al baño? ¿Compartir cuarto? ¿llegar a tiempo al instituto? Si Gwen era la nueva novia de Peter, ¿en dónde dejaba eso a Mary Jane? ¿Qué había hecho ella con su vida? ¿Y Kitty? ¿Cómo afectaría a la antigua mujer-X que los mutantes hubieran sido ilegalizados tras el ataque de Magneto? ¿Qué opinaría tía May de todo? Sí, definitivamente había material para llenar decenas de páginas. De vez en cuando Spiderman golpearía a alguno de los malos, de vez en cuando surgiría la posibilidad de actualizar algún villano clásico que todavía quedara por “ultimatizar”, pero lo verdaderamente interesante estaría en esos momentos del día a día, en la formidable comedia de enredo que se podría montar alrededor.

 

Puestos a jugar con los equívocos: ¿Por qué no recurrir al enemigo clásico arácnido especialista en ellos, aquel que, por más que fuera el primero con el que se enfrentó el trepamuros todavía no había tenido versión definitiva? Años atrás, Bendis había escrito una aventura en la que un farsante se hacía pasar por el lanzarredes y le metía en un montón de líos, un argumento similar al que tuviera The Amazing Spider-Man #1 USA (1962), pero el culpable había resultado ser un delincuente convencional, no un maestro del disfraz. Esta vez sí habría un Camaleón como es debido. O tal vez dos.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 26

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