EL DESPRECIABLE MASACRE 31: EL FIN DE UNA ERA

Entre chistecito y chistecito, entre ruptura de la cuarta pared y destrozo de todo cuanto encuentra a su alrededor, entre broma absurda y vómito incontrolable, Masacre supera ya el cuarto de siglo de existencia. En todo ese tiempo, han sido apenas un puñado de guionistas los que han dejado huella en el personaje. Fabian Nicieza, como el que puso un poco de orden en las ideas de Rob Liefeld acerca de lo que debía ser el Mercenario Bocazas; Joe Kelly, como el hombre que supo enseñarnos aquello que nadie sospechaba: que el personaje podía ser mucho más que una broma recurrente; Daniel Way, como aquel capaz de devolverle su brillo de antaño… y ahora también debemos sumar a Gerry Duggan, como el escritor que desarrolló la más extensa etapa del personaje, forjada alrededor de aquella dicotomía que ya anidaba en el planteamiento de Kelly: el contraste imposible entre el deseo de hacer el bien que anida en Wade Wilson y su extraordinaria capacidad para estropear hasta el último rincón de su vida, entre la supuesta ligereza de un tebeo de chistes de mal gusto y el golpe de profundidad que se oculta en la trastienda de la historia. Con Duggan, Wade ha sido padre, vengador, amigo, asesino, marido, despojo de un pasado lejano, líder de un grupo de mercenarios, cadáver, mecenas y muchas otras cosas que ahora casi nos cuesta recordar. En medio del caos, el guionista ha desarrollado un relato con una modélica coherencia interna y ha conducido al personaje tan lejos como ha podido, tanto que, de cara a que pueda pasar a otro autor una vez alcanzada la última página, es necesario machacar a martillazos el disco duro, hacer borrón y cuenta nueva e imaginar que nada de lo que hemos leído ocurrió realmente. Pero, a pesar de que Wade no vaya a recordarlo, sin duda ocurrió, y a nosotros no nos resultará tan sencillo olvidarlo.

UNA MUERTE SIN IMPORTANCIA Fíjate en un pequeño detalle de los créditos: Duggan sólo figura como escritor de las primeras veintidós páginas. A partir de ahí, es el propio Wade quien lleva la voz cantante. ¿Qué tiene de particular esa página veintidós, para que nuestro guionista tenga que “ausentarse” a partir de ahí? Ni más ni menos que Masacre lo elimina. Al contrario que los personajes de Pirandelo, no tiene el menor interés en conocer a su autor, pero acaba por encontrarse con él, en un brillante meandro argumental, que pudiera parecer accesorio, pero que se demuestra obligado para encarar el final de la historia. El recurso, no por ser brillante, llega a la categoría de original. Stan Lee y Jack Kirby fueron personajes de más de una historia de Los Cuatro Fantásticos, y Grant Morrison elevó la apuesta a infinito cuando concluyó su etapa de Animal Man con Buddy Baker presentándose en su casa para reprocharle que no dejaran de pasarle cosas malas… cuando la esencia de la ficción está en que los protagonistas de las historias se metan en problemas cada vez mayores.

LO QUE HA DE VENIR Ignoramos, a día de hoy, cuál será el siguiente proyecto que le aguarda a Duggan una vez terminada esta etapa. Está ahora mismo haciendo una modélica saga cósmica, Cuenta atrás a Infinito, que desembocará en un evento con muchas opciones para alcanzar la categoría de memorable, Las Guerras del Infinito. Más allá de eso, el guionista no nos ha enseñado su agenda, pero estos cómics de Masacre atestiguan que es capaz de todo lo que le echen. Soñamos con verlo algún día relatando las aventuras de Spiderman o echándose encima una franquicia de peso, como la de La Patrulla-X. Tiene más talento y capacidad para divertir a su audiencia que muchas supuestas estrellas literarias de la industria. En cuanto a Wade, ahora tiene la oportunidad de empezar, literalmente, desde cero, con un nuevo equipo que se lo va a tener que currar mucho para acercarse al que dejamos atrás.

 

Spot On originalmente aparecido en Masacre nº 31

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