DETRÁS DE LA MUERTE DE ULTIMATE SPIDER-MAN: EL FINAL DE UN HÉROE

En el cómic de superhéroes se ha vuelto algo poco menos que habitual el que se anuncie la muerte de un personaje, incluso señalando el acontecimiento en el título de la aventura en cuestión, para luego descubrirse que el término “muerte” era excesivo. En esos casos, la “muerte” es una metáfora de “cambio”, de “pérdida”, de un engaño, en definitiva. Por eso, cuando Marvel puso encima de la mesa una aventura que se titularía “La muerte de Spiderman”, en referencia a su Hombre Araña Definitivo, todo el mundo dio por hecho que la cosa no iba en serio, que donde decían “muerte” en realidad querían decir cualquier otra cosa. Pero «todo el mundo» había olvidado que, en este caso, había un factor diferencial: el «factor Bendis».

 

 

En 2011, año en que se publicó «La muerte de Spiderman», Brian Michael Bendis ya no tenía nada que demostrar. Durante los más de diez años que llevaba escribiendo los más importantes cómics que publicaba Marvel, había reinventado a Los Vengadores, conducido a Daredevil más allá de la cordura, concebido al más carismático personaje femenino que hubiera visto la industria en años y, claro está, rehecho a Spiderman como él entendía que debía ser Spiderman. Su manera de escribir, apoyada en diálogos elaboradamente espontáneos, había roto los esquemas de toda una generación, pasando de recibir acusaciones de que no sabía hacerlo a ser imitado por buena parte de sus coetáneos. El Universo Marvel de entonces se había construido alrededor de cuanto Bendis contaba en Los Nuevos Vengadores, su serie más comercial, y durante mucho tiempo había estado encerrado en una historia-río plagada de sorpresas y de giros imposibles que dejaban a los lectores boquiabiertos. La mayor parte de la población mutante fue exterminada, la comunidad superheroica se partió en dos en una cruel guerra civil, el Capitán América fue asesinado al final de la misma, los Skrull estuvieron próximos a conquistar el planeta y fueron repelidos por el peor de los villanos posibles, que a continuación se puso al frente de la Seguridad Nacional… Eran revoluciones que los aficionados no creían posibles, y sin embargo se habían producido. El problema era que, en un momento dado, para meter de nuevo al genio dentro de la botella, se hizo necesario desandar el camino andado, y Steve Rogers volvió a la vida, las heridas en la confianza de los héroes curaron y aquel horrible villano mordió el pueblo, para dejar que las aguas volvieran a su cauce.

 

Porque las aguas siempre volvían a su cauce. Era una lección que, después de todo el ciclo de grandes eventos producidos por Marvel en la primera década del siglo XXI, hasta los lectores más jóvenes comprendían. Brian Bendis no sólo formaba parte de aquello, sino que estaba en el epicentro de todas las decisiones. En cierta manera, se sentía mal por haber sido partícipe de algunas de las muertes que él denominaba «muertes con rebote», aunque aseguraba que en ninguno de los casos lo había hecho a propósito. Se sentía próximo a las hordas furiosas de fans que se quejaban enérgicamente cuando una de esas muertes terminaba por ser otra cosa. Para esos lectores, y también para Bendis, era otra forma de decir «estafa».

 

En 2006, Joe Michael Straczynski, entonces guionista del Spiderman clásico, y cuya manera de abordar al trepamuros chocaba frontalmente con la de Bendis, produjo un evento que afectó a toda la franquicia arácnida, titulado «El Otro: evoluciona o muere». Durante doce capítulos, que se extendían a lo largo de las tres series protagonizadas por el trepamuros de la Tierra-616, Peter Parker era sentenciado a muerte. No sólo eso: llegaba a morir… sólo para regresar, con un nuevo cuerpo sin enfermedades ni imperfecciones, y además con renovados poderes, incluidos unos espolones que apenas llegaría a usar. Marvel exhibió el anuncio de la muerte a placer, y cuando ésta no resultó ser tal, la sustituyó por esas «mejoras», que quedarían enterradas al cabo de poco tiempo. «El Otro», el evento que cambiaría para siempre la historia de Spiderman, fue el evento que cambió para siempre la historia de Spiderman hasta que, tres meses más tarde, llegó «Civil War», y «El Otro» cayó en el más absoluto de los olvidos. No es extraño que el aficionado de a pie estuviera curtido y ya no se creyera ninguna frase promocional.

 

Apenas cinco años después de «El Otro», y como si se tratara del estribillo de una machacona canción, Marvel volvió a anunciar la muerte de Spiderman, primero sin precisar de qué Spiderman se tratara, y luego haciendo ver que sería la versión Ultimate. Vistos los precedentes, lo último que creyó nadie cuando la editorial afirmó que el joven trepamuros iba a morir era, precisamente, que tal cosa ocurriera. Bendis, que por algo era el guionista de la historia, era el único que lo tenía claro. Quería huir de lo que él llamaba «todas esas mierdas». No se podía permitir que el personaje «regresara a los tres meses con un brazo mecánico y haciéndose llamar El Arácnido, o algo así». Y añadía: «Debía ser de verdad su muerte, una muerte que tuviera significado y abriera el camino a las historias que estamos preparando a continuación y que nos llevarían por terrenos inesperados». Para él, se trataba de cerrar el círculo que se había abierto cuando Peter dejó escapar al que luego se convirtió en el asesino de tío Ben:“Peter no había sido capaz de salvarle, pero si él moría mientras conseguía salvar la vida de tía May, entonces estaríamos cerrando el círculo. Tendríamos un personaje cuyo fin había sido trágico, pero cuya vida no lo era. Era la pieza que me faltaba cuando estaba escribiendo la historia. Una vez me di cuenta de que la tenía ahí, todo fue mucho más fácil”.

 

Para la ocasión, se produjo un inesperado regreso, que subrayaba el hecho de que la historia sería verdaderamente trascendente. Mark Bagley, el dibujante con el que Bendis había hecho más de cien números de Ultimate Spider-Man y batido todos los récords; Mark Bagley, que después de tanto tiempo en Marvel creyó que era una estrella por sí mismo; Mark Bagley, que un día que le hubiera gustado olvidar, pero que jamás ha dejado de recordar, aceptó un suculento contrato para irse a la competencia; Mark Bagley, que fue ninguneado, desaprovechado y sepultado haciendo tebeos que a nadie le importaban y al que relegaron al más absoluto ostracismo, había aprendido la lección. Regresó a Marvel, con la cabeza gacha, y cuando le ofrecieron que volviera allí donde estaba antes de su espantada, para hacer la última historia del trepamuros definitivo, no pudo por menos que sonreírse de la suerte que podía llegar a tener. Su vuelta coincidiría con el cumpleaños de Peter, con el día en que hacía dieciséis años. Era otra manera de decir al lector que sólo habían pasado doce meses desde que le picara la araña. Aquel plan de que Peter celebrara cumpleaños cada cien números había quedado atrás. El joven trepamuros nunca volvería a soplar velas. Y Bagley, que había estado con Bendis en el comienzo de la historia de Spidey, estaría también con él en el final, un final para el que el guionista se dejó arrastrar por las emociones. Sabía que era la mejor herramienta para conseguir esa autenticidad que era su marca de fábrica. Cuando escribía una escena divertida, él mismo se reía con el chiste. Pero cuando escribía una escena dramática, cuando escribía la escena más dramática de su carrera… «No podía ni ver el teclado. Estaba hecho polvo. Fui arriba, con mi esposa y ella me preguntó qué me pasaba. Yo le dije que llevaba llorando los últimos cuarenta y cinco minutos y que estaba agotado. Ella me dijo que había personas en mi vida por las que nunca lloraría, pero que me estaba desesperando por aquello”.

 

Peter Parker había muerto. Y el Spiderman definitivo sería más grande que nunca.

 

 

 Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 30

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