DE SUNNYDALE A BREAKWORLD: POR QUÉ AMAMOS TANTO A JOSS

Son los ochenta. Tengo catorce años y leo The Uncanny X-Men #143 USA (1981). Chris Claremont y John Byrne me cuentan cómo Kitty Pryde, la integrante más joven de La Patrulla-X, se queda sola en la mansión y se enfrenta contra un monstruo extraterrestre. Y vence. Kitty consigue tostarlo, hasta reducirlo a cenizas, con los motores del Pájaro Negro. En aquel entonces, no he visto todavía Alien, la película que Claremont y Byrne calcaron en aquel episodio. No sé, todavía, que Kitty está replicando a la Suboficial Ellen Ripley, y cuando lo sepa, no va a importarme. Kitty es mejor que Ripley. Porque es una cría, porque no tiene entrenamiento militar, porque no ha viajado (todavía) al espacio y porque, salvo por el detalle de que atraviesa paredes, no se diferencia demasiado de cualquiera de nosotros.

 

Los referentes, en cada momento de la vida, llegan a ser trascendentales. Son los ochenta, tengo catorce años y mis referentes femeninos son las dos mujeres con las que vivo. La que me crio, trabajadora y educadora. Su madre, mi abuela, trabajadora también desde que se quedó viuda con menos de treinta años y tuvo que sacar adelante tres hijos. En la ficción, mis referentes no son siempre tan modernos. Sí, está Julie, de V, que es una mujer guerrera que se enfrenta a un invasor como integrante de la resistencia humana, pero también hay demasiadas princesas esperando que las salven y demasiadas damiselas en peligro. Demasiadas novias del héroe con limitado valor y que en ningún caso saldrían airosas del Test de Bechdel, que todavía ni ha sido enunciado. Faltan muchos años para que palabras como empoderamiento o sororidad suenen en mi cabeza por primera vez. Por eso es tan determinante la aventura de Kitty con su monstruo particular. Porque nadie viene a rescatarla. Porque Coloso no se presenta en la mansión en el clímax. Porque es ella la que da el beso al ruso, y no al revés. Las dos mujeres de las que lo aprendí todo sobre la vida me enseñaron, con su ejemplo, que los tíos no somos necesarios para nada, y mucho menos para rescatar a ninguna chica. Kitty Pryde me enseñó lo mismo en el mundo de la ficción. Y todavía no he dado suficientes gracias a ninguna de las tres.

 

Algo así le debió ocurrir a Joss.

 

Qué lejos está la mansión de Charles Xavier, ubicada en Salem Center (Nueva York) de Sunnydale, en California, y qué cerca se encuentran, en realidad. Kitty Pryde hubiera sido posible, con o sin Ripley, pero Buffy no existiría de no ser por Kitty. Y Buffy, como con toda justicia formula Robert Moore en Joss Whedon: The Complete Companion (2012, Titan Books) cambió la manera en la que se representa a la mujer en la tele y, por extensión, en la cultura popular. Piensa en Alias, Veronica Mars, Battlestar Galactica, Fringe o incluso Handmaid’s Tale, aunque derive de una obra literaria previa. Su discurso, firmemente feminista, hubiera sido imposible sin que Buffy hubiera allanado el terreno. Enuncia también Moore los motivos por los que las creaciones de Joss Whedon han resonado con tanta potencia entre sus seguidores: Porque a Joss le gusta lo mismo que a nosotros, y en este caso no podemos estar más de acuerdo, puesto que a Joss le encanta La Patrulla-X; porque Joss piensa que somos inteligentes, que es otra manera de decirnos que no nos toma por idiotas, y es algo que no siempre ocurre en el mainstream; y porque Joss ama y respeta a las mujeres, algo que demuestra en cada una de sus obras.

 

A muchos Buffy nos enganchó sin que nos diéramos cuenta. Empezó siendo Spiderman, con los problemas de una adolescente en el instituto que, además, tiene poderes y se dedica a eliminar vampiros, pero luego se convirtió en La Patrulla-X, cuando el protagonismo fue más coral que nunca, cuando cada scoobie llegó a tener sus propios poderes y cuando, a qué negarlo, Joss rehizo “La saga de Fénix Oscura” con Willow como protagonista. Así que era una cuestión de tiempo, voluntad y suerte que acabara escribiendo para Marvel y narrando las aventuras de los mutantes. Ya estuvo entre los que les dieron un repasito al guión de su primera película, y estaría en la corta lista de los directores llamados a sustituir a Bryan Singer en la tercera, cuando éste cometió el mayor error de su carrera. Triste que no entrara entonces por la puerta de atrás, pero sí lo hiciera cuando Grant Morrison abandonó a los mutantes y Joe Quesada, en una jugada maestra como pocas, nos lo cambió por algo, me atrevo a decir, mejor: por la Increíble Patrulla-X de Whedon y Cassaday.

 

Sabe Joss de dónde viene y a dónde va. Sabe darnos lo que no sabemos que queremos para quitárnoslo luego y que duela más que nunca. En estos veinticinco cómics, en los que necesitó del doble de meses para culminarlos, nos trajo la consolidación de la pareja formada por Scott Summers y Emma Frost; nos devolvió las esencias superheroicas de La Patrulla-X; nos resucitó a Coloso, el muerto peor asesinado de la historia de Marvel; nos procuró la cura, y nunca entenderemos por qué en Marvel no recurrieron a ella, en lugar de a la mucho más inverosímil, y menos afín al discurso feminista que venía de boca de Joss, intervención de La Bruja Escarlata en “Dinastía de M”; nos aportó SWORD; nos introdujo a Abigail Brand, a Armadura, a Vendas y a Ord… pero, por encima de todo, nos recuperó a la gran ausente en aquellos años: la chica que atravesaba paredes, decía que el Profesor Xavier era un idiota y achicharraba demonios n’garai cuando se quedaba sola en la mansión. Por encima de toda esa épica, grandeza y regreso a los fundamentos, la Increíble Patrulla-X es la gran historia de Kitty Pryde. Y sólo por eso, pero también por tantas cosas que no caben aquí, amamos tanto, tantísimo a Joss y le seguiremos allá donde vaya.

 

Prólogo originalmente publicado en Marvel Integral. La Increíble Patrulla-X nº 2

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *