DAREDEVIL: ALCALDE FISK. CUANDO EL PUEBLO ELIGE AL VILLANO

Desde que Frank Miller lo extrajera de alineación clásica de villanos de Spiderman para traérselo al mundo de Daredevil, Kingpin se ha alzado como el antagonista por antonomasia del Diablo Guardián. Han sido tantas las veces que se han peleado, tantas las ocasiones en que se han destruido las vidas mutuamente, tantas las situaciones en que ambos se han alzado a continuación para buscar la revancha, que hace bastante tiempo que el recurso se volvió repetitivo. Dado que no hay nada peor para el cómic de superhéroes que el aburrimiento que trae la previsibilidad, cada nuevo guionista que aborda la figura de Wilson Fisk debe hacerlo de manera novedosa y original, al menos con respecto a lo que se haya visto en los tiempos inmediatamente anteriores a su mandato. Y eso es lo que se ha propuesto Charles Soule en el siguiente capítulo de las aventuras de Daredevil, donde Kingpin pasa a convertirse en el alcalde de Nueva York.

Sabemos que hay políticos corruptos porque también hay personas que los corrompen. Las partitocracias, allá donde la falta de democracia interna campa a sus anchas, elijen a los más mediocres, aquellos cuyas voluntades son más fáciles de torcer, y que por lo tanto son susceptibles de dejarse arrastrar por el egoísmo y los bajos instintos. Ante esas figuras, no hay recalificación de terrenos o concesión de servicios que no pueda conseguirse mediante unos cuantos maletines colmados de billetes. Tenemos, por lo tanto, dos lados en la cuerda de la podredumbre, y el uno necesita al otro para que la cuerda se mantenga tensa alrededor del cuello del ciudadano. Pero, a veces, ocurre que alguno de los extremos decide asumir también el papel del otro. A veces, es todo ese partido del que usted me está hablando el que se convierte en organización criminal. A veces, es una persona en concreto la que se queda con el dinero y con los beneficios que trae el dinero. Y así es como nos encontramos con figuras del empresariado que deciden saltar a la política, como atajo para lograr su fin último. Desde nuestra realidad, podemos poner unos cuantos nombres a estas prácticas, que están en la boca de todos. Desde la realidad del Universo Marvel, el nombre que hay que mentar es el de Kingpin.

 

La cercanía de Kingpin con la política es un hecho que forma parte de la esencia del personaje. Su poder se basa en la capacidad de influencia sobre gente que debería ser honrada y que encarna importantes instituciones: policías, senadores, congresistas, concejales… Pero, hace algún tiempo, el Rey del Crimen decidió cambiar de táctica y pasar a primer plano. Todo empezó con motivo de “Imperio Secreto”, cuando Manhattan quedó cubierta por una cúpula impenetrable de oscuridad que vio abocada la ciudad al caos. En esas circunstancias, Wilson Fisk se erigió como protector de los más débiles frente a quiénes trataban de sacar tajada de la situación. Y todo lo que pidió entonces a cambio a los ciudadanos a los que había salvado fue… que lo recordasen. Había empezado el viaje a la legitimidad, que continuaría en la excelente saga que puedes leer en 100 % Marvel. Kingpin: Corriendo con el diablo. Se trataba de un proyecto, a cargo del pujante Matthew Rosenberg, que probablemente hubiera terminado en este mismo punto, de no ser porque tuvo que ser cancelado prematuramente, quedándose en mera miniserie.

 

Charles Soule retomó al personaje y la nueva orientación que le había dado Rosenberg, hasta llevarlo a las últimas consecuencias. En las últimas páginas del tomo anterior, Matt Murdock regresaba a casa después de una breve ausencia para encontrarse con la sorpresa: Kingpin era el nuevo alcalde de Nueva York. El pueblo había elegido a aquel que mejor había sabido salvaguardar sus intereses, sin que importara su turbio pasado. Si no fuera porque estábamos leyendo un cómic, lo hubiéramos confundido con el aquí y el ahora. ¿En qué se traduce eso para Daredevil? Para empezar, el escenario crece hasta abarcar toda la ciudad. Aunque el nuevo primer edil de Nueva York se deje caer por otros títulos, como es el caso de El Viejo Logan, Marvel ha renunciado esta vez a crear cualquier clase de evento alrededor de lo ocurrido, de tal forma que toda la acción se circunscribe a la serie que nos ocupa. Aquí tendremos, por lo tanto, las reacciones de otros héroes, pero también del mundo que rodea a Daredevil, desde amigos a villanos, en especial aquellos introducidos en la era de Charles Soule, pero no sólo ellos.

 

El momento coincide con la llegada de Marvel Legacy, el landscape de La Casa de las Ideas que busca recuperar la esencia de sus iconos, y con la vuelta a la numeración clásica de la serie, de tal manera que, en el curso de este volumen, alcanzamos el Daredevil #600 USA. El guionista ha trabajado muy duro, a lo largo de su ya larga etapa, para que la identidad del Hombre sin Miedo vuelva a ser secreta y continúe siéndolo. Conseguido ese propósito, y explicado el método para hacerlo en el volumen anterior, toca sacarle partido. De “Born Again” a esta parte, la relación entre Daredevil y Kingpin ha estado condicionada por el hecho de que éste último supiera quién se encontraba tras la máscara. Ahora, nos hemos retrotraído a la situación anterior a que eso ocurriera, lo que ofrece una mayor libertad a la hora de construir las historias, pero también obliga a buscar la manera de que ambos enemigos se sitúen cerca el uno del otro, pero mejor que averigües por ti mismo en qué se concreta tal cosa. “Es una apuesta muy arriesgada”, indicaba Soule en declaraciones a Dave Richards, de CBR.com. “La ciudad entera está en juego, de muchas maneras y por múltiples razones. Kingpin y Daredevil están jugando su habitual partida de ajedrez, pero no se trata sólo de ellos dos: hay, literalmente, millones de personas que se verán afectadas por el resultado de lo que vaya a ocurrir. Estoy muy contento por la manera en que todos los hilos argumentales han llevado a esto. ¡Y sólo estamos empezando!”.

 

Artículo aparecido en 100 % Marvel. Daredevil. El hombre sin miedo nº 14

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