Spider-Man 2
 
   
 

Título original Spider-Man 2
Estreno USA 30 de junio de 2004
Estreno España 14 de julio de 2004
Duración 127 minutos
Director Sam Raimi
Reparto
Tobey Maguire (Spider-Man/Peter Parker)
Kirsten Dunst (Mary Jane Watson)
James Franco (Harry Osborn)
Alfred Molina (Doctor Octopus/Otto Octavius)
Rosemary Harris (tia May)
 Spider-Man 2 en IMDB                               J. K. Simmons (J. Jonah Jameson)
Página oficial                                                 Dylan Baker (Curt Connors)
El DVD

Así se hizo
            En Sony/Columbia lo tienen muy claro. Es mayo de 2002 y Spider-Man está arrasando en la taquilla norteamericana. Más de 114 millones de dólares en su primer fin de semana confirman lo que todo el mundo auguraba: hay que hacer una secuela y hay que hacerla ya. El equipo de producción y los máximos dirigentes de Marvel Studios, entre los que se encuentra su presidente Avi Arad, se ponen manos a la obra con la primera película todavía quemando las pantallas de cine en todo el mundo. Arad es el primero en abrir fuego y dejar las cosas claras: “Vale, vamos a seguir hacia delante. ¿Cuáles son nuestros objetivos? ¿Qué queréis hacer mejor en la secuela? Si alguien recuerda la última escena de la película, con Spider-Man balanceándose por la ciudad a plena luz del día hasta que llega al asta de una bandera, sabrá que ésa es la mejor secuencia de efectos especiales de todo el filme porque fue la primera que comenzamos y la última que acabamos. Los que estamos envueltos en el filme estamos de acuerdo en una cosa: todas las escenas de la secuela tendrán que ser igual de buenas que ésa”.

Para ello se vuelve a contar con John Dykstra en el apartado de efectos especiales y se le pone a trabajar al instante para mejorar todo lo visto en la primera parte. El estudio no puede vacilar y demuestra que van a por todas: se anuncia la fecha de estreno de la segunda parte apenas una semana después del estreno de la primera. Se escoge el siete de mayo de 2004. Lo mejor sería que el mismo equipo al completo se hiciera cargo, de manera que la producción fuera lo más rápida posible. La productora Laura Ziskin tiene claro que el director tiene que ser Sam Raimi de nuevo. “Una de las cosas más importantes de Sam es que él mismo es el público al que va dirigida la película”, declara Ziskin. “Hace el filme para los espectadores, se identifica con los personajes y siempre está atento al ritmo de cada escena. Esto le convierte en el director perfecto para este tipo de material. Además, su conexión personal con Peter Parker y el resto de personajes es un regalo para el público”.

            Raimi tiene ganas de más y acepta encantado. Como fan de toda la vida del arácnido, no quiere perder la oportunidad de seguir narrando su vida cinematográfica. Cuando el director pregunta sobre los límites a los que puede llegar, la respuesta que recibe es poco menos que sorprendente: tiene libertad absoluta para manejar un juguete que acabará costando 220 millones de dólares. “En la primera ya tuve muchísima libertad para hacer lo que quisiera”, confiesa Raimi. “Me pareció que no me la merecía, pero tampoco me quejé. Cuando acepté el trabajo creí que el estudio supervisaría cada paso que diera, pero me dejaron tener todo lo que quisiera, así que me callé e intenté hacer la mejor película de la que fuera capaz. Y ahora he tenido todavía más libertad, si es que eso es posible”. Avi Arad sabe muy bien que la libertad creativa es un valor a tener muy en cuenta y la experiencia es la mejor consejera del presidente de Marvel Studios. “Poco a poco voy comprendiendo qué funciona y qué no a la hora de adaptar”, declara Arad. “Lo que funciona siempre es tener coraje y valor para hacerlas. Agradezco muchísimo a Sony la libertad que nos han brindado a Sam Raimi y a mí con Spider-Man. Nos han permitido hacer una película con mucho sentimiento, algo que en Hollywood no suele proliferar. Siempre tienen miedo de pasarse de la raya y que el público se aburra. Nos han dejado hacer uso de lo que ha funcionado en los cómics Marvel durante los últimos cuarenta y cinco años, y eso es el sentimiento y la emoción que todos sus personajes han sentido en las páginas de los cómics. Eso les ha permitido perdurar hasta hoy día. Son héroes que tienen sus fallas, que no pueden gustar de su fama y que, es más, la fama es precisamente lo que los convierte en fugitivos. Así que mientras dejen que nos centremos en las emociones de los personajes y en las relaciones entre ellos, las adaptaciones serán un éxito”. Mientras Raimi prepara el primer borrador del guión junto a su hermano, el estudio anuncia el título de la secuela: The Amazing Spider-Man.

            El libreto inicial con la historia de la secuela se centra sobre todo en la esencia fundamental de la vida de Peter Parker. “Esta entrega es la continuación de la vida de Peter Parker justo donde se quedó la primera parte, donde escogió el camino de la responsabilidad”, explica el director. “Esta película nos explica en qué va a consistir esa responsabilidad. Tal vez sea un camino más duro del que se piensa. Algunas veces le sobrepasará y otras podrá con ello”. A partir de aquí, el guión pasará por muchas manos más, pero este viaje interno del personaje sobre la responsabilidad permanecerá inalterable. “En los primeros borradores tenía dos villanos”, añade Raimi, “pero me di cuenta que tenía tantas cosas que contar sobre la relación de Peter y Mary Jane que no podía poner más de uno. Y eso que me encantan los cómics en los que salen muchos villanos, pero a favor de la historia no podía permitírmelo. Al poner dos villanos, me daba la sensación que no podía profundizar en lo que más me interesaba de esta historia”.

Uno de esos dos villanos permanece en el anonimato, aunque siempre se ha apuntado hacia la Gata Negra o al Lagarto. Del enemigo que finalmente sí aparecerá en la secuela no había ninguna duda desde antes del rodaje: el Doctor Octopus verá su momento de gloria. Y como suele pasar, los rumores en torno a quién llevará cuatro brazos mecánicos a su espalda asaltan los medios. Desde Sam Neill hasta Robert DeNiro, Octopus cambia de rostro de una semana a otra. Raimi no deja de hacer castings en busca de su villano perfecto, pero no da con él. Un buen día, su mujer Gillian le dice: “Tienes que ver al tipo que sale en Frida”. El director consigue una copia y cae rendido a los pies de Alfred Molina. “Era un filme brillante y Alfred estaba realmente bien”, recuerda Raimi. “Luego me di cuenta que ya lo había visto en otras cintas, pero es tan camaleónico que no me había dado cuenta a un primer vistazo. Cuando le conocí, esperaba que tuviera acento español y me quedé a cuadros cuando descubrí que tenía un excelente acento británico... fue raro”. Molina ya tuvo una mala experiencia con las arañas en una de sus primeras intervenciones en Hollywood: el ayudante traidor de Indiana Jones al principio de En busca del arca perdida (Raiders of the Lost Ark, 1981). El actor comienza su entrenamiento con los brazos mecánicos, a quienes acaba cogiendo cariño y bautiza con los nombres de Harry, Larry, Flo y Mo. El equipo de Dykstra diseña unas extremidades mecánicas de lo más impresionantes, con reminiscencias de la trilogía Matrix.

El resto del reparto regresa sin problemas, aunque uno de ellos parece que lo tiene difícil: el propio Tobey Maguire. “Tengo un problema de espalda desde hace unos tres o cuatro años”, confiesa el actor. “De vez en cuando me duele mucho, mientras que otras veces ni lo noto. Al terminar el rodaje de Seabiscuit me molestaba bastante y no era por el rodaje en sí, no me lesioné durante Seabiscuit como dijo algún que otro informe falso, simplemente acabé dolorido. Trabajaba catorce horas al día y mi espalda soportaba mucha presión: montaba a caballo, retorcía mi espalda hacia delante, corría y, lo peor, apenas tenía tiempo para dormir, con lo que no podía estirar la espalda o hacer ejercicios de relajación necesarios para liberarla de tensiones. Cuando vi las animaciones y los storyboards de las escenas de acción, creí que era mi responsabilidad informar al estudio y al seguro médico de mis problemas de espalda por el bien de la producción, cosa que hice. Desde luego, era algo que les repercutía con creces y yo no quería que me pasara algo a mitad de rodaje y el seguro médico no supiera nada de mis problemas, algo que podría acarrear muchos problemas al estudio o incluso destruir mi carrera. El estudio tenía en sus manos una inversión de millones de dólares, con todo un equipo contratado y a falta de cinco semanas para comenzar el rodaje de una película que ya tenía fecha de estreno adjudicada. Oí rumores sobre otras opciones que el estudio comenzó a barajar para sustituirme”.

            “Estaba tan preocupado por la espalda de Tobey que no podía hacer la película con él”, añade Raimi. “Una persona, su agente creo que fue, me dijo que su espalda estaba tan mal que si se dañaba podría quedar paralítico. En aquel momento me dije: ‘No puedes hacer una película sobre responsabilidad y luego coger a este chico y ser irresponsable con él corriendo el riesgo de dejarle paralítico’. Tampoco podía comprometer al estudio a algo así. Además, todo el filme gira en torno a Peter Parker: tiene que saltar, chocar contra paredes, subirse en cables, caerse, correr... reclama un montón de esfuerzo físico que Tobey tendría que hacer. No podía pedirle algo así y tampoco quería rodar con miedo, temeroso de decirle ‘Haz esto’ por si acaso se rompía la espalda. Así que entonces supe que tenía que hacer una audición para el papel de Spider-Man. Por más que quiera a Tobey, por más que luché para que él protagonizara la primera parte, no podía trabajar con él”. Los compañeros de Maguire se hacen eco de la noticia y tanto Kirsten Dunst (Mary Jane) como James Franco (Harry Osborn) se apenan por ello. Las pruebas de casting tienen lugar y el elegido es Jake Gyllenhaal (Donnie Darko, El día de mañana), curiosamente la pareja de Kirsten Dunst en la vida real. El joven actor comienza el entrenamiento a toda prisa.

Pese a que Sony ha fijado la fecha de estreno, están ocurriendo muchas complicaciones que retrasan todo. La fecha inicial sufre su primer cambio y se anuncia para julio del mismo año, con la esperanza de que no surjan más contratiempos. “Creí de veras que Jake Gyllenhaal iba a ser Spider-Man porque yo mismo se lo dije”, confiesa Raimi. En ese momento llama a Maguire para hacérselo saber. Cuando el actor contesta al otro lado de la línea, Raimi le dice: “Tobey, por lo que he oído, no puedo contar contigo en la película”. Maguire se queda sin habla. Acto seguido, el realizador se pone en contacto con Gyllenhaal: “Jake, la espalda de Tobey está tan mal que no puedo pedirle que interprete el papel. Me duele en el alma porque creo que él es Spider-Man pero si no puede tenerle a él, tú eres mi hombre”. Es entonces cuando todo se complica más.

La propia Sony se pone en contacto con el director y le dice lo siguiente: “El agente que le dijo que Tobey podría quedarse paralítico no es un médico. Queremos que sean doctores los que le examinen de verdad”. Los médicos hacen su trabajo y llegan a una conclusión: “Sí que tiene un problema de espalda, pero si se le trata puede curarse. Es probable que aún así sufra dolores debido al esfuerzo que representa este rodaje, pero no creemos que exista la posibilidad de quedarse paralítico”. Raimi se retracta en su decisión a la vista del nuevo diagnóstico: “Me gusta que los actores sientan dolor, así que si sólo iba a ser eso, sin posibilidad de quedarse paralítico, entonces quería a Tobey y dejé que él decidiera”. Maguire quiere el papel, así que se informa de qué tiene que hacer exactamente para ver si será capaz. “Después de comentarlo con el estudio, expliqué mi problema a los entrenadores”, recuerda el actor. “Quería asegurarme si era capaz o no de hacer todas las piruetas que el guión y los storyboards especificaban que tendría que hacer, así que practiqué un poco con los entrenadores y vi que sí que podía porque al poco de haberlo comentado con todo el mundo, mi espalda dejó de dolerme tanto. Seguí las indicaciones que me aconsejaban para que no sufriera en mis acrobacias y al final mi espalda estuvo mejor de lo que había estado en los últimos tres años. Además, aunque las acrobacias fueran más duras, el equipo de seguridad y los cables eran mejores que en la primera parte, así que estaba bien protegido de todas formas. Uno puede pensar que si el personaje va enmascarado, ¿por qué no hace las escenas difíciles un especialista? El problema es que en esta película voy mucho más tiempo desenmascarado, además de que hay escenas que quiero hacer porque se trata de dar vida al personaje y quiero que el público sienta que el que se mueve bajo ese traje soy yo. Así que al final fue mucho ruido y pocas nueces pero en su momento creí que era necesario que todo el mundo supiera lo que me pasaba. Rodé la película sin  problemas de ningún tipo, la espalda no me dolió ni una sola vez y, por lo que a mí respecta, fue un rodaje más sencillo que el de Seabiscuit o Spider-Man, imagino que porque ya tenía la experiencia de la otra vez. Cuando vi que me había recuperado del todo, comenzaron a surgir muchas teorías sobre lo que pasaba y pensé: ‘Oh, voy a tener que responder preguntas sobre esto el resto de mi vida’”. El rodaje, como era de prever, exige mucho a Tobey, con multitud de golpes precisamente dirigidos a su espalda. “Recibió algunos de los golpes, pero no todos”, concreta el director. “Para los más fuertes tenía un protector especial que cubría toda su espalda debajo del traje. Y las paredes las retocamos para que el golpe no fuera tan fuerte cuando impactara. Entre otras cosas, al final su espalda aguantó más de lo previsto. Creo que está mejor de lo que él mismo se pensaba”.

A pesar de todo esto, algunos informes contradicen lo del dolor de espalda y argumentan que Maguire sólo quería conseguir más dinero en unas negociaciones algo duras. Su sueldo aumentó de cuatro millones de dólares a diecisiete y su representante fue despedido. No se sabe cuánto habrá de cierto en todo esto, aunque Maguire deja clara su postura: “Los rumores en torno a las negociaciones son falsos. Sí que renegociamos algunos aspectos del contrato, pero todo eso fue antes de mis problemas de espalda. Ya lo habíamos dejado todo claro para entonces. Igual quedaba alguna pequeña cláusula, pero los puntos importantes estaban cubiertos. Las negociaciones fueron tan bien como cualquier otra negociación. Yo pedí ‘esto’ y ellos me daban ‘aquello’. Al final llegamos a un acuerdo. Negociaciones comunes y corrientes”. Por suerte, el equipo del filme tiene suficiente sentido del humor como para reírse de todo esto en la propia película, como atestigua Raimi: “Hay un momento en el filme en el que Tobey cree que ya tiene de vuelta sus poderes. Comienza a saltar por los aires gritando ‘¡Estoy de vuelta, estoy de vuelta!’ (‘I’m Back, I’m Back!’) y entonces se cae contra el suelo y grita ‘Ay, mi espalda, ay mi espalda’ (‘My Back, My Back!’). Ese chiste lo escribió mi hermano y al leerlo pensamos: ‘A lo mejor no deberíamos ponerlo por los problemas que tuvo Tobey con su espalda’. Pero dijimos: ‘Qué caray, será divertido para los que sepan lo que pasó y también lo será para los que no lo sepan, es un buen chiste’”.

Todos los compañeros de reparto se alegran de que no haya ningún cambio en el papel protagonista. “Ésa fue una época bastante complicada y me alegro muchísimo de que Tobey haya podido hacer la película porque él es Spider-Man”, confiesa Dunst. “Jake lo habría hecho bien, es uno de los mejores actores jóvenes que hay ahora mismo, estoy segura que habría hecho un trabajo asombroso, pero Tobey es Spider-Man. Habría sido muy raro trabajar con mi novio, aunque me gustaría hacerlo. Aún así estoy contenta que no haya sido ahora porque preferiría hacer una cinta más intimista, donde pudiera rodar muchas escenas con él”. James Franco es otro de los que se unen a la fiesta: “Estaba preocupado por la salud de Tobey y esperaba que se pusiera bien. Creo acertado decir que para todos nosotros fue genial que pudiera unirse al equipo. No creo que la película hubiera sido tan buena si hubiera habido un sustituto”. Franco se lo toma más en serio todavía porque en esta entrega todas sus escenas implican a Tobey Maguire y el actor ya se había acostumbrado a él: “En todas las escenas que he hecho con Tobey, tanto en esta entrega como en la anterior, siempre hemos hablado mucho sobre cómo rodarla, con Sam y otros actores incluidos. Así que todo ha estado siempre muy bien hablado. Creo que Tobey es alguien que planea mucho su actuación, no está calculada al milímetro, pero sí muy bien pensada y organizada en su cabeza. Y es que de eso se trata: que parezca espontáneo cuando en realidad no lo es. Conozco a mucha gente que mira películas pero no he visto a nadie que mire y observe a la gente como lo hace él”.

Después de esto, el estudio encuentra un pequeño inconveniente en el título escogido, aunque por lo menos esto es algo de fácil solución. “Tuvimos en consideración Amazing Spider-Man, Spider-Man: No More y Spider-Man Unmasked”, explica Avi Arad. “Luego pensamos que en realidad, lo que definía auténticamente a la película era que la historia continuaba, así que añadimos el número dos y ya está: Spider-Man 2. La verdad es que nos llevó mucho tiempo y muchas reuniones dar con el título adecuado, pero al final es lo lógico, no deja de ser el siguiente número de la colección. En cuanto a Amazing... no me convencía porque no sabes si va a ser asombrosa. Podía ver los titulares: ‘¡Hey, no es tan asombrosa!’. Mejor que seáis vosotros los que nos digáis cuán asombrosa es en vez de nosotros mismos”.

Resueltos los problemas de Maguire, otro frente se abre en el horizonte. Los guionistas que han escrito las últimas versiones del guión creen que no se les hace justicia en los créditos que saldrán en la película. Dos de estos guionistas son Alfred Gough y Miles Millar, creadores de la serie de televisión Smallville. “Había tres versiones distintas del guión: la de David Koepp, la de Michael Chabon y la nuestra”, asegura Millar. “Si las lees todas, salta a la vista que la que han usado es la nuestra”. Ambos insertan dos elementos que resultarían importantes en la versión final, aunque la historia en sí no deja de ser la expuesta por Raimi en un principio. “Lo que nos encantó de la primera parte fue la historia de amor presente en el centro de todo. Los villanos son secundarios. No son relevantes hasta que ha pasado la primera mitad de la cinta, o incluso hasta el final. Hace unos tres años no se nos habría ocurrido que podríamos escribir Spider-Man 2, pero Smallville nos ha abierto las puertas. La relación Clark Kent/Lana Lang es muy parecida a la de Peter Parker/Mary Jane, así que entendemos por qué nos llamaron. Nos tomamos Spider-Man como un episodio piloto y pensamos: ¿Bueno, hacia dónde debería seguir la serie?, ¿Cómo desarrollas esta historia de amor? Aquí es donde se nos ocurrió lo de John Jameson, un personaje de los cómics que es lo opuesto a Peter: es sexy, heroico y encantador. Además, nos divertía la idea de que Mary Jane saliera con el hijo de J. J. Jameson. Parecía una buena unión de personajes y resultaba curioso ver por dónde iba Mary Jane, que podía estar con John, un héroe conocido por todo el mundo, rico y famoso; o con Peter, un reportero fracasado que es un héroe desconocido. Lo único importante era dar a los personajes algo de humanidad y profundidad, la acción era lo de menos. Aún así, el auténtico autor de Spider-Man es Sam Raimi, sin duda alguna. Hubo un montón de escenas y storyboards detallados antes de que nos uniéramos al equipo. Puedes sugerirle ideas y él las puede aceptar o no, pero el tercer acto de Spider-Man 2 es todo obra suya. Cuando vimos que el triángulo amoroso Peter Parker/Mary Jane/John Jameson estaba en el filme, sabíamos que salDríamos en los créditos porque eso era nuestro”, declara Millar. “También le dimos una esposa a Dock Ock. Otra idea que tuvimos, ayudados por un asesor científico, era que los brazos de Dock Ock se controlaran con un chip que a su vez impedía que los brazos tomaran el control de la mente de aquel que los llevara. Cuando los brazos son adheridos a Dock Ock, el chip se destruye y entonces Octavius acaba poseído, no es consciente de lo que hace. Esto daba pie para el final, donde Octavius descubriría la verdad y vería el monstruo en el que se ha convertido. Así que aportamos todas esas cosas para, al final, descubrir que no salimos en los créditos. Michael Chabon, con quien no habíamos hablado nunca, nos llamó para decirnos que también se sentía traicionado porque él tampoco iba a salir”.

En realidad, los tres sí que salen en los créditos (no así David Koepp), aunque Alvin Sargent, el último guionista que se sumó al equipo es el que figura como principal autor. De todas formas, vistas las dos únicas adiciones a la historia, que salgan aparte en los créditos ya es mucho. Raimi añade al respecto: “Mucha gente trabajó en el guión. En sí, Spider-Man es propiedad de todos los guionistas que han pasado por sus series en las últimas cuatro décadas y también de todos los lectores que se han formado su imagen del personaje en sus cabezas. Así que tampoco creo que sea tarea de un solo guionista hacer el trabajo. Spider-Man pertenece a todo el mundo. Como el material original proviene de tanta gente, quería que muchas personas se hicieran cargo de aportar sus ideas para la película y así conseguir la mejor película posible. No todos los que colaboraron salen en los créditos finales. David Koepp escribió un borrador muy bueno y hasta mi hermano contribuyó con algo, pero al final todos no pueden salir”.

Aun con todo el baile de guionistas y pese a algunas reiteraciones en torno a la relación Peter / Mary Jane, el libreto final mantiene un alto nivel y los actores no pueden esconder su emoción por el mismo. “Estaba tan contento con el guión”, recuerda Franco, “que llamé al último que lo repasó, Alvin Sargent, y le di las gracias porque creía que era un guión muy completo que me brindaba la posibilidad de hacer muchas cosas. No quise cambiar prácticamente nada. Lo único de lo que hablé con Sam fue sobre ampliar el enfoque que tenía el personaje, enfocándolo más desde la perspectiva del amor hacia su padre y la necesidad que tenía por recibir su aprobación. Al atarlo más a su padre, hacía que aumentaran las ganas de Harry por hacer que la empresa fuera un éxito”. Kirsten Dunst también recibe el guión con agrado, aunque no lo ve carente de pegas: “Estoy cansada de interpretar papeles de novia estúpida. Es algo que no voy a volver a hacer. Siempre he dicho que me gustaría morir en Spider-Man 3. Sería divertido tener una muerte muy cinematográfica, algo así como que Spider-Man me aplastara contra una pared”.

Ni siquiera una vez empiezan a funcionar las cámaras, el público en general llega a tener los detalles sobre la historia que contará la película, salvo que el villano será el Doctor Octopus. Para lograr mantener el secreto, el estudio confecciona los guiones siguiendo la rutina establecida hoy día en Hollywood y que también puede verse en series de televisión como 24. “Todos los guiones son realmente difíciles de copiar y están personalizados”, declara Maguire. “Y por personalizados me refiero a que tu nombre está en mayúsculas en el fondo del papel, atravesando toda la página, así en caso que se filtre, se sabrá quién lo hizo”. Todo esto forma parte del plan de Raimi: “Quiero que el público conozca la historia mientras la ve en el cine. No quiero que la gente la vaya conociendo a través de fragmentos emitidos en televisión o en Internet. El derecho de todo el mundo es contar la historia como quieran contarla pero en este caso yo quiero ser el primero en contarla”.

El propio trailer, que no vio la luz hasta pocos meses antes del estreno, al contrario que con la primera parte donde Sony distribuyó un primer avance un año antes, deja con ganas de saber más, aunque algunas personas digan que revela mucho. “No creo que el trailer destripe demasiado”, declara Maguire. “Creo que incrementa el interés por la película con un par de escenas. Cuando ves a Peter en el callejón diciendo ‘Spider-Man nunca más’ es un momento muy importante de la historia pero fuera de contexto. No sabes realmente qué está pasando o por qué. Por ello es un buen adelanto porque te incita a saber más y la única manera de saberlo es viendo la película. La otra escena es cuando Harry dice: ‘Veamos quién hay bajo la máscara’. Ése es otro gran ‘momento suspiro’ pero nadie sabe nada sobre la escena: si el del traje soy yo de verdad, si me desenmascara del todo, qué ocurre después y qué ha pasado antes... Me he encontrado a gente por la calle que me ha preguntado: ‘¿El del sofá eras tú? ¿Te descubre de verdad?’. Por eso creo que es otro gran adelanto y estoy seguro que los encargados del trailer querían que el público se hiciera exactamente las mismas preguntas que me hicieron por la calle”.

La producción llega a su momento crítico cuando toca rodar un enfrentamiento sobre un tren elevado entre Spider-Man y el Doctor Octopus, una escena que implicaba viajar a otra ciudad. “En Nueva York sólo hay un tren que pasa por encima de la superficie, pero está en Queens y no hay edificios a su alrededor”, explica Arad. “Por eso escogimos Chicago y pasamos allí diez días muy fríos”. Maguire añade: “La escena más dura de todo el rodaje fue la del tren. No tengo ni idea de cómo han juntado lo que rodamos. Sé que comenzaron en Chicago, filmando planos del tren meses antes de que comenzáramos a rodar, cuando todavía ni siquiera teníamos un guión definitivo, pero el equipo fue para allí y filmó el material que necesitaban. Más tarde fuimos nosotros y rodamos. No sé cuánto tiempo nos llevó, pero me pareció eterno”.

El rodaje de este tipo de escenas suelen ser muy pesado tanto para actores como para el equipo de producción. Aún así, siempre hay intérpretes que, cuando contemplan la posibilidad de hacer trabajo con cables, se mueren de ganas por probarlo... intérpretes como Rosemary Harris (Tía May). En una de las primeras escenas de la que tuvo noticia todo el mundo gracias a su rodaje en exteriores de Nueva York, Spider-Man se balancea por la ciudad con Tía May en brazos. Harris no quiso ni oír hablar de dobles y se prestó ella misma a rodarlo todo. “En un principio el estudio se mostró reacio a dejarme”, recuerda la actriz, “pero tras muchas súplicas me dejaron probar. Adoro cada minuto de aquellas tomas. Fue maravilloso, una de las mejores sensaciones que he podido tener”. El director recuerda con cariño aquel día de rodaje: Nunca he visto una actriz tan ansiosa por hacer este tipo de escenas como lo estaba ella. Se puso los cables sin dudarlo e hizo todo lo que tenía que hacer, desde los brazos del Doctor Octopus hasta el rescate de Spider-Man. Lo primero que dijo al terminar fue: ‘¿Puedo hacerlo otra vez? ¡Quiero hacerlo otra vez!’. No tenía nada de miedo, ¡me encantó!”. Avi Arad no tarda en declarar: “Esto demuestra que nuestra película tiene más emoción que ninguna otra de este verano. ¿Quién iba a coger a una viuda de ochenta años como Tía May y usarla como nosotros lo hemos hecho?”

Otra actriz que vive en sus carnes el trabajo con cables pero que no lo disfruta tanto como Harris es Kirsten Dunst. “Rodar con cables es muy duro porque se te hace eterno”, se queja la joven. “Lo más difícil es mantener arriba la energía cuando estás cansada de no hacer nada en todo el día, sólo colgada de cables y rodando pocos segundos en varias horas. Lo bueno es que Sam sabe que lo más importante de todo son las escenas entre actores. Por muy buenos que sean los momentos de acción, son las escenas entre personajes las que hacen que la película funcione. Ésas son las que me resultan más fáciles y las que más me gusta hacer. Lo que no me gusta es estar quieta mirando un trozo de cinta que explota, me tiran hacia atrás, grito, cortan, luego vuelven a rodar un primer plano porque he de girar la cabeza hacia un lado. Todos esos pequeños detalles se retocan en varias tomas y como no me gusta siempre intento que me salga bien a la primera para no repetirlo y me quito los cables en cuanto puedo porque no me divierten. En la primera parte se aprovecharon de mí porque era tan joven y entusiasta que decía que sí a todo. Ahora siempre digo que si puede hacerlo la especialista, que lo haga ella, como cuando el pelo me cubre la cara o algo así. Después de todo, en algunas escenas Tobey no es el tipo bajo el traje, así que ¿por qué debo hacerlo yo si él no lo hace? En Spider-Man lo hice prácticamente todo, cuando hay algunas cosas que no tenía por qué hacerlas. Además, rodaron muchas escenas de este tipo que luego no utilizaron, así que en esta ocasión procuré que nadie se aprovechara de mí”. A todo esto, Raimi sentencia con lo siguiente: “No existe nada más allá de la película. Te pide todo lo que tienes y más. Es como un bebé que requiere toda tu atención durante toda su vida. Se convierte en el sol y tú en la Tierra que da vueltas alrededor de su órbita. Exige, controla, consume y dirige cómo vivir tu vida”.

Spider-Man 2 se rueda entre el 12 de abril de 2003 y octubre del mismo año. Cuando falta poco para terminar, el estudio le comunica a Raimi que habrá una tercera parte y todo el equipo firma al instante para hacerla. Aun sin saber que tendría la posibilidad de hacer otra secuela, el director se preocupa por dejar algunos cabos sueltos que podría retomar en caso de dirigir la tercera parte, una práctica que ya realizó antaño, como declara a continuación: “Mientras hacía la primera, me preocupé por dejar cabos sueltos que pudieran continuarse en una supuesta secuela, más que por hacer una segunda parte, lo hice por darle más tono a cómic, como si fueras pasando las páginas y el cómic se terminara con algunas subtramas abiertas. Quería que la gente tuviera esa sensación: se han terminado un número y ya están deseando leer el siguiente. Aún así, en la primera me propuse contar una historia completa: la del origen de Peter Parker, con su principio, nudo y desenlace, donde Peter acepta sus responsabilidades. En la segunda, aparte de retomar las subtramas abiertas en la anterior, se explica qué ocurre con esa decisión que tomó, llegando de nuevo a una conclusión al final. Un final que, de nuevo, deja algunas cosas abiertas para la tercera. Al saber que íbamos a hacer otra, quise que el público saliera de Spider-Man 2 deseando ver la siguiente, igual que pasó con la primera”.

Maguire también deja caer su opinión sobre la nueva secuela: “Me gustaría volver a hacer una tercera parte si el equipo es el mismo y hay un buen guión como lo ha habido esta vez. Me gustaría que usaran al Hombre de Arena como villano porque me gusta mucho, es uno de los personajes que más disfruto cuando lo leo. También hay otros que me gustan, pero no sé cómo quedarían en la pantalla... aún así, creo que el Hombre de Arena podría traducirse bien de un medio a otro. Pero bueno, no tengo ni idea de qué villano tienen en mente Avi Arad y Sam, que son quienes tienen la última palabra. Cuando me preguntan mi opinión, siempre les digo que el Hombre de Arena es mi villano favorito junto a Octopus. Creo que el Lagarto quedaría un poco raro cinematográficamente. Kraven es chulo pero, ¿qué se supone que haría en una película?, ¿cuál sería su propósito?, ¿un tipo enorme, cazador de fieras y malo? Si alguien escogiera a ése, no sé si saldría bien parado a la hora de traducirlo, aunque siempre se les puede cambiar algo y adaptarlos a la película”.

            Ante el anuncio de Spider-Man 3 aun cuando la segunda sigue rodándose, algunos actores deciden dejar clara su postura de cara al futuro. “No haré otra entrega más allá de la tercera”, sentencia Dunst. “Tengo un contrato para hacer tres y no me veo firmando para hacer una cuarta. Creo que tres es un buen número. En esta entrega, Mary Jane tiene un papel más importante y se basa mucho en la historia de amor entre ambos, pero ¿cuánto puedes hacer que dure esto? Por eso creo que es mejor irse mientras es un éxito y está bien hecho. La primera fue genial. La segunda es genial. Podemos hacer una tercera que también sea genial. Sam Raimi tendría un ataque al corazón si tuviera que hacer otra más y yo no querría hacerla sin él. Estoy segura que Sam también quiere dejarlo. Lleva muchos años centrado en Spider-Man y hay un momento en el que necesita refrescarse con otras ideas”. Y dicho lo cual, puntualiza: “El único motivo por el que estaría dispuesta a salir en una cuarta parte, sería si Sam Raimi y Tobey Maguire también lo estuvieran y si hubiera un guión impresionante por medio”. Traduciendo al lenguaje que entienden los directivos: dependerá de los compañeros de viaje y del dinero que pongan sobre la mesa. Maguire se muestra más comedido en sus afirmaciones: “No me atrevo a hacer una declaración tan tajante como la de Kirsten, aunque sí que puedo decir que no me veo haciendo una cuarta entrega. Creo que ya he tenido suficiente, pero nunca se sabe. Si me enviaran un guión mejor que cualquiera de las entregas anteriores y me ofrecieran una parte de Sony Corporation (risas). La verdad es que no me preocupa que la gente me encasille como Spider-Man, así que nunca digas nunca jamás”.

            Con los actores tomando diferentes posturas ante posibles secuelas, Avi Arad sale a la palestra y declara lo siguiente sin tartamudear: “Queremos hacer nueve. Estamos tratando con algo que empezó en 1962. Creo que esta película es mejor que la primera y me pasa con todas las adaptaciones que hacemos. Creo que poco a poco nos hacemos más con la historia. Esto no significa que ya hayamos planeado Spider-Man 6, 7 y 8, pero vamos hacia delante sin parar. En el momento en que nos sentemos y no sepamos qué decir o hacer, cuando no tengamos una historia que contar, entonces pararemos. No deberíamos pensar tan lejos en el tiempo, pero hay mucho material original en el que basarnos para no parar de hacer películas. Espero que Sam tenga energía suficiente para continuar. Si no es así, tendremos que darle muchas vueltas al tema porque esta franquicia tiene una voz propia muy clara ahora mismo. El público crece y ve crecer a todos estos personajes con él. Dejándolo claro: duermo mejor sabiendo que Sam está listo para hacer la siguiente. Ya veremos si puedo retorcerle el brazo y convencerle para que se quede. Todo dependerá del guión, si la historia es genial y él todavía tiene suficiente amor por el personaje y por su equipo como para volver. No creo que ahora mismo firmara para hacer todas las entregas hasta Spider-Man 6, pero creo que Sam quiere mucho a este personaje y a esta película incluso más de lo que quería a la primera parte”. El director se muestra claro en su decisión: “Mientras siga interesado por el personaje y tenga historias que contar, seguiré porque sabré que haré una película digna al menos.  En cuanto no sienta nada de eso, lo dejaré porque entonces seguro que no saldrá bien y a la gente no le gustará. Si hiciera otra sin ganas, sería un terrible fracaso. Cuando termine la tercera, si sigo con ganas, haré la cuarta. Aunque también puede pasar que yo tenga ganas y el público no quiera que yo siga. De ser así, no la haría”.

Octubre de 2003 llega al fin y el rodaje termina. Raimi se encarga de la postproducción, con Danny Elfman componiendo de nuevo una excelente banda sonora. El realizador lo tiene todo listo antes de lo previsto, y Sony busca un taquillaza, lo que provoca que la fecha de estreno se adelante dos días al 30 de junio de 2004. Desde el miércoles de su estreno hasta el siguiente domingo, Spider-Man 2 recauda más de 150 millones de dólares, logrando superar lo recaudado por la primera en seis días (123 millones). Justo la semana siguiente, el 5 de julio, Raimi confirma que se encuentra en un hotel de Tokio preparando el estreno en Japón y que ya está escribiendo el primer borrador de la tercera parte junto a su hermano. La taquilla sigue recaudando dinero sin parar en todo el mundo, consiguiendo más de 400 millones en tres semanas, superando con creces los 200 millones de presupuesto pero sin conseguir vencer al que termina siendo el filme del verano en cuanto a recaudación se refiere, la incomprensiblemente rompedora Shrek 2, un fenómeno fuera de toda lógica que incluso se alza en Estados Unidos al tercer puesto de las películas más taquilleras de todos los tiempos, sólo por debajo de Titanic y Star Wars, mientras que Spider-Man 2 ha de conformarse con el noveno puesto.

“Soy de los que presta atención a la taquilla”, confiesa James Franco. “Es gratificante comprobar que a la gente le gusta la película, por supuesto, pero me preocupa ver si hace mucho o no. Sean Penn me dijo una vez: ‘Si buscas las cifras y no las encuentras, date la vuelta y sigue adelante’. No hay nada que uno pueda hacer. Lo haces lo mejor que puedes cuando ruedas y ya está. Luego a ver cómo lo recibe el público. Quiero entretener a la gente, así que sienta muy bien cuando compruebas que es un gran éxito de taquilla. Y cuando no lo es, pues a seguir adelante”. En Marvel parece que las segundas partes siempre fueron buenas porque las críticas se alzan a favor del filme, situándolo por encima de su antecesora. Esto no deja de parecer una amistosa rivalidad entre el Spider-Man de Sam Raimi y los X-Men de Bryan Singer por ver quién hace mejores secuelas. “Veo a Bryan como un compañero de equipo más que como un rival”, declara Raimi. “La verdad es que me cae muy bien, es inteligente, amable, divertido y tiene carisma. Nunca he visto mis películas de Spider-Man como competencia de las suyas de X-Men. Estoy enamorado de su trabajo y creo de veras que lo mejor que tiene Bryan es su inteligencia. A pesar de lo buena que fue X-Men, probablemente la mejor adaptación de cómic del momento, hizo una secuela que era el doble de buena. Hacer eso es algo imposible. Consiguió profundizar mucho más con todos los personajes, era muy emotiva, tenía una progresión lógica con lo que había hecho previamente y visualmente era deliciosa. Hizo un trabajo soberbio y creo que los fans ya están esperando con ganas la tercera. Lo sé porque yo mismo ya tengo ganas de verla”.

            Después del trabajo sin descanso de dos años, llega el momento de comprobar si Spider-Man 2 es tanto como asegura todo el mundo. Y vaya si lo es.

 David Hernando

Análisis crítico: El agridulce despertar de la post-adolescencia

Partiendo de esa historia con principio y final, de esa fábula perfecta que es el primer Spider-Man, y apoyándose en el hecho de que Peter Parker sea un personaje que ha seguido adelante en su mundo de papel después de su época dorada, Raimi construye una segunda parte donde ya no apuesta por la contención narrativa, por el punto y final, sino por el punto y coma, y eso es lo que la diferencia, y al mismo tiempo la hace grandiosa, respecto de la primera parte. Porque Spider-Man 2, la película, arranca deshaciendo la madeja antes tejida, diciéndonos que la aventura no ha terminado, que la vida de Peter sigue adelante allá donde la dejamos, y queda todavía mucho por contar. Porque Spider-Man 2, la adaptación del cómic, viene a ser el siguiente número de la serie, o mejor aún, la siguiente etapa. No estamos, efectivamente, en los tiempos del algodón de azúcar, del romance (aunque la cinta tenga mucho de eso, como luego veremos).

No estamos, conviene empezar por ahí para que los lectores del cómic sepan de lo que hablamos, en la época Romita. Norman Osborn ha muerto y Peter, que por fin se ha enterado de qué va esto de vivir, ha endurecido su carácter, hasta convertirse en poco menos que un cínico. Estamos, y ese es el espíritu que recoge el filme, en la época del desencanto, en los setenta, sólo que, como hacía el primer largometraje a la hora de saltar en un suspiro de los tiempos de Lee y Ditko hasta el Amazing 122, Raimi se permite el lujo de enlazar con el Amazing 300 o, lo que es lo mismo, con la madurez definitiva de Spider-Man: la estabilización de su romance con Mary Jane. Además, y una vez precisado que éste es el siguiente capítulo, el director deja abierta la puerta a la tercera parte, que huele desde ya a final de etapa. No sólo porque el tercer Spider-Man será el último que cuenten con Tobey Maguire y Kirsten Dunst en el reparto, sino porque así lo deja entrever una saga de la que sólo restaría un capítulo por contar.

Esa sensación de “episodio dos” que tiene el filme queda apuntada incluso desde los títulos de crédito, que emulan a los de la primera parte en cuanto al diseño básico y la música, no así en lo que se refiere al color: el título de la película aparece sobre fondo rojo, en lugar de azul, para a continuación combinarse ambas tonalidades, acompañando a las imágenes de Alex Ross que sirven como resumen de lo ocurrido hasta ahora, como si estuviéramos al comienzo de una teleserie, en el momento en el que nos explican qué sucedió la semana pasada. Raimi podría haberse limitado a colocar imágenes de la primera cinta, pero en su lugar elige a un respetado artista de historietas para que lleve a cabo un trabajo quizás demasiado fotográfico y cuya irregularidad queda acallada por la extraordinaria pintura final, la de Peter saliendo del cementerio.

Cuando empieza Spider-Man 2, han pasado dos años desde la primera entrega. Se supone que en ese lapso de tiempo encaja la teleserie de la MTV escrita por Brian Michael Bendis, pero es una información que el espectador ocasional no llega a conocer, y que al mismo Raimi parece importarle más bien poco. En la teleserie, condenada al freno y puesta en suspenso de acontecimientos para no verse así excluida de la continuidad a la que pretende sumarse, sólo hemos visto una escena que sea de verdad relevante de cara a la película, y es aquélla en la que Harry Osborn se hace con el control de la empresa de su padre. Llama la atención que nadie que no haya visto la serie animada se extrañe de que Harry aparezca en Spider-Man 2 al frente de Oscorp, después de que su padre fuera apartado del consejo directivo en la primera película. Sin duda el asunto es meramente anecdótico, pero demuestra la irrelevancia que para Raimi tiene la, por otra parte excelente, serie de MTV.

Los primeros quince minutos de la película devienen, sencillamente, perfectos a la hora de describir cómo ha cambiado la vida de Peter desde la última vez que le vimos: como ha cambiado para peor. Comienzan aquí una serie de paralelismos, tanto con el cómic como con la primera cinta, que continuarán hasta el último fotograma. La manera en la que Raimi abre la película, con una impresionante escena en la que Spidey se balancea por Nueva York, detiene un atraco, salva a unos niños, entrega unas pizzas… supone una declaración de intenciones acerca de que estamos ante un filme de acción y entretenimiento al más puro estilo veraniego, pero también y, sobre todo, ante una buena película, plagada de momentos memorables ya sólo en esos primeros minutos. Son los pequeños detalles que hacen grande una producción: El tipo que piensa que Spidey le ha robado a Peter las pizzas, el que intenta comerse de manera furtiva una porción, la hilarante salida del armario de la limpieza… Todo ello en una jugada maestra en cuanto a lucimiento visual se refiere: si hasta el final del primer Spider-Man no contemplábamos al lanzarredes en toda su maravilla, ahora lo hacemos desde el comienzo del filme, prueba no sólo de que, una vez completo el origen del personaje, estamos siendo testigos de su evolución, pero también de que el presupuesto del largometraje se ha multiplicado exponencialmente, hasta duplicar el del primero.

También desde el principio, Raimi enseña al espectador qué es lo que hace Spider-Man. Y básicamente, Spider-Man lleva a cabo multitud de actos ciertamente heroicos: es un verdadero héroe del pueblo, como finalmente reconocerán todos a los que salva en el tren. Más allá de las grandes hazañas, en el día a día el trepamuros rescata personas atrapadas en incendios, captura criminales, e incluso adoctrina a los niños acerca de que hay que mirar a ambos lados antes de cruzar la calle. Lo contradictorio es que, en otras películas teóricamente protagonizadas por superhéroes esto no ocurra, y los protagonistas se dediquen todo el tiempo a salvarse a sí mismos (X-Men 2), a redimirse (Daredevil), a masacrar a sus enemigos (Blade) o a controlar a su bestia interior (Hulk). Sólo en Spider-Man el héroe demuestra, de principio a fin, que se merece tal calificación. Solo Spider-Man es una película al 100 por cien de superhéroes.

En cuanto a los paralelismos a los que antes nos referíamos, éstos funcionan por triplicado: respecto a la anterior película, respecto al estilo del director y respecto a los tebeos. En el primer caso, Raimi acentúa de esta forma la condición episódica que toma la franquicia a partir de esta secuela, partiendo de una estructura ya definida (el primer filme), e integrando en ella la nueva historia. En lugar de resultar repetitivo y carente de imaginación, como ocurre con tantas secuelas que se limitan a fotocopiarse sobre sí mismas, tal elemento narrativo acentúa paradójicamente la sensación de que las cosas han cambiado, de que el Peter Parker que conocimos es dos años más viejo, aunque siga cometiendo los viejos errores de siempre.

Si Spider-Man comienza con Peter llegando tarde al autobús del colegio y siendo víctima de Flash Thompson, aquí lo hace con Peter llegando tarde a su trabajo y sufriendo las iras de su jefe; si a continuación tenía lugar la picadura de la araña que le transformaría en Spider-Man, aquí la transformación es literal; si inmediatamente después volvía a casa con sus tíos, aquí también vuelve a casa, pero sólo está tía May, porque hace ya hace dos años que tío Ben fue asesinado; si luego sacaba la basura como excusa para encontrarse con Mary Jane, aquí la saca sin más, para ser Mary Jane quien le está esperando a él; si Norman Osborn aparecía como la figura paternal que acabaría convirtiéndose mediante un experimento en el villano con doble personalidad de la historia, aquí Otto Octavius actúa como mentor científico y personal de Peter, hasta que el experimento con el tritio le vuelve loco y le lanza a una carrera criminal como Doctor Octopus, su lado oscuro e incontrolado; si el tío Ben le ofrecía la enseñanza moral que le llevaba a tomar la decisión de actuar como Spider-Man, aquí en ausencia del primero tía May le convence de que vuelva a la acción … y así hasta el infinito. En ambas películas Peter y Mary Jane dan vueltas sobre sí mismos, presos de las dudas, hasta desencontrarse en la primera, o reencontrarse en la segunda; en ambas películas hay una celebración en la que Peter descubre que ella está con otro; en ambas películas hay una gran pelea entre el héroe y el villano que implica un buen número de potenciales víctimas civiles encerradas en un medio de transporte público, con la consiguiente proeza, tanto heroica como física, que lleva a cabo el protagoniza para salvarlas a todas; en ambas películas Mary Jane es secuestrada por el villano y rescatada por Spidey; en ambas películas el villano muere finalmente ante un Peter desenmascarado; en ambas películas; Mary Jane descubre que Peter es Spider-Man; en ambas películas, el protagonista se despide del espectador haciéndole partícipe de un viaje por los cielos de Nueva York… ¡Incluso en ambas películas Stan Lee aparta a alguien de unos escombros que caen!

Raimi insiste de esta forma en el academicismo demostrado con el primer Spider-Man, no con el fin de evitar que alguien ponga en duda su capacidad, ya demostrada, para mover un presupuesto millonario, sino para así permitirse excesos en sustratos menos evidentes del filme, colando un gol a los productores y dejando más que satisfechos a los admiradores de, por ejemplo, sus Evil Dead o de la nunca suficientemente bien considerada Darkman, primera película de superhéroes que firmara el realizador. Éste se reserva al personaje de Octavius/Octopus para sí mismo, haciéndole partícipe de todas las escenas en la que su particularísimo estilo narrativo sale a relucir: el sublime, a la par que elegante, plano de la muerte de la esposa de Otto; la escena en el hospital con Octopus masacrando a los médicos sin darse siquiera cuenta, en unos movimientos de cámara vertiginosos, máquina en mano y siguiendo el ritmo del objeto asesino, como en los mejores momentos del gore raimista y con la inclusión memorable de una sierra mecánica (un plano calcado del primer Evil Dead); la dialéctica que se establece entre el villano y sus brazos mecánicos, tan parecida a la que lleva a cabo el Ash de Evil Dead con su propia mano amputada y con los fantasmas de la casa maldita; el laboratorio reluciente donde lleva Octavius sus investigaciones al comienzo del filme en contraste con el almacén del horror en el que luego se ocultará, en una clara rememoración de las dos fases (brillante y ordenada, primero, sucia y caótica después) por las que pasaba el laboratorio de Darkman… Raimi demuestra en todo momento una mayor simpatía hacia el Doctor Octopus de la que tuviera con el Duende Verde. Porque Octavius puede, como Norman, caer victima de sus propios manejos con la ciencia y volverse un monstruo, pero lo hace, a diferencia de Norman, como resultado de un accidente ocurrido en el curso de un experimento con propósitos altruistas. Octavius puede, como Norman y como casi todo villano de las películas de superhéroes, morir en el clímax final, pero lo hace, a diferencia de Norman, con un acto último de heroísmo, proclamando que no es un monstruo, tal y como nos habían contado hasta ese momento. Es sólo un hombre brillante que se ha atrevido a soñar con tener en sus manos el poder de un dios, y, como en toda fábula moral que se precie, ha pagado el precio por ello.

Las referencias a los tebeos, que hacen la delicia de los aficionados y delatan el sumo cuidado puesto en el filme, se cuentan por millares, hasta el punto de que parece haber una en cada frame que vemos en pantalla. Siguiendo un orden más o menos cronológico, éstas son las más importantes que hemos encontrado nosotros:

 

  • La moto que usa Peter Parker para llevar pizzas proviene de los años dorados de John Romita como dibujante arácnido.
  • El apartamento apestoso en el que vive nuestro protagonista es el vivo retrato del que apareciera en los cómics durante buena parte de los años setenta y casi todos los ochenta (falta el indio tallado, eso sí). El casero es tan tacaño como la señora Muggins, aunque en este caso su nombre, Ditkovitz, recuerda claramente al creador gráfico del lanzarredes. Quizás no sea el mejor homenaje posible, pero el personaje encaja con lo deprimente del lugar.
  • La pérdida de poderes por motivos de estrés está calcada de la que tuvo lugar en el Amazing Annual 1, aunque la visita al doctor por esta misma razón procede del Amazing 87.
  • La primera pelea de Spidey con Doc Ock en los tejados podría estar inspirada por el Amazing 112 y 113.
  • En la saga de la que formaba parte ese número, Jameson se hacía con la máscara arácnida, para exhibirla en su oficina, tal y como sucede en la película, aunque la manera en la que el lanzarredes recupera todo el traje, también en manos de Jameson, es similar a lo que ocurre en la última página del mencionado Amazing 50.
  • La conversación entre Peter y tía May respecto a la muerte de tío Ben parece calcada de la que contara recientemente J. M. Straczynski en el Amazing V2, 38.
  • La segunda charla con tía May, en cambio, la que ocurre mientras empaquetan cosas, se asemeja a la del Amazing 18.
  • Todo el combate final en los muelles sale de los Amazing 31-33, incluido el imprescindible momento con Spidey quitándose un gran peso de encima
  • El descubrimiento por parte de Harry de los cacharros de su padre es idéntico al del Amazing 135.
  • Joe Robertson, como en los tebeos, sabe que Pete es Spidey, y, como en los tebeos, lo demuestra sólo mediante un par de miradas furtivas que lo dicen todo.
  • La gran escena dramática de la cinta, la del traje en la basura, procede con todas las de la ley del Amazing 50.
  • La pérdida de poderes nos permite contemplar la mirada atónita del trepamuros ante el hecho de haberse quedado sin fluido arácnido, un maravilloso momento análogo al cómic que, hasta ahora, nos había hurtado el que las telarañas de este Hombre Araña sean orgánicas, y no mecánicas. Los que tanto se quejaban de esa supuestamente grande diferencia con el cómic pueden así darse por satisfechos, pero puede que llegados a ese punto de Spider-Man 2 ninguno recordara ya el pequeño detalle.

 

Bajando a lo que cuenta el filme, Raimi se ha servido a la hora de tejer el argumento de uno de los rasgos distintivos del personaje en las viñetas, sus periódicas decisiones de abandonar su carrera superheroica, seguidas siempre de rotundas reafirmaciones en su papel como justiciero enmascarado. Curiosamente, en la primera aparición del Doctor Octopus en Amazing Spider-Man 3 ya asistimos al primer amago de abandono: después de la soberana derrota que le propina el villano, Peter decide colgar las telarañas, y será un discurso oportuno de la Antorcha Humana quien le haga cambiar de parecer. No es casual por tanto que este sea el tema elegido para contar la segunda historia del Peter Parker fílmico. Nuevamente y como ya hemos visto con anterioridad, el director juega a los paralelismos con el anterior filme con el objetivo de dotar al relato de continuidad y de impulso hacia el futuro. Esta vez la comparación no es tan evidente como todas las citadas hasta ahora. Puede decirse que Spider-Man es una alegoría de la adolescencia, con todos los cambios, la incomprensión y la ausencia de autoconocimiento que ésta conlleva, pero no es menos cierto que todo Spider-Man 2 ejemplifica la desilusión vital posterior, con la pérdida de poderes por parte de Peter como metáfora de la pérdida de esperanzas. Vive en el peor de los lugares, le despiden de trabajos miserables, saca malas notas universitarias, la chica que quiere va a casarse con un apuesto astronauta, sus sueños, en definitiva, no se han cumplido,… ¿y quién tiene la culpa de todo ello? La tiene Spider-Man, claro. Como en los tebeos. Y como en los tebeos, Peter intenta renunciar a sus responsabilidades aprovechando su pérdida de habilidades pero las circunstancias le acabarán obligando a volver al tajo, no porque las cosas vayan a mejorar, sino por que, como dice desde el principio, él es Spider-Man y tiene un trabajo que hacer. Habrá quien, tan maliciosa como acertadamente, acuda también a metáforas de índole sexual para explicar la pérdida de poderes (Primera parte: adolescencia, incontención de fluidos. Segunda parte: madurez, disfunción eréctil). Curioso que el desencadenante de la vuelta de éstos sea el secuestro por parte de Octopus del interés amoroso de Peter. Es ella quien le pone de nuevo en forma.

El que Mary Jane acuda al final en su rescate sólo se entiende a tenor del camino de revelación que ha seguido ella misma. Desde el final de la primera película, M. J. ya no es víctima de su propio destino, que es, ni más ni menos, que el de sus padres. Ya no va de los brazos de uno a los de otro como una marioneta, sino que, probablemente a raíz del rechazo de Peter, ha tomado el control de su vida, ha alcanzado el éxito laboral al que aspiraba y está a punto de casarse con el mejor de los maridos imaginables. El único problema es que sigue enamorada de él. Una vez más, Mary Jane se deja arrastrar por los acontecimientos y sufre la indecisión constante de Peter (quizás reiterativa de cara al público, pero ellos mismos pedían romance y aquí tienen romance). Por fin, cuando descubre la verdad que ya intuía, se permite el lujo de elegir, y elige a Peter.

En relación a los cómics, el que Peter y M.J. terminen juntos de una vez por todas coincide con la boda de ambos en el Amazing Annual 21. Aquí no tenemos nada de eso, probablemente porque, si la Gata Negra no lo remedia, ésa sea la escena con la que se salde la tercera parte y ponga punto y final a la implicación de Raimi, Maguire y Dunst en la franquicia. En cambio, sí enlazamos con el simple hecho de que ambos sean una pareja estable, algo que, paradójicamente, en los tebeos no ocurría antes del matrimonio, y enlazamos por tanto con el gran momento –quizás el único- de reafirmación arácnida impulsado por Mary Jane que hemos leído en las viñetas: el final del Amazing Spider-Man 300, con aquella espectacular viñeta a toda página dibujada por Todd McFarlane y que bien podría haber influido al propio Raimi.

Siguiendo la lógica que dicta todo lo anteriormente expuesto, quedaría un tercer capítulo que contar, y ya aparece apuntado en los cabos sueltos que deja Spider-Man 2. Por un lado, el plano de cierre con la mirada preocupada de M. J. apunta a que los problemas que desencadenen la trama de la siguiente secuela no serán otros que la típica dificultad que siempre ha tenido ella en los cómics para aceptar la actividad superheroica de su chico. Puede resultar típico y tópico, pero es perfecto para el juego de metáforas que viene utilizando Raimi. En este caso, significaría ni más ni menos que el choque contra la realidad que aparece en toda relación una vez concluida la fase inicial de enamoramiento y puestas las cosas en claro. Bajo esos presupuestos, sería de lo más estimulante contemplar cómo encajaría la aparición de un segundo interés sentimental para Peter Parker, una chica por la que se sienta carnalmente atraído –ya no tiene quince años, no se enamora platónicamente, como lo hizo con M. J.- pero también identificado… y esa chica sólo puede ser la Gata Negra. No habrá adulterio, y eso sí es una verdadera lástima, porque situaría a Spider-Man en un más que interesante escenario, pero la irrupción de los celos no deja de tener mil y una posibilidad, algo que, por desgracia, nunca se han atrevido a analizar en los cómics, con evidente torpeza por parte de unos guionistas que tendrían ahí una mina para hacer realmente interesante la relación entre Peter y Mary Jane.

También necesitamos un villano, cuando no dos. Raimi ya se resistió a meterlos en la segunda parte, pero quizás se anime en la tercera. Las semillas están plantadas en esta secuela, y tienen nombre propio: John Jameson y Harry Osborn. El primero tiene todos los números para convertirse en Veneno: un motivo para odiar a Peter Parker y capacidad para viajar al espacio exterior y traerse oculto en la nave al simbionte –algo que ya ocurría en la serie de dibujos animados de los noventa-. El segundo parece condenado a dejarse arrastrar por los pecados de su padre, aunque ojalá lo haga con mejor gusto a la hora de vestir. Falta por ver, sin embargo, cómo repercutirá su ya antigua amistad con Peter en su odio contra Spider-Man, pero eso son las cosas que suelen saldarse en las batallas finales de las películas.

En todo caso, la posibilidad de que Harry triunfe allá donde fracasó su padre y acabe asesinando a la cada vez más rubia M. J. ante los atónitos ojos de Peter (ése es ni más ni menos, que el deseo de Kirsten Dunst respecto a la participación de su personaje en la tercera parte) es más bien remota, y en esta hipótesis que estamos articulando se abre con fuerza la posibilidad de acabar -¡Sí, como en la segunda parte!- ante el altar, aunque esta vez ella dirá que sí con toda probabilidad.

Spider-Man se convertiría así en la trilogía perfecta que ya se apunta en esta segunda parte. Luego, y siempre que la taquilla respondiera, podrían llegar cuartas, quintas o sextas partes. Pero lo más probable es que ya caerían en manos de un nuevo equipo que tendría un listón imposiblemente alto. Eso habrá que agradecérselo a Tobey Maguire y sus compañeros de reparto, por haber sabido dar vida en pantalla a Peter Parker y los suyos, pero también y sobre todo a Sam Raimi, el hombre cuya mano está dirigiendo las películas de Spider-Man como si fuera guiada por los que tanto amamos al personaje.

Julián M. Clemente

Textos procedentes de Spider-Man: Historia de una araña, publicados por Dolmen Editorial

 

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