Spider-Man: the MOVIE
 
   
 

Título original Spider-Man
Estreno USA 3 de mayo de 2002
Estreno España 21 de junio de 2002
Duración 121 minutos
Director Sam Raimi
Reparto
Tobey Maguire (Spider-Man/Peter Parker)
Willem Dafoe (Duende Verde/Norman Osborn)
Kirsten Dunst (Mary Jane Watson)
James Franco (Harry Osborn)
Cliff Robertson (tío Ben)
 Spider-Man en IMDB                                  Rosemary Harris (tia May)
Página oficial                                                  J. K. Simmons (J. Jonah Jameson)
El DVD

Así se hizo
   
     
El esquivo sueño dorado de millones de aficionados llega a materializarse el tres de mayo de 2002. Atrás queda un tortuoso camino andado durante largos años, un camino que ha dejado atrás a varias productoras, que llevaron su pugna por los derechos cinematográficos del personaje hasta los juzgados, y a un director perfecto para el trepamuros, James Cameron, quien incluso escribe el tratamiento de guión que sirve luego como base para la película finalmente rodada y por el que cobra tres millones de dólares. A lo largo de ochenta folios, Cameron desgrana la angustia adolescente de un Peter Parker que descubre sus asombrosos poderes y hace frente a Charlton Strand, un villano creado para la película. El cineasta también pone especial hincapié en el tipo de movimientos que deberá desarrollar Spider-Man.

         Después de que Cameron, cansado de esperar, se desvincule del proyecto, suenan con fuerza los nombres de Robert Rodríguez, los hermanos Wachowski o David Fincher como posibles directores. El elegido es Sam Raimi, excelente realizador multidisciplinar (Posesión infernal, Un plan sencillo, Darkman) que se declara lector habitual y fan absoluto del personaje. Por primera vez en su carrera, Raimi cuenta con un gran presupuesto y todas las esperanzas de la productora Sony/Columbia, a la búsqueda de una franquicia millonaria que consiga sacarla de grandes fiascos al estilo de Final Fantasy.

         El tratamiento de guión de Cameron pasa por múltiples manos que dan mil vueltas a la historia, eliminan al villano creado por el director de Titanic e incorporan al Doctor Octopus y al Duende Verde, siendo éste el único que finalmente aparecerá en la versión final. El manuscrito definitivo cuenta con la firma oficial de David Koepp (Parque Jurásico) y la firma apócrifa de innumerables correctores. El casting tampoco resulta sencillo: Cameron saca a relucir el nombre de Leonardo DiCaprio para el papel protagonista, pero Sony opta por el menos conocido y más eficaz Tobey Maguire (Jóvenes prodigiosos), capaz de dar vida a un Peter Parker inteligente y divertido pese a reconocer abiertamente que jamás había leído un tebeo de Spider-Man. Alicia Witt (Leyenda urbana), elegida en un primer momento para encarnar a Mary Jane, da paso tras múltiples audiciones a Kirsten Dunst (Las vírgenes suicidas), quien unida a Maguire genera una excelente química en pantalla. El papel de Norman Osborn salta de las manos de Nicholas Cage a las de John Malkovich para recaer por fin en Willem Dafoe (Platoon). Raimi convence a éste durante una larga conversación telefónica de tres horas en las que el director detalla apasionadamente la particular relación existente entre Norman Osborn, su hijo Harry y Peter Parker. El filme cuenta también con J. K. Simmons (Ley y Orden) en el papel de un increíblemente exacto Jonah Jameson, Cliff Robertson como tío Ben, Rosemary Harris como tía May, James Franco como Harry Osborn y el inevitable cameo de Stan Lee.

         Al contrario que otros directores (como es el caso de David Fincher, que quería ambientar la historia en la época de universidad de Peter Parker y centrar el argumento en Gwen Stacy), Sam Raimi tiene claro desde siempre que la primera parte de la película debe detallar el origen y definir la personalidad del protagonista. Aquí, Raimi acierta de pleno a la hora de retratar la angustia vital de un Peter Parker al que Mary Jane ni siquiera le dirige la palabra o del que se ríen casi todos sus compañeros de instituto, pero que no deja de ser un tipo agradable e inteligente. Destaca en ese aspecto la interpretación de un Tobey Maguire capaz de transmitir al espectador tanto su miedo inicial después de que le pique la araña como su alegría juvenil cuando descubre sus extraordinarios poderes. Pero el papel de Peter Parker no sólo exigió esfuerzos interpretativos. También obligó a Maguire a un estricto entrenamiento que mezclaba yoga, gimnasia y artes marciales cinco horas diarias y seis días a la semana a lo largo de cinco meses.

         El traje que viste Spider-Man, los lanzarredes orgánicos y la armadura del Duende Verde provocan la polémica entre los aficionados durante el periodo de preproducción. En el primer caso, Sony contrata a Alex Ross (Marvels) para realizar los diseños. Ross da rienda suelta a su imaginación, con elementos del traje rojiazul y del negro y unos extraños artefactos oculares que parecen más propios de una mosca que de una araña. La productora rechaza el trabajo, a favor de un modelo fiel al original. “Lo último que queríamos era reinventar el traje”, asegura Raimi. James Acheson, el nuevo diseñador del traje, trabajó en él durante cinco meses en los que fabricó treinta y siete uniformes diferentes hasta dar con el definitivo. Acheson probó con todo tipo de materiales, e incluso barajó la idea de una máscara semitransparente que enseguida desechó. Tras dar muchas vueltas, optó por la simplicidad y por un modelo basado en el Spider-Man clásico de John Romita.

Al igual que la araña genéticamente modificada que pica a Peter (en lugar de la un tanto trasnochada araña radiactiva), los lanzarredes orgánicos son un elemento inventado por James Cameron que Sam Raimi hace suyo, al considerarlo una adición lógica a los poderes del trepamuros. Perfectos como metáfora del paso de la niñez a la adolescencia, los lanzarredes orgánicos evitan tener que explicar cómo un chaval de dieciséis años consigue crear algo tan complicado como la telaraña. En un principio, las protestas de los fans en Internet hicieron que Raimi cediera a sus pretensiones y dotara al personaje de unos lanzarredes mecánicos que sirvieran para direccionar la telaraña orgánica que genera Spider-Man. Finalmente, este elemento improvisado quedó de lado, aunque ha podido verse en varios vídeos publicitarios.

Por último, que el Duende Verde vista una armadura responde a razones lógicas. ¿Acaso no llevaría armadura un tipo montado en una especie de moto aérea? A la hora de buscar una motivación par el villano, la película incide en el hecho de que el deslizador y la armadura forman parte del equipo armamentístico que desarrolla Oscorp, la empresa propiedad de Norman Osborn. El que los militares rechacen los prototipos iniciales y los propios socios del empresario intenten arrebatarle la empresa de sus manos condicionan el nacimiento del Duende Verde. En este aspecto, destaca la interpretación de Willem Dafoe, capaz de dar verosimilitud a un Norman Osborn esquizofrénico que, al tiempo que quiere convertir a Peter Parker en un hijo político, está dispuesto a asesinar a Spider-Man.

El Duende Verde del largometraje sigue los pasos del personaje del cómic a la hora de descubrir la identidad secreta de Spider-Man y atormentar a sus seres queridos. La batalla final cuenta con un buen número de referencias a la muerte de Gwen Stacy. El encuentro tiene lugar en lo alto de un puente, aunque en este caso se trata del de Queensboro, en lugar del puente de Brooklyn. A muy pocos aficionados les pasará inadvertido que, al igual que ocurría en el AS 122, el Duende Verde muere víctima de su propio deslizador. Puestos a buscar homenajes al cómic, incluso hay un momento en el que el Duende atrapa a Spider-Man con un cable que está calcado de la portada del AS 39. Por último, la promesa de venganza erigida por Harry Osborn contra Spider-Man no sólo deja abierta la opción a la secuela, sino que coincide con lo que ocurrió en los tebeos. ¿Tendremos a un Harry como segundo Duende Verde en Spider-Man 2? Es una posibilidad, aunque otros villanos, como el Lagarto o el Doctor Octopus parten con ventaja. Entre las especulaciones, también se habla de una nueva chica, aunque Mary Jane seguiría siendo el principal interés amoroso de Peter.

         El rodaje del primer filme comienza en enero de 2001 en Los Angeles y concluye en mayo, cuando todavía falta un año para el estreno, con tiempo más que suficiente para montar la película y añadir los efectos visuales generados por ordenador. John Dykstra, veterano artista famoso por su trabajo en La guerra de las galaxias, coordina el proceso, tan innovador que a su juicio hubiera sido imposible haber filmado la película en el pasado.

         Gran parte de las escenas de acción están rodadas con un fondo azul en el caso del Duende Verde y verde en el caso de Spider-Man, lo que dificultaba en extremo el rodaje de las escenas en las que ambos aparecen juntos. No obstante, los momentos más sorprendentes del filme suponen una recreación virtual absoluta, no sólo de Spider-Man, sino del mismo Nueva York. El equipo de John Dykstra fotografió la Gran Manzana desde todos los ángulos imaginables para luego poder recrear la ciudad en el ordenador y que la cámara siguiera al trepamuros sin las limitaciones que hubiera supuesto un rodaje con helicópteros en un entorno real. El resultado supone una revolución similar a la de los dinosaurios de Parque Jurásico aunque, al igual que ocurría en la película de Spielberg, a cualquier espectador le hubiera gustado ver más escenas con Spider-Man danzando por Nueva York. El plano final del filme, con la cámara acompañando entre los edificios a un trepamuros triunfante, tal vez resuma mejor que ningún otro momento la sensación de maravilla capaz de transmitir la película.

         “He esperado toda mi vida este momento”, dicen muchos fans al ver por primera vez el filme. Si se mueve como Spider-Man, viste como Spider-Man, habla como Spider-Man y actúa como Spider-Man… Será porque es Spider-Man. El largometraje dirigido por Sam Raimi coloca al personaje en el lugar que siempre ha merecido, un Olimpo cinematográfico hasta ahora sólo reservado a unos pocos superhéroes del cómic y en el que durante demasiados años ha faltado la presencia del más grande de todos ellos. El récord de taquilla logrado en el primer fin de semana, con 114 millones de dólares de recaudación tan sólo en Estados Unidos, abre la puerta de par en par a un largo reinado de Spider-Man, no sólo en los cómics, sino en pantalla grande. Que futuros filmes sepan mantener la magia del primero, queda en manos de Sam Raimi y su equipo.

Análisis crítico

            El primer largometraje de Spider-Man ofrecía la estructura clásica de origen del héroe, manteniendo, como se ha dicho hasta la saciedad, ciertos paralelismos con Superman, la película de superhéroes por antonomasia, pero también con mil y una historias que siguen al pie de la letra las fases del viaje del héroe tal y como lo formulara Christopher Vogler. La cinta abre con una primera hora dedicada por completo a narrar la epifanía de Peter Parker desde su existencia cotidiana, anodina y plagada de pequeñas miserias, aunque ilusionada, hasta que decide convertirse en un justiciero enmascarado. No usa su traje arácnido en esos primeros minutos, e incluso Raimi, inteligentemente, le coloca un atuendo convencional en un primer momento, para luego, una vez tomada la decisión de seguir los dictados de su tío (“un gran poder conlleva una gran responsabilidad”), aparecer ya con su aspecto definitivo.

            El resto del metraje se centra en el conflicto con el villano y, finalmente, en la decisión en torno a la chica, que tampoco puede ser más apropiada. Como bien reflexionaría luego Joss Whedon, el creador de Buffy, cazavampiros, la cinta acaba tal y como debería haberlo hecho (y de paso, tal y como NO lo hacía el primer Batman), con Peter asumiendo por completo su responsabilidad, consciente de que debe alejarse de Mary Jane para evitar que ésta se vea arrastrada al halo de fatalidad que parece rodear a todos sus seres queridos. Es, por tanto, consecuente con su decisión de convertirse en Spider-Man, ha pasado por su momento de crisis y ha salido fortalecido y reafirmado. En un vistazo superficial, podría decirse que la segunda parte del filme se desliga por completo de la primera, pero eso es inexacto: el personaje de Spider-Man sólo se ha terminado de construir cuando Peter deja atrás a Mary Jane. Sólo entonces el protagonista se permite contestar la pregunta con la que comenzaba la acción dos horas antes. “¿Que quién soy yo? Soy Spider-Man”. Sólo después de que esa frase haya sido pronunciada, el espectador verá al lanzarredes desplegando sus habilidades en todo su esplendor, con la espectacular escena en la que el héroe navega por los cielos de la ciudad, con la música de Danny Elfman subrayando el momento, para a continuación dar paso a los títulos de crédito.

            Como película, Spider-Man adquiere así una estructura de círculo cerrado, de historia redonda que no necesita añadir o quitar una coma o un plano, hasta el punto de que algunos lleguemos a echar de menos algo más de desarrollo de los personajes. En realidad, no es necesario de cara a definirlos, y esa necesidad de “algo más” tiene más que ver con el amor de quien ha visto perfectamente retratado al lanzarredes en imagen real y tiene la necesidad de retenerlo en su retina con alguna pincelada más que con una ausencia de elementos. En 116 minutos, tal y como hicieron Stan Lee y Steve Ditko en un puñado de tebeos, Sam Raimi cuenta todo lo que hace falta saber sobre el Hombre Araña. En otro sentido, como adaptación de un cómic, Spider-Man no puede ser más fiel. De principio a fin, la cinta aborda todas y cada una de las claves que definen al trepamuros y las expone en pantalla. Lo hace en su espíritu, dando preponderancia a la humanidad del personaje, a su eterno sentimiento de culpa, a su terrible mala suerte y al hecho de que lo que le ocurre a Spider-Man repercuta en los que tiene alrededor, pero también lo hace en su literalidad, como esperan todos los aficionados al cómic y como no parecía dispuesto que estuviera a hacerlo James Cameron en el borrador de guión que nunca llegaría a dirigir y del que Raimi apenas se queda con algún detalle, como el de los lanzarredes orgánicos.

Ahí tenemos por lo tanto a Peter Parker viviendo en Queens, con sus tíos Ben y May, mordido accidentalmente con una araña que le confiere extraordinarios superpoderes, probando sus poderes en un concurso de lucha libre, dejando escapar al ladrón que luego asesina al tío Ben, etc. Tenemos el Instituto, que se llama Midtown; tenemos a Flash Thompson haciendo la vida imposible a Peter; a Jonah Jameson, con Betty Brant y Robbie Robertson, a Peter compartiendo piso con Harry; al Duende Verde descubriendo su identidad secreta y amenazando acto seguido a los suyos para terminar muerto por su propio deslizador; tenemos a Harry creyendo que Spidey es el responsable e iniciando su particular camino hasta el abismo… El gran cambio con respecto a los tebeos tiene que ver más con un esfuerzo por sintetizar lo que en ellos ocurre que con un afán de enmendarle la plana. Ese cambio es además necesario para que Raimi pueda contar lo que quiere contar. Se trata de la inclusión desde el primer momento de Mary Jane, que viene a ocupar el espacio de Gwen Stacy, incluyendo su secuestro por parte del Duende Verde y caída desde el puente, sin que su destino llegue a ser el mismo que el de la añorada rubita. Mary Jane sobrevive por varias razones: la primera, que los grandes estudios no aceptan tan fácilmente que la novia del héroe acabe muerta (aunque la sorpresa del espectador hubiera sido mayúscula). La segunda, que la película tiende más a retratar los años románticos y alegres de Spider-Man, aquellos que se desarrollaron en el cómic a lo largo de los años sesenta, que el posterior desencanto que se adueñaría de las viñetas a partir, precisamente, de la muerte de Gwen.

Julián M. Clemente

Textos procedentes de Spider-Man: Bajo la máscara y Spider-Man: Historia de una araña,
publicados por Dolmen Editorial

 

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