SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 12: CUANDO PETER PARKER SE VOLVIÓ GUAPO

“En Amazing, me sentía obligado a copiar a Steve Ditko, porque, y esto puede parecer ingenuo, yo estaba convencido de que volvería al cabo de dos o tres números”, dijo John Romita. “No sabía que Stan y él llevaban meses sin hablarse. Me dije a mí mismo que no estaría demasiado tiempo fuera. Yo no conocía a Ditko. Asumí que él haría lo mismo que hubiera hecho yo de estar en su situación: pensaría acerca de la manera en que había dejado a un personaje tan importante y volvería. Empecé a contar los días hasta mi regreso a Daredevil” (pp. 83).

 

“El mayor problema que tuve con Amazing fue que estaba haciendo a Peter Parker demasiado autosuficiente”, dijo Jazzy. “Cuando hago un héroe, trato de hacerlo tan guapo como puedo. Yo no veía al personaje como un chico delgaducho y encorvado. Le veía de otra forma. Durante semanas y durante meses, Stan me decía que lo hacía demasiado musculoso, demasiado ancho de espaldas y que su ropa estaba demasiado pulcra, que debía hacerlo más parecido a un adolescente” (pp. 84).

 

A juicio de John Romita, la diferencia fundamental que existía entre él y Ditko es que Ditko había creado su propio mundo, con sus propios edificios, su propia ropa y sus propios coches, mientras que él trataba de llevar el mundo real al papel: que los edificios que aparecieran en las aventuras, la ropa que vistieran sus protagonistas y los coches que circularan por las calles fueran lo más parecidos posibles a la realidad (pp. 85).

 

Para la realización de cada nuevo número, Stan Lee y John Romita mantenían una conversación en las oficinas de Marvel, que podía durar entre quince minutos y una hora. Esas reuniones solían tener lugar en el momento en que el artista entregaba los lápices de la historia anterior. Era habitual que, para terminarlos, hubiera pasado toda la noche en vela. Ante cualquier otro interlocutor, Romita se hubiera dormido, presa del cansancio, pero con Stan era diferente (pp. 85).

 

A partir del Amazing #45 (febrero de 1967), ambos autores dejaron de figurar en los títulos de crédito por separado, para pasar a hacerlo de manera conjunta, dando a entender que se trataba de un equipo, no solamente de alguien que escribía y alguien que dibujaba. “¡Una aventura de agonizante acción por Stan (The Man) Lee y John (Ring-A-Ding) Romita!”, se leía en aquel número (pp. 86).

 

“Es imposible saber qué hubiera pasado si Ditko se hubiera quedado en la serie”, dijo Jazzy, al echar la vista atrás. “Pero, pasado el tiempo, la apariencia que le di a Spider-Man se convirtió en LA apariencia de Spider-Man. Estoy muy orgulloso de eso” (pp. 86).

 

Romita estaba cuidando detalles que hasta entonces no habían sido tenidos en cuenta. Spider-Man empezó a llevar en la espalda una pequeña mochila de telaraña. Stan Lee se sorprendió de encontrarse algo así y no tardó en preguntarle cuál era la razón de ser de aquella mochila. El dibujante lo tenía claro: el héroe tenía que llevar la ropa en algún sitio (pp. 86).

 

“Peter Parker tenía que sacarse los zapatos para trepar por una pared porque los lectores escribían y preguntaban por qué sus suelas se pegaban a las paredes. Así que, lo creas o no, durante un tiempo hice que Peter se atara los zapatos al cuello, sobre todo porque Stan me dijo: ‘Ya que te has puesto técnico con lo de la ropa, ahora me lo has contagiado a mí’. De modo que sí, era algo fanático” (pp. 87).

 

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 11: DETRÁS DE LA LLEGADA DE JOHN ROMITA

En 1949, John Romita comenzó a dibujar en secreto para Lester Zakarin, un entintador que necesitaba hacerse pasar por dibujante para conseguir trabajo en Timely. Era una práctica habitual en aquel entonces, de manera que Romita hizo sus primeras historias para Stan Lee sin que éste lo supiera. Cuando el artista le confesó la verdad, ni siquiera pestañeó: le dio el guión de un relato de cuatro páginas, sobre un alienígena que se hacía pasar por un bebé, que debía dibujar y entintar (pp. 79).

 

Cualquier intento de pasar al género superheroico dentro de la editorial de Superman y Batman chocaba con lo que definió como un muro de cristal. Los departamentos estaban acotados y un artista que dibujara historias románticas no podía hacerlas de tipos en mallas. “Era agotador. Fueron ocho años de tortura. Las historias eran estúpidas”, afirmaba (pp. 80).

 

A los postres, y después de tres horas abrumado por la palabrería de Stan, Romita ya había cambiado de idea, especialmente una vez que el editor le prometiera que allí ganaría 275 pavos a la semana, lo que superaba la oferta de la agencia de publicidad y era también el mayor sueldo dentro de Marvel, aunque, para justificar aquella cifra ante el puño cerrado de Martin Goodman, tendría un estatus un tanto diferente al de otros artistas. Su primer trabajo fue entintar The Avengers #23 (pp. 81).

 

Romita le hizo un dibujo del personaje a vuela pluma, sin sospechar las razones por las que le preguntaba, y al editor se le desencajó la mandíbula. Era perfecto para hacerlo, pero todavía tenía que acostumbrarse al estilo Marvel (pp. 82).

 

Stan Lee tenía ya perfectamente claro que quería a John Romita para sustituir a Steve Ditko en Amazing: no sólo era excelente a la hora de abordar un aventurero con traje ajustado que se moviera por Nueva York, sino que también era el mejor artista que podía imaginar para plasmar chicas guapas. Era capaz de dibujar cualquier cosa. Con él en la serie, podía acometer los cambios que venía pidiendo Martin Goodman y conducir las historias hacia un tono más amable, romántico y culebronesco que el que ofrecía Ditko (pp. 82).

 

La aventura con Daredevil era, en realidad, una prueba. No se lo dijo, porque no quería condicionarle o que hubiera algún problema en caso de que los resultados no fueran tan buenos como esperaba. El dibujante no sospechó lo más mínimo. Sencillamente, daba por hecho que Stan utilizaba la presencia de Spidey para mejorar las ventas de Daredevil. Por eso, la sorpresa cuando le pidió que se encargara de la serie del trepamuros fue mayúscula. “¿Quieres encargarte de Spider-Man durante un tiempo?”, le preguntó The Man (pp. 82).

 

El mismo Bullpen Bulletin del Amazing #38 en que se anunciaba la marcha de Ditko saludaba la llegada de su sustituto (pp. 83).

 

En el correo de los lectores se volvía a insistir sobre el cambio, pero también se adelantaba lo que los lectores encontrarían en la siguiente entrega “¡El más esperado evento de la era arácnida! ¡El regreso de El Duende Verde!!” (pp. 83).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 10: EL TRAUMÁTICO FIN DE LA ERA DITKO

Los encuadres dejaron de ser imaginativos, la expresividad de los protagonistas se redujo hasta lo esquemático y las viñetas aumentaron más que nunca de tamaño, no para ser más espectaculares, sino para quedarse vacías en muchas ocasiones, con un indisimulado descuido en la elaboración de los fondos y con una narrativa casi simplista, como si aquellas páginas se hubieran elaborado con el piloto automático puesto (pp. 70).

 

Stan Lee pidió a Ditko que redibujara al personaje, de manera que en la versión publicada figuraba de lado y su pie izquierdo tapaba oportunamente el trasero. La corrección molestó a Ditko, mientras que el dibujo original, tal y como lo había concebido, apareció finalmente… ¡en una edición italiana! (pp. 71).

 

“Stan se enfureció”, recuerda Roy Thomas, “porque sabía que Steve siempre se leía las historias, pero había decidido que aquel personaje debía ser El Saqueador y lo entintó como tal. Stan hizo que Carl Hubbell cambiara el dibujo del traje sobre la figura del villano y añadiera las telarañas de Spidey. Estaba furioso, diciendo: ‘¡Él lo sabía! ¡Él lo sabía! ¡Lo hizo a propósito!’. Steve no se enteró del cambio porque, cuando el cómic se publicó, ya se había ido de Marvel” (pp. 71).

 

Habla Roy Thomas: “Steve vino a dejar un trabajo y Sol tenía una indicación de Stan, que tenía que estar aprobada por Goodman, según la cual daría a Steve un aumento de cinco dólares por página. Aquello era mucho en aquel entonces, pero cuando Steve apareció, no llegó a ver la nota de Stan. Sol fue corriendo a por Stan, y cuando volvieron, Steve ya se había ido” (pp. 72).

 

El disco que se regalaba a los socios de la MMMS incluía las voces de todos los empleados y colaboradores de La Casa de las Ideas. De todos, menos de Ditko, que no había querido participar en la charada. “Ese jaleo es del tímido Steve Ditko”, decía Sol Brodsky en un diálogo del guión escrito por Lee para el vinilo. “¡Se ha enterado de que estabas grabando un disco y le ha entrado miedo al micrófono!”. (pp. 72).

 

“Las aventuras de Spider-Man eran extremadamente autobiográficas para Ditko”, señaló Greg Treakston, basándose en conversaciones que había mantenido con el artista. “Spider-Man era la culminación de todo lo que Ditko había sido hasta ese momento. Tenía lazos personales con él. Cuando la gente empezó a manipularle, tratando de que añadiera más romance a la serie y que cambiara la dirección, se sintió roto, insultado”. (pp. 73).

 

Habla Greg Treakston: “En uno de los mejores libros de Ayn Rand, El manantial, hay un personaje, llamado Howard Roark, que es arquitecto. Construye un increíble rascacielos, pero debido a las intromisiones de la gente con las que trabaja se convierte en un horrible tributo a los esfuerzos de todo el grupo, lo cual no es siempre lo mejor. Al final, Roark vuela por los aires el edificio, Puedes ver la similitud entre las dos historias: un creador concibe algo magnífico. Alguien se inmiscuye y termina mal. Es la parábola de Steve Ditko en Marvel” (pp. 73).

 

Los lectores supieron del fin de una era en el propio Amazing #38, a través del Marvel Bulletins: “Steve nos ha dicho que se marcha por razones personales. Después de estos años, lamentamos que se vaya, y deseamos que alguien con tanto talento tenga éxito en sus labores futuras” (pp. 74).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 9: LA INSPIRACIÓN DE GWEN STACY

“Siempre me consideraste una rubia tonta… ¡Y puede que lo sea! ¡Pero ya es hora de que también me gradúe de esa parte de mi vida!”, decía Liz en la ceremonia de graduación. A excepción de una breve aparición en el Amazing #30, no volvió hasta casi diez años después (p. 67).

 

“Quiero un hombre que tenga un trabajo fijo y decente… que venga a casa cada noche con su pipa y su periódico… ¡y conmigo!”. El episodio concluía con una escalofriante viñeta, en que el fantasma de Spider-Man separaba a los amantes (p. 67).

 

El Amazing Annual #2 (1965) fue testigo del largamente esperado encuentro de Spider-Man y el Doctor Extraño, las dos grandes creaciones de la pareja Lee/Ditko. Pocos años antes de la generalización de los alucinógenos en Estados Unidos, Ditko ya había imaginado un auténtico viaje al fondo de la mente plagado de referencias oníricas y experimentos visuales (p. 67).

 

En el Amazing #31 debutaron tres personajes capitales para el futuro de Spider-Man. Los dos primeros fueron Harry Osborn y Gwen Stacy. Harry encarnaba al típico jovencito caprichoso y acomodado, mientras que ella era una mujer fatal a lo Veronica Lake (p. 68).

 

El nombre de Gwen constituía un homenaje de Ditko a Sweet Gwendoline, una rubia ingenua y escultural siempre necesitada de rescate y siempre vestida en ropa interior. Había sido creada por John Willie, uno de los pioneros del bondage, y Eric Stanton la había retomado tras la muerte del autor, en sus cómics de erotismo soft (p. 68).

 

En la historia orquestada por Ditko, los criminales servían a las órdenes del misterioso Planeador Maestro, como un adelanto de la aventura que comenzaba en el número siguiente. En los textos, sin embargo, Stan Lee atribuía su lealtad al villano de ese episodio (p. 68).

 

En la viñeta final, el antídoto aparecía en primer plano, pero inalcanzable para un diminuto Spider-Man, sepultado e impotente. A los ojos de Ditko, representaba al hombre al que el peso de la sociedad impide alcanzar sus objetivos. Puro Objetivismo, pero también un brillante “Continuará” (p. 69).

 

 

Décadas después de la publicación de “La saga del Planeador Maestro”, Ditko todavía saltó ofendido, después de que Lee se atribuyera, en una entrevista, la idea de esa escena cumbre. El guionista sacaba a colación el tema para elogiar a su antiguo compañero (p. 70).

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 8: EL DEBATE SOBRE LA ENTRADA DE PETER EN LA UNIVERSIDAD

El ambiente urbano en que se desenvolvía el trepamuros fue realista desde el primer momento. La influencia de Eisner en Ditko quedó patente en las caras, muy cercanas a la caricatura, pero también en una Nueva York más parecida a la Central City de The Spirit que a la ciudad de los prodigios que aparecía en las aventuras de Los Cuatro Fantásticos o de Los Vengadores, con sombras, callejones y sordidez hiperrealista (p 62).

 

Ditko se sumergió hasta tal punto en la plasmación de Nueva York que llenó las paredes de su estudio con mapas y dibujos en planta de la casa de Tía May, de las oficinas del Daily Bugle o del Instituto Midtown. Esa dedicación, por cierto, se reflejó en los extras de una de las mayores apoteosis de su trabajo con el trepamuros: el primer especial fuera de colección (p.63).

 

Los Seis Siniestros agruparon a los peores villanos a los que se había enfrentado el arácnido hasta la fecha, dejando fuera a El Duende Verde. El grupo estaba formado por Electro, Kraven El Cazador, Mysterio, El Hombre de Arena y El Buitre, liderados por el Doctor Octopus (…). Ditko obsequiaba a los lectores con una viñeta-página por cada villano, lo que hacía los combates todavía más espectaculares y grandiosos (p. 64).

 

La producción del Amazing Annual #1 supuso una extraordinaria sobrecarga de trabajo para el artista. No es extraño que un examen concienzudo de las páginas levante sospechas acerca de la autoría del entintado, que podría haber sido obra de Eric Stanton, su compañero de estudio, aunque no esté acreditado al respecto (p. 64).

 

En el Amazing #28 (septiembre de 1965), tras la pertinente batalla contra el villano de turno, en este caso El Hombre Ígneo, Peter acudía a su ceremonia de graduación: ¡había terminado la Escuela Secundaria! Unos números antes, desde el correo de los lectores, The Man ya había dejado caer la posibilidad, al afirmar que el protagonista tendría que ir a la Universidad “tarde o temprano” (p. 64).

 

El debate al respecto fue tan intenso que Stan pidió a los fans que proporcionaran soluciones, después de que alguien protestara por el paso a la Universidad. “¿Debemos continuar permitiendo que Peter crezca, hasta que se gradúe y entre en la edad adulta o debemos detener las cosas en este punto?”, se preguntaba el guionista en el correo de los lectores del Amazing #43 (p. 65).

 

Conducir al personaje a través de la frontera que separaba la vida juvenil de la adulta encajaba en los postulados del Objetivismo y su búsqueda de un héroe idealizado, masculino y romántico. La gradual evolución gráfica que había experimentado el joven trepamuros en su identidad civil ya avanzaba en esa dirección, con un Peter con un rostro más adulto, una musculación más marcada y una manera de vestir en la que las corbatas y los chalecos de niño bueno no siempre estaban ahí (p. 66).

 

Peter llevaba escapándose de Mary Jane desde que la Tía May la mencionara por primera vez, en el Amazing #15, convencido de que no debía ser especialmente agraciada. Diez números más tarde, los lectores seguían sin conocer su rostro, ya que apareció oportunamente tapado por una flor, pero Betty y Liz quedaron boquiabiertas ante su belleza (p. 66).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 7: AYN RAND SE METE EN LA CABEZA DE DITKO

“Steve quería que El Duende Verde fuera algún personaje que nunca antes hubiéramos visto”, recordaba Stan Lee. “Porque, decía, en la vida real, el villano lo más probable es que fuera alguien que el protagonista no conocía. Yo sentía que eso hubiera estado mal. Sentí, de hecho, que sería como engañar al lector. Se había vuelto una especie de misterioso asesinato en el que, al final de todo, descubrías que el culpable era el mayordomo o la inocente tía o alguien así. Pero si fuera alguien que no hubiera aparecido hasta entonces, ¿dónde estaría el sentido de seguir todas las pistas? Pensé que algo así frustraría al lector. Así que esa fue la gran discusión que tuvimos. Y yo gané. Probablemente no porque tuviera más razón que Steve, sino porque yo era el editor” (pp. 58 y 59).

 

Sin que casi nadie se percatara, Norman Osborn llevaba unos cuantos meses apareciendo. Se dejó ver por primera vez en el Amazing #23 (página seis, viñetas siete y ocho). Repitió, siempre fugazmente en el Amazing #25 (página tres, viñeta cinco), en el Amazing #26 (viñeta seis de la página ocho, la primera en la que habló) y en el Amazing #27 (viñeta uno, página dieciocho) (pp. 59).

 

La pareja creativa de Spider-Man cada vez tenía diferencias más pronunciadas alrededor de la dirección que debía llevar la serie, lo que coincidió con el interés que suscitó en el artista el movimiento filosófico conocido como Objetivismo, que impulsaba la escritora Ayn Rand. Ditko ya era alguien con escasas relaciones sociales, que probablemente se tomaba a sí mismo demasiado en serio y que mantenía unas convicciones radicales acerca del trabajo y de la vida. En el Objetivismo encontró una percha de la que quedarse colgado y no bajarse nunca (pp. 59).

 

Los primeros síntomas del Objetivismo que cabe encontrar en las aventuras de Spider-Man tienen que ver con el cambio de perspectiva que se produjo con respecto al papel de la policía: si en los primeros tiempos, aparecían siempre persiguiendo a Spider-Man, en un momento dado se representó a las fuerzas del orden de manera mucho más amable, e incluso heroica. Los agentes figuraban como verdaderos gigantes para el Objetivismo (pp. 60).

 

Las enseñanzas objetivistas también estaban detrás del cambio de estrategia de Peter con respecto a su trabajo. “¿Por qué tengo que venderle siempre mis fotos a un canalla como Jameson?”, se preguntaba en el Amazing #27, para a continuación llevarle las instantáneas a Barney Bushkin, el entusiasta editor del Daily Globe, principal competidor del Bugle (pp. 61).

 

La intrusión más antipática del Objetivismo en las aventuras de Spider-Man apareció en el último número que dibujó Ditko, el Amazing #38 (julio de 1966). Peter expresaba su disgusto al encontrarse con una manifestación estudiantil, cuyos participantes se encaraban con él. La escena, que ridiculizaba las protestas con saña, fue introducida por el artista poco después de haber leído un panfleto de la propia Rand muy crítico con las manifestaciones de los estudiantes (pp. 61 y 62).

 

Ditko aprendió a crear imágenes alegóricas, con las que solía abrir y cerrar el cómic, que contaban por sí mismas una historia épica, exponían una cuestión o adelantaban una tragedia. Con todo, el mayor disfrute estaba en el propio Spider-Man, siempre en movimiento, siempre en posturas que ninguna persona normal adoptaría, siempre pegado a paredes y techos, saltando y balanceándose con una ligereza inhumana, pero golpeando con poderosa contundencia (pp. 62).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 6: JACK KIRBY NO SABÍA DIBUJAR A SPIDERMAN

Aunque siguió adscrito a las aventuras de Spider-Man, pronto se dejó ver también en las historias de La Antorcha Humana, Los Cuatro Fantásticos y Hulk, lo que hace pensar que tal vez estuviera inicialmente destinado a cualquiera de estos personajes, pero que Stan Lee optara por presentarlo en la serie del trepamuros. Ditko lo había hecho suyo dotándole de una particularísima peculiaridad: que su traje no era sino la ropa de calle que llevaba puesta en el momento de su transformación (pp. 51).

 

El Cerebro Viviente seguía siendo ridículo en una época en la que los robots de la ciencia ficción empezaban a abrazar la estilización y el aspecto humanoide, pero se asemejaba de manera realista a los primeros ordenadores que llegaron a comercializarse en aquel entonces (pp. 52).

 

La página inicial simbolizaba la soledad del protagonista y su mundo dual, el de Peter Parker, dividido entre su tía enferma, su trabajo en el Daily Bugle y su difícil relación con sus compañeros, y el de Spider-Man, que lidiaba con los insultos de Jameson, el temor de Betty, la desconfianza de la ciudadanía y la animadversión de los criminales comunes (pp. 53)

 

A esa época pertenece la portada del Amazing #10 (marzo de 1964), sumida en peculiares circunstancias. Stan Lee rechazó el primer dibujo de Ditko y ordenó a Kirby que redibujara la figura del trepamuros en el segundo. Como de costumbre, la dirección de las redes era incorrecta (pp. 28).

 

Ditko planteó a The Man la posibilidad de que Betty muriera de manera accidental, sin que ningún villano estuviera implicado. Aplacaron así las demandas de los lectores que desaprobaban el romance de Peter con la secretaria, a la que consideraban excesivamente mayor para él. Lee se negó, porque hubiera sepultado a Peter bajo un pesimismo todavía mayor (pp. 55).

 

Con el Amazing #18 (noviembre de 1964), los autores decidieron introducir al periodista del Bugle Ned Leeds, retratado como un adulto responsable y capaz de complacer los deseos de una mujer también adulta (pp. 56).

 

Según Ditko, “la sinopsis original de Stan empezaba con el equipo de la película encontrando una especie de sarcófago egipcio. Dentro estaba un demonio viejo y mitológico que, naturalmente, cobraba vida”. El dibujante rechazó la idea de su colega por la misma razón por la que había rechazado otras: “La criatura mitológica estaba demasiado alejada de Spider-Man” (pp. 56).

 

El anonimato diferenciaba a este nuevo villano del resto de los que habían pasado por el cómic. Poco habían importado los rostros tras las máscaras de los contrincantes arácnidos. Una importante mayoría de ellos, como El Buitre, el Doctor Octopus o El Hombre de Arena, se presentaba a rostro descubierto (pp. 57).

 

Según Roy Thomas, el ayudante que contrató Lee y que pronto se convirtió en guionista, “Stan no estaba feliz con la resolución de la identidad de El Señor del Crimen, pero lo dejó pasar. Decía que había luchado demasiado sobre aquella historia y que las cosas estaban funcionando bien. Las ventas del cómic eran buenas. Así que ¿por qué buscar problemas? La alternativa de la que no se hablaba era echar a Ditko, y él no quería hacer eso” (pp. 58).

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 5: STAN LEE ES J. JONAH JAMESON (Y BETTY FLO STEINBERG)

El primer número de la serie regular del trepamuros contenía una nueva llamada a los lectores para que enviaran sus cartas, que serían respondidas a partir del tercer número. La página estaba acompañada por un tosco dibujo de Spidey, que probablemente hubiera realizado Artie Simek (pp. 45).

 

“En una ocasión Stan mencionó al actor Sydney Greenstreet como su modelo de villano. Así que a Stan no le gustó mi delgado y demacrado Buitre. Tiendo a pensar de manera opuesta. Un elefante puede ser terrible y destructivo, pero es más fácil escapar de él que de un guepardo delgado y rápido. Un Buitre voluminoso y pesado no habría parecido natural, sino que habría recordado a un pavo de Acción de Gracias que se hubiera echado a volar” (pp. 46).

 

“¡Él era yo!”, afirmaba Stan Lee. “Era irascible, tenía mal humor, era tonto, pensaba que era mejor de lo que en realidad era. ¡Era la versión que mucha gente tenía de mí! Y siempre he querido interpretarlo en una película. Lamenté mucho que, cuando se hizo la película, era demasiado viejo para el papel” (pp. 47).

 

Ditko aseguró que, en los comienzos, a Lee no le gustaba la manera en que representaba a Jameson, ya que temía que pudiera resultar excesivamente desagradable para el público, como probaban las cartas críticas. The Man le pidió que suavizara los rasgos físicos y la manera de actuar del personaje. No sólo ignoró por completo aquellas indicaciones, sino que llevó su manera feísta de representar a Jameson hasta el extremo: “Cuando estaba haciendo el Amazing #18 (noviembre de 1964), en la primera página dibujé de manera deliberada la sonrisa de Jameson más fea que pude concebir” (pp. 47).

 

Cabe establecer un paralelismo entre Betty Brant, la secretaria de Jameson, y Flo Steinberg, la adorable secretaria de redacción de La Casa de las Ideas. Hubo un tiempo en que Stan Lee y la Fabulosa Flo, como la denominaba el editor cuando hablaba sobre ella en sus Marvel Bulletins, eran las únicas personas contratadas en Marvel, aunque una vez la editorial se mudó del 655 al 635 de Madison Avenue, también se incorporó Sol Brodsky, el ayudante de producción. Flo había entrado a trabajar en la empresa en marzo de 1963 y estaba a la puerta del despacho de Lee, de manera que todos los autores trataban con ella, incluido Ditko (pp. 48).

 

Stan Lee se adjudicó la invención del Doctor Octopus sin mencionar siquiera a Ditko: “Se me ocurrió que me gustaría llamar a alguien Octopus y que tuviera un par de brazos extra, porque sería divertido. Pero tenía que imaginar cómo llegaría hasta ahí. Dado que sería un científico, decidí que se llamara Doctor Octopus, que me sonaba bien.. Según Ditko, fue él quien sugirió a Lee un villano con cuatro brazos mecánicos, aunque reconocía que el guionista le nombró como Doctor Octopus (pp. 50).

 

En las primeras páginas del cómic se mostraba por primera vez la Spider-Señal, que podría haber sugerido Eric Stanton, pero cuya creación reivindica Ditko. “Anunciaba la presencia de Spider-Man, aunque no estuviera físicamente en la acción o se encontrara demasiado lejos. Tenía un efecto psicológico y dramático en los criminales (y en los lectores del comic) (pp. 50)”.

 

Stan Lee pretendía haber incluido también a una versión femenina del Hombre Araña. Ditko se habría opuesto enérgicamente, porque impedía establecer a Peter Parker en un mundo creíble. Le preocupaba también la necesidad de crear el contexto del nuevo personaje y los cambios que hubiera obligado a introducir. El guionista nunca ha manifestado nada al respecto, por lo que cuesta saber si la anécdota es cierta o responde a una fabulación de Ditko (pp. 50).

 

Por un lado estaba la demasiado formal, trabajadora y morena secretaria de Jameson, lo que Ditko entendía por una “chica buena”, y en el extremo opuesto se encontraba la casquivana, niña bien y rubísima compañera de clase que representaba Liz, la “chica mala” para el artista.

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 4: LA CREACIÓN DEL SENTIDO ARÁCNIDO

Ese recuadro recibió el nombre de logoforma y facilitó la identificación de cada serie en aquellas tiendas donde se expusieran los cómics dejando únicamente esa zona a la vista. En el correo de los lectores de Fantastic Four #18 (septiembre de 1963), Lee afirmó que la idea de la logoforma había sido de Ditko (pp. 40).

 

Ese resumen escatimaba un importante dato al respecto: el hecho de que Peter hubiera dejado escapar al ladrón que luego asesinó a Tío Ben. ¿Quizás Stan Lee edulcoraba la situación para evitar el posible rechazo de los aficionados que se encontraran por primera vez con el personaje? La integridad del origen de Spider-Man no fue restituida hasta dos años después, cuando se reeditó el Amazing Fantasy #15 en Marvel Tales Annual #1 (1964) (pp. 40).

 

“Muy a menudo recibíamos cartas que nos querían mostrar lo tonto que les parecía que la vida de un superhéroe se complicara a causa de una anciana que debería estar haciendo calceta”, explicaba Lee. “Al mismo tiempo, nos llegaba una cantidad de correo similar en la que aplaudían el hecho de que hubiéramos incluido una persona mayor en el cómic, porque añadía un gran realismo” (pp. 41).

 

“Lo más importante de todos nuestros superhéroes”, dijo The Man al respecto, “era que todos vivían en la misma zona. Todos estaban instalados en la ciudad de Nueva York. Y para mantener la sensación de que eran personajes reales, gente real, me encantaba que se encontraran en diferentes historias, que uno fuera el invitado en la serie del otro, y viceversa” (pp. 43).

 

“También hice de manera deliberada que Spider-Man y La Antorcha Humana fueran ineficientes como equipo a la hora de capturar a El Escarabajo”, explicaba Ditjo. “Ningún héroe de cómic necesita a otro héroe de cómic para derrotar a un villano. No hay propósito alguno en esas apariciones. Son trucos baratos que prostituyen la integridad de Spider-Man y su mundo, la integridad de cualquier héroe” (pp. 44).

 

En un momento dado, Spidey acababa en una habitación a oscuras, buscando a su enemigo. Stan Lee lanzó a Ditko el reto de justificar que el héroe pudiera lograrlo. “Cogí el lápiz y dibujé unas líneas onduladas que salían de la cabeza de Spider-Man y dije: ‘Spider-Man tiene sentidos arácnidos, igual que los murciélagos tienen un radar que les permiten detectar objetos en la oscuridad’ (pp. 44).

 

“Yo había utilizado anteriormente algo parecido al sentido arácnido, en una historia para Charlton, de Space Adventures vol. 3, #36 (octubre de 1960). Dividí la cara y parte del pecho del personaje. La mitad era Allen Allan, con su uniforme de oficial de las fuerzas aéreas y la otra mitad era el Capitán Atom, su identidad superheroica. En esta zona, añadí un efecto de brillos de estrellas y de electrones que rodeaban al personaje” (pp. 44).

 

Cuando el sentido arácnido se activaba con Peter vestido de calle, también aparecía sobre la mitad de su cara el dibujo de la máscara arácnida. Recurriendo al rostro partido, Ditko conseguía además cumplir los deseos del guionista. “Stan quería y le gustaba ver a Spider-Man en acción en cada página o tan pronto como fuera posible y tan a menudo como fuera posible”, explicaba Ditko (pp. 45).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 3: AMAZING FANTASY #15 EN DETALLE

Cuando dibujaba a Peter, Ditko quizás tenía en mente a su yo de quince años, “un perdedor con gafas, al que sus compañeros de clase recordaban como un estudiante con pocos amigos, más interesado en sus aficiones que en socializar con los demás” (pp. 32).

 

El que Peter fuera el sobrino de Tío Ben y Tía May y fueran ellos quienes lo criaran, daba a entender que había perdido a sus padres. Se trataba de una tradición habitual en la cultura popular, la del huérfano criado por sus tíos, que Stan Lee hizo suya (pp. 33).

 

Stan Lee no tenía ninguna aspiración intelectual al respecto de la ciencia ficción ni manifestaba, en esos primeros pasos de su proyecto, influencias de los maestros del género. El elemento científico funcionaba como catalizador, no como un escenario sobre el que buscar respuestas (pp. 34).

 

Esta fue una de las escasas ocasiones en las que Peter utilizó sus poderes sin el traje de Spider-Man. Según Ditko, Stan Lee estaba preocupado por la manera en que el Comics Code pudiera interpretar los ademanes arácnidos, lo que dio lugar a un debate entre los dos autores (pp. 34).

 

The Ed Sullivan Show se emitía en directo los sábados por la noche en la CBS. El Universo Marvel no era sino el mismo lugar en el que habitaban los lectores, cubierto por una capa de fantasía y diversión. Si el trepamuros debía ir a la tele, tenía que ser a un programa que todo el mundo conociera (pp. 35).

 

Según afirmó Eric Stanton, fue él quien sugirió a Ditko prescindir de la dichosa pistola de telarañas de Kirby y que éstas surgieran de sus manos. También plantó la idea de una Spider-Señal, oculta en el cinturón y que sirviera para iluminar a los delincuentes antes de darles caza (pp. 35).

 

 

Stan Lee explicaba así ese demoledor contraste entre el hombre y la araña: “Cuando Steve lo dibujaba, Peter Parker era un chico normal. Cuando Mister D. le ponía el uniforme, todo en Spider-Man era arácnido, desde la forma en que curvaba los dedos a la manera en que se movía” (pp. 36).

 

 

En la octava página del relato ocurría el suceso que marcaba para siempre la existencia del héroe. A la salida del espectáculo, era testigo inmóvil de cómo un policía perseguía a un ladrón, que lograba escapar. El agente reprochaba su pasividad al enmascarado, pero él le replicaba (pp. 36).

 

 

Conocido anteriormente como Whitepot (olla blanca), Forest Hills se sitúa en el centro de Queens y en aquel entonces era una zona con una elevada población judía en la que abundaban las hileras de casas similares a la de nuestro protagonista (pp. 37).

 

 

Para resaltar la sorpresa, Ditko dibujó dos diminutos puntos negros en los ojos blancos de la máscara arácnida. Fue la única vez en la que el artista optó por tal solución estética, que además fue eliminada en la mayor parte de las sucesivas reediciones del episodio, hasta su rehabilitación total ya en el inicio del siglo XXI (pp. 37).

 

A Ditko la frase le parecía excesivamente fuerte para los niños a los que estaba destinada, de manera que él no la hubiera utilizado, pero aquella sentencia estaba en el corazón de la manera de escribir de Lee (pp. 38).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

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