ULTIMATE X-MEN 9: TEMPORADA DE CAZA

Uno de los mayores atractivos del Universo Ultimate estriba en presentar conceptos de la Marvel clásica actualizados a los gustos, las inquietudes y, en definitiva, el Zeitgeist del siglo XXI. Cuando el guionista y el dibujante responsables consiguen reciclar esas ideas de manera imaginativa, surgen cómics capaces de algo tan mágico como tomar el pulso de la actualidad mediante las herramientas del pasado. Con “El juego más peligroso”, la historia principal que se incluye en este tomo, Brian K. Vaughan, atento a cuanto se movía a su alrededor, supo encontrar interpretaciones novedosas e innovadoras, que a la vez entraban en colisión, para dos enclaves de La Patrulla-X clásica tan diferentes, y sin conexión alguna, como son la Isla de Krakoa, el país de Genosha, además de ofrecer una revisión actualizada del villano llamado Mojo.

¿De dónde surgían aquellas ideas? Las de Krakoa y Genisha procedían de la fértil imaginación de Chris Claremont, quien permaneciera como guionista de los mutantes durante más de tres lustros, mientras que Mojo es creación de una de sus colaboradoras más cercanas, Ann Nocenti. Así, nos encontramos con que el debut, y una de las escasas apariciones de Krakoa, se sitúa en el Giant-Size X-Men#1 USA (1975. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X nº 1). En aquel episodio, Len Wein, Director Editorial de Marvel y escritor del episodio en cuestión, necesitaba una excusa para hacer desaparecer a los veteranos alumnos del Profesor Xavier. No fue él quien tuvo la ocurrencia de que una isla del Pacífico que hubiera sido objeto de pruebas nucleares cobrase vida para alzarse como grandiosa amenaza mutante, sino del que era entonces su ayudante, un Claremont que, con tan solo 25 años, sería poco después el encargado de guionizar las aventuras de la nueva formación de La Patrulla-X surgida de aquel episodio. El dibujante Dave Cockrum confirió a Krakoa un aspecto monstruoso y letal, a través de una espectacular página en la que se la tildaba como “¡La isla que camina como un hombre!”. La isla fue vencida por los mutantes y arrojada al espacio, con lo que los aficionados tardarían mucho tiempo en volver a saber de ella, y nunca tendría el mismo impacto que la primera vez. La importancia de Krakoa residía en su condición de instrumento para provocar la reunión de la nueva Patrulla-X, pero más allá de eso no daba para mucho más.

 

Distinto sería el caso de otro enclave geográfico, el de la nación de Genosha, “una tierra verde y agradable de esperanza y oportunidad. Donde la libertad es consigna”, según rezaba el lema con el que fue presentada por Claremont y el dibujante Rick Leonardi, en Uncanny X-Men #235 USA (1988). En realidad, Genosha servía de metáfora marvelita a la Sudáfrica del apartheid. Como allí, una minoría en el poder, en este caso los humanos, garantizaba su bienestar mediante el yugo sobre una mayoría oprimida, la de los mutantes, que habían sido esclavizados y se ocupaban de los trabajos más ingratos y peligrosos, en función de los poderes con los que contaran. En aquella primera aventura, La Patrulla-X encendía las llamas de la revolución, de manera que, al cabo de los años, Genosha terminó transformada en un paraíso mutante gobernado por Magneto, y posteriormente también en el escenario del mayor genocidio lanzado por los humanos contra el homo superior, al comienzo del New X-Mende Grant Morrison, en 2001. A partir de entonces, el nombre de aquel paraje, situado entre Madagascar y las Islas Seychelles, cualesquiera que fueran sus circunstancias, quedaría instalado para siempre en el imaginario de los aficionados a los mutantes.

 

Y por último está Mojo, el concepto de los tres que más difícil engarce tiene en la mitología de La Patrulla-X. Presentado originalmente en la miniserie de Longshot realizada por Ann Nocenti y Arthur Adams en 1985, Claremont lo integraría en su entorno junto al mencionado héroe, a partir de Uncanny X-Men Annual#10 USA (1987). Mojo pertenece a una raza de seres que carecen de espina dorsal, lo que le obliga a moverse a través de una silla cibernética, y dirige Mojoverso, una dimensión cuyos habitantes están enganchados a los productos televisivos que él produce.  Criatura monstruosa y nauseabunda, el villano parodiaba abiertamente a los programadores televisivos, obsesionados por conseguir audiencia a cualquier precio, incluido el de la inteligencia de sus clientes.

 

Para unir estos tres conceptos que en principio no parecen tener puntos comunes (y de hecho nunca han coincidido en la continuidad clásica), Vaughan recurriría a un cuarto elemento, esta vez externo a los cómics, pero que a mediados de la primera década del siglo XXI había alcanzado una enorme popularidad entre los aficionados a la cultura popular. Se trataba de Battle Royale(2000), filme japonés basado en la novela de Koushun Takami y dirigido por Kinji Fujasaju, que contaba con el legendario Takeshi Kitano como principal atracción dentro del elenco, aunque los verdaderos protagonistas eran los adolescentes, casi niños, que tenían que enfrentarse a muerte entre ellos en el entorno de una isla desierta modificada tecnológicamente para contar con las más mortíferas trampas. El argumento de esta cult moviebasta para deducir la manera en la que Vaughan buscó la manera de trasladar el material del filme a un relato protagonizado por La Patrulla-X y de identificar sus elementos básicos con Krakoa, convertida en la isla-plató de TV en la que tienen lugar las batallas entre los mutantes; con Mojo, en el papel del maestro de ceremonias de este circo perverso, y con Genosha, como el país cuyos habitantes disfrutan del macabro espectáculo.

 

La mezcla dio lugar a los más sabrosos resultados. Brian Michael Bendis, el patriarca del Universo Ultimate, supo verlo de inmediato, de manera que no tardó en reaprovechar todo aquel caudal imaginativo para una de las aventuras del Spiderman Definitivo, detalle que señala lo acertado del planteamiento del guionista interino de Ultimate X-Men. Porque Vaughan no buscaba inventar la pólvora ni revolucionar el medio; se seguía viendo como el autor provisional de la serie, en espera de que llegara ese Bryan Singer que nunca haría acto de presencia. Su estancia en la serie se vería prorrogada una y otra vez, en pequeños periodos que se traducirían a su vez en cortas historias, ante la imposibilidad de construir argumentos con el largo plazo en mente. Otros dos de esos relatos completan este volumen: un episodio autoconclusivo protagonizado por Charles Xavier en que se presentaba un mutante creado en exclusiva para el Universo Ultimate, y un arco de apenas dos números, centrado en la rivalidad entre Lobezno y una Dama Mortal que debutaba en esta realidad tomando el mismo aspecto que le diera la actriz Kelly Hu en X-Men 2. Después, llegaría la despedida de Vaughan, y además por la puerta grande, nada menos que con el regreso de Magneto, pero eso lo veremos en el próximo volumen.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 9

ULTIMATE X-MEN 7: LA SIGUIENTE GENERACIÓN

Al contrario que otros grupos de superhéroes, que suelen presentar una alineación más o menos fija, la esencia de La Patrulla-X consiste en cambiar en sucesivas oleadas que, en muchas ocasiones, arrasan con casi todo lo anterior. Ese fue, durante la mayor parte de su existencia, el rasgo distintivo de la colección clásica. Para su segundo y último arco argumental en Ultimate X-Men, Brian Michael Bendis quiso importar el espíritu que había llevado a presentar subsiguientes generaciones del homo superior, y para ello contó una vez más con el extraordinario arte de David Finch.

 

En el principio, fue La Escuela del Profesor Xavier para Jóvenes Talentos, con cinco únicos alumnos, todos ellos adolescentes y nacidos en Estados Unidos. La que luego se conocería como La Patrulla-X original extendió su vigencia desde 1963 a 1975, aunque bien es cierto que, durante la primera mitad de la década de los setenta, simplemente existió gracias a las reediciones de antiguas aventuras. El equipo fundador, el compuesto por Cíclope, La Bestia, El Hombre de Hielo, El Ángel y La Chica Maravillosa, contaría con algunas pocas incorporaciones, como las de Kaos y Polaris o un personaje casi olvidado, El Mímico.

 

En 1975, se produjo el primer cambio radical en las filas del equipo, lo que se dio en conocer como la Segunda Génesis. Los anteriores miembros, salvo Cíclope, abandonaron La Patrulla-X, para dar la bienvenida a una formación de carácter internacional, con Lobezno, Coloso, Rondador Nocturno, Tormenta, Banshee, Fuego Solar y Ave de Trueno, aunque estos dos últimos no permanecerían demasiado a bordo, el primero porque decidió abandonar tras la primera misión y el segundo porque murió. Habría algunas incorporaciones, como la de Fénix (anteriormente conocida como Chica Maravillosa), Kitty Pryde o Pícara, mientras que Banshee se retiraría al cabo de un tiempo.

 

Además de que cada integrante perteneciera a una nacionalidad diferente, había otro hecho diferencial que alejaba a la Segunda Génesis de la Primera. Mientras que estos en el momento de ingresar en el equipo eran jóvenes que acababan de descubrir sus poderes, los que vinieron después eran ya adultos con un pasado a sus espaldas, en algunos casos tan rico y pendiente de explorar como el de Lobezno. Esta circunstancia, dio que pensar a Chris Claremont y John Byrne, autores de The Uncanny X-Men a finales de los años setenta y principios de los ochenta.

 

Los mutantes no eran el resultado de accidentes fortuitos, de mejoras químicas o cibernéticas o del mero entrenamiento. Sus poderes procedían de una modificación en el código genético. De forma inexorable, cada vez nacerían más, porque estaban destinados a convertirse en el sustituto del homo sapiens en algún momento de un futuro indeterminado. Cada generación, por lo tanto, contaría con “nuevos mutantes”, nuevos jóvenes en los cuales despertaría el gen-X y que entonces requerirían de alguien, como el Profesor Charles Xavier, que les guiara en el camino a seguir. Su escuela continuaría así con la misión para la que fuera creada, y los primeros alumnos terminarían por graduarse para emprender el siguiente capítulo de su vida o para servir de profesores. Además, y en igual medida que como había ocurrido anteriormente cuando Magneto creó su Hermandad de Mutantes Diabólicos en oposición a La Patrulla-X, podrían surgir otras iniciativas de centros de enseñanza para mutantes cuyos fines no fueran tan benignos como los de Xavier, sino que quisieran servirse de sus poderes para el beneficio privado.

 

Kitty Pryde apareció como el ejemplo de la que sería la siguiente generación de mutantes, aunque los lectores le cogieron tanto cariño que simplemente se integraría en La Patrulla-X. Con ella, también apareció Emma Frost, la Reina Blanca del Club Fuego Infernal, que aspiraba a que Kitty fuera su alumna. No lo consiguió, pero llamaría a la puerta de otros que responderían afirmativamente. Mientras tanto, Xavier acogía a la Tercera Génesis, pero esta vez no eran los sustitutos del anterior grupo, sino hombres-X en entrenamiento, chavales que debían aprender a utilizar sus poderes antes de lanzarse a la acción y que recibirían el nombre de Nuevos Mutantes. Sus enemigos naturales, claro está, serían los alumnos de Emma, conocidos como Infernales.

 

Su origen tuvo lugar en Marvel Graphic Novels #4 USA (1982. Marvel Gold. Los Nuevos Mutantes: Tercera génesis), y contarían luego con una larga colección que permanecería en activo casi un centenar de números y varios especiales. La tradición continuaría con nuevas iniciativas, como Generación-X (1994), esta vez bajo la tutela de una Emma Frost que había cambiado de bando, la Academia-X (2004) o, más recientemente, los alumnos del Instituto Jean Grey.

 

Esta sucesión de generaciones mutantes ha supuesto un gran problema a la hora de trasladar el concepto de La Patrulla-X a otros medios. Históricamente, tanto el cine como la televisión, han elegido, en primera instancia, arrancar con un grupo más o menos icónico, que aúne miembros de las dos primeras génesis de mutantes, para luego, en sucesivos capítulos y una vez consagrada la iniciativa, dar pie al obligado recambio generacional, para el que se suele recurrir a personajes menos conocidos, pero igualmente queridos por los aficionados. Se producen circunstancias tan llamativas como que, en la franquicia cinematográfica de X-Men, el grupo básico esté compuesto por Cíclope, Jean Grey, Tormenta y Lobezno (un equilibrio entre La Patrulla-X de Stan Lee y Jack Kirby y la internacional de 1975), mientras que las nuevas oleadas de mutantes incluirían al Hombre de Hielo o al Ángel, ambos figuras clave del arranque de los tebeos, pero que por su menor comercialidad tuvieron que esperar su oportunidad en el cine. El Séptimo Arte, que buscaba simplificar las cosas con respecto al cómic, se complicaría por sí mismo, cuando introdujo una primera Patrulla-X nunca antes vista, anterior a la del filme que abrió la franquicia, y para la que de nuevo fue necesario acudir a personajes secundarios.

 

Todo ello nos devuelve al Universo Ultimate, donde Mark Millar compuso un equipo casi calcado del de la primera película y luego fue agregando puntualmente otros personajes. Pasados cuarenta números, y con Brian Michael Bendis ya como guionista, éste consideró que era el momento apropiado para introducir otra oleada de jóvenes mutantes. Para hacerlo, se sirvió de todo lo que tenía a su disposición: Los Nuevos Mutantes darían nombre a la aventura, por allí estaría Emma Frost y su escuela, aunque, teniendo en cuenta la evolución del personaje en el Universo Marvel tradicional, obviaría su pasado de villana, y, tal y como había ocurrido en el cine, introduciría mutantes que formaban parte de toda la historia de la franquicia. Sería el momento para que El Ángel por fin extendiera sus alas en el Universo Definitivo, pero también para inesperadas adquisiciones, como la de Dazzler, sin olvidarse de Kaos y Polaris. Lo más curioso es que, de todos los personajes introducidos en esta historia, sólo uno de ellos, Karma, había surgido de la colección clásica de Los Nuevos Mutantes.

 

Concluida su interinidad, Bendis abandonaría luego la serie, en las inmejorables manos de Brian K. Vaughan, del que hablaremos en el próximo tomo. Pese a su corta estancia, dejaría un importante legado a sus espaldas. Como suele decirse, después de la llegada de estos nuevos mutantes, La Patrulla-X Definitiva nunca volvería a ser la misma.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 7

ULTIMATE X-MEN 6: EL GRAN RETO DE BRIAN MICHAEL BENDIS

El término “blockbuster” significa superproducción, y se ha aplicado para denominar a esas películas de elevadas ambiciones comerciales que los grandes estudios suelen programar en la temporada veraniega o navideña. Blockbusters son tanto las monstruosidades de Michael Bay como los más ambiciosos filmes de Marvel Studios, tanto la saga de Harry Potter como la de Batman. El elemento común es la enormidad, que se refleja en todos los aspectos: un reparto con grandes nombres que atraigan a las masas, un gigantesco presupuesto, espectaculares efectos visuales, una trama con multitud de escenarios, escenas complejas y casi imposibles de rodar…

Si hubiera que hablar de blockbusters en la industria del cómic, no hay ningún referente a la altura de la línea Ultimate, presidida por la idea de que cada arco argumental debe de ser, en sí mismo, un gran espectáculo. Miras las aventuras de los Ultimates, y no tienen nada que envidiar a un estreno de 200 millones de dólares. Te fijas en las diferentes sagas de Ultimate X-Men, y siempre van más allá de lo que nunca soñarían en llegar las películas de los mutantes de Marvel. Lees el origen de Los 4 Fantásticos definitivos y lo primero en lo que piensas es que ojalá hubiera sido así en el cine. Este planteamiento en que la grandilocuencia está en el centro de todo es el que habitualmente asociamos a los trabajos de Mark Millar. La otra mente sobre la que se asentó la creación del Universo Ultimate, la de Brian Michael Bendis, no funciona así. Las historias de Bendis son marcadamente espontáneas y naturalistas. El tratamiento de personajes brilla por encima de la acción, que en muchas ocasiones se reduce a la mínima necesidad, hasta el punto de que el escritor se hizo popular por tebeos tan fundamentales como el Ultimate Spider-Man #13 USA (Ultimate Spiderman: Curva de aprendizaje), un relato centrado en su totalidad en una conversación entre Peter y Mary Jane.

 

Cuando Mark Millar decidió abandonar Ultimate X-Men, parecía imposible sustituirle. Sorprendió entonces que Marvel optara por Bendis, e incluso que éste aceptara el puesto, dado que, cuatro años antes, ya había sido el elegido para poner en marcha la cabecera, para luego desistir de tal misión, después de intentar en varias ocasiones dar con el tono que deberían tener los mutantes, sin llegar a conseguirlo. ¿Qué había cambiado en 2003? Para entonces, la relación entre Bendis y Marvel se había vuelto cada vez más estrecha, de manera que, en ese momento, estaba escribiendo, además de Ultimate Spiderman, las aventuras de Daredevil, en una etapa que se estaba llevando el aplauso unánime de todos, así como Alias, una serie para lectores adultos en la que se exploraba la trastienda del Universo Marvel. Su compromiso con la editorial era tan elevado que, cuando la marcha de Millar dejó huérfanos a los mutantes definitivos, no tuvo inconveniente en dar un paso adelante y ofrecerse a escribir una saga de seis números. Durante la interinidad, en La Casa de las Ideas tendrían el tiempo suficiente para encontrar al sustituto definitivo. En el apartado artístico, David Finch, que había dibujado algunos de los últimos episodios de Millar, pasaría a primer plano. Y quizás fuera su presencia la que lo cambió todo.

 

Heredero del hiperdetallismo y la adrenalina propia de la Image de los noventa, Finch se había criado como artista a la sombra de Marc Silvestri, de la que apenas comenzaba a despegarse cuando fichó por Marvel. Al ver sus lápices, Bendis fue consciente de que se trataba de un dibujante que brillaba en las batallas, en las explosiones, en la acción pura y dura, no en la quietud ni en las conversaciones espontáneas que eran tan habituales en sus cómics. Fue cuando se impuso un reto: ¿Sería capaz de hacer un cómic-espectáculo, tal y como los hacía Millar? ¿Conseguiría crear su propio “blockbuster”?

 

La principal dificultad que para el guionista entrañaba La Patrulla-X consistía en encontrar el equilibrio entre los diversos integrantes, de forma que todos tuvieran voz propia y participaran de la historia. Nunca había hecho nada similar. El tiempo transcurrido desde la primera vez que lo intentó le serviría para calmar los miedos y jugar con elementos procedentes de Ultimate Spiderman, derivados de la relación que había establecido el trepamuros en sus encuentros con los mutantes y, en especial, con Lobezno. El hombre-X de las garras de adamántium había sido el invitado en la primera historia de Ultimate Marvel Team-Up, un relato en el que ya se intuía el interés de Bendis por profundizar en la dinámica entre los dos héroes. Sentía que la diferencia de edad influía en su relación, de forma que Peter ve a Logan como un tipo fascinante, como si Clint Eastwood fuera a su casa a pedirle ayuda: un sueño de adolescente hecho realidad. En la dirección opuesta, Logan siente que el chaval es un incordio y llega a tratarle, en palabras del guionista, como basura. El impulso para unir a ambos estaba en el pasado de Lobezno, que volvía para perseguirle. En ese sentido, “Blockbuster” podía calificarse como una secuela de “Regreso a Arma-X”, pero Bendis optó por seguir la filosofía de Alfred Hitchcock: lo determinante de la historia está en mostrar a los personajes en una situación límite que permita conocerles mejor, mientras que el engranaje que pone todo en movimiento no es más que una excusa, un mcguffin.

 

Partir de una aventura de Lobezno en solitario a la que progresivamente se unirían nuevos personajes, hasta completar un extenso reparto, apareció ante los ojos de Bendis como la manera más efectiva de adaptarse a la fórmula de cómic de supergrupo. La trama incorporaría primero a Spiderman y luego a Daredevil, en una extensión de las historias narradas en el Team-Up, para que finalmente irrumpiera la propia Patrulla-X, porque no en vano sus integrantes seguían siendo los titulares de la cabecera.

 

La experiencia colmó los deseos de que Ultimate X-Menperviviera más allá la marcha de su creador, pero fue todavía más allá. Bendis disfrutó tanto de ella que decidió quedarse en la serie un tiempo más del inicialmente previsto. Su colaboración con Finch resultó tan fructífera que pronto empezó a pensar en qué harían a renglón seguido. Y la química que consiguió establecer entre Lobezno, Spiderman y Daredevil sirvió para que se olvidara de cualquier reticencia previa a escribir cómics protagonizados por equipos de superhéroes, además de ayudarle a descubrir el atractivo de unir rincones en apariencia inconexos. Sin que ni siquiera fuera consciente de ello, en su cabeza empezaban a surgir las ideas que llevarían a un profundo cambio dentro de Marvel.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 6

ULTIMATE X-MEN 5: EL MUNDO COMO PREMIO

2003 fue un año en el que grandes proyectos que habían comenzado algún tiempo atrás llegaron a su final. En cines, concluyeron trilogías tan importantes como las de Terminator, Matrixy El señor de los anillos. En lo que a Marvel respecta, se puede dar por terminada la época de experimentación con la que había arrancado el siglo. Asentadas sus grandes franquicias fílmicas (Spider-Man y X-Men), los acuerdos que estaban cristalizando con algunas productoras dieron lugar al salto de personajes menos populares, como Hulk o Daredevil. Todavía faltaba un tiempo para que Bill Jemas, el presidente de la editorial, que había erigido el riesgo por bandera, abandonara Marvel, pero lo cierto es que su influencia ya estaba en caída libre, mientras que Avi Arad, en lo más alto de la cadena alimenticia de La Casa de las Ideas, buscaba una fórmula para llevar a cabo el recambio de la forma más discreta posible.

 

Los movimientos alrededor del Universo Ultimate ejemplifican este cambio de época. Había sido el proyecto más ambicioso de Jemas y aquél que había ofrecido mejores resultados a Marvel, pero lo cierto es que, una vez asentada la línea, en la editorial se proponían llevar sus presupuestos de relevancia y espectacularidad a las publicaciones más clásicas, un movimiento que enseguida se consumaría con el fichaje de Joss Whedon para escribir Astonishing X-Meny el salto de Brian Michael Bendis a Los Vengadores. Hasta entonces, el Universo Ultimate había estado orquestado alrededor de Bendis y de su compañero Mark Millar. A partir de ese momento, ambos consagrarían sus esfuerzos al Universo Marvel convencional, el primero a través de la renovación de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra, el segundo con impresionantes etapas en Lobezno y Spiderman.

 

Bendis amaba Ultimate Spider-Man por encima de todas las cosas y mientras estuviera dispuesto a seguir escribiéndola, en Marvel no tenían inconveniente en que así fuera. El caso de Millar era bien distinto. La filosofía de la que siempre había presumido es que no permanecería en ninguna serie más allá de lo estrictamente necesario. Para el escocés, la medida perfecta era un año de tebeos. En ese margen, daba tiempo a narrar aventuras tan intensas como espectaculares. Es lo que haría, de hecho, con el mutante de las garras de adamántium y con el trepamuros. Pese a que algunas habían señalado las semejanzas entre Millar y Bendis, eran más destacables sus diferencias. Mientras el primero volaba por libre, el segundo, quien lo iba a decir del que fuera uno de los mayores abanderados de la independencia en el cómic, se introduciría hasta la cocina en el engranaje de La Casa de las Ideas.

 

Lo sorprendente, por tanto, no fue que Mark Millar abandonara las labores literarias de Ultimate X-Men una vez concluido el tercer año de vida de la serie, sino que un culo inquieto como él tardara tanto en hacerlo. En aquel momento, el título seguía instalado en unas excelentes cifras de ventas, que todavía mejoraban más con el lanzamiento de tomos recopilatorios en los más diversos formatos. Millar recuerda que los ingresos que le llegaban por los mutantes eran extraordinariamente elevados, pero decidió que era el momento de dejarlo, por más que todos los que le rodeaban dijeran que estaba loco y por más que se hubiera encariñado con los personajes. Se sentía un tanto como Peter Jackson, el director de la trilogía de El señor de los anillos, satisfecho por llegar al final pero melancólico por despedirse de sus compañeros de camino. No es extraño que la última saga recibiera el título de “El retorno del rey”, en claros paralelismos con el último largometraje de la trilogía de los anillos: la lectura metalingüística era evidente. Pero “El retorno del rey” hacía alusión también a la vuelta del primer y esencial villano de La Patrulla-X: Magneto se disponía a lanzar su órdago definitivo contra la humanidad, algo que venía cocinándose desde muchos números atrás y que permitiría a Millar enlazar su historia con todos los grandes temas que había utilizado hasta ese momento, sin renunciar tampoco a su idea de que cada arco de Ultimate X-Men respondía a la manera en la que él veía las películas de Bryan Singer y cómo éstas podían dar un paso más allá en el papel impreso

 

Todo había empezado como en el cómic original de Stan Lee y Jack Kirby, con el enfrentamiento dialéctico entre Charles Xavier y Magneto acerca de la posición de los mutantes con respecto a la humanidad. Estaba el pacifista Xavier y el terrorista Magneto, y con eso Millar había compuesto una melodía que, partiendo de un modelo escrito en los años sesenta, conseguía ofrecer una parábola sobre la época moderna. Como si de un blockbusterveraniego se tratara, “La gente del mañana” finalizaba con una gigantesca explosión de la que cabía inferir la muerte de Magneto. Sin embargo, al final de “Regreso a Arma-X”, el siguiente volumen de la serie, Xavier reveló que Magneto seguía con vida y que formaba parte de la siguiente fase de su plan de integración de los mutantes en la sociedad. El mentor de La Patrulla-X demostraba, como ocurría en las películas de Singer, una fe inquebrantable en sus semejantes, incluso en aquellos que se habían demostrado más allá de toda redención. Y sí, el Magneto desprovisto de sus recuerdos parecía haber dejado atrás el odio… Pero el espejismo duró tanto como la amnesia. Recuperada la memoria, el villano volvía a golpear, lo que llevaría al choque de La Patrulla-X contra los Ultimates en “Ultimate War”, y de ahí a la aventura que nos ocupa, en la que Magneto se lanza a la dominación global.

 

El espectáculo pirotécnico está ahí, trazado con maestría por Millar a través del gigantesco arte de los dibujantes: Adam Kubert, el artista con el que arrancara el proyecto, y David Finch, aquél que se quedaría aquí tras la marcha del escritor. Por encima de los fuegos de artificio, “El retorno del rey” es la historia de dos amigos que se han distanciado lo indecible. Al contrario que el Magneto cinematográfico que luego mostraría X-Men: Primera generación, que recorre el camino hacia el lado oscuro como consecuencia de su tragedia vital y que, aún siendo responsable de la discapacidad de Xavier nunca pretendió causarla, el Magneto de Millar ha borrado cualquier rasgo de humanidad, y el momento que marca tal renuncia se produce cuando no sólo vuelve la espalda a Xavier sino que se decide a eliminarlo. Primero de muchos intentos: mientras Erik siempre tratará de acabar con su vida, Xavier siempre tratará de recuperar al amigo que una vez tuvo, y quizás sea su mayor error porque, como bien intuye el lector, Magneto está más allá de la redención. Es el villano definitivo de esta Patrulla-X definitiva, algo que demuestra con cada uno de sus actos, refinadas maneras de acabar con sus enemigos revestidas de una falsa nobleza.

 

“El retorno del rey” señala un brillante final a una época irrepetible. A Ultimate X-Mentodavía le quedarían grandes momentos por ofrecer a los lectores, algunos de la mano de un Bendis que aceptó caballerosamente sustituir al que había sido su compañero durante esos trascendentales años. No obstante, estos mutantes nunca llegarían a brillar tanto, ni La Patrulla-X nunca sería tan icónica y esencial como cuando Millar guiaba su destino.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 5

ULTIMATE X-MEN 4: EL EXORCISMO DE JEAN GREY

¿Cómo adaptar, actualizar, homenajear e incluso superar una de las mejores aventuras de la historia del cómic, reconocida mundialmente como la cúspide de las sagas del Universo Marvel en general y de La Patrulla-X en particular? Con mucho cuidado, pero sin miedo al fracaso. Con mucho talento, consciente de que se está emulando a dos genios del Noveno Arte, como fueran Chris Claremont y John Byrne en su mejor momento creativo, y con unas gotitas de ego, algo que no puede decirse que le falte a Mark Millar.

Corría 2003, y Ultimate X-Men ya se había consolidado como uno de los cómics más rompedores que podía encontrarse en el mercado. La cabecera conseguía caminar por el delicado filo en el que confluía el atrevimiento y la personalidad de Millar a la hora de narrar epopeyas superheroicas, el homenaje al concepto original de los mutantes de Marvel y la referencia a las adaptaciones que estaba llevando a cabo el Séptimo Arte. El 2 de mayo se estrenaría la segunda parte de la franquicia, aunque en Marvel ya tenían una idea bastante aproximada de que no sólo abordaría el tema de Arma-X, motivo que había llevado a Millar a ofrecer su propia versión de la historia en el segundo arco argumental de Ultimate X-Men, sino que habría sorpresa final: algo relacionado con Jean Grey. La admiración que Bryan Singer había confesado hacia El imperio contraatacapermitía aventurar la posibilidad de un final en continuará, y que ese continuará no fuera otro que el nacimiento de Fénix. El tema estaría ahí, por lo que convenía acometerlo cuanto antes también en la versión definitiva de los cómics, y que la ocasión coincidiera con la llegada al #25 USA se antojaba como una excelente manera de celebrarlo.

 

Millar era consciente de que Singer y los suyos, de cara a tomar la saga original como referencia, aplicarían el mismo método utilizado con anterioridad: quedarse únicamente con aquello que les pudiera servir a su idea realista y relevante de los mutantes. Era, de hecho, lo que él mismo venía haciendo en Ultimate X-Men, así que no había nada que objetar, puesto que su proceso creativo era muy similar, cuando no idéntico. En la continuidad tradicional, Jean Grey se había transformado en Fénix en Uncanny X-Men#101 USA(1976. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-Xnº 1), como consecuencia de un trauma que le llevaba a forzar sus habilidades al máximo. De haber sido el eslabón débil del equipo, había pasado a alzarse como la equivalente a Thor en Los Vengadores: el miembro más poderoso, el que podía resolver las situaciones complicadas. Pero en realidad Chris Claremont y John Byrne trataban de narrar una metáfora sobre la perversión del poder. En una larga trama argumental, llevaron a Jean a la locura, hasta el punto de que aniquiló toda una civilización alienígena. El imperio galáctico de los Shi’ar se propondría entonces eliminarla, pero Jean acabaría el trabajo por sí misma, al suicidarse en el mítico Uncanny X-Men#137 USA (1980. MG: IPX nº 2). Revisiones posteriores de la historia servirían para señalar a Fénix como una fuerza de la naturaleza, que se encarnaba a través de un huésped, e incluso se llegaría a resucitar a Jean Grey, en un abracadabrante episodio del que la propia Casa de las Ideas se arrepintió al cabo del tiempo.

 

Con todas esas complejidades alrededor de la historia, Millar empezó a escoger todo aquello que le resultaba relevante y desechar todo lo demás. En su historia no tendrían cabida ni alienígenas ni giros argumentales absurdos, algo que ya había apuntado Singer que también eludiría en las películas. En cambio, el concepto de ente incorpóreo que se encarna en una persona elegida sí que lo consideraba capital. Donde Claremont había visto una entidad cósmica, Millar pensaba mejor en una posesión demoniaca, en línea con El exorcista, el filme de 1973 basado en la novela del mismo título escrita dos años antes por William Peter Blatty. Jean Grey bien podía ser alguien que hubiera pasado por un trauma similar al de la protagonista de la película. Charles Xavier habría hecho las veces de exorcista en el pasado… Pero ahora los demonios volvían con más fuerza que nunca, lo que conduciría al guionista al siguiente paso dentro de la trama. ¿Por qué? Ahí estaba el Club Fuego Infernal, la organización que en el cómic original había propiciado la locura de Jean, encajaba en sus propósitos. Veinte años atrás, “A Touch Of Brimstone”, un episodio perteneciente a la cuarta temporada de la mítica serie inglesa de Los Vengadores emitido en 1966, había servido de inspiración a Claremont y Byrne. En él se presentaba a una sociedad compuesta por ricos y acaudalados que vestían de época y planeaban el asalto al poder. En su traslación al cómic, se añadió el detalle de que fueran mutantes, pero se mantuvo el aspecto decadente de sus miembros, incluida una Jean Grey a la que vestían con un espectacular y lascivo corsé negro, que en 1980, momento de publicarse “La saga de Fénix Oscura”, impresionó mucho a los lectores. La versión Ultimate del Club no se alejaría demasiado de eso. Más aún, profundizaría en las raíces arcaicas de la idea. Otro elemento que Millar quiso respetar fue la llegada de Kitty Pryde, la integrante más joven de La Patrulla-X, cuya presentación en Ultimate X-Menes casi literal con respecto a la que se llevó a cabo en Uncanny X-Men #129 USA.

 

Y por si fuera poco, el drama particular de Jean Grey no serviría sino para conectar, sin un minuto de respiro, con otro evento de proporciones descomunales: el primer gran crossoverentre personajes del Universo Ultimate. Anteriormente, Spiderman ya se había encontrado en el camino de muchos de sus colegas superheroicos, en las páginas de Ultimate Marvel Team-Up, pero Millar quería ir un paso más allá: recuperar el espíritu de los primeros choques entre los grupos de La Casa de las Ideas, cuando todavía no se conocían entre ellos y cualquier excusa era buena para que se produjera una monumental batalla. Como todo tiene que ser grande en la imaginación del escocés, la excusa era un atentado terrorista perpetrado por cierto villano mutante, que guardaba grandes ecos con los ataques del 11-S, muy frescos en la memoria mundial apenas dos años después de haberse producido. Fue la manera en que los Ultimates se enfrentaran contra La Patrulla-X, en una historia en cuatro episodios que, dada su importancia capital, se decidió extraer de la cabecera de este último grupo, aunque estuviera plenamente integrada en los acontecimientos que se estuvieran desarrollando en ella, como prueba el hecho de que siempre se haya recopilado conjuntamente con la misma, como ocurre en este volumen.

 

Pero Ultimate Wartampoco marcaría un punto y final, todo lo contrario: asentaría las bases para el último arco argumental de Ultimate X-Menescrito por Mark Millar, una despedida apoteósica de una etapa que, como aquélla de Claremont y Byrne con la que compartía tantas semejanzas, no hacía sino aumentar el riesgo de sus apuestas con cada paso que daba.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 4

ULTIMATE X-MEN 3: MUTANTES POR EL MUNDO

Uno de los elementos que popularizó a La Patrulla-X a finales de los años setenta fue su querencia viajera, la manera en la que el destino les conducía a los más exóticos y variopintos lugares. A lo largo de un largo ciclo argumental que, en cierta forma, rememoraba la etapa que hubieran firmado un lustro antes Roy Thomas y Neal Adams, los mutantes viajaron primero a la Antártida, luego a la Tierra Salvaje, acto seguido a Japón, para luego pasar por Canadá, regresar momentáneamente a casa y, finalmente, llegar hasta Escocia, mientras se enfrentaban a circunstancias diferentes en cada lugar, lo que incluía a algunos de los peores villanos con los que se hubieran encontrado nunca.

 

El primero fue su archienemigo Magneto, pero luego pasaron a encontrarse con otros menos conocidos, como Garokk o Moses Magnum; a chocar contra Alpha Flight, el grupo canadiense que quería llevar a Lobezno de vuelta a su país; a ser aprisionados por Arcade, un asesino a sueldo con un desquiciado sentido del humor; para llegar, al fin, al encuentro con Proteo, el que llegó entonces a considerarse la peor amenaza a la que se hubiera enfrentado jamás La Patrulla-X, en unos dramáticos y electrizantes episodios que merecieron el Premio Eagle y refrendaron a Uncanny X-Mencomo “la colección a seguir”.Aquellos tebeos, que están publicados en castellano en los dos primeros tomos de la colección Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X, siguen marcando hoy en día cuál es el espíritu a seguir por aquellos autores que se hagan cargo de los mutantes.

 

Como responsable de la recreación de los mitos mutantes a través de Ultimate X-Men, Mark Millar era consciente de la manera en la que ese periplo había servido para ampliar la esfera de acción de La Patrulla-X y abrirla al mundo entero, por eso, en cuanto tuvo oportunidad de hacerlo, quiso reproducir el concepto, aunque desde su propia perspectiva. Así, si el primer arco argumental (Ultimate X-Men: La gente del mañana), seguía el espíritu y el tono de la primera película de Bryan Singer y el segundo (UXM: Regreso a Arma-X) se adelantaba a lo que podría ofrecer la secuela, en la siguiente aventura que habría de acoger la serie quiso volver a las fuentes originales, si bien es cierto que Singer había mencionado a Proteo como su villano favorito, lo que le colocaba en primera línea de salida para convertirse en el villano de X-Men 3… Algo que sin embargo nunca ocurrió, ante el abandono de la franquicia cinematográfica por parte del director. En todo caso, y fiel al espíritu de la Línea Ultimate, Millar partió de los elementos básicos con los que habían contado Chris Claremont y John Byrne en su momento para, a continuación, llevar la narración a su terreno, concibiendo en el proceso una historia completamente nueva, que obedecía a una motivación surgida del camino hacia donde había encaminado la serie hasta entonces.

 

Porque Millar ya había apuntado en “La gente del mañana” que Charles Xavier se proponía extender su discurso hasta los confines de la Tierra, que quería hacer ver a la humanidad que los mutantes podían y debían formar parte de ella. Era la “Fase Dos”, de la que el mentor de La Patrulla-X había hablado a Cíclope en la última página de la mencionada aventura. En concreto, se trataba de realizar una gira mundial en la que Xavier presentaría el libro en el que proclamaba la igualdad de las razas y sus deseos de coexistencia, pero sobre todo en la que daría a conocer a sus alumnos, no como el peligro con el que habían sido identificados, sino como la fuente de esperanza en que habían llegado a convertirse bajo sus enseñanzas. Al contrario de lo que sucedía en la saga original, en la que el viaje aparecía como una circunstancia forzada por elementos externos incontrolables, en esta revisitación modernista son los propios mutantes quienes deciden salir del caparazón y, a la par que se proclaman como protectores de la humanidad, se presentan como el equivalente a estrellas de rock, de ahí que el título de la aventura no pueda ser más acertado.

 

Londres, San Petersburgo, Berlín, el mar de Barents… Esta es la ruta tomada por La Patrulla-X Definitiva, en la que destaca, por encima de cualquier otro destino, el de Escocia, la tierra natal del propio Millar, quien no se resiste a ofrecernos su particular visión del lugar que mejor conoce, no siempre agradable, pero sí salpicada de cariño. Es allí donde se sitúa un enclave muy especial para el homo superior, la Isla Muir, lugar imaginario del Universo Marvel donde encontramos a Moira McTagger. La que fuera amor de juventud de Xavier es también la mayor genetista sobre la faz de la Tierra… Así como la madre de Proteo, ese villano fundamental al que nos referíamos antes.

 

Mientras que Adam Kubert se ocupa del comienzo de la saga, es un nuevo dibujante, Chris Bachalo, quien se encarga de la parte relativa a Proteo. Aquí se conjugaron varias circunstancias que hicieron necesario el relevo. La previsión inicial para Ultimate X-Men pasaba porque Andy, el hermano de Adam, se alternara con éste siempre que fuera necesario. El editor de la cabecera, Mark Powers, había trabajado con ambos durante largos años, dentro de la Franquicia Mutante convencional, de manera que era plenamente consciente de la necesidad de tales suplencias, puesto que sabía de la lentitud de Adam a la hora de acometer sus encargos. El problema es que, tras las primeras alternancias entre los dos hermanos, Andy, el menor de ellos, fue requerido por la dirección de Marvel para un ambicioso proyecto, Lobezno: Origen, con el que La Casa de las Ideas se atrevía a desentrañar la génesis de uno de sus más populares personajes. Con Andy fuera de la ecuación, en lugar de buscar algún dibujante que imitara el estilo de Adam, se optó por recurrir a Bachalo, que se encontraba en las antípodas de los Kubert, pero cuyo estilo caricaturesco y oscuro, aunque también espectacular, contribuiría a aportar un tono terrorífico a Proteo, cuyos poderes invitaban al escalofrío del lector. El resultado final hace de “Gira Mundial” la aventura de Ultimate X-Menmás inusual de todas: contiene el alto grado de acción, emociones y diálogos afilados a los que nos tiene acostumbrado Millar, pero se interna en la senda de lo siniestro y pesimista, algo a lo que contribuye su pesimista conclusión. El mensaje que subyace debajo del armazón viene a decirnos que La Patrulla-X representa la esperanza, pero lo hace en un mundo inundado por terribles fuerzas capaces de sumergirlo en las tinieblas.

 

El volumen se completa además con una pequeña historia, de apenas dos números, con un equipo invitado, el que forman Chuck Austen, escritor que acabaría por tener una larga y polémica etapa dentro de la Marvel de principios del siglo XXI, y Esad Ribic, titán del cómic que ya había tenido oportunidad de acercarse a los mutantes, en La Patrulla-X: Hijos del átomo. Ambos presentan a Gambito, un aventurero cuyo rumbo estaba destinado a encontrarse con el de los alumnos de Xavier.

 

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 3

ULTIMATE X-MEN 2: LAS ENTRAÑAS DE ARMA X

Para el segundo arco argumental de Ultimate X-Men, Mark Millar se propuso sumergirse en los orígenes de Lobezno. El guionista no hacía sino seguir un orden de prioridades que venía marcado por la primera película de los mutantes, en apenas unos pocos segundos de metraje, durante los que la Jean Grey cinematográfica “conectaba” con unos recuerdos de Logan ocultos dentro de su memoria. La escena mostraba al personaje sumergido en un tanque acuático, durante la operación en la que sus huesos se recubrían con el adamántium. No había mucho más, lo que precisamente acrecentaba la curiosidad de los espectadores ante el que se reveló como el más carismático de los hombres-X. ¿De dónde venía Lobezno? ¿Por qué clase de horrores había pasado? ¿Y por qué no recordaba nada de todos ellos? Corría 2001 y por aquel entonces los realizadores del filme ya habían decidido que X-Men 2trataría de responder a esas preguntas.

 

Ahí los aficionados que se conocían al dedillo los cómics Marvel tenían una gran ventaja. Porque los escasos fotogramas del tanque acuático de inmediato traían el recuerdo de una historia fundamental, Lobezno: Arma-X, escrita y dibujada por el genial Barry Windsor-Smith en 1991. Con ella, quedó al descubierto un misterio que había durado varios lustros. Y es que Chris Claremont, el que había sido casi el único guionista de las historias de Lobezno desde que se convirtiera en miembro de La Patrulla-X, poco después de su debut en Incredible Hulk#180 y 181 USA (1974), estimaba que el principal interés del héroe residía, precisamente, en que nadie supiera gran cosa sobre su vida previa. Arma-Xresolvió muchas de las dudas, hasta posicionarse entre las historias favoritas del fandom. En sus páginas, ambientadas en un pasado sin determinar, se narraba la manera en la que las actividades clandestinas de Logan en Canadá habían llamado la atención del jefe de un proyecto gubernamental secreto. Sus agentes le habían secuestrado, para llevarle a un lugar en medio de la nada donde era sometido a los experimentos necesarios para convertirlo en una verdadera máquina de matar.

 

Con la perspectiva de que X-Men 2narraría la lucha de Lobezno y La Patrulla-X contra el renacido Arma-X, Millar decidió adelantarse al cine, de manera que en el segundo arco argumental de Ultimate X-Men presentaría su propia versión de todo ello. El guionista podría escoger aquellos elementos que le resultaran interesantes, descartar los que considerara superfluos y añadir otros que estimara oportunos. El más interesante de todos ellos, probablemente, consistiría en que Arma-X no sería un viejo recuerdo de un tiempo remoto; no se presentaría como esa sucia operación clandestina que habría sido desmantelada por el propio gobierno mucho tiempo atrás. En el escenario en que se movían los mutantes definitivos, con una guerra abierta contra el homo superior que apenas sí había logrado sofocar el Profesor Xavier y sus pupilos, la idea de que Arma-X estuviera plenamente activo y en funcionamiento resultaba de lo más sugerente, ya que ahondaba en la posición de los mutantes dentro de este nuevo mundo. De cara a la opinión pública, las autoridades les presentaban como amenazas que hay que detener, mientras que en secreto les utilizaban como armas humanas para llevar a cabo actividades clandestinas y criminales. Era, por tanto, la oportunidad perfecta para dar a presentar algunos de los personajes que venían reclamando con insistencia los lectores desde el comienzo de Ultimate X-Men. Millar puso el acento en la llegada de dos mutantes que estimaba imprescindibles.

 

El primero de ellos era Pícara, la atractiva mujer-X que absorbe la memoria y los poderes de aquellos con los que entra en contacto físico. Veterana del cosmos mutante desde mediados de los años ochenta, la película había simplificado muchas de sus características y alterado radicalmente otras. Por ejemplo, en los cómics clásicos, Pícara tiene un pasado como integrante de La Hermandad de Mutantes Diabólicos, fue criada por Mística y se encuentra en la veintena. Para llevarla al cine, Bryan Singer tomó algunos aspectos de Kitty Pryde, como su adolescencia y su sentimiento filial hacia Lobezno. Entonces, ¿qué hacer en la versión Ultimate? Millar optó por integrar a Pícara dentro de Arma-X, aunque fuera en contra de su voluntad, lo que enlazaba con el pasado criminal del equivalente clásico.

 

El segundo mutante que el escritor estaba interesado en agregar era Kurt Wagner, también conocido como Rondador Nocturno. Aquí, nuevamente, se adelantaba a aquello que mostraría X-Men 2, donde Kurt sería controlado y utilizado por Arma-X para atacar a la Casa Blanca, en el espectacular arranque del filme. Pese a que Rondador fuera uno de los personajes favoritos de los aficionados, los productores habían prescindido de él en el primer largometraje, por lo que Millar tampoco había estimado incluirlo en el arranque de Ultimate X-Men. Pero, una vez llegado el momento de expandir la saga, se presentó como una de las primeras necesidades a cubrir.

 

En cuanto a los nuevos enemigos de La Patrulla-X que formarían parte de Arma-X, además del cruel Coronel John Wraith y del insensible Doctor Abraham Cornelius, que dirigían la agencia, Millar recurrió a varios villanos clásicos: el principal de ellos era Dientes de Sable, eterno rival de Lobezno que ya había conocido la gloria cinematográfica en el primer X-Men. También cabía señalar a Juggernaut, del que Adam Kubert realizó un espectacular rediseño. Pero quizás la más sorprendente inclusión de esta historia habría que buscarla en Nick Furia, el Director de SHIELD, quien realizaría su debut en el Universo Ultimate en Ultimate X-Men#8 USA, con un inesperado cambio en el color de su piel con respecto a lo que podía verse en los cómics clásicos: ¡El Nick Furia definitivo era de raza negra! En el horizonte, ya estaba planeado que el personaje jugaría un papel fundamental en The Ultimates, donde Bryan Hitch lo dibujaría con el aspecto de Samuel L. Jackson. Mientras tanto, Tom Raney, un artista que se ocupó, de manera interina, de un episodio de Ultimate X-Men, tendría el honor de ilustrar su debut, aunque a tenor del resultado, es bien posible que ignorara la intención de que Furia recordase al protagonista de Pulp Fiction.

 

Con “Retorno a Arma-X”, el mundo de los mutantes definitivos comenzaba a expandirse, a la par que la conclusión de la aventura desvelaba un hecho cierto: lo mejor estaba todavía por llegar.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 2

 

 

ULTIMATE X-MEN 1: EL CAMINO HACIA EL MAÑANA

La línea Ultimate pasó por un largo proceso de trabajo previo antes de ver la luz. Tanto Bill Jemas, presidente de Marvel y padre del concepto, como Joe Quesada, el Director Editorial de La Casa de las Ideas, tenían claro que el nuevo sello debía asentarse sobre dos grandes titanes, que a su vez eran los personajes más populares de la editorial: Spiderman y La Patrulla-X. Gracias a que Brian Michael Bendis se sumó al proyecto, el reto de reinventar al Hombre Araña pudo superarse de manera sobresaliente. Sin embargo, en la editorial se antojaba mucho más complicado trasladar los presupuestos de la Marvel Definitiva a un concepto cuya naturaleza misma es el cambio.

La Patrulla-X original nació en 1963 de la mano de Stan Lee y Jack Kirby. El concepto de los mutantes, seres que adquirían sus habilidades especiales al nacer, como consecuencia de una modificación genética, no era extraño dentro de la ciencia ficción, pero el gran patriarca Marvel le dio una orientación innovadora: los humanos convencionales temían, odiaban y rechazaban a estos mutantes, al considerarlos como el escalón evolutivo que un día habría de sustituirlos. Frente al discurso de coexistencia pacífica que avalaba el telépata Charles Xavier a través de cinco jóvenes con variopintos poderes, se posicionaba Magneto, decidido a aplastar a la humanidad en lugar de ayudarla. Tal planteamiento tenía ecos de las diferentes posturas alrededor de la lucha de los negros por conseguir los mismos derechos que los blancos, polarizada durante aquellos primeros años sesenta por la figura, pacífica y dialogante, de Martin Luther King, y por la frentista y radical de Malcom X.

 

La profundidad del mensaje que proponía el cómic nunca llego a calar entre los lectores, de manera que La Patrulla-X fue decayendo en ventas hasta su práctica desaparición. Fue ya a mediados de la década de los setenta, con el renacimiento del grupo a través de una formación internacional que incluía personajes como Lobezno, Tormenta, Coloso y Rondador Nocturno, y mediante las historias, complejas a la par que épicas, tejidas por el guionista Chris Claremont junto a los dibujantes Dave Cockrum, John Byrne o John Romita Jr., cuando los mutantes de Marvel alcanzaron un éxito monumental. Con el paso del tiempo. La Patrulla-X se extendió a toda una franquicia de series, luego dio el salto a la televisión y posteriormente a la gran pantalla de cine.

 

En la trayectoria de los mutantes de Marvel habían tenido cabida, por lo tanto, diversas perspectivas del concepto inicial. El supergrupo de chavales estadounidenses de los inicios poco tenía que ver con el que viera la luz una década después, y éste a su vez también se alejaba de las intrincadas tramas propias del cambio de siglo, con los mutantes repartidos en multitud de grupos y colecciones, cada una con su orientación diferenciada del resto. Un espectador que disfrutara de la película no tendría la menor idea de cómo acercarse a los cómics de mutantes.

 

En la editorial querían evitar por todos los medios ese escenario, de manera que, antes de que el filme llegara a las carteleras, comenzaron a trabajar en Ultimate X-Men. Y no fue nada fácil. Brian Michael Bendis, el responsable literario de Ultimate Spiderman, era quien debía materializar el proyecto, que estaría dibujado por el español Salvador Larroca. ¡Pero ambos autores se quedaron por el camino! Tras dar vueltas al asunto, Bendis estimó que no era capaz de encontrar “la voz de los personajes” con la misma intensidad con la que se había hecho con la de Spiderman, por lo que prefirió renunciar antes de que la nave encallara. En cuanto a Larroca, en el tiempo que pasó hasta que por fin se pudiera poner en marcha la serie, acabó por incorporarse a otra colección, por lo que tampoco estimaba oportuno permanecer a bordo. No obstante, antes de irse dejó un buen número de diseños, en los que combinaba “la estética Matrix” que se vería en la película con el tono de los hombres-X clásicos. El trabajo era tan formidable que sería utilizado en su mayor parte.

 

Y entonces llegó Mark Millar, el más atrevido guionista del panorama estadounidense, un escocés que estaba rompiendo con todos los clichés de los superhéroes. Lo hacía en las páginas de Authority, un cómic de la independiente Image que había heredado de las manos del polémico Warren Ellis y al que había conseguido llevar incluso un escalón más allá de donde lo dejó su creador. Authorityera la mezcla perfecta de espectáculo sin límites, protagonistas de carisma insuperable y tramas audaces con un cierto trasfondo político que las hacía relevantes. Parecía haber nacido para escribir Ultimate X-Men, aunque entre sus lecturas de cabecera no se encontraran precisamente los mutantes. Nada más ser fichado por Marvel, puso multitud de ideas encima de la mesa. La que se llevó el visto bueno de los editores se alejaba bastante de lo que cabía esperar. Consistía en que La Patrulla-X fuera un grupo de mutantes al servicio del presidente de Estados Unidos que debería combatir la amenaza del terrorista Magneto. El primer número comenzaría con una misión de alto riesgo en Oriente Medio, con Jean Grey, Cíclope, La Bestia… ¡Y Mística! formando parte del grupo. El espectacular Adam Kubert incluso había dibujado unas cuantas páginas, y entonces…

 

…Entonces llego el 17 de julio de 2000: El estreno en cines de X-Men. Ni siquiera en Marvel estaban seguros de cómo funcionaría la película, pero lo hizo excepcionalmente bien: más de 54 millones de dólares recaudados sólo en Estados Unidos durante el primer fin de semana. Fue el dato que supuso una revolución dentro de La Casa de las Ideas, pero también en lo que a Ultimate X-Mense refiere: los planes que tenían diferían demasiado de la película. Había que empezar de nuevo.

 

Millar tiró a la basura su enfoque militarista, para cambiarlo por el de “mutantes a la carrera”. En este mundo, las autoridades persiguen a todo aquel que tenga “algo malo” en su ADN. Hay un psicópata aterrador llamado Magneto que quiere reclutar a esos jóvenes fugitivos para su guerra contra la humanidad… Y sólo se le opone un hombre en silla de ruedas, que ha logrado convencer a un puñado de chavales para que se unan a su sueño de paz. El argumento simplificaba al máximo décadas de cómics al tiempo que mantenía un hermanamiento con la película allá en lo que fuera necesario: en el tono inteligente de la narrativa o en la elección de héroes y villanos. No obstante, Millar también se tomó cuantas libertadas estimó oportunas. Frente a las limitación presupuestaria del filme, no había desafío demasiado grande para el lápiz de los hermanos Kubert, Adam y Andy. Ultimate X-Men, por tanto, ofrecería todo lo que los espectadores se habían encontrado en el cine, pero también mucho, mucho más: gigantescos robots Centinelas pisando las calles de Nueva York, increíbles batallas a lo largo del planeta, giros argumentales completamente inesperados… Y un Lobezno como nunca antes se había visto.

 

El resultado fue un auténtico bombazo desde el momento de su lanzamiento. Si Ultimate Spidermanhabía logrado conquistar el corazón de los lectores unos meses antes, Ultimate X-Menles metería el corazón en un puño. La gente del mañana estaba aquí. Y el mañana ya era hoy.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 1

ULTIMATE X-MEN 10: EL REGRESO DE MAGNETO

El último de los arcos argumentales que escribió Brian K. Vaughan para Ultimate X-Men venía a ser la culminación de una etapa, inicialmente prevista como corta, que se había extendido más allá de lo que hubiera imaginado ninguno de sus responsables. A fuerza de alargarse su interinato, Vaughan se había terminado por hacer con las riendas de los personajes, de las tramas heredadas y de las que él mismo había puesto en marcha, para, llegado a este punto del camino, ofrecer una saga de proporciones épicas en la que cristalizaban elementos que estaban presentes desde el primer número.

La clave estaba en Magneto. Mark Millar se había dejado contagiar del espíritu omnipresente del villano en la franquicia cinematográfica. Si echamos un vistazo a todas las películas de X-Men, Erik Lehnsherr no se ausenta en ninguna de ellas, por más que sus temas varíen conforme avanza la saga. EnUltimate X-Mennunca se llegó a ese exceso, con gran número de aventuras que ahondaban en múltiples vertientes alrededor del homo superior, pero el primer y mayor enemigo de La Patrulla-X siempre acababa por regresar, más peligroso que en la anterior ocasión, de manera que las historias en las que estaba ausente bien parecían un descanso hasta el siguiente choque.

 

Si analizamos la etapa de Millar, ésa es la conclusión que extraeremos. Magneto estaba, por supuesto, en el nacimiento del equipo (Ultimate X-Men nº 1: La gente del mañana), una saga que concluía con su aparente muerte a manos del Profesor Xavier… Aunque todos los lectores sabían que tal cosa no era cierta, y poco a poco fueron surgiendo más detalles alrededor de qué había sido del villano. Al final de la siguiente aventura (Ultimate X-Men nº 2: Regreso a Arma-X), el profesor confesaba a Jean Grey que Magneto no sólo seguía vivo, sino en proceso de rehabilitación, algo que se concretaría unos números más adelante, cuando Eric reaparecía, amnésico, feliz, jugando con unos niños en Central Park y estropeando sus relojes sin saber la causa (Ultimate X-Men nº 3: Gira mundial). La felicidad duraba poco, de manera que La Hermandad de Mutantes descubría lo ocurrido y devolvía la memoria a su líder, quien se lanzaba a una oleada de actos terroristas por los que La Patrulla-X se enfrentaría contra los Ultimates (Ultimate X-Men nº 4: Fuego Infernal y azufre)… y de ahí saltaríamos a la apoteósica despedida de Millar como guionista de la serie, con una larga aventura en la que Magneto ponía en jaque al mundo entero y La Patrulla-X conseguía de nuevo derrotarlo, para dejarlo preso en una prisión de plástico oculta bajo tierra y que estaba calcada de la que había podido verse en las películas de Bryan Singer hasta en detalles tan pequeños como la silla de ruedas, también de plástico, de Xavier (Ultimate X-Men nº 5: El retorno del rey).

 

El ciclo de Magneto había cubierto, en total, casi los tres primeros años de la serie y la etapa al completo de Millar. No es extraño que los siguientes autores permanecieran al margen del asunto, para evitar así la sobresaturación, y quizás también porque resultaba complicado contar algo nuevo sobre el villano que no hubiera aportado el fundador de la colección.

 

Y sin embargo, era evidente que Magneto volvería. De hecho, Millar le había dejado preparado para hacerlo, tan pronto como pudiera escapar de su prisión. Sólo hacía falta encontrar el cómo. Para ello, Vaughan quiso emplear a un personaje bien conocido por los lectores de la Marvel clásica por su íntima relación con éste. Se trataba de Lorna Dane, alias Polaris, una bella mutante, de llamativo cabello color de jade y con poderes similares a los del enemigo de La Patrulla-X, cuyo debut en su versión original había tenido lugar en las últimas viñetas de The X-Men #49 USA (1968), escrito por Arnold Drake y dibujado por Don Heck, aunque sería en el número inmediatamente posterior cuando adquiriría pleno protagonismo. Aquel cómic era especialmente importante, ya que el legendario historietista Jim Steranko desembarcaba en el mundo de los mutantes con toda su fuerza. Fue él quien creó el característico logo tridimensional de X-Menempleado a partir de entonces, en una portada presidida por la imagen de Polaris, a quien en el interior se nos desvelaba como “Reina de los mutantes”. El criminal Mesmero hacía aflorar sus superpoderes magnéticos mediante una máquina diseñada a tal efecto. El sorprendente giro argumental de la historia tenía lugar en el momento en que irrumpía Magneto y reclamaba su paternidad sobre Polaris… Algo que luego se demostraba falso. La mutante volvería poco después, unida sentimentalmente a Kaos, el hermano de Cíclope, para unirse junto a su amante a La Patrulla-X, en los estertores de su primera etapa.

 

Con posterioridad, Polaris, casi siempre unida a Kaos, reaparecería intermitentemente en el cosmos mutante, para pasar a formar parte tanto del grupo madre como del gubernamental Factor-X, y en años recientes, ya en la primera década del siglo XXI, algunos autores habían retomado la posibilidad de que fuera la hija de Magneto, esta vez para, al contrario que había ocurrido en los años sesenta, confirmarla. En su versión Ultimate, Polaris llevaba ya un tiempo disponible, en concreto desde que apareciera como una de las integrantes de la Academia del Mañana dirigida por Emma Frost, que introdujera Brian Michael Bendis en Ultimate X-Men nº 7: Nuevos Mutantes. Vaughan quería explorar de paso un elemento que Bendis apenas sí había llegado a apuntar, el de la rivalidad de los alumnos de Frost con los de Xavier. Sería el punto de partida para una saga que crecería en intensidad conforme avanzara, y en la que el escritor acudiría a la presencia de gran cantidad de personajes invitados. Algunos de ellos habían sido utilizados por él mismo en pasados números, como esa Dama Mortal tan parecida a la de X-Men 2 o Longshot, que figurara en la aventura de Krakoa, mientras que otros ya venían siendo habituales con anterioridad. Además, el escritor se animaba con la resolución de un pequeño misterio sobre el que se preguntaban los aficionados en los foros de Internet desde el comienzo de la serie. ¿Acaso Mística se encuentra infiltrada en la mansión bajo la apariencia del gato de Xavier? Y hasta resolvía por fin otra duda extendida entre los seguidores: ¿cuál es la orientación sexual de Coloso?

 

A los cinco capítulos de “Norte Magnético” que figuran en este volumen le antecede, además, el primer Annual de la serie, un episodio con mayor número de páginas en el que Vaughan completaba la trama alrededor de Pícara y Gambito, en un escenario tan poco habitual como Las Vegas y distanciándose una vez más de los hechos conocidos por el Universo Marvel clásico. La permanencia del guionista en el título llegaba a su fin, después de casi dos años en los que había pasado de ser un prometedor autor a una máquina de ganar premios. En ese 2005 arrasaría en los Eisner, lo que le llevó a abandonar el trabajo en series que no hubieran sido creadas por él mismo. Estas historias de Ultimate X-Men se erigen así como su trabajo de fin de carrera, su licenciatura en un medio que ya por entonces dominaba y del que acabaría siendo maestro.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 10