ULTIMATE X-MEN 6: EL GRAN RETO DE BRIAN MICHAEL BENDIS

El término “blockbuster” significa superproducción, y se ha aplicado para denominar a esas películas de elevadas ambiciones comerciales que los grandes estudios suelen programar en la temporada veraniega o navideña. Blockbusters son tanto las monstruosidades de Michael Bay como los más ambiciosos filmes de Marvel Studios, tanto la saga de Harry Potter como la de Batman. El elemento común es la enormidad, que se refleja en todos los aspectos: un reparto con grandes nombres que atraigan a las masas, un gigantesco presupuesto, espectaculares efectos visuales, una trama con multitud de escenarios, escenas complejas y casi imposibles de rodar…

Si hubiera que hablar de blockbusters en la industria del cómic, no hay ningún referente a la altura de la línea Ultimate, presidida por la idea de que cada arco argumental debe de ser, en sí mismo, un gran espectáculo. Miras las aventuras de los Ultimates, y no tienen nada que envidiar a un estreno de 200 millones de dólares. Te fijas en las diferentes sagas de Ultimate X-Men, y siempre van más allá de lo que nunca soñarían en llegar las películas de los mutantes de Marvel. Lees el origen de Los 4 Fantásticos definitivos y lo primero en lo que piensas es que ojalá hubiera sido así en el cine. Este planteamiento en que la grandilocuencia está en el centro de todo es el que habitualmente asociamos a los trabajos de Mark Millar. La otra mente sobre la que se asentó la creación del Universo Ultimate, la de Brian Michael Bendis, no funciona así. Las historias de Bendis son marcadamente espontáneas y naturalistas. El tratamiento de personajes brilla por encima de la acción, que en muchas ocasiones se reduce a la mínima necesidad, hasta el punto de que el escritor se hizo popular por tebeos tan fundamentales como el Ultimate Spider-Man #13 USA (Ultimate Spiderman: Curva de aprendizaje), un relato centrado en su totalidad en una conversación entre Peter y Mary Jane.

 

Cuando Mark Millar decidió abandonar Ultimate X-Men, parecía imposible sustituirle. Sorprendió entonces que Marvel optara por Bendis, e incluso que éste aceptara el puesto, dado que, cuatro años antes, ya había sido el elegido para poner en marcha la cabecera, para luego desistir de tal misión, después de intentar en varias ocasiones dar con el tono que deberían tener los mutantes, sin llegar a conseguirlo. ¿Qué había cambiado en 2003? Para entonces, la relación entre Bendis y Marvel se había vuelto cada vez más estrecha, de manera que, en ese momento, estaba escribiendo, además de Ultimate Spiderman, las aventuras de Daredevil, en una etapa que se estaba llevando el aplauso unánime de todos, así como Alias, una serie para lectores adultos en la que se exploraba la trastienda del Universo Marvel. Su compromiso con la editorial era tan elevado que, cuando la marcha de Millar dejó huérfanos a los mutantes definitivos, no tuvo inconveniente en dar un paso adelante y ofrecerse a escribir una saga de seis números. Durante la interinidad, en La Casa de las Ideas tendrían el tiempo suficiente para encontrar al sustituto definitivo. En el apartado artístico, David Finch, que había dibujado algunos de los últimos episodios de Millar, pasaría a primer plano. Y quizás fuera su presencia la que lo cambió todo.

 

Heredero del hiperdetallismo y la adrenalina propia de la Image de los noventa, Finch se había criado como artista a la sombra de Marc Silvestri, de la que apenas comenzaba a despegarse cuando fichó por Marvel. Al ver sus lápices, Bendis fue consciente de que se trataba de un dibujante que brillaba en las batallas, en las explosiones, en la acción pura y dura, no en la quietud ni en las conversaciones espontáneas que eran tan habituales en sus cómics. Fue cuando se impuso un reto: ¿Sería capaz de hacer un cómic-espectáculo, tal y como los hacía Millar? ¿Conseguiría crear su propio “blockbuster”?

 

La principal dificultad que para el guionista entrañaba La Patrulla-X consistía en encontrar el equilibrio entre los diversos integrantes, de forma que todos tuvieran voz propia y participaran de la historia. Nunca había hecho nada similar. El tiempo transcurrido desde la primera vez que lo intentó le serviría para calmar los miedos y jugar con elementos procedentes de Ultimate Spiderman, derivados de la relación que había establecido el trepamuros en sus encuentros con los mutantes y, en especial, con Lobezno. El hombre-X de las garras de adamántium había sido el invitado en la primera historia de Ultimate Marvel Team-Up, un relato en el que ya se intuía el interés de Bendis por profundizar en la dinámica entre los dos héroes. Sentía que la diferencia de edad influía en su relación, de forma que Peter ve a Logan como un tipo fascinante, como si Clint Eastwood fuera a su casa a pedirle ayuda: un sueño de adolescente hecho realidad. En la dirección opuesta, Logan siente que el chaval es un incordio y llega a tratarle, en palabras del guionista, como basura. El impulso para unir a ambos estaba en el pasado de Lobezno, que volvía para perseguirle. En ese sentido, “Blockbuster” podía calificarse como una secuela de “Regreso a Arma-X”, pero Bendis optó por seguir la filosofía de Alfred Hitchcock: lo determinante de la historia está en mostrar a los personajes en una situación límite que permita conocerles mejor, mientras que el engranaje que pone todo en movimiento no es más que una excusa, un mcguffin.

 

Partir de una aventura de Lobezno en solitario a la que progresivamente se unirían nuevos personajes, hasta completar un extenso reparto, apareció ante los ojos de Bendis como la manera más efectiva de adaptarse a la fórmula de cómic de supergrupo. La trama incorporaría primero a Spiderman y luego a Daredevil, en una extensión de las historias narradas en el Team-Up, para que finalmente irrumpiera la propia Patrulla-X, porque no en vano sus integrantes seguían siendo los titulares de la cabecera.

 

La experiencia colmó los deseos de que Ultimate X-Menperviviera más allá la marcha de su creador, pero fue todavía más allá. Bendis disfrutó tanto de ella que decidió quedarse en la serie un tiempo más del inicialmente previsto. Su colaboración con Finch resultó tan fructífera que pronto empezó a pensar en qué harían a renglón seguido. Y la química que consiguió establecer entre Lobezno, Spiderman y Daredevil sirvió para que se olvidara de cualquier reticencia previa a escribir cómics protagonizados por equipos de superhéroes, además de ayudarle a descubrir el atractivo de unir rincones en apariencia inconexos. Sin que ni siquiera fuera consciente de ello, en su cabeza empezaban a surgir las ideas que llevarían a un profundo cambio dentro de Marvel.

 

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ULTIMATE X-MEN 5: EL MUNDO COMO PREMIO

2003 fue un año en el que grandes proyectos que habían comenzado algún tiempo atrás llegaron a su final. En cines, concluyeron trilogías tan importantes como las de Terminator, Matrixy El señor de los anillos. En lo que a Marvel respecta, se puede dar por terminada la época de experimentación con la que había arrancado el siglo. Asentadas sus grandes franquicias fílmicas (Spider-Man y X-Men), los acuerdos que estaban cristalizando con algunas productoras dieron lugar al salto de personajes menos populares, como Hulk o Daredevil. Todavía faltaba un tiempo para que Bill Jemas, el presidente de la editorial, que había erigido el riesgo por bandera, abandonara Marvel, pero lo cierto es que su influencia ya estaba en caída libre, mientras que Avi Arad, en lo más alto de la cadena alimenticia de La Casa de las Ideas, buscaba una fórmula para llevar a cabo el recambio de la forma más discreta posible.

 

Los movimientos alrededor del Universo Ultimate ejemplifican este cambio de época. Había sido el proyecto más ambicioso de Jemas y aquél que había ofrecido mejores resultados a Marvel, pero lo cierto es que, una vez asentada la línea, en la editorial se proponían llevar sus presupuestos de relevancia y espectacularidad a las publicaciones más clásicas, un movimiento que enseguida se consumaría con el fichaje de Joss Whedon para escribir Astonishing X-Meny el salto de Brian Michael Bendis a Los Vengadores. Hasta entonces, el Universo Ultimate había estado orquestado alrededor de Bendis y de su compañero Mark Millar. A partir de ese momento, ambos consagrarían sus esfuerzos al Universo Marvel convencional, el primero a través de la renovación de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra, el segundo con impresionantes etapas en Lobezno y Spiderman.

 

Bendis amaba Ultimate Spider-Man por encima de todas las cosas y mientras estuviera dispuesto a seguir escribiéndola, en Marvel no tenían inconveniente en que así fuera. El caso de Millar era bien distinto. La filosofía de la que siempre había presumido es que no permanecería en ninguna serie más allá de lo estrictamente necesario. Para el escocés, la medida perfecta era un año de tebeos. En ese margen, daba tiempo a narrar aventuras tan intensas como espectaculares. Es lo que haría, de hecho, con el mutante de las garras de adamántium y con el trepamuros. Pese a que algunas habían señalado las semejanzas entre Millar y Bendis, eran más destacables sus diferencias. Mientras el primero volaba por libre, el segundo, quien lo iba a decir del que fuera uno de los mayores abanderados de la independencia en el cómic, se introduciría hasta la cocina en el engranaje de La Casa de las Ideas.

 

Lo sorprendente, por tanto, no fue que Mark Millar abandonara las labores literarias de Ultimate X-Men una vez concluido el tercer año de vida de la serie, sino que un culo inquieto como él tardara tanto en hacerlo. En aquel momento, el título seguía instalado en unas excelentes cifras de ventas, que todavía mejoraban más con el lanzamiento de tomos recopilatorios en los más diversos formatos. Millar recuerda que los ingresos que le llegaban por los mutantes eran extraordinariamente elevados, pero decidió que era el momento de dejarlo, por más que todos los que le rodeaban dijeran que estaba loco y por más que se hubiera encariñado con los personajes. Se sentía un tanto como Peter Jackson, el director de la trilogía de El señor de los anillos, satisfecho por llegar al final pero melancólico por despedirse de sus compañeros de camino. No es extraño que la última saga recibiera el título de “El retorno del rey”, en claros paralelismos con el último largometraje de la trilogía de los anillos: la lectura metalingüística era evidente. Pero “El retorno del rey” hacía alusión también a la vuelta del primer y esencial villano de La Patrulla-X: Magneto se disponía a lanzar su órdago definitivo contra la humanidad, algo que venía cocinándose desde muchos números atrás y que permitiría a Millar enlazar su historia con todos los grandes temas que había utilizado hasta ese momento, sin renunciar tampoco a su idea de que cada arco de Ultimate X-Men respondía a la manera en la que él veía las películas de Bryan Singer y cómo éstas podían dar un paso más allá en el papel impreso

 

Todo había empezado como en el cómic original de Stan Lee y Jack Kirby, con el enfrentamiento dialéctico entre Charles Xavier y Magneto acerca de la posición de los mutantes con respecto a la humanidad. Estaba el pacifista Xavier y el terrorista Magneto, y con eso Millar había compuesto una melodía que, partiendo de un modelo escrito en los años sesenta, conseguía ofrecer una parábola sobre la época moderna. Como si de un blockbusterveraniego se tratara, “La gente del mañana” finalizaba con una gigantesca explosión de la que cabía inferir la muerte de Magneto. Sin embargo, al final de “Regreso a Arma-X”, el siguiente volumen de la serie, Xavier reveló que Magneto seguía con vida y que formaba parte de la siguiente fase de su plan de integración de los mutantes en la sociedad. El mentor de La Patrulla-X demostraba, como ocurría en las películas de Singer, una fe inquebrantable en sus semejantes, incluso en aquellos que se habían demostrado más allá de toda redención. Y sí, el Magneto desprovisto de sus recuerdos parecía haber dejado atrás el odio… Pero el espejismo duró tanto como la amnesia. Recuperada la memoria, el villano volvía a golpear, lo que llevaría al choque de La Patrulla-X contra los Ultimates en “Ultimate War”, y de ahí a la aventura que nos ocupa, en la que Magneto se lanza a la dominación global.

 

El espectáculo pirotécnico está ahí, trazado con maestría por Millar a través del gigantesco arte de los dibujantes: Adam Kubert, el artista con el que arrancara el proyecto, y David Finch, aquél que se quedaría aquí tras la marcha del escritor. Por encima de los fuegos de artificio, “El retorno del rey” es la historia de dos amigos que se han distanciado lo indecible. Al contrario que el Magneto cinematográfico que luego mostraría X-Men: Primera generación, que recorre el camino hacia el lado oscuro como consecuencia de su tragedia vital y que, aún siendo responsable de la discapacidad de Xavier nunca pretendió causarla, el Magneto de Millar ha borrado cualquier rasgo de humanidad, y el momento que marca tal renuncia se produce cuando no sólo vuelve la espalda a Xavier sino que se decide a eliminarlo. Primero de muchos intentos: mientras Erik siempre tratará de acabar con su vida, Xavier siempre tratará de recuperar al amigo que una vez tuvo, y quizás sea su mayor error porque, como bien intuye el lector, Magneto está más allá de la redención. Es el villano definitivo de esta Patrulla-X definitiva, algo que demuestra con cada uno de sus actos, refinadas maneras de acabar con sus enemigos revestidas de una falsa nobleza.

 

“El retorno del rey” señala un brillante final a una época irrepetible. A Ultimate X-Mentodavía le quedarían grandes momentos por ofrecer a los lectores, algunos de la mano de un Bendis que aceptó caballerosamente sustituir al que había sido su compañero durante esos trascendentales años. No obstante, estos mutantes nunca llegarían a brillar tanto, ni La Patrulla-X nunca sería tan icónica y esencial como cuando Millar guiaba su destino.

 

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ULTIMATE X-MEN 4: EL EXORCISMO DE JEAN GREY

¿Cómo adaptar, actualizar, homenajear e incluso superar una de las mejores aventuras de la historia del cómic, reconocida mundialmente como la cúspide de las sagas del Universo Marvel en general y de La Patrulla-X en particular? Con mucho cuidado, pero sin miedo al fracaso. Con mucho talento, consciente de que se está emulando a dos genios del Noveno Arte, como fueran Chris Claremont y John Byrne en su mejor momento creativo, y con unas gotitas de ego, algo que no puede decirse que le falte a Mark Millar.

Corría 2003, y Ultimate X-Men ya se había consolidado como uno de los cómics más rompedores que podía encontrarse en el mercado. La cabecera conseguía caminar por el delicado filo en el que confluía el atrevimiento y la personalidad de Millar a la hora de narrar epopeyas superheroicas, el homenaje al concepto original de los mutantes de Marvel y la referencia a las adaptaciones que estaba llevando a cabo el Séptimo Arte. El 2 de mayo se estrenaría la segunda parte de la franquicia, aunque en Marvel ya tenían una idea bastante aproximada de que no sólo abordaría el tema de Arma-X, motivo que había llevado a Millar a ofrecer su propia versión de la historia en el segundo arco argumental de Ultimate X-Men, sino que habría sorpresa final: algo relacionado con Jean Grey. La admiración que Bryan Singer había confesado hacia El imperio contraatacapermitía aventurar la posibilidad de un final en continuará, y que ese continuará no fuera otro que el nacimiento de Fénix. El tema estaría ahí, por lo que convenía acometerlo cuanto antes también en la versión definitiva de los cómics, y que la ocasión coincidiera con la llegada al #25 USA se antojaba como una excelente manera de celebrarlo.

 

Millar era consciente de que Singer y los suyos, de cara a tomar la saga original como referencia, aplicarían el mismo método utilizado con anterioridad: quedarse únicamente con aquello que les pudiera servir a su idea realista y relevante de los mutantes. Era, de hecho, lo que él mismo venía haciendo en Ultimate X-Men, así que no había nada que objetar, puesto que su proceso creativo era muy similar, cuando no idéntico. En la continuidad tradicional, Jean Grey se había transformado en Fénix en Uncanny X-Men#101 USA(1976. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-Xnº 1), como consecuencia de un trauma que le llevaba a forzar sus habilidades al máximo. De haber sido el eslabón débil del equipo, había pasado a alzarse como la equivalente a Thor en Los Vengadores: el miembro más poderoso, el que podía resolver las situaciones complicadas. Pero en realidad Chris Claremont y John Byrne trataban de narrar una metáfora sobre la perversión del poder. En una larga trama argumental, llevaron a Jean a la locura, hasta el punto de que aniquiló toda una civilización alienígena. El imperio galáctico de los Shi’ar se propondría entonces eliminarla, pero Jean acabaría el trabajo por sí misma, al suicidarse en el mítico Uncanny X-Men#137 USA (1980. MG: IPX nº 2). Revisiones posteriores de la historia servirían para señalar a Fénix como una fuerza de la naturaleza, que se encarnaba a través de un huésped, e incluso se llegaría a resucitar a Jean Grey, en un abracadabrante episodio del que la propia Casa de las Ideas se arrepintió al cabo del tiempo.

 

Con todas esas complejidades alrededor de la historia, Millar empezó a escoger todo aquello que le resultaba relevante y desechar todo lo demás. En su historia no tendrían cabida ni alienígenas ni giros argumentales absurdos, algo que ya había apuntado Singer que también eludiría en las películas. En cambio, el concepto de ente incorpóreo que se encarna en una persona elegida sí que lo consideraba capital. Donde Claremont había visto una entidad cósmica, Millar pensaba mejor en una posesión demoniaca, en línea con El exorcista, el filme de 1973 basado en la novela del mismo título escrita dos años antes por William Peter Blatty. Jean Grey bien podía ser alguien que hubiera pasado por un trauma similar al de la protagonista de la película. Charles Xavier habría hecho las veces de exorcista en el pasado… Pero ahora los demonios volvían con más fuerza que nunca, lo que conduciría al guionista al siguiente paso dentro de la trama. ¿Por qué? Ahí estaba el Club Fuego Infernal, la organización que en el cómic original había propiciado la locura de Jean, encajaba en sus propósitos. Veinte años atrás, “A Touch Of Brimstone”, un episodio perteneciente a la cuarta temporada de la mítica serie inglesa de Los Vengadores emitido en 1966, había servido de inspiración a Claremont y Byrne. En él se presentaba a una sociedad compuesta por ricos y acaudalados que vestían de época y planeaban el asalto al poder. En su traslación al cómic, se añadió el detalle de que fueran mutantes, pero se mantuvo el aspecto decadente de sus miembros, incluida una Jean Grey a la que vestían con un espectacular y lascivo corsé negro, que en 1980, momento de publicarse “La saga de Fénix Oscura”, impresionó mucho a los lectores. La versión Ultimate del Club no se alejaría demasiado de eso. Más aún, profundizaría en las raíces arcaicas de la idea. Otro elemento que Millar quiso respetar fue la llegada de Kitty Pryde, la integrante más joven de La Patrulla-X, cuya presentación en Ultimate X-Menes casi literal con respecto a la que se llevó a cabo en Uncanny X-Men #129 USA.

 

Y por si fuera poco, el drama particular de Jean Grey no serviría sino para conectar, sin un minuto de respiro, con otro evento de proporciones descomunales: el primer gran crossoverentre personajes del Universo Ultimate. Anteriormente, Spiderman ya se había encontrado en el camino de muchos de sus colegas superheroicos, en las páginas de Ultimate Marvel Team-Up, pero Millar quería ir un paso más allá: recuperar el espíritu de los primeros choques entre los grupos de La Casa de las Ideas, cuando todavía no se conocían entre ellos y cualquier excusa era buena para que se produjera una monumental batalla. Como todo tiene que ser grande en la imaginación del escocés, la excusa era un atentado terrorista perpetrado por cierto villano mutante, que guardaba grandes ecos con los ataques del 11-S, muy frescos en la memoria mundial apenas dos años después de haberse producido. Fue la manera en que los Ultimates se enfrentaran contra La Patrulla-X, en una historia en cuatro episodios que, dada su importancia capital, se decidió extraer de la cabecera de este último grupo, aunque estuviera plenamente integrada en los acontecimientos que se estuvieran desarrollando en ella, como prueba el hecho de que siempre se haya recopilado conjuntamente con la misma, como ocurre en este volumen.

 

Pero Ultimate Wartampoco marcaría un punto y final, todo lo contrario: asentaría las bases para el último arco argumental de Ultimate X-Menescrito por Mark Millar, una despedida apoteósica de una etapa que, como aquélla de Claremont y Byrne con la que compartía tantas semejanzas, no hacía sino aumentar el riesgo de sus apuestas con cada paso que daba.

 

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ULTIMATE X-MEN 3: MUTANTES POR EL MUNDO

Uno de los elementos que popularizó a La Patrulla-X a finales de los años setenta fue su querencia viajera, la manera en la que el destino les conducía a los más exóticos y variopintos lugares. A lo largo de un largo ciclo argumental que, en cierta forma, rememoraba la etapa que hubieran firmado un lustro antes Roy Thomas y Neal Adams, los mutantes viajaron primero a la Antártida, luego a la Tierra Salvaje, acto seguido a Japón, para luego pasar por Canadá, regresar momentáneamente a casa y, finalmente, llegar hasta Escocia, mientras se enfrentaban a circunstancias diferentes en cada lugar, lo que incluía a algunos de los peores villanos con los que se hubieran encontrado nunca.

 

El primero fue su archienemigo Magneto, pero luego pasaron a encontrarse con otros menos conocidos, como Garokk o Moses Magnum; a chocar contra Alpha Flight, el grupo canadiense que quería llevar a Lobezno de vuelta a su país; a ser aprisionados por Arcade, un asesino a sueldo con un desquiciado sentido del humor; para llegar, al fin, al encuentro con Proteo, el que llegó entonces a considerarse la peor amenaza a la que se hubiera enfrentado jamás La Patrulla-X, en unos dramáticos y electrizantes episodios que merecieron el Premio Eagle y refrendaron a Uncanny X-Mencomo “la colección a seguir”.Aquellos tebeos, que están publicados en castellano en los dos primeros tomos de la colección Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X, siguen marcando hoy en día cuál es el espíritu a seguir por aquellos autores que se hagan cargo de los mutantes.

 

Como responsable de la recreación de los mitos mutantes a través de Ultimate X-Men, Mark Millar era consciente de la manera en la que ese periplo había servido para ampliar la esfera de acción de La Patrulla-X y abrirla al mundo entero, por eso, en cuanto tuvo oportunidad de hacerlo, quiso reproducir el concepto, aunque desde su propia perspectiva. Así, si el primer arco argumental (Ultimate X-Men: La gente del mañana), seguía el espíritu y el tono de la primera película de Bryan Singer y el segundo (UXM: Regreso a Arma-X) se adelantaba a lo que podría ofrecer la secuela, en la siguiente aventura que habría de acoger la serie quiso volver a las fuentes originales, si bien es cierto que Singer había mencionado a Proteo como su villano favorito, lo que le colocaba en primera línea de salida para convertirse en el villano de X-Men 3… Algo que sin embargo nunca ocurrió, ante el abandono de la franquicia cinematográfica por parte del director. En todo caso, y fiel al espíritu de la Línea Ultimate, Millar partió de los elementos básicos con los que habían contado Chris Claremont y John Byrne en su momento para, a continuación, llevar la narración a su terreno, concibiendo en el proceso una historia completamente nueva, que obedecía a una motivación surgida del camino hacia donde había encaminado la serie hasta entonces.

 

Porque Millar ya había apuntado en “La gente del mañana” que Charles Xavier se proponía extender su discurso hasta los confines de la Tierra, que quería hacer ver a la humanidad que los mutantes podían y debían formar parte de ella. Era la “Fase Dos”, de la que el mentor de La Patrulla-X había hablado a Cíclope en la última página de la mencionada aventura. En concreto, se trataba de realizar una gira mundial en la que Xavier presentaría el libro en el que proclamaba la igualdad de las razas y sus deseos de coexistencia, pero sobre todo en la que daría a conocer a sus alumnos, no como el peligro con el que habían sido identificados, sino como la fuente de esperanza en que habían llegado a convertirse bajo sus enseñanzas. Al contrario de lo que sucedía en la saga original, en la que el viaje aparecía como una circunstancia forzada por elementos externos incontrolables, en esta revisitación modernista son los propios mutantes quienes deciden salir del caparazón y, a la par que se proclaman como protectores de la humanidad, se presentan como el equivalente a estrellas de rock, de ahí que el título de la aventura no pueda ser más acertado.

 

Londres, San Petersburgo, Berlín, el mar de Barents… Esta es la ruta tomada por La Patrulla-X Definitiva, en la que destaca, por encima de cualquier otro destino, el de Escocia, la tierra natal del propio Millar, quien no se resiste a ofrecernos su particular visión del lugar que mejor conoce, no siempre agradable, pero sí salpicada de cariño. Es allí donde se sitúa un enclave muy especial para el homo superior, la Isla Muir, lugar imaginario del Universo Marvel donde encontramos a Moira McTagger. La que fuera amor de juventud de Xavier es también la mayor genetista sobre la faz de la Tierra… Así como la madre de Proteo, ese villano fundamental al que nos referíamos antes.

 

Mientras que Adam Kubert se ocupa del comienzo de la saga, es un nuevo dibujante, Chris Bachalo, quien se encarga de la parte relativa a Proteo. Aquí se conjugaron varias circunstancias que hicieron necesario el relevo. La previsión inicial para Ultimate X-Men pasaba porque Andy, el hermano de Adam, se alternara con éste siempre que fuera necesario. El editor de la cabecera, Mark Powers, había trabajado con ambos durante largos años, dentro de la Franquicia Mutante convencional, de manera que era plenamente consciente de la necesidad de tales suplencias, puesto que sabía de la lentitud de Adam a la hora de acometer sus encargos. El problema es que, tras las primeras alternancias entre los dos hermanos, Andy, el menor de ellos, fue requerido por la dirección de Marvel para un ambicioso proyecto, Lobezno: Origen, con el que La Casa de las Ideas se atrevía a desentrañar la génesis de uno de sus más populares personajes. Con Andy fuera de la ecuación, en lugar de buscar algún dibujante que imitara el estilo de Adam, se optó por recurrir a Bachalo, que se encontraba en las antípodas de los Kubert, pero cuyo estilo caricaturesco y oscuro, aunque también espectacular, contribuiría a aportar un tono terrorífico a Proteo, cuyos poderes invitaban al escalofrío del lector. El resultado final hace de “Gira Mundial” la aventura de Ultimate X-Menmás inusual de todas: contiene el alto grado de acción, emociones y diálogos afilados a los que nos tiene acostumbrado Millar, pero se interna en la senda de lo siniestro y pesimista, algo a lo que contribuye su pesimista conclusión. El mensaje que subyace debajo del armazón viene a decirnos que La Patrulla-X representa la esperanza, pero lo hace en un mundo inundado por terribles fuerzas capaces de sumergirlo en las tinieblas.

 

El volumen se completa además con una pequeña historia, de apenas dos números, con un equipo invitado, el que forman Chuck Austen, escritor que acabaría por tener una larga y polémica etapa dentro de la Marvel de principios del siglo XXI, y Esad Ribic, titán del cómic que ya había tenido oportunidad de acercarse a los mutantes, en La Patrulla-X: Hijos del átomo. Ambos presentan a Gambito, un aventurero cuyo rumbo estaba destinado a encontrarse con el de los alumnos de Xavier.

 

 

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ULTIMATE X-MEN 2: LAS ENTRAÑAS DE ARMA X

Para el segundo arco argumental de Ultimate X-Men, Mark Millar se propuso sumergirse en los orígenes de Lobezno. El guionista no hacía sino seguir un orden de prioridades que venía marcado por la primera película de los mutantes, en apenas unos pocos segundos de metraje, durante los que la Jean Grey cinematográfica “conectaba” con unos recuerdos de Logan ocultos dentro de su memoria. La escena mostraba al personaje sumergido en un tanque acuático, durante la operación en la que sus huesos se recubrían con el adamántium. No había mucho más, lo que precisamente acrecentaba la curiosidad de los espectadores ante el que se reveló como el más carismático de los hombres-X. ¿De dónde venía Lobezno? ¿Por qué clase de horrores había pasado? ¿Y por qué no recordaba nada de todos ellos? Corría 2001 y por aquel entonces los realizadores del filme ya habían decidido que X-Men 2trataría de responder a esas preguntas.

 

Ahí los aficionados que se conocían al dedillo los cómics Marvel tenían una gran ventaja. Porque los escasos fotogramas del tanque acuático de inmediato traían el recuerdo de una historia fundamental, Lobezno: Arma-X, escrita y dibujada por el genial Barry Windsor-Smith en 1991. Con ella, quedó al descubierto un misterio que había durado varios lustros. Y es que Chris Claremont, el que había sido casi el único guionista de las historias de Lobezno desde que se convirtiera en miembro de La Patrulla-X, poco después de su debut en Incredible Hulk#180 y 181 USA (1974), estimaba que el principal interés del héroe residía, precisamente, en que nadie supiera gran cosa sobre su vida previa. Arma-Xresolvió muchas de las dudas, hasta posicionarse entre las historias favoritas del fandom. En sus páginas, ambientadas en un pasado sin determinar, se narraba la manera en la que las actividades clandestinas de Logan en Canadá habían llamado la atención del jefe de un proyecto gubernamental secreto. Sus agentes le habían secuestrado, para llevarle a un lugar en medio de la nada donde era sometido a los experimentos necesarios para convertirlo en una verdadera máquina de matar.

 

Con la perspectiva de que X-Men 2narraría la lucha de Lobezno y La Patrulla-X contra el renacido Arma-X, Millar decidió adelantarse al cine, de manera que en el segundo arco argumental de Ultimate X-Men presentaría su propia versión de todo ello. El guionista podría escoger aquellos elementos que le resultaran interesantes, descartar los que considerara superfluos y añadir otros que estimara oportunos. El más interesante de todos ellos, probablemente, consistiría en que Arma-X no sería un viejo recuerdo de un tiempo remoto; no se presentaría como esa sucia operación clandestina que habría sido desmantelada por el propio gobierno mucho tiempo atrás. En el escenario en que se movían los mutantes definitivos, con una guerra abierta contra el homo superior que apenas sí había logrado sofocar el Profesor Xavier y sus pupilos, la idea de que Arma-X estuviera plenamente activo y en funcionamiento resultaba de lo más sugerente, ya que ahondaba en la posición de los mutantes dentro de este nuevo mundo. De cara a la opinión pública, las autoridades les presentaban como amenazas que hay que detener, mientras que en secreto les utilizaban como armas humanas para llevar a cabo actividades clandestinas y criminales. Era, por tanto, la oportunidad perfecta para dar a presentar algunos de los personajes que venían reclamando con insistencia los lectores desde el comienzo de Ultimate X-Men. Millar puso el acento en la llegada de dos mutantes que estimaba imprescindibles.

 

El primero de ellos era Pícara, la atractiva mujer-X que absorbe la memoria y los poderes de aquellos con los que entra en contacto físico. Veterana del cosmos mutante desde mediados de los años ochenta, la película había simplificado muchas de sus características y alterado radicalmente otras. Por ejemplo, en los cómics clásicos, Pícara tiene un pasado como integrante de La Hermandad de Mutantes Diabólicos, fue criada por Mística y se encuentra en la veintena. Para llevarla al cine, Bryan Singer tomó algunos aspectos de Kitty Pryde, como su adolescencia y su sentimiento filial hacia Lobezno. Entonces, ¿qué hacer en la versión Ultimate? Millar optó por integrar a Pícara dentro de Arma-X, aunque fuera en contra de su voluntad, lo que enlazaba con el pasado criminal del equivalente clásico.

 

El segundo mutante que el escritor estaba interesado en agregar era Kurt Wagner, también conocido como Rondador Nocturno. Aquí, nuevamente, se adelantaba a aquello que mostraría X-Men 2, donde Kurt sería controlado y utilizado por Arma-X para atacar a la Casa Blanca, en el espectacular arranque del filme. Pese a que Rondador fuera uno de los personajes favoritos de los aficionados, los productores habían prescindido de él en el primer largometraje, por lo que Millar tampoco había estimado incluirlo en el arranque de Ultimate X-Men. Pero, una vez llegado el momento de expandir la saga, se presentó como una de las primeras necesidades a cubrir.

 

En cuanto a los nuevos enemigos de La Patrulla-X que formarían parte de Arma-X, además del cruel Coronel John Wraith y del insensible Doctor Abraham Cornelius, que dirigían la agencia, Millar recurrió a varios villanos clásicos: el principal de ellos era Dientes de Sable, eterno rival de Lobezno que ya había conocido la gloria cinematográfica en el primer X-Men. También cabía señalar a Juggernaut, del que Adam Kubert realizó un espectacular rediseño. Pero quizás la más sorprendente inclusión de esta historia habría que buscarla en Nick Furia, el Director de SHIELD, quien realizaría su debut en el Universo Ultimate en Ultimate X-Men#8 USA, con un inesperado cambio en el color de su piel con respecto a lo que podía verse en los cómics clásicos: ¡El Nick Furia definitivo era de raza negra! En el horizonte, ya estaba planeado que el personaje jugaría un papel fundamental en The Ultimates, donde Bryan Hitch lo dibujaría con el aspecto de Samuel L. Jackson. Mientras tanto, Tom Raney, un artista que se ocupó, de manera interina, de un episodio de Ultimate X-Men, tendría el honor de ilustrar su debut, aunque a tenor del resultado, es bien posible que ignorara la intención de que Furia recordase al protagonista de Pulp Fiction.

 

Con “Retorno a Arma-X”, el mundo de los mutantes definitivos comenzaba a expandirse, a la par que la conclusión de la aventura desvelaba un hecho cierto: lo mejor estaba todavía por llegar.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 2

 

 

ULTIMATE X-MEN 1: EL CAMINO HACIA EL MAÑANA

La línea Ultimate pasó por un largo proceso de trabajo previo antes de ver la luz. Tanto Bill Jemas, presidente de Marvel y padre del concepto, como Joe Quesada, el Director Editorial de La Casa de las Ideas, tenían claro que el nuevo sello debía asentarse sobre dos grandes titanes, que a su vez eran los personajes más populares de la editorial: Spiderman y La Patrulla-X. Gracias a que Brian Michael Bendis se sumó al proyecto, el reto de reinventar al Hombre Araña pudo superarse de manera sobresaliente. Sin embargo, en la editorial se antojaba mucho más complicado trasladar los presupuestos de la Marvel Definitiva a un concepto cuya naturaleza misma es el cambio.

La Patrulla-X original nació en 1963 de la mano de Stan Lee y Jack Kirby. El concepto de los mutantes, seres que adquirían sus habilidades especiales al nacer, como consecuencia de una modificación genética, no era extraño dentro de la ciencia ficción, pero el gran patriarca Marvel le dio una orientación innovadora: los humanos convencionales temían, odiaban y rechazaban a estos mutantes, al considerarlos como el escalón evolutivo que un día habría de sustituirlos. Frente al discurso de coexistencia pacífica que avalaba el telépata Charles Xavier a través de cinco jóvenes con variopintos poderes, se posicionaba Magneto, decidido a aplastar a la humanidad en lugar de ayudarla. Tal planteamiento tenía ecos de las diferentes posturas alrededor de la lucha de los negros por conseguir los mismos derechos que los blancos, polarizada durante aquellos primeros años sesenta por la figura, pacífica y dialogante, de Martin Luther King, y por la frentista y radical de Malcom X.

 

La profundidad del mensaje que proponía el cómic nunca llego a calar entre los lectores, de manera que La Patrulla-X fue decayendo en ventas hasta su práctica desaparición. Fue ya a mediados de la década de los setenta, con el renacimiento del grupo a través de una formación internacional que incluía personajes como Lobezno, Tormenta, Coloso y Rondador Nocturno, y mediante las historias, complejas a la par que épicas, tejidas por el guionista Chris Claremont junto a los dibujantes Dave Cockrum, John Byrne o John Romita Jr., cuando los mutantes de Marvel alcanzaron un éxito monumental. Con el paso del tiempo. La Patrulla-X se extendió a toda una franquicia de series, luego dio el salto a la televisión y posteriormente a la gran pantalla de cine.

 

En la trayectoria de los mutantes de Marvel habían tenido cabida, por lo tanto, diversas perspectivas del concepto inicial. El supergrupo de chavales estadounidenses de los inicios poco tenía que ver con el que viera la luz una década después, y éste a su vez también se alejaba de las intrincadas tramas propias del cambio de siglo, con los mutantes repartidos en multitud de grupos y colecciones, cada una con su orientación diferenciada del resto. Un espectador que disfrutara de la película no tendría la menor idea de cómo acercarse a los cómics de mutantes.

 

En la editorial querían evitar por todos los medios ese escenario, de manera que, antes de que el filme llegara a las carteleras, comenzaron a trabajar en Ultimate X-Men. Y no fue nada fácil. Brian Michael Bendis, el responsable literario de Ultimate Spiderman, era quien debía materializar el proyecto, que estaría dibujado por el español Salvador Larroca. ¡Pero ambos autores se quedaron por el camino! Tras dar vueltas al asunto, Bendis estimó que no era capaz de encontrar “la voz de los personajes” con la misma intensidad con la que se había hecho con la de Spiderman, por lo que prefirió renunciar antes de que la nave encallara. En cuanto a Larroca, en el tiempo que pasó hasta que por fin se pudiera poner en marcha la serie, acabó por incorporarse a otra colección, por lo que tampoco estimaba oportuno permanecer a bordo. No obstante, antes de irse dejó un buen número de diseños, en los que combinaba “la estética Matrix” que se vería en la película con el tono de los hombres-X clásicos. El trabajo era tan formidable que sería utilizado en su mayor parte.

 

Y entonces llegó Mark Millar, el más atrevido guionista del panorama estadounidense, un escocés que estaba rompiendo con todos los clichés de los superhéroes. Lo hacía en las páginas de Authority, un cómic de la independiente Image que había heredado de las manos del polémico Warren Ellis y al que había conseguido llevar incluso un escalón más allá de donde lo dejó su creador. Authorityera la mezcla perfecta de espectáculo sin límites, protagonistas de carisma insuperable y tramas audaces con un cierto trasfondo político que las hacía relevantes. Parecía haber nacido para escribir Ultimate X-Men, aunque entre sus lecturas de cabecera no se encontraran precisamente los mutantes. Nada más ser fichado por Marvel, puso multitud de ideas encima de la mesa. La que se llevó el visto bueno de los editores se alejaba bastante de lo que cabía esperar. Consistía en que La Patrulla-X fuera un grupo de mutantes al servicio del presidente de Estados Unidos que debería combatir la amenaza del terrorista Magneto. El primer número comenzaría con una misión de alto riesgo en Oriente Medio, con Jean Grey, Cíclope, La Bestia… ¡Y Mística! formando parte del grupo. El espectacular Adam Kubert incluso había dibujado unas cuantas páginas, y entonces…

 

…Entonces llego el 17 de julio de 2000: El estreno en cines de X-Men. Ni siquiera en Marvel estaban seguros de cómo funcionaría la película, pero lo hizo excepcionalmente bien: más de 54 millones de dólares recaudados sólo en Estados Unidos durante el primer fin de semana. Fue el dato que supuso una revolución dentro de La Casa de las Ideas, pero también en lo que a Ultimate X-Mense refiere: los planes que tenían diferían demasiado de la película. Había que empezar de nuevo.

 

Millar tiró a la basura su enfoque militarista, para cambiarlo por el de “mutantes a la carrera”. En este mundo, las autoridades persiguen a todo aquel que tenga “algo malo” en su ADN. Hay un psicópata aterrador llamado Magneto que quiere reclutar a esos jóvenes fugitivos para su guerra contra la humanidad… Y sólo se le opone un hombre en silla de ruedas, que ha logrado convencer a un puñado de chavales para que se unan a su sueño de paz. El argumento simplificaba al máximo décadas de cómics al tiempo que mantenía un hermanamiento con la película allá en lo que fuera necesario: en el tono inteligente de la narrativa o en la elección de héroes y villanos. No obstante, Millar también se tomó cuantas libertadas estimó oportunas. Frente a las limitación presupuestaria del filme, no había desafío demasiado grande para el lápiz de los hermanos Kubert, Adam y Andy. Ultimate X-Men, por tanto, ofrecería todo lo que los espectadores se habían encontrado en el cine, pero también mucho, mucho más: gigantescos robots Centinelas pisando las calles de Nueva York, increíbles batallas a lo largo del planeta, giros argumentales completamente inesperados… Y un Lobezno como nunca antes se había visto.

 

El resultado fue un auténtico bombazo desde el momento de su lanzamiento. Si Ultimate Spidermanhabía logrado conquistar el corazón de los lectores unos meses antes, Ultimate X-Menles metería el corazón en un puño. La gente del mañana estaba aquí. Y el mañana ya era hoy.

 

Artículo aparecido en Ultimate X-Men 1

EL INCREÍBLE HULK: UN MONSTRUO PARA UNA NUEVA ERA

The Incredible Hulk era, en los años setenta, una de las cabeceras más populares de Marvel, con una tirada media entorno a los trescientos sesenta mil ejemplares. El Goliat Esmeralda se encontraba entre los favoritos de los aficionados, y pronto su fama no haría sino aumentar, puesto que la televisión le haría famoso hasta en el último rincón del planeta. Pese a las críticas que despertaba en una parte del fandom, el dibujante Herb Trimpe había contribuido decisivamente a dar con la imagen característica del Piel Verde. Pero, a finales de 1975, y después de siete largos años, dejó la cabecera. Para sustituirle, el editor y también guionista Len Wein reclutaría a un artista cuyo nombre llegó a identificarse aún más con Hulk: nada menos que Sal Buscema.

Silvio Buscema nació el 26 de noviembre de 1936, en Brooklyn (Nueva York), y aunque nunca alcanzó la fama o el prestigio de su hermano mayor John, sí que se convirtió en uno de los dibujantes más representativos de la Marvel de los setenta y los ochenta, dejando su huella en multitud de series, como Captain America, Marvel Team-Up o Rom. Buscema era un todoterreno, capaz de dibujar varios números completos al mes, lo que hizo de él uno de los autores más prolíficos del momento, aquel profesional al que un editor siempre podía recurrir para cualquier urgencia. Su estilo, sencillo pero efectivo, con una narrativa limpia y ágil, se coló en el subconsciente de la masa lectora, hasta identificarlo por completo con La Casa de las Ideas. Porque los genios como Jim Steranko, Barry Smith o Jim Starlin iban y venían, con ínfulas artísticas, pero Sal Buscema siempre estaba allí, sin creerse ni más ni menos que lo que era: un dibujante de cómics. En The Incredible Hulk permaneció durante toda una década, hasta su marcha en 1985, aunque antes ya había tenido oportunidad de entrar en contacto con el personaje, tanto en diversas apariciones especiales como en Los Defensores, grupo al que pertenecía el Monstruo Gamma y que Buscema venía ilustrando desde su nacimiento. “Hay algo muy satisfactorio en dibujar la rabia y la furia”, confesaba el artista en el libro conmemorativo Sal Buscema: Comics’ Fast & Furious Artist (2010). “Con escasas excepciones, da igual dibujar a un personaje u otro. Siempre es el mismo tipo con ropas ajustadas corriendo de aquí para allá y salvando el mundo un mes tras otro. Hulk era distinto. Cuando descubrí el concepto por primera vez, quedé fascinado. Me encanta dibujar a Hulk, debido a su lenguaje corporal y a su personalidad, que son tan diferentes a la de cualquier otro superhéroe. Así que cuando un editor de Marvel me llamó para preguntarme si quería hacer su serie todos los meses mi respuesta no pudo ser más positiva”. Este texto aborda el comienzo de esa larga etapa, aludiendo en ocasiones a detalles significativos de la historia, por lo que se recomienda postergar su lectura hasta la finalización del tomo, en caso de no conocer los cómics con anterioridad.

 

Ilustración de Hulk realizada por Sal Buscema para el calendario Marvel de 1975. El dibujo acompañaba al mes de diciembre, que coincide con la fecha de portada de su primer número en la colección. ¿Coincidencia? ¡Que no te quepa duda!

 

Buscema se unía a un proyecto que ya estaba en construcción. Len Wein había comenzado a hacer los guiones desde un año atrás, y tenía en marcha algunas importantes tramas que, como era habitual en él, desarrollaba a largo plazo, especialmente las referidas a la Base Cazahulks, hogar no sólo del General “Trueno” Ross, el más persistente rival de Hulk, sino también de la práctica totalidad del elenco de secundarios de la cabecera, como Betty, la que había sido gran amor de Bruce Banner y que ahora estaba casada con el Coronel Glenn Talbot. Sobre éste, Len Wein había construido un larguísima argumento, con innumerables sorpresas y giros argumentales, que cuando llegó Buscema todavía estaba pendiente de solucionar. Talbot se encontraba prisionero de la Unión Soviética y había sido rescatado en números anteriores, pero en estado vegetativo y sin que los médicos supieran cómo sacarlo de esa situación… todo ello conduciría a The Incredible Hulk#200 USA (1976), uno de los primeros episodios incluidos en este tomo. Se trataba de un soberbio homenaje a Viaje alucinante(1966), la película que narraba el viaje al interior de un cuerpo humano de un grupo de científicos, con el fin de salvar la vida de un científico que había quedado en coma. En el cómic, Doc Samson ideaba una técnica similar para despertar a Glenn Talbot, sólo que quien viajaría al interior del militar no sería otro que Hulk, y además bajo unas condiciones verdaderamente particulares.

 

La aventura, a su vez, dio pie al regreso de Jarella, un viejo amor de Hulk, cuya relación intermitente llegaría a su fin en este punto de la historia, con una trágica conclusión que sorprendió a los aficionados en una época en la que la muerte de personajes secundarios, menos aún del interés amoroso del protagonista, era algo que se producía en muy pocas ocasiones. El fandom señaló que las circunstancias heroicas de la despedida de Jarella recordaban poderosamente a las de la muerte del Capitán Stacy, que había tenido lugar en The Amazing Spider-Man #90 USA (1970. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman: Por fin desenmascarado). Ni Wein ni Buscema recordaban la saga arácnida en el momento de escribir su historia, o al menos así lo afirmaron ellos. En realidad, el guionista tenía una idea para recuperar a Jarella: dada su condición alienígena, lo que había parecido su muerte era en realidad el comienzo de una metamorfosis, que la llevaría a transformarse en un ser de elevado poder. Sin embargo, el guionista no tuvo la oportunidad de continuar con la historia tal y como la tenia planeada, ya que abandonó la serie antes de hacerlo, y ninguno de sus seguidores volvería sobre el personaje.

 

La muerte de Jarella frente a la del Capitán Stacy. ¿Homenaje, plagio o desmemoria?

 

Un cambio gráfico importante vino dado por la marcha de Joe Staton, el entintador con que había contado Trimpe en su última etapa y que mantuvo Buscema a lo largo de su primer año. Su estilo limpio y contundente servía para dotar a la serie de una imagen muy característica. Le sustituyo Ernie Chan, que dio un aspecto mucho más sucio y realista a los lápices de Buscema, hasta casi ocultar su estilo y aproximarlo al género de la fantasía heroica en el que Chan era un maestro. Con Chan se iniciaba una época en la que Bruce Banner trataba de llevar una vida convencional, rompiendo con la tradición del monstruo nómada: ahora se quedaría de manera continuada en Nueva York, el hogar de buena parte de la comunidad superheroica de Marvel. Eso se traduciría en la búsqueda de un trabajo o de un lugar donde vivir, así como la incorporación de personajes secundarios ajenos al entorno de la base militar. Irrumpieron Jim Wilson, el airado joven cuya vida de delincuente había ayudado a cambiar en el pasado, o April Sommers, una guapa y simpática casera que rompía todos los tópicos y apuntaba maneras como nueva novia del protagonista, pero esto último fue otro de los argumentos que Wein se dejó en el tintero. En ese tiempo, tuvo lugar la primera aparición a color de La Sota de Corazones, un personaje nacido un año atrás en los magazines de la editorial, en concreto en The Deadly Hands Of Kung Fu#22 USA (1976).

 

El debut de Jack, por Bill Mantlo y Keith Pollard.

 

Las circunstancias devolvieron pronto al Piel Verde a su deambular, mientras que Wein preparaba ya su marcha. Su última saga constituyó un verdadero homenaje a la literatura de aventuras. En su curso, Hulk naufragaba en una isla recóndita donde se encontraba con Robinson Crusoe, el personaje de Daniel Dafoe, cuyas andanzas habían sido previamente adaptadas por la editorial. El episodio con su aparición, The Incredible Hulk #219 (1978), cuenta con una de las anécdotas involuntarias más recordadas de la historia de Marvel. El Capitán Barracuda, villano protagonista, miraba a través de un periscopio… ¡con el ojo en que tenía puesto un parche! Por si a alguien le había pasado inadvertida la metedura de pata del dibujante, la propia Marvel se encargó de señalarla, en The Official Marvel No-Prize Book (1982). “Ojalá mi vista fuera tan buena como la del Capitán Barracuda”, decía Stan Lee. “No recuerdo que recibiéramos ninguna carta al respecto”, añadió Stern. “Pero ninguno de los que trabajábamos en el cómic nos dimos cuenta hasta que después de que el cómic estaba impreso. Cuando tuve una copia en mis manos, me di cuenta que algo estaba mal en esa viñeta de Barracuda. Hice la mayor parte de la búsqueda para el No-Prize Book, así que me aseguré de que incluyera ese pequeño error tan embarazoso. Fue un error tonto y pensé que debíamos reconocerlo”.

La legendaria pifia del Capitán Barracuda, el periscopio y su parche.

 

Además de los episodios correspondientes a la serie mensual de Hulk, este volumen también contiene los Annualspublicados durante la época. En concreto, contamos con The Incredible Hulk Annual#5 USA (1976), una aventura para la que Wein contó para desarrollar el guión con Chris Claremont, la joven promesa que le acababa de relevar en los guiones de La Patrulla-X. Suponía un verdadero acontecimiento para los fans veteranos, ya que Hulk se encontraba en el camino de nada menos que seis de las criaturas procedentes de la Era Atlas, nombre que recibió Marvel en los años cincuenta. Y es que, en la época previa a los superhéroes, alienígenas y monstruos poblaban las páginas de los cómics, y muchos se preguntaban qué había sido de ellos. Algunos, como fue sucedió con Xemnu, reaparecerían con frecuencia en futuros cómics, pero el caso más particular de todos es el de Groot, puesto que al cabo de los años acabaría por alzarse como uno de los más carismáticos integrantes de los Guardianes de la Galaxia, así como toda una estrella cinematográfica. Puede que a los que estén familiarizados con la versión moderna de Groot sorprenda que, en las páginas del Annual, tenga un vocabulario mucho más amplio, pero así fue como lo imaginaron originalmente Stan Lee y Jack Kirby, en Tales To Astonish#13 USA (1960. Marvel Gold. Guardianes de la Galaxia: Vidas pasadas). Ante una ocasión tan especial, Kirby fue reclutado para realizar la cubierta del cómic, que tuvo correcciones de John Romita. El siguiente Annual, apelaba de igual manera a la nostalgia, ya que suponía el regreso del grupo de científicos que dieron vida al ser más tarde conocido como Adam Warlock. Decían haber aprendido de sus errores pasados. Por supuesto, cometerían otros nuevos.El debut de Groot en Tales To Astonish #13 USA (1960), antes de que existiera un Universo Marvel propiamente dicho.

 

El tomo concluye con la irrupción del guionista que sustituyó a Len Wein, nada menos que Roger Stern, el que luego sería uno de los más significativos autores de los años ochenta, que comenzaría a despuntar en The Incredible Hulk, donde llevó a cabo una de las mejores épocas de su historia, algo que podrás comprobar en nuestro próximo volumen. Stern era por aquel entonces un joven editor que había escrito las aventuras de los Guardianes de la Galaxia en Marvel Presents y que colaboró con Wein en The Mighty Thor Annual #6 (1977). Cuando éste tuvo problemas para cumplir las fechas de entrega del Piel Verde, llamó nuevamente a Stern para que le echara una mano. El primer episodio en el que trabajaron juntos fue The Incredible Hulk#218 USA (1977), un cómic en que la presencia del monstruo era meramente anecdótica, siendo Doc Samson quien llevaba la voz cantante. Originalmente, debía haber sido publicado en alguna colección antológica, como Marvel Spotlighto Marvel Premiere, pero las urgencias obligaron a incorporarlo aquí. Wein todavía participó de los guiones de la saga de Robinson Crusoe y el Capitán Barracuda, así como en un relato autoconclusivo también pensado para ver la luz al margen, The Incredible Hulk #222 USA (1978). Representó su último contacto con el Piel Verde. “Después de cuatro años, parecía que había llegado el momento de marcharme”, dijo al respecto. Para Hulk, empezaba una prometedora época.

 

Textos aparecidos originalmente en Marvel Héroes. El Increíble Hulk: Un monstruo entre nosotros.

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 21: LA VERDADERA HISTORIA DE LA SAGA DE LAS DROGAS

Los cómics de la época, con el Code por medio, jamás mostrarían a la pareja en la cama o yendo más allá de los besos pasionales, ni a Stan Lee se le pasó siquiera por la cabeza hacerlo, sabedor de que buena parte de su audiencia seguía estando formada por niños, pero el aficionado inteligente podría sacar sus propias conclusiones (p. 125).

 

la Oficina de Salud, Educación y Bienestar de Washington, una agencia del gobierno estadounidense, quería que, dada la popularidad entre los más jóvenes de las publicaciones de La Casa de las Ideas, Stan Lee escribiera una historia sobre el peligro de las drogas (p. 125).

 

“Estábamos encantados de poder ayudar”, confesó. “Intercalé el tema en un argumento más amplio sin incluir ningún tipo de sermón. Los niños no escuchan si descubren que tratas de sermonearles. Yo sabía que, si intentaba aleccionar, podía causar el efecto contrario al buscado” (p. 125).

 

El rostro desencajado de la víctima, su cuerpo retorcido, sus dudas, sus miedos… Gil Kane reflejó todo eso en la escena. Nadie que la leyera podía pensar que aquello que hubiera tomado el joven era remotamente recomendable (p. 126).

 

El guionista también sometía a la adicción a uno de los secundarios. El elegido obvio fue Harry, el compañero de piso de Peter y pobre niño rico, hijo de Norman Osborn. Retroactivamente, se desvelaba su dependencia de las pastillas (p. 126).

 

El Comics Code se negó a aprobar la trama. Sus estatutos marcaban que en ningún caso los cómics podían aludir directa o indirectamente a la droga. Stan lee insistió, pero cualquier cosa que les dijera, se daba contra un muro: “¡No puedes mencionar las drogas!”, repetían una y otra vez. “No podía entenderles”, recuerda Stan (p. 126).

 

“Me acerqué a Martin Goodman. Sabía que podía meterme en problemas, porque Martin podía haberse enfadado porque yo hubiera escrito algo que no quería aprobar el Code. Pero le dije: ‘Martin, ésta es la historia… éste es el motivo por el que la he hecho… Me gustaría publicarla sin el sello de aprobación del Code’. Y él dijo: ‘¡Absolutamente, Stan! ¡Adelante con ello!’” (p. 127).

Hubo gente que acusó a Stan Lee de hacer atractivas las drogas, por el mero hecho de incluirlas en un contenido de entretenimiento. Niños que jamás habían pensado en ellas, ahora lo hacían por primera vez. Para Stan, nada podía ser más inexacto (p. 128).

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

1982. SEIS DIBUJANTES PARA LA PATRULLA-X

Entretanto, por el bullpen circula el comentario de que la serie es buena, es excelente, pero no llega a los niveles alcanzados con Byrne, pese a que las ventas no hayan dejado de crecer. De una media de 260.000 ejemplares mensuales vendidos en 1980 ha pasado a 313.000 en 1981. Shooter desempolva una vieja propuesta de Cockrum anterior a su vuelta a Uncanny y se pone a leerla con detenimiento. Poco después telefonea al dibujante.

-Dave, he leído tu propuesta, The Futurians, y me encanta. Creo que deberías prepararla. Podemos lanzarla a lo grande, con una novela gráfica de presentación y una serie regular. Tendrás los derechos de autor sobre tus personajes, como hacemos en Epic. Suma a eso los incentivos. Estamos pagando incentivos a todo lo que supere las cien mil copias. Tendrás incentivos y derechos de autor para ti solo. Con un álbum de seis dólares. Piénsate si te interesa esto o seguir en la Patrulla-X.

 

Cockrum quiere hacer The Futurians. Es su invento, le ha dado forma y lo ha modelado sin otra ayuda que la de su imaginación. La Patrulla está bien, pero ya no se parece al grupo surgido del Giant-Size. Imitar a Byrne hasta el hastío no es su idea de creación artística. Habla con Chris y la Jones y deciden, de mutuo acuerdo, que si tanto le entusiasma The Futurians, que no se preocupe y deje a los mutantes. Ya buscarán a alguien. Jones empiezan a barajar opciones entre los artistas que han trabajado con mutantes durante las dos últimas temporadas, muchos de ellos dentro de la serie regular a causa de los problemas de Cockrum para entregar veintidós páginas mensuales.

Opción uno. Michael Golden se ocupa de los dos primeros Marvel Fanfare, que inmediatamente le facilitan el encargo del The Avengers Annual10. Es un dibujante preciosista, de rasgos bellos y barrocos. La fuerza de su trabajo sirve para ocultar errores propios de un novato. Problema: demasiado lento, incapaz de cumplir las fechas de entrega.

Opción dos. John Buscema, autor de un relato de Bizarre Adventures 27 protagonizado por Jean. Perfecto dominador de la figura humana, Buscema es un clásico del género. Demasiado clásico para la Patrulla-X, piensan Claremont y Jones. Además, odia los superhéroes.

 

Opción tres. George Pérez, autor del relato protagonizado por el Hombre de Hielo. Es el hombre perfecto para la Patrulla-X. Discípulo de Byrne, consigue superarle en precisión y detallismo. El UXM Annual 3 le coloca en primera posición de salida para dibujar la Patrulla-X. Problema: está muy contento en DC.

 

Opción cuatro. Bill Sienkiewicz, remedo de Neal Adams al que Jones encarga el UXM 159 (VII 82) y el UXM Annual 6 (1982). En ambos, la Patrulla-X se enfrenta a un Drácula fascinante, enamorado de Tormenta. Claremont rescata así al Príncipe de las Tinieblas de su supuesta muerte en el último número de la colección que protagonizara durante siete años (Tomb of Dracula70, VIII 1979). Sienkiewicz es el dibujante adecuado para la aventura, pero está por ver que encaje en la serie regular. Algo que, de momento, no se podrá comprobar, ya que prefiere seguir dibujando Moon Knight, donde utiliza experimentos visuales que le estarían vetados con la Patrulla-X.

 

Opción cinco. Brent Eric Anderson, dibujante de Dios ama, el hombre mata, del Annual 5 (1981) y del UXM 160 (VIII 82). Este último número cuenta con la presencia de Belasco, uno de los villanos que Anderson ha tenido que dibujar en Ka-Zar. Belasco es el demoniaco príncipe del Limbo que secuestra a Illyana, la hermana de Coloso. El Limbo es un mundo de fantasía donde no se aplican las leyes de espacio y tiempo. La Patrulla rescata a una Illyana que ha pasado siete años junto a Belasco. Lo ocurrido en ese tiempo es la semilla de una nueva miniserie que no tarda demasiado en posponerse. Brent Anderson resulta espectacular con la novela gráfica, competente en el Annualy escalofriante en este número, pero es incapaz de entregar cada mes un trabajo de calidad similar.

 

Opción seis. Paul Smith, que dibuja el cuarto número de Marvel Fanfare. Al igual que Golden, es capaz de imprimir en su trazo una belleza y elegancia absoluta. A diferencia de Golden, ese trazo es limpio, pura línea clara americana. Además, puede dibujar cualquier cosa sin protestar. Es un artesano sin ínfulas de autor. Hace lo que diga el guionista o el editor de turno. La decisión está tomada.

1982. ENTRA: PAUL SMITH

Es 1982. Claremont y Jones se ocupan personalmente de fichar a su nueva estrella. Con la oferta encima de la mesa, Smith se toma un par de días para decidirse. Las ventajas son muchas. Va a estar en la colección más importante del mercado con toda la promoción que eso significa. Va a trabajar bajo unas excelentes condiciones, tanto laborales como artísticas. Uncannyes uno de sus títulos favoritos y el ideal de todo artista interesado en la caracterización de personajes. En el otro lado de la báscula, los inconvenientes. Hasta ahora ha dibujado Doctor Strange, una colección bimensual de personajes único, mucho más descansada que una serie protagonizada por un supergrupo. Por otra parte, tiene un cierto miedo escénico, miedo a estar en el ojo del huracán. A la hora de dar el sí, Smith recuerda para qué se ha ido a vivir a Nueva York: para ser un dibujante famoso, no un simple dibujante. Estar en Uncanny X-Men puede ser como sumergirse en el fondo de una piscina muy profunda, pero no piensa ahogarse. ¿Dónde hay que firmar? ¿de verdad me vais a pagar eso? Su primer número es el UXM 165, en medio de la saga del Nido y en coincidencia con la salida de la novela gráfica de los bebés-X. Smith hereda el entintador de los últimos números de Cockrum, Bob Wiacek, quien aclara aún más si cabe su ya de por sí depurado trazo. Si lo que quiere es caracterización, desde el primer momento la tiene en grandes cantidades. Cada hombre-X afronta a su manera la muerte que sabe cercana: Tormenta, en comunión con las estrellas; Coloso y Kitty consolándose mútuamente, y, Rondador, ante la sorpresa de Lobezno, rezando:

 

-Admito que se me ve poco por la iglesia… pero mis creencias me consuelan. Necesitamos ayuda ahora. Deberías probarlo. Tal vez te iría bien.

-Lo hice. Un error, -responde Lobezno-. No creo en nada. Nunca lo haré. Me importa lo que puedo ver, oír, oler, tocar. Cosas tangibles. La realidad. Lo demás, es imaginación.

 

 

Nadie muere en el UXM 166, un especial de cuarenta páginas en el que culmina la saga con la Patrulla al asalto del planeta del Nido. Allí luchan contra su reina, tal y como hiciera Sigourney Weaver al final de Aliens. Más allá del simple remedo cinematográfico, el cómic se construye mediante las piezas proporcionadas por los números anteriores. Claremont se limita a colocar a sus criaturas en la posición apropiada. Ellas mismas conducen la acción. No hay personaje sin papel específico, sin encaje apropiado en la obra: desde el debutante dragón Lockheed, creado por Smith en homenaje a su moto y destinado a ser mascota de Kitty, a los Acanti, la descomunal raza extraterrestre esclavizada por El Nido y cuya alma se ocupa de la purificación de la Patrulla-X y de la aniquilación de la Reina del Nido; desde una Tormenta en conflicto interno, obligada a acabar con la vida que lleva dentro, a “abortar”, para a cambio salvar a los Acanti, a ese Lobezno dispuesto en cualquier momento a sacrificar su vida por sus amigos “o a darles una muerte rápida y limpia”.

 

Claremont sostiene el suspense en cada viñeta gracias a trucos tan inteligentes como no dejar al lector que confíe en ninguno de los hombres-X, ante la posibilidad de su transformación en eslyzoides. El suspense se eleva una vez más en la viñeta final, cuando Lobezno deduce lo que ya debería ser una obviedad para cualquier avispado lector, que todavía un humano contiene un embrión de alien, que “sólo hay una persona que pueda llevarlo dentro. Charles Xavier”. Así, de nuevo la muerte revolotea sobre la strip en el siguiente número, en parte por el síndrome Fénix, en parte por la portada con Cíclope sosteniendo en brazos a un Xavier que parece difunto, en una imagen muy similar a la cubierta del UXM 136. Técnicamente, Xavier llega a morir, transformado en una Reina del Nido. Con un malabarismo de difícil justificación de no ser por la inexistencia de alternativas, el Profesor vuelve a la vida gracias a un cuerpo clónico de fabricación sh’iar que le permite andar de nuevo, aunque tal posibilidad sea de momento condicionada a un intenso entrenamiento. El episodio coincide con la aparición del The New Mutants1 y cuenta con la presencia de los bebés-X como invitados especiales. El siguiente número, titulado El profesor Xavier es un idiota, justifica por qué Kitty, con una edad similar y en algunos casos inferior a la de ellos, no está en el nuevo grupo. La excusa es que Kitty, empeñada en quedarse con la Patrulla-X ante un Xavier empeñado en pasarla a los Nuevos Mutantes, ha demostrado más madurez de la que corresponde para su edad. Las razones reales de Claremont son muchas: pretende seguir adelante con el romance entre Kitty y Coloso, apenas esbozado durante la saga del Nido; quiere evidenciar a través de la chica el cambio radical que planea hacer en Tormenta, y, por último, Kitty es el último bastión para la inocencia que queda en la Patrulla-X. “Kitty es diferente de los bebés-X”, dice Claremont. “Es una adolescente con un cerebro de persona mayor”

Es Navidad de 1982. Dos años después de su muerte, los ecos del trágico final de Fénix resuenan más fuerte que nunca. Dentro de la colección, con constantes referencias. No es simplemente que todos, desde Magneto a Corsario, lamenten la muerte de Jean. Los lectores conviven con la posibilidad de que cualquier hombre-X sea el siguiente en caer. Casi ocurre de nuevo con Kitty en el UXM 150, o con Xavier en el 167. Cualquier augurio de tragedia supone un inmediato aumento de ventas. Esos mismos lectores necrófilos insisten una y otra vez en que Jean regrese. Claremont no deja nunca de coquetear con la idea: El cuento de hadas de Kitty(UXM 153) contempla un final feliz a la saga de Fénix Oscura y el UXM 157 luce una Fénix renacida de las cenizas en portada que se convierte en una Kitty disfrazada en el interior. Basta una insinuación para que todos crean que Jean Grey vuelve a vivir. Ocurre que Claremont no está dispuesto a renunciar a esa maravillosa sensación de imprevisibilidad que le permite buscar siempre una nueva sorpresa a la vuelta de la esquina. La siguiente consiste en engañar a todos. Si tan encoñados están con Fénix, que crean que ha renacido de sus cenizas, que está vez va en serio. Que sea una forma digna de darles lo que piden, y él mismo desea, sin tener que resucitar a Jean Grey. ¿Cómo? Haciendo una nueva Jean Grey. Una pelirroja con el físico y la personalidad de la muerta. Que conozca a Cíclope, se enamoren y se casen en el especial del veinte aniversario, que luego se convierta en una secundaria más, en otra Moira McTaggert, como estaba previsto con Jean antes de que Jim Shooter se pusiera por en medio. Si además se puede aprovechar su debut para una intriga como no ha conocido antes la serie, mejor todavía. Sin estridencias, metiendo la cuña poco a poco, con el mismo in crescendo que convirtiera a los UXM 129 a 137 en una obra maestra definitiva.

UXM 168, página veintidós. Cíclope llega a Anchorage (Alaska) para conocer a sus abuelos paternos. La piloto del avión se llama Madelyne Pryor. “Me he vuelto loco… ¡Pero papá y Alex también la ven! Su voz, su rostro… ¡No puede ser! ¡Es imposible”, piensa ante la mujer que es réplica exacta de Jean Grey. Claremont introduce así al personaje con el que llevará la colección a las mismas cotas de excelencia alcanzadas dos años antes junto a John Byrne. La saga, que culmina en el UXM 175 (XI 83) recupera la estructura en tres actos que ya se empleara con Fénix Oscura. Al igual que en ésta, los dos primeros actos están centrados en asuntos colaterales: la presentación de los Morlocks y el viaje a Japón de la Patrulla-X para la boda de Lobezno. El tercer acto supone el regreso desde las cenizas de Fénix Oscura, una vuelta anunciada en los números precedentes mediante pequeñas insinuaciones. Las similitudes de una y otra historia se reducen al aspecto exterior y al villano. El tono y el argumento han cambiado.

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