Spider-Man, el videojuego. La emoción de los píxeles

Por Julián M. Clemente
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Tengo un gran colega que se llama David. Es uno de los mayores expertos de videojuegos que puede encontrarse en nuestro país. Si a vosotros también os gusta el asunto, seguro que reconoceríais su cara nada más verle, porque suele aparecer en las columnas de una de las más prestigiosas revistas dedicadas a este particular y revolucionario arte. David, consumado jugador que no se deja llevar por los fuegos artificiales, suele ser justo en sus apreciaciones… El problema es que también es un gran fan de Star Wars, y eso le lleva a considerar Rogue Squadron una obra maestra, cuando no se trata más que de un juego correcto y algo aburridillo que a servidor no le aguanta ni cinco minutos encendido antes del primer bostezo. ¿Y qué tiene todo esto que ver con Spider-Man? Pues muy sencillo. En el fondo, comprendo perfectamente a David…. Comprendo su emoción a la hora de jugar a Rogue Squadron, porque más allá de la calidad del juego, le invade la emoción de estar montado a bordo del X-Wing.

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La verdad sobre la creación de Spider-Man

Por Steve Ditko
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En mi serie de ensayos Avenging the issues (y que está en fase de preparación) analizo con mayor profundidad aspectos de las ideas, los creadores y la creación, definiciones y otros conceptos relevantes (colaboración, propiedad de los originales, derechos y justicia) y sus diversos contextos (Marvel, el éxito de Marvel, división del trabajo). También se examinan numerosos errores, confusiones y falacias.
Pero con la History of Comics de Robin Snyder se me ha dado la oportunidad de tratar brevemente algunos temas y problemas específicos, como la creación y el traje de Spider-Man, que nunca deberían haber surgido y que desgraciadamente están ahora descontrolados casi totalmente. Ahora, con suerte, puede liquidarse o pasar a un estado de menor interés.

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Personajes poco secundarios

Por Julián M. Clemente secundarios.jpg Supporting Characters es el respetuoso nombre que los americanos dan a lo que nosotros llamamos, en un acto de desprecio lingüístico, personajes secundarios. En muchos casos, esos secundarios son los que dan vida a la obra, los que la enriquecen y completan. Sin ellos, la historia está coja y pierde sentido. Amazing Spider-Man ha contado siempre con el plantel de secundarios más importante del cómic americano, imitado hasta la saciedad e inimitable por más que autores mediocres se en empeñen en repetir esquemas. Como en la vida de cualquier persona, los conocidos de Peter Parker entran y salen, se relacionan, se enfadan o se emparejan los unos a los otros. A veces, Peter les ve a diario. Otras, se pierden durante meses, incluso años.

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El otro significado de “blue”

Por Julián M. Clemente
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Blue [Blu:} ADJ. Azul; cielo; triste, deprimido/a; to feel… estar tristón/ona, tener pena; enamorado. (Collins English-Spanish Dictionary. Harper Collins, tercera edición. 1998).
Tengo un viejo amigo que se llama Peter.
Le conozco desde hace más años de los que pueda recordar. Vino conmigo al colegio, al instituto, a la universidad, a las clases de post-grado y al trabajo. Podría mirar hacia cualquier momento de mi vida, y sería completamente diferente a cualquier otro, pero siempre encontraría un denominador común: Peter estaba allí, a mi lado. A lo largo de todo este tiempo, le he visto estudiar, pasar cursos, enamorarse, sufrir la pérdida de unos cuantos seres queridos, casarse, separarse… Y, mientras tanto, yo también terminaba el instituto, empezaba la carrera, pasaba cursos, perdía series queridos, me enamoraba…

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Deudas pendientes: Daredevil, Spider-Man… Y Frank Miller

Por Julián M. Clemente
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El diablo y la araña
ésta es la historia de dos amigos. No importa que, en realidad, esos dos amigos sean personajes de ficción. Su relación ha durado más de cuarenta años. Cuatro décadas en las que ambos han pasado por una inicial colaboración y una posterior desconfianza que acabaría por convertirse en amistad. Es un relato que implica a terceras personas, y aquí está la magia del cómic, porque esas personas sí son reales, son algunos de los autores que dieron forma a dos mitos, dos iconos del siglo XX. Y es que, por compartir, estos Spider-Man y Daredevil han compartido hasta diseñador de vestuario en sus sendas películas. Pero me estoy adelantando a los acontecimientos, porque nuestra historia comienza mucho, mucho antes.

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El final de la inocencia

Por Julián M. Clemente
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Invierno de 1973. Desde su semi-retiro como guionista, Stan Lee contempla los progresos de sus sustitutos, en especial los de Gerry Conway, quien le ha sucedido en una de las series más emblemáticas con las que cuenta Marvel, la protagonizada por Spider-Man. Conway apenas tiene diecinueve años, pero Lee está convencido de que es justo lo que necesita la colección, que alguien de esa edad comprenderá mejor que nadie lo que pasa por la cabeza del universitario Peter Parker. Para apoyarle y vigilarle, cuenta además con la inestimable ayuda de John Romita.

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El Spider-Man de Stan Lee y Steve Ditko: El nacimiento de Una obra maestra

Casualidad. Azar. Destino. Ocurre una vez entre un millón, y cuando ocurre no sabemos como llamarlo. Está más allá de toda comprensión humana. Alguno no le dan importancia y lo llaman casualidad. Otros intentan racionalizarlo, y lo llaman azar. Los hay que ven el toque de un poder superior, y lo llaman destino.
Steve Ditko lo llama magia.

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Las mujeres de Spider-Man

Por Julián M. Clemente
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“Enamorarse, el odio al trabajo y otros éxitos del pop”. Así se presenta una de las novelas capitales de la década de los noventa: Alta fidelidad (Ediciones B, Barcelona, 1995), firmada por el genial Nick Hornby, con una adaptación cinematográfica a la altura del original. En ella, un loco por la música con el que podría identificarse cualquiera de nosotros, utiliza las típicas listas de los más vendidos para ordenar sus prioridades en la vida, ya sean trabajos, amigos o incluso mujeres. Al fin y al cabo, ¿quién no ha entrado alguna vez en el juego de elegir los mejores libros, o los mejores momentos, o las mejores novias/os? Es un juego que, en el caso de Peter Parker y en el caso de una miniserie centrada en su relación con la más explosiva de sus ex, no nos resistimos a poner en marcha y hacemos extensible a todas las mujeres de su vida. No en vano, las aventuras de Spider-Man siempre han podido calificarse de gran comedia romántica. Allá van quince buenos motivos.

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Dolor

Por Julián M. Clemente dolor.jpg Hay quien nace con un brillante futuro por delante. Hay quien está destinado a ser guapo, tener dinero, éxito con las mujeres, y todo lo que dicen que hace feliz a una persona. Pero también existe el lado opuesto. Hay personas que nacen para perder. Y tú eres uno de esos, Parker. Lo supiste desde siempre. Por mucho que lucharas contra ello. Estaba ahí, cada día de tu vida, como si fuera un pitido agudo en el fondo de tu cerebro que, con el paso de los años, has terminado por ignorar la mayor parte del tiempo. Por desgracia, una o dos veces al día, algo o alguien te recordaba lo que eras, lo que siempre has sido en tu larga y terrible existencia de quince años de sufrimiento y dolor: un perdedor. Peter Parker, el gran perdedor.

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Spider-Man: Te podría pasar a ti

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El héroe más popular de los publicados por Marvel Comics estuvo a punto de no llegar a ver la luz. Spiderman debutó en el último número de una agonizante colección que hasta entonces había contenido relatos cortos de monstruos, misterio y terror. Stan Lee había incluido en el Amazing Fantasy 15 (agosto de 1962) las once páginas del origen del Hombre Araña porque su jefe Martin Goodman desconfiaba de la capacidad del lanzarredes para convocar lectores. Lee por el contrario tenía la intuición de que volvería a triunfar con su nueva criatura. La idea básica de Spiderman surgió de un momento de distracción en el que el genial guionista se había quedado mirando cómo una araña trepaba por la pared de su oficina. El aspecto verdaderamente revolucionario del personaje tendría más que ver con su identidad pública que con sus poderes. Hasta ese momento, era moneda común que un joven adolescente acompañara al héroe principal. Los guionistas podían mantener así al protagonista hablando con alguien en cada viñeta, y los lectores podían identificarse con estos sidekicks. Stan Lee no estaba de acuerdo con tal planteamiento. Le aburrían profundamente los ayudantes, como demostraría el hecho de que prescindiera de Bucky Barnes al traer de vuelta al Capitán América. ¿Qué ocurriría si el adolescente fuera quien protagonizara la serie? Stan deseaba emprender ese camino, hasta entonces inexplorado. El alter ego de Spiderman se llamaría Peter Parker, y sería un chaval inteligente, marginado de sus compañeros de estudios y de las chicas, y un tanto inocente, retrato robot de muchos de los compradores habituales de los cómics Marvel. El hecho de ser picado por una araña radiactiva que le transferiría sus habilidades y su fuerza proporcional no mejoraría la popularidad de Peter Parker. Muy al contrario. Disfrazarse como Spiderman tan sólo le acarrearía problemas, pero no podría jamás renunciar a su carrera de justiciero, porque el destino, y la muerte de tío Ben a manos del ladrón que se negó a detener, le enseñarían que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.
Jack Kirby, como en tantas otras ocasiones, sería el dibujante de la nueva colección, pero al ver las primeras páginas que hizo El Rey, Stan comprendió que se había equivocado. Jack había seguido el mismo canon que utilizaba para el resto de sus héroes, y no era esa la visión que Stan tenía de Spiderman. El trabajo pasó entonces a Steve Ditko, un artista opuesto en todo a Kirby. Ditko hizo que el trepamuros fuera delgado y se moviera de forma inhumana. Diseñó un innovador traje con máscara completa y ojos enormes y reflectantes, tan sobrecogedor que continúa siendo uno de los mejores uniformes de superhéroe de todos los tiempos.

Artículo aparecido originalmente en el libro Marvel 100 % Clásicos, publicado por Cómics Forum

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