CARTAS MARCADAS: LOEB Y SALE ANTES DE LA GRANDEZA

Stan Lee y Jack Kirby, Dennis O’Neill y Neal Adams, Chris Claremont y John Byrne, Marv Wolfman y George Pérez, Garth Ennis y Steve Dillon, Ed Brubaker y Sean Phillips… algunas de las obras más destacadas del cómic estadounidense se asientan sobre los hombros de sólidos equipos creativos compuestos por un escritor y un dibujante de talentos equiparables, y cuya suma es mayor que el valor de las partes. En los años noventa, el formado por Jeph Loeb y Tim Sale destacó sobremanera gracias a la tetralogía de colores que realizó en Marvel o las historias para Batman y Superman construidas en DC Comics. Pero Loeb y Sale no salieron de la nada; antes realizaron trabajos que pasaron inadvertidos, pero que revstían un valor indudable, además de que sobre ellos tomaron impulso para sus obras más ambiciosas. La miniserie Lobezno / Gambito: Víctimas es uno de ellos.

¿Alguien recuerda a Los Retadores de lo Desconocido? Fueron un invento de Jack Kirby anterior a Los Cuatro Fantásticos, cuya presencia en los libros de historia tan sólo obedece al hecho de haber servido como precursores lejanos de La Primera Familia. en la DC Post-Crisis los editores buscaban la combinación perfecta de buenos autores y conceptos olvidados. Después de poner al día a los grandes de la casa les fue tocando el turno a los más variopintos secundones, lo que posibilitó la reinvención de personajes que hoy en día se han convertido en leyenda (Animal Man, Question, Sandman…), en un recuerdo agradable (la Doom Patrol pre-Morrison, el Capitán Atom, Halcón y Paloma…) o en todo un misterio perdido en las cajas de saldo de las librerías especializadas (la miniserie que protagonizaron estos viejos personajes).

Arrancaba la década de los noventa y ni un pelo de tonto tenía Jeph Loeb. Nacido en 1958 en Connecticut y californiano de adopción, en sus estanterías reposaban todos y cada uno de los tebeos publicados por Marvel y DC desde 1964. Todos. Una etiqueta segura de aficionado comiquero incombustible para un tipo que, hasta entonces, se ganaba la vida en la industria cinematográfica escribiendo y produciendo títulos que no entrarían precisamente en ninguna lista de obras maestras: Comando y De pelo en pecho (ambas de 1985), por poner un par de ejemplos más que ilustrativos. Afición y trabajo se encontraron, y Loeb conoció a Jenette Kahn, entonces presidenta de DC, con motivo de un proyecto de película de Flash que nunca llegó a materializarse. Loeb por lo menos salió del encuentro con la invitación a convertirse en guionista de tebeos. Y así empezó todo.

Puestos a pedir, el recién llegado quería trabajar con Batman, Superman o Wonder Woman. Ninguno de los tres estaba disponibles, de ahí que acabara fijándose en… Los Retadores de lo Desconocido. La gran ventaja era que podía hacer prácticamente lo que quisiera con ellos, que nadie iba a protestar por el tratamiento que le diera al cuarteto de aventureros. El gran inconveniente era que probablemente nadie se fijara en el cómic, pero qué diablos. Con el sueldo de Comando, había pagado la hipoteca de su chalet y no tenía grandes ahogos económicos. Podía permitirse semejantes ligerezas. Fue entonces cuando Tim Sale entró en escena. En aquel momento, este neoyorquino nacido en 1956, marvelita declarado, artista daltónico y alumno de John Buscema tan sólo había publicado sus dibujos para las novelas gráficas de la saga literaria Thieves’ World, mientras que sus miniseries de Grendel (con Matt Wagner) y Amazon (Con Steven T. Seagle) estaban a punto de salir a la calle. Barbara Kesel presentó a ambos autores y enseguida decidieron trabajar juntos. Lo que más le atrajo a Loeb fue que Sale, con su trazo limpio y elegante, dibujaba gente real, e incluso fea cuando era necesario.

Challengers se publicó a lo largo de 1991, pasando por completo inadvertida entre los lectores, pese a que reunía todas las condiciones para llegar a título de culto: un guión complejo y sin concesiones, experimentos narrativos en cada página, un montón de guiños a la cultura popular en general, y a la cinematográfica y comiqueril en particular, y un resultado difícil de leer, pero agradecido de degustar, surrealista y divertido. El mítico editor Archie Goodwin sí apreció los méritos de la miniserie y encargó a Sale una saga para Legends Of The Dark Knight, escrita por James Robinson. Goodwin estaba tan satisfecho que invitó a Sale a que preparara una segunda historia. Sale propuso a Loeb como guionista, y el resultado fue “Choices” (luego renombrado “Fears”), el primero de una trilogía de especiales de Halloween del Hombre Murciélago al que seguirían “Ghosts” en 1994 y “Madness” en 1995. Supusieron un inesperado éxito de ventas y que Loeb entrara en el radar de Marvel en general y de la Franquicia Mutante en particular, donde empezó a escribir la serie abierta de Cable, participó en “La Era de Apocalipsis”, creó a X-Man y, en lo que a nuestro objeto de interés se refiere, se trajó a su colega Tim Sale.

Formando equipo creativo, ambos se estrenaron en Marvel con una pequeña, pero muy sugestiva y sofisticada, aventura de Bishop, que apareció como complemento de The Uncanny X-Men Annual #18 USA (1994) y con la que se completa este tomo. La segunda fue la miniserie que lo encabeza, y que contaba como protagonistas con los que entonces eran los dos hombres más populares del momento: Lobezno y Gambito. Vista con la perspectiva de los años, “Víctimas” representa una saludable excepción, dentro de lo que venía siendo la Franquicia Mutante en los noventa. Era una época en la que se tendía a integrar cualquier producto dentro del maremágnum de tramas, casi siempre relativas a las figuras de Apocalipsis o Mister Siniestro y que costaban entender de manera autónoma. El dibujo solía ser abigarrado, con abundancia de poses de póster y en línea con los excesos del momento. Predominaban los escenarios desnaturalizados, desde la base secreta del villano a los futuros distópicos alternativos. Por suerte, nada de eso está aquí. “Víctimas” no es sino un relato de corte noir cargado de intimismo y que se construye con lentitud, dejando que respire la narración. Loeb parece contar la historia en voz baja, poniendo ya en práctica ese viejo truco que tanto ha repetido luego de que los textos de apoyo expliquen algo diferente a lo que muestran las viñetas, y dejando a su vez que el soberbio arte de Sale hable por sí mismo. El artista había empezado a hacer efectivo el alejamiento de los artificios gráficos utilizados con Los retadores de lo desconocido, y ya empieza a sustituirlos por una exaltada grandiosidad de la que luego haría gala en proyectos posteriores.

La miniserie funcionó bien, y podría haber sido el comienzo de un conjunto de nuevos proyectos… sólo que entonces Loeb y Sale se reencontraron con Goodwin en la San Diego Comicon, comieron juntos, se acordaron del Batman: Año Uno de Frank Miller y decidieron construir una maxiserie con los mafiosos que habían aparecido en la mítica historia. Fue así como nació Batman: El largo Halloween, la obra que lanzó al estrellato definitivo a la pareja. Luego llegaron, no necesariamente en este orden, las secuelas de ésta, Superman: Las cuatro estaciones y, claro está, la vuelta triunfal a Marvel coincidiendo con el nuevo siglo y con la Dirección Editorial de Joe Quesada. Empezó entonces la tetralogía de los colores, con su toque nostálgico y evocador, asentado en los años dorados de cada personaje protagonista, pero quedaron atrás las aventuras propias, surgidas de la imaginación de los autores y sin referentes previos sobre los que apoyarse. Las historias contenidas en este volumen se erigen así como una curiosidad, un presagio del potencial que ya atesoraban sus autores en aquel lejano 1995 y, quizás, como un precedente sobre el que construir futuros proyectos. Aquellos a los que nos gustaría ver a Loeb y Sale otra vez en Marvel, con algo nuevo, excitante y distinto a lo anterior, lo agradeceríamos inmensamente.

GUARDIANES DE LA GALAXIA: EN EL CENTRO DEL UNIVERSO

¿Quién podía pensar que un grupo formado por personajes de los que nadie se acordaba llegarían a situarse entre los más populares del mundo? Esa capacidad para sorprender es una de las características fundamentales del Universo Marvel y forma parte inherente del mismo. Porque nadie esperaba tampoco nada del nuevo cómic de superhéroes de la editorial de Martin Goodman, cuando nacieron Los 4 Fantásticos, ni nadie daba un centavo por la refundación de La Patrulla-X, cuando tuvo lugar la Segunda Génesis en los años setenta; y cuando nos habíamos vuelto tan cínicos como para excluir la sorpresa del discurrir de La Casa de las Ideas, el prodigio volvió a repetirse una vez más.

 

Un aventurero cortado por el patrón de Buck Rogers y Flash Gordon que había debutado en los magazines en blanco y negro de hacía varias décadas y que llevaba mucho tiempo en el olvido; un árbol humanoide que trataba de conquistar la Tierra en aquellos relatos autoconclusivos de la entrañable Era Atlas; un mapache antropomórfico con el que se habían encontrado unos pocos héroes y que llegó a gozar de una miniserie en los ochenta; la sucesora del hijo del Capitán Marvel original; y unos cuantos personajes asociados con la Marvel cósmica de Jim Starlin. Estaban ahí porque estaban disponibles. Se trataba de construir algo nuevo a partir de materiales de desecho. Incluso el nombre del grupo lo era. Estos Guardianes de la Galaxia no tenían nada que ver con los clásicos, los de 1969, los que procedían del futuro y tenían un arquero con cresta punk en su alineación. Una pena que un nombre tan bueno estuviera durmiendo el sueño de los justos, debieron pensar. Dan Abnett y Andy Lanning ya eran lo suficiente mayorcitos, y estaban lo suficiente experimentados en la industria del cómic, como para esperar que la nueva serie que surgiría de su saga cósmica, Aniquilación: Conquista, fuera a alzarse como un fenómeno de ventas. Más bien aspiraban a ofrecer un producto agradable y divertido que concitara el suficiente número de lectores como para mantenerlo vivo por una temporada. Y acertaron. Sus Guardianes de la Galaxia fue un éxito de crítica y un éxito moderado de público que los mantuvo en pie durante un par de años, entre 2008 y 2010. Después, los planes de Marvel cambiaron, el dúo creativo se separó, y cada uno siguió su camino.

 

Sólo que la historia estaba lejos de acabarse.

 

Kevin Feige, el todopoderoso presidente de Marvel Studios, había triunfado en su plan de recrear el Universo Marvel en forma de franquicia cinematográfica. Había conectado las diferentes películas de Iron Man, Hulk, Capitán América y Thor, y éstas a su vez desembocaron en Los Vengadores, el mejor sueño hecho realidad que pudiera atesorar cualquier fan. Pero el plan de Feige iba mucho más allá y necesitaba de expansión. A falta de Spiderman, La Patrulla-X y Los Cuatro Fantásticos, se vio obligado a buscar alternativas, y es ahí donde entraron en juego los Guardianes de la Galaxia de Abnett y Lanning. Estaban en la biblioteca de la editorial, su planteamiento era sencillo y efectivo y el que carecieran de un largo pasado a sus espaldas concedía una libertad extraordinaria a la hora de llevarlos a la gran pantalla. En verano de 2012, apenas un mes después del estreno de Los Vengadores, Feige hizo el anuncio oficial: en 2014, Peter Quill y compañía arrasarían en las carteleras.

 

Habían pasado dos años desde la cancelación de la serie de Abnett y Lanning, así que en Marvel se dispusieron a poner de nuevo la cabecera en marcha, apostando por ella al máximo. Brian Michael Bendis, que en aquel entonces pertenecía al reducido número de personas que desde la editorial asesoraba al estudio cinematográfico, fue el elegido para encabezar un producto que se adelantaría a la película para emularla: la cuadratura del círculo que sólo alguien con la habilidad de Bendis, el hombre que había reinventado a Spiderman o a Los Vengadores, podía conseguir. Los Guardianes de la Galaxia reaparecieron en el primer arco argumental de Vengadores, Reuníos, una colección pensada para incorporar al público que estaba consiguiendo La Casa de las Ideas a través del cine. Sirvió también para traer de vuelta a Thanos, el villano que iba a jugar un papel fundamental en las siguientes fases del Universo Cinemático, y para dejar caer una posibilidad sorprendente: que Iron Man se uniera al equipo. Bendis lo quería en sus filas, como una manera de unir los puntos que separaban a Los Vengadores en la Tierra de los Guardianes de la Galaxia en el espacio. Si Lobezno podía estar en varios grupos a la vez, ¿por qué no Tony Stark?

 

Puestos a romper reglas, el lanzamiento de la serie destrozaría unas cuantas. La ocasión coincidió con el comienzo de Marvel Now! y con la consiguiente reestructuración de todas las series y equipos creativos de la factoría. Bendis dejó atrás Los Vengadores, algo que parecía impensable en aquel momento, y los sustituyó por La Patrulla-X y por los Guardianes. Las aventuras de éstos no empezaron por el primer número, sino por un episodio especial, un Guardians Of The Galaxy #0.1 USA con el que Bendis actualizó el origen de Starlord, partiendo de la primera aparición que había tenido éste, en Marvel Preview #4 USA (1976). El guionista se quedó estupefacto por la fuerza del relato original, que pronto calificó como uno de los mejores orígenes que había tenido jamás un superhéroe. Se encontraba entre los pocos cómics clásicos que leyó de cara a la preparación de la serie. Para el episodio, le acompañaba a los lápices Steve McNiven, el artista de Civil War, que desde entonces había firmado también El Viejo Logan, otra de las obras fundamentales de la Marvel del siglo XXI. Requerido siempre para ocasiones puntuales, McNiven iba a estar disponible sólo para el lanzamiento, puesto que a partir de la mitad del segundo número tomaría las riendas Sara Pichelli. La dibujante italiana venía de acometer junto a Bendis otra tarea titánica, la serie de Miles Morales, el entonces desconocido con el que se habían atrevido a sustituir al Spiderman del Universo Ultimate.

 

Para el resto de miembros de los Guardianes, Bendis escribió pequeñas historias, cada una de ellas dibujada por diferentes artistas, que servían como puente entre las anteriores apariciones del equipo y la nueva vida que pronto tendrían. Los relatos, antes que aparecer en papel, vieron la luz en la web de Marvel, como parte de la iniciativa Infinite Comics, que permitía jugar con elementos de la narrativa gráfica imposibles en papel. Por fin, el 27 de marzo de 2013, llegó a las librerías especializadas el primer número de Guardians Of The Galaxy. En portada, Starlord apuntaba con su índice hacia delante, en la dirección en la que le acompañarían Groot, Mapache Cohete, Gamora, Drax y, sí, Iron Man. Era también a donde debían mirar los lectores. De repente, el espacio, un escenario que tradicionalmente se situaba en un segundo plano de las preocupaciones de Marvel, pasaba a ponerse por delante. Guardianes de la Galaxia era la nueva colección que nadie podía perderse.

 

 

EL (VERDADERO) ENCAJE CRONOLÓGICO DE LA MINISERIE DE MAGIK

En The Uncanny X-Men #160 USA (agosto de 1982), Chris Claremont y Brent Anderson narraron la historia en la que Illyana Rasputín quedaba siete años atrapada en el Limbo, lo que apenas eran unos instantes para La Patrulla-X.

El cómic dejó sorprendidos a los lectores. Illyana entraba en el Limbo como niña, y salía como una adolescente.

¿Qué había ocurrido en todo ese tiempo? Como tantas otras veces, Chris Claremont se lo tomó con calma para revelarlo. Pasaron los meses, La Patrulla-X dejó la isla de Magneto en la que se encontraba, fue al espacio a luchar contra El Nido, el Profesor Xavier dio por muertos a sus alumnos y fundó Los Nuevos Mutantes. En The Uncanny X-Men #165 (enero de 1983), esta escena servía para justificar el nacimiento del nuevo grupo.

The New Mutants #1 USA se publicó con fecha de portada de marzo de 1983. La Patrulla-X regresó a casa, claro, y ya se quedaron los dos grupos de mutantes que existirían a partir de ese momento. ¿Qué tiene esto que ver con Illyana? Sigamos. Con fecha de diciembre de 1983, más de un año después de Uncanny X-Men #160, aparece el primer número, de los cuatro, que tendría la miniserie protagonizada por Magik. La miniserie comenzaba con la Illyana adolescente en primera página:

…y a partir de ahí asistíamos a un largo flashback en que se narraba todo lo que Claremont no había contado más de un año antes. Efectivamente, ese flashback rellena el hueco de UXM 160 entre esta viñeta…

Y esta otra:

Pero, insisto, es un flashback, un largo flashback que transcurre en el pasado con respecto al momento en que se contextualiza ese flashback. Es una historia DENTRO de otra historia.

Es un buen momento para pararse y recordar que todos estos cómics se publicaron originalmente en formato grapa. Es el formato para el que se crearon y en el que mejor funcionan. Leer estos tebeos mes a mes, asistir a la manera en la que se entremezclan las historias y todo encaja era uno de los mayores placeres que podía encontrar un lector de La Patrulla-X. También es cierto que ese placer no tuvo ocasión de disfrutarlo en su momento el lector español. Aquí, por ejemplo, la miniserie de Magik se publicó por primera vez antes que la historia del Limbo del UXM 160, y ese detalle, junto con los que contaremos un poco más adelante, apuntala que haya lectores que la vean en su imaginario como cómics próximos, por más que los separara más de un año en su edición original.

Si tenemos los cómics en las grapas originales cada lector puede colocarlos como estime oportuno, o no colocarlos en absoluto. Por eso la grapa es el mejor formato que puede existir y todavía no se ha inventado nada que lo supere. En su modestia, la grapa no puede ser más perfecta.

Pero la realidad es que los cómics clásicos no se recopilan en grapa, sino que se recopilan en grandes volúmenes. Marvel lo hace así, y en España se ha adoptado también ese sistema. Marvel además procura en sus ediciones incluir tanto la serie principal como aquellos tie-ins relacionados con esa trama principal. El caso de Uncanny X-Men es especialmente llamativo. La serie empezó siendo la única de la Franquicia Mutante, pero poco a poco se fue expandiendo mediante crossovers, especiales, miniseries… y luego otras series que generaban sus propios tie-ins, especiales miniseries… casi siempre todo ello desarrollado por Chris Claremont, que se esforzaba por establecer lazos entre todos esos cómics, de manera que formaran parte de un puzle en el que todo encajaba. Constantemente, aparecían referencias cruzadas a esas historias, y al leerlas unidas y en el orden de publicación, se accedía a ese rico mosaico tejido por Claremont.

En Estados Unidos, en las recopilaciones de UXM, se ha optado por incorporar todos esos cómics satelitales, cuya abundancia fue creciendo a lo largo de los años ochenta. Primero eran realmente pocos, pero luego aumentó su número, conforme Uncanny se convirtió en un superventas.

Por ejemplo:

Marvel Masterworks. The Uncanny X-Men vol 7 incluye, además de UXM 151-159 y el Annual 5, el Avengers Annual 10, donde se narra la historia de Pícara y Carol Danvers, fundamental para entender luego a ambos personajes.

Marvel Masterworks. The Uncanny X-Men vol 9 incluye, además de UXM 168-175, el Annual 7 y la novela gráfica de Dios ama, el hombre mata, la miniserie de Lobezno de Claremont y Miller, cuyo argumento concluyó en la serie mensual de UXM.

Marvel Masterworks. The Uncanny X-Men vol 10 incluye, además de UXM 176-188 tanto la miniserie de Magik como el Marvel Fanfare 40 (hablaremos de esto en concreto más adelanta)

Marvel Masterworks. The Uncanny X-Men vol 11 incluye, además de UXM 189-193 t el Annual 8 la miniserie de Kitty y Lobezno, de nuevo surgida de un argumento de UXM y que presenta un tramo de la evolución de Kitty, que se llevaba siguiendo en la serie y que llega ahí a un punto de especial relevancia, y X-Men And Alpha Flight 1 y 2, la primera parte de “Las guerras asgardianas”.

etc.

Incluir ese material en los recopilatorios de UXM no es una medida estrafalaria que acometamos por capricho y que no tenga base. Es una decisión editorial tomada por unas determinadas razones, y además es la misma decisión editorial que ha llevado a cabo Marvel, con matices muy puntuales, porque, a veces, como estamos viendo, la colocación de este material en un lugar o en otro no es algo sencillo.

En España, cuando apareció la Biblioteca Marvel: X-Men, la miniserie de Magik se incluyó a continuación de Uncanny X-Men #160. Hay que decir que tenía sentido hacerlo así: la Biblioteca Marvel no contemplaba la publicación de The New Mutants, a la que, como veremos a continuación, está en realidad ligada esta miniserie, y su publicación en ese lugar venía a aclarar qué había ocurrido con Illyana en el Limbo…

…Pese a que su colocación cronológica precisamente ahí era INCORRECTA.

¿Por qué era incorrecta? En primer lugar, en The Uncanny X-Men 160, La Patrulla-X está en la “misteriosa isla de Magneto”, y allí siguen en el siguiente número. ¿Donde comienza la miniserie de Magik? Vamos a verlo de nuevo:

Aquí hay que subrayar una circunstancia especial: los años de Illyana en el Limbo se nos cuentan a través de un flashback. Si la miniserie hubiera consistido, exclusivamente, en la narración de esos años, habría estado claro dónde encajaba: entre las dos viñetas que veíamos antes, si bien hubiera sido un tanto extraño ofrecer una recopilación que partiera el cómic para encajar ahí la miniserie. Por lo tanto, hubiera sido un arreglo bastante correcto incluir la miniserie a continuación del UXM 160.

¿Cuál es el problema de orden cronológico? Evidentemente, la escena con la que se abre y se cierra la miniserie, y que sirve para encuadrar el flashback. Es una escena que tiene lugar en un momento muy, muy concreto. Y ese momento… NO ENCAJA CRONOLÓGICAMENTE entre el UXM 160 y 161. ¿Por qué no lo hace? Por varios motivos.

El primero de ellos es que la acción actual se sitúa en Escuela del Profesor Xavier para Jóvenes Talentos. Ya hay algo ahí que no encaja con respecto al 160 y 161, en los que La Patrulla-X estaba en la isla de Magneto. La miniserie, como hemos dicho, se comenzó a publicar en diciembre de 1993, más de un año después del Uncanny X-Men 160. Y el deseo de Chris Claremont no era encajarla cronológicamente a continuación del 160. Si hubiera sido así, hubiéramos visto a Illyana poco después de su vuelta, y en la isla de Magneto, junto al resto de La Patrulla-X. Pero no son esas las circunstancias que se narran ahí, sino otras muy distintas que son las que nos llevan a determinar el momento en el que se está desarrollando la acción.

¿En qué momento? Para averiguarlo, vámonos al último número de la miniserie, a las páginas en las que ha terminado el flashback y volvemos al presente:

Seguimos en la mansión de Xavier, pero además hay un indicativo temporal que nos especifica cuándo:

¿Está claro? Espera, vamos a verlo más de cerca:

“Eso ocurrió hace un año”, y especifica: el X-Men #160 es lo que fue hace un año.

Pero hay más, porque a continuación pasamos página:

Este es el final de la miniserie. Fijémonos ahora en la última viñeta. ¿Quiénes son esos chavales?

Son unos chavales que están jugando en la nieve. ¡Son Los Nuevos Mutantes! ¿Recuerdas cuándo se empezó a tejer su nacimiento?

Correcto, en el Uncanny X-Men 165. De colocarse la miniserie de Magik a continuación del Uncanny X-Men 160, nos encontraríamos tres discordancias importantes:

*Illyana está en la mansión, cuando se supone que entre el UXM 160 y 161 se encuentra en la isla de Magneto

*Se afirma específicamente que ha pasado un año

*Los Nuevos Mutantes aparecen al final de la miniserie, pero, a la altura del Uncanny 160, todavía no existían.

¿Dónde encaja entonces la miniserie de Magik? Como hemos dicho, Chris Claremont escribía sus historias con mucho cuidado de que todo estuviera bien coordinado, e hilaba muy fino a la hora de hacerlo. La miniserie de Magik, además de contar, mediante un flashback, lo que había ocurrido en el Limbo un año antes, también sirvió para que el personaje se uniera a Los Nuevos Mutantes. De hecho, durante este periodo, Illyana era una integrante de Los Nuevos Mutantes y no perteneció a La Patrulla-X hasta hace bien poco. Y, de hecho, nos encontramos con el detalle de que las dos últimas páginas del último número de la miniserie, publicado en marzo de 1984…

…Encajan, con milimétrica exactitud, con el comienzo de The New Mutants #14, donde Illyana regresa de su paseo, empieza a nevar y salen unos chavales, Los Nuevos Mutantes, a jugar en la nieve. Básicamente, en el comienzo de TNM 14 se repite, desde otra perspectiva, el final de Magik 4:

Incluso hay una llamada a la miniserie en la segunda página:

Es evidente, por lo tanto, que lo que ocurre a continuación de la miniserie de Magik es The New Mutants 14, hasta llegar a fundirse el final de lo uno con el comienzo de lo otro.

Detalle importante: la fecha de portada de este cómic es de abril de 1984. Es decir: un mes después de finalizada la miniserie. Además, tanto el dibujante del final de la miniserie como de estos episodios de Los Nuevos Mutantes era Sal Buscema. Por último, a partir de este momento, Illyana se unió a Los Nuevos Mutantes y su historia pasó a contarse en su colección, donde se referenció la miniserie en multitud de ocasiones y, al cabo de los años, durante los episodios ligados con Inferno, se nos narraría la vuelta a la niñez. De todo ello, cabe inferir que la intención de los autores era ésta.

Los cómics que leemos cuando nos hacemos aficionados causan una impresión muy importante. Se quedan grabados en nuestra memoria. Ése es el canon, probablemente porque los hemos leído tantas veces, que así es como se quedan para nosotros. Yo crecí leyendo La Patrulla-X de Forum. Leí tantas veces esos cómics que sus diálogos se me quedaron grabados en la memoria, y por eso cuando volví a leerlos, en la nueva traducción de Panini, me chirrió que el texto no fuera el mismo. ¿Qué es lo que había ocurrido? Simplemente, que se había hecho una nueva traducción, y había elementos diferentes. Porque a la hora de hacer la nueva edición el objetivo no consistía en permanecer fiel a la memoria que de esos tebeos tuvieran los lectores de Forum: era permanecer fiel a lo que se decía en esos tebeos.

Cuando salió a la venta Biblioteca Marvel: X-Men, en 2007, no era yo quien planificaba esos libros, pero me pareció un golpe genial incluir la miniserie de Magik, y hacerlo en el lugar en el que va. Ni siquiera me di cuenta de todas esas cosas que chirrían, porque, como hemos visto, la miniserie se escribió un año más tarde y, en realidad, sirvió como antesala de la incorporación de Magik a Los Nuevos Mutantes.

El que algo se haya hecho de una determinada manera en el pasado no quiere decir que deba hacerse así siempre, o que esté mal hacerlo de otra manera, siempre que el motivo para hacerlo sea justificado y haya más a favor que en contra. En el caso de Magik, si se hizo así la primera vez fue por una buena razón: se trataba de resolver un cabo suelto de un cómic de La Patrulla-X, que era lo que se incorporaba en la Biblioteca Marvel. La posibilidad de recuperar Los Nuevos Mutantes en ese momento, sencillamente, no se contemplaba. Era un criterio muy acertado… en ese momento.

Luego cambiaron las cosas. Y el criterio que era acertado en las circunstancias de entonces, varió con las circunstancias de ahora. Se comenzó una edición cronológica de la era mutante de Chris Claremont, lo que incluía tanto La Patrulla-X como Los Nuevos Mutantes. Y cuando volvimos a examinar de cerca la miniserie… nos dimos cuenta que no encajaba entre el Uncanny X-Men 160 y 161: Transcurría en la mansión, e Illyana no estaba allí en esos números; aparecían Los Nuevos Mutantes, que a la altura del 160 no existían todavía; y además la historia continuaba, efectivamente, en The New Mutants 14.

En Estados Unidos, la verdad sea dicha, sí decidieron incluir la miniserie dentro de los Marvel Masterworks de Uncanny X-Men… pero no lo hicieron tampoco entre el 160 y 161, sino mucho más adelante, al comienzo del volumen décimo, que también incluye los UXM 176-188 y el Marvel Fanfare 40. Es decir, coincidiendo con la época en la que había sido publicada originalmente la miniserie, y pese a que, a esas alturas, Illyana no tenía una participación destacada en UXM. En todo caso, se trata de un criterio perfectamente válido, sustentado en la cronología del momento, sólo que se aplica a La Patrulla-X y no a Los Nuevos Mutantes.

A nosotros, sin embargo, nos pareció que era buena idea que la miniserie se publicara en el primer Omnigod de Los Nuevos Mutantes, por todas las razones que hemos glosado: el personaje se sumaba a la serie, se continuaba su trayectoria vital ahí, con referencias constantes a la miniserie, etc. Ése es el criterio que se ha seguido, y tiene unos motivos bastante contundentes a favor.

 

TODOS LOS DETALLES CHULOS DEL TRAILER DE SPIDER-MAN: INTO THE SPIDER-VERSE

¡Pedazo de trailer, por todas las arañas! Lo primero, éste es el cartel de la peli. Que también es supermolón:

 

Y ahora, cosas que nos han flipado mucho, o llamado la atención, o parecido curiosas:

Peter Parker es, más o menos, el Spider-Man original de las pelis de Sony, el que encarnó Tobey Maguire:

Vive en un universo más o menos equivalente al nuestro:

Es un poquito capullo:

Quizás Mary Jane ya no está en su vida:

Pero tiene una Spider-Cueva… o algo así:

Miles Morales vive en un universo diferente del nuestro, donde hay Koca-Soda…

…Y el NYPD es PDNY:

Su padre es poli y su madre está también por ahí:

El uniforme es un poquito diferente al de los cómics, pero igual de molón:

Por estar, está hasta el Tío Aron. ¿Será un villano? ¿Un secundario irrelevante?

Los cómics existen en estos universos, con homenajes al Amazing 186…

O a los What If…

¿Quién es ese tipo?

Y por cierto, la publicidad de la contra del cómic es real: de los muñequitos de Remco de finales de los setenta. ¿Por qué no lo serán los títulos de los cómics?

Kingpin es el malo, y el culpable de que se crucen los universos:

También están Lápida y un Escorpión muy creepy:

Oh, y El Duende Verde estilo Ultimate:

¿Es esa Tía May? ¿Sabe entonces el secreto de Peter?

¿Es este Spider-Man Noir?

Éste claramente lo es:

Gwen Stacy como Spider-Gwen es lo más:

No, espera… ¡Peny Parker, el personaje creado por Gerald Way y Jake Wyatt para “Universo Spider-Man”, es lo más!

Y se ha traído su SP/dr:

¡No, espera! no hay discusión posible: ¡Nada puede molar más que Spider-Ham!

¡Esta peli nos ha puesto el molómetro por las nubes!

 

DE SUNNYDALE A BREAKWORLD: POR QUÉ AMAMOS TANTO A JOSS

Son los ochenta. Tengo catorce años y leo The Uncanny X-Men #143 USA (1981). Chris Claremont y John Byrne me cuentan cómo Kitty Pryde, la integrante más joven de La Patrulla-X, se queda sola en la mansión y se enfrenta contra un monstruo extraterrestre. Y vence. Kitty consigue tostarlo, hasta reducirlo a cenizas, con los motores del Pájaro Negro. En aquel entonces, no he visto todavía Alien, la película que Claremont y Byrne calcaron en aquel episodio. No sé, todavía, que Kitty está replicando a la Suboficial Ellen Ripley, y cuando lo sepa, no va a importarme. Kitty es mejor que Ripley. Porque es una cría, porque no tiene entrenamiento militar, porque no ha viajado (todavía) al espacio y porque, salvo por el detalle de que atraviesa paredes, no se diferencia demasiado de cualquiera de nosotros.

 

Los referentes, en cada momento de la vida, llegan a ser trascendentales. Son los ochenta, tengo catorce años y mis referentes femeninos son las dos mujeres con las que vivo. La que me crio, trabajadora y educadora. Su madre, mi abuela, trabajadora también desde que se quedó viuda con menos de treinta años y tuvo que sacar adelante tres hijos. En la ficción, mis referentes no son siempre tan modernos. Sí, está Julie, de V, que es una mujer guerrera que se enfrenta a un invasor como integrante de la resistencia humana, pero también hay demasiadas princesas esperando que las salven y demasiadas damiselas en peligro. Demasiadas novias del héroe con limitado valor y que en ningún caso saldrían airosas del Test de Bechdel, que todavía ni ha sido enunciado. Faltan muchos años para que palabras como empoderamiento o sororidad suenen en mi cabeza por primera vez. Por eso es tan determinante la aventura de Kitty con su monstruo particular. Porque nadie viene a rescatarla. Porque Coloso no se presenta en la mansión en el clímax. Porque es ella la que da el beso al ruso, y no al revés. Las dos mujeres de las que lo aprendí todo sobre la vida me enseñaron, con su ejemplo, que los tíos no somos necesarios para nada, y mucho menos para rescatar a ninguna chica. Kitty Pryde me enseñó lo mismo en el mundo de la ficción. Y todavía no he dado suficientes gracias a ninguna de las tres.

 

Algo así le debió ocurrir a Joss.

 

Qué lejos está la mansión de Charles Xavier, ubicada en Salem Center (Nueva York) de Sunnydale, en California, y qué cerca se encuentran, en realidad. Kitty Pryde hubiera sido posible, con o sin Ripley, pero Buffy no existiría de no ser por Kitty. Y Buffy, como con toda justicia formula Robert Moore en Joss Whedon: The Complete Companion (2012, Titan Books) cambió la manera en la que se representa a la mujer en la tele y, por extensión, en la cultura popular. Piensa en Alias, Veronica Mars, Battlestar Galactica, Fringe o incluso Handmaid’s Tale, aunque derive de una obra literaria previa. Su discurso, firmemente feminista, hubiera sido imposible sin que Buffy hubiera allanado el terreno. Enuncia también Moore los motivos por los que las creaciones de Joss Whedon han resonado con tanta potencia entre sus seguidores: Porque a Joss le gusta lo mismo que a nosotros, y en este caso no podemos estar más de acuerdo, puesto que a Joss le encanta La Patrulla-X; porque Joss piensa que somos inteligentes, que es otra manera de decirnos que no nos toma por idiotas, y es algo que no siempre ocurre en el mainstream; y porque Joss ama y respeta a las mujeres, algo que demuestra en cada una de sus obras.

 

A muchos Buffy nos enganchó sin que nos diéramos cuenta. Empezó siendo Spiderman, con los problemas de una adolescente en el instituto que, además, tiene poderes y se dedica a eliminar vampiros, pero luego se convirtió en La Patrulla-X, cuando el protagonismo fue más coral que nunca, cuando cada scoobie llegó a tener sus propios poderes y cuando, a qué negarlo, Joss rehizo “La saga de Fénix Oscura” con Willow como protagonista. Así que era una cuestión de tiempo, voluntad y suerte que acabara escribiendo para Marvel y narrando las aventuras de los mutantes. Ya estuvo entre los que les dieron un repasito al guión de su primera película, y estaría en la corta lista de los directores llamados a sustituir a Bryan Singer en la tercera, cuando éste cometió el mayor error de su carrera. Triste que no entrara entonces por la puerta de atrás, pero sí lo hiciera cuando Grant Morrison abandonó a los mutantes y Joe Quesada, en una jugada maestra como pocas, nos lo cambió por algo, me atrevo a decir, mejor: por la Increíble Patrulla-X de Whedon y Cassaday.

 

Sabe Joss de dónde viene y a dónde va. Sabe darnos lo que no sabemos que queremos para quitárnoslo luego y que duela más que nunca. En estos veinticinco cómics, en los que necesitó del doble de meses para culminarlos, nos trajo la consolidación de la pareja formada por Scott Summers y Emma Frost; nos devolvió las esencias superheroicas de La Patrulla-X; nos resucitó a Coloso, el muerto peor asesinado de la historia de Marvel; nos procuró la cura, y nunca entenderemos por qué en Marvel no recurrieron a ella, en lugar de a la mucho más inverosímil, y menos afín al discurso feminista que venía de boca de Joss, intervención de La Bruja Escarlata en “Dinastía de M”; nos aportó SWORD; nos introdujo a Abigail Brand, a Armadura, a Vendas y a Ord… pero, por encima de todo, nos recuperó a la gran ausente en aquellos años: la chica que atravesaba paredes, decía que el Profesor Xavier era un idiota y achicharraba demonios n’garai cuando se quedaba sola en la mansión. Por encima de toda esa épica, grandeza y regreso a los fundamentos, la Increíble Patrulla-X es la gran historia de Kitty Pryde. Y sólo por eso, pero también por tantas cosas que no caben aquí, amamos tanto, tantísimo a Joss y le seguiremos allá donde vaya.

 

Prólogo originalmente publicado en Marvel Integral. La Increíble Patrulla-X nº 2

HOMBRES ARAÑA, MAGOS Y MONSTRUOS: STEVE DITKO EN MARVEL

Cada vez que glosamos la creación del Universo Marvel, solemos referirnos a tres autores como aquellos sobre los que se asientan los cimientos de este formidable cosmos de ficción. Stan Lee, guionista y fuerza impulsora, editor y creador de las conexiones que hicieron de La Casa de las Ideas algo único, un puzzle que conformaba una imagen infinita en que cada cómic no era sino una pequeña pieza; Jack Kirby, el titán del lápiz que dio vida a Los 4 Fantásticos, Los Vengadores, La Patrulla-X y desarrolló aventuras más grandes que la vida, de un colosalismo abrumador y una imaginación desbocada; y Steve Ditko, el reverso oculto, misterioso y extraño de Kirby, un artista de las sombras, de los personajes singulares y los lugares brumosos, de los mundos que están más allá de los límites de la conciencia y de los relatos que invitan a liberar la mente. Donde Kirby dibujaba dioses, Ditko mostraba almas atormentadas; donde Kirby enseñaba invasiones alienígenas y tecnología imposible, Ditko se escoraba por los monstruos informes y las dimensiones aberrantes. Sólo la perfecta combinación de esos talentos habría hecho posible un resultado tan magnífico como para pervivir en la cultura popular durante décadas y como para atraer generación tras generación de autores y aficionados, que no hacen sino perpetuar el reino de los prodigios.

 

 

Stephen J. Ditko nació el 2 de noviembre de 1927 en el seno de una familia trabajadora de inmigrantes eslavos, en Johnstown (Pensilvania). Apasionado de las viñetas desde niño, Ditko quiso escapar del destino de sus padres y señaló el dibujo como plataforma para hacerlo. Practicó de manera autodidacta y cogió así malos hábitos artísticos, hasta que, en 1950, entró en la Cartoonists & Illustrators School de Nueva York bajo la tutela de Jerry Robinson, el cocreador del Joker y de Robin. El artista dio el salto profesional en 1953, dentro de Stanmor Publications, donde ganaba diez dólares por página. Ese mismo verano, entró a trabajar en el estudio de Joe Simon y Jack Kirby, el equipo creador del Capitán América. Allí también estaba Mort Meskin, al que Ditko encontraba especialmente interesante y que fue de gran influencia en su estilo. Ya en 1955, saltó a Charlton, una editorial que le ofrecía enorme libertad creativa, y para la que firmó una gran cantidad de historias de contenido terrorífico, antes de que la implantación, ese mismo año, del llamado Comics Code hundiera ese tipo de publicaciones. La tuberculosis alejó a Ditko de los tableros de dibujo y de la Gran Manzana durante meses. Cuando regresó a Nueva York, Charlton atravesaba problemas económicos ocasionados por un huracán que había arrasado sus instalaciones e imprenta en Connecticut, lo que llevó al artista a llamar a las puertas de Atlas, la editorial que pronto pasaría a llamarse Marvel Comics. Allí trabajó, con Stan Lee como guionista, en los relatos cortos que nutrían el grueso de la línea editorial. Las querencias de Ditko eclosionaron con fuerza en esos relatos, casi siempre de misterio y próximos al terror. Las historias solían desenvolverse en la oscuridad, en escenarios opresivos y de atmósfera enfermiza, habitualmente protagonizadas por individuos incomprendidos por el sistema y que padecían el castigo por querer destacar.

 

Fue, en ese momento fundamental a comienzos de los sesenta, cuando llevó a cabo los trabajos en Marvel que le harían no sólo pasar a la historia del medio, sino cambiarla. Algunas de las más significativas obras de ese periodo son las que nutren este libro-homenaje.

 

 

LA REVISTA QUE RESPETA TU INTELIGENCIA

El particular estilo de Steve Ditko enseguida le granjeó una legión de seguidores que lo distinguían de Jack Kirby u otros artistas de Atlas. Seguían su trayectoria a lo largo de los títulos antológicos de la factoría, como Tales To Astonish o Journey Into Mystery, pero Stan Lee estimó el potencial de un título dibujado en su totalidad a su arte. Fue así como decidió tomar una cabecera preexistente, Amazing Adventures, que aglutinaba historias cortas de distintos dibujantes para, a partir de la séptima entrega, transformarla en Amazing Adult Fantasy. El título apelaba a la sofisticación del lector tanto como el contenido, formado a partir de ese momento por historias de Lee y Ditko que recordaban al show televisivo del momento, The Twilight Zone (Dimensión desconocida en España).

 

El puñado de historias recopiladas en este volumen supone una buena muestra del trabajo de Ditko en Amazing Adult Fantasy, aunque algunas de ellas destacan por su importancia histórica. Así, “Something Fantastic?” hace partícipe tanto a guionista como dibujante de la acción, un truco narrativo al que Stan Lee recurriría en numerosas ocasiones con posterioridad; “¡El hombre del cielo!” presenta en sociedad a los mutantes, concepto posteriormente desarrollado por Lee y Kirby en La Patrulla-X; finalmente, “Spider-Man!” supuso el debut del más popular personaje de Lee y Ditko, que apareció en el último número de la colección. Para esa entrega, perdió el “Adult” del título, y se preparó para acoger en cada episodio una nueva aventura del trepamuros, pero la escasa fe del editor Martin Goodman en la cabecera abocó a su prematura cancelación.

 

ENSAYOS DE GRANDEZA

Antes del debut de Spiderman, hemos incorporado otra muy particular historia de Lee y Ditko, publicada originalmente en Strange Tales, otro de los títulos antológicos de Atlas. Como en muchos de los relatos de la época, presentaba una situación fantástica con resolución sorpresa, con una sirena que habita entre humanos como protagonista. El detalle que ha hecho destacar esta historia por encima de otras es la presencia de los padres adoptivos de la protagonista, llamados Tía May y Tío Ben y caracterizados ya como los que luego serán los tíos de Peter Parker. Ella, en particular, obedece a uno de los modelos de mujer que habitualmente utilizaba Ditko, y que se basaba en su propia madre. Este tipo de historias, con prototipos que luego servirán de modelo a superhéroes, supervillanos y secundarios de La Era Marvel, solían ser habituales en los tiempos inmediatamente anteriores a la irrupción de Los 4 Fantásticos.

 

EL SUPERHÉROE NEURÓTICO, EL ESPEJO DEL DIBUJANTE

El éxito inesperado del Hombre Araña propició el lanzamiento de su propia revista, The Amazing Spider-Man, unos pocos meses después de su debut. Comenzaba así una de las más brillantes etapas que ha conocido jamás el género superheroico. Steve Ditko volcó su experiencia vital, sus aspiraciones personales, sus amarguras y sus triunfos en un personaje con el que trazó una evolución modélica a lo largo de más de tres años. Spiderman reflejaba la angustia adolescente que había sentido el propio autor como nunca se había hecho antes en un cómic y de inmediato fue asimilado por una audiencia que lo estimó como propio. A partir de un determinado momento, Stan Lee dio carta blanca al artista para que él mismo construyera las historias, si bien Lee siguió aportando unos chispeantes e imaginativos diálogos.

 

En esta recopilación, hemos incluido The Amazing Spider-Man Annual #1 USA, el primer especial protagonizado por Peter Parker: una auténtica fiesta en la que se enfrentaba contra los que se habían alzado como sus seis principales villanos hasta la fecha, con la salvedad de El Duende Verde, mientras la Tía May y Betty Brant atravesaban por una situación que, en lugar de caer en los tópicos más manidos, acudía a lo rocambolesco, para convertirse en pieza impagable de una trama genial. El cómic se coronaba con una pequeña historia paródica en la que Lee y Ditko daban cuenta del proceso de elaboración de las aventuras de Spiderman.

 

A continuación, se ofrece la que está considerada como la mejor historia de la Era Ditko, y probablemente una de las mejores jamás protagonizadas por Spiderman. En esta saga de tres capítulos salen a la luz de manera evidente las influencias que sobre Ditko estaban teniendo las ideas del Objetivismo, enunciadas por la escritora ruso-estadounidense Ayn Rand. El Objetivismo apelaba al individualismo extremo, a la glorificación de la excepcionalidad y a un sistema capitalista sin concesiones a la protección de los más débiles. Ditko quedó fascinado por su defensa de la persona sobre la masa, e identificó a Spiderman con el héroe randiano que sale triunfante a pesar de tener todas las circunstancias en contra. Así lo reflejó, en una larga escena de cadencia perfecta, emoción absoluta y final épico, con la que su trepamuros alcanzó la excelencia, y que todavía es recordada como uno de sus momentos más representativos.

 

MÁS ALLÁ DEL VELO DE LA REALIDAD

En paralelo a su etapa con Spiderman, se desarrolló la otra gran obra de Steve Ditko en Marvel, la del Doctor Extraño. El Señor de las Artes Místicas también surgió como parte de un título antológico de la editorial, pero, al contrario que lo que ocurrió con el trepamuros, permaneció en Strange Tales mientras que Ditko continuó en Marvel. Stan Lee adjudicó al artista la creación del mago, inicialmente limitado a lugares comunes que quedaron atrás en cuanto Stephen Extraño echó a andar y fue de menos a más, de “Maestro de la Magia Negra” a guardián de las puertas a dimensiones que no obedecían a las leyes de la física, de hechicero de teatrillo a protector de la Tierra frente a amenazas que desafiaban toda racionalidad.

 

El Doctor Extraño de Ditko provenía de un rincón de su mente que había sido abierto de par en par, pero al que no habían tenido acceso los meros humanos hasta entonces. En lo campus de las universidades, las comunas hippies y las fiestas privadas de los ejecutivos de Madison Avenue querían saber qué era aquello que tomaba ese dibujante de Marvel. No sospechaban que Steve Ditko se limitaba a explorar su imaginación. Doctor Extraño se alzó como vanguardia entre la generación de la psicodelia, y que Storm Thorgerson lo introdujera, casi oculto, en la carátula de A Sacerful Of Secrets (1968) de Pink Floyd no hacía sino refrendarlo.

 

Aquí se incluye el debut y el origen del personaje, con una digna modestia que apenas deja entrever la sublimidad que aguardaba a los pocos meses, para a continuación pasar a la primera gran saga de Extraño, aquélla en la que eclosionó el personaje en toda su originalidad, y concluir con el último de los relatos desarrollado por Ditko para el Hechicero Supremo.

 

EL CAMINO POSTERIOR, EL INICIO DE LA LEYENDA

Las profundas diferencias que se fueron abriendo camino entre Stan Lee y Steve Ditko abocaron, en 1966, a que éste abandonara Marvel desairado y se negara a volver a dibujar a los dos personajes que le habían hecho extremadamente popular. Fiel a su manera de entender los postulados del Objetivismo, ni Spiderman ni el Doctor Extraño volvieron a pasar por sus manos, y también se negó a exigir rendimientos por el éxito posterior de ambos iconos, incluidas sus gigantescas películas, que el artista nunca llegó a ver. Además de estos personajes, en aquel periodo inicial del Universo Marvel también habían pasado por sus manos, aunque en menor medida, otros héroes del momento, como Hulk o Iron Man.

 

Steve Ditko volvió a Charlton, donde incorporó a la librería de personajes de la independiente a Blue Beetle o The Question, reciclados décadas más tarde en la creación de Watchmen, el cómic que subrayó la madurez del género. Pasó por DC Comics, donde produjo Halcón y Paloma o Creeper, sin llegar nunca a alcanzar una repercusión remotamente cercana a la lograda con Spidey o el Doctor Extraño. En los ochenta, recaló en Marvel, en una errática segunda etapa donde todavía dio vida a nuevos personajes, como La Chica Ardilla o Speedball, que alcanzaron cierto predicamento ya en manos de otros. Pero el público de la época no supo entender los planteamientos del artista, cuyo estilo fue juzgado como pasado de moda. El aprecio y el reconocimiento no llegaría sino con el recuerdo de los lectores veteranos, y el descubrimiento por parte de las nuevas hornadas de seguidores, gracias a las sucesivas reediciones de las etapas fundacionales de Spiderman o Doctor Extraño.

 

En los últimos años, Steve Ditko seguía trabajando en su estudio del centro de Nueva York, negándose a hacer apariciones en público o conceder entrevistas, si bien respondía personalmente y de su puño y letra a las cartas que le llegaban de lectores de todo el mundo, y lanzaba sus cómics, en blanco y negro y de un contenido político, alegórico y doctrinal, aunque todavía con destellos de grandeza, a través de mecenazgo y autopublicación. Sus personajes clásicos daban millones, los originales de sus obras más apreciadas podrían haber alcanzado cantidades desorbitadas, pero él se negaba a venderlos, y prefería colocarlos entre su viejo tablero de dibujo y la página que estuviera haciendo en ese momento. Cuando su amigo Greg Theakston lo descubrió y se ofreció a comprarle el mejor tablero que pudiera encontrar, Ditko se negó en redondo. En 2007, la estrella de la televisión británica Jonathan Ross se propuso descifrar el misterio alrededor de Steve Ditko, en un documental para la BBC que seguía su trayectoria con la mayor admiración. Al final del mismo, Ross y el escritor Neil Gaiman se desplazaban a Nueva York y visitaban en su estudio al artista, que fuera de cámara los recibió y mantuvo una agradable conversación con ellos ante la sorpresa de ambos.

 

El 29 de junio de 2018, la policía encontró el cuerpo de Steve Ditko en su apartamento de Nueva York, la suite 715 del nº 1650 de la calle Broadway, tal y como podía localizarse con facilidad en el listín telefónico. Había muerto dos días, antes por causas naturales. Tenía noventa años, y se encontraba preparando su siguiente proyecto, Something Big, una antología de 48 páginas que financiaría mediante pequeñas aportaciones de los compradores. El misterio nunca dejaría ya de rodear a su figura. Sus grandes creaciones nunca dejarían de estar con nosotros. Su genio perviviría para siempre.

 

 

Texto aparecido originalmente en 100 % Marvel HC. Los mundos de Steve Ditko

EL INMORTAL PUÑO DE HIERRO: LA REVIGORIZACIÓN DE UNA LEYENDA

Puño de Hierro, personaje que alcanzó sus mayores éxitos en los años setenta, cuando la tendencia fagocitadora de Marvel se aproximó al género de las artes marciales, no había vuelto a gozar desde entonces de la atención de la editorial o del favor del público de manera equivalente. Pero la ola revitalizadora de la primera década del siglo XXI, por la que se estaba rehabilitando a héroes como Luke Cage o la original Spiderwoman, motivó una puesta al día de ambiciosos objetivos, la que procuraron, a partir de 2006, Ed Brubaker, Matt Fraction y David Aja bajo el título de The Immortal Iron Fist.

 

Fue el mejor año de la edad moderna de Marvel. En 2006, La Casa de las Ideas lanzó “Civil War”, el más ambicioso evento que hubiera producido nunca y el que hizo que todas las miradas se volvieran hacia ella. Pero tal era la potencia del proyecto comandado por Joe Quesada y Dan Buckley, Director Editorial y Publisher, respectivamente, que otras propuestas con menor empaque mediático atesoraban un carisma y una fuerza equivalente. Mientras tenía lugar la Guerra Civil Superheroica, se publicó también “Aniquilación” o “Planeta Hulk”, sagas que alcanzarían un grado supremo de iconicidad, y arrancaban series como The Immortal Iron Fist, que habría de señalar el camino para los héroes secundarios durante los años siguientes.

 

El papel de Puño de Hierro en aquel entonces no podía ser más accesorio. En Marvel querían que Daredevil estuviera de alguna manera presente en el desarrollo de “Civil War”, pero el Hombre sin Miedo se encontraba inmerso en la historia-río planeada por Brian Michael Bendis, con Alex Maleev al dibujo, con el descubrimiento de su identidad secreta como punto de partida. No era factible extraerlo de aquel maremágnum para dejarlo caer en otro conflicto, por lo que en la editorial parchearon con una solución improvisada: Danny Rand, el hombre tras la máscara de Puño de Hierro, asumió su identidad durante la saga, para, una vez finalizada, volver a vestir su traje tradicional, como señal de la llegada de una nueva serie.

 

“Civil War” dio una plataforma formidable desde la que lanzar el proyecto de The Immortal Iron Fist. El editor Warren Simons acudió a uno de los escritores de Marvel que, en los últimos años, había alcanzado la categoría de leyenda. Ed Brubaker (2966, Maryland), que venía del cómic independiente o del policiaco noir de DC Comics, estaba acometiendo la mejor etapa que hubiera tenido el Capitán América en décadas. Gustaba Brubaker de explorar géneros vetustos, para darles un barniz de modernidad y una apariencia de trascendencia que no llegaban a tapar la inmensa épica y diversión que procuraba inyectar a sus guiones por encima de cualquier otra cosa. Y el de las artes marciales probablemente era el más olvidado de todos esos géneros, en cuanto a los superhéroes se refiere. El furor amarillo de los setenta no había vuelto a conocer días equivalentes, si bien en aquel arranque del siglo XXI alimentaba un cierto interés, a través de obras cinematográficas que tomaban algunos de sus aspectos y los popularizaban entre el público masivo, como fueron los casos de The Matrix (1999) y sus posteriores secuelas (The Matrix Reloaded y The Matrix Revolutions, ambas de 2003) y de los dos volúmenes de Kill Bill (2003 y 2004).

 

The Immortal Iron Fist respondía a la búsqueda de una efervescencia equivalente dentro de Marvel, sólo que Brubaker acudió a referentes propios, en lugar de dejarse arrastrar por cualquiera de las modas: sólo así consiguió unos resultados atemporales. En lugar de impostar una puesta al día de Puño de Hierro, la nueva serie escarbaba en la tradición del personaje, para presentar a los lectores a aquellos que habían poseído el título en otras épocas anteriores a la de Danny Rand, y como esa herencia afectaba a éste en el presente. Puño de Hierro como personaje de legado, un significado que ya latía en el personaje desde que fuera creado por Roy Thomas y Gil Kane, o en las más brillantes aproximaciones que habían existido hasta el momento, como la que acometieran Chris Claremont y John Byrne en los setenta, pero en el que jamás se había profundizado con tanta meticulosidad. El planteamiento de la obra, siempre con el presente como faro, permitía saltar de una época a otra, lo que a su vez facilitaba el mestizaje de narrativas. The Immortal Iron Fist no sólo se erigía como una reivindicación de las artes marciales, sino, por extensión, de cualquier género que oliera a pulp: bélico y noir, western y espionaje, se daban cita en un cómic formidable.

 

Se dio la circunstancia de que Brubaker contase con un apoyo para sus guiones, el de un entonces semidesconodido Matt Fraction (1975, Chicago) que, como él, se había desfogado en el mercado indie para a continuación buscar el éxito dentro del mainstream prestigioso que estaba produciendo Marvel. Pronto se significó como el discípulo aventajado de Brubaker, con una progresión meteórica que le llevaría a pasar por otros rincones esenciales de La Casa de las Ideas y a configurar, junto a otro de los artífices de The Immortal Iron Fist, la obra por la que sería más recordado dentro de la editorial, un singular acercamiento al personaje de Ojo de Halcón.

 

Ese autor es David Aja (Valladolid, 1977), la otra fuerza motora de The Immortal Iron Fist. Con una larga carrera a sus espaldas dentro de nuestro país, tanto en la ilustración como en el diseño, Aja coincidió con Brubaker en un número de su aclamada etapa de Daredevil. Su estilo estaba entonces más próximo al realismo sucio que había practicado David Mazzucchelli en sus primeros trabajos que a la depuración que alcanzaría más tarde. La implicación del dibujante en el proyecto ocurrió de manera un tanto atropellada. Todavía no había comenzado a dibujar el episodio de Daredevil cuando se encontraba de visita a las oficinas de Marvel en Nueva York y Warren Simons le comentó que Brubaker estaba interesado en hacer un cómic de Puño de Hierro. Aja manifestó entonces su gusto por el personaje y, a los pocos días, cuando estaba inmerso en el cómic del Diablo Guardián, le ofrecieron encargarse de lo que en principio iba a ser solamente una miniserie y para la que tuvo que preparar una portada de urgencia, de cara a su promoción inmediata.

 

En el momento de anunciarse, The Immortal Iron Fist había mutado a colección abierta. La premura obligó a un inusual cambio en el planteamiento. La idea inicial es que David Aja se ocupara de dibujar también los flashbacks que salpicaban la narración y que mostraban a los Puños de Hierro de otras épocas. Hubiera permitido que ensayara diferentes estilos, en cada uno de ellos. Pero el guión del primer número le llegó con apenas tiempo para acometerlo, de manera que esas páginas acabaron en manos de otros autores, si bien los diseños corrieron de su cuenta. Esta circunstancia permitió embarcar en la empresa a dibujantes tan distintos como Travel Foreman o los veteranos John Severin, Russ Heath o Sal Buscema, cada uno elegido por su proximidad particular al estilo que abordaran las diferentes escenas.

 

The Immortal Iron Fist se alzó como fenómeno, fruto de una colaboración que iba más allá del mero compañerismo y alcanzaba una inmensa complicidad, descrita así por Aja en una entrevista que realizara David Fernández para Zona Negativa en noviembre de 2008: “Los guiones son tan de Brubaker como de Fraction. Se llevan muy bien, e incluso han vuelto a colaborar juntos… al final del segundo arco, casi lo hizo sólo Fraction, porque Brubaker estaba muy liado. Son la hostia. Se trabaja muy bien con ellos. Hemos llegado a un nivel de buen rollo y complicidad, de ponerme cosas en los guiones específicamente para mí… No sé. Trabajamos muy cómodos. Nos entendemos muy bien. Además, hablamos muchísimo, y cada cambio lo comentamos por correo electrónico. Les parece genial, todo”.

 

Y lo era. Desde luego que lo era.

 

Texto aparecido en Marvel Saga. El Inmortal Puño de Hierro nº 1

EL CASTIGADOR: EL PELOTÓN. REGRESO A VALLEY FORGE

La interpretación para lectores adultos que acometiera Garth Ennis de El Castigador en la línea MAX de Marvel durante la primera década del siglo XXI tiene sus fronteras acotadas en Vietnam. La acción empezó y finalizó en el destacamento fronterizo en el que sirvió Frank Castle, por más que el resto de historias recopiladas en los doce volúmenes de Marvel Saga. El Castigador transcurrieran muy lejos de allí. El primero de esos tomos, “Nacimiento”, nos mostraba los cuatro últimos días del protagonista en la guerra, en que se desató una carnicería de la que sólo él salió por sus propios pies. El último tomo, “El fin”, recuperaba aquel escenario a través de los textos de un libro documental que unía las experiencias vividas por Castle en Valley Forge con su posterior transformación en El Castigador. Ahora, con “El pelotón”, Ennis regresa sobre el lugar que tanto le obsesiona, para hablarnos del primer grupo de hombres asignados al Teniente Castle.

 

 

El Nacimiento de El Castigador tuvo lugar cuando prestaba su último año de servicio en Vietnam. Era la historia que había que contar, aquella que se aproximaba a las circunstancias que habían hecho posible la transformación de Frank Castle en un vigilante callejero, y que al mismo tiempo estaba preñada de toda la imaginería que rodeaba a la visión que desde el cine nos había llegado de aquella guerra, con filmes como Apocalypse Now, El Regreso o La Chaqueta Metálica, la favorita de Ennis. Fascinó de tal manera a su autor que, antes de despedirse del personaje, tuvo que regresar allí una vez más, para tratar de dar con las respuestas que todavía le resultaban esquivas, después de tantos años metido en la cabeza de un hombre muerto por dentro.

 

Pero hay lugares de los que nunca puedes huir y, cuando ya estaba próxima a cumplirse una década de la publicación del último número de MAX Punisher, Ennis seguía reflexionando sobre Valley Forge.

 

¿Qué es lo que todavía no sabíamos sobre el Frank que había prestado allí su servicio militar y había insistido en reengancharse hasta en tres ocasiones? Al comenzar “Nacimiento”, ya nos encontrábamos con un soldado macerado por la guerra, que conocía sus demonios y había conseguido sobrevivir a ellos; que había logrado que, en todo ese tiempo, ninguno de sus hombres cayera víctima del enemigo, y que se aferraba de tal manera a aquel lugar como para eliminar al general que había dado la orden de cerrar Valley Forge, “el único destacamento americano que vigila Camboya”, como lo definía Castle. Había, por lo tanto, un amplio periodo en que ubicar nuevas historias. La trama se aproxima a un momento que puede ser tan llamativo para los lectores como el primer asesinato que cometió el protagonista, pero es algo que pasó inadvertido a Ennis en el momento en que lo escribía. Sin embargo, sí cayó en la cuenta de que nunca antes había mostrado a Frank tan joven, si bien su memoria falla un tanto en este aspecto. Antes ya había escrito Punisher: The Tyger, un especial aparecido en 2006 en el que durante algo más de treinta páginas se aproximaba a la adolescencia del protagonista. Lo puedes encontrar el primer tomo de Marvel Saga. El Castigador.

 

En “El pelotón” vuelve a surgir una figura que ya estaba muy presente en “Nacimiento” y que, en cierta manera, iba a servir como motor argumental para “El fin”, la de Steve Goodwin, el soldado de la compañía de Castle que narraba en primera persona los acontecimientos de la miniserie inicial. Su voz no sólo servía para mostrar a Frank desde un cierto alejamiento, sino también para engañar a los lectores, hacerles pensar que, incluso en el más horrendo de los escenarios, puede caber la esperanza. Steve comenzaba “Nacimiento” con unas convincentes palabras: “No voy a morir en Vietnam”. Porque, si estaba contándonos lo que había sucedido en aquellos días, era que, efectivamente, estaba destinado a sobrevivir a ellos. Pero no fue así. Steve perecía en el bombardeo de Valley Forge, como el resto de sus compañeros, y su voz se acallaba en las últimas páginas, para ser sustituida por otra más siniestra.

 

“El fin” arrancó en la actualidad, pero desde la primera página nos empujaba hacia el pasado, mediante Valley Forge, Valley Forge, el libro que Michael Goodwin, el hermano de Steve, había escrito sobre la muerte de éste y sobre la manera en que Frank se había convertido en El Castigador. De igual manera, “El pelotón” toma como excusa el trabajo de investigación de Michael Goodwin de cara a su siguiente libro. El rostro no llega a rebelársele nunca al lector, tal vez porque Michael no es sino un trasunto de Ennis, o quizás porque Ennis quiere que seamos nosotros los que nos metamos en su pellejo.

 

Semejante técnica permite, una vez más, mantener un cierto distanciamiento con respecto a la figura protagonista. Sabemos de Castle a través de terceros, no sólo de sus hombres, sino de otras figuras que no cabe imaginar al comienzo de la historia, que conectan con las guerras perdidas de Nick Furia y que permiten abarcar diferentes puntos de vista, con una meticulosidad más propia del periodismo que del cómic bélico. Para un estudioso del Vietnam que ha alcanzado la especialización de Ennis, ya no basta con las películas de Coppola, Cimino o Kubrick. Le sucede como a Oliver Stone, que, después de dirigir Platoon o Nacido el 4 de Julio, se lanzó al género documental. Ennis ya está en ese nivel, lo que le ha llevado a sumergirse en libros y más libros escritos por supervivientes de la primera guerra en que Estados Unidos fue derrotado.

 

“El Pelotón” se encuadra, de esa manera, en el terreno de la historia oral ficcionada, para presentarnos a un Frank Castle todavía humano, tan humano que llegamos a tomarlo por real. Sabemos que ese personaje algún día será El Castigador, pero si nos faltara ese dato, llegaríamos a creer que lo que se nos está contando ocurrió. Tal es su meticulosidad en todos los aspectos, no sólo en el narrativo, sino también en el técnico y en el histórico. “El Pelotón”, más allá de ubicarse en la biografía de un icono de Marvel, viene a recordarnos, casi medio siglo después de que terminara la Guerra de Vietnam, que el infierno sobre la tierra existió, y que sus efectos todavía se hacen sentir en el presente.

 

Texto perteneciente a 100 % Marvel HC. El Castigador: El Pelotón

DAREDEVIL: ALCALDE FISK. CUANDO EL PUEBLO ELIGE AL VILLANO

Desde que Frank Miller lo extrajera de alineación clásica de villanos de Spiderman para traérselo al mundo de Daredevil, Kingpin se ha alzado como el antagonista por antonomasia del Diablo Guardián. Han sido tantas las veces que se han peleado, tantas las ocasiones en que se han destruido las vidas mutuamente, tantas las situaciones en que ambos se han alzado a continuación para buscar la revancha, que hace bastante tiempo que el recurso se volvió repetitivo. Dado que no hay nada peor para el cómic de superhéroes que el aburrimiento que trae la previsibilidad, cada nuevo guionista que aborda la figura de Wilson Fisk debe hacerlo de manera novedosa y original, al menos con respecto a lo que se haya visto en los tiempos inmediatamente anteriores a su mandato. Y eso es lo que se ha propuesto Charles Soule en el siguiente capítulo de las aventuras de Daredevil, donde Kingpin pasa a convertirse en el alcalde de Nueva York.

Sabemos que hay políticos corruptos porque también hay personas que los corrompen. Las partitocracias, allá donde la falta de democracia interna campa a sus anchas, elijen a los más mediocres, aquellos cuyas voluntades son más fáciles de torcer, y que por lo tanto son susceptibles de dejarse arrastrar por el egoísmo y los bajos instintos. Ante esas figuras, no hay recalificación de terrenos o concesión de servicios que no pueda conseguirse mediante unos cuantos maletines colmados de billetes. Tenemos, por lo tanto, dos lados en la cuerda de la podredumbre, y el uno necesita al otro para que la cuerda se mantenga tensa alrededor del cuello del ciudadano. Pero, a veces, ocurre que alguno de los extremos decide asumir también el papel del otro. A veces, es todo ese partido del que usted me está hablando el que se convierte en organización criminal. A veces, es una persona en concreto la que se queda con el dinero y con los beneficios que trae el dinero. Y así es como nos encontramos con figuras del empresariado que deciden saltar a la política, como atajo para lograr su fin último. Desde nuestra realidad, podemos poner unos cuantos nombres a estas prácticas, que están en la boca de todos. Desde la realidad del Universo Marvel, el nombre que hay que mentar es el de Kingpin.

 

La cercanía de Kingpin con la política es un hecho que forma parte de la esencia del personaje. Su poder se basa en la capacidad de influencia sobre gente que debería ser honrada y que encarna importantes instituciones: policías, senadores, congresistas, concejales… Pero, hace algún tiempo, el Rey del Crimen decidió cambiar de táctica y pasar a primer plano. Todo empezó con motivo de “Imperio Secreto”, cuando Manhattan quedó cubierta por una cúpula impenetrable de oscuridad que vio abocada la ciudad al caos. En esas circunstancias, Wilson Fisk se erigió como protector de los más débiles frente a quiénes trataban de sacar tajada de la situación. Y todo lo que pidió entonces a cambio a los ciudadanos a los que había salvado fue… que lo recordasen. Había empezado el viaje a la legitimidad, que continuaría en la excelente saga que puedes leer en 100 % Marvel. Kingpin: Corriendo con el diablo. Se trataba de un proyecto, a cargo del pujante Matthew Rosenberg, que probablemente hubiera terminado en este mismo punto, de no ser porque tuvo que ser cancelado prematuramente, quedándose en mera miniserie.

 

Charles Soule retomó al personaje y la nueva orientación que le había dado Rosenberg, hasta llevarlo a las últimas consecuencias. En las últimas páginas del tomo anterior, Matt Murdock regresaba a casa después de una breve ausencia para encontrarse con la sorpresa: Kingpin era el nuevo alcalde de Nueva York. El pueblo había elegido a aquel que mejor había sabido salvaguardar sus intereses, sin que importara su turbio pasado. Si no fuera porque estábamos leyendo un cómic, lo hubiéramos confundido con el aquí y el ahora. ¿En qué se traduce eso para Daredevil? Para empezar, el escenario crece hasta abarcar toda la ciudad. Aunque el nuevo primer edil de Nueva York se deje caer por otros títulos, como es el caso de El Viejo Logan, Marvel ha renunciado esta vez a crear cualquier clase de evento alrededor de lo ocurrido, de tal forma que toda la acción se circunscribe a la serie que nos ocupa. Aquí tendremos, por lo tanto, las reacciones de otros héroes, pero también del mundo que rodea a Daredevil, desde amigos a villanos, en especial aquellos introducidos en la era de Charles Soule, pero no sólo ellos.

 

El momento coincide con la llegada de Marvel Legacy, el landscape de La Casa de las Ideas que busca recuperar la esencia de sus iconos, y con la vuelta a la numeración clásica de la serie, de tal manera que, en el curso de este volumen, alcanzamos el Daredevil #600 USA. El guionista ha trabajado muy duro, a lo largo de su ya larga etapa, para que la identidad del Hombre sin Miedo vuelva a ser secreta y continúe siéndolo. Conseguido ese propósito, y explicado el método para hacerlo en el volumen anterior, toca sacarle partido. De “Born Again” a esta parte, la relación entre Daredevil y Kingpin ha estado condicionada por el hecho de que éste último supiera quién se encontraba tras la máscara. Ahora, nos hemos retrotraído a la situación anterior a que eso ocurriera, lo que ofrece una mayor libertad a la hora de construir las historias, pero también obliga a buscar la manera de que ambos enemigos se sitúen cerca el uno del otro, pero mejor que averigües por ti mismo en qué se concreta tal cosa. “Es una apuesta muy arriesgada”, indicaba Soule en declaraciones a Dave Richards, de CBR.com. “La ciudad entera está en juego, de muchas maneras y por múltiples razones. Kingpin y Daredevil están jugando su habitual partida de ajedrez, pero no se trata sólo de ellos dos: hay, literalmente, millones de personas que se verán afectadas por el resultado de lo que vaya a ocurrir. Estoy muy contento por la manera en que todos los hilos argumentales han llevado a esto. ¡Y sólo estamos empezando!”.

 

Artículo aparecido en 100 % Marvel. Daredevil. El hombre sin miedo nº 14

OJO DE HALCÓN Y SOLDADO DE INVIERNO: RELATOS DE SUSPENSE

Esta historia empieza en el pasado. Es un pasado remoto, de varias décadas atrás, pero también un pasado cercano, de apenas unos meses. Y, en cualquiera de los casos, mira hacia el futuro: el de un gigante, Marvel Comics, que apuesta por volver a serlo, y no sólo por volumen de producción o éxito de ventas, sino por relevancia. En el pasado remoto, nos encontramos con Tales of Suspense, la denominación a la que responde nuestra aventura. Se trataba de una cabecera creada por Marvel antes siquiera de que llegara a convertirse en la Marvel que hoy conocemos. Porque… todavía estaba sumergida en la oscura Era Atlas de los años cincuenta, una década en que los superhéroes habían desaparecido y su retorno todavía no se esperaba. En concreto, el primer número de Tales of Suspense llegó a los expositores con fecha de portada de enero de 1959, por lo que lo más probable es que su lanzamiento tuviera lugar a finales del 58. La portada, con unos astronautas enfrentados contra un alienígena verde, ejemplificaba aquello podía encontrarse en su interior. Cada número contaba con varias historias de ciencia-ficción, aunque alguna podía visitar otros géneros. Al Williamson, Don Heck, John Buscema, Steve Ditko, Russ Heath y otras leyendas de la época desfilaron por sus páginas, sobre guiones habitualmente escritos por Stan Lee y su hermano Larry Lieber.

 

La serie continuó su camino, alineada con el resto de títulos antológicos de Atlas, entre los que se encontraban Tales To Astonish, lanzado simultáneamente a Tales Of Suspense, Journey Into Mystery o Strange Tales, pero con el cambio de década, llegaron los superhéroes a la editorial, el Universo Marvel echó a andar y el género colonizó todos los títulos antológicos que producía el Bullpen. En Tales Of Suspense #39 USA (1963), irrumpió Iron Man, que compartiría ubicación con Capitán América desde Tales Of Suspense #59 USA (1964). El motivo de que la entonces pequeña compañía amontonara a sus creaciones en espacios tan estrechos estaba en las limitaciones de su modelo de negocio, que sólo le permitía lanzar cada mes un número limitado de títulos. Esa restricción terminó conforme Marvel crecía, de tal manera que el contenedor de títulos antológicos iría quedando atrás a finales de los años sesenta. En el caso que nos ocupa, Iron Man consiguió su propio título y se independizó, mientras que Tales Of Suspense pasó a estar protagonizado en su totalidad por el Capitán América y a tomar el nombre del Centinela de la Libertad, coincidiendo con la llegada de su centésima entrega, datada en cubierta en abril de 1968.

 

Viajamos ahora hasta el pasado cercano, en concreto hasta 2017, año en que Marvel lanzó “Imperio Secreto”, un evento en que el Capitán América era suplantado por una versión malvada de sí mismo, que conseguía hacerse con el control de Estados Unidos. En el séptimo número de la serie troncal, un plan de La Viuda Negra para eliminar al villano no podía terminar peor: el Capi Hydra sobrevivía y, a su vez, asesinaba a Natasha, rompiéndole el cuello con su escudo, en una escalofriante escena orquestada por Nick Spencer y Andrea Sorrentino. La saga se volvía más oscura conforme avanzaba la trama, hasta desembocar en su conclusión, durante la que el auténtico Capitán América reaparecía y derrotaba a su émulo. Como ocurre en tantas ocasiones, Marvel se reservó un extra, titulado Imperio Secreto: Omega, para atar cabos. Además de ofrecer un esclarecedor encuentro entre los dos Steve Rogers, adelantaba historias que nacerían del cierre. Una de ellas nos situaba en el funeral de La Viuda Negra, y contaba con las perspectivas de dos hombres que habían sido sus amantes. Ojo de Halcón, que asistía a la ceremonia roto por la pérdida, y el Soldado de Invierno, que desde la distancia contemplaba la escena mientras llevaba a cabo una investigación: la de los misteriosos asesinatos que estaban teniendo lugar y que, a sus ojos, sólo podían ser cometidos por la propia Natasha. La Viuda Negra no estaba muerta, sino que de alguna forma había logrado que todos los demás, salvo el Soldado de Invierno, llegaran a esa conclusión, y ahora podía desarrollar su trabajo sin cortapisas.

 

Este cómic retoma el argumento y lo lleva a las últimas consecuencias. Al circunscribirse en el landscape de Marvel Legacy, que apuesta por recuperar las señas de identidad de La Casa de las Ideas mediante una mirada hacia el pasado, el editor ejecutivo Tom Brevoort consideró que recuperar la mítica cabecera de Tales Of Suspense suponía un guiño interesante, no sólo por la carga nostálgica, sino porque la nueva historia contenía trazas de aquel viejo cómic: el debut de La Viuda Negra había tenido lugar en Tales Of Suspense #52 USA (1964), Ojo de Halcón le había seguido ese mismo año unos pocos números después, en Tales Of Suspense #57 USA, en ambos casos dentro del serial de Iron Man; en cuanto al Soldado de Invierno, su historia, como Bucky Barnes, fue narrada una y otra vez en el serial del Capitán América y sin duda pertenece al mundo de éste.

 

Tal punto de partida no debe engañar a los lectores, puesto que nos encontramos con un cómic que bebe muy poco de la nostalgia mientras se erige como un estupendo thriller, que mantiene la tensión y, sí, el suspense, durante las cinco partes en que se divide, y que redefine a sus protagonistas, especialmente a La Viuda Negra, de una insospechada manera. Es, con todas sus circunstancias en la mochila, una historia más próxima a lo que ha de venir que a lo que ya ocurrió. Hay una nueva Marvel naciendo del fuego de la que se ha consumido en estos últimos años, y cuya llegada se significa en la incorporación de C.B. Cebulski como Director Editorial. Es una Marvel que, una vez perdidas todas las grandes estrellas que construyeron el brillante comienzo del siglo XXI, busca el recambio generacional en figuras emergentes, que irrumpen con una ambición sólo equiparable a su talento: Jim Zub, Donny Cates o Matthew Rosenberg son algunas de ellas. Todas coinciden en venir del circuito independiente, pero, al contrario que ocurría con algunos de sus antecesores, quieren estar en Marvel no como un trance instrumental dentro de su carrera, sino como el mejor de los destinos posibles.

 

El caso que nos ocupa aquí es el de Matthew Rosenberg, con una interesante carrera en la que encontramos We Can Never Go Home, 4 Kids Walk Into A Bank y 12 Reasons To Die, dentro de Black Mask Studios; y varias miniseries del universo de Archie, además de su cada vez más abultada producción dentro de Marvel. Mapache Cohete, Guerreros Secretos o Kingpin le dieron la suficiente confianza como para acometer proyectos de la envergadura de La resurrección de Fénix, la etapa actual de El Castigador, por la que acaba de renovar, un relanzamiento de Los Nuevos Mutantes o el cómic que nos ocupa. A día de hoy, un proyecto digno, una historia interesante, un cabo que quedaba por atar. En el mañana… quizás uno de los ladrillos sobre los que se edificó la siguiente época de excelencia.

 

Artículo originalmente aparecido en Tales of Suspense presenta: Ojo de Halcón y Soldado de Invierno

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