DAREDEVIL: ALCALDE FISK. CUANDO EL PUEBLO ELIGE AL VILLANO

Desde que Frank Miller lo extrajera de alineación clásica de villanos de Spiderman para traérselo al mundo de Daredevil, Kingpin se ha alzado como el antagonista por antonomasia del Diablo Guardián. Han sido tantas las veces que se han peleado, tantas las ocasiones en que se han destruido las vidas mutuamente, tantas las situaciones en que ambos se han alzado a continuación para buscar la revancha, que hace bastante tiempo que el recurso se volvió repetitivo. Dado que no hay nada peor para el cómic de superhéroes que el aburrimiento que trae la previsibilidad, cada nuevo guionista que aborda la figura de Wilson Fisk debe hacerlo de manera novedosa y original, al menos con respecto a lo que se haya visto en los tiempos inmediatamente anteriores a su mandato. Y eso es lo que se ha propuesto Charles Soule en el siguiente capítulo de las aventuras de Daredevil, donde Kingpin pasa a convertirse en el alcalde de Nueva York.

Sabemos que hay políticos corruptos porque también hay personas que los corrompen. Las partitocracias, allá donde la falta de democracia interna campa a sus anchas, elijen a los más mediocres, aquellos cuyas voluntades son más fáciles de torcer, y que por lo tanto son susceptibles de dejarse arrastrar por el egoísmo y los bajos instintos. Ante esas figuras, no hay recalificación de terrenos o concesión de servicios que no pueda conseguirse mediante unos cuantos maletines colmados de billetes. Tenemos, por lo tanto, dos lados en la cuerda de la podredumbre, y el uno necesita al otro para que la cuerda se mantenga tensa alrededor del cuello del ciudadano. Pero, a veces, ocurre que alguno de los extremos decide asumir también el papel del otro. A veces, es todo ese partido del que usted me está hablando el que se convierte en organización criminal. A veces, es una persona en concreto la que se queda con el dinero y con los beneficios que trae el dinero. Y así es como nos encontramos con figuras del empresariado que deciden saltar a la política, como atajo para lograr su fin último. Desde nuestra realidad, podemos poner unos cuantos nombres a estas prácticas, que están en la boca de todos. Desde la realidad del Universo Marvel, el nombre que hay que mentar es el de Kingpin.

 

La cercanía de Kingpin con la política es un hecho que forma parte de la esencia del personaje. Su poder se basa en la capacidad de influencia sobre gente que debería ser honrada y que encarna importantes instituciones: policías, senadores, congresistas, concejales… Pero, hace algún tiempo, el Rey del Crimen decidió cambiar de táctica y pasar a primer plano. Todo empezó con motivo de “Imperio Secreto”, cuando Manhattan quedó cubierta por una cúpula impenetrable de oscuridad que vio abocada la ciudad al caos. En esas circunstancias, Wilson Fisk se erigió como protector de los más débiles frente a quiénes trataban de sacar tajada de la situación. Y todo lo que pidió entonces a cambio a los ciudadanos a los que había salvado fue… que lo recordasen. Había empezado el viaje a la legitimidad, que continuaría en la excelente saga que puedes leer en 100 % Marvel. Kingpin: Corriendo con el diablo. Se trataba de un proyecto, a cargo del pujante Matthew Rosenberg, que probablemente hubiera terminado en este mismo punto, de no ser porque tuvo que ser cancelado prematuramente, quedándose en mera miniserie.

 

Charles Soule retomó al personaje y la nueva orientación que le había dado Rosenberg, hasta llevarlo a las últimas consecuencias. En las últimas páginas del tomo anterior, Matt Murdock regresaba a casa después de una breve ausencia para encontrarse con la sorpresa: Kingpin era el nuevo alcalde de Nueva York. El pueblo había elegido a aquel que mejor había sabido salvaguardar sus intereses, sin que importara su turbio pasado. Si no fuera porque estábamos leyendo un cómic, lo hubiéramos confundido con el aquí y el ahora. ¿En qué se traduce eso para Daredevil? Para empezar, el escenario crece hasta abarcar toda la ciudad. Aunque el nuevo primer edil de Nueva York se deje caer por otros títulos, como es el caso de El Viejo Logan, Marvel ha renunciado esta vez a crear cualquier clase de evento alrededor de lo ocurrido, de tal forma que toda la acción se circunscribe a la serie que nos ocupa. Aquí tendremos, por lo tanto, las reacciones de otros héroes, pero también del mundo que rodea a Daredevil, desde amigos a villanos, en especial aquellos introducidos en la era de Charles Soule, pero no sólo ellos.

 

El momento coincide con la llegada de Marvel Legacy, el landscape de La Casa de las Ideas que busca recuperar la esencia de sus iconos, y con la vuelta a la numeración clásica de la serie, de tal manera que, en el curso de este volumen, alcanzamos el Daredevil #600 USA. El guionista ha trabajado muy duro, a lo largo de su ya larga etapa, para que la identidad del Hombre sin Miedo vuelva a ser secreta y continúe siéndolo. Conseguido ese propósito, y explicado el método para hacerlo en el volumen anterior, toca sacarle partido. De “Born Again” a esta parte, la relación entre Daredevil y Kingpin ha estado condicionada por el hecho de que éste último supiera quién se encontraba tras la máscara. Ahora, nos hemos retrotraído a la situación anterior a que eso ocurriera, lo que ofrece una mayor libertad a la hora de construir las historias, pero también obliga a buscar la manera de que ambos enemigos se sitúen cerca el uno del otro, pero mejor que averigües por ti mismo en qué se concreta tal cosa. “Es una apuesta muy arriesgada”, indicaba Soule en declaraciones a Dave Richards, de CBR.com. “La ciudad entera está en juego, de muchas maneras y por múltiples razones. Kingpin y Daredevil están jugando su habitual partida de ajedrez, pero no se trata sólo de ellos dos: hay, literalmente, millones de personas que se verán afectadas por el resultado de lo que vaya a ocurrir. Estoy muy contento por la manera en que todos los hilos argumentales han llevado a esto. ¡Y sólo estamos empezando!”.

 

Artículo aparecido en 100 % Marvel. Daredevil. El hombre sin miedo nº 14

OJO DE HALCÓN Y SOLDADO DE INVIERNO: RELATOS DE SUSPENSE

Esta historia empieza en el pasado. Es un pasado remoto, de varias décadas atrás, pero también un pasado cercano, de apenas unos meses. Y, en cualquiera de los casos, mira hacia el futuro: el de un gigante, Marvel Comics, que apuesta por volver a serlo, y no sólo por volumen de producción o éxito de ventas, sino por relevancia. En el pasado remoto, nos encontramos con Tales of Suspense, la denominación a la que responde nuestra aventura. Se trataba de una cabecera creada por Marvel antes siquiera de que llegara a convertirse en la Marvel que hoy conocemos. Porque… todavía estaba sumergida en la oscura Era Atlas de los años cincuenta, una década en que los superhéroes habían desaparecido y su retorno todavía no se esperaba. En concreto, el primer número de Tales of Suspense llegó a los expositores con fecha de portada de enero de 1959, por lo que lo más probable es que su lanzamiento tuviera lugar a finales del 58. La portada, con unos astronautas enfrentados contra un alienígena verde, ejemplificaba aquello podía encontrarse en su interior. Cada número contaba con varias historias de ciencia-ficción, aunque alguna podía visitar otros géneros. Al Williamson, Don Heck, John Buscema, Steve Ditko, Russ Heath y otras leyendas de la época desfilaron por sus páginas, sobre guiones habitualmente escritos por Stan Lee y su hermano Larry Lieber.

 

La serie continuó su camino, alineada con el resto de títulos antológicos de Atlas, entre los que se encontraban Tales To Astonish, lanzado simultáneamente a Tales Of Suspense, Journey Into Mystery o Strange Tales, pero con el cambio de década, llegaron los superhéroes a la editorial, el Universo Marvel echó a andar y el género colonizó todos los títulos antológicos que producía el Bullpen. En Tales Of Suspense #39 USA (1963), irrumpió Iron Man, que compartiría ubicación con Capitán América desde Tales Of Suspense #59 USA (1964). El motivo de que la entonces pequeña compañía amontonara a sus creaciones en espacios tan estrechos estaba en las limitaciones de su modelo de negocio, que sólo le permitía lanzar cada mes un número limitado de títulos. Esa restricción terminó conforme Marvel crecía, de tal manera que el contenedor de títulos antológicos iría quedando atrás a finales de los años sesenta. En el caso que nos ocupa, Iron Man consiguió su propio título y se independizó, mientras que Tales Of Suspense pasó a estar protagonizado en su totalidad por el Capitán América y a tomar el nombre del Centinela de la Libertad, coincidiendo con la llegada de su centésima entrega, datada en cubierta en abril de 1968.

 

Viajamos ahora hasta el pasado cercano, en concreto hasta 2017, año en que Marvel lanzó “Imperio Secreto”, un evento en que el Capitán América era suplantado por una versión malvada de sí mismo, que conseguía hacerse con el control de Estados Unidos. En el séptimo número de la serie troncal, un plan de La Viuda Negra para eliminar al villano no podía terminar peor: el Capi Hydra sobrevivía y, a su vez, asesinaba a Natasha, rompiéndole el cuello con su escudo, en una escalofriante escena orquestada por Nick Spencer y Andrea Sorrentino. La saga se volvía más oscura conforme avanzaba la trama, hasta desembocar en su conclusión, durante la que el auténtico Capitán América reaparecía y derrotaba a su émulo. Como ocurre en tantas ocasiones, Marvel se reservó un extra, titulado Imperio Secreto: Omega, para atar cabos. Además de ofrecer un esclarecedor encuentro entre los dos Steve Rogers, adelantaba historias que nacerían del cierre. Una de ellas nos situaba en el funeral de La Viuda Negra, y contaba con las perspectivas de dos hombres que habían sido sus amantes. Ojo de Halcón, que asistía a la ceremonia roto por la pérdida, y el Soldado de Invierno, que desde la distancia contemplaba la escena mientras llevaba a cabo una investigación: la de los misteriosos asesinatos que estaban teniendo lugar y que, a sus ojos, sólo podían ser cometidos por la propia Natasha. La Viuda Negra no estaba muerta, sino que de alguna forma había logrado que todos los demás, salvo el Soldado de Invierno, llegaran a esa conclusión, y ahora podía desarrollar su trabajo sin cortapisas.

 

Este cómic retoma el argumento y lo lleva a las últimas consecuencias. Al circunscribirse en el landscape de Marvel Legacy, que apuesta por recuperar las señas de identidad de La Casa de las Ideas mediante una mirada hacia el pasado, el editor ejecutivo Tom Brevoort consideró que recuperar la mítica cabecera de Tales Of Suspense suponía un guiño interesante, no sólo por la carga nostálgica, sino porque la nueva historia contenía trazas de aquel viejo cómic: el debut de La Viuda Negra había tenido lugar en Tales Of Suspense #52 USA (1964), Ojo de Halcón le había seguido ese mismo año unos pocos números después, en Tales Of Suspense #57 USA, en ambos casos dentro del serial de Iron Man; en cuanto al Soldado de Invierno, su historia, como Bucky Barnes, fue narrada una y otra vez en el serial del Capitán América y sin duda pertenece al mundo de éste.

 

Tal punto de partida no debe engañar a los lectores, puesto que nos encontramos con un cómic que bebe muy poco de la nostalgia mientras se erige como un estupendo thriller, que mantiene la tensión y, sí, el suspense, durante las cinco partes en que se divide, y que redefine a sus protagonistas, especialmente a La Viuda Negra, de una insospechada manera. Es, con todas sus circunstancias en la mochila, una historia más próxima a lo que ha de venir que a lo que ya ocurrió. Hay una nueva Marvel naciendo del fuego de la que se ha consumido en estos últimos años, y cuya llegada se significa en la incorporación de C.B. Cebulski como Director Editorial. Es una Marvel que, una vez perdidas todas las grandes estrellas que construyeron el brillante comienzo del siglo XXI, busca el recambio generacional en figuras emergentes, que irrumpen con una ambición sólo equiparable a su talento: Jim Zub, Donny Cates o Matthew Rosenberg son algunas de ellas. Todas coinciden en venir del circuito independiente, pero, al contrario que ocurría con algunos de sus antecesores, quieren estar en Marvel no como un trance instrumental dentro de su carrera, sino como el mejor de los destinos posibles.

 

El caso que nos ocupa aquí es el de Matthew Rosenberg, con una interesante carrera en la que encontramos We Can Never Go Home, 4 Kids Walk Into A Bank y 12 Reasons To Die, dentro de Black Mask Studios; y varias miniseries del universo de Archie, además de su cada vez más abultada producción dentro de Marvel. Mapache Cohete, Guerreros Secretos o Kingpin le dieron la suficiente confianza como para acometer proyectos de la envergadura de La resurrección de Fénix, la etapa actual de El Castigador, por la que acaba de renovar, un relanzamiento de Los Nuevos Mutantes o el cómic que nos ocupa. A día de hoy, un proyecto digno, una historia interesante, un cabo que quedaba por atar. En el mañana… quizás uno de los ladrillos sobre los que se edificó la siguiente época de excelencia.

 

Artículo originalmente aparecido en Tales of Suspense presenta: Ojo de Halcón y Soldado de Invierno

LA PATRULLA-X DE BRIAN M. BENDIS 3: LA BATALLA DEL ÁTOMO

Este nuevo volumen de La Patrulla-X de Brian Michael Bendis acoge “La batalla del átomo”, el primer crossover que tuvo lugar desde que comenzara la etapa de este guionista al frente de la Franquicia Mutante. Se trata de una prueba de fuego no sólo para el de Cleveland, sino también para sus compañeros de Oficina-X, Jason Aaron y Brian Wood, que contaron con la coordinación del veterano editor Nick Lowe, acostumbrado a poner en marcha esta clase de monumentales historias, puesto que por sus manos habían pasado anteriormente “Complejo de mesías” o “Advenimiento”. La trama ahonda en las consecuencias de la llegada de los Cinco Originales al presente. ¿Qué significa para su línea temporal? ¿De qué manera afecta su desplazamiento al pasado, al presente y, sobre todo, al futuro?

 

2013, el año en que se publicó originalmente “La batalla del átomo”, fue muy especial para los mutantes de Marvel, puesto que se cumplía el quincuagésimo aniversario de la publicación del cómic en que todo empezó: The X-Men #1 USA (1963. Marvel Gold. La Patrulla-X Original nº 1). Por si esto no fuera motivo suficiente de celebración, 2013 resultaba de enorme relevancia para la cronología mutante, puesto que ése fue el año en el que transcurría el futuro apocalíptico retratado en “Días del futuro pasado”. Desde esa fecha, Katherine Pryde viajó para avisar a La Patrulla-X de que estaba a punto de desatarse una guerra mundial contra los mutantes, y juntos ayudar a impedirla. La mítica historia que firmaran Chris Claremont y John Byrne en The X-Men#141 y 142 USA (1981. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-Xnº 2) ha mediatizado en gran medida estas últimas décadas, de manera que darle la vuelta, y que fuera La Patrulla-X original la que viajara del pasado hasta nuestro presente, fue el punto de inicio establecido por Brian Michael Bendis para la colección que ahora se sitúa en el centro de la franquicia. “La batalla del átomo” es la saga que muestra las consecuencias de esa acción, al presentarnos a una nueva Patrulla-X venida de un futuro horrible producido por el hecho de que los jóvenes mutantes nunca regresaran a donde pertenecían.

 

Bendis juega a imaginar cómo será el equipo a largo plazo, pero ese ejercicio sólo es posible mediante un importante cambio en la manera de hacer las cosas dentro de La Casa de las Ideas con respecto al viaje en el tiempo y sus consecuencias. Las leyes del Universo Marvel que enunciara Mark Gruenwald en los años ochenta dictaban que, cada vez que alguien viaja hacia el pasado, se genera un nuevo mundo paralelo. De esta manera, el tristemente desaparecido editor de Marvel evitó que esos viajes pudieran cambiar el statu quo actual de los cómics. Esas eran las normas de las que partíamos a la hora de pensar que la presencia de La Patrulla-X original en nuestro presente no podía alterar nada que hubiera pasado ya, puesto que La Bestia, al llevarse a los chavales con él, se había limitado a crear otra línea temporal. Pero ¿y si ya no fuera así? ¿Y si ahora, tal vez debido a lo ocurrido en otra saga de Bendis, “La Era de Ultrón”, sólo existiera una única línea temporal flexible y maleable… hasta que deja de serlo y todo salta por los aires? En consecuencia, cualquier cambio en el pasado altera el presente, y también el futuro. Es así como la mera llegada de los Cinco Originales podría desencadenar un efecto dominó catastrófico que lo destruyera todo.

 

Esas son las bases con las que se construye el crossover, pero el relato se alimenta de otro tópico recurrente en la Franquicia Mutante, y que nació en el momento en que el éxito de La Patrulla-X motivó el nacimiento de multitud de grupos satélite a su alrededor. La lógica por la que se estructura el Universo Marvel establece que, en el momento en que hay varios superhéroes con intereses contrapuestos en un mismo lugar, el choque resulta inevitable. Basta echar un vistazo al historial de la franquicia para comprobarlo. En 1982, y tomando como excusa un viaje al espacio de La Patrulla-X en que sus miembros fueron dados por muertos, Charles Xavier reunió a Los Nuevos Mutantes: adolescentes que debían aprender a usar sus poderes, en lugar de lanzarse a peligrosas misiones. Por supuesto, en cuanto tuvo lugar el encuentro de ambos equipos se desató una monumental batalla. ¡Mejor golpear primero y preguntar después! Tres años más tarde, en 1985, los miembros originales de La Patrulla-X se reunieron, bajo el nombre de Factor-X. El cruce con el grupo madre fue postergado durante cuatro largos años, hasta que tuvo lugar en el curso de un evento llamado “Inferno”. Como había pasado antes con Los Nuevos Mutantes, las confusiones y los inequívocos provocaron la pertinente batalla, antes de que los héroes pudieran unirse ante un enemigo común. Establecida la rutina, bastaba con seguirla, y es lo que ha venido ocurriendo desde entonces.

 

La historia se repite en “La batalla del átomo”, un crossover dedicado a reunir a las diferentes formaciones de mutantes en una trama única, en el momento en que sus filas se encuentran de por sí más separadas que nunca. Hay dos bandos claramente diferenciados: a un lado, La Patrulla-X revolucionaria de Cíclope; al otro, La Patrulla-X de Lobezno, cara visible del Instituto Jean Grey de Enseñanza Superior, y a medio camino entre ambos, el grupo liderado por Tormenta y formado en exclusiva por mujeres-X. Pese a que se sitúan en el entorno de la nueva escuela, la posición de Ororo y compañía busca tender puentes con sus viejos compañeros, toda vez que inicialmente la Diosa de los Elementos se mostrara partidaria de los planteamientos ideológicos de Scott Summers.

 

Ese delicado equilibrio entre las diversas fuerzas del Homo superior fue establecido durante “Cisma”, puesto a prueba por la guerra con Los Vengadores y más o menos alterado por los diversos factores que se han conjurado a lo largo de todo este tiempo. El elemento que viene ahora a desequilibrarlos es el de la llegada de los Cinco Originales. La irrupción en el presente de los jóvenes que conformaran la primera generación de alumnos del Profesor X afecta a todos los demás y cambia las reglas del juego. En sus primeros pasos en el presente, los Scott, Jean, Hank, Warren y Bobby del pasado tuvieron que tomar algunas decisiones con rapidez, todavía sobrecogidos por el shock de llegar hasta un mundo cuyas circunstancias identifican con algunos de los peores escenarios que pudieran haber habitados sus pesadillas. De momento, permanecen aquí y ahora, pero su situación no puede ser más precaria. ¿Podrán seguir entre nosotros mucho tiempo sin que se vea alterada la corriente temporal? ¿Y si alguno de ellos prefiriera hacer algo diferente al resto? ¿Y si fueran obligados a marcharse? La discusión podría continuar hasta el infinito, pero hay un desencadenante que lo cambia todo: la aparición de una nueva Patrulla-X, llegada desde un tiempo futuro en que ya han sentido lo que ocurrirá si los Cinco Originales no vuelven a su época.

 

“La batalla del átomo” fue el primer crossover de la Era Bendis, un guionista que hasta ahora estaba acostumbrado a acometer eventos de título troncal con series en paralelo alrededor, como “Invasión Secreta” o “Asedio”. Pero el editor Nick Lowe prefirió mantener las tradiciones de la Oficina X y seguir la estructura clásica que antes hubieran abrazado “Complejo de mesías” o “Advenimiento”. Por eso tenemos sendos especiales, de apertura y cierre, y la trama se lee saltando de una cabecera a otra. Como en todos esos casos, el resultado procuró el caudal de emociones y giros habitualmente reservados para este tipo de aventuras. Y también una conclusión con cambio total en las reglas del juego: de una forma u otra, “La batalla del átomo” determinó cuanto ocurriría en lo sucesivo con los Cinco Originales.

 

 

Texto perteneciente a Marvel Now! Deluxe. La Patrulla-X de Brian Michael Bendis nº 3

FIRMA INVITADA: MI EXPERIENCIA CON DAN SLOTT, POR XAVI SANZ

No es un secreto para nadie que me conozca que Spider-Man es mi personaje de ficción favorito, y Dan Slott uno de mis guionistas favoritos para el personaje. A lo largo de diez años, con sus altos y sus bajos, he disfrutado de cada parte del viaje, su Spider-Man ha sido una parte de mi vida que parecía que siempre iba a estar ahí. Su forma de escribir al personaje conecta conmigo como pocos guionistas lo han hecho antes. Por eso no es de extrañar que cuando mi amigo Christian me dijo que Slott asistiría a la London Cinema and Comic con este verano, corriera a comprar las entradas, reservar los billetes de avión y el hotel.

 

Y allí estaba, delante de uno de mis ídolos. Y era tan simpático y gracioso como parecía por las redes sociales. No dudó en agradecerme haber estado comprando sus tebeos durante tanto tiempo. Le gustó que llevase una camiseta con la portada de uno de sus cómics más míticos. Le hable de lo mucho que me había gustado Superior Spider-Man y me dijo que siempre había tenido claro que lo tenía que protagonizar Otto Octavius aunque todo el mundo le decía que por qué no Norman. Le mencioné la pérdida que más me ha dolido de toda su etapa y hablamos jocosamente sobre si el personaje volvería, como pasa siempre en los cómics de superhéroes

También pude asistir a una charla que dio el propio Dan sobre su carrera como guionista. Al escuchar sobre sus comienzos como guionista de cómics basados en dibujos animados que quería pasar desesperadamente a escribir superhéroes, me reafirmé en la idea de que Slott es uno de los nuestros, un fan de los de siempre, viviendo el sueño. Me resulta imposible no contagiarme de su entusiasmo.

Xavi Sanz

 

CAPITÁN AMÉRICA DE RICK REMENDER: HORA DE AVENTURAS

En 2012, el ciclo más brillante de la historia moderna de Marvel había llegado a su fin. Desde la normalidad y complacencia por los logros acumulados, Joe Quesada dio paso a un nuevo Director Editorial, Axel Alonso, quien puso en marcha la primera iniciativa destacable de su mandato: Marvel Now! La operación consistía en huir de las zonas de comodidad, de manera que todos los autores intercambiarían sus sillas entre ellos. En el caso del Capitán América, Ed Brubaker, que había dado intensos días de gloria al Centinela de la Libertad, pero que se sentía hastiado por tantos años escribiendo superhéroes, cedió el testigo a Rick Remender.

¿Cómo rellenar el hueco que ha dejado el más aclamado guionista con el que jamás haya contado una colección? Si pretendes estar en ella durante mucho tiempo, si tu propósito va más allá de la mera emulación de las fórmulas que llevaron al triunfo de tu predecesor, sabes que sólo hay un camino posible: tomar una dirección distinta. ConEd Brubaker tuvimos al Capitán América relevante. Un espía perfecto, elJack Bauerde los tebeos. ConRick Remender, esa óptica queda en un segundo plano. El punto de partida no está en la carga política del personaje, sino en su lado más aventurero. Remender se pone como modelo la época de Jack Kirbyen calidad de autor completo del Centinela de la Libertad. Es una etapa que, en su momento de publicación, a mediados de los años setenta, se desmarcaba de cualquier significación ideológica para centrarse en gigantescas aventuras, de espectacularidad rampante y planteamientos excesivos, con Kirby en ebullición y sin nada que le frenara. De ella, Remender toma la locura extrema, los escenarios imposibles, la ciencia ficción desaforada y, por supuesto, la aventura a lo grande.

 

Uno de los villanos que Kirby creara entonces fue Arnim Zola, que siempre había fascinado a Remender y al que recurre ahora como amenaza omnipresente, en la que quizás sea la historia más destacable que ha protagonizado nunca. El autor llegó a barajarlo cuando escribía las aventuras del Agente Veneno, antes de saltar a primer plano entre los narradores de Marvel, pero no acabó de encontrar una historia que le hiciera justicia En su opinión, Arnim Zolaha sido subestimado por otros autores, que normalmente le reservan el papel de ayudante de Cráneo Rojo, como de hecho sucedía en la primera película del Capi. Remender identifica a Zola con Josef Mengele, el científico loco del nazismo: “Es alguien para quien la vida no es más que barro con el que jugar y que moldear. Todo es un gran experimento para él”, sostiene. “Carece de cualquier empatía. Es un sociópata en estado puro. Además, es un genio de alto nivel capaz de comunicarse con sus creaciones y es capaz de copiar la conciencia de manera digital”. El guionista le da mucha importancia a este detalle, del que también se sirve para dar vida al Cráneo Rojo deImposibles Vengadores. Se trata de llevar la relación entre Zola y el Capi hasta un nuevo nivel, que estén conectados como nunca antes lo estuvieron: “cuando veas a Zola en el futuro, quiero que sientas que es uno de esos grandes villanos que te dejan con la boca abierta. Es lo que quiero conseguir con esta saga”.

 

El reflejo natural de la utilización de Zola lo encontramos en el escenario del que se sirve: la llamada Dimensión Z, creada por Remender para esta ocasión, y en cuyo establecimiento perseguía la unión de los contrastes: un paisaje inhóspito, poblado por criaturas monstruosas que, por extraño que pudiera parecer, han establecido sus reglas sociales, que se ve sometido a la tecnología del biofanático y, en consecuencia, severamente alterado. Donde antes había llanuras polvorientas, irrumpen coches voladores y ciudades de cromo y metal, con la urbe concebida como base de operaciones del villano como mayor reflejo de la mente de aquél. Enfrente, encontramos a un Capitán América fuera de su territorio, que recurre a sus recuerdos del pasado como asidero frente a la locura que le rodea, y en concreto a una figura, la de su madre, a la que ningún otro autor se había acercado antes con excesiva profusión. Acerca de esos primeros años de la vida del héroe giran muchas de las ideas que Remender quería destacar: “Sabemos que creció en circunstancias muy duras, que se empeñó en ir a la II Guerra Mundialaunque fuera un alfeñique, y a partir de ahí sale lo demás. Pero la gran pregunta que creo que debo responder es: ¿Cómo llegó ahí? No naces siendo un superpatriota, increíblemente noble, un gran líder que nunca se rinde. Nadie lo hace. Puede que tengas unas aptitudes, pero tienes que ganártelo. Así que eso es lo que hizo Steve mientras crecía en el Lower East Sideen la Era de la Depresión. Se lo ganaba”.

 

El artista conminado a plasmar los presupuestos de Remender es un veterano de lujo de Marvel, que como tal había tenido oportunidad de dibujar al Capitán América en otras ocasiones, pero que nunca ha pisado su cabecera. La incursión de Romita Jr. en las praderas patrióticas coincide con un momento en que su arte se ha vuelto más espontáneo y suelto que nunca, huyendo de los detalles y de las rigideces anatómicas para centrarse en la espectacularidad de la orquestación. Desde esa óptica, coincide con el Kirby crepuscular que abordó el Capitán América en 1976. Es además el último trabajo de Romita Jr. para Marvel, antes de acometer un inesperado cambio de aires lejos de la editorial donde había desarrollado la práctica totalidad de su trayectoria. Como compañeros de viaje, el editor Tom Brevoort escoge al veterano entintador Klaus Janson, que ya hubiera trabajado junto a Romita Jr. en decenas de ocasiones, y al colorista Dean White, el mismo con el que contara en Kick Ass, y cuya paleta es fundamental a la hora de abordar tanto los horizontes quemados de la Dimensión Z como las calles humeantes de la Era de la Depresión.

 

El diseño de personaje del que parten todos ellos responde a la autoría de Jerome Opeña y John Cassaday, quienes en paralelo abordan al personaje en Los Vengadores de Jonathan Hickman e Imposibles Vengadores, del propio Remender. Ambos toman detalles aportados por el Capitán América cinematográfico para entrelazarlos con los elementos más icónicos del traje clásico, una tarea que explica con estas palabras Tom Brevoort: “Comenzamos con Jerome, que es un buen amigo de Rick y ha trabajado mucho con él. Pensamos que podría ofrecernos el tipo de cosas que estábamos buscando. Jerome hizo, creo recordar, tres rondas de diseños antes de que diéramos con lo que queríamos. Luego, John firmó para hacerImposibles Vengadores, serie que tiene una fuerte conexión con el Capi, así que le preguntamos si podía dejar el pecho con la cota de malla, porque lo que había hecho Jerome nos parecía bien, pero podía complicar mucho la vida a algunos dibujantes. El propio Joe Quesada se puso a dibujarlo y comentó que era un infierno”.

 

El ciclo de la Dimensión Z se desarrolla durante todos los números a cargo de Romita, Janson y White, pero no es más que el comienzo del largo camino trazado por Rick Remender y que todavía ha de extenderse durante varios años más, en los que su misión primordial no es otra que mirar a los ojos al hombre detrás del mito. “Steve Rogers pasó su infancia muerto de hambre y en la miseria, mientras cuidaba a una madre enferma, después de haber perdido un padre y un abuelo”, concluye el autor. “Dicen que puedes mirar a alguien con siete años e imaginar la clase de persona que será. Incluso hay una serie de documentales ingleses que se dedican a demostrarlo. Puede que el Capitán América tenga el cuerpo de un superhéroe, pero por dentro sigue siendo aquel niño. Por dentro, es como nosotros”.

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Now! Deluxe. Capitán América de Rick Remender nº 1

MOTEROS ENCENDIDOS, DIABLOS SALVAJES: LOS ESPÍRITUS DE VENGANZA DE DAVID BALDEÓN

El éxito a comienzos de los años noventa de Dan Ketch, el segundo Motorista Fantasma, auspició el nacimiento de una franquicia alrededor de los personajes sobrenaturales del Universo Marvel. Morbius, Blade, Hannibal King y unos cuantos más se unieron a la fiesta, en la línea que se dio en llamar Hijos de la Medianoche. También lo hizo Johnny Blaze, el primer Motorista Fantasma, en ese momento libre de su maldición, y junto a su sucesor formó un dúo, badasses totales de lo oculto, bajo el nombre de… Espíritus de Venganza. Ghost Rider & Blaze: Spirits of Vengeance, la cabecera que protagonizaron, se extendió durante dos años, de mediados del 92 a 1994, participando de todos los eventos que se cocían alrededor de aquellos Hijos de la Medianoche. Después llegaron las vacas flacas, la bancarrota de la editorial y la mayor crisis que haya padecido jamás el mundo del cómic.

 

Desde entonces, los personajes mágicos del Universo Marvel han contado con notables revivals, que van desde los acercamientos de Garth Ennis o Jason Aaron a la figura de los Motoristas Fantasma hasta el levantamiento de toda una nueva nación de vampiros, auspiciada, desde las páginas de X-Men, precisamente por el guionista del que ahora nos toca hablar. Victor Gischlerfue uno de los hombres fuertes de Marvel hace ya unos cuantos años, con diversos proyectos relacionados con Masacre o El Castigador. La editorial llegó a confiar en él para llevar la nueva cabecera de La Patrulla-X que se lanzó a mediados de 2010 y cuyo arranque fue aprovechado para poner al día el concepto de los vampiros, que hubiera sido fuerte allá por los setenta. Tras el cierre de aquel X-Men sin adjetivos, perdimos la pista de Gischler, pero hete aquí que, todo un lustro después, vuelve a la factoría de Stan Lee, y lo hace una vez más con el mandato de insuflar nueva vida a un concepto en las lindes del horror: el de grupo de superhéroes sobrenaturales.

 

Para ello, recupera el nombre de Espíritus de Venganza y acude a cuatro de los personajes más carismáticos de este rincón de Marvel, a los que el español David Baldeón aplica un estimulante lavado de cara: un rediseño fabuloso que va mucho más lejos de los protagonistas, hasta alcanzar todo un mundo que late bajo las capas superficiales de la cotidianeidad superheroica. El objetivo de los autores no es tanto el de revivir viejos éxitos como el de mirar hacia delante y construir algo nuevo. “Es muy sencillo”, dice Gischler. “Creo que estos grandes personajes necesitan ser exhibidos. Si el cómic alimenta el apetito por la nostalgia de los noventa, es genial, pero no vas a sentirte fuera si te perdiste esa década. Si estos personajes son nuevos para ti, todavía participarás de este paseo salvaje”.

 

Artículo originalmente aparecido en 100 % Marvel HC. Espíritus de Venganza

EL ÚLTIMO ENCUENTRO DE STAN LEE Y STEVE DITKO

Con motivo de la muerte de Steve Ditko, recordamos la ocasión en la que volvió a reencontrarse con Stan Lee, un texto procedente de Spider-Man: La historia jamás contada.

 

Y entonces, en 1992, Stan y Steve volvieron a encontrarse.

Marvel estaba planeando una nueva línea editorial, en la que se iban a narrar las aventuras de diversos personajes, con el año 2099 como trasfondo. Una de las nuevas series, Ravage 2099, iba a estar guionizada por The Man, en su retorno a la máquina de escribir después de una larga ausencia. Cuando el entonces Director Editorial Tom DeFalco le preguntó acerca de con qué dibujante le gustaría contar, Lee mencionó a Ditko, quien accedió a encontrarse con su antiguo compañero.

“El fan que hay en mí estaba pensando que iba a ver historia desplegándose ante sus ojos. Stan Lee y Steve Ditko juntos en la misma habitación. Steve vino, muy halagado de que le hiciéramos la oferta”, explicó DeFalco. “Él y Lee se tendieron la mano, hasta que acabaron dándose un gran abrazo. Tuvieron una recepción muy cálida. Era obvio que eran dos tipos que realmente se caían bien y se respetaban mutuamente. Stan expuso algunas ideas sobre la serie. Tuvieron una conversación verdaderamente apasionante sobre lo que podían hacer. Las discusiones de Steve siempre eran feroces, pero esta vez fue muy cálido y amistoso. No se pondrían de acuerdo. Stan se lo agradecería mucho y ambos dejaron abierta la puerta a futuras colaboraciones. Cuando Steve se marchó, puedo decir que estaba realmente emocionado de haber visto a Stan”.

Aquella puerta quedó de nuevo cerrada, después de que los dos autores volvieran a enzarzarse en discusiones públicas acerca de la autoría de Spider-Man. El comienzo del siglo XXI pilló a Ditko trabajando en su estudio de siempre, escribiendo y dibujando cómics en blanco y negro tan sorprendentes como ilegibles, en los que exponía sus convicciones objetivistas y que publicaba con la ayuda de su amigo Robin Snyder, de una manera al borde de lo amateur. Cuando en 2002 se estrenó la primera película de Spider-Man, Stan Lee era, más que nunca, la cara de Marvel, con sus cameos en cada nuevo largometraje y sus apariciones en multitud de entrevistas y programas de televisión. Para el gran público, iba a ser siempre el creador del Hombre Araña, por mucho que él proclamara que compartía esa autoría con Ditko, y por más que éste apareciera como tal en los créditos del filme. En pleno siglo XXI, Spider-Man era mucho más que un personaje de cómic. Era un icono mundial, capaz de recaudar millones en taquilla y situarse entre las más comerciales franquicias del mundo. La gloria cinematográfica constituía el último paso de una carrera hacia el éxito total que había empezado el día en que Steve Ditko abandonó al personaje. Tras esa despedida, Spider-Man alcanzó el reconocimiento universal, pero también perdió cierta magia, imposible de definir o de recrear, pero tantas veces imitada. Cada año que pasa, cada vez que alguien se acerca a los años fundacionales del trepamuros o siempre que un nuevo guionista o dibujante encuentra en aquellos cómics elementos que incorporar a las nuevas aventuras arácnidas, el Spider-Man de Ditko crece en frescura y modernidad, para alzarse como el definitivo y definitorio.

 

 

SPIDER-MAN, MARVEL Y LA GUERRA CONTRA EL TABAQUISMO INFANTIL

En diciembre de 1991, Marvel lanzó este cómic benéfico, auspiciado por la American Cancer Society y especialmente orientado a tratar el problema del tabaquismo entre los niños:

Además de la historia, incluía información alrededor del problema:

En 2002, se rehizo el cómic, actualizando el look de los personajes y el estilo de dibujo:

 

 

Este verano, Marvel ha lanzado Moon Girl & Devil Dinosaur #31 USA, también centrado en el tabaquismo infantil:

LA IMPOSIBLE PATRULLA X DE BENDIS: NOTAS PARA UNA REVOLUCIÓN MUTANTE

“Odiados. Temidos. Y salvando el mundo. Dime qué ha cambiado”. Esa es la conclusión extraída por Cíclope tras la guerra entre Los Vengadores y La Patrulla-X. El gen del Homo superior se ha reactivado, toda vez que se aleja el fantasma de la extinción. Para conseguirlo, sin embargo, el que fuera líder de los mutantes tuvo que pagar un alto precio. Poseído por la Fuerza Fénix, llegó incluso a asesinar a Charles Xavier, el hombre que fuera como un padre para él. ¿Qué redención quedaba detrás de eso? ¿La revolución que pregonaba como respuesta tenía algún sentido o no era más que una huida hacia delante? Eran cuestiones que Brian Michael Bendis estaba deseando abordar.

 

Desde su debut, en The X-Men #1 USA (1963. Marvel Gold. La Patrulla-X Original nº 1), Scott Summers siempre se ha amoldado al estereotipo de líder sensato. Durante mucho tiempo, fue el hombre que siguió al pie de la letra las enseñanzas del Profesor Xavier, pero, al cabo de los años, el mentor acabó por decepcionar al alumno, y este se sintió entonces en la obligación de superarlo. El momento de no retorno se produjo, con toda probabilidad, después de que Cíclope descubriese que Xavier le había ocultado durante todos estos años la existencia de una “Patrulla-X de reemplazo”, que habría acudido a salvar al grupo original de las garras de Krakoa, pero que murió sin poder hacer nada, lo que obligó a reclutar a los integrantes de la Segunda Génesis. Sucedió en Marvel Deluxe. Patrulla-X: Génesis mortal. Al final de esta saga, Scott cortó lazos con el Profesor-X de manera tan notoria que incluso le expulsó de la escuela que éste había fundado.

 

Aquello coincidió con un momento terrible para el Homo superior. Las acciones de La Bruja Escarlata en “Dinastía de M” habían abocado a la especie a la extinción. Las soluciones de los viejos tiempos ya no servían, por lo que La Patrulla-X debía buscar alternativas… ¡y, con Cíclope a la cabeza, las encontró! Fue entonces cuando Scott se revelaba como una clase de líder distinta a como había sido hasta aquel momento: más duro, más taimado y más estratega militar que rostro amable. Mantuvo a los suyos a salvo, los protegió frente a todo y frente a todos. Fue Cíclope quien comprendió que La Patrulla-X debía salvar a Hope, la proclamada como mesías mutante. Fue Cíclope quien, en secreto, impulsó las actividades de X-Force, por la que muchos de sus enemigos serían perseguidos y asesinados. Fue Cíclope quien tiró a la papelera los viejos convencionalismos y envió a los suyos al otro lado del país, hasta San Francisco, y consiguió que la ciudad fuera un hogar para los mutantes. Fue Cíclope, cuando el Reinado Oscuro de Norman Osborn los puso contra las cuerdas, quien dio un paso más allá, al fundar Utopía, un auténtico Estado Mutante, situado en la bahía de San Francisco, en una isla artificial construida con los restos del Asteroide M. Y Fue Cíclope, en definitiva, quien posibilitó que Hope regresara a casa, en “Advenimiento”, y los mutantes volvieran a respirar tranquilos.

 

Por todo ello, las acciones de Scott Summers durante la guerra contra Los Vengadores pesarían en su currículum más que ninguna otra cosa, hasta borrar todos sus logros anteriores. Porque el hombre que había mantenido la cabeza fría durante los peores momentos perdió el equilibro. Se trataba, sí, de asegurar el futuro de los suyos, de que la Fuerza Fénix reactivara el gen mutante, como finalmente ocurrió, pero el precio a pagar fue demasiado alto. Poseído por dicha entidad cósmica, Scott sobrepasó todos los límites, al asesinar a Xavier. En las páginas finales de Marvel Deluxe. Patrulla-X – Equipo Extinción nº 3, arrepentido de algunas de sus acciones, repudiado por sus semejantes, criminalizado por los humanos, huido de la justicia y con la única compañía de algunos de los que fueran sus compañeros en la última formación de La Patrulla-X de los tiempos de Utopía, Scott se disponía a liderar una revolución. Y es aquí donde retomamos la historia.

 

A Brian Michael Bendis le gusta contar las dos caras de una misma historia. Lo hizo, durante muchos años, en la franquicia de Los Vengadores, donde estableció constantes lecturas duales entre los títulos que escribía: Los Nuevos Vengadores con Los Poderosos Vengadores durante la época de “La Iniciativa”; Vengadores Oscuros con Los Nuevos Vengadores en el tiempo de “Reinado Oscuro”, y Los Vengadores y Los Nuevos Vengadores a lo largo de “La Edad Heroica”. El esquema se repetía una vez más con motivo de su etapa al frente del Universo Mutante. En un principio, La Casa de las Ideas sólo anunció el lanzamiento de la cabecera que estaría en el centro de todo, All-New X-Men: La Nueva Patrulla-X. La presencia de un dibujante de la envergadura de Stuart Immonen se interpretaba como una declaración de intenciones: aquella era la colección que había que leer. ¿Sólo aquella? Poco después, la editorial desveló que Bendis continuaba repitiendo el esquema de otros tiempos, y puso sobre la mesa otra serie X que también escribiría. Se trataba de la siguiente iteración del que había sido título fundamental de la franquicia: The Uncanny X-Men, La Imposible Patrulla-X, que, al igual que como ya ocurrió en la época de Kieron Gillen, estaría protagonizada por Cíclope y compañía.

 

Mientras La Nueva Patrulla-X era la serie luminosa, La Imposible se llevaba las mayores cotas de oscuridad, aunque el guionista de Cleveland insistió a sus lectores que no pensaran en ella en términos similares a Los Vengadores de Norman Osborn. “Él quería que el mundo ardiera. Cíclope busca salvar a los suyos”, aclaró. Para significar tales particularidades, contaba con Chris Bachalo, un artista casi opuesto a Immonen, con el que había colaborado por primera vez en el curso de la mencionada serie de Vengadores Oscuros. Desde entonces, ambos tenían ganas de repetir en una serie abierta. “Le llamamos porque ya ha hecho mucho material mutante, pero creo que nunca ha recibido el crédito que se merece”, decía Bendis al respecto. Bachalo, un habitual de la franquicia que se diera a conocer con Generation X a mediados de los noventa y luego pasara por la propia Uncanny, aprovechaba para rediseñar el uniforme de todos los personajes, de manera que se adecuaran a la situación que se muestra: la de la clandestinidad. El mismo dibujante también se encargaba de aplicar el color, algo bastante inusual, pero que le permitía mantener el control sobre el producto final.

 

Incluso en este aspecto los contrastes se hacían patentes y ponían de manifiesto los dos polos de la propuesta. El tono de conspiración permanente, de thriller furioso en que ningún personaje acaba de contar toda la verdad sobre lo que se propone, se pone de manifiesto mediante una paleta casi siempre apagada y fría, como el lugar en que iba a establecerse el equipo: un síntoma más de que las cosas habían cambiado de manera cuasi irremediable. En la nueva escuela de Cíclope no habría jardín, ni amigables partidos de béisbol, ni reuniones ante la chimenea. Por no haber, no había ni ventanas. De cara a las aulas, Bendis se esforzó en proponer la siguiente generación de mutantes, a través de jóvenes atípicos, con poderes que también se salían de la norma. El guionista luchó a su vez porque el foco no sólo estuviera sobre Cíclope, y dedicó atención al resto del elenco principal, mediante tramas que respondían tanto a la personalidad de cada uno de ellos como a la manera en la que estaban afrontando las consecuencias de sus acciones como parte integrante de los Cinco Fénix.

 

La Patrulla-X revolucionaria era, en definitiva, la otra cara de la moneda, frente al idealismo de los Cinco Originales que había traído La Bestia desde el pasado. Ambos grupos recorrerían senderos paralelos, que podían llegar a encontrarse en algún punto del trayecto, e incluso a formalizar un crossover, como de hecho ocurriría más adelante, pero que procuraban mantener su feroz individualidad. Con todo, y de ahí que ambas series se recopilen en la misma colección, Brian Michael Bendis estaba contando una única historia. Los lectores, como le ocurría a sus protagonistas, tardaron mucho tiempo en descubrir de qué trataba exactamente, pero mientras tanto nadie quiso perderse aquel viaje, de trayecto apasionante y destino incierto.

EL PÁJARO QUE SIEMPRE VUELVE: LAS VIDAS, MUERTES Y RESURRECCIONES DE FÉNIX

Cualquier lector que lleve un tiempo en esta afición, sabe que las muertes y posteriores regresos de los personajes forman parte de las reglas del juego. Lo uno y lo otro suele utilizarse como resorte para llamar la atención del lector, de manera que, con el paso de los años, esta clase de acontecimientos cada vez reviste una menor dosis de sorpresa. La apuesta es cada vez más elevada, a la hora de acometer una operación de esta clase que impacte de verdad en el ánimo del aficionado: debes convencerlo de la autenticidad de una muerte, pero también de la necesidad de un regreso. No hay reglas escritas con ningún personaje, así que la editorial siempre puede tratar de convencer a sus fieles de lo irremediable de unos sucesos que, por definición, han devenido en pronosticables. Hay un caso particular en el que el fin y el nuevo comienzo forma parte intrínseca del icono, de tal manera que su esencia es despedirse para luego reaparecer. Y ese caso es el de Jean Grey.

1976. PRIMERA MUERTE

Cuando todo empezó, Jean Grey y Fénix no eran dos entidades diferenciadas, aunque Chris Claremont supo dar una poesía a la transformación de la una en la otra que, en una relectura posterior, podría llegar a interpretarse como tal. Como el resto de La Patrulla-X original, salvo Cíclope, Jean estaba destinada a perderse de vista para dar paso a la Segunda Génesis. Pero no fue así. El personaje era la pareja de Scott Summers, por lo que pronto volvió a su lado. Atrapada junto al resto por Los Centinelas y conducida hasta el espacio, Jean demostraba una iniciativa y un ardor del que nunca antes hizo gala. Era la única mujer entre los fundadores, y como tal nunca desempeñó otro papel que el de servir de interés amoroso. Pero, en esta nueva fase, desde su traje a su nombre de heroína, el de Chica Maravillosa, todo eso debía quedar atrás para de cara a los rupturistas setenta. Nada más hacerse con las riendas del personaje, Claremont cambió su personalidad, para convertirla en una mujer resuelta e independiente, algo que, como veremos más adelante, molestó fuera y dentro de Marvel. Al final de la aventura con Los Centinelas, en una escena pletórica de drama y sacrificio, Jean conducía la nave que permitía al grupo regresar a casa, atravesando una tormenta solar destinada a acabar con su vida, sólo que…

 

1976. PRIMERA RESURRECCIÓN

…sólo que no fue así. Al comienzo del siguiente número, la nave llegaba a la Tierra y se sumergía en las aguas de las que, acto seguido, emergía Jean. “¡Escuchadme, Patrulla-X! ¡Ya no soy la mujer que conocisteis! ¡Soy el fuego! ¡Soy la vida encarnada! Ahora y para siempre… ¡Soy Fénix!”, proclamaba, vestida con un nuevo y resplandeciente traje que había creado de la nada, utilizando para ello habilidades que nunca había mostrado. Efectivamente, la tormenta solar había redefinido a la mutante, que pasó a ser la integrante más poderosa del equipo. La Patrulla-X ya marcaba pautas que, al cabo de unos años, asumiría todo el género superheróico. Para el nuevo diseño, Dave Cockrum tomó como modelo a Farraw Fawcett en los anuncios de Wella-Balsan y en las portadas de Cosmopolitan, mientras que el cambio de nombre buscaba diferenciarla de Ms. Marvel, que entonces escribía el propio Claremont y que también estaba a la vanguardia del feminismo superheroico. Los colores iniciales eran blanco y dorado, pero el editor Archie Goodwin pidió que se cambiara el blanco por verde, para evitar que se notara la transparencia del papel.

1980. SEGUNDA MUERTE

Mientras que Chris Claremont y Dave Cockrum pretendían que el poder de Fénix fuera en aumento, hasta alcanzar una categoría cósmica, Goodwin demandó que fueran en otra dirección, antes de que ella hiciera superflua al resto de integrantes. Después de que salvara el Universo, en The X-Men #108 USA, el guionista procedió a una rebaja de esos poderes, y los justificó mediante un bloqueo mental: Jean todavía no estaba preparada para asumir semejante carga. Además, trató de fijar que tenía una rica vida privada al margen del equipo, al que acudía en los momentos de necesidad, algo que ya se estaba haciendo con Thor con respecto a Los Vengadores. En paralelo, el guionista estaba jugando con el concepto mismo del poder: la manera en que puede corromper a una persona y cómo es necesario que, conforme aumentan sus capacidades, aumente también su consciencia. Cockrum dio paso a John Byrne, en calidad tanto de dibujante como de coargumentista de la serie. Era un fan de la Chica Maravillosa de siempre y no le gustaba la excepcionalidad de Fénix. En el tira y afloja, ambos autores concibieron una saga en la que Jean era manipulada por Mente Maestra y el Club Fuego Infernal, lo que la llevaba a la locura, a la orgía genocida y a transformarse, en definitiva, en Fénix Oscura. La aventura debía haber acabado con Jean lobotomizada por el Imperio Shi’ar, pero el entonces director editorial Jim Shooter pidió su cabeza, así que Claremont y Byrne cambiaron la historia: Jean se sacrificaba, suicidándose, y The X-Men #137 USA se convirtió en una auténtica leyenda, el mito sobre el que se iba a asentar el éxito arrollador de la serie en los años posteriores.

 

1985. SEGUNDA RESURRECCIÓN

Poco después de “La saga de Fénix Oscura”, John Byrne abandonó la serie, quedándose Claremont como cabeza visible de los mutantes, muy consciente de que la efervescencia que se vivía alrededor de ellos era en gran medida consecuencia de que uno de los más respetados y queridos integrantes del equipo había encontrado la muerte. ¿Recuerdas lo que comentábamos al comienzo, acerca del ciclo de muertes y resurrecciones de personajes populares? Todavía no había empezado. Corrían los ochenta, el Universo Marvel revestía una solidez y una coherencia impresionantes y lo que moría permanecía muerto. Así que el Patriarca Mutante, en lugar de resucitar a Jean, se sacó de la manga a una hija venida de un futuro alternativo, o a una esposa para Cíclope cuyo aspecto era exactamente el mismo que el de su amor perdido… sin llegar a tratarse de ella.

 

Y entonces llegó Factor-X.

 

Bob Layton y Jackson Guice querían hacer un nuevo equipo que reuniera a La Patrulla-X original. Trajeron a La Bestia, El Ángel y El Hombre de Hielo de las filas de Los Nuevos Defensores y arrastraron a Cíclope desde su retiro. El hueco de Jean lo iba a llenar Madelyne Pryor, Rachel Summers, Dazzler o cualquier otra chica disponible. En el proceso, Kurt Busiek, futuro guionista de prestigio y entonces machaca dentro del Bullpen, se enteró de que Factor-X estaba en proceso y propuso a sus autores una idea: que Jean Grey volviera, pero sorteando su muerte como Fénix. Fue en ese momento en que se estableció lo que antes no era en absoluto así: que se trataba de dos seres diferenciados. Se volvía así a lo ocurrido en The X-Men #100 y 101 USA, cuando Jean había estado a punto de morir, pero emergió transformada en Fénix, y se estableció que ésta era una auténtica fuerza cósmica, que había duplicado la forma de Jean y seguido adelante con su vida sin siquiera ser consciente de ello, mientras que la auténtica Jean se recuperaba en el fondo del mar, envuelta en una crisálida que encontraban Los Vengadores y abrían Los Cuatro Fantásticos. Roger Stern, guionista de los primeros, y John Byrne, responsables de los segundos, que a su vez habían estado implicados en el desarrollo de Fénix, participaron de la trama. Por fin, en la primera historia de Factor-X, Jean y Scott volvían a reencontrarse.

Chris Claremont no estuvo nada contento con lo ocurrido, y desde el principio trató de torpedear la nueva serie. No consiguió pararla, pero sí que su guionista fuera sustituido por Louise Simonson, alguien de su entera confianza. Juntos trataron los años siguientes de remendar todo el estropicio que a su juicio había tenido lugar, algo que consiguieron parcialmente en “Inferno”, una saga mutante publicada en 1989, que se saldó con la muerte de Madelyne Pryor, que se había descubierto como un clon de Jean producido por Mister Siniestro, y la fusión de sus recuerdos con los de Jean. Ella y Cíclope se casaron unos años más adelante, ya con Claremont fuera del escenario.

 

2004. TERCERA MUERTE

Después de que Alan Davis, en las páginas de Excalibur, diera una explicación coherente al concepto de la Fuerza Fénix, ahora encarnada en Rachel Summers, la editorial dio un descanso a la entidad, si bien recurrieron a ella de manera testimonial en 1995, con motivo de un cruce entre el Universo Marvel y el Ultraverso que respondía al nombre profético de The Phoenix Resurrection y que quedó en lo meramente anecdótico. Tuvo que tener lugar la irrupción de Grant Morrison en el cosmos mutante para que la Fuerza Fénix resurgiera, una vez más, de sus cenizas. Morrison puso al día la plana mayor de los conceptos de la era Claremont-Byrne, y el de la entidad cósmica no iba a ser menos: pronto volvió a manifestarse como parte de Jean, con un toque muy próximo al de la posesión demoniaca. Para completar el ciclo, Jean murió una vez más, en New X-Men #150 USA, a manos de quien Morrison pretendía que fuera Magneto y que luego, en una reescritura de otros autores, se desveló como Xorn.

 

En los años posteriores, Jean permaneció bajo tierra, pero la Fuerza Fénix siguió reapareciendo de manera recurrente, para asociarse con otros huéspedes, en historias como “La canción final de Fénix” (2005), “La canción de guerra de Fénix” (2006-07) y “VvX. Los Vengadores Vs. La Patrulla-X” (2012). A la búsqueda de la simplificación, quedó establecido que Fénix era un ser de naturaleza cósmica que, cada cierto tiempo, pasaba por nuestro planeta y se encarnaba en un ser humano, con preferencia, pero no de manera exclusiva, por las mutantes pelirrojas. A lo largo de su trayectoria, además de la copia de Jean por la que se justificó su primera muerte o Rachel Summers, la entidad tomó como anfitriones a Hope Summers, las hermanas Cuco, los Cinco Fénix (Namor, Magik, Coloso, Emma Frost y Cíclope) y una larga lista de personajes.

 

2018. TERCERA RESURRECCIÓN

La colección protagonizada por la joven Jean Grey del pasado presentaba, como su principal atractivo, el enésimo retorno de la Fuerza Fénix. Era en realidad el preámbulo que facilitaría otra vuelta, la que tiene lugar en La resurrección de Jean Grey, con un “adulta” entre paréntesis en el título dado inicialmente por Marvel, para que no hubiera duda alguna. El ciclo se repite una vez más, confirmando la circularidad de la historia, sólo que ahora hay circunstancias distintas a las que tuvieron lugar en 1984. Esta vez no han transcurrido cuatro escasos años desde la muerte y la resurrección, sino casi tres lustros, en los que el Universo Marvel en general y el entorno mutante, en particular han cambiado como nunca antes y en los que la ausencia de Jean ha llegado a formar parte del paisaje. Sin ella, el Homo superior ha alcanzado momentos de esplendor, y como tal cabe calificar las épocas del Astonishing X-Men de Joss Whedon y John Cassaday, de La Patrulla-X de Matt Fraction, del cisma orquestado por Jason Aaron y Kieron Gillen, o de La Patrulla-X del ayer de Brian Michael Bendis, pero también hemos vivido tiempos de incertidumbre, en que los mutantes parecían arrinconados y al borde de la extinción dentro de Marvel. Lo que ocurre es que, si algo han demostrado estos personajes en sus décadas de existencia, es su capacidad para resurgir, como ave fénix, de las cenizas, y hacerlo más fuertes que nunca. Ojalá que la resurrección de Jean Grey no sea sino el presagio de una nueva, y necesaria, era de grandeza.

 

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