CAPITÁN AMÉRICA DE RICK REMENDER: HORA DE AVENTURAS

En 2012, el ciclo más brillante de la historia moderna de Marvel había llegado a su fin. Desde la normalidad y complacencia por los logros acumulados, Joe Quesada dio paso a un nuevo Director Editorial, Axel Alonso, quien puso en marcha la primera iniciativa destacable de su mandato: Marvel Now! La operación consistía en huir de las zonas de comodidad, de manera que todos los autores intercambiarían sus sillas entre ellos. En el caso del Capitán América, Ed Brubaker, que había dado intensos días de gloria al Centinela de la Libertad, pero que se sentía hastiado por tantos años escribiendo superhéroes, cedió el testigo a Rick Remender.

¿Cómo rellenar el hueco que ha dejado el más aclamado guionista con el que jamás haya contado una colección? Si pretendes estar en ella durante mucho tiempo, si tu propósito va más allá de la mera emulación de las fórmulas que llevaron al triunfo de tu predecesor, sabes que sólo hay un camino posible: tomar una dirección distinta. ConEd Brubaker tuvimos al Capitán América relevante. Un espía perfecto, elJack Bauerde los tebeos. ConRick Remender, esa óptica queda en un segundo plano. El punto de partida no está en la carga política del personaje, sino en su lado más aventurero. Remender se pone como modelo la época de Jack Kirbyen calidad de autor completo del Centinela de la Libertad. Es una etapa que, en su momento de publicación, a mediados de los años setenta, se desmarcaba de cualquier significación ideológica para centrarse en gigantescas aventuras, de espectacularidad rampante y planteamientos excesivos, con Kirby en ebullición y sin nada que le frenara. De ella, Remender toma la locura extrema, los escenarios imposibles, la ciencia ficción desaforada y, por supuesto, la aventura a lo grande.

 

Uno de los villanos que Kirby creara entonces fue Arnim Zola, que siempre había fascinado a Remender y al que recurre ahora como amenaza omnipresente, en la que quizás sea la historia más destacable que ha protagonizado nunca. El autor llegó a barajarlo cuando escribía las aventuras del Agente Veneno, antes de saltar a primer plano entre los narradores de Marvel, pero no acabó de encontrar una historia que le hiciera justicia En su opinión, Arnim Zolaha sido subestimado por otros autores, que normalmente le reservan el papel de ayudante de Cráneo Rojo, como de hecho sucedía en la primera película del Capi. Remender identifica a Zola con Josef Mengele, el científico loco del nazismo: “Es alguien para quien la vida no es más que barro con el que jugar y que moldear. Todo es un gran experimento para él”, sostiene. “Carece de cualquier empatía. Es un sociópata en estado puro. Además, es un genio de alto nivel capaz de comunicarse con sus creaciones y es capaz de copiar la conciencia de manera digital”. El guionista le da mucha importancia a este detalle, del que también se sirve para dar vida al Cráneo Rojo deImposibles Vengadores. Se trata de llevar la relación entre Zola y el Capi hasta un nuevo nivel, que estén conectados como nunca antes lo estuvieron: “cuando veas a Zola en el futuro, quiero que sientas que es uno de esos grandes villanos que te dejan con la boca abierta. Es lo que quiero conseguir con esta saga”.

 

El reflejo natural de la utilización de Zola lo encontramos en el escenario del que se sirve: la llamada Dimensión Z, creada por Remender para esta ocasión, y en cuyo establecimiento perseguía la unión de los contrastes: un paisaje inhóspito, poblado por criaturas monstruosas que, por extraño que pudiera parecer, han establecido sus reglas sociales, que se ve sometido a la tecnología del biofanático y, en consecuencia, severamente alterado. Donde antes había llanuras polvorientas, irrumpen coches voladores y ciudades de cromo y metal, con la urbe concebida como base de operaciones del villano como mayor reflejo de la mente de aquél. Enfrente, encontramos a un Capitán América fuera de su territorio, que recurre a sus recuerdos del pasado como asidero frente a la locura que le rodea, y en concreto a una figura, la de su madre, a la que ningún otro autor se había acercado antes con excesiva profusión. Acerca de esos primeros años de la vida del héroe giran muchas de las ideas que Remender quería destacar: “Sabemos que creció en circunstancias muy duras, que se empeñó en ir a la II Guerra Mundialaunque fuera un alfeñique, y a partir de ahí sale lo demás. Pero la gran pregunta que creo que debo responder es: ¿Cómo llegó ahí? No naces siendo un superpatriota, increíblemente noble, un gran líder que nunca se rinde. Nadie lo hace. Puede que tengas unas aptitudes, pero tienes que ganártelo. Así que eso es lo que hizo Steve mientras crecía en el Lower East Sideen la Era de la Depresión. Se lo ganaba”.

 

El artista conminado a plasmar los presupuestos de Remender es un veterano de lujo de Marvel, que como tal había tenido oportunidad de dibujar al Capitán América en otras ocasiones, pero que nunca ha pisado su cabecera. La incursión de Romita Jr. en las praderas patrióticas coincide con un momento en que su arte se ha vuelto más espontáneo y suelto que nunca, huyendo de los detalles y de las rigideces anatómicas para centrarse en la espectacularidad de la orquestación. Desde esa óptica, coincide con el Kirby crepuscular que abordó el Capitán América en 1976. Es además el último trabajo de Romita Jr. para Marvel, antes de acometer un inesperado cambio de aires lejos de la editorial donde había desarrollado la práctica totalidad de su trayectoria. Como compañeros de viaje, el editor Tom Brevoort escoge al veterano entintador Klaus Janson, que ya hubiera trabajado junto a Romita Jr. en decenas de ocasiones, y al colorista Dean White, el mismo con el que contara en Kick Ass, y cuya paleta es fundamental a la hora de abordar tanto los horizontes quemados de la Dimensión Z como las calles humeantes de la Era de la Depresión.

 

El diseño de personaje del que parten todos ellos responde a la autoría de Jerome Opeña y John Cassaday, quienes en paralelo abordan al personaje en Los Vengadores de Jonathan Hickman e Imposibles Vengadores, del propio Remender. Ambos toman detalles aportados por el Capitán América cinematográfico para entrelazarlos con los elementos más icónicos del traje clásico, una tarea que explica con estas palabras Tom Brevoort: “Comenzamos con Jerome, que es un buen amigo de Rick y ha trabajado mucho con él. Pensamos que podría ofrecernos el tipo de cosas que estábamos buscando. Jerome hizo, creo recordar, tres rondas de diseños antes de que diéramos con lo que queríamos. Luego, John firmó para hacerImposibles Vengadores, serie que tiene una fuerte conexión con el Capi, así que le preguntamos si podía dejar el pecho con la cota de malla, porque lo que había hecho Jerome nos parecía bien, pero podía complicar mucho la vida a algunos dibujantes. El propio Joe Quesada se puso a dibujarlo y comentó que era un infierno”.

 

El ciclo de la Dimensión Z se desarrolla durante todos los números a cargo de Romita, Janson y White, pero no es más que el comienzo del largo camino trazado por Rick Remender y que todavía ha de extenderse durante varios años más, en los que su misión primordial no es otra que mirar a los ojos al hombre detrás del mito. “Steve Rogers pasó su infancia muerto de hambre y en la miseria, mientras cuidaba a una madre enferma, después de haber perdido un padre y un abuelo”, concluye el autor. “Dicen que puedes mirar a alguien con siete años e imaginar la clase de persona que será. Incluso hay una serie de documentales ingleses que se dedican a demostrarlo. Puede que el Capitán América tenga el cuerpo de un superhéroe, pero por dentro sigue siendo aquel niño. Por dentro, es como nosotros”.

 

Artículo originalmente aparecido en Marvel Now! Deluxe. Capitán América de Rick Remender nº 1

MOTEROS ENCENDIDOS, DIABLOS SALVAJES: LOS ESPÍRITUS DE VENGANZA DE DAVID BALDEÓN

El éxito a comienzos de los años noventa de Dan Ketch, el segundo Motorista Fantasma, auspició el nacimiento de una franquicia alrededor de los personajes sobrenaturales del Universo Marvel. Morbius, Blade, Hannibal King y unos cuantos más se unieron a la fiesta, en la línea que se dio en llamar Hijos de la Medianoche. También lo hizo Johnny Blaze, el primer Motorista Fantasma, en ese momento libre de su maldición, y junto a su sucesor formó un dúo, badasses totales de lo oculto, bajo el nombre de… Espíritus de Venganza. Ghost Rider & Blaze: Spirits of Vengeance, la cabecera que protagonizaron, se extendió durante dos años, de mediados del 92 a 1994, participando de todos los eventos que se cocían alrededor de aquellos Hijos de la Medianoche. Después llegaron las vacas flacas, la bancarrota de la editorial y la mayor crisis que haya padecido jamás el mundo del cómic.

 

Desde entonces, los personajes mágicos del Universo Marvel han contado con notables revivals, que van desde los acercamientos de Garth Ennis o Jason Aaron a la figura de los Motoristas Fantasma hasta el levantamiento de toda una nueva nación de vampiros, auspiciada, desde las páginas de X-Men, precisamente por el guionista del que ahora nos toca hablar. Victor Gischlerfue uno de los hombres fuertes de Marvel hace ya unos cuantos años, con diversos proyectos relacionados con Masacre o El Castigador. La editorial llegó a confiar en él para llevar la nueva cabecera de La Patrulla-X que se lanzó a mediados de 2010 y cuyo arranque fue aprovechado para poner al día el concepto de los vampiros, que hubiera sido fuerte allá por los setenta. Tras el cierre de aquel X-Men sin adjetivos, perdimos la pista de Gischler, pero hete aquí que, todo un lustro después, vuelve a la factoría de Stan Lee, y lo hace una vez más con el mandato de insuflar nueva vida a un concepto en las lindes del horror: el de grupo de superhéroes sobrenaturales.

 

Para ello, recupera el nombre de Espíritus de Venganza y acude a cuatro de los personajes más carismáticos de este rincón de Marvel, a los que el español David Baldeón aplica un estimulante lavado de cara: un rediseño fabuloso que va mucho más lejos de los protagonistas, hasta alcanzar todo un mundo que late bajo las capas superficiales de la cotidianeidad superheroica. El objetivo de los autores no es tanto el de revivir viejos éxitos como el de mirar hacia delante y construir algo nuevo. “Es muy sencillo”, dice Gischler. “Creo que estos grandes personajes necesitan ser exhibidos. Si el cómic alimenta el apetito por la nostalgia de los noventa, es genial, pero no vas a sentirte fuera si te perdiste esa década. Si estos personajes son nuevos para ti, todavía participarás de este paseo salvaje”.

 

Artículo originalmente aparecido en 100 % Marvel HC. Espíritus de Venganza

EL ÚLTIMO ENCUENTRO DE STAN LEE Y STEVE DITKO

Con motivo de la muerte de Steve Ditko, recordamos la ocasión en la que volvió a reencontrarse con Stan Lee, un texto procedente de Spider-Man: La historia jamás contada.

 

Y entonces, en 1992, Stan y Steve volvieron a encontrarse.

Marvel estaba planeando una nueva línea editorial, en la que se iban a narrar las aventuras de diversos personajes, con el año 2099 como trasfondo. Una de las nuevas series, Ravage 2099, iba a estar guionizada por The Man, en su retorno a la máquina de escribir después de una larga ausencia. Cuando el entonces Director Editorial Tom DeFalco le preguntó acerca de con qué dibujante le gustaría contar, Lee mencionó a Ditko, quien accedió a encontrarse con su antiguo compañero.

“El fan que hay en mí estaba pensando que iba a ver historia desplegándose ante sus ojos. Stan Lee y Steve Ditko juntos en la misma habitación. Steve vino, muy halagado de que le hiciéramos la oferta”, explicó DeFalco. “Él y Lee se tendieron la mano, hasta que acabaron dándose un gran abrazo. Tuvieron una recepción muy cálida. Era obvio que eran dos tipos que realmente se caían bien y se respetaban mutuamente. Stan expuso algunas ideas sobre la serie. Tuvieron una conversación verdaderamente apasionante sobre lo que podían hacer. Las discusiones de Steve siempre eran feroces, pero esta vez fue muy cálido y amistoso. No se pondrían de acuerdo. Stan se lo agradecería mucho y ambos dejaron abierta la puerta a futuras colaboraciones. Cuando Steve se marchó, puedo decir que estaba realmente emocionado de haber visto a Stan”.

Aquella puerta quedó de nuevo cerrada, después de que los dos autores volvieran a enzarzarse en discusiones públicas acerca de la autoría de Spider-Man. El comienzo del siglo XXI pilló a Ditko trabajando en su estudio de siempre, escribiendo y dibujando cómics en blanco y negro tan sorprendentes como ilegibles, en los que exponía sus convicciones objetivistas y que publicaba con la ayuda de su amigo Robin Snyder, de una manera al borde de lo amateur. Cuando en 2002 se estrenó la primera película de Spider-Man, Stan Lee era, más que nunca, la cara de Marvel, con sus cameos en cada nuevo largometraje y sus apariciones en multitud de entrevistas y programas de televisión. Para el gran público, iba a ser siempre el creador del Hombre Araña, por mucho que él proclamara que compartía esa autoría con Ditko, y por más que éste apareciera como tal en los créditos del filme. En pleno siglo XXI, Spider-Man era mucho más que un personaje de cómic. Era un icono mundial, capaz de recaudar millones en taquilla y situarse entre las más comerciales franquicias del mundo. La gloria cinematográfica constituía el último paso de una carrera hacia el éxito total que había empezado el día en que Steve Ditko abandonó al personaje. Tras esa despedida, Spider-Man alcanzó el reconocimiento universal, pero también perdió cierta magia, imposible de definir o de recrear, pero tantas veces imitada. Cada año que pasa, cada vez que alguien se acerca a los años fundacionales del trepamuros o siempre que un nuevo guionista o dibujante encuentra en aquellos cómics elementos que incorporar a las nuevas aventuras arácnidas, el Spider-Man de Ditko crece en frescura y modernidad, para alzarse como el definitivo y definitorio.

 

 

SPIDER-MAN, MARVEL Y LA GUERRA CONTRA EL TABAQUISMO INFANTIL

En diciembre de 1991, Marvel lanzó este cómic benéfico, auspiciado por la American Cancer Society y especialmente orientado a tratar el problema del tabaquismo entre los niños:

Además de la historia, incluía información alrededor del problema:

En 2002, se rehizo el cómic, actualizando el look de los personajes y el estilo de dibujo:

 

 

Este verano, Marvel ha lanzado Moon Girl & Devil Dinosaur #31 USA, también centrado en el tabaquismo infantil:

LA IMPOSIBLE PATRULLA X DE BENDIS: NOTAS PARA UNA REVOLUCIÓN MUTANTE

“Odiados. Temidos. Y salvando el mundo. Dime qué ha cambiado”. Esa es la conclusión extraída por Cíclope tras la guerra entre Los Vengadores y La Patrulla-X. El gen del Homo superior se ha reactivado, toda vez que se aleja el fantasma de la extinción. Para conseguirlo, sin embargo, el que fuera líder de los mutantes tuvo que pagar un alto precio. Poseído por la Fuerza Fénix, llegó incluso a asesinar a Charles Xavier, el hombre que fuera como un padre para él. ¿Qué redención quedaba detrás de eso? ¿La revolución que pregonaba como respuesta tenía algún sentido o no era más que una huida hacia delante? Eran cuestiones que Brian Michael Bendis estaba deseando abordar.

 

Desde su debut, en The X-Men #1 USA (1963. Marvel Gold. La Patrulla-X Original nº 1), Scott Summers siempre se ha amoldado al estereotipo de líder sensato. Durante mucho tiempo, fue el hombre que siguió al pie de la letra las enseñanzas del Profesor Xavier, pero, al cabo de los años, el mentor acabó por decepcionar al alumno, y este se sintió entonces en la obligación de superarlo. El momento de no retorno se produjo, con toda probabilidad, después de que Cíclope descubriese que Xavier le había ocultado durante todos estos años la existencia de una “Patrulla-X de reemplazo”, que habría acudido a salvar al grupo original de las garras de Krakoa, pero que murió sin poder hacer nada, lo que obligó a reclutar a los integrantes de la Segunda Génesis. Sucedió en Marvel Deluxe. Patrulla-X: Génesis mortal. Al final de esta saga, Scott cortó lazos con el Profesor-X de manera tan notoria que incluso le expulsó de la escuela que éste había fundado.

 

Aquello coincidió con un momento terrible para el Homo superior. Las acciones de La Bruja Escarlata en “Dinastía de M” habían abocado a la especie a la extinción. Las soluciones de los viejos tiempos ya no servían, por lo que La Patrulla-X debía buscar alternativas… ¡y, con Cíclope a la cabeza, las encontró! Fue entonces cuando Scott se revelaba como una clase de líder distinta a como había sido hasta aquel momento: más duro, más taimado y más estratega militar que rostro amable. Mantuvo a los suyos a salvo, los protegió frente a todo y frente a todos. Fue Cíclope quien comprendió que La Patrulla-X debía salvar a Hope, la proclamada como mesías mutante. Fue Cíclope quien, en secreto, impulsó las actividades de X-Force, por la que muchos de sus enemigos serían perseguidos y asesinados. Fue Cíclope quien tiró a la papelera los viejos convencionalismos y envió a los suyos al otro lado del país, hasta San Francisco, y consiguió que la ciudad fuera un hogar para los mutantes. Fue Cíclope, cuando el Reinado Oscuro de Norman Osborn los puso contra las cuerdas, quien dio un paso más allá, al fundar Utopía, un auténtico Estado Mutante, situado en la bahía de San Francisco, en una isla artificial construida con los restos del Asteroide M. Y Fue Cíclope, en definitiva, quien posibilitó que Hope regresara a casa, en “Advenimiento”, y los mutantes volvieran a respirar tranquilos.

 

Por todo ello, las acciones de Scott Summers durante la guerra contra Los Vengadores pesarían en su currículum más que ninguna otra cosa, hasta borrar todos sus logros anteriores. Porque el hombre que había mantenido la cabeza fría durante los peores momentos perdió el equilibro. Se trataba, sí, de asegurar el futuro de los suyos, de que la Fuerza Fénix reactivara el gen mutante, como finalmente ocurrió, pero el precio a pagar fue demasiado alto. Poseído por dicha entidad cósmica, Scott sobrepasó todos los límites, al asesinar a Xavier. En las páginas finales de Marvel Deluxe. Patrulla-X – Equipo Extinción nº 3, arrepentido de algunas de sus acciones, repudiado por sus semejantes, criminalizado por los humanos, huido de la justicia y con la única compañía de algunos de los que fueran sus compañeros en la última formación de La Patrulla-X de los tiempos de Utopía, Scott se disponía a liderar una revolución. Y es aquí donde retomamos la historia.

 

A Brian Michael Bendis le gusta contar las dos caras de una misma historia. Lo hizo, durante muchos años, en la franquicia de Los Vengadores, donde estableció constantes lecturas duales entre los títulos que escribía: Los Nuevos Vengadores con Los Poderosos Vengadores durante la época de “La Iniciativa”; Vengadores Oscuros con Los Nuevos Vengadores en el tiempo de “Reinado Oscuro”, y Los Vengadores y Los Nuevos Vengadores a lo largo de “La Edad Heroica”. El esquema se repetía una vez más con motivo de su etapa al frente del Universo Mutante. En un principio, La Casa de las Ideas sólo anunció el lanzamiento de la cabecera que estaría en el centro de todo, All-New X-Men: La Nueva Patrulla-X. La presencia de un dibujante de la envergadura de Stuart Immonen se interpretaba como una declaración de intenciones: aquella era la colección que había que leer. ¿Sólo aquella? Poco después, la editorial desveló que Bendis continuaba repitiendo el esquema de otros tiempos, y puso sobre la mesa otra serie X que también escribiría. Se trataba de la siguiente iteración del que había sido título fundamental de la franquicia: The Uncanny X-Men, La Imposible Patrulla-X, que, al igual que como ya ocurrió en la época de Kieron Gillen, estaría protagonizada por Cíclope y compañía.

 

Mientras La Nueva Patrulla-X era la serie luminosa, La Imposible se llevaba las mayores cotas de oscuridad, aunque el guionista de Cleveland insistió a sus lectores que no pensaran en ella en términos similares a Los Vengadores de Norman Osborn. “Él quería que el mundo ardiera. Cíclope busca salvar a los suyos”, aclaró. Para significar tales particularidades, contaba con Chris Bachalo, un artista casi opuesto a Immonen, con el que había colaborado por primera vez en el curso de la mencionada serie de Vengadores Oscuros. Desde entonces, ambos tenían ganas de repetir en una serie abierta. “Le llamamos porque ya ha hecho mucho material mutante, pero creo que nunca ha recibido el crédito que se merece”, decía Bendis al respecto. Bachalo, un habitual de la franquicia que se diera a conocer con Generation X a mediados de los noventa y luego pasara por la propia Uncanny, aprovechaba para rediseñar el uniforme de todos los personajes, de manera que se adecuaran a la situación que se muestra: la de la clandestinidad. El mismo dibujante también se encargaba de aplicar el color, algo bastante inusual, pero que le permitía mantener el control sobre el producto final.

 

Incluso en este aspecto los contrastes se hacían patentes y ponían de manifiesto los dos polos de la propuesta. El tono de conspiración permanente, de thriller furioso en que ningún personaje acaba de contar toda la verdad sobre lo que se propone, se pone de manifiesto mediante una paleta casi siempre apagada y fría, como el lugar en que iba a establecerse el equipo: un síntoma más de que las cosas habían cambiado de manera cuasi irremediable. En la nueva escuela de Cíclope no habría jardín, ni amigables partidos de béisbol, ni reuniones ante la chimenea. Por no haber, no había ni ventanas. De cara a las aulas, Bendis se esforzó en proponer la siguiente generación de mutantes, a través de jóvenes atípicos, con poderes que también se salían de la norma. El guionista luchó a su vez porque el foco no sólo estuviera sobre Cíclope, y dedicó atención al resto del elenco principal, mediante tramas que respondían tanto a la personalidad de cada uno de ellos como a la manera en la que estaban afrontando las consecuencias de sus acciones como parte integrante de los Cinco Fénix.

 

La Patrulla-X revolucionaria era, en definitiva, la otra cara de la moneda, frente al idealismo de los Cinco Originales que había traído La Bestia desde el pasado. Ambos grupos recorrerían senderos paralelos, que podían llegar a encontrarse en algún punto del trayecto, e incluso a formalizar un crossover, como de hecho ocurriría más adelante, pero que procuraban mantener su feroz individualidad. Con todo, y de ahí que ambas series se recopilen en la misma colección, Brian Michael Bendis estaba contando una única historia. Los lectores, como le ocurría a sus protagonistas, tardaron mucho tiempo en descubrir de qué trataba exactamente, pero mientras tanto nadie quiso perderse aquel viaje, de trayecto apasionante y destino incierto.

EL PÁJARO QUE SIEMPRE VUELVE: LAS VIDAS, MUERTES Y RESURRECCIONES DE FÉNIX

Cualquier lector que lleve un tiempo en esta afición, sabe que las muertes y posteriores regresos de los personajes forman parte de las reglas del juego. Lo uno y lo otro suele utilizarse como resorte para llamar la atención del lector, de manera que, con el paso de los años, esta clase de acontecimientos cada vez reviste una menor dosis de sorpresa. La apuesta es cada vez más elevada, a la hora de acometer una operación de esta clase que impacte de verdad en el ánimo del aficionado: debes convencerlo de la autenticidad de una muerte, pero también de la necesidad de un regreso. No hay reglas escritas con ningún personaje, así que la editorial siempre puede tratar de convencer a sus fieles de lo irremediable de unos sucesos que, por definición, han devenido en pronosticables. Hay un caso particular en el que el fin y el nuevo comienzo forma parte intrínseca del icono, de tal manera que su esencia es despedirse para luego reaparecer. Y ese caso es el de Jean Grey.

1976. PRIMERA MUERTE

Cuando todo empezó, Jean Grey y Fénix no eran dos entidades diferenciadas, aunque Chris Claremont supo dar una poesía a la transformación de la una en la otra que, en una relectura posterior, podría llegar a interpretarse como tal. Como el resto de La Patrulla-X original, salvo Cíclope, Jean estaba destinada a perderse de vista para dar paso a la Segunda Génesis. Pero no fue así. El personaje era la pareja de Scott Summers, por lo que pronto volvió a su lado. Atrapada junto al resto por Los Centinelas y conducida hasta el espacio, Jean demostraba una iniciativa y un ardor del que nunca antes hizo gala. Era la única mujer entre los fundadores, y como tal nunca desempeñó otro papel que el de servir de interés amoroso. Pero, en esta nueva fase, desde su traje a su nombre de heroína, el de Chica Maravillosa, todo eso debía quedar atrás para de cara a los rupturistas setenta. Nada más hacerse con las riendas del personaje, Claremont cambió su personalidad, para convertirla en una mujer resuelta e independiente, algo que, como veremos más adelante, molestó fuera y dentro de Marvel. Al final de la aventura con Los Centinelas, en una escena pletórica de drama y sacrificio, Jean conducía la nave que permitía al grupo regresar a casa, atravesando una tormenta solar destinada a acabar con su vida, sólo que…

 

1976. PRIMERA RESURRECCIÓN

…sólo que no fue así. Al comienzo del siguiente número, la nave llegaba a la Tierra y se sumergía en las aguas de las que, acto seguido, emergía Jean. “¡Escuchadme, Patrulla-X! ¡Ya no soy la mujer que conocisteis! ¡Soy el fuego! ¡Soy la vida encarnada! Ahora y para siempre… ¡Soy Fénix!”, proclamaba, vestida con un nuevo y resplandeciente traje que había creado de la nada, utilizando para ello habilidades que nunca había mostrado. Efectivamente, la tormenta solar había redefinido a la mutante, que pasó a ser la integrante más poderosa del equipo. La Patrulla-X ya marcaba pautas que, al cabo de unos años, asumiría todo el género superheróico. Para el nuevo diseño, Dave Cockrum tomó como modelo a Farraw Fawcett en los anuncios de Wella-Balsan y en las portadas de Cosmopolitan, mientras que el cambio de nombre buscaba diferenciarla de Ms. Marvel, que entonces escribía el propio Claremont y que también estaba a la vanguardia del feminismo superheroico. Los colores iniciales eran blanco y dorado, pero el editor Archie Goodwin pidió que se cambiara el blanco por verde, para evitar que se notara la transparencia del papel.

1980. SEGUNDA MUERTE

Mientras que Chris Claremont y Dave Cockrum pretendían que el poder de Fénix fuera en aumento, hasta alcanzar una categoría cósmica, Goodwin demandó que fueran en otra dirección, antes de que ella hiciera superflua al resto de integrantes. Después de que salvara el Universo, en The X-Men #108 USA, el guionista procedió a una rebaja de esos poderes, y los justificó mediante un bloqueo mental: Jean todavía no estaba preparada para asumir semejante carga. Además, trató de fijar que tenía una rica vida privada al margen del equipo, al que acudía en los momentos de necesidad, algo que ya se estaba haciendo con Thor con respecto a Los Vengadores. En paralelo, el guionista estaba jugando con el concepto mismo del poder: la manera en que puede corromper a una persona y cómo es necesario que, conforme aumentan sus capacidades, aumente también su consciencia. Cockrum dio paso a John Byrne, en calidad tanto de dibujante como de coargumentista de la serie. Era un fan de la Chica Maravillosa de siempre y no le gustaba la excepcionalidad de Fénix. En el tira y afloja, ambos autores concibieron una saga en la que Jean era manipulada por Mente Maestra y el Club Fuego Infernal, lo que la llevaba a la locura, a la orgía genocida y a transformarse, en definitiva, en Fénix Oscura. La aventura debía haber acabado con Jean lobotomizada por el Imperio Shi’ar, pero el entonces director editorial Jim Shooter pidió su cabeza, así que Claremont y Byrne cambiaron la historia: Jean se sacrificaba, suicidándose, y The X-Men #137 USA se convirtió en una auténtica leyenda, el mito sobre el que se iba a asentar el éxito arrollador de la serie en los años posteriores.

 

1985. SEGUNDA RESURRECCIÓN

Poco después de “La saga de Fénix Oscura”, John Byrne abandonó la serie, quedándose Claremont como cabeza visible de los mutantes, muy consciente de que la efervescencia que se vivía alrededor de ellos era en gran medida consecuencia de que uno de los más respetados y queridos integrantes del equipo había encontrado la muerte. ¿Recuerdas lo que comentábamos al comienzo, acerca del ciclo de muertes y resurrecciones de personajes populares? Todavía no había empezado. Corrían los ochenta, el Universo Marvel revestía una solidez y una coherencia impresionantes y lo que moría permanecía muerto. Así que el Patriarca Mutante, en lugar de resucitar a Jean, se sacó de la manga a una hija venida de un futuro alternativo, o a una esposa para Cíclope cuyo aspecto era exactamente el mismo que el de su amor perdido… sin llegar a tratarse de ella.

 

Y entonces llegó Factor-X.

 

Bob Layton y Jackson Guice querían hacer un nuevo equipo que reuniera a La Patrulla-X original. Trajeron a La Bestia, El Ángel y El Hombre de Hielo de las filas de Los Nuevos Defensores y arrastraron a Cíclope desde su retiro. El hueco de Jean lo iba a llenar Madelyne Pryor, Rachel Summers, Dazzler o cualquier otra chica disponible. En el proceso, Kurt Busiek, futuro guionista de prestigio y entonces machaca dentro del Bullpen, se enteró de que Factor-X estaba en proceso y propuso a sus autores una idea: que Jean Grey volviera, pero sorteando su muerte como Fénix. Fue en ese momento en que se estableció lo que antes no era en absoluto así: que se trataba de dos seres diferenciados. Se volvía así a lo ocurrido en The X-Men #100 y 101 USA, cuando Jean había estado a punto de morir, pero emergió transformada en Fénix, y se estableció que ésta era una auténtica fuerza cósmica, que había duplicado la forma de Jean y seguido adelante con su vida sin siquiera ser consciente de ello, mientras que la auténtica Jean se recuperaba en el fondo del mar, envuelta en una crisálida que encontraban Los Vengadores y abrían Los Cuatro Fantásticos. Roger Stern, guionista de los primeros, y John Byrne, responsables de los segundos, que a su vez habían estado implicados en el desarrollo de Fénix, participaron de la trama. Por fin, en la primera historia de Factor-X, Jean y Scott volvían a reencontrarse.

Chris Claremont no estuvo nada contento con lo ocurrido, y desde el principio trató de torpedear la nueva serie. No consiguió pararla, pero sí que su guionista fuera sustituido por Louise Simonson, alguien de su entera confianza. Juntos trataron los años siguientes de remendar todo el estropicio que a su juicio había tenido lugar, algo que consiguieron parcialmente en “Inferno”, una saga mutante publicada en 1989, que se saldó con la muerte de Madelyne Pryor, que se había descubierto como un clon de Jean producido por Mister Siniestro, y la fusión de sus recuerdos con los de Jean. Ella y Cíclope se casaron unos años más adelante, ya con Claremont fuera del escenario.

 

2004. TERCERA MUERTE

Después de que Alan Davis, en las páginas de Excalibur, diera una explicación coherente al concepto de la Fuerza Fénix, ahora encarnada en Rachel Summers, la editorial dio un descanso a la entidad, si bien recurrieron a ella de manera testimonial en 1995, con motivo de un cruce entre el Universo Marvel y el Ultraverso que respondía al nombre profético de The Phoenix Resurrection y que quedó en lo meramente anecdótico. Tuvo que tener lugar la irrupción de Grant Morrison en el cosmos mutante para que la Fuerza Fénix resurgiera, una vez más, de sus cenizas. Morrison puso al día la plana mayor de los conceptos de la era Claremont-Byrne, y el de la entidad cósmica no iba a ser menos: pronto volvió a manifestarse como parte de Jean, con un toque muy próximo al de la posesión demoniaca. Para completar el ciclo, Jean murió una vez más, en New X-Men #150 USA, a manos de quien Morrison pretendía que fuera Magneto y que luego, en una reescritura de otros autores, se desveló como Xorn.

 

En los años posteriores, Jean permaneció bajo tierra, pero la Fuerza Fénix siguió reapareciendo de manera recurrente, para asociarse con otros huéspedes, en historias como “La canción final de Fénix” (2005), “La canción de guerra de Fénix” (2006-07) y “VvX. Los Vengadores Vs. La Patrulla-X” (2012). A la búsqueda de la simplificación, quedó establecido que Fénix era un ser de naturaleza cósmica que, cada cierto tiempo, pasaba por nuestro planeta y se encarnaba en un ser humano, con preferencia, pero no de manera exclusiva, por las mutantes pelirrojas. A lo largo de su trayectoria, además de la copia de Jean por la que se justificó su primera muerte o Rachel Summers, la entidad tomó como anfitriones a Hope Summers, las hermanas Cuco, los Cinco Fénix (Namor, Magik, Coloso, Emma Frost y Cíclope) y una larga lista de personajes.

 

2018. TERCERA RESURRECCIÓN

La colección protagonizada por la joven Jean Grey del pasado presentaba, como su principal atractivo, el enésimo retorno de la Fuerza Fénix. Era en realidad el preámbulo que facilitaría otra vuelta, la que tiene lugar en La resurrección de Jean Grey, con un “adulta” entre paréntesis en el título dado inicialmente por Marvel, para que no hubiera duda alguna. El ciclo se repite una vez más, confirmando la circularidad de la historia, sólo que ahora hay circunstancias distintas a las que tuvieron lugar en 1984. Esta vez no han transcurrido cuatro escasos años desde la muerte y la resurrección, sino casi tres lustros, en los que el Universo Marvel en general y el entorno mutante, en particular han cambiado como nunca antes y en los que la ausencia de Jean ha llegado a formar parte del paisaje. Sin ella, el Homo superior ha alcanzado momentos de esplendor, y como tal cabe calificar las épocas del Astonishing X-Men de Joss Whedon y John Cassaday, de La Patrulla-X de Matt Fraction, del cisma orquestado por Jason Aaron y Kieron Gillen, o de La Patrulla-X del ayer de Brian Michael Bendis, pero también hemos vivido tiempos de incertidumbre, en que los mutantes parecían arrinconados y al borde de la extinción dentro de Marvel. Lo que ocurre es que, si algo han demostrado estos personajes en sus décadas de existencia, es su capacidad para resurgir, como ave fénix, de las cenizas, y hacerlo más fuertes que nunca. Ojalá que la resurrección de Jean Grey no sea sino el presagio de una nueva, y necesaria, era de grandeza.

 

MONOGRÁFICO JIM LEE 6 Y ÚLTIMO: JIM LEE DESPUÉS DE LA PATRULLA-X

Desde los años en que Chris Claremont compartiera cartel con John Byrne, La Patrulla-X no atravesaba un momento de mayor aclamación. Las ventas no sólo se habían multiplicado de manera sorprendente, sino que lectores y crítica coincidían a la hora de calificar aquella etapa como una de las mejores nunca realizada en la mítica cabecera. Lo cierto es que, por primera vez en varios lustros, Claremont no era la estrella indiscutible, sino que tenía que compartir espacio con aquel joven que, apenas unos meses antes, era un total desconocido.

 

En Marvel planificarían entonces un salto al vacío: la creación de una segunda serie, titulada simplemente X-Men, a la que se trasladara el tándem triunfador de Claremont y Lee, que dejaría Uncanny en otras manos. Los episodios fueron, por lo tanto, los últimos que realizarían Claremont y Lee antes de saltar a la nueva publicación. 

 

X-Men se quedaría con los mutantes que Lee mejor sabía reflejar con sus lápices, para los que desarrollaría nuevos trajes, con los que dejaría claro que su estilo de dibujo no sólo era el que debían seguir todas las jóvenes promesas que quisieran llegar lejos, sino que además debían de fijarse en la moda con la que Lee vestía a los héroes: chaquetas, gabardinas, sudaderas, cinturones, bolsillos… Todo superhéroe que se preciara acabaría llevando algo de eso. O incluso todo. Además, el artista participaría en la elaboración de las historias, aunque Claremont siguiera figurando como guionista y co-argumentista. Desde diez años atrás, durante la etapa junto a Byrne, el Patriarca Mutante no había compartido el puesto con nadie. No es que Jim Lee estuviera especialmente interesado en escribir: sólo quería señalar la dirección de la trama, soltar lastre en cuanto a la complejidad que había sido santo y seña de los hombres-X todos esos años. Los nuevos lectores no querían historias enrevesadas que nunca tuvieran final: ansiaban ver a Lobezno saltando rabioso sobre los villanos y a Mariposa Mental posando en bañador.

 

El primer número de X-Men, de ventas millonarias, vio la luz con fecha de octubre de 1991. Claremont apenas permanecería en la cabecera durante tres memorables episodios, en los que se desarrollaba un combate final de los mutantes contra Magneto teñido de triunfo y tragedia al más puro estilo Marvel. Finalizada su escritura y cobrado el mayor finiquito de la historia del cómic, Claremont abandonó la serie que había escrito desde 1975. Ya no se sentía el verdadero creador de las historias, sino un mero trascriptor de los deseos de los editores. Pese a las circunstancias, mantendría una buena relación con Lee, con quien incluso volvería a colaborar años después. El ya encumbrado como Rey Midas del cómic seguiría desempeñando las labores literarias, con una pequeña ayuda primero de John Byrne y luego de Scott Lobdell. Pero el X-Men #11 (agosto de 1992) sería el último en el que participara.

 

Un grupo formado por los más comerciales dibujantes de Marvel se habían puesto en contacto con él. Se sentían ninguneados por la editorial, que estaba ganando mucho dinero gracias a ellos, y querían probar algo nuevo: crear sus propios cómics lejos del ala protectora, a la par que avariciosa, de las grandes editoriales. Todd McFarlane, Rob Liefeld, Jim Valentino, Marc Silvestri, Erik Larsen, Whilce Portacio… Todos ellos querían que Jim Lee les acompañara en aquella incierta aventura, porque sentían que el dibujante de los hombres-X era la figura paterna que aglutinaba a aquella generación dispuesta a romper las reglas del juego. Lee era un hombre de empresa, dispuesto a quedarse en Marvel, pero la arrogancia de los directivos de entonces consiguió que cambiara de idea. El futuro esperaba fuera.

 

 

Image nació en 1992, y en su seno Jim Lee formó el estudio Wildstorm, que acogería inicialmente su creación más ambiciosa, WildCATS, a la que luego se sumarían proyectos como Stormwatch, Deathblow o Gen13. En ellos Lee desempeñó tareas que iban desde mero inspirador a guionista, en esta última demostraría una ausencia de talento equiparable a su desinterés hacia la misma. Fue una época, aquellos primeros noventa, en los que Image conseguiría colocar todos sus títulos entre los más vendidos, lo que recrudecería la guerra de la nueva editorial contra Marvel. La paz se firmaría en 1996, cuando el mercado había entrado en cuesta abajo, y Lee, junto a Rob Liefeld, regresó a la Casa de las Ideas, con un contrato millonario bajo el brazo, para acometer el fallido proyecto Heroes Reborn. El Chico Midas dibujó seis números de Los 4 Fantásticos, y dejó otros seis en manos de colaboradores cercanos, hasta que, transcurrido un año del experimento, Marvel renunció a renovar otra temporada más.

 

 

De vuelta a Image y a Wildstorm, Jim Lee se apuntaría un inesperado tanto, al conseguir que Alan Moore desarrollara toda una línea de tebeos para su sello editorial. ABC englobaría conceptos tan interesantes como Promethea, Tom Strong o La Liga de Los Extraordinarios Caballeros. A su vez, también como editor, Lee ponía en las librerías dos colecciones que contribuirían a cambiar de nuevo la industria: Planetary y Authority. Era 1998 cuando dio la sorpresa: abandonaba Image para vender Wildstorm a DC Comics, donde seguiría funcionando como estudio independiente.

Una década después, Jim Lee permanece al frente del sello, que a día de hoy ofrece algunos interesantes productos. A su vez, DC se ha beneficiado del talento gráfico del que ahora es uno de sus ejecutivos. Lee ha vuelto al tablero de dibujo para acometer sendas sagas de Batman y Superman, que en ambos casos le devolverían a los primeros puestos de venta. Ni siquiera los que denigran su actual colaboración con Frank Miller en una desconcertante revisión del Hombre Murciélago son capaces de perderse ni una sola de las entregas.

Veinte años después de su irrupción en el mundo del cómic, Jim Lee lo ha sido todo en este negocio. Ha estado en ambos lados de la trinchera, le han señalado como un auténtico fenómeno entre los fans, uno de los profesionales que más dinero ha ganado haciendo tebeos, el referente de toda una generación de dibujantes y el símbolo, para bien o para mal, de una década, la de los noventa, convulsa y caracterizada por la supremacía del dibujo grandilocuente sobre las historias. Para sorpresa de todos, Lee no sólo ha conseguido sobrevivir a una época de la que pocos de sus contemporáneos han salido indemnes, sino que ha logrado reinventarse a sí mismo: situarse, como editor, detrás de obras de gran interés en las antípodas de su estilo, a la vez que llevaba sus habilidades artísticas hasta los más altos niveles de excelencia. En veinte años, Jim Lee ha demostrado que aquel chaval que revolucionó a La Patrulla-X primero, y al tebeo americano después, no sólo estaba llamado a ser el artista más importante de su tiempo, sino también el que demostrara una mayor inteligencia.

 

Artículo aparecido originalmente en Maestros Marvel: Jim Lee

MONOGRÁFICO JIM LEE 5: DE LA TIERRA SALVAJE AL ESPACIO… Y MÁS ALLÁ

La reunificación de La Patrulla-X, desbandada desde casi dos años atrás, se llevaría a cabo durante una extensa aventura que Chris Claremont y Jim Lee desarrollarían en Uncanny X-Men #269-277 USA. Tres de esos episodios, sin embargo, interrumpirían la narración para dar cobijo a un cruce con otras series mutantes, denominado “Proyecto Exterminio”. 

Aquella epopeya partiría de dos enclaves recurrentes en el pasado de los mutantes, tan fundamentales como antitéticos: la Tierra Salvaje, paraíso perdido en el que la evolución se había detenido y los pocos humanos que allí había convivían con dinosaurios, y la galaxia Shi’ar, imperio galáctico gobernado por viejos amigos de los mutantes, y donde llevaba largo tiempo aparcado el Profesor Xavier, personaje que Claremont prefería mantener alejado de sus alumnos. En la ecuación también entraría Pícara, integrante de La Patrulla-X cuya imagen, en manos de Lee, cambiaría radicalmente: la que antaño fuera la tipa dura del grupo, la antigua villana que se había ganado su puesto con sangre, sudor y lágrimas, se descubría de pronto como una auténtica belleza sureña, con un encanto que seduciría tanto a los lectores como a los protagonistas del cómic… ¡Incluso el mismísimo Magneto!

 

En cuanto a Magneto, había desarrollado una evolución modélica a lo largo de los años, que le había llevado a pasar de peor enemigo de los mutantes a valioso aliado. Los planes de Claremont pasaban por arrastrar a Magnus, uno de sus personajes favoritos, hacia una encrucijada en la que se viera obligado a asumir el papel de líder del equipo. Tales previsiones, sin embargo, se verían posteriormente frustradas por la editorial, desde la que se le exigiría a Claremont que devolviera sus galones de villano al Amo del Magnetismo… Pero en estos episodios se hacen patentes las intenciones del escritor.

La mencionada no sería la única fricción que se viviera detrás de las bambalinas, entre el veterano y respetado autor, Claremont, y la nueva atracción de la ciudad, Lee. A la hora de dibujar la historia, éste introduciría algunos cambios en el guión, como por ejemplo la presencia de los Skrull de Guerra, unos villanos que no estaban contemplados en el argumento entregado por Claremont, lo que motivó nuevas protestas del escritor. Bob Harras desoiría las quejas para apoyar a su dibujante y tenía buenas razones para hacerlo: las ventas estaban subiendo como la espuma, los lectores sentían que la colección había recuperado el pulso de sus mejores años, y muchos comparaban el tándem creativo de Claremont-Lee con el de Claremont-Byrne, mitificado en la memoria de los lectores como uno de los mejores de la historia del cómic.

 

Dinosaurios y extraterrestres. Villanos arrepentidos de aspecto regio y espías de lujo. Naves espaciales y praderas interminables. La Patrulla-X volvía a ser “el tebeo que había que leer”.

 

Artículo aparecido originalmente en Maestros Marvel: Jim Lee

MONOGRÁFICO JIM LEE 4. AVENTURA EN MADRIPUR

Un mes más tarde de su debut como dibujante regular de Uncanny X-Men, ya sin Portaccio, pero siempre con Williams, Jim Lee se embarcaría en la que sería considerada una de las mejores historias de esta etapa, aunque simplemente se trate de un sencillo episodio autoconclusivo. La trama sigue los pasos de Lobezno, Júbilo y Mariposa Mental tras los acontecimientos de “Actos de Venganza”, y les lleva hasta Madripur, la isla sudoriental que utiliza habitualmente Logan como base de operaciones y en la que, durante la Guerra Mundial, se desarrollara una extraordinaria aventura del mutante de las garras de Adamántium junto al Capitán América, cuya narración en forma de flashback complementaba el episodio.

 

 

Aquel cómic se convirtió de inmediato en objeto de adoración por parte de los lectores, a causa de múltiples motivos. Claremont dejaba de lado la gran saga que llevaba desarrollando desde más de un año atrás, con los mutantes yendo y viniendo del Lugar Peligroso, para centrarse en un suceso del pasado de Lobezno, raro manjar que en contadas ocasiones el guionista llegaba a ofrecer a sus seguidores. “Caballeros de Madripur” se erige así como un clásico instantáneo que juega con los elementos de la mejor de las películas de Indiana Jones: un enclave neutral a la par que exótico donde la Segunda Guerra Mundial se desarrolla de manera subrepticia; héroes sin tacha aliados con otros vigilantes, de moralidad más cuestionable, mujeres de curvas imposibles y glamour insuperable, villanos de negro corazón que tan pronto visten el uniforme nazi como el traje de ninja… 

Parecía un filme de Lucas y Spielberg con la mejor fotografía posible: Jim Lee dotó a aquella aventura con mayúsculas de épica y grandiosidad. Y los lectores no podían dejar de preguntarse: “Si es capaz de hacer esto sólo con Lobezno y sus acompañantes, ¿hasta dónde llegará cuando se reúna el grupo al completo?”.

 

Artículo aparecido originalmente en Maestros Marvel: Jim Lee

MONOGRÁFICO JIM LEE 3. LA LLEGADA DE GAMBITO

Jim Lee se convirtió, de forma oficial, en el dibujante de Uncanny X-Men a partir del #267 (1990). Curiosamente, aquel primer episodio estaba firmado por los Homage Studios, que agruparía a Lee junto al también dibujante Whilce Portaccio, amigo y compañero con el que trabajaría codo a codo durante unos cuantos años, y Scott Williams, su entintador-fetiche.

 

Pero, para entender este episodio, el último de una aventura en tres partes, debemos retroceder hasta más de un año atrás: En el Uncanny X-Men #248 USA (aquel número de relleno con el que Lee había entrado en contacto con la Oficina Mutante), la Diosa de los Elementos encontraba la muerte durante una batalla contra Nanny y Creahuérfanos, dos estrafalarios villanos que Claremont había importada de X-Factor, la cabecera escrita por su buena amiga Louise Simonson.

Meses después, en UXM #253 USA, Ororo volvía de nuevo a la acción, amnésica y transformada en una niña, sin que quedasen claros los motivos de semejante cambio. Y así llegamos a la aventura que nos ocupa, en la que al tiempo que nuestra Ororo pre-adolescente huye del Rey Sombra (un viejo enemigo del Profesor Xavier), tiene lugar el encuentro con Gambito, un carismático ladrón, también mutante, con el que conectaba de inmediato.

Pese a que fueran dos dibujantes menores quienes desarrollaron los dos primeros episodios de la saga (UXM #265 y #266) sería Jim Lee quien la concluyera, en el cómic que mostramos a continuación. No en vano, había sido él quien desarrollara el diseño de Gambito, bajo supervisión de Claremont: “Es un renegado perteneciente a un clan de ladrones de Nueva Orleans. Tiene acento francés y va por la vida rompiendo corazones. Muy carismático, con un estilo parecido al de John Malkovih”, describía el guionista en sus directrices. Lee haría todo eso, pero también añadiría unos cuantos elementos de su cosecha, como la gabardina (“Para que parezca más real”, decía) y sus poderes: la capacidad para cargar objetos con energía (habitualmente cartas de una baraja), que luego arroja contra el enemigo. Un agradable detalle gráfico, que se iluminen los ojos de Gambito en el momento de producirse la carga energética, sería obviado por la mayoría de dibujantes posteriores, pero gozaría de un tratamiento exquisito en manos del coreano.

En aquel ya lejano 1990, Remy Lebeau embelesaría a cuanto individuo se cruzara en las viñetas, pero también a legiones de lectores, que le destacarían en seguida como uno de sus personajes favoritos de la nueva Patrulla-X que todavía se estaba gestando.

 

Artículo aparecido originalmente en Maestros Marvel: Jim Lee

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