EL (VERDADERO) ENCAJE CRONOLÓGICO DE LA MINISERIE DE MAGIK

En The Uncanny X-Men #160 USA (agosto de 1982), Chris Claremont y Brent Anderson narraron la historia en la que Illyana Rasputín quedaba siete años atrapada en el Limbo, lo que apenas eran unos instantes para La Patrulla-X.

El cómic dejó sorprendidos a los lectores. Illyana entraba en el Limbo como niña, y salía como una adolescente.

¿Qué había ocurrido en todo ese tiempo? Como tantas otras veces, Chris Claremont se lo tomó con calma para revelarlo. Pasaron los meses, La Patrulla-X dejó la isla de Magneto en la que se encontraba, fue al espacio a luchar contra El Nido, el Profesor Xavier dio por muertos a sus alumnos y fundó Los Nuevos Mutantes. En The Uncanny X-Men #165 (enero de 1983), esta escena servía para justificar el nacimiento del nuevo grupo.

The New Mutants #1 USA se publicó con fecha de portada de marzo de 1983. La Patrulla-X regresó a casa, claro, y ya se quedaron los dos grupos de mutantes que existirían a partir de ese momento. ¿Qué tiene esto que ver con Illyana? Sigamos. Con fecha de diciembre de 1983, más de un año después de Uncanny X-Men #160, aparece el primer número, de los cuatro, que tendría la miniserie protagonizada por Magik. La miniserie comenzaba con la Illyana adolescente en primera página:

…y a partir de ahí asistíamos a un largo flashback en que se narraba todo lo que Claremont no había contado más de un año antes. Efectivamente, ese flashback rellena el hueco de UXM 160 entre esta viñeta…

Y esta otra:

Pero, insisto, es un flashback, un largo flashback que transcurre en el pasado con respecto al momento en que se contextualiza ese flashback. Es una historia DENTRO de otra historia.

Es un buen momento para pararse y recordar que todos estos cómics se publicaron originalmente en formato grapa. Es el formato para el que se crearon y en el que mejor funcionan. Leer estos tebeos mes a mes, asistir a la manera en la que se entremezclan las historias y todo encaja era uno de los mayores placeres que podía encontrar un lector de La Patrulla-X. También es cierto que ese placer no tuvo ocasión de disfrutarlo en su momento el lector español. Aquí, por ejemplo, la miniserie de Magik se publicó por primera vez antes que la historia del Limbo del UXM 160, y ese detalle, junto con los que contaremos un poco más adelante, apuntala que haya lectores que la vean en su imaginario como cómics próximos, por más que los separara más de un año en su edición original.

Si tenemos los cómics en las grapas originales cada lector puede colocarlos como estime oportuno, o no colocarlos en absoluto. Por eso la grapa es el mejor formato que puede existir y todavía no se ha inventado nada que lo supere. En su modestia, la grapa no puede ser más perfecta.

Pero la realidad es que los cómics clásicos no se recopilan en grapa, sino que se recopilan en grandes volúmenes. Marvel lo hace así, y en España se ha adoptado también ese sistema. Marvel además procura en sus ediciones incluir tanto la serie principal como aquellos tie-ins relacionados con esa trama principal. El caso de Uncanny X-Men es especialmente llamativo. La serie empezó siendo la única de la Franquicia Mutante, pero poco a poco se fue expandiendo mediante crossovers, especiales, miniseries… y luego otras series que generaban sus propios tie-ins, especiales miniseries… casi siempre todo ello desarrollado por Chris Claremont, que se esforzaba por establecer lazos entre todos esos cómics, de manera que formaran parte de un puzle en el que todo encajaba. Constantemente, aparecían referencias cruzadas a esas historias, y al leerlas unidas y en el orden de publicación, se accedía a ese rico mosaico tejido por Claremont.

En Estados Unidos, en las recopilaciones de UXM, se ha optado por incorporar todos esos cómics satelitales, cuya abundancia fue creciendo a lo largo de los años ochenta. Primero eran realmente pocos, pero luego aumentó su número, conforme Uncanny se convirtió en un superventas.

Por ejemplo:

Marvel Masterworks. The Uncanny X-Men vol 7 incluye, además de UXM 151-159 y el Annual 5, el Avengers Annual 10, donde se narra la historia de Pícara y Carol Danvers, fundamental para entender luego a ambos personajes.

Marvel Masterworks. The Uncanny X-Men vol 9 incluye, además de UXM 168-175, el Annual 7 y la novela gráfica de Dios ama, el hombre mata, la miniserie de Lobezno de Claremont y Miller, cuyo argumento concluyó en la serie mensual de UXM.

Marvel Masterworks. The Uncanny X-Men vol 10 incluye, además de UXM 176-188 tanto la miniserie de Magik como el Marvel Fanfare 40 (hablaremos de esto en concreto más adelanta)

Marvel Masterworks. The Uncanny X-Men vol 11 incluye, además de UXM 189-193 t el Annual 8 la miniserie de Kitty y Lobezno, de nuevo surgida de un argumento de UXM y que presenta un tramo de la evolución de Kitty, que se llevaba siguiendo en la serie y que llega ahí a un punto de especial relevancia, y X-Men And Alpha Flight 1 y 2, la primera parte de “Las guerras asgardianas”.

etc.

Incluir ese material en los recopilatorios de UXM no es una medida estrafalaria que acometamos por capricho y que no tenga base. Es una decisión editorial tomada por unas determinadas razones, y además es la misma decisión editorial que ha llevado a cabo Marvel, con matices muy puntuales, porque, a veces, como estamos viendo, la colocación de este material en un lugar o en otro no es algo sencillo.

En España, cuando apareció la Biblioteca Marvel: X-Men, la miniserie de Magik se incluyó a continuación de Uncanny X-Men #160. Hay que decir que tenía sentido hacerlo así: la Biblioteca Marvel no contemplaba la publicación de The New Mutants, a la que, como veremos a continuación, está en realidad ligada esta miniserie, y su publicación en ese lugar venía a aclarar qué había ocurrido con Illyana en el Limbo…

…Pese a que su colocación cronológica precisamente ahí era INCORRECTA.

¿Por qué era incorrecta? En primer lugar, en The Uncanny X-Men 160, La Patrulla-X está en la “misteriosa isla de Magneto”, y allí siguen en el siguiente número. ¿Donde comienza la miniserie de Magik? Vamos a verlo de nuevo:

Aquí hay que subrayar una circunstancia especial: los años de Illyana en el Limbo se nos cuentan a través de un flashback. Si la miniserie hubiera consistido, exclusivamente, en la narración de esos años, habría estado claro dónde encajaba: entre las dos viñetas que veíamos antes, si bien hubiera sido un tanto extraño ofrecer una recopilación que partiera el cómic para encajar ahí la miniserie. Por lo tanto, hubiera sido un arreglo bastante correcto incluir la miniserie a continuación del UXM 160.

¿Cuál es el problema de orden cronológico? Evidentemente, la escena con la que se abre y se cierra la miniserie, y que sirve para encuadrar el flashback. Es una escena que tiene lugar en un momento muy, muy concreto. Y ese momento… NO ENCAJA CRONOLÓGICAMENTE entre el UXM 160 y 161. ¿Por qué no lo hace? Por varios motivos.

El primero de ellos es que la acción actual se sitúa en Escuela del Profesor Xavier para Jóvenes Talentos. Ya hay algo ahí que no encaja con respecto al 160 y 161, en los que La Patrulla-X estaba en la isla de Magneto. La miniserie, como hemos dicho, se comenzó a publicar en diciembre de 1993, más de un año después del Uncanny X-Men 160. Y el deseo de Chris Claremont no era encajarla cronológicamente a continuación del 160. Si hubiera sido así, hubiéramos visto a Illyana poco después de su vuelta, y en la isla de Magneto, junto al resto de La Patrulla-X. Pero no son esas las circunstancias que se narran ahí, sino otras muy distintas que son las que nos llevan a determinar el momento en el que se está desarrollando la acción.

¿En qué momento? Para averiguarlo, vámonos al último número de la miniserie, a las páginas en las que ha terminado el flashback y volvemos al presente:

Seguimos en la mansión de Xavier, pero además hay un indicativo temporal que nos especifica cuándo:

¿Está claro? Espera, vamos a verlo más de cerca:

“Eso ocurrió hace un año”, y especifica: el X-Men #160 es lo que fue hace un año.

Pero hay más, porque a continuación pasamos página:

Este es el final de la miniserie. Fijémonos ahora en la última viñeta. ¿Quiénes son esos chavales?

Son unos chavales que están jugando en la nieve. ¡Son Los Nuevos Mutantes! ¿Recuerdas cuándo se empezó a tejer su nacimiento?

Correcto, en el Uncanny X-Men 165. De colocarse la miniserie de Magik a continuación del Uncanny X-Men 160, nos encontraríamos tres discordancias importantes:

*Illyana está en la mansión, cuando se supone que entre el UXM 160 y 161 se encuentra en la isla de Magneto

*Se afirma específicamente que ha pasado un año

*Los Nuevos Mutantes aparecen al final de la miniserie, pero, a la altura del Uncanny 160, todavía no existían.

¿Dónde encaja entonces la miniserie de Magik? Como hemos dicho, Chris Claremont escribía sus historias con mucho cuidado de que todo estuviera bien coordinado, e hilaba muy fino a la hora de hacerlo. La miniserie de Magik, además de contar, mediante un flashback, lo que había ocurrido en el Limbo un año antes, también sirvió para que el personaje se uniera a Los Nuevos Mutantes. De hecho, durante este periodo, Illyana era una integrante de Los Nuevos Mutantes y no perteneció a La Patrulla-X hasta hace bien poco. Y, de hecho, nos encontramos con el detalle de que las dos últimas páginas del último número de la miniserie, publicado en marzo de 1984…

…Encajan, con milimétrica exactitud, con el comienzo de The New Mutants #14, donde Illyana regresa de su paseo, empieza a nevar y salen unos chavales, Los Nuevos Mutantes, a jugar en la nieve. Básicamente, en el comienzo de TNM 14 se repite, desde otra perspectiva, el final de Magik 4:

Incluso hay una llamada a la miniserie en la segunda página:

Es evidente, por lo tanto, que lo que ocurre a continuación de la miniserie de Magik es The New Mutants 14, hasta llegar a fundirse el final de lo uno con el comienzo de lo otro.

Detalle importante: la fecha de portada de este cómic es de abril de 1984. Es decir: un mes después de finalizada la miniserie. Además, tanto el dibujante del final de la miniserie como de estos episodios de Los Nuevos Mutantes era Sal Buscema. Por último, a partir de este momento, Illyana se unió a Los Nuevos Mutantes y su historia pasó a contarse en su colección, donde se referenció la miniserie en multitud de ocasiones y, al cabo de los años, durante los episodios ligados con Inferno, se nos narraría la vuelta a la niñez. De todo ello, cabe inferir que la intención de los autores era ésta.

Los cómics que leemos cuando nos hacemos aficionados causan una impresión muy importante. Se quedan grabados en nuestra memoria. Ése es el canon, probablemente porque los hemos leído tantas veces, que así es como se quedan para nosotros. Yo crecí leyendo La Patrulla-X de Forum. Leí tantas veces esos cómics que sus diálogos se me quedaron grabados en la memoria, y por eso cuando volví a leerlos, en la nueva traducción de Panini, me chirrió que el texto no fuera el mismo. ¿Qué es lo que había ocurrido? Simplemente, que se había hecho una nueva traducción, y había elementos diferentes. Porque a la hora de hacer la nueva edición el objetivo no consistía en permanecer fiel a la memoria que de esos tebeos tuvieran los lectores de Forum: era permanecer fiel a lo que se decía en esos tebeos.

Cuando salió a la venta Biblioteca Marvel: X-Men, en 2007, no era yo quien planificaba esos libros, pero me pareció un golpe genial incluir la miniserie de Magik, y hacerlo en el lugar en el que va. Ni siquiera me di cuenta de todas esas cosas que chirrían, porque, como hemos visto, la miniserie se escribió un año más tarde y, en realidad, sirvió como antesala de la incorporación de Magik a Los Nuevos Mutantes.

El que algo se haya hecho de una determinada manera en el pasado no quiere decir que deba hacerse así siempre, o que esté mal hacerlo de otra manera, siempre que el motivo para hacerlo sea justificado y haya más a favor que en contra. En el caso de Magik, si se hizo así la primera vez fue por una buena razón: se trataba de resolver un cabo suelto de un cómic de La Patrulla-X, que era lo que se incorporaba en la Biblioteca Marvel. La posibilidad de recuperar Los Nuevos Mutantes en ese momento, sencillamente, no se contemplaba. Era un criterio muy acertado… en ese momento.

Luego cambiaron las cosas. Y el criterio que era acertado en las circunstancias de entonces, varió con las circunstancias de ahora. Se comenzó una edición cronológica de la era mutante de Chris Claremont, lo que incluía tanto La Patrulla-X como Los Nuevos Mutantes. Y cuando volvimos a examinar de cerca la miniserie… nos dimos cuenta que no encajaba entre el Uncanny X-Men 160 y 161: Transcurría en la mansión, e Illyana no estaba allí en esos números; aparecían Los Nuevos Mutantes, que a la altura del 160 no existían todavía; y además la historia continuaba, efectivamente, en The New Mutants 14.

En Estados Unidos, la verdad sea dicha, sí decidieron incluir la miniserie dentro de los Marvel Masterworks de Uncanny X-Men… pero no lo hicieron tampoco entre el 160 y 161, sino mucho más adelante, al comienzo del volumen décimo, que también incluye los UXM 176-188 y el Marvel Fanfare 40. Es decir, coincidiendo con la época en la que había sido publicada originalmente la miniserie, y pese a que, a esas alturas, Illyana no tenía una participación destacada en UXM. En todo caso, se trata de un criterio perfectamente válido, sustentado en la cronología del momento, sólo que se aplica a La Patrulla-X y no a Los Nuevos Mutantes.

A nosotros, sin embargo, nos pareció que era buena idea que la miniserie se publicara en el primer Omnigod de Los Nuevos Mutantes, por todas las razones que hemos glosado: el personaje se sumaba a la serie, se continuaba su trayectoria vital ahí, con referencias constantes a la miniserie, etc. Ése es el criterio que se ha seguido, y tiene unos motivos bastante contundentes a favor.

 

TODOS LOS DETALLES CHULOS DEL TRAILER DE SPIDER-MAN: INTO THE SPIDER-VERSE

¡Pedazo de trailer, por todas las arañas! Lo primero, éste es el cartel de la peli. Que también es supermolón:

 

Y ahora, cosas que nos han flipado mucho, o llamado la atención, o parecido curiosas:

Peter Parker es, más o menos, el Spider-Man original de las pelis de Sony, el que encarnó Tobey Maguire:

Vive en un universo más o menos equivalente al nuestro:

Es un poquito capullo:

Quizás Mary Jane ya no está en su vida:

Pero tiene una Spider-Cueva… o algo así:

Miles Morales vive en un universo diferente del nuestro, donde hay Koca-Soda…

…Y el NYPD es PDNY:

Su padre es poli y su madre está también por ahí:

El uniforme es un poquito diferente al de los cómics, pero igual de molón:

Por estar, está hasta el Tío Aron. ¿Será un villano? ¿Un secundario irrelevante?

Los cómics existen en estos universos, con homenajes al Amazing 186…

O a los What If…

¿Quién es ese tipo?

Y por cierto, la publicidad de la contra del cómic es real: de los muñequitos de Remco de finales de los setenta. ¿Por qué no lo serán los títulos de los cómics?

Kingpin es el malo, y el culpable de que se crucen los universos:

También están Lápida y un Escorpión muy creepy:

Oh, y El Duende Verde estilo Ultimate:

¿Es esa Tía May? ¿Sabe entonces el secreto de Peter?

¿Es este Spider-Man Noir?

Éste claramente lo es:

Gwen Stacy como Spider-Gwen es lo más:

No, espera… ¡Peny Parker, el personaje creado por Gerald Way y Jake Wyatt para “Universo Spider-Man”, es lo más!

Y se ha traído su SP/dr:

¡No, espera! no hay discusión posible: ¡Nada puede molar más que Spider-Ham!

¡Esta peli nos ha puesto el molómetro por las nubes!

 

DE SUNNYDALE A BREAKWORLD: POR QUÉ AMAMOS TANTO A JOSS

Son los ochenta. Tengo catorce años y leo The Uncanny X-Men #143 USA (1981). Chris Claremont y John Byrne me cuentan cómo Kitty Pryde, la integrante más joven de La Patrulla-X, se queda sola en la mansión y se enfrenta contra un monstruo extraterrestre. Y vence. Kitty consigue tostarlo, hasta reducirlo a cenizas, con los motores del Pájaro Negro. En aquel entonces, no he visto todavía Alien, la película que Claremont y Byrne calcaron en aquel episodio. No sé, todavía, que Kitty está replicando a la Suboficial Ellen Ripley, y cuando lo sepa, no va a importarme. Kitty es mejor que Ripley. Porque es una cría, porque no tiene entrenamiento militar, porque no ha viajado (todavía) al espacio y porque, salvo por el detalle de que atraviesa paredes, no se diferencia demasiado de cualquiera de nosotros.

 

Los referentes, en cada momento de la vida, llegan a ser trascendentales. Son los ochenta, tengo catorce años y mis referentes femeninos son las dos mujeres con las que vivo. La que me crio, trabajadora y educadora. Su madre, mi abuela, trabajadora también desde que se quedó viuda con menos de treinta años y tuvo que sacar adelante tres hijos. En la ficción, mis referentes no son siempre tan modernos. Sí, está Julie, de V, que es una mujer guerrera que se enfrenta a un invasor como integrante de la resistencia humana, pero también hay demasiadas princesas esperando que las salven y demasiadas damiselas en peligro. Demasiadas novias del héroe con limitado valor y que en ningún caso saldrían airosas del Test de Bechdel, que todavía ni ha sido enunciado. Faltan muchos años para que palabras como empoderamiento o sororidad suenen en mi cabeza por primera vez. Por eso es tan determinante la aventura de Kitty con su monstruo particular. Porque nadie viene a rescatarla. Porque Coloso no se presenta en la mansión en el clímax. Porque es ella la que da el beso al ruso, y no al revés. Las dos mujeres de las que lo aprendí todo sobre la vida me enseñaron, con su ejemplo, que los tíos no somos necesarios para nada, y mucho menos para rescatar a ninguna chica. Kitty Pryde me enseñó lo mismo en el mundo de la ficción. Y todavía no he dado suficientes gracias a ninguna de las tres.

 

Algo así le debió ocurrir a Joss.

 

Qué lejos está la mansión de Charles Xavier, ubicada en Salem Center (Nueva York) de Sunnydale, en California, y qué cerca se encuentran, en realidad. Kitty Pryde hubiera sido posible, con o sin Ripley, pero Buffy no existiría de no ser por Kitty. Y Buffy, como con toda justicia formula Robert Moore en Joss Whedon: The Complete Companion (2012, Titan Books) cambió la manera en la que se representa a la mujer en la tele y, por extensión, en la cultura popular. Piensa en Alias, Veronica Mars, Battlestar Galactica, Fringe o incluso Handmaid’s Tale, aunque derive de una obra literaria previa. Su discurso, firmemente feminista, hubiera sido imposible sin que Buffy hubiera allanado el terreno. Enuncia también Moore los motivos por los que las creaciones de Joss Whedon han resonado con tanta potencia entre sus seguidores: Porque a Joss le gusta lo mismo que a nosotros, y en este caso no podemos estar más de acuerdo, puesto que a Joss le encanta La Patrulla-X; porque Joss piensa que somos inteligentes, que es otra manera de decirnos que no nos toma por idiotas, y es algo que no siempre ocurre en el mainstream; y porque Joss ama y respeta a las mujeres, algo que demuestra en cada una de sus obras.

 

A muchos Buffy nos enganchó sin que nos diéramos cuenta. Empezó siendo Spiderman, con los problemas de una adolescente en el instituto que, además, tiene poderes y se dedica a eliminar vampiros, pero luego se convirtió en La Patrulla-X, cuando el protagonismo fue más coral que nunca, cuando cada scoobie llegó a tener sus propios poderes y cuando, a qué negarlo, Joss rehizo “La saga de Fénix Oscura” con Willow como protagonista. Así que era una cuestión de tiempo, voluntad y suerte que acabara escribiendo para Marvel y narrando las aventuras de los mutantes. Ya estuvo entre los que les dieron un repasito al guión de su primera película, y estaría en la corta lista de los directores llamados a sustituir a Bryan Singer en la tercera, cuando éste cometió el mayor error de su carrera. Triste que no entrara entonces por la puerta de atrás, pero sí lo hiciera cuando Grant Morrison abandonó a los mutantes y Joe Quesada, en una jugada maestra como pocas, nos lo cambió por algo, me atrevo a decir, mejor: por la Increíble Patrulla-X de Whedon y Cassaday.

 

Sabe Joss de dónde viene y a dónde va. Sabe darnos lo que no sabemos que queremos para quitárnoslo luego y que duela más que nunca. En estos veinticinco cómics, en los que necesitó del doble de meses para culminarlos, nos trajo la consolidación de la pareja formada por Scott Summers y Emma Frost; nos devolvió las esencias superheroicas de La Patrulla-X; nos resucitó a Coloso, el muerto peor asesinado de la historia de Marvel; nos procuró la cura, y nunca entenderemos por qué en Marvel no recurrieron a ella, en lugar de a la mucho más inverosímil, y menos afín al discurso feminista que venía de boca de Joss, intervención de La Bruja Escarlata en “Dinastía de M”; nos aportó SWORD; nos introdujo a Abigail Brand, a Armadura, a Vendas y a Ord… pero, por encima de todo, nos recuperó a la gran ausente en aquellos años: la chica que atravesaba paredes, decía que el Profesor Xavier era un idiota y achicharraba demonios n’garai cuando se quedaba sola en la mansión. Por encima de toda esa épica, grandeza y regreso a los fundamentos, la Increíble Patrulla-X es la gran historia de Kitty Pryde. Y sólo por eso, pero también por tantas cosas que no caben aquí, amamos tanto, tantísimo a Joss y le seguiremos allá donde vaya.

 

Prólogo originalmente publicado en Marvel Integral. La Increíble Patrulla-X nº 2

HOMBRES ARAÑA, MAGOS Y MONSTRUOS: STEVE DITKO EN MARVEL

Cada vez que glosamos la creación del Universo Marvel, solemos referirnos a tres autores como aquellos sobre los que se asientan los cimientos de este formidable cosmos de ficción. Stan Lee, guionista y fuerza impulsora, editor y creador de las conexiones que hicieron de La Casa de las Ideas algo único, un puzzle que conformaba una imagen infinita en que cada cómic no era sino una pequeña pieza; Jack Kirby, el titán del lápiz que dio vida a Los 4 Fantásticos, Los Vengadores, La Patrulla-X y desarrolló aventuras más grandes que la vida, de un colosalismo abrumador y una imaginación desbocada; y Steve Ditko, el reverso oculto, misterioso y extraño de Kirby, un artista de las sombras, de los personajes singulares y los lugares brumosos, de los mundos que están más allá de los límites de la conciencia y de los relatos que invitan a liberar la mente. Donde Kirby dibujaba dioses, Ditko mostraba almas atormentadas; donde Kirby enseñaba invasiones alienígenas y tecnología imposible, Ditko se escoraba por los monstruos informes y las dimensiones aberrantes. Sólo la perfecta combinación de esos talentos habría hecho posible un resultado tan magnífico como para pervivir en la cultura popular durante décadas y como para atraer generación tras generación de autores y aficionados, que no hacen sino perpetuar el reino de los prodigios.

 

 

Stephen J. Ditko nació el 2 de noviembre de 1927 en el seno de una familia trabajadora de inmigrantes eslavos, en Johnstown (Pensilvania). Apasionado de las viñetas desde niño, Ditko quiso escapar del destino de sus padres y señaló el dibujo como plataforma para hacerlo. Practicó de manera autodidacta y cogió así malos hábitos artísticos, hasta que, en 1950, entró en la Cartoonists & Illustrators School de Nueva York bajo la tutela de Jerry Robinson, el cocreador del Joker y de Robin. El artista dio el salto profesional en 1953, dentro de Stanmor Publications, donde ganaba diez dólares por página. Ese mismo verano, entró a trabajar en el estudio de Joe Simon y Jack Kirby, el equipo creador del Capitán América. Allí también estaba Mort Meskin, al que Ditko encontraba especialmente interesante y que fue de gran influencia en su estilo. Ya en 1955, saltó a Charlton, una editorial que le ofrecía enorme libertad creativa, y para la que firmó una gran cantidad de historias de contenido terrorífico, antes de que la implantación, ese mismo año, del llamado Comics Code hundiera ese tipo de publicaciones. La tuberculosis alejó a Ditko de los tableros de dibujo y de la Gran Manzana durante meses. Cuando regresó a Nueva York, Charlton atravesaba problemas económicos ocasionados por un huracán que había arrasado sus instalaciones e imprenta en Connecticut, lo que llevó al artista a llamar a las puertas de Atlas, la editorial que pronto pasaría a llamarse Marvel Comics. Allí trabajó, con Stan Lee como guionista, en los relatos cortos que nutrían el grueso de la línea editorial. Las querencias de Ditko eclosionaron con fuerza en esos relatos, casi siempre de misterio y próximos al terror. Las historias solían desenvolverse en la oscuridad, en escenarios opresivos y de atmósfera enfermiza, habitualmente protagonizadas por individuos incomprendidos por el sistema y que padecían el castigo por querer destacar.

 

Fue, en ese momento fundamental a comienzos de los sesenta, cuando llevó a cabo los trabajos en Marvel que le harían no sólo pasar a la historia del medio, sino cambiarla. Algunas de las más significativas obras de ese periodo son las que nutren este libro-homenaje.

 

 

LA REVISTA QUE RESPETA TU INTELIGENCIA

El particular estilo de Steve Ditko enseguida le granjeó una legión de seguidores que lo distinguían de Jack Kirby u otros artistas de Atlas. Seguían su trayectoria a lo largo de los títulos antológicos de la factoría, como Tales To Astonish o Journey Into Mystery, pero Stan Lee estimó el potencial de un título dibujado en su totalidad a su arte. Fue así como decidió tomar una cabecera preexistente, Amazing Adventures, que aglutinaba historias cortas de distintos dibujantes para, a partir de la séptima entrega, transformarla en Amazing Adult Fantasy. El título apelaba a la sofisticación del lector tanto como el contenido, formado a partir de ese momento por historias de Lee y Ditko que recordaban al show televisivo del momento, The Twilight Zone (Dimensión desconocida en España).

 

El puñado de historias recopiladas en este volumen supone una buena muestra del trabajo de Ditko en Amazing Adult Fantasy, aunque algunas de ellas destacan por su importancia histórica. Así, “Something Fantastic?” hace partícipe tanto a guionista como dibujante de la acción, un truco narrativo al que Stan Lee recurriría en numerosas ocasiones con posterioridad; “¡El hombre del cielo!” presenta en sociedad a los mutantes, concepto posteriormente desarrollado por Lee y Kirby en La Patrulla-X; finalmente, “Spider-Man!” supuso el debut del más popular personaje de Lee y Ditko, que apareció en el último número de la colección. Para esa entrega, perdió el “Adult” del título, y se preparó para acoger en cada episodio una nueva aventura del trepamuros, pero la escasa fe del editor Martin Goodman en la cabecera abocó a su prematura cancelación.

 

ENSAYOS DE GRANDEZA

Antes del debut de Spiderman, hemos incorporado otra muy particular historia de Lee y Ditko, publicada originalmente en Strange Tales, otro de los títulos antológicos de Atlas. Como en muchos de los relatos de la época, presentaba una situación fantástica con resolución sorpresa, con una sirena que habita entre humanos como protagonista. El detalle que ha hecho destacar esta historia por encima de otras es la presencia de los padres adoptivos de la protagonista, llamados Tía May y Tío Ben y caracterizados ya como los que luego serán los tíos de Peter Parker. Ella, en particular, obedece a uno de los modelos de mujer que habitualmente utilizaba Ditko, y que se basaba en su propia madre. Este tipo de historias, con prototipos que luego servirán de modelo a superhéroes, supervillanos y secundarios de La Era Marvel, solían ser habituales en los tiempos inmediatamente anteriores a la irrupción de Los 4 Fantásticos.

 

EL SUPERHÉROE NEURÓTICO, EL ESPEJO DEL DIBUJANTE

El éxito inesperado del Hombre Araña propició el lanzamiento de su propia revista, The Amazing Spider-Man, unos pocos meses después de su debut. Comenzaba así una de las más brillantes etapas que ha conocido jamás el género superheroico. Steve Ditko volcó su experiencia vital, sus aspiraciones personales, sus amarguras y sus triunfos en un personaje con el que trazó una evolución modélica a lo largo de más de tres años. Spiderman reflejaba la angustia adolescente que había sentido el propio autor como nunca se había hecho antes en un cómic y de inmediato fue asimilado por una audiencia que lo estimó como propio. A partir de un determinado momento, Stan Lee dio carta blanca al artista para que él mismo construyera las historias, si bien Lee siguió aportando unos chispeantes e imaginativos diálogos.

 

En esta recopilación, hemos incluido The Amazing Spider-Man Annual #1 USA, el primer especial protagonizado por Peter Parker: una auténtica fiesta en la que se enfrentaba contra los que se habían alzado como sus seis principales villanos hasta la fecha, con la salvedad de El Duende Verde, mientras la Tía May y Betty Brant atravesaban por una situación que, en lugar de caer en los tópicos más manidos, acudía a lo rocambolesco, para convertirse en pieza impagable de una trama genial. El cómic se coronaba con una pequeña historia paródica en la que Lee y Ditko daban cuenta del proceso de elaboración de las aventuras de Spiderman.

 

A continuación, se ofrece la que está considerada como la mejor historia de la Era Ditko, y probablemente una de las mejores jamás protagonizadas por Spiderman. En esta saga de tres capítulos salen a la luz de manera evidente las influencias que sobre Ditko estaban teniendo las ideas del Objetivismo, enunciadas por la escritora ruso-estadounidense Ayn Rand. El Objetivismo apelaba al individualismo extremo, a la glorificación de la excepcionalidad y a un sistema capitalista sin concesiones a la protección de los más débiles. Ditko quedó fascinado por su defensa de la persona sobre la masa, e identificó a Spiderman con el héroe randiano que sale triunfante a pesar de tener todas las circunstancias en contra. Así lo reflejó, en una larga escena de cadencia perfecta, emoción absoluta y final épico, con la que su trepamuros alcanzó la excelencia, y que todavía es recordada como uno de sus momentos más representativos.

 

MÁS ALLÁ DEL VELO DE LA REALIDAD

En paralelo a su etapa con Spiderman, se desarrolló la otra gran obra de Steve Ditko en Marvel, la del Doctor Extraño. El Señor de las Artes Místicas también surgió como parte de un título antológico de la editorial, pero, al contrario que lo que ocurrió con el trepamuros, permaneció en Strange Tales mientras que Ditko continuó en Marvel. Stan Lee adjudicó al artista la creación del mago, inicialmente limitado a lugares comunes que quedaron atrás en cuanto Stephen Extraño echó a andar y fue de menos a más, de “Maestro de la Magia Negra” a guardián de las puertas a dimensiones que no obedecían a las leyes de la física, de hechicero de teatrillo a protector de la Tierra frente a amenazas que desafiaban toda racionalidad.

 

El Doctor Extraño de Ditko provenía de un rincón de su mente que había sido abierto de par en par, pero al que no habían tenido acceso los meros humanos hasta entonces. En lo campus de las universidades, las comunas hippies y las fiestas privadas de los ejecutivos de Madison Avenue querían saber qué era aquello que tomaba ese dibujante de Marvel. No sospechaban que Steve Ditko se limitaba a explorar su imaginación. Doctor Extraño se alzó como vanguardia entre la generación de la psicodelia, y que Storm Thorgerson lo introdujera, casi oculto, en la carátula de A Sacerful Of Secrets (1968) de Pink Floyd no hacía sino refrendarlo.

 

Aquí se incluye el debut y el origen del personaje, con una digna modestia que apenas deja entrever la sublimidad que aguardaba a los pocos meses, para a continuación pasar a la primera gran saga de Extraño, aquélla en la que eclosionó el personaje en toda su originalidad, y concluir con el último de los relatos desarrollado por Ditko para el Hechicero Supremo.

 

EL CAMINO POSTERIOR, EL INICIO DE LA LEYENDA

Las profundas diferencias que se fueron abriendo camino entre Stan Lee y Steve Ditko abocaron, en 1966, a que éste abandonara Marvel desairado y se negara a volver a dibujar a los dos personajes que le habían hecho extremadamente popular. Fiel a su manera de entender los postulados del Objetivismo, ni Spiderman ni el Doctor Extraño volvieron a pasar por sus manos, y también se negó a exigir rendimientos por el éxito posterior de ambos iconos, incluidas sus gigantescas películas, que el artista nunca llegó a ver. Además de estos personajes, en aquel periodo inicial del Universo Marvel también habían pasado por sus manos, aunque en menor medida, otros héroes del momento, como Hulk o Iron Man.

 

Steve Ditko volvió a Charlton, donde incorporó a la librería de personajes de la independiente a Blue Beetle o The Question, reciclados décadas más tarde en la creación de Watchmen, el cómic que subrayó la madurez del género. Pasó por DC Comics, donde produjo Halcón y Paloma o Creeper, sin llegar nunca a alcanzar una repercusión remotamente cercana a la lograda con Spidey o el Doctor Extraño. En los ochenta, recaló en Marvel, en una errática segunda etapa donde todavía dio vida a nuevos personajes, como La Chica Ardilla o Speedball, que alcanzaron cierto predicamento ya en manos de otros. Pero el público de la época no supo entender los planteamientos del artista, cuyo estilo fue juzgado como pasado de moda. El aprecio y el reconocimiento no llegaría sino con el recuerdo de los lectores veteranos, y el descubrimiento por parte de las nuevas hornadas de seguidores, gracias a las sucesivas reediciones de las etapas fundacionales de Spiderman o Doctor Extraño.

 

En los últimos años, Steve Ditko seguía trabajando en su estudio del centro de Nueva York, negándose a hacer apariciones en público o conceder entrevistas, si bien respondía personalmente y de su puño y letra a las cartas que le llegaban de lectores de todo el mundo, y lanzaba sus cómics, en blanco y negro y de un contenido político, alegórico y doctrinal, aunque todavía con destellos de grandeza, a través de mecenazgo y autopublicación. Sus personajes clásicos daban millones, los originales de sus obras más apreciadas podrían haber alcanzado cantidades desorbitadas, pero él se negaba a venderlos, y prefería colocarlos entre su viejo tablero de dibujo y la página que estuviera haciendo en ese momento. Cuando su amigo Greg Theakston lo descubrió y se ofreció a comprarle el mejor tablero que pudiera encontrar, Ditko se negó en redondo. En 2007, la estrella de la televisión británica Jonathan Ross se propuso descifrar el misterio alrededor de Steve Ditko, en un documental para la BBC que seguía su trayectoria con la mayor admiración. Al final del mismo, Ross y el escritor Neil Gaiman se desplazaban a Nueva York y visitaban en su estudio al artista, que fuera de cámara los recibió y mantuvo una agradable conversación con ellos ante la sorpresa de ambos.

 

El 29 de junio de 2018, la policía encontró el cuerpo de Steve Ditko en su apartamento de Nueva York, la suite 715 del nº 1650 de la calle Broadway, tal y como podía localizarse con facilidad en el listín telefónico. Había muerto dos días, antes por causas naturales. Tenía noventa años, y se encontraba preparando su siguiente proyecto, Something Big, una antología de 48 páginas que financiaría mediante pequeñas aportaciones de los compradores. El misterio nunca dejaría ya de rodear a su figura. Sus grandes creaciones nunca dejarían de estar con nosotros. Su genio perviviría para siempre.

 

 

Texto aparecido originalmente en 100 % Marvel HC. Los mundos de Steve Ditko

EL INMORTAL PUÑO DE HIERRO: LA REVIGORIZACIÓN DE UNA LEYENDA

Puño de Hierro, personaje que alcanzó sus mayores éxitos en los años setenta, cuando la tendencia fagocitadora de Marvel se aproximó al género de las artes marciales, no había vuelto a gozar desde entonces de la atención de la editorial o del favor del público de manera equivalente. Pero la ola revitalizadora de la primera década del siglo XXI, por la que se estaba rehabilitando a héroes como Luke Cage o la original Spiderwoman, motivó una puesta al día de ambiciosos objetivos, la que procuraron, a partir de 2006, Ed Brubaker, Matt Fraction y David Aja bajo el título de The Immortal Iron Fist.

 

Fue el mejor año de la edad moderna de Marvel. En 2006, La Casa de las Ideas lanzó “Civil War”, el más ambicioso evento que hubiera producido nunca y el que hizo que todas las miradas se volvieran hacia ella. Pero tal era la potencia del proyecto comandado por Joe Quesada y Dan Buckley, Director Editorial y Publisher, respectivamente, que otras propuestas con menor empaque mediático atesoraban un carisma y una fuerza equivalente. Mientras tenía lugar la Guerra Civil Superheroica, se publicó también “Aniquilación” o “Planeta Hulk”, sagas que alcanzarían un grado supremo de iconicidad, y arrancaban series como The Immortal Iron Fist, que habría de señalar el camino para los héroes secundarios durante los años siguientes.

 

El papel de Puño de Hierro en aquel entonces no podía ser más accesorio. En Marvel querían que Daredevil estuviera de alguna manera presente en el desarrollo de “Civil War”, pero el Hombre sin Miedo se encontraba inmerso en la historia-río planeada por Brian Michael Bendis, con Alex Maleev al dibujo, con el descubrimiento de su identidad secreta como punto de partida. No era factible extraerlo de aquel maremágnum para dejarlo caer en otro conflicto, por lo que en la editorial parchearon con una solución improvisada: Danny Rand, el hombre tras la máscara de Puño de Hierro, asumió su identidad durante la saga, para, una vez finalizada, volver a vestir su traje tradicional, como señal de la llegada de una nueva serie.

 

“Civil War” dio una plataforma formidable desde la que lanzar el proyecto de The Immortal Iron Fist. El editor Warren Simons acudió a uno de los escritores de Marvel que, en los últimos años, había alcanzado la categoría de leyenda. Ed Brubaker (2966, Maryland), que venía del cómic independiente o del policiaco noir de DC Comics, estaba acometiendo la mejor etapa que hubiera tenido el Capitán América en décadas. Gustaba Brubaker de explorar géneros vetustos, para darles un barniz de modernidad y una apariencia de trascendencia que no llegaban a tapar la inmensa épica y diversión que procuraba inyectar a sus guiones por encima de cualquier otra cosa. Y el de las artes marciales probablemente era el más olvidado de todos esos géneros, en cuanto a los superhéroes se refiere. El furor amarillo de los setenta no había vuelto a conocer días equivalentes, si bien en aquel arranque del siglo XXI alimentaba un cierto interés, a través de obras cinematográficas que tomaban algunos de sus aspectos y los popularizaban entre el público masivo, como fueron los casos de The Matrix (1999) y sus posteriores secuelas (The Matrix Reloaded y The Matrix Revolutions, ambas de 2003) y de los dos volúmenes de Kill Bill (2003 y 2004).

 

The Immortal Iron Fist respondía a la búsqueda de una efervescencia equivalente dentro de Marvel, sólo que Brubaker acudió a referentes propios, en lugar de dejarse arrastrar por cualquiera de las modas: sólo así consiguió unos resultados atemporales. En lugar de impostar una puesta al día de Puño de Hierro, la nueva serie escarbaba en la tradición del personaje, para presentar a los lectores a aquellos que habían poseído el título en otras épocas anteriores a la de Danny Rand, y como esa herencia afectaba a éste en el presente. Puño de Hierro como personaje de legado, un significado que ya latía en el personaje desde que fuera creado por Roy Thomas y Gil Kane, o en las más brillantes aproximaciones que habían existido hasta el momento, como la que acometieran Chris Claremont y John Byrne en los setenta, pero en el que jamás se había profundizado con tanta meticulosidad. El planteamiento de la obra, siempre con el presente como faro, permitía saltar de una época a otra, lo que a su vez facilitaba el mestizaje de narrativas. The Immortal Iron Fist no sólo se erigía como una reivindicación de las artes marciales, sino, por extensión, de cualquier género que oliera a pulp: bélico y noir, western y espionaje, se daban cita en un cómic formidable.

 

Se dio la circunstancia de que Brubaker contase con un apoyo para sus guiones, el de un entonces semidesconodido Matt Fraction (1975, Chicago) que, como él, se había desfogado en el mercado indie para a continuación buscar el éxito dentro del mainstream prestigioso que estaba produciendo Marvel. Pronto se significó como el discípulo aventajado de Brubaker, con una progresión meteórica que le llevaría a pasar por otros rincones esenciales de La Casa de las Ideas y a configurar, junto a otro de los artífices de The Immortal Iron Fist, la obra por la que sería más recordado dentro de la editorial, un singular acercamiento al personaje de Ojo de Halcón.

 

Ese autor es David Aja (Valladolid, 1977), la otra fuerza motora de The Immortal Iron Fist. Con una larga carrera a sus espaldas dentro de nuestro país, tanto en la ilustración como en el diseño, Aja coincidió con Brubaker en un número de su aclamada etapa de Daredevil. Su estilo estaba entonces más próximo al realismo sucio que había practicado David Mazzucchelli en sus primeros trabajos que a la depuración que alcanzaría más tarde. La implicación del dibujante en el proyecto ocurrió de manera un tanto atropellada. Todavía no había comenzado a dibujar el episodio de Daredevil cuando se encontraba de visita a las oficinas de Marvel en Nueva York y Warren Simons le comentó que Brubaker estaba interesado en hacer un cómic de Puño de Hierro. Aja manifestó entonces su gusto por el personaje y, a los pocos días, cuando estaba inmerso en el cómic del Diablo Guardián, le ofrecieron encargarse de lo que en principio iba a ser solamente una miniserie y para la que tuvo que preparar una portada de urgencia, de cara a su promoción inmediata.

 

En el momento de anunciarse, The Immortal Iron Fist había mutado a colección abierta. La premura obligó a un inusual cambio en el planteamiento. La idea inicial es que David Aja se ocupara de dibujar también los flashbacks que salpicaban la narración y que mostraban a los Puños de Hierro de otras épocas. Hubiera permitido que ensayara diferentes estilos, en cada uno de ellos. Pero el guión del primer número le llegó con apenas tiempo para acometerlo, de manera que esas páginas acabaron en manos de otros autores, si bien los diseños corrieron de su cuenta. Esta circunstancia permitió embarcar en la empresa a dibujantes tan distintos como Travel Foreman o los veteranos John Severin, Russ Heath o Sal Buscema, cada uno elegido por su proximidad particular al estilo que abordaran las diferentes escenas.

 

The Immortal Iron Fist se alzó como fenómeno, fruto de una colaboración que iba más allá del mero compañerismo y alcanzaba una inmensa complicidad, descrita así por Aja en una entrevista que realizara David Fernández para Zona Negativa en noviembre de 2008: “Los guiones son tan de Brubaker como de Fraction. Se llevan muy bien, e incluso han vuelto a colaborar juntos… al final del segundo arco, casi lo hizo sólo Fraction, porque Brubaker estaba muy liado. Son la hostia. Se trabaja muy bien con ellos. Hemos llegado a un nivel de buen rollo y complicidad, de ponerme cosas en los guiones específicamente para mí… No sé. Trabajamos muy cómodos. Nos entendemos muy bien. Además, hablamos muchísimo, y cada cambio lo comentamos por correo electrónico. Les parece genial, todo”.

 

Y lo era. Desde luego que lo era.

 

Texto aparecido en Marvel Saga. El Inmortal Puño de Hierro nº 1

EL CASTIGADOR: EL PELOTÓN. REGRESO A VALLEY FORGE

La interpretación para lectores adultos que acometiera Garth Ennis de El Castigador en la línea MAX de Marvel durante la primera década del siglo XXI tiene sus fronteras acotadas en Vietnam. La acción empezó y finalizó en el destacamento fronterizo en el que sirvió Frank Castle, por más que el resto de historias recopiladas en los doce volúmenes de Marvel Saga. El Castigador transcurrieran muy lejos de allí. El primero de esos tomos, “Nacimiento”, nos mostraba los cuatro últimos días del protagonista en la guerra, en que se desató una carnicería de la que sólo él salió por sus propios pies. El último tomo, “El fin”, recuperaba aquel escenario a través de los textos de un libro documental que unía las experiencias vividas por Castle en Valley Forge con su posterior transformación en El Castigador. Ahora, con “El pelotón”, Ennis regresa sobre el lugar que tanto le obsesiona, para hablarnos del primer grupo de hombres asignados al Teniente Castle.

 

 

El Nacimiento de El Castigador tuvo lugar cuando prestaba su último año de servicio en Vietnam. Era la historia que había que contar, aquella que se aproximaba a las circunstancias que habían hecho posible la transformación de Frank Castle en un vigilante callejero, y que al mismo tiempo estaba preñada de toda la imaginería que rodeaba a la visión que desde el cine nos había llegado de aquella guerra, con filmes como Apocalypse Now, El Regreso o La Chaqueta Metálica, la favorita de Ennis. Fascinó de tal manera a su autor que, antes de despedirse del personaje, tuvo que regresar allí una vez más, para tratar de dar con las respuestas que todavía le resultaban esquivas, después de tantos años metido en la cabeza de un hombre muerto por dentro.

 

Pero hay lugares de los que nunca puedes huir y, cuando ya estaba próxima a cumplirse una década de la publicación del último número de MAX Punisher, Ennis seguía reflexionando sobre Valley Forge.

 

¿Qué es lo que todavía no sabíamos sobre el Frank que había prestado allí su servicio militar y había insistido en reengancharse hasta en tres ocasiones? Al comenzar “Nacimiento”, ya nos encontrábamos con un soldado macerado por la guerra, que conocía sus demonios y había conseguido sobrevivir a ellos; que había logrado que, en todo ese tiempo, ninguno de sus hombres cayera víctima del enemigo, y que se aferraba de tal manera a aquel lugar como para eliminar al general que había dado la orden de cerrar Valley Forge, “el único destacamento americano que vigila Camboya”, como lo definía Castle. Había, por lo tanto, un amplio periodo en que ubicar nuevas historias. La trama se aproxima a un momento que puede ser tan llamativo para los lectores como el primer asesinato que cometió el protagonista, pero es algo que pasó inadvertido a Ennis en el momento en que lo escribía. Sin embargo, sí cayó en la cuenta de que nunca antes había mostrado a Frank tan joven, si bien su memoria falla un tanto en este aspecto. Antes ya había escrito Punisher: The Tyger, un especial aparecido en 2006 en el que durante algo más de treinta páginas se aproximaba a la adolescencia del protagonista. Lo puedes encontrar el primer tomo de Marvel Saga. El Castigador.

 

En “El pelotón” vuelve a surgir una figura que ya estaba muy presente en “Nacimiento” y que, en cierta manera, iba a servir como motor argumental para “El fin”, la de Steve Goodwin, el soldado de la compañía de Castle que narraba en primera persona los acontecimientos de la miniserie inicial. Su voz no sólo servía para mostrar a Frank desde un cierto alejamiento, sino también para engañar a los lectores, hacerles pensar que, incluso en el más horrendo de los escenarios, puede caber la esperanza. Steve comenzaba “Nacimiento” con unas convincentes palabras: “No voy a morir en Vietnam”. Porque, si estaba contándonos lo que había sucedido en aquellos días, era que, efectivamente, estaba destinado a sobrevivir a ellos. Pero no fue así. Steve perecía en el bombardeo de Valley Forge, como el resto de sus compañeros, y su voz se acallaba en las últimas páginas, para ser sustituida por otra más siniestra.

 

“El fin” arrancó en la actualidad, pero desde la primera página nos empujaba hacia el pasado, mediante Valley Forge, Valley Forge, el libro que Michael Goodwin, el hermano de Steve, había escrito sobre la muerte de éste y sobre la manera en que Frank se había convertido en El Castigador. De igual manera, “El pelotón” toma como excusa el trabajo de investigación de Michael Goodwin de cara a su siguiente libro. El rostro no llega a rebelársele nunca al lector, tal vez porque Michael no es sino un trasunto de Ennis, o quizás porque Ennis quiere que seamos nosotros los que nos metamos en su pellejo.

 

Semejante técnica permite, una vez más, mantener un cierto distanciamiento con respecto a la figura protagonista. Sabemos de Castle a través de terceros, no sólo de sus hombres, sino de otras figuras que no cabe imaginar al comienzo de la historia, que conectan con las guerras perdidas de Nick Furia y que permiten abarcar diferentes puntos de vista, con una meticulosidad más propia del periodismo que del cómic bélico. Para un estudioso del Vietnam que ha alcanzado la especialización de Ennis, ya no basta con las películas de Coppola, Cimino o Kubrick. Le sucede como a Oliver Stone, que, después de dirigir Platoon o Nacido el 4 de Julio, se lanzó al género documental. Ennis ya está en ese nivel, lo que le ha llevado a sumergirse en libros y más libros escritos por supervivientes de la primera guerra en que Estados Unidos fue derrotado.

 

“El Pelotón” se encuadra, de esa manera, en el terreno de la historia oral ficcionada, para presentarnos a un Frank Castle todavía humano, tan humano que llegamos a tomarlo por real. Sabemos que ese personaje algún día será El Castigador, pero si nos faltara ese dato, llegaríamos a creer que lo que se nos está contando ocurrió. Tal es su meticulosidad en todos los aspectos, no sólo en el narrativo, sino también en el técnico y en el histórico. “El Pelotón”, más allá de ubicarse en la biografía de un icono de Marvel, viene a recordarnos, casi medio siglo después de que terminara la Guerra de Vietnam, que el infierno sobre la tierra existió, y que sus efectos todavía se hacen sentir en el presente.

 

Texto perteneciente a 100 % Marvel HC. El Castigador: El Pelotón

DAREDEVIL: ALCALDE FISK. CUANDO EL PUEBLO ELIGE AL VILLANO

Desde que Frank Miller lo extrajera de alineación clásica de villanos de Spiderman para traérselo al mundo de Daredevil, Kingpin se ha alzado como el antagonista por antonomasia del Diablo Guardián. Han sido tantas las veces que se han peleado, tantas las ocasiones en que se han destruido las vidas mutuamente, tantas las situaciones en que ambos se han alzado a continuación para buscar la revancha, que hace bastante tiempo que el recurso se volvió repetitivo. Dado que no hay nada peor para el cómic de superhéroes que el aburrimiento que trae la previsibilidad, cada nuevo guionista que aborda la figura de Wilson Fisk debe hacerlo de manera novedosa y original, al menos con respecto a lo que se haya visto en los tiempos inmediatamente anteriores a su mandato. Y eso es lo que se ha propuesto Charles Soule en el siguiente capítulo de las aventuras de Daredevil, donde Kingpin pasa a convertirse en el alcalde de Nueva York.

Sabemos que hay políticos corruptos porque también hay personas que los corrompen. Las partitocracias, allá donde la falta de democracia interna campa a sus anchas, elijen a los más mediocres, aquellos cuyas voluntades son más fáciles de torcer, y que por lo tanto son susceptibles de dejarse arrastrar por el egoísmo y los bajos instintos. Ante esas figuras, no hay recalificación de terrenos o concesión de servicios que no pueda conseguirse mediante unos cuantos maletines colmados de billetes. Tenemos, por lo tanto, dos lados en la cuerda de la podredumbre, y el uno necesita al otro para que la cuerda se mantenga tensa alrededor del cuello del ciudadano. Pero, a veces, ocurre que alguno de los extremos decide asumir también el papel del otro. A veces, es todo ese partido del que usted me está hablando el que se convierte en organización criminal. A veces, es una persona en concreto la que se queda con el dinero y con los beneficios que trae el dinero. Y así es como nos encontramos con figuras del empresariado que deciden saltar a la política, como atajo para lograr su fin último. Desde nuestra realidad, podemos poner unos cuantos nombres a estas prácticas, que están en la boca de todos. Desde la realidad del Universo Marvel, el nombre que hay que mentar es el de Kingpin.

 

La cercanía de Kingpin con la política es un hecho que forma parte de la esencia del personaje. Su poder se basa en la capacidad de influencia sobre gente que debería ser honrada y que encarna importantes instituciones: policías, senadores, congresistas, concejales… Pero, hace algún tiempo, el Rey del Crimen decidió cambiar de táctica y pasar a primer plano. Todo empezó con motivo de “Imperio Secreto”, cuando Manhattan quedó cubierta por una cúpula impenetrable de oscuridad que vio abocada la ciudad al caos. En esas circunstancias, Wilson Fisk se erigió como protector de los más débiles frente a quiénes trataban de sacar tajada de la situación. Y todo lo que pidió entonces a cambio a los ciudadanos a los que había salvado fue… que lo recordasen. Había empezado el viaje a la legitimidad, que continuaría en la excelente saga que puedes leer en 100 % Marvel. Kingpin: Corriendo con el diablo. Se trataba de un proyecto, a cargo del pujante Matthew Rosenberg, que probablemente hubiera terminado en este mismo punto, de no ser porque tuvo que ser cancelado prematuramente, quedándose en mera miniserie.

 

Charles Soule retomó al personaje y la nueva orientación que le había dado Rosenberg, hasta llevarlo a las últimas consecuencias. En las últimas páginas del tomo anterior, Matt Murdock regresaba a casa después de una breve ausencia para encontrarse con la sorpresa: Kingpin era el nuevo alcalde de Nueva York. El pueblo había elegido a aquel que mejor había sabido salvaguardar sus intereses, sin que importara su turbio pasado. Si no fuera porque estábamos leyendo un cómic, lo hubiéramos confundido con el aquí y el ahora. ¿En qué se traduce eso para Daredevil? Para empezar, el escenario crece hasta abarcar toda la ciudad. Aunque el nuevo primer edil de Nueva York se deje caer por otros títulos, como es el caso de El Viejo Logan, Marvel ha renunciado esta vez a crear cualquier clase de evento alrededor de lo ocurrido, de tal forma que toda la acción se circunscribe a la serie que nos ocupa. Aquí tendremos, por lo tanto, las reacciones de otros héroes, pero también del mundo que rodea a Daredevil, desde amigos a villanos, en especial aquellos introducidos en la era de Charles Soule, pero no sólo ellos.

 

El momento coincide con la llegada de Marvel Legacy, el landscape de La Casa de las Ideas que busca recuperar la esencia de sus iconos, y con la vuelta a la numeración clásica de la serie, de tal manera que, en el curso de este volumen, alcanzamos el Daredevil #600 USA. El guionista ha trabajado muy duro, a lo largo de su ya larga etapa, para que la identidad del Hombre sin Miedo vuelva a ser secreta y continúe siéndolo. Conseguido ese propósito, y explicado el método para hacerlo en el volumen anterior, toca sacarle partido. De “Born Again” a esta parte, la relación entre Daredevil y Kingpin ha estado condicionada por el hecho de que éste último supiera quién se encontraba tras la máscara. Ahora, nos hemos retrotraído a la situación anterior a que eso ocurriera, lo que ofrece una mayor libertad a la hora de construir las historias, pero también obliga a buscar la manera de que ambos enemigos se sitúen cerca el uno del otro, pero mejor que averigües por ti mismo en qué se concreta tal cosa. “Es una apuesta muy arriesgada”, indicaba Soule en declaraciones a Dave Richards, de CBR.com. “La ciudad entera está en juego, de muchas maneras y por múltiples razones. Kingpin y Daredevil están jugando su habitual partida de ajedrez, pero no se trata sólo de ellos dos: hay, literalmente, millones de personas que se verán afectadas por el resultado de lo que vaya a ocurrir. Estoy muy contento por la manera en que todos los hilos argumentales han llevado a esto. ¡Y sólo estamos empezando!”.

 

Artículo aparecido en 100 % Marvel. Daredevil. El hombre sin miedo nº 14

OJO DE HALCÓN Y SOLDADO DE INVIERNO: RELATOS DE SUSPENSE

Esta historia empieza en el pasado. Es un pasado remoto, de varias décadas atrás, pero también un pasado cercano, de apenas unos meses. Y, en cualquiera de los casos, mira hacia el futuro: el de un gigante, Marvel Comics, que apuesta por volver a serlo, y no sólo por volumen de producción o éxito de ventas, sino por relevancia. En el pasado remoto, nos encontramos con Tales of Suspense, la denominación a la que responde nuestra aventura. Se trataba de una cabecera creada por Marvel antes siquiera de que llegara a convertirse en la Marvel que hoy conocemos. Porque… todavía estaba sumergida en la oscura Era Atlas de los años cincuenta, una década en que los superhéroes habían desaparecido y su retorno todavía no se esperaba. En concreto, el primer número de Tales of Suspense llegó a los expositores con fecha de portada de enero de 1959, por lo que lo más probable es que su lanzamiento tuviera lugar a finales del 58. La portada, con unos astronautas enfrentados contra un alienígena verde, ejemplificaba aquello podía encontrarse en su interior. Cada número contaba con varias historias de ciencia-ficción, aunque alguna podía visitar otros géneros. Al Williamson, Don Heck, John Buscema, Steve Ditko, Russ Heath y otras leyendas de la época desfilaron por sus páginas, sobre guiones habitualmente escritos por Stan Lee y su hermano Larry Lieber.

 

La serie continuó su camino, alineada con el resto de títulos antológicos de Atlas, entre los que se encontraban Tales To Astonish, lanzado simultáneamente a Tales Of Suspense, Journey Into Mystery o Strange Tales, pero con el cambio de década, llegaron los superhéroes a la editorial, el Universo Marvel echó a andar y el género colonizó todos los títulos antológicos que producía el Bullpen. En Tales Of Suspense #39 USA (1963), irrumpió Iron Man, que compartiría ubicación con Capitán América desde Tales Of Suspense #59 USA (1964). El motivo de que la entonces pequeña compañía amontonara a sus creaciones en espacios tan estrechos estaba en las limitaciones de su modelo de negocio, que sólo le permitía lanzar cada mes un número limitado de títulos. Esa restricción terminó conforme Marvel crecía, de tal manera que el contenedor de títulos antológicos iría quedando atrás a finales de los años sesenta. En el caso que nos ocupa, Iron Man consiguió su propio título y se independizó, mientras que Tales Of Suspense pasó a estar protagonizado en su totalidad por el Capitán América y a tomar el nombre del Centinela de la Libertad, coincidiendo con la llegada de su centésima entrega, datada en cubierta en abril de 1968.

 

Viajamos ahora hasta el pasado cercano, en concreto hasta 2017, año en que Marvel lanzó “Imperio Secreto”, un evento en que el Capitán América era suplantado por una versión malvada de sí mismo, que conseguía hacerse con el control de Estados Unidos. En el séptimo número de la serie troncal, un plan de La Viuda Negra para eliminar al villano no podía terminar peor: el Capi Hydra sobrevivía y, a su vez, asesinaba a Natasha, rompiéndole el cuello con su escudo, en una escalofriante escena orquestada por Nick Spencer y Andrea Sorrentino. La saga se volvía más oscura conforme avanzaba la trama, hasta desembocar en su conclusión, durante la que el auténtico Capitán América reaparecía y derrotaba a su émulo. Como ocurre en tantas ocasiones, Marvel se reservó un extra, titulado Imperio Secreto: Omega, para atar cabos. Además de ofrecer un esclarecedor encuentro entre los dos Steve Rogers, adelantaba historias que nacerían del cierre. Una de ellas nos situaba en el funeral de La Viuda Negra, y contaba con las perspectivas de dos hombres que habían sido sus amantes. Ojo de Halcón, que asistía a la ceremonia roto por la pérdida, y el Soldado de Invierno, que desde la distancia contemplaba la escena mientras llevaba a cabo una investigación: la de los misteriosos asesinatos que estaban teniendo lugar y que, a sus ojos, sólo podían ser cometidos por la propia Natasha. La Viuda Negra no estaba muerta, sino que de alguna forma había logrado que todos los demás, salvo el Soldado de Invierno, llegaran a esa conclusión, y ahora podía desarrollar su trabajo sin cortapisas.

 

Este cómic retoma el argumento y lo lleva a las últimas consecuencias. Al circunscribirse en el landscape de Marvel Legacy, que apuesta por recuperar las señas de identidad de La Casa de las Ideas mediante una mirada hacia el pasado, el editor ejecutivo Tom Brevoort consideró que recuperar la mítica cabecera de Tales Of Suspense suponía un guiño interesante, no sólo por la carga nostálgica, sino porque la nueva historia contenía trazas de aquel viejo cómic: el debut de La Viuda Negra había tenido lugar en Tales Of Suspense #52 USA (1964), Ojo de Halcón le había seguido ese mismo año unos pocos números después, en Tales Of Suspense #57 USA, en ambos casos dentro del serial de Iron Man; en cuanto al Soldado de Invierno, su historia, como Bucky Barnes, fue narrada una y otra vez en el serial del Capitán América y sin duda pertenece al mundo de éste.

 

Tal punto de partida no debe engañar a los lectores, puesto que nos encontramos con un cómic que bebe muy poco de la nostalgia mientras se erige como un estupendo thriller, que mantiene la tensión y, sí, el suspense, durante las cinco partes en que se divide, y que redefine a sus protagonistas, especialmente a La Viuda Negra, de una insospechada manera. Es, con todas sus circunstancias en la mochila, una historia más próxima a lo que ha de venir que a lo que ya ocurrió. Hay una nueva Marvel naciendo del fuego de la que se ha consumido en estos últimos años, y cuya llegada se significa en la incorporación de C.B. Cebulski como Director Editorial. Es una Marvel que, una vez perdidas todas las grandes estrellas que construyeron el brillante comienzo del siglo XXI, busca el recambio generacional en figuras emergentes, que irrumpen con una ambición sólo equiparable a su talento: Jim Zub, Donny Cates o Matthew Rosenberg son algunas de ellas. Todas coinciden en venir del circuito independiente, pero, al contrario que ocurría con algunos de sus antecesores, quieren estar en Marvel no como un trance instrumental dentro de su carrera, sino como el mejor de los destinos posibles.

 

El caso que nos ocupa aquí es el de Matthew Rosenberg, con una interesante carrera en la que encontramos We Can Never Go Home, 4 Kids Walk Into A Bank y 12 Reasons To Die, dentro de Black Mask Studios; y varias miniseries del universo de Archie, además de su cada vez más abultada producción dentro de Marvel. Mapache Cohete, Guerreros Secretos o Kingpin le dieron la suficiente confianza como para acometer proyectos de la envergadura de La resurrección de Fénix, la etapa actual de El Castigador, por la que acaba de renovar, un relanzamiento de Los Nuevos Mutantes o el cómic que nos ocupa. A día de hoy, un proyecto digno, una historia interesante, un cabo que quedaba por atar. En el mañana… quizás uno de los ladrillos sobre los que se edificó la siguiente época de excelencia.

 

Artículo originalmente aparecido en Tales of Suspense presenta: Ojo de Halcón y Soldado de Invierno

LA PATRULLA-X DE BRIAN M. BENDIS 3: LA BATALLA DEL ÁTOMO

Este nuevo volumen de La Patrulla-X de Brian Michael Bendis acoge “La batalla del átomo”, el primer crossover que tuvo lugar desde que comenzara la etapa de este guionista al frente de la Franquicia Mutante. Se trata de una prueba de fuego no sólo para el de Cleveland, sino también para sus compañeros de Oficina-X, Jason Aaron y Brian Wood, que contaron con la coordinación del veterano editor Nick Lowe, acostumbrado a poner en marcha esta clase de monumentales historias, puesto que por sus manos habían pasado anteriormente “Complejo de mesías” o “Advenimiento”. La trama ahonda en las consecuencias de la llegada de los Cinco Originales al presente. ¿Qué significa para su línea temporal? ¿De qué manera afecta su desplazamiento al pasado, al presente y, sobre todo, al futuro?

 

2013, el año en que se publicó originalmente “La batalla del átomo”, fue muy especial para los mutantes de Marvel, puesto que se cumplía el quincuagésimo aniversario de la publicación del cómic en que todo empezó: The X-Men #1 USA (1963. Marvel Gold. La Patrulla-X Original nº 1). Por si esto no fuera motivo suficiente de celebración, 2013 resultaba de enorme relevancia para la cronología mutante, puesto que ése fue el año en el que transcurría el futuro apocalíptico retratado en “Días del futuro pasado”. Desde esa fecha, Katherine Pryde viajó para avisar a La Patrulla-X de que estaba a punto de desatarse una guerra mundial contra los mutantes, y juntos ayudar a impedirla. La mítica historia que firmaran Chris Claremont y John Byrne en The X-Men#141 y 142 USA (1981. Marvel Gold. La Imposible Patrulla-Xnº 2) ha mediatizado en gran medida estas últimas décadas, de manera que darle la vuelta, y que fuera La Patrulla-X original la que viajara del pasado hasta nuestro presente, fue el punto de inicio establecido por Brian Michael Bendis para la colección que ahora se sitúa en el centro de la franquicia. “La batalla del átomo” es la saga que muestra las consecuencias de esa acción, al presentarnos a una nueva Patrulla-X venida de un futuro horrible producido por el hecho de que los jóvenes mutantes nunca regresaran a donde pertenecían.

 

Bendis juega a imaginar cómo será el equipo a largo plazo, pero ese ejercicio sólo es posible mediante un importante cambio en la manera de hacer las cosas dentro de La Casa de las Ideas con respecto al viaje en el tiempo y sus consecuencias. Las leyes del Universo Marvel que enunciara Mark Gruenwald en los años ochenta dictaban que, cada vez que alguien viaja hacia el pasado, se genera un nuevo mundo paralelo. De esta manera, el tristemente desaparecido editor de Marvel evitó que esos viajes pudieran cambiar el statu quo actual de los cómics. Esas eran las normas de las que partíamos a la hora de pensar que la presencia de La Patrulla-X original en nuestro presente no podía alterar nada que hubiera pasado ya, puesto que La Bestia, al llevarse a los chavales con él, se había limitado a crear otra línea temporal. Pero ¿y si ya no fuera así? ¿Y si ahora, tal vez debido a lo ocurrido en otra saga de Bendis, “La Era de Ultrón”, sólo existiera una única línea temporal flexible y maleable… hasta que deja de serlo y todo salta por los aires? En consecuencia, cualquier cambio en el pasado altera el presente, y también el futuro. Es así como la mera llegada de los Cinco Originales podría desencadenar un efecto dominó catastrófico que lo destruyera todo.

 

Esas son las bases con las que se construye el crossover, pero el relato se alimenta de otro tópico recurrente en la Franquicia Mutante, y que nació en el momento en que el éxito de La Patrulla-X motivó el nacimiento de multitud de grupos satélite a su alrededor. La lógica por la que se estructura el Universo Marvel establece que, en el momento en que hay varios superhéroes con intereses contrapuestos en un mismo lugar, el choque resulta inevitable. Basta echar un vistazo al historial de la franquicia para comprobarlo. En 1982, y tomando como excusa un viaje al espacio de La Patrulla-X en que sus miembros fueron dados por muertos, Charles Xavier reunió a Los Nuevos Mutantes: adolescentes que debían aprender a usar sus poderes, en lugar de lanzarse a peligrosas misiones. Por supuesto, en cuanto tuvo lugar el encuentro de ambos equipos se desató una monumental batalla. ¡Mejor golpear primero y preguntar después! Tres años más tarde, en 1985, los miembros originales de La Patrulla-X se reunieron, bajo el nombre de Factor-X. El cruce con el grupo madre fue postergado durante cuatro largos años, hasta que tuvo lugar en el curso de un evento llamado “Inferno”. Como había pasado antes con Los Nuevos Mutantes, las confusiones y los inequívocos provocaron la pertinente batalla, antes de que los héroes pudieran unirse ante un enemigo común. Establecida la rutina, bastaba con seguirla, y es lo que ha venido ocurriendo desde entonces.

 

La historia se repite en “La batalla del átomo”, un crossover dedicado a reunir a las diferentes formaciones de mutantes en una trama única, en el momento en que sus filas se encuentran de por sí más separadas que nunca. Hay dos bandos claramente diferenciados: a un lado, La Patrulla-X revolucionaria de Cíclope; al otro, La Patrulla-X de Lobezno, cara visible del Instituto Jean Grey de Enseñanza Superior, y a medio camino entre ambos, el grupo liderado por Tormenta y formado en exclusiva por mujeres-X. Pese a que se sitúan en el entorno de la nueva escuela, la posición de Ororo y compañía busca tender puentes con sus viejos compañeros, toda vez que inicialmente la Diosa de los Elementos se mostrara partidaria de los planteamientos ideológicos de Scott Summers.

 

Ese delicado equilibrio entre las diversas fuerzas del Homo superior fue establecido durante “Cisma”, puesto a prueba por la guerra con Los Vengadores y más o menos alterado por los diversos factores que se han conjurado a lo largo de todo este tiempo. El elemento que viene ahora a desequilibrarlos es el de la llegada de los Cinco Originales. La irrupción en el presente de los jóvenes que conformaran la primera generación de alumnos del Profesor X afecta a todos los demás y cambia las reglas del juego. En sus primeros pasos en el presente, los Scott, Jean, Hank, Warren y Bobby del pasado tuvieron que tomar algunas decisiones con rapidez, todavía sobrecogidos por el shock de llegar hasta un mundo cuyas circunstancias identifican con algunos de los peores escenarios que pudieran haber habitados sus pesadillas. De momento, permanecen aquí y ahora, pero su situación no puede ser más precaria. ¿Podrán seguir entre nosotros mucho tiempo sin que se vea alterada la corriente temporal? ¿Y si alguno de ellos prefiriera hacer algo diferente al resto? ¿Y si fueran obligados a marcharse? La discusión podría continuar hasta el infinito, pero hay un desencadenante que lo cambia todo: la aparición de una nueva Patrulla-X, llegada desde un tiempo futuro en que ya han sentido lo que ocurrirá si los Cinco Originales no vuelven a su época.

 

“La batalla del átomo” fue el primer crossover de la Era Bendis, un guionista que hasta ahora estaba acostumbrado a acometer eventos de título troncal con series en paralelo alrededor, como “Invasión Secreta” o “Asedio”. Pero el editor Nick Lowe prefirió mantener las tradiciones de la Oficina X y seguir la estructura clásica que antes hubieran abrazado “Complejo de mesías” o “Advenimiento”. Por eso tenemos sendos especiales, de apertura y cierre, y la trama se lee saltando de una cabecera a otra. Como en todos esos casos, el resultado procuró el caudal de emociones y giros habitualmente reservados para este tipo de aventuras. Y también una conclusión con cambio total en las reglas del juego: de una forma u otra, “La batalla del átomo” determinó cuanto ocurriría en lo sucesivo con los Cinco Originales.

 

 

Texto perteneciente a Marvel Now! Deluxe. La Patrulla-X de Brian Michael Bendis nº 3

FIRMA INVITADA: MI EXPERIENCIA CON DAN SLOTT, POR XAVI SANZ

No es un secreto para nadie que me conozca que Spider-Man es mi personaje de ficción favorito, y Dan Slott uno de mis guionistas favoritos para el personaje. A lo largo de diez años, con sus altos y sus bajos, he disfrutado de cada parte del viaje, su Spider-Man ha sido una parte de mi vida que parecía que siempre iba a estar ahí. Su forma de escribir al personaje conecta conmigo como pocos guionistas lo han hecho antes. Por eso no es de extrañar que cuando mi amigo Christian me dijo que Slott asistiría a la London Cinema and Comic con este verano, corriera a comprar las entradas, reservar los billetes de avión y el hotel.

 

Y allí estaba, delante de uno de mis ídolos. Y era tan simpático y gracioso como parecía por las redes sociales. No dudó en agradecerme haber estado comprando sus tebeos durante tanto tiempo. Le gustó que llevase una camiseta con la portada de uno de sus cómics más míticos. Le hable de lo mucho que me había gustado Superior Spider-Man y me dijo que siempre había tenido claro que lo tenía que protagonizar Otto Octavius aunque todo el mundo le decía que por qué no Norman. Le mencioné la pérdida que más me ha dolido de toda su etapa y hablamos jocosamente sobre si el personaje volvería, como pasa siempre en los cómics de superhéroes

También pude asistir a una charla que dio el propio Dan sobre su carrera como guionista. Al escuchar sobre sus comienzos como guionista de cómics basados en dibujos animados que quería pasar desesperadamente a escribir superhéroes, me reafirmé en la idea de que Slott es uno de los nuestros, un fan de los de siempre, viviendo el sueño. Me resulta imposible no contagiarme de su entusiasmo.

Xavi Sanz

 

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