CACERÍA MACABRA: LA HERENCIA DEL CAZADOR

De todos los villanos de Spiderman concebidos por Stan Lee y Steve Ditko, Kraven El Cazador nunca estuvo entre los más apreciados por el fandom. El Doctor Octopus, El Duende Verde, El Hombre de Arena, Mysterio, El Buitre, El Lagarto o incluso Electro eran preferidos por los lectores frente a aquel hombre de la selva, engreído y pagado de sí mismo, que en pocas ocasiones había conseguido poner en jaque al trepamuros. Sin embargo, y pasados muchos años desde su nacimiento, Kraven consiguió alzarse sobre todos ellos, para ocupar un lugar de honor en el imaginario Marvel.

 

 

Sergei Kravinoff estaba ahí, disponible, casi vacío, esperando a que llegaran los autores que le dieran grandeza y carisma. Y esos autores llegaron. En 1987, J. M. DeMatteis y Mike Zeck construyeron la más escalofriante aventura de Spiderman jamás narrada: “La última cacería de Kraven”. DeMatteis tomó al villano en sus brazos y lo llevó más allá de lo que nunca nadie se hubiera atrevido, partiendo de los pocos rasgos característicos que tenía: su condición de miembro de la decadente aristocracia rusa, su retorcido sentido del honor y su estupor ante el mundo moderno, contrapuesto a la nostalgia por un supuesto paraíso perdido, que él identificaba con la jungla: el lugar donde, a su juicio, cada uno ha de enfrentarse contra sus demonios interiores. En el caso de Kraven, ese demonio no era otro que Spiderman… O como le gustaba llamarlo a él: La Araña. Una terrible criatura, más que humana, pero que tras la máscara no era otro que Peter Parker… “Un tipo al que el destino dio una palmadita en el hombro”, como se definía éste durante el curso de la aventura, en la que Spidey era enterrado vivo mientras Kraven tomaba su lugar. Aquella experiencia resultó única para los lectores de Spiderman, y acabó de la única manera que podía acabar: con el suicidio del villano.

 

“La última cacería de Kraven” constituyó un pequeño milagro: la confluencia de factores que, en cualquier otro momento, no se habrían encontrado. DeMatteis en un momento deprimente de su vida en que se sentía tan enterrado como el propio Spidey en la saga; un argumento que había pasado por el escritorio de varios editores, y aplicado a personajes tan distantes entre sí como Batman y el Hombre Maravilla, pero que nunca llegó a contar con luz verde hasta entonces; Mike Zeck como gran artista, después de acometer la visionaria miniserie de El Castigador; un fichero de personajes Marvel que se abrió por el lugar correcto cuando el guionista buscaba el antagonista apropiado; unas lecturas de clásicos rusos que no dejaban de resonar en su cabeza… No es extraño que la aventura fuera abrazada por los lectores del momento y alzada a la categoría de mito, de obra maestra, de cómic generacional. Su eco continuó resonando durante los años siguientes, hasta alcanzar la actualidad. Porque, más de veinte años después, llegaba una nueva historia, heredera directa de la original, en la que el linaje de los Kravinoff emprendía el camino de la venganza contra La Araña.

 

“La cacería macabra” marcó el episodio final de “El Desafío”. Se trataba de un monumental tributo a la labor realizada por DeMatteis y Zeck, tanto que el primero de ellos no sólo tuvo oportunidad de dar su aprobación a la misma, sino de participar de ella, mediante un relato de background que apareció como complemento de cada uno de los episodios. Pero “La cacería macabra” era también algo nuevo, relevante y brutal. Al construir el guión, Joe Kelly se desmarcó de su encasillamiento como guionista con toques humorísticos, que llevaba a cuestas cada vez que se aproximaba a Spidey. En su lugar, sacó a pasear sus habilidades camaleónicas. Stephen Wacker, el editor de la franquicia arácnida, tuvo que leer los borradores con muchas luces encendidas a su alrededor, a causa de los escalofríos que le producían.

 

“Quería que los Kraven fueran una familia aterradora”, explicó Kelly al respecto. “Todos hemos sido bastante brutos en los últimos arcos de Spidey, pero mi objetivo era empujarlo mucho más allá de los límites. Además, parte de la historia tiene que ver con el ‘adelgazamiento de la manada’ arácnida, por así decirlo”. Se refería, el autor, a la presencia de personajes señalados dentro del entorno arácnido y extraídos de diferentes épocas: estaba los míticos ochenta, a los que se adscribían Madame Web o Julia Carpenter, la sucesora de Jessica Drew como Spiderwoman; estaba la seminal época de Joe Michael Straczynski, de donde se rescataba la figura de Ezequiel, y en la que había nacido Araña, la trepamuros latina; pero los lectores también se encontraron con personajes procedentes de la olvidada etapa de Howard Mackie y John Byrne, de la que provenía Mattie Franklin, la tercera y fracasada Spiderwoman, o el periodo maldito del regreso del clon, en la que se encuadraba Kaine, el clon imperfecto de Peter Parker. Kelly quería hacerlo todo suyo, escribir un relato consistente y coherente con la tradición del personaje, porque necesitaba de unas extraordinarias dosis de legitimidad, de cara al fin que perseguía la trama y que conviene descubrir en su lectura.

 

No menos importante fue la labor de Michael Lark, el artista apropiado a la hora de sumergir en la oscuridad el tradicionalmente luminoso mundo de Spidey. “He dibujado más lluvia, sangre y carne podrida de las que he tenido que dibujar en ninguna otra serie”, señaló. Su nombre estaba habitualmente asociado con entornos más realistas, como los que había dibujado en Gotham Central, The Pulse, Daredevil o Captain America y nunca antes se había acercado al trepamuros. Quizás por eso fue requerido para una historia que, desde su excepcionalidad definitoria, precisaba de un artista capaz de conjurar entornos oscuros, entre la decadencia y lo macabro, pero sin escapar de una escalofriante cotidianeidad.

 

“La cacería macabra” marcó la conclusión de “El desafío”, el monumental cúmulo de aventuras unidas por la figura en las sombras de los Kravinoff, que había llevado al límite las capacidades tanto de Wacker como de todo el equipo en que se apoyaba. De manera indirecta, señaló lo cercano que estaba el final de “Un nuevo día”. Todavía quedaban cabos sueltos por atar, deudas pendientes que pagar y espacios por ordenar, dentro de la siempre caótica existencia de Peter Parker, pero el ambiente ya estaba impregnado de despedida. Era el olor que dejaba la lluvia después de haber caído copiosamente sobre la tierra del cementerio, aquel cementerio donde quedaba una ya inútil lápida.

 

 

Texto procedente de Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 28

EL DESAFÍO (TERCERA PARTE): MONSTRUOS MÁS QUE HUMANOS

Penúltimo capítulo de “El desafío”, antes del choque definitivo contra la familia Kravinoff y sus planes para devolver al mundo de los vivos a Kraven El Cazador. Conforme se acerca ese siniestro momento, la oscuridad se va apoderando de las páginas de The Amazing Spider-Man, como un presagio del fundido a negro que llegará a continuación. Semejante pesadumbre se refleja en el antagonista al que se enfrenta el trepamuros antes del último asalto. Se trata de El Lagarto, uno de los enemigos más veteranos del personaje, a quien el destino ha colocado en el peor momento de su existencia. No es la única amenaza que afronta Spidey en este volumen, donde también se cruza en el camino de nada menos que dos Rinos, una versión femenina de El Escorpión y Juggernaut.

 

 

¡Quién iba a contar, a los lectores de los años sesenta, que aquel tipo tosco y envuelto en una piel de rinoceronte, tenía también su corazoncito! Rino fue una de las nuevas aportaciones de John Romita al mito del trepamuros, poco después de hacerse con las riendas de la serie. El personaje pronto se convirtió en un habitual de Hulk, con el que solía medir su fuerza bruta, y se alejó en consecuencia del entorno de Spidey, salvo por ocasiones muy singulares. Ya en el siglo XXI, una historia en concreto, tan trascendental para él como olvidada por los demás, lo redefinió y le dotó de un mayor contenido. Se trataba de “Flores para Rino”, desarrollada por Peter Milligan y Duncan Fegredo para Spider-Man’s Tangled Web #5 y 6 USA (2000), en la que el villano conseguía un aumento artificial de su inteligencia y encontraba al amor de su vida, sólo para perderlo todo poco después y volver a las costumbres de siempre, como si se tratara de algo inevitable. La historia mostró un lado de Rino que nunca se había visto hasta entonces, y otros autores terminaron por bucear en ese aspecto tan particular.

 

Saltando diez años en el tiempo, llegamos hasta The Amazing Spider-Man #617 USA (2010. Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 25), precisamente el primer volumen de esta serie dedicado a “El desafío”. Joe Kelly y Max Fiumara dedicaban una potente historia autoconclusiva a dar otra vuelta de tuerca a Rino, ahora casado con una amable esposa que lo adora, con un nuevo nombre, un trabajo honrado y, en definitiva, una vida distinta a lo que había tenido hasta ese momento, y mucho más satisfactoria. La tranquilidad era interrumpida por la llegada de un nuevo Rino, que trataba de mostrarle su respeto, pero que no hacía sino enturbiar la recién adquirida paz. Con un sustituto en las calles, parecía como si el destino quisiera haber dado una salida a Aleksei Sytsevich… pero la historia distaba mucho de haber terminado. Kelly y Fiumara la retoman aquí, de nuevo con un episodio único, tan sobresaliente como el anterior, pese a que su tono es por completo distinto.

 

El planteamiento de “El desafío” permitió al editor Stephen Wacker presentar historias muy diferentes a cada nuevo paso del landscape. A la segunda parte del relato sobre Rino siguió un episodio en que Fred Van Lente recurría a Escorpión, una puesta al día femenina del viejo enemigo de Spidey que había presentado cinco años antes, en Amazing Fantasy vol. 2, #7 USA (2010). Carmilla Black había seguido una trayectoria irregular, siempre de la mano de su guionista, quien encontró en esta aventura la manera de darla un pequeño impulso.

 

Acto seguido, llegaba un arco con intenciones muy diferentes, ya que se trataba de una secuela de la mítica historia de Roger Stern y John Romita Jr. “Nada puede detener a Juggernaut(The Amazing Spider-Man #229 y 230 USA, 1982), que todavía se recuerda como un pináculo dentro de la memorable etapa que realizaron estos autores. Wacker no pudo hacerse de nuevo con los servicios del dibujante original, pero eligió en su lugar a Lee Weeks, un artista con un estilo similar al de Romita Jr. La nueva aventura no sólo retomaba el argumento de la clásica, sino que además asumía posteriores encuentros de Spidey con Juggernaut, así como las circunstancias actuales del personaje. La profesionalidad en estado puro de la que hacía gala Stern servía también para recordar el maravilloso sabor de boca que dejara su paso por la serie treinta años atrás.

 

La calidad de estas historias, no obstante, quedaría eclipsada por la última de las sagas aquí incluidas, que brilló como uno de los mejores momentos de todo “El desafío”. El terror, lo malévolo y lo sangriento se abrían camino en un relato que establecía un antes y un después en la relación entre Spiderman y El Lagarto. Estaba escrito, por incompatible que pudiera parecer con su estilo, por Zeb Wells, el que hasta entonces había sido autor de las aventuras más optimistas y divertidas del Nuevo Día arácnido.

 

La opción de recurrir a El Lagarto surgió durante las primeras discusiones alrededor de la galería de villanos que aparecería en “El Desafío”. Era obvio que un enemigo del Hombre Araña cuyo debut databa de TheAmazing Spider-Man#6 USA (1963) y que había llegado a convertirse en una de las grandes referencias clásicas del trepamuros debía estar en esta macrosaga. Sólo faltaba encontrar una historia que lo hiciera de nuevo un personaje interesante, y no fuera el típico enfrentamiento entre Spidey y El Lagarto que se salda con el héroe devolviendo la humanidad al villano. A este respecto, el guionista acudió a la trayectoria que había seguido Curt Connors a lo largo de los años: de una vida en familia como respetado científico y profesor de Universidad había pasado a la marginalidad después de la muerte de su esposa. Las periódicas transformaciones en El Lagarto no hacían sino restar piezas a su delicado equilibrio emocional. Connors era una persona al borde del abismo, y sólo faltaba un último empujón. “Queríamos utilizar las esencias del personaje, pero al mismo tiempo enseñar a la gente algo que no hubieran visto antes”, recuerda Zeb Wells. “La intención era alejarnos de la estructura del típico enfrentamiento contra El Lagarto. Para eso, teníamos que dejar atrás a Curt Connors y fijar el punto de atención en esta criatura que es una reliquia del periodo jurásico, que ha sido liberada de esa parte del cerebro que compartimos con nuestros ancestros. Estaba interesado en el punto de vista que tendría ese monstruo de nuestro mundo”.

 

Texto aparecido en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 27

EL DESAFÍO (SEGUNDA PARTE): ENCUENTROS MISTERIOSOS

El segundo volumen de “El desafío” comienza con una aventura de una longitud considerable y termina con otra, también formada por varios episodios. Las protagonizan villanos ligados directamente con el argumento central del evento, esa sucesión de amenazas que la familia Kraven está lanzando contra Spiderman, pero entre una y otra Stephen Wacker reservó un espacio para relatos más cortos, con una duración de apenas un número, o incluso menos, que denotan la intención del editor de reunir al mayor número de antagonistas arácnidos posibles. Y sí, tal y como estaba previsto en un primer momento, en el repaso hay muchas amenazas clásicas, pero algunas creaciones modernas reclaman también su hueco, como ocurre con el Señor Negativo y con el nuevo Buitre.

 

 

La primera vez que un chavalín llamado Dan Slott se cruzó con Mysterio era una mañana de sábado, cuando aquel niño que admiraba a Spiderman como a ningún otro superhéroe descubrió que entre los peores villanos del trepamuros se situaba un tipo con una pecera en la cabeza. No, no fue en un cómic donde Slott descubrió a Quentin Beck, sino en un episodio de la serie animada del Hombre Araña de finales de los años sesenta. En lugar de preguntarse qué diablos hacía aquel tipo con esas pintas, su reacción fue la de tantos otros: la fascinación. Y es que lo extraño, inusual e incluso aparentemente ridículo suele mezclarse en los villanos diseñados por Steve Ditko, pero el resultado global no suele producir risas, sino todo lo contrario. El personaje que nos ocupa debutó en The Amazing Spider-Man #13 USA (1963. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman nº 1). Se trataba de Quentin Beck, un consumado especialista en efectos especiales que, tras ver frustrada su carrera en Hollywood, había conducido su actividad hacia el mundo del crimen, de manera que se enfrentaba a Spidey recurriendo a trucos de prestidigitador, engañando al trepamuros acerca de cuanto le rodeaba. “Nadie se parece a Mysterio”, afirma Slott. “Y cuando eres un niño y estás garabateando a todos tus héroes y villanos, éste es muy fácil de hacer. ¡Una pecera en la cabeza!”. De cara a su aparición en “El desafío”, en Marvel decidieron llevar a cabo un rediseño, del que se ocupó el propio dibujante de la aventura, Marcos Martín. Pero éste y Slott tenían una petición al respecto. Lo explica el escritor con estas palabras: “Marcos y yo insistimos mucho en que la pecera tenía que quedarse. ¡Si no hay pecera, no hay Mysterio!”.

 

Slott pidió expresamente escribir la saga, antes incluso de que se tomara la decisión de sistematizar el regreso de los grandes villanos arácnidos: “Le he dado vueltas en mi cabeza a esta aventura desde el primer año. Mysterio siempre funciona mejor cuando Spiderman no sabe que está luchando contra él. Me gusta que sea un secreto, una sorpresa, alguien que está trabajando detrás del escenario. En el momento en que Spidey descubre que se enfrenta a Mysterio, ha de esperar lo inesperado. Su mayor poder está en mantenerse oculto, en la discreción, en el sigilo. Recuerda que, hasta esta aventura, se suponía que el Mysterio original estaba muerto, pero, como vimos en el caso de Harry, Mysterio ha estado fingiendo la muerte de muchas personas. Por tanto, cuando lees esta aventura no sabes siquiera si está vivo, si es él quien verdaderamente mueve los hilos y qué es lo que está en juego”. Al hilo de lo explicado por el guionista, el desarrollo de la trama está plagado de innumerables engaños destinados a dejar al lector preguntándose por la autenticidad de lo que está contemplando. Con otro personaje esa clase de truco podría ser motivo de enfado para el fan, pero no así en el caso de Mysterio. Slott escribía este puñado de cómics desde el convencimiento de que el mejor ardid que podía hacer este villano no sólo consistía en engañar a Spiderman, sino también a quienes estuvieran leyendo la historieta.

 

Dentro de la trama de Mysterio también encontraremos al Señor Negativo, quien en el avance del volumen pasa a ocupar una posición preponderante. Surgido en el arranque de “Un nuevo día” de la imaginación de Dan Slott y de Steve McNiven, el Señor Negativo se ha hecho en este tiempo un hueco en la cima del crimen organizado de Nueva York, utilizando para ello los más eficaces y brutales métodos, mientras se ocultaba bajo la identidad del filántropo Martin Li, impulsor del Proyecto Festín, en que colabora Tía May. Este regreso del personaje tenía lugar después de que llegara a protagonizar su propia miniserie, que acometió uno de los guionistas de “Un nuevo día”, Fred Van Lente, junto al artista italiano Gianluca Gugliotta, y que se referencia a lo largo de la aventura. Con ella, Slott quería atar un cabo que llevaba suelto desde aquel primer encuentro entre el villano y Spiderman. Allí, éste le entregó una muestra de su propia sangre, para así salvar la vida de la hija de un líder de la Maggia. Aunque el villano no sabía que Spiderman es Peter Parker, el poder de su toxina mantendría una amenaza latente sobre éste y todos sus familiares.

 

El siguiente en pasar por la red era Morbius, creado por Roy Thomas y Gil Kane en homenaje a Drácula y cuyo debut se produjo en la mítica aventura en que a Peter le crecieron cuatro brazos extra, coincidiendo con la llegada a The Amazing Spider-Man #100 USA (1971. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman nº 6). Se encargbaa de él, en una cortísima historia, Fred Van Lente, junto al dibujante de corte clasicista Joe Quinones. El regreso de Morbius suponía también la vuelta de su eterna amada Martine Bancroft, pero en lugar de dejarse arrastrar por la corriente dominante en el momento de publicarse la historia, en pleno auge de la saga Crepúsculo, Van Lente ofreció un relato tan sangriento como trágico. “He intentado mantener intacta la caracterización que se ha hecho de Morbius con posterioridad a sus encuentros con Spidey, cuando consiguió colección propia y se acabó convirtiendo en un anti-héroe”, decía el guionista, refiriéndose al serial de Morbius aparecido en los años setenta en la revista Adventure Into Fear.

 

Por último, tenemos al nuevo Buitre, personaje que introdujera Mark Waid y que por lo tanto se encargaba él también de continuar escribiendo, con Paul Azaceta al dibujo. La intervención del villano quedó en un segundo plano, ante las vicisitudes laborales de Peter Parker, tan llamativas que consiguieron colarse en los medios de comunicación generalistas, con titulares poco conscientes de la larga trayectoria del protagonista y la frecuencia con que siempre ha cambiado de ocupación. Pese a todo, el resultado no terminó de satisfacer a Waid, quien sentía que la actuación de Peter en estas páginas estaba fuera de personaje. “Daría cualquier cosa por volver atrás y reescribir la historia”, dijo al respecto.

 

Texto aparecido en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 26

LA GRAN AVENTURA ARÁCNIDA: EL COMIENZO DE “EL DESAFÍO”

Spidey no tiene villanos como los clásicos. Veneno puede que esté empeñado en colarse entre sus grandes antagonistas, y a Morlun tampoco le fue a la zaga. Los guionistas pueden esforzarse por traer nuevas y divertidas amenazas, y a veces surgen brillantes creaciones, como Muñeca de Papel… pero, por mucho que trates de innovar, llega un momento en que el carisma de los enemigos creados en los tiempos de Steve Ditko o John Romita puede con todo. Spiderman puede derrotar una y mil veces a El Lagarto, El Buitre, Electro, El Hombre de Arena, El Duende Verde, el Doctor Octopus, El Camaleón, Kingpin o Mysterio, pero cuando se trata de buscar villanos equiparables… ellos son los que siempre ganan, y los que siempre regresarán.

La primera temporada del nuevo régimen arácnido, como le gustaba llamarlo a Steve Wacker, se centró en la presentación del status quo, secundarios, escenario, villanos, etc. Las tramas, aunque establecidas en forma de historias independientes, fueron enredándose unas sobre otras, hasta llegar a “El rastro de la araña”, el que se podía considerar como punto y final al arranque de esta etapa. La segunda temporada, cuyo inicio vino marcado por el histórico Amazing Spider-Man #600 USA, ofreció una orientación un tanto distinta. El escenario en el que transcurrían las historias, así como los personajes de reparto que acompañaban a Peter Parker, ya eran conocidos por los lectores, con lo que llegaba el momento de jugar con ellos. Es aquí donde los villanos clásicos, con inteligentes giros en algunas de sus características, volvieron a recuperar la voz cantante, y lo hicieron mediante una macroaventura titulada, genéricamente, “El desafío”, que se extendió durante varios meses y cuyos capítulos podían leerse de manera autoconclusiva. Era una tendencia que, en cierta manera, seguía los pasos del Amazing #600 USA y de sus episodios posteriores, puesto que allí fue donde se recuperó al Doctor Octopus y a El Camaleón siguiendo en ambos casos un objetivo similar: presentar a ambos desde puntos de vista originales, sin que por ello perdieran su esencia.

 

El pequeño gran cambio que tuvo lugar con “El desafío” consistía en que esos ataques estuvieran coordinados desde las sombras por la psicótica familia del fallecido Kraven El Cazador. Las semillas de la historia llevaban plantadas desde los primeros pasos de “Un nuevo día”, en concreto desde The Amazing Spider-Man #565-567 USA (2008. Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 16), donde Marc Guggenheim y Phil Jimenez presentaron a Ana y Sasha Kravinoff, hija y viuda, respectivamente, de Kraven. El clan llevaba desde entonces maquinando en las sombras, preparándose para su siguiente golpe. Su intención consistía en que Spiderman se enfrentara a la mayor prueba de su carrera. ¿Sería el trepamuros capaz de superarla? Wacker orquestó “El desafío” mediante pequeños arcos de dos, tres o a lo sumo cuatro episodios, cada uno de ellos dedicados a un villano a las órdenes de los Kravinoff, y cada uno de ellos realizado por un equipo creativo distinto, siendo el tono oscuro y un tanto adulto, sobre todo en comparación con la primera temporada de “Un nuevo día”, el elemento homogeneizador a lo largo del evento. En paralelo, la recién recuperada Web Of Spider-Man acogió relatos cortos autoconclusivos, dedicados a cada uno de los antagonistas, que abundaban en sus orígenes.

 

HÉROE DEL PUEBLO

El bueno de Max Dillon, también conocido como Electro, tuvo el honor de abrir la saga, en una aventura que reflejaba un tema tan real como acuciante: el de las personas excluidas a causa de la crisis económica que estalló en 2008, una problemática que azotó con especial crudeza en Estados Unidos y que Marvel tardó más de dos años en abordar. “Aunque intentamos permanecer alejados de los tópicos y las referencias que serán olvidadas en apenas unos meses, la crisis económica es tan grande y afecta a tantas personas como para ignorarla”, explicaba Mark Waid. Lo que quizás nadie hubiera esperado es que fuera Electro quien se colocara al frente de la protesta popular: él, como tantos otros americanos, perdía su dinero con la quiebra de entidades bancarias como Lehman Brothers, cuyo colapso en septiembre de 2008 supuso una verdadera conmoción mundial. “Cuando se produjo el crack de Wall Street”, añadía el guionista, “Electro también perdió los ahorros de toda su vida. Sí, era dinero robado, por lo que no podemos sentir mucha lástima por él, pero Max no lo ve así”.

 

ARENA EN LOS ZAPATOS

En el siguiente capítulo de “El desafío”, Fred Van Lente repetía colaboración con Javier Pulido, después de haberse encargado ambos de The Amazing Spider-Man #605 USA (2009. Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 24). El guionista quiso aprovechar la dimensión humana alcanzada por El Hombre de Arena en Spider-Man 3, filme que le presentaba como esposo y padre de una hija. En los cómics, las circunstancias era diferentes, ya que la vida privada de William Baker también era distinta. “Nunca ha tenido nada que se parezca a una existencia normal”, mencionaba el guionista. “Cada vez que ha intentado conseguirlo, Spiderman lo ha arruinado todo, como si lo hiciera por el simple placer de divertirse. Para lograr tal ‘normalidad’, el villano comete algunos de los peores crímenes de su carrera, aunque no sea consciente de ello en un principio. Él sólo quiere que Spidey le deje en paz, y a Spidey le encantaría cumplir sus deseos, pero no puede ser así”.

 

La trama surgió a raíz de un dibujo realizado por Pulido en el que se mostraba a una niña encerrada en un castillo de arena gigante. “La imagen fue tan potente que tenía que averiguar qué quería decir y cómo podía contar una historia que la incluyera. ¿Quién era esa niña pequeña? ¿Y por qué El Hombre de Arena se preocupaba por ella?”, continuaba Van Lente. “Las respuestas a esas preguntas, combinadas con algunas otras conversaciones que tuve acerca de El Hombre de Arena, es lo que me llevó a escribir esta aventura”. Durante la elaboración del mencionado relato, se presentó una discusión acerca de si Baker era o no propenso al asesinato. “Cuando Steve Wacker me pidió que utilizara a este enemigo en ‘El desafío’, decidí explorar el tema de si es o no un asesino. Y así es como llegue al contexto de un misterioso crimen que debe ser resuelto”.

 

La aventura sacó especial partido de algo que era común a todos los demás episodios de “El desafío”: un incremento en el poder para todos sus villanos protagonistas. Javier Pulido echó el resto en mostrar unas nuevas habilidades para El Hombre de Arena inspiradas tanto por el filme como por su psicología. “No está loco o perturbado. Sencillamente, es un tipo con un cuerpo hecho de arena cuya biología es diferente a la nuestra”, concluía el guionista. “Es un Ben Grimm malvado, en el sentido de que ha sido convertido en un monstruo y debe vivir con eso. Sus nuevos poderes tienen que ver con el estado mental que sufre. Además, me quedé enganchado por la manera en la que Sam Raimi lo trató en la peli. Quería tener un Hombre de Arena gigante en mi aventura”.

 

A continuación de El Hombre de Arena, irrumpía por un único número Rino, con una inesperada historia de amor a cargo de Joe Kelly y Max Fiumara. Su lectura provoca que venga al recuerdo aquella maravillosa “Flores para Rino”, publicada en Spider-Man’s Tangled Web #5 y 6 USA (2001), aunque en este caso se trataba de un amor correspondido. La trama no se quedaría en ese breve capítulo, pese a lo que pudiera parecer, sino que habría de continuarse de manera intermitente a lo largo de varios años.

 

Este es el primer tomo de Marvel Saga. El Asombroso Spiderman dedicado a recoger la trama completa de “El desafió”, junto a los pertinentes complementos de Web Of Spiderman. Por estas páginas, además de los ya vistos, veremos desfilar a Mysterio, Morbius, El Buitre, Juggernaut, El Lagarto y muchos más, aunque el plato fuerte quedará para el final, un último volumen en que la oscuridad lo invadirá todo.

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 25

SOMBRAS DEL PASADO: DE LA GATA NEGRA A NORMAN OSBORN EN “UN NUEVO DÍA”

En los años ochenta, mucho antes de que decidiera asentar la cabeza y casarse, el trepamuros vivió el más ardiente romance de su historia. Decimos el trepamuros y decimos bien, porque La Gata Negra, la espectacular ladrona de buen corazón con la que Spidey compartió cama y hazañas superheroicas durante una buena temporada, no quería saber nada del hombre detrás de la máscara. Felicia Hardy fue una de las grandes atracciones de la época, y su impronta quedó marcada en el Hombre Araña de tal manera que el personaje regresó de forma intermitente a lo largo de los años del matrimonio. La gran diferencia que encontraron los guionistas arácnidos en 2010 es que ese matrimonio había dejado de existir. ¡Miau!

 

La Gata Negra fue una creación de Marv Wolfman y Keith Pollard que había debutado en The Amazing Spider-Man #194 USA (1979). Desde el principio entabló una química muy especial con el protagonista de la serie, que tenía que dar caza y captura a una delincuente por la que se sentía extraordinariamente atraído. Felicia Hardy y Spidey estuvieron varios años jugando, nunca mejor dicho, el juego del gato y el ratón, hasta que ella se alzó como la gran novia arácnida de los años ochenta, en un romance auspiciado por la etapa que estaba escribiendo Roger Stern en The Amazing Spider-Man, pero que desarrolló fundamentalmente Bill Mantlo en la colección hermana, Peter Parker, The Spectacular Spider-Man. Ambos formaban pareja tanto en la vida privada como en las aventuras que vivían en las calles de Nueva York, y ocurrieron circunstancias tan peculiares como que, durante una temporada, las fotos que vendía Peter al Daily Bugle eran las que hacía Felicia. Pero la relación tenía un indudable problema de confianza: cuando el trepamuros se desenmascaró ante su nuevo amor, ella rechazó de plano a Peter Parker, puesto que quien de verdad le resultaba atractivo era el Hombre Araña, no un individuo convencional y sin el menor atractivo. Felicia además no se sentía a la altura de Spidey frente a villanos temibles, como El Duende, así que pactó con Kingpin que le concediera poderes “de mala suerte”. El secreto fue, en último término, lo que dio al traste con la relación, dejando poco después la vía abierta para que Mary Jane entrara en escena y se encadenara a Peter en matrimonio.

 

En los años siguiente, La Gata Negra siguió formando parte de la vida de Spiderman, pero de manera intermitente y girando alrededor de otros personajes secundarios, como Flash Thompson, con el que estuvo saliendo una temporada. En 2002, una miniserie compartida entre Spidey y Felicia la colocó de nuevo en el disparadero. La historia de Kevin Smith, con dibujo de Terry y Rachel Dodson, descubrió al personaje a nuevas generaciones y lo redefinió para el siglo XXI. La Gata Negra repitió durante la etapa de Mark Millar y también de los Dodson, en Marvel Knights: Spider-Man, pero se perdió de vista con la locura en que se convirtió la vida de Spidey a partir del momento en que se unió a Los Nuevos Vengadores. Es así como llegamos al momento actual, en que Mary Jane vuelve a formar parte de la vida de Peter, después de una larga ausencia, pero hay un hecho diferencial evidente, y es que ya no es su esposa. El editor Stephen Wacker encargó en este punto a Joe Kelly que tejiera una historia de enredo, en que La Gata Negra recupera su actitud de los años ochenta, con su interés delimitado al Hombre Araña, y no a quien quiera que sea cuando se quite la máscara, y con muchas otras mujeres revoloteando alrededor de su figura: Carlie, Michelle, Norah y, por supuesto, Mary Jane.

 

“No veía la hora de recuperar a la Gata Negra”, confesó Kelly en aquel momento. “Es muy divertida, y consigue meter siempre a Spiderman en enormes líos. Es una fuerza irresistible de la que Peter no puede apartar sus ojos. Con ella alrededor, sabes que las cosas saldrán mal, pero no puedes evitarlo”. El relato inicial dedicado al personaje se ve complementado con una segunda historia, también escrita por Kelly, con dibujos del madrileño Ken Nimura. En Estados Unidos, se publicó en un número posterior de Amazing, pero en esta edición se adelante unos pocos números, para así mantener la unidad literaria, cronológica y temática.

 

El segundo bloque de este tomo lo ocupa la última saga escrita por Marc Guggenheim para Spiderman antes de marcharse de Marvel para concentrar sus esfuerzos en la televisión. En ella, se volvía sobre otra figura que había sido de enorme relevancia en el pasado del personaje, para luego desaparecer. Se trataba de Ben Reilly, el clon de Peter Parker que fuera creado por Miles Warren en una sobrecogedora historia a mediados de los años setenta y que a mediados de los noventa protagonizó la más larga y convulsa saga de la Franquicia Arácnida. Ben Reilly alcanzó tal importancia que llegó a sustituir al propio Peter en su papel de Spiderman durante una pequeña temporada, que finalizó ante las protestas generalizadas de los lectores. En aquel momento, y para acallar el vendaval de críticas, los editores y guionistas decidieron eliminar a Ben Reilly y certificar que se trataba del clon de Spidey. A partir de ese momento, se extendió una sombra de silencio sobre su figura, quedando vetada la posibilidad de su regreso. Guggenheim, no obstante, encontró una falla en ese edicto. Ben Reilly debía permanecer desaparecido, pero nadie había dicho nada sobre Kaine, el primer e imperfecto clon de Peter Parker, que en los noventa amagó con alzarse como uno de sus villanos más interesantes y cuyo potencial estaba todavía por desarrollar. El regreso de Kaine en estas páginas supuso el comienzo de un largo camino, que habría de desarrollarse a lo largo de los años posteriores.

 

Kaine fue elegido para inaugurar una nueva serie arácnida, Web of Spider-Man, consagrada a sustituir a los Amazing Spider-Man Extra y Amazing Spider-Man Family que se venían alternando hasta ese momento. Stephen Wacker volvió así sobre una cabecera histórica de los ochenta y los noventa, aquella en la que, precisamente, tuvo lugar el regreso de Ben Reilly. El propósito de esta nueva iteración era mucho más claro que el de los títulos que sustituía. Web of estaba consagrada a servir de background para Amazing. En la edición española, cada historia se ofrece intercalada en el momento argumental oportuno, de manera que el relato de Kaine con el que se inaugura la iniciativa antecede a la saga de Guggenheim. Su guionista es nada menos que J. M. DeMatteis, escritor de “La última cacería de Kraven” y que fuera el creador de Kaine en la miniserie: Spider-Man: The Lost Years (1995).

 

El tomo continúa de nuevo con Joe Kelly, que viene acompañado del que fuera su personaje fetiche, Masacre. En 1997, este guionista se dio a conocer a través de la primera y muy divertida serie abierta del Mercenario Bocazas, que encontró uno de sus momentos más destacados en un episodio donde Wade Wilson viajaba hasta el pasado y se integraba en un cómic mítico del Amazing Spider-Man de Stan Lee y John Romita… ¡haciéndose pasar por Spidey! Masacre gozaba de una renovada popularidad en el momento de publicarse la historia que aquí ofrecemos, de forma que era cuestión de tiempo que se cruzara en el camino del trepamuros, y qué mejor que hacerlo de la mano de Kelly. No sería sino el prólogo de una futura reunión mucho más ambiciosa.

 

Y para el cierre, una guinda muy especial: el episodio de Spiderman relacionado con “Reinado Oscuro: La lista”, en el que Dan Slott y Adam Kubert retomaban el argumento de “Hijo de América”. En “La Lista”, el jefe de HAMMER se proponía cumplir sus objetivos más ambiciosos, y entre ellos se encontraba la aniquilación de Spiderman. Poco imaginaba que el final de su Reinado Oscuro estaba cada vez más cerca, y que Peter Parker jugaría un papel fundamental en el mismo.

 

 

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 24

EL AMAZING SPIDER-MAN #600 USA: UN 00 COMO NINGÚN OTRO

Había pasado una semana desde la llegada a las librerías de The Amazing Spider-Man #600 USA. Aquel cómic era uno de los cómics más complicados que había acometido jamás Dan Slott, pero también uno de los más satisfactorios. Sabedor de que los números redondos son muy especiales y se quedan en la retina del lector, para bien o para mal, puso todo su empeño en componer algo memorable. ¿Lo había conseguido? Con el Spidey de “Un nuevo día”, siempre era difícil saberlo, puesto que muchos aficionados continuaban mirando al trepamuros desde la desconfianza provocada por el descasamiento. Tras sentarse ante la audiencia que le esperaba en la Chicago Comic-Con, aquel verano de 2009, las primeras palabras de Slott fueron: “Chicos, ¿habéis leído ya el #600?”. Y entonces, la multitud rompió en aplausos.

 

 

Los números 00 siempre habían representado una ocasión destacable, incluso en tiempos en los que la editorial mantenía intacto el número de páginas pese a la significativa circunstancia. Stan Lee todavía tenía esa limitación cuando alcanzó The Amazing Spider-Man #100 USA (1971). Apenas contaba con las 19 planchas habituales en aquel entonces, pero eso no impidió a The Man ofrecer un relato memorable, en el que Spidey revivía su origen y se enfrentaba metafóricamente a sus peores enemigos, para terminar en una situación tan sorprendente como que le hubieran crecido cuatro brazos extra. Ocho años después, Marv Wolfman ya había conseguido que el Fantastic Four #200 USA tuviera extensión doble. Unida esta circunstancia a que en sus páginas concluía una emocionante saga que enfrentaba al cuarteto con su peor enemigo, el Doctor Muerte, dio como resultado que las ventas aumentaran considerablemente, pese a que el mayor número de páginas entrañaba también un precio mayor. Con el terreno allanado, The Amazing Spider-Man #200 USA (1979) fue también doble, también la culminación de una gran historia escrita por el mismo equipo de Los 4 Fantásticos y además una fiesta tan señalada que incluso Stan regresó, para escribir el epílogo.

 

No menos importancia revistió The Amazing Spider-Man #300 USA (1988), en que David Michelinie y Todd McFarlane presentaron a Veneno, el peor enemigo con el que se encontraría el trepamuros en mucho tiempo. The Amazing Spider-Man #400 USA (1995) formaba parte de “El regreso del clon”, y por lo tanto ni empezaba ni finalizaba ninguna trama, pero J. M. DeMatteis y Mark Bagley hicieron de aquel número algo único, al presentar la muerte de Tía May. Continuó siendo un tebeo para recordar, incluso cuando esa muerte fue deshecha, algunos años después. ¿Y qué decir de The Amazing Spider-Man #500 USA (2003)? Joe M. Straczynski y John Romita Jr. condujeron a Peter Parker a lo largo de toda su carrera como trepamuros, para en las páginas finales reencontrarse tanto con Tío Ben como con John Romita. Una aventura extraordinaria, sin lugar a dudas.

 

En 2009, llegaba la hora para The Amazing Spider-Man #600 USA. Tras un año del arranque de “Un nuevo día” y con más de cincuenta entregas a las espaldas del landscape, el editor Stephen Wacker mantenía un cierto equilibrio entre los diversos escritores que componían el proyecto. Todos habían tenido grandes oportunidades para brillar y las habían aprovechado, pero quizás ninguno con tanto acierto como Dan Slott. No sólo se ganó el derecho a encargarse de ese número tan destacado, sino que además se moría por hacerlo. John Romita Jr., al que Joe Quesada calificaba por aquel entonces como “el mejor dibujante de cómics del mundo”, regresaba a casa, con lo que se reunía el equipo creativo que había dado lugar a “Nuevas formas de morir”, uno de los mayores campanazos de todo “Un nuevo día”. Wacker puso todo de su parte para que aquella entrega fuera distinta a las demás, e incluso por encima de cualquier otro 00 que hubiera protagonizado el trepamuros. El cómic tendría cerca de un centenar de páginas, con más de la mitad dedicadas a la historia principal, lo que equivalía a tres números convencionales, y con el resto a pequeños relatos elaborados por otros miembros del braintrust arácnido, a los que también se sumó una pequeña joya de Stan Lee y Marcos Martín que brillaba con luz propia. La historia principal estaba destinada a narrar la boda de Tía May con J. Jonah Jameson Senior, un subargumento que se venía desarrollando desde unos cuantos números antes, pero Slott tuvo la idea de traer al villano perfecto para una ocasión así… un hombre que, en el pasado, llevó también a la buena de May Parker ante el altar, aunque Spiderman impidió que se culminara la ceremonia: Otto Octavius, también conocido como Doctor Octopus.

 

A juicio de Slott, Spidey no tenía un antagonista mayor que el Doctor Octopus. Su enemistad había dado pie a algunas de las más memorables aventuras arácnidas, y el guionista veía a Otto Octavius como el reverso tenebroso de Peter Parker: un genio de la ciencia, introvertido y falto de habilidades para relacionarse con los demás, que se había deslizado por la senda criminal al carecer del fondo ético que el Tío Ben aportó a Peter. En el horizonte a largo plazo, la mayor epopeya de Spiderman que llegaría a escribir Slott iba a colocar a Octopus en el centro del escenario, y era en este Amazing #600 USA donde se daba el primer paso del que sería un largo camino, cuyo impacto completo no se entendería hasta pasados otros cien números. Phil Jimenez, uno de los artistas habituales de la serie, rediseñó por completo al villano, para reflejar la situación en la que se encontraba y que le llevaría hasta territorios nunca antes explorados.

 

En lo estructural, la referencia básica de Slott fue The Amazing Spider-Man Annual #1 USA (1964), el primer gran especial del personaje, que permanecía como uno de los mejores y más completos de su historia. Como entonces, estaba Octopus como gran amenaza en la sombra, aquí sin el resto de Los Seis Siniestros, la aparición especial de buena parte de los héroes del Universo Marvel, el secuestro de personas cercanas a Peter y un tono lúdico que hacía de la lectura un disfrute en cada página. La última, además, reservaba una sorpresa destinada a alimentar las siguientes historias. Amazing había alcanzado seiscientas entregas publicadas y la fiesta que celebraba la ocasión no hacía sino adelantar un futuro brillante.

 

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 23

DENTRO DE HIJO DE AMÉRICA: MIRANDO DE FRENTE A NORMAN OSBORN

Empezó con El Duende Verde original. Al contrario de lo que había ocurrido con el resto de los villanos creados por Stan Lee y Steve Ditko, la identidad de este criminal se alzó como uno de los grandes misterios de The Amazing Spider-Man. El patriarca del Universo Marvel quiso dar un golpe de efecto con su revelación, y decidió que detrás de la capucha estuviera Norman Osborn, el padre del mejor amigo de Peter Parker. A partir de ese momento, cambió la naturaleza de la relación entre Spiderman y El Duende Verde. Como esas cuentas pendientes entre familias que se heredan de padres a hijos, el conflicto se extendió más tarde a Harry, lo que condujo a su muerte. El regreso de éste, en el arranque de “Un nuevo día”, planteó una pregunta fundamental: ¿reincidiría en los errores del pasado? “Hijo de América” se propone averiguarlo.

 

Desde que se unió a las filas de Los Nuevos Vengadores y hasta el comienzo de “Un nuevo día”, Spiderman participó en todas las grandes sagas del Universo Marvel. Que fuera tan necesario a la hora de narrar esos acontecimientos tenía un impacto inmediato dentro de su propia franquicia. Los guionistas se veían obligados a dejar de lado las historias que quisieran contar para amoldarse a la macroaventura del momento. La llegada del nuevo statu quo de “Un nuevo día” significó, además de la consabida vuelta a los orígenes, un alejamiento de esa posición central. Stephen Wacker y su equipo de autores tendrían así una cierta autonomía que propició el florecimiento de The Amazing Spider-Man.

 

No podía ser de otra manera, ya que la endiablada periodicidad de la serie, con tres lanzamientos cada mes, dificultaba establecer cruces directos con cualquier otro proyecto en paralelo. Esto no significaba que en el Universo Marvel no pudieran darse situaciones que afectaran de alguna manera al trepamuros: sólo que éste no podría afrontarlas con la inmediatez de la que disponían sus colegas. La más llamativa de ellas afectaba al que había sido un personaje fundamental dentro de la franquicia arácnida. Norman Osborn, también conocido como El Duende Verde, tuvo en esos años un desarrollo apasionante, que rompía con la inercia maldita que venía arrastrando desde que fuera resucitado a finales de los noventa, y que obligaba a periódicos choques con Spiderman demasiado parecidos entre ellos. El visionario guionista Warren Ellis adoptó al viejo villano, para reinventarlo como la implacable cabeza pensante de los Thunderbolts. El tratamiento fue tan impactante que Brian Michael Bendis quiso amplificar la posición adquirida por Norman. En el desenlace de “Invasión Secreta”, apretaba el gatillo del arma que traía la victoria para la Tierra. El premio de una América todavía entonces presidida por George W. Bush era el de señalarlo como hombre fuerte del país. Empezaba así “Reinado oscuro”, al que Bendis definió como un escenario en que todos sabrían lo que significaba ser Spiderman: perder aunque hubieran ganado.

 

Norman estableció un gobierno en la sombra, bajo el nombre de El Cónclave y formado por criminales en su mayor parte; sustituyó SHIELD por HAMMER, una agencia sin cortapisas para imponer las leyes sin importar los medios; desató una persecución sin tregua contra todos los que no se sometieran al Acta de Registro de Superhumanos, y creó su propia formación de Los Vengadores, compuesta en gran parte por antiguos integrantes de Thunderbolts, que ahora se hacían pasar por superhéroes. Bullseye tomó la identidad de Ojo de Halcón, Piedra Lunar se convirtió en Ms. Marvel, Marvel Boy lo hizo en Capitán Marvel y, lo impensable, Mac Gargan, que disponía del simbionte alienígena desde los tiempos de Marvel Knights: Spider-Man y que lo había utilizado a sangriento placer en la época de Thunderbolts, alteró ligeramente su aspecto para mimetizarse con el trepamuros cuando éste vestía su traje negro. La opinión pública no imaginaba que bajo la máscara se ocultaba un impostor.

 

El trepamuros, que ya se había enfrentado a Norman cuando dirigía los Thunderbolts, tardaría un tiempo en afrontar la nueva situación, motivado por todos los condicionantes que comentábamos antes. Por fin el, equipo de Stephen Wacker encontró el momento propicio, en una historia de seis partes de la que se encargaría Joe Kelly, al guión, y Phil Jimenez, al dibujo del primer episodio, dejando paso luego a Paulo Siqueira y Marco Checchetto, entre otros artistas de segunda fila que estaban haciéndose un nombre en Amazing. La relevancia de los autores sirvió para rodear al proyecto de un halo de gran saga. El hecho de que ya hubiera alguien haciéndose pasar por Spiderman en las filas de Los Vengadores Oscuros permitía plantear la trama de una manera diferente a “Nuevas formas de morir”, puesto que Spidey se infiltraría en las filas de sus enemigos tomando el lugar de Gargan. Pero el verdadero corazón de la historia no sería ése. Había otro importante motor: el dilema moral que se planteaba Harry cuando su padre llamaba a la puerta. Después de tantos años viviendo a la sombra de Norman, después de haberlo perdido literalmente todo por su herencia de odio, ¿cómo se iba a sentir cuando él le reclamara a su lado? “Por muy loco que esté Norman, sigue siendo un tipo carismático”, explicaba Joe Kelly. “Y Harry, por mucho que diga o haga, sigue buscando el afecto de su padre, aunque sea a nivel primario. Esta historia obliga al amigo de Peter a mirar de frente a su padre y a decidir si quedarse a su lado o alejarse para siempre”.

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 22

UN NUEVO DÍA TRAS EL RASTRO DE LA ARAÑA: ENTRE LA NOSTALGIA Y EL SALTO ADELANTE

La paradoja fue una de los retos al que se enfrentaron constantemente los guionistas coordinados por Stephen Wacker durante el desarrollo de “Un nuevo día”. Tenían el mandato de apostar por las esencias de Spiderman al tiempo que apuntaban hacia el futuro del personaje; habían dejado atrás un cambio radical sobre el que Marvel no quería dar demasiadas explicaciones, pero las circunstancias les obligaban a entrar en detalles a cada paso que daban. Esos condicionamientos no se metamorfosearon en piedras en los zapatos, sino en herramientas que utilizar para un objetivo que estaba por encima de cualquier otro: el de ofrecer cómics divertidos.

 

EL LADO OSCURO DE LO ESTRAFALARIO

Tras “El rastro de la araña” arrancaba la que extraoficialmente se definía como segunda temporada de “Un nuevo día”. Stephen Wacker continuaba preocupado por reforzar sus efectivos con talento literario. Mark Waid había cubierto el hueco dejado por Zeb Wells, pero la apretada cadencia de publicación exigía más madera. El presupuesto no daba para grandes estrellas, pero en su lugar el editor optó por recurrir a un perfil de guionista en que la profesionalidad estuviera en el primer puesto de la lista de méritos. Fred Van Lente, un estadounidense que llevaba un tiempo en Marvel haciendo dignos trabajos discretos con algún éxito puntual, fue requerido para unirse a la fiesta. Hasta entonces solía estar presente en proyectos ligeros, desde versiones infantiles de los héroes de siempre a The Incredible Hercules, donde había compartido tareas con Greg Pak, pero lo que pocos sabían es que Van Lente tenía una especial atracción por lo siniestro, que apenas había dejado entrever en sus últimas notas bibliográficas: una miniserie de Marvel Zombies y una versión noir de La Patrulla-X. Dentro de la Oficina Arácnida, dio rienda suelta a esa vertiente. Su carta de presentación fue The Amazing Spider-Man #589 USA, un cómic autoconclusivo para el que eligió como villano a La Mancha, criminal de tercera fila del que habitualmente se hacían chanzas. Pero Van Lente dejó congelada la sonrisa del lector veterano que recordaba aquellas ridículas historias del pasado. Las habilidades de La Mancha, abordadas desde una nueva perspectiva, tenían aplicaciones tan retorcidas como mortíferas. Ya nadie se burlaría de él. “Steve Wacker me pidió que le hiciera menos divertido y más digno de pertenecer a la galería de enemigos de Spidey”, dijo el autor. “La Mancha puede aparecer desde arriba, por detrás… En cualquier sitio en el que estés. A cualquier persona le debería resultar aterrador, por muy tonto que sea el personaje”,

 

LA CUESTIÓN DE LA IDENTIDAD SECRETA

Era una de las incógnitas que había dejado el ambiguo final de “Un día más”. Joe Quesada había pretendido, en un primer momento, que no hubiera nada que explicar. El matrimonio nunca había existido, Harry Osborn, los lanzarredes y la identidad secreta estaban de vuelta y había que echar la culpa de todo a la magia, pero una vez que el equipo de “Un nuevo día” tuvo que bajar al barro y escribir, una detrás de otra, cada historia del trepamuros, quedó en evidencia que las explicaciones eran necesarias para contar con un terreno firme sobre el que moverse. Amante de la continuidad y del uso de sus libretos como instrumento para ordenar la casa, Dan Slott se había erigido como el principal responsable de dar contenido a todo ese cúmulo de inconsistencias que dejó el choque con Mefisto. Cuando Quesada optó por éste, eligió también la opción sencilla, porque el diablo parecía capaz de alterar lo que fuera necesario sin mayores problemas. En la letra pequeña se evidenció que no había sido buena idea acudir a lo sobrenatural para reconfigurar a un héroe tan urbano y pegado a tierra como Spiderman. Por eso, cuanto más estuviera alejado el demonio de lo que había ocurrido, más verosímil sería el mundo arácnido construido tras su intervención. Cada nueva respuesta que ofrecía Slott restaba importancia a Mefisto, acotando cada vez más su intervención en lo ocurrido. Sí, Harry había vuelto, pero el motivo estaba en los efectos secundarios de la Fórmula Duende, no en ningún pacto con el demonio. Ésa era sencilla, pero, ¿qué pasaba con la identidad secreta, que Peter hubiera destruido ante las cámaras de todo el mundo durante “Civil War”? Es más, ¿qué ocurría con todos aquellos que, antes de la salida arácnida del armario, ya conocían el verdadero rostro de Spiderman? Brian Michael Bendis, que trabajaba con el personaje en Los Nuevos Vengadores, optó por la solución práctica, un desenmascaramiento en privado ante los miembros del grupo, pero Slott no era amigo de la simplicidad. En “Nuevas maneras de morir” insinuó que el trepamuros, junto a alguien que todavía no identificaba, habían hecho algo al respecto, pero no entró en más detalles sobre el qué o con quién. “Cuando Peter pensó eso de ‘lo que hicimos sigue funcionando’, algunos lectores asumieron que se refería a Mefisto”, explicaba a la prensa. “Pero no es así. Hay una historia por contar que ocurrió antes de que nosotros llegáramos. Una historia secreta en la que Peter y otra persona hicieron algo para borrar la mente de todos”. Los impacientes tendrían que esperar un tiempo para leer esa historia, pero mientras tanto el guionista sí podía darles otra cosa: podía explicarles cómo funcionaba eso que había hecho Peter junto a su misterioso benefactor. A tal efecto se consagró una saga con Los 4 Fantásticos como invitados especiales. El escritor siempre se había mostrado favorable a que la identidad de Spidey volviera a ser secreta, pero no ocultaba una espinita: que una vez conseguido eso, la excelente miniserie que había desarrollado acerca de la relación a lo largo de los años del trepamuros y la Antorcha Humana quedaba un tanto invalidada, ya que descansaba en buena parte sobre la amistad de ambos superhéroes y la confianza que Peter había tenido hacia Johnny al quitarse la máscara ante él y haberle dejado entrar en su vida privada. La nueva historia que ahora construía descansaba sobre aquel relato. “En realidad, no es que no hubiera pasado”, comentaba el guionista. “Simplemente, Johnny no recordaba lo que había ocurrido. Es algo de las nuevas reglas que mucha gente no acaba de entender. Todo ocurrió, pero los personajes no lo recuerdan”.

 

CAMBIO EN EL TABLERO

La tercera gran historia contenida en este volumen deja de lado las incógnitas del pasado para dar solución a una de las que habían sobrevolado el escenario en el presente. ¿Quién sería el futuro alcalde o alcaldesa de Nueva York? La subtrama, que venía desarrollándose desde los primeros momentos de “Un nuevo día” con no pocos giros, por fin se iba a resolver mediante una sorpresa mayúscula. Los guionistas ya la habían cocinado en sus reuniones iniciales, pero prefirieron retrasarla para que ocurriera de manera natural. De cara a la aplicación de la idea, tuvieron que convencer a Joe Quesada de que rompiera con la regla de que el Universo Marvel debía reflejar la realidad, pero lo consiguieron, ya que aquel cambio abría innumerables posibilidades. “Era una manzana demasiado jugosa como para no hincarle el diente”, llegó a decir JoeQ al respecto.

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 21

EL RASTRO DE LA ARAÑA: LOS DETALLES SOBRE EL FIN DE TEMPORADA PARA “UN NUEVO DÍA”

En los meses iniciales de “Un nuevo día”, los guionistas y editores que conformaban la Oficina Arácnida plantearon una gran cantidad de subargumentos llamados a desarrollarse como trasfondo de muchos meses de cómics. Los dos misterios más importantes que lanzaba el nuevo landscape del trepamuros giraban alrededor de la identidad de Amenaza, una villana heredera de algunas de las características de El Duende Verde, y de la aparición de multitud de cadáveres con una rastreadora arácnida. En paralelo, se desarrollaba la campaña electoral destinada a elegir nuevo alcalde de Nueva York y el asunto venía impactando en el día a día del trepamuros. Cuando se cumplía un año del arranque de la etapa, “El rastro de la araña” arrojó luz sobre esos grandes misterios, mientras daba la vuelta al mundo de Spiderman.

 

Numerosas salidas cada mes, equipos de guionistas y dibujantes rotantes, una intensa coordinación por parte del editor, reuniones interminables para estructurar al detalle cada argumento, de manera que el público disfrutase de un resultado con la consistencia que hubiera tenido de estar realizado por un único escritor… el sistema de trabajo de “Un nuevo día” era lo más parecido que ha habido jamás en el mundo del cómic a la writer’s room de una teleserie. Tanto que llegó a incorporar un elemento tan característico de éstas como pueda serlo la “season finale”: un gran episodio en el que culminen las más importantes tramas que se han desarrollado a lo largo de la temporada.

 

Con ese espíritu nació “El rastro de la araña”, un arco argumental de importancia, cuyo origen hay que buscarlo en la segunda gran reunión de los guionistas de Amazing. Fue durante la misma cuando surgió la posibilidad de que las tres grandes tramas que tenían abiertas confluyeran en una única aventura. Entre todos los participantes trazaron las líneas maestras que tendría la historia, pero Marc Guggenheim fue el elegido para materializarlas en un guión completo, en el que dio vueltas al esqueleto original, cambió, añadiría y quitó cosas, para luego devolverlo a las manos del editor Stephen Wacker, responsable de dar un lavado de cara a la última versión. “He intentado que parezca que la historia se cuenta por sí misma”, comentaba Guggenheim a la prensa especializada. “Quiero dar a los lectores la mejor representación posible de lo que ocurre, aunque no deja de ser un tremendo esfuerzo de grupo”.

 

Había muchos motivos para que fuera él, y no otro, quien afrontara la tarea. Dan Slott ya había escrito demasiadas historias de trascendencia dentro del proyecto. Pese a que sus libretos despuntaran por encima de los del resto, Wacker quería procurar un cierto equilibrio entre sus chicos. ¿Por qué Guggenheim en concreto? En primer lugar, porque era él quien había creado a Amenaza y más se había concentrado en el desarrollo de su figura criminal. En segundo lugar, porque conocía perfectamente el mecanismo que hacía funcionar a esas “season finale”, ya que había trabajado para el medio televisivo durante años, todavía lo estaba haciendo y más que lo haría luego. En tercer lugar, porque su labor en la pequeña pantalla le había posibilitado escribir muchos procedimentales de temática judicial, como Ley y Orden. Esa clase de series implican la utilización de legalismos, términos jurídicos y trucos de abogados… y es que por ahí precisamente iba a ir la historia.

 

“Character Assassination”, el título original de la aventura, es una expresión, carente de traducción literal adecuada, que hace referencia al proceso deliberado de destruir la reputación de una persona, recurriendo para ello a rumores, acusaciones falsas o informaciones manipuladas. En este cómic, alude a la aparición repetida de rastreadoras arácnidas de nuestro trepamuros en cuerpos de personas fallecidas en misteriosas circunstancias. Ocurrió por primera vez nada más arrancar “Un nuevo día”, y se venía repitiendo desde entonces con cierta asiduidad, sin que apenas hubiera pistas sobre quién se ocultaba detrás de todo esto… sólo un caso policial por resolver, el de los “asesinatos de las rastreadoras arácnidas”. El propio lanzarredes era el más interesado en resolverlo, no sólo porque alguien estaba utilizando sus gadgets para cometer crímenes abominables, sino también porque muchos ciudadanos, incluida la policía, le señalaban como el principal sospechoso.

 

“El rastro de la araña” también abordaba uno de los tópicos que ha tenido el mundo de Spiderman casi desde sus comienzos, y es el relativo a la identidad secreta de algún villano de relieve, asociado a la estirpe de El Duende Verde. Todo había comenzado en la época de Stan Lee y Steve Ditko, cuando el verdadero rostro de este villano despertó la duda entre los lectores durante meses. Norman Osborn, el padre de Harry, quien a su vez era el amigo de universidad de Peter Parker, se ocultaba bajo la capucha, y los episodios en que al fin se descubrió tal cosa supusieron una conmoción entre el fandom, ya que además coincidieron con la histórica llegada de John Romita. Tras la muerte de Norman, Marvel había repetido el esquema en tantas ocasiones como para convertirlo en rito. La identidad de El Duende Verde fue retomada siempre por individuos ligados al mundo de Peter, de forma que su desenmascaramiento se alzaba como un momento de máximo interés. Amenaza no representaba sino el siguiente nombre en sumarse a una larga lista. ¿Y qué mejor que fuera John Romita Jr., el hijo del gran Jazzy Romita, quien lo plasmara en viñetas? “Habrá gente que dirá que desde el primer número sabía quién era Amenaza”, dijo el guionista al respecto de la revelación. “Si hay algo que he aprendido, no sólo de Ley y Orden, sino también como guionista de cómics, es que puedes engañar a la gente durante un tiempo, pero no puedes engañar a todo el mundo durante todo el tiempo. Sabía que esto no iba a ser una sorpresa para absolutamente todos los lectores. No voy a engañar a miles de personas. No soy un político”.

 

La tercera de las tramas que coleaban desde la salida a la calle de “Un nuevo día” y que también encontró solución en “El rastro de la araña” fue la de la elección del nuevo alcalde de Nueva York. Spidey había sido incapaz de impedir que Amenaza asesinara a una de las candidatas y Bill Hollister, el padre de la que ahora era novia de Harry, también se postulaba para el argo. La aventura se desarrolló en plenos comicios, lo que añadía un punto de complicación. Al llegar a las últimas páginas, habría un ganador… pero no todo sería tan sencillo como pudiera parecer. Y es que “El rastro de la araña” no sólo culminaba un año de intrincadas aventuras de Spiderman: también lanzaba las primeras pistas acerca de por dónde iría la siguiente temporada.

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 20

LA OBAMANÍA ARÁCNIDA: EL ÉXITO INESPERADO DE THE AMAZING SPIDER-MAN #583

En las bases sobre las que se asentó “Un nuevo día” estaba la recuperación de las señas de identidad del personaje, el retorno a una era dorada que muchos identificaban con el arranque de los años ochenta, cuando Tom DeFalco coordinaba las tres colecciones arácnidas con exquisita perfección y autores como Roger Stern o Bill Mantlo contribuyeron a dar riqueza a la vida de Peter Parker y a las aventuras de Spiderman. Puesto a revivir esa exuberancia y dar mayor legitimidad a su proyecto, el editor Stephen Wacker se dispuso a traer a alguno de aquellos escritores que había hecho grande al trepamuros.

 

 

BAJO TIERRA

La llegada de Joe Kelly a la mesa de guionistas de Amazing aportó creatividad, pero no sería el último de los autores que Wacker ficharía en aquella fase expansiva de “Un nuevo día”. Durante sus tiempos como coordinador de 52, aclamada serie semanal publicada por DC Comics, había tenido la oportunidad de trabajar con Mark Waid, el que fuera el guionista de Kingdom Come o de Capitán América en tiempos de Heroes Return, y una auténtica leyenda del cómic estadounidense. Frente a los autores que atribuían a los justicieros enmascarados comportamientos tan violentos como los de sus enemigos o que se recreaban en las situaciones sádicas, Waid hizo en los noventa algo tan revolucionario como que los superhéroes volvieran a comportarse como tales. Su primera historia para el Amazing de “Un nuevo día” nació de una conversación con Wacker, en la que ambos trataban de encontrar el peor lugar en el que pudiera tener lugar una batalla arácnida. “Spiderman se maneja mejor en espacios abiertos, así que colocarle en un sitio en el que moverse entrañe dificultades, las acrobacias resulten imposibles y la fuerza bruta pueda ser un laste me pareció muy interesante. Ése era el camino que debíamos seguir”, afirmaba. Para el guionista, el poder más importante que tiene el Hombre Araña consiste en que nunca se rinde. A la hora de buscar el adversario apropiado en semejante contexto, Waid escogió a El Conmocionador: “Siempre me ha gustado, por las razones más equivocadas que puedas imaginar”, cuenta. “Me gusta su traje hortera, esa extraña combinación de colores, sus poderes y el hecho de que puedas introducirlo en una historia sin necesidad de explicar un montón de cosas de su pasado”.

 

La trama, de apenas dos entregas, se vio extraordinariamente reforzada por la aportación gráfica de Marcos Martín, que ya había destacado como uno de los mejores artistas de la etapa arácnida, por su sencillez de línea, elegancia conceptual y un diseño de página casi hipnótico, El costumbrismo y la viveza de las escenas de Peter moviéndose por el metro, la claustrofobia de los túneles subterráneos, o el toque melancólico de ese Nueva York bajo la lluvia demostraba la versatilidad del dibujante para moverse con soltura en cualquier territorio narrativo. Martín ya estaba entonces llamado a convertirse en una estrella del cómic y sólo faltaba que los aficionados se dieran cuenta, pero cada una de las historias que firmó para el trepamuros lo demostraba sobradamente. Otro elemento de importancia fue la incorporación de un nuevo personaje secundario llamado a quedarse y a remover el entorno de Peter Parker como hacía tiempo que no ocurría. La idea de introducir a ese personaje vino de Tom Peyer, un viejo colega de Waid, y el autor la incluyó en su primera reunión con Wacker y con el resto de guionistas. Volveremos a hablar de ello en próximos volúmenes.

 

EL REGRESO DE UN CLÁSICO

El fichaje legitimador que llevó a cabo Wacker por esta época fue nada menos que el de Roger Stern, el más significativo guionista de Spiderman en los años ochenta, y cabeza pensante detrás de la creación de El Duende, impulsor del romance entre Spidey y La Gata Negra o autor de historias como “Nada puede detener a Juggernaut” o “El chico que colecciona Spiderman”. Stern había tenido anteriormente ofertas de regresar a la serie, pero se negó a aceptarlas en tanto que durase el matrimonio entre Peter Parker y Mary Jane, de manera que durante décadas su acercamiento al personaje se limitó a la miniserie en la que desvelaba el verdadero rostro de El Duende y a algunas historias que sirvieron como secuela a ésta. Dentro del contexto de “Un nuevo día”, Stern irrumpió con un relato autoconclusivo para el que, siguiendo su tradición de los tiempos al frente de Amazing, hizo que Spidey se enfrentara contra un villano próximo a otros héroes con el que nunca antes se hubiera cruzado. En este caso, se trataba de La Nada, al que el propio Stern, junto a Bob Hall, hubiera presentado en West Coast Avengers #2 USA (1984. Marvel Gold. Los Vengadores Costa Oeste: Reunión) y que desde entonces apenas sí había vuelto a aparecer en algún otro cómic. El relato contaba con el talento gráfico de Lee Weeks, cuyo estilo recordaba bastante al de John Romita Jr. en los tiempos en que acompañara al guionista en Amazing. Weeks hacía un guiño hacia Stern, mediante la figura del Agente Ray Donovan, cuyo rostro recordaba al del escritor. Para más adelante, Stern preparaba ya una secuela de su mítica saga con Juggernaut.

 

PERO… ¿CÓMO VOLVIÓ HARRY?

Era una de las preguntas que muchos habían lanzado cuando se reencontraron con el viejo amigo de Peter en las páginas finales de “Un día más”, y el encargado de responderla sería Dan Slott, el más erudito de los guionistas arácnidos. En el planteamiento inicial de Joe Quesada para “Un día más”, no había realmente nada que explicar, pues todo era el resultado de la magia. Sin embargo, el equipo de guionistas de Wacker, siguiendo tanto las inconsistencias de ese planteamiento como los requerimientos del fandom, optó por acotar lo máximo posible la actuación de Mefisto, de tal manera que lo único que habría hecho éste sería el borrado del estado civil de Peter Parker y Mary Jane. Dentro de la continuidad, el resto se mantenía inalterable, mientras que cambios introducidos, como el regreso de Harry o que la identidad de Spiderman volviera a ser secreta, debían encontrar explicaciones exógenas a Mefisto. En el caso que nos ocupa, Slott tiró de continuidad, tomando como base tanto la muerte de Harry Osborn en The Spectacular Spider-Man #200 USA (1993) como el regreso de su padre, Norman Osborn, en Peter Parker: Spider-Man #75 USA (1997). Pese a todo, el guionista era consciente que en la intención de los autores de las historias originales nunca estaba el que nadie las desdijera luego. “Nunca vas a tener explicaciones de continuidad a prueba de bomba”, dijo al respecto. “Son necesarias muchas mentiras y mucha suspensión de la realidad. Si la gente no está dispuesta a aceptarlo y rellenar los huecos, no puedes hacer nada”.

 

 

UN FAN DE SPIDEY

Ningún detalle hacía imaginar que The Amazing Spider-Man #583 USA fuera a convertirse en un best-seller, por más que Marvel lo hubiera promocionado como la vuelta de Peter al ruedo sentimental, que el legendario John Romita se hubiera encargado de la portada o que el equipo creativo compuesto por Mark Waid y Barry Kitson, que anteriormente se hubiera encargado de narrar el origen de la Liga de la Justicia de América o de acometer proyectos en común como Empire, se descolgaran con una tierna historia que en realidad hablaba sobre la particular relación de Peter con su amiga y primer amor, Betty Brant. Pero aquel número del Hombre Araña también contenía una modesta historia de complemento, que Stephen Wacker orquestó sin imaginar la repercusión que luego tendría, porque en caso contrario hubiera sido mucho más ambiciosa. En ella, Spidey asistía a la toma de posesión de Barack Obama, que coincidió con el lanzamiento del cómic, en enero de 2008. El cuadragésimo cuarto presidente de Estados Unidos había comentado su afición por los cómics y que el trepamuros se encontraba entre sus personajes favoritos, así que… ¿por qué no? El movimiento se integraba en otras iniciativas que hubiera hecho Marvel en el pasado, por las que siempre se hacía eco de quién fuera el Comandante en Jefe de Estados Unidos en cada momento. Franklin Roosevelt había entregado su escudo al Capitán América; Richard Nixon se había descubierto como el Número Uno de una organización secreta destinada a hacerse con el poder del país; Jimmy Carter había sido salvado de sendos intentos de asesinato por Spiderman y Los 4 Fantásticos, respectivamente; Ronald Reagan entregó un perdón presidencial a Hulk; Bill Clinton fue uno de los que portó el ataúd del Capitán América cuando se dio a éste por muerto; y George Bush había saludado el regreso del Centinela de la Libertad en The Ultimates. Desde los años cuarenta, ningún presidente había faltado a su cita en las viñetas, y Obama no iba a ser distinto. De hecho, debido a su inmensa popularidad, se convirtió en uno de los más ubicuos de la historia del cómic.

 

Lo que en principio no era más que una simpática historia, en la que el nuevo inquilino de la Casa Blanca se encontraba con el personaje cuyas aventuras había seguido desde niño, alcanzó el grado de superventas en cuanto se corrió la voz sobre su temática. En plena Obamanía, The Amazing Spider-Man #583, con una portada alternativa a cargo de Phil Jimenez en la que el presidente posaba para Spidey, agotó varias tiradas en pocos días, hasta convertirse en el tebeo más vendido del año, con un total de 350.000 ejemplares puestos en la calle, y sin duda el más comentado en los medios de comunicación. En opinión del editor Steven Wacker, “Marvel siempre ha luchado por representar el mundo al otro lado de tu ventana, por lo que en cada época tenemos que mostrar al presidente que corresponda. Spidey es sin duda el personaje más reconocible de Marvel, por lo que es un gran embajador para la gente que no lee nuestros cómics. Pero no puedo dejar de lado el hecho de que Obama sea un aficionado a Spidey. Si él no lo hubiera admitido, probablemente no hubiéramos hecho esta historia en concreto, de manera que me alegro de que comentara el tema”.

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 19

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